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Entrevista con Félix Sarravalle, por Julio Carreras (h), 1998 |

INTRODUCCION - Acerca de "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista", de Ernesto Salas, Editorial Biblos.
Una imperdible investigación que toma con absoluta seriedad una parte de la
historia de nuestro país, que hasta el trabajo de Ernesto Salas, permanecía en
la oscuridad de la imprecisión y el desconocimiento.
Breve Síntesis del libro: Este libro pretende rescatar del olvido a la primera
fuerza guerrillera de la Argentina contemporánea. Aquí se narran las peripecias,
ilusiones,alegrías y desventuras del grupo de hombres y mujeres del Movimiento
Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional (MPL-ELN), también
llamados "Uturuncos". En general, todo acto fundacional obtiene su
reivindicación histórica de la originalidad que en sí mismo porta. Sin embargo
no fue esto lo que pasó con la primera experiencia guerrillera de nuestro país.
Las razones de este olvido residen en una multiplicidad de factores, entre los
cuales el primero, y creo que el más importante, ha sido el desfase entre la
aparición temprana de Uturuncos y la etapa de actuación de los importantes
grupos guerrilleros de la Argentina que, en general, es ubicada en todos los
estudios del tema entre fines de los 60 y fines de los 70. Colocados en esta
perspectiva temporal, Uturuncos actuó diez años antes que sus pares de entonces
y por ello sólo fue considerado por los investigadores como un antecedente
lejano y menor de aquellas experiencias que marcaron a una generación de
argentinos. Sin embargo, al no haberse reconstruido la secuencia que va desde
estos lejanos orígenes hasta las formaciones armadas que impactaron en la
opinión pública hacia fines de los 60, la experiencia del debate generado entre
los militantes, tanto peronistas como marxistas, sobre la capacidad y
posibilidad de la violencia revolucionaria como forma de lucha es derivada de
los acontecimientos de la segunda mitad de esta década, perdiéndose la riqueza
de una historia que, como este libro espera mostrar, arranca en los años
inmediatamente posteriores al golpe militar de 1955.
El autor: Ernesto Salas nació en Buenos Aires. Es licenciado en Historia por la
Universidad de Buenos Aires. Desde la década del 80 enseña historia social de la
Argentina contemporánea en esa universidad y en diversas instituciones. Es autor
de La Resistencia Peronista. La toma del frigorífico Lisandro de la Torre (1990)
y de numerosos artículos sobre cultura y política de la resistencia.
[Imágen: Símbolo de Uturuncos, una "U" sobre una estrella de 8 puntas (estrella federal)]
Uturuncos.
Los orígenes de la guerrilla peronista (1959-1960)
Por Ernesto Salas
En la primavera de 1959 un grupo de hombres de los
comandos de la resistencia peronista de la zona noroeste del país decidieron
encarar la primera experiencia de guerrilla rural de la Argentina contemporánea.
Durante ese año y el siguiente, varios grupos de militantes intentaron
instalarse y mantenerse en la zona boscosa de Tucumán, en el departamento de
Chicligasta, al sur de la provincia . El nombre que eligieron para la guerrilla
fue Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, aunque
han sido conocidos con el que popularmente han pasado a la historia: Uturuncos.
Surgida en un punto alejado de las grandes ciudades que dirigían la vida
política del país, la guerrilla de los Uturuncos solo pasó a formar parte de los
antecedentes lejanos de las formaciones armadas que se extendieron por todo el
país a principios de los setenta. Se sabe de ella, como de algunas otras
similares, poco y nada. Los estudiosos del fenómeno insurgente no repararon en
ella ni intentaron determinar si existía una relación con la nueva guerrilla, o
el grado en que ésta conocía los intentos anteriores. Fue justamente el impacto
de las nuevas guerrillas lo que opacó el conocimiento del proceso de formación
de ellas mismas . En efecto, a partir de 1959, los Uturuncos y otras
protoguerrillas tanto urbanas como rurales iniciaron el camino y fueron
consecuencia de un intenso debate de la militancia peronista y marxista acerca
de la conveniencia u oportunidad de formar focos guerrilleros en el campo o la
ciudad; las posiciones éticas acerca de la utilización de la violencia como
camino de liberación fueron también una parte importante de dicho debate.
Aquí lo que trato de marcar es que muchos argentinos se sintieron lo
suficientemente convencidos de que la opción por la violencia era un camino que
les tocaba de cerca y que se creó un clima favorable a las guerrillas que se
instaló durante la década del sesenta, sobre todo cuando se extendieron por
América Latina con el apoyo y el ejemplo de la Revolución Cubana. Aunque cada
grupo insurgente fue desarrollado en un contexto particular, la mayor parte de
ellos atravesó un período de militancia política que les permitió a futuro
sentar las bases del apoyo social al foco guerrillero. Estos grupos comenzaron a
ser activos desde fines de los cincuenta, sin influencia directa de la
Revolución cubana, y sus documentos reflejan con claridad el proceso de
discusión que desembocará no solo en la instalación sino en la permanencia de
fuertes organizaciones político-militares a comienzos de los setenta.
Sin embargo no siempre ha sido reflejado con claridad este proceso. Tan grande
fue el impacto de la formación del Ejercito Revolucionario del Pueblo y de los
Montoneros y tanta la insistencia de las sucesivas dictaduras en la identidad
foránea de las causas del crecimiento de la insurgencia en Argentina, que el
foco de atención quedó fijado en el surgimiento de estos dos grupos y no en los
diez años de historia previa. Por otro lado, la necesidad de explicar el pasado
reciente, previo al exterminio practicado por la última dictadura militar, ha
traído tres interpretaciones centrales y bastante conocidas. En primer lugar, la
de los propios dictadores: según ellos, fueron obligados por su rol social a
combatir una guerra que era planetaria contra el comunismo y sus intentos
expansionistas y que en Argentina se expresaba en las guerrillas y sus apoyos
políticos. En segundo lugar, la posición hegemónica de la llamada teoría de los
dos demonios, centralmente formulada por el escritor Ernesto Sábato:
guerrilleros con ideas foráneas y militares en poder del Estado se enfrentaron
frente a una sociedad absorta ante la violencia, que añoraba el retorno a la
democracia y que no había participado en el enfrentamiento. Por último, los que
incorporan todas las experiencias guerrilleras a las diversas formas de lucha
social como respuesta a la situación represiva y excluyente de los gobiernos,
tanto civiles tutelados por las Fuerzas Armadas, como a las dictaduras militares
desde 1955. Esto ha traído como consecuencia algunas distorsiones en el
conocimiento que generalmente acepta hoy la opinión pública sobre la guerrilla
en Argentina.
Dejo de lado la primera interpretación, que tiene origen en el enfrentamiento de
la Guerra Fría y el decidido alineamiento de las Fuerzas Armadas Argentinas con
el objetivo represivo norteamericano de control interior mediante la Doctrina de
Seguridad Nacional. Decididamente, la sociedad argentina no existe en este
planteo o apoya uniformemente aquello que los militares ejecutan sin
consultarla.
La de Sábato ha sido probablemente la versión con mayor éxito y difusión de las
tres, pues fue funcional al proceso de reconstrucción democrática después de
1983 . El prestigio del propio escritor se reforzó cuando dirigió el equipo de
investigación de la CONADEP (Comisión Nacional por la Desaparición de Personas),
creada por el presidente Raúl Alfonsín y cuya investigación sirvió para la
condena de las Juntas Militares en el llamado Juicio a las Juntas. Sin embargo,
contiene un profundo vaciamiento de la verdad histórica. El punto central se
encuentra en el origen de la violencia y la contraviolencia en Argentina. La
imagen de Sábato de una sociedad civil que asiste impávida al desarrollo de la
violencia es tan ajena a la realidad argentina de las décadas del 50 al 70 que
no requiere comprobación; la creciente actividad represiva y el deterioro
profundo de los derechos humanos durante las mismas, tampoco. La Resistencia
Peronista, desde 1955 y 1960, la llamada época de los caños y las luchas
sindicales, el ingreso masivo de la juventud a las luchas políticas y sociales
de la etapa, las decenas de muertos en las movilizaciones callejeras o por
tortura en las prisiones, los miles de detenidos por cuestiones políticas en
todo el país, las puebladas insurreccionales de fines de los sesenta y las
movilizaciones de principios de los setenta por el retorno de Perón, no abonan
la idea de una sociedad ajena a los acontecimientos y absorta frente al
enfrentamiento. En otras partes de su relato, Sábato explicita aún más los
sujetos que fueron objeto del terror de la dictadura: jóvenes que ayudaban en
las villas, curas comprometidos con la cuestión social, etc., pero ellos son
sacados por el autor de todo contexto político al convertirlos en poco menos que
voluntarios desinteresados y sin filiación política ni objetivo más vasto que la
caridad y un básico humanismo . Esto tampoco es cierto, nos parezca bien o mal
su acción. La militancia social y política lo hizo encuadrada conciente y
crecientemente en organizaciones políticas y político-militares. Su trabajo
formaba parte de una lucha más vasta y en ella se encontraron en la situación
más difícil cuando la represión decidió eliminar las agrupaciones de apoyo a la
guerrilla o cuando los grupos parapoliciales salieron a asesinarlos. En un
sentido general, esta postura elimina la necesidad de profundizar el
conocimiento del conflicto social y político en el que estuvo envuelto el
conjunto de la sociedad argentina por acción o por omisión y, en particular,
anula las causas vernáculas del desarrollo de la violencia al coincidir con los
militares en el origen foráneo de la misma.
En las antípodas de la teoría de los dos demonios se ubica la hipótesis de que
las guerrillas formaban un todo con las múltiples, y por momentos dispersas,
acciones defensivas de los sectores populares frente a un régimen totalitario y
violento, cuya exclusión política y accionar represivo fueron en aumento en todo
el período. La violencia política, cuyo origen se sitúa en el bombardeo a la
Plaza de Mayo por pilotos de la Marina en 1955 y los fusilamientos de junio de
1956, provocó en los quince años posteriores el desencadenamiento de una cuasi
guerra civil en la que la guerrilla cobró creciente legitimidad vinculada a las
luchas sociales. Esto, que pareció realmente así por lo menos hasta los últimos
años de la dictadura de la llamada Revolución Argentina, sin embargo, contiene
el defecto de no analizar para todo el período la relación entre guerrilla y
movimiento popular y de colocar en todo momento el accionar guerrillero en un
todo de acuerdo con el crecimiento del enfrentamiento social y político, que no
fue unívoco sino confuso y por momentos contradictorio. Esto no quiere
significar que los guerrilleros no tuvieran sobrados motivos para convertirse en
tales en las circunstancias posteriores a 1955, ni tampoco que muchos de ellos
no surgieran del desarrollo del enfrentamiento. Solo que atribuir una excesiva
unidad de objetivos y procedimientos en todo momento a sindicatos, vecinos y
guerrilleros también ha llevado a la confusión en el análisis.
Por otro lado, el intento de ver a las guerrillas meramente como agentes
internacionales de gobiernos extranjeros que las apoyan y las digitan y sin
raíces en el conflicto nacional, conduce a la teoría del terrorismo irracional e
internacional, presentada en congresos sobre el terrorismo organizados por los
Estados Unidos en la década del setenta y cuyo único objetivo no es comprender
las causas de su desarrollo en determinados momentos históricos en situaciones
nacionales dadas sino a justificar la intervención internacional para mejorar
los regímenes represivos . El porqué muchos hombres y mujeres decidieron
incorporar sus vidas a la lucha armada en la Argentina es mucho más complejo.
Este trabajo intenta profundizar el conocimiento sobre el primer grupo de
guerrilla contemporánea, conocer sus vinculaciones con el movimiento popular de
la zona de origen, tanto como su relación con el peronismo surgido después del
golpe militar de 1955, sus concepciones ideológicas y las causas de su rápido
fracaso en lograr un levantamiento generalizado del noroeste argentino. Tal vez,
ello devuelva un poco de claridad al desarrollo de las distintas experiencias
similares posteriores.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Tucumán
y la resistencia peronista
"La vida por Perón.
Comando 17 de Octubre"
(Pintada en las paredes de San Miguel de Tucumán, 1956)
En 1956 la situación del peronismo en la provincia de Tucumán era similar a la
del movimiento en todo el país. El gobierno de la Revolución Libertadora,
decidido a borrar hasta el recuerdo de su paso por la política nacional, ordenó
que todos los sindicatos fueran intervenidos y el partido proscripto. La
Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar (F.O.T.I.A.), el sindicato
más importante de la provincia, fue descabezada. El interventor, coronel Antonio
Spagenberg, procedió a nombrar en cada uno de los ingenios a delegados que no
hubieran adherido al peronismo.
En abril de 1956, el interventor de Tucumán denunció la existencia de un plan
insurrecional peronista en la provincia. El Ejército fue movilizado y se
instalaron puestos de control en San Miguel de Tucumán, mientras se realizaban
allanamientos y se detenía decenas de personas en la ciudad capital, en
Monteros, Tafí Viejo y Concepción. El gobierno implicó en el levantamiento a
militares retirados en combinación con dirigentes sindicales: Respondía además a
las orientaciones que en forma reiterada hizo a sus partidarios el presidente
depuesto en el sentido de que en un momento oportuno y cuando las circunstancias
así lo exigieran todas las fuerzas del Partido Peronista debían pasar de la
acción política pacífica a la acción subversiva... El número oficial de
detenidos fue de 140. El edificio de la FOTIA fue allanado y muchos dirigentes
fueron presos. El 4 de mayo, los obreros de los ingenios Aguilares y Santa
Lucía, en solidaridad con los compañeros detenidos (en particular, el ex
secretario general del sindicato del ingenio, Rodolfo Zelarayan), fueron al
paro. La intervención provincial ordenó el envió de la Guardia de Infantería a
ambos establecimientos. La Cámara Azucarera sostuvo que: ...considera oportuno
recordar a los trabajadores de la provincia lo que oportunamente expresara el
Ministerio de Trabajo y Previsión de que todo paro o acto de cualquier índole
que interrumpa o altere el ritmo normal de producción será juzgado y reprimido
como grave sabotaje a la Revolución Libertadora. Los obreros de los ingenios
volvieron al trabajo cuando fueron liberados sus compañeros,. El 8 de mayo
comenzó un paro de brazos caídos en el ingenio Concepción: 900 obreros
abandonaron el trabajo en protesta por la detención de Bernardo Villalba y otros
dirigentes gremiales. Villalba había sido delegado del ingenio y dirigente de la
Federación. Aunque el paro fue declarado ilegal, al día siguiente sólo
ingresaron 180 trabajadores que en el transcurso del día abandonaron las tareas.
La situación de los detenidos empeoró en el mes de junio con la intentona del
general J.J. Valle. Benito Romano, ex delegado del ingenio Esperanza, al quién
el ejército suponía ligado al golpe, se fugó a Bolivia. Su hermano Antonio fue
detenido y llevado al subsuelo de la casa de gobierno. Allí se encontró con
otros dirigentes peronistas. Lo golpearon duramente y lo liberaron luego de dos
días y dos noches. Mientras le pegaban le preguntaban por Benito y su
vinculación con el general Valle.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
El
comado 17 de octubre
A partir de 1956 los llamados comandos peronistas de la resistencia se
organizaron espontáneamente en todo el país. El conocimiento que de ellos
tenemos, aunque importante, es aún escaso y fragmentario. Todavía falta
investigación sobre muchos comandos provinciales, dado que han sido analizados
algunos grupos con actuación en las grandes ciudades, particularmente Buenos
Aires, pero se desconocen sus pares de otras partes del país. El comando más
importante, gestado por John William Cooke en 1955 desde su rol de interventor
del peronismo en la Capital, fue el Comando Nacional Peronista. Este ejerció su
influencia sobre muchos militantes, entre ellos los que se organizaban en la
provincia de Tucumán.
A fines de 1955, Félix Serravalle, vecino de La Banda y militante peronista se
reunía con otros compañeros de Santiago del Estero, angustiados por el reciente
golpe militar. Conmovidos, se juntaban con la vaga sensación de que debían hacer
algo. Serravalle provenía de una familia peronista. Su padre había sido
anarquista y militante gremial ferroviario; como muchos otros, en 1943 se hizo
peronista. Félix, quien había sido docente en el Chaco y luego dibujante de la
Dirección Nacional de Vialidad, tenía 31 años. En 1956, de paso por San Miguel
de Tucumán se enteró de la existencia de una agrupación organizada bajo el mando
de Manuel Enrique Mena, el Gallego, con el nombre de Comando 17 de octubre y
decidió conectarse con ella. Por intermedio de Florio Buldurini, ex diputado
provincial, quién lo sondeó en una confitería del centro, conoció a la
conducción del comando formada por Manuel Enrique Mena, Toscanito Pena
(dirigente de mercantiles), el señor Vazquez Guzmán y el propio Buldurini.
Manuel Mena era un dirigente político barrial activo, contaba con múltiples
casas seguras donde se hacían reuniones políticas en las que él mismo les
explicaba a los muchachos jóvenes la necesidad de la lucha por el retorno de
Perón. En su juventud había sido militante comunista, hasta que las luchas
obreras de la década del cuarenta decidieron su apoyo al peronismo. Manuel Mena
y su grupo no solamente desarrollaron una activa militancia barrial sino que
establecieron rápidamente un nexo con el Comando Nacional Peronista de la
Capital. Desde Buenos Aires, el comando formado por Cooke, Cesar Marcos y Raúl
Lagomarsino, les enviaba información que recibían por medio de impresos que
llegaban a Tucumán trasladados por compañeros ferroviarios que trabajaban en el
salón comedor del tren expreso que unía ambas capitales. El 17 de octubre
funcionaba de la misma manera que sus pares de todo el país: eran militantes
peronistas que resistían escuchando la palabra de Perón en viejos discos de
pasta, pintaban los muros con consignas a favor del retorno de Perón y en contra
de la dictadura de la Revolución Libertadora o hacían estallar algunos caños de
fabricación casera.
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Pero su principal trabajo era político. Mena había establecido una sólida red de
contactos y trabajo político en los barrios circundantes a la ciudad de Tucumán
y, ahora, a partir del acercamiento de Serravalle extendía su acción a la vecina
provincia de Santiago del Estero, particularmente la ciudad de La Banda. También
estaban conectados con compañeros peronistas de Salta, Jujuy y Catamarca. Un par
de años después la dirección del grupo había cambiado y estaba constituida por
el propio Mena y por Genaro Carabajal, cuñado de aquel y empleado de la
Universidad de Tucumán (Mena estaba casado con su hermana, Olga Carabajal) y más
tarde, desde 1958, por Abraham Guillén, republicano español que había
participado en la Guerra Civil Española y que aportó sus conocimientos militares
para la empresa guerrillera.
En el plano de los contactos, formaban parte del comando algunos políticos
peronistas de la zona, diputados provinciales y dirigentes de segunda línea que
habían sido inhabilitados por el golpe militar. Pero fue su accionar político en
los barrios el que le permitió establecer una red de casas seguras para
desarrollar la resistencia. Los militantes las llamaban las casas de las tías
porque eran viviendas de viejas militantes peronistas que se jugaron en momentos
difíciles. Juan Carlos Díaz recuerda en particular a Mary Agüero, quién tenía
más de 50 años y siempre se jugó mucho. Salía a pintar paredes aún en los peores
momentos. Una vez en que nos habían fallado los contactos viajó ella misma a
Bolivia para restablecer el tráfico de explosivos. Mary había sido ignorada por
todos, su único premio había sido una pensión del gobierno peronista. Siempre
repetía: Si Perón me dio todo lo que tengo, yo voy a dar la vida por Perón. El
tráfico de explosivos desde Bolivia había sido organizado por Mena de acuerdo
con John William Cooke, quién trataba de establecer una red entre los comandos
dentro del país y los comandos de exiliados en los países vecinos. La gelinita
era conseguida en las minas bolivianas y llegaba hasta la frontera. En Jujuy la
ponían debajo de los vagones y en Tucumán era retirada para ser distribuida por
el país. En la correspondencia que Perón y Cooke intercambiaron en esos años, el
gallego Mena figura como el nexo entre los comandos de Bolivia y los comandos
del noroeste argentino.
Entre los años 1955 y 1958 el Comando 17 de Octubre siguió desarrollando apoyos
entre empleados de sectores medios y en los barrios humildes de San Miguel de
Tucumán: ...cada barrio tenía su célula: en Villa 9 de Julio, en la calle Blas
Parera 174, la tía Segunda y el tío Federico...en la Banda del Río Salí, en
todos lugares teníamos refugio, en la calle Las Piedras estaba la tía Yarará,
una vieja viuda y su hija que nos daba refugio a nosotros, gente a dejarse matar
por Perón; en la Martín Berro, allá al lado de los mataderos[...] vale decir, el
peronismo estaba en todos los niveles, la resistencia estaba en todos los
niveles; la gente de la C.G.T. de Tucumán, con Benito Romano que estaba en la
F.O.T.I.A.. En esos barrios humildes fue reclutado Juan Carlos Díaz, el
comandante Uturunco. Díaz tenía 18 años en 1956 y un pasado de penurias. Su
padre había sido foguista del ferrocarril Mitre y él y sus hermanos trabajaban
duramente la tierra. De chico conoció el monte, recorriéndolo para vender los
excedentes de su magra cosecha. En la casa de los Díaz, en la ciudad de
Lamadrid, funcionaba una Unidad Básica peronista que atendía su madre, Dominga
Heredia, en el tiempo que le dejaban las labores domésticas. A los dieciséis
años, Juan Carlos migró a la ciudad de Tucumán, ingresó como aspirante en el
ferrocarril y luego obtuvo empleo como obrero metalúrgico. Fue en las fábricas,
en ese período de fuertes luchas gremiales, que conoció las primeras armas del
sindicalismo, hasta que quedó desocupado y se integró con ahínco en los comandos
de la resistencia. Su relación con Mena lo impactó; el gallego le explicaba que
el sistema de represión y explotación se hacía cada vez más duro. Querían [el
comando 17 de octubre] instaurar un gobierno que representara a la clase
trabajadora, a los intereses populares. Yo hasta ese momento no entendía nada
porque no tenía ningún tipo de formación. Pero vi bien claro que el peronismo
era el motor del proceso revolucionario en el país
Fue en esos días que la práctica del sabotaje se extendió por todo el país. Se
realizaron miles de pequeñas acciones, en algunos casos atentados con
explosivos, pero en general acciones inofensivas de alto contenido emocional.
Cuando los militares decidieron la exhibición compulsiva de la única película
que había filmado Eva Perón, La cabalgata del circo, que intentaba despojarla
del aura mítica que el pueblo le depositaba para mostrarla en su papel de actriz
de segunda en un melodrama mediocre, los comandos tucumanos entraron en acción.
En un operativo se robaron la copia de la cinta que se iba a emitir en la ciudad
y se la enviaron de regalo a Perón en Panamá. El hecho, inofensivo
políticamente, los estimuló a cosas mayores. Porque fue en 1958 que sus acciones
se tornaron particularmente activas. Como la mayoría de los grupos clandestinos,
el 17 de Octubre apoyó el voto en blanco en las elecciones de 1957 para formar
la Asamblea Constituyente y se opuso a apoyar la candidatura de Arturo Frondizi
en las elecciones presidenciales de 1958, pese a la orden en contrario de Perón.
En pocos meses, los integrantes del comando en Tucumán y Santiago del Estero
realizaron algunas acciones locales resonantes. Félix Serravalle, su compadre
Carlos Gerez y Aguilera, distribuidor de diarios, asaltaron la estación del Año
Geofísico Internacional y se robaron el aparato receptor de cinco bandas; lo
reformaron y fabricaron una emisora en onda larga que llamaron Patria Libre. Con
el aparato interferían las radios de la zona para enviar por sus señales los
mensajes de Perón. En otra ocasión, mediante un mecanismo simple de retardo,
incendiaron una avioneta francesa en apoyo a la Revolución Argelina de la que
eran admiradores . Pero la mayor parte de sus acciones buscaba obtener el apoyo
activo de la población: enterados por los ferroviarios que venía a Santiago un
tren cargado de azúcar, los comandos al mando de Serravalle lo descarrilaron
sacando los tornillos de las vías en la cuesta de Chaupipozo. Al pasar la
máquina, los rieles se abrieron y la formación se amontonó; el azúcar gratis
corrió a raudales en la zona por un tiempo. Aquellos fueron días para los
futuros uturuncos de vivir a salto de mata, en la clandestinidad, con la policía
en los talones. Pero la red daba resultado. Ante cualquier problema acudían a
las casas de las tías o recurrían a algunos viejos dirigentes de alguna de las
líneas en que se dividía el peronismo o incluso podían pedir ayuda a algunos ex
militares peronistas o a los sindicatos que los apoyaban.
Arturo Frondizi llegó a la presidencia de la nación en mayo de 1958. Su
inesperado triunfo (había salido tercero en las elecciones de 1957) lo obtuvo
gracias al apoyo que recibió desde el exilio de Juan Perón dado que, al estar el
peronismo proscripto, ordenó a sus partidarios votar por Frondizi en contra de
la fórmula que llevaba al radical Ricardo Balbín, que muchos significaban como
la continuación del gobierno militar.
Frondizi ganó por amplia mayoría pero era conciente de que su efímero capital
político se le diluiría de las manos en poco tiempo. Por ello desarrolló
rápidamente una política dual: dio los pasos para la instalación de una política
económica desarrollista y, al mismo tiempo, respetó algunas de las cláusulas del
pacto firmado con Perón, en particular la sanción de un ordenamiento legal para
los sindicatos, favorable a los líderes peronistas. Sin embargo, la implantación
de una política económica desfavorable para los trabajadores y agresiva contra
el clima nacionalista que imperaba en el país, colocó a los peronistas,
particularmente a los gremios, en una disyuntiva. Por un lado, consideraban que
el gobierno desarrollista dependía de que las Fuerzas Armadas no se vieran
tentadas a una nueva intentona militar, con lo que la legalidad obtenida
dependía del máximo sostén que Frondizi obtuviera. Por el otro, las agresivas
políticas del desarrollismo deterioraron velozmente los ingresos de los
asalariados y avanzaron sobre los convenios laborales imponiendo nuevas
cláusulas de productividad, con lo que la rebelión de las bases no tardó en
instalarse y poner en duda los liderazgos obtenidos en los años de la Revolución
Libertadora. Si por unos meses, y pese a las críticas, lograron contener las
huelgas desatadas entre los petroleros y los ferroviarios, a fin de año el
anuncio de un duro plan de estabilidad monetarista acordado con el Fondo
Monetario Internacional colocó a una gran parte de los sindicatos a la ofensiva.
Durante todo el año de 1959 se libraron las batallas gremiales más extensas (en
número de participantes y extensión de las mismas) e intensas de la época. Los
comandos de la resistencia, que se habían opuesto activamente al apoyo a
Frondizi y que se encontraban debilitados por la nueva centralidad que habían
obtenido los sindicatos gracias a la política de cooptación y la semilegalidad
otorgada por el nuevo gobierno, apoyaron con atentados y sabotajes las luchas
gremiales. Las 62 Organizaciones, organismo que concentraba a los sindicatos
peronistas fue descabezada por dirigente combativos de los gremios chicos y, por
unos meses, pareció que la llamada línea dura tomaba el control de la central y
de la lucha. En junio de 1959, Perón denunció, haciéndolo público, el pacto
firmado por Frondizi. Metalúrgicos, bancarios, obreros de la carne, textiles,
empleados de comercio, obreros de Luz y Fuerza y muchos otros gremios
sostuvieron largas huelgas defensivas del salario y de las condiciones de
trabajo. En el interior del país sobresalió el paro de la Federación Obrera
Tucumana de la Industria del Azúcar (F.O.T.I.A.), realizada en Tucumán en los
meses de julio y agosto. La futura primer guerrilla peronista también se
fortaleció gracias a los sucesos acontecidos durante la huelga.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
La
huelga azucarera de 1959: del 23 de Julio al 12 de Agosto
El 30 de abril de 1959, luego de un largo período de intervención, se realizaron
las elecciones en la FOTIA, en cumplimiento de lo dispuesto por la Ley de
Asociaciones Profesionales sancionada el año anterior. Se presentaron tres
listas. La lista Azul representaba a la intervención saliente y su cara visible
era Balbino Martínez, candidato por el ingenio Santa Ana. A pesar de su
declaración de prescindencia política, estaba ligado al partido Bandera Blanca,
cuyo presidente era Isaías Nougués, perteneciente a la más rancia oligarquía
tucumana. La Lista Verde llevaba como candidato a Rodolfo Palacios, antiguo
dirigente de la FOTIA, delegado por el ingenio Los Ralos y se proponía como
lista independiente (con adhesión al Partido Socialista y a los 32 gremios
democráticos) con posiciones conciliadoras. Por último, la lista Blanca llevaba
como candidato a Benito Romano. Romano se había iniciado en el sindicalismo en
1945 a los 17 años de edad, era delegado por el ingenio Esperanza y había
ocupado diversos cargos en la FOTIA hasta llegar a protesorero en 1955, cargo
que ocupó sólo cinco meses debido al golpe militar. La lista Blanca era la única
que presentaba candidatos en todos los ingenios y fincas. Juan Farías,
carpintero del ingenio La Florida y Simón Campos, activos militantes de la
huelga de 1949 por la que fueron separados de la Federación, volvieron a ganar
en sus establecimientos. Romano volvía de su exilio boliviano y Bernardo
Villalba, que había sido detenido en 1956 debido al golpe de Valle, regresó
triunfalmente al gremio. Se impusieron por amplia mayoría: 43.302 votos contra
5.172 de la lista Azul. En el plenario, 72 delegados de 55 filiales adheridas
eligieron a Benito Romano como nuevo secretario general. Bernardo Villalba fue
elegido Tesorero.
La nueva conducción debió actuar con rapidez dado que de inmediato comenzó a
reunirse en Buenos Aires la paritaria azucarera. Para fortalecer su posición en
la paritaria los obreros tucumanos se nuclearon en el FUNTA (Frente Único
Nacional de Trabajadores azucareros), que nucleaba a los obreros de Tucumán,
Salta, Jujuy, Chaco y Santa Fe. Los dueños de los ingenios ofrecieron un 20% de
aumento contra el 90% que reclamaban los trabajadores. A mediados de junio
comenzó la zafra, la oportunidad esperada por los obreros para hacer valer sus
demandas con la amenaza de la huelga. Siempre había sido así, las huelgas se
producían en el momento del corte de las cañas. El tiempo que se pierde en
cortar la caña o la tardanza, una vez cortadas, en molerla, hace perder una
parte de la sustancia base del azúcar, la sacarosa. Para los obreros, era el
momento en que los patrones estaban más dispuestos a ablandar sus bolsillos.
Luego de 90 días de pacientes gestiones ante las autoridades nacionales, los
dirigentes de la FOTIA volvieron a Tucumán y llamaron a un plenario general para
decidir las medidas de fuerza. El plenario tomó la decisión de organizar y
realizar un paro por tiempo indeterminado a realizarse desde la hora 0 del
jueves 23 de julio. Uno de los delegados, del ingenio Amalia, fue drástico:
...estamos dispuestos a la lucha y no queremos morir de hambre ni de rodillas.
Mociono para que de inmediato se discuta el paro a declarar.... La medida de
fuerza fue acatada masivamente en toda la provincia.
Cuando la huelga promediaba los industriales comenzaron a quejarse por los
perjuicios ocasionados por el paro. José M. Paz, presidente de la CAR (Cámara
Azucarera Regional), declaró: ...esta huelga afecta seriamente la economía, en
particular la de Tucumán que pierde por día 70 toneladas del producto, en los
campos faltan unos 80.000 trabajadores y en las fabricas unos 25.000. Hay un
enorme tonelaje de caña en los canchones, los cargadores y los cercos, ya
cortadas, a la que no hubo tiempo de elaborar. Las pérdidas de jugo son
considerables, en especial en Bella Vista donde el personal abandonó las tareas
dejando azúcar difícilmente recuperable en fermentación y en las templas.
El paro tenía un amplio apoyo. Pese a ello, al reunirse nuevamente la paritaria,
los obreros bajaron sus pretensiones al 70% de aumento, pero su propuesta fue
rechazada por los empresarios. El 1º de agosto, la CGT Regional decidió un paro
general de apoyo al conflicto de la FOTIA para el 6 de agosto. La huelga
provincial dispuesta por la CGT local fue acompañada por diversas movilizaciones
durante los días previos. Los obreros del ingenio Concepción y los de el ingenio
Libertad (ex Esperanza) realizaron concentraciones en sus establecimientos;
también hubo actos en la zona sur de la ciudad. Los obreros llegaban en
caravanas de camiones y carros metálicos, exhibían banderas argentinas, carteles
con leyendas alusivas al paro... . Al mediodía, una manifestación llegó hasta la
plaza Independencia, en el centro de la ciudad, vivando a Perón y arrojando
naranjas contra el Banco Provincia, el Banco Hipotecario y la Casa de Gobierno.
El 7 de agosto el gobierno provincial ordenó la vigilancia policial en los
accesos de la ciudad, pero de todas maneras los obreros sortearon los piquetes
cruzando los ríos o por caminos secundarios. A la tarde una importante
concentración manifestaba frente al local de la FOTIA, que estaba rodeada por
escuadrones de la policía montada, mientras otros efectivos militares
custodiaban diversos lugares de la ciudad.
A las 17 horas, la policía cargó contra los trabajadores. Los obreros la
obligaron a replegarse con cascotes y baldosas. Las fuerzas de represión
intentaron una nueva carga a los sablazos mientras el lugar se llenaba de gases
lacrimógenos:
A las 18 horas la confusión era total por los gases que penetraban en el local
obrero, numerosos trabajadores instaban a los refugiados a hacer frente a la
policía y pretendían avanzar sobre ella portando una bandera argentina. Los
policías repelían el avance arrojando gases. Cuatro de ellos, de la montada,
avanzaron desde General Paz y Las Heras y una intensa pedrea trató de
detenerlos. Pero estos utilizaron sus armas, una pistola y tres carabinas,
abriendo fuego indiscriminado contra los obreros y el edificio. Desde el tercer
piso se anunció que un trabajador había sido alcanzado por un disparo muriendo
instantáneamente. Otros dos resultaron heridos, siendo trasladados a la clínica
de la Federación.
La confusión reinaba en todo el lugar. El obrero asesinado era Manuel de Reyes
Olea, tractorista del ingenio San Pablo. En el interior de la provincia se
sucedían también graves incidentes. En el ingenio Leales, el propietario de una
de las fincas decidió actuar por mano propia resistiendo una manifestación. Un
obrero de Finca de Parra resultó herido. Como consecuencia de la grave
represión, la CGT regional decidió el paro por tiempo indeterminado y declaró
día de duelo al sábado 8 de agosto. La provincia se encontraba sumida en el caos
y era posible una intervención. El presidente Arturo Frondizi ordenó la
movilización de tropas y varios jefes militares viajaron a Tucumán. Para
cubrirse, el gobernador Gelsi atribuyó los hechos a un vasto plan subversivo.
En los días siguientes la FOTIA quedó en soledad al romperse el frente único con
los gremios azucareros de las demás provincias (FUNTA). Estos aceptaron la
propuesta patronal mientras que la FOTIA la rechazó y los acusó de testaferros
de Arrieta, Blaquier y Patron Costas . Las 62 organizaciones y la CGT declararon
entonces un paro nacional el 11 de agosto en apoyo de las demandas de la FOTIA,
el que se cumplió con alto acatamiento de los gremios adheridos a las 62
Organizaciones. El ministro Alvaro Alsogaray anunció el cese de la personería
gremial del sindicato, argumentando que las medidas de fuerza de la Federación
tenían un carácter extragremial. Pero la intervención no eliminaba el conflicto
y, pese a la medida ministerial, los empresarios siguieron negociando con las
autoridades del gremio y ofrecieron una mejora en la oferta por los salarios de
los días de huelga. Finalmente, el 13 de agosto, se firmó el acuerdo que daba
por levantado el paro, con el triunfo de los huelguistas. Habían obtenido un 70%
de aumento, 600$ de pago por los días de huelga, el abono de los salarios
familiares y el aporte de fondos para asistencia medica de los obreros del
surco; los ingenios también reconocerían el pago por enfermedad inculpable. La
huelga le había costado la vida a dos obreros, Manuel de Reyes Olea y Eusebio
Ruiz, quién había sido herido en los incidentes y falleció a principios de
setiembre.
A diferencia de otros largos conflictos desarrollados en el año de 1959 y que
fueron derrotados, la FOTIA resultó ganadora del suyo y se fortaleció como la
organización madre del noroeste argentino. Apenas dos meses después, un grupo de
ocho personas del Comando 17 de Octubre subió a la selva para organizar la
primera guerrilla rural de la Argentina.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
La
guerrilla de los Uturuncos: primeros pasos
Fue en el año de 1959 cuando el Comando 17 de Octubre enfrentó un debate
decisivo. Bajo la influencia de Abraham Guillén, a quién apodaban el maestro
discutieron acerca de la eficacia de los métodos llevados adelante por la
resistencia hasta el momento. Según Genaro Carabajal el debate giró acerca del
fin de la estrategia insurrecional que habían llevado hasta el momento. Ocurrido
el descabezamiento de Cooke y habiéndose producido la huelga general de enero,
la que había sido teorizada como el momento para el estallido insurreccional,
dichos métodos habían demostrado su fracaso. Menos convencidos aún de que la vía
de la semilegalidad abierta con la elección de Frondizi obtuviera algún
resultado, dado que habían sentido en carne propia la creciente represión que
había costado la vida de dos obreros en ese año, decidieron el camino de la
lucha armada.
El debate provocó la escisión de una parte del grupo quiénes en adelante se
identificaron con el nombre de Comando Insurreccional Perón o muerte (CIPOM),
mientras el resto optaría por el nombre de Movimiento de Liberación Nacional
(MLN), Ejército de Liberación Nacional (ELN). En octubre el primer grupo subió
al monte.
Era de madrugada y la lluvia caía torrencialmente. En Puesto de Zárate, en la
base del cerro Cochuna, casi en el límite con Catamarca, ocho hombres cargados
con pesadas mochilas iniciaron el ascenso e inauguraron la guerrilla en
Argentina. Al mando del grupo estaban Juan Carlos Diaz, el uturunco, Franco
Lupi, el Tano y Angel Reinaldo Castro, con el grado de comandantes. Los
integrantes de la tropa eran : Juan Silva, alias Polo; Diógenes Romano, alias
Búfalo; Miranda, alias Rulo; Villafañe, alias Azúcar y Santiago Molina, alias el
Mejicano, todos tucumanos. Unos días después subieron León Ibañez y Pedro
Anselmo Gorrita González. Tenían escasa experiencia militar pero todos, en algún
momento, habían participado en sabotajes y acciones menores. La zona en la que
se internaban no era casual y había por lo menos dos motivos para que la
guerrilla la eligiera, uno geográfico y otro político: en el lugar, la selva era
tan tupida que a duras penas se podía distinguir a un compañero a dos metros de
distancia y además, desde allí hasta el ingenio Concepción era todo terreno
azucarero. El propósito inicial era modesto, amoldarse al terreno, acostumbrarse
a dominar la vegetación y el clima, conocer los caminos secundarios. Las
operaciones, les había dicho Guillén, vendrían después, cuando lo dispusiera el
Estado Mayor. El armamento era también escaso, una ametralladora PAM, una
pistola 45 y un revolver 38 para ocho personas.
Los primeros tiempos los ocuparon en construir refugios y depósitos para los
víveres, y a caminar. Para Díaz: Sabíamos que si llegábamos a dominar la sierra,
ya no tendríamos que temer aunque se internara un ejército a buscarnos . A los
pocos días de estar en el monte, contradiciendo las órdenes, decidieron encarar
algunas operaciones pequeñas. A fin de mes asaltaron con éxito los destacamentos
policiales de Las Banderitas y Alto Verde. Con audacia bajaron hasta la ciudad
de Tucumán y asaltaron el puesto policial del Ferrocarril Mitre, del que
intentaron robar algunas armas y proyectiles. En la misma noche en que asaltaron
el puesto del ferrocarril, se trasladaron a la ciudad de Concepción para tomar
el cuartel de bomberos. El operativo comenzó con el incendio de una gomería para
atraer la atención. Pero por indecisiones en el desarrollo del operativo lo
abandonaron. Para algunos de los integrantes de la guerrilla esta serie de
ataques fueron prematuros. Lo cierto es que inmediatamente atrajeron sobre sí a
la policía de la provincia que empezó a tender un cerco en la zona.
Progresivamente, el grupo perdió el contacto con el Estado Mayor, por lo que se
hizo cada vez mas difícil conseguir alimentos e información. Hasta el mes de
noviembre en que fueron descubiertos se alimentaron de frutos silvestres, algún
pájaro ocasional o bajaban a las fincas linderas a la sierra para conseguir
legumbres. De todas maneras cuidaron de no abandonar el trabajo político
tratando de hacer entender a la gente el porqué de nuestro accionar, los ideales
que teníamos. El apoyo que conseguían era de tipo espiritual, porque en esa zona
son todos muy pobres y no tienen nada que dar . El cerco se cerraba. Y por
divergencias, Lupi y Díaz comenzaron a desautorizar a Castro. Mientras tanto,
Juan Polo Silva, Lupi y Castro se separaron del grupo con el objetivo de buscar
un nuevo campamento, más arriba. Pero cuando volvían se perdieron debido a la
neblina y a la cerrazón de la selva. En ese momento uno de los puestos de
guardia dio la alarma de que se acercaba una patrulla policial. Díaz consideró
que no era posible hacerles frente y con los que quedaban agarraron las cosas
necesarias, las armas y los documentos y trataron de eludir el cerco. Mientras
tanto, Lupi. Silva y Castro regresaron al campamento. No sospecharon, pese a que
no vieron a sus compañeros montando la guardia, y cayeron en la trampa policial.
El balance distaba de ser bueno, el campamento había sido descubierto, tres
guerrilleros se encontraban presos y los restantes habían logrado bajar para
restablecer el contacto que se había quebrado. Pero la policía ya sabía de la
existencia de un grupo guerrillero en la zona del Cochuna, un mes y medio antes
de la operación que los llevaría a ser conocidos por la opinión pública
nacional: el asalto de la comisaría de Frías.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Un
nuevo intento: el asalto a la comisaría de Frías
El Estado Mayor de la guerrilla se reunió en Noviembre. Lejos de considerar que
la dispersión del primer grupo constituía un fracaso, decidieron encarar una
operación mayor que les diera prestigio entre los campesinos y para ver si los
dirigentes peronistas que vivían en Uruguay se decidían a prestar su apoyo . En
apoyo a Juan Carlos Díaz, Angel Castro fue relevado de toda responsabilidad,
mientras el Uturunco y Felipe Genaro Carabajal, comandante Alhaja, Pila o Joya,
miembro del Estado Mayor y cuñado de Manuel Mena, eran enviados a Santiago del
Estero con un grupo de militantes para acompañar a los santiagueños de Félix
Serravalle. Este era un hombre audaz y decidido, además de ser un excelente
tirador, subteniente de reserva y participante de varios operativos anteriores.
Entre los dos consiguieron juntar un grupo de 22 hombres, cuyas edades oscilaban
entre los quince y los veinticinco años. Serravalle tenía treinta y cuatro y
había elegido como nombre de clandestinidad el de comandante Puma.
Un mes antes comenzó el entrenamiento en la finca ladrillera de Manuel Paz, en
Chumillo. Previamente, algunos habían recibido alojamiento en la casa de José
Benito Argibay, ex intendente peronista de la ciudad de La Banda.
El 23 de Diciembre, el grupo, simulando ser acampantes, fue trasladado en un
colectivo, prestado por gitanos amigos de Serravalle, hasta Puesto del Cielo, a
35 kilómetros de Santiago del Estero. Allí esperaron hasta el día siguiente,
cuando fueron recogidos por el camión que los conduciría a Frías, una ciudad de
25.000 habitantes a 160 Km. de Santiago del Estero. La noche del 24, Félix
Serravalle, Carlos Alberto Gerez y Pedro Adolfo Velárdez, tomaron el automóvil
de alquiler, chapa 3637, de Timoteo Rojo y se hicieron conducir hasta los
talleres de Obras Sanitarias de La Banda. El camión Ford modelo 1957, chapa
1631, los estaba esperando con el tanque lleno. Los trabajadores de la
repartición se lo habían dejado preparado. Con un ardid engañaron al sereno,
robaron el camión y se dirigieron a buscar al resto del grupo guerrillero. A las
cuatro de la mañana llegaron a Frías y con decisión encararon a la guardia de la
comisaría: -¡Ha triunfado una revolución, venimos a hacernos cargo!, dijo Genaro
Carabajal con tono marcial y vestido de Teniente Coronel. Por ese entonces se
comentaba que los militares estaban preparando un golpe militar contra Frondizi.
La tropa formó frente a los supuestos militares, sin sospechar. En pocos minutos
y sin disparar un tiro, los Uturuncos tomaron la comisaría. A los policías les
sacaron las armas y los uniformes y los metieron en el calabozo. A culatazos
rompieron la radio policial y cortaron los cables del teléfono. Un agente
aseguró después a la prensa que quién los dirigía se hacia llamar comandante
Uturunco y el nombre llegó a los diarios. En la huída dejaron el camión
abandonado en un lugar llamado El Potrerillo y se internaron en el monte.
Al día siguiente la noticia conmovió la país y fue tapa de todos los diarios de
la Capital: un grupo guerrillero peronista al mando del capitán Uturungo operaba
en la provincia de Tucumán. El ministro del Interior, Alfredo Vítolo, en
conferencia de prensa identificó a varios de los asaltantes. El remisero,
Timoteo Rojo, los había denunciado. Por su testimonio, las autoridades
conocieron la identidad de Félix Serravalle y la de su compadre Carlos Geréz. La
policía comenzó entonces una serie de allanamientos. El gobierno comprobó lo que
sospechaba: los integrantes de la guerrilla y sus apoyos eran viejos conocidos
peronistas de la zona. Con la punta del ovillo descubierta, el gobernador de
Santiago del Estero, Eduardo Miguel y su par de Tucumán, Celestino Gelsi,
comenzaron a desenredarlo y tendieron una trampa a los guerrilleros. Mediante un
comunicado oficial, los diarios informaron que se libraban graves combates con
la policía en las inmediaciones de la ciudad de Concepción de Tucumán. En el
comunicado se afirmaba que las acciones son encarnizadas y hay muchas bajas .
Los padres de los menores, preocupados por su suerte y temerosos de que les
hubiera sucedido lo peor se presentaron para recibir información; así, el
gobierno conoció las identidades de seis de ellos. Entretanto, la policía
provincial comenzó a tender el cerco a partir del lugar donde fue encontrado el
camión.
En el monte, los guerrilleros caminaban y esperaban. El 28 de diciembre atacaron
a tiros un jeep de la policía en el kilómetro 39 de la ruta 65, el que huyó sin
intentar respuesta. Según el relato de Serravalle:
"Y agarramos y empezamos a caminar para el norte; cuando vos subes los cerros
que son de 3500 metros más o menos de altura, es la zona boscosa que es la que
te ofrece cubierta contra los vuelos y todas esas cosas, no tenemos ningún
problema, agarramos la espina dorsal y empezamos a caminar, y a caminar, y a
caminar, y bueno...primero se bajó Velardez que era el chofer del camión, se
entregó a la policía."
Efectivamente, Pedro Velardez, quién había conducido el camión, fue el primero
en abandonar a sus compañeros y se entregó a la policía. A partir de su delación
se conocieron más detalles del grupo que estaba en los cerros y un dato
adicional: en el campamento guerrillero cundía el desaliento al verse rodeados
por la policía. En los días posteriores al asalto y hasta fin de año pasaron por
las localidades de Arcadia, Alpachiri, Alto Verde y se dedicaron al trabajo
político, a explicar las causas del levantamiento, su lucha por el retorno de
Perón. Pero el cerco comenzaba a cerrarse. El 31 de Diciembre las madres de los
muchachos más jóvenes radiaron por la emisora LV12 un mensaje para sus hijos en
los que les pedían angustiosamente que bajaran del monte. Las bajas temperaturas
nocturnas, la escasez de alimentos, el cerco policial y las súplicas paternas
minaron la moral de los más débiles. Además, muchos creían que eran sólo una
parte de un operativo más vasto en el que se levantarían varios frentes
adicionales, pero al retrasarse estos acontecimientos, la moral decayó.
Finalmente, el 1º de enero, los policías vieron descender desde lo alto de la
montaña a cuatro jóvenes que iban en busca de víveres y agua y los detuvieron
sin oponer resistencia. Un rato más tarde se entregaron otros cinco, que habían
obtenido el permiso de sus jefes de bajar respondiendo al llamado de sus padres.
El mismo día, a pocos kilómetros de Concepción, fue detenido Juan Carlos Díaz.
Según su relato había bajado unos días antes con el comandante Alhaja, José
Genaro Carabajal para contactar con un nuevo grupo de combatientes, pero cuando
estaban cruzando un río fue arrastrado por la corriente aguas abajo perdiendo el
contacto con su compañero. Medio atontado, con su ropa en jirones y las botas
destrozadas, fue guiado por gente de la zona por donde no hubiera patrullas.
Pero fue delatado y capturado. Dos días después, una patrulla policial encontró
dormidos a dos jóvenes más en el límite con Catamarca. Se trataba de Roberto
Anaya, de 18 años, alias loco Perón y René Fernández, ambos tucumanos. Al ser
descubiertos, Anaya se entregó pero Fernández logró huir hasta Concepción y tomó
un micro hasta la ciudad de Tucumán, pero al bajar se le disparó un tiro que lo
hirió en el muslo. Fue detenido en el hospital Padilla al que había concurrido
para curarse. Otros dos, Américo Moya y Tomas David Soraide, que fueron
encontrados por sus padres en la selva del Aconquija, también se entregaron.
En las ciudades muchos miembros de la red fueron detenidos y sus domicilios
allanados. Las delaciones no fueron la única causa del parcial descubrimiento de
los contactos, resulta obvio que el gobierno conocía parte del hilo del que
ahora tiraba, a causa de la previa existencia del Comando 17 de Octubre. Las
detenciones debilitaron aún más la situación de los que aún quedaban arriba. El
Puma Serravalle, decidido a no entregarse, intentó romper el cerco con los siete
hombre que aún le quedaban . La policía creía que el grupo se dirigía a
Catamarca y extremó el patrullaje en esa zona. Pero Serravalle forzó la marcha
y, en un día, caminando a paso forzado cincuenta kilómetros, bajaron en Tucumán,
en la zona del ingenio Providencia donde fueron protegidos en casas de obreros
del ingenio que aún permanecían seguras. Tenían los pies destrozados y eran
fácilmente reconocibles. Sin embargo, lograron romper el cerco y llegar hasta el
barrio 24 de noviembre, en Tucumán. Allí les dieron refugio en el prostíbulo de
la Turca Fernández y en una iglesia donde se encontraron con Manuel Mena, quién
los recibió quebrado por la emoción.
En Diciembre de 1959, mientras los Uturuncos asaltaban Frías, el gallego Mena y
Guillén se encontraban en Buenos Aires buscando apoyos. John William Cooke
delegó en su compañera Alicia Eguren la ayuda a los Uturuncos. Por intermedio de
ella, Mena pudo contactar a un grupo numeroso de militantes de la Juventud
Peronista de diversos grupos de las zonas de San Martín y Pompeya. En Buenos
Aires, los diversos grupos de la Juventud Peronista se habían mostrado
fervorosos partidarios de los uturuncos y se entusiasmaron con participar en la
guerrilla. Organizaron grupos de apoyo, colectaron plata y muchos de ellos
viajaron a Tucumán para unirse a ella. El gallego Mena los reunió con la idea de
formar un tercer grupo y subir al monte luego de las detenciones producidas por
el asalto a Frías. Habían transcurrido dos meses, Serravalle se encontraba
prófugo y Mena, siempre activo, no abandonaba la idea de la creación de un
frente guerrillero permanente. En Tucumán, sin embargo se vivía un clima de
represión que dificultaba a la red prestarle apoyos, domicilios seguros, comida
y elementos a las decenas de muchachos que querían participar subiendo al monte.
Finalmente, el 10 y 11 de Marzo la policía dio con uno de los refugios de los
porteños, el ya conocido prostíbulo de la Turca Fernández y el domicilio de
Manuel Haro, deteniendo a varias personas que se encontraban reunidas, entre
ellos a José Luis Rojas, alias Zupay, que había participado de la toma de la
comisaría. En el procedimiento se secuestraron armas, municiones, granadas,
mantas, botas y camisas con las sigla ELN (Ejército de Liberación Nacional).
Días después, Manuel Enrique Mena fue detenido junto con el periodista Enrique
Oliva y otros compañeros cuando intentaban subir a la montaña.
En ese comienzo del año 1960, los comandos urbanos del peronismo intensificaron
sus acciones de sabotaje: el 15 de Febrero fue colocada una bomba en el depósito
de Shell-Mex en Córdoba, incendiando 4 millones de litros de combustible y
dejando 13 víctimas; el 11 de Marzo una bomba de explosivo plástico destruyó la
casa del oficial de la SIDE, David Cabrera, activo represor, dando muerte a su
pequeña hijita de 3 años. El día 13 ocurrió una explosión en la planta de gas de
Mar del Plata. Ese mismo día, la policía informó que el cabo del Ejército,
Manuel Medina, que estaba detenido, se había tirado de una ventana de
Coordinación Federal dando vivas a Perón. El 14 de Marzo, debían realizarse las
elecciones que renovarían la mitad de la Cámara. Unos días antes, Arturo
Frondizi ordenó la ejecución del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado).
El país fue dividido en zonas operativas y se sometió a tribunales militares a
todos aquellos acusados de terrorismo. Días después, los diarios anunciaron que
se habían efectuado 1600 allanamientos y que habían sido detenidos miles de
militantes peronistas. Las elecciones se realizaron en orden y volvió a triunfar
el voto en blanco propiciado por Perón.
El incansable Puma Serravalle comenzó entonces a planificar la forma de liberar
a sus compañeros presos en la cárcel de Concepción, pero el 1º de abril,
mientras viajaba por Tucumán con documento falso, fue detenido y juzgado por los
tribunales militares del CONINTES . Parecía el fin. Amenazada por la represión
del Plan CONINTES y con sus principales líderes en prisión, la guerrilla quedó
al mando de Genaro Carabajal, el Pila o Alhaja, quién aún no había sido
detenido. Pese a todo, el Pila reunió un nuevo grupo de militantes entre
porteños y tucumanos y logró reinstalar el movimiento en la montaña por varios
meses. En el mes de junio de 1960 la policía, quién por la aplicación del Plan
CONINTES había sido reforzada con tropas de Infantería del Ejército, descubrió
el campamento guerrillero y detuvo a varios de los militantes presentes. En el
enfrentamiento, uno de los pocos entre los Uturuncos y la represión, fue herido
en la pierna Santiago Molina, el mejicano, mientras intentaba una fugaz
resistencia.
Los tribunales militares fueron duros con los cabecillas de la rebelión. Manuel
Enrique Mena fue condenado a 7 años de prisión. Antes de cumplir los tres, se
fugó del hospital carcelario del Chaco y viajó a La Habana donde se entrevistó
con el Che. A principios de 1963 comenzó a reorganizar los contactos en Tucumán.
Varios de los veteranos de la primera experiencia instalaron un campamento
permanente en la selva tucumana en el mes de Mayo. Tiempo después, se les unió
Mena con un grupo de militantes que habían recibido entrenamiento en Cuba. Al
parecer, el plan de Mena era complementario del grupo guerrillero comandado por
Jorge Ricardo Masetti. Las vacilaciones de Masetti ante la elección nacional del
7 de julio, que dio el triunfo a Arturo Illia , parece ser la causa del
desmembramiento del frente tucumano. A partir de allí, Mena perdió relevancia;
en 1970 vivía en San Justo en un humilde barrio obrero. Murió de cáncer el 14 de
julio de 1970.
Juan Carlos Díaz, el uturunco, fue condenado a 7 años de prisión. En 1963 fue
amnistiado por el gobierno de Illia, en 1970 participó con el ERP en el asalto
al Banco Comercial del Norte y un día después fue detenido. En 1973 fue
nuevamente amnistiado y recibió un subsidio del gobierno peronista de Tucumán.
Los menores de edad fueron derivados a los Tribunales de Menores, excepción
hecha a Luis Uriondo, quién dado su parentesco con el general Uriondo, su padre,
fue devuelto a su familia.
Félix Serravalle cumplió la condena que le aplicaron los tribunales CONINTES,
tres años y siete meses en varias prisiones. Le rompieron los ligamentos del
brazo en la tortura. Al salir prometió a su familia, a la que casi no había
visto en años, que se iba a ocupar de ellos. A los 74 años, vive en La Banda,
orgulloso de su pasado y rodeado de sus recuerdos.
José Luis Rojas, el Zupay, participó en la experiencia guerrillera de las
Fuerzas Armadas Peronistas y fue nuevamente detenido en Taco Ralo, Tucumán, en
1968. Una enfermedad lo dejó postrado y falleció hace algunos años en Tucumán y
en la pobreza. En un último reportaje recordó que los chicos de HIJOS son mi
única esperanza. Muchos militantes de la red, tanto tucumana como de Buenos
Aires aún viven desperdigados por el país. De sus recuerdos esta hecha gran
parte de esta historia.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Guerrilla
y movimiento popular en la Argentina de los sesenta
Para Daniel James, la primera guerrilla causó escaso impacto en los activistas.
En su influyente trabajo sobre la resistencia peronista, James formula la
hipótesis de que el surgimiento de la insurgencia armada debe ser atribuido a la
solitaria voz de John William Cooke y a sectores juveniles del peronismo y la
izquierda no peronista, donde se reclutaron sus militantes, los que en su mayor
parte provinieron de la esfera universitaria de la Capital Federal y otros
grandes centros de estudios terciarios . Aunque algunos párrafos después se
contradice cuando cita entrevistas a activistas de la juventud , que dan cuenta
que la mayoría de los participantes en las experiencias guerrilleras de fines de
los 50 tenían entre 16 y 20 años de edad y pertenecían a las barriadas humildes
del conurbano bonaerense, insiste en argumentar a favor de su primera
afirmación: el escaso impacto que obtuvieron los Uturuncos fue debido a su
pertenencia de clase, dado que por ella no ponían sus expectativas en el
desarrollo de la lucha sindical.
Las fuentes con las que Daniel James trabajó fueron, en primer lugar, el informe
del propio aparato represivo y, en segundo lugar, el pequeño libro de Emilio
Morales , en el que se afirma que los integrantes de la primera guerrilla
provenían de la clase media universitaria y que sólo tres obreros fueron de la
partida.
Creo haber demostrado que el inicio de la guerrilla peronista no fue ideado
desde las grandes ciudades sino que su origen debe más bien rastrearse en la
organización de los comandos de la resistencia regionales y en una de sus
posibles evoluciones. Tampoco fueron los jóvenes de clase media universitaria
empobrecida y que practicaban una suerte de elemental terrorismo urbano los que
finalmente dieron el primer paso. En una segunda etapa viajaron a la zona,
convirtiéndose en combatientes, pero el desarrollo de los acontecimientos aquí
relatado niega su absoluto protagonismo. Tampoco es cierto que constituyeran el
principal apoyo logístico de las acciones que se encararon, sino que este
correspondió a un modesto pero no despreciable aparato político montado en los
años previos por el comando 17 de octubre del que surgieron los combatientes. En
realidad, la guerrilla de los Uturuncos tuvo bastante impacto en el peronismo.
El que no se constituyeron en una opción nacional debe explicarse mediante otros
argumentos y ellos pueden encontrarse en el desarrollo de las distintas
vertientes que se perfilaron en el peronismo luego del derrocamiento de Perón.
Ya fueron explicados por el propio Daniel James los cambios habidos en el
peronismo luego de 1955. Los núcleos centrales que organizaron la resistencia
distaban de pertenecer a los viejos aparatos de gobierno y fueron esencialmente
dos: los comando clandestinos y las organizaciones sindicales paralelas a las
intervenciones. Hasta por lo menos 1958, ambas estructuras actuaron
coordinadamente y desarrollaron, en particular las estructuras sindicales, una
intensa democracia con base en la cultura de fábrica. Esta actitud plebiscitaria
fue posible por las nuevas condiciones de lucha: el riesgo que suponía la
clandestinidad de la acción obrera y la inhabilitación por parte del golpe
militar de los viejos dirigentes ligados a la estructura burocrática peronista.
Ello permitió a los líderes gremiales emergentes la legitimidad necesaria para
alzarse con la dirección de la mayoría de los sindicatos industriales.
Los comandos, que empezaron como pequeños organismos políticos de agitación, más
barriales que fabriles, perfeccionaron sus atentados y, de pequeños actos de
sabotaje, pasaron a encarar grandes actos de terrorismo urbano. Sin embargo,
ambos fueron afectados por el inicio de la etapa de semilegalidad con la
elección de Arturo Frondizi a la presidencia. Muchos sindicalistas comprendieron
que tenían mucho más para ganar si se integraban críticamente al orden político
posperonista y renunciaban a poner sus estructuras gremiales al servicio de un
plan insurrecional que trajera nuevamente a Perón al país.
Los comandos, que siempre se resistieron a formar parte de una organización
única y centralizada, dieron fuertes golpes en los años 1959 y 1960, hasta el
inicio del plan Conintes, como los que hemos reseñado. Siempre fueron grupos
centrados en las ciudades capitales de provincia y sus principales atentados
fueron cometidos en éstas. Un tercer grupo que cobró relevancia a partir de la
elecciones de 1957 fueron los viejos dirigentes del ala política del movimiento.
Nunca fueron radicalmente amonestados por Perón y planificaron distintas
estrategias frentistas opuestas a las diseñadas por John W. Cooke. Los que
contaban con una base electoral propia, particularmente en las provincias, se
independizaron de la tutela de Perón y constituyeron el llamado neoperonismo,
abandonando tempranamente la estrategia insurreccional. Los otros disputaron en
todo momento el liderazgo otorgado por Perón a su delegado personal. La creación
del Consejo Coordinador en 1958 reflejó este proceso.
Hacia fines de 1959, momento en el que se desarrollaban las acciones de la
guerrilla, las 62 Organizaciones volvían a ser conducidas por los dirigentes de
los grandes sindicatos desplazados a principios de año. Su estrategia se
volcaría desde este momento a lograr que el gobierno desarrollista les
devolviera la Confederación General del Trabajo, que permanecía intervenida. En
el pasado habían apoyado, aunque con vacilaciones, los planes insurrecionales,
pero no era ahora el momento para alentar el desarrollo de una guerrilla en el
norte del país. Los dirigentes políticos confiaban en que el progresivo retorno
a la actividad política electoral les devolviera el rol protagónico que habían
perdido en los años de clandestinidad y de ninguna manera podían verse
entusiasmados con un proyecto subversivo si no habían aprobado las acciones de
los primitivos comandos. Por último, si los comandos se entusiasmaron con la
idea de la ampliación de la esfera de la lucha con nuevos métodos como los de la
guerrilla tucumana, seguían esperando el levantamiento de algún militar
peronista. Pero más importante aún, sus acciones se desarrollaban en ciudades de
provincia o en Buenos Aires, cuyas geografías nada tenían que ver con la
instalación de un foco de guerrilla rural. Por último, la extensión y dureza
represiva del plan Conintes y el fracaso del levantamiento militar dirigido por
el general Iñiguez en noviembre de 1960 los diezmó haciéndolos virtualmente
desaparecer. Dadas estas circunstancias, resultaba dudoso que el primer
levantamiento guerrillero de la Argentina contemporánea resultara una opción que
cosechara fuertes apoyos en el movimiento.
Otro punto oscuro en el origen de la guerrilla ha sido el de la dirección o
participación de John William Cooke en los Uturuncos y en la Unión de
Guerrilleros Andinos . Para 1958 la posición de Cooke, como delegado personal de
Perón y como dirigente del Comando Táctico se había debilitado, al punto que
este último organismo había sido reemplazado en octubre por el Consejo
Coordinador y Supervisor del Movimiento, de nueve miembros. En 1959, luego de la
toma del Frigorífico Nacional y la huelga general de las 62 Organizaciones en
apoyo a la misma, el Bebe fue descalificado por el Consejo a raíz de la
publicidad de un documento a favor de la huelga y en contra de la dirección
sindical. Con su captura recomendada, comenzó un período de persecución y
clandestinidad. Salió del país y se reinstaló en Montevideo, realizando viajes
periódicos a Buenos Aires. Pese a todo, siguió manteniendo la correspondencia
con el general en el exilio, pero no en roles de dirección atribuidos por Perón.
En el segundo semestre, impulsó con intelectuales de otras fuerzas políticas el
semanario Síntesis. En noviembre, reingresó clandestino al país para disertar en
el Congreso por la Liberación Nacional, realizado por las 62 organizaciones.
Finalmente, en abril de 1960 comenzó su estadía en Cuba . Su figura, hacia fines
de 1959, era la de un dirigente importante y escuchado en algunos ámbitos del
peronismo pero sin capacidad de dirigir los diferentes dispositivos tácticos
como los comandos, el aparato político y los sindicatos y, más aún, despreciado
como trotskista por algunos sectores del movimiento.
Pese a todo, ¿fue Cooke el ideólogo, la dirección de la guerrilla tucumana o por
el contrario, tal como ocurriera con la toma del frigorífico a principios de
año, le fue atribuida la dirección luego de producido el estallido? A juzgar por
la historia de relación existente entre el comando 17 de octubre y su par de
Buenos Aires, el Comando Nacional Peronista, Cooke y Mena se conocían de tiempo
atrás y habían desarrollado planes de resistencia en conjunto. Queda claro, a
partir de la participación de Alicia Eguren que Cooke era parte de la partida
guerrillera y que por intermedio de su mujer prestó todo su apoyo para obtener
recursos y militantes para desarrollar la guerrilla tucumana. En 1961, cuando ya
estaba instalado en Cuba y su visión del camino revolucionario pasaba por su
identificación con el proceso seguido por Fidel Castro, le envió una carta al
compañero Alhaja, Genaro Carabajal, a quién le había solicitado que viajara a la
isla. En ella expresa con claridad su opinión sobre la guerrilla de los
Uturuncos:
Para ella [Olga Carabajal, esposa de Mena] y para el chiquito, así como para
todos los heroicos compañeros que hoy sufren cárcel y persecución por plantear
por primera vez una forma definitivamente revolucionaria de lucha en el país,
nuestro mas entrañable afecto y nuestro constante recuerdo. [...] Muchos los
llamaron, sin duda alguna aventureros. Yo quisiera saber que hicieron en
concreto los que eso dicen. En la lucha revolucionaria siempre es igual. El que
triunfa es un héroe nacional; el derrotado es un provocador.
La pertenencia social de los Uturuncos tampoco deja lugar a dudas y es similar a
muchos comandos de otras zonas del país. En primer lugar resalta la edad de los
combatientes. La mayoría del grupo más numeroso, el que participó en el asalto
de la comisaría de Frías, tenía entre 15 y 20 años al momento del ataque; los
líderes bastante más entre 30 y 35-, aunque Juan Carlos Díaz tenía sólo 19. La
mayoría habían sido reclutados en los barrios circundantes de la ciudad de San
Miguel de Tucumán y pertenecían a familias humildes de la zona. En la red de
apoyo político el espectro obrero se ampliaba a la clase media y era conformada
por pequeños comerciantes, empleados estatales, obreros de los ingenios,
dirigentes gremiales, militares retirados y algunos profesionales como médicos y
abogados. Ello puede explicarse desde el conjunto social que dio su apoyo al
peronismo, mayoritariamente obreros o trabajadores de escasos recursos, aunque
también sectores de clase media o de la burocracia estatal. Es comprensible que
en una zona con fuerte trabajo organizativo gremial en manos de un poderoso y
combativo sindicato regional como la FOTIA, los más afectados por el
derrocamiento del peronismo fueran los que, movidos por un fuerte impacto
emocional, decidieran pasar a la resistencia y al ejercicio de la violencia que
consideraban legítima, tanto como ilegítima consideraban que era la violencia
del régimen militar.
La relación entre el comando 17 de Octubre y el sindicato azucarero de Tucumán
presenta más dificultades. Según el testimonio de Félix Serravalle, Benito
Romano, quién luego sería secretario general de la FOTIA, y su hermano Antonio,
delegado de ingenio, formaban parte del comando integrando la red de apoyo.
Algunos obreros de los ingenios brindaron su colaboración y pusieron en riesgo
sus casas y la integridad de sus familias para proteger a los combatientes. De
todas maneras, es posible aplicar para el comando tucumano los argumentos que
Daniel James esbozó para el fenómeno en general. Los objetivos comunes de los
comandos y los sindicatos se fueron escindiendo debido a la lógica dispar de
ambos grupos organizativos. Aunque la FOTIA fuera uno de los sindicatos más
combativos del país, la legalidad que le fue ofrecida a su accionar dentro de
parámetros legales la alejaba de sus compañeros de lucha, los que no sólo
enmarcaban su combate en el plan más vasto de insurreccionar la zona sino que
eran y no podían dejar de ser- ilegales y clandestinos. La organización de los
obreros azucareros fue realizada en la tradicional estructura sindical porque
formaba parte de su cultura, de sus ideas y valores. Durante el año 1959, la
lucha de los obreros del azúcar resultó triunfadora en una época en que la
mayoría de los conflictos fueron derrotados. De todas maneras, si el resultado
fue un triunfo gremial, también fue la chispa que encendió la indignación de
aquellos cuyos objetivos eran el regreso inmediato de Perón al poder. El día en
que la represión mató a ambos obreros, muchos integrantes de los Uturuncos se
contaban entre los manifestantes, pero sus caminos se bifurcaron cuando la
guerrilla se instaló en el monte. De todas maneras, los dirigentes de la FOTIA
no se desentendieron de sus compañeros y les brindaron apoyo mientras duró su
detención. La línea dura de las organizaciones sindicales peronistas les prestó
colaboración en todo momento.
Varios militantes de los Uturuncos siguieron combatiendo en las guerrillas de
los años sesenta. En 1962, las experiencias de la izquierda y del peronismo
comenzaron a cruzarse cuando los Uturuncos y otros militantes peronistas
viajaron a Cuba . Pero el origen de la guerrilla argentina obedeció menos a la
influencia cubana que al debate que se instaló en los grupos clandestinos del
peronismo ante el fracaso de la estrategia insurreccional.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Recomienza
la lucha: Relato desde 1958 a abril de 1960
Acerca de la experiencia de las acciones de Uturuncos.
Las nuevas directivas
Como lo había previsto Perón empieza nuevamente la lucha, ya que Frondizi no
cumple lo pactado.
En durísimos términos califica al gobierno frondizista por haber traicionado sus
compromisos. Denuncia que Frondizi está entregando el país al extranjero, que
siguen los dirigentes peronistas sometidos por procesos fraguados por la
dictadura. Lo denuncia también por continuar con la ilegalidad del peronismo,
por mantener la desnacionalización del Banco Central, por encarcelar a obreros y
someterlos a los tribunales militares y por dar legalidad a todos los
decretos-leyes de la Tiranía de Aramburu y Rojas. Y en definitiva por cumplir
con los mandatos que le imponen la oligarquía y los militares, sin respetar el
pacto firmado.
"Es indudable que detrás de este gobierno están actuando las fuerzas
oligárquico-capitalistas, representadas por los mismos parásitos que el 16 de
septiembre derrocaron con un cuartelazo al Gobierno Constitucional elegido por
el Pueblo"
Así declara a Frondizi como enemigo del Movimiento Peronista y como traidor a la
Patria y al Pueblo, e indica que la acción que durante los últimos tres años se
desarrolló en la clandestinidad y en la resistencia civil debe seguir con
tenacidad y firmeza. "El peronismo debe ponerse en pie de guerra, como en 1945,
para combatir la explotación y la injusticia..."
Llama, sin medias tintas, al camino de la "resistencia y la insurrección"
Otra vez en la calle
A partir de 1959 Perón empieza a mandar nuevamente directivas a través del
Comando, para que reactiváramos la resistencia, ahora contra Frondizi.
Como teníamos todo armado, no hubo nada más que empezar de nuevo.
En La Plata se habían formado varios grupos que habían quedado en compás de
espera por la orden de Perón. Cuando Perón da de nuevo la orden de luchar,
empezamos el accionar.
Continuó de la misma manera que en las últimas épocas de Rojas y Aramburu,
violento. Bombas, incendios y sabotajes.
En La Plata se habían formado cinco células, que no se conocían entre sí. El
único que las conocía era yo.
Volví a organizar el circuito de entrega de materiales. El sistema funcionaba
como una cadena: unos grupos robaban los materiales, otros armaban los
explosivos, otros los traían a La Plata, y se entregaban a las células que eran
las encargadas de realizar los operativos. Dentro de esa cadena mi función era
recibir los materiales, para luego hacer las entregas a las células de acción
directa.
El contacto con los compañeros era en la calle, no se hablaba en ninguna oficina
ni en ningún lugar determinado.
Mirándolo desde el presente me hace acordar a algunas películas. Ahora lo cuento
así como una cosa simple pero la cuestión era brava.
Empiezo a recibir materiales y los entrego no sólo en La Plata, sino a todo el
Gran Buenos Aires. Había tres tipos de bombas: las de mecha, las de detonador y
las de tiempo.
Julio Troxler preparaba los relojes para las bombas de tiempo y me los
entregaba.
Sabía del tema porque había sido de la policía.
Uno de los grupos más activos los constituían los compañeros que funcionaban en
ATE (Asociación de Trabajadores del Estado). Al grupo lo formaban Eduardo
Leguizamón, Lombardi, Haroldo Logiurato, Melo y Babi Molina, entre otros.
También un tal Batisti que había venido a través de la Resistencia desde
Rosario. Se había empezado una especie de rotación de compañeros, para que no
los conocieran en los lugares donde venían a actuar.
Había otros grupos, como el de Miranda, Cantín, Hugo March y Casano.
En la parte gremial, uno de los más activos de La Plata fue Tito Pierini, del
gremio de los petroleros.
Yo también tenía conexión, a través de Delfor Díaz, con un grupo de suboficiales
que integraban entre otros Di Leo, Chávez y Di Gracia.
Simultáneamente a este accionar de La Plata, se producía en el Gran Buenos
Aires, intensivamente, la colocación de bombas.
En Córdoba, en Mendoza, en todos lados.
Cualquiera que busque en los diarios de la época puede comprobar que eran cien
bombas por día que explotaban en el país.
Un grupo del Gran Buenos Aires le había colocado una bomba a Patrón Laplacete,
que había intervenido la CGT. La habían puesto, entre otros, dos mujeres. Porque
en la Resistencia intervinieron muchas mujeres, y eso hay que destacarlo.
Anteriormente otros compañeros habían puesto una bomba en un edificio de Luz y
Fuerza. Atilio Moya, que había sido dirigente (creo que de los azucareros), y
una chica, que estuvo exiliada después que nosotros en Montevideo. Era maestra,
Lucía Arauz de Lamadrid. Uno la veía y era una dulce maestra de primaria. ¡Y con
ese apellido!. No sospechaban nunca que actuaba en la Resistencia. Entre Moya y
ella la pusieron. Ella le hizo de apoyo en una confitería, en Once. Voló todo el
edificio. Había sido en Capital. Una bomba fuerte. Hizo estragos en el edificio
a dos cuadras del Congreso, detrás del Congreso.
Yo estaba cubierto por mi supuesto trabajo de jefe de ventas, pero tampoco era
creíble que pasara de ser un activo militante a sólo un promotor de venta de
metales, así que para despistar mi actividad dentro de la Resistencia, yo
también actuaba en distintos estamentos. Habíamos constituido la Comisión de
Retorno de Perón con el Capitán Otero, Juan Unamuno que había sido socialista
convertido en peronista, Huwiller, Carlos Gelaber, el Dr. Carlos Carrasco, entre
otros. Fue la primera Comisión pro retorno de Perón.
Para esa época se produce el intento de subversión de los Uturuncos en Tucumán.
Uno de los hijos de don Juan Unamuno que integraba conmigo la comisión de
retorno de Perón estaba es esa organización, que a la manera de la guerrilla
rural, se habían encerrado en la sierra de Tucumán. Desde ahí amagaban con
propagar sus acciones.
Este hijo, nos pide a través de Unamuno que le hiciéramos llegar radios y planos
de la zona, para poderse desplazar. Eran ya guerrilleros. Entonces yo, que a esa
época no estaba descubierto como miembro de la Resistencia, voy al Instituto
Geográfico Militar y compro los planos de la zona y se los hago llegar a los
guerrilleros Uturuncos.
El Ingeniero Cédola, que había sido Ministro de Obras Públicas de la Provincia
de Buenos Aires, colaboró con el dinero para la compra de "materiales".
Compramos radios y les mandamos a este grupo Uturuncos, que al final se tuvieron
que entregar. Pero crearon un foco de rebelión que cambió la forma de
enfrentarse al gobierno. Asustaron bastante.
Uno de los que colaboraba conmigo e integraba la Comisión de Retorno de Perón,
era como ya dije el Doctor Carlos Carrasco, que lo habían cesanteado como Juez
por peronista.
Trabajaba en Buenos Aires de abogado, con otros abogados en un escritorio en
Cerrito y Avenida de Mayo.
En La Plata, nos reuníamos en la casa de Huwiller, en calle 8 y 54. Huwiller
había sido Secretario de la Cámara. Nos reuníamos en la casa de él, con este
Doctor Carrasco, Otto Burgos, Marizcurrena, entre otros. Carrasco colaboraba con
información. Como él tenía contacto con otros abogados, traía información de los
Servicios de Informaciones, de las altas esferas de la Nación.
La acción era intensa y peligrosa, recuerdo que al caminar por la calle
continuamente miraba para atrás y para los costados, esperando que en cualquier
momento me descubrieran.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Entrevista a Ernesto Salas, autor de
"Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista"
«LA GUERRILLA PERONISTA NO NECESITABA CONCENSO PORQUE EL PUEBLO ES PERONISTA»
Por Gabriel Martín
Ernesto Salas fue un militante peronista en los ’70, y la lluvia de plomo lo
llevó a estudiar los diversos por qué sobre lo que había pasado y sobre lo que
le había tocado vivir. Aparenta menos años de lo que ha vivido y lleva una vida
austera, acorde a su pensamiento, vendiendo libros en el centro porteño. También
es sencillo en su intenso hablar, no posa como los historiadores «oficiales» y
su trabajo lo muestra. Autor de «La Resistencia Peronista, La toma del
frigorífico Lisandro de la Torre», Salas se remontó a la primera organización
guerrillera del peronismo, investigación que plasmó en su reciente libro
«Uturuncos, el origen de la guerrilla peronista».
¿Tomás el caso Uturuncos como la primera fuerza organizada y coordinada del
peronismo luego del bombardeo a Plaza de Mayo en 1955?
Hubo un primer proceso de resistencia insurreccional, que va del ’55 al ’58, que
también estuvo organizado. Uturuncos no fue más organizado que lo anterior, lo
que había fracasado fue la hipótesis de la insurrección, para los que dirigían
Uturuncos; sobre todo después de la separación de John William Cooke de la
conducción, y después de la huelga del frigorífico (Lisandro de la Torre) en
enero de 1959, donde se dan las condiciones posibles de la insurrección, que era
la huelga general y la acción de los Comandos de la Resistencia, hecho muy
sonado a nivel nacional. Eso fracasa por distintas razones, que después cada uno
hará reflexiones sobre el asunto, como hizo Cooke. Para este comando que estaba
en Tucumán, la reflexión es «acá se terminó un período y hay que hacer algo
nuevo», porque no es que esto funcionó, no funcionó la idea que la huelga
general y una serie de atentados más o menos organizados a nivel nacional, iban
a expulsar a la dictadura, entonces deciden pasar a una etapa diferente. No era
algo que proponían al conjunto del Movimiento, ellos lo ejecutaban como comando
independiente de Tucumán, con una relación muy fuerte con Cooke. Lo importante
es que esto es un hallazgo, al menos para mí, que fue entender que la guerrilla
en la Argentina surgió de una reflexión interna de los sectores en conflicto en
el país, no de algo transportado, sacado de una experiencia externa y aplicada
acá, como fue el caso de la Revolución Cubana. El origen real, de la primer
guerrilla argentina que son los Uturuncos, surge de una reflexión interna y no
de una copia a la Revolución Cubana, aunque tenía cierto atractivo que se había
producido la revolución en la isla, aunque si tuvo mucha influencia la guerra en
Argelia.
Pero en varios pasajes del libro se presentan ambas influencias.
Sí, pero el peronismo tuvo una relación ambigua con la Revolución Cubana, no con
la de Argelia, que era más claramente una guerra de liberación. En el caso
cubano, la idea de que los norteamericanos le habían soltado la mano a Batista,
que le habrían dado un apoyo a Fidel, y no sólo esto sino que los sectores de
poder en Argentina reflejaban en los diarios, era que la Revolución Cubana había
derrocado a un tirano que era Batista, que era igual que Perón. La madre del Che
le escribe una carta en ese tono y el Che le contesta «ahora estarás contenta
porque vos y los de tu clase tienen lo que tienen», pero Batista no era igual
que Perón, en realidad, el Che, que no era para nada peronista, dice «allá, en
Argentina las sirvientas lloraban la caída de Perón, en Cuba el pueblo no lloró
a Batista», y ahí está la absoluta diferencia. En un momento el Che llegó a
decir que el único sector gris que quedaba en Latinoamérica era la Argentina,
luego del derrocamiento de Arbenz en Guatemala, ya que para él Perón no era un
líder revolucionario, pero de hecho no era un líder proyanqui, y ahora ese gris
había cambiado y con la Libertadora los norteamericanos podían controlar el
conjunto de Sudamérica. La Revolución Cubana era mal vista. En el diario La
Nación, aparecían alabanzas a la Revolución Cubana en sus primeros quince días,
y todos los periodistas buscaban al argentino que había participado en esa
revolución. Por eso para el peronismo le resultaba muy sospechosa la revolución
cubana, más allá de que algún peronista individual le gustara la idea de la
guerra de guerrillas, pero no era el caso de los Uturuncos, para ellos corrían
los mismo prejuicios que para el conjunto del peronismo.
Pero hay testimonios en el libro que marcan lo contrario...
Bueno, Serravalle en su testimonio dice: «Nosotros vimos los triunfos del Che y
de Fidel, y pensamos en imitarlos», pero eso es una reflexión de él. La realidad
es que en un principio, el peronismo tuvo mucha desconfianza a la Revolución.
Igualmente, está también las palabras de Guillén, y no sólo él, que la única
forma de traerlo a Perón era con la guerrilla.
La diferencia que tiene esta particularidad de la guerra de guerrillas, es que
los intelectuales de Buenos Aires que quieren hacer una guerrilla en Tucumán, es
que no viven en esa provincia. Los tucumanos tienen el cerro al lado. No es lo
mismo vivir en una región donde hay selva y pensar en llevar la guerra allí, a
pensarlo teóricamente y definir que la guerra tiene que hacerse en la selva, y
trasladar la guerrilla a la selva. Esta gente vive en Tucumán. La guerrilla de
Uturuncos no es un foco, no tiene esa concepción porque no piensan que eso va a
«iluminar» al conjunto de la población. Tampoco era una guerrilla rural, porque
la mayoría de los militantes eran de la ciudad, tenía cierto carácter rural
porque consideraron que el lugar más fácil para poder iniciar una guerra era la
selva, y la selva está al lado, y suben a la montaña en el momento que lo
necesiten. Uno tiene la idea de la guerrilla más parecida a la de los ’70, de
intelectuales que plantean en determinado momento qué es lo que había que hacer;
pero acá también había intelectuales, que deciden que la etapa insurreccional de
los primeros tres años de resistencia ha fracasado, y que ahora hay que llevar
la guerra a otros campos. En este sentido sí hay cierta copia, podríamos decir,
a la experiencia cubana en cuanto a la guerra de guerrillas, pero la guerrilla
no es un invento de los cubanos. La idea en sí, era una guerrilla con
posibilidad de moverse libremente en un territorio no controlado, atacar por
sorpresa y combatir a un enemigo infinitamente superior con un grupo mal armado.
En ese sentido Guillén tiene muy claro la guerrilla, de hecho luego escribirá
los tratados de guerrilla urbana, de los que hay dos, el de Madriguera en
Brasil, y el de Guillén publicado en Uruguay. Guillén lo tenía claro en ese
sentido, ahora de ahí a que la guerrilla estuviera trazada con tiralíneas, creo
que no. Pienso que hay una reflexión sobre lo que está sucediendo y una
improvisación en el camino.
También marcás que tenía un contacto fluido con John William Cooke, que si bien
no lo tomás como un foco en particular, la idea era que esto genere una reacción
en el resto del país con el objetivo final de traerlo a Perón al país.
Lo que pasa es que a diferencia de otras guerrillas, la guerrilla peronista no
necesita de antemano contar con el consenso de la población, porque el consenso
de la población lo tiene, porque el pueblo es peronista. Por eso marco en el
libro marco muy claramente, cómo se había votado en cada una de las elecciones
posteriores al derrocamiento de Perón, por opciones peronistas o por otras que
el peronismo había ordenado como el voto en blanco en 1957 y la elección a
Frondizi en el ’58. La mayor parte del electorado tucumano era peronista. Por lo
tanto una guerrilla, o un intento armado de la característica de Uturuncos, en
la montaña de Tucumán atraía adhesiones, no necesitaban justificar por qué se
habían levantado, estaba claro. Esto es una diferencia de otras guerrillas que
al no pertenecer a la identidad popular, tratan de justificar su acción por la
identidad popular pero esta no le es propia, por lo que el pueblo puede decir
«esto no es nuestro». Se levanta una guerrilla por el retorno de Perón, y la
gente peronista lo entiende.
Por lo general se toma la experiencia de Uturuncos como un alzamiento aislado,
reivindicatorio del peronismo, pero no articulado.
Claro, pero es importante aclarar de Uturuncos, es que no es independiente.
Incluso después de que Cooke es separado de la conducción, se establece un
consejo supervisor del peronismo, y un organismo llamado el COR, el Comando de
Operaciones de la Resistencia, que lo dirigía el general Iñiguez, que era un
militar, no era casualidad que no fuera un civil, porque la finalidad era tratar
de subordinar todas las expresiones armadas civiles, a este comando dirigido por
este General retirado. Uturuncos no actuaban de forma independiente, de hecho,
una de las versiones que se manejan es que Uturuncos tratan de hacer el
operativo de la toma de la comisaría de Frías, porque hay una especie de
coordinación de grupos de Iñiguez del COR, para hacer una especie de
levantamiento cuasi insurreccional hacia fines de ese año, que Iñiguez no lo
hace hasta un año después, cuando intenta el golpe en agosto del ’60. Es decir,
ellos no eran absolutamente independientes para definir sus políticas. Lo eran
en la medida de que por ese momento la resistencia era bastante inorgánica y se
hacía bastante lo que se daba la gana, pero en cierto modo, para tratar de tener
cierta efectividad trataban de coordinar con aquellos que tal vez no sean de la
misma línea política que ellos tenían, como en el caso de Iñiguez.
Más allá que la experiencia de Uturuncos duró apenas casi un año, fue un
acelerador hacia la lucha armada para enfrentar a la dictadura y buscar el
retorno de Perón.
Uturuncos abre una puerta. Ellos dejaron entrever que los comandos estaban muy
mal armados en lo previo, aunque tenían otras funciones. Lo que tratan de hacer
es especializar la resistencia. Así como la resistencia había pasado del petardo
casero al explosivo; en el caso de organización lo mismo, el comando era un
grupo casi informal de personas que esporádicamente se reunían con un objetivo
político, la guerrilla implica un compromiso diferente, ni más ni menos pasar a
la guerra. En este sentido, el debate de los Uturuncos es mucho más sencillo que
la discusión posterior, no es el ejemplo y de ahí en más todos van a la
guerrilla. Entre junio del ’60, cuando los Uturuncos ya están prácticamente
desarticulados, hasta la experiencia de Taco Ralo de las FAP (Fuerzas Armadas
Peronistas), en el ’68, lo que hay aparte de algunos intentos guerrilleros, se
genera un inmenso debate. Entre casi todas esas guerrillas, como el Ejército
Guerrillero del Pueblo de Jorge Ricardo Massetti que fue en apoyo del Che,
Tacuara, como el grupo del Vasco Bengoechea, son no peronistas, salvo Tacuara.
Estas guerrillas van a estar vinculadas directamente a la idea del foco, ocho,
diez o quince personas, que es lo que decía el Che que era necesario para armar
un foco, colocadas en un territorio tratando de hacer una resistencia y llamando
al resto de la población a combatir, por motivos claros de la época. No se
plantea la organización política como parte constitutiva del grupo. En el caso
de los Uturuncos fue al revés, en la etapa de comando, que era bien política, y
después decidieron llegar a la estrategia guerrillera. En cambio en el otro
caso, recién va estar el planteo posfoquista en las grandes organizaciones, como
las FAP, o ya en Montoneros o el ERP. Aquí se plantean una etapa diferente. Para
el ERP el la concepción del partido es lo fundamental. Montoneros empieza como
una organización cuasi foquista, ligada al peronismo, y se abre como
organización política en las elecciones de 1973. La mayor parte de las
experiencias posteriores van a tener una preocupación muy fuerte por ambos
aspectos, no sólo por la guerra. Todo el período anterior, del ’59 al ’68, son
experiencias efímeras, que duran el tiempo que tardan en detectarlas, casi no
asentadas en el territorio, con pocas redes políticas, salvo las FAP que su
diferencia y marca el ’68 como momento de inflexión, es que aunque el campamento
de las FAP es descubierto y desarticulado, la organización perdura en el tiempo,
mientras que las anteriores cuando sucedía esto, desaparecían. Tanto los
Uturuncos, como el EGP, como Bengoechea, cuando caía la represión sobre ellos,
el grupo se extinguía, porque no tenían una red más amplia más allá de la
necesaria para armar la guerrilla.
También marcás cuestiones ejemplares sobre la convicción de lucha, como el caso
de la FOTIA a los que Perón los «corta», y luego del ’55 son los primeros en
plegarse a la Resistencia.
Sí, a mi me pareció como una cosa ejemplar. El objetivo real del pueblo es la
organización para su propio beneficio en la lucha. A veces es mucho más fuerte
la conciencia de un trabajador, como un dirigente de las huelgas durante el
peronismo, de seguir siendo peronistas porque sabían que este era el camino, más
allá de Perón. Es lo mismo que le pasó a Cipriano Reyes: era un matón, no era
aquel ««lúcido militante de la carne», era un tipo bravo de un sindicato fuerte
en una época complicada. Antes que a Perón lo bajen de la vicepresidencia en el
’45, en un acto en Berisso en el que iba a hablar Perón no lo dejaron hablar, le
cortaron el micrófono a Perón. Y Reyes, que sabía que Perón no era su enemigo,
como viejo pillo sabía que su éxito estaba atado al de Perón, tanto como un
montón de trabajadores. Por eso, podía estar en las barricadas del 17 de octubre
un tipo que había sido casi excluido.
Volviendo a la FOTIA, la huelga del ’49 que la enfrentó a Perón había sido muy
fuerte.
¿Qué había pasado con la FOTIA? Había tenido una huelga muy grande en 1949, y
fue descabezada por Perón otorgando todos los beneficios que el gremio pedía,
pero al mismo tiempo la FOTIA debía estar dentro de un sindicato más grande.
Algunos de los participantes de la huelga, son echados del sindicato y
desafiliados del peronismo. En el caso de Romano, a pesar de participar en la
huelga del ’49, va a tener un cargo menor en el segundo gobierno peronista.
Cuando viene la etapa de la Resistencia, no es una casualidad de que haya
muchísimos peronistas en cargos de baja graduación, como ser delegados u obreros
comunes, cuando se produce el golpe militar, salgan a hacer algo. Y en ese
«hacer algo» remplazan a aquellos anteriores, que estaban presos, que querían
negociar y ver como zafaban, porque no todos fueron al combate, había tipos que
se ocultaron y se metieron debajo de la cama, como Antonio Cafiero, no
existieron en la Resistencia más allá de que ahora se quieren reivindicar de la
Resistencia.
Ahí se da todo un reacomodamiento del peronismo como fuerza popular.
Y, ahí los peronistas se ven despojados de su gobierno, del Estado, del partido,
se despojaron de los dirigentes acomodaticios del peronismo, entonces, «ahora se
ven los pingos». Como dice uno de los documentos del Comando Nacional Peronista,
«ahora el verdadero dirigente hay que demostrarlo». Porque ahí es cuando había
que demostrar, porque dirigente no es el que ejerce cuando está todo bien, lo
alabamos a Perón, cuando comemos todos. Cuando se nos vienen encima, los
verdaderos dirigentes son los que luchan y los que no luchan, son unos traidores
que estaban negociando. Hubo como una especie de primer limpieza del peronismo,
en la cual de aquellos acomodaticios fueron reemplazados por los nuevos.
Entrevista
de la revista Mayoría a un comandante uturungo (sic)
"NOS CONSIDERAMOS SOLDADOS Y COMO TALES RECLAMAMOS EL MISMO TRATO QUE DAREMOS A
QUIENES TENGAN LA DESGRACIA DE LUCHAR CONTRA NOSOTROS"
[Fragmentos del reportaje publicado en la revista Mayoría en enero de 1960]
LOS OBJETIVOS DE LA LUCHA
¿Por qué motivo se ha levantado Ud. en armas con sus hombres?
Acicateados por nuestro orgullo de argentinos conscientes de que la Patria
maniatada esta siendo convertida en una colonia del imperialismo, hemos resuelto
tomar las armas en su defensa. Hemos jurado ante dios, fuente de toda razón y
justicia, como así ante el Padre de Patria, General José de San Martín, morir
por ella ante de verla postrada y encadenada a la voluntad de potencias
extranjeras.
¿Cuál es el objetivo final de la lucha?
Nuestras banderas son la Soberanía Política, la Independencia Económica y la
Justicia Social. Entendemos a la Soberanía Política como la unidad espiritual de
la Nación y la real afirmación de la personalidad de la Patria en sus relaciones
con el mundo, aspirando a la recuperación de los grandes valores morales sobre
los que fue fundada. Entendemos que la Independencia Económica nos impone la
recuperación de todos los resortes económicos y financieros de la Nación,
vilmente entregados al extranjero por los mercaderes que la venden en criminal
remate. Entendemos la Justicia Social fundada en la promoción de los
trabajadores a la dignidad que corresponde en una concepción cristiana de la
persona humana; de la familia y del trabajo; reconocimiento del derecho y de la
obligación de trabajar; a una retribución justa; a las condiciones dignas del
trabajo; a la prevención de la salud; al bienestar; a la seguridad social; a la
consolidación de la familia; al mejoramiento económico y a la defensa de los
intereses profesionales.
EL PROGRAMA CONCRETO
¿Cuál es el programa concreto de su movimiento?
Bajo la protección de esas banderas consustanciadas con la gloriosa enseña azul
y blanca, que preside nuestros destinos, juramos vivir o morir por los
siguientes objetivos:
1) Retorno a la Patria del general Juan Perón, y devolución del cadáver de la
protectora de los humildes Eva Perón.
2)Rescisión de los contratos económicos financieros que afectan a la soberanía y
dignidad nacional, especialmente los contratos petroleros, Cade, Ansec, Otto
Bemberg, Dinie y todas las entregas efectuadas con el patrimonio del país al
Fondo Monetario Internacional y demás instituciones del imperialismo.
3)La coexistencia armoniosa y prospera de una industria y comercio floreciente,
una clase media y profesional progresista y una masa trabajadora dignificada y
participe de la riqueza de la Nación. Para que ello pueda ser realidades llevara
a cabo como base principal una amplia y profunda reforma agraria, eliminando
definitivamente en el país la gravitación de la funesta oligarquía
terrateniente.
4)La promoción de una amplia política familiar que respetando su intimidad,
fecundidad y espiritualidad, promueva su constitución y desenvolvimiento sin
quebrar su unidad; un régimen de remuneraciones que contemple las asignaciones
familiares; la adquisición en propiedad de viviendas dignas, el derecho de los
padres a la educación de sus hijos y su efectivo ejercicio, cualquiera fuere su
situación económica.
PROTECCION DE LA INDUSTRIA NACIONAL
5)El establecimiento de un sistema económico financiero que proteja a la
industria y al comercio nacional, al borde ya de la quiebra, por los sistemas
económicos liberales, entronizados en nuestra Patria desde setiembre de 1955.
6)Conscientes del inmenso esfuerzo que deberá realizar la clase trabajadora para
hacer reflotar el país del abismo a que ha sido precipitado, los que ofrendamos
nuestras vidas al servicio de su liberación pediremos a nuestros hermanos
trabajadores y asalariados que homenaje a la patria, ofrezcan al gobierna
revolucionario la suscripción de un Empréstito de Salvación Nacional, que
integraran con el valor de dos horas de trabajo diario suplementario, durante un
periodo de tres años, y que será rescatado en veinte años.
7)La convivencia de todos los argentinos y extranjeros que habitan el suelo
patrio, sin discriminación de colores y matices políticos e ideológicos. Ello
significa que nos anima un afán de secta ni la petulancia de poseer el monopolio
exclusivo ni excluyente de la mejor razón.
8)Recuperar la Tercera Posición, pregonada y practicada por el general Juan
Perón, que continuara siendo la bandera del pueblo para el pueblo en convivencia
dinámica y constructiva con todas las naciones y regímenes políticos y sociales
de la tierra.
LA GUERRA DE GUERRILLAS
¿Cree Ud. Que la Argentina por su topografía, permite una prolongada actividad
de guerrillas, a pesar de los armamentos y métodos modernos de que puedan
disponer las fuerzas de represión?
La guerra de guerrillas es la guerra revolucionaria del pueblo en armas, contra
la cual se estrellan los ejércitos que son utilizados para enajenar la soberanía
de la Patria. Estamos seguros de que el Ejercito Argentino no peleara en defensa
de un Gobierno que traiciona la Nación y que ha cerrado al pueblo todos los
caminos normales. Confiamos en que excepto los altos jerarcas militares
entregados al oro extranjero, los oficiales, suboficiales y tropa con sentido de
Patria no lucharan en contra de los hermanos que quieren liberarlas para todos.
En cuanto a la topografía, toda ella es buena, incluso las ciudades, si hay
corazones argentinos dispuestos a cumplir con su deber.
¿Qué sanciones contra los traidores al país o los que en la represión de su
Movimiento violen las normas humanas?
Los que traicionan nuestras propias filas, quienes repriman a sangre y fuego
nuestra gesta de liberación, o los que torturen y cometan atrocidades con los
integrantes de las guerrillas o sus simpatizantes en la retaguardia, serán
considerados por nosotros como criminales de guerra y pasados por las armas.
¿La guerrilla cuenta con apoyo moral y material de la población de las zonas en
las que opera?
Estamos seguros de que millones de hombres y mujeres sumaran sus voluntades y la
resolución de ofrendar sus vidas en los campos, pueblos y ciudades, antes que
ver condenados a sus hijos a la miseria y esclavitud. Las pruebas que hemos
recibido nos afirman en tal actitud.
UNA ADVERTENCIA A LA OPINION PUBLICA
¿Se consideran ustedes combatientes sujetos a las normas de la guerra?
Nos consideramos soldados, y como tales reclamamos el mismo trato que daremos a
quienes tengan la desgracia de luchar contra nosotros. Desde ya anticipamos que
cuidaremos ajenos como los propios, y devolveremos a su hogar a todos los
prisioneros que caigan en nuestras manos. Solo retendremos y juzgaremos a los
jefes que hayan cometido crímenes de guerra. Los hombres y mujeres que nos
enrolamos en la lucha conocemos que el aparato propagandístico nacional y
extranacional al servicio de la oligarquía nos hará objeto de las más atroces
calumnias y calificaciones. Los epítetos de bandoleros, comunistas,
nacionalistas, etc., adornaran seguramente los titulares de la prensa amarilla,
y cuanto crimen sobre en los archivos de la República será cargado a nuestra
cuenta. Ante esas perspectivas, deseamos advertir a la opinión que ello no
agreda nuestro animo de luchar y vencer, como así también que no perdonaremos
los crímenes que cometan con nuestros soldados, sus familiares y sus bienes.
¿No temen Uds. Afrontar a alas fuerzas de la represión infinitamente superiores?
Creo haber contestado anteriormente a esta pregunta, pero en todo caso pueden
ustedes decir que, cuando hemos resuelto afrontar esta lucha, no hemos tenido en
cuenta nuestra vida física. Tenemos la mejor razón histórica, combatimos por la
salvación del ochenta por ciento de los habitantes del país y ganaremos. No será
la primera ni ultima vez que un puñado de hombres salva a una Nación.
LA "OPERACIÓN FRIAS"
¿Se cumplió la finalidad de la operación Frías?
A la perfección y tal cual fue proyectada. Lo mismo sucederá con las próximas.
Nadie espere de nosotros operaciones diarias ni golpes espectaculares, pues
nuestra misión es liberar definitivamente a la Nación, y ello es una tarea larga
y penosa.
¿Tiene algo que decir con respecto al tratamiento que se ha dado a los hombres
capturados en Tucumán?
Hasta ahora solo sabemos de golpes y malos tratos cometidos contra algunos de
los compañeros que cayeron. Si confirmamos tales malos tratos, los cobraremos
oportunamente.
¿Cuándo terminara la lucha?
Hasta que regrese a la Patria el general Perón y se cumpla el programa que
enarbolamos.
¿Admiten Uds. combatientes de todas las ideologías?
Nosotros no hacemos discriminaciones respecto de los que quieren ser
combatientes por la Liberación de la Patria. Nuestras banderas alcanzan al
ochenta por ciento de la población, que en su diferente condición social pueden
y deben participar en la lucha.
CENTENARES DE UTURUNGOS
¿Es usted el único comandante Uturungo?
Soy y no soy el único Uturungo. Dentro de poco habrá centenares de Uturungos en
el país, incluso en los bosques de cemento armado como son las grandes ciudades,
donde también nacerán los Uturungos.
[De Ernesto Salas: "Uturuncos. El orígen de la guerrilla peronista (1959-1960)"]
Presentación
de Roberto Baschetti al libro de Ernesto Salas "Uturuncos. El orígen de la
guerrilla peronista"
Buenos Aires, miércoles 3 de Diciembre de 2003
La primera frase del libro que tengo el honor de presentar: Uturuncos. El origen
de la guerrilla peronista es a mi entender la clave y la razón de su existencia:
-Este libro pretende rescatar del olvido la primera fuerza guerrillera de la
Argentina contemporánea.
Ernesto Salas, amigo, colega en este hermoso y fantástico mundo de investigar,
lo logrará con creces. Situación que a nadie debe extrañar si conoce la
meticulosidad, el rigor histórico y la constancia que Ernesto presenta en cada
uno de los trabajos de investigación que encara, como por ejemplo en los dos
tomos de su opera prima, el recordado y ya clásico -La resistencia peronista: la
toma del frigorífico Lisandro de la Torre editado allá por 1990.
La temprana experiencia de los Uturuncos ha quedado relegada y casi olvidada, en
el fárrago de acciones políticas y militares de las organizaciones armadas
peronistas, ocurridas desde la caída de un grupo importante de las FAP en Taco
Ralo en 1968 y con muchísima mayor intensidad aún a partir del 29 de mayo de
1970, cuando Montoneros se da a conocer públicamente con el secuestro y
posterior ejecución del fusilador Aramburu.
Pues bien: ¿Por qué y de donde salieron los Uturuncos?. Ernesto Sala con visión
y criterio, hila, escarba, detecta, ilumina, en la riqueza de una historia que
arranca en los años inmediatos posteriores al golpe militar del 55 y advierte
con propiedad que es un error visualizar -a los gobiernos que sucedieron al
peronismo, como gobiernos moderados a los cuales también se les otorga el
beneficio del olvido en cuanto a los crímenes cometidos entre 1955 y 1966.
Crímenes que necesariamente no pasan solo por matar sino también por
discriminar, encarcelar, perseguir, torturar, humillar, apalear, violentar, a la
gran masa del pueblo argentino que sigue siendo peronista y fiel a las tres
banderas históricas del Movimiento.
Si hiciésemos un racconto de esos hechos, no nos alcanzarían los dedos de las
manos para enunciarlos y ordenarlos en el tiempo.
Antes de la aparición de Uturuncos podemos contabilizar:
1. Los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. Más de 250 muertos, el
triple de heridos por lo menos y numerosos mutilados. ¿Alguien sabe o recuerda
al menos el nombre y apellido de uno de esos muertos?
2. El golpe militar, violento y sangriento contra el gobierno popular y
constitucional de Perón elegido por el 62,49% de los votos.
3. Adhesión de ese gobierno de facto oligárquico y elitista surgido (Lonardi
primero, Aramburu y Rojas después), a los planes de entrega determinados por el
FMI. Todavía estamos pagando.....
4. Intervención a la Confederación General del Trabajo (CGT) que tenía para ese
entonces más de 5 millones de trabajadores afiliados y organizados.
5. Recordemos el famoso decreto ley 4.161 (ustedes ya saben a cual me refiero)
por el cual se prohibía desde el odio y el revanchismo ser peronista.
6. El robo del cadáver de Eva Perón. Abanderada de los Humildes y Jefa
Espiritual de la Nación, pero por sobre todos las cosas, mentora de las milicias
obreras armadas de autodefensa del gobierno nacional y popular peronista. Los
gorilas, ya en ese entonces, sabían a quien tenían que hacer desaparecer....
7. Aquí cito a Salas: -En esos primeros años las fuerzas militares y policiales
detuvieron a miles de personas, muchos de ellos fueron torturados y asesinados,
otros fueron enviados a las cárceles del extremo sur del país. La policía
disparó contra las movilizaciones de trabajadores y asesinó a varios obreros del
surco, del puerto, metalúrgicos; decenas de miles de personas fueron
inhabilitadas para ejercer cargos gremiales y políticos, miles figuraron en las
listas negras y no pudieron trabajar...
8. Los fusilamientos de obreros y civiles peronistas en junio de 1956 por la
reacción.
9. El voto en blanco triunfante del peronismo proscripto en las elecciones
constituyentes de 1957, que demuestra que ese pueblo no cambia de idea....
10. La traición de Frondizi en 1958, que sube como presidente con los votos
peronistas y luego hace todo lo contrario a lo prometido desde el llano. Como
puede apreciarse Menem tuvo en quien inspirarse....
11. El famoso Plan CONINTES instrumentado por el gobierno frondizista que llena
nuevamente las cárceles y prisiones del país con obreros y militantes
peronistas, que resisten los planes recesivos y entreguistas del imperialismo y
la oligarquía.
12. Y ya después de Uturuncos, las elecciones del 18 de marzo de 1962 en Buenos
Aires, que gana el candidato peronista Andrés Framini y por eso, precisamente
por eso, son anuladas de un plumazo, o mejor dicho habría que decir de un
sablazo, por los militares verdadero poder detrás del trono- que aprovechan la
circunstancias además, para destituir a un Frondizi que ya no les sirve para
nada.
Y así podríamos seguir con holgura citando barbaridades hasta 1966.
Bien dice Ernesto Sala, y lo cito textual: -...desde el punto de vista de los
que sufrieron la exclusión y la represión, la llamada primera resistencia, o
sea, la que se desarrolló entre 1955 y 1960, dejó una huella que se transformó e
integró en la tradición combativa de la década siguiente. Las bases peronistas,
liberadas de la tutela ejercida por el Estado y su partido y fogueadas por las
intensas luchas de la segunda mitad de los 50, se radicalizaron hacia ideas
nacionalistas revolucionarias, tanto en los sindicatos como en los comandos. La
práctica del sabotaje en las fábricas, los importantes atentados con explosivos
a empresas extranjeras o a las fuerzas represivas, el estallido de miles de
bombas caseras y las largas huelgas defensivas de casi todos los gremios
industriales se extendieron por todo el país. La experiencia se adquirió en el
camino.....
Ernesto Sala habla de huelgas y sabotajes.
Con respecto a la importancia de las huelgas, un diario que desde siempre
defiende las ideas del establishment no deja dudas al respecto. La Nación del
viernes 10 de octubre de 1958 tomando como fuente las Oficinas Técnicas de la
Policía Federal, señaló alarmada que en enero de 1958 (se estaba retirando
acosada, la mal llamada revolución libertadora) pararon en el país 496.292
trabajadores y que en el primer semestre de ese año, el total de horas trabajo
perdidas por huelgas sumó cincuenta millones y el país se perjudicó en
687.000.000 de pesos moneda nacional.
Si hablamos de sabotajes. Sería bueno recordar algo que pocos saben. De donde
viene el origen de la palabra sabotaje.
En Holanda fueron populares y lo siguen siendo- los zapatos de madera,
utilizados para trabajar en la tierra o en los pantanos. Esos zapatos nosotros
los conocemos como zuecos. Pero en Francia e Inglaterra se les dio el apelativo
de sabots. Por extensión , llegó a darse también el nombre de sabots a los
durmientes de madera del ferrocarril. Ahora bien, en 1910 en Francia hubo una
gran huelga ferroviaria y durante la misma, los obreros del riel aflojaron los
tornillos que sujetaban los rieles a los sabots. A partir de allí el
procedimiento se denominó sabotaje y abarcó muchas otras operaciones de
intención similar.
Según un informe confidencial y secreto dado a conocer por el Ejército
Argentino, a partir de la conferencia pronunciada por el entonces teniente
coronel Hamilton Alberto Díaz del Servicio de Informaciones de esa fuerza, y
bajo el título de Lucha contra el terrorismo, en la Escuela Superior de Guerra
en octubre de 1961, la actividad de la resistencia peronista fue muy intensa.
Entre el 1° de mayo de 1958 y el 30 de junio de 1961 (es decir un amplio período
del gobierno de Frondizi donde se gesta la aparición de Uturuncos) ocurrieron:
104 incendios de establecimientos fabriles, plantas industriales, vagones
ferroviarios, campos de estancieros, buzones con correspondencia oficial etc.
440 actos de sabotaje varios (obstrucción de vías férreas, perdidas
intencionales de combustible, derroches de agua corriente, destrucción de
medidores eléctricos y de gas, cortes de cables telefónicos y telegráficos,
ataques a miembros de seguridad, etc).
1.022 colocaciones de bombas, cargas explosivas y petardos.
En ese período de tiempo se contabilizaron 17 muertos y 87 heridos.
Del conjunto de ese accionar de la resistencia resaltan dos hechos que
conmovieron a la opinión pública.
a) 16 de febrero de 1960. En Córdoba, en la zona de Alta Gracia, se atenta
contra la empresa extranjera Shell-Mex. Arden 3 millones de litros de nafta y
400.000 litros de gas oil. Las perdidas materiales ascienden a 60 millones de
pesos moneda nacional.
b) 12 de marzo de 1960. En Mar del Plata incendian en forma intencional la
planta de almacenaje de la dirección de Gas del Estado. Se destruyeron 1.400
tubos de gas y las perdidas alcanzaron los 10 millones de pesos.
Por otro lado, es interesante, es loable, es en gran parte inédito, el análisis
que Ernesto Sala confecciona sobre lo que el acertadamente llama Procesos de
identidad colectiva y como los relaciona con el peronismo, la resistencia y el
imaginario colectivo.
Afirmará que: -La identidad de resistencia que es la que nos interesa, aclara-
es la generada por aquellos actores que se encuentran en posiciones o
condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de la dominación. Lo que
construyen entonces- son trincheras de resistencia y de supervivencia basándose
en principios diferentes u opuestos a los que impregnan las instituciones de la
sociedad.
Dirá también que -la identidad para la resistencia, conduce a la formación de
comunas o comunidades, donde se construyen -formas de resistencia colectiva
contra la opresión.
Y de allí se pasa a un nosotros, corporizado por los peronistas, los cabecitas
negras, los trabajadores, orgullosos de ser tales, como respuesta a la exclusión
que sufren desde el poder.
Una cita del libro es paradigmática al respecto:
-Desde 1956 renació la bomba casera, conducida por hombres anónimos hacia su
objetivo; la práctica del sabotaje industrial se hizo moneda cotidiana, mientras
miles de manos impregnaron las paredes de nuevos símbolos de resistencia el
famoso PV, Perón Vuelve, sin ir más lejos- y la política se replegó a las
cocinas, los clubes, las canchas de fútbol y los bares.
Extraigo párrafos de la cita e ilustro con ejemplos que me vienen a la mente.
-Desde 1956 renació la bomba casera, conducida por hombres anónimos hacia su
objetivo..... Hombres anónimos diría yo, llenos de grandezas y miserias como la
mayoría de los mortales, que un día salieron a pelear por lo suyo. Está ese
hermoso poema de Jorge Melazza Muttoni, titulado Terrorista para atestiguarlo:
La pólvora,
la pólvora estará envuelta en una Crónica amarilla y vieja
que simulará apenas un paquete de clavos o conservas.
Con mis dos compañeros hablamos del estallido sabiamente,
habrá que discutir, punto por punto, donde poner la bomba:
Si en un baño, si en un balcón, cuando la madrugada amontona brujas y borrachos,
o en un zaguán con triste olor a orines y a pintura.
De todos modos lo principal, la bomba, estará lista.
La pólvora prensada en