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La doctrina francesa y el terror en América Latina |

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Cómo nace el terror
en América
Latina
Entre los años 60 y 70, Paul Aussaresses y los especialistas franceses en guerra
antisubversiva instruían a los militares estadounidenses y argentinos. Cuando
estos últimos se instalaron con su Junta en 1976, aplicaron las lecciones
francesas.
El 21 de mayo de 2001, en la oficina del juez de instrucción
parisino Roger Leloire se encontraba un invitado reconocido y súbitamente
célebre: el general Paul Aussaresses, a quien el Presidente de la República, por
razones disciplinarias, pasará a retiro el próximo 6 de junio.
Sus recientes revelaciones sobre las prácticas de tortura que aplicara en
Argelia están todavía frescas. Pero no fue para referirse a eso que lo convocó
el juez Leloire.
Para estupefacción del viejo oficial, la pregunta del juez estaba referida al
papel que los militares franceses en general, y el suyo en particular,
desempeñaron en la formación de quienes mas tarde serían los dictadores y
torturadores argentinos.
Un asunto enterrado, olvidado, ultra secreto.
Los especialistas franceses de la 'guerra psicológica', de regreso de Argelia,
pusieron sus siniestros talentos al servicio de las peores dictaduras
sudamericanas, en nombre de Francia.
Nuestra investigación demuestra que existían dirigentes políticos franceses
informados. ¡Y que eso funcionó durante veinte años !
Una memoria selectiva
Los recuerdos del general octogenario sobre la tortura en Argelia son inagotables. Su memoria asusta por su precisión, igual que las notas personales que conservó a lo largo de su carrera. Sus declaraciones son de un cinismo sin nombre.
El juez Leloire no siente la menor inquietud. El general va a contarle todo, a decirle cual fue su papel en América latina en esa época, a él, cuyo trabajo empezó con la denuncia de familias de desaparecidos franceses en Chile y Argentina, a principios de los años 70. Aussaresses no paso su vida en los servicios secretos por nada. Si habla o si escribe, es porque lo decidió. Pero en el Palacio de justicia, su memoria vacila. ¡No sabe - afirma al juez - qué es un 'servicio de inteligencia', el servicio de información de que dispone un Estado Mayor ! Admite apenas, de la lengua para afuera, que es efectivamente un especialista en lucha anti subversiva. Y sobre todo, confirma lo que el juez ya sabe: fue agregado militar en Brasil entre 1973 y 1975. El Point (Revista francesa) está hoy en condiciones de atizar la memoria del general, y revelar aspectos íntegros de la historia militar francesa.
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Volvamos de nuevo al joven Aussaresses. Durante diez años, después de la segunda
Guerra Mundial, fue un as de los servicios especiales, el SDECE, aureolado por
su heroica conducta durante el conflicto, en particular, en una mítica unidad de
paracaidistas, precursora de todas las fuerzas especiales del mundo : los
comandos 'Jedburgh'. Durante la guerra de Indochina, se incorporo al GCMA
(Agrupación de los Comandos Mixtos Aerotransportados), una unidad del SDECE,
dirigida por el teniente coronel Roger Trinquier, quién después de una carrera
de funcionario colonial en Asia, ha sido gracias a este conflicto el principal
teórico de la guerra revolucionaria. El primero sin duda, que leyó a Mao Zedong
en el ejército francés y descubrió en su Estrategia de la guerra revolucionaria
en China, el método con el cual Indochina enfrentaba a Francia
Casi sin medios, en particular de transmisión, Trinquier obtiene en esa época
la ayuda de la CIA, que decide afectar, a su unidad, dos funcionarios de enlace.
Para los estadounidenses las lecciones aprendidas en el GCMA no serán inútiles.
Para Aussaresses tampoco. En 1957 encontrará a Trinquier en otro terreno:
la
batalla de Argel... Para los jóvenes oficiales que vuelven de Indochina, se
trata de una guerra de la misma naturaleza: revolucionaria, no
anticolonialista. El ejército de Argelia se toma por la única defensa contra la
ola comunista que se anuncia. Y todo el ejército francés se convierte a las
teorías de la guerra anti-subversiva o 'psicológica'. Los militares encuentran
un oído atento en el Ministro de Defensa, Maurice Bourgès-Maunoury, que acepta
crear en 1956 un Servicio de acción psicológica y de información, vinculado a
los 'Cinquièmes bureaux' (5° Sección (especial) de los Estados Mayores
encargados de las mismas tareas. El Coronel Jean Guardias, responsable del
'Cinquième bureau' de Argel dirá más tarde: 'libramos en Argelia nuestro último
combate de hombres libres'.
En 1957, 'Trinquier-la cabeza-y-Aussaresses-las piernas' son auxiliares del
general Jacques Massu, que obtuvo plenos poderes en Argel. Trinquier teorizó
sobre la represión en zonas urbanas: división de la ciudad en zonas, fichaje,
allanamientos, extorsión para la obtención de información incluidas las
torturas. Se inaugura la práctica de la desaparición de personas destinada a
aterrorizar a la población. Aussaresses la aplica.
En otra región, muy lejos de Africa del Norte, otro ejército se apasiona por los métodos franceses: el ejército argentino, que acaba de derrocar a Juan Perón. En 1957, recién egresado de la Escuela Superior de Guerra de París, el coronel Carlos Rosas, que se ha convertido en subdirector de la Escuela de Guerra de la Argentina introduce un ciclo de estudios sobre la 'guerra revolucionaria comunista'. Futuro jefe de la policía federal bajo la dictadura del general Videla, que tomará el poder en marzo de 1976, el general Ramón Camps, transmitió a los 'jefes del ejército francés', la petición presentada por Rosas y el envío a la escuela de guerra argentina de los tenientes coroneles Patrice de Naurois y François-Piedra Badie. Camps escribe que 'sus cursos son el resultado directo de la experiencia francesa en Indochina, aplicada en esos momento en Argelia'. El 11 de septiembre de 1958, nace el idilio. El Ministro de Defensa, Jacques Chaban-Delmas, autoriza a sesenta cadetes pertenecientes a la primera promoción 'francesa' del ejército argentino a realizar un viaje de estudios a Argel. Otros sesenta viajarán directamente a Francia continental. (Porque en esa época Argelia era Francia). Este noviazgo se consolida lógicamente con el establecimiento en la Argentina de una misión militar francesa permanente en febrero de 1960. Esta misión incluye tres oficiales superiores calificados de 'asesores' cuya misión es 'acrecentar la eficacia técnica y la preparación del ejército argentino'.
Durante este período, Aussaresses está en la sombra pero un hombre de peso,
Pierre Messmer, aparece en escena. Este oficial legionario, combatiente de la
primera hora de la Francia libre, se convierte en febrero del 60 en Ministro de
Ejércitos. Quince días antes, servía todavía en el 'Djebel', el regimiento que
Roger Trinquier acababa precisamente de dejar. Lo menos que puede decirse de él,
es que es enemigo de los conceptos de guerra contra-revolucionaria. Actualmente
presidente del Instituto de Francia y dotado de una temible memoria a pesar de
sus 85 años, no se hace de rogar para referirse al mal ocasionado ¡'Imbéciles' !
Nombrado Ministro, manda a Buenos Aires nada menos que al general André Demetz,
jefe de Estado Mayor del ejército de tierra, acompañado del teniente coronel
Henri Grand d'Esnon, para instalar la misión, Este último pronuncia, el 26 de
mayo de 1960, en la Escuela de Guerra argentina una conferencia donde describe
todos los aspectos de la guerra subversiva y hace especial hincapié, sobre el
lugar central del ejército en el control social de la población y en la
destrucción de las fuerzas revolucionarias. Su texto de 22 páginas, de las que
dispone Le Point, se publica en el estudio de la Escuela de Guerra Argentina;
un preludio, con el correr de los años, de la publicación de otros textos
teóricos franceses.
En París, Pierre Messmer no anda con pruritos. Los anti-gaulistas más o menos
implicados en el Golpe de Estado de Argel de abril de 1961 -que no es el caso
de Aussaresses-, los adeptos de la guerra antisubversiva van a pasar un mal
rato. De entrada, Messmer disuelve los 'Cinquièmes bureaux' y de regreso de
Argentina, despide a Demetz. No obstante, se lamenta hoy Messmer, 'no se podía
condenar a estos hombres por sus ideas'; no existían sanciones posibles.
Entonces, aún a sabiendas, decide alejarlos. A Aussaresses lo envían a los
Estados Unidos para formar a los estadounidenses en la guerra antisubversiva
(leer más abajo). Y Messmer reconoce con agrado que la misión francesa en
Argentina persigue sus objetivos iniciales.
La doctrina francesa se impone en toda las Américas (La doctrine française
s'impose à toute l'Amérique).
La victoria en 1959 de Fidel Castro en Cuba había provocado a
los norteamericanos en su patio trasero. Con sus aliados, prepara entonces una
organización de combate anticomunista a escala continental. La reciente
experiencia de los argentinos les será muy útil. La de los franceses también.
En 1961, con motivo de una misión de la Escuela de Guerra argentina en Perú, uno
de los miembros de la misión militar francesa, que participaba del viaje,
imagina un curso de lucha anticomunista destinado al conjunto de las fuerzas
armadas americanas. Ya existe, por iniciativa de los Estados Unidos, desde un
año antes, instalada una estructura, en Fuerte Amador (Panamá): la Conferencia
de los Ejércitos Americanos (CEA).
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Esta organización típica de la Guerra fría, reúne secretamente cada año a los
responsables militares latinoamericanos, con sus homólogos del Pentágono. Allí
trabajan juntos con un único objetivo : la interconexión de los servicios de
información y la formación homogénea de las fuerzas armadas del continente.
En la reunión de julio de 1961, el general Spirito, jefe de Estado Mayor del
Ejército de Tierra argentino, propone la idea francesa a sus colegas y de allí
surge el Curso Interamericano de Lucha Antimarxista, dirigido por el coronel
Lopez Aufranc, antiguo cursillista de la Escuela de guerra francesa. Concurren y
participan en los cursos treinta y nueve oficiales representantes de trece
países de América latina y de los Estados Unidos: todo un éxito para el
ejército francés.
El embajador de Francia en Argentina escribe en un mensaje al Quai d'Orsay que
el papel de los asesores militares franceses -en la concepción y la preparación
de este curso fue determinante (...) y se debe destacar la presencia de
militares de Estados Unidos entre los participantes a esta pasantía, donde se
reserva un lugar importante al estudio de la lucha antimarxista en un espíritu y
según métodos que se benefician ampliamente de la experiencia adquirida en este
ámbito por el ejército francés.
Razón de más para felicitarse porque los militares norteamericanos evidenciaron
recientemente ciertos celos con respecto a la influencia de los asesores
franceses en los Estados Mayores argentinos y en su escuela de guerra.
Es el preludio a una labor de varios años que culminará con la Operación Cóndor.
La misión militar de Buenos Aires sigue abasteciéndose de oficiales
especializados.
Uno de ellos es la estrella de la escuela de guerra: el comandante Boulnois,
autor de numerosos textos sobre la guerra revolucionaria.
De él, vale la pena rescatar lo siguiente: "Es mejor matarle al adversario un
hombre por día que lanzar una operación con importantes medios que en el mejor
de los casos matará diez veces más, pero que, nueve de cada diez veces caerá en
el vacío más absoluto, bajo la mirada irónica de la población." 1
Los cursos contra-insurrecciónales franceses están en todas partes.
En la Escuela militar, el joven Rafael Videla los aprecia y los enseña. En 1976,
dirigirá la junta militar.
A partir de las teorías francesas, los militares argentinos tejen un plan
bautizado CONINTES (Conmoción Interna del Estado) destinado a prevenir todo
movimiento de lucha civil contra el Estado, una circular doctrinal en tres
volúmenes, en uso hasta el golpe de Estado de 1976 : el -RC-8-2/operaciones
contra fuerzas irregulares.
Entre 1956 a 1963, los franceses habrán formado toda la generación en ascenso de
los militares argentinos.
En 1963, los instructores franceses enfrentan sin embargo un eclipse, luego de
que un Golpe de Estado lleva al poder a una franja pro norteamericana del
ejército.
A pesar de todo, la misión militar francesa se mantiene 2 pasando de la lucha
antisubversiva a la venta de armas. Hasta principios de los años 70.
En 1973, se reanudan las actividades.
La vuelta del general Perón después de 20 años de exilio, luego su muerte el año
siguiente, señalan el principio del caos político en Argentina. El ejército que
se considera como el garante de la seguridad del Estado prepara su guerra contra
los opositores y las guerrillas de izquierda.
En 1973, los soldados argentinos participan en períodos de prácticas de lucha
antisubversiva, en particular, en el sur del país. Se les difunden películas
sobre la guerra de Argelia. -Solamente las escenas de torturas dirá uno de
ellos. ¡Se trata seguramente de la película de Gillo Pontecorvo, la Batalla de
Argel de la que Trinquier hizo elogio público, aplaudiendo a su veracidad
documental!
En París, se recibe la solicitud del Ejército argentino para que la
misión militar francesa retome su función original.
Pierre Messmer, que se ha convertido en el Primer Ministro de Georges Pompidou,
sabe que los argentinos desean la vuelta de los instructores franceses
especializados en guerra antisubversiva. Lo confirma hoy: los querían, los
tuvieron... Argentina es un país independiente, no había razón de negarles lo
que pedían.
El nuevo jefe de misión 'tenía el perfil adecuado', admite. Se trata del coronel
Robert Servant, que viaja a Buenos Aires el 15 de abril de 1974. Es el hombre
que conviene: ex combatiente de Indochina, encargado en Argel, del Cinquième
bureau del interrogatorio a los simpatizantes del FLN conoce en misión en
Madrid, al teniente coronel argentino Reynaldo Bignone, uno de los futuros
hombres-clave de la junta en el poder en 1976.
Centenares de jóvenes desaparecen diariamente.
En Buenos Aires, el coronel Servant se instala... ¡en el Estado Mayor del
Ejército entonces dirigido por el general Videla! En el piso 12
exactamente, frente al mar. Depende de lo Jefatura n° 3 Operaciones, encargada
de las operaciones (de la formación dirá Servant al juez Leloire, en forma
minimalista).
Según la comisión de los derechos humanos en Argentina en 1977, la misión
francesa está allí para hacer 'inteligencia', traducido quiere decir: delación, tortura e infiltración'. 3
Interrogado por Le Point, Servant se negó a hablar pero, ante el juez, niega
vehementemente esta versión declarando que su papel se limitaba a responder a
las cuestiones de tipo militar de los argentinos, en ámbitos tan variados como
la intendencia, la salud, la Gendarmería, o distintas cuestiones sobre el
desarrollo de nuestra guerra en Indochina. Daba conferencias en la sede del
Ejército de tierra o en unidades de provincia. Servant, mantiene distancia con
la embajada -lo que confirma el embajador François del Gorce- si ocurren
problemas se contacta con el SGDN (Secretaría General de Defensa Nacional),
dependencia directa del Primer Ministro, Jacques Chirac que sucedió a Messmer en
1974. Está también en contacto con un jefe del SDECE para Brasil y Argentina, el
capitán Pedro Latanne. Quién depende del agregado militar en Brasil, un veterano
llegado a Brasilia en 1973. ¿Quién es? ¡Paul Aussaresses !
América Latina se halla en el infierno.
El ejército argentino estableció en 1974 con sus homólogos chileno y uruguayo
una cooperación para el secuestro y el asesinato. Los cadáveres se amontonan en
Buenos Aires. ¡Gracias a las lecciones de Argelia!
Tal situación no puede escaparle ni al jefe responsable del SDECE, ni a Servant,
ni a fortiori a un viejo profesional como Aussaresses. ¡Cuando el juez Leloire,
lo interroga no sabe nada, no vio nada, no oyó nada! Sin embargo, se encontraba
como los demás en las primeras localidades para poder apreciar, a principios de
1975, la primera gran operación antiguerrillera llevada a cabo en Argentina en
la provincia de Tucuman. El general Antonio Bussi que logrará, un año más tarde,
una amplia victoria sobre la guerrilla izquierdista mediante el reagrupamiento
de poblaciones, la tortura y las ejecuciones sumarias etc., es también un
antiguo alumno de los franceses.
Su antecesor a comienzos del operativo, el general Vilas, reconocerá más tarde:
"aplicamos los métodos establecidos por los franceses en Indochina y Argelia."
Dirá incluso que la obra de Trinquier: Guerra, Subversión, Revolución, es su libro de cabecera.
En la primavera de 1975, por otra parte, las ediciones militares tradujeron
todas las obras de los expertos franceses, Trinquier, Lacheroy, etc y es en base
a esas mismas fuentes que los militares argentinos diseñan en parte el orden de
batalla que darán a luz en marzo de 1976, para instalar su dictadura.
Es indudable que combinaron sabiamente las teorías americanas sobre la guerra
clásica, la teoría francesa de la contra subversión y el Esquema Trinquier:
división en zonas, fichaje, allanamientos, tortura y desapariciones.
La batalla de Buenos Aires es la copia fiel de la Batalla de Argel.
El que nos lo dice hoy no es otro que el general Bignone, último jefe de la
junta militar, en su época adjunto de Videla en el Estado Mayor del Ejército
donde trabajaba Servant, que es por otra parte su amigo íntimo. Servant se
relaciona también con Albano Jorge Hargindeguy que será desde marzo de 1976,
Ministro de Interior de la Junta.
La partida de Aussaresses.
Aussaresses deja América Latina en 1975 para chancletear entre los vendedores de
armas. Sin embargo, apenas llegado a Thomson (hoy Thales), lo contacta su amigo
el agregado militar argentino en París, el coronel Parada, para hacerle un
pedido de material para las operaciones de Tucumán que continúan. El negocio se
hará con intermediación británica.
¡En cuanto a Servant, deja la Argentina en octubre de 1976 -o sea siete meses
después del putsch- pero durante este período, no esta al corriente de nada!
Su sucesor, el coronel L'Henoret se muestra muy sorprendido de que no se le
hubiera confiado ninguna misión. "Se me pagaba por hacer nada, exactamente solo
por mantener la presencia francesa hasta que llegaran días mejores" nos dice. Lo
que sucede en realidad es que se pone en hibernación a la misión militar. París,
al parecer, ya no quiere tener nada que ver con torturar argentinos a través de
sus métodos. 35.000 desaparecidos en total, decenas de miles torturados,
encarcelados sin juicio es lo que se llamaría la guerra sucia.
Una guerra en la que participaron los franceses
Aussareses, instructor en los Estados Unidos.
Existe también otro país interesado en los militares franceses y sus teorías.
Los Estados Unidos sienten verdadera debilidad por la guerra revolucionaria.
Ellos solo contaban en ese entonces con un único manual de instrucción elaborado
a partir de la guerra en Yugoslavia contra los Alemanes durante la Segunda
Guerra Mundial.
Por lo tanto buscan expertos cuando la guerra de Vietnam vuelve a entrar en su
segunda fase. Aussaresses está precisamente como observador en los Estados
Unidos, en la escuela de paracaidistas de Fuerte Benning en Alabama. Afirma que
es su antecesor quién le aconsejó ir al centro de formación de las Fuerzas
Especial en Fuerte Bragg en Georgia con el objeto de lograr un brevet de
instructor -sin que sus superiores jerárquicos lo sepan-.
Pierre Messmer dice, que es un pedido de los americanos que buscan 'instructores
con perfil indochino' y de acuerdo con sus servicios. En cualquier caso,
Aussaresses llega a Fuerte Bragg en plena reorganización de las Fuerzas
Especiales.
El Presidente John F. Kennedy está convencido de la utilidad de estas unidades
de elite con boina verde. Recomienda su empleo, en especial, en Vietnam. El
centro de Fuerte Bragg se convierte entonces en la escuela de Guerra Especial
donde se forman a la vez los militares y la CIA.
La primera misión secreta de las Fuerzas Especiales tiene por meta Laos, la
operación White STAR, se inspira directamente en los métodos utilizados por el
GCMA de Trinquier durante la guerra francesa en Indochina. Algunos de los
oficiales de la White STAR vuelven de nuevo a Fuerte Bragg y conocen a
Aussaresses.
Dicen hoy que Aussaresses hizo traducir los escritos de Trinquier en inglés para
que sirvan de bases a sus cursos de guerra antisubversiva.
¡Para la historia menor: los primeros licenciados formados, en especial, por
Aussaresses son afectados a una unidad bautizada MATA (Military Advisory
Training Assistance) que llamarán "los matadores"
Uno de los alumnos de Aussaresses se llama Robert Komer. Es un analista de la
CIA que en 1964, forma parte del gabinete del Presidente Lyndon B. Johnson. Es
entonces cuando Trinquier, retirado ya del ejército pero famoso teórico de la
guerra revolucionaria, recibe en París a un enviado del presidente
estadounidense quién le propone reanudar la dirección de sus guerrillas de
Indochina bajo una cualquier forma, pero esta vez por cuenta de los Estados
Unidos. Trinquier se niega.
Con todo, a pesar de este aparente interés por las teorías francesas, los
antiguos camaradas de Aussaresses en Fuerte Bragg se acuerdan perfectamente de
la negativa global del Estado Mayor estadounidense de considerar tales métodos.
Pierre Messmer recuerda varias conversaciones mantenidas con Robert Mac Namara,
secretario de Defensa, en las cuales pudo apreciar la evolución del pensamiento
estadounidense con respecto a la guerra contrarrevolucionaria.
Al principio, estaban en contra basándose solo en la superioridad material,
luego a medida que fracasa esta estrategia, comienzan a aceptar la utilización
de la guerra psicológica. Messmer sabe que Trinquier ha sido solicitado. Alerta
a los norteamericanos en contra. -de todas maneras, iban a perder y se lo he
dicho a Mac Namara dice hoy, irónicamente.
Tiene, en todo caso, perfectamente claro que el espíritu de las teorías de
Trinquier sumadas a la de los Ingleses (una misión militar británica está en
Vietnam) sirven de base a las Fuerzas Especiales norteamericanas.
En 1967, se nombra a Komer embajador en Vietnam.
Bajo su autoridad, se inventa lo que más tarde se llamará la Operación Fénix
(Opération Phoenix). Una excesiva guerra contra-subversiva destinada a vaciar
el agua en la que se desplazan los peces según la famosa fórmula de Mao.
Más de 20.000 muertes, decenas de millares de arrestos, detenidos sin juicio,
torturados, etc.
Los expertos se preguntarán durante mucho tiempo cual fue la génesis de esta
operación. Es posible responder hoy que fue en parte la resultante de las
enseñanzas de Aussaresses basadas en los escritos de Trinquier.
Francia y el Plan Cóndor.
La operación Cóndor nació secretamente en las reuniones de la Conferencia de los
Ejércitos Americanos llevadas a cabo entre 1960 y 1974.
Durante este período los ejércitos latinoamericanos pusieron a punto un extenso
sistema de intercambio de información sobre sus respectivos opositores entre
países vecinos. La interconexión informativa se realizaba a través de los
agregados militares por medio de lo que se llamaría la red AGREMIL (Agregados
militares).
El sistema evoluciona luego poco a poco hasta establecer el intercambio de
presos.
En 1974, se celebra a Buenos Aires una reunión secreta entre los representantes
de las policías políticas y los servicios de información militares de varios
países de América latina, en especial de Chile, Argentina y Uruguay. Allí se
decide pasar a una fase superior: el secuestro y a veces la ejecución de
refugiados por los servicios de represión de los respectivos países allí donde
se encuentren. La más fuerte proporción de refugiados políticos se encuentra aún
en Argentina debido a que este país, aunque preso de una terrible violencia
política, es aún oficialmente un estado democrático.
Las primeras muertes que se producen en esto que se llamara más tarde la
Operación Cóndor se cuentan por decenas en las calles de Buenos Aires.
En agosto de 1975, el jefe de la policía política chilena (la DINA), el coronel
Manuel Contreras empieza una gira latinoamericana para formalizar un acuerdo de
represión continental cuya fase tres incluye la ejecución de objetivos elegidos
incluso fuera de América Latina, en particular, en Europa. Contreras hará
incluso un pasaje por la CIA el 25 de agosto del mismo año.
El 25 de noviembre, se organiza la primera reunión multinacional de información
y se establece el plan Cóndor. Los países miembros son Chile, Argentina,
Uruguay, Paraguay, Bolivia y un poco más tarde Brasil. Serán Cóndor 1, Cóndor 2
etc.
Contreras, que dispone de una red ya operativa en Europa basada en terroristas
de extrema derecha italianos, comete el error de hacer asesinar sobre suelo
norteamericano a doscientos metros de la Casa Blanca, al antiguo Ministro de
Asuntos Exteriores de Chile anterior al golpe, Orlando Letellier.
Los chilenos pierden a favor de los
argentinos.
Según la CIA, el centro operativo de la fase tres del Cóndor tiene sede en
Buenos Aires donde se habría conformado un equipo especial, organizado como una
unidad de las Fuerzas Especiales norteamericanas con un médico, un experto en
sabotajes, un interrogador, etc.
En julio de 1976, la CIA describe una conferencia Cóndor en Santiago de Chile en
la que se habla de operaciones en París: en un acuerdo separado, los servicios
uruguayos de inteligencia (...) aceptaron operar con sus homólogos argentinos y
chilenos contra grupos de izquierda, bajo cobertura de París.
El mismo mes, el Secretario de Estado Henri Kissinger lo confirma en un texto
distribuido a varias embajadas americanas en Europa, en particular, en París, en
el que informa que este tipo de Murder Inc. (Asesinatos y asociados)
desarrollará actividades en la capital francesa.
En septiembre de 1976, la CIA se hace eco de lo que llama un particular ataque
a la seguridad. Los servicios de información franceses se enteran de la
existencia de la Operación Cóndor. ¿Servant? ¿Latanne?
De todas maneras, según la CIA, el hecho de que los franceses estén informados
provoca a la vez el despido del jefe de la policía política argentina y la
consiguiente información a los servicios franceses: 'los servicios de seguridad
argentinos y/o chilenos informaron a sus homólogos franceses que Cóndor podría
funcionar en Europa pero no en Francia'.
¿Quiénes son los 'homólogos' franceses de los servicios de seguridad
latinoamericanos?
Nadie lo sabe pero algunos meses más tarde, se envía a un equipo uruguayo a
París -con el fin de efectuar operaciones no especificadas, seguramente
localizaciones para ejecutar a opositores pese a las seguridades convenidas. ¡Y
sobre todo, los argentinos instalan en 1977 el Cóndor en París, en un Anexo de
la embajada argentina,.... avenida Henri-Martin 83!
¡Sin que nadie se preocupara, las dictaduras latinoamericanas instalaron en
consecuencia un centro terrorista destinado a ejecutar en toda Europa objetivos
previamente determinados, a infiltrar grupos de opositores, a ubicar a los que
seguían viajando aún a América latina y a hacerlos detener in situ, etc. No oso
imaginar la existencia de un acuerdo referente por ejemplo a la neutralidad de
las autoridades francesas a cambio de paz en nuestro territorio!
Marcel Chalet, antiguo director del DST, no solamente afirma hoy no haber sabido
nada, aunque acusa el SDECE y al ejército de haber montado una operación
paralela.
Es cierto que a Alexandre de Marenches, director de la los servicios de
espionaje franceses (hoy fallecido), le gustaban los golpes torcidos según el
antiguo embajador argentino en París, Tomas de Anchorena, el centro de París
cesaría sus actividades hacia fines del año 1980.
En cuanto al plan Cóndor propiamente dicho, los torturadores argentinos, lo
fueron desplazando progresivamente hacia el Norte y Centroamérica, nuevo lugar
de confrontación entre las fuerzas armadas y los opositores. Enviaron varias
misiones a Centroamérica con el objeto de ayudar a la represión y comenzaron a
organizar períodos de prácticas de lucha contra la subversión a partir de la
primavera y el otoño 1979 en Buenos Aires con el fin de formar a todos los que
no están aún a escala continental, en particular, los de Centroamérica.
La caída de la dictadura somocista en julio de 1979 fomentó obviamente en
latinoamericanos la adopción de normas comunes en la lucha anti subversiva y en
particular, gracias a los argentinos y a sus teóricas bases francesas.
Formalmente, el Cóndor desaparece en las selvas de Centroamérica cuando los
Estados Unidos asumen por cuenta propia la lucha contra la Nicaragua sandinista.
Más aún, el final de la guerra fría y la suma de sus excesos les asestan un
golpe fatal.
El balance general de la represión solo para el Cono Sur en el período en que
las Juntas imaginaron la Operación Cóndor es de alrededor 50.000 asesinados,
35.000 desaparecidos y 400.000 presos. Sólo la Cóndor propiamente dicha
representa sin duda varias decenas o varias cientos de víctimas elegidas como
objetivo.
Notas:
1 Desfile y contraría a la guerra subversiva, Escuela Superior de Guerra, 12 de
enero de 1959. en François Géré, la guerra psicológica, Ediciones Económica,
1997
2 Los jefes de las misiones serán los funcionarios sucesivamente de Naurois,
Bentresque, Garderes, Boulnois, Cazaumayou, Ossent, Badie y Durieux.
3 Comisión de los derechos humanos en Argentina. En Argentina: Proceso al
genocidio. Elias Quejeteras ediciones. Madrid 1977.
(*) Pierre Abramovici es autor de -Un rocher bien occupé, Editions du Seuil,
París, septiembre de 2001.
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Entrevista a Marie-Monique Robin, directora de "Escuadrones de la muerte"
Marie-Monique nos cuenta su investigación,
las estrategia del ejército argentino en la agencia supranacional del crimen
que era la Operación Cóndor. Nos cuenta también, cómo Francia, a la vez que
defendía los derechos humanos, en tinieblas asesoraba a las dictaduras con
una perfecta maquinaria paramilitar: la temible OAS.
Por Raúl Favella y Silvia Rodulfo
"¡Gracias señora, ahora lo han dicho, lo han reconocido, y puedo empezar el
duelo por la pérdida de mi hijo que nunca va a aparecer!" Estas últimas
palabras pertenecen a una Madre de Plaza de Mayo, y fueron dichas cuando la
mujer tuvo oportunidad de conversar en directo con Marie-Monique Robin, la
documentalista e historiadora francesa que acaba de estrenar en Buenos Aires
su filme Escuadrones de la Muerte, la escuela francesa. Una mujer, una madre
de desaparecido, le agradece a Marie-Monique que su obra narre la tragedia a
través de la boca de los verdugos. Nadie más, a partir de ahora, podrá
llamar locas a las mujeres del pañuelo blanco. Allí están los dueños de
vidas y haciendas Reinaldo Bignone, Albano Harguindegy y Ramón Genaro Díaz
Bessone (ver cuadro), confesando lo que hasta ahora sus voces habían sabido
callar en los tribunales de justicia y ante la prensa. Para ello contaban
con una siniestra elaboración intelectual: el eufemismo. Errores, excesos,
últimamente daños colaterales para estar más a la moda, toda una gama de
expresiones que brotaban de sus bocas de mando como un acto de ilusionismo,
al que invariablemente recurrían en postreros intentos de agregar a la
historia el capítulo exculpatorio de sus crímenes.
Marie-Monique nos contó los comienzos de su investigación a partir de la
estrategia que el ejército argentino puso en práctica en 1974 junto a sus
homólogos chileno y uruguayo, a través de ejercicios coordinados de
cooperación –en la llamada Operación Cóndor– que consistían en el
intercambio de información de los desplazamientos de los militantes
opositores que huían de un país a otro, esperando salvar sus vidas en
algunos casos, y en otros colaborar desde zonas más o menos cercanas con la
resistencia de sus países de origen. Entre esas circunstancias, Francia
aparece como una metáfora del Templo de Jano, el dios romano de dos caras.
Mientras a la luz del día reivindica su tradicional defensa de los derechos
humanos, en tinieblas asesora a las dictaduras mediante las teorías
elaboradas por el ejército francés como consecuencia de las guerras
coloniales de Indochina y Argelia, y en ésta última la creación de su
perfecta maquinaria paramilitar: la temible OAS.
"Me interesaba saber", nos dijo Marie-Monique en la entrevista que nos
concedió, "cómo los gobiernos de facto habían creado la agencia
supranacional del crimen que era la Operación Cóndor, y cómo era su mecánica
tan feroz. Empecé a leer libros sobre el tema, todos escritos por
latinoamericanos –ahora hay también uno de un norteamericano, John Dinges– y
leyéndolos me di cuenta de que siempre se mencionaba a los franceses como
parte de la cuña ideológica. Eso me llamó la atención porque nunca había
oído hablar de esto, como nadie en Francia, ni siquiera los historiadores,
ya que ellos también lo descubrieron viendo mi documental. Entonces traté de
entender el por qué de hablar de Francia en este cuadro. Porque trabajando
sobre la Operación Cóndor pensé que iba a llegar a Estados Unidos, por
supuesto, pero nunca a Francia. Y tuve que hacer un trabajo de archivo, de
testigos, desde la guerra colonial de Indochina, que está al principio de
esta historia".
Argentina fue la cabecera del ejército francés en el Cono Sur de América,
desde donde extendió su influencia hasta Brasil y Chile. En nuestro país una
misión francesa permaneció durante más de veinte años, hasta promediar la
última dictadura, con la sola interrupción impuesta en 1973 por el breve
gobierno del Presidente Héctor Cámpora. Todo comenzó en 1957, a pedido del
general Carlos Rosas, seguido del primer viaje de instrucción a Francia de
oficiales argentinos entre los que se encontraba el general Alcides López
Aufranc, quién permaneció allí durante dos años y luego desempeñó un activo
rol como instructor y en la coordinación de la misión, tal como él mismo da
testimonio en Escuadrones de la muerte: la escuela francesa.
"Cuando teníamos a un tipo que ponía una
bomba lo apretábamos para que diera toda la información. Una vez
que había contado todo lo que sabía, terminábamos con él. Ya no
sentiría nada. Lo hacíamos desaparecer." General Aussaresses |
El ritmo informativo vertiginoso del filme encierra al espectador entre los
márgenes de la vasta cuota de dolor que la historia le depara a la
conciencia humana. Pero, ¿basta recordar el pasado para evitar que se
repita, como parece afirmar Santayana cuando dice que quienes lo olvidan
"están condenados a repetirlo"? La gran potencia del filme de Marie-Monique
radica en la transparencia del pasado, que permite entrever las prioridades
de la política internacional del momento. Uno de los puntos más altos es el
testimonio del inmutable general Paul Aussaresses, refiriendo sin cargo
alguno de conciencia las torturas y desapariciones cometidas en Argelia, y
su periplo por Estados Unidos junto a un grupo de veteranos para instruir al
ejército de ese país en las técnicas que luego se aplicarían en Vietnam, y
casi tres décadas después en Afganistán, Guantánamo e Irak.
Tu película demuestra que lo que da lugar a la represión en nuestro país es
una coyuntura internacional, y hoy en día hay una coyuntura de legitimación
de la represión y la tortura. El filme es un toque de alerta sobre ese
círculo infernal universal.
Marie-Monique Robin: La teoría de los franceses es una concepción militar
apoyada en la experiencia de Indochina. Llegaron allí después de terminada
la Segunda Guerra Mundial, que era una guerra clásica, con un frente y con
soldados en uniforme. Pero cuando llegan a Indochina se dan cuenta de que
son muy numerosos y están muy bien equipados, de que no pueden acabar con el
viet minh y se preguntan por qué. Así nace la teoría de la guerra
contrarrevolucionaria, porque el viet minh anda sin uniformes, escondido en
la población que les presta apoyo, dándoles comida. La llaman una guerra
moderna. ¿Por qué es moderna? Porque no hay frente, es una guerra de
superficie, el enemigo está escondido en todo el terreno, no se sabe dónde
está. El enemigo es interno, no está afuera, todo el mundo se vuelve
sospechoso, hay que controlar a toda la población y hay que buscar nuevas
formas militares para luchar contra esta nueva forma de guerra. Por eso la
cuadriculación territorial, que fue tomada aquí al pie de la letra, o la
división en zonas y sub-zonas para que el ejército controle todo el
territorio. Entonces la inteligencia se vuelve muy importante, y quien dice
inteligencia dice interrogatorio, y quien dice interrogatorio dice también
tortura. Es muy lógico. El problema es qué hacer con los torturados cuando
están muy mal: hacerlos desaparecer. Pero al mismo tiempo no es solamente
una cuestión de técnicas militares. Se trata de un modelo dictatorial de
poder. Esto es interesante porque cuando llega aquí la misión de los
militares franceses, en 1959, ellos traen técnicas militares pero también
una concepción ideológica, teórica, del poder del ejército, que deriva en el
terrorismo de estado.
¿Cualquiera del pueblo, un obrero, un estudiante... podría ser un
terrorista?
Argentina se interesaba por la guerra revolucionaria cuando no había todavía
guerrilla ni subversión, Fidel Castro no había llegado al poder en Cuba y,
si lo comparás con Chile, el Partido Comunista no significaba nada aquí por
la historia propia del país con el peronismo. Cuando le pregunté por qué a
López Aufranc me respondió que se estaban "preparando para la tercera guerra
mundial que estaba por llegar, y estábamos convencidos de que Argentina iba
a ser un frente importante". Tenían una concepción virtual del enemigo.
Balza me dijo que esta idea fue lo peor que trajeron los franceses, más que
la tortura, que ya había sido utilizada aquí como el propio Ernesto Sábato
lo denunció en 1950 en el diario Mundo Argentino. Después, los franceses
convirtieron a la tortura en el arma principal de la guerra antisubversiva
para sacar información. Balza me dijo que fue una contaminación de toda una
generación de oficiales, a la cual él pertenecía, los que poco a poco se
apartaron de la sociedad argentina, viéndola como un peligro, y olvidándose
de que ellos eran parte de la propia nación. Te das cuenta que lo que
ocurrió en el ´76 fue un proceso muy lento pero bien calculado. Poco a poco.
Cuando llega Isabel al poder, la viuda de Perón, los decretos de
aniquilamiento dan la base para que cuando llegue (Jorge Rafael) Videla esté
todo listo. Es muy distinto de Pinochet que hace un golpe de verdad y mata a
Salvador Allende, en Argentina ni siquiera fue una ruptura institucional.
Por eso fue tan feroz, porque tenían todos los medios. Una preparación
intelectual e ideológica, te imaginas lo que significa, se lanzan a la calle
y es tremendo.
Algo de fuerte impacto en la película es, por un lado, el arrepentimiento de
dos militares norteamericanos que participaron de la guerra de Vietnam... Y
en Argentina la decisión de los oficiales de marina Urien y Acosta, que en
1972, bajo fuertes presiones del gobierno militar de entonces, deciden pasar
a la otra orilla, con toda la valentía que eso requiere.
En los Estados Unidos la ejecución de la tortura es pública. Ahora lo
sabemos porque la prensa descubrió algo que para mí es una gran hipocresía,
porque cuando en abril 2003 yo estaba filmando para mi documental al general
John Jones y el coronel Carl Bernard, dos norteamericanos que fueron alumnos
de los franceses, la guerra llevaba ya un mes. Y ellos me dijeron que se
sabía que se torturaba en Guantánamo, que iban a utilizar de nuevo la famosa
doctrina francesa, y que se estaban estudiando los libros de Aussaresses,
por ejemplo. Cuando los encontré estaban deprimidos y completamente en
contra de la guerra de Irak. Yo que siempre tengo mis problemas con los EEUU
por saber tantas cosas de su política, quedé asombrada de encontrar dos
generales diciendo que la tortura no sirve para nada, sino todo lo
contrario, que es una solución a corto plazo que genera odio y finalmente
genera más terroristas. Fue muy interesante verlos. La presencia de Urien y
Acosta se dio por una casualidad, porque yo buscaba testigos, actores de
esta historia, y me di cuenta de que dos ex oficiales de la Armada de la
misma promoción de (Alfredo) Astiz, uno de los símbolos de la represión,
habían sido capacitados con la película de Gilo Pontecorvo La batalla de
Argel, con el fin contrario para el que fue filmada, que era denunciar la
práctica de la tortura con todo detalle. Dice Acosta que la presentaron en
1967 "para prepararnos psicológicamente en estas técnicas que todavía no
eran sistemáticas como de 1976 en adelante; nos preparaban a librar una
guerra interna contra nuestros propios ciudadanos, para actuar como un
ejército de ocupación, porque lo que hizo Francia en Argelia e Indochina fue
eso". Fue muy interesante porque nunca se habla de esta gente, igual que de
los dos oficiales norteamericanos. Porque si tu piensas en los jóvenes, son
ejemplos que hay que subrayar. Esa gente dijo que no. Algunos de sus amigos
murieron por eso. A Urien casi lo mataron. Eso quiere decir que siempre es
posible decir que no; como lo dijo muy bien (Martín) Balza cuando hizo su
autocrítica: si uno obedece órdenes inmorales delinque.
Ése es el límite...
Para ellos el fin justifica los medios. Díaz Bessone, por ejemplo, escribe
mucho justificando los medios que utilizaban para conseguir sus fines. Y
esta es una concepción que sigue vigente. Si tú entras nada más que en la
lógica militar, lo que hicieron los franceses en Indochina y Argelia es muy
lógico. Si no buscas una solución política al problema de una guerra
colonial es lógico que lleguen a hacer esto. Y la lógica es implacable. No
para justificarlo, pero me interesaba saber cómo entraron en esa lógica. Los
franceses como Aussaresses por ejemplo, que no era un racista, que se la
había jugado de verdad contra los nazis y contra la tortura, pasó a ser
torturador. Yo quería entender cómo fue posible este cambio de muchos de
ellos, y fue la ideología lo que los llevó a esto. Estaban completamente
convencidos de que la tercera guerra mundial iba a empezar o ya había
empezado, que los movimientos de independencia eran manipulados por Moscú.
Eran ferozmente anticomunistas. Poco a poco, como el poder político los
dejó, pensaron que la solución era militar, y así fue.
¿Cambió tu visión de Francia después de hacer el filme?
¡Si cómo no!, eso fue lo más duro para mí. Al principio no quería creerlo.
Poco a poco avanzando en la historia desde Indochina, donde descubrí la
famosa teoría de la guerra revolucionaria que fue desarrollada por algunos
militares franceses, y pasando a la guerra de Argelia, vi cómo los franceses
desarrollaron técnicas de la ahora famosa guerra antisubversiva, y me di
cuenta de que eso de verdad lo exportaron, sobre todo aquí a Argentina,
donde por muchos motivos la influencia fue muy fuerte, mucho más fuerte que
en Chile o que en Brasil. Yo me di cuenta de que Francia tenía una doble
fachada. Una que permitió que llegaran muchos argentinos y chilenos y
pudieran quedarse, aunque te cuentan también que no fue un exilio tan fácil;
me acuerdo bien que cuando estaba en la sala de edición invité a dos amigos
chilenos para que vieran la película y me dieran su opinión y una amiga mía
se puso a llorar y me dijo: ¡Ahora entiendo por qué una vez volví a mi casa
y encontré que la habían revuelto toda! Habían escapado del infierno pero
por otro lado fue complicado, con mucho control. Eso tampoco lo sabía. Creo
que Francia tiene esa doble fachada que no sospechaba. De un lado es el país
de los derechos humanos, tierra de auxilio que recogió a muchos refugiados,
eso es cierto, y por otro lado, a un nivel secreto, apoyando en su saber
hacer, a las dictaduras más duras que hubo en este continente.
¿En qué medida éstas cosas siguen ocurriendo en los problemas actuales como
el de Irak, aunque Francia se haya opuesto al envío de tropas que decidió la
coalición invasora en 2003?
Es una pregunta muy difícil de responder, habría que seguir investigando. Lo
que sí es cierto es que las condiciones son las mismas de hace treinta años;
existe el desafío –como llaman los políticos al terrorismo– de Al Qaeda, y
la respuesta que se dio en Francia siempre fue una respuesta militar, porque
nunca se trató de buscar una solución política a lo que era el problema de
Indochina y de Argelia, y da igual hoy. Francia está un poco aparte porque
estuvo en contra de la guerra en Irak, pero lo que es cierto es que todos
los gobiernos actuales tratan de resolver el problema del terrorismo de Al
Qaeda con una solución militar, con todo lo que esto significa en el terreno
propio y también de control interno de las sociedades en las que estamos
viviendo. Lo que estamos viendo en Estados Unidos es terrible, para mí es un
país que se está volviendo fascista, donde no puedes moverte sin temer que
te pase algo. A mí me detuvieron durante varias horas por una tontería. Si
seguimos pensando que la única solución es la militar vamos al muro como los
franceses hicieron en Argelia o Estados Unidos en Vietnam, o aquí los
militares argentinos. La única solución posible es la política, pero eso es
mucho más a largo plazo. Por eso la película es muy actual. Cuando empecé a
trabajar investigué Indochina, Argelia, me metí de verdad en la historia del
Cono Sur, pensaba que todo eso era el pasado, pero finalmente me di cuenta
de que no, porque lo que trajeron los franceses sigue válido. La batalla de
Argelia fue presentada el año pasado en el Pentágono a oficiales que iban a
la guerra de Irak, donde sigue válida la famosa doctrina francesa ¿Por qué?
Porque lo que hizo el coronel Trinquier escribiendo su libro La guerra
moderna, que aquí también fue traducido y se encuentra en la Biblioteca de
la Escuela Militar donde lo vi, fue teorizar un estatuto del terrorista –y
lo que está haciendo Bush en Guantánamo es lo mismo– diciendo: "el
terrorista por su modo de actuar, sin uniforme, poniendo bombas, matando a
civiles, no respeta las leyes de la guerra. Entonces como él no las respeta,
no hay necesidad de aplicarle las convenciones de Ginebra". Eso es
fundamental, porque es ver al terrorista como una persona aparte, que no es
un combatiente, y eso significa la tortura. El estatuto especial de
Guantánamo establece que los presos no tienen derecho alguno, ni de defensa,
y ni siquiera se sabe por qué están ahí. Finalmente los sueltan sin que se
sepa porque estuvieron dos años ahí presos. Eso es el numen de la teoría
francesa y sigue válida por completo. Esto te da miedo porque treinta años
después no hemos aprendido nada, siguiendo con las mismas técnicas y sin
pensar nunca en la solución política para resolver el problema de Al Qaeda.
Pero si nunca nos ponemos a pensar en lo que está pasando en Palestina nunca
vamos a arreglar esto, seguro.
En Argentina entrevistaste a cuatro generales, los cuatro formados en la
escuela francesa y los cuatro muy prácticos en la tarea de inteligencia. No
demostraron nada de eso cuando vos los abordaste (Risas).
Una cosa increíble, porque yo estoy en Internet y cuando estuve en casa de
Bignone vi que tiene conexión. Era simplemente buscar quién era yo. Siempre
me preguntan por qué me hablaron a mí. Yo siempre cuento los mismos
argumentos que usé: que soy francesa, historiadora, que no me importaba el
problema de los derechos humanos sino la lucha concreta contra el
terrorismo, las técnicas, el papel de los franceses; y yo creo que de verdad
pensaron que estaba de su lado.
Algunas de las expresiones más fuertes las obtuviste mediante cámara oculta.
Querríamos conocer tu opinión acerca del uso de este recurso.
Bueno, yo la uso con mucho cuidado porque hay que tener bien en claro por
qué se hace. En este caso no tuve ninguna duda, no me costó ningún problema
de ética profesional. Ese señor, Bignone, es el responsable junto con otros
de la muerte de mucha gente inocente, y si es la única manera de grabar lo
que dicen lo hago. En otro documental que hice sobre el tráfico de órganos
también lo hice. Estamos viviendo un mundo donde el derecho a la imagen es
un negocio. No hay que confundirse. Una cosa es una estrella de cine que
protege su imagen privada y otra un verdugo, un victimario. ¡Por favor! Un
diario muy conocido aquí me dijo que es algo que está en contra de la ética
profesional. ¿Y no está mal matar a miles de personas y que anden por la
calle sin problemas?
¡Acción!
por Fernando Varea
En mayo de 1985, Néstor Tirri escribía en Clarín, a propósito del estreno de
Contar hasta diez, el film de Oscar Barney Finn que aludía a la dictadura
militar: "Esta y otras películas nacionales sobre la misma cuestión revelan,
de distintas maneras, que los argentinos hemos vivido inmersos en una
gigantesca y monstruosa trama policial". Precisamente uno de los méritos de
De "La fuga" a "La fuga" – El policial en el cine argentino, al recorrer
casi setenta años de cine policial realizado en nuestro país, es recordarnos
que la delincuencia, la corrupción, la violencia legal o ilegal, los
secuestros y las persecuciones, acompañaron siempre la historia cotidiana de
los argentinos.
Otra de las virtudes de este libro es la abundancia de datos sabrosos. Si
una película está basada en un texto conocido, se nombran las otras
versiones de la misma obra, tanto nacionales como extranjeras,
cinematográficas como televisivas. Las fichas técnicas de cada una de las
349 películas comentadas, incluyen el orden en el que aparecen los actores
en los títulos y las locaciones donde fueron filmadas. De las que se
exhibieron en otros países, se informan los títulos con los que se
conocieron. Y si algunas abordan casos policiales reales, entonces se dan
detalles de dichos casos. También hay datos biográficos de 126 actores y
directores, y una buena cantidad de fotografías. No faltan curiosidades: que
Con el dedo en el gatillo despertó polémicas por la presunta matanza de un
perro durante su rodaje, o que el candidato para protagonizar La parte del
león era Luis Politti, por ejemplo. Y, entre tantos datos, se cuelan por ahí
válidas observaciones, como que Garage Olimpo fue ignorada en la entrega
anual de premios de los cronistas cinematográficos argentinos.
En tan nutrido libro es posible hallar, también, informaciones discutibles:
la inclusión de ciertos títulos (El reñidero, Patapúfete, Los chicos de la
guerra) y la no mención de otros (Invasión, La Raulito), la elección -para
las biografías- de algunas figuras de dudosa trascendencia (como Cacho
Castaña o Cristina del Valle), alguna omisión histórica en el comentario
referido a la Guerra de Malvinas. Asimismo, podrían haberse evitado algunas
redundancias y ciertos errores de ortografía, redacción o impresión, y no le
hubiera venido mal reforzar un apoyo teórico sobre las características del
cine policial.
Pero, como los anteriores trabajos de la dupla Pazos-Clemente (sendos
diccionarios de actores y actrices), De "La fuga" a "La fuga" resulta no
sólo un útil material de consulta, sino también un disfrutable
entretenimiento para cinéfilos y lectores curiosos.
Queremos que nos expliques cómo hiciste la cámara oculta.
Hay dos tipos de cámara oculta. Una cuando Bignone me recibe diciéndome "no
quiero ser filmado" y entro sin cámara. Oculta por completo. Y la otra es
cuando terminamos la entrevista a Díaz Bessone y seguimos grabando con la
betacam, la cámara grande que estaba situada frente a un espejo donde se le
veía reflejado. Eso fue muy importante porque cambió por completo, se relajó
y apareció como es. Con Harguindeguy hicimos la misma cosa y continuó igual,
no cambió de personaje. Pero Díaz Bessone sí; esta ruptura del personaje que
había dado frente a la cámara y después fue algo notable.
Estamos en un sistema que puede justificar la tortura y no el uso de la
cámara oculta con los torturadores. ¿Sería ésa la síntesis?
Exactamente. Esto también es una gran duplicidad mental y también una manera
de no querer ver la realidad. Finalmente como fue el caso de Francia cuando
el general Aussarenses empezó a hablar y escribió su libro sobre lo que
había hecho en Argelia, eso molestó mucho al poder, a los políticos, al
ejército mismo, que había guardado todo en silencio. Y yo como periodista no
voy a ser cómplice de ese silencio, no, no, no, porque yo pienso que ese
silencio y la negación de los casos de crímenes importantes es como una
gangrena que debilita a la democracia. No solamente aquí sino en Francia
también; tuvimos un silencio de cuarenta años sobre lo que pasó en Argelia y
ahora lo estamos descubriendo. A mi papá por ejemplo, que ahora tiene
sesenta y siete años y tenía veinticuatro cuando tuvo que cumplir su
servicio militar, lo mandaron un año y medio a Argelia. Cuatrocientos mil
jóvenes hicieron su servicio militar allí, al mismísimo infierno. Ellos no
hablaron porque todo el mundo quedó mudo, hubo amnistía general en 1962 y la
consigna era no hablar. Y mi papá nunca habló. Empezó a hablar hace poco,
como otros de su generación. Lo que pasa es que esos hombres tienen 67, 70
años, sus hijos se fueron de la casa y empiezan a tener problemas de
sueño...
¿Ni siquiera familiarmente lo hablaron...?
No, no, no, empiezan a ir al psicólogo, te das cuenta en qué medio viven.
Hay muchos de ellos que fueron violentos con su mujer, con sus niños. Por
eso te digo que la gangrena está. Si todos hablan ampliamente, Aussarres
habla en Francia y estos señores de aquí hablan por todo un trabajo sobre lo
que pasó, personal o colectivo, y por eso si la única manera es hacerlo con
una cámara oculta, bueno, se hace. En estos casos de violaciones a los
derechos humanos es terrible el silencio, a nivel global, colectivo y a
nivel personal.
Los verdugos
tienen la palabra"Es un tema tabú, es una exageración lo que dicen acá. Es un tema muy difícil de explicar. La esencia es que los primeros que optan por desaparecer son ellos. No es como en el caso de Argelia. En el caso nuestro, ellos pasan a la clandestinidad, desaparecen. Se ponen nombres de guerra, tienen documentos falsos y obran en la clandestinidad. O sea, para la sociedad no existen. ¿Nos vamos a preocupar después nosotros por identificarlos? Llevaban una pastilla de cianuro en el bolsillo. En la guerra clásica también hay desaparecidos". Reinaldo Bignone "Hicimos lo que correspondía, en cumplimiento del deber militar. Empezamos bajo un gobierno constitucional y seguimos en un gobierno de facto. Las Fuerzas Armadas deben decirle al pueblo argentino: nosotros los libramos de ser un país marxista. Tengo que reconocer que cometimos errores. Si no cometiéramos errores seríamos dioses. Qué aburrido sería un país gobernado por los dioses, sin pecado, sin delito". Albano Eduardo Harguindeguy "¿Cómo puede sacar información (a un detenido) si usted no lo aprieta, si usted no tortura? (…) ¿Usted cree que hubiéramos podido fusilar 7000? Al fusilar tres nomás, mire el lío que el Papa le armó a Franco con tres. Se nos viene el mundo encima. Usted no puede fusilar 7000 personas". Ramón Genaro Díaz Bessone |
El silencio construye imágenes. Es muy impactante en el filme la referencia
a John Kennedy, cuya figura en Latinoamérica tenía dimensiones míticas. Su
asesinato, siendo nosotros muy jóvenes, nos hizo llorar como si se hubiera
apagado un faro de la humanidad
Él estuvo en Argelia cuando era senador, leyó las revistas militares
francesas; no hay que olvidar que él hizo la invasión militar a Cuba en
Playa Girón. Hasta Kennedy la Escuela de las Américas de Panamá no tenía la
función de enseñar la lucha antisubversiva. Él pidió a Francia el envío de
expertos. Porque era muy anticomunista. Él, y no otro, fue quien pidió que
un tipo como Aussarres llegara a Fort Bragg, a las fuerzas especiales de
ejército americano. Yo también descubrí esto. Fue él.
¿Qué fue lo que más te impactó haciendo la película?
La colaboración política de Francia con las dictaduras, como lo dice Harguindeguy que era ministro del interior. Michel Poniatowsky era ministro del interior (del gabinete de Valery Giscard D Estaing) y era un hombre de la OAS. Harguindeguy me comentó que Poniatowsky vino acá con una cita para intercambiar información sobre los subversivos y yo lo verifiqué; vino en 1978, y conseguí los artículos de La Nación de aquella época, un diario que apoyó aquí a las dictaduras, donde él dice que está de todo corazón con los militares, que el enemigo común es el terrorismo. Después cuando estuve en Chile con el general Manuel Contreras (Jefe de los Servicios Secretos) tuve otra confirmación. Él me dice que la DINA colaboraba con 37 servicios de inteligencia del mundo, que con Francia se colaboró mucho con la DST Dirección de Seguridad de Territorio, y que cuando ocurrió la Operación Retorno de los chilenos que volvían a Chile para seguir con la resistencia armada contra la dictadura, la DST les avisaba cada vez que uno de ellos subía al avión. Cuando hice mi libro traté de verificar esto, porque Contreras es muy conocido por ser un mentiroso, y entonces hay que tener cuidado. Hablé con dos miembros de la DST, uno era el número dos de aquella época, y me dijo "si, puede ser. No fui yo personalmente pero puede ser. Recibíamos cada dos o tres meses los attaché militares de las embajadas; el encargado de aquella época no era cualquiera, era el general Ituriaga, que era la mano derecha de Contreras, encargado de las operaciones militares de la DINA en el marco de la Operación Cóndor; él fue nombrado attaché militar en París. Del mismo modo que llegaron los peores de la ESMA a Paris para hacer el Centro Piloto. Entonces me dice "si un chileno viene y nos pide un servicio como la lista de los chilenos que suben al avión rumbo a Chile cada semana es algo muy fácil de hacer: basta con llamar a la Policía Aeronáutica para que nos provean la lista". Cuando le pregunté por qué se hizo me contestó que eran servicios amigos. Además vendíamos armas a Chile. Aussarres termina como attaché militar en Brasil y pasa a la empresa de venta de armas de Francia y sigue trabajando allí con su amigo el coronel Legain, del que también hablo en la película, que hizo un discurso donde dice lo bien que piensa de las dictaduras. Es él quien vende los Exocet de la guerra de Malvinas. Y Aussarres me dijo que la empresa nacional francesa siguió vendiéndole armas a Chile después del embargo internacional. Estaban en la misma concepción ideológica del mundo, no les molestaba hacerlo. Estoy muy contenta de que la película se dé aquí de manera completa, no solamente los pedazos de los militares argentinos; no es para defenderlos, no les quita la culpa a ellos, pero hay que entender que todo eso fue una responsabilidad colectiva, en donde cada uno tiene su parte. Por eso en esta película por primera vez no hay ninguna víctima, yo quería nada más que las palabras de los actores para desmenuzar su mecánica.
Es impactante el testimonio de los militares, que siempre muestran un dejo
de orgullo por lo que hicieron en esta historia.
Harguindeguy y Díaz Bessone lo dicen muy bien. Eso se verá cuando salga aquí
la versión en DVD, que tiene media hora más de duración. Harguindeguy dice
que no tiene ningún arrepentimiento: "cometimos errores pero si no hubiera
sido así habríamos sido Dios. Argentina habría terminado como una nueva
Cuba". Díaz Bessone dice en la parte oficial de la entrevista que "en todas
las guerras hay daños colaterales; en la guerra clásica son los civiles que
mueren bajo las bombas, y en la guerra antisubversiva son los desaparecidos.
Mientras se verifica si un sospechoso tiene o no que ver con la subversión,
este puede morir siendo inocente, pero si se comparan los daños colaterales
de la guerra clásica con la guerra antisubversiva, en esta última hay menos
inocentes muertos. ¿Cuánta gente murió, y qué? Nosotros no matamos a tanta
gente". ¡Así lo dice, así!
Fuente: www.revistalote.com.ar

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"La doctrina que la dictadura aplicó en la
guerra sucia nació en las selvas de Indochina y las calles escarpadas de Argel.
Fue concebida por el ejército francés para sus guerras coloniales e importada
por sus discípulos argentinos sin reflexión sobre sus consecuencias. Hasta el
concepto de subversión fue importado. Los franceses también instruyeron al
ejército de los Estados Unidos, que aplicó las mismas técnicas en Vietnam.
Durante la Operación Fénix, 20.000 personas desaparecieron en Saigón."
Por Marie-Monique Robin
Fueron los años más negros de América Latina. El 24 de marzo de 1976, cuando el
general Videla tomó el poder en la Argentina, todos los países del Cono sur
estaban ya bajo la férula militar. Ejecuciones sumarias, torturas,
desapariciones. Stroessner en Paraguay, Pinochet en Chile, todos ejercen una
represión feroz en nombre de la lucha contra el comunismo. ¿Cómo se llegó a
ello? Sin duda, la sombra de los Estados Unidos planea sobre las dictaduras
latinoamericanas.
Menos se conoce el rol jugado por Francia en su juventud, especialmente en la
Argentina. La investigación comienza en Théoule-sur-Mer, al sur de Francia.
Noviembre de 2002. Ex legionarios, paracaidistas, pieds noirs, o miembros de la
OAS, los nostálgicos de la Argelia francesa se reúnen.
El decano del agrupamiento es el coronel Lacheroy, de 96 años, quien fue
condenado a muerte por su participación en el putsch de los generales de
Argelia. Es un testigo fundamental, porque para comprender la influencia de los
franceses sobre las dictaduras latinoamericanas es preciso remontar el hilo del
tiempo e internarse en la historia de las guerras coloniales. Todo comenzó en
1951, durante la guerra de Indochina. Designado al mando de un regimiento,
Lacheroy fue fascinado por la organización del Vietminh, que tenía a raya a los
más numerosos y mejor equipados franceses.
Coronel Charles Lacheroy: –Llegué a Indochina y enseguida leí de punta a punta
el Libro Rojo de Mao Tse Tung. Fue el primero que me hizo comprender que lo que
llamaban la retaguardia es más importante que la tropa y que antes de la tropa
hay que ocuparse de la retaguardia. El enemigo que tenía enfrente en Indochina
era hábil para servirse de la población. Era imposible llegar a un lugar sin que
el enemigo lo supiera.
Así se conoció la teoría de la guerra revolucionaria. Para Lacheroy, el Vietminh
era un agente del comunismo internacional que operaba bajo la máscara del
independentismo.
Su arma era el adoctrinamiento de la población.
En consecuencia, en la guerra revolucionaria no hay más línea del frente porque
el enemigo está en todas partes.
El 7 de mayo de 1954 los vietnamitas ganan la batalla de Dien Bien Phu, y con
ella la independencia. Para los franceses es una humillación.
Ex resistente, el capitán Paul Aussaresses asiste al colapso.
General Aussaresses: –La derrota fue un shock. La mayoría de los militares
franceses descubrieron que había que extraer las lecciones de esa derrota para
evitar la misma desilusión en Argelia.
Durante la guerra de Argelia el Estado Mayor del Ejército adhirió
definitivamente a la doctrina de la guerra revolucionaria, llamada aún guerra
subversiva. Su obsesión, cortar al Frente de Liberación Nacional de su
retaguardia, es decir de la población. Para eso los franceses innovan.
Cuatrocientos mil soldados son desplegados sobre el territorio argelino. Es la
técnica de la cuadriculación, primera aplicación concreta de la teoría de
Lacheroy.
En enero de 1957, el ministro Robert Lacoste toma una decisión que tendría
graves consecuencias. Delega el poder de policía en el coronel Massuh, que
comanda la X División de Paracaidistas. Objetivo: aniquilar a la organización
político-militar del FLN que multiplica los atentados terroristas en la capital
argelina.
Comienza así la
Batalla de Argel, en la que los paracaidistas cercan el barrio
árabe la Casbah pararastrear a los colocadores de bombas. Ya son los únicos que
mandan. Su jefe, el coronel Marcel Bigeard, un ex resistente que ganó sus
galones en Indochina.
–Usted dijo que al principio el rol de cana no le gustaba mucho...
Coronel Bigeard: –Por supuesto, hubiera preferido enfrentar a combatientes. Está
más en nuestra naturaleza que hacer un trabajo de cana. Pero lo aprendimos
rápido, éramos paracaidistas.
–¿Por qué le llamaron la Batalla de Argel?
Paul Aussaresses: –Era una acción para capturar personas armadas y matarlas.
La Batalla de Argel llegará a ser un modelo de la guerra contrarrevolucionaria.
De enero a setiembre de 1957 los franceses inventan o sistematizan técnicas
militares que permanecerán largo tiempo en secreto. No hay imágenes de archivo.
Sólo las imágenes de una película de ficción ítalo-argelina realizada en 1965
permite reconstruir sus métodos. Boicoteada por las grandes redes de
distribución, fue muy poco vista en Francia.
–¿Vio la película La Batalla de Argel?
Aussaresses: –Sí. Es magnífica. Muy próxima a la verdad. No se puede hacer
mejor, está muy bien interpretada.
–¿Quién es el coronel Mathieu de la película?
Aussaresses: –Bigeard.
Mathieu/Bigeard, en la película: –Es una organización piramidal compuesta por
una serie de secciones. Cada militante sólo conoce a tres miembros como máximo.
Su responsable, que lo eligió a él, y sus dos subordinados, que él mismo elige.
Debemos realizar las investigaciones necesarias para reconstruir toda la
pirámide para llegar al Estado Mayor. La base de este trabajo es la
inteligencia. El método es el interrogatorio. Y el interrogatorio se convierte
en un método cuando se ejecuta de modo de obtener siempre una respuesta.
La Inteligencia
Bigeard: –Todas las tardes a las seis se reunían los capitanes en mi oficina,
cinco comandantes de unidades. Para llegar al jefe había que seguir el hilo
hacia arriba y dibujábamos el organigrama en el pizarrón. Como resultado,
obteníamos la información e íbamos a donde estaba el tipo.
Aussaresses: –Había que quebrar la capacidad del FLN para cometer atentados y
para eso era necesario obtener información, a cualquier precio.
–¿Para ustedes eso incluía el uso de la tortura?
Aussaresses: –¡Qué pregunta! Incluida la tortura, claro.
Bigeard: –Yo di la orden: ustedes deben actuar en forma contundente contra los
que colocaban las bombas, interrogarlos duramente, no sacarles los ojos ni
cortarles las orejas pero aplicarles la picana, electrodos para pasarles
corriente eléctrica. La llamábamos -la gehgene. No lo hice yo sino los hombres a
mis órdenes, pero como jefe del regimiento yo soy el responsable.
Aussaresses: –Los escuadrones de la muerte eran suboficiales que Masssuh puso a
mi disposición, cuyo número y nombre no revelaré nunca. Recorría toda la noche
los regimientos preguntando a sus jefes y a los oficiales de informaciones qué
habían hecho y qué habían conseguido. Cuando teníamos a un tipo que ponía una
bomba lo apretábamos para quediera toda la información. Una vez que había
contado todo lo que sabía, terminábamos con él. Ya no sentiría nada. Lo hacíamos
desaparecer.
Escuadrones de la muerte, desaparecidos. El método fue inventado en Argelia. En
aquel momento el prefecto de policía de Argel, Paul Teitgen, fue el único que
denunció la desaparición de 3024 prisioneros entre los 24.000 registrados
oficialmente.
Teitgen: –En la cárcel no estaban. Preguntaba por alguno y me decían que
desapareció. Los habían enviado a Bigeard. La gente de Bigeard les ponían los
pies en cemento y los tiraban al mar desde helicópteros. Un método sucio. Así no
se hace la guerra.
Sin embargo, desde mayo de 1958 las técnicas de la Batalla de Argel comenzaron a
enseñarse en un Centro de Entrenamiento en Guerra Subversiva creado por el
ministro de Defensa, Jacques Chaban-Delmas?, a iniciativa de Bigeard. Pronto
formaría a oficiales franceses, pero también portugueses e israelíes. La Batalla
de Argel tuvo su manual, titulado La guerra moderna, escrito por el jefe de
Aussaresses, el coronel Roger Trinquier, quien justificó en forma abierta la
tortura como arma de la guerra antisubversiva. La transmisión se realizó en la
Escuela de Guerra de París. Los primeros alumnos fueron argentinos. Entre ellos,
el general Alcides López Aufranc, quien participaría en el golpe de Estado de
1976. En 1957 fue seleccionado por el Estado Mayor argentino para iniciarse en
lo que ya se llamaba la doctrina francesa. La clave del curso era un mes de
práctica en Argelia.
López Aufranc: –Los profesores tocaban siempre el tema de la guerra
revolucionaria. Era algo totalmente nuevo para nosotros. En América Latina no
conocíamos ese tipo de problemas. Había luchas políticas, a veces violentas,
pero no subversivas. No conocíamos la importancia de la población en ese tipo de
guerra. Para nosotros sólo existía la guerra clásica, con infantería, fusil,
carros, cañón. Jamás habíamos imaginado un enemigo capaz de matar con un
cuchillo o de estrangular a alguien con una cuerda. Con la sangre se aprende
mucho.
Los métodos de la Batalla de Argel fueron exportados por primera vez a la
Escuela Superior de Guerra de Buenos Aires. En 1959 los ejércitos de Francia y
la Argentina firman un acuerdo que prevé la creación de una misión militar
francesa permanente, cuyos asesores se instalan en Buenos Aires, en la sede del
Estado Mayor. Todos son veteranos de Argelia que actúan en el mayor secreto.
Hasta hoy el tema es tabú. Ninguno aceptó hablar ante una cámara del rol de la
misión.
Coronel Bernard Cazaumayou, quien integró la misión entre 1962 y 1965:
–Viajamos a pedido del Ejército argentino para enseñar la guerra revolucionaria.
La misión cumplió esa tarea y ninguna otra. No me interesa hablar.
Pagados por el Ejército argentino, los franceses hacen traducir los libros del
coronel Trinquier, dirigen cursos y publican artículos en la Revista Militar. El
tema es siempre la guerra antisubversiva, como lo reconoce de inmediato el
coronel Robert Bentresque.
Coronel Bentresque: –La guerra antisubversiva es una guerra secreta.
–Frente a un enemigo que...
–No son tipos con los que usted pueda salir a tomarse un whisky.
La influencia de los franceses culmina en 1961 con la organización del Primer
Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria, en el que participan
militares de 14 países. Su director fue López Aufranc, quien confió la
planificación a los militares franceses.
–¿Había oficiales de todo el continente?
López Aufranc: –Sí, de todo el continente, inclusive de los Estados Unidos.
Todos los oficiales de América del Norte y del Sur se reunieron en nuestra
Escuela Superior de Guerra. Bentresque fue mi más directo colaborador.
A Bentresque siempre le costó asumir ese rol.
Bentresque: –Lo hicieron técnicos argentinos. Digamos que ellos usaron nuestro
curso para elaborar el propio.
–¿Es cierto que los Estados Unidos estaban celosos?
López Aufranc: –Claro, querían que los franceses se fueran. Veían con mal ojo el
rol de Francia. Pero los americanos no sabían nada de la guerra revolucionaria.
Aprendieron al mismo tiempo que nosotros.
En un oficio dirigido a su cancillería, el embajador francés Blanquet de
Chaillat confirma los celos de los estadounidenses. Ironía de la historia.
Aunque había sido realizada para denunciar la guerra sucia desarrollada por los
franceses, la película La Batalla de Argel se usó en la Argentina para entrenar
a los militares en la lucha antisubversiva. ¿Quién suministró la copia de la
película? Misterio. Marie-Monique? Robin entrevista a los ex cadetes de la
Armada Julio César Urien y Aníbal Acosta, a quienes se les proyectó la película
en 1967. Cinco años después los dos oficiales fueron apresados y dados de baja
de la Armada por denunciar el uso de la tortura.
Julio César Urien: –No son recuerdos agradables, porque todo eso lo viví en
carne propia.
–¿Quién les proyectó esa película en la Escuela Naval?
Urien: –El director de estudios y el capellán naval, que la acompañaba con un
punto de vista religioso.
–¿El capellán justificaba los métodos de la Batalla de Argel?
Aníbal Acosta: –Absolutamente.
–¿Incluso la tortura?
Urien: –Sí. La tortura no era considerada un problema moral sino un arma de
combate.
Acosta: –Un sector de la jerarquía católica sostuvo ese tipo de práctica. Nos
presentaron esa película para prepararnos para un tipo de guerra que no era la
que nos llevó a entrar a la Escuela Naval, la guerra regular. Nos preparaban
para una guerra irregular, nos iban acostumbrando de a poco a esos métodos que
se emplearían más adelante. Nada que ver con la guerra contra un enemigo
exterior. Nos preparaban en misiones policiales contra la población civil que
pasó a ser el nuevo enemigo.
Escuela de las Américas, en Panamá.
Su nombre siempre se ha asociado a la historia de las dictaduras
latinoamericanas. Creada en 1946 por los Estados Unidos, a mediados de la década
de 1960 se especializó en la guerra antisubversiva. En nombre de la lucha contra
el comunismo, 60.000 oficiales latinoamericanos serán entrenados en la que se
llamará Escuela para dictadores.
Es una historia conocida.
Lo que se conoce menos es el rol de los franceses en la formación de los
instructores norteamericanos. Todo comenzó en 1960, cuando Pierre Messmer es
nombrado ministro de Defensa. Fue contactado por los norteamericanos cuando se
perfilaba la guerra de Vietnam.
Pierre Messmer: –Les interesaba la teoría de la guerra revolucionaria. Pidieron
asesores. Enviamos gente que tenía experiencia. Era sobre todo cuestión de
experiencia.
–Y Aussaresses, ¿cómo llegó a ser instructor en Fort Bragg?
Messmer: –Porque era un especialista. Cuando los norteamericanos pidieron
asesores técnicos supongo que el Estado Mayor del Ejército consultó sus listas y
designó gente que hubiera estado en Argelia y hubiera tenido la misión de
interrogar prisioneros.
–Y Aussaresses era uno de los mayores especialistas en la guerra revolucionaria.
Messmer: –Aussaresses me parece que no es un pensador, es un ejecutor.
1961. El teniente coronel Aussaresses es nombrado en la agregaduría militar en
Washington, de la que dependen diez oficiales de enlace. Todos eran veteranos de
Argelia. Fueron distribuidos en distintas escuelas militares estadounidenses.
Aussaresses fue destinado a Fort Bragg, sede de las fuerzas especiales que
intervendrían masivamente en Vietnam.
–¿Qué enseñó allí?
Aussaresses: –Enseñé las condiciones en las que hice un trabajo que no era el
normal en una guerra clásica, las técnicas de la Batalla de Argel, arrestos,
inteligencia, torturas.
El general John Jons y el coronel Carl Bernard son dos ex alumnos de Aussaresses
en Fort Bragg. Veteranos de Vietnam, hoy militan contra el uso de la tortura.
Confirman que a principios de la década de 1960 ni habían oído hablar de guerra
subversiva.
General John Jons: –No teníamos ninguna experiencia, por eso hicimos venir
instructores de Francia y leímos artículos y libros sobre la experiencia
francesa.
Coronel Carl Bernard: –Leímos La guerra moderna, de Trinquier. Aussaresses, que
había trabajado con Trinquier, nos trajo las pruebas de imprenta a Fort Bragg en
1961. Lo leímos en detalle y por desgracia yo fui uno de quienes lo estudió a
fondo. A partir de ese libro se concibió la Operación Fénix. Envié el libro a
Robert Comer, que trabajaba en la Casa Blanca.
En 1967 ese agente de la CIA fue designado jefe de la oficina en Saigón. Dirigió
una unidad de escuadrones de la muerte, acusado de eliminar las redes del
Vietcong dentro de la población. Fue una guerra muy sucia, bautizada Operación
Fénix.
Coronel Bernard: –Fue una copia de la Batalla de Argel. El resultado fue trágico
y estoy usando un eufemismo. Hubo un mínimo de 20.000 personas asesinadas,
civiles. Paul Aussaresses nos enseñó en Fort Bragg la importancia capital de la
inteligencia en ese tipo de guerra, cómo obtenerla y cómo explotarla. Y nos
explicó la tortura. Tomaba un prisionero. En general lo convencía de hablar. La
mayoría hablaba. Pero al que no quería, lo sometía a sufrimientos físicos,
sufrimientos mortales que hacían que terminara por hablar. Explicaba que si otro
prisionero asistía a la sesión de tortura se convencía de hablar porque sabía
que sería el siguiente. El problema adicional era qué hacer con el prisionero
torturado. La respuesta de Aussaresses es que debían ser ejecutados.
–¿La mayoría de sus alumnos fueron enviados a Vietnam?
Aussaresses: –Sí, fueron al trabajo, en Vietnam. Volví a encontrar a algunos
cuando fui agregado militar en Brasil en 1973. Tuve una relación muy estrecha
con los militares brasileños. Era una dictadura militar. Brasil ayudó
considerablemente la acción del general Pinochet contra Allende.
En 1973 la represión se abate sobre la izquierda chilena. Los sobrevivientes
contaron que oficiales brasileños dirigían las sesiones de tortura.
¿Fueron formados por Aussaresses?
El ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, responde en su lugar de detención en la
base militar en donde comenzó el golpe de 1973. Puede decirse que está en
familia, rodeado de sus custodios y su equipo médico: -Eramos admiradores de la
OAS dentro del ejército, por su valentía y combatividad. Era un modelo.
–¿Conoció al general Aussaresses?
Manuel Contreras: –No lo conocí pero envié a muchos oficiales chilenos para que
los entrenara, en Manaos. Cada dos meses le mandaba un nuevo contingente de
oficiales para que los entrenara. El trabajaba habitualmente en la sede del
Servicio de Inteligencia, pero viajaba a Manaos para el entrenamiento.
Fuente: Página/12 (2005)
Todo
lo que admitió Díaz Bessone
[Causa Díaz Bessone, declaración de
Marie Monique Robin, 17 de mayo 2011]
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