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Mario
Emilio Delfino (PRT-ERP). Nació en Rosario el 17 de
septiembre de 1942 (29 años), casado. Estudió ingeniería
en la Universidad de Santa Fe. Inició su militancia en Palabra
Obrera, que confluiría en el PRT. Abandonó sus estudios
universitarios para ingresar como obrero en el frigorífico
Swift de Rosario, donde trabajó 5 años. Detenido el 14 de
abril de 1970. El V congreso del PRT lo eligió miembro del
Comité Central en ausencia.
Alberto
Carlos del Rey (PRT-ERP). Nació en Rosario el 22 de
febrero de 1949 (23 años), estudió ingeniería química en
la Universidad de Rosario, donde se integró al PRT. Participó
del congreso fundacional del ERP. Detenido el 27 de abril
de 1971.
Alfredo
Elías Kohon (FAR): Nació en Entre Ríos el 22 de marzo
de 1945 (27 años), estudiaba ingeniería en la Universidad
de Córdoba y trabajaba en una fábrica metalúrgica. Formó
parte de los comandos Santiago Pampillón y fue fundador
de las FAR local. Detenido el 29 de diciembre de 1970.
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Clarisa
Rosa Lea Place (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 23 de
diciembre de 1948 (23 años), estudió derecho en la Universidad
de Tucumán, donde se integró al PRT. Participó del congreso
fundacional del ERP. Detenida en diciembre de 1970 durante
un control de rutina.
Susana
Graciela Lesgart de Yofre (MONTONEROS). Nació en
Córdoba el 13 de octubre de 1949 (22 años), maestra. Se
radicó en Tucumán donde enseñaba y compartía la vida con
los trabajadores cañeros. Fue una de las fundadoras de Montoneros
en Córdoba. Detenida en diciembre de 1971.
José
Ricardo Mena (PRT-ERP). Nació el 28 de marzo de 1951
en Tucumán (21 años), obrero azucarero. Integró los primeras
grupos del PRT en Tucumán. Detenido tras la expropiación
a un banco, en noviembre de 1970.
Miguel
Ángel Polti (PRT-ERP). Nació en Córdoba el 11 de julio
de 1951 (21 años), estudió ingeniería química en la Universidad
de Córdoba, era hermano de José Polti, muerto en abril de
1971. Detenido en Córdoba, en julio de 1971.
Mariano
Pujadas (MONTONEROS). Nació en Barcelona el 14 de
junio de 1948 (24 años), fue fundador y dirigente de Montoneros
en Córdoba. Participó en la toma de La Calera. Estaba a
punto de terminar la carrera de ingeniero agrónomo cuando
fue detenido en una redada, en junio de 1971.
María
Angélica Sabelli (FAR). Nació en Buenos Aires el 12
de enero de 1949 (23 años), conoció a Carlos Olmedo cuando
estudiaba en el Colegio Nacional Buenos Aires. Cursaba matemática
en la facultad de ciencias exactas, trabajaba como empleada
y como profesora de matemática y latín. Detenida en febrero
de 1972 y salvajemente torturada.
Ana
María Villareal de Santucho (PRT-ERP). Nació en 9 de
octubre de 1935 (36 años), era compañera de Mario Roberto
Santucho y madre de tres chicos. Licenciada en artes plásticas
por la Universidad de Tucumán. Junto a Santucho empezó a
militar en el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano
y Popular) que luego confluyó en el PRT. Detenida en un
control de rutina en un colectivo.
Humberto
Segundo Suarez (PRT-ERP). Nació en Tucumán el 1 de abril
de 1947 (25 años), de origen rural, fue cañero, obrero de
la construcción y oficial panadero. Detenido en marzo de
1971.
Humberto
Adrián Toschi (PRT-ERP). Nació en 1 de abril de 1947
en Córdoba (25 años), trabajaba en una empresa familiar
hasta que eligió ser obrero. Detenido, junto con Santucho
y Gorriarán Merlo, en una redada el 30 de agosto de 1971.
Jorge
Alejandro Ulla (PRT-ERP). Nació en Santa Fe el 23 de
diciembre de 1944 (27 años), maestro; abandonó sus estudios
para trabajar como obrero en una fábrica metalúrgica. Participó
del congreso fundacional del ERP y en la primera operación
armada. Detenido junto con Humberto Toschi en Córdoba, en
agosto de 1971.
Los sobrevivientes:
Maria
Antonia Berger (MONTONEROS). Licenciada en sociología,
había sido detenida el 3 de noviembre de 1971. Herida por
una ráfaga de metralla logró introducirse en su celda, donde
recibió un tiro de pistola; fue la última en ser trasladada
a la enfermería. En la fecha de la masacre tenía 30 años.
Secuestrada a mediados de 1979.
Alberto
Miguel Camps (FAR). Estudiante, había sido detenido
el 29 de diciembre de 1970. Eludió la metralla arrojándose
dentro de su propia celda, donde fue baleado. En la fecha
de la masacre tenía 24 años. Su cuerpo, enterrado como NN
en el cementerio de Lomas de Zamora, fue identificado en
el año 2000.
Ricardo
René Haidar (MONTONEROS). Ingeniero químico, había sido
detenido el 22 de febrero de 1972. Evadió las ráfagas de
ametralladoras introduciéndose en su celda, donde fue herido.
En la fecha de la masacre tenía 28 años. Secuestrado el
18 de diciembre de 1982.
Salvaron sus vidas porque los fusiladores los creyeron muertos. Los tres están desaparecidos.
Seis presos lograron fugar el 15 de agosto, llegar a Chile y luego a Cuba:
Roberto
Quieto. Secuestrado el 28 de diciembre de 1975. Desaparecido
Marcos
Osatinsky. Detenido en Córdoba, en la Jefatura de Policía
se le aplicó la "ley de fugas" y fue asesinado el 21 de
agosto de 1975. Su cadáver fue dinamitado.
Domingo
Mena, desaparecido el 19 de julio de 1976
Mario
Roberto Santucho, desaparecido el 19 de julio de
1976
Enrique
Gorriarán Merlo. Sobrevivió. Fue secuestrado en
México en octubre de 1995 y trasladado a Argentina. Procesado
y condenado por los hechos de La
Tablada permaneció 8 años preso. Fue indultado por el
presidente Duhalde en 2003. Falleció de un paro cardiorrespiratorio
en Buenos Aires, el 22 de septiembre de 2006, a los 64 años.
Fernando
Vaca Narvaja. Sobreviviente.
Los militantes que participaron en el secuestro del avión:
Carlos
"Tomás" Goldemberg. Secuestrado en agosto de 1976.
Desaparecido.
Anna
Wiessen. Desaparecida en 1979
Víctor
Fernández Palmeiro. Murió luego de participar en el
operativo de ejecución del almirante Hermes Quijada, portavoz
de la versión oficial de la dictadura de Lanusse sobre la
masacre. La lápida que había en su tumba fue hallada recientemente
en las excavaciones que se están realizando para sacar a
la superficie las instalaciones del campo de concentración
Club Atlético, que funcionó en Paseo Colón y Cochabamba,
durante la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de
1976.
Por otro lado
Francisco "Paco" Urondo entrevistó
a los tres sobrevivientes de la masacre en la cárcel de
Devoto, donde los cuatro estaban detenidos, la noche del
24 de mayo de 1973. La entrevista fue publicada por
El Descamisado y la revista Crisis con el título "La
patria fusilada". Franciso Urondo murió enfrentando
a la dictadura militar en Mendoza, en julio de 1976.
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Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres, 2011, hablamos con Fernando Vaca Narvaja y Pedro Cazes Camarero, entre otros. |
Represalias sufridas por los familiares de algunos de los asesinados en la Base Almirante Zar:
Los padres y dos hermanos de Mariano Pujadas fueron secuestrados y asesinados el 14 de agosto de 1975 en Córdoba, por el Comando Libertadores de América, integrado por militares del Tercer Cuerpo de Ejército (ver nota al final de pagina y documento desclasificado).
El 25 de abril de 1976 fueron secuestrados Rogelio y María Amelia Lesgart (hermanos de Susana Lesgart). El padre de ambos, Rogelio, también fue secuestrado y liberado pocos días después.
Arturo
Lea Place, padre de Clarisa, y su hermano Luis, fueron
asesinados el 22/08/76.
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Hugo
Vaca Narvaja, padre de Fernando Vaca Narvaja, fue decapitado
y su cabeza apareció en una bolsa de nylon.
Miguel Hugo Vaca Narvaja (h)
fue asesinado en un fraguado intento de fuga de la
Unidad Penitenciaria
Nº 1, el 12 de agosto de 1976.
Destino de algunos de los abogados
de los presos políticos del penal de Rawson que llevaron
adelante las acciones judiciales luego de la masacre:
Rodolfo
Ortega Peña, asesinado por
la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) el 31 de julio
de 1974.
Mario
Amaya, asesinado por la dictadura.
Roberto
Sinigaglia y Mario Hernández, desaparecidos.
En 2006 fue colocada una placa en el lugar de los hechos,
que junto a los nombres de los 16 caídos dice: "Nunca
más terrorismo de Estado. En este lugar el 22 de agosto
de 1972 fueron asesinados 16 presos políticos y otros 3
heridos de gravedad. Por siempre respeto a la Constitución
Nacional, verdad y justicia".

Tonada
de abrazos, estrellas y pañuelos
Por Enrique Gil
Ibarra
Casi primavera en la Patagonia. Sol radiante, fresco, los arbolitos recién plantados se agitan en el viento suave, que apenas molesta, que se desplaza casi ignorado por los más de 500 compañeros de casi todo el país.
Las madres
y las abuelas, como siempre: con sus pañuelos, con sus
ojos húmedos y afectuosos, con su sonrisa, hoy, casi
triunfante.
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Me abrazo con Alicia Bonet, mientras ella ríe y llora y ambos susurramos: "¡Qué día!" y nos miramos cómplices, subversivamente implicados en otro pedacito de utopía. La busco a la mamá de Capelo y la encuentro. Me mira desde su pequeña altura, desde su alma inmensa, y su mirada sabia y dolorida de décadas sigue consolándome, hoy mucho más que otras veces. Hoy, ella también se ha despojado de un cacho de duelo, hoy ha plantado por su hijo un nuevo árbol, que en esta oportunidad no será robado.
Elisa, eléctrica, va de un lado a otro, preguntando, confirmando, dando indicaciones de lo que viene después. Desde su subsecretaría de Derechos Humanos provincial, este es en gran medida su logro. Pero desde su recuerdo, los 35 años de lucha no se cumplieron hoy, sino el día que asumió como obligación personal ser la "apoderada" de Mariano Pujadas. Elisa Martínez, a la que no le importó no ser peronista, ni estar en desacuerdo con la lucha armada. Los compañeros estaban presos. Los ciudadanos de Trelew y de Rawson tenían que ser solidarios. Así de simple. Así de claro.
Los abrazos
se han multiplicado en la mañana que se acaba. Incontables,
estrechos, furiosos de nostalgia, recuperando años de
soledad, de desencuentros, ecos de discusiones lejanas
que se subsumen en una bandera con las dos estrellas.
Nadie cuenta las puntas. ¿Para qué? Como en ese 15 de
agosto, hoy da lo mismo.
Ya ha pasado la "hora formal". Los discursos, concretos
pero breves, dieron el marco necesario para institucionalizar
el acto. Sin embargo, sospecho que fueron algunas palabras
de ellos, algunas pequeñas frases, las que calaron más
adentro en todos: "nunca será tarde para hacer justicia"
dijo Das Neves. "Eran cinco bellos corazones" memorió
Duhalde cuando surgieron a su frente los fantasmas vivos
de las cinco compañeras.
Por supuesto que el aire olía a muerte en aquellos días
de agosto del 72. Treinta y cinco años demoraron nuestras
ropas –las de todos- para sacudir un poco de ese hedor
maligno que nos acompañaba. Hedor que se fue disipando
a medida que la tarde comenzaba, derrotado por el aroma
de las rosas rojas, oscuras, q familiares, los amigos,
los desconocidos, iban dejando caer, como al descuido,
frente a las fotografías. Me abrazo con el hijo del
Turco Haidar, con José. El Vasco se ríe a carcajadas
y le dice: "si tu viejo te viera, te mata". Porque José
es un chico de hoy. Se viste y se comporta como un chico
de hoy. Y charlamos, Y descubrimos que piensa como nosotros.
Y que también es un chico de ayer, y de mañana.
Entramos
juntos, con Fernando y Celedonio. Ayer el Cele, sin
darle importancia, nos refregó por la cara su estrellita
federal. Una de aquellas. Ayer por la noche revolví
placares y hoy por la mañana, solamente para joderlo
al Cele, le di al Vasco una y me prendí otra para mi.
(Pero debe ser cierto que dios castiga la malicia, porque
la perdí ni bien llegamos).
El aeropuerto ya no es viejo. Pero es el mismo. Algunos preguntan: ¿las pintadas reproducen las que se fueron haciendo durante estos años? Les decimos que son las que se hicieron en estos años. Que no las hemos tocado. Por algún lado se oye un emocionado y suavecito: ¡mieerda!
"La memoria
se construye cada día, luchando en el presente", y es
por eso, también por esa pintada, que insistimos tanto
en estos años. "Tiene que ser un Centro Cultural, no
queremos un Museo". Ellos también insistieron. Pero
el gobierno provincial decidió: Centro Cultural. Aquí
estamos. "Ahora viene el desafío, Enrique, nosotros
cumplimos" me dice Norberto. Es cierto. Ahora hay que
hacerlo funcionar. Ahora hay que lograr que sus puertas
abiertas las atraviese gente. La que no es compañera
"de antes". La que no sabe, la que nació después, la
que todavía tiene en su cabeza dos demonios, y no sólo
uno. Los que continuarán en un camino que no empezamos
nosotros, y que no podremos terminar. Hace muchos años,
leyendo a Omar Khayyam, una de sus frases me golpeó:
"eres una hebra en el tapiz del mundo".
¿Tan sólo una hebra? Si, pero ¡qué tapiz!
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Hoy, aunque con parches, con muchas, demasiadas hebras faltantes, el tapiz de nuestra generación pudo visualizarse por algunos minutos, extendiéndose a través de kilómetros desde las barricadas del mayo francés y de las tonadas cordobesas, los montes cerrados de la Sierra Maestra, atravesando el "sertao" brasilero, compartiendo la gloria del compañero Salvador, y descansando suavemente sus flecos aquí, en el fin del mundo, en medio de la árida planicie patagónica. El milagro de un diseño inconcluso, pero inteligible, remendado pacientemente durante décadas por esos pañuelos blancos, por los viajes, las protestas, las manifestaciones, las lágrimas.
El predio
va quedando vacío. El Vasco me ha pedido que esperemos,
cuando la gente se vaya, cuando se apague la melodía
de las voces, "para mirar". Quiere pararse, supongo,
solo frente a la pista. Aquella en la que el "Gallego"
Fernández Palmeiro le colocó un fierro en la cabeza
porque creyó que era un militar que quería subir al
avión tomado. "me salvó el Roby –cuenta Fernando- que
venía atrás mío y tuvo tiempo de gritarle: `pará, Gallego,
que es Vaca Narvaja´". Quiere llorar tranquilo, me imagino,
aunque todos simularemos que los montoneros no lloramos.
Mi turno llegará a la noche, cuando todos se hayan ido.
Cuando mi encuentro con el hijo del querido "Negro"
Quieto sea un recuerdo más, y una deuda menos. Será
entonces, cuando queden sólo un par de amigos de aquí
o de allí, y las últimas casi agotadas copas de vino.
Salud. Hasta la victoria.
Enrique Gil Ibarra
Trelew/22 de agosto del 2007

Una
herida clavada en mi costado
Por Eduardo Luis Duhalde
En agosto de 1972, con mi socio profesional Rodolfo
Ortega Peña, teníamos cerca de trescientas defensas
jurídicas de presos políticos. No fue de extrañar entonces
que lo de los 19 prisioneros que se entregaron a las
autoridades en el aeropuerto de Trelew -tras haber fugado
de la cárcel y no poder abordar el avión en que se alejaron
sus restantes seis compañeros- fueran defendidos nuestros,
en algunos casos, en patrocinio compartido con otros
abogados.
Aquella
madrugada en que nos anoticiamos por llamadas periodísticas
de lo ocurrido en el atardecer y la noche anterior entre
la Cárcel de Rawson y el aeropuerto, los primeros nombres
conocidos nos indicaban que se trataba de varias de
las personas cuyas defensas técnicas teníamos a nuestro
cargo. No vacilamos en tratar de viajar a la cárcel
de Rawson: fue imposible hacerlo en avión. El gobierno
militar había bloqueado todas las plazas para el vuelo
de ese día. Fue así como, a media mañana, iniciamos
con Ortega Peña junto a otros abogados (Rodolfo Mattarollo,
Carlos González Gartland, Miguel Radrizzani Goñi, Pedro
Galín) un tenso viaje en dos automóviles, que de Bahía
Blanca para abajo fue objeto de trabas en sucesivos
controles policiales, tendientes a impedir o demorar
nuestro arribo a destino.
Al llegar, comenzó una de las situaciones más dramáticas
que me tocó vivir en mi larga e intensa vida profesional.
Muy pocas veces sentí tanta impotencia y pude comprobar
en tal grado el desamparo que trae aparejado la ausencia
de respeto a ley y a las garantías individuales con
que someten los gobiernos militares a los ciudadanos.
Desde la mañana del 17 de agosto, Rawson parecía, por
un lado, una ciudad ocupada, las patrullas militares
la controlaban, incluyendo hasta el comedor del Hotel
Provincial. Pero, por otro, era un páramo sólo recorrido
por los fuertes vientos invernales: los habitantes -sensatamente-
sólo se dejaban ver lo indispensable. Una indescriptible
sensación de muerte nos embargaba, era una crónica anunciada.
íbamos de la cercanía de la cárcel a la zona próxima
a la base Almirante Zar, donde tenían a los prisioneros,
sin que en ningún lado nos permitieran acercarnos. Constantemente
pedíamos entrevistar al juez de la Cámara Federal Jorge
V. Quiroga, que había viajado desde Buenos Aires y que
instruía el sumario, sin que accediera a recibirnos:
hasta llegamos a presentarle escritos pasándolos por
debajo de la puerta de su habitación del hotel, reclamándole
seguridad para nuestros defendidos.
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Todo era vano. Salíamos a la calle y éramos vigilados, mientras los despachos militares y judiciales continuaban herméticamente cerrados para nosotros. El clima era cada vez más lúgubre: advertíamos que estábamos jugando tiempo de descuento: a vida de los prisioneros corría cada hora más peligro y se nos escurría entre las manos. Ortega Peña, Mattarollo, González Gartland y yo fuimos detenidos junto al abogado de Trelew, Mario Amaya, asesinado luego por el golpe del 76, que no le perdonó su participación en la defensa de aquellos prisioneros. Se nos amenazó con fusilarnos, y tras un recurso de hábeas corpus presentado en Buenos Aires, fuimos liberados. Amaya continuó detenido. Intentamos entonces hacer una conferencia de prensa en el estudio de Romero, otro abogado de dicha ciudad. Un explosivo en su puerta, impidió hacerla.
Comprendimos
que nada podíamos hacer allá. Nos embargaba el dolor,
la impotencia, el sentirnos absolutamente inútiles frente
a la negación de todo derecho. Lo único posible era
volver de inmediato a la ciudad de Buenos Aires, a denunciar
que el crimen avanzaba a pasos agigantados.
En la tarde del 22 de agosto, en la sede de la Asociación
Gremial de Abogados, en nombre de los profesionales
intervinientes, Rodolfo Ortega Peña, en conferencia
de prensa, hizo pública denuncia de la situación y reclamó
por la vida de los 19 prisioneros. Esa noche un artefacto
explosivo estalló en dicho organismo.
Concomitante con aquella denuncia, en la base Almirante
Zar la pedagogía criminal del terrorismo de Estado producía
la masacre de Trelew. Una danza de horror, en el pasillo
y las celdas, dejaba 16 cuerpos inertes y tres heridos
graves. La sangre en las paredes, los restos de masa
encefálica, las marcas de los centenares de balas disparadas
contra las víctimas indefensas, mostraba en plenitud
la furia homicida y ejemplificadora.
Masacraban a estos jóvenes militantes, pero apuntaban
más que a sus corazones, a matar las utopías que anidaban
en ellos, sus sueños transformadores y su pasión argentina:
no se condenaba su metodología violenta; por lo contrario,
aquel hacer de los marinos a cargo del capitán Sosa
era un himno a la violencia más extrema (sólo la perversión
hipócrita asesina sin piedad en nombre del derecho a
la vida).
TRELEW
- ¿Cuántas muertes
nos hubiéramos ahorrado todos los argentinos
si las prisiones preventivas dictadas la
semana pasada por el juez federal Hugo Sastre
contra los responsables de la Masacre de
Trelew hubieran sido dictadas el mismo 22
de agosto de 1972? Es difícil responder,
pero seguro que muchas, miles. Porque, para
mi generación, la impunidad de aquella masacre
fue determinante cuando debíamos decidir
qué hacer, cuando tuvimos que decidir si
mirábamos hacia otro lado o nos incorporábamos
a alguno de los movimientos políticos vigentes,
independientemente del compromiso que estuviéramos
dispuestos a asumir. Del compromiso y de
los riesgos que, por cierto, no dependían
de nosotros. En mi caso, los fusilamientos
de Trelew terminaron con la felicidad de
nuestra casa familiar, un ambiente muy politizado
pero siempre pacifista, por donde habían
pasado intelectuales, artistas, militantes
políticos de distintos partidos, con nombre
y apellido verdaderos, con trayectorias
públicas reconocibles, cargados de historias
que el tiempo transformó en leyendas.El bombardeo a Plaza de Mayo pertenecía a la historia, era parte de la leyenda urbana, tenía algo de irreal para los adolescentes que en 1972 teníamos 16 años. Los fusilamientos de Trelew, en cambio, eran una canallada que se podía sentir en carne propia, eran una amenaza. Y cualquiera de nosotros se podía identificar fácilmente con cualquiera de los jóvenes que habían intentado escaparse de la cárcel de Rawson una semana antes de que los fusilaran. Envidiábamos la tranquilidad con la que se habían entregado luego de perder el avión que los hubiera llevado a la libertad, la convicción con la que actuaban. En aquel entonces yo me devoraba toda la prensa política que caía a mis manos y, aunque confieso que me costaba creer, ya en aquel entonces, que fuéramos capaces de torcer el rumbo del mundo, no podía dejar de sentirme solidario con aquellos militantes que habían sido fusilados por un puñado de cobardes. De a poco fueron llegando a casa algunos militantes relacionados con la tragedia. Un viudo, la hermana de una de las mujeres asesinadas, que no usaba corpiño (ante mi ingenuidad, siempre repetía “el que no conoce que aprenda y el que conoce que admire”), el abogado de uno de ellos, y de a poco todos nosotros fuimos reemplazando a nuestros antiguos amigos por otros, nuestras fantasías de estudio y de progreso profesional por otros proyectos, y aprendimos a crecer con la sombra y la amenaza de Trelew sobre nuestras conciencias. Cuántas vidas nos hubiéramos ahorrado si las prisiones dictadas hoy contra los asesinos de aquel entonces se hubieran decidido en el momento adecuado, estableciendo una barrera infranqueable entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto. Es verdad que ni la democracia ni los derechos humanos pertenecían a nuestro universo político, pero si en algún momento hubiéramos recibido desde el Estado alguna señal inequívoca de justicia, otra hubiera sido nuestra historia, y mejor. Quizás haya sido necesario el sacrificio de gran parte de una generación para que el juez Sastre hoy pueda dictar estas prisiones. Ojalá no haya sido en vano. Ni la muerte de mi hermana Soledad, ni la de su marido, ni la de Liliana Lesgart, que no usaba corpiño y que me permitió soñar durante diez años de cárcel con un amor redondo y completo. Juan Schjaer, febrero 2008 |
Tampoco
fue el exceso de una guardia ebria. Esta había sido
la mera ejecutora de una orden secreta y directa del
presidente Lanusse y de los comandantes en jefe. Trataban
de restablecer la autoridad de los militares, golpeada
en su orgullo envanecido, ahogando en sangre a los que
habían osado desafiarla.
Pero la vida de la Nación, que es mucho más rica que
los lineales propósitos dictatoriales, hizo que Trelew
fuera para el régimen de Lanusse lo que Malvinas para
el gobierno de Galtieri. Un gran espasmo, un enorme
escalofrío e indignación recorrió el cuerpo social.
Un creciente sentimiento colectivo de repudio y espanto
embargó al pueblo argentino. Ocho meses después, el
25 de mayo de 1973, esos militares debieron entregar
el gobierno, aunque tres años más tarde volverían a
asaltar el poder para producir el vasto genocidio.
En mi modesta historia personal, percibí en Trelew,
tan palpable como nunca antes, la diferencia entre un
estado de derecho y la barbarie autoritaria. En esa
comunión con la tragedia sentí la reafirmación del compromiso
con los derechos humanos y con la vida, que en medio
de tanta impotencia y fracaso recibía como un mandato
irrenunciable.
Palabras de un padre
A un año de la matanza, Manfredo Sabelli, padre de María
Angélica, revivió su último encuentro con su hija en
el texto emocionado que se transcríbe a continuación.
Llegué a Rawson el domingo 13, preocupado por las noticias
de una epidemia de gripe en la cárcel, pero mi hija
me tranquilizó apenas la vi. Ella también había caído
enferma, y a pesar de que se la notaba débil y pálida,
tenía un aspecto animoso. Sus compañeros médicos la
habían tratado con vitaminas y antibióticos (me contó
ella) y lo único que echaba de menos eran los mimos
de esos días. Hablamos de nuestras cosas y nos divertimos
en grande. Siempre sonreía, María Angélica, con la mirada
despierta y la cara llena de luz.
No nos importó separarnos ese domingo, sentíamos que
aún nos quedaban muchas horas juntos y esperábamos disfrutarlas
sin pensar en la soledad de mañana. Desde algún tiempo
atrás, el régimen de visitas al Penal primero se había
extendido a cinco días por semana y luego reducido a
cuatro, de 9 a 11.30 y de 14.30 a 16. Las horas pasaban
volando y yo me preguntaba si habría una red para cazar
las horas que se iban, como si fueran mariposas.
Siempre era lo mismo en Rawson: yo me alojaba en casa
de unos parientes de buena voluntad y llenaba mis ratos
vacíos hablando de María Angélica. El martes llegué
al Penal a las 9 en punto. Al rato apareció ella en
la capilla. Sonreía, me acuerdo.
Volvimos a hablar de su madre y de Chela, de mis máquinas
de escribir y calcular. Yo le repetí las historias que
ya le había contado.
Al despedirnos
me dijo: -No vengas esta tarde, papá. Tengo una conferencia
con las chicas delegadas. Amagué una protesta. ¿Te molestaría
no venir, papá?, insistió ella. Yo le mentí que de ningún
modo, que me daba lo mismo. Al fin de cuentas, nos quedaba
todo el miércoles para vernos y todos los días del año
para escribirnos cartas.
Me acuerdo bien de aquel 15 de agosto: hacía frío, con
un poco de viento y el cielo estaba nublado. De lo que
no me acuerdo es de si besé a María Angélica por última
vez en la frente o en la mejilla.
Fuente: Revista La Maga, 19 de julio 1998

Crónica
publicada por el diario Noticias, 22 de agosto de 1974
La cárcel de
Rawson, una de las más seguras del país, comenzó a relacionarse
con la represión política poco después del
Viborazo de marzo de 1971, cuando el gobierno militar
trasladó ese penal a los detenidos durante la rebelión
popular cordobesa. En abril de 1972, alrededor de 200
prisioneros políticos compartían seis pabellones colmando
prácticamente la capacidad del penal. En las inmediaciones,
una base aeronaval con 600 soldados, dos aviones de
reconocimiento, una compañía de Gendarmería con refuerzo
de Ejército estacionada a cinco cuadras de la prisión,
500 efectivos de la policía provincial y una delegación
de la Policía Federal, además de los 60 hombres del
Distrito Militar de Trelew y la Base Naval de Puerto
Madryn, con helicópteros a 60 kilómetros de Rawson,
y la octava brigada del V Cuerpo de Ejército en Comodoro
Rivadavia.
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(…) En el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto, Rubén Pedro Bonet también había señalado a los periodistas: "Nuestro objetivo, haber tomado la cárcel, haber venido hasta aquí e intentado la fuga, ha sido reincorporarnos a la lucha activa", y agregaba "ya que estamos en la Patagonia concebimos esta Nación y esta lucha como la continuación de la que libraron todos los obreros rurales y los obreros industriales en el año 1921 y que fueron asesinados por el Ejército, por la represión".
(…) Cerca
de las 18 horas, a medida que se cumplían las últimas
tareas previas de cada pabellón, los combatientes convergían
sobre las rejas entonando una canción salteña, "la de
Luis Burela" que recuerda la historia de los primeros
montoneros de Güemes. A las 18.24 horas, llegó desde
afuera el aviso de que estaba en camino el avión previsto,
era el límite máximo de espera y ya se estaba por levantar
la operación, los guerrilleros coparon todo el interior
del penal (cuatro puestos centrales que controla respectivamente
dos pabellones cada uno), la sala de biblioteca, aulas,
cocina, enfermería y sobre todo dirección y la sala
de armas. Luego un grupo de vanguardia llega hasta la
caseta que controla la entrada al penal donde se produjo
el único enfrentamiento armado en el que resultó muerto
un guardiacárcel, y finamente los otros dos puestos
de muralla que controlaban el frente del establecimiento
penitenciario. El grupo 1, Quieto, Osatinsky, Santucho,
Mena, Gorriarán, Vaca Narvaja, ocupan el auto que trae
el apoyo externo.
La camioneta y los dos camiones previstos no llegaron.
Se intentó llegar al aeropuerto en remises de Rawson que fueron abordados por los otros 19 de la "vanguardia". Antes de irse Bonet volvió a la caseta de entrada al penal para informar que no había camiones y que sólo fugaría la vanguardia y recordó la forma en que se había previsto la entrega del penal en caso de derrota.
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Los 19 tuvieron un camino accidentado y llegaron cuando el avión ya decolaba. Los que quedaron en el penal, con solo un par de FAL lo mantuvieron en sus manos hasta que se garantizó el respeto a sus vidas. Luego, al entregar el establecimiento a las fuerzas de Ejército y Gendarmería fueron encerrados en cada celda del pabellón 7. Una ráfaga de FAL que erró por milímetros a dos combatientes rendidos fue el inicio de la etapa de más abierta represión.
(…) Desde la llegada a la base Almirante Zar, rigurosamente incomunicados, sancionados cada vez que eran encontrados hablando, los prisioneros mantuvieron diálogos usando le lenguaje de las manos y a veces el sistema morse con los golpes. Creyeron que la presencia de numerosos periodistas, médicos y jueces en el aeropuerto eran una garantía suficiente para sus vidas, aunque no para evitar la tortura.
(…) En el
último minuto, cuando los están haciendo formar a los
19 en los pasillos, a las 3.30 de la madrugada del 22
de agosto, el capitán Sosa le pone a Haidar la pistola
en la cabeza para que apoye la barbilla contra el pecho
y mire al piso. Haidar piensa que el marino está loco,
y alcanza a comentarlo con Kohon. Después las ráfagas
de Sosa, Bravo y Marchard, se abatieron sobre los guerrilleros.
Sosa, Bravo y el teniente Fernández recorrieron las
celdas rematando a los caídos y matando a quienes ni
siquiera habían sido alcanzados, como Delfino o Kohon.
Seis horas más tarde recibieron atención de enfermeros,
y recién al mediodía la de médicos. En ese tiempo murieron
Astudillo, Kohon, Polti y Bonet.
El 30 de abril de 1973, el presidente general Lanusse
premió al capitán de corbeta Luis Emilio Sosa con una
beca para instruirse en la infantería de marina norteamericana,
en Estados Unidos, con sobresueldos y otras recompensas.
Los paraderos de Sosa, Bravo y Marchand son de los secretos
más celosamente guardados por la Marina hasta hoy.
Al tiempo de la masacre, los prisioneros que seguían
en Rawson recibieron cartas de los hijos de Pedro Bonet
de 4 y 5 años, contaban a sus "queridos tíos" que la
gente les decía que su padre "era como San Martín pero
que todavía por unos años" no iban a encontrar estatuas
con su figura. Las tres hijas de Ana María Villarreal
de Santucho no creían que su madre había muerto, "lo
que pasa es que mamita es pícara y está escondida para
que no la encuentren". El montonero Miguel Bustos escribía:
"No olvido las sombras de los rendidos en el aeropuerto
(las armas en el suelo/sonrientes como acabados de nacer/
con el coraje intacto/entregados a un enemigo infame)".

La
"Vida" después Trelew - 35 Años de lucha por la
Justicia
Por Alicia L. de Bonet- Krueger
El 15 de Agosto de 1972, un grupo de 6 dirigentes de
FAR, Montoneros y ERP integrado por Mario Santucho,
Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Enrique Gloriarán
Merlo, Domingo Mena y Mario Osatinsky logran fugarse
del penal de máxima seguridad de Rawson y abordar un
avión en el aeropuerto de Trelew, esperaron al resto
de compañeros. El avión es tomado y despega con rumbo
a Chile y a Cuba.
"Pensad que esto ha sucedido, os encomiendo estas palabras"
Primo Levi sobreviviente de los campos de concentración
nazis.
El segundo grupo
integrado por miembros de dichas organizaciones llega
al aeropuerto con retraso sin posibilidad de despegar.
Toman el Aeropuerto de Trelew 19 compañeros: Ana Villarreal
de Santucho, Carlos Astudillo, Eduardo Capello, Carlos
del Rey, José Mena, Clarisa Lea Place, Humberto Suarez,
Humberto Toschi, Jorge Ulla, Mario Delfino, Alfredo
Kohon, Miguel Angel Polti, Mariano Pujadas, Ricardo
Haidar, Susana Lesgart, Maria Angelica Sabelli, Maria
Antonia Berger, Alberto Camps y mi esposo Rubén Bonet
después serán conducidos a la Base Almirante Zar.
Fue la más grande operación que se concibió de manera
unitaria por las organizaciones peronistas y no peronistas
en esos años de militancia.
El gobierno del Gral. Lanusse declara el Estado de Emergencia
y la zona queda bajo el mando de V Cuerpo del ejército.
Al enterarnos de la fuga, familiares de los compañeros
decidimos viajar a Rawson y alquilamos una avioneta.
Por su lado, los abogados de los compañeros (Los Dres,
Ortega Peña, Duhalde, Galin, González Garland y Mattarollo)
viajan también a Rawson en remises.
Estos compañeros eran muy jovencitos (entre 20 y 30
años), la mayoría de los familiares eran los padres,
eran pocos los que ya tenían esposa e hijos. En Rawson,
nos vamos unos a hablar con los militares que estaban
al mando en la región, otros, con la iglesia y otros
con políticos. Queríamos que les hagan llegar mantas
y comida y sobretodo que supieran que nos estábamos
ocupando de ellos. Pero nadie nos escuchó, seguimos
tratando de hacer algo y nos detuvieron.
En
la comisaría de Rawson, estaba con los padres de Mariano,
de Susana, de Maria Angélica, entre otros, nos tomaron
las impresiones digitales y nos hicieron el prontuario
mientras nos "aconsejaban" que volviéramos a nuestras
casas. Esta era la condición para liberarnos. Los “viejos”
no podían creer que se las agarraran con ellos y me
decían: “yo soy medico en mi pueblo y lo único que quiero
saber es como esta mi hija, ¿por qué no me van a dejar
acercarme a ella?” - “Si mi hijo hizo lo que considero
que tenia que hacer, ¿Por qué se la agarran conmigo?”
- “Che ¿te parece que tengo cara de gangster?”. Tenían
fuerza, humor, orgullo por el camino que habían elegido
sus hijos. Para salir, prometimos a los policías que
nos iríamos a nuestras casas.
Nos fuimos a Trelew y seguimos buscando información. Yo era maestra y un poco periodista de “Nuevo Hombre” de esa manera conseguí fotos del aeropuerto cuando estaba tomado y una cinta grabada por la televisión de la Conferencia de Prensa. En esa cinta, los compañeros explican las razones de sus luchas y las negociaciones antes de entegarse. En ese momento, se encontraban con ellos en el aeropuerto los periodistas del diario Jornada y Chubut, el Dr. Amaya, abogado, el Juez Godoy y el Dr. Viglione, médico que los revisó y verificó que se encontraban en buen estado de salud. En las negociaciones, autorizan su traslado nuevamente a la cárcel de Rawson: El Capitán Sosa da “su palabra de honor". Mariano habla en nombre de Montoneros, Maria Antonia de la FAR y Rubén del ERP. Firman un acta. Sin embargo, finalmente se los llevan a la Base Almirante Zar.
Esa Conferencia de Prensa queda inmortalizada en la película “Ni olvido, ni perdón” de Raymundo Gleyzer.
Intentamos
ir a la Base pero había militares por todos lados controlando,
nos vuelven a detener y nos llevan a la comisaría de
Trelew. Los abogados se enfrentan a un hermético cerco
de silencio que les impide todo contacto con los detenidos
de la Base y de la cárcel de Rawson. Los detienen también
para su identificación, al igual que los chóferes de
los remises que los condujeron. Los Doctores Amaya y
Solari Irigoyen que eran abogados locales tampoco logran
tomar contacto con los presos y el Dr. Amaya queda detenido.
Los jueces Quiroga y Godoy no reciben ninguna petición
ni habeas corpus de los abogados. Los abogados convocan
una Conferencia de Prensa en el estudio del Dr. Romero
y del Dr. Amaya. Poco después, el estudio es allanado.
Lo que obliga a realizar sus declaraciones en la calle.
Al día siguiente, decidimos todos regresar a nuestras
casas.
El 22 de Agosto, muy temprano, escucho en la radio,
una de las primeras versiones de los militares diciendo
que los compañeros presos en la Base intentaron fugarse,
que hay muertos y heridos. Inmediatamente, todos los
familiares nos ponemos en contacto con los abogados.
Nos dicen que nos vayamos directamente al Aeroparque
para viajar a Trelew, sobretodo nos aconsejan no pasar
por sus oficinas ni por la Asociación Gremial de Abogados
donde solíamos reunirnos. Poco después una bomba explota
y destruye el local de la Asociación.
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Y explico
a mis hijos, Hernán de 6 años y Mariana de 4 años que
les llevo “curitas” para curar a papá y a los tíos y
a las tías que se habían peleado con los militares (ellos
hacia dos años que visitaban a su papá en las cárceles
de Devoto y de Rawson). Tomo un taxi y le pido al chofer
que ponga la radio, le explico por qué; cuando llegamos
al aeropuerto, no me cobra y me dice Sra. si a su marido
lo matan es porque él luchaba por todos nosotros. Era
así que se vivió desde un primer momento la masacre
de Trelew en el pueblo.
Tomo un taxi aéreo con los Dres Landaburu, Sandler,
Cavilla y Lombardi hasta Bahía Blanca para ir al Hospital
donde se encontraban los heridos. En el camino, anuncian
por la radio que Rubén acaba de morir. Regreso, entonces
a Ezeiza para recuperar el féretro. Al llegar, recupero
a mis hijos y nos enteramos que los cuerpos de los compañeros
los enviaron a sus lugares de nacimiento; en Rosario,
Córdoba, Tucumán, Entre Ríos, Santa Fé, Santiago del
Estero, Capital y a Pergamino en mi caso. Seguramente,
viendo las manifestaciones estudiantiles y populares
que se estaban produciendo en Capital, los militares
deciden de esta manera evitar todo funeral popular.
A Capital, llegan los cuerpos de Eduardo Capello, Maria
Angélica Sabelli y Ana Maria Villarreal de Santucho.
Quienes serían velados en la Sede Justicialista de Avenida
de La Plata.
Tomo un ómnibus para ir a Pergamino con mis hijos, les
explico que no se pudo curar a papa y a los tíos y tías
que estaban muertos. Mariana, mi hija quería saber si
el tío Chupete había muerto también (Eduardo Capello,
era su preferido). Empezaron a hacerme preguntas sobre
la muerte “¿cómo se hace para respirar y comer dentro
de un cajón?” Hicieron dibujos para su papa, que pegué
en el cajón.
Mientras yo estaba convencida que jamás, ni Rubén, ni
Mariano, ni los otros compañeros podían haber hecho
un solo gesto para fugarse. Tenían una fuerte moral
revolucionaria, ya habían sido torturados y se mantenían
siempre firmes, sabían que estaban rodeados por la Marina,
que el lugar estaba en medio del desierto, que no tenían
comunicación con el exterior. Simplemente yo pensaba
que los habían matado a sangre fría, a pesar de las
versiones “oficiales” que aumentaban la confusión. En
esos años, no había antecedentes que se hubiera matado
a un grupo tan grande de presos políticos en el país
y todos comenzamos a hablar de “Masacre”, hasta gente
que no estaba de acuerdo con los grupos armados.
Cuando llego a Pergamino, de la misma manera que a todos los familiares fuimos interrogados por la policía, se tenia que firmar una orden militar para que no hubiera ceremonia, velatorio, y que se enterrara inmediatamente al familiar; Para mí, era imposible aceptar estas condiciones, yo quería comprobar que el que estaba en el cajón era Rubén y lo que le habían hecho. Por eso, dejé el cajón en la morgue y empecé a realizar gestiones con la policía para poder abrir el cajón. No fue fácil, ya que hicieron circular en el pueblo, que el ERP iba a recuperar el cuerpo con lo cual el cementerio estaba rodeado de militares. Al final, entre amenazas y tratativas, me permiten identificarlo. Entro con un lápiz y un papel, escribo todo lo que veo; era Rubén, tenia hematomas, tenia especies de grandes lunares (después supe que era la entrada de balas) y una parte de la cabeza destrozada.
Me entero,
luego, que en diferentes lugares del país se abrieron
los cajones, que había enormes manifestaciones y que
con tanques habían desalojado la Sede Justicialista.
A partir de ese momento, estaba convencida que no se
podía ocultar la verdad de lo que había pasado, era
necesario denunciarlo para que no se continuara matando
con total impunidad.
Unos días
después inicio el juicio caratulado “Alicia de Bonet
contra el Estado Nacional (Comando en Jefe de la Armada)”
en el Juzgado de primera instancia n°6. El juez ordena
la autopsia de Rubén. En la autopsia, se menciona 3
heridas de bala de distancia y calibre semejante, una
herida en la cabeza de bala de otro tipo de proyectil,
disparado a corta distancia por lo cual se verifica
que es “un tiro de gracia”.
El mismo juicio lo inicia la familia de Ana Villareal
de Santucho representada por la Dra. Manuela Santucho.
El 26 de Octubre 1972 acompaño a mi abogado Dr. Mario
Diehl Gainza a la cárcel de Villa Devoto donde se constituyo
el tribunal, para tomar declaraciones a los tres sobrevivientes.
Están presentes todos los abogados de los compañeros.
Primero declara Alberto Camps, luego Ricardo Haidar
y finalmente Maria Antonia Berger quienes a pesar de
estar heridos e incomunicados nombran al Teniente Bravo,
al Suboficial Marechal, al oficial Sosa y explican con
detalles similares cómo procedieron a fusilarlos.
Estos testimonios fueron recogidos por Francisco Urondo el 23 de mayo 1973 en la cárcel de Villa Devoto, los publicó en dos libros “Trelew” y “Trelew, La patria fusilada”.
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El Juicio
siguió su curso hasta 1974, en que empezó a actuar las
triple A con sus asesinatos y bombas. Cuando asesinaron
al abogado de Rubén, el Dr. Rodolfo Ortega Pena, hablé
con los padres de Mariano, Susana, de Clarisa y me decían
“pero querida, no te preocupes por nosotros, somos personas
mayores, cuídate vos y los chicos” .No podían imaginar
tanta crueldad.!!!
Juan Gelman escribe, en 1972 "Glorias", versos premonitorios
de lo que iba a suceder:
..¿Acaso no esta corriendo la sangre de los fusilados
en Trelew?…
...¿hay algún sitio del país donde esa sangre no este
corriendo ahora?....
Relataré algunos de los casos de ”la sangre que siguió
corriendo“ después de Trelew:
- Alberto Camps murió el 16 de agosto de 1977 en un
enfrentamiento en su domicilio,
- Maria Antonia Berger murió en 1979 en un enfrentamiento
y su cuerpo fue mostrado en la ESMA como trofeo,
- Ricardo Haidar está desaparecido desde 1980.
- Roberto Quieto fue secuestrado y está desaparecido
desde 1975,
- Marcos Osatinsky fue ejecutado en 1975, sus hijos
José y Mario de 18 y 15 años murieron en un enfrentamiento
en su domicilio, su esposa Sara fue secuestrada,
- Mario Santucho murió en un enfrentamiento en 1976,
gran parte de su familia permanece desaparecida (hermanos,
esposas, sobrinas).Entre ellos la Dra. Manuela Santucho.
- El padre y el hermano de Fernando Vaca Narvaja fueron
asesinados en 1976.
El 14 de agosto de 1975 fueron secuestrados los padres
de Mariano Pujadas, José Maria y Josefa junto a su hija
Maria José, su hijo José Maria y su compañera Mirta.
Fueron ametrallados, dinamitados y tirados sus cuerpos
en un pozo: Mirta se salva y muere años después de las
secuelas.
Arturo Lea Place padre de Clarisa fue matado y su hermano
Luis detenido. Una vez liberado abandono el país.
El hermano de Eduardo Capello, Jorge es secuestrado
junto con su compañera Irma y el hijo de ella de 12
años. Están desaparecidos.
El hermano de Susana Lesgart, Rogelio es arrestado en
1976, sus hermanas Maria Amelia y Adriana se encuentran
desaparecidas desde 1979.
Muchos familiares han sobrevivido por haber vivido clandestinamente
y/o haber salido del país.
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Raymundo Gleyzer está
desaparecido desde mayo de 1976.
Paco Urondo muere en un enfrentamiento junto a su mujer
en marzo de 1976.
El 22 de
agosto de 1976 se descubren 60 cuerpos de personas que
habían sido
secuestradas por las Fuerzas Armadas.
Los presos políticos y sindicales de las cárceles del
país en especial los de Rawson fueron duramente castigados,
muchos de ellos están desaparecidos o tuvieron que salir
del país.
Entre 1974 y 1983, hubo más de 200 abogados, asesinados
y desaparecidos, en el ejercicio de su profesión; defendiendo
el derecho a la libertad y a la vida de presos políticos
y sindicales. Con ellos se eliminó la defensa legal
y se silenció la Justicia. Los que pudieron salvarse
vivieron en la clandestinidad hasta salir del país.
La población de Rawson y de Trelew sufrió persecución,
tortura, por haber sido testigos, apoderados, sindicalistas,
políticos, periodistas, amigos, médicos, docentes, obreros,
estudiantes o miembros de la comisión de solidaridad
con los presos de Rawson y de Trelew.
Estas informaciones no son exhaustivas, solo son una
parte del iceberg que constituyó en nuestro país la
aplicación de la política llamada de "Terrorismo de
Estado" que se tradujo por la eliminación física de
todos aquellos que se suponía opositores al régimen
gubernamental vigente, sin respeto de ninguna ley nacional
o internacional de protección de la vida de las personas
y que culmino con los 30 000 muertos y desaparecidos.
A
partir de agosto de 1974, viví en la clandestinidad
con mi familia. Mis compañeros de trabajo me avisaron
que los militares habían ido a buscarme a la escuela
y que la directora había recibido la orden de mi captura
de parte de la Marina. En 1977, salí del país con mi
familia.
Una vez restablecida la democracia en Argentina, comencé
a mandar cartas a los presidentes argentinos para que
se hiciera justicia por Trelew. Traté de reabrir el
juicio iniciado pero había desaparecido de los Tribunales.
En 2005 fui invitada junto a otros familiares y ex-
presos de Rawson a “los actos oficiales” de conmemoración
de los 33 años de la Masacre de Trelew. Fuimos recibidos
por la Secretaria de Derechos Humanos de Chubut, Sra.
Elisa Martines, por el Subsecretario Dr. Mattarollo
y el Secretario de Derechos Humanos de la Nación Dr.
Duhalde y más tarde por el Sr. Presidente de la Nación
Dr. Kirchner. Por primera vez después de 33 años que
reclamaba justicia era escuchada por las más altas autoridades
del país. Todos nos dieron su apoyo para que la masacre
de Trelew no quede impune.
Se decidió transformar el Aeropuerto de Trelew en Monumento
a la Memoria.
Unos meses después varios familiares iniciamos una Querella
contra el Estado, esto fue en el mes de febrero 2006.
Nuevamente comenzaron a llover las amenazas sobre algunos
de los testigos y poco después se denunciaban a los
Servicios de Inteligencia de la Marina, situados en
la Base de Trelew por sus actuaciones.
Así pudimos saber que nunca dejaron de funcionar, ni
antes de la democracia, ni ahora. Los que quedaron vivos
y se manifestaron contra la impunidad de Trelew teníamos
seguimientos, fotografías, informes, datos sobre las
actividades que realizábamos desde los espectadores
que fueron a ver la valiente película "Trelew" de Mariana
Arruti, que restituye la verdad histórica de estos hechos
hasta la entrevista que los familiares tuvimos con el
Presidente, pasando por altos funcionarios, abogados,
familiares, piqueteros, gente del pueblo. Todos estábamos
en esas carpetas que retiró el juez de la Base Almirante
Zar.
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La Querella
iniciada esperamos que permita que la Masacre sea considerada
como un "crimen de lesa humanidad" o sea imprescriptible,
que los marinos que ayer salieron protegidos del país
a las embajadas de EEUU y de Sudáfrica entre otras y
que hoy siguen viviendo en barrios protegidos y que
fueron los que actuaron en la masacre sean juzgados
y que se haga justicia por los compañeros fusilados
el 22 de Agosto de 1972.
En la actualidad el juez federal Hugo Sastre, a cargo
de la querella, ha procesado a 9 marinos por el caso
de espionaje ilegal por delito de abuso de autoridad
y separados de sus cargos.
Se están tomando declaraciones a gran cantidad de personas
que han podido aportar sus testimonios.
Se ha citado al médico que firmó las actas de defunción
de los militantes fusilados, para que declare.
El equipo de física forense del Instituto Balseiro realizara
una pericia sobre las paredes de las celdas donde fueron
acribillados. La justicia está haciendo su trabajo.
Es el primer
22 de agosto que puedo tener confianza que el compromiso
que asumí junto a mis hijos por la Memoria, la Verdad
y la Justicia de la Masacre de Trelew se transforme
en realidad.
Bibliografía:
Libros
"Abogados Desaparecidos", Familiares de detenidos y
desaparecidos
"Proceso de explotación y represión en la Argentina",
Foro de Buenos Aires por la vigésima de los Derechos
Humanos
"Trelew" de Francisco Urondo
"Nunca Mas", CONADEP
"Argentine:dossier d'un génocide", Commission Argentine
des Droits de l'Homme
"Héroes", Gregorio Levenson y Ernesto Jauretche
"Trelew: La Patria Fusilada" de Francisco Urondo
Películas
"Ni olvido ni Perdón", Raymundo
Gleyzer
"Trelew" de Mariana Arruti
Sra. Alicia L. de Bonet – Krueger
22 de agosto de 2007

Por Nora Veiras desde Trelew
"Una semana por mes veníamos con mi marido a verlo desde Buenos Aires. Teníamos un Citröen 3 CV y siempre llegábamos con los vidrios rotos por los ripios del camino. Nos emponchábamos con todo. Pensaba en el frío y le tejía pullóveres y medias. El los repartía para todos... Acá lo mataron, fue al primero que le llegó la ráfaga de ametralladora." A los 84 años, la mirada cristalina de Soledad Capello, la madre de Eduardo, se nubla un instante al señalar el salón de la Base Naval Almirante Zar de Trelew, donde la Armada trató de borrar las huellas de las celdas en las que el capitán de corbeta Sosa y el teniente Bravo asesinaron a dieciséis presos políticos y dejaron mal heridos a tres en la madrugada del 22 de agosto de 1972. En ese lugar el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación colocaron ayer una placa con el lema "Nunca Más, terrorismo de Estado" con los nombres de los fusilados y un compromiso "Por siempre respeto a la Constitución nacional, por la Verdad y la Justicia".
Todo el
entorno es hostil. La estepa, el viento, la nada que
rodea ese lugar todavía treinta y cuatro años después
de la masacre le da otra dimensión a la fuga del penal
de Rawson. El 15 de agosto, los líderes de la conducciones
guerrilleras del ERP Mario Roberto Santucho, Enrique
Gorriarán Merlo y Domingo Mena; Fernando Vaca Narvaja
(Montoneros) y Marcos Osatinsky y Roberto Quieto de
las FAR habían logrado llegar al aeropuerto de Trelew
para huir rumbo a Chile en un avión secuestrado. Los
diecinueve cuadros políticos que salieron en segundo
término llegaron tarde y tuvieron que rendirse. Violando
el compromiso asumido por el capitán Sosa, no los devolvieron
al penal sino que los recluyeron en la Base Almirante
Zar. Una semana después los ejecutaron a mansalva. La
investigación judicial recién se abrió el año pasado
y pasó a Rawson en febrero. Está a cargo del juez Hugo
Sastre.
Eduardo Luis Duhalde era en aquella época abogado de
varios de los fugados y detenidos en Chubut. Junto a
Rodolfo Ortega Peña, Carlos González Garland y Rodolfo
Mattarolo fueron los primeros abogados en llegar a Trelew.
Sumaron a su periplo a Hipólito Solari Yrigoyen y Mario
Abel Amaya, pero ningún recurso legal era considerado.
"Es muy raro que la historia te dé una segunda oportunidad
para tratar de que se haga justicia", dice el ahora
secretario de Derechos Humanos que se presentó como
querellante en la causa. "La forma en la que se protegió
a los autores materiales es la mejor prueba de que este
episodio criminal no lo hizo la guardia, ni siquiera
los mandos de la Marina. Fue una decisión de la Junta
de Comandantes en Jefe. En ese momento (Alejandro Agustín)
Lanusse estaba negociando con Perón ‘si le daba el cuero’
o no para volver. La fuga fue un golpe durísimo al poder
de las Fuerzas Armadas. Los psicoanalistas dirían que
fue una tremenda herida narcisista", dijo a Página/12.
El paradero de los ejecutores del fusilamiento, Sosa y Bravo, que pidieron el retiro de la Armada durante la última dictadura, es uno de esos secretos que nadie explica. El secretario de Asuntos Militares, José María Vásquez Ocampo, sugirió ante este diario que se podría haber cambiado la identidad y señaló que "es un tema de la Justicia". Duhalde recordó que uno de los jefes de la ESMA, Jorge "El Tigre" Acosta, invitó a Sosa a ese centro clandestino y lo paseó ante los prisioneros como reconocimiento a su "trabajo" precursor en la aplicación del terrorismo de Estado.
Las secuelas
de la masacre en la que murieron Clarisa Lea Place,
Susana Lesgart, María Angélica Sabelli, Ana María Villarreal
de Santucho, Carlos Astudillo, Pedro Bonnet, Eduardo
Capello, Alberto Del Rey, Mario Emilio Delfino, Alfredo
Khon, José Ricardo Mena, Mariano Pujadas, Humberto Suárez,
Miguel Angel Polti, Humberto Toschi y Alejandro Ulloa
y fueron heridos María Antonia Berger, Alberto Miguel
Camps y René Haidar siguieron generando más muertes.
Fueron asesinados el almirante Hermes Quijano, quien
desde el gabinete de Lanusse puso la cara para justificar
los fusilamientos en un supuesto intento de fuga, y
el juez federal del "Camarón" Jorge Quiroga, que se
trasladó a Trelew para conjurar todo intento de justicia.
Los represores se ensañaron con las familias de las
víctimas: asesinaron a los padres, dos hermanos y una
cuñada de Pujadas; a la familia de Vaca Narvaja la diezmaron;
hicieron desaparecer al hermano de Capello y su esposa.
El hostigamiento alcanzó también a los posibles testigos
del horror. Recién el año pasado, Miguel Marilco, empleado
de la funeraria de Trelew que había tenido que poner
los cuerpos en los cajones, se atrevió a dar su testimonio.
"No hablés porque vamos a reventar a tu hijo", le habían
dicho y durante treinta y tres años el temor clausuró
su memoria.
Alicia Sanguinetti era una de las presas políticas de
Rawson. "Era una de los que íbamos a salir en los camiones
que no llegaron", recuerda y explica "estábamos frustrados
pero contentos por los que salieron. Teníamos una disciplina
militante. Lo importante era la dirigencia, después
los cuadros políticos y después los militantes". El
traslado a celdas individuales, el verdugueo constante,
los interrogatorios arreciaron en el penal y "gracias
a la solidaridad de afuera no fue una masacre adentro",
dice esta mujer que tiene a su compañero Alberto Funarris,
a tres primos y a un cuñado desaparecidos.
Los fantasmas de aquel pasado invadieron ayer la recorrida
de funcionarios, familiares y sobrevivientes de aquella
tragedia. En la puerta de la Base Almirante Zar, uno
de los pocos marinos que apareció se acercó a saludar
a Nora Cortiñas, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora.
Una tensa mano extendida frenó al uniformado.
–¿Nos va a seguir espiando? Le cuento que llegamos ayer,
hoy estamos acá y más tarde vamos a hacer un acto con
Hijos...
El marino optó por el silencio. La historia y la crónica
reciente no deja margen para la inocencia. En marzo
pasado en esa misma base, un suboficial denunció las
tareas de espionaje interno a las que lo obligaban sus
jefes. La causa avanza a tientas en la Justicia, pero
provocó el relevo de parte de la cúpula de la Armada
y la reformulación de la Inteligencia Interior.
Fuente: Página/12, 23/08/06

La
demanda de la memoria
Por Pablo Dratman
(22/08/07)
Un puñado
de versos atravesó el tiempo y ancló la memoria en el
viejo Aeropuerto de Trelew. Conmovedora y entrañable,
la voz de Tati Almeida desgranó la poesía de su hijo
Alejandro, detenido y desaparecido en la década del
setenta. La mujer, un emblema de las Madres de Plaza
de Mayo, ofrendó el legado que dejó aquel adolescente
cuando escribió hace más de tres décadas un poema sobre
el asesinato de los militantes en la Base Zar y que
títuló "Trelew". Ayer, esa palabra resonó como un trueno,
pese a que Tati Almeida la pronunció con serenidad,
sin dramatismo.
Ese hilo de plata que enhebró aquel retazo trágico y
deslumbrante de nuestra historia con la búsqueda actual
de verdad y justicia, sintetizó el espíritu del acto
que inauguró el Centro Cultural de la Memoria en la
terminal aérea y que abre un espacio de recuerdo y reflexión
sobre la Masacre de Trelew, sin dudas el hito inicial
del sangriento camino que desembocó, más tarde, en el
mayor genocidio de la historia argentina.
Fue
un acto que reivindicó conceptualmente la memoria, planteada
como un desafío que compromete con la verdad y la Justicia.
No fue un acto político, ni siquiera institucional;
las mujeres y los hombres -muchos de ellos víctimas
de los más terribles tormentos- desplegaron sus banderas,
saludaron con sus puños en alto y sus dedos en "v",
en el marco del más terrible ensordecedor de los silencios.
Fue una convocatoria a evitar el olvido, pero al mismo
tiempo una renovación del compromiso con la democracia
a partir de la política como condición inherente al
hombre.
Quienes ayer fueron reivindicados y cuyo martirologio
aún demanda una respuesta de la Justicia, enfrentaron
a una dictadura que había monopolizado la política condenando
al ostracismo político al conjunto del pueblo.
Sin política la existencia del hombre resulta inconcebible,
y por consiguiente la eliminación de la política es
imposible, a menos que se la reduzca exclusivamente
al ajetreo de los comités en vísperas electorales. La
experiencia de la historia contemporánea de nuestro
país muestra que cada vez que las dictaduras lo intentaron,
en verdad lo que pretendían era convertir al pueblo
en una masa de consentimiento, para una política que
otros procuraban hacer en su nombre, para acentuar el
privilegio económico de las minorías poseedoras de la
riqueza, o para desintegrar el patrimonio económico
y moral de la nación. Contra eso lucharon los militantes
que ayer fueron recordados en el Aeropuerto Viejo de
Trelew.
Hubo discursos, pero el acto fue esencialmente una imagen
cargada con hechos de nuestro pasado reciente, aún no
debidamente debatidos en los planos ideológico y político,
y mucho menos resueltos en el ámbito de la Justicia.
Ese recorte de la historia plantado con indudable coraje
político en el centro de la escena donde comenzó a labrarse
la masacre, fue en si mismo una convocatoria a la memoria
y la reflexión para pensar en el futuro. Ese es el punto.
Alguien dijo que Trelew no debería ser asociada a la
muerte, sino a la memoria. Otros, después de escuchar
a Tati Almeida, pensaron que había que asociarla a la
vida. Y no se equivocaron: ¿Que otra sensación puede
despertar la actitud de una madre que convoca a la esperanza
desde la poesía que escribió aquel hijo adolescente
que busca sin resignación desde hace más de tres décadas?
La poesía, como se dijo, se llama "Trelew" y fue un
canto a la vida.
Fuente: www.diariodemadryn.com

Rawson
y Trelew
Por Rubén Batallés
(1)
En la cárcel
de Rawson el PRT ERP le propuso a las FAR una fuga conjunta,
que éstas aceptaron. También fue invitado Montoneros
como organización, pero la dirección externa no estuvo
de acuerdo y dejó la resolución final librada a sus
propios presos. La participación de la "eme" quedó limitada
a la decisión de los montoneros presos.
En verdad, tampoco la dirección externa del PRT ni de
las FAR estaban del todo convencidas de las posibilidades
de éxito. Esa falta de confianza acarrearía graves consecuencias.
Tomó cuerpo, pues, el intento de fuga de más de un centenar
de presos políticos de diferentes organizaciones armadas.
Desecharon cavar un túnel por la dureza del terreno
(aunque en los años 80 la requisa descubrió un principio
de excavación disimulada bajo las baldosas de una celda).
El plan contempló escapar en camiones hasta el aeropuerto
de Trelew, distante unos 20 kilómetros, y de ahí en
avión hasta Santiago de Chile.
Facio, un guardiacárcel amigo de Mena, aceptó entrar
algunas armas a cambio de dinero. Más tarde la represión
lo descubrió y asesinó.
A último momento se invitó a Tosco, quien declinó por
su carácter de dirigente de masas. Pero aclaró que estaba
a disposición en todo lo que pudiera colaborar. Y en
efecto, ayudó a controlar el penal mientras los guerrilleros
intentaban fugar.
Constituyó todo un acuerdo no sólo militar sino político,
de unidad entre las principales organizaciones guerrilleras.
Es conocido que el copamiento interno del penal fue
cumplido perfectamente. En la última guardia se produjo
un ligero tiroteo, durante el cual Osatinsky abatió
al guardiacárcel Valenzuela.
Estos disparos llevaron a que José Luis Marcos del PRT
y Jorge Omar Lewinger de las FAR, que estaban a cargo
de los camiones, pensaran que la fuga había sido descubierta
y fracasado. Por tanto, precipitadamente, ordenaron
retirarse con los camiones.
En cambio, otro joven compañero de las FAR, Carlos Goldemberg,
desobedeció la orden de retirada. Valientemente, se
aproximó con su coche al portón del penal. En ese vehículo
pudieron trasladarse los 6 compañeros de la vanguardia.
Un avión de Austral procedente de Río Gallegos había
sido copado por otros compañeros: Ana Weissen de las
FAR y Fernández Palmeiro y Ferreira Beltrán del PRT-ERP.
Al
salir del penal el segundo contingente de 19 compañeros,
no encontró los móviles para la retirada. Aunque apelaron
a taxis de la zona, perdieron minutos preciosos. Cuando
llegaron al aeropuerto vieron que el avión, que los
había esperado más de lo previsto, ya despegaba.
Santucho, Mena, Gorriarán del ERP, Osatinsky y Quieto
de las FAR, Vaca Narvaja de Montonoeros, más los 4 compañeros
de apoyo (Ana Weissen, Carlos Goldemberg, Ferreira Beltrán,
Fernández Palmeiro) aterrizaron en Chile. Quedaron demorados.
El MIR, la izquierda del Partido Socialista y de la
Democracia Cristiana, ganaron las calles exigiendo su
libertad.
Argentina y el continente se estremecieron.
(…)
A la semana, en Trelew fueron asesinados fríamente 16
de los 19 capturados.
Entre ellos 4 compañeras. Fue el primer crimen múltiple
de compañeras. La primera guerrillera muerta en combate
había sido Liliana Gelín, de las FAR.
Esa noche, los recluidos en las celdas de Rawson, rabiosos
de dolor, escucharon la voz potente y solidaria de Agustín
Tosco. De allí en adelante el Gringo pasaría a ser un
estrecho aliado del PRT.
Los 3 baleados que sobrevivieron, Antonia Berger, Alberto
Camps y René Haidar, caerían años después en la nueva
Resistencia a la barbarie fascista.
Finalmente Allende, que 5 años antes había ayudado a
la evacuación de Pombo y otros guerrilleros sobrevivientes
de la columna del Che, extendió un salvoconducto y los
prófugos arribaron a Cuba. Allí Roby pudo entrevistarse
con Fidel.
Paradójicamente, las relaciones políticas del PC cubano
eran más afines con Montoneros y las del Ejército Rebelde
con el PRT ERP.
(1) Militante Histórico del PRT y del ERP. En 1968 participó
junto a Mario Roberto Santucho y otros militantes, en
la primera expropiación del Banco de Escobar, donde
sería detenido en la fuga. Confundador del actual PRT
Santucho. Falleció el 14 de diciembre de 2004.
Fuente: PRT Santucho

Compañeros
fusilados en Trelew en la base Almirante Zar el 22 de
agosto de 1972 ¡presentes!
Por Lucrecia Cuesta
La dictadura estaba herida de muerte
con el Cordobazo. La estrategia para producir los cambios
necesarios para que todo siguiera igual estaba montada,
el "Gran Acuerdo Nacional" buscaba recomponer el sistema
político con un proyecto sustentado por la burguesía
nacional y el acatamiento de las masas obreras a su
condición de supuestos socios del capital. En cualquier
otro país capitalista estos propósitos hubiesen tenido
un trámite que evitara la masacre, pero vivimos en Argentina
y Argentina es un país demasiado joven y muy cruel.
Regreso
a TrelewPor Tomás Eloy Martínez Trelew no se parece en casi nada a la ciudad que era hace 35 años, cuando la vi por primera vez. Su población se ha multiplicado cuatro veces: de los veintiséis mil habitantes de entonces a los casi cien mil de ahora. En el centro abundan los cafés, los negocios atareados, los turistas que tratan de acercarse a las ballenas en el océano próximo. Sólo no han cambiado las ondulaciones que separan el casco urbano de la estepa, el té de la tarde que los galeses dejaron como una costumbre de siempre cuando colonizaron la región en 1865, las siestas inevitables. El aeropuerto de 1972, donde se refugiaron y se rindieron sin condiciones los diecinueve guerrilleros fugitivos del penal de Rawson, ya no está donde estaba. El nuevo es un imponente conjunto de dos plantas situado en el camino a Gaiman, siete kilómetros hacia el Oeste, en vez del modesto edificio que antes desafiaba la soledad quince kilómetros al Este, cerca del mar. A las pocas horas de llegar tuve que declarar como testigo ante el juez federal Hugo Sastre por un libro que publiqué en 1973, La pasión según Trelew. Allí se relata la fuga en masa de 115 guerrilleros desde Rawson, el 15 de agosto de 1972, el fracaso de casi todos en alcanzar a tiempo el avión de Austral capturado por sus compañeros en Comodoro Rivadavia, y la rendición sin condiciones de los diecinueve que llegaron tarde y se quedaron en tierra, mientras los otros rezagados volvían a la cárcel. Los que se rindieron fueron sacados de sus celdas la madrugada del 22 de agosto y ametrallados por los oficiales de la Marina encargados de su custodia. Así lo recuerda Trelew, el documental de Mariana Arruti que vi el día del 35° aniversario. Pocos relatos de esa tragedia sin drama –o de cualquier tragedia en general– me han parecido tan ascéticos y a la vez tan conmovedores. Arruti logra el prodigio de restablecer el pasado tal como fue –el pasado en sí que Proust aspiraba a resucitar– desplegando con prolijidad imágenes de los noticiarios, declaraciones de testigos y retratos silenciosos de los lugares tal como el tiempo los ha dejado. En sus primeros minutos, Trelew relata la solidaridad que poco a poco despertó entre los habitantes comunes de la ciudad cuando los primeros presos políticos llegaron al penal de Rawson y cómo se crearon amistades imposibles entre los que ya estaban en la ciudad y los familiares que iban llegando de lugares distantes con medicamentos y ropa. Casi en seguida, la película se detiene en los preparativos de una fuga en masa que parecía empresa de locos y que fracasa a última hora por una señal mal comprendida. Es el mejor momento de Trelew. En la narración de Arruti hay un despojamiento visual y un ascetismo expresivo que hace pensar en Un condenado a muerte se escapa, la obra maestra que Robert Bresson dirigió en 1957. Los detalles de los muros, de las escaleras descascaradas, de las celdas sin nadie, tienen una densidad casi metafísica. Cuando me propuse narrar esa fuga en 1973, Ana Wiessen, una de las guerrilleras que esperaban a los fugitivos en Trelew para llevarlos al aeropuerto, me dijo que, al no verlos llegar a la hora convenida, tuvo “un pensamiento judío”. “Los judíos –explicó– siempre comparamos los signos que nos envía Dios con otros signos más terrenales para averiguar si aquéllos son falsos. Pero también Dios puede querer engañarnos. Por lo tanto, Dios nos ha engañado, me dije. Y ése fue un verdadero pensamiento judío.” Ana Wiessen hablaba en tiempos inclementes. Todo lo que entonces decía podía incriminarla, devolverla a la cárcel, arrastrarla a la muerte. La película de Arruti lleva esa duda metafísica más lejos, porque la transforma en culpa. Uno de los responsables de transportar a los fugitivos, Jorge Lewinger, confiesa que interpretó mal las señales que le daban desde el penal, o que las confundió, y que ese error no ha dejado de atormentarlo. Trelew reúne, por fin, los testimonios de mucha gente que se había negado a hablar. De hecho, cuando emprendí la investigación para mi libro de 1973, me dijeron que Jorge Lewinger había participado en la fuga pero que hablar podía costarle la vida. Y no hay libro en el mundo que valga la vida de un solo ser humano. Tanto el juez federal Hugo Sastre como la película de Mariana Arruti cuentan que la Marina sigue negándose a colaborar en la investigación. Nadie ha querido echar luz sobre un grave episodio de sangre que sigue atribuyéndose al descontrol de dos o tres oficiales navales durante la madrugada del 22 de agosto. Hubo dieciséis muertos aquel día –y casi todos ellos fueron rematados por una descarga final–, más tres sobrevivientes que inculparon a esos oficiales antes de que los tres desaparecieran a su vez, años más tarde, en los campos de tormento de la dictadura. Acaso los señalados tengan una versión indulgente de lo que hicieron pero, mientras sus camaradas de armas callen, los habitantes de Trelew y los que escriben esa historia seguirán creyéndolos culpables. Más que los relatos de la fuga y de la matanza, que todavía arrebatan el corazón de tanta gente, lo que sigue impresionándome es la simetría entre lo que sucedió la madrugada del 22 de agosto de 1972 en la base naval y lo que padecieron los habitantes de Trelew cuarenta días más tarde. Al amanecer del 11 de octubre, aquel mismo año, diecinueve ciudadanos fueron detenidos en el viejo aeropuerto por las patrullas del ejército que habían invadido las calles y bloqueado las salidas hacia Rawson, Puerto Madryn y la zona de las chacras galesas. Ninguno de esos prisioneros era digno de sospecha. Se trataba de militantes pacíficos de partidos políticos que actuaban en la democracia, profesores secundarios o universitarios, dirigentes sindicales y hasta un intendente radical recién elegido Algunos de ellos ni siquiera sabían por qué los llevaban, con las manos atadas a las espaldas, hacia un campamento improvisado junto a un avión Hércules C-130. Las cifras, quizá por azar, son simbólicas: dieciséis prisioneros cayeron en la base naval; tres sobrevivieron a la matanza. Cuarenta días más tarde, de los diecinueve rehenes a los que levantaron de la cama en medio de la noche, tres fueron liberados sin explicaciones a las pocas horas. Los otros dieciséis fueron enviados a la cárcel de Villa Devoto. Llegué a Trelew en esos días y fui testigo de la indignación con que la ciudad entera respondió al arresto de algunos de sus habitantes. Más de tres mil personas –la décima parte de la población– colmó durante una semana la sala del teatro Español desde el amanecer hasta la noche para reclamar la devolución de sus presos sin causa. Nadie dormía. La gente comía en los asientos de la platea, florecían las asambleas y los discursos. Allí encontré, convertida en una Pasionaria patagónica, a Teresita Belfiore, una compañera de la Escuela de Letras de Tucumán, que enseñaba Lenguas Clásicas en el Instituto Universitario de Trelew. Se cantaban sin tregua poemas compuestos al calor de la vigilia, se leían mensajes de solidaridad de los pueblos vecinos. Salvo en la Patagonia misma, ya casi nadie se acuerda de aquella rebelión espontánea, desatada por ciudadanos de a pie. Es, sin embargo, una rebelión ejemplar. Demuestra la fuerza que puede tener un pueblo entero cuando lo enciende una causa justa. La matanza de Trelew cambió los vientos de la política argentina y se convirtió en una semilla de odio. Aunque nadie lo sabía entonces, faltaban pocos meses para que Juan Perón regresara de su exilio de dieciocho años. El gobierno de Alejandro Lanusse prometía elecciones libres, sin proscripciones. Sin las heridas de Trelew, acaso habría sido más fácil apagar los incendios que vinieron después. Pero aquel 22 de agosto se abrió una grieta inútil, y por allí fluyó la sangre de mucha gente. © La Nacion, 25/08/07 |
Somos hijos del cordobazo,
en las calles de Córdoba aprendimos que el dueño de
la Revolución era el propio pueblo, sus masas explotadas;
en las calles de Córdoba el pueblo argentino enterró
igual que lo está haciendo hoy el régimen de terror
que nos habían impuesto los bombardeos de junio sobre
la Plaza de Mayo contra un gobierno electo por el pueblo
y sobre miles de ciudadanos inermes. ¿Podíamos creer
en la democracia que nos proponían 18 años después los
mismos asesinos del pueblo?
En este contexto, la lucha armada no sólo era legítima,
son que no tenía nada que ver con cualquiera de los
numerosos precedentes históricos que esta forma de lucha
tuvo en la historia de los partidos políticos de la
Argentina, como lo demuestran sin ir más lejos los miles
de radicales inmolados durante los motines yrigoyenistas,
y hoy olvidados por sus propios correligionarios. O
esa masacre que, en un Día de la Bandera destruyó en
el cuerpo de la multitud un movimiento histórico y le
dejó al país el escarnio que hoy padecemos.
Yo era joven y no se vayan a creer que en ese momento
la gente estaba encantada de ir a votar o que la juventud
y las amplias mayorías se desvivían por ser candidatos
en una lista sábana. Hoy, que ya no tengo esos años
sé que a nuestro país le costó menos vidas imponer la
jornada de 8 horas que lograr la ley Sáenz Peña.
Yo era joven y estaba prisionera cuando los compañeros
decidieron la fuga del tenebroso penal de Rawson.
Todos ustedes saben que el primer deber de u prisionero
es la libertad. Fuimos una generación avisada por la
Historia. Sabíamos que el Gran Acuerdo Nacional, igual
que la Ley Sáenz Peña, podía ser otra de esas primaveras
destinadas por las clases dominantes a desposeer a los
explotados de la utopía de protagonizar su propia historia.
El escándalo de nuestra generación no fueron las armas,
sino el propósito de que asumimos incorporarnos a la
causa del pueblo como sujeto activo de su propio acontecer.
Trelew es la expresión más acabada de lo que acabo de
decirles, la alegría popular por la fuga se transformó
en un instante en la indignación más profunda que atravesó
aquella sociedad al intuir la burda mentira de los verdugos
para encubrir una impunidad que todavía hoy persiste,
en un Estado que sumó a su dimensión criminal las políticas
sociales y económicas.
Trelew unió a todos los combatientes y esa unidad llevó
a una escala hasta entonces desconocida la homogénea
respuesta popular que terminó de desalojar a los militares
de los poderes formales de la República. En el aeropuerto
de Trelew y frente a las cámaras de televisión la vieja
resistencia popular adquirió para millones de argentinos
el rostro público de la revolución. Los verdugos sin
embargo permanecieron en el mismo sitio y si lo miramos
más atentamente, ahí tenemos a los jefes del Ejército
y de la Marina actuales yendo a reclamarle a un presidente
inelecto por los juicios de la verdad.
El gobierno que en 1973 fue electo por el pueblo no
castigó a los hechores de la masacre. Apenas en Salta
el gobierno democrático de Ragone encarceló y juzgó
a torturadores con el resultado que ya sabemos: ninguno
de los responsables políticos de esa medida ejemplar,
comenzando por el propio Miguel Ragone, se salvó de
que los asesinaran las bandas fascistas de los militares
y oligarcas argentinos.
Los asesinos de Trelew, como el huevo de la serpiente,
alumbraron la noche del 24 de marzo de 1976.
La única diferencia que mantenían con el gobierno militar
de Lanusse consistía en no haber sido beneficiarios
de las monumentales coimas de los altos mandos en su
gran acuerdo con la entonces llamada burguesía nacional
y de la que apenas hoy queda el adjetivo.
Ninguno de los errores que hemos cometido, ni nuestro
vanguardismo, ni la mirada insuficiente al ritmo colectivo
que la profunda crisis traía, han llegado a adquirir
la monstruosa dimensión desplegada por el terrorismo
de Estado y la revancha de los burgueses depredadores
que aún hoy dominan sobre nuestro país.
La distancia que el tiempo nos permite ilumina minuciosamente
zonas de la realidad que cuando éramos jóvenes permanecían
en el terreno de nuestras consignas. Toda la confrontación
de los 70 estaba monitoreada al detalle desde el centro
de lo que hoy conocemos como un Estado mundial de las
empresas transnacionales, ninguno de los verdugos disparó
un solo balazo sin el OK de los yanquis. Los primeros
desaparecidos datan de los tiempos de Lanusse, la CIA
tenía una oficina en la Policía Federal, la embajada
virreinal verificaba la limpieza de los sectores juveniles
del sindicalismo y de las cúpulas sindicales, una práctica
que venía de los lejanos años 60, el Plan Conintes;
y la sociedad argentina demoró más de 20 años en conocer
la existencia del Plan Cóndor.
Y así Trelew sigue sucediendo. Tanto sus enseñanzas
para el campo popular, para lo que el pueblo puede y
sus conciencias deben, como en lo referente a las intenciones
criminales del poder.
Trelew ha sucedido en el Puente Pueyrredón. ¿Hemos sabido
sacar las lecciones de unidad que la sangre de los caídos
nos impuso durante los primeros días? ¿Preferimos seguir
ignorando que la cadena de impunidad configura un verdadero
estado de guerra contra el pueblo?
¿Volveremos a ignorar que ante este estado de cosas
nadie es dueño de la verdad?
Ninguno de los sacrificios que atravesó nuestra generación,
la generación de Trelew, fue en vano, por la sencilla
razón de que lo primero que poníamos en juego a la hora
de proponer una verdad, era nuestra disposición de dar
la vida en practicarla.
Jamás en nuestra historia el poder depredador de las
clases dominantes en Argentina ha sido desafiado por
un arco social más amplio y seguro de sí que el establecido
por la consigna "que se vayan todos y no quede ni uno
solo".
La dictadura y 160 años de democracia representantiva
y delegativa han sido enterrados en la noche y la tarde
del último mes de diciembre y lo que nunca había sucedido,
tampoco estaba previsto acaso, en las palabras y conceptos
que daban lugar a nuestros sueños.
Estamos en la tierra que abrieron nuestros queridos
compañeros y que fue abonada por la complicidad y la
ternura inmortal de nuestros caídos. El pueblo nos quiere
unidos.
La unidad del pueblo es un desafío ético y lo que Trelew
hoy nos dice es que sin esa moral no habrá condiciones
para una fuerza que sostenga el futuro sin impunidad,
ni habrá oportunidades para el poder, la democracia
será participativa o la noche se hará cargo de nuestros
sueños.
Las Madres abrieron la primera trinchera en la noche
de la dictadura preguntando dónde estaban todos nuestros
compañeros. Y nosotros, treinta años después también
estamos aquí preguntando: señores Stella y Brinzoni,
ministro Jaunarena, presidente Duhalde, ¿dónde están
el capitán de corbeta Luis Emilio Sosa y el teniente
de fragata Roberto Guillermo Bravo?
Ahora quisiera agregar unas palabras en relación a la
presencia en ese momento en la cárcel que me tocó vivir
después de la fuga.
Días anteriores a la fuga, dos o tres días antes, yo
estaba en el penal de Rawson. Me llaman desde el Camarón
y dos o tres días antes de la fuga me trasladan al buque
Granaderos. Por supuesto que ahí también los verdugos
cumplieron con su cometido. Éramos escasa mujeres, y
fuimos víctimas de los mayores atropellos. Permanentemente
nos tenían con requisas, con atropellos verbales, impidiendo
que pudiéramos ver a nuestros familiares. Las mayoría
éramos mujeres con hijos. En cada lugar ellos cumplieron
con un cometido: perseguirnos psíquicamente e impedirnos
cosas elementales, nos sacaron el recreo, nos limitaron
en la comida, requisas permanentes. En ese momento creo
que estaba Ruiz –después pasó al penal de Rawson– y
fue terminante. Me dijo personalmente, a mí y a otras
compañeras: "Si se fugaban todos de Rawson no sabemos
cuál hubiera sido el destino de ustedes".
[Exposición oral en FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS -
CATEDRA LIBRE DE DERECHOS HUMANOS - A 30 AÑOS DE LA
MASACRE DE TRELEW - Resistencia popular y terrorismo
de Estado - Foro Nº 2, 23 de agosto de 2002]

A
34 años de la masacre de los prisioneros políticos
El pacto de silencio de Trelew
Por Susana Viau
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La idea de la fuga estuvo siempre viva en los seis pabellones que los presos políticos ocupaban en el penal de Rawson. Luego de descartar que un avión contratado fuera obligado a aterrizar en las adyacencias de la cárcel, como les sugerían sus compañeros desde el exterior, Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán y Marcos Osatinsky, integrantes del comité encargado de la planificación y ejecución de la huida, se inclinaron por un diseño que parecía más sencillo: tras el copamiento de la cárcel, en camiones y camionetas, 110 guerrilleros se trasladarían hasta el aeropuerto. Allí abordarían aviones de línea para cruzar la cordillera. Si lo conseguían, podrían afirmar que habían protagonizado la fuga más grande de la historia argentina. Contaban con que el gobierno del socialista chileno Salvador Allende, por principios o por condicionamientos, no podría devolverlos a la dictadura. Fueron meses de trabajo intenso, sigiloso. Fabricaron uniformes, gorras, bordaron las insignias del servicio penitenciario, levantaron planos, acumularon información minuciosa de la rutina de los guardias, estudiaron horarios de aviones, frecuencias de vuelos. Habían logrado ingresar unas pocas armas cortas que servirían para reducir a los primeros efectivos; el resto del armamento lo proveerían los propios carceleros. Los militares iban a sospechar siempre que las pistolas habían sido introducidas en el penal durante las visitas por el abogado radical Mario Abel Amaya. Se tomaron un tiempo, pero no lo olvidaron: Amaya fue detenido y asesinado a golpes en la cárcel cuatro años después, en octubre de 1976.
A las 18.30 del 15 de agosto de 1972, con unos minutos de retraso, Santucho se quitó el sweater que llevaba puesto y lo agitó. Era la señal de comienzo de la operación gestada por el acuerdo del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Montoneros, desde el exterior, se había negado a avalar la acción, al menos como organización. Consideraba que no serviría sino para poner piedras en el camino de las elecciones generales que se avecinaban. Sin embargo, sus militantes detenidos en Rawson no quisieron quedar al margen del intento. Su representante en el Comité de Fuga era Fernando Vaca Narvaja e integraba el contingente destinado a salir en el primero de los vehículos junto a Santucho, Gorriarán, Domingo Mena (todos dirigentes del PRT), Marcos Osatinsky y Roberto Quieto (jefes de las FAR). Tiempo después, "el gringo" Mena le contaría a su compañero del Buró Político Luis Mattini que él llevaba también un uniforme "pero yo parecía un comisario de pueblo. Vaca Narvaja lo llevaba como un oficial". Vaca Narvaja tenía, sin duda, el "physique du rôle" y su prestancia ayudó a disuadir al guardia que, extrañado, dudó al verlos llegar. Un rato después, cuando con Santucho corrieron por la pista del aeropuerto para detener el avión que carreteaba, fue la naturalidad con que llevaba el uniforme de mayor del ejército la que terminó de convencer a los pilotos de que debían detener la máquina. El uso del uniforme constituía una afrenta adicional para el honor militar. Al punto de que al arribar a Chile, se le solicitó al jefe montonero que, para desembarcar, se desvistiera.
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Durante la fuga, los guerrilleros abrieron fuego una sola vez. Marcos Osatinsky disparó contra el guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, el único que atinó a resistirse. Según estaba estipulado, una vez tomados los pasillos, los pabellones, la dirección y los puestos de guardia, buscaron los camiones. Pero los transportes no estaban allí. Sólo se había hecho presente un coche en el que estaba como chofer el militante de las FAR Carlos Goldemberg. A él ascendieron los seis máximos dirigentes. Convencidos de que la fuga masiva había fracasado, los restantes detenidos llamaron taxis y remises. Así, otros 19 prisioneros alcanzaron el aeropuerto. Era demasiado tarde. El BAC 111 de Austral ya había levantado vuelo. Entre el pasaje estaban Víctor "el gallego" Fernández Palmeiro y Alejandro Ferreyra, ambos del PRT, y Ana Wiesen, de las FAR, quienes tenían como misión ingresar en la cabina y controlar a los pilotos. Losguerrilleros que habían quedado en tierra pactaron su entrega: pidieron la presencia de un juez y de un médico que constatara su estado físico. Actuaban como voceros Rubén Pedro "el Indio" Bonet y Mariano Pujadas. Exigieron ser devueltos a Rawson y no a dependencias militares. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa les dio su palabra de que así se haría. Sin embargo, el ómnibus que los trasladaba tuvo una larga parada a mitad de camino y al reanudar la marcha el destino había cambiado: se dirigían a la base naval Almirante Zar. Transcurrió una semana. Los sucesos del sur tenían en vilo al gobierno del general Alejandro Agustín "el cano" Lanusse, quien por esas cosas del destino (en realidad, por su ferviente antiperonismo) había pasado un largo período prisionero en Rawson, donde, solía recordar, había trabajado en la construcción del campo de fútbol. La foto con uniforme de preso estaba, para el que quisiera mirarla, debajo del vidrio de su escritorio.
El 21 de
agosto fue un día de reuniones militares en la Casa
Rosada. Desde las 11 de la mañana se dio cita ahí la
Junta de Comandantes: Lanusse, el brigadier Carlos Alberto
Rey y el almirante Guido Natal Coda. El secretario de
la junta, brigadier Ezequiel Martínez, el secretario
de la presidencia Rafael Panullo y el ministro del Interior,
el radical Arturo Mor Roig, iban y venían. Estuvieron
hasta altas horas. Se cuenta que un corresponsal de
la prensa inglesa comentó a sus colegas de Balcarce
50: "Esta noche los matan a todos". No era una corazonada.
Ciertos datos se habían filtrado. La gente común sentía
que, con las horas, el ambiente se enrarecía. Algo terrible
iba a ocurrir. A las 3.30 del 22, el capitán Sosa, seguido
por el capitán Herrera y los tenientes Roberto Bravo
y Del Real, sacó a los rehenes de sus celdas y comenzó
a disparar. Murieron Mario Delfino, Rubén Bonet, Ana
María Villarreal de Santucho, Eduardo Capello, Carlos
Alberto del Rey, Clarisa Lea Place, José Ricardo Mena,
Miguel Angel Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi
y José Alejandro Ulla, todos del PRT; Carlos Astudillo,
Alfredo Kohon, María Angélica Sabelli, de las FAR y
Mariano Pujadas y Adriana Lesgart de Yofre de Montoneros.
Sobrevivieron, malamente heridos, María Antonia Berger
y Ricardo René Haidar, de Montoneros, y Alberto Miguel
Camps, de las FAR.
El capitán Sosa fue premiado con un curso en los Estados
Unidos y, al igual que el teniente Bravo, con un puestito
en la embajada argentina en Washington. Se dice que
más tarde, Sosa pasó por un país latinoamericano y hay
quien creyó verlo por Buenos Aires durante la Guerra
del Atlántico Sur. Lo único firme es que Sosa pasó a
retiro el 1º de abril de 1981. Dos años antes, el 1º
de abril de 1979, lo había hecho el teniente Bravo.
Afirman que su paradero es el secreto mejor guardado
por la marina, que tiene muchos. Podrían haber muerto.
Quizás. O tal vez no, han tenido suerte y gozan de una
vejez silenciosa y tranquila y algún placer que, de
tanto en tanto, les permiten los haberes que deben seguir
cobrando por los servicios a la patria.
Fuente: Página/12, 22/08/06

2005
- A 33 años de la masacre
El 15 de agosto de 1972, en la postrimería del gobierno dictatorial de General Alejandro A. Lanusse, veinticinco presos políticos, pertenecientes al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos lograron llegar al Chile de Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente garantías para su integridad física.
El 22 de
agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a
mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval
Almirante Zar.
Como antes había sucedido en la masacre de José León
Suárez, algunos sobrevivieron para contar la historia,
para mantener viva la memoria, para no olvidar, ni perdonar.
LA FUGA
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La cárcel
de Rawson tenía ocho pabellones. Los cuatro primeros
eran de presos comunes y los restantes, de los políticos.
Los pabellones de mujeres estaban en los pisos superiores.
El 15 de agosto a las 18.30 comenzó la toma del penal
y la fuga. En diez minutos tomaron los puntos neurálgicos
y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias.
El guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, que intentó
impedir la fuga, resultó ser el único muerto en los
sucesos.
Los guerrilleros estaban numerados jerárquicamente para
la fuga del 1 al 110. Fuera de la cárcel, no encontraron
los camiones que debían estar esperándolos para llevarlos
al aeropuerto de Trelew; los disparos que se escucharon
provenientes del penal, los habían dispersado.
El primer contingente formado por los seis máximos jefes
guerrilleros tomó el único coche que había permanecido,
con el estudiante de Agronomía y Veterinaria Carlos
Goldenberg (FAR) al volante. Los 19 guerrilleros restantes,
que habían logrado salir, llamaron taxis desde la guardia
del penal. Llegarían al aeropuerto de Trelew con un
retardo fatal.
Los seis jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo
(ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros,
integrado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto,
Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky
y Fernando Vaca Narvaja, lograron abordar en el aeropuerto
un avión de Austral que previamente había sido copado
y escaparon hacia Chile donde el gobierno de Salvador
Allende les permitió seguir viaje a Cuba.
Los otros presos que se habían escapado llegaron al
aeropuerto justo cuando despegaba el avión que llevaba
a sus compañeros. Intentaron tomar, sin éxito, otro
avión que debía arribar pero que finalmente no descendió
al ser alertado desde la base naval Almirante Zar.
Después de una conferencia de prensa en el aeropuerto,
se entregaron ante los periodistas y con la promesa
de las autoridades judiciales y militares de que sus
vidas serían respetadas, fueron alojados en la base
naval Almirante Zar.
LA MASACRE
"El 22 de agosto de 1972, a las 3.30 de la mañana, los
19 presos fueron obligados a salir de sus celdas, los
hicieron pararse en fila en el pasillo y los ametrallaron
a mansalva. Los gritos se mezclaron con la furia de
las ametralladoras, el humo se confundió con la sangre.
Gritaban de dolor los heridos, gritaban de locura asesina
sus verdugos. Quienes sobrevivieron a la primera ráfaga
se tiraron dentro de los calabozos.
María Antonia Berger, luego de recibir un primer impacto
en el estómago se arrojó dentro de su celda, la sangre
brotaba de su vientre tiñendo su revolución de carmesí.
Escuchó ruido de botas y escuchó tiros de gracia. Los
quejidos e insultos de sus compañeros en la hora final,
se fueron acallando. María Antonia, con su dedo ensangrentado,
escribió "papá", "mamá" en la pared. De pronto, un segundo
impacto le destrozó la mandíbula. Los asesinos borraron
su escrito con zaña. Ella todavía estaba viva, sentía
que le estallaba la cabeza, pero no se movió, no se
quejó. Creyeron que estaba muerta y siguieron su masacre
por las otras celdas.
María Antonia, volvió a pintar su dedo con sangre, pero
esta vez escribió en la pared la palabra LOMJE, consigna
que durante mucho tiempo se pintó en los muros de la
ciudad "Libres o Muertos, Jamás Esclavos".
Virginia Giussani
Al
amanecer del martes 22 de agosto, la armada hizo circular
la versión de que las muertes habían sido el resultado
de un nuevo intento de fuga. Mariano Pujadas, uno de
los guerrilleros había intentado, según la versión oficial,
arrebatarle el arma al teniente de corbeta Luis Emilio
sosa. María Antonia Berger; Alberto Miguel Camps y Ricardo
René Haidar los únicos sobrevivientes de la masacre
se encargaron de que el mundo supiera la verdad.
En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales
ciudades de la Argentina y más de 60 bombas fueron colocadas
en protesta por la matanza. Peronistas, radicales, intransigentes,
socialistas, comunistas, trotskistas y democristianos,
condenaron al gobierno. Perón calificó a las muertes
de "asesinatos". La opinión pública descreyó de la versión
oficial. El 25 de agosto la CGT declaró un paro activo
de 14 horas. Se prohibieron los velatorios públicos
de los guerrilleros ejecutados.
El comisario Alberto Villar -luego jefe de policía de
Perón y uno de los mentores de la Triple A- irrumpió
con tanquetas en la sede del Partido Justicialista donde
se velaban los cadáveres de tres de los guerrilleros
asesinados.
Ana Villareal, compañera de Santucho, fue sepultada
en el cementerio de Boulogne.
Pero allí no terminó todo. La sede de la Asociación
Gremial de Abogados fue dinamitada, se exterminó a las
familias de Clarisa Lea Place, Roberto Santucho y Mariano
Pujadas, la mayor parte de los hermanos y hermanas de
los fusilados están hoy desaparecidos y el letrado Mario
Amaya, que escoltó con su auto al micro de la armada
que el 16 trasladó a los detenidos hasta la base naval,
fue asesinado durante la última dictadura.
Agencia Walsh
Fuentes: La Voluntad de Eduardo Ánguita y Martín Caparrós.
Artículo de "La Fogata" basado en Todo o Nada" de María
Seone y "A vencer o morir" de Daniel De Santis (22-8-02)
Artículo de Virginia Giussani publicado por "La Insignia"
(23-8-02)
Memorias
de vidas
Los revolucionarios de esos años arriesgaban todo por
el supremo objetivo de la revolución socialista, aun
aquellos que aceptaban el liderazgo de Juan Perón, por
muy contradictorias que pudieran resultar esas dos opciones
simultáneas para los que identificaban al veterano General
con la contrarrevolución. Lo mismo que en el resto de
la sociedad, también en la guerrilla el peronismo era
un parte-aguas excluyente. Esa diferencia no impidió,
sin embargo, que para organizar y ejecutar la fuga del
penal de Rawson, punto inicial de la tragedia que hoy
se recuerda, reunieran inteligencias y recursos en un
comando unificado ni que el estereotipado antiperonismo
de la Marina hiciera ninguna distinción al momento de
fusilar a los prisioneros de la base naval de Trelew.
Los muertos fueron once miembros del PRT-ERP, tres de
FAR y dos de Montoneros, y tres sobrevivieron a sus
heridas porque los verdugos no hicieron a tiempo, antes
que llegaran otros testigos, a rematarlos de un balazo,
como sucedió con otras víctimas y pudieron aguantar
por horas hasta que recibieron cuidados médicos.
Aquel momento de coincidencia logró la hazaña de perforar
la "máxima seguridad" que los militares le atribuían
a ese penal, tan lejos de todo y tan cerca de bases
y cuarteles militares. Fue una humillación que las fuerzas
armadas y el gobierno de facto encabezado por el general
Alejandro Agustín Lanusse se cobraron de la peor manera,
con premeditación y alevosía, con tiempo suficiente
para elaborar la decisión y cumplirla a sangre fría.
Aunque los carceleros de aquella madrugada del 22 de
agosto alegaron defensa propia el inverosímil relato
careció de consistencia y no pudo resistir el testimonio
de María Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo
René Haidar, los sobrevivientes.
Esa incapacidad para justificar la conducta criminal
pudo haber influido en la decisión posterior de clandestinizar
el plan represivo del terrorismo de Estado a partir
de marzo de 1976. En todo caso, esa madrugada quedó
instalada la opción de la muerte como "solución final"
para el desafío de la insurgencia. Desde la perspectiva
del poder establecido, había que quebrar de cualquier
modo la voluntad popular de tomar en sus manos el destino
propio. En ese momento, fracasaron en el propósito de
dominar por el terror, ya que apenas seis meses después
la mayoría popular impuso en las urnas al hasta entonces
proscrito peronismo, representado por la candidatura
de Héctor J. Cámpora, quien asumiría en mayo de 1973
escoltado por los presidentes de Cuba, Osvaldo Dorticós,
y de Chile, Salvador Allende.
Hijos de su época, ninguno de los guerrilleros buscó
la muerte con vocación suicida, ni en la toma del penal
ni en el copamiento del aeropuerto de Trelew o en la
rendición incondicional. Para detener ese ímpetu y retroceder
la historia, el establishment conservador tuvo que empeñar
el máximo esfuerzo durante el último cuarto del siglo
XX, cometer asesinatos masivos y aplicar tormentos de
todo tipo.
Recordar no es tarea vana ni mera deformación necrofílica.
Forma parte sustancial de una misma y única batalla
entre los fundamentalistas que quieren ponerle fin a
la historia y los soñadores del futuro, los que atesoran
la premonición cierta de lo que vendrá. En La Patria
fusilada,texto en el que Francisco Urondo recopila los
recuerdos de aquellos tres sobrevivientes sobre la tragedia
de Trelew, la primera página está ocupada por un poema
de Juan Gelman ("Condiciones") que termina así: "...el
ciego a los oleajes de dolor y de sueño bajo las condiciones
objetivas ¿no será oportunista? / por falta de memoria
o miedo ¿quiere enterrar al ave?". Hoy en día, aunque
hay otros cielos, otras las "condiciones", aun con las
alas recortadas o enjaulada el ave nunca pierde la tentación
de volar. Las memorias de vidas enseñan que sólo se
trata de encontrar la oportunidad.
Fuente: La Fogata

El
silencio de la Marina
La base Almirante Zar de la Marina, donde se asesinó
a los 16 guerrilleros
Por Osvaldo Bayer
Cuesta
pensarlo, cuesta finalmente entenderlo. Y no se entiende.
La ferocidad, la brutalidad, la vocación del crimen.
¿Qué calificativo cabe para sus autores? En una Argentina
católica, apostólica, romana. Donde todos los miembros
de nuestras fuerzas armadas, sin excepción, han tomado
la primera comunión y por supuesto se han casado por
la iglesia, y se confiesan regularmente. Lo de Trelew
es sólo imaginable en Siberia, en un relato de Dostoiewski.
Diecinueve prisioneros –mujeres y hombres, todos jóvenes;
Ana María Santucho, encinta de ocho meses– son mantenidos
en calabozos, molestados, desnudados, maltratados, para
luego fusilarlos impunemente. Los fusiladores son oficiales
y suboficiales de la Marina de Guerra. Mientras se asesina
a los presos, se los insulta. ¿Qué educación recibieron
esos marinos? ¿Qué conducta llevaban y llevan esos marinos
en sus hogares?
Después del bárbaro asesinato, la mentira. Se inventa
una subversión, se aplica la ley de fugas. Los comunicados
de los altos jefes de la Marina, aceptados y elogiados
por el propio presidente de la Nación, general Lanusse,
hombre probo y religioso, según sus biógrafos.
Pero, ¿y después? ¿Qué se hizo después cuando retornó
la democracia?: ¿se juzgó a los asesinos? ¿Se esclareció
el hecho hasta sus últimas consecuencias? No, nada de
eso, todo siguió su camino habitual. Los muertos, muertos
están. Al contrario, se protegió a los dos asesinos
máximos del hecho: el capitán de corbeta Luis Emilio
Sosa y el teniente de fragata Roberto Guillermo Bravo
fueron enviados a la embajada argentina en Washington
a "hacer cursos". Hoy los asesinos estarán paseando
sus nietos por los parques de la Recoleta con una buena
pensión en el bolsillo. De los 16 jóvenes asesinados
en forma tan vil, queda esa última foto. En el aeropuerto
de Trelew. Están todos expectantes. Entre la vida y
la muerte. Tienen un rasgo de nobleza que los marinos
de guerra pagarán con falsa moneda. Los revolucionarios
no toman rehenes para después negociarlos por su libertad.
No. Prefieren entregarse y no crear más problemas. Ya
se ha llegado al pacto: ellos se entregan y el capitán
de corbeta Sosa los devolverá al penal de Rawson. Pero
el marino de guerra argentino los traiciona como lo
pudiera sólo hacer un villano de la peor especie...
El transporte se dirigirá directamente a la base naval
del lugar. Allí los asesinarán.
No hubo ningún oficial de la Marina de Guerra que protestara
o pidiera la baja ante tal ignominia realizada por jefes
de esa arma. Todos se callan la boca. Y tal vez aplaudan
la ignominia. Después serán proclamados "héroes de Malvinas"
por Hadad en Radio Diez. El ministro del Interior de
ese gobierno de Lanusse es nada menos que el radical
Mor Roig, íntimo de Ricardo Balbín. Mira hacer y se
calla la boca. Igual que el tuerto Gómez, ministro de
Yrigoyen cuando el Ejército Argentino fusiló a centenares
de gauchos, peones rurales, en la Patagonia. Los dos
ministros radicales no oyeron, no vieron, no comentaron.
Tradición democrática. Traición a la República.
Pero la valentía armada de esa tragedia tendrá su fin
operístico de máxima cobardía. Serán atacados con tanques
los velatorios de los fusilados. Además nuestra valiente
policía al mando del comisario general Villar les sacudirá
una paliza indecible a las madres y hermanas de los
fusilados, que defienden a sus muertos. Esa orden la
dio el general Sánchez de Bustamante, que ganó esa única
batalla de su vida contra los deudos de los asesinados
y las velas de luto. Ah, general, con ese apellido,
usted ha pasado para siempre a la historia del ejército
sanmartiniano.
Las heroicas avanzadas de la Patria se llevaron hasta
los ataúdes. Siempre en perfecto orden y con gesto altruista.
No será éste hoy un análisis ni histórico ni sociológico.
Expresará toda nuestra sorpresa ante el proceder sanguinario
y traidor de la Marina de Guerra argentina. Y la profunda
torpeza y oportunismo que atestiguan el hecho de que
el último decreto de Lanusse como presidente de facto
será otorgarle un sobresueldo especial al capitán de
corbeta Sosa y al teniente Bravo para que la pasen bien
en Estados Unidos. Así terminó su mandato Lanusse, mandato
que había robado a la democracia argentina. Un final
muy digno del señor general.
Hemos querido hacer un análisis ético, en esta Argentina
de hoy sin ética. Si todavía se tiene dignidad habría
que obligar al comandante de la Marina, a hacer un juicio
de la verdad acerca del crimen de Trelew. Es la propia
Marina la que tiene que dejar en claro quiénes fueron
los responsables y los culpables directos. Alejar para
siempre de ese cuerpo uniformado a los asesinos calificándolos
de indignos traidores a la Patria. Y en la base naval
almirante Zar de Trelew levantar una escultura que recuerde
la tragedia del cobarde fusilamiento de prisioneros.
Y que en esa escultura se haga alusión precisamente
a que entre los asesinados figuraba una criatura a quien
le faltaba apenas un mes para nacer del vientre de la
joven Ana Villarroel de Santucho.

Luis
Emilio Sosa, el fusilador
Por Liliana Cheren
(De "La Masacre de Trelew, institucionalización del
terrorismo de Estado")
Sosa, el capitán de corbeta. Sosa, el que se comprometió
-en presencia de un juez y frente a testigos- a trasladar
a los evadidos nuevamente al penal de Rawson, Sosa,
el que les garantizó que no los recluiría en la Base
Aeronaval Almirante Zar. Sosa, el que se mostró ofendidísimo
cuando los presos políticos le manifestaron que su negativa
a quedar detenidos en una base de la Marina obedecía
a experiencias personales de torturas y vejámenes por
parte de personal de esa fuerza. Sosa, el mismo que
se asombró porque alguien pudiera temerle. Sosa, el
mismo que traicionó su palabra de ¿honor? y apenas los
diecinueve jóvenes se entregaron, después de deponer
sus armas, los subió a un colectivo para hacer exactamente
lo opuesto a aquello que había pactado. Sosa, el que
se sintió dueño y señor de hacer su voluntad y que los
depositó, seguramente con regocijo, en la Base Aeronaval
donde consumaría su masacre.
El asesino de Trelew
Capitán de Corbeta Luis Emilio Sosa
¿Quién es este Sosa ¿Dónde está? Sosa? ¿Dónde lo escondieron?
El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa recibió adiestramiento
en Fort Gulick, Panamá.
¿Lo adiestraron para qué? Para ser un idóneo en la "lucha
antiguerrillera".
Aprendió bien.
Cuando mata, mata.
Ahora, para mentir hace falta un poquito de inteligencia,
y de eso no pudieron inyectarle en Fort Gulick.
En la revista Marcha, del 8 de setiembre de 1972, en
la nota titulada Trelew.. la obra de los marines, Martín
Virasoro refiere, con bronca contenida pero explícita,
la insólita versión suministrada por el capitán de corbeta
de que los evadidos habían muerto en un intento de fuga
en un relato totalmente inverosímil, al que Virasoro
describe como "cuento infantil el relato del militar
que asevera que "el guerrillero Pujadas, mediante un
golpe de karate lo arrojó al suelo (a Sosa) y le quitó
el arma, no obstante lo cual él, Sosa, logró zafarse
y dio la orden de reprimir suena raro definitivamente".
Y continúa: "Diecinueve a cero es una cifra concluyente
para estimar que Sosa es una especie de Batman, si no
fuese porque corresponde simplemente denominarlo con
el nombre correcto: criminal, asesino, psicópata. Pujadas
y el resto del grupo, incluida la mujer de Santucho,
grávida de ocho meses, sabían perfectamente que no tenía
sentido alguno pretender huir, como lo asevera la versión
oficial. Ni estando completamente locos podrían tener
la esperanza de que, dada la voz de alarma, pudiesen
hacer nada, aun con una metralleta, contra los dos mil
hombres de la guarnición, contra los tanques, los carriers,
las tanquetas. Y menos todavía en la inhóspita zona
a la que debían ingresar, supuesto de que hubiesen logrado
salir de la Base. Por eso soportaron todas las provocaciones,
escupitajos incluidos del capitán Sosa El cronista de
Marcha saca la conclusión más coherente: "Sosa la pensó
bien, No debía haber soldados conscriptos. Sólo oficiales
y suboficiales de los más fieles, los más gorilas. Por
eso eligió la hora que eligió. Nada de testigos que,
al volver a ser civiles al terminar la conscripción,
no puedan con su conciencia y refieran la verdad. De
todos modos la imaginación gorila es corta para todo
lo que no sea represión y violencia.
De ahí que, alrededor de las 4 de esa madrugada, cuando
Lanusse fue despertado telefónicamente por el general
Betti, quien le refirió la primera versión (la de Sosa),
estalló en los más gruesos improperios del repertorio
de la caballería y los coronó con preguntas tales como:
¿Ni siquiera cinco heridos, general?; ¿cómo, tampoco
uno solo entre los nuestros con heridas ¿Qué le vamos
a decir al país ahora?-.
Aunque a las Fuerzas Armadas nunca les importó dar explicaciones
creíbles, la de Sosa era tan pueril que hasta a los
más recalcitrantes representantes de la dictadura los
dejaba sin respuestas. Cuando el contralmirante Hermes
Quijada concluyó de brindarle a la prensa otra versión
oficial (parecida, pero diferente), un periodista le
preguntó si Sosa estaba herido. La respuesta de Quijada
-que como se recordará tuvo su bautismo como aviador
naval ametrallando a los civiles en la Plaza de Mayo
el 16 de junio de 1955- sonó tan absurda como la versión:
"No puedo contestar. Es secreto de sumario". La nota
de Virasoro concluye con una gráfica sentencia: "El
capitán de corbeta Sosa no es un torturador, no le gusta
eso. Prefirió el nombre de asesino".
Y a Sosa,
el fusilador, no se lo volvió a ver por los alrededores
de Trelew. Ni por ningunos otros alrededores. Se tejieron
muchas versiones: que la Marina lo guardaba" para protegerlo
era una de ellas. Otra decía que lo "guardaba" para
utilizarlo en situaciones similares, que era un "duro"
entrenado para "misiones especiales" (léase asesinar
a víctimas indefensas). Lo cierto es que no se supo
nada de él.
Pero el Boletín Oficial de la República Argentina, que
registra a diario los textos de decretos, leyes y resoluciones
del Gobierno, publicó en junio del 73 el último decreto
firmado por Lanusse a sólo veinticinco días de entregar
el poder: el 30 de abril de 1973 la dictadura lanussista
parió el decreto 3.495 cuyo el texto completo dice:
VISTO, lo informado por el señor comandante en jefe
de la Armada y lo propuesto por el Ministerio de Defensa
y CONSIDERANDO: que es muy conveniente para la Armada
Argentina que un oficial jefe realice el curso de infantería
para Infantería de Marina, en los Estados Unidos de
América; que por la naturaleza de la comisión, la misma
no puede ser cumplida por integrantes de nuestra representación
diplomática, debiendo estar integrada por personal seleccionado,
teniendo en cuenta la necesidad de una continuidad de
la experiencia que se obtenga y su futura actividad
dentro del servicio; que la fecha de iniciación de la
presente comisión está prevista a partir del 15 de mayo
de 1973, con una duración de trescientos sesenta y seis
(366) días, incluyendo los tiempos de traslados."que
tal providencia se halla incluida en el programa de
viajes al exterior - Armada Argentina- año 1973, a elevarse
oportunamente al Poder Ejecutivo; Por ello, el Presidente
de la Nación Argentina decreta:
Artículo
1º - Nómbrase para prestar servicios en la Agregaduría
Naval a la Embajada de la República Argentina en los
Estados Unidos de América y Canadá en "misión transitoria"
y por el término de trescientos sesenta y seis (366)
días, al señor capitán de corbeta de Infantería de Marina
don Luis Emilio Sosa, a fin de que realice el curso
de infantería para Infantería de Marina.
Artículo 2º - El citado oficial jefe, percibirá en compensación
de todo gasto, hasta un máximo diario de cuarenta dólares
estadounidenses (u$s 40).
Artículo
Y - Los gastos que demanda la presente comisión deberán
ser imputados a la partida del ejercicio 1973 que se
indica: 2. 10; 52; 0.379; 1; 1233; 228; 01; 2.10; 52;
01; 0.379-1 1; 12; 1223; 2371, 13.
Artículo 40 - En las oportunidades que lo solicite el
Comando en Jefe de la Armada, se procederá a girar los
importes correspondientes a los haberes mensuales respectivos
Artículo 5º - Por el Ministerio de Relaciones Exteriores
y Culto, se extenderá el pasaporte correspondiente.
Artículo 6º - Comuníquese, publíquese dése a la Dirección
Nacional de Registro Oficial, al Tribunal de Cuentas
de la Nació y a la Contaduría General de la Nación.
anótese ,, archívese en el Ministerio de Defensa. Comando
en Jefe de la Armada.
Dirección General del Personal Naval. Agustín LANUSSE,
Carlos G.N. CODA, Eduardo E, AGUIRRE OBARRIO, Eduardo
F. MCLOUGLILIN.
La revista Marcha, que en su edición del 30 de junio
del 73 lo publicó íntegro, con el título de El último
decreto de Lanusse hizo los siguientes comentarios:
"Lanusse era Comandante en Jefe del Ejército; Coda,
su colega en la Armada nacional; Agarre Obarrio, ministro
de Defensa nacional; y McLouglilin, ministro de Relaciones
Exteriores y Culto. El capitán Sosa era segundo jefe
de la base aeronaval Almirante Zar, de Trelew, Chubut,
la madrugada del 22 de agosto de 1972, cuando fueron
fusilados a mansalva, sin juicio previo y sin aviso,
dieciséis presos políticos, salvándose milagrosamente
otros tres aunque con graves heridas. El valiente y
pundonoroso marino, que ya había recibido instrucción
"antiguerrillera" en bases de Estados Unidos con antelación
a su hazaña del 22 de agosto, fue el oficial jefe que
dirijio la matanza. Cumplido su patriótico deber, descansará
de sus fatigas occidentales y cristianas en otra base
yanqui, lejos de las miradas acusadoras de sus compatriotas
y camaradas de oficio. El reposo del guerrero".
La pregunta que cabe es sobre qué antecedentes se lo
consideró a Sosa "personal seleccionado" y, en todo
caso, seleccionado para qué. Lo que es obvio, a la luz
de los años de plomo que se vivirían en la Argentina,
es para qué las Fuerzas Armadas sentían como imprescindible
la necesidad de una continuidad (de la experiencia que
se obtenga y su futura actividad dentro del servicio.
En particular de los Sosa que repetirían una y otra
vez, treinta mil veces, su accionar de machos bravíos.
Como para ratificar que Sosa aún continuaba en su período
de reinstrucción antiguerrillera en una base yanqui,
un escrito presentado en 1974 por el doctor Jorge Carlos
Ibarborde -en respuesta a uno de los juicios entablados
contra la Armada por la masacre de Trelew - daba cuenta
de que el fusilador y sus cómplices "no podrian concurrir
a declarar en las audiencias señaladas, por cuanto ,se
encuentran en el extranjero" y, genti1mente, indicaba
los domicilios de los homicidas para que, la parte que
los propuso adopte las medidas que considere Capitán
de Corbeta D. Luis Emilio Sosa. Agregaduría Naval Argentina
S 1, 6 Corcoran St. N W. Washington D.C. - EE.UU.",
el mismo domicilio consignaba para su brazo derecho
y coejecutor en la Masacre de Trelew el Teniente de
Fragata D. Roberto Guillermo Bravo".
Luego durante años, su paradero fue uno de los secretos
guardados con más por la Armada. Según la revista Hechos
y Noticias, del 19 de agosto de 1984 "durante la guerra
de las Malvinas se sostenía que el fusilador estaba
anclado en Puerto Belgrano. Un año más tarde, aparecía
como agregado militar en la Embajada argentina en Honduras.
Y ¡oh sorpresa!, con el advenimiento del gobierno democrático
una foto de la agencia oficial Télam (de] 21 de junio
último - 1984-) revela que el capitán de navío Luis
Emilio Sosa está aquí, No usa más distintivo de Infantería
de Marina ni de paracaidista militar; utiliza el del
Crucero General Belgrano Sin embargo, esté donde esté,
Sosa puede sentirse orgulloso. Ni la masacre de 23 de
enero de 1989 contra los miembros del Movimiento Todos
por la Patria (MTP) ejecutada en La Tablada por nuestras
Fuerzas Armadas contra jóvenes que depusieron sus armas,
ni la del 22 de abril de este año realizada por los
centuriones de Fujimori contra los integrantes del Movimiento
Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), en Perú, superan
su hazaña.
Las lamentables excusas que "en nombre de la democracia
y las instituciones" esgrimen los los justificadores
de estas trágicas muertes sustentan el pobre argumento
de que los subversivos estaban armados. Los muertos
de Sosa eran detenidos políticos y estaban indefenso
ni siquiera sospechaban que él tenía una guerra personal
contra ellos, contra su juventud y sus utopías- los
masacrados de Trelew, inermes, no sabían de su sed sangre,
no conocían su vampirismo. Si aún ronda por este mundo,
el asesino Sosa puede sentirse seguro de que nadie batió
su récord, aunque sus fusilamientos no hayan sido transmitidos
por televisión.
Con la amnistía del 25 de mayo de 1973, Camps, Berger
y Haidar salieron en libertad. Ese mismo día y cuando
aún no habían abandonado la prisión, el poeta Francisco
Urondo les hizo una larga entrevista donde relataron
los fusilamientos. Dos de ellos fueron desaparecidos
durante la dictadura de Videla, y Camps murió en un
enfrentamiento. Haciendo clic aquí, podes descargar
el reportaje realizado por Paco Urondo a los sobrevivientes
La Fogata

Revista
Punto Final , Chile, 1973
Suplemento Documentos
de la mítica revista chilena de izquierda
Punto Final del 12
de septiembre de 1972. Relata la fuga y los fusilamientos
de Trelew y una entrevista a Roberto Mario Santucho
(PRT-ERP), Marcos Osatinsky (FAR) y Fernando Vaca Narvaja
(Montoneros) poco antes que partieran hacia La Habana.
Fragmento entrevista
¿Cómo se enteraron ustedes
de la matanza de sus compañeros en la base aeronaval
de Trelew? ¿Cuándo les llegó la noticia y cuál fue la
reacción de ustedes?
SANTUCHO: Primero nos llegó a través de los diarios
y de la radio. Después, en la noche del 22, nos fue
confirmada por el director de investigaciones, quien
nos dio los nombres de los compañeros muertos. Está
claro que la acción de la dictadura fue perfectamente
consciente, planificada, pensada y selectiva, en el
sentido de que se dirigió contra cuadros de nuestras
organizaciones, contra compañeros que expresaban lo
mejor de nuestro pueblo, la vanguardia revolucionaria
del pueblo argentino. El enemigo conocía su capacidad,
sus características. Por el temor irracional que siente
ante la lucha revolucionaria, porque ve a los revolucionarios
como su enterrador, fue llevado a esta acción, pese
a que se tomaron todos los recaudos, a que se movilizaron
sectores del pueblo en la Argentina, organizaciones
de masa, sindicales, comisiones de solidaridad.
Una semana después, la dictadura se decidió por la eliminación
física de estos compañeros. Porque tal es su temor a
cada uno de estos combatientes revolucionarios que prefieren
afrontar todas las consecuencias políticas en una acción
de este tipo y no tener que enfrentar a un grupo de
compañeros como los que asesinaron. En esto son coherentes
con la situación de nuestro país desde que se estableció
la dictadura militar de Onganía. Desde entonces se produce
esta forma de violencia desesperada del partido militar,
que se debate para mantener el capitalismo en la Argentina.
Frente al embate de las masas, ha creado la situación
de un ejercicio de la violencia permanente contra el
pueblo argentino.
Ante eso, nuestro pueblo se ha movilizado también violentamente.
Ha aceptado el desafío y se expresa tanto en las movilizaciones
del conjunto del pueblo como en la existencia y desarrollo
de nuestras organizaciones. El pueblo argentino aceptó
llevar la lucha al terreno planteado por el enemigo,
y lo hace masivamente y de manera organizada.
Esta dinámica irreversible ha de continuar desarrollándose
en el doble terreno de la lucha armada y la lucha no
armada de las masas. En este proceso se forjarán y crecerán
las organizaciones guerrilleras, convirtiéndose en fuerzas
poderosas. Apoyado sobre esta fuerza militar revolucionaria,
nuestro pueblo terminará por derribar al partido militar,
destruir el injusto sistema capitalista y establecer
una perspectiva de felicidad para nuestro pueblo y de
independencia para nuestra patria en el socialismo.
¿Podría informar cuáles eran las características de
los compañeros asesinados en Trelew?
SANTUCHO: Los compañeros pertenecían a un grupo seleccionado
para salir. Eran los mejores compañeros. Al reducirse
la perspectiva de sacar a todos, salen los compañeros
más necesarios. De manera que esos diecinueve compañeros
formaban el grupo de los más capaces, más experimentados
y mejores que había en el penal.
¿Ustedes creen que la masacre es una represalia por
la fuga?
SANTUCHO: Efectivamente. Es un derivado de la fuga y
una expresión de la desesperación de la dictadura ante
su incapacidad para controlar a los revolucionarios.
(continúa)
Descargar
facsímil pdf tal como fue publicado en Punto Final
en 1972.
Ese día fue sellada con sangre la unidad de los revolucionarios que luchaban por la patria socialista y fue una derrota política de la dictadura, acelerando su retirada. Consideramos útil para la militancia de la resistencia reproducir parte de la declaración conjunta de las organizaciones armadas peronistas (FAR y Montoneros) y marxistas (PRT-ERP) en el aeropuerto de Trelew el 15 de agosto de 1972. Esta declaración fue hecha por Mariano Pujadas, Pedro Bonnet y María Antonia Berges en representación de los 19 combatientes que luego de la toma del penal de Rawson y del aeropuerto de Trelew, tuvieron que rendirse ante las fuerzas superiores de la infantería de Marina, Ejército y policía. Recordemos que los cuadros de conducción pudieron copar un avión y fugar a Chile, burlando todos los cercos militares. Ellos eran Mario Roberto Santucho, Domingo Mena y Enrique Gorriarán Merlo, todos del PRT-ERP, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto, de las FAR y Montoneros.
PALABRA DE COMPAÑEROS
"El objetivo de haber tomado la
cárcel, el haber venido hasta aquí e intentar la
fuga, ha sido el deseo de reincorporarnos a la lucha
activa. Hemos fracasado, pero por suerte varios
compañeros nuestros en este momento están arribando
a Puerto Montt, lo cual significa que una serie
de cuadros de las distintas organizaciones armadas
FAR, ERP, Montoneros, se van a reincorporar activamente
a la lucha. Esto, para nosotros, ha sido un éxito
entonces, aquí en la Patagonia concebimos esta lucha,
esta acción como la continuación de la lucha que
libraron los obreros rurales, industriales, que
en el año 21 fueron asesinados por el Ejército,
por la represión. Entre ellos se encontraban compañeros
uruguayos, argentinos, como Pinto y Uteredo, como
Frant, como continuadores de ellos somos los continuadores
tambièn del comandante Che Guevara porque estamos
por la revolución, por la liberación del imperialismo
yanqui y por la construcción de la patria socialista".
Cristian Luna
COMO FUERON LOS HECHOS
Al entererarse de su traslado a Rawson, Santucho conversó con Agustín Tosco la posibilidad de la fuga de Rawson. "Che gringo, ¿cuántos kilómetros hay del penal de Rawson al aeropuerto mas próximo?", dijo Santucho. "Ni se te ocurra, Negro, es imposible fugarse de allí, ni con un submarino ruso", respondió Tosco.
A principios
de junio de 1972, Santucho ya había aceitado suficientemente
los contactos con el exterior como para poner en marcha
el operativo de la fuga. Las noticias que le llegaban
sobre la coyuntura política lo convencían de que no
habría elecciones limpias: Lanusse había congelado los
fondos sindicales y suspendido la personería gremial
de la CGT por el respaldo de ésta a Perón; además, había
establecido el 25 de agosto como fecha tope para que
los candidatos de la futuras elecciones fijaran residencia
en el país. La intención obvia era dejar fuera de carrera
a Perón. Santucho también descartaba la posibilidad
de un golpe de Estado que frenara el proceso electoral.
En cuanto a la necesidad de que la guerrilla abandonara
las armas decía que "al no darse posibilidad alguna
de una elección verdaderamente limpia y al no encabezar
a las masas en este terreno ninguna corriente antiimperialista
(el Partido Justicialista, el radicalismo y la burocracia
sindical no lo son el desarrollo del proceso electoral
no obliga a la tregua, y hace posible y necesario el
entrelazamiento de la lucha armada con la lucha democrática
( ... )". Sin embargo, insistía en la idea de preparar
una fórmula con candidatos obreros en caso de participar
en las elecciones.") Ello era, en realidad, una respuesta
a Montoneros, quienes ya habían anticipado su posición
favorable a una tregua ante el inminente retorno de
Perón.
Santucho seguía
creyendo que una organización que se denominaba revolucionaria
no debía someterse a "una dirección burguesa". Jamás
dejaría de presionar a Montoneros para que se radicalizara
hacia la izquierda. Ese momento llegará, pero por la
combinación de tres circunstancias: las propias concepciones
de Montoneros; la presencia del ERP, disputándole el
terreno político de la izquierda armada; y la futura
relación traumática con Perón.
El hecho de que
Lanusse estuviera realizando los últimos movimientos
en el tablero para condicionar la salida electoral y
la arremetida contra las organizaciones sindicales -
también había sido intervenida la CGT de Córdoba y apresados
u obligados a la clandestinidad sus dirigentes, proporcionaba
a Santucho el principal argumento para insistir en la
fuga y no confiar, como Montoneros, en que el nuevo
gobierno, si lo había, dejaría en libertad a los presos
políticos, y mucho menos si éstos eran guerrilleros.
Las FAR coincidían con Montoneros en la necesidad de
una tregua pero pensaban que había que asegurar la libertad
de los presos, sin apostar todas las cartas a la bondad
de un gobierno peronista. Por eso cuando el ERP decidió
la fuga del penal, sólo contó con el apoyo decidido
de las FAR y cierta complicidad de Montoneros.'
La idea de Santucho
parecía, al principio, descabellada. Pretendía organizar
la evasión de cerca de ciento diez militantes políticos
de las tres fuerzas guerrilleras más importantes del
país, romper una inexpugnable fortaleza del régimen
ubicada en una zona semidesértica, y enfrentarse con
éxito a un contingente de 70 soldados, 1000 infantes
de marina, 200 gendarmes y unos cien policías, que eran
la custodia del lugar.
Lo que sucedió después
fue documentado en numerosas entrevistas y libros, pero
hubo una historia íntima de la fuga y de los hechos
de Trelew que es posible narrar tres décadas después
de acuerdo a los testimonios de varios de sus protagonistas.
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TRELEW Y
UNO 16 rosas rojas nacidas de madrugada regresarán cada noche de la tierra liberada (pintada callejera) retomo la vida de ustedes inconclusa retomo la poesía aquella también inconclusa retomo mi propio camino entonces (hace tres años Trelew 22 de agosto) y busco mientras voy desempacando las viejas letras casi abandonadas intentando nuevamente redondear esta pequeña ofrenda este canto inútil este trágico recuerdo este renovado lamento y así reconstruir aquel poema consciente de que ni las viejas letras ni las nuevas sirven para mucho llegado el caso como tampoco sirven para mucho las buenas intenciones y los mejores deseos que si acaso alcanzaran para reemplazar a alguien carajo aunque este intento no pretenda eso aunque sólo se trate de regresar la memoria hasta aquella vida inconclusa de ustedes y seguirla hasta aquí y hasta más allá reflexivamente hasta el propio instante en que intentamos cuestionar nuestra ajetreada conciencia diaria aunque sólo se trate de contabilizar si querés Trelew bandera y grito de guerra de cuántos Trelew más aunque sólo se trate de volcar medio complicadamente la bronca que viene amontonándose de lejos en tiempo y esperanzas y que te enciende los puños y también la mirada aunque sólo se trate de escribir buscando escupir toda esa bronca amontonada todo el odio toda esa necesidad que te invade por momentos de acabar con medio mundo y un poco más si querés de mandar todo a la mierda aunque sólo se trate de escribir pensando (no como la forma más comprometida de pensar) en una fecha en un lugar en 16 compañeros y cómo y dónde te agarró todo eso y cómo lo trasladas a otras fechas a otros lugares y a otros 16 por cuántos más compañeros y qué tiene que ver todo eso con la vida con el compromiso con la necesidad de escribir entre otras cosas que sabés más necesarias y entonces te surge la reflexión mezcla de ironía y sonrisa cansada y las palabras que ya son lugares comunes morir para que la vida viva morir buscando recorrerle su cono de sombra a la vida morir rastreando la luz entre tanta mierda junta morir para que el hombre viva morir apostándole a las tan vapuleadas esperanzas y alegrías morir a manos de los señores defensores oficiales del amor que empuñan su civilización y democracia calibre 9 morir a manos de la propia historia que vos ayudas a hacer y que escriben otros... todavía morir... vivir... morir... vivir tal vez se trate de pura necesidad dialéctica que se yo retomo la vida de ustedes inconclusa retomo la poesía aquella también inconclusa retomo mi propio camino entonces (hace tres años trelew 22 de agosto) y busco mientras la memoria sentenciada que transcurre recompone aquella mañana fría de otra Patagonia trágica unos 50 años después junto a la soledad fría de aquella cárcel regimentosa junto a la trampa fría muy mal disimulada 16 vidas fusiladas lo único caliente 16 rosas que custodian el camino de esperanzas y alegrías 16 puños que se alzan por haberse acercado a la victoria y más allá de toda esta metáfora repensada mil veces complicada contradictoria lo real lo cierto una fe cada vez mayor en el triunfo por ustedes cumpas por ustedes.- agosto / 75
Carlos Aiub
(1949-1977) |
El ERP
había estado discutiendo varios planes de fuga. Uno,
que Santucho consideró como alocado, incluía un rescate
en un avión alquilado que aterrizara en el campo de
la cárcel. Había sido diseñado por el comité militar
de Buenos Aires. El otro, que finalmente se llevó a
cabo, fue diseñado por Santucho, Gorriarán Merlo y Osatinsky,
pero había sido resistido por el comité militar bonaerense
del ERP, lo que Santucho considerará como una de las
causas de las dificultades posteriores a la fuga.
La evasión debía
comenzar con una señal enviada por los contingentes
guerrilleros desde afuera del penal. Recibida la señal,
Santucho que ya era sin duda el jefe indiscutido de
todos los grupos armados dijo: "Ahora, y se quitó su
pullover, como contraseña. Mientras, Marcos Osatinsky
se dirigía hacia la puerta enfundado en un gabán de
bolsillos anchos y grandes, cargado con una pistola
con silenciador entrada pacientemente por las visitas
en latas de dulce de batata. La sospecha de que el abogado
radical Mario Amaya había colaborado en ello le costará
la vida en 1976. Los guerrilleros tenían pocas armas,
algunas púas, cuchillos y palos. A su vez, Roberto Quieto
marchaba hacia una cita con el director del penal.
Eran, exactamente, las 18 del martes 15 de agosto de 1972.
Cuando
comenzó la fuga, Osatinsky disparó sobre el guardiacárcel
Juan Gregorio Valenzuela, que intentó impedir el escape,
matándolo. Los guerrilleros lograron copar el penal.
Los sindicalistas presos habían decidido no participar
en la fuga. Los primeros en alcanzar la puerta fueron
Santucho, Menna, Osatinsky, Vaca Narvaja, Gorriarán
Merlo y Quieto. Los guerrilleros estaban numerados para
el orden de fuga del 1 al 110. Cuando ya estaban afuera
de la cárcel, Santucho y los demás no encontraron los
camiones que debían estar esperándolos para llevarlos
al aeropuerto de Trelew; los tiros adentro de la cárcel
los habían dispersado. El primer contingente de los
seis máximos jefes guerrilleros tomó el único coche
que había permanecido, con el estudiante de Agronomía
y Veterinaria Carlos Goldenberg (FAR) al volante. Los
19 guerrilleros restantes, que habían logrado salir,
llamaron desde la guardia del penal a taxis y remises.
Llegarían al aeropuerto de Trelew con un retardo fatal.
Santucho y el primer
grupo entraron al aeropuerto cuando el avión de Austral
-un BAC 111 con 96 personas a bordo- estaba carreteando.
Santucho cruzó la pista corriendo junto a Vaca Narvaja
que, disfrazado de mayor del Ejército, hizo señas al
avión para que parara. De la torre de control no entendían
lo que estaba sucediendo. El avión se detuvo en ese
momento porque los guerrilleros que habían subido antes
en Trelew -el estudiante de Medicina Alejandro Ferreyra
Beltrán (ERP); la maestra Ana Wiesen (FAR) y Víctor
José Fernández Palmeiro (ERP)-- ocuparon la cabina y
amenazaron al comandante de a bordo. Los primeros seis
guerrilleros subieron, y ordenaron esperar unos minutos.
Desde la torre de control del aeropuerto ya se había
avisado a un avión de Aerolíneas Argentinas próximo
a llegar, que no aterrizara. El piloto del BAC 111 intentó
resistirse. Dijo: "No hay combustiblepara llegar a Puerto
Montt". Encañonándolo, Santucho respondió: "Pues habrá
que llegar igual".
* A las once y cuarto de la noche, el 15 de agosto de 1972, los diecinueve combatientes que no habían podido evadirse de Trelew entregaron las armas en la rotonda del aeropuerto y fueron llevados en ómnibus a la base Almirante Zar. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa, jefe de las tropas de represión, les explicó que la medida era provisional y se tomaba porque la zona había sido declarada en estado de emergencia.
* Una hora antes había aterrizado en el aeropuerto de Pudahuel, Santiago, el avión de Austral capturado en Trelew. Las carreteras de acceso a la capital chilena estaban cerradas por los carabineros y los periodistas eran mantenidos a distancia, para evitar todo contacto con los guerrilleros fugitivos. Caía una lluvia intensa. A las once y media (hora de Buenos Aires), Santucho, Osatinsky y dos jefes policiales comenzaron a parlamentar en un salón central del aeropuerto de Santiago. La conversación duró seis horas y cinco minutos.
* En Trelew, el ómnibus militar llegó a la base poco antes de medianoche. El juez Alejandro Godoy, el director del diario Jornada, el subdirector del diario El Chubut y el abogado Mario Abel Amaya no pudieron franquear el portón de entrada y fueron invitados a marcharse.
* A las dos de la madrugada, el 16 de agosto, el comandante de la brigada de infantería, general Eduardo Ignacio Betti, llegó a Rawson desde Comodoro Rivadavia y tomó el mando de la zona de emergencia. A las cinco se reunió con el comandante del V cuerpo de ejército, general Manuel Angel Ceretti, quien acababa de viajar desde Bahía Blanca. Se movilizaron dos millares de efectivos para rastrillar el área. Se reforzó la vigilancia en la frontera entre las provincias de Chubut y Río Negro. Fueron alertados todos los puestos policiales para evitar que los guerrilleros -en cuyo poder estaba el penal todavía- y sus eventuales auxiliares externos ensayaran otra fuga. Ambos generales decidieron la suspensión de todas las ceremonias de homenaje a José de San Martín que se preparaban para el día siguiente en la zona de emergencia, por falta de garantías". Al amanecer, el alerta militar se extendió desde la cordillera a la costa en las provincias de Chubut, Neuquén y Río Negro, norte de Santa Cruz y sur de Buenos Aires.
* A las 5.20, hora de Buenos Aires, Santucho y Osatinsky informaron a sus compañeros -aún refugiados en el avión de Austral- sobre las negociaciones en el aeropuerto, parlamentaron otra vez con los jefes policiales y regresaron al BAC III. A las 5.45, los seis fugitivos del penal y sus cuatro ayudantes -Wiessen, Goldenberg, Ferreyra, Fernández Palmeiro- bajaron a tierra. Siete minutos más tarde, los pasajeros varones retenidos a bordo se reunieron en el vestíbulo con sus esposas e hijos, liberados cinco horas antes. El avión emprendió el regreso y llegó al aeroparque de Buenos Aires a las 7.32 de la mañana, bajo una lluvia implacable.
* Las autoridades militares detuvieron a siete de los pasajeros, acusándolos de conversar con los combatientes sin ocultar su simpatía.
* A las 8.08, los detenidos que mantenían bajo control el penal de Rawson se rindieron incondicionalmente a las tropas del general Betti. La prohibición de acercarse al penal era absoluta. A las 11, el periodista Horacio Augusto Finoli, de la agencia Associated Press, fue herido por un soldado cuando intentaba tomar fotografías.
* Hacia el mediodía, los abogados González Garland, Matarollo, Ortega Peña, Duhalde y Galín, defensores de algunos de los guerrilleros, trataron de llegar a Trelew en automóviles de remise. Tropezaron con un cerco militar que les impidió acercarse a la ciudad. A la misma hora, los abogados Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen, quienes no se habían movido de Rawson, trataron de visitar a los presos. Las autoridades militares les informaron que "ese día no era posible, y que ya no lo sería nunca".
*.A las 18, el grupo completo de abogados entrevistó a Jorge V Quiroga, juez de la cámara federal especial, quien estaba a cargo del sumario que se inició después de la fuga.' Quiroga declaró que él no había decidido incomunicar a los reclusos del penal, "de modo que los abogados pueden visitar a sus defendidos normalmente
* Esa cámara, conocida como "carnarón" en la jerga de la época, fue uno de los tribunales especiales creados por el gobierno militar violando la Constitución.
". Pero la prohibición siguió en pie sin que nadie diera explicaciones. A las 20, Amaya fue detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo. No saldría de la cárcel sino después de cien días.
* A las 22, el mismo 16 de agosto, los abogados Ortega Peña, Duhalde y González Garland procuraron arrancar al juez Quiroga una orden que permitiera la asistencia de médicos y defensores cuando los diecinueve detenidos en la base aeronaval fueran interrogados. Quiroga desestimó la petición.
* En la mañana del 17 de agosto, el partido Justicialista envió un telegrama al ministro del interior, Arturo Mor Roig: "Reclamamos respeto derechos humanos presos políticos unidad carcelaria Rawson responsabilizándolo por su integridad física amenazada por medidas de represión".
* El ministro, que siempre había negado la existencia de presos políticos en la Argentina y que descreía de las torturas a pesar de las evidencias, envió esta respuesta: "Requiero se sirvan precisar a qué medidas concretas de represión se hace referencia y cuáles son las amenazas a la integridad física y derechos humanos con relación a los responsables de los sucesos de la víspera en Rawson y Trelew. El poder ejecutivo nacional no acepta que mediante acción psicológica se pretenda presentar a los protagonistas del luctuoso suceso como víctimas. Firmado: Arturo Mor Roig, ministro del Interior".
* El gobierno militar de Alejandro Agustín Lanusse reclamó en Chile la detención preventiva de los diez combatientes que habían pedido asilo, antes de que se iniciara el proceso de extradición. El canciller chileno Clodomiro Almeyda manifestó que su país consideraría el caso de acuerdo con sus leyes nacionales y con los tratados en común con la Argentina. Las agrupaciones chilenas de izquierda se movilizaron en Santiago para que Salvador Allende concediera un salvoconducto -a falta de asilo político- para que los fugitivos salieran rumbo a Cuba.
*
El lunes 21, ciento cuarenta soldados de gendarmería
llegaron a Rawson para reforzar la vigilancia del penal.
La mitad de ellos tomó posición en los extremos de los
pabellones, con armas largas; la otra mitad patrullaba
el patio exterior y las salidas. Según un oficial del
Ejército, "hay versiones de que se trama un nuevo intento
de evasión". Uno de los guardiacárceles explicó que
los refuerzos llegaron para "prevenir posibles alteraciones
del orden en el penal".
* A las seis de la tarde de ese lunes, el comandante de la zona de emergencia, general Eduardo Ignacio Betti, difundió el bando militar N' 1. Su texto: "El que incurra en actitudes que perturben la normal convivencia, el orden y la tranquilidad públicos, será reprimido con la sanción de arresto, salvo que el hecho constituya una infracción más grave, en cuyo caso será juzgado según corresponda. La sanción de arresto será aplicada por orden irrecurrible, y se cumplirá en el lugar que se determine, conforme con las disposiciones del caso para esta zona de emergencia. El presente bando regirá desde las 14 del día de la fecha, 21 de agosto".
* En la edición N° 499 del semanario Primera Plana que comenzó a distribuirse la noche de ese lunes, se publicó una declaración del teniente coronel Muñoz, jefe de operaciones de las tropas regulares que actuaban en Chubut: "Estoy desilusionado -dijo en el aeropuerto de Trelew, luego de la rendición de los fugitivos-. Veníamos a liquidarlos a todos y están vivos. Si se hubieran animado a disparar un tiro, no dejábamos ni a uno. Pero se rindieron, los muy cobardes". Otro oficial, que comandaba a un grupo de quinientos efectivos entrenados para la lucha antiguerrilla, dijo (según la versión de Primera Plana): "Esperábamos una resistencia feroz, pero son unos patoteros. No pelean, son cagones".
* El mismo
lunes 2 1, desde las 11. 10 de la mañana, la junta de
comandantes que gobernaba la Argentina se reunió en
la Casa Rosada. Asistieron Alejandro Agustín_Lanusse,
presidente de la nación y jefe del ejército; Carlos
Alberto Rey, comandante en jefe de la fuerza aérea;
Guído Natal Coda, comandante en jefe de la armada; Ezequiel
Martínez, secretario de la junta; Rafael Panullo, secretario
general de la presidencia, y -Arturo Mor Roig, ministro
de Interior, poco después del mediodía, el lenguaje
de la reunión asumió una rigidez militar. Se incorporaron
entonces José Rafael Herrera, jefe del estado mayor
general del ejército,y Hermes Quijada, jefe del estado
mayor conjunto. Antes de la una de la tarde, el canciller
Eduardo McLoughlin -un brigadier- conferenció en otro
salón con el general chileno Sepúlveda y con el embajador
Ramón Huidobro sobre los diez fugitivos que habían pedido
asilo en Santiago; allí se enteró de que el gobierno
socialista, cediendo a las movilizaciones internas,
les entregaría salvoconductos para viajar a La Habana
o a Argel.
El domingo 27 de
agosto, el diario La Nación contaría que, durante el
diálogo, "McLoughlin rechazó, en nombre de Lanuse, el
pedido del el presidente chileno Salvador Allende de
que se lo dejara actuar en función de la situación interna
de su país. McLough1in adelantó al embajador Huidobro
que causaría un profundo desagrado al gobierno argentino
cualquier decisión chilena que se apartara de las normas
jurídicas en vigor, advirtiéndole que también el gobierno
argentino tenía razones de política interna para insistir
en la posición en la cual se había situado".
Los informes periodísticos
sobre la reunión militar del mediodía y el parte oficial
coinciden en los nombres, en los objetivos de la conversación,
en los horarios: Quijada llegó a las 13.40 para "dar
cuenta de los recientes sucesos en Rawson y Trelew";
McLoughlin entró una hora más tarde y refirió los pormenores
de su entrevista con Huidobro.
Según conjeturó
el matutino Crónica en su edición de agosto 22, la primera
parte de la asamblea fue destinada a analizar la ley
de enmiendas a la Constitución, que unificaría los mandatos
e impondría la elección directa de presidente y vice.
El resto del tiempo se habló de la represión.
* Poco antes de la medianoche, en la sala de periodistas de la casa de gobierno, los corresponsales analizaron las decisiones que quizás había tomado la junta de comandantes en jefe. Enumeraron las confidencias que habían recogido después de las reuniones militares de la última semana (el 16 en el despacho de Lanusse, el jueves en Olivos y el 18 en la llamada Sala de Situación), evaluaron el escarmiento que jefes de las tres armas querían imponer a los guerrilleros y los diversos castigos de los que se habría hablado. Al terminar la ronda de especulaciones, un corresponsal inglés dijo en voz alta: "Esta noche los matan a todos".
* Como
contarían más tarde los sobrevivientes de la matanza,
el trato que recibieron en la base fue "en parte razonable
y en parte irrazonable". Los despertaban a gritos, varias
veces durante la noche, y les ordenaban quedarse cuerpo
a tierra, desnudos o vestidos, en un patiecito que daba
a las oficinas. Dos grados tres décimas fue la mínima
del 16 de agosto; uno bajo cero hubo el 22, a las tres
de la madrugada.
Comían de a uno
por turno, o de a dos, apuntados por una doble hilera
de soldados que tenían orden de disparar al menor movimiento
inusual. "¡Si seremos boludos! -admitió durante uno
de los almuerzos el teniente de corbeta Roberto Guillermo
Bravo-. En lugar de matarlos estamos engordándolos."
Iban al baño de
a uno, con las manos en la nuca, atravesando también
la doble hilera y con un centinela detrás que les apuntaba
a la cabeza. 'la próxima vez no va a haber negociación
-los desafiaba el capitán Sosa. Los vamos a cagar a
tiros, sin tantos miramientos".
Pero esas humillaciones
-dirá después Gustavo Peralta- eran poca cosa para un
grupo de guerrilleros que no había flaqueado ante la
picana eléctrica, los cadenazos, los simulacros de fusilamiento,
la sed y las asfixias en agua del inodoro.
Forzados al silencio,
oirían al viento ir y venir por la meseta yerma, reptando
entre los molles y los calafates espinosos, o el chillido
de algún ratón de campo aplastado por las camionetas
que pasaban. Sabían que toda fuga era imposible, que
no podrían siquiera pensar en ella hasta que no los
sacaran de esa guarnición con novecientos hombres en
estado de alerta y dos kilómetros de campo por cubrir
hasta la carretera Madryn-Trelew. Ni soñar, compañero.
Toda la historia
de la semana final cabe en unos pocos planos: el de
las comidas, el de los interrogatorios, el de la matanza.
Se supone que los mudaron algunas veces de calabozo,
que Pujadas estuvo junto a Ulla una tarde y la mitad
de una noche, en la primera celda de la derecha; que
María Angélica Sabelli y Susana la Gorda Lesgart compartieron
durante un par de días la última celda de la izquierda.
Pero esos detalles ya no importan. Sólo sirven para
reconstruir la parte más opaca de la historia, los movimientos
sin sentido que tan a menudo son en la vida de los seres
humanos el preludio de la muerte.
El 22
de agosto a las 3.30 de la madrugada los 19 prisioneros
de la base Almirante Zar fueron acribillados, por una
patrulla a cargo del capitán de corbeta Luis Emilio
Sosa, y del teniente Roberto Bravo. Entre los muertos
estaban la mujer de Santucho y Clarisa Lea Place. El
gobierno explicó que se había tratado de un intento
de fuga. Los tres sobrevivientes de la masacre lo desmintieron.
El presidente Lanusse asumió, como comandante en jefe,
la responsabilidad de lo actuado por la Marina. La versión
oficial la difundió el jefe del Estado Mayor Conjunto,
contralmirante Hermes.
La noche del 22,
el gobierno sancionó la ley 19797 que prohibía la difusión
de informaciones sobre o de organizaciones guerrilleras.
En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales
ciudades de la Argentina. Y más de 60 bombas fueron
colocadas en protesta por la matanza.
Peronistas, radicales,
intransigentes, socialistas, comunistas, trotskistas
y democristianos, condenaron al gobierno. Perón calificó
a las muertes de "asesinatos". La opinión pública descreyó
de la versión oficial. El 25 de agosto la CGT declaró
un paro activo de 14 horas. Se prohibieron los velatorios
públicos de los guerrilleros ejecutados. El comisario
de la Policía Federal Alberto Villar desocupó con tanquetas
la sede del Partido Justicialista en la Capital Federal,
donde se velaba a algunos de los "combatientes", como
los llamaban sus compañeros de lucha, que fueron enterrados
luego clandestinamente. Ana Villareal fue sepultada
en el cementerio de Boulogne.
Lanusse envió emisarios
a Chile para solicitar la extradición de los guerrilleros
prófugos. Intentaba juzgarlos como delincuentes comunes.
Allende tenía dos opciones: poner a los evadidos a disposición
de lajusticia chilena por el delito de piratería aérea,
en cuyo caso la Corte Suprema debía ocuparse del pedido
de extradición del gobierno argentino, o concederles
el asilo y un salvoconducto para viajar a Cuba como
solicitaban los guerrilleros. Allende, en principio,
no descartaba la primera alternativa porque estaba convencido
de que la Corte de ninguna manera podía considerarlos
delincuentes comunes. De todos modos, encomendó al asesor
jurídico de la presidencia, Juan Bustos, que les comunicara
que él nunca los devolvería a las autoridades argentinas.
En las principales ciudades de Chile se realizaron manifestaciones
populares convocadas por el Partido Socialista y el
MIR para exigir al gobierno de Allende que se les otorgara
a los prisioneros el salvoconducto a Cuba.04)
El abogado Duhalde y su colega Gustavo Roca fueron testigos privilegiados de lo sucedido en Chile y de la decisión final de Allende de permitir la salida de los guerrilleros hacia Cuba. En l990, Duhalde revelará detalles inéditos del episodio:
|
MILONGA DEL
FUSILADO
|
"El mismo
día 15 de agosto, al enterarnos de la fuga, dieciséis
abogados viajamos a Rawson. Fuimos, entre otros, Raúl
Radizani Goñi, Rodolfo Mattarollo, Carlos González Garland,
Rodolfo Ortega Peña y Pedro Galín. No pudimos tomar
el avión porque los pasajes estaban reservados para
el gobierno. Alquilamos dos remises para que nos llevaran.
Nos pararon en todos los puestos policiales desde Bahía
Blanca. Cuando llegamos la muerte se respiraba en el
ambiente, estaba muy pesado. En seguida nos hospedamos
en el mismo hotel que el juez Jorge Quiroga, quien intervenía
en los hechos e integraba la Cámara Federal conocida
como el Camarón, algunos de cuyos jueces tenían denuncias
entre otros, de presenciar las torturas a los detenidos
y tomarles declaración en esas condiciones. Pero él
se negó a vernos. Esa misma madrugada presentamos un
habeas corpus tirándoselo por debajo de la puerta de
su habitación. El 16 de agosto Rawson era como un territorio
ocupado. Tampoco pudimos entrar a la base naval Almirante
Zar. Se nos unieron Mario Amaya e Hipólito Solar¡ Yrigoyen,
radicales y abogados del lugar. No pudimos trabajar.
Tuve el presentimiento de que la muerte rondaba sobre
los prisioneros. Mario Amaya es detenido; intentamos
realizar u na conferencia de prensa en su estudio de
Trelew pero media hora antes de la hora convenida lo
volaron de un bombazo.
"Regresamos a Buenos
Aires Con la certeza de que debíamos denunciar lo que
después, trágicamente, sucedería. La situación de los
presos en Chile, además, era muy difícil, así que nos
dividimos las tareas. Ortega Peña permaneció en Buenos
Aires para ocuparse de las defensas; Jorge Yampar, que
años después será asesor del ministro del Interior Julio
Mera Figueroa durante la presidencia de Carlos Menem,
le envía un telegrama al ministro del Interior de Lanusse,
Arturo Mor Roig, diciéndole que ante el peligro que
corrían las vidas de los prisioneros en la base de la
Marina, lo responsabilizaba de lo que pudiera pasarles.
Un telegrama histórico, porque no es que la muerte fue
casual sino que se advirtió que se mataría a los prisioneros.
Vuela de otro bombazo, en Buenos Aires, la gremial de
abogados donde Ortega Peña debía dar una conferencia
de prensa.
"En la mañana del
22 de agosto partimos hacia Chile Mario Amaya, Gustavo
Roca y yo. El que nunca supo por qué venía y después
se arrepintió toda su vidafue Andrés López Acoto, del
Partido Socialista. Los abogados del Partido Comunista
argentino se negaron a ir. En Ezeiza nos enteramos,
pero muy confusamente, de lo que estaba pasando en Trelew.
Recién en Chile, mientras íbamos en un taxi al Palacio
de La Moneda, supimos de la masacre de los prisioneros,
y los nombres de los muertos. Nosotros llegábamos para
ir a ver a unos prisioneros y, en cambio, más que en
defensores nos convertimos en portadores de la noticia
del asesinato de la mujer de Santucho y de la compañera
de Vaca Narvaja. Al resto de losfugados debíamos comunicarles
el asesinato de sus mejores amigos.
"Antes de verlos, marchamos a
dejar nuestros equipajes en un hotel, hondamente preocupados
por la situación y por tener que darles noticias tan
tremendas. Cuando bajamos al hall del hotel nos estaba
esperando un
personaje singular, que en esos años
estaba por la Argentina: Raymond Molinier, conocido
en la IV Internacional como 'Marcos', hijo de un banquero
francés que un buen día se había llevado los dineros
de su padre y se había incorporado al trotskismo. Molinier
llegó a ser secretario de Trotsky y estaba casado con
la alemana Elizabeth Kesselman, con quien vivía en Monte
Grande. Ella fue asesinada por las FFAA en 1976. El
viejo, que toda su vida fue un gran conspirador, acercándose
con disimulo nos dice: 'ustedes están sentados sobre
un polvorín, es algo muy peligroso lo que hacen. Por
eso me alojé en una habitación al lado de la de ustedes.
Cualquier cosa me
llaman. Pero necesito urgentemente una entrevista con
Robi. Partimos para la cárcel, Gustavo Roca y yo. Encontramos
a los Presos hechos casi una jauría. Aparte de que les
resultaba difícil entender que los tuvieran presos dado
el régimen socialista, estaban exasperados porque les
habían sacado la radio y porque alguien les había dicho
algo de lo que había sucedido.
"Estaban en un gran
salón del primer piso, con rejas en las ventanas y una
larga mesa. Algunos estaban parados. Me acuerdo de que
Robi estaba sentado a la cabecera de esa mesa. Yo les
digo que había habido una masacre de presos y termino
diciendo los nombres de los muertos. Ahí cada uno reaccionó
de manera diferente. Los más impulsivos, como Fernández
Palmeiro o Gorriarán, gritaban, maldecían. Robi puso
sus brazos cruzados sobre la mesa, apoyó la cara y quedó
así por más de dos horas. No pronunció una sola palabra.
Quedó como petrificado mientras a su alrededor los gritos
llenaban el cuarto. Fue una escena desgarradora y aún
hoy no sé qué fue más conmovedor: si el llanto y los
gritos, o el silencio petrificado de Santucho.
"A partir de ese
momento iniciamos una delicada gestión en dos direcciones:
por un lado los cubanos, y por otro el gobierno de Allende.
Luego de dos días, en la mañana del 25 de agosto, la
secretaria de Allende nos llamó a Roca y a mí para invitarnos
a almorzar. Cuando llegamos a La Moneda nos sorprendimos
porque el almuerzo era con todo el gabinete. Era una
mesa larga y solemne, como todas en esas ocasiones.
Allende presidía la reunión. Nos dice que quiere que
asistamos porque cada uno de sus ministros expondrá
sobre la tesis de extradición o de encarcelamiento en
Chile. La ronda la comenzó Clodomiro Almeyda explicando
las dificultades serias que planteaba la situación para
las relaciones bilaterales con Argentina, y aun con
el resto de los gobiernos vecinos como Bolivia y Brasil.
A suposición se sumaron todos los ministros, unos veinte,
con una tibia diferenciación de Tomic y una decidida
defensa en favor de la libertad de los guerrilleros,
la única, del secretario del Tesoro, Antonio Novoa Montreal.
"La comida ya había
terminado y pensamos que las cartas estaban echadas.
Tomó la palabra Allende, y dijo: "Chile no es un portaviones
para que se lo use como base de operaciones. Chile es
un país capitalista con un gobierno socialista y nuestra
situación es realmente dificil Repitió, haciéndolos
propios, todos los argumentos de sus ministros. Nosotros
nos hundíamos cada vez más en las sillas. De pronto,
Allende dijo: 'La disyuntiva es entre devolverlos o
dejarlos presos...'. Hubo un segundo de silencio que
Allende rompió con un puñetazo sobre la mesa: 'Pero
éste es un gobierno socialista, mierda, así que esta
noche se van para La Habana'. No podíamos creer lo que
escuchábamos; corrimos a realizar las gestiones con
Cuba para que volaran esa misma noche. Una vez tomada
la decisión, Allende nos solicitó tres cosas: que consiguiéramos
una declaración de Perón condenando la masacre de Trelew
y a favor de la liberación; también una declaración
de condena a la masacre de los partidos políticos argentinos
y de la CGT. La tercera, que nos costó bastante conseguir,
era que Vaca Narvaja se quitara el uniforme del Ejército
argentino que aún tenía puesto. Cumplimos con todo.
Ellos viajaron esa noche a Cuba, dejaron las armas y
el uniforme que llevaba Vaca Narvaja para que fueran
devueltos al gobierno argentino. Lo único que se llevaron
fue una enorme llave, del penal de Rawson, que luego
le regalaron a Fidel Castro. Esa fue la historia íntima
de Trelew. Santucho nunca creyó que el gobierno peronista
podía liberar a los presos. Decía: Nosotros somos enemigos
estratégicos, nosotros cuestionamos el sistema, el poder.
No nos van a largar'. Era como una obstinada cuestión
de principios que no le dejaba ver los matices. Sentía
que si los dejaban en libertad les rebajaban la categoría
de enemigos fatales."
|
Horas se
podría estar contando esta historia |
Antes de
partir para La Habana, Santucho recibió la visita de
Beatriz Allende, hija mayor del presidente chileno,
quien se había iniciado en las lides políticas en la
Juventud Socialista y se sentía orgullosa de haber sido
una de las primeras integrantes de las redes de apoyo
al Che en Chile, entre 1966 y 1967.
-Mi padre te envía
su pistola, pa' que te defendai. Lamenta mucho lo de
tu compañera. Dice que no comparte el camino que elegiste
para Chile, pero que jamás te olvides de ser fiel a
tus ideas. Y que te abraza. Beatriz
-Gracias. Dile a
tu padre que lo respeto por su honestidad, su valentía.
Y que deseo que el pueblo chileno pueda derrotar a los
momios y al imperialismo. Defenderemos a Chile donde
quiera que estemos -contestó Santucho.
La misma noche del
25, dos horas antes de embarcarse en el avión de línea
de Cubana que lo llevaría en vuelo directo a La Habana,
Santucho habló con sus tres hijas, sus padres y su hermano
Julio, que esperaban la llamada en un departamento de
la calle Cangallo al 4000 en Buenos Aires. Quería explicarles
personalmente a cada una de sus hijas la muerte de su
madre. Estaba desesperado por la pérdida, pero con la
tozudez del dolor volcada sobre la obsesión de continuar
la lucha. La matanza, interpretaba, era la mayor muestra
de agonía de la dictadura. Había que apretar el acelerador
para terminar de voltearla.
Los diez guerrilleros
aterrizaron en el aeropuerto José Martí en la madrugada
del 26 de agosto. Los esperaban honores protocolares
del Partido Comunista de Cuba y manifestaciones populares
en su homenaje.
En una improvisada
conferencia de prensa, Santucho, Osatinsky y Vaca Narvaja
dieron, por primera vez desde la fuga, su opinión sobre
la masacre de Trelew. La consideraban una "salvaje y
desesperada respuesta de la dictadura" a los reclamos
populares. Reafirmaban, con la consigna "la sangre derramada
no será negociada" que seguirían en la lucha "hasta
la victoria final" y que "la unidad de los revolucionarios,
sellada con sangre en Trelew" sería el legado a conservar
por las organizaciones armadas. Santucho agregó: "El
ERP, las FAR y Montoneros han demostrado que los muros
de ninguna prisión, ni ningún asesinato salvaje del
régimen,pueden detener el deseo de los revolucionarios
de reunirse nuevamente con su pueblo, de volver a la
lucha contra la dictadura y el imperialismo por una
patria libre y socialista-.
El grupo permaneció
en Cuba hasta la primera semana de noviembre de 1972,
partió de allí escalonadamente hacia distintos destinos
en Europa y retornó después a la Argentina. En el curso
de los dos meses, según las crónicas públicas de la
prensa cubana, los guerrilleros visitaron la isla y
participaron en las brigadas de trabajos voluntarios
habituales en la Cuba revolucionaria. Durante el verano
de 1991 en La Habana, el periodista de Radio Reloj,
Amable Amador, SO, barbero antes de la revolución socialista,
periodista de la revista Juventud Rebelde y dirigente
sindical, recordaría así al contingente guerrillero:
"Yo estaba al firente
de la microbrigada de trabajo voluntario de la revista
Juventud Rebelde, en Alamar, un barrio de La Habana
donde estábamos construyendo un edificio para los trabajadores
de la revista. De repente llegó una guagüita con un
contingente de argentinos. Me habían avisado de que
era un grupo muy especial. Si mal no recuerdo, se habían
fugado recientemente de una cárcel y no podíamos hacerles
preguntas impertinentes ni permitir a los periodistas
que les tomaran fotos, porque ellos pensaban continuar
la lucha en su país. Esos días, principios de setiembre
de 1972, había estado Silvio Rodríguez trabajando con
nosotros y cantándonos, y recuerdo que Santucho y Osatinsky
se habían aprendido de memoria esa canción de Silvio
que se llama 'Si tengo un hermano".
|
|
"Santucho
tenía un humor estupendo, y no me equivoco cuando digo
que se distinguía de los otros argentinos. A pesar de
que yo quería darle trabajos suaves, él insistía en
cargar bloques de cemento, o ser el primero en descargar
camiones con materiales de construcción. Ibamos al comedor
y no quería ser el primero: le cedía el puesto a otro.
En el grupo era como un imán. La atracción se centraba
en él, era sin duda el principal dirigente, aunque también
Marcos Osatinsky se le parecía. Trabajábamos de siete
de la mañana a siete de la tarde. En las siestas, que
desde que ellos estaban no dormíamos, Santucho parloteaba
con nosotros. Era un devoto del Che, y sentía cierto
orgullo infantil de que hubiera sido argentino. Era
un americanista convencido, y soñaba mucho con una latinoamérica
como Cuba, y nos ilustraba mucho sobre la situación
de la Argentina, que nosotros conocíamos poco entonces.
Tenía, también, una curiosidad desmesurada por todo.
Quería aprovechar su estadía con nosotros, que no duró
más de veinte días, para aprender lo que pudiera del
oficio de albañil y de electricista. Su complexión era
robusta y estaba sano, a diferencia de Fernando Vaca
Narvaja que tenía una pierna fracturada -si mal no recuerdo-
y lo teníamos enderezando clavos. Han pasado dieciocho
años y se han borrado muchos detalles, pero sí recuerdo
que era tan discreto que se hablaba de su mujer, asesinada
en Trelew, y se sumía en un silencio doloroso. Su muerte
nos conmovió. Era el hombre noble del grupo. Y aunque
en su vida de revolucionario haya hecho cosas dolorosas
-cuántos de nosotros hemos tenido que tomar el fusil
en nuestra vida nos parecía injusto que un ser tan generoso
tuviera que morir."
Por el secreto que
rodeó la permanencia del grupo en la isla --quedan apenas
algunas fotos y reportajes que fueron reproducidos por
la revista Bohemia- sólo se sabe que Santucho se entrevistó
esa vez -la única con Fidel Castro. Que escuchó una
vastísima exposición sobre la historia de la revolución
cubana, y que habló en escasas oportunidades, como era
su costumbre, para explicar su estrategia y tácticas
políticas. Ya entonces Castro no simpatizaba con el
cerrado antiperonismo del PRT, aunque respetaba las
convicciones de Santucho y, sobre todo, su indomable
visión guevarista. Esta tesitura de Fidel---que signará
la historia de las relaciones con Santucho- pudo tener
varias explicaciones: una, que los cubanos imaginaban
semejanzas entre el Movimiento 26 de Julio y el movimiento
peronista; otra, que Cuba y Argentina no mantenían relaciones
diplomáticas desde el derrocamiento de Frondizi, cuando
el gobierno argentino se había sumado al bloqueo dispuesto
por la OEA a petición de EEUU, y Castro tenía la promesa
de Perón de que, en caso de volver al poder, se normalizarían
las relaciones bilaterales.
Para la
elaboración de este resumen se utilizó material de los
libros "Todo o Nada" de la periodista María Seone y
de la recopilación hecha por Daniel De Santis "A vencer
o morir" Tomo 1 y 2.
Fuente: La Fogata

Entrevista
a Agustín Tosco, Diario El
Mundo, viernes 24 de agosto de 1973
-¿Puede usted relatarnos sintéticamente qué pasó el
22 de agosto de 1972 en el Penal de Rawson?
-Desde el 15 de agosto, día de la evasión, vivíamos
en un clima de gran ansiedad. Habíamos sido reagrupados
en pabellones distintos a los que ocupábamos en aquella
fecha, y aislados rigurosamente en cada una de las celdas
individuales. La puerta de la celda era maciza, con
algunos agujeros de un centímetro de diámetro, que hacían
de mirilla para los celadores que nos observaban y controlaban
constantemente. Una especie de pequeña ventana, con
barrotes cruzados, semejante a una claraboya sin vidrios,
colocada sobre la puerta, nos permitía mirar directamente
a algunos compañeros, a los ubicados en las cinco o
seis celdas de enfrente; para ello debíamos subirnos
a la cabecera de la cama y estar en posición muy incómoda.
Pero lo hacíamos con entusiasmo, pues eso nos permitía
contactarnos de alguna manera, plantearnos los interrogantes
que la situación de incomunicación nos obligaba, e ir
trasmitiendo las opiniones con el lenguaje mudo de la
mano, en lo que ya éramos expertos. Dados los cuarenta
y cinco metros de longitud del pabellón y las dos series
de veintiún celdas a cada costado del mismo, la retrasmisión
se iba haciendo en forma de zigzag hasta completar la
totalidad.
Nuestra preocupación mayor era la suerte corrida por
los compañeros que se habían fugado. Muchos de los prisioneros
pertenecían a organizaciones armadas y otros no; es
decir, los que nos encontrábamos en el pabellón. Más
a todos nos embargaba una serie inquietud pues la noche
del 15 de agosto, habíamos escuchado por radio que todavía
en ese entonces se nos permitía tener, que habían sido
apresados en el Aeropuerto de Trelew; que se les había
dado garantías de reintegrarlos al Penal; que estaban
en marcha hacia el mismo, en una columna que encabezaban
Pujadas, el juez Godoy, el Dr. Amaya y miembros de las
fuerzas de represión. La noche del 15 de agosto, en
la que permaneció tomado interiormente el Penal, escuchamos
las emisoras de Chile, donde se daba cuenta del secuestro
del avión, y que en él viajaban Santucho, Osatinsky,
Vaca Narvaja, Gorriarán, Quieto y Mena. Pero el 16 de
agosto a la mañana, que se nos incomunicó, no sabíamos
casi nada de los diecinueve restantes.
Teníamos la posibilidad de informarnos muy precariamente
por dos vías: en la guardia los celadores solían escuchar
los informativos y todos hacíamos un profundo silencio
para tratar de pescar algo; el contacto con algunos
celadores más "flexibles". Cuando nos abrían la puerta
para ir al baño o cuando nos traían la comida, también
podía damos una "pista".
Antes del mediodía del 22 de agosto, algunos compañeros
comenzaron a transmitir con el lenguaje mudo que parecía
que tres prisioneros que estaban en la Base Naval de
Trelew habían sido asesinados. Una gran angustia experimentó
todo el pabellón. Por la mañana habían requisado en
forma muy dura -ellos ya sabían lo acontecido en la
madrugada- y propinaron golpes de puño a varios, además
de hacernos correr desnudos desde el baño a cada una
de las celdas. Habíamos gritado y protestado con toda
nuestra fuerza.
A medida que lográbamos noticias, precarias todas, iba
aumentando el número de muertos. Decían que Pujadas
había intentado apoderarse de la ametralladora de un
guardia, que se había generalizado un tiroteo y que
habían , caído todos. A las 17 horas estaba prácticamente
confirmado que habían sido muerto los diecinueve compañeros
en la Base Aeronaval.
Fueron horas de intenso dramatismo. Todos estábamos
encaramados y tomados de los barrotes cruzados de la
ventana de la celda hacia el interior del Pabellón.
Había rostros enmudecidos. Otros lloraban con profundo
dolor y rabia. Algunos gritaban y daban vivas a cada
uno de los caídos y a las organizaciones guerrilleras,
a la clase obrera, a la revolución y a la Patria.
A la noche se preparó un homenaje simultáneo en los
seis pabellones ocupados por los presos políticos y
sociales. Espontáneamente cada uno relataba aspectos
de la vida, las convicciones, la personalidad de los
caídos, hasta completarlos a todos. Posteriormente hablaron
varios enjuiciando y condenando el alevoso crimen y
fijando la responsabilidad en la Dictadura y el sistema.
Luego a voz de cuello se gritó el nombre de cada uno
y cada vez se respondía en forma vibrante y unánime:
¡Presente! ¡Hasta la victoria siempre!
Se entonaron colectivamente las distintas marchas partidarias.
Todo quedó en silencio. Los guardias ordenaron acostarse.
Esa noche nadie durmió. El recuerdo de los mártires
caídos, la imágen de cada uno, el heroico ejemplo de
cada uno, llenaba la imaginación, hacía estremecer los
sentimientos y daba una pauta más del duro y glorioso
camino revolucionario que recorren la Clase Obrera y
el Pueblo hasta su total y definitiva liberación.
Discurso del Cro. Agustín Tosco a poco de ser liberado,
denunciando la masacre de Trelew
LIBERADO POR LA LUCHA DEL PUEBLO
Queridos compañeros y compañeras:
Quiero expresar en primer término el profundo reconocimiento
a esta solidaridad combatiente de la gloriosa Córdoba,
del glorioso Cordobazo. Después de prácticamente un
año y medio de prisión en las cárceles de la Dictadura
vengo aquí como trabajador, como revolucionario, como
argentino a ratificar ante todos ustedes el compromiso
de continuar, hasta las últimas consecuencias la lucha
por la Liberación Nacional y social de Argentina. Quiero
agradecer profundamente esta solidaridad. La solidaridad
de Córdoba, la solidaridad de Rawson y Trelew, la solidaridad
de toda la clase obrera que me ha arrancado a mí de
las garras de la dictadura, como antes ha arrancado
a otros compañeros y como arrancará hasta el último
prisionero. Quiero aquí como ha sido norma de, conducta
militante rendir un gran homenaje a todos los Compañeros
caídos en esta heroica lucha por la Liberación Nacional
y Social.
Yo vengo de una cárcel que ha sido rebautizada por los
prisioneros políticos y sociales a la cual denominamos
Campo de Concentración 22 de Agosto. Y tengo la obligación
de trabajador de repudiar un hecho que costó la vida
de compañeras y compañeros que compartían la prisión,
que nos conocíamos, que hablábamos de los comunes ideales.
La Dictadura que impera en nuestra Patria aprobó legalmente
la pena de muerte. Pero no espera a cubrir ese disfraz
legal; ha masacrado a lo largo y a lo ancho de todo
el país a los hijos del Pueblo que luchan sin distinciones
y sin discriminaciones.
Yo quiero nombrar aquí, corno una gran recordación a
los compañeros:
Clarisa Lea Place
Susana Lesgart
María Angélica Sabelli
Ana María Villarreal de Santucho
Carlos Astudillo
Pedro Bonnet
Eduardo Capello
Alberto del Rey
Mario Emilio Delfino
Alfredo Khon
José Ricardo Mena
Miguel Angel Polti
Mariano Pujadas
Humberto Suárez
Humberto Toschi
Alejandro Ulla
PRESENTES: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE
Dictadura ha descargado toda su furia y los compañeros
que aún se encuentran detenidos en el Campo de Concentración
de Rawson están sometidos a un régimen de opresión y
represión incalificable. Nosotros queremos denunciar
aquí, una vez más, como lo hicimos en Trelew y Rawson,
como lo hicimos ayer en Buenos Aires, que el régimen
que impera en la cárcel, es un régimen que atenta contra
los más elementales derechos humanos. El castigo de
reclusión bajo celda cerrada, la prohibición de todo
medio de información como diarios, revistas o radio
y la construcción de un locutorio enrejado de típica
contextura medieval impide el ejercicio mínimo de la
defensa pues son dos rejas que separan un espacio de
más de un metro y detrás de una reja está el abogado
o está el familiar y detrás de la otra reja está el
prisionero que ha sido trasladado desde esta celda cerrada,
con cadenas, hasta ese locutorio. Denunciamos también
la falta de atención mes¡- ea. Durante 30 días la requisa
del penal, el personal penitenciario golpeó y trató
de humillar a los prisioneros; nos llevaban al baño,
nos hacían desvestir, nos hacían correr desnudos por
el pabellón y luego nos "encanutaban" de nuevo, usando
un término propio del penal. Pero la actitud de todos
los compañeros del penal no es de temor y menos de sometimiento.
Se enfrentó a gritos toda esta serie de atropellos,
se denunciaron en la precaria medida de las posibilidades.
Y hoy yo vengo desde la cárcel, a denunciar públicamente
toda esta serie de atropellos para conseguir de inmediato
que se normalice la situación del penal, pues esa situación
es verdaderamente insoportable.
Sabemos que la Clase Obrera, que los sectores populares
democráticos, revolucionarios, antimperialistas, antioligárquicos
de nuestro pueblo, han de lograr que se vuelva aun régimen
mínimo de consideración humana dentro del penal. - Transcurridos
los 30 días del castigo pudimos obtener algunas entrevistas
con el Interventor del Penal, el Cte. Mayor de Gendarmería
Juan Ramón López Carballo.
Y le planteamos la necesidad de resolver en forma urgente
esos problemas. El dijo que sólo podía resolver los
problemas accesorios y que la resolución de reclusión
bajo celda cerrada, la incomunicación de toda noticia,
el problema del locutorio, dijo que esas eran disposiciones
de la Junta de Comandantes en Jefe, del Servicio Penitenciario
Federal, y en ese aspecto él no tenía posibilidades
de hacerlo. Algunas cuestiones accesorias se han logrado
ante el reiterado planteo,, ante la reiterada protesta
de los Compañeros detenidos, pero lo fundamental no
está logrado y desde el Penal sabemos que la lucha fundamental
está en el seno del Pueblo y aquí debemos una vez más
comprometernos para que de inmediato se resuelva este
problema y para que también con una acción más poderosa
de todos los sectores unidos de nuestro Pueblo arranquemos
a todos esos prisioneros de la Dictadura. Allí hay muchos
compañeros aún en prisión.
Yo traigo un saludo de los que estaban en mi pabellón
particularmente de Martín Federico, de Curuchet y de
otros compañeros. Les puedo decir que todos tienen una
moral muy alta, que tienen un espíritu de lucha que
no va a ser afectado por esta situación penosa por la
cual se atraviesa, y también quiero destacar aquí en
nuestro enjuiciamiento a la política ultrarreaccionaria
de la dictadura, que ellos nos llevaron allí para aislarnos
de todo contacto popular, para tratar de impedir que
recibiéramos esa inmensa solidaridad, pero la población
de Trelew y de Rawson se ha convertido en una porción
de nuestra Patria, en una porción patagónica que vibra
de solidaridad; y el régimen ha castigado también la
solidaridad; el compañero Dr. Mario Abel Amaya , abogado
de varios compañeros, apoderado de otros, hombre afectado
en su salud, que permanentemente acercaba su solidaridad,
su aporte para la solución de los problemas de los compañeros
ha sido detenido, puesto a disposición del Poder Ejecutivo
y remitido al penal de Devoto por ejercer esa solidaridad
combatiente. Amaya es el abogado de la solidaridad,
es la solidaridad reprimida por la dictadura y Amaya
merece también, como todos los demás, que lo arranquemos
de la cárcel.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Entrevista
a Agustín Tosco
"Agustín Tosco: El Cautiverio de un guerrrero"
Revista Primera Plana , 20 de Junio de 1972 (cárcel
de Rawson)
Desde el locutorio del penal de Rawson, el lunes 12,
Agustín Tosco, dirigente sindical cordobés (detenido
el 28 de abril del año pasado a disposición del Poder
Ejecutivo), contestó este reportaje cuyo formulario
le fue entregado por su abogado defensor, Hipólito Solari
Yrigoyen, a pedido de PRIMERA PLANA.
|
El Grupo Moncada popularizó el alegre "Chamamé a Cuba", cuya letra -según cuenta la periodista Ana María Radaelli- es obra colectiva de los presos políticos de Trelew. Aquí interpretado por Soledad Bravo. |
PRIMERA PLANA: ¿Cómo
define usted la tendencia que representa dentro del
panorama gremial cordobés?
AGUSTÍN TOSCO: Los Gremios Independientes de Córdoba
constituyen un importante grupo de Sindicatos, no embanderados
partidariamente, pero con una clara política de unidad
combativa dentro del movimiento obrero.
Sostienen que el sindicalismo no es sólo un medio de
reivindicación económico-social de la clase obrera,
sino que debe constituir una palanca política principal,
en coincidencia con los demás sectores populares, para
la liberación nacional y social argentina. Dentro de
ese concepto han votado y sostienen la consigna fundamental
aprobada por la Regional Córdoba de la CGT de llevar
adelante "la lucha antiimperialista hacia el socialismo".
Adhieren a la Comisión Nacional Intersindical y definen
una básica identificación con la CGT de los Argentinos
y los Gremios Peronistas Combativos, de acuerdo a lo
fijado por los Programas de La Falda y Huerta Grande,
el Manifiesto del 1° de Mayo y el Documento de Octubre.
P.P.: ¿Merece una autocrítica el proceso Sitrac-Sitram?
¿Cuál sería?
A.T.: Si correspondiera una autocrítica ella debería
ser formulada por los respectivos gremios.
Considero como centro del problema la incalificable
agresión de que fueron objeto los trabajadores del Sitrac-Sitram,
tanto en el campo laboral como en el institucional,
al ser disueltos los Sindicatos y despedidos cientos
de militantes, delegados y dirigentes. Además del encarcelamiento
que padecen diez de ellos y sus asesores letrados.
Corresponde reclamar enérgicamente el respeto al derecho
de sindicalización según lo decidan las propias bases;
la reincorporación de los cesantes y la libertad de
los detenidos.
P.P.: ¿Qué experiencia ha extraído de su cautiverio
junto a Raimundo Ongaro?
A.T.: Desde el 14 de mayo de 1971 hasta el 7 de enero
de 1972, estuve encarcelado con el compañero Raimundo
Ongaro, juntos, pero totalmente aislados de todo contacto
con los demás detenidos, en el último entrepiso de una
planta del Penal de Villa Devoto.
Nos unió una gran solidaridad humana, y preciso es destacar
la constante entereza y espíritu de lucha de Ongaro.
En el aspecto político sindical, lo esencial se dio
en la coincidencia de promover, alentar y trabajar por
la unidad combativa de la clase obrera y los sectores
populares, enfrentando a todo tipo de participacionismo
y colaboracionismo con el régimen.
P.P.: ¿Cuál debe ser, a su juicio, la misión del sindicalismo?
A.T.: En todo el país, que como el nuestro, lucha por
su liberación nacional y social, el sindicalismo debe
cumplir fundamentalmente la doble función que marca
el proceso de la clase obrera y el pueblo.
Por lo tanto le corresponde encarar la reivindicación
consecuente de los derechos económicos, sociales, políticos
y culturales de los trabajadores y simultáneamente sumar
los máximos esfuerzos desde su terreno específico para
que políticamente el poder sea ejercido por el Pueblo.
P.P.: ¿Qué opinión le merece el sindicalismo peronista
combativo?
A.T.: Al definir que existen importantes coincidencias
básicas entre nuestra orientación y la de los Gremios
Peronistas Combativos, destacamos una valoración positiva
de la actividad y los objetivos que se este nucleamiento
obrero en su permanente accionar por los derechos sindicales
y populares.
P.P.: ¿Cómo ve Agustín Tosco, desde la cárcel, la convocatoria
de Alejandro Lanusse a un Gran acuerdo Nacional?
A.T.: Desde el mismo momento que se dio a publicidad
el denominado Gran Acuerdo Nacional, lo denunciamos
como un claro propósito continuista del actual régimen
usurpador; como un intento mal disimulado de pretender
entrampar al Pueblo argentino en una supuesta salida
institucional que sirviera a los objetivos de la oligarquía
y del imperialismo; como un sinuoso plan para montar
una gran farsa electoral para dar una imagen de un consentimiento
popular, a lo que el Pueblo no sólo no elige sino que
rechaza terminantemente.
El GAN es un aparatoso gigante con pies de barro. Tanto
como cayeron las mentiras y ficciones de las anteriores
etapas de la mal llamada Revolución Argentina ante la
poderosa verdad del Pueblo, así también sucederá con
el GAN. Absolutamente nada de lo que surja de la mentalidad
conservadora reaccionaria de los detentadores del poder
puede conjugarse con la voluntad soberana de los argentinos.
Tan es así, que el 31 de mayo desde San Nicolás, Alejandro
Lanusse se ha visto obligado a desnudar hasta las entrañas
del GAN: pactar a espaldas del Pueblo y al pie de la
Dictadura; imponer la "acuerdocracia" y enterrar el
"juego limpio" que tan siquiera se recordó; convenir,
no ya sólo las características y contenido del continuismo,
sino hasta... ¡su filosofía!. Ni el general Agustín
P. Justo había llegado a tanto en sus pretensiones.
El discurso del 31 de mayo constituye así una referencia
mistificadora de la historia, de las ideas políticas,
de la lucha de nuestro Pueblo y de sus genuinas aspiraciones.
Además, con sus sofismas discursivos, Lanusse pretende
fabricar realidades que no son otras que las que interesan
sostener a las minorías explotadoras y a los grandes
monopolios internacionales.
La verdad de nuestra historia es que el Pueblo, con
sus pronunciamientos, movilizaciones y luchas, determinará
inexorablemente que su voluntad de Justicia Social,
Soberanía Popular y Liberación Nacional sea respetada.
Así sucederá, más allá de las tutorías, los grandes
acuerdos o los golpes de estado, como variantes reiterativas
de un sistema y un régimen en irreversible decadencia.
P.P.: El Ministro Mor Roig, en declaraciones periodísticas,
ha minimizado el problema de la tortura en el país.
¿Coincide usted con esa apreciación?
A.T.: Bajo ningún punto de vista. Mor Roig trara de
descargar su inoperancia como Ministro político del
régimen, desmintiendo o minimizando lo que es la dramática
realidad de una constante y probada violación a los
más elementales derechos humanos en argentina, hasta
el grado de la barbarie organizada para la tortura a
muchos prisioneros políticos y sociales –hombres y mujeres-
de nuestro Pueblo.
P.P.: ¿Considera usted correcta la permanencia de Mor
Roig en el Ministerio político a esta altura del proceso
de "institucionalización"
A.T.: Nunca consideré correcta la permanencia en el
Gobierno de ningún funcionario de la dictadura. Lo único
correcto es que todos los que ejerzan las principales
funciones en el Estado sean expresión de la libre y
soberana voluntad de los argentinos.
P.P.: ¿Qué piensa usted de la coincidencia La Hora del
Pueblo"
A.T.: La Hora del Pueblo padece del pecado original
de creer que la Dictadura permitiría un ejercicio más
o menos libre de la llamada democracia representativa;
de allí colaboró para un desenlace en esos términos.
El discurso de Lanusse del 31 de mayo ha terminado con
los sueños de la Hora del Pueblo. Ahora ésta deberá
probar definitivamente la consistencia de su propia
identidad o su dependencia de los planes continuistas.
P.P.: Se le atribuyeron simpatías hacia el Encuentro
Nacional de los Argentinos. ¿Cuál es su punto de vista?
A.T.: Así es. Comparto los lineamientos, la acción y
los objetivos del Encuentro Nacional de los Argentinos.
P.P.: ¿Cómo vislumbra usted el camino hacia el socialismo
nacional?
A.T.: El camino de todos los pueblos hacia el socialismo
lleva intrínsecas las características nacionales de
cada país.
Resultaría aventurado señalar un camino específico y
esquemático. Sí hay un ancho camino por el que transitan
simultáneamente todas las fuerzas que luchan en todas
las escenas de la vida nacional para erradicar un sistema
de opresión, injusticias y miseria y construir una nueva
sociedad, más justa y más humana. La unidad de esas
fuerzas será un factor de aceleración del proceso histórico,
con el cumplimiento de las etapas intermedias que deben
recorrerse y con el aprovechamiento de las coyunturas
favorables, cualesquiera que fueren, compatibles con
el objetivo fundamental trazado.
P.P.: Sobre la propuesta de Perón en vistas a un Frente
Cívico de Liberación Nacional hay muchas interpretaciones
y distorsiones. Pero ateniéndose a lo que el propio
Perón ha definido, no se trata de una estructura orgánica
sino de una coincidencia de hecho que se concreta a
dos niveles: uno, superestructural, con las cúspides
de los partidos y organismos populares; y otro infraestructural,
a nivel de bases, mediante las mesas de trabajo y la
movilización de masas, ambos teniendo como objetivo
revolucionario la toma del poder por parte del Pueblo,
ya sea a través de las elecciones (si es posible) o
a través de otras vías, si el camino comicial es cerrado
por el fraude y la trampa. Así definido, ¿qué opina
usted del Frente Cívico?
A.T.: Siempre he expuesto y sostenido con vehemencia
que sólo la unidad de acción programática en los puntos
fundamentales, e instrumentalmente orgánica de las fuerzas
políticas populares, sin discriminaciones y sin la pérdida
de la individualidad partidaria, será el factor fundamental
para que el Pueblo acceda al poder, se consolide en
el mismo y materialice las transformaciones de contenido
revolucionario que son de urgencia para nuestro tiempo.
Tengo entendido que sobre eso se trabaja y espero que
sus resultados sean fructíferos.
Mientras tanto, la lucha debe continuar. Trabajadores,
estudiantes, profesionales, sacerdotes, campesinos,
entidades económicas nacionales, hombres y mujeres de
toda condición y militancia, no renunciarán a su compromiso
histórico de producir los hechos determinantes de un
profundo cambio en las condiciones económicas, sociales
y políticas actuales, con o sin formalismos electorales.
P.P.: ¿No cree usted que resistirse a una opción política
concreta a nivel nacional colocará a su tendencia, tarde
o temprano, en el callejón sin salida de un aislacionismo
estéril?
A.T.: Nuestra lucha ni la opción de la unidad de las
fuerzas políticas populares, tal como lo expresé precedentemente,
de ninguna manera puede colocarnos en un aislamiento
estéril: porque la unidad y la lucha están en la conciencia
y el corazón del Pueblo.
¿Qué otra cosa expresarían entonces la infinidad de
movilizaciones populares masivas protagonizadas heroicamente
en los últimos años?
¿Y la de tantos hombres y mujeres argentinos que por
su militancia popular y revolucionaria responden con
su libertad o con su sangre por esos mismos ideales
comunes?
Allí estuvieron y están todos los que, sin distinciones
partidarias, luchan efectivamente por la liberación
del Pueblo y la Patria.
Aquí, los que estamos en la cárcel, ratificamos nuestras
posiciones manteniéndolas indeclinablemente, con el
pleno optimismo que la causa popular y liberadora triunfará.

Habla
el padre de Mariano Pujadas
Ver
Documento
desclasificado
Mariano nació el 14 de junio de 1948 en Barcelona, catalán
por los cuatro costados y a fines de 1953 emigró a la
Argentina con toda la familia.
Al año siguiente empezó a ir a la escuela nacional Nro
55 de Guiñazu, ingresando a 3er grado, pues a pesar
de tener seis años solamente se hallaba en ese nivel
por haber asistido a la escuela en Barcelona. Durante
sus años de escuela y después en el colegio nacional
de Monserrat fue acusando una faceta característica
de su personalidad: su genio alegre, su "ángel" como
diría un gitano, que le ganaba amigos por doquier. Excelente
alumno en matemáticas y ciencias físico-naturales, con
innata facilidad para los idiomas Fue becado por el
intercambio estudiantil del rotary, graduándose en el
colegio de agricultura de la Universidad de Nebraska.
Su año de permanencia en Curtis, viviendo con varias
familias, sirvió de mucho para afinar su escala de valores
y madurar su juicio. Como siempre dejo un estela de
simpatía y afecto: a los pocos días de su fusilamiento
casi ochos años después de su estadía en Curtis, recibíamos
sentidas cartas de condiscípulos y profesores suyos,
y entre ellas la del juez Floy Hecht en cuya casa vivió
varios meses, en la que decía que conociendo a mariano
estaba seguro de que había muerto defendiendo una causa
de justicia y libertad.
Paso del Monserrat a la Universidad Católica, en la
facultad de agronomía, y sin que ello le impidiera ser
un excelente alumno siempre encontraba tiempo no solo
para ayudar en la actividad de la familia, sino también
de preocuparse de los problemas estudiantiles. Sus numerosos
viajes hacia el norte de la provincia especialmente
practicando estudio y análisis de suelos le pusieron
en contacto con las zonas mas pobres, despertando en
él una afán de justicia y la amarga certeza de que no
se podría hacer nada de provecho para remediar los males
que tenia ocasión de palpar, sin un cambio fundamental
de estructuras, en lo económico y en lo social.
Así se fue plasmando la personalidad de Mariano, el
idealista que no vacilaba en darse por entero con alegría
e inmensa cordialidad frente a sus semejantes y también
el muchacho transformándose en hombre con un juicio
sereno y ecuánime, con una voluntad férrea para seguir
en una lucha dura y riesgosa buscando alcanzar mejor
bienestar y mayor justicia para un pueblo con el que
se había integrado y sentido absolutamente suyo.
Del Cordobazo a la fría madrugada del 22 de agosto en
Trelew con los años de militancia tan intensamente vividos,
se concreta la transformación de nuestro Mariano en
el "Gaita", como cariñosamente lo llamaban sus compañeros.
Prófugo desde la Calera, es detenido en junio del 71
en Córdoba y tras pocos meses de estar en Encausados,
forma parte del primer grupo de presos políticos llevados
a Rawson: de allí habría de volver a su casa en la noche
de un 23 de agosto en un ataúd gentilmente proporcionado
por la Armada.
Fue entonces cuando empezamos a comprender la exacta
dimensión alcanzada por Mariano y no a causa de su papel
protagónico en el aeropuerto de Trelew, sino al ver
la cantidad de gente para nosotros desconocida, pueblo,
"pueblo", de alpargata rotosa y pollera deshilachada
que sin intimidarse por la presencia de carros de asalto
en las inmediaciones de la casa, entraban silenciosos
con ojos húmedos a dar el ultimo adiós al muchacho guerrillero
que por ellos había ofrendado su vida mirando su rostro
exangüe pero sereno y sonriente, y tocando la bandera
de su patria de adopción que cubría el féretro, cruzada
con una leyenda que él llevaba grabada a balazos en
el pecho: MONTONEROS. Esa misma palabra que un hermano,
con un clavo, grabo en el revoque fresco que tapa el
nicho, hasta donde lo llevaron a pulso sus compañeros
en un mediodía soleado d e agosto.
Hermosos son todos los recuerdos que conservamos de
Mariano, y creo que todos los que lo conocieron, por
siempre tendrán presente el maravilloso don de esa sonrisa
que siempre se dibujaba en sus labios, su entereza,
su serenidad y su espíritu de conciliación y justicia.
Para muchos de nosotros es mas que un ejemplo un recuerdo:
antes Mariano estaba con nosotros, ahora esta en nosotros,
pues lo llevamos en nuestra mente, en nuestra sangre,
en nuestro corazón.
El papá de Mariano autor de esta nota se llamaba José
Maria conjuntamente con su esposa Josefa y dos de sus
hijos: Madre y hermanos de Mariano respectivamente,
fueron asesinados por fuerzas parapoliciales y paramilitares
el 14 de agosto de 1975 en Córdoba. Los sacaron
a todos de la misma casa mientras dormían, los arrojaron
a un pozo de ocho metros de profundidad, los ametrallaron
y luego sobre sus cuerpos exánimes arrojaron explosivos.
[Del libro "CAMPANA DE PALO" de Roberto Baschetti]

Trelew
22 de agosto: Verdad, Memoria, Justicia
Por Enrique
Gil Ibarra
Casi se han cumplido 35 años de la masacre de Trelew.
El 22 de agosto de 1972 fueron fusilados a mansalva,
en la Base Almirante Zar de esta ciudad, 19 militantes
de distintas organizaciones político militares, que
se habían rendido a fuerzas de la Marina en el Aeropuerto,
con la condición de que se respetaran sus vidas. La
promesa no se cumplió. Sólo tres de ellos sobrevivieron,
y fueron muertos, secuestrados o desparecidos algunos
años más tarde, durante la siguiente dictadura militar.
Este 22 de agosto, 35 años después, inauguraremos el
Centro Cultural por la Memoria del Aeropuerto Viejo
de Trelew, en homenaje a esos compañeros.
Fueron para los habitantes de la ciudad, largos años
de lucha, de preservación del recuerdo, de debates.
Hay varios tipos de memoria. Existe aquella memoria
edulcorada que en realidad es una añagaza del olvido:
"Guardemos el recuerdo allí, bien encerrado, y que jamás
se salga".
Hay también de la otra, la complaciente, que se conforma
con un día al año, con una flor, un discurso y una lágrima.
Por suerte, también existe otra: la que comprende que
la memoria no es pasado; que es presente y que será
futuro. Que lo que hagamos hoy es un camino que no termina
con nosotros, porque tampoco lo empezamos.
Esa masacre, que es considerada internacionalmente como
la primera manifestación del Terrorismo de Estado en
Argentina, no puede guardarse en un Museo. Quisimos
que fuera, y lo será, memoria viva.
Por eso un Centro Cultural. Porque la comunidad no vive
de recuerdos, sino de accionares. De nuevas expresiones,
formas distintas de decir las mismas cosas.
Tenemos que aprender -ya para siempre- que la Memoria,
la Verdad y la Justicia se defienden y se mantienen
luchando, todos los días. Y transmitir ese conocimiento
a nuestros hijos, a nuestros hermanos, también a nuestros
padres.
Aunque no se comparan con lo que vino después, esos
años de principios de la década del 70 no fueron fáciles.
Era el comienzo de una ruta de esperanza, que se reveló
fallida. Y aunque todos sabemos que el tiempo puede
endulzar la mayoría de los recuerdos, algunos, como
esta masacre, no pueden ser endulzados. A lo sumo, se
hacen más entrañables, más propios.
Sabemos que para muchos, los fusilados en Trelew no
pasan de ser subversivos o –injustamente- terroristas.
Para otros, entre los que me cuento, son parte de nuestra
vida, de nuestra historia, de nuestra Patria.
Vendrá a la ciudad mucha gente, muchos compañeros de
todos los puntos del país. Familiares de los 16 compañeros
muertos, ex-presos del penal de Rawson, organismos de
derechos humanos, HIJOS, madres y abuelas de Plaza de
Mayo, estudiantes, etc.
Todos han esperado largo tiempo. El sobrino de Pujadas,
que también se llama Mariano. La prima de Susana. Alicia,
la esposa de Bonet, que viene desde Francia. La mamá
de Capello, que con sus años a cuestas, su sonrisa y
su abrazo cariñoso, no falta cada año.
Porque aunque a algunos no les guste, seguimos estando
aquí.
Conversando con amigos de la ciudad, algunos me manifestaron
estar cansados de que nuestro pueblo fuera conocido
como "la ciudad de la Masacre". Pero el pasado no puede
cambarse y negarlo, es necio e infructuoso.
Trelew será siempre la ciudad de la masacre.
Pero desde el 22 de agosto del 2007, 35 años después,
podremos orgullosamente adjuntarle otro calificativo:
Trelew: ciudad de la Memoria.
http://elhendrix.com.ar
http://elhendrix.blogspot.com

Acto
de JP y Montoneros por el primer aniversario de la masacre,
Estadio Atlanta
Por Edgardo Imas
imased@yahoo.com
22 de agosto de 1973
[Imagen:
Haidar y Camps saludando a la multitud en el estadio
el 22/08/73]
Con seguridad la oportunidad en que más gente hubo en
el Gran León, superando incluso al acto de proclamación
de la candidatura de Héctor Cámpora en febrero de ese
mismo año, y al que organizaron la Juventud Peronista
(JP) y Montoneros en marzo de 1974.
Cámpora y Solano Lima habían renunciado, y el presidente
interino era Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de
Diputados. Juan Domingo Perón estaba de regreso en el
país y se postulaba para presidente de la Nación en
las elecciones llamadas para el 23 de septiembre. La
fórmula la completaba su controvertida esposa, Isabel
Perón, sobre quien circulaban versiones de que renunciaría,
algo que entusiasmaba a los sectores juveniles que se
congregaron en Villa Crespo esa noche invernal de aquel
emblemático 1973. Es más, especulaban con que el doctor
Taiana la sustituiría en la postulación y que el derechista
y oscuro ministro de Bienestar Social, José López Rega,
sería designado embajador en Europa.
Se calcula que casi 50.000 personas asistieron y colmaron
y debordaron la capacidad de la platea, las tribunas
y sus pasillos, el campo de juego y las calles aledañas
al estadio.
La convocatoria había estado a cargo de la JP y Montoneros
-que ya habían absorbido a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR)-, para homenajear a los dieciséis presos políticos
que habían sido asesinados un año atrás en la base aeronaval
Almirante Zar, en Trelew (Chubut). También se evocaba
el 22.° aniversario del renunciamiento de Evita a la
vicepresidencia de la Nación, once meses antes de su
muerte y se recordaba al obrero metalúrgico Felipe Vallese,
secuestrado y desaparecido el 23 de agosto de 1962.
Este sector de la juventud ya había realizado un acto
en ocasión de la campaña electoral para los comicios
de marzo en la cancha de Argentinos Juniors.
En el llamamiento al mitin la JP Regional I llamaba
a respetar la única consigna central del acto: "Patria
sí, colonia no" y aconsejaba "impedir una superposición
de consignas que a lo único que conduce es a la confusión
y al desgaste de la gente".
El palco fue decorado con una larga cinta roja y negra
de la JP y dos grandes fotos de Juan Domingo Perón y
Evita. Los militantes de las columnas de las Regionales
de la JP, la Juventud Universitaria Peronista (JUP),
la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), la Unión de
Estudiantes Secundarios (UES), portaban carteles con
leyendas como "Perón, Evita, la patria socialista",
"Perón presidente, Evita presente", "A un combatiente
no se lo llora, se lo reemplaza" y "Murieron para que
el pueblo viva". (Ver cantitos)
El ambiente era festivo y con mucho fervor militante.
Luego de que se cantaron el Himno Nacional y la Marcha
Peronista, se hizo un minuto de silencio por los caídos
en la lucha y por Evita, mientras en una pantalla se
proyectaban escenas del Cabildo Abierto del justicialismo
realizado el 22 de agosto de 1951. Por los caídos en
el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, los fusilados
de 1956, los asesinados en Trelew y Ezeiza, hubo una
oración a cargo del sacerdote tercermundista Jorge Goñi.
Más tarde, un grupo de militantes quemó una bandera
norteamericana en el centro de la cancha, a la vez que
ésta era recorrida por otros pertenecientes al Frente
de Lisiados Peronistas, con sus sillas de rueda. Entre
otros, por la zona del palco se pudo ver al ex secretario
del Movimiento Nacional Justicialista, Juan Manuel Abal
Medina; el sacerdote Carlos Mugica; los dirigentes de
la Junta Coordinadora Nacional del radicalismo, Marcelo
Stubrin y Enrique "Coti" Nosiglia; dos de los tres sobrevivientes
de la masacre de Trelew, Ricardo Haidar y Alberto Camps
-ambos fueron detenidos-desaparecidos en la última dictadura
militar-; varios familiares de los caídos en la ciudad
patagónica, y la madre de Juan Pablo Maestre, trabajador
bibliotecario secuestrado y asesinado dos años antes.
Los primeros oradores fueron Lidia Laferrère, madre
del guerrillero Manuel Belloni, muerto en el Delta;
Mario Marzocca, de la JTP; Alberto Camps, sobreviviente
de los sucesos de Trelew, y Roberto Vidaña, diputado
nacional por la provincia de Córdoba.
Continuó en el uso de la palabra Juan Carlos Añón, que
habló por las Regionales de la JP en lugar de Dante
Gullo, ausente por razones de salud. El dirigente juvenil
afirmó que "nosotros no somos ni infiltrados ni troscos
ni bichos colorados. Lo único colorado que tenemos es
nuestra sangre de peronistas leales a Perón". Y añadió:
"La candidatura de Isabel abre fisuras en el frente
del 11 de marzo y no es la figura más representativa
de 18 años de lucha", admitió, mientras los militantes
cantaban: "No rompan más las bolas, Evita hay una sola".
El multitudinario acto fue cerrado por Mario Eduardo
Firmenich, quien afirmó que "no tiene sentido la alianza
de clases si el proceso no es conducido por trabajadores.
Pero no sucede eso porque en la CGT hay cuatro burócratas
que no representan ni a su abuela". Los asistentes repudiaron
mediante gritos hostiles al secretario general de la
CGT, José Ignacio Rucci, que fue asesinado un mes más
tarde.
Firmenich criticó la integración de la fórmula justicialista
para los cercanos comicios. No obstante, convocó a "votar
masivamente por Perón y a una intensa campaña barrio
por barrio, manzana por manzana".
El acto transcurrió sin incidentes, mientras en la plaza
del Congreso otro acto de menor concurrencia organizado
por sectores de izquierda no peronista (PRT-ERP) terminó
con enfrentamientos con la policía y varios detenidos.
Fuente: www.sentimientobohemio.com.ar