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"¿Puede
desaparecer una persona?"
Por Alejandro Incháurregu, Fundador del Equipo Argentino de Antropología
Forense
Felipe Vallese desapareció a los
22 años, en el año 1962. Era obrero metalúrgico y delegado del establecimiento
donde trabajaba, la fábrica TEA. Consecuencia casi obvia de ello, militaba
en un grupo juvenil de la resistencia peronista. El 23 de agosto de ese
año, junto a un grupo de militantes, fue secuestrado en Capital Federal
por un grupo de la Unidad Regional de San Martín. Para entonces, no se pedía
zona liberada: simplemente se operaba.
Luego del silencio inmediato, la versión sobre la desaparición de Vallese
trasciende. El diario El Mundo publica el 25 de agosto el siguiente artículo,
titulado “Como en Chicago”: “Rarísimo el suceso en Flores Norte, que la
policía dice ignorar. Frente al 1776 de Canalejas, a las 23.30 del jueves,
un hombre fue secuestrado. Desde hacía varios días había autos ‘sospechosos’
en las inmediaciones. Una estanciera gris frente a aquel número, un Chevrolet
verde en Canalejas y Donato Alvarez y un Fiat 1100 claro en Trelles y Canalejas.
Dentro de ellos, varios hombres y otros en las inmediaciones de los coches.
A la hora citada, el automóvil de Donato Alvarez hizo guiños con los focos
señalando el avance del hombre. Le respondieron y todos convergieron sobre
él. Se le echaron encima y lo golpearon. Y pese a que se aferró con manos
y uñas al árbol que está frente al número señalado, lo llevaron a la estanciera
gris que partió velozmente, con las puertas abiertas. Los gritos de desesperación
que habían comenzado con la agresión poblaban la noche y atrajeron a todos
los vecinos que, alarmados, dieron otro tono a la cuadra. Todos corrieron.
Algunos quisieron acercarse, un hombre armado, pistola 45 en mano, los detuvo.
‘Esto no es para ustedes, piénsenla si no quieren ligarla.’ Y se tuvieron
que ir, viendo, inermes, cómo en plena ciudad se raptaba un hombre”.
Junto a Vallese, fueron secuestrados
su hermano mayor Italo, Francisco R. Sánchez, Osvaldo Abdala, Elba R. de
la Peña, Rosa Salas, Mercedes Cerviño de Adaro, Felipe Vallese (h) de 3
años de edad y dos niñas de 8 y 10 años, hijas de una de las detenidas.
Todos fueron sometidos a las consabidas torturas mientras repiqueteaba la
pregunta “¿Dónde está Rearte?”. Como la emblemática pregunta “¿Dónde está
Tanco?” de la Operación Masacre de 1956, a Vallese lo interrogaban por el
militante de la Juventud Peronista Alberto Rearte. Su hermano Italo lo vio
destrozado. En la golpiza, Vallese debe haber muerto y su cuerpo ocultado.
Felipe Vallese nunca apareció, ni vivo ni muerto.
Las denuncias fueron masivas y desde el sindicalismo corrieron especialmente
por cuenta de los dirigentes metalúrgicos Augusto T. Vandor y Rosendo García
con el asesoramiento letrado del Dr. Fernando Torres.
Diez días después la evidencia y los testimonios de los detenidos luego blanqueados fueron aplastantes. La patota de la Unidad Regional de San Martín había estado comandada por el oficial principal Juan Fiorillo. El intento oficial de desmentir los sucesos se expresa en un comunicado formal del jefe de Policía Bonaerense que, releído luego de 40 años, suena como un lugar común: “Detenidos el 23 de agosto de 1962 en la localidad de José Ingenieros, partido de Tres de Febrero, por una comisión del servicio de calle de la Unidad Regional de San Martín, cumpliendo directivas de la superioridad para la prevención y represión de actividades subversivas y disolventes, al mando de Juan Fiorillo”.
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Así, la policía no incluía a
Felipe Vallese entre los detenidos y quitaba la Capital Federal como escenario
del crimen. Un impensado elogio a lo mejor de Vallese surge del mismo comunicado
de la policía: “Los detenidos tenían abundante propaganda peronista-comunista,
panfletos cuyos títulos decían ‘Contra los préstamos del F.M.I. que atentan
contra la soberanía del país’ y ‘No queremos préstamos que engorden a los
enemigos del pueblo’. Firmados: Juventud Peronista”.
Suceden las gestiones públicas y judiciales y no se esclarece la suerte
corrida por Vallese. Diez meses después, en junio de 1963, La Fraternidad
publica una solicitada reclamando por la aparición de Vallese. El gran título
es premonitorio para la década siguiente: “¿Puede desaparecer una persona?”.
El final del texto, luego de reclamar enfáticamente por la aparición de
Vallese, dice “medite quien lea este alegato: mañana puede tocarle ‘desaparecer’”.
El caso de Felipe Vallese es
paradigmático por los elementos que lo componen: las consignas políticas
que como militante reivindicaba, su condición de víctima de desaparición
forzada e involuntaria, la impunidad de la Bonaerense, la aterradora precisión
de quienes reclamaban por una desaparición y la infinita lucha por mantener
la memoria del desaparecido.
La lucidez de Paco Urondo debe haber advertido todas las dramáticas aristas
y matices que hacen a esta historia. Por eso su novela Los pasos previos
incluye el caso Vallese. Sin saberlo, describió en él a otros miles que,
como un eco, se repitieron interminablemente.

Una
foja de servicios coherente
El comisario Juan Fiorillo fue arrestado el martes (29/05/06) por su responsabilidad
en secuestros y torturas de la comisaría quinta de La Plata. Estuvo implicado
en el caso de Felipe Vallese. Está acusado de llevarse, en un operativo,
a una beba que sigue desaparecida.
Por V. G., Página|12, 01/06/06
No hay duda de que se trata de un hombre consecuente. Fue identificado como
el secuestrador del primer desaparecido por razones políticas del país,
el obrero metalúrgico y militante de la juventud peronista Felipe Vallese,
apresado el 23 de agosto de 1962. Fue integrante de la Triple A y la última
dictadura le ofreció la oportunidad para moverse como un pez en el agua.
Actualmente está señalado como responsable de más de cien casos de privación
ilegal de la libertad y torturas y de llevarse personalmente envuelta en
una frazada a Clara Anahí Mariani, una beba de cinco meses que sigue desaparecida.
Se llama Juan Fiorillo y estuvo libre hasta el martes, cuando fue arrestado
por orden del juez Arnaldo Corazza. Ahora está preso en su casa.
Felipe Vallese fue secuestrado el 23 de agosto de 1962 en la calle Canalejas
(actualmente Felipe Vallese), por una patota de la Unidad Regional de San
Martín. Tenía 22 años y su cuerpo nunca apareció, aunque fue visto en la
comisaría de San Martín y en Villa Lynch y se sabe que fue torturado.
Fiorillo tenía 31, era jefe de la Brigada de Servicios Externos de la Unidad
Regional de San Martín y comenzó su carrera represiva como el primer desaparecedor
de personas. Pero no es por este caso que fue detenido el martes, sino por
el prontuario que acumuló durante la última dictadura, aunque en ese entonces
sus acciones se tradujeron en felicitaciones en su legajo personal.
Fiorillo estuvo un tiempo detenido por el crimen de Vallese y al recuperar
la libertad se integró en la Triple A. En enero de 1976 estaba destinado
a la Dirección General de Investigaciones con el grado de comisario inspector,
pero sólo dos meses después del golpe de Estado fue ascendido a jefe del
Departamento de Coordinación General de esa repartición. Terminó convirtiéndose
en mano derecha de Miguel Osvaldo Etchecolatz, que era su superior inmediato.
Entre 1977 y 1978 trabajó –primero como segundo jefe y después como titular–
en la Unidad Regional de La Plata. Esa dependencia tenía a su cargo las
comisarías de la zona, entre ellas la quinta de la capital bonaerense, donde
funcionó un centro clandestino de detención. Pero más allá de su responsabilidad
mediata en desapariciones y torturas, varios testimonios dan cuenta de la
participación directa de Fiorillo en esos crímenes.
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Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres |
En el Juicio por la Verdad de
La Plata, el policía Lino Ojeda aseguró que Fiorillo era el jefe del grupo
de tareas que ingresaba y sacaba a los detenidos encapuchados en coches
sin patentes y que tenía su oficina en esa misma dependencia. El ex chofer
de Etchecolatz, Hugo Alberto Guallama –que actualmente está procesado–,
envió una carta a la Justicia, que luego ratificó personalmente, en la que
narró detalles sobre la participación de Fiorillo en el secuestro de Clara
Anahí Mariani, de cinco meses. La niña, hija de Daniel Mariani y Diana Teruggi,
desapareció el 24 de noviembre de 1976, luego de que un operativo de las
fuerzas conjuntas atacara la casa de sus padres, donde funcionaba una imprenta
clandestina.
Diana Teruggi fue asesinada ese día; Daniel Mariani, que no estaba en la
vivienda, unos meses después. Clara Anahí sobrevivió al ataque, pero hasta
hoy no hay noticias acerca de su paradero. “Me informaron que duró el tiroteo
entre cinco y seis horas, que a poco de iniciado se hizo presente el coronel
(Ramón) Camps con su equipo de confianza (...) De los jefes superiores sé
que estuvieron presentes Etchecolatz, González Conti, Forastiero y Fiorillo.
De este último, de haber desaparecido una menor, sería el responsable, pues
lo vieron cargar un bulto en su coche envuelto en una frazada”, aseguró
en su declaración Guallama.
Fiorillo también está involucrado en el homicidio de Edgardo Sajón. El ex
policía Carlos Hours dijo en el Juicio a las Juntas que el comisario era
uno de los hombres que estaba en la escuela Juan Vucetich cuando asesinaron
al secretario de Prensa del dictador Alejandro Agustín Lanusse.
En septiembre del año pasado, el fiscal Sergio Franco, a cargo de la unidad
especial que interviene en las causas del terrorismo de Estado en La Plata,
solicitó la detención de Fiorillo. Este martes, el juez Arnaldo Corazza
concretó el arresto. El represor, que era dueño de una agencia de seguridad
privada que fue clausurada por el Ministerio de Seguridad de la provincia,
fue apresado en su casa de Villa Adelina. Durmió una noche en la DDI de
La Plata y luego volvió a su vivienda, ya que como tiene 74 años logró que
se le concediera el beneficio del arresto domiciliario.
[Imágen: Felipe Vallese, obra de Carlos Terribili]
Por Daniel Brión
Felipe Vallese (1940-1962), militante de la JP, es el primer detenido-desaparecido
de la historia contemporánea argentina. Fue secuestrado el 23 de agosto
de 1962 y visto brutalmente torturado en una comisaria de Villa Adelina.
Un poco de Historia
La ofensiva política de 1958: Felipe Vallese, mártir de la JP.
El gobierno de Frondizi se caracterizó por la inestabilidad institucional
sometida a sucesivas crisis y planteos militares, por las constantes huelgas
gremiales y de la CGT con que la clase trabajadora respondía al paulatino
cercenamiento de sus derechos y por la respuesta gubernamental de creciente
represión al movimiento peronista. La movilización militar de los trabajadores
en paro y la aplicación del plan Conintes fueron los ejes de la respuesta
instrumentada.
Llegado el año 1962 que sería el último de su mandato, su ministro del Interior
Alfredo Vítolo, firmó un documento con los jefes militares garantizando
que no se permitiría a Perón volver al país. Es que frente al inminente
proceso electoral previsto para el 18 de marzo de ese año, había trascendido
que la fórmula que el peronismo presentaría en la provincia de Buenos Aires
iba a estar integrada por Andrés Framini como gobernador y Juan Perón como
vice. A fin de aquel mes de enero, Vítolo anunciaba que el gobierno rechazaría
la candidatura de Juan Perón. Paralelamente el juez electoral Leopoldo Isaurralde
de abierta filiación frondicista declaraba que Juan Perón no podía ser candidato
por no tener residencia, no estar en el padrón y ser un fugitivo de la justicia.
Para que nada quedara librado al azar, el cardenal Antonio Caggiano, recordaba
que la excomunión estaba en vigencia.
El 10 de marzo Frondizi pronosticó en conferencia de prensa que los ciudadanos
iban a dar las espaldas a Perón en las elecciones y acusó al peronismo de
impedir la pacificación.
Contra la alquimia y la aritmética gubernamental, el pueblo de la provincia
de Buenos Aires, eligió aquel 18 de marzo como gobernador a Andrés Framini,
quien finalmente había ido acompañado por Marcos Anglada como vice-gobernador,
quienes concurrieron bajo las siglas de la Unión Popular. El pueblo no había
dado la espalda a Perón y por el contrario hería de muerte al gobierno de
Frondizi.
Fue este el hecho político más importante producido por el peronismo desde
1955. El triunfo de Framini fue la más palmaria demostración que el peronismo
seguía siendo mayoría, que su voluntad era inquebrantable y que no estaba
dispuesto a presentarse "manicurado" para ser aceptado. Por el contrario,
Perón había elegido a un dirigente obrero, un histórico peronista, para
encabezar aquella fórmula.
Las
fuerzas armadas reclamaban la proscripción del peronismo, un nuevo gabinete
y la expulsión del país de Rogelio Frigerio. Aramburu por su parte, "aconsejaba"
la renuncia de Frondizi y el comandante del Ejército general Raúl Poggi
le pedía efectivamente la renuncia.
El día 27 el presidente declara "no me suicidaré, no renunciaré y no dejaré
el país". Dos días después frente al movimiento de tropas, renuncia, y es
arrestado en Olivos y trasladado a Martín García. El día 30 de marzo asume
José María Guido como presidente de la Nación, hasta entonces, presidente
del Senado. El gobierno títere de Guido, no es más que una fachada tras
la cual gobiernan los militares.
El 24 de abril, el nuevo presidente anula las elecciones ganadas por el
peronismo: Andrés Framini había anunciado que el 1º de mayo asumiría la
gobernación y pese a la anulación concurre acompañado por altos dirigentes
a la casa de gobierno provincial, labrando un acta. Las provincias donde
el peronismo o los partidos neoperonistas había triunfado eran las siguientes:
Buenos Aires, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Chaco, Misiones, Río
Negro y Neuquén.
El 24 de julio por un decreto del Poder Ejecutivo queda prohibido el proselitismo
peronista, la exhibición publicitaria de fotografías y marchas. Nuevamente,
bajo otro rótulo, reaparece el decreto 4161.
El mes de agosto se inicia con una huelga general de 48 horas decretada
por la CGT. Este mes, más precisamente el 23 de agosto, se produce un hecho
que conmueve al movimiento peronista: es secuestrado el obrero metalúrgico
y dirigente de la juventud peronista Felipe Vallese. El reclamo por su vida
se convierte en bandera de lucha: "un grito que estremece, Vallese no aparece"
Felipe Vallese tenía 22 años y era delegado desde 1958 en la fábrica TEA
S.R.L., paralelamente con su actividad gremial tenía una intensa actividad
militante en la Juventud Peronista. Era integrante del grupo de Corrientes
y Esmeralda y había secundado a Gustavo Rearte en el copamiento del puesto
de la aeronáutica en Ezeiza. Sin embargo, no es secuestrado por la policía
de la provincia de Buenos Aires por su propia actividad, sino buscando a
su amigo Alberto Rearte. Se trató de un procedimiento ilegal en jurisdicción
de la Capital Federal y Vallese fue secuestrado frente al número 1776 de
la calle Canalejas. La justicia a instancias de su familia y de la UOM reconstruyó
el camino hacia la muerte de Felipe Vallese hasta la comisaría de Villa
Lynch donde desaparece después de ser terriblemente torturado. Su cuerpo
jamás apareció pero su nombre desde entonces simboliza lo mejor de aquella
juventud que no reparó en peligros por la defensa de sus ideales. Hoy, la
calle Canalejas lleva su nombre y así también se denomina el salón de actos
de la CGT en su sede de la calle Azopardo 802 de la Capital Federal.
Paradojalmente el asesinato de Vallese no hizo retroceder a la J.P., sino
que por el contrario, su ejemplo actuó como un enfervorizador de las conciencias.
En el mes de agosto del año 1963 una acción propagandística de uno de aquellos
comandos juveniles sorprende al país: el robo del sable del General San
Martín del Museo Histórico Nacional donde estaba en custodia. El hecho tuvo
una repercusión espectacular y el grupo que se lo había llevado del cual
era responsable Osvaldo Agosto, exigía para su devolución el retorno del
general Perón, la libertad de los presos políticos y la devolución del cadáver
de Evita. La operación fracaso por la confesión de una persona que conocía
el hecho y que cayera presa en otras circunstancias. Pero el efecto había
sido logrado.
La represión, por su parte no se quedaba atrás y ampliaba sus círculos:
84 personas de filiación nacionalista fueron detenidas en Buenos Aires por
realizar un homenaje a Juan Manuel de Rosas. En Posadas se detiene a otros
veinte acusados de formar parte de una conspiración "peronista/comunista".
También es clausurado el Teatro La Máscara y poco después, la agencia Télam.
Aquella acción represiva no era mayor, porque los militares estaban empeñados
en enfrentarse violentamente entre sí: en septiembre de 1962, se habían
producido los primeros choques entre "azules" y "colorados",
los que se repitieron en el año siguiente.
El
peronismo seguía siendo "el hecho maldito" de la política argentina. A esta
altura, parecía -y así fue- que no alcanzaban las leyes para prohibirlo,
declararlo fuera de la ley e intentar borrarlo del mapa. En noviembre de
1962 se dicta el Estatuto de los Partidos Políticos que excluye al peronismo.
Como si fuera poco, en febrero de 1963 se firma un decreto ley que proscribe
el peronismo en las elecciones del 23 de junio cuya convocatoria ha sido
anunciada por el comandante en jefe del ejército general Juan Carlos Onganía.
El odio gorila no cesaba, la comisión liquidadora de los bienes de Juan
Domingo Perón (Dto. 8124/57) distribuye lo recaudado entre varias entidades.
El 10 de abril, se dicta una nueva reglamentación del decreto ley 7165 que
prohibe la exaltación del peronismo: la marina ha hecho un planteo por la
participación neoperonista en las elecciones. El 17 de mayo de ese mismo
año, por decreto se prohibe al Partido Unión Popular, pese a tener personaría
legal, el presentar candidatos a presidente y vicepresidente. Como si todo
fuera poco, el 18 de junio, por otro decreto, se prohiben todas las candidaturas
del partido Unión Popular.
Paralelamente y tratado de divorciar al movimiento obrero de su expresión
política, el movimiento peronista, el gobierno títere de Guido permitió
que en enero/febrero de aquel año se celebrara el anhelado Congreso Normalizador
de la CGT, en el que estuvieron representadas 100 organizaciones sindicales
de primer y segundo grado, eligiendo como secretario general a José Alonso
del gremio del vestido, uno de aquellos dirigentes de relevante actuación
antes de 1955, habiendo sido diputado y director del diario "la Prensa"
cuando quedó en manos de la central obrera.
El Congreso Normalizador, liderado y homogeneizado por las 62 Organizaciones,
criticó en su declaración final el decreto de Seguridad del Estado promulgado
por el nuevo gobierno y exigió la libertad de los detenidos y condenados
por cuestiones políticas, el esclarecimiento de los secuestros y la investigación
de las torturas. También reclamó la aparición con vida de Felipe Vallese.
Se iniciaba una etapa de gran vitalidad política de la CGT y de enfrentamiento
con el gobierno. Las 62 Organizaciones, lideradas por la UOM, cuyo secretario
era Augusto Vandor, comprendieron que se estaban creando las condiciones
en el país para una nueva contraofensiva del peronismo.
Para las anunciadas elecciones nacionales, hasta ese momento se perfilaban
como posibles candidatos Vicente Solano Lima-Carlos Sylvestre Begnis, por
el Frente Nacional y Popular y Raúl Matera-Horacio Sueldo por el partido
Demócrata Cristiano. Matera es proscripto, y finalmente tampoco se presenta
Solano Lima-Begnis, y Juan Perón da órdenes de votar en blanco.
El 24 de julio el Colegio Electoral elige presidente de la República a Arturo
Illia y como vice presidente a Carlos Perette de la Unión Cívica Radical
del Pueblo quienes en las elecciones sólo alcanzaron el 24,9% de los votos.
Su escasa base popular y la proscripción del peronismo harían que su gobierno
tuviera pies de barro: en dos años y ocho meses los militares volverían
al poder.
No es de extrañar que ese álgido 1963, se cerrara con una violenta represión
a la masiva concentración celebrada en plaza Once, el día 17 de octubre,
en que el Cuadriunvirato que dirigía como comando táctico, el peronismo,
diera a conocer por boca de Andrés Framini, una declaración, en la que se
exigía "Derogación de toda legislación represiva y de los decretos que establecen
proscripciones o cualquier forma de discriminación. Inmediata convocatoria
a elecciones generales en todo el país para que el pueblo pueda elegir libremente
y sin condiciones, todos los cargos electivos, desde Presidente para abajo.
Regreso inmediato e incondicional a la Patria del Jefe del Movimiento Peronista,
compañero Juan Domingo Perón. Restitución de los restos de la compañera
Eva Perón. Estas exigencias políticas iban acompañadas con un programa de
propuestas económicas y sociales y se declaraba el "estado de movilización
popular, como método revolucionario para la conquista de los objetivos enunciados".
IMEPU
Fuente: Instituto por la Memoria del Pueblo
imepu@hotmail.com
www.lucheyvuelve.com.ar
[Imágenes: Felipe Vallese por Carlos Terribili y Andrés Framini en acto
de campaña]

En
la calle Canalejas... Crónica del secuestro de Felipe Vallese
Ayer se cumplió un nuevo aniversario del secuestro y desaparición de Felipe
Vallese. Este fue el segundo caso de un militante detenido-desaparecido
antes de que esa figura delictiva fuera puesta en práctica masivamente por
la dictadura militar del ´76.
En la calle Canalejas, frente al número 1776, un hombre joven se abraza
desesperado a un árbol. Siete personas armadas tironean de él, lo golpean
y, por fin, logran separarlo del árbol y lo meten en Fiat 1100, que parte
raudo, dobla por la calle Trelles y se pierde.
Ese hombre se llama Felipe Vallese, tiene 22 años, un hijo de tres, es delegado
gremial en la fábrica metalúrgica Tea, militante de la Juventud Peronista
y nunca más aparecerá.
Un periodista, Pedro Leopoldo Barraza, en un trabajo de inspiración walsheana,
hará una prolija investigación de este secuestro, que publicará en ocho
entregas en los periódicos 18 de Marzo y en su sucesor, Compañero. Este
semanario es dirigido por el médico Mario Valotta, y expresa la línea del
Peronismo Revolucionario que lidera Gustavo Rearte.
El trabajo de Barraza denunciará una serie de encubrimientos policiales,
judiciales, omisiones y falsedades que son solo el preanuncio de lo que
después, 14 años después, serán la moneda corriente, perfeccionada y instalada
como doctrina de guerra.
Vallese es secuestrado porque la Policía de la Provincia estaba detrás de
los rastros de Alberto “Pocho” Rearte, y estaba detrás de Rearte porque
pensaba que había tenido que ver con la muerte de dos sargentos de esa fuerza,
en la calle Gascón en la Capital Federal. Pero en realidad lo que había
sucedido es que la policía provincial había allanado esa vivienda, detrás
de una supuesta célula peronista revolucionaria. Y la Federal, que no estaba
enterada, intenta a su vez copar el lugar: en el consiguiente tiroteo, quedan
muertos los dos policías provinciales. Para encubrir éste hecho, inventan
la responsabilidad de Pocho Rearte, hermano de Gustavo.
Felipe es conducido a la comisaría 1º de San Martín, ya herido en la cabeza
cuando intentó resistir el secuestro. El oficial Juan Fiorillo lo tortura
personalmente. Luego es llevado a la comisaría de Villa Lynch, ya en muy
mal estado, lo que no impide que lo sigan torturando con picana eléctrica
y golpes. Consigue sacar, por intermedio de un preso común que sale en libertad,
un papel de cigarrillos donde anota su nombre, y el número de teléfono de
la UOM y de la fábrica. Fernando Torres, abogado de la UOM, pide al juez
federal de San Martín el allanamiento de la subcomisaría, pero el magistrado
se limita a pedir informes, que son negativos: ninguna fuerza –ni la Federal
ni la policía de la Provincia- reconocen tener a Vallese, a su hermano Italo
y a tres personas más detenidas en los procedimientos. Ante la fuerte campaña
iniciada por los compañeros de Vallese, el 3 de septiembre la policía da
a conocer un comunicado en donde reconoce haber detenido a un grupo de personas
en José Ingenieros, acusadas de poseer armas y panfletos. Pero Felipe no
está entre ellos. Presumiblemente, ha muerto en manos de sus captores. Su
cuerpo nunca aparecerá.
En mayo de 1971, el juez en lo penal de La Plata, Rómulo Dalmaroni condena
a 39 policías a tres años de cárcel por privación ilegítima de la libertad,
por el secuestro de Felipe Vallese. Lo ridículo de la pena –porque no se
considera la figura de homicidio- fue conseguido, en parte, por el trabajo
investigativo de Barraza. No obstante, fue demasiado para Fiorillo, que
muy pocos años después se la cobra con creces: el 13 de octubre de 1974
son asesinados por las 3 A Pedro Barraza y su compañero Carlos Ernesto Laham,
en Villa Soldati. Barraza ya no militaba más, y su último trabajo fue como
interventor en Radio del Pueblo. No caben dudas de que le estaban cobrando
el caso Vallese, que había molestado a tantos policías.
Fiorillo, alias El Tano, alias Sarachu, lugarteniente de genocida Camps,
fue reconocido por ex detenidos como de relevante actuación en los campos
de concentración de El Vesubio, El Banco y Omega. Actualmente tiene una
agencia de seguridad privada.
En la ex calle Canalejas –hoy se llama Felipe Vallese- persiste todavía
el árbol donde se aferró Felipe defendiendo no sólo su libertad, sino la
de todos. Pero la placa que sus compañeros pusieron para recordarlo ha sido
robada, tal vez por personas que, sin trabajo, recorren las calles en busca
de algo de valor para poder sostener su vida y la de sus hijos.
Fuente: Agencia Rodolfo Walsh

Felipe
Vallese, primer desaparecido político peronista
Por Roberto Bardini
Bajo el título Como en Chicago, el diario El Mundo publicó el 25 de agosto
de 1962 lo que sigue:
Rarísimo suceso en Flores Norte,
que la policía dice ignorar. Frente al 1776 de Canalejas, a las 23:30 del
jueves, un hombre fue secuestrado. Desde hacía varios días, había autos
"sospechosos" en las inmediaciones. Una estanciera gris frente a aquel número;
un Chevrolet verde en Canalejas y Donato Álvarez. Y un Fiat 1100 color claro,
en Trelles y Canalejas. Dentro de ellos, varios hombres. Y otros, en las
inmediaciones de los coches. A la hora citada, el automóvil de Donato Álvarez
hizo guiños con los focos, señalando el avance del "hombre". Le respondieron,
y todos convergieron sobre él. Se le echaron encima y lo golpearon. Y pese
a que se aferró con manos y uñas al árbol que está frente al número señalado,
lo llevaron a la estanciera gris, que partió velozmente con las puertas
abiertas...
La información dice que varios vecinos, alarmados por los gritos, se acercaron
al lugar. Un hombre armado con una pistola 45 los amenazó: Esto no es para
ustedes. Píquenselas si no quieren ligarla . Se tuvieron que ir, pero avisaron
a la policía. Al día siguiente, el reportero de El Mundo preguntó en la
comisaría 50. Es la primera noticia que tenemos , le dijeron.
El secuestrado se llamaba Felipe Vallese, tenía 22 anos y trabajaba como
obrero metalúrgico. Era peronista. Es el primer desaparecido político de
Argentina.
Alumno, obrero y militante
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Felipe nació el 14 de abril
de 1940 en el barrio de Flores. Su padre, Luis Vallese, un inmigrante italiano,
era dueño de una verdulería y había sido afiliado al MPE (Movimiento Peronista
de los Extranjeros). El joven vivió una infancia dolorosa. Cuando aún era
pequeño, su madre fue internada en una institución para enfermos mentales.
El padre no se pudo hacer cargo de su educación y lo internó desde los nueve
hasta los 13 años en una especie de orfanato en Mercedes, provincia de Corrientes.
De regreso a Buenos Aires, Felipe y su hermano Ítalo ayudan a don Luis en
el negocio. En un momento difícil de la situación económica familiar, el
muchacho regresa a Corrientes y trabaja en las cosechas de algodón y lino.
En 1957, Felipe asiste a una escuela secundaria nocturna y se gana la vida
como operador de máquinas en TEA (Transfilación y Esmaltación de Alambres)
Al año siguiente, lo eligen delegado sindical. Tiene 18 años. En febrero
del año 1958 desobedece, como varios otros compañeros, la orden de Perón
de elegir a Arturo Frondizi para presidente y vota en blanco. Ese año participa
de las movilizaciones estudiantiles en favor de la enseñanza laica y termina
expulsado del colegio. También ese año va preso a la cárcel de Caseros,
por organizar un paro. Vuelve a ser arrestado en enero 1959, por respaldar
la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre, en el barrio de Mataderos.
Lo envían a un buque-cárcel de la marina junto con dirigentes más veteranos,
como Sebastián Borro y Armando Cabo.
En abril de 1959, representantes de diversas agrupaciones juveniles peronistas
realizan una asamblea general en el Sindicato de Empleados de Farmacia,
cedido por Jorge Di Pascuale, el joven conductor del gremio, de 27 años.
Del encuentro surge la Mesa Ejecutiva de la Juventud Peronista, integrada
por Gustavo Rearte, Héctor Spina, Tito Bevilacqua, Tuli Ferrari y Felipe
Vallese.
Cambio de guardia
A mediados de marzo de 1962, la Resistencia Peronista realiza atentados
contra objetivos económicos en el interior del país, entre ellos el incendio
de tanques de petróleo de la Shell en Córdoba. El gobierno de Arturo Frondizi
aplica con intensidad el Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes).
Más de 3 mil 500 personas son detenidas; en su mayoría, peronistas que han
contribuido con sus votos al triunfo del presidente que ahora los persigue
y encarcela.
Un solo abogado presenta dos mil quinientos habeas corpus : su nombre es
Fernando Torres y está vinculado desde 1954 a la Unión Obrera Metalúrgica.
Entre los jóvenes militantes apresados y condenados a prisión, se encuentran
Dardo Cabo, Carlos Alberto Burgos, Gustavo Rearte, Tuli Ferrari, Héctor
Spina, Jorge Rulli, Envar el Kadri y Felipe Vallese. Casi todos ellos, con
el paso de los anos, se convertirán en figuras históricas de la Juventud
Peronista, asociados a su etapa más combativa.
El constante uso de picanas eléctricas eleva el consumo de electricidad
en las comisarías y los cuarteles. El diputado socialista Alfredo Palacios,
a pesar de haber sido opositor a Perón, denuncia en el Congreso: Hoy también
se tortura en el estado de derecho .
El 27 de marzo de 1962 los militares destituyen a Frondizi y lo mandan preso
a la isla de Martín García. Dos días después colocan en la Casa Rosada al
presidente del Senado, José María Guido, un oscuro legislador por Río Negro.
En la mira
Ítalo Vallese, hermano de Felipe, relata que el muchacho y otros militantes
juveniles que se reunían en el Sindicato del Calzado, en la calle Yatay,
eran vigilados por la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE), poco
conocida en aquellos años. Más se conocía a la Coordinación Federal, organismo
político represor de la Policía Federal, que aplicaba como método de tortura
contra los militantes peronistas la conocida "parrilla", que consistía en
acostar a los companeros en los elásticos de hierro de las camas de aquellos
anos, mojarlos y aplicarles la picana eléctrica.
El hermano hace la siguiente narración: El 23 de agosto de 1962, siendo
aproximadamente las 23:00, Felipe sale de su casa. En Morelos y Canalejas
(hoy Felipe Vallese) se despide de su hermano mayor, Ítalo. Se dirige por
Canalejas hacia la calle Caracas. Al llegar a la altura de Canalejas al
1776, es interceptado por varios hombres. Se aferra a un árbol, tratando
de aferrarse a la vida, como presintiendo que esta vez puede ser la última,
como ya se lo habían advertido en otras oportunidades y pide ayuda. Para
que se suelte, lo golpean. Logran reducirlo y lo introducen en una estanciera.
Simultáneamente, en Plaza Irlanda, a pocas cuadras, otro grupo levanta a
su hermano. Son trasladados a la comisaría primera de San Martín (provincia
de Buenos Aires) y en días posteriores van siendo detenidos otros compañeros,
compañeras y amigos de Felipe. En esta seccional son torturados y vejados.
El 3 de septiembre recién se los "blanquea", bajo los cargos que Felipe
poseía panfletos, libros y propaganda peronista. El caso toma estado público
por la desaparición de estas personas. Dos jueces toman el caso, declaran
falsas las acusaciones y después de tres meses de estar detenidos, torturados
y humillados, son dejados en libertad. Pero Felipe Vallese no está entre
ellos. Las informaciones que han podido anudarse permiten senalar que fue
trasladado a un destacamento de José Ingenieros y luego a la comisaría de
Villa Lynch. Es allí donde se pierde su existencia y se lo considera desaparecido.
Se supone que murió en una de las sesiones de tortura .
Me han reventado
Un hombre es torturado; sucumbe, o lo rematan, o se suicida; se escamotea
su cadáver: no hay cadáver, por consiguiente no hay crimen. A veces un padre,
una esposa, pregunta; se le responde: desaparecido, y el silencio vuelve
a cerrarse.
La frase pertenece a la escritora francesa Simone de Beauvoir y aparece
al comienzo del libro Felipe Vallese - Proceso al sistema , patrocinado
por la Unión Obrera Metalúrgica y publicado en agosto de 1965. Los autores
fueron los abogados Rodolfo Ortega Pena y Eduardo Luis Duhalde, quienes
contaron con la colaboración de Fernando Torres, asesor legal de la UOM.
El libro explica que el 7 de julio de 1962, poco más de un mes antes del
secuestro, dos sargentos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires,
fueron muertos en un tiroteo en un taller de baterías para coches. La policía
señala como autor de las muertes a Alberto Rearte, de la Juventud Peronista.
Lo buscan, y como saben que Vallese es su amigo también se dirigen a él.
Felipe está allí, en la primera
de San Martín, en la que ha sido introducido por los fondos. Se queja de
que "lo han reventado". Mercedes [Cerviño, otra detenida] le grita que siga
hablando. Pero poco después, ante el silencio, comprende que Felipe se ha
desmayado. Al rato, la policía se lo lleva del calabozo, al que ya no vuelve.
Tres precursores de los anos de plomo
El principal sospechoso de la muerte de Vallese es el oficial sub-inspector
Juan Fiorillo, jefe de la Brigada de Servicios Externos de la Unidad Regional
San Martín, que entonces tenía 31 anos. Él dirige el secuestro y las sesiones
de tortura. Fiorillo tiene un hermano, oficial de Gendarmería, quien hace
circular la versión de que Felipe es comunista y se ha fugado a Cuba . Uno
y otro tendrán varios discípulos en las décadas del 70 y el 80.
El policía reaparece en 1974 como integrante de la Alianza Anticomunista
Argentina (Triple A). Después del golpe militar del 24 de marzo de 1976,
es lugarteniente del general Ramón Camps, jefe de la Policía de Buenos Aires.
No pierde la costumbre: dirige el Comando de Operaciones Tácticas (COT)
y tiene una oficina en la comisaría quinta, de La Plata, por donde pasan
cientos de detenidos políticos. Con el apodo de Tano y Saracho es corresponsable
del campo de concentración clandestino Omega, en la Capital Federal.
Fiorillo se retiró voluntariamente el 2 de diciembre de 1983 con el grado
de comisario mayor, luego de ser jefe del Estado Mayor de la Policía. Era
dueño de la agencia de vigilancia privada JF, en Vicente López, que fue
clausurada en 2002 por el Ministerio de Seguridad de Buenos Aires.
Mientras la familia y los amigos buscan a Felipe, el ministerio del Interior
informa a los medios de comunicación que el sumario administrativo arribó
a la conclusión de que Vallese no estuvo nunca detenido en San Martín ni
en ninguna otra dependencia subordinada a la jefatura de La Plata . El subsecretario
del Interior es un abogado católico de 30 anos, que mucho tiempo después
publicará varios libros, entre ellos Los pensadores de la libertad (1986)
y Bajo el imperio de las ideas morales (1987). Se llama Mariano Grondona.
© Roberto Bardini |
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Réquiem
por Juan Ingallinella
Por Roberto Bardini
Hace unos días, se publicó en este espacio mi artículo Vallese, el primer
desaparecido. Debo retractarme: el título correcto debió ser Vallese, el
primer desaparecido político peronista, (como indicaba la presentacion de
la Nac&Pop). Porque antes hubo otro, de distinta filiación: el médico rosarino
Juan Ingallinella, dirigente del Partido Comunista de Santa Fe.
El 17 de junio de 1955, Ingallinella fue detenido, torturado y asesinado
por policías de civil. Su cadáver nunca fue hallado.
Lo paradójico es que el médico y sus camaradas santafecinos se opusieron
-al menos a través de un manifiesto- al sangriento golpe militar que el
día antes había intentado derrocar al presidente Juan Domingo Perón.
Quién fue
Ingallinella, nacido en 1912 e hijo de inmigrantes sicilianos, vivía y atendía
a sus pacientes en la calle Saavedra 667, del barrio Tablada. En el consultorio
exhibía un cuadro con la foto de Lenin. Su esposa, Rosa Trumper, era maestra.
Qienes lo conocieron, lo describen
como una persona muy querida en el barrio.
Testimonios recogidos en la prensa de Rosario cuando se cumplieron 50 años
de su desaparición, narran que no les cobraba a los pobres y les suministraba
muestras gratis cuando no tenían para comprar medicinas. Incluso, les regalaba
ropa y zapatillas. También atendía ad honorem en el Hospital de Niños de
Rosario. Hay que reconocer que hoy no existen muchos médicos con estas características.
Además, Ingallinella era un militante que acumuló 20 procesos por desacato
y resistencia a la autoridad.
En los últimos diez años de su vida fue el huésped más frecuente de la Jefatura
de Policía en Rosario.
En 1943, el golpe militar que derrocó al presidente Ramón Castillo declaró
ilegal al Partido Comunista. A principios de 1944, la policía rosarina detuvo
y torturó a tres comunistas. Ingallinella, que manejaba una pequeña imprenta
clandestina, denunció el hecho en un volante y señaló como responsables
a los oficiales Félix Monzón, Francisco Lozón y Santos Barrera.
El comisario Monzón era jefe de Orden Social y Político. Barrera era el
subjefe.
El comisario Lozón dirigía Leyes Especiales. En abril descubrieron al médico
y lo encarcelaron. El matrimonio Ingallinella festejó en una celda el primer
cumpleaños de su hija Ana María.
En las elecciones de abril de 1954, el doctor fue candidato a diputado nacional
por el Partido Comunista, cuya dirección provincial integraba al momento
de su desaparición.
Los hechos
El 16 de junio de 1955, un golpe militar intentó derrocar a Perón. Aviones
de la Marina y la Fuerza Aérea bombardearon la Casa Rosada y a civiles reunidos
en la Plaza de Mayo. La masacre dejó 300 muertos y más de 2 mil heridos
y mutilados.
Ese mismo día, en Rosario, el Partido Comunista distribuyó un volante titulado
Unidad popular contra el golpe oligárquico imperialista. Era una breve declaración
contra el complot antiperonista.
Sin embargo, el entonces jefe de policía de Rosario, Emilio Gazcón, ordenó
detenciones masivas de comunistas. Los primeros en caer fueron los hermanos
Víctor Hugo y Miguel Angel Riskin, a quienes el subcomisario Barrera y un
grupo de agentes les secuestraron panfletos en los que se instaba al pueblo
a mantenerse contra los golpes de estado, según el informe posterior.
El 17 de junio, Ingallinella repartió volantes cerca del Frigorífico Swift,
en la zona sur de Rosario. Por la tarde, tres policías al mando del oficial
Telémaco Ojeda llegaron a pie a su casa y lo detuvieron junto con su cuñado,
Joaquín Trumper.
Se fueron a la jefatura en el tranvía 18 y cada uno pagó su boleto de diez
centavos. Una vez allí, mientras esperaban el ascensor -relató Trumper cinco
décadas después- pasó un policía y dijo: Hola Inga, hace mucho que no viene
por aquí.
El médico siempre era de los primeros en ser buscados.
Poco después, todo cambió. Ingallinella fue brutalmente torturado con la
picana eléctrica por el comisario Francisco Lozón y otros policías, hasta
que murió de un paro cardíaco. Tenía 43 años.
Los
epílogos
El 18 de junio de 1955, todos los detenidos quedaron en libertad y Lozón
falsificó la firma del médico en el registro de salida. Después, exhibió
ante sus cómplices una carta escrita a máquina por el propio jefe de policía,
comisario Emilio Gazcón, como si hubiera sido dirigida por Ingallinella
a su esposa. El falso mensaje a Rosa Trumper anunciaba que se iba del país.
Para darle más credibilidad, Lozón dijo que él mismo la iba a enviar desde
Entre Ríos.
El 3 de agosto de 1955, la justicia de Santa Fe intervino en la investigación
del asesinato de Ingallinella y el 9 de septiembre inició el proceso a los
policías. Uno de ellos, Rogelio Tixe, rompió el habitual pacto de silencio
y reveló los detalles del caso. Un grupo de expertos en calígrafía determinó
que la firma del médico había sido falsificada. Los acusados dijeron que
el cadáver había sido arrojado al río Paraná, mientras que la defensa planteaba
que no existía prueba del crimen porque no se había encontrado el cuerpo
de la víctima.
El 30 de mayo de 1961, el juez Juan Antonio Vitullo rechazó la hipótesis
de homicidio sin intención que esgrimía la defensa. Sostuvo que la muerte
de Ingallinella pudo no haber sido planeada, pero estaba dentro de las posibilidades
por el método de tortura. Lozón, Monzón, Tixe y Barrera fueron condenados
a prisión perpetua y Serrano a dos años de prisión. El magistrado le impuso
al jefe de policía Gazcón una multa y la inhabilitación por un año.
La defensa apeló y el caso volvió a ser debatido el 19 de diciembre de 1963,
ante los jueces Carlos Carré, Luis Laporte y Jorge Tellería.
En su edición del 12 de junio de 2005, el diario La Capital, de Rosario,
publicó un artículo de Osvaldo Aguirre con el epílogo: En opinión de estos
jueces, el asesinato de Ingallinella debía ser encuadrado como homicidio
simple, ya que los policías no se habían propuesto matar a la víctima, escribe
el periodista.
Aguirre, que es redactor de la sección policiales y editor del suplemento
de cultura, apunta que la defensa de los policías insistió en que no podemos
suponer (que la picana eléctrica) fuera normalmente peligrosa desde que
ninguna de las otras víctimas sufrió consecuencias graves. Más bien debe
pensarse en una condición anormal predisponente del doctor Ingallinella
para explicar la diferencia de resultado. El periodista comenta que este
argumento es algo que se parecía a responsabilizar a la víctima de lo sucedido.
Los jueces rebajaron las penas a todos los condenados a prisión perpetua:
20 años, en el caso de Lozón, y 15 años para los otros policías. Aún así,
señala Aguirre, el crimen no quedó sin castigo.
Dos epílogos adicionales: Ana María Ingallinella, tenía 12 años cuando secuestraron
a su padre. Hoy es ingeniera sanitaria, directora del Centro de Ingeniería
Sanitaria (CIS) e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario.
Telémaco Ojeda, el oficial que detuvo al médico, con el paso de los años
llegó a ser comisario inspector y subjefe de la Policía Provincial de Santa
Fe. Antes, había ganado fama de mano dura como jefe de Robos y Hurtos. El
23 de marzo de 1975 fue acribillado a tiros por un comando de los Montoneros
en Campana, mientras guardaba el coche en un garage cercano a su casa.
© Roberto Bardini |
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Breve
historia de las masacres en la Argentina
LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO NO VAN AL PARAÍSO, SINO LUCHAN (Parte V)
Por Juan Carlos Cena
Era y es ahora una explotación del hombre por el hombre, donde el concepto
a la vida se ha perdido hasta transformarse en una simple mercadería al
consumo irracional de una mayor producción. Una industria donde se confunden
hombres y herramientas, aún más donde no existen hombres sino números.
Avelino Bazán. Secretario General del Sindicato Obrero Mina Aguilar -SOMA-
De larga trayectoria como dirigente obrero, diputado provincial durante
el gobierno peronista en Jujuy. El 28 de marzo de 1976 es apresado y durante
cuatro años conoce las cárceles de Jujuy y La Plata. En 1978 sale en libertad
y a los cuatro meses es secuestrado y es hoy otro trabajador y dirigente,
de extracción peronista, desaparecido.
En tiempos del onganiato a los ferroviarios los militarizaron por medio
del decreto 5324 que reglamenta las leyes 16.970 y 17.192 que disponían
la convocatoria para la prestación del Servicio Civil de Defensa. Es decir,
los ferroviarios tenían grados militares de acuerdo a la categoría de revista
en Ferrocarriles Argentinos. Dependíamos del Ministerio de Defensa, este
reemplazaba al de Trabajo. Por tercera vez los ferroviarios eran militarizados,
con Perón en 1950, Frondizi en 1958 y durante el onganiato.
Continúa la intervención a los gremios del Tabaco, Canillitas (vendedores
de diarios), Municipales de Córdoba, y otros.
El 17 de septiembre de 1966 la dictadura de Onganía consumaba el primer
alevoso asesinato en la ciudad de Córdoba contra el compañero Santiago Pampillón.
Que era estudiante y trabajador. Este asesinato repercutió por todo el territorio
nacional.
El 30 de marzo de 1968 se constituyó la CGTA (CGT de los Argentinos) este
nuevo organismo admite a los delegados de los gremios intervenidos rechazados
por los burócratas sindicales.
La línea defensiva de la clase obrera escapaba de las estructuras burocráticas;
abajo, en los socavones del pueblo ocurría otra cosa. La clase obrera elaboraba
su propia estrategia. Todo estaba en estado larval. No se organizaban, al
comienzo, para derrotar al enemigo de su clase. En ese momento inicial todo
era resistencia, y en ese estadio, se fueron formando los nuevos sujetos
sociales de cambios. Se concretarán, se harán visibles, sólo cuando los
propios trabajadores lo dispongan.
Tras cada golpe de Estado, la clase obrera restituye sus cuadros, los reemplaza
en cada enfrentamiento. La aparición de la CGTA fue parte de esa estrategia.
Raimundo Ongaro fue elegido como secretario general. Al final del '68 el
eje de las luchas se fue desplazando al interior del país. Las fábricas
y los barrios en Córdoba, Villa Constitución, San Nicolás, Campana, Zárate,
Rosario, el Gran Rosario, Tucumán, son los más activos.
En Corrientes, el conflicto comenzó antes de mayo, un problema en el comedor
estudiantil derivó en una pueblada, 3500 estudiantes salieron a la calle.
Son reprimidos violentamente, cae Juan José Cabral, estudiante de medicina.
En abril del '69, las organizaciones obreras del norte santafesino propusieron
La Marcha del Hambre, desde Villa Ocampo-otrora centro del latifundio de
La Forestal.
En Villa Guillermina, tres mil personas iniciaron una movilización similar,
encabezada por el sacerdote Héctor Osvaldo Beltrán. Ambas marchas son reprimidas.
En Rosario en una manifestación en solidaridad con los correntinos es asesinado
en la calle Ramón Bello de un balazo. El 17 de mayo se inició una movilización
de estudiantes reprimida por la policía provincial al mando del comandante
de gendarmería Agustín Feced, responsable (siete años después) de 1800 detenciones
y 350 desaparecidos. (Ver trabajo de Carlos Del Frade)
Es asesinado en la galería Melipal, el estudiante Adolfo Bello de 22 años.
El 21 de mayo se realizó una marcha del silencio. El centro de la ciudad
quedó en manos de los manifestantes. Al intentar tomar LT8, un grupo de
policías los desalojó, asesinando al obrero metalúrgico de quince años Luis
Blanco. Rosario es declarada "zona de emergencia bajo control militar".
Cinco horas tardó el cortejo que llevaba los restos de Blanco hasta el cementerio
La Piedad, 10.000 personas estuvieron en la calle aquel 23 de mayo. Este
hecho de masas se lo recuerda como el Rosariazo o el primer Rosariazo.
El 8 de septiembre de 1969, se declaró un paro por tiempo indeterminado
por los trabajadores afiliados a la Unión Ferroviaria, de Rosario. En esta
ciudad se encuentra un tremendo nudo ferroviario, dos trochas lo cruzan;
Talleres Pérez, Rosario, Villa Diego y las playas de carga, descarga y de
intercambio, concentraban la mayor cantidad de trabajadores ferroviarios
del país. Los estudiantes se preparaban para el tercer aniversario del asesinato
de Pampillón. Hacia el 11 de septiembre se produjeron actos de sabotaje
y descarrilamiento de trenes en la zona de Granadero Baigorria, a menos
de quince minutos al norte del centro rosarino, y otro en Pergamino, en
la provincia de Buenos Aires. El viernes 12, el gobierno declaró ilegal
el paro. La CGT anunció la huelga general desde el día 16. Ese día veinte
focos insurrectos de trabajadores aparecieron en los accesos periféricos
de la ciudad, seis columnas de obreros y estudiantes marcharon sobre el
radio céntrico, en total 10.000 personas. A diferencia de los sucesos de
mayo: Rosariazo I y el Rosariazo II tuvo en los barrios sus principales
escenarios y una mayor participación obrera. La policía fue rebasada, llegaron
desde Corrientes dos mil efectivos al mando del coronel Galtieri, reforzaban
la represión.
En las ciudades de La Plata, Tucumán, Santa Fe, Mendoza, Salta, la lucha
se expandía.
En Córdoba después de un sinnúmero de luchas parciales, de obreros, estudiantes,
vecinos a través de los centros vecinales, cansados de tanta oprobiosa situación,
decidieron enfrentar a este gobierno provincial, integrado por lo más retrógrado
del conservadurismo clerical que aplicaba una política medieval en forma
integral.
Aparecía la Brigada Fantasma, una formación parapolicial, que dependía de
la policía provincial. El 14 de mayo es reprimida una asamblea del sindicato
de trabajadores de la industria automotor, en el Córdoba Sport, con una
violencia inusitada. El 29 de mayo de 1969 la clase obrera, los estudiantes
y el pueblo en general decidieron darle un parate al gobierno. Las dos CGT
declararon un paro por 36 horas, los obreros debían hacer abandono de sus
trabajos a media mañana y marchar hasta frente al local de la CGT de Córdoba,
para asistir a un acto. Las primeras columnas de obreros de la fábrica Káiser
fueron violentamente reprimidos por la policía federal, a pesar de ello,
ésta, fue derrotada por los trabajadores. Esta columna continuó marchando
hacia el centro de la ciudad, y es nuevamente atacada por la policía.
Asesinan a Máximo Mena. La noticia se esparció como un reguero de pólvora.
Ya nadie contuvo a nadie. Los barrios que estaban en los altos de la ciudad
bajaron al centro, lo tomaron, prácticamente, los obreros llenos de indignación,
rompieron y quemaron todos los bienes que eran símbolos de la explotación.
El barrio Clínicas fue ocupado por los estudiantes, cercando a la policía
y a los bomberos. Pero la represión no se hizo esperar. Allanaron con violencia
el Hospital Clínicas no respetando ni a los internados, todo era igual.
Este fue el comienzo de acciones que luego iban a desembocar en lo que se
llamó el Cordobazo.
Fue una rebelión popular donde participó la clase obrera, los estudiantes
y el pueblo en las calles. El ejército sólo pudo entrar a la ciudad a las
5 de la tarde. Reprimió y encarceló a los principales líderes obreros, estudiantiles
y populares. El Cordobazo, así como el 17 de octubre y el golpe de estado
1955, produjo enfrentamientos entre las fuerzas del poder y hubo serios
síntomas insurrecciónales. En esas tres oportunidades, la clase obrera disputó
en las calles el poder a la otra clase: la capitalista, en inferioridad
de condiciones. Es decir, fue el enfrentamiento entre dos poderes bien definidos:
el poder de los obreros y el poder de la burguesía.
El Cordobazo le propinó un golpe mortal al gobierno del general Onganía.
Al poco tiempo es reemplazado por el general Levingston, pero a las horas
del Cordobazo es desplazado el ministro de la oligarquía y los capitales
foráneos Krieguer Vasena, que venía con el objetivo de desindustrializar
el país. El Cordobazo y los azos posteriores retrasaron siete años este
objetivo.
Las luchas populares en ascenso le acortaron el mandato. El Cordobazo, el
Rosariazo I y II, el Viborazo en Córdoba, el
Tucumanazo, el Mendozazo y otros azos, signan
a este período (1969-71) como de grandes movilizaciones de masas, con luchas
populares en las calles, con tomas y retención de lugares simbólicos del
poder. Hechos que minaron el poderío militar.
Las luchas de los mineros en Minera Aguilar, las Pirquitas, Altos Hornos
Zapla en Jujuy, la FOTIA (trabajadores cañeros) en Tucumán, los trabajadores
yerbateros, los obreros rurales, entre otros, son totalidades del movimiento
obrero poco citados por los "investigadores", ya que prevalece, en ellos,
una concepción portuaria de las investigaciones. Es que el puerto genera
toda una concepción colonialista sobre el pensamiento: todo pasa por el
puerto y la aduana, como allá lejos y hace tiempo.
Para quienes conservan la sensibilidad ante los problemas sociales, el año
1969 se constituye en punto de llegada y de partida de sus reflexiones sobre
Argentina y el mundo actual (...) La lucha por la conducción estratégica
del período y de las masas cuya génesis refiere a 1969, constituye a este
momento, en un hito en el proceso histórico económico-social argentino y,
lo es, porque refiere al espacio-tiempo en que se han creado las condiciones
de una situación revolucionaria.
El cambio de carácter de las luchas del período que se inicia a partir de
1969 y del que 1969 es un momento de génesis, determinó el desenvolvimiento
de la vida y la lucha política, económica, ideológica y teórica por la conducción
de las masas y del período y de resultas de todo ello hoy nos encontramos
con que la idea dominante que tiñe, organiza y domina a la sociedad, se
encuentra determinada por las imágenes acerca de la subversión y su contrapartida,
la lucha antisubversiva. (El '69 - Huelga política de masas. B. C.Balvé
y Beatriz S. Balvé -. Contrapunto).
Asume el general Lanusse y promete elecciones. En todo este proceso van
encarcelando compañeros, expulsando obreros y empleados de sus trabajos,
aparece de nuevo la tortura. En Córdoba comienza a actuar otra fuerza parapolicial:
los Comandos Libertadores de América, al mando del mayor Héctor Vergez,
(que en 1976 dirigió el campo de concentración La Perla), dependían del
III Cuerpo de Ejército. Se reorganizaban los partidos políticos. Perón convocaba
a la 'juventud maravillosa'. Ya habían hecho su aparición las fuerzas guerrilleras.
También las fuerzas más retrógradas de la derecha, con el coronel Osinde
a la cabeza. Se organizaba la Triple A, otra fuerza parapolicial.
Retorna Perón después de 18 años de ausencia. Digitó al candidato a la presidencia,
regresó a España, previa escala en Paraguay, visitó a su amigo Stroessner.
Ganó las elecciones Cámpora. Nombró por orden de Perón a López Rega Ministro
de Bienestar Social, lugar donde cobijaba a la Triple A, él era su máximo
Jefe; el general Iñiguez es nombrado jefe de la Policía Federal, y el coronel
Osinde Secretario de Deportes.
Estos tres personajes organizaron el nuevo retorno de Perón y, en Ezeiza,
protagonizaron una de las matanzas más salvajes contra el pueblo peronista,
que fue a recibir a su líder, con sus agentes parapoliciales.
Es defenestrado Cámpora al poco tiempo del regreso de Perón. Se llamó a
elecciones. Se presentó Perón con su mujer como vicepresidenta. Ganó. Se
consolidaba la derecha, crecía la represalia y podemos enumerar a los gobernadores
democráticos peronistas que se les pidió la renuncia. Podemos inferir que
fue una manera de ejercer la violencia. Son renunciados los gobernadores
de Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Salta, Río Negro.
Murió Perón. Asumió Isabel Perón y se aceleró la represión sobre la clase
obrera y el pueblo. La Triple A se enseñoreaba por las calles: secuestraba,
asesinaba a plena luz del día, se torturaba, hacían desaparecer militantes
y cobraban venganza sobre los familiares. La Triple A tomó un ímpetu inusual.
Asesinó ante la menor resistencia o sospecha a obreros, intelectuales, estudiantes,
dirigentes populares. Se contabilizaron en él haber de la Triple A más de
900 asesinatos.
El 25 de noviembre de 1974, la Lista Marrón de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica)
de Villa Constitución, con Alberto Piccinini a la cabeza ganó con el 70%
de los votos. En la madrugada del 20 de marzo de1975, una columna de un
kilómetro y medio de automóviles y camiones invadieron esta Villa. Policías
provinciales, federales, hombres de la derecha sindical peronista y personajes
como Aníbal Gordon, entre otros, hicieron del albergue de solteros de la
planta industrial Acindar, el primer centro clandestino de detención del
país. (Ver a Carlos Del Frade)
Rodolfo Peregrino Fernández confesó que Martínez de Hoz, presidente de Acindar,
pagaba cien dólares a cada uno de los represores. Hubo 300 detenciones y
20 desaparecidos a partir de entonces. Era el 20 de marzo de 1975, un año
antes del golpe militar. La huelga de sesenta días fue la respuesta de la
clase obrera. El Ministro del Interior del gobierno de María Estela Martínez
de Perón, dijo: "se trató de desarticular un complot rojo". Ricardo Balbín,
dirigente radical dijo: "los sucesos de Villa Constitución fueron necesarios
para erradicar la subversión industrial". Walter Klein, socio de Martínez
de Hoz, años después, fue mucho más contundente frente a la embajada de
los Estados Unidos: "quédense tranquilos, todos los activistas gremiales
de Villa Constitución ya están bajo tierra". Por su boca hablaban los factores
de poder.
Peregrino Fernández, ex-comisario de la Policía Federal relató ante la comisión
Argentina de Derechos humanos, en 1983, que otra represión notoria de la
Triple A fue la ejercida contra los activistas de Villa Constitución de
la empresa Metcon, retribuía con 150 dólares diarios al oficial de la policía
Federal que dirigía su custodia. Acindar ¨pagaba a todo el personal policial,
jefes, suboficiales y tropa un plus extra en dinero, suplementario al propio
plus que recibían ya del Estado esos efectivos. El pago estaba a cargo del
jefe de Personal, Pedro Aznarez y del jefe de Relaciones Laborales, Roberto
Pellegrini". La complicidad de los industriales en la represión fue notoria.
Mejor dicho, se reprimía para ellos, por encargo. Era parte de la lucha
de clases.
La represión sistemática contra la clase obrera comenzó antes del golpe
militar de marzo de 1976. En todas las provincias ocurrió lo mismo. Tomamos
Santa Fe como ejemplo, como lugar simbólico. Todo el cordón industrial del
Paraná sufrió una cruel represión. Se operó como si fuera una prueba de
ensayo de lo que después vendría con el golpe militar. "Con esta política
buscamos debilitar el enorme poder sindical, que era uno de los grandes
problemas del país. La Argentina tenía un poder sindical demasiado fuerte...
hemos debilitado el poder sindical y ésta es la base para cualquier salida
política en la Argentina¨. (Carlos Del Frade)
Esto lo dijo, al año de ocurrido la represión en Villa Constitución, Juan
Aleman, secretario de Hacienda del dictador Jorge Videla. No era sinceridad,
sino impunidad que les da el sistema para quien trabajan.
El terrorismo de estado fue la herramienta principal para disciplinar y
domesticar a la clase obrera; su desarticulación y derrota era el objetivo.
Todos los intentos anteriores habían fracasado. El capitalismo cambiaba,
el capital financiero predominaba sobre el industrial. La desindustrialización
era una exigencia de los nuevos centros de poder (el capital financiero),
para cumplir ese requisito se debía sacar del camino al principal obstáculo:
la CLASE OBRERA. Cambiaban las nuevas formas de producción. Las condiciones
productivas que generaba este modelo industrial, no eran rentables. Se debían
alterar las estructuras económicas del país, las antiguas formas de producción
eran el otro obstáculo. Las nuevas serían ágiles y eficientes. El Estado
debía ser el ejecutor de ese cambio. Refundar estructuralmente la sociedad
argentina y poner en marcha un nuevo proyecto dominante fue el objetivo
principal del golpe de Estado de 1976.( CTA. Central de Trabajadores Argentinos
- marzo de 1998).
Por eso el responsable de la conducción económica del Proceso Militar era,
momentos antes del golpe, el presidente del Consejo Empresario Argentino,
organismo que nucleaba, y lo sigue haciendo, a los holding locales y extranjeros
más importantes del país, nos referimos al Dr. José Martínez de Hoz, presidente
de Acindar cuando la represión Villa Constitución. El 66% de los funcionarios
que la dictadura colocó en el Ministerio de Economía, Bancos y Empresas
Públicas eran, a su vez, ejecutivos de los directorios de las principales
firmas, bancos, y consultoras del país. (Cavallo, Machinea, Kohan, Daniel
Marx, Klein, Aleman, algunos colaboradores e integrantes del actual gobierno).
Los organismos de derechos humanos de la provincia de Santa Fe informaron
que se produjeron 520 desapariciones, entre 1976 y 1983. En el gran Rosario,
350. La desocupación dejó a 100.000 personas sin trabajo. Las 25.000 mil
personas que perecieron semejante universo de angustia fueron los despedidos
de las cinco grandes empresas que, además, iniciaron el ciclo de las desapariciones
como método de control social a través del miedo y el terror, desde dentro
mismo de las empresas y que continuaban en sus vidas cotidianas.
Acindar, Swift, Estexa, Celulosa y PASA (Petroquímica Argentina S.A.), despidieron
25.000 obreros industriales entre 1976 y 1989. Este fue el verdadero núcleo
de la desocupación de la zona. El objetivo de reprimir a la clase obrera
para desarticularla e implantar el terror por las fuerzas armadas, se cumplió.
El 24 de marzo de l976 los militares dan otro golpe de estado. Destituyeron
a Isabel Martínez de Perón. Asume una Junta Militar. Estos nombran al general
Jorge Rafael Videla como presidente de la Nación. Comenzaba una de las noches
más negras que haya padecido el pueblo argentino. Toda América Latina se
plagó de dictaduras militares genocidas. Estas se asociaron entre sí. Comenzaba
un neoliberalismo feroz, se implantaba a sangre y fuego. Por eso no hay
que olvidar que el neoliberalismo está asentado sobre el terror y la muerte.
En la Argentina es donde con mayor ferocidad se vivió la voracidad capitalista
y la destrucción de una sociedad.
Fuente: Villa Crespo Digital, 15 de octubre del 2008

Proyecto
de Resolución para homenajear a Felipe Vallese (2010)
“Felipe Vallese fue el primer militante peronista detenido desaparecido”
“Constituye la primera acción de represión ilegal y de desaparición forzada
por razones políticas ejecutada desde el Estado por los usurpadores del
poder”, destacó el Diputado.
El diputado nacional Juan Carlos Dante Gullo presentó un Proyecto de Resolución
para homenajear a Felipe Vallese, trabajador metalúrgico comprometido con
la lucha obrera y militante infatigable de la Juventud Peronista, a 48 años
de su secuestro y desaparición.
El Diputado Nacional propone “Conmemorar su lucha y con ella, la lucha de
todos los militantes de la resistencia peronista que desde el año 1955 en
adelante continuaron organizándose y enfrentando el accionar de los gobiernos
de facto que constantemente cercenaban los derechos de la clase obrera y
que ejercían una creciente represión hacia el movimiento peronista, al que
proscribían rigurosamente en cada proceso electoral convocado desde 1958
hasta 1973.
El Proyecto destaca que: El compañero Vallese se desempeñaba como obrero
metalúrgico y delegado del establecimiento donde trabajaba, la fábrica TEA.
Consecuencia casi obvia de ello, militaba en un grupo juvenil de la resistencia
peronista, junto a un grupo de militantes, cuando fue secuestrado en Capital
Federal por un grupo de la Unidad Regional de San Martín.
Junto a Vallese, fueron secuestrados su hermano mayor Italo, Francisco R.
Sánchez, Osvaldo Abdala, Elba R. de la Peña, Rosa Salas, Mercedes Cerviño
de Adaro, Felipe Vallese (h) de 3 años de edad y dos niñas de 8 y 10 años,
hijas de una de las detenidas. Todos fueron sometidos a las consabidas torturas
mientras repiqueteaba la pregunta “¿Dónde está Rearte?”. Como la emblemática
pregunta “¿Dónde está Tanco?” de la Operación Masacre de 1956, a Vallese
lo interrogaban por el militante de la Juventud Peronista Alberto Rearte.
Su hermano Italo lo vio destrozado. En la golpiza, Vallese debe haber muerto
y su cuerpo ocultado. Felipe Vallese nunca apareció, ni vivo ni muerto.
El caso de Felipe Vallese constituye la primera acción de represión ilegal
y de desaparición forzada por razones políticas ejecutada por un Estado
gobernado por usurpadores del poder, con las mismas características que
después se convertirían en una metodología sistemática llevada a adelante
por el Terrorismo de Estado.-
PROYECTO DE RESOLUCION
La Honorable Cámara de Diputados,
RESUELVE:
1-Rendir su más sentido homenaje a Felipe Vallese, quien en vida fuera un
destacado trabajador metalúrgico comprometido con la lucha obrera y un militante
infatigable de la juventud peronista, en el 48º aniversario de su secuestro
y desaparición ocurrida el 23 de agosto de 1962.-
2-Conmemorar su lucha y con ella, la lucha de todos los militantes de la
resistencia peronista que desde el año 1955 en adelante continuaron organizándose
y enfrentando el accionar de los gobiernos de facto que constantemente cercenaban
los derechos de la clase obrera y que ejercían una creciente represión hacia
el movimiento peronista, al que proscribían rigurosamente en cada proceso
electoral convocado desde 1958 hasta 1973.
FUNDAMENTOS:
Sr. Presidente
Felipe Vallese puede ser recordado de diversas maneras. Por ejemplo, se
lo puede hacer como el primer desaparecido peronista en la Argentina, -o
, en su caso, como el segundo, si es que consideramos el secuestro del cadáver
de Eva Duarte de Perón como la primera experiencia en tal sentido-, que
se convirtió en el símbolo de la resistencia y el valor, ambas características
de la juventud peronista, que frente a la defensa de sus ideales no cedió
en su lucha contra las dictaduras que persiguieron y pretendieron infructuosamente
exterminar al peronismo y a sus militantes.
Cabe agregar al respecto que el cuerpo de Vallese jamás apareció y vale
resaltar la trascendencia de este hecho porque constituye la primera acción
de represión ilegal y de desaparición forzada por razones políticas ejecutada
por un Estado gobernado por usurpadores del poder, con las mismas características
que después se convertirían en una metodología sistemática llevada a adelante
por el Terrorismo de Estado.-
Otra forma de recordarlo, es hacer un repaso sintético de su vida:
Fue alumno, obrero y militante. Felipe Vallese nació el 14 de abril de 1940
en el barrio de Flores. Su padre era un humilde inmigrante italiano, dueño
de una verdulería y afiliado al MPE (Movimiento Peronista de los Extranjeros).
El joven vivió una infancia dolorosa. Cuando aún era pequeño, su madre fue
internada en una institución para enfermos mentales, pero lamentablemente
su padre no se pudo hacer cargo de su educación y lo internó desde los nueve
hasta los 13 años en una especie de orfanato en Mercedes, provincia de Corrientes.
De regreso a Buenos Aires, Felipe y su hermano Ítalo ayudan a don Luis en
el negocio. En un momento difícil de la situación económica familiar, el
muchacho regresa a Corrientes y trabaja en las cosechas de algodón y lino.
Pero tristemente a los 22 años de edad, Felipe desapareció el 23 de agosto
de 1962 en la calle por entonces llamada Canalejas al 1700 - y que hoy lleva
su nombre - a las 23:30, en el barrio de Flores.-
El compañero Vallese se desempeñaba como obrero metalúrgico y delegado del
establecimiento donde trabajaba, la fábrica TEA. Consecuencia casi obvia
de ello, militaba en un grupo juvenil de la resistencia peronista, junto
a un grupo de militantes, siendo secuestrado en Capital Federal por un grupo
de la Unidad Regional de San Martín.
Junto a Vallese, fueron secuestrados su hermano mayor Italo, Francisco R.
Sánchez, Osvaldo Abdala, Elba R. de la Peña, Rosa Salas, Mercedes Cerviño
de Adaro, Felipe Vallese (h) de 3 años de edad y dos niñas de 8 y 10 años,
hijas de una de las detenidas. Todos fueron sometidos a las consabidas torturas
mientras repiqueteaba la pregunta “¿Dónde está Rearte?”. Como la emblemática
pregunta “¿Dónde está Tanco?” de la Operación Masacre de 1956, a Vallese
lo interrogaban por el militante de la Juventud Peronista Alberto Rearte.
Su hermano Italo lo vio destrozado. En la golpiza, Vallese debe haber muerto
y su cuerpo ocultado. Felipe Vallese nunca apareció, ni vivo ni muerto.
Las denuncias fueron masivas, y fue así que días después del hecho la evidencia
y los testimonios de los detenidos luego dados a conocer fueron terminantes:
Todo indicaba que los autores habían sido los miembros de la patota de la
Unidad Regional de San Martín que era comandada por el oficial principal
Juan Fiorillo quien fue identificado como el secuestrador de Felipe Vallese.-
El nefasto Fiorillo fue posteriormente integrante de la Triple A y la última
dictadura le ofreció la oportunidad para moverse como un pez en el agua.
Actualmente está señalado como responsable de más de cien casos de privación
ilegal de la libertad y torturas y de llevarse personalmente envuelta en
una frazada a Clara Anahí Mariani, una beba de cinco meses que sigue desaparecida.
Por aquel entonces el intento oficial de desmentir los sucesos se expresa
en un comunicado formal del jefe de Policía Bonaerense que, releído luego
de 40 años, suena como un lugar común: “Detenidos el 23 de agosto de 1962
en la localidad de José Ingenieros, partido de Tres de Febrero, por una
comisión del servicio de calle de la Unidad Regional de San Martín, cumpliendo
directivas de la superioridad para la prevención y represión de actividades
subversivas y disolventes, al mando de Juan Fiorillo”.
Así, la policía no incluía a Felipe Vallese entre los detenidos y quitaba
la Capital Federal como escenario del crimen. Un impensado elogio a lo mejor
de Vallese surge del mismo comunicado de la policía: “Los detenidos tenían
abundante propaganda peronista-comunista, panfletos cuyos títulos decían
‘Contra los préstamos del F.M.I. que atentan contra la soberanía del país’
y ‘No queremos préstamos que engorden a los enemigos del pueblo’. Firmados:
Juventud Peronista”.
Suceden las gestiones públicas y judiciales y no se esclarece la suerte
corrida por Vallese. Diez meses después, en junio de 1963, La Fraternidad
publica una solicitada reclamando por la aparición de Vallese. El gran título
es premonitorio para la década siguiente: “¿Puede desaparecer una persona?”.
El final del texto, luego de reclamar enfáticamente por la aparición de
Vallese, dice “medite quien lea este alegato: mañana puede tocarle ‘desaparecer”.
El caso de Felipe Vallese es paradigmático por los elementos que lo componen:
las consignas políticas que como militante reivindicaba, su condición de
víctima de desaparición forzada e involuntaria, la impunidad de la Bonaerense
de aquel entonces, la aterradora precisión de quienes reclamaban por una
desaparición y la infinita lucha por mantener la memoria del desaparecido.
Por ello, este merecido homenaje en el 48º aniversario de su desaparición
forzada será sin duda acompañado por el resto de mis pares, a quienes convoco
para la aprobación de este proyecto.
Diputado Nacional
Juan Carlos Dante Gullo
Riobamba 71 4º
(0054-11) 6310-8138
privada.jgullo@diputados.gov.ar
www.dantegullo.com.ar
“Encontrar
a mi vieja es ahora el objetivo principal”
La increíble historia de Eduardo, el hijo de Felipe Vallese, primer desaparecido
de la historia política argentina
Por Daniel Enzetti
(15 de mayo 2011) Eduardo de la Peña es el hijo del histórico militante
peronista, quien por ser menor de edad al momento del nacimiento no pudo
darle su apellido. En esta entrevista cuenta cómo busca a su madre, a la
que no conoce, y con la cual Felipe tuvo un fugaz noviazgo antes que lo
secuestraran en 1962, para no aparecer nunca más.
Dice que se tuvo que desdoblar. Por un lado, en busca de los responsables
de la desaparición y muerte de Felipe Vallese, su padre, el mítico fundador
de la Juventud Peronista de los ’60. Por otro, para encontrar y conocer
a su madre biológica, una chica de 16 años que quedó embarazada de Felipe
en 1958, y de la que jamás se supo su nombre. Para eso, para verle la cara
y conocer su identidad, Eduardo de la Peña, que lleva el apellido de la
madre adoptiva que lo crió, hizo y hace de todo: habla con los pocos familiares
que le quedan, se encuentra con compañeros de militancia de Vallese, organiza
charlas en sindicatos, y hasta montó una muestra fotográfica sobre Felipe
que exhibe en distintas instituciones, con la esperanza de que alguien le
pase algún dato que lo ayude.
“Me dediqué a investigar a fondo sobre mi propia vida desde que trabajo
en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación –cuenta–, a partir de
2005. Siempre había tratado de buscar elementos sobre mi viejo, sobre la
familia, pero no encontraba la punta del ovillo, por dónde arrancar. Después
se me ocurrió lo de las muestras fotográficas, que armé con un objetivo
principal: encontrar y conocer a mi madre biológica. Tengo la esperanza
de que algún día, del grupo de gente que ve la exposición y asiste a una
charla, se levante alguien de la silla y me grite ‘Eduardo, yo soy tu mamá’.”
–Vos tenías tres años el día que secuestraron a Felipe, en 1962. ¿Recordás
algo?
–Sí, perfectamente. Durante un tiempo tuve una confusión, pensaba que lo
habían levantado de la casa de Paraguay y Montevideo, donde en realidad
me llevaron después de la desaparición. Pero Olga y Raquel, las chicas que
me cuidaban en ese momento, después me aclararon que el operativo fue en
realidad en la casa de Flores, donde vivíamos con otras personas, en Morelos
628.
–¿Qué imagen tenés de ese día?
–Son borrosas, pero pude reconstruirlas con el tiempo. Felipe tenía 22 años,
con un hijo chiquito, y alquilaba una pieza en una vivienda grande, donde
habitaban Agustín Adaro y su mujer Mercedes Cerviño, las hijas Olga y Moni,
y además Elbia de la Peña y su mamá Ofelia. Todos, en mayor o menor medida,
militantes peronistas. En 1958, un año antes de mi nacimiento, se había
ido de su casa peleado con Luis, su padre, un tano bastante duro que de
sus cinco hijos siempre privilegiaba a Ítalo, el mayor de los Vallese. Ese
23 de agosto de 1962 papá se levantó como todos los días para ir a trabajar,
y cuando caminaba a la altura del 1776 de la calle Canalejas, hoy Felipe
Vallese, lo cruzaron tres autos y lo secuestraron. Minutos antes se había
despedido de Ítalo, que iba a Plaza Francia a encontrarse con la novia.
Los tipos tenían todo estudiado, durante dos meses merodearon el barrio
y sabían cada movimiento. Los autos fueron a la plaza, se llevaron a Ítalo,
y después pasaron por Morelos a secuestrar a Elbia, Mercedes y Agustín.
Yo me quedé con los otros chicos, hasta que un mes y medio después liberaron
a todos menos a Felipe, que nunca más apareció. La policía disfrazó todo,
dijo que habían encontrado una célula terrorista.
–Vallese era muy joven, pero sin embargo ya aparecía como uno de los principales
impulsores de la Juventud Peronista.
–No sólo eso, sino que además fundó aquella Juventud al lado de personajes
como Envar El Kadri, Tito Bevilacqua o los hermanos
Rearte. Fue un momento muy activo para mi viejo, que de pintar casas pasó
de repente a trabajar en el sector metalúrgico en la fábrica TEA, de trafilado
de hilos de cobre, llevado por sus amigos Osvaldo y Beto Abdala. Aquella
fue la primera “juventud maravillosa”. Imaginate que había nacido en 1940,
así que el golpe de la Revolución Libertadora lo agarra a los 15 años, en
plena efervescencia militante. Papá fue a la Plaza de Mayo no porque lo
arrastraron, sino porque vio pasar a un montón de camiones por Flores y
se le ocurrió preguntar qué ocurría. “Lo quieren sacar al General”, le gritaron
desde una ventanilla, y se colgó del camión que iba atrás. En TEA era delegado
gremial de la planta y había conseguido varias conquistas, como hacer respetar
los horarios de entrada y salida, actualizar los jornales, contar con vestimenta
y refrigerio, mejorar los sueldos y cobrar en blanco. Pasó algo curioso:
en su primer año de trabajo, los dueños de la fábrica no querían saber nada
con mi viejo, lo criticaban por ponerles a todos los trabajadores en contra.
Pero después se dieron cuenta de que las reivindicaciones a los empleados
resultaban beneficiosas, porque la gente, al estar mejor, producía más y
el negocio crecía. Al punto de que cuando lo secuestraron, los jefes de
TEA hicieron una conferencia de prensa donde se mostraron preocupados por
el caso, y prometieron guardar su puesto hasta su aparición.
–Las crónicas de la época hablan poco de vos, y absolutamente nada de la
mujer de Vallese. Ni siquiera aquellas investigaciones del periodista Pedro
Barraza, el primero que escribió sobre el secuestro. “Una piecita más chica
servía de habitación para Felipe y su hijito”, dice Barraza en una nota,
pero nunca avanzó sobre lo familiar. ¿Dónde está tu mamá?
–Mirá, en los últimos años me la pasé investigando mi propia vida, mis orígenes,
y me desdoblé: por un lado, tratando de llegar al fondo de lo que fue la
desaparición de Felipe. Ahora, el objetivo principal es encontrar a mi vieja.
Por mis investigaciones supe que conoció a una chica en el barrio de Belgrano,
y que después de un noviazgo relámpago la chica quedó embarazada. Pero había
un tema importante: la diferencia social entre mi viejo, de familia trabajadora,
y ella, que tenía una posición económica muy cómoda. Todo esto me lo fueron
contando sus compañeros, sobre todo Osvaldo y Beto. Y una mujer llamada
María, que había conocido a mi papá en esa época y estaba al tanto de varias
cosas que le pasaban. Ahora me estoy concentrando en sus amigos de la secundaria,
para ver si me ayudan.
–¿Qué conocés de la familia de ella?
–Evidentemente a Felipe lo rechazaban, por esas diferencias sociales de
las que te hablaba, y ese rechazo se dio desde el embarazo. Mi viejo la
visitaba y todos lo trataban mal, sobre todo el padre de ella, que le llegó
a ofrecer plata para que se fuera y se “dejara de molestar”. También me
enteré de otras cosas: le dijeron que no se preocupara por la educación
del bebé porque iba a estar en los mejores colegios, y que no viera a mi
mamá nunca más. Hasta que Felipe se cansó. Antes de mi nacimiento le dijo
a mi abuelo: “Estoy seguro de que mi hijo va a ser varón. Cuando nazca lo
voy a venir a buscar para llevarlo a vivir conmigo. Si no lo entrega, lo
voy a denunciar en todos los diarios.” Y cumplió la promesa: cuando yo tenía
tres meses fue a buscarme. Mamá era menor de edad, tenía 16 años, y estaba
absolutamente dominada por sus padres. Por otro lado, me enteré que después
del parto se la llevaron a vivir a los Estados Unidos. A partir de ahí perdí
el rastro.
–¿Supiste otras cosas?
–Pocas, porque durante mucho tiempo estuve bloqueado, paralizado. Del lado
de los hermanos de papá no conseguí nada; e incluso con Ítalo me llevo bastante
mal, ni siquiera me considera hijo de Felipe, y mucho menos su sobrino.
Los que sí me dieron una mano fueron Beto y Osvaldo, pero no mucho, porque
mi viejo era muy reservado y no contaba detalles de su vida ni a sus amigos
más cercanos. Por ellos me enteré de que Felipe me llevó a Morelos a los
tres meses, que no pudo darme su apellido porque también él era menor de
edad, y que por eso la que me crió fue Elbia. Mi partida de nacimiento marca
como fecha el 13 de julio de 1959, pero en realidad ese día fue cuando Elbia
me anotó como hijo suyo en el Registro. Ella ya sabía que Felipe iba a tener
un hijo, y como él tenía miedo de que me pasara algo por su actividad política,
no dudó en ser mi madre adoptiva. Lo de Elbia fue increíble, consiguió que
una amiga partera constatara mi “nacimiento”, y de esa manera protegerme.
–Antes explicabas que estuviste paralizado durante mucho tiempo. ¿Las ganas
de saber fueron graduales, o hubo algún hecho en particular que te movilizó?
–Nos mudamos a Versalles cuando tenía cinco años, y un día, revisando papeles,
un afiche me llamó la atención. Decía: “Vallese no aparece, un pueblo que
estremece.” Siempre me hacía preguntas: quién era mi papá, dónde estaba,
por qué nunca venía a las reuniones del colegio. Hasta que a los seis años,
con un lenguaje que trataba de ser claro, Elbia me dijo que ella no era
mi mamá biológica, que mi viejo era un militante peronista, y que lo habían
secuestrado. Pero recién en el colegio secundario tomé conciencia de quién
era Felipe Vallese políticamente. Y hablo de un momento jodido, pensá que
la secundaria la hice entre 1973 y 1977, gobierno de Isabel, Triple A, dictadura.
Me iba enterando de cosas a cuentagotas, y siempre me machacaba en la cabeza
no saber dónde estaba mi vieja. Me deprimía soportar el peso de un padre
desaparecido y una madre a la que no conocía, y la parálisis hacía que no
me acercara a gente que había conocido a papá y que por ahí me hubiera ayudado
más. En 2003, cuando desde el Estado nacional se empezó a impulsar con más
fuerza toda la cuestión de los Derechos Humanos y la historia reciente,
me dieron ganas de saber más cosas. Pero sí, hubo un día clave que me marcó:
el 31 de mayo de 2006, cuando detuvieron a Juan Fiorillo por el caso de
la nieta de Chicha Mariani, y que también había estado implicado en el secuestro
de mi viejo.
–¿Qué pasó ese día?
–Yo trabajaba en un taller mecánico, y a la tarde estábamos con la televisión
prendida. Vimos una nota que hablaba de la responsabilidad de Fiorillo en
el caso de la nieta de Chicha, y también se hablaba de Vallese. Por supuesto
eran cosas que yo sabía, pero escuchar eso en ese momento fue terrible.
Estallé, al otro día renuncié al trabajo, me cambié y fui a sentarme a un
banco de la plaza que está frente al Congreso. De repente se me vino a la
cabeza toda mi infancia, y la carita de mi hija Nayla, que había nacido
hacía poco tiempo. Lo único que hice fue llorar, y preguntarme a mí mismo
por dónde empezar a saber quién era. Se trataba de cosas que venía juntando,
sensaciones, sentimientos, impotencia, dudas, y de repente explotaron. Hablé
con Ricardo, uno de mis tíos, que me contó algunas cosas. Y me encontré
con María Zenzerovich, a la que Elbia le tiraba las cartas, y conoció a
mi papá en aquellas visitas a la casa de Morelos. Pero soy consciente de
que pasan los años, la gente se va muriendo, y cada vez queda menos tiempo.
A veces pienso que la esperanza es alguien que tenga la intuición de que
se va a morir, alguien que tiene el secreto guardado, y que para quedarse
tranquilo me llame un día y me cuente todo.
–¿Es verdad que una vez fuiste al programa televisivo Gente que busca gente?
–Sí, y agradezco lo que hicieron, pero no conseguí mayores datos. Incluso
lo entrevistaron a Félix Luna, y ni siquiera él sabía que Vallese había
tenido un hijo.
–¿Cuándo fue el momento en que estuviste más cerca de encontrar lo que buscás?
–Una tarde hablando con Osvaldo, íntimo de papá. Me llamó nervioso: “Eduardito,
vení que tengo que contarte algo, porque no voy a poder dormir.” A los pocos
minutos estaba tocándole el timbre. Recordó una conversación con Felipe,
un día cuando volvían de la fábrica. Mi viejo le dijo: “No sabés la macana
que me mandé… fulana de tal quedó embarazada.” La tristeza y la bronca que
tenía Osvaldo con él mismo era que no se acordaba cómo se llamaba la chica,
y por eso nunca me había dicho nada de ese encuentro, no quería que me hiciera
ilusiones. ¿Sabés qué hice? Agarré un cuaderno viejo y escribí 250 nombres
de mujer, se lo llevé y le pedí que los viera uno por uno, para ver si eso
lo ayudaba a recordar. Pero no funcionó. Igual, la sigo buscando.
15/05/11 Tiempo Argentino
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