Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: un sueño que no fue

NOTAS EN ESTA SECCION
El nacimiento de la URSS  |  El fin de la Unión Soviética  |  Kiva Maidank, un soviético guevarista crítico de Stalin, por Néstor Kohan
Feliz día de la Revolución... aunque no quieran (2005)  | 
La deconstrucción de la esperanza, por Manuel Vázquez Montalbán, 1999
El fracaso y el triunfo del neoliberalismo, por Atilio Borón | ¿Otro mundo o muchos mundos?, Luis Mattini
"Welcome" Trotsky, Celia Hart, 2005  | 
La desaparición de la URSS bajo la óptica de Abraham, Gilbert, González, 0szlak y Sevares, 1991
Unión Soviética: la transición frustrada, por Ariel Dacal Díaz  |  La Unión Soviética contra el socialismo, por Noam Chomsky, 1986
¿Estamos ante tiempos finales?, por Adrián Salbuchi  |   El futuro de la Historia, entrevista a Howard Zin


NOTAS RELACIONADAS
A 20 años de la caída de la URSS  |  La revolución rusa, por Alejandro Horowicz  |  Ernesto Tiffemberg - Lo que el muro se llevó (Página/12, 03/06/90)

ENLACE RELACIONADO
Historia del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS

LECTURA RECOMENDADA
Ludo Martens - Un balance de la caída de la Unión Soviética  |  Marc Ferro - La disolución de la URSS
 


LA REVOLUCION -Octubre de 1917. Lenin atraviesa la Plaza Roja. En 1922 se crea la URSS como estado socialista.


LA GLORIA - 1945 - El Ejército Rojo entra triunfante en Berlín y finaliza la Segunda Guerra Mundial. La URSS se consolida como potencia.


LA CAIDA - 25 de diciembre de 1991 - La bandera de la URSS es arriada del Kremlin.

El nacimiento de la URSS

Es curioso señalar que la fecha octubre, inmortalizada por la épica revolucionara y título de la película del gran Sergei Eisenstein que define el comienzo de la Revolución Rusa en la toma del Palacio de Invierno de Petrogrado (San Petesburgo) por los bolcheviques, corresponde en realidad al 7 de noviembre. En la Rusia zarista de 1917 el 25 de octubre del calendario juliano oriental, entonces vigente y después abolido por la revolución el 1º de febrero de 1918, corresponde al 7 de noviembre de nuestro calendario gregoriano.

A comienzos del siglo XX Rusia vivió una serie de dificultades económicas que empujaron al Estado zarista a una lucha por el control del Pacífico, posible solución para colocar los productos y pagar créditos adeudados a franceses y belgas, por ejemplo, para el fomento de la industrialización. Tratando de evitar la expansión rusa en su zona de influencia, Japón le declaró la guerra y puso al gigantesco país en una crisis profunda, provocando desilusión, penuria y sobre todo hambre. En estas circunstancias, los partidos opositores al zar organizaron en 1905 una revolución, que no triunfó, pero que ensayó modelos de actuación para el futuro. Las tropas del zar pudieron someter a los revolucionarios que se habían organizado en comités de obreros y soldados en las grandes ciudades, que se denominaron Soviets, y que serían un sistema de organización de gran trascendencia años más tarde. Por otro lado, el zar no tuvo más remedio que demostrar su voluntad reformadora creando una asamblea consultiva, la Duma, en la que se pusieron esperanzas de que se terminara estableciendo una Constitución.

En 1914 estalló la guerra mundial y Rusia participó junto a británicos y franceses. Su papel, desde el comienzo, fue desdichado, por lo que se comenzaron a surgir críticas a la política rusa, que se sumaron a las manifestaciones por la carestía de productos de primera necesidad y las continuas levas.

Previamente al estallido revolucionario, el zar había disuelto la Duma, pero en febrero de 1917, los soviets y la prensa empujaron al pueblo a la toma del Palacio de Invierno, residencia del zar, con el apoyo de parte del ejército. El zar Nicolás II tomó la decisión de abdicar en el príncipe Lvov, que comenzó a gobernar con representantes de la Duma. Poco después Lvov fue sustituido por el socialista Kerenski, que formó un gobierno provisional en el que tomaron parte moderados y mencheviques, y quedaron excluidos los radicales y los bolcheviques. Las decisiones más importantes de este momento fueron la de seguir los pactos establecidos con Francia e Inglaterra, por lo que Rusia continuaba con sus compromisos en la Guerra Mundial; asimismo, comenzaron las reuniones para la formación de una asamblea constituyente.

Los problemas se fueron sucediendo y los soviets se convirtieron en un verdadero gobierno paralelo, que no reconocía las leyes del gobierno provisional como legítimas. Se pedía la solución de los problemas de los campesinos, se fomentaba la ocupación de las tierras, y se exigía a los empresarios mejoras laborales. Es en este momento cuando Lenin escribió las Tesis de abril en las que propone una fase nueva para la revolución, que se resume en la consigna "Paz, tierra y todo el poder a los soviets".

Las condiciones del gobierno de Kerenski cada vez eran más delicadas, puesto que los militares zaristas trataron de recuperar el poder. En este contexto se produjo el golpe de estado del general Kornilov, abortado por el gobierno, pero que tuvo una consecuencia gravísima, puesto que los bolcheviques a partir de entonces controlaron totalmente los soviets.

En octubre se reunieron los bolcheviques en un congreso, en el que se preparó la insurrección definitiva. Dirigidos por Vladimir Illich Ulianov Lenin, León Bronstein Trotski (presidente del soviet de Petrogrado) y Iósiv Vissariónovich Dzhugachvili Stalin, tomaron el Palacio de Invierno y destituyeron al gobierno provisional. Se estableció un Gobierno de Comisarios del Pueblo, dirigido por Lenin, que gobernó sobre los diferentes soviets. Trotski ocupó el puesto de Ministro de Asuntos Exteriores. Desde este puesto estableció las negociaciones con Alemania para lograr la paz.

Las primeras medidas del nuevo gobierno se resumían en la necesidad de lograr la paz, que fue negociada y firmada finalmente en Brest-Litovs. Rusia, según este documento, abandonaba la guerra y cedía parte de su territorio, ya que consideraba prioritario salvar la revolución antes que preservar la integridad territorial. Otras medidas del nuevo gobierno fueron la firma de decretos sobre la tierra que pusieron fin a la gran propiedad; las fábricas fueron controladas por los obreros; se nacionalizaron los bancos, y se organizaron elecciones para elegir una asamblea constituyente.


Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres

Las elecciones que se celebraron fueron un fracaso para los bolcheviques, por lo que éstos decidieron anularlas y redactar el propio gobierno una constitución: La Constitución de 1918. Por ella se establecía la separación del poder ejecutivo y el legislativo, a través de los siguientes órganos: Congreso de los Soviets, Comité Central o Soviet Supremo y Presidium o comisarios del pueblo. Tras la aprobación de la Constitución se iniciaba una etapa conocida como Comunismo de Guerra, puesto que se vivía una guerra civil que no terminó hasta 1921, ya que los opositores contaron con el apoyo de las tropas de los países occidentales. Fue en esta época cuando se creó el Ejército Rojo organizado por Trotski. Un año más tarde, en diciembre de 1922, se organiza una nueva forma de gobierno, la dictadura del proletariado, y Rusia adopta el nombre de Unión de República Socialistas Soviéticas.

Sobre cualquier otra consideración, primero debemos decir que la revolución de octubre verdaderamente cambió la historia.
Fuente: www.agendadereflexion.com.ar




Díez días que conmovieron al mundo


PUBLICIDAD

El fin de la Unión Soviética - El proceso de reformas iniciado en 1985 precipitó una dinámica que terminó llevándose por delante la propia existencia del estado fundado por Lenin. En medio de una profunda crisis económica, con una población gracias a la Glasnost (transparencia) cada vez más consciente de la realidad que había caracterizado la existencia de la URSS, el nacionalismo vino a actuar como factor incontenible de disgregación del estado soviético.

El movimiento centrífugo se inició en las repúblicas bálticas, que durante el otoño de 1989 dejaron claro su intención de romper los lazos con un estado al que se habían unido a consecuencias del Pacto Molotov-Von Ribbentrop en 1939 y no por voluntad propia. Paralelamente el nacionalismo aparecía en las repúblicas caucásicas, azuzado por el enfrentamiento entre armenios y azeríes en Nagorno-Karabaj en 1988.

Cuando en febrero de 1990, Gorbachov dio un paso adelante en su perestroika renunciando al monopolio político del PCUS y convocando elecciones parcialmente pluralistas, se encontró con que en Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia ganaban las fuerzas políticas independentistas. Lituania declaró inmediatamente su independencia, sentando un precedente para las demás repúblicas.

El final oficial de la Unión Soviética

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas nació oficialmente el 30 de diciembre de 1922. La fecha exacta de su disolución es algo menos precisa, aunque podría considerarse que ella se produjo, de hecho, el 8 de diciembre de 1991, cuando Rusia, Ucrania y Bielorrusia declararon en Minsk, capital de esta última república, que la Unión Soviética había dejado de existir "como sujeto de leyes internacionales y realidad geopolítica", y acordaron formar una Comunidad de Estados Independientes, contraviniendo con ello la expresa voluntad del todavía Presidente de la Unión, Mijaíl Gorbachov, quien persistió hasta el final en su idea de preservar la integridad del Estado soviético. En el curso de las dos siguientes semanas, otras ocho repúblicas se incorporaron a la nueva Comunidad, y sólo Georgia permaneció al margen de ella.
Gorbachov, no obstante, siguió ostentando el título de Presidente de la Unión Soviética hasta el 26 de diciembre de 1991, fecha en la que finalmente dimitió, en la última reunión del Soviet Supremo, de un cargo que a esas alturas ya no tenía más que un valor puramente nominal, porque de hecho el Estado que él había gobernado durante casi siete años ya no existía. Su acto de renuncia fue, pues, algo casi superfluo, pero revestido, sin embargo, de una dosis de patética ironía y, sobre todo, de un alto contenido simbólico. Fue el último acto oficial celebrado en la Unión Soviética, y también constituyó la ratificación legal de otro acontecimiento de fuerte simbolismo acaecido el día inmediatamente anterior, cuando fue arriada del Kremlin la bandera roja con la hoz y el martillo que representaba a la Unión Soviética y en su lugar fue izada la vieja bandera tricolor de la Rusia imperial. La URSS existió desde el 30/12/22 al 26/12/1991.

La desintegración de la URSS no vino, sin embargo, motivada por las reivindicaciones de los pequeños pueblos bálticos. El movimiento que definitivamente derrumbó la URSS vino precisamente de Rusia, la nación que había construido el imperio zarista, geopolíticamente antecesor del estado soviético. En mayo de 1990, Boris Yeltsin, quien había sido expulsado del PCUS en 1987, fue elegido presidente del Parlamento ruso. Desde esa posición de poder, Yeltsin impulsó medidas que precipitaron el fin de la Unión Soviética.

En julio de 1990, el XXVIII Congreso del PCUS constató la acelerada decadencia del partido que había aglutinado al estado soviética durante décadas. El propio ministro de asuntos exteriores Eduard Shevarnadze dimitió en diciembre de 1990 en protesta por lo que el veía como un inminente golpe de estado que devolvería al país a la época de Breznev.

Acorralado entre las fuerzas comunistas conservadoras que buscaban una vuelta atrás en el proceso de reformas y las fuerzas reformistas y nacionalistas, Gorbachov trató de negociar un nuevo Tratado de la Unión que reconstruyera sobre nuevas bases de mayor libertad nacional la antigua URSS. Sin embargo, los comunistas ortodoxos trataron de imponer una solución de fuerza, el 19 de agosto de 1991, Gorbachov era secuestrado en su residencia de veraneo en el Mar Negro y un grupo de comunistas de la línea dura se ponían al frente de un golpe militar. La falta de unidad en el ejército, las acciones de protestas callejeras en Moscú y el repudio internacional hicieron fracasar el golpe. Fue el momento de Borís Yeltsin, quién se puso al frente de la protesta contra el golpe en la capital del país.

El golpe militar frustrado fue como la señal de alarma que precipitó la huida precipitada de todas las repúblicas de una Unión Soviética que a nadie ya interesaba. Mientras el PCUS, el instrumento político que había aglutinado a la URSS, era prohibido.

El 1 de diciembre de 1991, el 90.3 % de los ucranianos votaron por la independencia. El 8 de ese mes, en una solución improvisada sobre la marcha, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, Borís Yeltsin, Leonid Kravchuk y Stanislav Shushkevich, se encontraron cerca de Brest-Litovsk y acordaron la denominada Declaración de Belovezhskaya Pusha: las tres repúblicas eslavas abandonaban la URSS y formaban una así llamada Confederación de Estados Independientes. El 21 de diciembre, en un encuentro celebrado Almá Atá, ocho de los doce repúblicas restantes de la URSS (Estonia, Letonia, Lituania y Moldavia habían optado por la independencia pura y simple) siguieron el ejemplo de Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Impotente y abandonado por casi todos, Gorbachov dimitió como Presidente de la URSS el día 25 de diciembre de 1991. La bandera roja soviética era arriada en el Kremlin de Moscú. La bandera rusa la sustituía. Rusia tomaba el relevo de la URSS en la escena internacional: las embajadas, el puesto permanente en el Consejo de Seguridad, el control del armamento nuclear soviético... Sin embargo, el mundo bipolar de la guerra fría había tocado a su fin. Anunciado por el presidente Bush (padre) a principios de 1991, nacía un "nuevo orden mundial".

El fin de la guerra fría

Las revoluciones de 1989 en la Europa oriental habían supuesto un acontecimiento histórico de múltiple resonancia. Por un lado, constituyeron el derrumbe de los estados socialistas construidos después de 1945, por otro, significaron la pérdida de la zona de influencia que la URSS había construido tras su victoria contra el nazismo: el Bloque Oriental, Europa del Este, el Pacto de Varsovia o lisa y llanamente el "imperio" soviético.

La guerra fría, el enfrentamiento que había marcado las relaciones internacionales desde el fin de la segunda guerra mundial, va a terminar de una forma que nadie se hubiera atrevido a pronosticar unos años antes, por el derrumbe y desintegración de uno de los contendientes. El fin de la guerra fría y la desaparición de la Unión Soviética son dos fenómenos paralelos que cambiaron radicalmente el mundo.

Los historiadores no se ponen de acuerdo en señalar el momento en el que la guerra fría concluyó. Veamos los principales acontecimientos diplomáticos que jalonaron los años 1989, 1990 y 1991:


Bandera de la URSS arriada por última vez del Kremlin. El 25 de Diciembre de 1991, media hora después del discurso de renuncia de Gorbachov, la bandera de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es arriada por última vez del Kremlin. Al día siguiente, el Soviet Supremo firmaría su auto-disolución, terminando así oficialmente con la existencia de la URSS

Para muchos, la Cumbre de Malta entre el presidente norteamericano George Bush (padre) y Gorbachov marcó el fin de la guerra fría. Ambos líderes se reunieron en el buque Máximo Gorki fondeado en las costas de Malta el 2 y 3 de diciembre de 1989. Pocas semanas después de la caída del Muro de Berlín los dos mandatarios se reunieron para comentar los vertiginosos cambios que estaba viviendo Europa y proclamaron oficialmente el inicio de una "nueva era en las relaciones internacionales" y el fin de las tensiones que habían definido a la guerra fría. Bush afirmó su intención de ayudar a que la URSS se integrara en la comunidad internacional y pidió a los hombres de negocios norteamericanos que "ayudaran a Mijaíl Gorbachov". Este proclamó solemnemente que "el mundo terminaba una época de guerra fría (...) e iniciaba un período de paz prolongada".

Otros señalan que el fin del conflicto tuvo lugar el 21 de noviembre de 1990, cuando los EE.UU., la URSS y otros treinta estados participantes en la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa firmaron la Carta de París, un documento que tenía como principal finalidad regular las relaciones internacionales tras el fin de la guerra fría. La Carta incluía un pacto de no agresión entre la OTAN y el Pacto de Varsovia. El presidente Bush manifestó tras firmar el documento: "Hemos cerrado un capítulo de la historia. La guerra fría ha terminado."

Sólo dos días antes se había firmado Tratado sobre Fuerzas Convencionales en Europa que suponía una fuerte reducción de tropas y armamento no nuclear en el continente. Tras entablar negociaciones en Viena en marzo de 1989, se llegó al acuerdo de que ambas superpotencias debían reducir sus tropas en Europa a 195.000 hombres cada una. Se partía de la presencia de 600.000 soldados soviéticos y 350.000 norteamericanos.
El 16 de enero de 1991 la coalición internacional dirigida por EE.UU. inició su ataque para desalojar a los invasores iraquíes de Kuwait. El apoyo soviético a las sanciones de la ONU que finalmente llevarían al desencadenamiento de la Guerra del Golfo fue acordado en la cumbre de Helsinki, celebrada el 9 de septiembre anterior entre Bush y Gorbachov. Este apoyo era un ejemplo palpable del fin del antagonismo y de la supremacía norteamericana.

El 1 de julio de 1991, tras las revoluciones de 1989 y en pleno proceso de descomposición del estados soviético, el "Tratado de amistad, cooperación y asistencia mutua" firmado en Varsovia en 1955, el Pacto de Varsovia, desapareció. La OTAN quedaba como la única gran alianza militar en el mundo.

Finalmente, el 31 de julio de 1991, Bush y Gorbachov firmaban en Moscú el Tratado START I de reducción de armas estratégicas. Este acuerdo fue rápidamente superado al año siguiente, el 16 de junio de 1992, por la firma de Bush y el nuevo líder ruso Yeltsin del Tratado START II. Los dos antiguos contendientes acordaron importantes reducciones en sus arsenales nucleares.

En un proceso enormemente rápido la URSS y los EE.UU. pusieron fin al largo enfrentamiento que habían iniciado tras el fin de la segunda guerra mundial El orden establecido en Yalta se derrumbó ante la mirada atónita del mundo en unos pocos meses.



Los últimos días de la URSS


PUBLICIDAD

Kiva Maidanik, un soviético guevarista crítico de Stalin

Por Néstor Kohan

Conocí a Kiva Maidanik en 2005, en la inauguración de la Escuela de Formación Política Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Fue una auténtica sorpresa. No sabía que iba a estar allí. Me tocó compartir un viaje sin saber que era él… Nunca lo había visto en persona. En un momento pensé: "¿Este viejo canoso no será…?"

Cuando comenzamos a conversar, le planteé inmediatamente mis discrepancias y críticas. Hablamos de Mijaíl Gorvachov y del bluf que significó la Perestroika. Kiva había apostado, infructuosamente, a desestalinizar la Unión Soviética (URSS) de la mano de Gorvachov. Se había equivocado notablemente.

Nuestro diálogo comenzó por ahí. No tuvo ningún problema en reconocer sus errores. Pacientemente me fue explicando las razones de ese fracaso. También me relató los argumentos por los cuales no se quiso sumar al nuevo PC ruso. Terminante e indignado, afirmó: "Esos no son comunistas, son nacionalistas".

A lo largo de los días que duró la Escuela las conversaciones con Kiva continuaron. Cada una era más interesante y rica que la anterior. Lamento profundamente no haberlo grabado. Kiva exponía sus relatos con lujo de detalle y obsesión de artesano perfeccionista. De su rememoración emergían y fluían fechas, nombres, lugares, datos muy precisos que la memoria no alcanza a retener como una grabadora. Era cautivante y seductor. Tenía un humor muy fino y cáustico.

Yo venía cargando con todos los prejuicios en la espalda. Había leído desde hacía años sus libros, artículos y folletos, sabía que había pertenecido al partido soviético. Lo imaginaba como un burócrata moderno y aggiornado. Nada más lejos de la realidad. Incluso, por esos días, el compañero cubano Carlos Tablada Pérez me había solicitado un prólogo para su excelente y riguroso libro El pensamiento económico del Che. Al redactarlo incluí algunos apuntes sobre los debates ocurridos en la década del ‘80 en torno al Che. Allí criticaba a Kiva Maidanik. Afortunadamente el prólogo no había salido todavía de la imprenta. Al regresar a mi país, luego de conocer personalmente a este viejo revolucionario, decidí suprimir las críticas a Kiva. Simplemente las borré. Había sido injusto y Kiva, aun con sus limitaciones y falencias, no se las merecía.


Octubre (1927). Sergei M. Eisenstein, Grigori Aleksandrov. Con motivo del décimo aniversario de la Revolución de Octubre, esta es la tercera película más importante de Sergei Eisenstein, una maravillosa reconstrucción de los acontecimientos ocurridos desde Febrero hasta Octubre de 1917. Una película en la que, siguiendo la filosofía comunista, no había personajes principales. La habilidad de Eisenstein y su experiencia se ve en los rápidos movimientos y en el ritmo en el montaje, así como en la construcción de intensas secuencias que no fueron bien entendidas por las tempranas generaciones rusas. El film se retrasó en su estreno hasta 1928 debido a la presión de algunos grupos influyentes, y además se cortaron algunas escenas. Muchos participantes de la revolución tales como los Guardas Rojos, soldados y marineros aparecen en el film, dando buena prueba de la fidelidad que pretende reflejar.

En varias ocasiones a lo largo de la Escuela del MST Kiva nos contaba anécdotas, debates, confrontaciones, peleas y experiencias de lucha que no siempre han sido publicadas. Invariablemente las historias de Kiva giraban en torno a las rebeliones e insurgencias de América latina, su objeto de estudio, su gran pasión, el amor de sus amores.

Ante interlocutores mucho más jóvenes que él —donde convivían salvadoreños, cubanos, argentinos, nicaragüenses y brasileños; algunos ex comandantes guerrilleros, otros sacerdotes y la mayoría simples militantes de base—, Kiva nos atrapaba explicando las distintas posiciones que habían disputado al interior del equipo soviético. El papel nefasto de la burocracia. El lugar de la KGB (a la que pertenecía, dicho sea de paso, el único biógrafo de Guevara en idioma ruso) y cómo esta institución de inteligencia había reclutado a algunos dirigentes de PPCC de América Latina (él daba nombres y apellidos precisos); más preocupados en cumplir y hacer obedecer las directivas oficiales del Estado soviético que en hacer la revolución en América Latina.

Sus relatos e historias iban in crescendo y alcanzaban el clímax cuando se refería al Che y a Fidel. Kiva era un partidario de la revolución cubana y un guevarista convencido y genuino. Sus ojitos claros le brillaban y su sonrisa generosa se le ensanchaba de repente cuando rememoraba su encuentro personal con Guevara en los años ’60 y el modo en el cual el Che increpaba a los soviéticos por no priorizar la conciencia comunista.

Cuando le regalamos un libro nuestro sobre el pensamiento del Che, él nos entregó a cambio un libro suyo que lleva en la cubierta una foto donde se lo veía más joven junto al guerrillero argentino-cubano. Le explicamos que no entendíamos una palabra de ruso y se lo devolvimos. Con una nueva sonrisa, él insistió diciendo: "Ya encontrarás a alguien que te lo traduzca". A esta altura la URSS no existía más. No estaba actuando o simulando. Su guevarismo no era fingido ni impostado, sino genuino y sentido.

Pero él no se detenía en la admiración por el Che. A pesar de haber pertenecido al Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-PCUS (que durante los años ’60 y siguientes se opuso a los destacamentos revolucionarios de América Latina en nombre de la "coexistencia pacífica" y una ilusoria "paz mundial") Kiva también defendía a la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana, seguidora de las ideas de Guevara. La conocía de primera mano en cada uno de sus dirigentes. El viejo era una auténtica enciclopedia caminando.

Asimismo, en cada charla, nos daba información precisa de los funcionarios soviéticos que se habían encargado oficialmente de América latina y se habían opuesto con tenacidad a la lucha armada continental. En forma taxativa nos dijo: "Esos tipos no entendían nada", para luego agregar: "algunos de ellos ni siquiera sabían hablar el castellano. ¡No sabían nada de nada! ¡Eran unos carajitos [sic]!".

Probablemente, quien mejor haya definido a Kiva es Joao Pedro Stedile, dirigente del MST. Cuando en un momento Kiva no aparecía y le tocaba hablar en la Escuela ante una numerosa audiencia militante, Joao Pedro toma el micrófono y, con una ironía casi argentina, lo llama públicamente del siguiente modo: "¿Dónde está Kiva Maidanik, el compañero soviético que hace 50 años nos viene hablando mal de Stalin?". Seguramente esa fue y será la mejor definición de su pensamiento teórico y su personalidad política.

Lamentablemente, Kiva ya no está con nosotros. Acaba de fallecer. No obstante sus errores o limitaciones, Maidanik se esforzó por representar en su prolongada práctica militante el espíritu de continuidad internacionalista de la revolución bolchevique de 1917, del legado revolucionario de Lenin y sus compañeros, la herencia del heroico pueblo soviético que "invirtió" 20 (veinte) millones de muertos para derrotar a los nazis y que fue aplastado, reprimido o traicionado por diversas camadas de burócratas, oportunistas y mediocres funcionarios.

Querido compañero Kiva Maidanik ¡Hasta la victoria siempre!

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2006. Fuente: La Haine


Feliz dia de la Revolución... aunque no quieran

(С Днем Революции... даже если не хотите) 07/11/2005

Hoy (por ayer) es siete de noviembre y por primera vez en casi noventa años, esta fecha, no es feriado en Rusia. Por si alguno no lo sabe un dia como hoy (por ayer) de mil novecientos diecisiete tuvo lugar la Revolucion de Octubre (Октябрьская Революция). Segun el antiguo calendario fue un veinticinco de octubre. Hoy (por ayer) no solo nos quedamos sin fiesta, tampoco tuvimos una marcha.
Y hay muchas cosas interesantes que rodean esta novedad. El "Dia de la Gran Revolucion Socialista de Octubre" (День Великой Октябрьской Социалистической Революции) ya desde hacia algunos noviembres no se llamaba mas asi, habia pasado a llamarse "Dia del Acuerdo y de la Reconciliacion" (День Согласия и Примирения). Acuerdo de quien y con quien seria una buena pregunta para hacerse. Tambien habria que recordar que antes eran dos los dias de fiesta para conmemorar el magno evento: el siete y el ocho del corriente.
Hacia bastante tiempo que querian sacar esta fecha del calendario oficial (como tambien quieren sacar a Lenin (Ленин) y su mausoleo de la Plaza).

Pero que proponian a cambio? Que ofrecian en lugar del siete de noviembre? Nadie se atreveria a sacarle un feriado a los trabajadores rusos y no reemplazarselo por otro. Algun memorioso tomo la palabra y dijo:
–Se podria celebrar el dia en que por primera vez el pueblo ruso espontaneamente, de manera voluntaria, se junto uniendo fuerzas y se quito de encima el yugo polaco.
Es probable que incluso lo haya dicho como si fuera una idea nueva. Mayoria a favor y nuevo feriado. Pero la verdad es que este dia se festejaba desde mediados del siglo diecisiete (cuando la iglesia ortodoxa propuso recordar esta fecha asociandola al icono de la Virgen de Kazan (Казанской Божьей Матери) entregandole un dia del calendario oficial) hasta que llego Lenin en el año diecisiete. Por increible que hoy pueda parecernos los polacos estaban ocupando Rusia, comodamente sentados en Moscu. Habian aprovechado los conflictos internos que tenia Rusia entonces (algunos historiadores hablan de guerra civil) y tomaron el trono. En el año mil seiscientos doce los pusieron en su lugar sacandolos de su no-lugar. En estos acontecimietos se destacaron Minin y Pozharsky (Минин и Пожарский) poniendose al frente de los hechos y coordinando las acciones.


Cuba. El período especial. Discurso de Fidel

Sobre la fecha no pueden llegar a un acuerdo: hay una version que dice que sucedio el cuatro de noviembre (veintidos de octubre) esta fue la fecha que eligio el gobierno para poner el nuevo feriado; segun otros, en verdad, la recuperacion de Kitai-Gorod (Китай-Город) fue el primero de noviembre (diecinueve de octubre); y tambien estan quienes aceptan que la toma, efectivamente, comenzo aquel cuatro de noviembre, pero termino el siete de noviembre. Con lo cual podria no cambiarse la fecha, alcanzaria con solo modificarle, una vez mas, el nombre... fantastico. Finalmente, unos meses despues, en febrero de mil seiscientos trece, subio al trono Mikhail Romanov (Михаил Романов) inaugurando la que seria la ultima dinastia de Zares (Цари) rusos, aunque los enfrentamientos internos siguieron unos años mas. Otros, mas ironicos, dijeron que "si lo importante es armar una fiesta, mejor recordamos el mil ochocientos doce contra la Francia de Napoleon que suena mejor". Hay que darles un poco la razon: los polacos, como tiranos, le quedan un poco chicos a Rusia.
Esto es, a grandes rasgos, lo que se celebra ahora, el cuatro de noviembre, bajo el nombre de "Dia de la Unificacion del Pueblo [ruso]" (День Народного Единства). Desde este año para celebrar el feriado es necesario moverse unos metros en la Plaza Roja. Hay que alejarse del mausoleo y acercarse al monumento en honor de Minin y Pozharsky que esta ubicado delante de la iglesia de San Basilio (Василия Блаженного).

Para conmemorarlo se hicieron grandes fiestas en todos los rincones del pais, que tiene muchisimos. Algunas maneras de celebrarlo fueron muy llamativas; pero las palmas se las llevo la ciudad de Nizhni Novgorod (Нижний Новгород) donde no tuvieron mejor idea que inaugurar una estatua en agradecimiento a Minin y Pozharsky (alegando que eran de ahi) exactamente igual a la que esta en Moscu. Aunque, por las dudas, para no volar muy alto, la hicieron diez centimetros mas baja. Putin se acerco a la Plaza Roja y dejo flores delante del monumento a estos dos prohombres.
Era costumbre tambien, que el feriado del siete de noviembre fuera acompañado por la manifestacion que organizaba el Partido Comunista. Este nuevo-antiguo feriado tambien tuvo su manifestacion y una bien acorde a este nombre que le pusieron: fue una marcha nacionalista, por el centro de Moscu, organizada por grupos de derecha fascistas y neonazis en contra de los inmigrantes, de los ilegales por supuesto, no piensen mal.
Para ir cerrando veamos como fue que se recordo a la Revolucion de Octubre (que por mas que les pese fue uno de los acontecimientos mas importantes de la historia): la marcha que cada año tenia lugar el siete de noviembre empezaba en la estacion de subte Oktyabrskaya (Октябрьская), donde hay un gran monumento a Lenin, y terminaba en la plaza que esta enfrente del teatro Bolshoi (Большой), junto a la estatua de Karl Marx.

No los dejaban entrar a la Plaza Roja ultimamente ya, la cerraban.
Este año les han sacado el feriado, pero les abrieron la Plaza. Hubieron dos concentraciones en la Plaza Roja. El domingo seis el Partido Comunista Ruso trato de que no se notara mucho la humillacion de no tener mas feriado y verse obligados a marchar otro dia, con un acto en la Plaza al que fue muy poca gente si lo comparamos con las marchas de años anteriores, en las que participamos.

Y hoy (por ayer) lunes siete, sin feriado, con un escenario y decorado incluidos. Ornamentados con escudos, simbolos y enormes fotos de aquella epoca, se recordo el desfile militar del siete de noviembre de mil novecientos cuarenta y uno. Cuando las tropas nazis estaban en las cercanias de Moscu. De las personas que hace sesenta y cuatro años participaron de ese desfile aun viven en Moscu ciento doce. Y de estas ciento doce solamente cuarenta pudieron formar parte del desfile.
Fuente: www.horademoscu.blogspot.com



El tratado que terminó con la URSS


La deconstrucción de la esperanza

Por Manuel Vázquez Montalbán, El País, 11/99

La caída del muro de Berlin es a la vez línea y catástrofe imaginaria. Habermas se plantea si hay que aprender a fuerza de catástrofes cuando se enfrenta a la obligación de hacer un diagnóstico del siglo XX, convergente con el de Hobsbawn en La Era de los extremos: El corto siglo XX, 1917-1991. Si bien la caída del muro fue saludada como el inicio de una historia sin bipolarizaciones y sin chantajes atómicos, diez años después asistimos a algo parecido a una deconstrucción de lo tan difícilmente construido por la razón solidaria y humanista a lo largo de más de un siglo: la filosofía del desarme, la descolonización y la construcción del Estado social. Como si mediante la ingeniería genética el ave fénix del capitalismo se resignificara emergente de los cascotes del muro de Berlín, su antigua lógica reaparece maquillada de modernidad, justificando con la coartada de la globalización el desarrollo armamentista y el intervencionismo militar, las relaciones de dependencia fatales entre globalizadores y globalizados y la no función del Estado social, presentado como un lastre para la extensión de la red de poder económico y mediático que fijará un nuevo orden.

Una inteligentísima derecha que niega la división entre izquierdas y derechas, hegemoniza el discurso cultural mientras copa la parte sustancial de la red mediática global y deja la iniciativa programadora en manos de los centros de diseño económico, propiciando un economicismo determinista ciego ante el coste social y ecológico del crecimiento. Si bien el mercado aparece como el Gran Legitimador de lo bueno y lo malo y por lo tanto de lo necesario, el discurso se uniforma y se centraliza mediante la progresiva inculcación de pautas culturales regresivas en consonancia con el totalitarismo del pensamiento único neoliberal. En ocasiones se produce la aparente contradicción de que esa reforma neoliberal basada en la libertad de iniciativa frente al gregarismo estatalista debe apoyarse en un neoautoritarismo militarizado para cumplir sus objetivos de hegemonía, como ocurrió en el Chile de Pinochet. Los neoliberales tienen en Monte Peregrino su montaña sagrada, de la que descendió Hayeck en 1948 con las tablas de la ley antimarxistas y antikeynesianas, pero la derecha neoliberal autoritaria se ha apoderado del mensaje y lo ha convertido en los mandamientos canónicos de su proyecto histórico. El control economicista de la política ha dejado casi sin función a los políticos y tiende a convertir los Parlamentos nacional-estatales en simples teatros donde se desarrolla la dramaturgia de una democracia para profesionales.

Aunque al parecer el muro de Berlín sólo se desmoronó sobre el costillaje comunista, diez años después se constata la impotencia de respuesta por parte de otras izquierdas, la socialdemócrata la más importante. Al final de la década de la catarsis y la autocomplacencia, las propuestas de la Tercera Vía de Blair, Giddens y Shroeder son meros restos del naufragio keynesiano disfrazados de radicalidad de verbo y de propósitos, aunque el propio Giddens es consciente del riesgo y lo exorciza por el simple procedimiento de enunciarlo: "(...) la imagen sola no es suficiente. Debe haber algo sólido tras el montaje pues si no el público ve muy pronto lo que hay detrás de la apariencia. Si todo lo que el Nuevo Laborismo tuviera que ofrecer fuera astucia mediática, su permanencia en la escena política sería corta y su contribución a la revitalización de la socialdemocracia, limitada". La propia lógica interna de los aparatos de poder de la socialdemocracia real fuerza a ocupar el espacio del social-liberalismo para disputar la hegemonía al neoliberalismo puro y duro, pero en ningún momento de esos análisis emerge la idea de la alternativa realmente modificadora: se trata de paliar los efectos de los nuevos centros de poder factuales que al pertenecer a la galaxia de lo cosmopolita han perdido incluso el carácter inquietante que tuvieron las grandes potencias o la en otro tiempo llamada oligarquía monopolista. Sólo se asume lo lingüísticamente correcto.

Las izquierdas no reconocen enemigos, la Historia se ha quedado sin culpables, salvo en el caso de genocidas psicópatas. Nadie espera nada del futuro que no aporte la tecnología y la esperanza humanista emancipadora e igualitaria se convierte en espera no de lo bueno o lo malo, sino de lo inevitable. Es tan grave y tediosa la expectativa que será insoportable. Ésa es la gran esperanza.


El fracaso y el triunfo del neoliberalismo

Por Atilio Borón

El neoliberalismo coloca a nuestra sociedad frente a una gran paradoja. El neoliberalismo ha demostrado ser un rotundo fracaso en materia económica, pero al mismo tiempo su triunfo ideológico ha sido algo fenomenal, pocas veces visto en la historia de nuestras sociedades. Y creo que esta paradoja, esta combinación tan extraña entre fracaso económico y triunfo ideológico es lo que le da al fenómeno esta multiplicidad de características y sobretodo la dificultad de desarrollar una estrategia efectiva de ataque por parte de la de la izquierda.

¿Por qué fracaso económico?. El neoliberalismo no es una forma de desarrollo. No hay un sólo ejemplo en el mundo que atestigüe que con la forma neoliberal se puede pasar del subdesarrollo al desarrollo. Ningún país de los que hoy se han desarrollado lo hicieron siguiendo el modelo neoliberal. Uno podría decir: «Pero, ¿ y en América Latina?» Bueno tomemos en América Latina los tres o cuatro casos más importantes. El primer ensayo es el que se hizo en Chile del cual voy a hablar después; el segundo el de Bolivia, que ha fracasado rotundamente; en tercer lugar el caso mexicano. El presidente que fue el gran "modernizador" de ese México que entraba al NAFTA y de la mano de todos los ideólogos neoliberales proponía una reestructuración de la sociedad y la economía mexicana, hoy en día es prófugo internacional de la justicia, acusado por corrupción, y lo que es peor, presidió el derrumbe de la economía mexicana, un derrumbe calamitoso cuyo efectos, el famoso «efecto tequila» reverberaron en América Latina. No hay un sólo economista riguroso y competente que pueda afirmar hoy que la economía mexicana, después de doce años de reestructuración neoliberal, es una economía más sólida, más desarrollada, más competitiva, que produce mayores bienes y que ha garantizado el bienestar colectivo de los mexicanos. El experimento terminó en un fracaso rotundo. Recuerden que hace tres o cuatro años atrás las tapas de las principales revistas de la llamada «Comunidad Económica Internacional» frecuentemente mostraban el rostro sonriente de Salinas de Gortari, del Secretario de Hacienda Pedro Azpe como las grandes figuras del momento, los constructores del nuevo México. Hoy a esas personas hay que buscarlas en las páginas de Interpol y no por razones de corrupción sino porque el modelo se vino abajo, se derrumbó el peso mexicano y la economía mexicana está en una situación muy, muy mala. El caso argentino. Sabemos qué es lo que ha quedado de toda esta ilusión vendida por Cavallo y compañía. Cavallo decía siempre a sus críticos: «Estamos haciendo lo mismo que México», hasta que llegó el efecto tequila y dijo: «Argentina no es México». Hasta cinco minutos antes venía asegurando que él veraneaba con Pedro Azpe, chequeaban las informaciones e iban monitoreando el avance de estas economías hacia el desarrollo. El fracaso del experimento argentino es impresionante. Quedó un sólo elemento en pie, que es la estabilidad económica y el gran enigma es cuánto tiempo va a durar. Todo el resto, deuda externa, déficit fiscal, situación del empleo, aumento de la pobreza, superconcentración de riqueza, vulnerabilidad financiera, desindustrialización, desarticulación regional. No hay un sólo indicador presentable. Cuando Cavallo se va lo echan porque ya era absolutamente insostenible su situación. El gobierno tardó tres días en conseguir un sucesor; no había quién tomara esa papa hirviente que era la economía argentina siguiendo las recetas del neoliberalismo. Tanto es así que el presidente argentino confesó que finalmente el ministro actual es éste porque los otros no aceptaron. En un país tan exitista como éste, donde la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana, es bastante sintomático que el gobierno argentino haya demorado tres días en encontrar tan brillante experimento económico. Quedaría el caso chileno que es un caso sui generis. Yo les voy a decir simplemente tres cosas sobre el caso de Chile. Chile es, de todos los países que adoptaron el modelo neoliberal, el menos neoliberal de todos, de lejos. En Chile la empresa del cobre, la corporación del cobre, que fue estatizada por el gobierno de Salvador Allende, sigue estando en manos del estado chileno a pesar de todo el argumento neoliberal que han desarrollado los economistas. Aquella empresa fundamental, ha seguido en manos del estado. En la Argentina, el equivalente hubiera sido que no se hubieran privatizado ni YPF ni las Telefónicas. En Chile no se privatizó, por muchas razones: primero porque los aportes que ingresan al tesoro chileno por las exportaciones del cobre rondan en torno a los 1700 millones de dólares por año que van directo a la caja fiscal. Es una suma mayor que los impuestos totales a las ganancias que tributan todas las empresas en Chile. Ahí tenemos un caso muy claro en donde el decálogo neoliberal del Banco Mundial, según nos dice John Williamson, uno de los primeros mandamientos privatizadores no se cumplió. Segundo elemento fundamental en el caso chileno: Chile es el único país en toda América Latina en el cual el tamaño del estado lejos de disminuir fue creciendo. El consenso de Washington dice que hay que achicar el estado, bajar el gasto público, hacer menor la proporción del gasto público sobre el total de la economía. Se cumplió al pie de la letra en todos los países. Lo vemos en México, en Bolivia, en Argentina. En Chile, no. Chile es el único país que hoy en día después de casi veinte años de gobierno neoliberal tiene una proporción de estado mayor que la que tenían antes en relación al conjunto de la economía. La Argentina, para dar una cifra muy común, bajó de un gasto público en relación al producto bruto en un orden del 33% al 26%, y sigue bajando. Brasil ha seguido bajando, en México también. Para efectos comparativos, les digo que los países europeos en su promedio, en un conjunto tienen una proporción de gasto público que fluctúa en torno al 44%, y que los países que tienen mayores servicios sociales, mayores prestaciones sociales como Suecia, la proporción del gasto público sobre el PBI es del 55%. En el otro extremo está el país más desamparado del mundo, desde el punto de vista de la prestación social, que es Gabón, en África, donde el tamaño del estado es equivalente al 3.5%. La Argentina y todo América Latina salvo Chile han ido moviéndose desde estar cerca por debajo del promedio europeo en dirección a Gabón. A eso ellos le dicen que estamos avanzando cerca del primer mundo. En realidad estamos yendo en el camino contrario; la única excepción es el caso chileno. Tercero: Chile es el único país de América Latina en donde es ilegal entrar con una valija con un millón de dólares una mañana, jugar a la Bolsa de Santiago de Chile al mediodía e irse a la noche con las ganancias a Nueva York. ¿ Qué quiere decir esto? Que tiene un mercado financiero relativamente regulado. No tanto como en Europa pero mucho más que en Argentina, donde como muchos de ustedes saben entrar con valijas llena de dólares, en la aduana de Ezeiza. Es casi un pasatiempo de la clase gobernante y es legal. También se puede en Brasil y en México. En EE.UU. cualquiera de ustedes que viaje con más de 10 mil dólares tiene que declarar eso y allí comienza la fiscalización. ¿ Cuál fue el resultado de todo esto ? Que debido a esa regulación que hace que ese flujo de capital financiero tenga que permanecer un año por lo menos en Chile y además que casi un tercio de ese flujo financiero permanece durante el tiempo de la inversión en manos del Banco Central, en Chile no hubo efecto tequila. Y no lo hubo no porque Dios fuera chileno, que es una discusión que está más allá de mi entendimiento, sino por una cuestión más simple. Porque tienen una legislación sensata que impide la locura que hay en Argentina, Brasil, México, Venezuela, etc. que es que so pretexto de la globalización el capital financiero entre en circulación sin ninguna clase de control. Entonces se cae una Bolsa mañana en Singapur y estos países caen uno tras otro siguiendo el efecto dominó. El caso chileno es uno de los casos que difícilmente pueda adjudicarse al mérito del neoliberalismo, porque tiene tres rasgos fundamentales, yo diría que son los tres mandamientos más importantes que han sido violados, más allá de que este gobierno, evidentemente, está muy lejos de haber producido los bienes y la calidad de vida que propagandiza. Ni hablemos del costo social. Pero se ve que, inclusive, en el caso chileno, el problema que hay es que el neoliberalismo como tal ha fracasado.

Si esto es así, ¿cuáles son los ingredientes del triunfo? Como se decía antes yo creo que lo más importante es el triunfo ideológico. El triunfo ideológico es lo más importantes, y lo preocupante porque aún si el neoliberalismo fracasa como proyecto económico, si la gente, si la sociedad, si las clases populares, no tienen elementos para descifrar ese fracaso, y esos elementos son provistos por un discurso ideológico, una propuesta ideológica, un conjunto de categorías que permitan descifrar ese resultado, la gente va a seguir pensando que el neoliberalismo funciona muy bien. Y yo creo que el triunfo del neoliberalismo ideológicamente se verifica de manera bastante clara en los siguientes aspectos. En primer lugar, en un proceso de creciente mercantilización de derechos que han venido padeciendo las sociedades latinoamericanas. Es decir, cuestiones que antes eran consideradas derechos inalienables de nuestras sociedades, de los sectores populares o de la población en general, por ejemplo, el derecho a la educación. Hoy en día se ha creado un nuevo consenso, un nuevo sentido común de que en realidad eso es un bien, no es un derecho. Yo quiero llamar la atención de que este cambio de terminología de derecho a bien no es un producto accidental, no es un accidente del lenguaje. Es toda la prédica del Banco Mundial que en los últimos veinte años ha insistido en que hay que renombrar algunas cosas en materia económica porque los nombres convencionales son nombres que confunden a la gente y hace que piensen que tienen un derecho a la educación. En realidad la educación es un bien; quien lo quiera adquirir debe estar dispuesto a pagarlo, y un Estado comprensivo estará dispuesto a decir: «Bueno, aquellos que quieran una cantidad módica de este bien, totalmente insuficiente como es la escuela primaria, el Estado se los puede regalar aunque en realidad se los cobra en impuestos. Pero los que quieran más, secundaria, universidad, postgrados, tiene que pagar porque son bienes. Como el que quiere cortarse el pelo, en una peluquería le darán el servicio, el que quiere una ropa, se la compra . Esto ha ido metiéndose en América Latina, haciéndose carne en materia de educación, de salud, de vivienda, de recreación, es decir ha habido un retroceso enorme y esta es la gran victoria del neoliberalismo: haber transformado los derechos en bienes que son ahora bienes que deben conseguirse en el mercado. En segundo lugar, la otra gran victoria ideológica ha sido la satanización del Estado. El neoliberalismo ha tenido un éxito rotundo en convencer a la gente de que el Estado es algo malo, intrínsecamente perverso y que hay que destruirlo. Acá en Argentina es un caso maravilloso. Esto surgió como producto de una campaña perfectamente orquestada por los medios de comunicación de masas con un discurso permanente, coherente, persistente, lanzado las 24 horas del día, y que a la larga terminó de convencer a la gente de que el Estado era el enemigo a destruir. Obviamente que para esto tenemos que recordar que se contó con la inestimable colaboración de una serie de gobiernos a cuál más corrupto, a cuál más despótico, e importantes sectores de la burguesía que hicieron todo lo posible para que este Estado funcionara mal, dándole entonces pábulo a la crítica en contra del Estado que se hacía y, además hay que decirlo, a la inestimable colaboración de las camarillas sindicales que en el seno del Estado o en un conjunto de sindicatos vinculados a empresas estatales fueron copartícipes de este proceso de destrucción del Estado que nos da entre otras espectacularidades folklóricas el hecho de que cuando se producen las privatizaciones en Argentina no son sólo los burgueses los que se acercan a la mesa a comprar, también vemos a dirigentes sindicales capaces de poner 20, 30, 40, 50 millones de dólares para comprar alguna parte de las empresas privatizadas. Lo cual habla de un infinito nivel de corrupción de esa camarilla sindical que lamentablemente hemos padecido en este país.


Un veterano condecorado de la segunda guerra mundial llora en un desfile militar en conmemoración del triunfo sobre el fascismo de la desaparecida Unión Soviética.

Tercer elemento, y yo creo que el más importante. Se ha dicho que el neoliberalismo se anotó un gran triunfo al convencer prácticamente a todo el mundo de que no hay otras alternativas. El neoliberalismo obtuvo un éxito rotundo en el momento que impuso a la sociedad la ideología de que no hay alternativas. Margaret Thatcher lo planteó en su primera campaña: " No hay ninguna otra alternativa: esto o el desastre; esto o el Apocalipsis". En este sentido, las sociedades latinoamericanas, y el caso argentino es bien interesante, han vivido permanentemente bajo la extorsión y el chantaje. La extorsión y el chantaje del terrorismo de Estado en la época de la dictadura y después la extorsión y el chantaje de la hiperinflación. Y es muy interesante, hace dos años en Río de Janeiro, contaba Perry Anderson que en una reunión de técnicos y expertos un economista del Banco Mundial dijo: todavía en Brasil no vamos a tener suerte en un programa de ajuste. Anderson le preguntó por qué. Y los técnicos respondieron: porque todavía el pueblo brasileño no ha sentido en carne propia el dolor lacerante de la hiperinflación. En Argentina se pudo hacer porque después de 5.000% de inflación por año, la sociedad se entrega y acepta los rigores de un programa neoliberal. Y en Brasil esto todavía no sucede. Y fíjense que es interesante después ver qué pasó con el plan real, la manera cómo el gobierno creó las condiciones para que cuatro meses antes de las elecciones presidenciales Fernando Henrique Cardoso apareciera como el salvador, el mesías que puso fin a la amenaza de la hiperinflación en Brasil. Recordemos nosotros que en el momento en que se lanza la campaña presidencial en Brasil, Lula tenía más del 40% de intención de voto y Cardoso no llegaba al 15%. Después de esta «hazaña» de derrota de la amenaza hiperinflacionaria aparece la amenaza de «si quieren detener este peligro, la única receta que hay es la receta neoliberal. Yo creo que este es el punto fundamental que hay que salir a discutir, porque si se acepta el punto de vista del neoliberalismo, que a nivel de masas está muy instalado, es evidente que no vamos a tener la capacidad de pensar en algo distinto. En ese punto es fundamental decir: vamos a ver cuál es el modelo de reemplazo, alguna propuesta para no tan sólo hacer que el esclavo se rebele contra el amo, sino que el esclavo vea que hay una cosa diferente a la esclavitud, que hay un sistema, una forma de organización social que ser puede diferente y superadora a todo aquello. De lo contrario nos va a ocurrir lo que se nota en amplios sectores de la oposición política argentina donde ante la total aceptación de este modelo neoliberal se atribuyen los problemas estructurales de este modelo a la soberbia de los dirigentes; que ahora que la oposición está más fortalecida hay que hacer que el presidente sea menos soberbio, ignorando que aquí hay una lógica de desarrollo, que este modelo está funcionando muy bien. El modelo, desde la óptica de los grandes empresarios, funciona muy bien. Ahora hay una pequeña turbulencia política porque la gente está presa de ese mal humor, pero que haya cada vez más pobres es síntoma de que el modelo funciona muy bien, que cada vez hay mayor concentración de la riqueza quiere decir que el modelo funciona, que cada vez hay mayor fragmentación regional, es porque funciona muy bien, somos cada vez más dependientes de la deuda externa, es porque funciona muy bien. Porque ese es el circuito de acumulación de los grupos dominantes. Entonces acá el tema es plantear la alternativa, porque sino vemos como después de la huelga última muchos dirigentes exhortaban al gobierno por un lado a dejar de ser soberbio, a moralizar el modelo. El modelo no se puede moralizar, tiene que funcionar así, funciona con un alto nivel de corrupción donde quiera que sea. Aquí, en la China, en Inglaterra. Entonces hay que dar un combate muy fuerte para superar este desarme ideológico de la izquierda. Ahí me permito hacer un juego de palabras, una metáfora. Muchos autores hablan de que en la década del 30 cuando el capitalismo estaba realmente asediado por una parte por la existencia de la Unión Soviética y por otra por la crisis de los fascismos y la gran recesión, algunos autores burgueses celebraron el advenimiento de Keynes, el genial economista de Cambridge, diciendo : Keynes fue el Marx de la burguesía. Probablemente nosotros estamos necesitando ahora el Keynes del proletariado. Es decir, aquel que produzca un conjunto de fórmulas concretas para ver cómo se sale de esta crisis. No tanto que vaya a reescribir los tres tomos de El Capital, sino que diga: aquí hay 20, 25 medidas que hay que hacer, son 1, 2, 3,....que fue lo que hizo Keynes en la famosa Teoría General: aquí la salida de la crisis es por el lado de la demanda, la demanda significa aumento de la intervención estatal, esto significa que tenemos que inventar una política económica, no es una empresa difícil. Sin embargo a mí lo que me alarma es ver cómo algunos compañeros de la izquierda se piensan que nosotros estamos poco menos que congénitamente incapacitados para pensar una salida al neoliberalismo. Esto creo que obedece en primer lugar a la abrumadora hegemonía ideológica del neoliberalismo. Como decía muy bien el compañero, todos tenemos algo de liberales adentro, y es cierto, hay una hegemonía tan abrumadora porque está en todos los medios, en la vida cotidiana, que es muy difícil pensar. Además cuando se entra al terreno más concreto por ejemplo de la ciencia económica, tenemos que vernos con dos supertanques del pensamiento como son el Banco Mundial y el Fondo Monetario. Ustedes piensen que el Banco Mundial tiene una legión de 7.000 economistas trabajando en Washington y en todo el mundo, que están altamente preparados, con grandes sueldos, con todas las facilidades, bancos de datos, bases bibliográficas, computadoras, información de primera agua que nosotros no podemos tener, y que están permanentemente segregando ideología, segregando fórmulas, su misión es esa. Entonces, ¿que es lo que ocurre? Acá hay muchos economistas que son críticos, y que en una charla privada son capaces de despedazar al modelo neoliberal. Pero a la hora que yo le pido que vamos a desplegar un comunicado en los diarios, una solicitada diciendo esto que hemos conversado, no lo pueden hacer porque hay una dependencia estructural. La profesión de los economistas hoy depende de la plata, del Banco Mundial y de las grandes empresas; esto tiene que ver con la crisis de las ciencias económicas, crisis aterradora no solamente en Argentina y en América Latina que es un escándalo, una vergüenza, sino también en los países europeos. Hay una crisis brutal, hay una pérdida de objetivos básicos. Aquí llegó Garys Becker que fue hace poco premio Nobel de economía. Lo trajeron por dos días a decir , que para combatir el problema del desempleo había que flexibilizar por completo el mercado de trabajo, acabar con el movimiento obrero, liquidar todas las viejas conquistas sociales. Es decir, «si los trabajadores están dispuestos a trabajar gratis o por lo menos por un dólar al mes se acaba todo el problema del desempleo». Ese es el premio Nobel. Se imaginan ustedes lo que serán los otros, que son los humildes peones. Lo que dice, en términos cotidianos, es una cretinada indefendible. Ahora, ¿por qué lo hace? Porque hay un sistema mundial de los economistas como profesión que hace que aquel economista que decida sacar la cabeza y decir: «todo esto es un sin sentido», ese tipo está desocupado por el resto de sus días. Entonces vamos a ver cómo armamos estructuras que contengan a estos compañeros, gente que tiene familia, que tiene hijos, padres que atender, que yo sé que en este momento trabajan en el Ministerio de Economía de este país, que me tiran datos por debajo de la mesa, pero también me dicen «júrame que esto no lo vas a decir en público y si lo decís, no me citás». ¿Cómo resolvemos este tema? No le podemos decir a este compañero que se inmole. Bueno, son muchos. Esto tiene que ver con un aspecto de esta hegemonía de las ideas neoliberales que es el Banco Mundial, que es el gran organismo subsidiador de investigaciones que hay en nuestros países.

En segundo lugar, el papel de los medios de comunicación.


Tapas de Clarín, agosto 1991.

En tercer lugar, el retraso ideológico de la izquierda. Yo creo que ahí nosotros no podemos pensar que todas las culpas son de que esta burguesía ha sido muy artera en su estrategia de dominación. Lo decía muy bien Regalado, cuando llegamos a dar con las respuestas nos cambiaron las preguntas. Tenemos que tener la respuesta más rápida. No podemos demorarnos 40 años en darnos cuenta que la planificación total de la economía no funcionaba. ¿Por qué? Porque hubo economistas marxistas, que lo venían diciendo en la Unión Soviética y fuera de ella. Que ahora descubramos eso, de que los mercados son importantes, 45 años después que Oscar Lange lo denunciara por primera vez en el debate en Polonia. Nos demoramos 50 en llegar a la respuesta. Es de esperar de que ahora no nos demoremos otros 50 en dar una respuesta porque evidentemente así nos condenamos a la obsolescencia. Y esto, ¿por qué es así? Yo creo que en general en la izquierda en América Latina, todavía sobrevive la cultura de las consignas. Es muy interesante lo que Palmiro Togliatti, que fue uno de los comunistas más lúcidos que hubo en Europa, decía: «En la lucha contra el fascismo uno de los problemas más graves que había es que los compañeros de nuestro partido son demasiados afectos a las consignas y tienen poca pasión por estudiar el fenómeno, lo novedoso realmente de la dictadura fascista». A mí me parece que eso todavía sigue pasando. Sigue sobreviviendo una cultura muy fácil, liquidamos con dos o tres grandes frases muy grandilocuentes lo que es el neoliberalismo y olvidamos algunos pequeños hechos molestos que aquí se plantearon. Por ejemplo, cómo explicar que el neoliberalismo gana elecciones. Hay que explicar eso, no es tan sencillo. El neoliberalismo acá no vino por un golpe militar. En Chile lo impuso Pinochet, acá se ganó y Menem obtuvo 49,9% de los votos en una elección diciendo: «voy a seguir el camino, voy a profundizar este camino» Y los datos revelan que entre la población desocupada aquellos que votaron por Menem llegaron al 57% . O sea que si hubieran votado sólo los desocupados en las elecciones del 14 de mayo del 95, Menem ganaba con el 57%. ¿Qué vamos a responder? Simplemente con una consigna fácil: «Falsa conciencia del lumpenaje?» No, basta de esa pavada, porque si hay un 20% de lumpenaje, este capitalismo ya es una cosa muy especial. Entonces tenemos que estudiar para ver qué es lo que pasa. Me parece que este retraso es importante.

¿Por qué digo que el tema de los medios es fundamental?. Nosotros (cuando digo nosotros digo izquierda en un sentido muy amplio) somos hijos de la cultura gutemberguiana. Somos hijos de la cultura del libro. Marx y toda la tradición marxista es la culminación de lo que podríamos llamar el iluminismo, la ciencia, la razón. Eso es bueno, y no hay nada de qué arrepentirse. Me diferencio tajantemente en esto de todos los sociólogos postmodernos o postmarxistas que hacen una crítica de la razón. Eso es una locura directamente. Creo que es muy importante recuperar esa herencia. Es cierto, somos hijos de la razón porque la razón derrotó al dogma y al oscurantismo medieval, de manera que no vamos a abandonar esas banderas, por favor. Pero al ser hijos de la razón en una época donde la razón circulaba a través de un libro, esto hace que nosotros en este momento estemos recluidos en esa cultura. Y la cultura del libro, la cultura de la palabra escrita es hoy un cultura de élite, ya no es más una cultura de masas. Este es el tema que creo que en la izquierda no estamos conectados. La cultura del libro fue la cultura de masas hace 100 años atrás, cuando los dirigentes obreros en América Latina y Europa se preocupaban por la prensa obrera, porque habían dado primero la batalla por la alfabetización universal y después para que leyeran los periódicos. Ustedes vieron los diarios obreros, socialistas y comunistas de países como Francia, Italia, Alemania. Eran el vehículo fundamental de la lucha ideológica. Hoy en día ya no es más porque la gente no lee más, leemos unos pocos. Y esto más vale que nos lo grabemos en la cabeza. Yo soy profesor y les digo: mis alumnos no leen. Tienen mucho más tiempo de contacto frente a una pantalla de televisión o de computación que frente a un libro. De manera que ahí hay un problema muy grave porque toda esta cultura gutemberguiana del libro, el panfleto y del folleto se tropieza con el hecho de que hoy en día si queremos transmitir ideas tenemos que dominar los métodos audiovisuales, el lenguaje audiovisual y sino no podemos comunicarnos o nos comunicaremos con una pequeña elite, aquellos que todavía leen. ¿Qué obrero, qué trabajador, qué estudiante de ciencias sociales hoy acomete la empresa de leer El Capital? ¿Cuántos? Vamos a ser honestos. La Facultad Ciencias de Sociales tiene 8.000 estudiantes. Probablemente habrá 100 que yo sé que han leído algo de El Capital, y no creo que lo hayan hecho mucho más allá de los primeros capítulos del tomo 1. El resto no, aun cuando sean compañeros que están totalmente compenetrados con la causa de la izquierda, que quieren el comunismo, que quieren el socialismo, que quieren superar el capitalismo. El problema es cómo nos comunicamos. Y ahí aparecen los dos o tres problemitas. En primer lugar esos medios son monopolios privados, en casi todos los países. Hay en algunos casos en Europa de combinación de monopolios privados con presencia estatal, pero en América Latina no hay nada que pueda contrarrestar el peso fenomenal que tiene, por ejemplo la Red Globo en Brasil que hizo los dos últimos presidente de ese país. Cuando digo hizo, es que los proyectó en una campaña nacional que de otra manera no se hubiera podido armar. O el peso fenomenal que tiene la Red Televisa en México que repercute en toda América Latina. Acá este conglomerado de dos o tres canales de televisión, el Canal 13 que tiene Clarín, las radios más importantes como Radio Mitre, Telefé, Editorial Atlántica y el emporio multimedio de América, son tres oligopolios que tienen un control absoluto, porque acá no tenemos canal público de televisión. Segundo obstáculo, aún cuando supongamos que nos dieran ese espacio, en general, nuestra gente está programada para funcionar con otro medio, y lo que quiero decir, para aquellos que están muy metidos en la cosa de computación, acá no es un tema de cambiar el disquete. Nosotros estamos todavía pensando de que se trata de hacer lo mismo, que cuando se escribe se habla. Y no, es un lenguaje completamente diferente. Hay un tiempo de transición en donde esta dirigencia de izquierda pueda adoptar lo que son las formas propias de la comunicación audiovisual, porque la cultura gutemberguiana es la cultura del relato, es la cultura del razonamiento profundo, el ida y vuelta, yo puedo ir, volver para atrás. La cultura más mediática es una cultura completamente diferente. No es una cultura de profundidad, es la cultura de efectos; el golpe de efecto, la palabra justa, el gesto, la mirada es lo que decide una intervención, no lo que dice. Yo he hablado mucho de esto con gente que estudia científicamente acá y en otros países. Cuando aparece alguien en la televisión, al día siguiente, ¿qué es lo que la gente recuerda? La cara. Porque después cuando le preguntan qué dijo responden: -No sé. -¿Y le gustó? -En ese momento sí. -¿Pero por qué le gustó? -No sé. Son preguntas que revelan un nivel primarísimo, rudimentario pero ese es el nivel de los medios que hoy importa. Entonces, ¿de qué manera la izquierda puede instalarse en esa cultura postgutemberguiana, o la cultura audiovisual y poder adoptar un estilo de comunicación que siga las líneas irregulares de flashes?. La comunicación televisiva es básicamente un flash. Hay que tirar una palabra justa, apropiada y nada más porque no hay tiempo de hacer un razonamiento. Allí hay un problema muy fuerte y yo creo que las dificultades que tenemos para dar ese combate ideológico son durísimos en ese terreno.

¿Tenemos esperanza? Yo creo que sí. Tenemos esperanza porque a pesar de ese diagnóstico sobre el avance ideológico del neoliberalismo es evidente que nosotros tenemos un elemento muy importante a nuestro favor y es que objetivamente tenemos la razón. Es decir, los diagnósticos nuestros son análisis verdaderos. A la larga esa verdad por gravitación va a prevalecer; pero a la larga, como decía Keynes, podemos estar todos muertos. Mientras tanto hay que ver de qué manera podemos avanzar. Yo pienso que tenemos posibilidades, tenemos buenos argumentos, tenemos buenas críticas, tenemos que empujar más en la dirección de poner en discusión una serie de aspectos que han sido dogmatizados. Tenemos que ver la manera de crear instituciones que permitan viabilizar estas propuestas transformadores que tienen un costo muy grande, como por ejemplo para los economistas que se atrevan a decir estas cosas. Y yo creo que si ésto se hace en el momento en que la balanza de la correlación de fuerzas se vaya inclinando hacia la izquierda, hacia la crítica al neoliberalismo, que es algo que ya empieza a advertirse en algunos países europeos en movimiento muy lento, ahí tenemos que tener la propuesta a mano porque sino esa oportunidad se va a desperdiciar.

Atilio Borón es coordinador del centro de investigaciones EURAL (Europa- América Latina). Fuente: www.nodo50.org/americalibre


¿Otro mundo o muchos mundos?

Por Luis Mattini

Después de la catástrofe con los implosión de la URSS en 1989, la izquierda afín al ex movimiento comunista internacional quedó anonadada y paralizada por lo menos por una década. Cierto es que a todos nos conmovió hasta los tuétanos sobre todo por lo imprevisto y porque a pesar de sus graves defectos, de algún modo creíamos que aquel socialismo real era un enfermo curable. La izquierda opositora, aquella que se inspira en el movimiento engendrado por Trotsky y una seguidilla de variantes, cantó victoria a lo Pirrio. Desaparecía el más grande escollo para la marcha hacia un "socialismo científico" sin las "perversiones" stalinistas. Polonia era el ejemplo para el trotskismo, China para el maoísmo. Los comunistas argentinos, huérfanos de la guía exterior, no fueron capaces de mirar hacia adentro, y viraron sorpresivamente hacia Cuba, olvidando que Fidel había sido tachado de "demócrata pequeño burgués" y el Che de gran aventurero. La Habana remplazó a Moscú y ahora las cartillas de catecismo de Marta Hanecker reemplazaron a los manuales de la Academia de Ciencias. Por ellas nos enteramos que "el stalinismo no es el leninismo".

Las causas de la implosión de la URSS fueron adjudicadas a la omnipotencia del imperialismo y a la traición de los dirigentes soviéticos. En el mejor de los casos a las erróneas políticas económicas. Los economistas marxistas parecían desconocer que la Unión Soviética fue , hasta la década del setenta, después de Japón, la economía mayor crecimiento, a pesar que habían soportado la guerra que destruyó 1700 ciudades y 70 000 aldeas, más unos veinte millones de muertos soviéticos. Además se largaron a la carrera espacial con notable éxito y despilfarro de fuerzas productivas. Esa vilipendiada industria soviética era capaz de producir un fusil AKA sin rival en su época, poner un robot en la luna, hacer aterrizar los astronautas en un espacio acotado dentro de su territorio y al mismo tiempo sus hojas de afeitar no servían ni para tusar caballos. Asimismo emularon al capitalismo en la depredación del Medio Ambiente, no tanto por necesidades económicas como por soberbia científica.

Lo que quiero señalar es que ni la omnipotencia imperial, ni traiciones internas ni falta de capacidad productiva fueron las causas principales del derrumbe.

Por otro lado, liberado de la contención stalinista, tampoco el movimiento obrero mundial se volcó la revolución como pensaban los trotskistas. Para colmo de males los chinos, olvidando la sutileza atribuida a los orientales, ni siquiera disimularon con glasnot ni perestroica, directamente se asumieron como una competitiva potencia capitalista gobernada por el partido comunista. Con la sentencia "no importa el color del gato sino que cace ratones" modernizaron, industrializaron, se insertaron en el mercado mundial a costa de las penurias de sus campesinos. Vietnam, después de haber vencido tres imperios en una de las guerras de liberación más notables de la historia, no pudo construir un estado económicamente independiente y próspero como soñaba Ho Chi Mihn. Por el contrario, a los veinte años de la caída de Saigón, sus políticas económicas no se diferenciaron sustancialmente de las de nuestro ministro Cavallo. ¿Europa del este? Cumplió con ácido humor húngaro, su larga marcha hacia el capitalismo.

En ese contexto mundial fueron pasando los años del señoreo del menemismo. La izquierda diciendo lo mismo de siempre. El Che, muerto y no peligroso, fue santificado en el bronce, una manera de rematarlo por las dudas, y el experto norteamericano James Petras pasó a ser el custodio de la moral revolucionaria de los latinoamericanos. El llamado "progresismo" empezó a tomar cada vez mayor distancia del "eurocentrismo" para aproximase al…"americanocentrismo". Los Estados Unidos pasaron a ser modelo pese a todo. Desde luego, criticando su carácter imperialista, pero el sentimiento fue algo así como decir: "Lo malo es que son imperialistas, porque fuera de eso, es la sociedad democrática y de las oportunidades para todo el mundo". Algunos lo comparaban con la Atenas del siglo IV, iluminadores de cultura frente a la "decadencia" de la vieja Europa y la supuesta pobreza material, espiritual e intelectual de nuestros países, sin ver su rápida transformación en el Estado teocrático terrorista. El bíblico peligro amarillo se transformó en peligro islámico. La sociología y las "ciencias políticas" estadounidenses, con algunas pinceladas de Habemas y retoques hegelianos, fue la fuente de inspiración de la manga de "asesores" del FREPASO en donde la "gestión" reemplazó a la política, con el agravante de ser una de las peores gestiones de que se tenga memoria. Con una papa en la boca hablaban de "la era del conocimiento" ocultando el tamaño de sus orejas con la vestimenta de moda. La imagen tomó el lugar de las ideas, las que pasaron a ser monopolio de cuatro o cinco profesores de filosofía, devenidos por arte de un periodismo asombrosamente ignorante en "filósofos".

El turquito Menem había convencido a todos, amigos y opositores, de sus ojos celestes y la marcha hacia el primer mundo.


Sin embargo, desde el lado profundo de los pueblos se buscaban no sólo explicaciones a lo que había pasado sino nuevos caminos. Cuando Irak ocupó Kuwait y los estadounidenses usaron el pretexto para atacar a Sadam, un grupo de sobrevivientes de la izquierda de los setenta que habíamos roto con formas orgánicas desarrollamos nuevas experiencias, sostuvimos que correspondía oponerse a la guerra, por la guerra en sí misma, exigiendo la paz, no sólo el no a la agresión norteamericana sino también el retiro de Sadam de Kuwait. Desde luego éramos un grupo muy pequeño y apenas si alguien nos escuchó, pero allí donde nos conocieron, nos trataron poco menos que de traidores a los "intereses del proletariado mundial", intereses representados en ese momento por Sadam, quien dicho sea de paso, liquidaba kurdos y comunistas al mejor estilo de Chan Kai Sek, aunque en lugar de usar las calderas de las locomotoras, empleaba las armas químicas brindadas por los EE.UU. Gran parte de la izquierda se guiaba por ese concepto campeón del maniqueísmo "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"


Agotada esa experiencia que se completó en una revista que supo llamarse XX-XXI y que no pasó de unos pocos números, empecé a trabajar con los jóvenes que constituyeron el grupo llamado "El Mate" y que publicaban la revista "De mano en mano". Desde esa práctica fuimos elaborando hipótesis y revisando las teorías . Por otro lado con Miguel Benasayag, viejo militante del PRT que reside en París trabajábamos en la misma dirección. En el ínterin nacía el neozapatismo que obró como un excelente incentivo. Poco después el grupo El Mate organizó las "Cátedras Che Guevara" las que, en los casos que mantuvieron la autonomía de los partidos, fueron laboratorios de pensamiento critico y creador. Esta nueva generación evitaba fundir al Che en el bronce, lo revivía en una nueva práctica social en la que surgía la modalidad de lucha popular que empezó llamándose fogoneros, para generalizarse como el nombre de piqueteros.


Hicimos relecturas del marxismo clásico, revisamos sobre todo el pensamiento latinoamericano, abrevamos también en corrientes más discutidas, tanto la escuela e Francfort, como filósofos franceses difíciles de digerir, tomamos algunas cosas y descartamos las más, seguimos los trabajos de Negri, con quien tenemos una relación polémica. Compartimos o discutimos con otros grupos que empezaban a proliferar, "La mesa de los sueños"; "Retruco", La corriente "Mariategui", la Cátedra libre de Derechos Humanos, la revista "Acontecimiento", etc. Pero el incentivo principal estaba dado por lo que ocurría en lo que hoy algunos llaman "la izquierda social", ese movimiento que se abría paso a fuerza de cortes de ruta y la creación de experiencias autónomas en todo el país.


Una de las primeras hipótesis fue el cuestinamiento a la teoría del poder. Para las nuevas generaciones, ha sido quizás más fácil, pero para quien esto escribe, que había participado en la construcción y desarrollo de una de las organizaciones que más seriamente tuvo en el país un planteo y una práctica de toma del poder, en el cual pusimos el cuerpo y el alma, tal cuestionamiento no podía ser menos que desgarrante. Y lo fue, debo admitirlo, treinta años de militancia en un mismo sentido no se sacuden alegremente. Sostengo, por experiencia propia, que se necesita más coraje para esto que para asaltar cuarteles y comisarías.

Empezamos a comprender el poder como algo más que la estructura coercitiva del aparato del estado, entenderlo como una relación social, un entretejido en el cual todos tenemos parte.

En segundo lugar cuestionar la teoría de la toma del poder como modo de cambiar la sociedad. Si el poder es esencialmente una relación social, algo más inasible que el aparato coercitivo del estado, en realidad el poder no es "tomable", a lo sumo lo que se toma el aparato del estado. Revisando la vieja expresión, se puede "tomar" el gobierno, no el poder.

En tercer lugar la critica al partido. El partido leninista (y todo partido lleva su marca) fue el más formidable aparato para la toma del poder, es decir para la captura del aparato del estado. Por lo tanto si no nos proponemos tomar ese aparato, no necesitamos el partido. No sólo no es necesario, sino que aquellas virtudes como máquina político-militar para el asalto al poder, se transforman en una estructura castradora de la creatividad colectiva que busca la emancipación por otras vías.

En cuarto lugar cuestionamos el papel del sujeto como algo predeterminado por la historia, por su supuesta ubicación material en la sociedad. El sujeto no nace, se hace, podríamos decir. ¿Que eso no es novedad? ¿Que siempre hubo corrientes criticas de un marxismo mecanicista, determinista? Es verdad, sólo que intentamos recuperarlas en su totalidad incorporando prácticas que habían sido desestimadas y descalificadas por "no proletarias".

En quinto lugar una reconsideracion de la subjetividad, rescatando conceptos como la pasión y el deseo, que exceden en mucho la estrecha fórmula "factor subjetivo" como expresión de la simple conciencia. El mito moderno de la "conciencia", condición necesaria, pero absolutamente insuficiente, pone en tela de juicio toda consideración pedagógica, todo sistema educativo y además, es lo que explicaría la pasividad de la izquierda tradicional en la década del sesenta y el setenta. ¿Puede pensarse que a esa izquierda le faltaba conciencia?

En sexto lugar los cambios en las estructuras de las clases sociales, la desindutrializacion que dispersa al obrero fabril y proletariza a la gran masa de la sociedad. El fin de la "cultura chimenea". El concepto de lucha de clases no desaparece, por el contrario sigue siendo un fuerte asidero teórico como base material cualquier teoría de emancipación , pero cambian radicalmente sus características.

En sexto lugar el papel de las vanguardias. Relativizada la idea de la toma del poder, se diluye la necesidad de una vanguardia permanente, se puede empezar a hablar de muchas y ninguna vanguardia y cada una en situación.

En séptimo lugar el concepto de situación, muy desarrollado por Miguel Benasayag, que intenta salir de la trampa de la subordinación de la parte al todo. Esto significa que cada lucha tiene su nudo en la rebelión contra la injusticia en concreto, dentro de la situación y en independencia de una supuesta "estrategia" o "destino final". Puede coincidir con determinada "estrategia", pero su núcleo, está en la propia situación. Significa también invertir la visión "progresista", que ubicaba al comunismo al final del camino. El comunismo recobra su carácter libertario como punto de partida y no de llegada.

En octavo lugar la cuestión del pensamiento y en ella una crítica a la teoría del conocimiento de la modernidad adoptada por el marxismo oficial. Diferenciación entre conocer y pensar, relatividad el papel del cerebro en favor de todo el cuerpo y fijar los límites de la razón "cerebral".

Por último, y sin agotar el asunto, el verdadero contenido de subversión, radicalidad, libertad, que implica un universo muchísimo más amplio que luchar sólo contra la plusvalía. Esto significa replantearse la categoría "revolucionario" como una especie de identidad adquirida sólo por un enunciado: "yo soy revolucionario", para ubicarla en el acto de rebeldía y de real subversión. Dicho de otra manera, ubicarla en el acto y no en la declamación. Consecuentemente, la rebeldía excede en mucho a la clase obrera, se extiende a otros protagonistas sociales, los cuales, en los hechos, han demostrado que la más de las veces han estado por delante de la clase obrera industrial, sujeta a la disciplina fabril y el sindicalismo o a la espera de que el partido señale cuál es el momento de alzarse.


Estas y muchas otras cosas fuimos discutiendo, experimentando, confrontando con las experiencias de los protagonistas, con nuestra propia práctica social, intercambiando con otros grupos del país y de diversos países, escribiendo en revistas de poca circulación, algunos libros, en fin puede hablarse de una década fructífera dentro de la "década perdida" del menemismo, perdida para los intelectuales clásicos que quedaron sin Dios con las caídas.


En 1999 publiqué parte de estas conclusiones en un libro "La política como subversión" No se trata de un trabajo completo ni mucho menos. Apenas las primeras conclusiones e interrogantes de lo que he resumido más arriba, con mucho de mi coleto anterior, es decir con cierto ajuste de cuentas con un pasado más lejano.

Dos años después me topé con los borradores de lo que luego seria el libro de John Holloway "Cómo cambiar al mundo sin tomar el poder" Leía con asombro cómo este intelectual británico radicado en México, había llegado a conclusiones similares a las nuestras y, por lo menos en mi caso, por vías distintas y sin contacto entre nosotros. Confieso mi ignorancia, no sabía que existiera John Holloway. En efecto, si bien hay matices y algunas diferencias importantes, sobre tofo en la propuesta política, podría decirse que el libro de Holloway brinda sólida conceptualidad teórica a mis sonambulismos experimentales. En octubre de 2001 nos encontramos en la presentación del libro "Contrapoder", organizada por el Colectivo Situaciones y ambos constatamos la coincidencia. Quizás convenga mencionar que "Contrapoder" es una polémica del Colectivo Situaciones y otros amigos, entre ellos el propio Holloway, con Antonio Negri en la cual yo participo. Recordar también que todavía no había llegado el libro "Imperio", de Negri y Hard, que levantó tanta polvareda.


Los hechos del 19 y 20 de diciembre de 2001 - en los que participé como uno más entre mis vecinos - venían a confirmar parte de las hipótesis conque trabajamos los últimos diez años. Sólo como tendencia, como indicación que empezábamos a apuntar bien. Pero, lejos de quedarnos con la clásica "comprobación práctica" vimos que los acontecimientos abrían nuevos y más complejos interrogantes. Estamos en buen camino, pero muy retrasados con respecto a la riqueza rupturista de los hechos.


Mientras tanto la izquierda clásica, la que desde 1946, por lo menos, viene perdiendo el tren en nuestro país, la que había quedado anonadada por la caída del muro de Berlín, la que se sintió "traicionada" por los camaradas soviéticos, la que en innumerables viajes y estadías a veces por años haciendo cursos en Moscú, no había tenido la menor sensibilidad para ver lo que estaba pasando, creyó, cree, que ha llegado su hora. Bienvenido que sea así, que esa valiosa fuerza militante se ponga de una vez por todas a trabajar en serio por la emancipación. Pero, desgraciadamente, sus "intelectuales orgánicos" en vez de revisar a fondo, constatando con esta nueva realidad, las teorías acumuladas en miles de tomos marxistas, parecen regresar a lo más oscuro de la era del dogmatismo, llámese este stalinista, maoista o trotskista. El rasgo más saliente es la condena a todo intento de pensamiento y otorgar el título de "intelectuales" (como pensadores) a divulgadores del dogma a veces poniéndolos al lado de los reales pensadores.

No se trata, desde luego, de establecer comparaciones de magnitud, sino de diferenciar entre aquellos que intentan pensar de los divulgadores (o peor aún "traductores") de un saber cristalizado, que ahora vienen a descubrir y enseñarnos a nosotros, los guevaristas, que nacimos luchando contra el stalinismo,… que el "stalinismo no es el leninismo". Pero , más allá de irritarnos por la pedantería de esta divulgadora, lo grave es que semejante aserto implica tomar al leninismo como algo puro, sagrado, no pasible de crítica. De la misma forma actuaba Kausky en "defensa del marxismo" contra el leninismo. El pensamiento que surge de experiencias como las del zapatismo o los MTD de Solano, por sólo nombrar algunos, es mucho más rico que toda la obra de Kausky, arquetipo del divulgador. Por supuesto, esta izquierda no rescata a Kausky, sólo porque aquel fue calificado por su discípulo, Lenin, como "renegado", pero parece no advertir los cientos de Kauskys que se reproducen con un verbo revolucionario.

Como estos divulgadores autollamados "intelectuales orgánicos", aún jactándose de ser muy "dialécticos", siempre han visto las cosas desde afuera, en todo sentido, desde el centro hacia la periferia, desde el todo hacia la parte, desde la estrategia hacia la táctica, desde lo universal a lo particular, desde Washington hacia el mundo, desde Buenos Aires al interior…desde el local del partido hacia la calle, desde Moscú, ahora desde La Habana, desde Pekin y hasta desde Colombia, Venezuela o Brasil, en fin, desde el cerebro hacia el cuerpo, cuando critican nuestras búsquedas, nos atribuyen "padres" que forzosamente deben venir de afuera. Ese afuera tiene que ser "el norte". Seríamos entonces, "los seguidores de intelectuales "de moda" como Holloway o Negri".

Lo divertido es que tuvieron que llegar dos libros "de afuera", "del norte" ("Cambiar al mundo sin tomar el poder" e "Imperio" ) para que estos divulgadores se enteraran que existíamos. Sospecho que no conocen ni uno de la más de la docena de libros de Miguel Benasayag, ni lo que produce el colectivo Situaciones, Jorge Cerletti, el periodista Raúl Zibechi y otros, ni que se está desarrollando un movimiento alternativo, autónomo surgido de las entrañas del país profundo y sobre todo de las nuevas generaciones. Si de "moda" quiere hablarse, precisamente fue esa lista de divulgadores que sacaban número para pegarles los que pusieron de moda a John y a Antonio.


No, señores, no somos ni hijos ni discípulos de Holloway, Negri y Hard, si bien es cierto que nos alienta su esfuerzo y sobre todo su coraje intelectual. Pero afortunadamente la tierra es una esfera y, como los caballeros de la tabla redonda, no existe cabecera de la mesa donde se siente el rey. Y nos parece natural que vengan del norte, si de geografía hablamos, porque ya en la escuela primaria habíamos aprendido que los continentes están "corridos" hacia un polo que hemos llamado norte. En ese hemisferio se encuentra Europa (donde está preso Negri) Estados Unidos (donde radica Hard) y Japón, digamos los centros del poder capitalista. Pero en el mismo hemisferio está México (país de adopción de Holloway) Venezuela, Colombia, Las Guayanas, Surinam, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Haití, Puerto Rico, Grenada, Jamaica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice, Canadá, las islas del Caribe… ¡Ah! y Cuba (¿No sabía Ud. que Cuba está en el hemisferio norte, pegada a EE.UU?) Está también China, La India, Turquía, Palestina, Jordania, Israel, Argelia, Tunicia, Libia, Egipto, Sudan, Arabia Saudita, Yemen, Nigeria, Etiopía, Siria , Irán, Irak, El Chad, Mauritania, las Guineas, Marruecos, Afganistán, Pakistán, Tailandia, Vietnam, Corea, Camboya, Laos, Birmania, Nepal, Mongolia, Filipinas, Siberia, Somalia, Malasia, en fin, no he nombrado a todos, por supuesto, pero suficiente como para invitar a los lectores a echar un vistazo a un mapamundi para recordar que el hemisferio norte contiene tres veces más territorio que el sur y es inmensamente más poblado. Y más aún, en el hemisferio norte hay mucho mayor pobreza y "subdesarrollo" que en el sur.


Norte versus Sur; Este versus Oeste; Occidente versus Oriente, Rosas o Sarmiento, tratados como si fuera River o Boca; las grandes antinomias conque nos entretuvo el siglo veinte, antinomias manipuladas por un sistema social, económico cultural y político que ha dado llamarse capitalismo y que habíamos asumido, pese a todo, como una forma superior de civilización o por lo menos como un paso ineludible hacia una civilización superior. El que esté libre de ese pecado que arroje la primera piedra. Rosas o Sarmiento, distintas vías, pero capitalismo al fin. Pregúntele a los pueblos originarios de la pampa que opinan del "Restaurador de la leyes" o del "Gran Maestro". En América Latina los únicos que tienen derecho a hablar al respecto son aquellos indígenas que resistieron primero militarmente y después culturalmente, también los los hippies, algunos locos y otros marginados. Dados los hechos, podríamos aceptar que el capitalismo fue un paso ineludible por una razón de necesidad, por aquella incapacidad de la cultura agraria medioeval europea de satisfacer las demandas del crecimiento de la población; pero otra cosa es seguir pensando que es una forma "superior" de civilización.

Hoy, iniciando el tercer milenio de la era cristiana no hay mayor barbarie que la civilización capitalista. Todavía con variantes, desde la brutalidad del Estado teocrático norteamericano, restos del estado de bienestar en Europa o el pragmatismo de los chinos. Pero el rasgo del capitalismo actual es que impone su hegemonía, su uniformidad, en todo el globo terrestre. No existe isla desierta donde refugiarse para hacer aunque más no sea una vida de bohemios. Cada metro cuadrado del globo terrestre es un sitio de lucha anticapitalista que se lleva a cabo como si estuviéramos dentro de una gigantesca cárcel en donde no hay nortes ni sures, sino pabellones, celdas, patios, corredores, celadores, guardias y en donde, a pesar de todo, en la resistencia vivimos espacios de libertad. Seguir hablando en metáforas sacadas de la geografía, "norteños", "sureños", "orientales", "occidentales" es oponer a la uniformidad capitalista otra uniformidad, una serialización que la pretenciosa razón supone más justa. No existe "otro mundo posible" porque el mundo como concepto no existe, "El mundo", como totalidad, es una abstracción, es la cárcel de lo único, una de las mayores trampas de la razón capitalista. Pensar "otro mundo", otra serialización alternativa a este, es pensar en otra cárcel porque sería seguir pensando en términos de único. Existen muchos mundos en este lugar del universo llamado La Tierra. El mundo capitalista sólo puede ser superado por muchos mundos.

Del mismo modo. a esa bien lograda expresión "pensamiento único" para definir el carácter actual del capitalismo, no se le puede oponer otro "pensamiento único" alternativo, un supuesto pensamiento único "de izquierda", sino un pensamiento diverso como diversos son los pueblos, diversas son las lenguas y diversa es la vida misma.
Fuente: www.herramienta.com.ar


"Welcome"... Trotsky

Celia Hart, Cuba, 27 de Agosto del 2005

La película alemana Good Bye Lenin carece de una dimensión. Lo sé porque viví allá, en la RDA hasta poco antes de la caída del Muro. Ese Muro estaba derribado antes de erigirse. La inmensa tragedia que constituyó el tránsito al capitalismo en la Europa del Este no puede medirse por el par de años que transcurrieron desde la vulgar y decadente perestroika hasta que vimos derribarse festinadamente las estatuas de Lenin. No se le puede decir adiós a Lenin, pues nunca se le dio la bienvenida. Tan sólo importaron una imagen, marginándolo, convirtiéndolo en un sumiso payaso de la burocracia estalinista.

Al Lenin que le trataron de decir adiós en aquella película, no era para nada representativo del iniciador del socialismo en el mundo. Aquellas estatuas estaban vacías de contenido... sospecho que también de forma.

Eso sí. No lo entenderemos mientras permanezcan ocultos en muchos sitios la vida y el pensamiento de León Trotsky. Puede ser irónico mas la única manera que podemos traer a Lenin de vuelta es entendiendo por cuáles razones fue desterrado su mejor contemporáneo. No sabremos entender lo que pasó si no comprendemos el oscuro mecanismo por el cual la casta burocrática soviética se adueñó del socialismo, traicionó la internacional, y desmontó el espíritu revolucionario del mundo.

Por supuesto nos queda una alternativa: Descubrirlo todo desde el principio, cosa que nos llevará el tiempo que es cada vez más escaso, además estaríamos rechazando información de primera mano. Es como si naufragara un barco, y el maquinista enviara notas expresas de cómo y porqué naufragó, y entonces con dosis elevadas de irresponsabilidad pretendiéramos zarpar, por los mismos mares y con las mismas intenciones sin investigar las causas de la catástrofe, enterrando como avestruces el mensaje embotellado en la arena.

Comparto con Hugo Chávez su discurso de urgencia donde, más o menos parafraseando a Federico Engels, expresa nuestra disyuntiva, la cual se balancea entre el socialismo y las cucarachas. Sí, las cucarachas, pues la barbarie sería una variante casi idílica de pensar en los días actuales, luego de calcular groseramente el numero de veces que podríamos exterminar la vida en la Tierra.

El siglo XX no ha terminado de hablar. La vicisitudes por las que pasó la práctica revolucionaria está en gran medida engavetada. Y si alguien puede hablarnos del siglo XX es precisamente León Trotsky.

Ernest Mandel lo dijo mucho mejor: "De todos los más importantes socialistas del siglo XX Trotsky fue el que más claramente reconoció las tendencias fundamentales del desarrollo y las contradicciones principales de la época, y también fue Trotsky quien formuló más claramente una adecuada estrategia emancipadora para el movimiento obrero internacional." 1

Sí, necesitamos a Lenin, mas hoy no vendrá a nosotros sin que escuchemos lo que Trotsky debe decirnos. Ellos defendieron lo mismo, tan sólo Trotsky lo sobrevivió y supo interpretar en su propia vida y con su propia muerte los poderes del exterminio del socialismo. Reto en este instante a cualquier pensador que de manera sincera pretenda interpretar la historia que no tenga que recurrir, incluso para rebatirlas, a las experiencias trotskistas. Los que las obvian, los que las pasan por alto no son verdaderos leninistas.

Dicen que sin Lenin no hay Carlos Marx útil, yo diría que sin Trotsky no hay Lenin. Todos los pensadores marxistas, sobre todo todos los marxistas verdaderamente revolucionarios son imprescindibles para entender a Carlos Marx, el cual no tenía la bola de cristal. Tan sólo le puso dirección a las ideas revolucionarias, a la filosofía y, por primera vez en la historia, los hombres haríamos concientemente el túnel hacia nuestra felicidad... globalizada.

Usemos el siguiente símil. El socialismo se supone ser un túnel, una vereda por donde podamos transitar. Es ese mundo que tenemos que ganar, perdiendo sólo nuestras cadenas. Pues bien: La Revolución de Octubre fue el primer intento por cavar este túnel, que nos apuntó Carlos Marx. Pero el estalinismo nos lo dinamitó por dentro. Durante su construcción fueron colocadas las dinamitas para su destrucción. Trotsky fue entonces el ingeniero que dijo donde estaban los explosivos. No hubo manera de escucharlo, y ya sabemos el fin. Tierra arrasada.

Ahora se habla muy poéticamente que el túnel que construiremos será el socialismo del siglo XXI. Sea del XXI o del XXXI, el túnel puede ser dinamitado por exactamente las mismas insuficiencias y seguiremos llenos de lágrimas esperando el socialismo del venidero siglo... Eso sí , esta vez convertidos ya en cucarachas.

La posibilidad del tránsito al socialismo es un descubrimiento científico. No es un poema, ni una manera de hablar. La única forma que tenemos de acceder a él es a través de la lucha de clases. Así de sencillo. El socialismo del siglo XXI es tan sólo porque estamos en el siglo XXI. Es casi una obviedad decirlo. El descubrimiento del origen de la explotación capitalista es una verdad científica del mismo valor y de la misma objetividad que el movimiento de traslación de la Tierra en torno al Sol. No necesitamos a Einstein para que nos explique a través de la Ley de la Relatividad General y las geodésicas, la causa por la que pasamos del verano al otoño. Newton es más que suficiente. Los resultados son idénticos y las matemáticas infinitamente más sencillas. No necesitamos entender los huecos negros, o las teorías de Hawking para colocar un satélite en órbita. Puede ser que las comunicaciones, la informática etc., hayan complicado un tanto la realidad del capitalismo moderno, pero la esencia, (el pollo del arroz con pollo) sigue siendo la misma que hace siglos atrás. No hacen falta los "economistas cuánticos" o la "matemática tensorial" para explicarnos el origen de la explotación y la depauperación del sistema capitalista en la actualidad

El llamado socialismo del siglo XXI es equivalente a decir que debemos construir un avión del siglo XXI. Pero ese avión deberá vencer la gravedad, como hizo el del siglo XX. En el siglo XXI, tal cual desde hace unos cuantos miles de millones de años, la constante G de Gravitación Universal sigue siendo la misma que calculó Newton (G = 6,7 x 10-11 m3 / Kg . s2 ). Coincido que debemos fabricar aviones más cómodos, rápidos y seguros, pues las exigencias del siglo XXI difieren de las del siglo XX, pero la razón última de una pieza que deba vencer la gravedad es la misma. Haciendo un parangón pudiéramos decir que nuestro avión que trató de vencer la gravedad en 1917 tomó altura y se estrelló contra la superficie terrestre. Mas nos vale buscar las causas antes de tanto discurso futurista, pues por mucho siglo XXI que haya, G sigue invariante. Del siglo XIX al XXI las razones primigenias de la explotación capitalistas son las mismas: La expropiación del trabajo. Entonces sólo hay una manera de transitar "del reino de la necesidad al reino de la libertad". Basta ya de caracolear, que cada instante de tiempo está en nuestra contra.

El avión se nos cayó y creemos ahora que por tener computadoras, celulares o INTERNET, éste podrá desafiar la gravedad sin tener en cuenta G ¡No señor! La gravedad seguirá siendo la misma hasta que colapse el planeta. Más nos vale apurarnos, dejarnos de retórica y asumir de una buena vez que el enemigo sigue siendo el mismo. Tal vez más vulgar, guerrerista y peligroso, pero el mismo. Apurémonos, eso sí, en saber quiénes somos nosotros.

Y entonces ¿por qué León Trotsky? No es obstinación por una figura histórica como muchos me acusan. Es tan sólo porque este hombre tiene muchas pistas de la caja negra de aquel avión que quiso hacer despegar la historia.

Hoy hace 65 años que León Trotsky fue asesinado de la manera más grotesca. 65 años después nos salpica todavía aquella sangre. Debió bastar aquel asesinato para extinguir el derecho del Kremlin a pretender alguna vez monopolizar y acuñar el pensamiento socialista, pero lo siguió haciendo y a estas alturas está convertido en estatua de sal. Con la medalla de la Estrella Roja de Ramón Mercader se acuñaba, entre vítores secretos y cobardes, la defunción del socialismo verdadero. Ese asesinato constituyó uno de los actos de terrorismo de estado más perversos en la historia, pues el glorioso Octubre del 1917 se suicidó aquel 20 de agosto.

Mercader después de cumplir la condena en México estuvo en Cuba. No me entero todavía con quién se reunió, ni por dónde caminó, ni siquiera si pudo mirar de frente las palmas de Martí, ni las cenizas de Mella. Murió en Cuba, por más que me cueste aceptarlo, el hombre que tuvo en sus manos, sin él imaginarlo, la misión de tratar de desaparecer la izquierda de las ideas del socialismo... estuvo en los 60, en esos años luminosos del Che Guevara... Me parece que es absolutamente imposible.

Por supuesto, el camino de la supervivencia ideológica de la revolución cubana no tiene nada que ver con Mercader, la GPU y el estalinismo. Todo lo contrario, lo que hace sobrevivir a mi revolución ha sido precisamente el espíritu de León Trotsky, aunque paradójicamente no lo sepamos, porque ha estado oculto en los pliegues de la memoria histórica.

La verdad es testaruda y se abre paso como el agua lenta , pero constante e indetenible... Hay un canal misterioso en la revolución cubana que nace con el Partido Revolucionario Cubano, se funde con Mella, después con lo más radical del movimiento 26 de Julio, culminando de manera sublime en el Che Guevara. El canal del compromiso irrestricto de clase y del internacionalismo. Allí, silencioso, desconocido y difamado anda León Trotsky con pícara sonrisa. ¿Por qué durante muchos años le han prohibido a Trotsky relacionarse con la revolución cubana? Nunca lo he podido saber, porque si alguna revolución ha sido radical e interminable ha sido la nuestra, si alguien apeló por las revoluciones radicales e interminables fue sin dudas León Trotsky. Tal vez Martí no se equivocó cuando dijo que en política lo real es lo que no se ve.


De Julio Antonio Mella tendremos que hablar mucho, mucho más en otro momento y analizar con más profundidad su labor en México. Entre otros contamos con los trabajos excelentes de Olivia Gall 2 y Alejandro Gálvez Cancino 3 donde de manera absolutamente clara y precisa y con una carga documental excelente analizan la labor comunista de Mella en ese período. Al margen de que Mella citara a Trotsky una vez que regresara de la URSS y pudiera conocer los objetivos de la Oposición de Izquierda a través de Andrés Nin, (asesinado, para variar, por la GPU en la guerra civil española), o que le escribiera a un camarada en el libro La plataforma de la Oposición: "Para Alberto Martínez con el objeto de rearmar el comunismo. Julio Antonio Mella" 2. su trotskismo declarado no es lo que más debe importarnos. Mucho más trascendentes fueron sus posiciones radicales en México. De hecho y por su consecuencia política "los trotskistas consideran a Mella como el iniciador de la corriente que más tarde conformó la Oposición de Izquierda en el partido Comunista Mexicano 3 a decir de la historiadora Olivia Gall.

¡Y fue Julio Antonio Mella quien nos introdujo en el camino del socialismo en Cuba! Quien tendió ese puente hermoso entre Martí y el bolchevismo, quien fundió nuestro mejor pasado reciente, con el reciente futuro del mundo. Y a pesar de lo que se pueda decir, por más que algunos quieran enjaularlo en una patética bandera patriotera y le asignen un discurso escaso, es este Mella valiente, vigoroso, polémico ¡Y nunca otro! el primer comunista cubano.

El estalinismo que contagiamos después y que de alguna manera tuvo relevancia por unos años en la revolución socialista es eso no más... un virus contagioso, a pesar del cual y no sin batallas logró sobrevivir el ideal del socialismo, porque éstas estaban en la esencia misma del proceso revolucionario. Los partidos estalinistas no contribuyeron ideológicamente a nuestro proceso, ni cuando echaron a Mella del partido, ni cuando pactaron con Machado, ni en muchas otras ocasiones ¡Gracias a Dios!

Por ahí andan algunos camaradas trotskistas con mucho que contarnos, fieles a la revolución socialista.... y agradecidos por haber sido ayudados y escuchados por otro marxista consecuente que engalana junto a Mella el logotipo de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba: El Che.

Y es precisamente al Che al que quiero invitar, con todo y su estrella en la frente a dar esta bienvenida a León Trotsky en el 65 aniversario de su asesinato. El Che Guevara, símbolo del comunismo más radical, también llegó a instrumentar un trotskismo que no conocía. Y es tan sólo porque las verdades teóricas de Trotsky tienen la misma constancia que el valor de G, la constante de Gravitación Universal. El Che llegó a muchas de las tesis del pensamiento de Trotsky por su propia cuenta, sin saberlo nunca... sin que se lo dejaran saber.

Les expondré un par de ejemplos con los cuales empecé a descubrir una comunión secreta entre ambos: El Che Guevara fue de todos los revolucionarios que ha existido el que mejor entendió los principios de la revolución permanente...

A tal punto que murió por tratar de defender sus principios. Pero no tan sólo por morir llevando a la práctica estas tesis, sino también por arribar intelectualmente a sus esencias: Por ser el 65 Aniversario del asesinato de León Trotsky me permito repetir los tres aspectos de la revolución permanente.

Primer aspecto "La teoría de la Revolución Permanente resucitada en 1905, declaró la guerra a estas ideas demostrando que los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas, conducían en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas" 4.

El Che fue terminante en eso. Déjenme decirlo en voz de Néstor Kohan: "Él (el Che) en ningún momento acepta que en América latina (y en el mundo diría yo) las tareas consistan en construir una "revolución nacional", "democrática", "progresista", o un capitalismo con rostro humano, que deje para el día de mañana el socialismo. Plantea de una manera tajante, muy polémica, que si no se plantea a la revolución socialista, eso es caricatura de revolución, que a la larga termina en fracaso o en tragedia, como pasó tantas veces" 5.

Son dos planteamientos idénticos. Los países subdesarrollados no tienen por qué razón esperar que un inglés o alemán decidan organizarse para hacer la revolución. Es más, el propio Trotsky mencionó en el Manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, de mayo de 1940 "…la perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los países avanzados, ni que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente a que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. ¡Ayúdate a ti mismo!

El segundo aspecto de la teoría, caracteriza ya a la revolución socialista como tal. A lo largo de un período de duración indefinida y de una lucha interna constante van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis (...) Este proceso conserva forzosamente un carácter político (...). Las revoluciones de la economía, de la técnica, de la ciencia, la familia, (...) se desenvuelven en una compleja acción recíproca que no permite a la sociedad alcanzar el equilibrio 4.


Tapa Clarín

Y dijo el Che en El Socialismo y el hombre en Cuba: "En este período de la construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada, no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas" 6. Según el Che "el único descanso de los revolucionarios es la tumba".

El tercer aspecto: es el internacional. Dijo Trotsky: "Este aspecto de la teoría de la revolución permanente es consecuencia inevitable del estado actual de la economía y de la estructura social de la humanidad, únicamente un reflejo teórico. El internacionalismo no es un principio abstracto, sino únicamente un reflejo teórico y político del carácter mundial de la economía (...) La revolución socialista comienza dentro de las fronteras nacionales; pero no puede contenerse en ellas. La contención de la revolución proletaria dentro de un régimen nacional no puede ser más que un régimen transitorio, aunque sea prolongado, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética. Sin embargo, con la existencia de una dictadura del proletariado, las contradicciones interiores y exteriores crecen paralelamente a sus éxitos. De continuar aislado el Estado proletario caería tarde o temprano, víctima de dichas contradicciones (...)" 4

Dijo el Che refiriéndose a los revolucionarios: "Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo es un deber, pero también es una necesidad revolucionaria" 6.

No voy a detenerme demasiado. Si alguien luchó por hacer cada vez más socialista la revolución cubana fue el Che. El Che se lanzó a la construcción del socialismo en una tierra atrasada y profundizó día a día su carácter socialista... y lo abandonó todo en nombre de la revolución mundial. No conozco otro que haya hecho lo mismo. No creo que haya habido mayor fidelidad a las tesis de la revolución permanente. Si las condiciones en Bolivia eran o no eran propicias... es tema para otro análisis y no el de la revolución permanente. Podemos criticarle que fue un revolucionario demasiado permanente o demasiado consecuente.

Y otro aspecto que con las debidas diferencias de circunstancias acercan el pensamiento de Trotsky al del Che es, sin dudas, la decidida opción por la economía planificada. Es cierto que Trotsky optó al principio por la NEP en el joven estado soviético, dada las terribles condiciones económicas del llamado Comunismo de Guerra. Pero después, casi desde el comienzo, Trotsky criticó este estado de cosas. Sostuvo como nos dice Isaac Deutscher "que con la transición a la NEP, la necesidad de planificar se había hecho más urgente (...) Precisamente porque el país volvía a vivir bajo una economía de mercado debía tratar de controlar el mercado y prepararse para ejercer su control. Volvió a platear la demanda del Plan único, sin el cual era imposible racionalizar la producción, concentrar los recursos en la industria pesada y establecer el equilibrio entre los diversos sectores de la economía" 7

Las posiciones del Che a favor del plan y su proverbial animadversión a la NEP son harto conocidas. De hecho el Che insistía que Lenin de haber tenido tiempo la hubiera reconsiderado. Y no sólo al plan: El Che se pronunció en sus últimos años sobre la democracia socialista. Escribió Michael Löwy en Rebelión: "Sabemos que en los últimos dos años de su vida Ernesto Guevara avanzó mucho en su toma de distancia hacia el paradigma soviético (...) Entre estos documentos se encuentra una crítica radical al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, redactado en 1966 (...) Una de ellas es muy interesante, porque demuestra que en sus últimas reflexiones políticas Guevara se acercaba a la idea de la democracia socialista". 8

Ahí está el Che, sin haber estudiado suficientemente a León Trotsky, acuñando las tesis trotskistas más consecuentes. Quizás nunca lo supo, pero no importa. Eso indica solamente que esas tesis son verdad y a su vez le otorga, paradójicamente, mucha más fuerza y vigor al pensamiento de Trotsky. En 1965 el Che le escribe a Armando Hart estando en Tanzania acerca de sus convicciones para el estudio de la filosofía marxista. En el apartado VII le dice "y debería estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió según parece". 9

Podrán imaginarse entonces lo poco que conocía sobre el fundador del Ejército Rojo. Sin embargo pudiera parecer que en su último año pudo acercarse bastante a su literatura. Juan León Ferrer, un compañero trotskista que trabajaba en el Ministerio de Industrias me lo ha comentado. El Che recibía además el periódico de su organización y fue el Che quien lo sacó de la cárcel después de su regreso de África. El compañero Roberto Acosta, ya fallecido, tuvo gran camaradería con Guevara. Según Juan León Ferrer durante las zafras azucareras debatían estos temas. Este camarada sostiene que el Che se había leído La Revolución Permanente y es sabido que a Bolivia marchó con La Historia de la Revolución Rusa. en su mochila de combate. Y así podríamos poner muchos más ejemplos donde de alguna manera estos dos revolucionarios ejemplares encendían la luz por la misma ruta.

Los dos dirigieron a un ejército y a un naciente estado socialista de manera brillante y exitosa, asumiendo a Carlos Marx desde el estribo del caballo; los dos fueron ideólogos revolucionarios que tomaron el poder e intentaron profundizar sus procesos revolucionarios manteniéndose fieles a Lenin y Fidel respectivamente, reclinados, eso sí, a la izquierda de ambos. Por representar el ideal más acabado del internacionalismo y la consecuencia revolucionaria, fueron los dos brutalmente asesinados.

Ernesto Guevara me hizo trotskista. Cuando tuve acceso a Trotsky, muy tarde para mi gusto, me di cuenta que muchas de esas cosas... ya me las había dicho desde niña el Che. Al leer sus primeras páginas confirmé aquello que tantas veces sentí en sus textos: que la revolución no tiene nada que ver la idiosincrasia nacional. Y que, por esto, en el socialismo no tenían espacio los pronombres "nuestro " o vuestro", que la teoría revolucionaria , al igual que las leyes de la física tenía el mismo idioma universal. Que tal como señalara Armando Hart en otra época: "Nuestra lucha no es solamente por Cuba, sino por todos los trabajadores y explotados del mundo. Nuestras fronteras son morales. Nuestros límites son de clase" 10

Lo que más reconozco en Trotsky es eso... la manera de hablar, la pasión que me despiertan todavía sus discursos. Fue lo mismo que me conquistó del Che Guevara. Por eso milito en su ejército y en el del Che sin traicionar a ninguno. Ambos esgrimen con la misma verdad de luz la palabra, el fusil y el corazón.

Camaradas: Alcancemos de una vez nuestra mayoría de edad. Son demasiadas las injusticias de la explotación; demasiada grande la evidencia de la única solución; y son ya demasiados nuestros muertos. León Trotsky nos vuelve a convocar a la lucha ¡Démosle la bienvenida sin trámite alguno! Su anfitrión es el Che Guevara y los pueblos de América Latina que claman por el socialismo. Trotsky ganó de forma dramática la partida teórica. Armemos nuestros movimientos revolucionarios sin dilación con confianza. Trotsky y el Che están en nuestro partido. Sacudamos de una buena vez el árbol desenmascarando a los nuevos reformistas que no dejan avanzar a la revolución bolivariana que está llamada a ser la punta de lanza, el primer peldaño de una revolución continental sin precedentes.

Recordemos una vez más que el Sol, las estrellas... y la gravedad terrestre son nuestros aliados.

¡Proletarios de todos los países uníos!

Notas
1.Ernest Mandel Trotsky as alternative. Verso, 1995
2.Alejandro Gálvez Cancino. Julio Antonio Mella. Un marxista revolucionario. Crítica de la Economía Política, 1986
3.Olivia Gall. Trotsky en México. Colección Problemas de México, 1991
4.León Trotsky. La revolución permanente. Fundación Federico Engels.
5.Ernesto Guevara . El socialismo y el hombre en Cuba. Marcha, Montevideo, 1965.
6.Néstor Kohan. Ernesto Che Guevara. Otro mundo es posible. Editorial Nuestramérica, 2003.
7.Isac Deutscher. El profeta desarmado. Ediciones ERA,1968.
8.Michael Löwy. Ni calco ni copia: Che Guevara en búsqueda de un nuevo socialismo. Rebelión, 5 de Agosto de 2002
9.Ernesto Guevara. Carta dirigida a Armando Hart en 1965. Contracorriente, 1997. Ver ref.5, pág159.
10.Armando Hart Saludo del CC del PCC al XXIII Congreso del PCUS. Política internacional de la Revolución cubana, editora política, 1966.
Fuente: El Militante


La desaparición de la URSS bajo la óptica de Abraham, Gilbert, González, 0szlak y Sevares

El derrumbe del régimen soviético no implica el fin de la Historia ni de las ideologías

Nota del 19 del 09 de 1991

IVANA COSTA

La desaparición de la Unión Soviética como tal establece el límite histórico del siglo XX. Desde una perspectiva filosófica, estos últimos acontecimientos definen al siglo; y los pensadores argentinos coinciden en que el derrumbe al que todos asistimos (por primera vez un sistema cae frente a las pantallas de la TV) no justifica hablar de Fin de las Ideologías, ni, menos aún, de la Historia. Pero no es la primera vez que la caída de un régimen, se interpreta como el Fin de la Historia. No hay gran novedad en la polémica sentencia de Francis Fukuyama, el funcionario que se ocupaba de sovietología dentro del Departamento de Estado norteamericano hasta que, hace dos años, anunció que aquel momento había llegado. Sólo que esta vez la profesía no advierte sobre un final apocalíptico, sino que se canta como himno de gloria a la economía de mercado que ha vencido al comunismo soviético, al parecer su último adversario.

El artículo de Fukuyama ¿El fin de la Historia?, Más eficaz como slogan que como tesis filosófica, vendió hasta ahora más que cualquier revista pornográfica, según los principales editores europeos. Allí el autor dice basarse en la noción hegeliano-marxista de Historia: no como una sucesión de hechos, sino estadios del pensamiento. A raíz, de lo ocurrido en la Unión Soviética, Fukuyama insistió: "No hay más Historia en el sentido hegeliano, como una evolución ulterior posible de la conciencia del hombre acerca de lo que desea como formas de gobierno".

En cambio para Horacio González, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), estos mismos hechos "forman parte de la vida, no de la muerte de la Historia". " A los hombres de esta época os queda una gran enseñanza de lo que ocurre en la URSS –aclara": lo cercano que está el pasado de nosotros. Todos teníamos un vínculo posible con la Revolución Rusa que estos acontecimientos revivieron, aún en quienes creían saldada esa relación".
"Para esta generación de intelectuales argentinos lo asombroso es la persistencia de ciertos nudos irresueltos de aquella construcción filosófico-política, y esto revela que esos subsuelos históricos estaban presentes. Se sabe que la de Fukuyama -prosigue González- es una lectura muy mala, muy superficial de la noción hegeliana de Historia, la plantea como grandes unidades acuerdistas continentalistas (imperialistas o no), de mercados comunes; algo de lo que también hablaba un político argentino de cuyo nombre no me acuerdo. En fin, unidades muy pobres, de carácter sectorial. Pero la Historia es estado de ebullición, es siempre lugares inesperados; y esto que ocurre hoy demuestra la terquedad de la historia.

"El fin de la Historia y el fin de las ideologías como su consecuencia no creo que sea algo que pueda afirmarse hoy -opina Oscar Oszlak, presidente de la sociedad Argentina de Análisis Político y docente de Ciencias Políticas y Ciencias Económicas de la UBA", en todo caso dependerá de la capacidad de adaptación del capitalismo a las contradicciones que se le presenten a partir de ahora, que serán inéditas.

Por su parte, Isidoro Gilbert, periodista autor de La ilusión del progreso apolítico, militante comunista y especialista en temas soviéticos, sostiene que "todo esto no puede llevarnos a la agorería de decir que estamos ante el fin del socialismo o de las ideologías. Es un dislate. En realidad, más que nunca, cuando parece que estamos ante el mono-poder de los Estados Unidos, se vuelve necesaria la reflexión sobre una ideología socialista capaz de resolver los problemas que el capitalismo no podrá solucionar nunca, esencialmente, el de la injusticia en el mundo".
 
El fin de la Geografía

Julio Sevares, economista, sovietólogo, docente e investigador del Centro de Estudios Avanzados de la UBA, analiza que "la Historia no es sólo un sistema político determinado. Puede pensarse en un momento en el que en todo el mundo haya un mismo sistema parlamentarista liberal burgués, aun en China. Vietnam y el mundo árabe. ¿Y? Decir que por eso se acabó la Historia o que ahora empieza el período de aburrimiento me parece un disparate gigantesco Seguirá habiendo subideologías; las ideas nacionales o religiosas empezarán a funcionar como movilizadoras sociales", afirma Sevares. "Las 'ideologías' tal como se conocen, empezaron en el siglo XVIII; y, aunque regidas por otros modelos, antes de eso las sociedades funcionaron; el hombre nacía, moría, amaba, odiaba, pensaba y se mataba mutuamente (que es lo que ha hecho con más fervor desde que está sobre la tierra). --
"El fin de la Historia no existe -enfatiza Tomás Abraham, docente en la UBA y director del Colegio Argentino de Filosofía -, lo que sí puede existir es el fin del mundo. Entonces podrá haber fin de la Geografía, pero jamás fin de la Historia El mundo moderno no tolera la miseria -agrega Abraham -: la crea, la produce, la goza (según muchos), pero no va a poder dormir, no va a tener el sueño tranquilo, mientras haya en la esquina un pibe muriéndose de hambre. Es parte de nosotros y no se puede parar. Como decía Immanuel Kant: la revolución es un virtualidad permanente'. Podrá fracasar mil veces; llamarse socialismo acá y democracia allá, pero es algo que no va a poder detenerse nunca."

Para Tomás Abraham, el socialismo "es una corriente cultural, no sólo política, que está en plena vigencia, que siempre actuó modificando el capitalismo y que está presente también ahora. El mundo dividido en dos –agrega - había sumido al socialismo en un stress, y ahora llegó el momento del relax para el pensamiento socialista: la hora de repensarse, un momento de crisis y rejuvenecimiento---. ¿Hay una manera de explicar lo que sucede en la Unión Soviética que no involucre al fracaso del socialismo? "Los ideales socialistas de justicia, libertad y democracia no murieron, pero sí fracasó esa izquierda que vende tristeza y pobreza, que mantiene su mentalidad puritana y sus fetiches: respecto del confort, de la religión como opio de los pueblos y de la solidaridad como artículo de una constitución" sintetiza Abraham.

El "fracaso" del socialismo

Desde las ciencias políticas. Oscar Oszlak- llama la atención sobre la idea de 'nación': "En crisis en todo el mundo, no solo en la URSS, que además, no es un estado nacional estrictamente ya que con los procesos de glasnost y perestroika, emergieron otras nacionalidades que estaban latentes. En la URSS -dice Oszlak- hay una pérdida de los cuatro atributos que definen a un estado nacional al mismo tiempo y con una asombrosa aceleración de los tiempos históricos: ellos son: el reconocimiento externo de una soberanía política, el ejercicio de la coerción física, un aparato burocrático, y una producción simbólica: lengua, tradición y todo aquello que ayude a fortalecer los lazos de pertenencia de una sociedad; sobre este último punto se afirma la legitimidad de un sistema. Y ésta fue desplazada ahora por la ideología capitalista, que parece dirigirse como más eficiente para resolver los problemas de una sociedad".
"Yo no me animaría a ser tan categórico dicendo que fracaso el socialismo; sí fracasó un sistema económico incapaz de producir progreso individual. En ese sentido, el modelo chino se muestra como más exitoso -concluye Oszlak-, ya sea porque puede sostener sus lazos de pertenencia en una cultura milenaria y una identidad nacional mucho más nítida, ya sea porque inició un proceso de apertura desde la economía (y no desde la política) más gradual, que hace que hoy 100 millones de chinos trabajen en los 20 millones de microempresas privadas existentes, que se haya triplicado su ingreso per cápita y que tenga un crecimiento del l5% anual.

La debacle parece previsible si se analiza a la sociedad soviética como producto de grandes errores: "Haciendo una humorada - afirma Sevares - uno puede decir que la URSS es una serie de malos entendidos, que comenzó con la idea de desarrollar el socialismo marxista en un país atrasado cuando había sido concebido para un país industrializado; llegó a la Revolución esperando otra en Alemania que le sirviera de apoyo que nunca llegó y ahora inicia una revolución capitalista a la espera de soluciones mágicas que tampoco se van a producir".
Fuente: Revista La Maga


Unión Soviética: la transición frustrada

Por Ariel Dacal Díaz

El intento de transición al socialismo en la URSS ha suscitado los más diversos debates durante décadas, haciéndose más definitorio el antagonismo ideológico que el tema entraña, tras el colapso soviético. Aún cuando el corolario final fue el desdeño de una preciosa oportunidad para socavar las bases del dominio burgués; repensar, comprender y asumir (sobre todo asumir) las características del proceso soviético en su conjunto brindan elementos sustanciales para las alternativas anticapitalistas que demanda el siglo XXI.

En esta dirección desarrollamos nuestro trabajo, partiendo, dado su peso esencial en la comprensión de la historia de la URSS tanto dentro como fuera de sus fronteras, de las problemáticas siguientes: ¿quiénes detentaron el poder en la Unión Soviética?, ¿qué mentalidad portaban?, ¿en qué momento se puede hablar de ruptura con el proyecto bolchevique?. En estas páginas intentamos algunos apuntes sobre estas interrogantes.

"La clase imprevista" [1]

Stalin fue el rostro visible y representante de la burocracia que gradualmente rompió vínculos con la esencia bolchevique y que deshizo los endebles mecanismos de participación política de las masas.

Sería entonces oportuno preguntar ¿de qué fuentes se nutrió la burocracia soviética?. A los principales cargos administrativos ascendieron figuras de relieve secundario dentro de la revolución debido, entre otros factores, a que muchos viejos combatientes de la vanguardia perecieron durante la contienda civil, o se separaron de las masas al ocupar cargos de menor relevancia, acomodándose a las nuevas condiciones de poder. Al mismo tiempo, el poder soviético estuvo forzado a utilizar individuos del anterior aparato gubernamental, incorporando personal técnico y especializado, así como a las masas campesinas que fueron proletarizadas. De este modo se desclasó al partido de Lenin, cuyo requisito de ingreso de nuevos militantes debía ser el resultado de un largo y riguroso proceso de comprobación, excepto para los trabajadores que hubieran laborado en la industria por más de diez años[2].

La burocracia soviética se formó a partir de un proceso complejo, fuera de los modos históricamente conocidos. Luego se hizo del poder, dominó el conocimiento y su divulgación, controló los medios de producción de ideas, garantizando por décadas su reproducción. El proceso de burocratización tuvo sus orígenes desde el inicio mismo de la Revolución, pero su consagración como sector dominante en la sociedad tuvo lugar en la década del 30.

Lenin explicó el surgimiento de la burocracia como una excrescencia parasitaria y capitalista en el organismo del Estado obrero, nacida del aislamiento de la Revolución en un país campesino, atrasado y analfabeto[3]. Sobre este nuevo grupo de dirigentes, tenía sus propias ideas, sus sentimientos y sus intereses, Trotski destacó que "estos hombres no hubieran sido capaces de hacer la revolución, pero han sido los mejores adaptados para explotarla"[4].

La materia prima para la actividad "ideológica" de quienes detentaron el poder en la URSS fueron las grandes masas de analfabetos que, ciertamente, se liberaron de la oscuridad, y del mismo modo resultaron fácilmente manejados en nombre de algo mejor, sumiéndose en la ignorancia secundaria de que era ese precisamente el fin último a alcanzar como sociedad. Salvo en los sectores más avanzados políticamente, dicho sea de paso la minoría, las ideas del socialismo no habían calado en la población que habría de ser educada y preparada en el debate revolucionario.

Esta clase imprevista que se privilegió del poder estatal era, en teoría, la representante de los intereses de las masas, mientras que en la práctica, administró la propiedad pública beneficiándose de ella. Es cierto que los miembros de la burocracia no poseían capital privado; pero sin ningún control por el resto de los sectores sociales, dirigieron la economía -extendiendo o restringiendo tal o cual rama de la producción- fijaron los precios, articularon el reparto, controlaron el excedente. De este modo mantuvieron el partido, el ejército, la policía y la propaganda que los sustentaba.

Con el transcurso de los años, sobre todo a fines de los setenta, se acuñó en el campo socialista el término "ellos y nosotros" que reflejaba las diferencias que se fueron revelando y que tenía raíces bien profundas, tempranamente señaladas por muchos revolucionarios, que manifestaban la estratificación de la sociedad, o más concretamente, su preservación.

El análisis respecto al tema de la burocracia tiene una de sus aristas más polémicas en sus vínculos o autonomía respecto a otras clases. Para algunos autores, esta no podía convertirse en elemento central de un sistema estable, pues solo es capaz de traducir los intereses de otra clase. En el caso soviético se balanceaba, según este criterio, entre los intereses del proletariado y de los propietarios.

Por otro lado, algunos autores afirman que la burocracia no expresaba intereses ajenos, ni oscilaba entre dos polos, sino que se manifestaba como grupo social consciente según sus propios intereses.

Los hechos revelaron que la clase burocrática monopolizó completamente el poder y la propiedad. Ella se impuso en la lucha por el poder después de haber abatido a todos sus opositores. Pero manifestó sus difusos intereses en el solapado discurso de ser representante del proletariado.

Durante décadas, la clase dominante no se atrevió a restaurar la propiedad privada de los medios de producción, hasta que en 1991, de manera develada, comenzó a tejer lazos con la burguesía rusa. Según el Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, más del 75% de la "elite política" y más del 61% de la "elite de los negocios" tienen origen en la Nomenklatura del período "soviético". En consecuencia, las mismas manos retienen las posiciones sociales, económicas y políticas dirigentes en la sociedad. La burocracia misma es la que ha transformado las formas económicas y políticas de su dominación, manteniéndose como dueña del sistema; pero nuevamente en nombre de una clase.

La mentalidad soterrada

¿Mediante qué códigos de cultura política dominó la burocracia soviética?. Partamos de que las masas que ejecutaron la Revolución en 1917 portaban la mentalidad de la servidumbre, sin ninguna experiencia democrática, y el desarrollo de la conciencia del proletariado, clase llamada a encabezar la Revolución, era patrimonio de un pequeño número de hombres. Las masas rurales, mayoría en ese momento, eran portadoras de los elementos más conservadores, elevados por el alto nivel de analfabetismo existente.

Por su parte, la burocracia usurpadora, detentadora del poder, fue otro ejemplo histórico de como los vencedores incorporan la mentalidad de los vencidos. En este caso heredaron como códigos de la dominación el control absoluto, el elitismo político, la idea de que la "muchedumbre" no sabía ni era capaz de dirigirse, por lo que necesitaba una figura que sintetizara los destinos del país. Téngase en cuenta que uno de los rasgos más apreciados por el ciudadano promedio de Rusia respecto a sus dirigentes es la imagen de hombre fuerte, capaz de enfrentar con determinación las dificultades cruciales del país.

Vinculado a lo anterior, como norma de los dominadores se desvinculó la responsabilidad de la figura máxima respecto a los problemas, creando un ambiente místico a su alrededor. Aparejado a ello en el imaginario social se impuso el criterio de que eran las capas intermedias de los dominadores las responsables del estado de cosas existentes.

Este hecho se concretó en que, si bien el estallido bolchevique concebía nuevos códigos respecto a la política y la participación de las masas, no sólo como fuerza motriz en la explosión subversiva, sino como elaborador y ejecutor de las decisiones políticas, reflejado en que los soviets, de órgano espontáneo de lucha de las masas adquirieron funciones de Estado; con el advenimiento del estalinismo dichos principios fueron destronados y la oportunidad de lograr la participación política de las masas, incluyendo los mecanismos de movilización, real y autónoma, fue cercenada. En ese proceso, las organizaciones políticas y de masas sufrieron una considerable atrofia.

Esta misma mentalidad se manifestó en el "orgullo gran ruso" sobre el cual Lenin hizo llamadas de alerta. La burocracia practicó sus políticas imperiales durante el período soviético; acuñado en el término "el hermano mayor" por el que fue conocido en Europa del Este y por la doctrina de la soberanía limitada puesta en blanco y negro por Brezhnev.

Por otro lado, esos componentes de la mentalidad rusa son la base para entender por qué las condiciones de vida de la clase dirigente soviética eran análogas a las de la burguesía. En fecha tan temprana como 1936, Trotski destacó un ejemplo ilustrativo que develaba el mantenimiento de la estratificación. El mariscal, el director de una empresa, el hijo de un ministro, disfrutaban del apartamento, de villas de descanso, de automóviles, escuelas para sus hijos, clínicas reservadas y otras muchas prebendas, a las que no tenían acceso la criada del primero, el peón del segundo y el vagabundo. Para el primer grupo esa diferencia no era un problema. Para el segundo era lo más importante.

Un individuo que añoraba en la sociedad soviética rasgos, bienes y modos de vida que formaban parte de la cultura capitalista, era la prueba más evidente de que, al menos en él, no había florecido la nueva mentalidad socialista, el nuevo individuo, y la nueva percepción. El socialismo soviético posterior a Lenin, matriz del socialismo real, no fue nunca una alternativa válida, articulada y viable frente al predecesor sistema. La sustitución cultural no llegó, entendiendo que el socialismo es, sobre todo, un proyecto que se sustenta sobre una nueva cultura. Por tanto, la resultante no fue "una sociedad socialista (tampoco capitalista, es cierto), sino una nueva forma –estatista, burocratizada- de dominación y explotación, opuesta a la naturaleza emancipatoria, justa y libertaria del socialismo"[5].

La ruptura

La práctica política de la clase burocrática soviética fue una ruptura con las ideas leninistas en los más diversos espacios de la sociedad soviética. Brindamos a continuación algunos apuntes que corroboran esta hipótesis.

El líder de Octubre destacó que "es necesario tener presente que la lucha exige de los comunistas que sepan reflexionar. Es posible que conozcan perfectamente la lucha revolucionaria y el estado del movimiento revolucionario en todo el mundo. Sin embargo para salir de la terrible escasez y miseria lo que necesitamos es cultura, honestidad y capacidad de razonar"[6].

La burocracia impidió la polémica revolucionaria, obstaculizando la participación política efectiva de las masas. Los dirigentes soviéticos desentendieron que el socialismo no puede triunfar contra la libertad de pensamiento, contra el hombre, sino al contrario, mediante la libertad de pensamiento, mejorando la condición de existencia de ese hombre.

La dogmatización que sufrió el marxismo, la persecución y descrédito de quienes intentaron defenderlo, la síntesis errada marxismo-URSS (incluyendo sus desastrosas consecuencias internacionales), y la imposibilidad de desarrollar otras líneas de pensamiento, provocaron la formación de generaciones de soviéticos desprovistos del necesario bagaje teórico conceptual para enfrentar los desafíos históricos contemporáneos.

Es sobre todo en la naturaleza autoritaria de la burocracia soviética donde debe buscarse el freno a la transición cultural propuesta por el proyecto bolchevique. La falta de participación real, de espacios cívicos de contestación y control del poder, afectaron todos los niveles de la vida social, desde el funcionamiento económico hasta la lucha étnica.

En consonancia con lo anterior, y analizando el proceso de aprobación de la Constitución Soviética, Trotski señaló que "es cierto que el proyecto se sometió en junio a la aprobación de los pueblos de la URSS. Pero en vano se buscaría, en toda la superficie de la sexta parte del globo, al comunista que se permitiera criticar la obra del comité central o, al sin partido, que se aventurara a rechazar la proposición del partido dirigente".[7]

Una muestra de ese catastrófico desatino fue intentar diluir la individualidad en un colectivo cada vez más abstracto, con enmarcado irrespeto a lo distinto, esquematizando un modelo de ciudadano recio, inflexible, como si el hombre soñado pudiera realizarse por decreto. Lo que hubo de fondo fue una concepción demasiado simplista del hombre, ignorando completamente la psicología y sus modificaciones en atmósferas diversas. La dirigencia soviética no solo reveló su incapacidad de mantener con vida el espíritu revolucionario en el proceso de enfrentamiento a las circunstancias históricas en que interactuaron, sino que imposibilitaron cualquier vestigio de pensamiento divergente, crítico, desafiante de la autoridad.

Bajo el pretexto de ser el guía de la sociedad, el PCUS se convirtió en una maquinaria que frenó, desvirtuó y violentó los procesos naturales de la sociedad. La diferencia entre Lenin y Stalin, entre muchas otras cuestiones, es que, este último, aprovechando algunas condiciones creadas en vida del gran líder revolucionario, desvirtuó el sentido de la dirección partidista hacia el totalitarismo[8]. Lenin había preparado el Partido Bolchevique para dirigir a los obreros, no para domarlos o subyugarlos[9].

Con la hipercentralización económica que conllevó este proceso, la burocracia soviética, como parte de su distanciamiento del control de las masas, manejó hasta el mínimo detalle, los hilos de la producción frente a un mediocre andamiaje de niveles intermedios compuesto por técnicos, gerentes y especialistas, siendo una verdadera plaga que fue imposible desmontar a lo largo de la existencia de la URSS. El historiador Eric Hobsbanw recuerda que "poco antes de la (Segunda) Guerra (Mundial) había ya más de un administrador por cada dos trabajadores manuales"[10].

El modelo soviético presentó a partir de ese momento dos problemas esenciales que evidencian, desde la propia teoría marxista, el distanciamiento entre el socialismo como estadio superior del desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción y la realidad soviética. Por una parte, se eliminaron arbitrariamente (1928) el resto de los tipos socioeconómicos que podían converger en la edificación de las bases para la nueva sociedad. Por otro lado, se crearon "islotes económicos" (complejos industriales, mineros, agrarios) violándose la división social del trabajo, al tiempo que se obviaba la cooperación necesaria entre sectores y ramas de la economía.

Con esta práctica se frenó la especialización y la introducción de nuevas técnicas, lo que impidió un uso racional de los recursos. Debido a la estructura vertical y voluntarista que se impuso al proceso productivo, el desarrollo de un sector iba en detrimento del otro, sin la debida integración entre ellos. En este esquema, las unidades productivas, lejos de ser autónomas, eran presas de la desmedida primacía de los criterios políticos sobre las necesidades económicas.

Los obreros continuaron disociados de los medios de generación de riquezas. No se convirtieron en dueños reales de estos debido a que los elementos burocráticos-administrativos los mantuvieron distanciados de la propiedad efectiva. La adulteración estuvo en identificar la estatalización de la propiedad con la socialización, limitándose a esto la complejidad y profundidad de lo que Marx había entendido como superación del modo de producción capitalista[11].

También en la cuestión de género se apreció la ruptura con los ideales de la Revolución de Octubre. El nuevo Estado obrero concedió amplios derechos jurídicos y políticos como el derecho al divorcio, al aborto, la eliminación de la potestad marital, la igualdad entre el matrimonio legal y el concubinato, etc. Alexandra Kollontai, fue la primera mujer elegida por el Comité Central del Partido Bolchevique en 1917 y la primera en ocupar un puesto de gobierno en el nuevo estado: Comisaria del Pueblo para la Salud, y más tarde fue la primera mujer embajadora de la historia.

A partir de 1926, bajo el régimen de Stalin, se instituyó nuevamente el matrimonio civil como única unión legal. Más tarde se abolió el derecho al aborto, junto con la supresión de la sección femenina del Comité Central y sus equivalentes en los diversos niveles de organización partidaria. En 1934 se prohibió la homosexualidad, y la prostitución se convirtió en delito. No respetar a la familia se convirtió en una conducta "burguesa" o "izquierdista" a los ojos de la burocracia. Los hijos ilegítimos volvieron a esta condición, que había sido abolida en 1917, y el divorcio se convirtió en un trámite costoso y pleno de dificultades[12].

Las instituciones detentadoras de violencia también se hicieron funcionales a los nuevos intereses. En sus orígenes, el Comité de Seguridad del Estado (KGB)[13] tuvo como objetivo combatir la contrarrevolución, los sabotajes y la especulación, objetivos de legítima defensa frente a la oposición reaccionaria que generó la Revolución. Pero esas lógicas motivaciones iniciales se modificaron progresivamente con el ascenso de la burocracia al poder hasta convertirse en el órgano preservador de los intereses del Estado burocrático, cuyo objetivo fue eliminar la oposición de las propias fuerzas revolucionarias[14].

A esto se añade que los oficiales del KGB gozaban de sueldos elevados, amen de buenos destinos en el extranjero, viviendas confortables y disfrutaban de otros privilegios dentro URSS que también fueron mellando su crédito moral. Sin duda fue un sector privilegiado dentro de la sociedad, lo cual resulta comprensible atendiendo a su función real de guardián de los intereses de la burocracia.

El Ejército Rojo fue creado desde la base en enero del año 1918. El Estado obrero necesitaba su propia institución armada para defender sus interese, máxime las agresiones que no se hicieron esperar por más de 14 países al unísono. Como nuevo concepto, la política de los dirigentes bolcheviques estaba abierta a constante debate, en lo cual los uniformados tuvieron un rol importante, y naturalmente, el ejército profesaba las mismas ideas del partido y el Estado.

Pero el Ejército Rojo no escapó a las reaccionarias arremetidas de la burocracia, la que de inmediato lo comenzó a transformar en defensor de sus intereses, arrancándole progresivamente su esencia popular. La medida que refleja con mayor claridad este proceso fue el decreto que restableció el cuerpo de oficiales, dando un golpe demoledor a los principios revolucionarios que originaron esta institución armada, uno de cuyos pilares fue precisamente la liquidación de los cuerpos de oficiales, dándole importancia al puesto de mando, pues este se gana con la capacidad, el talento, el carácter, la experiencia, etc.

Esa medida tuvo un objetivo político al darles a los oficiales un peso social. De ese modo se ligaban más estrechamente con los grupos dirigentes, debilitando su unión con la tropa, deviniendo en ruptura del canal por donde se comunicarían las tropas y la dirigencia política. El cuerpo de oficiales veló celosamente por la "pureza" y fidelidad de los uniformados al "Partido" y al "Estado Socialista". Igualmente se fue apagando el espíritu de libertad y debate que había en las filas del Ejército, en estrecha correlación con el criterio de que "ningún ejército puede ser más democrático que el régimen que lo nutre" [15].

Uno de los elementos más sensible fue la ruptura de los principios básicos del programa bolchevique por el cual los sueldos de los más altos funcionarios no debían sobrepasar la media del salario obrero. A la altura de 1940, cuando un obrero ganaba 250 rublos mensuales, un diputado recibía 1000 rublos, un presidente de república 12.500 rublos y el presidente de la Unión 25.000 rublos en igual período[16]. Para los años de la Perestroika existía el conocido "abastecimiento especial" lo que elevó el nivel adquisitivo de los miembros de la nomenclatura muy por encima de lo que percibía un obrero o un ingeniero.

El líder bolchevique previó, basado en hechos que tuvo que enfrentar en sus últimos meses de vida política, el peligro de que "el gran ruso" heredado de los años de dominación y explotación zarista permaneciera en la política del nuevo Estado. "En tales condiciones –señalaba Lenin– es natural que la libertad de separarse de la unión (…) sea un simple pedacito de papel incapaz de defender a los no rusos de la embestida de ese hombre realmente ruso (…) ese opresor que es el típico opresor ruso. No hay duda de que los obreros soviéticos y sovietizados, que constituyen un porcentaje ínfimo, se ahogarán en ese océano de la canalla gran rusa chovinista como una mosca en la leche"[17].

El hecho real, a pesar de lo que aparecía en la Ley de leyes y otras regulaciones, implicaba la imposibilidad de afirmar que las repúblicas que conformaban el Estado soviético coordinaran sus actividades con el Centro sino que se subordinaban directamente a Moscú. Stalin no hizo otra cosa que nombrar desde arriba a los responsables políticos. Las élites de las repúblicas, aunque arribaran a posiciones de determinada importancia a nivel de las repúblicas, escasamente podían obtener puestos relevantes a nivel de la Unión, donde el predominio ruso llevaba el peso fundamental[18].

El jefe de la Revolución rusa prestaba especial interés a los conceptos emanados de la práctica política frente al tema de la Unión. "Una cosa es la necesidad de unirse contra los imperialistas de Occidente, defensores del mundo capitalista. En eso no cabe duda alguna (…) Otra cosa es cuando nosotros mismo caemos, aunque solo sea en cuestiones de detalles, en actitudes imperialistas hacia las nacionalidades oprimidas, socavando así nuestra sinceridad de principios, toda nuestra defensa de principios de la lucha contra el imperialismo" [19].

Apuntes finales

El socialismo soviético posterior a Lenin no fue una alternativa válida, articulada y viable al capitalismo, porque la burocracia usurpadora no fue, ni podía serlo, portadora de una ideología superior, de un proyecto cultural, entendido como instrumental quirúrgico para realizar la nueva sociedad, o crear las condiciones para lograrlo.

Los hombres que se hicieron del poder no eran los comunistas reflexivos y cultos que Lenin previó como materia prima imprescindible para afrontar y vencer el gran reto histórico que Rusia asumió en 1917. En realidad su práctica política fue una ruptura con ese principio. Estos hombres, paulatinamente extendidos en la sociedad y convertidos en sector dominante, fueron un subproducto de la Revolución y revelaron su incapacidad para timonear la historia rumbo al objetivo cimero: la creación del socialismo.

Los actuales políticos rusos son el rostro burgués oculto durante décadas por la burocracia soviética. El régimen de Yeltsin convirtió a los hombres del partido, a los miembros del gobierno, y de la seguridad, en negociantes y propietarios.

No obstante la posposición de la transición al socialismo que los acontecimientos de la URSS suponen para Rusia, queda en pie la irreversible importancia del triunfo revolucionario de Octubre, señalado por Lenin en 1922, donde reza que "puede ser que nuestro aparato estatal sea defectuoso, pero dicen que la primera máquina de vapor también era defectuosa. Incluso no se sabe si llegó a funcionar, pero no es eso lo que importa; lo importante es que se inventó. No importa que la primera máquina de vapor haya sido inservible, el hecho es que hoy contamos con la locomotora. Aunque nuestro aparato estatal sea pésimo queda en pie el hecho de que se ha creado; se ha realizado la invención más grande de la historia; se ha creado un Estado de tipo proletario"[20].

Es este un punto referencial imprescindible para la elaboración y ejecución de las alternativas anticapitalistas del siglo XXI.

*Ariel Dacal Díaz es jefe de la Redacción Política de la Editorial Ciencias Sociales de Cuba

NOTAS
[1] El título de este epígrafe fue sugerido por el artículo de Alexei Goussev, La clase imprevista: La burocracia soviética vista por León Trotsky. En: Herramienta.
[2] Robert Weil. "Burocratization: The problem with out the class name". En este artículo, el autor hace un pormenorizado análisis de este grupo social, de sus orígenes, de sus características y del modo en que se imbrica con el poder, lo cual sería un útil complemento a quines se interesen por esta problemática tan esencial para entender el proceso soviético. En: Revista Socialism and Democracy. Spring/Sommer, 1988.
[3] Tomado de Ted Grant y Alan Wood, Lenin y Trotski, qué defendieron realmente. En Fundación Federico Engels
[4] León Trotski. ¿Qué es y a dónde se dirige al Unión Soviéticas? La revolución traicionada. Pathfinder. Nueva York. 1992
[5] Adolfo Sánchez. "¿Vale la pena el socialismo?" En: Revista El viejo topo, noviembre 2002, número 172.
(6] Vladimir I. Lenin. "Informe Político al undécimo congreso del Partido". En: La última lucha de Lenin. Discursos y escritos., 1922-1923. Pathfinder, Nueva York, Estados Unidos,1997, p- 65
[7] León Trotski. ¿Qué es y a dónde se dirige al Unión Soviéticas? La revolución traicionada. Pathfinder. Nueva York. 1992, p-211
[8] Régimen en el que los dirigentes imponen a la fuerza un único sistema indispensable para el conjunto de la sociedad y penaliza incluso la idea de una alternativa. Robin Blackburn. "Después de la caída", p-177. En una graficación más amplia, dominación de un partido de masas dirigido por un líder carismático, una ideología oficial, el monopolio de los medios de comunicación de masas, el monopolio de las fuerzas armadas, un control policial terrorista, un control centralizado de la economía Philippe Bourrinet. "Víctor Serge: totalitarismo y capitalismo de Estado (Deconstrucción socialista y humanismo colectivista)"
[9] Los bolcheviques, en contra de sus intenciones, se vieron obligados a establecer el monopolio del poder político. Esta situación, considerada extraordinaria y temporal, originó enormes peligros en un momento en que la vanguardia del proletariado se veía sometida a la creciente presión de clases ajenas. T. Grant-A. Wood Lenin y Trotski, qué defendieron realmente.
10] Eric Hobsbawn. Historia del siglo XX. 1914-1991. Serie Mayor, España, Barcelona, 1998, p-383
[11] Jorge Luis Acanda. Sociedad Civil y hegemonía. Ob. Cit., p-264
12] Adriana D´Atri. Un análisis del rol destacado de las mujeres socialistas en la lucha contra la opresión y de las mujeres obreras en el inicio de la Revolución Rusa. 20 de octubre de 2003. En Diario electrónico alternativo Rebelión.
[13] Hasta la muerte de Stalin, los servicios secretos de la URSS funcionaron con distintos nombres: Cheka, GPU, OGPU, NKVD, KGB, MGB. En 1953 se fusionó el MGB (Ministerio de Seguridad del Estado) y el MVD (Ministerio de Asuntos Interiores) y tomó el mando del emergente Komitei Gosudarstvennoi Bezopasnosti (KGB).
[14] Aunque este órgano nunca desatendió su función de policía política del régimen, su etapa más aberrante en cuanto a crímenes y desprecio humano fue la encabezada por Stalin, quien se apoyó en uno de los seres más despreciables que recuerda la trágica etapa del stalinismo: Beria, quien estuvo frente al KGB durante 15 años, acumulando un expediente criminal que abarcó 50 páginas en el folio de cargos por el que fue juzgado tras la muerte de su jefe, y que lo condujo al pelotón de fusilamiento. Fue el hombre que garantizó la seguridad de Stalin y quizá su colaborador más eficiente, dotado de una pudrición moral única, lo que le permitió permanecer tanto tiempo junto al Secretario General del PCUS. Para más detalles ver: Maximovich, Ala. "Lavrenti Beria". En: Revista Sputnik. No 12, Moscú, diciembre, 1988.
[15] León Trotski. La revolución traicionada… Ob. Cit, p-184
16] Suzzane Labin. Stalin el Terrible. Ob. Ct., p-136
17] Vladimir I. Lenin. La última lucha de Lenin. Ob. Ct., p-204
[18] En muchas ocasiones dentro de las demarcaciones territoriales que no eran parte de la Federación de Rusia, los representantes rusos eran favorecidos con los mejores puestos en sectores claves de la economía y la política, lo que, a decir de Bárbara Sarabia, inclinaba sutilmente la balanza hacia el Centro, pues de las repúblicas periféricas se extraían las materias primas importantes, concentrándose el desarrollo industrial en las regiones eslavos y del Báltico, convirtiéndose en beneficiarias del atraso económico y tecnológico en que paulatinamente se sumían las repúblicas del Asia soviética. Bárbara Sarabia. "Reflexiones en torno al desmonte de la URSS" En: La Perestroika en tres dimensiones: expediente de un fracaso. Investigaciones, Centro de Estudios Europeos, La Habana, 1992, p- 108
19] Ibd., p- 210
[20] Vladimir I. Lenin. Ob.Ct., p-70
Fuente: Cuba Literaria


La Unión Soviética contra el socialismo

Por Noam Chomsky

Cuando los dos grandes sistemas de propaganda mundiales están de acuerdo sobre alguna doctrina, se requiere un esfuerzo intelectual para escapar de sus grilletes. Tal doctrina es que la sociedad creada por Lenin y Trotsky, y moldeada más tarde por Stalin y sus sucesores tiene alguna relación con el socialismo en un sentido preciso históricamente o con significado de este concepto. De hecho, si hay una relación, es la relación de la contradicción.

Está suficientemente claro por qué ambos enormes sistemas de propaganda insisten sobre esta fantasía. Desde sus orígenes, el Estado Soviético ha intentado aprovechar las energías de su propia población y la gente oprimida de otros lugares en servicio de los hombres que sacaron provecho del fermento popular en Rusia en 1917 para conseguir el poder estatal. Una enorme arma ideológica empleada para este fin ha sido la proclama de que los directivos del Estado están llevando a su propia sociedad y al mundo hacia el ideal socialista; una imposibilidad, como cualquier socialista—seguramente cualquier marxista serio—debería haber entendido a la primera (muchos lo hicieron), y una mentira de proporciones de mamut, como la historia ha revelado desde los primeros días del régimen bolchevique. Los amos han intentado obtener legitimación y apoyo mediante la explotación del aura de ideales socialistas y del respeto que está correctamente acorde con ellos, para ocultar su propia práctica ritual, ya que ellos destruyeron todo vestigio de socialismo.

Acerca del segundo principal sistema de propaganda mundial, la asociación del socialismo con la Unión Soviética y sus clientes sirve como poderosa arma ideológica para reforzar la conformidad y la obediencia a las instituciones capitalistas, para asegurar que la necesidad del auto-alquiler a los propietarios y directivos de estas instituciones será contemplada virtualmente como una ley natural, la única alternativa a la mazmorra "socialista". Así, el liderazgo soviético se retrata a sí mismo como socialista para proteger su derecho de manejar el club, y los ideólogos occidentales adoptan la misma postura para prevenir la amenaza de una sociedad más libre y justa. Este ataque articulado contra el socialismo ha sido altamente efectivo para minarlo en el periodo moderno.

Uno debe tomar nota de otro instrumento usado de manera efectiva por los ideólogos capitalistas estatales en su servicio al poder y privilegio existentes. La denuncia ritual de los así llamados Estados "socialistas" está repleta de distorsiones y a menudo de simples mentiras. Nada es más fácil que denunciar al enemigo oficial y atribuirle cualquier crimen: no hay necesidad de tener que cargar con las demandas de pruebas o lógica mientras uno marcha en el desfile. Los críticos de la violencia y atrocidades occidentales a menudo intentan establecer la realidad récord, reconociendo las atrocidades criminales y la represión que existen mientras exponen los cuentos que son mezclados al servicio de la violencia occidental. Con regularidad predecible, estos pasos son interpretados de primeras como apologías del imperio del mal y sus sirvientes. Así se preserva el Derecho a Mentir en el Servicio del Estado, y la crítica de la violencia y atrocidades del Estado es socavada. Vale la pena también mencionar el gran atractivo de la doctrina leninista para la "intelligentsia" moderna en periodos de conflicto o sacudida. Esta doctrina permite a los "intelectuales radicales" el derecho a mantener el poder estatal y a imponer la cruda regla de la "Burocracia Roja", la "nueva clase", en los términos del análisis de Bakunin de hace un siglo. Como en el Estado bonapartista denunciado por Marx, ellos se convierten en "los sacerdotes del Estado", y en la "excrecencia parasitaria sobre la sociedad civil" que dirige con mano de hierro.

En periodos en los que hay poco desafío a las instituciones capitalistas de Estado, los mismos compromisos fundamentales llevan a la "nueva clase" a servir de directivos e ideólogos estatales, "golpeando al pueblo con el bastón del pueblo", en palabras de Bakunin. No es muy extraño que los intelectuales encuentren la transición desde "comunismo revolucionario" a "celebración de Occidente" tan fácil, volviendo sobre un guión que ha evolucionado de tragedia a farsa durante el pasado medio siglo. En esencia, todo lo que ha cambiado es la valoración de dónde está el poder. La sentencia de Lenin de que "socialismo no es nada sino el monopolio capitalista estatal hecho para beneficiar a todo el pueblo", el cual por supuesto debe confiar en la benevolencia de sus líderes, expresa la perversión del "socialismo" hacia las necesidades de los sacerdotes del Estado, y nos permite comprender la rápida transición entre posiciones que superficialmente parecen diametralmente opuestas, pero que de hecho están bastante cercanas.

La terminología del discurso político y social es vaga e imprecisa, y constantemente degradada por ideólogos de uno u otro color. Sin embargo, estos términos tienen al menos algún residuo de significado. Desde sus orígenes, el socialismo ha significado la liberación de los trabajadores de la explotación. Como observó el teórico marxista Anton Pannekoek, "esta meta no es alcanzada y no puede ser alcanzada por una nueva clase dirigente y gobernante que sustituye a la burguesía", sino que sólo puede ser "realizada por los mismos trabajadores siendo dueños de la producción". La apropiación de la producción por los productores es la esencia del socialismo, y medios para conseguir esto han sido ideados regularmente en periodos de lucha revolucionaria, contra la amarga oposición de las tradicionales clases dominantes y los "intelectuales revolucionarios" guiados por los principios comunes de directivismo leninista y occidental, adaptados a circunstancias cambiantes. Pero el elemento esencial del ideal socialista permanece: convertir los medios de producción en la propiedad de productores libremente asociados y de este modo en propiedad social de gente que se ha liberado de la explotación de su patrón, como un paso fundamental hacia un más amplio reino de libertad humana.

La "intelligentsia" leninista tiene una agenda diferente. Ellos concuerdan con la descripción que Marx hace de los "conspiradores", quienes "se apropian del proceso revolucionario en desarrollo" y lo distorsionan para sus fines de dominación; "De aquí su más profundo desdén por un alumbramiento más teórico de los trabajadores sobre sus intereses de clase", los cuales incluyen el derrocamiento de la Burocracia Roja y la creación de mecanismos de control democrático sobre la producción y la vida social. Para los leninistas, las masas deben ser estrictamente disciplinadas, mientras que los socialistas lucharán para lograr un orden social en el cual la disciplina "se convertirá en superflua" ya que los productores libremente asociados "trabajan según su propio acuerdo" (Marx). El socialismo libertario, además, no limita sus intentos al control democrático de los productores sobre la producción, sino que busca abolir toda forma de dominación y jerarquía en cada aspecto de la vida social y personal, una lucha sin fin, ya que el progreso en conseguir una sociedad más justa llevará a nueva intuición y entendimiento de formas de opresión que pueden estar ocultas en la práctica y conciencia tradicionales.

El antagonismo leninista a los más esenciales rasgos del socialismo fue evidente desde el mismo comienzo. En la Rusia revolucionaria, los soviets y los comités de fábrica se desarrollaron como instrumentos de lucha y liberación, con muchas imperfecciones, pero con un rico potencial. Lenin y Trotsky, al asumir el poder, se dedicaron inmediatamente a destruir el potencial liberatorio de estos instrumentos, estableciendo el mando del Partido, en la práctica su Comité Central y sus Líderes Máximos- exactamente como Trotski había predicho años antes, como Rosa Luxembourg y otros marxistas de izquierda advirtieron en esos momentos, y como los anarquistas habían entendido siempre. No sólo las masas, sino incluso el Partido debía estar sujeto a "vigilante control desde arriba", mantenía Trotsky mientras hacía la transición desde intelectual revolucionario a sacerdote de Estado. Antes de hacerse con el poder del Estado, el liderazgo bolchevique adoptó mucha de la retórica de gente que estaba unida a la lucha revolucionaria desde abajo, pero sus verdaderos compromisos eran bastante diferentes. Esto era evidente antes y se convirtió en clarísimo cuando asumieron el poder del Estado en Octubre de 1917.

Un historiador simpatizante de los bolcheviques, E. H. Carr, escribe que "la inclinación espontánea de los obreros a organizar comités de fábrica y a intervenir en la dirección de las fábricas fue inevitablemente alentada por una revolución que llevó a los obreros a creer que la maquinaria productiva del país les pertenecía a ellos y podía ser manejada por ellos a su propia discreción y para su propia ventaja" (el énfasis es mío). Para los obreros, como un delegado anarquista dijo, "Los comités de fábrica eran elementos del futuro... Ellos, no el Estado, deberían ahora administrar". Pero los curas del Estado sabían más, y se movieron enseguida para destruir los comités de fábrica y para reducir a los soviets a órganos de su control. El 3 de Noviembre, Lenin anunció en un "Decreto de Refuerzo sobre el Control de los Trabajadores" que los delegados elegidos para ejercitar tal control iban a ser "responsables ante el Estado del mantenimiento del orden y disciplina más estrictos y de la protección de la propiedad". Cuando el año acababa, Lenin señaló que "nosotros pasamos del control de los obreros a la creación del Consejo Supremo de Economía Nacional", que iba a "sustituir, absorber y suplantar la maquinaria del control de los obreros" ( Carr ). "La misma idea de socialismo está encarnada en el concepto de control de los obreros", se lamentó un sindicalista menchevique ;el liderazgo bolchevique expresó el mismo lamento en acción, demoliendo la misma idea de socialismo.

Pronto Lenin iba a decretar que el liderazgo debía asumir "poderes dictatoriales" sobre los trabajadores, quienes debían aceptar "incuestionable sumisión a una voluntad única" y, "en los intereses del socialismo", debían "obedecer incuestionablemente la voluntad única de los líderes del proceso de trabajo". Mientras Lenin y Trotsky procedían con la militarización del trabajo, la transformación de la sociedad en un ejército del trabajo sometido a su voluntad única, Lenin explicaba que la subordinación del trabajador a "la autoridad individual" es "el sistema que más que ningún otro asegura la mejor utilización de los recursos humanos"- o como Robert McNamara expresó la misma idea, "la vital toma de decisiones... debe permanecer en la cúspide... la amenaza real a la democracia viene no de la demasiada dirección, sino de la poca dirección"; "si no es la razón la que dirige al hombre, entonces el hombre pierde su potencial", y la dirección no es otra cosa que el mando de la razón, lo que nos mantiene libres. Al mismo tiempo, el "faccionalismo"—por ejemplo, cualquier cantidad mínima de libre expresión y organización—era destruido "en los intereses del socialismo", ya que el término fue redefinido para sus propósitos por Lenin y Trotsky, quienes procedieron a crear las estructuras proto-fascistas básicas convertidas por Stalin en uno de los horrores de la edad moderna.

El fallo al entender la intensa hostilidad hacia el socialismo por parte de la "intelligentsia leninista" (con raíces en Marx, sin duda), y el correspondiente mal entendimiento del modelo leninista, ha tenido un impacto devastador en la lucha por una sociedad más decente y un mundo habitable en Occidente, y no sólo allí. Es necesario encontrar una vía para salvar el ideal socialista de sus enemigos en ambos centros de poder mundiales, de aquellos que siempre buscarán ser los sacerdotes del Estado y los directivos sociales, destruyendo la libertad en el nombre de la liberación.

Fuente: Our Generation, 1986


¿Estamos ante tiempos finales?

Por Adrian Salbuchi

En 1971, en su obra - hoy inhallable - "Between Two Ages: America’s Role in the Technetronic Age" (publicada en castellano con el título "La Era Tecnotrónica" por Ed. Paidós, Buenos Aires), el politólogo polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinski lanzaba el desafío de avanzar hacia un sistema mundial unificado de lo que, ya entonces, se avisoraba sería la "globalización". Para lograrlo, solo era cuestión, según él, de "socializar el capitalismo" y "capitalizar el socialismo". "Hay que encontrarse a mitad de camino" con el socialismo marxista dijo Brzezinski, preanunciando la Tercera Vía hoy impulsada desde la London School of Economics. Todo por supuesto en aras de la panacea de un democratiquísimo Nuevo Mundo Feliz, a forjarse una vez desplazada la mastodóntica Unión Soviética.

Pues aunque a principios del siglo XX, la Unión Soviética conformaba un potencial modelo de globalización, su crecientemente estrepitoso fracaso en el gerenciamiento económico-financiero forzó la decisión - hacia los años setenta y desde instancias muy, muy por encima del Polítburo moscovita, de la Casa Blanca en Washington y del 10 Downing Street londinense – de promover la globalización venidera según el dogma de la "democracia" y la economía de mercado, en el sentido de que este sistema democrático conforma el sistema político favorito del poder del dinero.

El dilema consistía entonces en cómo lograr ese Nuevo Orden Mundial sin llegar a un peligroso enfrentamiento potencialmente termonuclear entre la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia, por un lado, y el "Mundo Libre" liderado por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, por el otro. Eso era en el lejano año 1971.

Poco tiempo después, el banquero-petrolero David Rockefeller le encomendó a Brzezinski (entonces director del poderoso CFR, Council on Foreign Relations neoyorquino presidido por don David), que fijara las bases ideológicas para una nueva organización privada de planeamiento geopolítico – un "think tank" - a la que se le encargaría la tarea de gerenciar la infiltración capitalista dentro de la orbe soviética, para así terminar de minar sus endebles bases marxistas-leninistas, al tiempo que se promovería el ideario socialdemócrata dentro del "mundo libre". Esa organización hoy es conocida como Trilateral Commission, fue fundada en Tokio en Junio de 1973 y diseño buena parte de este operativo de pinzas o tenaza, regido desde instancias superiores del poder planetario que desembocó en el actual Nuevo Orden Mundial globalizado.

Reuniendo intereses financieros, industriales, y políticos de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, la Trilateral Comisión contaba entre sus fundadores a hombres como Giovanni Agnelli (il Cappo del Grupo FIAT que instaló gigantescas plantas capitalistas en plena Unión Soviética), James Carter (ya por entonces ungido como futuro presidente de Estados Unidos), Sir Henry Kissinger (operador geopolítico del partido republicano), Raymond Barre (ex-premier francés), Akio Morita (fundador de la Sony), el propio Brzezinski y otros 300 luminarios del Superior Gobierno Mundial "que se conocen entre sí y manejan todo el mundo", según alguna vez se le escapara imprudentemente en los años veinte el industrial Walter Rathenau, fundador de la AEG – Allgemeine Elektrizitäts Gesellschaft – la General Electric germana de la que habla Lenin en una de sus interesantes obras ("El imperialismo como estadio superior del capitalismo") .

Desde sus inicios, la Trilateral Commission operó como una suerte de brazo internacional del más antiguo y complejo Council on Foreign Relations (CFR) y su hermana mayor británica, el Royal Institute of Internacional Affairs (RIIA, también conocido como "Chatham House", nombre de la noble casona que alberga su sede en St. James’s Square en Londres) .

La estrategia dio excelentes resultados pues, menos de veinte años después, caía el Muro de Berlín y se reunificaba Alemania (1989), y en 1991 colapsaba y se desintegraba la ex-Unión Soviética y el Pacto de Varsovia se esfumaba como una pompa de jabón. Veinte años demandó ese proceso. Nada malo considerando que se trató de un complejísimo proceso de reingeniería geopolítica planetaria que, incluso, se llevó a cabo de manera insólitamente "pacífica".

Desde entonces, se ha ido conformando una suerte de nueva "ideología" globalizadora, basada en la estandarización de lo "políticamente correcto", el encumbramiento del sistema financiero por encima de los Estados nacionales y el dogma universal de la sacrosantidad del "mercado de capitales", la "mano invisible" que todo lo ordena (¿alguién se preguntará alguna vez por el brazo que mueve esa mano "invisible", y por el cerebro que dirige ese brazo?) y el vástago de ambos, la Usura parasitaria apátrida e inmoral.

Eran aquellos años marcados por la crisis del petróleo (1973), el gobierno de Carter (integrado en su casi totalidad por miembros de la flamante Trilateral Commission), el reciclado de los "petrodólares" hacia Latinoamérica (especialmente hacia la Argentina a partir de Marzo de 1976, una vez instaurado el gobierno "amigo" del "Proceso" cívico-militar astutamente regenteado por José Martínez de Hoz y estúpidamente custodiado por Videla, Agosti y Massera).

Fue entonces cuando comenzó el drama – ya hoy catastrófico – de la "deuda externa argentina". Fue entonces cuando se creó la sucursal local del CFR y de la Trilateral Commission en la Argentina: el CARI (Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales), fundado en Junio 1978 por Sir Henry Kissinger, Mariano Grondona, Fernando de la Rúa, Adalberto Rodríguez Giavarini, Roberto Alemann, Nicanor Costa Mendez, Jorge Wehbe, Rosendo Fraga y Roberto Lavagna, entre otros). Fue entonces cuando se le comienza a dar forma al modelo de Nuevo Orden Mundial en lo político a través del dogma socialdemócrata, que hoy impulsa la "transversalidad" política conocida como "Tercera Vía", según la encarnan sus conspicuos adherentes como Bill Clinton, Felipe González, Tony Blair y Néstor Kirchner.

Hoy, Argentina yace confundida, debilitada e inmersa en una decadencia sin precedentes, cuya podredumbre fluye desde las máximas instancias del Poder público y privado. Hoy Argentina se desliza hacia un abismo que amenaza con su disolución territorial, gracias a treinta años de perfeccionamiento del principal instrumento operativo de dominio del Nuevo Orden Mundial sobre nosotros: la deuda externa.

Hoy, Argentina dispone - como ningún país del mundo - de instrumentos poderosos para pelear esa deuda fraudulenta e inicua, que le permitirían demostrar su ilegitimidad estructural. Pero nadie lo hace. Pues la Argentina ha sido ocupada por los agentes gerenciadores y operadores encubiertos (o no tan encubiertos) del Enemigo Usurero Planetario. Y esa ocupación nacional abarca la Casa de Gobierno, el Ministerio de Economía, el Banco Central, el Congreso, los máximos Tribunales de la Nación, los multimedios monopólicos y las fuerzas del dinero. Pues en los países marcados para su destrucción todo - en última instancia -; todo lo define el dinero.

© Adrian Salbuchi, Héctor Giuliano, Dénes Martos – Agosto 2004. Fuente: El Traductor Gráfico, agosto 2004


El futuro de la Historia

Una entrevista con Howard Zinn por David Barsamian

Howard Zinn, profesor emérito de la Universidad de Boston, es uno de los historiadores más distinguidos de los Estados Unidos. Fue un participante activo de los movimientos por los derechos civiles y en contra de la Guerra del Vietnam. Su influyente libro Estados Unidos, es ampliamente utilizado en las aulas universitarias. También es autor de Declarations of Independence y Nadie es neutral en un tren en marcha.[1] Su último libro es The Zinn Reader.

En The Zinn Reader escribió "Fue muy importante para mí, en el momento en que estaba tomando conciencia de la cuestión crucial de las clases, el leer El Manifiesto Comunista de Karl Marx." El año 1998 marcó el 150 aniversario del Manifiesto. La pregunta es inevitable: ¿Es Marx aún relevante hoy en día?


Desconozco si lo sabes, pero ya decidí tratar esta cuestión incluso antes del 150 aniversario. Lo hice a través de una obra de teatro. Se titula Marx in Soho. Se trata de un monólogo en el que Marx aparece en la actualidad - es una fantasía, por supuesto. La razón por la cual quería escribir algo sobre Marx es que hay ciertas cosas que dijo en el siglo XIX que resultaron ser inadecuadas para el entendimiento del mundo tal y como es hoy en día. Tenía una visión distorsionada sobre cuánto tiempo tomaría el que se produjese una revolución socialista. Hubo un momento en el que él y Engels pensaron que las revoluciones de 1848 en Europa conducirían a las revoluciones obreras. No fue así.

Marx no llegó a ser consciente de la capacidad de supervivencia del capitalismo, de la aptitud del sistema para idear obstáculos a la revolución, su poder para suprimir movimientos revolucionarios y su habilidad para alejar a la clase obrera de la idea del cambio revolucionario. Aunque Marx presenció los eventos de mediados del siglo XIX en los EE.UU. y fue durante un tiempo corresponsal del New York Tribune, no supo anticipar el hecho de que el sistema estadounidense sería capaz de mantener a raya a los movimientos revolucionarios por medio de diversas de tácticas. Me refiero a "tácticas", como si se tratara de algo deliberado, pero creo que probablemente no sea del todo acertado llamarlas "tácticas". Dejémoslo en que se dieron ciertos desarrollos dentro del capitalismo estadounidense que posibilitaron su supervivencia. Uno de ellos fue el hecho de que el capitalismo en los EE.UU., gracias a la enorme riqueza del país, fue capaz de responder a los movimientos obreros haciendo concesiones, de responder al sindicalismo aceptando una subida de los salarios y la reducción de las horas de trabajo. El sistema hizo frente a las crisis económicas con reformas, como en la década de los treinta con el New Deal. De ese modo creó un sector de la clase obrera más satisfecho, el cual se ha mantenido conforme con el sistema o, cuando ha estado disconforme, no ha sido con el capitalismo como sistema sino con manifestaciones específicas del mismo. Así, la mayoría de los trabajadores de los EE.UU. no interpretan sus problemas como sistémicos, sino como problemas que son corregibles a través de reformas. Por lo tanto, el sistema ha sido capaz de sostenerse al poseer la riqueza suficiente para distribuir regalos entre parte de la clase obrera al mismo tiempo que mantenía unos enormes beneficios.

En los días de la Primera Guerra Mundial, W.E.B. Du Bois, uno de los intelectuales norteamericanos más sagaces, observó que el sistema estadounidense estaba siendo capaz de otorgar ciertas recompensas a sus trabajadores gracias a la explotación de otra gente en el extranjero. Percibió el carácter imperialista de la Primera Guerra Mundial y de las potencias occidentales, y halló que las potencias occidentales, extrayendo la riqueza del Medio Oriente, Latinoamérica y Asia, eran capaces de dar una pequeña parte de sus beneficios a su propia clase trabajadora, pudiendo así hacerla partícipe de cierta unidad nacional, lo que al mismo tiempo les permitiría reclutarla en la guerra que querían mantener.

Es muy diferente tener una clase trabajadora que representa el 80 por ciento de la población y que está furiosa contra el sistema a tener una clase trabajadora de la cual la mitad de ella se siente satisfecha con los obsequios recibidos, dejando a una minoría en la pobreza más absoluta. Esa minoría puede ser grande, en los EE.UU. puede haber unos 40 millones de personas en circunstancias angustiosas sin asistencia médica, con una alta incidencia de mortalidad infantil, pero no llega a ser lo suficientemente grande como para llevar a cabo el tipo de revolución obrera que Marx y Engels esperaban.

Pienso que Marx tampoco vio, y esto fue señalado por Paul Sweezy y Paul Baran en sus análisis post-marxistas del capitalismo, que la crisis económica que los marxistas esperaban después de la Segunda Guerra Mundial no tuvo lugar a causa de la militarización del capitalismo.

Una especie de Keynesianismo militar se puso en funcionamiento, por el cual a través de una enorme suma de dinero destinada a contratos militares, el gobierno creaba empleo y ponía "inyecciones" venenosas a largo plazo, pero que a corto plazo mantenían el sistema.

or otro lado, hay análisis del sistema capitalista de Marx que resultaron ser muy lúcidos. Probablemente el más obvio sea sobre la creciente concentración y centralización del capital a escala global. Lo que ahora llamamos economía global, o globalización, ya fue predicho por Marx. Anticipó un mundo cada vez más interrelacionado económicamente. Anticipó las empresas convirtiéndose en megacorporaciones, las fusiones, y la posesión de los recursos materiales de todo el mundo concentrándose cada vez en menos manos. Se comenta a menudo que Marx habló del empobrecimiento del proletariado y el correspondiente incremento en la riqueza de las clases altas, la polarización entre riqueza y pobreza. Y muy a menudo se dice que Marx se equivocó en esto. En los EE.UU. no es tan evidente por esa gran clase media que no se encuentra ni en un polo ni en el otro. Si lo miras desde una perspectiva global, el capitalismo global ha evolucionado en esa dirección . Si comparamos la riqueza de los países ricos y la de los países pobres, especialmente si consideramos la riqueza del sector de mayor ingresos de los países ricos y el 90 por ciento de la población de los países pobres, nos encontramos con una polarización de la riqueza más marcada de lo que era en el siglo XIX.

Una de las cosas sobre la que Marx llamó la atención fue el hecho de que una vez que el dinero es introducido en la economía mundial, la búsqueda de riqueza se vuelve infinita. Ya no se trata de posesiones materiales, de tierras, como durante la época feudal. Una vez que el dinero ha sido introducido, ya no hay un límite a la acumulación de riqueza.

Los defensores de las virtudes capitalistas señalan que la URSS se apropió de Marx, de su nombre y del prestigio del socialismo. Puesto que la Unión Soviética fracasó estrepitosamente, tanto los análisis de Marx como la filosofía política socialista han quedado desacreditados.

Sé que eso es lo que se ha dicho. Pero el marxismo solamente podía haber sido desacreditado si la Unión Soviética hubiera creado el tipo de sociedad que Marx y Engels proponían como una sociedad socialista. Pero cuando Marx y Engels hablaban sobre la dictadura del proletariado tenían una idea muy concreta de lo que querían decir con ello. Querían decir que la mayoría de la gente, la clase trabajadora, estaría a cargo de la sociedad. Con 'dictadura del proletariado' no querían decir que un partido político se auto-constituyese en portavoz de la clase trabajadora. De hecho, un partido nunca podría ser tal portavoz, y mucho menos un comité central, un Politburó o un solo individuo. Marx y Engels no imaginaron ese tipo de dictadura.

En un momento dado, Marx habla sobre la Comuna de París de 1871 y su carácter marcadamente democrático, por el que los communards, la gente que se reunía para legislar, tomaban decisiones en el contexto de interminables discusiones diarias, cada hora, 24 horas al día, en las calles de París en las que participaba la gente de París. Y Marx dice: ¿queréis saber a qué me refiero con la dictadura del proletariado? Ahí tenéis a la Comuna de París. Cuando Marx hablaba sobre como sería una sociedad socialista, está claro que no esperaba que esa sociedad creara gulags, que encarcelara disidentes y ejecutara no sólo a los capitalistas, sino también a camaradas revolucionarios, como ocurrió en la Unión Soviética y China. Marx y Engels entendían la dictadura del proletariado como un fenómeno temporal durante el cual el carácter socialista de la sociedad se haría cada vez más comunal y más democrático, y el estado, como dijeron, cada vez sería menos necesario. Marx y Engels declararon en el Manifiesto Comunista que su objetivo era el libre desarrollo del individuo.

La Unión Soviética y otros países se han llamado a sí mismos marxistas y han establecido estados policiales que actuaban contra el espíritu de las ideas de Marx. Así que me alegré mucho de que con la desintegración de la Unión Soviética ya no se asociara el socialismo con la Unión Soviética, que ya no se pudiera decir "éste es un lugar donde existe el socialismo". Me pareció que entonces se podría despejar el ambiente y que podríamos empezar a hablar del socialismo como se hablaba a principios de siglo en los EE.UU., antes de que la Unión Soviética existiera, cuando el Partido Socialista era una fuerza vigorosa en los EE.UU., cuando su candidato a la presidencia recibía casi un millón de votos. Había periódicos socialistas por todo el país que probablemente eran leídos por varios millones de personas. En aquella época la Industrial Workers of the World (IWW) era una fuerza muy efectiva organizando huelgas y revueltas por todo el país.

Es muy interesante ver que el socialismo en este país disfrutó de su momento más álgido antes de que la Unión Soviética existiera. Entonces la gente podía tomar en consideración las ideas socialistas sin la imposición de un ejemplo foráneo y distorsionado. La gente encontraba aquellas ideas muy razonables. Veían que Eugene Debs, Mother Jones, Emma Goldman, Jack London, Lincoln Steffens, y otra gente admirada en los EE.UU. se habían convertido al socialismo porque habían sido testigos de lo que el capitalismo estaba haciendo con las personas. El socialismo en aquella época era de sentido común, como la idea de que puedas tomar la riqueza del país e intentar utilizarla de manera racional y humana.

Los reaganitas se atribuyen el mérito del colapso de la Unión Soviética. Dicen que la agresiva política armamentística y la expansión del ejército en tiempos de Reagan colaboraron en llevar a la bancarrota a la URSS. ¿Cuál es su opinión sobre eso? ¿Tiene alguna explicación alternativa de por qué la Unión Soviética colapsó?

Siempre tengo una explicación alternativa. No me cabe duda de que la militarización de la economía soviética fue un factor para el empobrecimiento de la Unión Soviética. Pero eso fue un desarrollo a muy largo plazo. No fue sólo durante Reagan que tanto la Unión Soviética como los EE.UU. se enzarzaron en una carrera de armamentos en la que invirtieron una proporción exorbitante de su riqueza nacional en el ejército. Ese también ha sido un factor para que los EE.UU. tengan una estructura de servicios sociales menos generosa con sus ciudadanos que, digamos, los servicios sociales de países mucho más pobres como los países escandinavos, Nueva Zelanda, Francia o Alemania, con sus sistemas de sanidad universal.

Sin pretender saber exactamente qué fue lo que provocó el colapso de la Unión Soviética, pienso que uno de los factores verdaderamente importantes fue la creciente insatisfacción con el sistema, con el estado policial, con la falta de libertad. Estoy pensando en el creciente contacto de la Unión Soviética con el resto del mundo, volvemos al fenómeno descrito por Marx, a ese mundo cada vez más interrelacionado, donde la gente y los bienes viajan cada vez más a través de las fronteras, la cultura es diseminada por todo el mundo, y la gente sabe lo que está ocurriendo en otros países. Creo que para la gente de la Unión Soviética, conforme viajaban más y la radio y la televisión les suministraba más información, su propia sociedad se fue convirtiendo en más desagradable. Las restricciones a las libertades de movimiento y expresión se convirtieron en insoportables. Pienso que desarrollaron una disidencia clandestina. Se sabe que existía una prensa y literatura clandestina, por la cual textos autoeditados circulaban ilegalmente extendiendo ideas subversivas. Todo esto tuvo un efecto corrosivo en una sociedad muy dictatorial. Supongo que las tiranías, a veces al cabo de muchos años, colapsan necesariamente. Quienquiera que sea el líder de un país rival en el momento del colapso se atribuirá el mérito, como en este caso lo hizo Reagan.

¿Le sorprendió la transformación pacífica de la Unión Soviética y sus estados satélites, con la excepción de Rumania? Se trataba, a todos los efectos, de dictaduras militares que experimentaron una transferencia de poderes pacífica.

Creo que ese es un hecho fascinante y un episodio histórico muy importante a ser investigado. Reafirma la noción de que es posible llevar a cabo importantes cambios sociales sin recurrir a la violencia, sin un baño de sangre. Para mí es una reivindicación de la idea de que tenemos que abandonar el uso de la fuerza militar para provocar cambios sociales. De hecho, los cambios sociales pueden producirse como resultado de las acciones de un gran movimiento popular. El recurso a la fuerza militar para provocar cambios sociales, el recurso a la insurrección armada o a lo que un movimiento revolucionario llama lucha armada es la evidencia de que el movimiento revolucionario no ha ganado suficiente apoyo entre la población. Creo que en cuanto se producen expresiones populares en masa por las calles, como ocurrió en Alemania del Este, y se hace evidente que la resistencia es abrumadora, las cosas no pueden seguir igual. Así que para mí esta es una prueba decisiva. O tomemos el ejemplo de la Unión Soviética. En los EE.UU. estuvimos a punto de utilizar armas atómicas contra la Unión Soviética para destruirla. La tiranía cayó por sí misma, mayormente por causas internas.

Creo que uno de los ejemplos más llamativos de que los cambios sociales pueden y deben tomar lugar sin violencia masiva es lo que ocurrió en Sudáfrica. Fue muy revelador que el Congreso Nacional Africano [African National Congress (ANC), partido de N. Mandela], que ciertamente estaba dispuesto a llevar a cabo actos de sabotaje e incluso actos esporádicos de violencia, no buscaba una guerra civil total en Sudáfrica. Sabían que esto resultaría en millones de personas muertas, la mayoría de ellas sudafricanos negros. Estuvieron dispuestos a invertir más tiempo, más energía, a utilizar una variedad de tácticas y, finalmente, el apartheid colapsó. ¿Quién hubiera predicho que Mandela, en prisión durante 27 años, se convertiría en el líder de la nueva Sudáfrica? Aunque no cabe duda de que la nueva Sudáfrica no ha resuelto todavía problemas fundamentales, el poder político negro al menos crea una posibilidad de cambio que era impensable bajo el antiguo régimen.

Ud. participó en teatro durante los años sesenta. Escribió una obra sobre Emma Goldman titulada Emma.[2] Ha sido representada en los EE.UU., Japón e Inglaterra. ¿Qué fue lo que le atrajo de esta figura?

Mi primer contacto con Emma Goldman fue siendo un adolescente a través un libro llamado Critics and Crusaders, agotado hace mucho, pero que tuvo una gran influencia sobre mí. Se trataba de una colección de ensayos sobre diversos radicales de la historia americana. Dedicaba un capítulo a cada uno, y entre ellos se encontraba Emma Goldman, la anarquista y feminista. Leí el capítulo sobre ella, y luego me olvidé de él, del mismo modo que la cultura estadounidense se había olvidado de ella durante mucho tiempo. Había sido una figura muy importante a principios de siglo. Fue relegada a un segundo plano no sólo por la cultura general, sino también por la cultura de izquierdas, porque el Partido Comunista era la fuerza dominante en los EE.UU. durante los años treinta y cuarenta. Emma Goldman era anticomunista. Había escrito un ataque muy duro contra la Unión Soviética tras su experiencia allí. Fue condenada al olvido no sólo por el establishment, sino también por la izquierda.

No supe nada sobre ella hasta que un día, en una convención en Pennsylvania a mediados o finales de los sesenta, me encontré con otro historiador llamado Richard Drinnon que me dijo que había escrito una biografía sobre ella titulada Rebel in Paradise. Esta biografía de Emma Goldman es sensacional. Me llevó a leer su autobiografía, Viviendo Mi Vida.[3] Lo que me llamó la atención era que, entonces en los años sesenta, la Nueva Izquierda se había distanciado de la doctrina tradicional del Partido Comunista y, sin llegar a ser anarquista, compartía muchas de las preocupaciones anarquistas en su oposición al estado, al dogmatismo, en su deseo por provocar cambios revolucionarios en la cultura de manera simultánea a los cambios en la política y la economía. Así Emma Goldman pertenecía, bajo mi punto de vista, a una concepción del universo de la Nueva Izquierda.

Descubrí que mis estudiantes, lejos de encontrarla anticuada e irrelevante tal y como temía cuando empecé a repartir sus escritos en clase, se encontraban atraídos por sus ideas y su postura ante la vida, su enérgico feminismo, su anarquismo, su postura contra el estado, contra el capitalismo, contra la religión, contra todas las normas tradicionales de comportamiento sexual y el matrimonio. Era un espíritu libre. Entonces surgió la posibilidad de la obra de teatro.

¿Cuáles fueron las influencias en su obra teatral? ¿Tenía algún modelo, estaba interesado en la obra de Bertolt Brecht, por ejemplo?

Fue una variedad de influencias en mi vida lo que me llevó a escribir para teatro. Primero, había miembros de mi familia que habían estado relacionados con el teatro. Mi mujer fue actriz durante un tiempo en Atlanta y aquí en Cambridge. Mi hija actuó en Atlanta en la producción de El Diario de Ana Frank en 1962. Interpretó el papel de Ana Frank y ganó un premio a la mejor actriz del año en Atlanta. Nuestro hijo era músico y actor y consagró su vida al teatro, y aún lo hace, llevando un pequeño teatro en Wellfleet, Cape Cod. Asistimos a las primeras funciones en Broadway de Muerte de un Viajante, y Un Tranvía Llamado Deseo de Tennessee Williams.

Las ideas políticas y la imaginación teatral de Brecht me fascinaban. Cuando comencé en el teatro, aprendí ciertas lecciones muy positivas. Aprendí que convertirse en un miembro del mundo del teatro, es algo muy distinto a ser un académico. Inmediatamente entras a formar parte de un proyecto en grupo. La vida académica y universitaria es muy solitaria. En teoría eres miembro de un departamento, tienes colegas, pero en la práctica nunca es así. Estás solo. Escribes tus cosas solo. No se trata de una labor colectiva. El teatro se convierte en una labor colectiva inmediatamente, inevitablemente, en cuanto tu obra es asumida por el director. El director se convierte en un igual, de hecho más igual incluso que tú. Cuando irrumpen los actores, el decorador, el figurinista y el director escénico, ya tienes un pequeño colectivo trabajando en el proyecto. Todo el mundo quiere que esto salga bien tanto como tú. Por todo ello, fue muy inspirador encontrarme de pronto con un grupo de gente trabajando todos juntos en este proyecto. Los actores y actrices ensayan seis semanas y suben al escenario todas las noches durante otras seis semanas y se entregan en cuerpo y alma a cambio de nada o de muy poco, porque aman y creen en lo que están haciendo. Tengo una enorme admiración por esas personas.

Volviendo a Brecht, tuvo una actuación magistral y, todo hay que decirlo, muy dramática ante el Comité de Actividades Anti-Americanas de la Cámara de Representantes (House Un-American Activities Committee, HUAC). Fue muy divertido. El testimonio de Brecht ante el Comité coincidió con la investigación a Hollywood. La transcripción completa del testimonio se puede encontrar en el libro Thirty Years of Treason, de Eric Bentley, donde se reproducen los testimonios de los actores, escritores y directores que comparecieron ante la HUAC entre 1947 y 1948. Brecht desconcertó a los miembros del Comité. No sabían qué hacer con él. Sus respuestas eran como adivinanzas que los forzaba dentro de laberintos de confusión de los que nunca salieron. Le preguntaban, por ejemplo, "Sr. Brecht, ¿Es cierto que usted escribió las siguientes líneas en su obra El Alma Buena de Se-Chuan?" y él respondía, "No, creo que no lo ha entendido bien. ¿Lo ha leído usted en alemán?" Puedes imaginarte el nerviosismo que se apoderó de los miembros presentes del Comité. Cierta persona que presenció o escuchó su testimonio ante la HUAC dijo que era como un zoólogo siendo examinado por simios.

Charlie Chaplin es una de las grandes personalidades culturales del siglo XX. También fue investigado durante la caza de brujas de Washington. ¿Fue por razones políticas? ¿No fue deportado?

Chaplin no era un ciudadano estadounidense, y no le permitieron quedarse en el país. No cabe duda de que fue por razones políticas, ya que había apoyado diferentes causas progresistas y de izquierdas, y también por las películas que hizo. Aunque no querían declarar sus películas subversivas, no cabe duda que lo eran. Tiempos Modernos era una devastadora crítica al sistema industrial capitalista. Por supuesto, no querían admitir que su película El Gran Dictador era una película vigorosamente antifascista en un momento en que muchos líderes del gobierno eran tolerantes con el fascismo. El resto de sus comedias, las comedias mudas, estaban permeadas de conciencia de clase con sutiles, y no tan sutiles, críticas de la policía y de un sistema que condenaba a la gente a la pobreza: el vagabundo, el inmigrante. Todo esto no le hizo ganarse la simpatía de los defensores del establishment estadounidense.

Las obras de Chaplin no eran adustas polémicas, sino que eran enormemente entretenidas y divertidas.

Precisamente eso es lo que las hacía especialmente peligrosas. El sistema es capaz de hacer frente a críticas del sistema dogmáticas, arduas y aburridas. Pero le enfurece que las películas de alguien crítico y de izquierdas sean vistas por cientos de millones de personas en todo el mundo porque son divertidas y entretenidas. Hubo veces en que la HUAC deliberadamente no llamó a testificar a ciertas personas porque eran demasiado populares. Tengo un amigo, un estudiante activista, que es hijo de Robert Ryan, el actor. Me dijo, y no creo que le importe que lo diga, que su padre, que era un progresista que había apoyado causas antifascistas y que tenía una verdadera conciencia sobre el sistema estadounidense, no fue citado ante la HUAC, al contrario de mucha otra gente, porque era una figura muy popular. Era del estilo de John Wayne, un héroe, un tipo duro, 100% americano. Demasiados estadounidenses se identificaban con Robert Ryan en esa manera heroica. Era anglosajón, guapo, heroico, no cuadraba con el estereotipo del subversivo. Se podría decir que prefirieron citar para testificar a escritores judíos para ejemplificar el comunismo, haciendo que el fanatismo se convirtiera en una característica del anticomunismo.

Los EE.UU. destinan 98 millones de dólares al año a la Fundación Nacional para el Arte (National Endowment for the Arts). Esto es debatido acaloradamente. ¿Cuál sería una situación ideal en términos de subvenciones?

Hay países en Europa occidental donde los gobiernos destinan proporcionalmente 100 veces más que los EE.UU.. Dinamarca, Holanda, Alemania, Inglaterra y los países escandinavos subvencionan el arte en mucha mayor medida en que lo hacen los EE.UU.. A pesar de eso, esa mísera suma de dinero, menor que la asignada a bandas militares, se convierte en el objeto de un acalorado debate sobre si el arte debería ser subvencionado cuando es escandaloso, quizá política o culturalmente, quizás porque contiene desnudez o lesbianismo o cualquier otra cosa que es ofensiva a gente que aún vive en otro siglo. Con "otro siglo" no me refiero al siglo XXI, me refiero al siglo XIV. En una sociedad decente el arte ha de estar subvencionado porque los artistas necesitan ser remunerados; los escritores y los pintores han de sobrevivir.

Recuerdo que, en un vuelo desde Ciudad del Cabo a Londres, conocí a una alemana que se subió en Frankfurt. Resultó ser una actriz. "¿Qué le trae a Londres?" pregunté. "Voy de vacaciones" contestó. Me dijo que el gobierno alemán le concedía un salario anual. No le preguntan en qué obra va a actuar o si va a actuar todas y cada una de las semanas del año. Cuando hay obras de teatro, actúa en ellas. Cuando no las hay, se va de vacaciones. Pero ella cobra un salario anual, lo mismo que nuestros congresistas cobran un salario anual, aunque pasan un montón de tiempo haciendo otras cosas aparte de acudir al Congreso.

Hay una postura que dice que si aceptas subvenciones del gobierno, aceptas sus restricciones, controles y limitaciones. ¿Cuál es su postura en el asunto?

Este sistema empobrece a los artistas. Ya que buena parte de nuestros impuestos se destinan a tonterías, como armas nucleares, creo yo que tenemos el derecho a exigir que parte de nuestros impuestos se destinen al arte. Por supuesto que cuando esto ocurre hay fuerzas sociales que intentan determinar el contenido del arte, pero eso es un problema distinto. Así, tenemos pendiente una doble batalla en la cultura, una para hacer que el gobierno subvencione el arte, otra para garantizar que esa subvención no se vea acompañada de control político.

David Barsamian es fundador y director de Alternative Radio en Boulder, Colorado.

1.- Zinn, H. Estados Unidos (Hondarribia: Hiru, 1998); Nadie es neutral en un tren en marcha: historia personal de nuestro tiempo (Hondarribia: Hiru, 2001)
2.- Goldman, E. Viviendo Mi Vida (Madrid: Fundación de Estudios Libertarios Anselmo de Lorenzo, 1995)
3.- Zinn, H. Emma : una obra de teatro en dos actos sobre Emma Goldman, anarquista americana (Hondarribia: Hiru, 2001)



La caída del muro de Berlín

VOLVER A CUADERNOS DE LA MEMORIA