El 15 de agosto de 1972, en la postrimería de la dictadura cívico-militar del general Lanusse, veinticinco presos políticos pertenecientes al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos lograron llegar a Chile, donde gobernaba Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente garantías para su integridad física. El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval Almirante Zar. Como antes había sucedido en la masacre de José León Suárez, algunos sobrevivieron para contar la historia y mantener viva la memoria.


NOTAS EN ESTA SECCION
Los héroes de Trelew   |  Tonada de abrazos, estrellas y pañuelos, por Enrique Gil Ibarra
Una herida clavada en mi costado, por Eduardo Luis Duhalde   |  Crónica publicada por el diario Noticias, 22 de agosto de 1974
La "Vida" después Trelew, por Alicia L. de Bonet   |   Homenaje oficial a 34 años de los fusilamientos
Rawson y Trelew, por Rubén Batallés   |   Compañeros fusilados en Trelew en la base Almirante Zar el 22 de agosto de 1972 ¡presentes!
A 33 años de la masacre   |   El silencio de la Marina, Osvaldo Bayer  |  Entrevista a Santucho, Osatinsky y Vaca Narvaja en Chile   |   La masacre (compilación)
El recuerdo de Agustín Tosco, Diario El Mundo, 24/08/73   |   Entrevista a Agustín Tosco, Revista Primera Plana, 20/06/72
Habla el padre de Mariano Pujadas   |   Trelew: Verdad, Memoria y Justicia, por Enrique Gil Ibarra  |  Acto primer aniversario estadio Atlanta

LECTURAS RECOMENDADAS
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Se cumplen 37 años de la masacre  |  Nota Revista América Latina Nº 15, septiembre 1972  |  Roberto Baschetti – A 30 años de la Masacre
Punto Final 166, Chile, suplemento del 12/09/72, relato de la fuga y entrevista  |  Punto Final 167, La horrenda masacre de Trelew, 26/09/72
Punto Final 169, María Antonia Berger relata los hechos de Trelew, 24/10/72  |  Punto Final 189, entrevista a María Antonia Berger, 31/07/73
La Patria Fusilada  |  S. Garaño y W. Pertot – Trelew, donde comenzó (cap.1)  |  Diccionario de los 70  |  Trelew 40 años, 40 documentos
Santiago Garaño y Werner Pertot – Trelew, donde comenzó

 

 
Los caídos el 22 de agosto de 1972:

Carlos Alberto Astudillo (FAR). Nació en Santiago del Estero en el 17 de agosto de 1944 (28 años), estudiante de medicina en la Universidad de Córdoba. Detenido el 29 de diciembre de 1970 y brutalmente torturado.

Rubén Pedro Bonet (PRT-ERP). Nació en Buenos Aires el 1 de febrero de 1942 (30 años), casado y padre de dos chicos, Hernán y Mariana, de 4 y 5 años. Perteneciente a una familia muy modesta abandonó sus estudios para ingresar como obrero en Sudamtex y Nestlé. Detenido en febrero de 1971.

Eduardo Adolfo Capello (PRT-ERP). Nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1948 (24 años), estudiante de ciencias económicas y empleado. Detenido cuando intentaba expropiar un auto en febrero de 1971.

Mario Emilio Delfino (PRT-ERP). Nació en Rosario el 17 de septiembre de 1942 (29 años), casado. Estudió ingeniería en la Universidad de Santa Fe. Inició su militancia en Palabra Obrera, que confluiría en el PRT. Abandonó sus estudios universitarios para ingresar como obrero en el frigorífico Swift de Rosario, donde trabajó 5 años. Detenido el 14 de abril de 1970. El V congreso del PRT lo eligió miembro del Comité Central en ausencia.

Alberto Carlos del Rey (PRT-ERP). Nació en Rosario el 22 de febrero de 1949 (23 años), estudió ingeniería química en la Universidad de Rosario, donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del ERP. Detenido el 27 de abril de 1971.

Alfredo Elías Kohon (FAR): Nació en Entre Ríos el 22 de marzo de 1945 (27 años), estudiaba ingeniería en la Universidad de Córdoba y trabajaba en una fábrica metalúrgica. Formó parte de los comandos Santiago Pampillón y fue fundador de las FAR local. Detenido el 29 de diciembre de 1970.


La fuga del penal – Noticiero de época

Clarisa Rosa Lea Place (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 23 de diciembre de 1948 (23 años), estudió derecho en la Universidad de Tucumán, donde se integró al PRT. Participó del congreso fundacional del ERP. Detenida en diciembre de 1970 durante un control de rutina.

Susana Graciela Lesgart de Yofre (MONTONEROS). Nació en Córdoba el 13 de octubre de 1949 (22 años), maestra. Se radicó en Tucumán donde enseñaba y compartía la vida con los trabajadores cañeros. Fue una de las fundadoras de Montoneros en Córdoba. Detenida en diciembre de 1971.

José Ricardo Mena (PRT-ERP). Nació el 28 de marzo de 1951 en Tucumán (21 años), obrero azucarero. Integró los primeras grupos del PRT en Tucumán. Detenido tras la expropiación a un banco, en noviembre de 1970.

Miguel Ángel Polti (PRT-ERP). Nació en Córdoba el 11 de julio de 1951 (21 años), estudió ingeniería química en la Universidad de Córdoba, era hermano de José Polti, muerto en abril de 1971. Detenido en Córdoba, en julio de 1971.

Mariano Pujadas (MONTONEROS). Nació en Barcelona el 14 de junio de 1948 (24 años), fue fundador y dirigente de Montoneros en Córdoba. Participó en la toma de La Calera. Estaba a punto de terminar la carrera de ingeniero agrónomo cuando fue detenido en una redada, en junio de 1971.

María Angélica Sabelli (FAR). Nació en Buenos Aires el 12 de enero de 1949 (23 años), conoció a Carlos Olmedo cuando estudiaba en el Colegio Nacional Buenos Aires. Cursaba matemática en la facultad de ciencias exactas, trabajaba como empleada y como profesora de matemática y latín. Detenida en febrero de 1972 y salvajemente torturada.

Ana María Villareal de Santucho (PRT-ERP). Nació en 9 de octubre de 1935 (36 años), era compañera de Mario Roberto Santucho y madre de tres chicos. Licenciada en artes plásticas por la Universidad de Tucumán. Junto a Santucho empezó a militar en el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano y Popular) que luego confluyó en el PRT. Detenida en un control de rutina en un colectivo.

Humberto Segundo Suarez (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 1 de abril de 1947 (25 años), de origen rural, fue cañero, obrero de la construcción y oficial panadero. Detenido en marzo de 1971.

Humberto Adrián Toschi (PRT-ERP). Nació en 1 de abril de 1947 en Córdoba (25 años), trabajaba en una empresa familiar hasta que eligió ser obrero. Detenido, junto con Santucho y Gorriarán Merlo, en una redada el 30 de agosto de 1971.

Jorge Alejandro Ulla (PRT-ERP). Nació en Santa Fe el 23 de diciembre de 1944 (27 años), maestro; abandonó sus estudios para trabajar como obrero en una fábrica metalúrgica. Participó del congreso fundacional del ERP y en la primera operación armada. Detenido junto con Humberto Toschi en Córdoba, en agosto de 1971.


Los sobrevivientes:

Maria Antonia Berger (MONTONEROS). Licenciada en sociología, había sido detenida el 3 de noviembre de 1971. Herida por una ráfaga de metralla logró introducirse en su celda, donde recibió un tiro de pistola; fue la última en ser trasladada a la enfermería. En la fecha de la masacre tenía 30 años. Secuestrada a mediados de 1979.

Alberto Miguel Camps (FAR). Estudiante, había sido detenido el 29 de diciembre de 1970. Eludió la metralla arrojándose dentro de su propia celda, donde fue baleado. En la fecha de la masacre tenía 24 años. Su cuerpo, enterrado como NN en el cementerio de Lomas de Zamora, fue identificado en el año 2000.

Ricardo René Haidar (MONTONEROS). Ingeniero químico, había sido detenido el 22 de febrero de 1972. Evadió las ráfagas de ametralladoras introduciéndose en su celda, donde fue herido. En la fecha de la masacre tenía 28 años. Secuestrado el 18 de diciembre de 1982.

Salvaron sus vidas porque los fusiladores los creyeron muertos. Los tres están desaparecidos.

Seis presos lograron fugar el 15 de agosto, llegar a Chile y luego a Cuba:

Roberto Quieto. Secuestrado el 28 de diciembre de 1975. Desaparecido

Marcos Osatinsky. Detenido en Córdoba, en la Jefatura de Policía se le aplicó la "ley de fugas" y fue asesinado el 21 de agosto de 1975. Su cadáver fue dinamitado.

Domingo Mena, desaparecido el 19 de julio de 1976

Mario Roberto Santucho, desaparecido el 19 de julio de 1976

Enrique Gorriarán Merlo. Sobrevivió. Fue secuestrado en México en octubre de 1995 y trasladado a Argentina. Procesado y condenado por los hechos de La Tablada permaneció 8 años preso. Fue indultado por el presidente Duhalde en 2003. Falleció de un paro cardiorrespiratorio en Buenos Aires, el 22 de septiembre de 2006, a los 64 años.


A 40 años de la Masacre de Trelew. Atrapados en libertad, AM 530, La Voz de las Madres, 2012.

Fernando Vaca Narvaja. Sobreviviente.

Los militantes que participaron en el secuestro del avión:

Carlos "Tomás" Goldemberg. Secuestrado en agosto de 1976. Desaparecido.

Anna Wiessen. Desaparecida en 1979

Víctor Fernández Palmeiro. Murió luego de participar en el operativo de ejecución del almirante Hermes Quijada, portavoz de la versión oficial de la dictadura de Lanusse sobre la masacre. La lápida que había en su tumba fue hallada en las excavaciones de las instalaciones del campo de exterminio Club Atlético, en Paseo Colón y Cochabamba, Buenos Aires, durante la dictadura cívico-militar.

Por otro lado Francisco "Paco" Urondo entrevistó a los tres sobrevivientes de la masacre en la cárcel de Devoto, donde los cuatro estaban detenidos, la noche del 24 de mayo de 1973. La entrevista fue publicada por El Descamisado y la revista Crisis con el título "La patria fusilada". Franciso Urondo murió enfrentando a la dictadura militar en Mendoza, en julio de 1976.

Represalias sufridas por los familiares de algunos de los asesinados en la Base Almirante Zar:

Los padres y dos hermanos de Mariano Pujadas fueron secuestrados y asesinados el 14 de agosto de 1975 en Córdoba, por el Comando Libertadores de América, integrado por militares del Tercer Cuerpo de Ejército (ver nota al final de pagina y documento desclasificado).

El 25 de abril de 1976 fueron secuestrados Rogelio y María Amelia Lesgart (hermanos de Susana Lesgart). El padre de ambos, Rogelio, también fue secuestrado y liberado pocos días después.

Arturo Lea Place, padre de Clarisa fue asesinado el 22/08/76. Ver foto de la voladura de la casa de la familia Lea Place por militares y policías. Después del atentado, los encapuchados asesinaron a balazos en medio de los escombros a Arturo Lea Place, en tanto Luis, hermano de Clarisa, fue detenido. Una vez liberado abandonó el país.

Hugo Vaca Narvaja, padre de Fernando Vaca Narvaja, fue decapitado y su cabeza apareció en una bolsa de nylon. Miguel Hugo Vaca Narvaja (h) fue asesinado en un fraguado intento de fuga de la Unidad Penitenciaria Nº 1, el 12 de agosto de 1976.

Destino de algunos de los abogados de los presos políticos del penal de Rawson que llevaron adelante las acciones judiciales luego de la masacre:

Rodolfo Ortega Peña, asesinado por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) el 31 de julio de 1974.
Mario Amaya, asesinado por la dictadura.
Roberto Sinigaglia y Mario Hernández, desaparecidos.
Eduardo Luis Duhalde, sobrevivió a la dictadura, fue secretario de Derechos Humanos de la Nación desde 2003 hasta que falleció, el 3 de abril de 2012.

En 2006 fue colocada una placa en el lugar de los hechos, que junto a los nombres de los 16 caídos dice: "Nunca más terrorismo de Estado. En este lugar el 22 de agosto de 1972 fueron asesinados 16 presos políticos y otros 3 heridos de gravedad. Por siempre respeto a la Constitución Nacional, verdad y justicia".


El juicio y las condenas, 40 años después

El 15 de octubre de 2012 el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia condenó a prisión perpetua e inhabilitación absoluta a Emilio Jorge Del Real, Carlos Amadeo Marandino y Luis Emilio Sosa por considerarlos autores de los 16 fusilamientos de presos políticos y el intento de asesinato de otros tres en 1972, en la base Almirante Zar de Trelew, y absolvió a Rubén Norberto Paccagnini y Jorge Enrique Bautista. Mas información
 

Las emblemáticas fotografías de Emilser Pereyra, del momento en que los fugados deponen las armas y se entregan en el aeropuerto (clic para agrandar)


Tonada de abrazos, estrellas y pañuelos

Por Enrique Gil Ibarra  |  22 de agosto 2007

Casi primavera en la Patagonia. Sol radiante, fresco, los arbolitos recién plantados se agitan en el viento suave, que apenas molesta, que se desplaza casi ignorado por los más de 500 compañeros de casi todo el país.

Las madres y las abuelas, como siempre: con sus pañuelos, con sus ojos húmedos y afectuosos, con su sonrisa, hoy, casi triunfante.


Revista El Descamisado Nº 3, 5 de junio 1973.
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Me abrazo con Alicia Bonet, mientras ella ríe y llora y ambos susurramos: "¡Qué día!" y nos miramos cómplices, subversivamente implicados en otro pedacito de utopía. La busco a la mamá de Capelo y la encuentro. Me mira desde su pequeña altura, desde su alma inmensa, y su mirada sabia y dolorida de décadas sigue consolándome, hoy mucho más que otras veces. Hoy, ella también se ha despojado de un cacho de duelo, hoy ha plantado por su hijo un nuevo árbol, que en esta oportunidad no será robado.

Elisa, eléctrica, va de un lado a otro, preguntando, confirmando, dando indicaciones de lo que viene después. Desde su subsecretaría de Derechos Humanos provincial, este es en gran medida su logro. Pero desde su recuerdo, los 35 años de lucha no se cumplieron hoy, sino el día que asumió como obligación personal ser la "apoderada" de Mariano Pujadas. Elisa Martínez, a la que no le importó no ser peronista, ni estar en desacuerdo con la lucha armada. Los compañeros estaban presos. Los ciudadanos de Trelew y de Rawson tenían que ser solidarios. Así de simple. Así de claro.

Los abrazos se han multiplicado en la mañana que se acaba. Incontables, estrechos, furiosos de nostalgia, recuperando años de soledad, de desencuentros, ecos de discusiones lejanas que se subsumen en una bandera con las dos estrellas. Nadie cuenta las puntas. ¿Para qué? Como en ese 15 de agosto, hoy da lo mismo.

Ya ha pasado la "hora formal". Los discursos, concretos pero breves, dieron el marco necesario para institucionalizar el acto. Sin embargo, sospecho que fueron algunas palabras de ellos, algunas pequeñas frases, las que calaron más adentro en todos: "nunca será tarde para hacer justicia" dijo Das Neves. "Eran cinco bellos corazones" memorió Duhalde cuando surgieron a su frente los fantasmas vivos de las cinco compañeras.

Por supuesto que el aire olía a muerte en aquellos días de agosto del 72. Treinta y cinco años demoraron nuestras ropas -las de todos- para sacudir un poco de ese hedor maligno que nos acompañaba. Hedor que se fue disipando a medida que la tarde comenzaba, derrotado por el aroma de las rosas rojas, oscuras, q familiares, los amigos, los desconocidos, iban dejando caer, como al descuido, frente a las fotografías. Me abrazo con el hijo del Turco Haidar, con José. El Vasco se ríe a carcajadas y le dice: "si tu viejo te viera, te mata". Porque José es un chico de hoy. Se viste y se comporta como un chico de hoy. Y charlamos, Y descubrimos que piensa como nosotros. Y que también es un chico de ayer, y de mañana.

Entramos juntos, con Fernando y Celedonio. Ayer el Cele, sin darle importancia, nos refregó por la cara su estrellita federal. Una de aquellas. Ayer por la noche revolví placares y hoy por la mañana, solamente para joderlo al Cele, le di al Vasco una y me prendí otra para mi. (Pero debe ser cierto que dios castiga la malicia, porque la perdí ni bien llegamos).

El aeropuerto ya no es viejo. Pero es el mismo. Algunos preguntan: ¿las pintadas reproducen las que se fueron haciendo durante estos años? Les decimos que son las que se hicieron en estos años. Que no las hemos tocado. Por algún lado se oye un emocionado y suavecito: ¡mieerda!

"La memoria se construye cada día, luchando en el presente", y es por eso, también por esa pintada, que insistimos tanto en estos años. "Tiene que ser un Centro Cultural, no queremos un Museo". Ellos también insistieron. Pero el gobierno provincial decidió: Centro Cultural. Aquí estamos. "Ahora viene el desafío, Enrique, nosotros cumplimos" me dice Norberto. Es cierto. Ahora hay que hacerlo funcionar. Ahora hay que lograr que sus puertas abiertas las atraviese gente. La que no es compañera "de antes". La que no sabe, la que nació después, la que todavía tiene en su cabeza dos demonios, y no sólo uno. Los que continuarán en un camino que no empezamos nosotros, y que no podremos terminar. Hace muchos años, leyendo a Omar Khayyam, una de sus frases me golpeó: "eres una hebra en el tapiz del mundo".

¿Tan sólo una hebra? Si, pero ¡qué tapiz!

HEROEEl tema me afectó muchísimo; en ningún momento he reconocido la culpabilidad. Lo triste es que todos los marinos, sin excepción, no me creen, creen que peco de modesto. Me tienen como un individuo decidido, como un héroe, y yo no quiero ser un héroe, fue una cosa que no tiene nada que ver. Si me dijera que yo di la orden, bueno, pero yo no di ninguna orden.”
(Respuesta del capitán de la Armada Luis Sosa al juez federal Hugo Sastre, que investiga la masacre donde fueron fusilados 16 presos indefensos.)  Pirulo de tapa de Página|12, 16/02/08

Hoy, aunque con parches, con muchas, demasiadas hebras faltantes, el tapiz de nuestra generación pudo visualizarse por algunos minutos, extendiéndose a través de kilómetros desde las barricadas del mayo francés y de las tonadas cordobesas, los montes cerrados de la Sierra Maestra, atravesando el "sertao" brasilero, compartiendo la gloria del compañero Salvador, y descansando suavemente sus flecos aquí, en el fin del mundo, en medio de la árida planicie patagónica. El milagro de un diseño inconcluso, pero inteligible, remendado pacientemente durante décadas por esos pañuelos blancos, por los viajes, las protestas, las manifestaciones, las lágrimas.

El predio va quedando vacío. El Vasco me ha pedido que esperemos, cuando la gente se vaya, cuando se apague la melodía de las voces, "para mirar". Quiere pararse, supongo, solo frente a la pista. Aquella en la que el "Gallego" Fernández Palmeiro le colocó un fierro en la cabeza porque creyó que era un militar que quería subir al avión tomado. "me salvó el Roby -cuenta Fernando- que venía atrás mío y tuvo tiempo de gritarle: `pará, Gallego, que es Vaca Narvaja´". Quiere llorar tranquilo, me imagino, aunque todos simularemos que los montoneros no lloramos. Mi turno llegará a la noche, cuando todos se hayan ido. Cuando mi encuentro con el hijo del querido "Negro" Quieto sea un recuerdo más, y una deuda menos. Será entonces, cuando queden sólo un par de amigos de aquí o de allí, y las últimas casi agotadas copas de vino. Salud. Hasta la victoria.

Enrique Gil Ibarra  |  Trelew / 22 de agosto del 2007.



Fernando Vaca Narvaja, el último sobreviviente de la Masacre de Trelew (Entrevista 2016)

Una herida clavada en mi costado

Por Eduardo Luis Duhalde  |  19 de julio de 1988

En agosto de 1972, con mi socio profesional Rodolfo Ortega Peña, teníamos cerca de trescientas defensas jurídicas de presos políticos. No fue de extrañar entonces que lo de los 19 prisioneros que se entregaron a las autoridades en el aeropuerto de Trelew -tras haber fugado de la cárcel y no poder abordar el avión en que se alejaron sus restantes seis compañeros- fueran defendidos nuestros, en algunos casos, en patrocinio compartido con otros abogados.

Aquella madrugada en que nos anoticiamos por llamadas periodísticas de lo ocurrido en el atardecer y la noche anterior entre la Cárcel de Rawson y el aeropuerto, los primeros nombres conocidos nos indicaban que se trataba de varias de las personas cuyas defensas técnicas teníamos a nuestro cargo. No vacilamos en tratar de viajar a la cárcel de Rawson: fue imposible hacerlo en avión. El gobierno militar había bloqueado todas las plazas para el vuelo de ese día. Fue así como, a media mañana, iniciamos con Ortega Peña junto a otros abogados (Rodolfo Mattarollo, Carlos González Gartland, Miguel Radrizzani Goñi, Pedro Galín) un tenso viaje en dos automóviles, que de Bahía Blanca para abajo fue objeto de trabas en sucesivos controles policiales, tendientes a impedir o demorar nuestro arribo a destino.

Al llegar, comenzó una de las situaciones más dramáticas que me tocó vivir en mi larga e intensa vida profesional. Muy pocas veces sentí tanta impotencia y pude comprobar en tal grado el desamparo que trae aparejado la ausencia de respeto a ley y a las garantías individuales con que someten los gobiernos militares a los ciudadanos.

Desde la mañana del 17 de agosto, Rawson parecía, por un lado, una ciudad ocupada, las patrullas militares la controlaban, incluyendo hasta el comedor del Hotel Provincial. Pero, por otro, era un páramo sólo recorrido por los fuertes vientos invernales: los habitantes -sensatamente- sólo se dejaban ver lo indispensable. Una indescriptible sensación de muerte nos embargaba, era una crónica anunciada. íbamos de la cercanía de la cárcel a la zona próxima a la base Almirante Zar, donde tenían a los prisioneros, sin que en ningún lado nos permitieran acercarnos. Constantemente pedíamos entrevistar al juez de la Cámara Federal Jorge V. Quiroga, que había viajado desde Buenos Aires y que instruía el sumario, sin que accediera a recibirnos: hasta llegamos a presentarle escritos pasándolos por debajo de la puerta de su habitación del hotel, reclamándole seguridad para nuestros defendidos.


Cuarteto Cedrón / Juan Gelman – Glorias – Con versos de Juan Cedrón y arreglo musical del Cuarteto Cedrón sobre el motivo tradicional de La Pulpera de Santa Lucía, este tema que evoca el asesinato de los 16 militantes populares en Trelew. Lo que equivale a decir todas las masacres, todos los asesinatos, todos los ultrajes que debió sufrir el pueblo por el atrevimiento de soñar con la justicia social.

Todo era vano. Salíamos a la calle y éramos vigilados, mientras los despachos militares y judiciales continuaban herméticamente cerrados para nosotros. El clima era cada vez más lúgubre: advertíamos que estábamos jugando tiempo de descuento: a vida de los prisioneros corría cada hora más peligro y se nos escurría entre las manos. Ortega Peña, Mattarollo, González Gartland y yo fuimos detenidos junto al abogado de Trelew, Mario Amaya, asesinado luego por el golpe del 76, que no le perdonó su participación en la defensa de aquellos prisioneros. Se nos amenazó con fusilarnos, y tras un recurso de hábeas corpus presentado en Buenos Aires, fuimos liberados. Amaya continuó detenido. Intentamos entonces hacer una conferencia de prensa en el estudio de Romero, otro abogado de dicha ciudad. Un explosivo en su puerta, impidió hacerla.

Comprendimos que nada podíamos hacer allá. Nos embargaba el dolor, la impotencia, el sentirnos absolutamente inútiles frente a la negación de todo derecho. Lo único posible era volver de inmediato a la ciudad de Buenos Aires, a denunciar que el crimen avanzaba a pasos agigantados.

En la tarde del 22 de agosto, en la sede de la Asociación Gremial de Abogados, en nombre de los profesionales intervinientes, Rodolfo Ortega Peña, en conferencia de prensa, hizo pública denuncia de la situación y reclamó por la vida de los 19 prisioneros. Esa noche un artefacto explosivo estalló en dicho organismo.

Concomitante con aquella denuncia, en la base Almirante Zar la pedagogía criminal del terrorismo de Estado producía la masacre de Trelew. Una danza de horror, en el pasillo y las celdas, dejaba 16 cuerpos inertes y tres heridos graves. La sangre en las paredes, los restos de masa encefálica, las marcas de los centenares de balas disparadas contra las víctimas indefensas, mostraba en plenitud la furia homicida y ejemplificadora.

Masacraban a estos jóvenes militantes, pero apuntaban más que a sus corazones, a matar las utopías que anidaban en ellos, sus sueños transformadores y su pasión argentina: no se condenaba su metodología violenta; por lo contrario, aquel hacer de los marinos a cargo del capitán Sosa era un himno a la violencia más extrema (sólo la perversión hipócrita asesina sin piedad en nombre del derecho a la vida).

TRELEW – ¿Cuántas muertes nos hubiéramos ahorrado todos los argentinos si las prisiones preventivas dictadas la semana pasada por el juez federal Hugo Sastre contra los responsables de la Masacre de Trelew hubieran sido dictadas el mismo 22 de agosto de 1972? Es difícil responder, pero seguro que muchas, miles. Porque, para mi generación, la impunidad de aquella masacre fue determinante cuando debíamos decidir qué hacer, cuando tuvimos que decidir si mirábamos hacia otro lado o nos incorporábamos a alguno de los movimientos políticos vigentes, independientemente del compromiso que estuviéramos dispuestos a asumir. Del compromiso y de los riesgos que, por cierto, no dependían de nosotros. En mi caso, los fusilamientos de Trelew terminaron con la felicidad de nuestra casa familiar, un ambiente muy politizado pero siempre pacifista, por donde habían pasado intelectuales, artistas, militantes políticos de distintos partidos, con nombre y apellido verdaderos, con trayectorias públicas reconocibles, cargados de historias que el tiempo transformó en leyendas.

El bombardeo a Plaza de Mayo pertenecía a la historia, era parte de la leyenda urbana, tenía algo de irreal para los adolescentes que en 1972 teníamos 16 años. Los fusilamientos de Trelew, en cambio, eran una canallada que se podía sentir en carne propia, eran una amenaza. Y cualquiera de nosotros se podía identificar fácilmente con cualquiera de los jóvenes que habían intentado escaparse de la cárcel de Rawson una semana antes de que los fusilaran. Envidiábamos la tranquilidad con la que se habían entregado luego de perder el avión que los hubiera llevado a la libertad, la convicción con la que actuaban.

En aquel entonces yo me devoraba toda la prensa política que caía a mis manos y, aunque confieso que me costaba creer, ya en aquel entonces, que fuéramos capaces de torcer el rumbo del mundo, no podía dejar de sentirme solidario con aquellos militantes que habían sido fusilados por un puñado de cobardes.

De a poco fueron llegando a casa algunos militantes relacionados con la tragedia. Un viudo, la hermana de una de las mujeres asesinadas, que no usaba corpiño (ante mi ingenuidad, siempre repetía “el que no conoce que aprenda y el que conoce que admire”), el abogado de uno de ellos, y de a poco todos nosotros fuimos reemplazando a nuestros antiguos amigos por otros, nuestras fantasías de estudio y de progreso profesional por otros proyectos, y aprendimos a crecer con la sombra y la amenaza de Trelew sobre nuestras conciencias.

Cuántas vidas nos hubiéramos ahorrado si las prisiones dictadas hoy contra los asesinos de aquel entonces se hubieran decidido en el momento adecuado, estableciendo una barrera infranqueable entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Es verdad que ni la democracia ni los derechos humanos pertenecían a nuestro universo político, pero si en algún momento hubiéramos recibido desde el Estado alguna señal inequívoca de justicia, otra hubiera sido nuestra historia, y mejor. Quizás haya sido necesario el sacrificio de gran parte de una generación para que el juez Sastre hoy pueda dictar estas prisiones. Ojalá no haya sido en vano. Ni la muerte de mi hermana Soledad, ni la de su marido, ni la de Liliana Lesgart, que no usaba corpiño y que me permitió soñar durante diez años de cárcel con un amor redondo y completo.  
Juan Schjaer, febrero 2008

Tampoco fue el exceso de una guardia ebria. Esta había sido la mera ejecutora de una orden secreta y directa del presidente Lanusse y de los comandantes en jefe. Trataban de restablecer la autoridad de los militares, golpeada en su orgullo envanecido, ahogando en sangre a los que habían osado desafiarla.

Pero la vida de la Nación, que es mucho más rica que los lineales propósitos dictatoriales, hizo que Trelew fuera para el régimen de Lanusse lo que Malvinas para el gobierno de Galtieri. Un gran espasmo, un enorme escalofrío e indignación recorrió el cuerpo social. Un creciente sentimiento colectivo de repudio y espanto embargó al pueblo argentino. Ocho meses después, el 25 de mayo de 1973, esos militares debieron entregar el gobierno, aunque tres años más tarde volverían a asaltar el poder para producir el vasto genocidio.

En mi modesta historia personal, percibí en Trelew, tan palpable como nunca antes, la diferencia entre un estado de derecho y la barbarie autoritaria. En esa comunión con la tragedia sentí la reafirmación del compromiso con los derechos humanos y con la vida, que en medio de tanta impotencia y fracaso recibía como un mandato irrenunciable.

Palabras de un padre

A un año de la matanza, Manfredo Sabelli, padre de María Angélica, revivió su último encuentro con su hija en el texto emocionado que se transcríbe a continuación.

Llegué a Rawson el domingo 13, preocupado por las noticias de una epidemia de gripe en la cárcel, pero mi hija me tranquilizó apenas la vi. Ella también había caído enferma, y a pesar de que se la notaba débil y pálida, tenía un aspecto animoso. Sus compañeros médicos la habían tratado con vitaminas y antibióticos (me contó ella) y lo único que echaba de menos eran los mimos de esos días. Hablamos de nuestras cosas y nos divertimos en grande. Siempre sonreía, María Angélica, con la mirada despierta y la cara llena de luz.

No nos importó separarnos ese domingo, sentíamos que aún nos quedaban muchas horas juntos y esperábamos disfrutarlas sin pensar en la soledad de mañana. Desde algún tiempo atrás, el régimen de visitas al Penal primero se había extendido a cinco días por semana y luego reducido a cuatro, de 9 a 11.30 y de 14.30 a 16. Las horas pasaban volando y yo me preguntaba si habría una red para cazar las horas que se iban, como si fueran mariposas.

Siempre era lo mismo en Rawson: yo me alojaba en casa de unos parientes de buena voluntad y llenaba mis ratos vacíos hablando de María Angélica. El martes llegué al Penal a las 9 en punto. Al rato apareció ella en la capilla. Sonreía, me acuerdo.

Volvimos a hablar de su madre y de Chela, de mis máquinas de escribir y calcular. Yo le repetí las historias que ya le había contado.

Al despedirnos me dijo: -No vengas esta tarde, papá. Tengo una conferencia con las chicas delegadas. Amagué una protesta. ¿Te molestaría no venir, papá?, insistió ella. Yo le mentí que de ningún modo, que me daba lo mismo. Al fin de cuentas, nos quedaba todo el miércoles para vernos y todos los días del año para escribirnos cartas.

Me acuerdo bien de aquel 15 de agosto: hacía frío, con un poco de viento y el cielo estaba nublado. De lo que no me acuerdo es de si besé a María Angélica por última vez en la frente o en la mejilla.

Revista La Maga, 19 de julio 1998


Crónica publicada por el diario Noticias, 22 de agosto de 1974

La cárcel de Rawson, una de las más seguras del país, comenzó a relacionarse con la represión política poco después del Viborazo de marzo de 1971, cuando el gobierno militar trasladó ese penal a los detenidos durante la rebelión popular cordobesa. En abril de 1972, alrededor de 200 prisioneros políticos compartían seis pabellones colmando prácticamente la capacidad del penal. En las inmediaciones, una base aeronaval con 600 soldados, dos aviones de reconocimiento, una compañía de Gendarmería con refuerzo de Ejército estacionada a cinco cuadras de la prisión, 500 efectivos de la policía provincial y una delegación de la Policía Federal, además de los 60 hombres del Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto Madryn, con helicópteros a 60 kilómetros de Rawson, y la octava brigada del V Cuerpo de Ejército en Comodoro Rivadavia.


Diario Noticias 22 de agosto 1974, numero especial. Homenaje a los caídos 1955-1974. Clic para descargar

(…) En el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto, Rubén Pedro Bonet también había señalado a los periodistas: "Nuestro objetivo, haber tomado la cárcel, haber venido hasta aquí e intentado la fuga, ha sido reincorporarnos a la lucha activa", y agregaba "ya que estamos en la Patagonia concebimos esta Nación y esta lucha como la continuación de la que libraron todos los obreros rurales y los obreros industriales en el año 1921 y que fueron asesinados por el Ejército, por la represión".

(…) Cerca de las 18 horas, a medida que se cumplían las últimas tareas previas de cada pabellón, los combatientes convergían sobre las rejas entonando una canción salteña, "la de Luis Burela" que recuerda la historia de los primeros montoneros de Güemes. A las 18.24 horas, llegó desde afuera el aviso de que estaba en camino el avión previsto, era el límite máximo de espera y ya se estaba por levantar la operación, los guerrilleros coparon todo el interior del penal (cuatro puestos centrales que controla respectivamente dos pabellones cada uno), la sala de biblioteca, aulas, cocina, enfermería y sobre todo dirección y la sala de armas. Luego un grupo de vanguardia llega hasta la caseta que controla la entrada al penal donde se produjo el único enfrentamiento armado en el que resultó muerto un guardiacárcel, y finamente los otros dos puestos de muralla que controlaban el frente del establecimiento penitenciario. El grupo 1, Quieto, Osatinsky, Santucho, Mena, Gorriarán, Vaca Narvaja, ocupan el auto que trae el apoyo externo.

La camioneta y los dos camiones previstos no llegaron.

Se intentó llegar al aeropuerto en remises de Rawson que fueron abordados por los otros 19 de la "vanguardia". Antes de irse Bonet volvió a la caseta de entrada al penal para informar que no había camiones y que sólo fugaría la vanguardia y recordó la forma en que se había previsto la entrega del penal en caso de derrota.

Los 19 tuvieron un camino accidentado y llegaron cuando el avión ya decolaba. Los que quedaron en el penal, con solo un par de FAL lo mantuvieron en sus manos hasta que se garantizó el respeto a sus vidas. Luego, al entregar el establecimiento a las fuerzas de Ejército y Gendarmería fueron encerrados en cada celda del pabellón 7. Una ráfaga de FAL que erró por milímetros a dos combatientes rendidos fue el inicio de la etapa de más abierta represión.

LANUSSE –  "En 1993 entrevisté al general Alejandro Lanusse, que comandaba el Ejército y el gobierno de facto cuando se produjo la masacre. Era un Lanusse terminal, castigado por tragedias personales, al que los horrores perpetrados por los generales que lo sucedieron y las sagas de algunos periodistas cercanos habían convertido en una suerte de paradigma del militar democrático. Puse el tema de Trelew sobre la mesa y el anciano intentó derivar la responsabilidad de la masacre hacia algunos de sus subordinados de entonces, como el general Eduardo Betti, jefe de la Zona de Emergencia, que no habría cumplido la orden de restituir a los 19 guerrilleros fugados del penal de Rawson a la cárcel de donde se habían evadido. Cuando le recordé la famosa “responsabilidad de comando”, el viejo general intentó regresar a la mentira de 1972, el intento de fuga de los prisioneros. Cuando le dije que yo, personalmente, había visto en el maxilar inferior de María Antonia Berger la cicatriz del tiro de gracia que le pegaron aquella madrugada en la base aeronaval Almirante Zar, guardó un silencio expresivo y cambió de tema."  Miguel Bonasso

(…) Desde la llegada a la base Almirante Zar, rigurosamente incomunicados, sancionados cada vez que eran encontrados hablando, los prisioneros mantuvieron diálogos usando le lenguaje de las manos y a veces el sistema morse con los golpes. Creyeron que la presencia de numerosos periodistas, médicos y jueces en el aeropuerto eran una garantía suficiente para sus vidas, aunque no para evitar la tortura.

(…) En el último minuto, cuando los están haciendo formar a los 19 en los pasillos, a las 3.30 de la madrugada del 22 de agosto, el capitán Sosa le pone a Haidar la pistola en la cabeza para que apoye la barbilla contra el pecho y mire al piso. Haidar piensa que el marino está loco, y alcanza a comentarlo con Kohon. Después las ráfagas de Sosa, Bravo y Marchard, se abatieron sobre los guerrilleros. Sosa, Bravo y el teniente Fernández recorrieron las celdas rematando a los caídos y matando a quienes ni siquiera habían sido alcanzados, como Delfino o Kohon.

Seis horas más tarde recibieron atención de enfermeros, y recién al mediodía la de médicos. En ese tiempo murieron Astudillo, Kohon, Polti y Bonet.

El 30 de abril de 1973, el presidente general Lanusse premió al capitán de corbeta Luis Emilio Sosa con una beca para instruirse en la infantería de marina norteamericana, en Estados Unidos, con sobresueldos y otras recompensas. Los paraderos de Sosa, Bravo y Marchand son de los secretos más celosamente guardados por la Marina hasta hoy.

Al tiempo de la masacre, los prisioneros que seguían en Rawson recibieron cartas de los hijos de Pedro Bonet de 4 y 5 años, contaban a sus "queridos tíos" que la gente les decía que su padre "era como San Martín pero que todavía por unos años" no iban a encontrar estatuas con su figura. Las tres hijas de Ana María Villarreal de Santucho no creían que su madre había muerto, "lo que pasa es que mamita es pícara y está escondida para que no la encuentren". El montonero Miguel Bustos escribía: "No olvido las sombras de los rendidos en el aeropuerto (las armas en el suelo/sonrientes como acabados de nacer/ con el coraje intacto/entregados a un enemigo infame)".


La "Vida" después Trelew – 35 Años de lucha por la Justicia

Por Alicia L. de Bonet- Krueger  |  22 de agosto 2007


Omar Cerasuolo dialoga con Fernando Vaca Narvaja, sobreviviente de los fusilamientos de Trelew (Radio Nacional, 22/08/12)

El 15 de Agosto de 1972, un grupo de 6 dirigentes de FAR, Montoneros y ERP integrado por Mario Santucho, Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Enrique Gloriarán Merlo, Domingo Mena y Mario Osatinsky logran fugarse del penal de máxima seguridad de Rawson y abordar un avión en el aeropuerto de Trelew, esperaron al resto de compañeros. El avión es tomado y despega con rumbo a Chile y a Cuba.

"Pensad que esto ha sucedido, os encomiendo estas palabras"
Primo Levi sobreviviente de los campos de concentración nazis.

El segundo grupo integrado por miembros de dichas organizaciones llega al aeropuerto con retraso sin posibilidad de despegar. Toman el Aeropuerto de Trelew 19 compañeros: Ana Villarreal de Santucho, Carlos Astudillo, Eduardo Capello, Carlos del Rey, José Mena, Clarisa Lea Place, Humberto Suarez, Humberto Toschi, Jorge Ulla, Mario Delfino, Alfredo Kohon, Miguel Angel Polti, Mariano Pujadas, Ricardo Haidar, Susana Lesgart, Maria Angelica Sabelli, Maria Antonia Berger, Alberto Camps y mi esposo Rubén Bonet después serán conducidos a la Base Almirante Zar.

Fue la más grande operación que se concibió de manera unitaria por las organizaciones peronistas y no peronistas en esos años de militancia.
El gobierno del Gral. Lanusse declara el Estado de Emergencia y la zona queda bajo el mando de V Cuerpo del ejército.

Al enterarnos de la fuga, familiares de los compañeros decidimos viajar a Rawson y alquilamos una avioneta. Por su lado, los abogados de los compañeros (Los Dres, Ortega Peña, Duhalde, Galin, González Garland y Mattarollo) viajan también a Rawson en remises.

Estos compañeros eran muy jovencitos (entre 20 y 30 años), la mayoría de los familiares eran los padres, eran pocos los que ya tenían esposa e hijos. En Rawson, nos vamos unos a hablar con los militares que estaban al mando en la región, otros, con la iglesia y otros con políticos. Queríamos que les hagan llegar mantas y comida y sobretodo que supieran que nos estábamos ocupando de ellos. Pero nadie nos escuchó, seguimos tratando de hacer algo y nos detuvieron.

En la comisaría de Rawson, estaba con los padres de Mariano, de Susana, de Maria Angélica, entre otros, nos tomaron las impresiones digitales y nos hicieron el prontuario mientras nos "aconsejaban" que volviéramos a nuestras casas. Esta era la condición para liberarnos. Los “viejos” no podían creer que se las agarraran con ellos y me decían: “yo soy medico en mi pueblo y lo único que quiero saber es como esta mi hija, ¿por qué no me van a dejar acercarme a ella?” – “Si mi hijo hizo lo que considero que tenia que hacer, ¿Por qué se la agarran conmigo?” – “Che ¿te parece que tengo cara de gangster?”. Tenían fuerza, humor, orgullo por el camino que habían elegido sus hijos. Para salir, prometimos a los policías que nos iríamos a nuestras casas.

Nos fuimos a Trelew y seguimos buscando información. Yo era maestra y un poco periodista de “Nuevo Hombre” de esa manera conseguí fotos del aeropuerto cuando estaba tomado y una cinta grabada por la televisión de la Conferencia de Prensa. En esa cinta, los compañeros explican las razones de sus luchas y las negociaciones antes de entegarse. En ese momento, se encontraban con ellos en el aeropuerto los periodistas del diario Jornada y Chubut, el Dr. Amaya, abogado, el Juez Godoy y el Dr. Viglione, médico que los revisó y verificó que se encontraban en buen estado de salud. En las negociaciones, autorizan su traslado nuevamente a la cárcel de Rawson: El Capitán Sosa da “su palabra de honor". Mariano habla en nombre de Montoneros, Maria Antonia de la FAR y Rubén del ERP. Firman un acta. Sin embargo, finalmente se los llevan a la Base Almirante Zar.

Esa Conferencia de Prensa queda inmortalizada en la película “Ni olvido, ni perdón” de Raymundo Gleyzer.

Intentamos ir a la Base pero había militares por todos lados controlando, nos vuelven a detener y nos llevan a la comisaría de Trelew. Los abogados se enfrentan a un hermético cerco de silencio que les impide todo contacto con los detenidos de la Base y de la cárcel de Rawson. Los detienen también para su identificación, al igual que los chóferes de los remises que los condujeron. Los Doctores Amaya y Solari Irigoyen que eran abogados locales tampoco logran tomar contacto con los presos y el Dr. Amaya queda detenido. Los jueces Quiroga y Godoy no reciben ninguna petición ni habeas corpus de los abogados. Los abogados convocan una Conferencia de Prensa en el estudio del Dr. Romero y del Dr. Amaya. Poco después, el estudio es allanado. Lo que obliga a realizar sus declaraciones en la calle. Al día siguiente, decidimos todos regresar a nuestras casas.

El 22 de Agosto, muy temprano, escucho en la radio, una de las primeras versiones de los militares diciendo que los compañeros presos en la Base intentaron fugarse, que hay muertos y heridos. Inmediatamente, todos los familiares nos ponemos en contacto con los abogados. Nos dicen que nos vayamos directamente al Aeroparque para viajar a Trelew, sobretodo nos aconsejan no pasar por sus oficinas ni por la Asociación Gremial de Abogados donde solíamos reunirnos. Poco después una bomba explota y destruye el local de la Asociación.


Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Duhalde. Fragmento de un documental del Frente Justicialista de Liberación Nacional (FREJULI) utilizado como material de campaña para las elecciones del 11 de marzo de 1973, Ortega Peña se compromete como candidato a diputado a investigar la masacre de Trelew.

Y explico a mis hijos, Hernán de 6 años y Mariana de 4 años que les llevo “curitas” para curar a papá y a los tíos y a las tías que se habían peleado con los militares (ellos hacia dos años que visitaban a su papá en las cárceles de Devoto y de Rawson). Tomo un taxi y le pido al chofer que ponga la radio, le explico por qué; cuando llegamos al aeropuerto, no me cobra y me dice Sra. si a su marido lo matan es porque él luchaba por todos nosotros. Era así que se vivió desde un primer momento la masacre de Trelew en el pueblo.

Tomo un taxi aéreo con los Dres Landaburu, Sandler, Cavilla y Lombardi hasta Bahía Blanca para ir al Hospital donde se encontraban los heridos. En el camino, anuncian por la radio que Rubén acaba de morir. Regreso, entonces a Ezeiza para recuperar el féretro. Al llegar, recupero a mis hijos y nos enteramos que los cuerpos de los compañeros los enviaron a sus lugares de nacimiento; en Rosario, Córdoba, Tucumán, Entre Ríos, Santa Fé, Santiago del Estero, Capital y a Pergamino en mi caso. Seguramente, viendo las manifestaciones estudiantiles y populares que se estaban produciendo en Capital, los militares deciden de esta manera evitar todo funeral popular. A Capital, llegan los cuerpos de Eduardo Capello, Maria Angélica Sabelli y Ana Maria Villarreal de Santucho. Quienes serían velados en la Sede Justicialista de Avenida de La Plata.

Tomo un ómnibus para ir a Pergamino con mis hijos, les explico que no se pudo curar a papa y a los tíos y tías que estaban muertos. Mariana, mi hija quería saber si el tío Chupete había muerto también (Eduardo Capello, era su preferido). Empezaron a hacerme preguntas sobre la muerte “¿cómo se hace para respirar y comer dentro de un cajón?” Hicieron dibujos para su papa, que pegué en el cajón.

Mientras yo estaba convencida que jamás, ni Rubén, ni Mariano, ni los otros compañeros podían haber hecho un solo gesto para fugarse. Tenían una fuerte moral revolucionaria, ya habían sido torturados y se mantenían siempre firmes, sabían que estaban rodeados por la Marina, que el lugar estaba en medio del desierto, que no tenían comunicación con el exterior. Simplemente yo pensaba que los habían matado a sangre fría, a pesar de las versiones “oficiales” que aumentaban la confusión. En esos años, no había antecedentes que se hubiera matado a un grupo tan grande de presos políticos en el país y todos comenzamos a hablar de “Masacre”, hasta gente que no estaba de acuerdo con los grupos armados.


Entrevista realizada el 13 de octubre de 1972 en un patio de La Habana donde funcionaba Radio Habana Cuba. Casi dos meses después de los hechos, Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto y Fernando Vaca Narvaja dialogaban con el periodista cubano Orlando Castellanos sobre la fuga de Trelew.

Cuando llego a Pergamino, de la misma manera que a todos los familiares fuimos interrogados por la policía, se tenia que firmar una orden militar para que no hubiera ceremonia, velatorio, y que se enterrara inmediatamente al familiar; Para mí, era imposible aceptar estas condiciones, yo quería comprobar que el que estaba en el cajón era Rubén y lo que le habían hecho. Por eso, dejé el cajón en la morgue y empecé a realizar gestiones con la policía para poder abrir el cajón. No fue fácil, ya que hicieron circular en el pueblo, que el ERP iba a recuperar el cuerpo con lo cual el cementerio estaba rodeado de militares. Al final, entre amenazas y tratativas, me permiten identificarlo. Entro con un lápiz y un papel, escribo todo lo que veo; era Rubén, tenia hematomas, tenia especies de grandes lunares (después supe que era la entrada de balas) y una parte de la cabeza destrozada.

Me entero, luego, que en diferentes lugares del país se abrieron los cajones, que había enormes manifestaciones y que con tanques habían desalojado la Sede Justicialista.

A partir de ese momento, estaba convencida que no se podía ocultar la verdad de lo que había pasado, era necesario denunciarlo para que no se continuara matando con total impunidad.

Unos días después inicio el juicio caratulado “Alicia de Bonet contra el Estado Nacional (Comando en Jefe de la Armada)” en el Juzgado de primera instancia n°6. El juez ordena la autopsia de Rubén. En la autopsia, se menciona 3 heridas de bala de distancia y calibre semejante, una herida en la cabeza de bala de otro tipo de proyectil, disparado a corta distancia por lo cual se verifica que es “un tiro de gracia”.

El mismo juicio lo inicia la familia de Ana Villareal de Santucho representada por la Dra. Manuela Santucho. El 26 de Octubre 1972 acompaño a mi abogado Dr. Mario Diehl Gainza a la cárcel de Villa Devoto donde se constituyo el tribunal, para tomar declaraciones a los tres sobrevivientes. Están presentes todos los abogados de los compañeros. Primero declara Alberto Camps, luego Ricardo Haidar y finalmente Maria Antonia Berger quienes a pesar de estar heridos e incomunicados nombran al Teniente Bravo, al Suboficial Marechal, al oficial Sosa y explican con detalles similares cómo procedieron a fusilarlos.

Estos testimonios fueron recogidos por Francisco Urondo el 23 de mayo 1973 en la cárcel de Villa Devoto, los publicó en dos libros “Trelew” y “Trelew, La patria fusilada”.

El Juicio siguió su curso hasta 1974, en que empezó a actuar las triple A con sus asesinatos y bombas. Cuando asesinaron al abogado de Rubén, el Dr. Rodolfo Ortega Pena, hablé con los padres de Mariano, Susana, de Clarisa y me decían “pero querida, no te preocupes por nosotros, somos personas mayores, cuídate vos y los chicos” .No podían imaginar tanta crueldad.!!!

Juan Gelman escribe, en 1972 "Glorias", versos premonitorios de lo que iba a suceder:
..¿Acaso no esta corriendo la sangre de los fusilados en Trelew?…
…¿hay algún sitio del país donde esa sangre no este corriendo ahora?….

Relataré algunos de los casos de ”la sangre que siguió corriendo“ después de Trelew:

– Alberto Camps murió el 16 de agosto de 1977 en un enfrentamiento en su domicilio,
– Maria Antonia Berger murió en 1979 en un enfrentamiento y su cuerpo fue mostrado en la ESMA como trofeo,
– Ricardo Haidar está desaparecido desde 1980.

– Roberto Quieto fue secuestrado y está desaparecido desde 1975,
– Marcos Osatinsky fue ejecutado en 1975, sus hijos José y Mario de 18 y 15 años murieron en un enfrentamiento en su domicilio, su esposa Sara fue secuestrada,
– Mario Santucho murió en un enfrentamiento en 1976, gran parte de su familia permanece desaparecida (hermanos, esposas, sobrinas).Entre ellos la Dra. Manuela Santucho.
– El padre y el hermano de Fernando Vaca Narvaja fueron asesinados en 1976.

El 14 de agosto de 1975 fueron secuestrados los padres de Mariano Pujadas, José Maria y Josefa junto a su hija Maria José, su hijo José Maria y su compañera Mirta. Fueron ametrallados, dinamitados y tirados sus cuerpos en un pozo: Mirta se salva y muere años después de las secuelas.
Arturo Lea Place padre de Clarisa fue matado y su hermano Luis detenido. Una vez liberado abandono el país.
El hermano de Eduardo Capello, Jorge es secuestrado junto con su compañera Irma y el hijo de ella de 12 años. Están desaparecidos.
El hermano de Susana Lesgart, Rogelio es arrestado en 1976, sus hermanas Maria Amelia y Adriana se encuentran desaparecidas desde 1979.

Muchos familiares han sobrevivido por haber vivido clandestinamente y/o haber salido del país.

LA REACCION DE LA GENTE DE TRELEWEl 15 de agosto de 1972 se produce la fuga del penal de Rawson que concluye con seis presos evadidos y una semana después, el 22 de agosto, con el fusilamiento de los 16 que no habían llegado a tiempo para tomar el avión. Trelew quedó paralizado por el terror y la sorpresa. Fue recién en la madrugada del 11 de octubre, cuando el ejército secuestra y traslada a la cárcel de Devoto a 16 ciudadanos de Trelew que habían participado en la comisión de solidaridad, que la ciudad entera reacciona tomando un teatro como sede de una asamblea popular masiva y paralizando la ciudad. Esta gesta popular se mantuvo despierta y en la calle hasta que se liberó al último de los presos. El 27 de octubre Trelew había ganado, gracias a una protesta compacta y espontánea, una batalla inolvidable frente al poder militar del momento.
El relato de estos hechos fue plasmado en 2004 en el largometraje "Prohibido dormir. Crónica de la asamblea del pueblo. Trelew 1972, de Paula Bassi, que cuenta la historia a partir de los relatos de sus protagonistas.

Raymundo Gleyzer está desaparecido desde mayo de 1976.
Paco Urondo muere en un enfrentamiento junto a su mujer en marzo de 1976.

El 22 de agosto de 1976 se descubren 60 cuerpos de personas que habían sido
secuestradas por las Fuerzas Armadas.

Los presos políticos y sindicales de las cárceles del país en especial los de Rawson fueron duramente castigados, muchos de ellos están desaparecidos o tuvieron que salir del país.

Entre 1974 y 1983, hubo más de 200 abogados, asesinados y desaparecidos, en el ejercicio de su profesión; defendiendo el derecho a la libertad y a la vida de presos políticos y sindicales. Con ellos se eliminó la defensa legal y se silenció la Justicia. Los que pudieron salvarse vivieron en la clandestinidad hasta salir del país.

La población de Rawson y de Trelew sufrió persecución, tortura, por haber sido testigos, apoderados, sindicalistas, políticos, periodistas, amigos, médicos, docentes, obreros, estudiantes o miembros de la comisión de solidaridad con los presos de Rawson y de Trelew.

Estas informaciones no son exhaustivas, solo son una parte del iceberg que constituyó en nuestro país la aplicación de la política llamada de "Terrorismo de Estado" que se tradujo por la eliminación física de todos aquellos que se suponía opositores al régimen gubernamental vigente, sin respeto de ninguna ley nacional o internacional de protección de la vida de las personas y que culmino con los 30 000 muertos y desaparecidos.

A partir de agosto de 1974, viví en la clandestinidad con mi familia. Mis compañeros de trabajo me avisaron que los militares habían ido a buscarme a la escuela y que la directora había recibido la orden de mi captura de parte de la Marina. En 1977, salí del país con mi familia.

Una vez restablecida la democracia en Argentina, comencé a mandar cartas a los presidentes argentinos para que se hiciera justicia por Trelew. Traté de reabrir el juicio iniciado pero había desaparecido de los Tribunales.

En 2005 fui invitada junto a otros familiares y ex- presos de Rawson a “los actos oficiales” de conmemoración de los 33 años de la Masacre de Trelew. Fuimos recibidos por la Secretaria de Derechos Humanos de Chubut, Sra. Elisa Martines, por el Subsecretario Dr. Mattarollo y el Secretario de Derechos Humanos de la Nación Dr. Duhalde y más tarde por el Sr. Presidente de la Nación Dr. Kirchner. Por primera vez después de 33 años que reclamaba justicia era escuchada por las más altas autoridades del país. Todos nos dieron su apoyo para que la masacre de Trelew no quede impune.

Se decidió transformar el Aeropuerto de Trelew en Monumento a la Memoria.

Unos meses después varios familiares iniciamos una Querella contra el Estado, esto fue en el mes de febrero 2006. Nuevamente comenzaron a llover las amenazas sobre algunos de los testigos y poco después se denunciaban a los Servicios de Inteligencia de la Marina, situados en la Base de Trelew por sus actuaciones.

Así pudimos saber que nunca dejaron de funcionar, ni antes de la democracia, ni ahora. Los que quedaron vivos y se manifestaron contra la impunidad de Trelew teníamos seguimientos, fotografías, informes, datos sobre las actividades que realizábamos desde los espectadores que fueron a ver la valiente película "Trelew" de Mariana Arruti, que restituye la verdad histórica de estos hechos hasta la entrevista que los familiares tuvimos con el Presidente, pasando por altos funcionarios, abogados, familiares, piqueteros, gente del pueblo. Todos estábamos en esas carpetas que retiró el juez de la Base Almirante Zar.

La Querella iniciada esperamos que permita que la Masacre sea considerada como un "crimen de lesa humanidad" o sea imprescriptible, que los marinos que ayer salieron protegidos del país a las embajadas de EEUU y de Sudáfrica entre otras y que hoy siguen viviendo en barrios protegidos y que fueron los que actuaron en la masacre sean juzgados y que se haga justicia por los compañeros fusilados el 22 de Agosto de 1972.


22 de agosto 2013. Recuerdan en Caballito la Masacre de Trelew ocurrida en 1972.

En la actualidad el juez federal Hugo Sastre, a cargo de la querella, ha procesado a 9 marinos por el caso de espionaje ilegal por delito de abuso de autoridad y separados de sus cargos.
Se están tomando declaraciones a gran cantidad de personas que han podido aportar sus testimonios.
Se ha citado al médico que firmó las actas de defunción de los militantes fusilados, para que declare.
El equipo de física forense del Instituto Balseiro realizara una pericia sobre las paredes de las celdas donde fueron acribillados. La justicia está haciendo su trabajo.