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| Se conoce como Masacre de San Patricio el asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos el 4 de julio de 1976, durante la dictadura militar, ejecutado en la iglesia de San Patricio, ubicada en el barrio de Belgrano, Buenos Aires. Los religiosos asesinados fueron los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti. |
"En el verano, estando nuestra secretaria con
las ventanas abiertas, no he podido dejar de escuchar: 'Acá reventaron a
unos tercermundistas'. Creo que los prejuicios de alguna gente del barrio
ayudaron a que se produjera la masacre. Pero ha habido otra gente que nunca
los olvidó"
NOTAS EN ESTA SECCION
El caso
Una historia de palotinos, por Laura
Vales
Entrevista con Eduardo Kimel, por Daniel Marcovecchio
León Gieco en la Iglesia San Patricio
A 27 años de la masacre,
por Eduardo Kimel
El Caso
Kimel, una Masacre contra la Libertad de Expresión
"El Honor De Dios" - Gabriel Seisdedos
Informe de
la Comisión interamericana de Derechos Humanos
Denunciar a un juez puede
salir caro
La
responsabilidad de los jueces
Se inicia el proceso de canonización de los religiosos asesinados
Los nuevos mártires
El caso de los Padres Palotinos
La Masacre de San
Patricio. Otra vez la censura
Testimonios palotinos
Inés Izaguirre: Mapa social del
genocidio (pdf)
NOTAS RELACIONADAS:
Olga Wornat: Historia de la Iglesia
Católica argentina
1984-Reportaje a Monseñor Plaza, por
Cristina Castello
ENLACES RELACIONADOS
Página web de la Iglesia San Patricio
LECTURAS RECOMENDADAS
A 25 años de la Masacre de San
Patricio (gob.
BsAs, pdf 3,5 Mb)
Instantáneas 1976-2006, Comisión Provincial
por la memoria (pdf 978K)
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[Wikipedia] A
eso de la 1 de la mañana del 4 de julio de 1976, tres jóvenes, Luis Pinasco,
Guillermo Silva y Julio Víctor Martínez, vieron como dos automóviles
estacionaban frente a la iglesia de San Patricio.
Como Martínez era hijo de un militar y pensó que podría tratarse de un atentado
contra su padre, fue a la Comisaría Nº 37 para hacer la denuncia. Minutos
después un automóvil policial llegó al lugar y el oficial Miguel Angel Romano
habló con las personas que estaban en los autos sospechosos.
A las 2 de la mañana Silva y Pinasco vieron como un grupo de personas con armas
largas salían de los autos sospechosos y entraban a la iglesia.
A la mañana siguiente, a la hora de la primera misa, un grupo de fieles esperaba
frente a la puerta de la iglesia que se encontraba cerrada. Extrañado por la
situación, el joven Fernando Savino, organista de la parroquia decidió entrar
por una ventana y encontró en el primer piso los cuerpos acribillados de los
cinco religiosos, boca abajo y alineados, en un enorme charco de sangre sobre
una alfombra roja.
Los asesinos habían escrito con tiza en una puerta:
"Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la
Patria."
También escribieron en una alfombra:
"Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son
M.S.T.M."
La sigla "M.S.T.M." corresponde al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer
Mundo, en tanto que la primera frase sobre "Seguridad Federal" está
evidentemente referida al atentado con explosivos que Montoneros había realizado
dos días antes en el comedor de esa dependencia policial causando la muerte de
20 policías .
Sobre el cuerpo de Salvador Barbeito los asesinos pusieron un dibujo de Quino,
tomado de una de las habitaciones, en el que Mafalda aparece señalando el bastón
de un policía diciendo: "Este es el famoso palito de abollar ideologías".
Al día siguiente, el diario La Nación publicó una crónica sobre la masacre que
incluía el texto de un comunicado del Comando de la Zona I del Ejército que
decía:
"Elementos
subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El
vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual
demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios."
Ese mismo 5 de julio de 1976 se realizó en la iglesia de
San Patricio una misa por los religiosos asesinados. A la misma se presentaron
altas autoridades militares y más de tres mil fieles. En el valiente sermón
pronunciado por el padre palotino Roberto Favre, parcialmente publicado al día
siguiente por el diario Clarín, aquel dijo:
"No puede haber voces discordantes en la reprobación de estos hechos. Tenemos
necesidad de buscar más que nunca la justicia, la verdad y el amor para ponerlas
al servicio de la paz... Hay que rogar a Dios no solo por los muertos, sino
también por las innumerables desapariciones que se conocen día a día... En este
momento debemos reclamar a todos aquellos que tienen alguna responsabilidad, que
realicen todos los esfuerzos posibles para que se retorne al Estado de Derecho
que requiere todo pueblo civilizado."
El entonces nuncio apostólico en la Argentina, Pío Laghi, concelebró la misa y
le dijo ese mismo día a Robert Cox, director del diario Buenos Aires Herald:
Yo tuve que darle la hostia al general (Carlos Guillermo) Suárez Mason. Puede
imaginar lo que siento como cura... Sentí ganas de pegarle con el puño en la
cara.
En agosto de 1975 un grupo armado secuestró por una horas a Mariano Grondona,
conocido abogado y periodista simpatizante de la dictadura. Al liberarlo sus
captores le indicaron que debía llevar un mensaje a los obispos: que si seguían
tolerando a sacerdotes de izquierda "proseguirían los episodios como el de
los palotinos y sufririan una escalada hacia la jerarquía eclesiástica".
Grondona comunicó el mensaje al Nuncio Pio Laghi y al vicario castrense Monseñor
Tortolo, pero no hizo denuncia alguna del secuestro ni puso el hecho en
conocimiento de la justicia hasta 1984.
En Argentina, según los informes de CONADEP y del
Servicio Fe y Solidaridad del MEDH de Chile y otros estudios, se han
contabilizado 18 sacerdotes, 10 seminaristas, 2 religiosas y 39 laicos
asesinados. También un obispo, mons. Enrique Angelelli, de La Rioja, resultó
asesinado en un accidente simulado y en el caso de mons. Ponce de León, de S.
Nicolás existen sospechas firmes de que el accidente automovilístico que le
costó la vida, también haya sido provocado (viajaba a Buenos Aires llevando una
carpeta con graves denuncias de desparecidos en Villa Constitución). Todas estas
personas se jugaron en tiempos difíciles y ofrecieron su vida por amor a Cristo
y a los pobres, en la línea de las opciones de la Iglesia después del Concilio y
Medellín.
Estos datos son sin embargo muy limitados ya que se trata de mártires olvidados
y la lista de los laicos se refiere casi sólo a Buenos Aires y muy pocas
comunidades. Se trata en general de catequistas como Mónica María Mignone, hija
del autor de "Iglesia y Dictadura" secuestrada con todo el grupo pastoral que
trabajaba en el Bajo Flores con el padre Orlando Iorio y el padre Francisco
Jalics, o de Daniel Esquivel del Equipo de Pastoral de Paraguayos (EPPA)
defendido públicamente en carta pastoral por el obispo de Lomas de Zamora mons.
Desiderio Collino, o de María del Carmen Maggi, decana de Humanidades de la
Universidad Católica de Mar del Plata...
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En la madrugada del 4 de julio de 1976, grupos de tareas de la dictadura militar
penetraron en la comunidad de los Padres Palotinos en la Parroquia San Patricio
del Barrio Belgrano de Buenos Aires, maniataron a los religiosos (3 sacerdotes y
2 seminaristas) uno junto al otro, los golpearon y los fusilaron por la espalda.
Dos días antes había estallado una bomba en la Superintendencia de Seguridad
Federal matando a 15 policías. Se dijo que este asesinato y otros eran la
respuesta de la fuerza de seguridad. Pero... ¿por qué una comunidad religiosa?
Dichos religiosos se destacaban por su gran sensibilidad social y el párroco,
padre Kelly, había sabido mover a la juventud hasta llegar a formalizar 9 grupos
juveniles. Los religiosos eran todos argentinos, excepto Barbeito que a los 3
años de edad había venido de España. La predicación dominical reflejaba las
ansias de justicia social y de respeto de los derechos humanos que enseñaba la
Iglesia; y esto, justamente en un barrio donde se concentraba gran parte de la
oligarquía porteña.
En el caso de los palotinos, el terrorismo de estado golpeó con saña a los que
no tenían nada que ver con las organizaciones armadas, movido por la ideología
de la seguridad nacional. El padre Favre, en nombre de la Conferencia de
Religiosos, durante la Misa de cuerpo presente concelebrada por 150 sacerdotes y
presidida por el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Guillermo Leaden,
hermano de uno de las víctimas, denunció "las innumerables muertes y
desapariciones de las que nadie sabe dar razón y que constituyen una injuria a
Dios y a la Humanidad".
El 7 de junio de 1976 el cardenal Aramburu y el nuncio, monseñor Pío Laghi
visitaron la Junta Militar pidiendo explicaciones. El gobierno, que había
acusado en un primer momento a "elementos subversivos" por la masacre, llegó a
admitir tan sólo que se trataba de grupos militares salidos de control. En
aquella oportunidad el cardenal y el nuncio llevaron una carta de la Conferencia
Episcopal: "Nos preguntamos, o mejor dicho la gente se pregunta a veces sólo en
la intimidad del hogar o del círculo de amigos, porque el temor también cunde:
-qué fuerzas tan poderosas son las que con total impunidad y con todo anonimato
pueden obrar así a su arbitrio? -Qué garantía, qué derecho le queda a los
ciudadanos?"
Fuente:
www.chasque.apc.org
Una
historia de palotinos
TESTIMONIOS EN EL ANIVERSARIO DE LA MASACRE EN
BELGRANO
Hace 31 años una patota entró en la iglesia de San Patricio y mató a
sacerdotes y seminaristas. El crimen marcó a esa comunidad y es ahora sujeto
de un documental. El testimonio de Roberto Killmeatte, ex cura y compañero
de las víctimas.
Roberto Killmeatte con los productores de la película 4 de Julio.
Por Laura Vales
¿Quién diría que ese hombre que acaba de entrar, protegido del frío por una campera gris y una bufanda, alguna vez fue sacerdote? Llega con su mujer, Ana, y apenas se acomoda en la silla cuenta que nunca le gustaron las sotanas. Lo dice y se abalanza sobre el plato de facturas en un gesto que rompe cualquier pose. El entrevistado es Roberto Killmeatte, sobreviviente de la masacre de San Patricio, ocurrida el 4 de julio de 1976 cuando un grupo de tareas de la Esma entró en la parroquia de los palotinos, en el barrio de Belgrano, y asesinó a tres sacerdotes y dos seminaristas. El miércoles se cumplieron 31 años de los crímenes.
En la mesa del reportaje también están Pablo Zubizarreta y Juan Pablo Young,
directores del documental 4 de Julio, que recrea aquella historia. Cuando
ocurrió, ellos eran muy chicos: tenían 3 y 6 años. Todavía no se conocían,
aunque los dos vivían cerca, a pocas cuadras de la iglesia de Estomba y
Echeverría.
Killmeatte y otros seminaristas habían llegado allí en 1973. "Estudiábamos
en Brasil, en la Universidad de Santa María –recuerda Killmeatte–, pero con
la vuelta de Perón y el clima que se vivía en la Argentina quisimos terminar
de estudiar dentro del país. Aunque inicialmente pensábamos en alquilar una
casa en la que instalarnos con uno de los curas, la congregación nos mandó a
la iglesia de San Patricio; entonces pedimos que, ya que íbamos a
instalarnos ahí, los padres (Alfredo) Kelly y (Alfredo) Leaden vinieran con
nosotros, como responsables de la parroquia."
Killmeatte y sus compañeros eran una camada novedosa dentro de la
congregación palotina; un grupo que se sentía identificado con la Teología
de la Liberación y la opción por los pobres. Como parte de ese proyecto,
habían abierto una misión en Los Juríes, en Santiago del Estero.
Young, que junto a Zubizarreta investigó durante cinco años la historia de
los palotinos, define al grupo como parte de una propuesta de cambio que
entendía lo político-religioso como dos pedazos inseparables de la misión
pastoral. La mayoría de los seminaristas, cuenta, eran además estudiantes
universitarios. No es de extrañar que cuando se mudaron a Belgrano
trastrocaran las costumbres de la parroquia, hasta entonces de corte
tradicional. Se negaron a tener cocinera, dejaron de cobrar los casamientos,
los novicios no usaban vestimenta clerical y trabajaban fuera. En el
documental hay vecinos que recuerdan las homilías del padre Alfredo Kelly,
de tono encendido y contenido, irritante para algunos sectores de la
feligresía.
4 de julio
Ya avanzado el ’76, después del golpe, el padre Kelly daría un sermón que
reflejó uno de esos picos de tensión, cuando denunció desde el púlpito que
se estaban haciendo remates de los bienes robados a los desaparecidos y que
feligreses de San Patricio habían participado de ellos. La homilía quedó en
la memoria como "el sermón de las cucarachas", calificativo que Kelly usó
para describir a quienes, dijo, ya no podía seguir llamando ovejas de su
rebaño. Poco después, Kelly supo que estaba circulando por el barrio una
carta en la que un grupo de feligreses pedía su destitución, acusándolo de
"comunista". El sacerdote escribió en su diario personal sobre su
preocupación por el tema. Horas antes de los asesinatos, durante la cena,
también habló de estos movimientos, preocupado por las consecuencias que
podrían implicar. La noche de los crímenes, el 4 de julio de 1976, hubo
testigos que vieron a un Peugeot negro estacionado frente a la iglesia, con
cuatro hombres en su interior. Entre estos testigos, jóvenes reunidos en una
casa vecina, estaba el hijo de un militar, que hizo la denuncia a la
comisaría, que mandó a un patrullero. Un policía habló con los del auto y
les dijo después a los denunciantes que no se preocuparan. Antes de
retirarse, desde el patrullero soltaron que iba a haber un operativo para
"reventar a unos zurdos".
A la mañana siguiente, el organista de la iglesia encontró los cinco
cuerpos, acribillados en una habitación. Los asesinados fueron Salvador
Barbeito, de 29 años, profesor de filosofía y psicología y rector del
Colegio San Marón; Emilio Barletti, de 23 años, también profesor, que estaba
por recibirse de abogado. Entre los sacerdotes, el padre Alfredo Leaden, de
57 años, era delegado de la congregación de los palotinos irlandeses;
Alfredo Duffau, de 65 años, era director del colegio de San Vicente Paloti y
Alfredo Kelly, de 40 años, era párroco de San Patricio.
Al lado de los cadáveres había escrita una leyenda: "Estos zurdos murieron
por ser adoctrinadores de mentes vírgenes".
Killmeatte estudiaba teología en Colombia cuando ocurrió la masacre. Le
mandaron un telegrama con la noticia de las muertes y la orden de no
regresar a Buenos Aires. El entonces seminarista volvió a los dos meses.
–¿Por qué?
–Ya no quería estudiar más. Ellos eran la gente con la que había compartido
los años más importantes de mi vida, porque desde el ’69 estábamos
estudiando juntos, y de golpe estaban todos muertos.
–¿Quería saber qué les había pasado?
(Asiente.) –Pero cuando llegué me encontré con que dentro de la congregación
había habido cambios importantes.
–¿En qué sentido?
–Se comienzan a tejer dudas internas, se nos ponía en duda: que Emilio
(Barletti, uno de los seminaristas) era zurdo, que si teníamos armas... En
el fondo, la congregación había entendido que los asesinatos habían ocurrido
por nuestra culpa, la de los estudiantes.
Para Killmeatte comenzaría un vida de paria: lo mandaron a Roma a no hacer
nada; consiguió volver a la Argentina pero en muy poco tiempo lo enviaron de
nuevo a Irlanda. Aunque ya había terminado de estudiar, demoraban su
ordenación sin razones. En 1978, luego de pasar por largos interrogatorios,
le permitieron convertirse en sacerdote. Pidió como destino la parroquia de
Belgrano, donde lo relegaron a un lugar secundario: ocuparse de la misa de
los niños. Zubizarreta tiene una foto de esa época: es uno de los niños que
aparecen rodeando al sacerdote en una suelta de globos. "Fue un día en que
Roberto hizo volar una piñata con papelitos con mensajes para Dios. Para un
chico, ¿qué más simple y más gráfico que eso? Ese tipo de cosas nos hacían
participar en la iglesia desde otro lugar. Pero más allá de Roberto, también
estaba la sensación de que en esa parroquia había un peso muy fuerte, una
carga. Ahí había sucedido algo muy pesado... yo lo percibía, y también
percibía el miedo. Eso fue muy importante en mi infancia." Mientras estuvo a
cargo de la misa de los niños, Killmeatte armó un grupo de catequistas y
profesionales y destinó lo recaudado en las colectas a un proyecto de
autoconstrucción de viviendas para un asentamiento. Quizás ésa haya sido la
razón por la que, nuevamente, le dieron la orden de cambiar de destino, esta
vez a Los Juríes, la antigua misión de la orden en Santiago del Estero.
Sin castigo
El crimen de los palotinos nunca tuvo justicia. Hubo una causa abierta
durante la dictadura que quedó en la nada. En 1983, el juez federal Néstor
Blondi reabrió el caso.
–¿Qué se supo de los autores de los asesinatos?
Young: –Las pruebas fueron recopiladas por el periodista Eduardo Kimel en su
investigación La masacre de San Patricio. El primer elemento fuerte es que
un marino de baja graduación, Miguel Angel Balbi, se presentó en el juzgado
de Blondi y manifestó que un compañero de armas, de nombre Claudio Vallejos,
le había confesado que él manejó uno de los coches en el operativo, mientras
otros compañeros de armas entraban. Dio nombres: Antonio Pernías como quien
dirigió todo, el teniente de Fragata Aristegui y el suboficial Cubalo. Otro
elemento fue la declaración que hizo Graciela Daleo, sobreviviente de la
Esma, que contó que Antonio Pernías se jactaba de haber sido el que había
matado a los palotinos.
Pero la investigación no avanzaría. Vallejos, el chofer, no pudo ser ubicado
por la Justicia (se fugó a Brasil). Llamado a declarar, Pernías negó
cualquier relación con el caso. Mientras el expediente volvía a quedar
congelado, Killmeatte organizaba en Los Juríes a los pequeños productores y
campesinos. Y otra vez, sus superiores de la congregación le ordenaron
abandonar la zona. Ese año Killmeatte se retiró del sacerdocio. Hoy vive en
Bariloche. Se casó y tiene dos chicos. Tiene una chacra y armó una
cooperativa de pequeños productores que, en cierta forma, es la continuidad
de su trabajo anterior.
–¿Le costó irse?
Killmeatte se ríe: –Cuando uno deja el sacerdocio debe hacer un proceso
llamado de reducción al estado laical. Yo, cabeza dura, me puse firme en que
quería dejar en claro por qué me iba. "¿Y por qué se va usted?" "Me voy por
cuestiones sociales", "No, usted no puede decir eso"... No me querían dar la
reducción. "Va a ser más rápido si dice otra cosa". Diez años tardaron. Y me
la dieron en latín.
La masacre de los palotinos fue un punto de inflexión dentro de los sectores
de la Iglesia que buscaban un cambio. A partir de entonces, el miedo –y en
especial la complicidad de la jerarquía eclesiástica con los crímenes–
paralizó cualquier acción que fuera en esa línea. Young y Zubizarreta
recuerdan que al mes siguiente mataron a Angelelli; luego a las monjas
francesas, a la hija de (Emilio) Mignone, a otros cientos de laicos que
trabajaban en las villas. Su documental aborda un punto hasta ahora poco
transitado del tema, el de la complicidad de los propios feligreses con la
persecución a los religiosos. Pero también refleja el trabajo de quienes
sobrevivieron por defender la memoria. Young dice: "Si no hubiera conocido
la vida de Roberto, no hubiera terminado de entender lo que pasó en San
Patricio". 4 de Julio contiene las dos historias, cada una iluminando a la
otra.
Fuente: Página/12, 08/07/07
Entrevista
con Eduardo Kimel, autor del libro "La masacre de San Patricio"
Nos llega hoy la denuncia de uno de los casos de censura más famosos del
continente. Y la realiza la víctima misma de este abuso, el periodista argentino
Eduardo Kimel. Su pecado fue investigar la masacre de San Patricio y acusar a un
juez de negligencia al ver que las huellas de los asesinos conducían a la
"entraña del poder militar". Su calvario podría acabar con la despenalización de
los delitos de calumnias e injurias en Argentina, lo que significaría una
victoria histórica para la libertad de prensa en nuestro hemisferio.
"Mientras
los asesinos siguen en libertad, yo soy el único que recibió una condena"
El 4 de julio de 1976 fueron asesinados tres sacerdotes y dos seminaristas
palotinos en la Parroquia San Patricio, de Villa Urquiza. A 29 años del
sangriento episodio El Barrio dialogó con el periodista Eduardo Kimel, quien en
1986 escribió un libro que revela los secretos del mayor atentado sufrido por la
Iglesia Católica en la Argentina.
Por Daniel Marcovecchio
dmarcovecchio@periodicoelbarrio.com.ar
Es la hora pico de un viernes complicado. El tráfico es un infierno y las
bocinas aturden sin pausa. En la jungla de cemento no existe la paz, mientras la
muchedumbre corre quién sabe hacia dónde. El bar de la cita se encuentra
atestado de gente. Todos hablan, gritan... Sólo una mesa en un rincón permanece
en calma. Detrás del humo de cigarrillo se encuentra Eduardo Kimel,el periodista
que, como si fuera un personaje ideado por Franz Kafka, se vio envuelto en una
maraña judicial sin fin.
-¿Qué motivo lo llevó a investigar el caso de los curas palotinos asesinados?
-Esto fue en 1986. Yo estaba haciendo un libro sobre historia política argentina
y la misma editorial me propuso buscar un tema vinculado con los derechos
humanos. En ese momento se estaba produciendo el famoso juicio a las juntas
militares, que era un asunto de debate nacional, y tuve una charla con un
compañero de la universidad. Yo estaba estudiando Historia en la Facultad de
Filosofía y Letras, donde él me mencionó aquel suceso. Yo lo recordaba
vagamente. Me interesó más el caso en la medida que no se había hablado
demasiado del hecho. Había salido una nota en la revista El Periodista de Buenos
Aires, una publicación importante de la década del 80, ya desaparecida, donde se
hizo una investigación superficial pero por lo menos valiosa. Hablé con unas
personas que tenían vinculación, que estaban dispuestas a hablar, a contar
cosas. Entonces lo propuse en la editorial y aceptaron. Me puse a trabajar
inmediatamente. Entre fines de 1986 y mediados de 1987 ya lo tenía escrito. Esas
son las circunstancias objetivas. Las subjetivas eran que el tema me pareció
interesante, y muy llamativo, porque el hecho se había producido en el marco del
terrorismo de Estado, durante la represión de la dictadura, y tenía dos
características que lo distinguían. La primera era que se trataba del ataque más
importante sufrido por alguna comunidad de la Iglesia Católica en la Argentina
en toda su historia. Y la segunda que en lugar de secuestrar y hacer desaparecer
a las víctimas, práctica habitual de aquella época, en este caso se utilizó como
forma de represión entrar al lugar y masacrarlas.
-El periodista Rodolfo Walsh marcó un antes y un después del periodismo de
investigación. ¿Puede decirse que fue un modelo a seguir?
-Particularmente, no tenía en mente a nadie en especial. Pero es probable, como
cualquier conocimiento que uno incorpora de forma válida. Las cosas importantes
no siempre están presentes. Por tanto, supongo que el hombre y la obra de
Rodolfo Walsh se encuentran en mi trabajo de forma natural, no porque
pretendiera o quisiera imitarlo sino que, como otros periodistas que habían
hecho buenos trabajos en aquella época, me parecía que era una forma interesante
de contar una historia que podría ser apreciada por mucha gente.
-¿Tuvo problemas o amenazas de parte de las fuerzas de seguridad al escribir La
masacre de San Patricio?
-No, fue un libro escrito en democracia y había un interés público muy
importante en cuanto a los derechos humanos, aunque también hay que contar una
pequeña historia dentro de lo que fue escribir el libro. En 1987, cuando se
produjo la rebelión militar de Semana Santa contra el gobierno de Alfonsín, la
editorial que me había encargado el proyecto me propuso esperar un tiempo para
sacar el libro a la venta porque no se sabía cuál iba a ser el rumbo definitivo
de estos planteos militares ante la evidencia de que el gobierno radical
retrocedía frente a estos problemas. De común acuerdo esperamos para publicarlo
más adelante. Así, el libro quedó archivado un tiempo. Yo lo presenté en un
concurso, en 1989, donde pedían investigaciones sobre temas históricos
vinculados con los últimos años y gané el primer premio, que consistía en su
edición. De esta manera salió publicado en 1989. No hubo durante todo el proceso
de investigación ningún tipo de presiones. En realidad, la principal amenaza o
el riesgo producido por la publicación del libro fue el juicio que comenzó en
1991.
-¿Cómo se desarrolló el proceso judicial en su contra?
-El juicio fue un proceso largo. La querella se presentó a fines de 1991 y la
inició Guillermo Rivarola, el juez que investigó el asesinato en el primer
momento -julio de 1976 hasta agosto de 1977- y al cual yo le dedico una pequeña
parte del libro donde cuento, de acuerdo con mi visión, cuál fue su actuación
como responsable de investigar el crimen. El se sintió ofendido por lo que yo
sostengo en el libro, que esencialmente habiendo cumplido con una serie de
formalidades que correspondían no llevó adelante la investigación a fondo. No
porque se negara, eso yo no lo juzgo, tampoco lo sé, pero tengo la certeza, y
esto lo puede constatar cualquiera que lea la causa, que con los elementos a
disposición en ese momento se podía haber llegado a una investigación más
profunda. Si no lo hizo se debe a las mismas razones por las cuales el conjunto
de la Justicia en la Argentina no investigó los crímenes de la dictadura: es
decir no había investigación del Gobierno de facto al cual los jueces en
general, y en particular los de orden penal, mostraron obediencia o
funcionalidad. Ningún juez investigó los crímenes denunciados; más aún, se sabe
que rechazaban los hábeas corpus presentados por los familiares de las víctimas
de desapariciones porque sabían que el hecho de requerir al poder político, a
los organismos de seguridad y a las instituciones militares la identificación
del paradero de las víctimas de la represión significaba colocarse en un terreno
de resistencia o de oposición al método utilizado por la dictadura.
-¿Cuál fue el resultado de la causa?
-El juez Rivarola me realizó una querella por calumnias e injurias aduciendo que
el párrafo escrito en el libro tenía una acusación hacia él por no cumplir con
sus funciones. En 1995 la jueza Angela Braidot, que estuvo a cargo de la primera
instancia, me condenó a un año de prisión en suspenso y a pagarle una suma
determinada al juez Rivarola en concepto de indemnización, ya que consideró que
yo era culpable del delito de injurias. Se apeló la sentencia y en 1996 la
Cámara de Apelaciones me absolvió diciendo que no había mérito para condenarme
ni por injurias ni por calumnias. Luego el juez Rivarola apeló ante la Suprema
Corte de Justicia en la época menemista y logró a fines de 1998 una revocatoria
de aquella sentencia que me absolvía y devolvía el caso a la Cámara de
Apelaciones, pero de otra sala. En 1999 esa sala me volvió a condenar. Entonces
mis abogados y yo apelamos sin éxito ante la Suprema Corte.
-¿Qué hizo entonces?
-En 2001 el estudio del Centro de Estudios Legales y Sociales, que me defendía,
presentó una denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH), cuya sede está en Washington, en la cual denunciamos este caso en
primera medida por censurar a la libertad de expresión y al derecho a la
información. La segunda crítica fue realizada contra los jueces que me
condenaron, ya que lo hicieron en forma arbitraria y sin hacer una mínima
lectura de lo que yo escribí. La Comisión mantuvo el caso dos años en estudio,
en un trámite que se llama de admisión, y a principios de 2004 aceptó la
denuncia que nosotros presentamos al ser avasallado nuestro derecho en las
cortes de la Argentina. En marzo de este año hubo una reunión entre mis abogados
y representantes de la Cancillería del gobierno argentino en Washington ante la
Comisión Interamericana, donde se expusieron las posiciones de las partes y una
vez más exigimos que se busque la manera de dejar sin efecto la condena penal y
cualquier tipo de multa indemnizatoria por haber agraviado supuestamente al
doctor Rivarola. En estos momentos es el gobierno argentino el que tendrá que
contestar esos argumentos y no sabemos cuál es la posición que tomarán al
respecto. Incluso ha quedado claro que desde que efectuamos el pedido a la CIDH
ninguno de los tres gobiernos que hemos tenido durante esos años saben qué
contestar. Esto ocurre porque el caso derivado de la masacre de San Patricio
constituye una evidencia muy clara de cuáles son los intereses que defienden
muchos de los magistrados argentinos y de qué manera se tratan en este país los
temas vinculados con la represión ilegal durante la época de la dictadura
militar. La demostración más palpable de eso es que mientras los asesinos de los
palotinos siguen en libertad y jamás fueron castigados por uno de los hechos más
horrendos de aquella época, el periodista que escribió un libro donde se cuenta
esta historia dolorosa es el único que ha recibido algún tipo de castigo.
-Esa es la parte mala de la experiencia. ¿Qué fue lo bueno de haber escrito el
libro?
-Si bien se trata de un libro breve, tiene buen material. No solamente hay
elementos interesantes por sí mismos sino que la manera en la cual están
organizados para contar la historia fueron producto de una elaboración que me
alegra. No es un libro lineal, que ofrece al lector sólo el conocimiento de este
trágico hecho, sino que también aporta un montón de otros rasgos que sirven para
conocer la realidad de aquella época, el contexto y, de alguna manera, mostrar
la otra cara de esta historia: la justicia, durante la dictadura y luego en
plena democracia, fue incapaz -y esto es lo más terrible- de llevar a cabo una
investigación que permitiera condenar a los que cometieron el quíntuple
homicidio.
-¿Cómo imagina la resolución de su caso?
-Mis abogados pronostican que va a tener una resolución favorable. Esta
situación significará dos cosas: una será mi reivindicación como periodista y la
otra será la implementación de una sanción para el Estado argentino por no haber
protegido los derechos que debería garantizar en cumplimiento de leyes
fundamentales como la Constitución Nacional Argentina y el Pacto de San José de
Costa Rica.
Fuente:
www.periodicoelbarrio.com.ar
Leon
Gieco en la Iglesia San Patricio, donde mataron a los cinco curas palotinos
"Cuando callaron las iglesias y el fútbol se comió todo"
León Gieco cantó "La Memoria" en la misa por los cinco palotinos asesinados por
la dictadura. Primero visitó la Iglesia de San Patricio, en Belgrano, donde
habló con los curas sobre la religión, la fe y los años de plomo, conversación
que se transcribe a continuación. Hoy los parroquianos deberán llevar alimentos
no perecederos, ya que el recital será en beneficio de un hogar de niños
discapacitados, de Capitán Bermúdez, cerca de Rosario, apadrinado por León
Gieco.
Por Hugo Soriani y Luis Bruschtein
"Los alimentos que juntemos en la misa del domingo serán para el hogar de niños
de Capitán Bermúdez. Los conocí porque en algunos de mis recitales venía siempre
un pibe en silla de ruedas. No tenía piernas ni brazos. Un día me vino a hablar
y le regalé la armónica. Ahora Panchito armó su grupo y a veces me hace de
soporte en algunos recitales. El domingo van a venir. Yo soy padrino del hogar."
León Gieco le habla a Adrián Francioli y John O’Connor, vicario y párroco de la
Iglesia de San Patricio, donde fueron asesinados en 1976 Alfredo Kelly, Alfredo
Leaden, Pedro Dufau, Salvador Barbeito y Emilio Barletti, los cinco curas
palotinos. El domingo será el aniversario de esa matanza y como Gieco menciona a
los sacerdotes muertos en La Memoria, Francioli y O’Connor lo invitaron a
participar. La misa es hoy a las 20 horas en Estomba y Echeverría, en el barrio
de Belgrano R. La charla es alrededor de una mesa y una picada, en las
instalaciones donde viven los palotinos, detrás de la iglesia. O’Connor le
pregunta por qué incluyó la mención de los palotinos en su canción.
"Puse los hechos que me parecieron más fuertes –responde Gieco–, los que más me
impactaron, y creo que también a la gente. También menciono a Walsh, a Mujica, a
Angelelli... Fueron los hechos que hicieron reflexionar, los que terminaron de
poner en claro que aquí estaban haciendo una masacre."
La pregunta disparó otros recuerdos, el comienzo de una historia, la primera
relación de Gieco con la niebla de la dictadura.
"Cuando me pusieron en la lista negra –recuerda–, tenía tres temas prohibidos:
Canción de amor para Francisca, el Tema del mosquito y La historia esta. Tuve
que irme del país. No tenía un peso. Llegaba a Lima y daba un recital, juntaba
algo de plata y entonces iba a Caracas, hacía otro recital y así, también pasé
por México, Costa Rica y llegué a Los Angeles, donde vivía una amiga que me
ofreció su casa. En 1978, me llamó mi agente para decirme que las cosas se
estaban ablandando, que la esposa de Videla estaba en la Fundación Genética
Humana y quería hacer un recital de rock en el Luna Park. Yo me vine, pero antes
le pedí que me organice algunos recitales más chicos, medio clandestinos, además
del Luna. Como sabía que allí tenía la protección, aproveché para grabar esos
tres temas. En el disco decía ‘grabado en vivo en el recital por la genética
humana’. Eran las maniobras que hacíamos para que pudieran pasar. La dictadura
era algo nuevo, no sabíamos cómo reaccionar."
Sale la pregunta sobre la censura, los militares metiéndose en la vida de la
gente, porque la Canción para Francisca es una canción de amor, no tiene ninguna
connotación política.
"Estaba prohibido hasta Gardel –dice– y también estaban prohibidos los cuartetos
cordobeses, porque eran demasiado festivos o vaya a saber qué. Bueno, después
del recital, junté como diez o quince mil dólares y volví a Estados Unidos a
devolver todo lo que debía. Le planteé a mi mujer la posibilidad de volver. Era
el año ’78, ’79, estaba más pesado que nunca. Por suerte ella, intuyendo todo,
me dijo que no."
De la mesa van desapareciendo el queso, el salame y las papas fritas mientras
Gieco recuerda. Francioni y O’Connor escuchan, intervienen en la conversación,
que en un punto es casi un monólogo. En la iglesia el ambiente es cómodo, las
palabras surgen sin dificultad.
"En esa época, en los recitales, la gente se sentaba y escuchaba, aplaudía y
nada más, no participaba. Esa vez, en el Luna Park, que estaba lleno, también
fue así. Bueno, el asunto es que gracias a la intuición de mi mujer no volvimos
y nos fuimos a Europa. Terminamos en la casa de unos amigos en Roma. A mi amigo
de Roma lo habían torturado porque buscaban al hermano. Cuando estaba en Italia
me empecé a reunir con grupos de argentinos exiliados y ellos hablaban. Contaban
que estaban haciendo desaparecer gente, que la tiraban al mar desde aviones, que
habían aparecido cadáveres en la costa atlántica con las manos cortadas para
evitar que fueran identificados. Ahí fue mi primer flash, no podía creerlo,
hasta ese momento tenía dudas, pensaba que podía ser una exageración. Al final
del ’79 me quedé sin plata en Europa y tenía el boleto de regreso vía Los Angeles,
así que regresé y ahí empecé a rever toda la historia y me di cuenta de que
estábamos en una masacre total."
Cada quien busca en sus propios recuerdos, los periodistas y los curas mientras
Gieco reconstruye esa parte de su historia. Del otro lado del pasillo está la
pequeña capilla con los retratos de los curas asesinados y la alfombra roja
sobre la cual fueron acribillados. El tejido muestra los agujeros limpios de los
balazos.
"Cuando uno compone las canciones, revisando un poquito la historia, uno se
acuerda de los momentos más álgidos. Y lo que pasó en esta iglesia me pareció
terrible porque además ponía en evidencia lo que estaban haciendo, era una
advertencia a los religiosos, a los católicos, de que no se metieran en nada, el
miedo total, fue claro el mensaje, horroroso. Cuando estás libre y componiendo, ponés lo que sale primero a la superficie. Y así puse a los palotinos, lo de
Angelelli, lo de Mujica, lo de Guatemala, lo de Chico Méndez en Brasil, la
represión estudiantil en México, donde mataron como a mil estudiantes. La
memoria tendría que durar como cuatro horas, pero uno resume, es como el nombre
y el apellido."
Hay preguntas para los palotinos, el por qué de la matanza, el por qué del
descaro y la total despreocupación por ocultarlo. Es un barrio de clase alta y
la congregación era muy respetada incluso desde el poder.
"Qué pregunta. Creo que debemos descubrir el por qué –afirma el párroco O’Connor–. Yo no entiendo. Debemos sacar conclusiones. Creo que tiene mucho que
ver con el barrio y con hacer esa advertencia a la Iglesia y a los creyentes.
Porque es un barrio donde vive gente del gobierno, militares y gente de mucho
dinero. También el hermano de uno de los curas asesinados, el padre Leaden, era
obispo auxiliar de Buenos Aires, se trata de una comunidad con mucha relación
con Europa, es un grupo muy representativo de la Iglesia Católica, un lugar
sensible. Yo creo que lo distintivo de ellos es que los mataron en su lugar de
trabajo. Por ejemplo, Mujica era de una familia de mucha plata, pero iba a
trabajar con los pobres, Angelelli igual. En este caso era un grupo de
sacerdotes trabajando en su propia parroquia. No eran tercermundistas."
León Gieco sacude la cabeza y encoge los hombros. Ha pensado en el tema antes y
las respuestas que encontró sólo son más preguntas.
"Esas cosas no tienen lógica. A lo mejor encontraron en la agenda de un detenido
la dirección de esta iglesia y vinieron acá y los mataron. No hay lógica, porque
el horror que pasó acá no tiene lógica. Es ilógico, si no, no hubiera ocurrido.
Atando cabos, puede haber ocurrido de cualquier lado. Alguien que da la
dirección de la iglesia, un pibe que cayó preso y lo torturaron, qué se yo."
Hay dos libros que reconstruyen la masacre de los palotinos, escritos por los
periodistas Seisdedos y Kimmel. Ambos se introducen en esa pregunta. Uno de los
seminaristas era militante montonero señalan.
"Es así –afirma el vicario Francioni–, pero lo importante es que el sentido
político fue callar a la Iglesia y lo lograron. El que siguió adelante fue
Angelelli y lo mataron al poco tiempo."
"Hay otro elemento importante –agrega O’Connor– y es que dos de los miembros de
la Junta Militar, Agosti y Videla, eran de Mercedes, que es una parroquia
palotina. Algunas personas dicen que fue la línea de Massera en un mensaje
mafioso a Videla."
"Lo que pasa es que tratar de interpretar a esos tipos, meterse en sus cabezas
–insiste Gieco– es meterse en una cosa morbosa, asquerosa, que uno no está
acostumbrado, porque uno es un pacifista, soy una persona normal, no me puedo
meter en la locura de estos tipos. Lo que uno ve es la consecuencia de esa
locura, que fue callar a la Iglesia. Porque si mataron a los cinco palotinos en
un barrio como Belgrano, cómo no van a matar a Mujica o a Angelelli, justifican
todo lo que hicieron y guarda con empezar a hablar. Después de eso, la Iglesia
no habló nunca más, la Iglesia calló, por eso la canción de La Memoria dice:
‘fue cuando se callaron las Iglesias y cuando el fútbol se comió todo’. Ahí
están los comentarios de los sobrevivientes de la Esma, cuando cuentan que
mientras los torturaban se escuchaban los goles. Pero ese juego perverso entre
juego y asesinato también se vivió durante la guerra de Malvinas. Porque todos
hablamos del Mundial ’78, pero la guerra de Malvinas se produjo en el mismo
momento que el Mundial del ’82. Y la gente argentina tenía la dualidad de que
los pibes estaban muriendo en Malvinas mientras el fútbol se lo comía todo. A mí
me parece insalubre tratar de meterse a ver el por qué porque es meterse en la
cabeza de una bestia horrorosa como eran esos tipos. Es como un accidente, como
una familia iraquí que le cayó una bomba y estalla toda la familia. Además,
están las cosas que ya han ocurrido, porque si uno lee sobre el genocidio de los
armenios por los turcos y después lo que hicieron los alemanes, allí se calcinó
la inocencia. Y uno podía pensar que acá no iba a pasar y pasó."
"Qué es para ellos el bien y el mal", se pregunta O’Connor, y otro comentario
alude a que dentro de la Iglesia hubo reacciones de todo tipo y Gieco que
responde que "la Iglesia está compuesta por hombres, que es un error
generalizar, hay que hablar de los hombres" y alguien que cuenta otra anécdota
de curas que respaldaban a los represores.
"Fue un momento muy difícil y es importante lo que dice León –interviene
entonces el párroco O’Connor–. San Agustín, en el año cuatrocientos y pico,
decía que ‘la Iglesia es una santa prostituta’, es santa, pero también es
prostituta porque están los hombres. Incluso yo creo que los que avalaron la
maldad fueron la minoría. La mayoría estaba en sus parroquias y cumplió con sus
deberes. Otro grupo fue muy diplomático, lo hizo con su silencio, que es el
pecado de la omisión, y otros fueron directamente cómplices, pero la mayoría
estaba en sus parroquias, trabajando. En aquella época había tres sacerdotes en
Castelar, en la parroquia donde yo estaba. Y un domingo, el párroco predicó un
sermón normal sobre la doctrina social de la Iglesia. Y a la noche, contando la
colecta, encontré tres balas en la colecta. Allí estaba el mensaje. Desde
entonces me pregunto quién va a la misa con tres balas en el bolsillo."
La imagen de los militares en la iglesia fusilando a los cinco sacerdotes ronda
en todas las cabezas. Los llevaron a la sala del primer piso, los hicieron
arrodillar y allí en el suelo los acribillaron. Los militares estuvieron cerca
de dos horas en la parroquia.
"Yo creo que muy en lo profundo –señala Gieco– todos tenemos la misma
posibilidad de ser como ellos o no. La diferencia está en que a él lo formaron
para que sea así, le hacen creer que está salvando a la patria. El bien y el mal
no están separados, todos los hombres llevamos algo de las dos cosas. Además de
la locura está la parte económica, la ideología. Para conquistar algo, los seres
humanos siempre usaron la desaparición y el genocidio. Ya pasó en toda la
historia, 300 años antes de Cristo trajeron a dos millones de judíos para ser
esclavos en Egipto. En América latina mataron a 60 millones de nativos en la
conquista. Y cada vez lo hacen con las características de la época, la
desaparición, que antes no existía. Los primeros que experimentaron con la
desaparición fueron los franceses en Argelia, que luego lo trajeron a la
Argentina. Como lo explica Videla: ‘El desaparecido no está vivo ni está muerto,
no está’. Porque cuando Franco fusilaba en la Guerra Civil, tuvo problemas con
el Vaticano. Entonces empezaron las desapariciones. El otro día Víctor Heredia
fue a presentar su libro a Malargüe y fue el cura del lugar. Víctor hablaba de
los desaparecidos, que es el tema del libro, que es un poco la historia que
vivió él con la hermana. Y el cura le dijo que no podía hablar de 30 mil
desaparecidos ‘porque hubo apenas cinco mil’. El tipo estaba justificando cinco
mil desaparecidos. Esa persona es cura, pero si no lo fuera podría ser
perfectamente un torturador, porque está cerquita de serlo."
La actitud de los religiosos que respaldaron a los torturadores irrita a Gieco.
Es un tema que lo sensibiliza y entonces enfatiza sus afirmaciones. Está
hablando en la iglesia sobre estos curas que "podrían haber sido torturadores" y
tanto Francioli como O’Connor asienten con sus cabezas y con la misma
indignación. Salió el tema de la guerra en Irak.
"El año pasado, cuando empezó la guerra de Estados Unidos contra Irak –relata el
vicario Francioli–, en la homilía del Jueves Santo dije que si utilizábamos
aunque fuera una porción de nuestra inteligencia en vez de para hacer el mal o
para construir aparatos para destruir o matar, si utilizáramos esa porción de la
inteligencia podríamos hacer muchas cosas buenas por nosotros que estar
matándonos."
"Es la condición humana" –reflexiona Gieco, y alguien menciona a los sistemas
políticos y Gieco recuerda que todos han tenido esas aberraciones–: "Stalin mató
a cientos de miles" y en la conversación surge la pregunta de si eso ya no tiene
arreglo.
"Eso es lo que nosotros queremos transmitir cuando hablamos de nuestros cinco
mártires –interviene Francioli– porque es un mensaje de esperanza, que el hombre
también tiende hacia lo trascendente y puede tender también hacia las cosas
buenas. Si ellos pudieron dar sus vidas fue porque creían que había ideales más
grandes que la destrucción, la violencia o la muerte."
"Yo estoy de acuerdo con lo que dice Adrián –responde Gieco– pero él lo dice
desde su profesión, a la que yo respeto muchísimo porque la fe te salva de un
montón de cosas. Ojalá pudiera tener esa fe. Yo creo que esa cosa que se
compensa entre el bien y el mal es así y me parece ingenuo pensar que va a estar
todo bien alguna vez. Uno está de paso en este mundo y tiene que hacer el bien,
lo demás queda a criterio del destino. Pero Adrián tiene ese aspecto muy hermoso
de su profesión, que es la fe. Yo quisiera tener ese grado de fe, porque sé que
mucha gente vive por la fe."
Ya se trata de una discusión de principios entre los sacerdotes y el cantor. Es
en lo que ha devenido una conversación donde también se habló de la música
celta, la preferida de Gieco y O’Connor, se habló de los Chieftains y de Carlos
Núñez y de un inminente viaje de Gieco a Irlanda y hubo un ofrecimiento de
alojamiento por parte del irlandés, que de todos modos interviene en la cuestión
de la fe.
"Yo creo que es importante subrayar que el mártir no da la muerte, da la vida.
En la cruz, Cristo da la vida, no da su muerte. Creo que el martirio es así. Y
ése es el mensaje de nuestros cinco mártires, ellos murieron haciendo lo suyo,
no buscaban fama, ni estaban en la guerra. Y por eso, a pesar de lo que estamos
diciendo, yo creo que hay esperanza, el hombre es bueno."
"A mí me gusta la frase de una canción de León que dice ‘De amor, un día, mi
vida nació’ –apoya Francioni a su párroco– y creo que desde ahí nosotros podemos
transformar las cosas malas, si el ser humano descubriera esa gotita de amor que
se necesitó para que esa persona naciera, a partir de ahí muchos se
reconciliarían consigo mismo y con los demás."
Pero Gieco no se rinde y para finalizar, antes de ir a saludar a los alumnos de
la escuela que tiene la parroquia, da un ejemplo de cómo las cosas van para
atrás:
"Cuando vi la película Nacido el 4 de julio me dije "por fin alguien está
educando a una sociedad que mandó a matar a miles de pibes". Porque por eso lo
mataron a Ke- nnedy, porque después subió Johnson y mandaron los pibes a
Vietnam. Cuando la volví a ver el otro día, me pareció antiquísima, porque ahora
en Estados Unidos están todos con la banderita para que Bush reviente a Irak.
Solamente Bob Dylan, Bruce Spreenting y dos o tres más que van a hacer un
concierto están en contra. Antes, por lo menos los pibes, los hippies, se
manifestaban en contra de la guerra. Es increíble la forma como se atrasó todo.
Es muy difícil. Yo no sé si esto va a cambiar o no. Vivimos tan poco que
realmente es poco lo que podemos hacer. Yo creo que ese poquito de tiempo que
uno vive tiene que hacer todo el bien que pueda y si las cosas van a cambiar,
que las diga otro, yo no sé."
Fuente:
La Fogata

La jerarquía eclesiástica, cómplice de golpistas y genocidas
A 27 años de la masacre de
San Patricio
Por
Eduardo Kimel
El periodista Eduardo Kimel se refiere al horrendo asesinato de los cinco
religiosos palotinos, ocurrido el 4 de julio de 1976. Kimel, prestigioso
periodista, fue perseguido por la Justicia y amenazado, por la publicación de su
obra: 'La Masacre de San patricio'.
Rolando Savino era el joven organista de la iglesia de San Patricio. Desde chico
concurría a la parroquia de los palotinos irlandeses. El domingo 4 de julio (de
1976) se levantó temprano y fue a la iglesia, para asistir a la primera
celebración de la misa. Llegó a las siete y media. Había poca gente en la calle,
aguardando con frío a la intemperie. Pasaron los minutos y extrañado vio que el
templo permanecía cerrado. Algunos feligreses impacientes tocaron el timbre y
dieron golpes en las puertas, sin obtener respuesta. A las ocho menos cinco
Rolando dio un rodeo a la casa y encontró una banderola semiabierta. Trepó y
entró. No percibió ni movimientos. Fue hasta el comedor de la planta baja. Tomó
las llaves de la iglesia y abrió las puertas para que los feligreses pudieran
entrar. Utilizando otra llave abrió la puerta de la casa parroquial; desde el
hall llamó a los padres sin resultado alguno. Vio luces encendidas en la planta
alta. Creyó que los sacerdotes se habían quedado dormidos, o que recién se
levantaban, aunque esto no fuera normal. Volvió a gritar y, como el silencio
continuaba, subió las escaleras hasta el primer piso donde estaban los
dormitorios. Un frío helado recorrió su cuerpo. Una presunción lo invadió.
Estaba todo revuelto. En las puertas y en la alfombra había inscripciones, que
no pudo o no quiso leer. Pensó en un robo. La estufa de gas estaba encendida. Se
acercó a la sala de estar. Abrió la puerta y con horror observó los cuerpos
ensangrentados de los cinco religiosos tirados en el suelo. Aterrorizado, bajó
las escaleras. Entre las personas que aguardaban vio a la señora Celia Harper, a
quien conocía; impelido de un desconocido sentido del control le pidió que lo
acompañara a la planta alta, sin decir una sola palabra al resto de la gente. A
los pocos minutos Rolando y Celia se dirigieron a la comisaría del barrio para
comunicar el macabro hallazgo.
Este relato pertenece a mi libro La masacre de San Patricio, una investigación
sobre el horrendo asesinato de los cinco religiosos de la comunidad católica
palotina de Belgrano R sucedido el 4 de julio de 1976. En las primeras horas de
aquel día un grupo de tareas de la dictadura militar ingresó a la casa
parroquial y, luego de identificarlos, masacró a los sacerdotes Alfredo Kelly,
Alfredo Leaden y Pedro Duffau, y a los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio
Barletti.
El crimen fue el hecho de sangre más importante que sufrió la Iglesia Católica
argentina en toda su historia. Sin embargo, desde aquel 4 de julio poco se hizo
para recordar a las víctimas y mucho menos para hallar y castigar a los
culpables.
La jerarquía católica argentina mantuvo una llamativa indiferencia, nunca
reclamó con la debida fuerza por el crimen; el homenaje a las víctimas quedó
circunscrito a las misas que los palotinos les dedican cada 4 de julio. Si se
hiciera una encuesta entre la gran masa de católicos practicantes, seguramente
una inmensa mayoría no podría contestar a la pregunta: ¿qué fue la masacre de
San Patricio?
20 años después del horrendo hecho la congregación palotina ha solicitado a las
autoridades eclesiásticas la investigación oficial con el propósito de que los
cinco religiosos sean considerados mártires de la Iglesia.
La investigación judicial tuvo dos etapas. La primera encabezada por el juez
Guillermo Rivarola en los años 1976 y 1977 no dio con los autores y fue
sobreseída provisionalmente aunque hubo evidencias notorias que indicaban la
intervención de la dictadura operando en el marco de lo que los represores
denominaron la 'lucha antisubversiva'. La segunda fase comenzó en agosto de 1984
y estuvo a cargo del juez Néstor Blondi. Una serie de testimonios dirigieron la
sospecha hacia la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Incluso un ex
integrante de la Marina, Miguel Angel Balbi relató en el tribunal que un ex
'compañero de armas', Claudio Vallejos, le había confesado su participación en
el homicidio juntamente con Antonio Pernías, el teniente de navío Aristegui y el
suboficial Cubalo.
Sobre la base de las declaraciones de Luis Pinasco y Guillermo Silva, dos
vecinos de la parroquia que fueron testigos de una parte de lo que ocurrió
aquella noche, se pudo reconstruir la verdad parcialmente. Se supo que la
presencia de dos automóviles Peugeot 504 estacionados frente a la parroquia
había despertado la preocupación del joven Julio Víctor Martínez -hijo de un
general que había sido designado gobernador por la Junta Militar-, quien realizó
la denuncia en la comisaría 37. Luego de mucha resistencia se envió un
patrullero al lugar y el oficial a cargo del operativo, Miguel Angel Romano,
conversó con quienes estaban dentro de los coches. Desde una casa en la esquina
de Estomba y Sucre los jóvenes siguieron los acontecimientos. Cuando el móvil
policial se retiraba de la cuadra, Guillermo Silva escuchó una palabras
destinadas al cabo de la Policía Federal Pedro Alvarez, quien custodiaba el
hogar de la familia Martínez: 'Si escuchás unos cohetazos no salgás porque vamos
a reventar la casa de unos zurdos'. Después de un rato los jóvenes vieron cómo
varias personas salían de los autos con armas largas e ingresaban a la casa
parroquial. Y mucho más tarde escucharon el ruido de un auto arrancando y
alejándose a mucha velocidad.
Convocado por el juez Rivarola, Miguel Angel Romano dio su versión sobre lo
ocurrido. Reconoció haber estado frente a la parroquia aquella noche e
identificado a la única persona que según él estaba dentro de un automóvil
Peugeot 504. 'Cuando lo interrogó sobre el motivo de su estadía en ese lugar,
esas persona la manifestó que se encontraba allí esperando a una señorita que
tenía que salir de una fiesta que es daba a la vuelta'.
En mayo de 1986, el entonces fiscal Aníbal Ibarra solicitó el procesamiento del
ayudante Miguel Angel Romano. 'Llego a la conclusión de que el ayudante Romano
individualizó a las personas que estaban en uno de los Peugeot y digo a las
personas porque el nombrado mintió cuando expresó que sólo encontró a una. (...)
En tales condiciones, es evidente que los integrantes del rodado hicieron saber
que la intención de ellos no era el general Martínez sino por el contrario
'reventar a unos zurdos'. Esto obviamente tranquilizó al ayudante Romano quien
se dirigió entonces a avisar al custodio del mencionado ex gobernador del
Neuquén lo que realmente iba a ocurrir'. Ibarra concluía: Romano 'supo en el
cumplimento de sus funciones lo que iba a ocurrir en la parroquia de San
Patricio y con su actitud -tratando incluso de evitar la posible intervención
del custodio del general Martínez- permitió que ello ocurriera'.
Asimismo Ibarra pidió el procesamiento del jefe de la comisaría 37ª, Rafael
Fensore por 'la omisión de incorporar al expediente ese importante incidente (la
denuncia de Martínez)', que recién fue agregada tres días después del múltiple
homicidio.
En junio de 1987, el juez Blondi dispuso el desprocesamiento de Fensore y
Romano, haciendo lugar al pedido de prescripción de la acción formulada por los
abogados defensores. La causa judicial fue clausurada por segunda vez en forma
provisional. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, sancionadas durante
el gobierno de Raúl Alfonsín, y los indultos decretados por Carlos Menem
hicieron el resto. La investigación quedó interrumpida sin indicio que pudiera o
pueda ser reactivada. Los asesinos e instigadores nunca fueron castigados.
27 años después, seguimos evocando con dolor a los palotinos asesinados el 4 de
julio. Y continuamos exigiendo el juicio y castigo a todos los culpables.
El juicio de la historia
Cuando a mediados de los años ochenta se me propuso investigar y redactar un
libro vinculado a la violación de los derechos humanos durante la última
dictadura militar, decidí trabajar sobre la Masacre de San Patricio. Era mi
forma de contribuir a la construcción de la memoria colectiva, tratando de
arrojar luz allá donde la represión más cruenta y la confusión premeditada había
pretendido enterrar la muerte de los cinco religiosos en el más infame de los
silencios. El libro tenía, en ese sentido, un doble propósito: investigar cómo
sucedió el asesinato y demostrar cómo se inscribió en la estrategia del
terrorismo de Estado.
Fui parte de la generación de jóvenes que quisimos transformar al país eliminado
la injusticia y la desigualdad social. En este sentido, me interesaba indagar y
explicar la naturaleza de la represión. Contra la visión construida por los
militares y sus aliados civiles que define al genocidio como consecuencia de una
guerra entre dos bandos armados donde se produjeron 'excesos' -lamentable
tergiversación de la realidad que derivó en la teoría de 'los dos demonios'-,
siempre entendí que la represión dictatorial tenía objetivos políticos muy
precisos: combatir de aquel proyecto de liberación e instaurar un modelo
económico y social basado en la entrega y el empobrecimiento de las masas
destruyendo todos los canales de la amplia organización popular que había
caracterizado la etapa de la vida nacional abierta por el Cordobazo y cerrada
trágicamente el 24 de marzo de 1976. Aquel vasto arco social abarcaba una gran
diversidad ideológica desde el peronismo combativo y el socialcristianismo hasta
los innumerables grupos de la tradicionalmente atomizada izquierda argentina;
contenía a las corrientes obreras clasistas y antiburocráticas; a los
agrupamientos juveniles, tanto en colegios y universidades como en los barrios,
a profesionales, artistas e intelectuales y a los movimientos de la Iglesia
Católica definidos en la 'opción preferencial por los pobres'.
Aunque nunca integraron formalmente el movimiento de curas tercermundistas, el
pensamiento y la labor de algunos de los palotinos podrían ser encuadrado en los
principios de aquel grupo que lideró el padre Carlos Mújica. Pero más allá de
esta cuestión, sujeta aún hoy a controversia, hay una coincidencia en el
señalamiento de los objetivos buscados por la masacre. Lo dice Adolfo Pérez
Esquivel: 'Los palotinos asumieron un compromiso concreto con el pueblo, pero no
era de los que estaban más en evidencia. Sin embargo, se los tomó como una
represalia general para atemorizar a las otras órdenes religiosas, obligándolas
al silencio'.
Mi libro se publicó en noviembre de 1989. Cuando estuvo en la calle, jamás pensé
que podría originar una querella judicial. Y menos que la misma proviniera del
juez que tuvo a su cargo investigar el crimen durante la dictadura, Guillermo
Rivarola. Quizás fui ingenuo, pero un breve párrafo que le dediqué a evaluar su
actuación como magistrado fue suficiente para que me iniciara en 1991 una causa
por presuntas calumnias.
En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, considerando que estaba acreditado
el delito de injurias, me condenó a un año de prisión en suspenso y a pagarle a
Rivarola 20.000 dólares en carácter de indemnización. En noviembre de 1996, la
sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones, con el voto unánime de sus tres
integrantes, anuló al fallo anterior y me absolvió. Uno de los camaristas, el
doctor Carlos Elbert asumió una autocrítica de la actuación de la justicia en
estos términos:
'Esa quiebra violenta del orden jurídico consintió un poder judicial
comprometido, en carácter de institución legítimamente esencial del estado de
excepción, pero sin eficacia suficiente como para cuestionar o limitar el
implacable terrorismo de estado impuesto.'
En diciembre de 1998, la Suprema Corte de la Nación, compuesta por la nefasta
'mayoría automática' menemista hizo lugar a un recurso presentado por Rivarola,
revocó el fallo anterior y lo devolvió a la Cámara para se dictara nueva
sentencia. Así lo hizo la sala IV, integrada por Alfredo Barbarosch y Carlos
Gerome, quienes el 8 de abril de 1999, hallándome culpable esta vez del delito
de calumnias, confirmaron la pena impuesta por la jueza de primer instancia.
Aquel fallo de la Sala IV de la Cámara provocó un repudio generalizado desde los
más diversos sectores. La Unión de Trabajadores de Prensa (UTPBA) y la
Asociación Periodistas encabezaron una campaña de denuncia tanto en el plano
nacional como internacional. La condena fue rechazada por ADEPA y la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP). El 16 de abril de 1999, Santiago Cantón, relator
oficial para la Libertad de Prensa de la OEA emitió un comunicado donde dice:
'Causa sorpresa a la Relatoría que termine siendo castigado el periodista que
realizó una investigación de ese horroroso crimen, mientras que los autores del
crimen, sus encubridores y cómplices, siguen impunes.'
En diciembre de 1998, la Suprema Corte de la Nación hizo lugar a un recurso
presentado por el juez Rivarola, revocó el fallo anterior y lo devolvió a la
Cámara para que se dictara nueva sentencia. Así lo hizo la sala IV de la Cámara,
integrada por Alfredo Barbarosch y Carlos Gerome, quienes el 8 de abril,
hallando culpable a Kimel del delito de calumnias, confirmaron la pena impuesta
por la jueza de primer instancia.
En octubre de 1999 la misma Cámara accedió a habilitar un recurso extraordinario
interpuesto por mi defensa. Después de haber tenido el expediente durante más de
un año, una mayoría de ministros de la Corte -Julio Nazareno, Eduardo Moliné
O'Connor, Carlos Fayt, Antonio Boggiano, Guillermo López y Adolfo Vázquez-
firmaron una resolución de tres líneas que declara 'inadmisible' el recurso
extraordinario. Argumentan, al citar el artículo 280 del Código Procesal Civil y
Comercial, que el caso puede ser evaluado como carente de 'agravio federal
suficiente' o 'insustancial' o 'carente de trascendencia'. 'Lo curioso es que la
Corte ya había fallado ordenando a la Cámara que se expidiera otra vez y dando
los argumentos para una condena', señaló Héctor Masquelet, mi abogado defensor,
en una entrevista periodística cuando se conoció el fallo de la Corte.
La arbitrariedad de los fallos también fue denunciada por diferentes medios de
prensa nacionales y extranjeros. He recibido la solidaridad de la comunidad
palotina que redactó una carta abierta dirigida a mi y fue enviada a los diarios
de Buenos Aires. En uno de los párrafos dicen:
«Las personas se esfuerzan por entender los misterios de la existencia, el
crimen de San Patricio sigue envuelto en un manto de misterio. La Justicia, tan
esencial y honorable institución en nuestra sociedad argentina, no ha podido
hasta hoy esclarecer la autoría y el porqué del asesinato.
«Vos vas a entender muy bien que nuestro anhelo es que aquellos que perpetraron
ese homicidio múltiple con una crueldad empedrada no queden impunes y que
comparezcan ante la Justicia.
«Tus colegas de los medios han escrito bien, 'Para Kimel, el fallo es horroroso
y significa la consagración de la impunidad, porque el único condenado por la
masacre de los palotinos es justamente quien la investigó'.
«Queremos que sepas que contás con nuestro afectuoso apoyo.»
El 23 de enero de 2001, se presentó oficialmente el escrito que denuncia el caso
en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El mismo fue elaborado
por un equipo de abogados pertenecientes al Centro de Estudios Legales y
Sociales (CELS) de Buenos Aires: Andrea Pochak, Santiago Felgueras, Eduardo
Bertoni, y Alberto Bovino.
«En esta denuncia alegamos que el Estado argentino ha violado el derecho de
Eduardo Kimel a la libertad de expresión y a un debido proceso legal.
«Tenemos la firme convicción de que el caso que hoy denunciamos, exhibe de una
manera ejemplar cómo ciertas figuras penales pueden ser aplicadas como
mecanismos de censura, criminalizando conductas que no son más que la expresión
de opiniones e ideas, animadas por un sentido crítico, sobre el comportamiento
de ciertos funcionarios del Estado. En ese sentido, entendemos que los hechos de
los que fuera víctima Eduardo Kimel, conducen con absoluta claridad a la
conclusión de que estos tipos penales, susceptibles de ser aplicados para
perseguir criminalmente la crítica política, resultan incompatibles con el
artículo 13 de la Convención Americana.
«Las decisiones judiciales que conducen a la condena de Eduardo Kimel, exponen
además la falta de imparcialidad de algunos de los magistrados que intervinieron
en su juzgamiento, lo que constituye una violación del artículo 8 de la
Convención.»
27 años después, los magistrados argentinos siguen en deuda con su pueblo. De
una vez por todas: ¿Habrá Justicia?
Fuente:
Argenpress/La Fogata
El caso
Kimel, una masacre contra la libertad de expresión
Por Eduardo Kimel
Especial para Libertad-Prensa.org
6 Junio 2001
Eduardo Kimel
Cortesía de www.solnet.net
La masacre de San Patricio es el título de mi investigación sobre el horrendo
asesinato de los cinco religiosos de la comunidad católica palotina del barrio
de Belgrano R, en Buenos Aires, Argentina, el 4 de julio de 1976. En las
primeras horas de aquel día, un grupo de tareas de la dictadura militar
(1976-1983) ingresó a la casa parroquial y, luego de identificarlos, masacró a
los sacerdotes Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Duffau, y a los
seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
El libro se publicó en noviembre de 1989. Un breve párrafo que dediqué a evaluar
la actuación del doctor Guillermo Rivarola, quien intervino en el caso en 1976 y
1977, fue suficiente para que éste me iniciara una causa por calumnias en 1991:
El juez Rivarola realizó todos los trámites inherentes. Acopió los partes
policiales con las primeras informaciones, solicitó y obtuvo las pericias
forenses y las balísticas. Hizo comparecer a una buena parte de las personas que
podían aportar datos para el esclarecimiento. Sin embargo, la lectura de las
fojas judiciales conduce a una primera pregunta: ¿Se quería realmente llegar a
una pista que condujera a los victimarios? La actuación de los jueces durante la
dictadura fue, en general, condescendiente cuando no cómplice de la represión
dictatorial. En el caso de los palotinos, el juez Rivarola cumplió con la
mayoría de los requisitos formales de la investigación, aunque resulta
ostensible que una serie de elementos decisivos para la elucidación del
asesinato no fueron tomados en cuenta. La evidencia de que la orden del crimen
había partido de la entraña del poder militar paralizó la pesquisa, llevándola a
un punto muerto.
En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, considerando que estaba acreditado
el delito de injurias (hubo un cambio en la tipificación del delito), me condenó
a un año de prisión en suspenso y a pagarle a Rivarola 20.000 dólares en
carácter de indemnización por daños morales. En noviembre de 1996, la sala VI de
la Cámara Nacional de Apelaciones, con el voto unánime de sus tres integrantes,
anuló el fallo anterior y me absolvió. En la argumentación de su voto, uno de
los camaristas, el doctor Carlos Elbert, asumió incluso una autocrítica de la
actuación de la justicia en aquellos tiempos
Esa quiebra violenta del orden jurídico consintió un poder judicial
comprometido, en carácter de institución legítimamente esencial del estado de
excepción, pero sin eficacia suficiente como para cuestionar o limitar el
implacable terrorismo de estado impuesto.
En diciembre de 1998, la Suprema Corte de la Nación hizo lugar a un recurso
presentado por el juez Rivarola, revocó el fallo anterior y lo devolvió a la
Cámara para que se dictara nueva sentencia. Así lo hizo la sala IV de la Cámara,
integrada por Alfredo Barbarosch y Carlos Gerome, quienes el 8 de abril,
hallándome culpable del delito de calumnias, confirmaron la pena impuesta por la
jueza de primer instancia.
En octubre de 1999 la misma Cámara accedió a habilitar un recurso extraordinario
interpuesto por mi defensa. Después de haber tenido el expediente durante más de
un año, una mayoría de ministros de la Corte firmó una resolución de tres líneas
que declara "inadmisible" el recurso extraordinario. Argumentan, al citar el
artículo 280 del Código Procesal Civil y Comercial, que el caso puede ser
evaluado como carente de "agravio federal suficiente" o "insustancial" o
"carente de trascendencia".
"Lo curioso es que la Corte ya había fallado ordenando a la Cámara que se
expidiera otra vez y dando los argumentos para una condena", señaló Héctor
Masquelet, mi abogado defensor, en una entrevista periodística.
En diciembre de 2000 mi caso fue denunciado ante la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH), acción que mereció el siguiente comentario del diario
Página 12 de Buenos Aires:
El miércoles 5, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Danilo
Arbilla, y el directivo del Centro de Estudios Legales y Sociales y de la
Asociación Periodistas Horacio Verbitsky reclamaron la intervención del
organismo en defensa del periodista Eduardo Kimel, condenado a un año de prisión
en suspenso y a una multa de 20.000 pesos [dólares] por calumnia contra el juez
Guillermo Rivarola, a raíz de su libro La masacre de San Patricio, sobre el
asesinato por una fuerza de tareas de la dictadura militar de cinco religiosos
en 1976. El Relator Especial de la OEA para la Libertad de Expresión, Santiago
Cantón, declaró su apoyo al caso. La condena contra Kimel, confirmada hace dos
meses por la Corte Suprema de Justicia, viola la cláusula sobre libertad de
expresión de la Convención Americana de Derechos Humanos, sostuvieron Arbilla,
Cantón y Verbitsky.
El pasado 23 de enero, se presentó oficialmente el escrito que abrió el caso en
la CIDH. El mismo fue elaborado por un equipo de abogados pertenecientes al
Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) de Buenos Aires: Andrea Pochak,
Santiago Felgueras, Eduardo Bertoni, y Alberto Bovino. El documento redactado
por mis abogados se basa en dos conceptos:
En esta denuncia alegamos que el Estado argentino ha violado el derecho de
Eduardo Kimel a la libertad de expresión y a un debido proceso legal. Tenemos la
firme convicción de que el caso que hoy denunciamos, exhibe de una manera
ejemplar cómo ciertas figuras penales pueden ser aplicadas como mecanismos de
censura, criminalizando conductas que no son más que la expresión de opiniones e
ideas, animadas por un sentido crítico, sobre el comportamiento de ciertos
funcionarios del Estado. En ese sentido, entendemos que los hechos de los que
fuera víctima Eduardo Kimel, conducen con absoluta claridad a la conclusión de
que estos tipos penales, susceptibles de ser aplicados para perseguir
criminalmente la crítica política, resultan incompatibles con el artículo 13 de
la Convención Americana.
Las decisiones judiciales que conducen a la condena de Eduardo Kimel, exponen
además la falta de imparcialidad de algunos de los magistrados que intervinieron
en su juzgamiento, lo que constituye una violación del artículo 8 de la
Convención.
En el plano de procedimientos, el gobierno argentino ya fue notificado y tiene
un plazo de 6 meses para contestar al requerimiento. La sólida fundamentación
del caso y el interés demostrado por diversas entidades nacionales y
extranjeras, me permiten aguardar decisiones que reviertan la injusticia
materializada por los tribunales argentinos. Mis abogados consideran formular un
pedido de audiencia a la CIDH para la segunda mitad de este año o la primera de
2002, según evolucionen los hechos.
La estrategia definida por el CELS es la de alcanzar una solución amistosa con
el Gobierno a través de la sanción de una ley que despenalice los delitos de
calumnias e injurias en casos en que los querellantes sean funcionarios
públicos. Esta legislación podría aplicarse en mi caso y significaría un
importante avance en el marco de la protección jurídica de la actividad
periodística con una evidente extensión para el conjunto de la sociedad. Un
artículo publicado por Página 12 de Buenos Aires analiza la cuestión:
En 1999 el gobierno nacional se comprometió a despenalizar los delitos de
calumnias e injurias en los casos en los que el ofendido fuera un funcionario
público. En cumplimiento de esa solución amistosa, el proyecto de ley que
incorpora a la legislación argentina la doctrina de la real malicia fue firmado
por los senadores José Genoud, de la Alianza gobernante, y Jorge Yoma, del
Partido Justicialista. El acuerdo se celebró en los últimos meses del gobierno
del ex presidente Carlos Menem, pero fue ratificado por el actual presidente
Fernando de la Rúa, quien habilitó su tratamiento en las sesiones
extraordinarias del año pasado (...) De sancionarse, los funcionarios sólo
podrán iniciar acciones civiles, en busca de reparación económica, y se
invertirá la carga de la prueba. Ellos deberán demostrar que la información
publicada era falsa y que el periodista lo sabía o que se desentendió de
cualquier intento por verificarlo.
Lamentablemente este proyecto está empantanado en el Senado de la Nación. En los
últimos días la Asociación Periodistas ha reactivado el reclamo de su inmediato
tratamiento para lo cual ha realizado gestiones ante el ministro de Relaciones
Exteriores, doctor Rodríguez Giavarini, ya que es la Chancillería el organismo
responsable de garantizar el cumplimento del acuerdo firmado en la CIDH.
Pero más allá del trámite que seguirá mi denuncia en la CIDH, mi situación legal
en la Argentina es a todas luces una grave injusticia y constituye un mensaje
intimidatorio contra la actividad periodística, especialmente aquella que se
dedica con tenacidad a desentrañar los delitos vinculados al ejercicio del poder
en cualquiera de sus formas. En este sentido, la sanción que se me impuso es,
sin dudas, una amenaza contra el ejercicio de la libertad de expresión, una
consagración de la censura a través de una vía legal.
La condena que sufrí provocó una reacción de distintas entidades vinculadas al
quehacer periodístico y a la defensa de los derechos humanos. La Unión de
Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y la Asociación Periodistas
encabezaron una campaña de denuncia tanto en el plano nacional como
internacional. La condena fue rechazada por Asociación de Entidades
Periodísticas Argentinas (ADEPA), la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP),
IFEX, la Sociedad Americana de Juristas, el Comité Mundial para la Libertad de
Expresión, Reporteros sin Fronteras, la Federación Latinoamericana de
Periodistas (FELAP), Freedom House y el Freedom Forum, entre otros.
El 16 de abril de 1999, Santiago Cantón, relator especial para la libertad de
Expresión de la OEA emitió el siguiente comunicado:
Causa sorpresa a la Relatoría que termine siendo castigado el periodista que
realizó una investigación de ese horroroso crimen, mientras que los autores del
crimen, sus encubridores y cómplices, siguen impunes.
En el último informe sobre la situación de los derechos humanos del Departamento
de Estado de los Estados Unidos se incluye mi caso:
En noviembre, la Corte Suprema ratificó la sentencia de 1999 contra Eduardo
Kimel de un año en prisión (suspendido) y una multa de $20.000 (20.000 pesos)
por comentarios realizados en un libro suyo. En diciembre, la CIDH anunció que
el caso será investigado como una posible violación del derecho a la libertad de
expresión.
Espero que todos estos pronunciamientos contribuyan a reparar definitivamente
este grave ataque contra los derechos elementales de una sociedad democrática.
Eduardo Kimel es periodista y autor argentino de larga y prestigiosa trayectoria
en numerosos medios, incluyendo el diario Clarín, el semanario Tiempos del
Mundo, la revista Temas, la revista Confluencia y Radio Mitre
Fuente:
www.pressnetweb.com

La Iglesia, al servicio de golpistas y asesinos
"El
honor de Dios" - Gabriel Seisdedos
Capitulo de muestra
Buenos Aires, Capital Federal de la Nacion Argentina, hoy dia cuatro de julio de
mil novecientos setenta y seis, siendo las horas 10,30 el funcionario que
suscribe jefe de la Comisaria 37a. Comisario Rafael Fensore, con la actuacion
del secretario que refrenda a los efectos legales correspondientes, hace
constar: que siendo las horas 7:55 de la fecha, se recibe por el aparato
telefonico del estado 51-3333, un llamado telefonico anonimo que dice: "En la
finca de Estomba 1942, se produjo un grave hecho de sangre", con tal motivo el
suscrito con personal a sus ordenes se traslada al lugar, y penetrando por la
puerta senalada con el numero 1942 de la calle Estomba, se accede al primer piso
por una escalera alli ubicada. Una vez en el primer piso, se observa las luces
encendidas, y hacia la derecha de la escalera se ve una especie de biblioteca, y
al lado de la misma, y frente a ella, se encuentra una especie de sala de estar.
Colocados en la puerta de acceso a dicha sala, se observa que sobre el piso de
la misma, y en posicion de cubito ventral se cuentan cinco cuerpos de personas
de sexo masculino, los que todavia calientes presentan signos evidentes de estar
muertos, mediante la accion de disparos de armas de fuego, por cuanto se
observan grandes charcos de sangre, y desparramados por toda la habitacion,
capsulas y proyectiles de calibre 9 mm., que se secuestran. Para facilitar su
identificacion, los cadaveres son numerados del N 1 al 5, de izquierda a la
derecha, segun se entra, y en razon de encontrarse en el lugar la senora Celia
Harper, argentina, ama de casa, soltera de sesenta anos de edad, domiciliada en
Estomba 2573 y el menor Rolando Antonio Savino, argentino, 16 anos, soltero,
estudiante, domiciliado en Blanco Encalada 3805, los que manifestaron conocer a
los habitantes de la casa, se procede a identificarlos y en orden correlativo,
segun se numerara anteriormente, resultan ser, el numero 1, Salvador Barbeito,
el N 2 Alfredo Kelly (parroco), el N 3 Alfredo Leaden (parroco), el N 4 Emilio
Neira (seminarista) y el N 5 Pedro Dufau (parroco). Que la habitacion presentaba
desorden, observandose al frente segun se entra un hogar de piedra y un
televisor, a ambos lados, sillones y entre medio de ellos, una mesita "ratona",
chica, teniendo la habitacion que nos ocupa una dimension proxima a los 4 metros
por 3,50. Que respecto al hecho en si, el menor Savino refirio que a las 7.30
aproximadamente concurrio a misa como lo hace habitualmente, y al notar la
Iglesia cerrada y presumiendo que el cura parroco se encontraba dormido, accedio
a la finca por una ventana trasera, descubriendo lo que es de conocimiento de la
instruccion, pero que no puede aportar otros datos respecto al mismo. Smliendo
de la habitacion que mencionaramos y hacia la derecha, existe un pasillo de unos
12 metros de largo por 1 de ancho y a ambos lados se agrupan 4 habitaciones, de
una dimension aproximada a los 2,50 por 2,20 aproximadamente, que son utilizados
como dormitorios por sus ocupantes. Tales habitaciones se encontraban totalmente
desordenadas y todos sus objetos desparramados por el suelo de las mismas. En la
primera habitacion a la derecha, segun se llega, saliendo de la habitacion que
era utilizada como sala de estar se observa una inscripcion hecha a tiza blanca,
sobre la puerta de acceso, algo ilegible, pero que aparentemente cita una frase
inconclusa: "por ... dinamitado... federal" y mas abajo "Viva la Patria", sobre
la alfombra que cubre el pasillo antes mencionado y no bien se llega a ella segun se arriba por la escalera, se observa una inscripcion hecha a tiza blanca
sobre el color rojo de la alfombra, que textualmente dice: "estos zurdos
murieron por ser adoctrinadores de mentes virgenes y son MSTM".
Que en el lugar se hizo presentes el senor Guillermo Leaden, quien se identifico
como Monsenor, Vicario de la zona de Belgrano y Auxiliar del Obispado de Buenos
Aires, el que manifesto domiciliarse en Maure 1931 y sus deseos de identificar
los cadaveres, Monsenor Leaden identifica el cadaver con el N 3 como el
correspondiente a su hermano Alfredo Leaden, y ratifica practicamente la
identificacion con anterioridad respecto a los demas fallecidos.
"... De la habitacion donde se encontraban los cadaveres se secuestro 35 vainas
servidas y 15 proyectiles correspondientes aparentemente a armas de fuego
calibre 9 mm. Se secuestro ademas de la misma habitacion, un cartel de
aproximadamente 50 x 30 cm., que dice: "Ven, este es el palito de abollar ideologias",
"Las venas abiertas de America Latina" e "Indochina vencera"...
"... Se dejo la correspondiente consigna policial en el lugar, y de vuelta a
esta dependencia, la instruccion resuelve: iniciar en base a la presente acta,
las correspondientes actuaciones por Homicidio-Infraccion Ley 20840, dando
intervencion en autos, al senor Juez Nacional de 1 Instancia en lo Criminal y
Correccional Federal Dr. Guillermo Rivarola y ante la Secretaria del Dr. Gustavo
Guerrico y aviso de estilo en el orden administrativa al Senor Jefe de la
Policia Federal, cursandose al efecto sendos despachos, teletipograficos;
solicitar la cooperacion de personal idoneo para las pericias correspondientes;
enviar los cadaveres a la morgue judicial para la realizacion de la necropsia
correspondiente, y proseguir con las diligencias tendientes a lograr la
individualizacion y/o detencion del o los autores del hecho, medida esta que se
hace extensiva a las demas dependencias policiales mediante circular
radio-electrica, practicar diligencias tendientes a establecer deudas y lograr
la individualizacion y correspondiente identificacion y proseguir actuando.
Conste".
(Del Acta Policial firmado por el Jefe de la Comisaria 37a. de la Capital
Federal Rafael Fensore y el principal Victor Hugo Randazzo)
Citado en "La Masacre de San Patricio" de Eduardo G. Kimel
La Comisaria 37. Preguntas sin respuesta
El informe policial presenta sugestivas anomalias: Quien realizo el llamado
telefonico que fue recibido a las 7.55 en la Comisaria 37? Fue Rolando Savino la
persona que vio los cuerpos por primera vez cuando el reloj marcaba las ocho
pasadas. Fue Celia Harper quien junto con Rolando avisaron al personal de
guardia en la comisaria que "algo terrible" habia ocurrido en San Patricio.
Demasiados interrogantes, pero que continuan cuando observamos que en las fotos
tomadas esa manana se puede leer claramente: "Por los camaradas dinamitados de
Seguridad Federal..." y no una frase inconclusa como cita el informe: "Por...
dinamitados...Federal" El encubrimiento es evidente. Sin tener en cuenta la
omision acerca de la actuacion del patrullero a cargo del oficial ayudante
Miguel Angel Romano. La denuncia de Julio Victor Martinez relacionada
directamente con el crimen. Por que, como observo el padre Sueldo Luque de vasta
experiencia judicial, se permitio el ingreso irrestricto de gente que complico
la tarea de investigacion al eliminar consciente o inconscientemente las senales
que pudieron dejar los asesinos?
Fue la excusa que necesitaron para no hacer el consabido rastreo de huellas
dactiloscopicas.
La colaboracion con los asesinos se vuelve a hacer evidente.
El sobreviviente:
En los dias posteriores al asesinato los seminaristas Capalozza, Kelly y Robledo
volvieron a San Patricio, una semana despues del asesinato uniformados
solicitaron a Capalozza las agendas personales de sus companeros asesinados.
Se resolvio enviar al seminarista a la iglesia de Santa Isabel de Hungria, donde
se encontraba el seminario palotino de la Region Argentina a cuyo cargo estaba
el padre Efrain Sueldo Luque.
A fines de Julio dos personas que se identificaron como miembros del Servicio de
Inteligencia del Estado y pertenecientes al batallon 601, Sueldo Luque se
comunico por telefono con el regimiento donde confirmaron la pertenencia de los
individuos de la institucion y sus identidades: Jorge Claudio Demarco y Gersrdo
Abel Borardo.
Dos dias despues estos mismos hombres volvieron solicitando que el seminarista
sobreviviente los acompanara a efectos de su interrogatorio en dependencias
militares. Temiendo un secuestro el sacerdote se opuso logrando que la
entrevista se realizara en la parroquia. En ella Capalozza fue interrogado sobre
las actividades en San Patricio y la ideologia politica de las victimas.
Justicia, solo justicia perseguiras
La causa judicial correspondio al Juez Federal Guillermo Rivarola, como fiscal
actuante Julio Cesar Strassera.
El Juez cito a declarar al oficial Romano quien declaro que esa noche interrogo
al conductor de un Peugeot 504 estacionado sobre la calle Estomba al que le
solicito su documentacion comprobando que se hallaba en orden, que cuando le
pregunto sobre el motivo de su permanencia en el lugar manifesto que "se
encontraba alli esperando a una chica que tenia que salir de una fiesta que se
daba a la vuelta".
Romano no pudo recordar el nombre de la persona interrogada. Contradiciendo lo
expresado por los testigos Silva y Pinasco, tanto Romano como el custodio del
General Martinez Waldner, el cabo Pedro Alvarez coincidieron en que Romano habia
informado al custodio que todo se hallaba en orden, Alvarez agrego que habia
permanecido en su lugar de vigilancia hasta las seis de la manana sin observar
nada fuera de lugar.
El 9 de agosto de 1976 Julio Victor Martinez en su declaracion ante el juez
Rivarola confirmo haber visto dos autos Peugeot con sus tripulantes cuando el
patrullero se marchaba del lugar".
El informe del medico legista conto las heridas en los torax y craneos de las
victimas: 18 Salvador Barbeito, 23 Emilio Barletti, 15 Alfredo Kelly, 9 Alfredo
Leaden.
Menos de un ano despues de ocurrido el crimen, el 25 de Mayo de 1977 el Fiscal
Federal Julio Cesar Strassera propuso al Juez Rivarola el sobreseimiento
provisorio de la causa.
El 1 de Julio de 1977 Strassera volvio a insistir debido a la falta de elementos
que hicieran progresar la situacion procesal.
En Mayo de 1977 se presento la conclusion de la pericia balistica: "35 vainas
servidas y los 28 proyectiles disparados.
Cinco diferentes armas utilizadas por cinco tiradores, cuatro del tipo
semiautomatico, de marca "browning". La otra una pistola semiautomatica del tipo
ametralladora o del tipo "semi" usandose en ese caso dos cargadores.
El 7 de Octubre de 1977 el Juez Rivarola al considerar que "las diligencias
practicadas no habian arrojado resultado positivo para el total esclarecimiento
del hecho que nos ocupa".
Marzo de 1983. Ginebra. Suiza
A los ocho dias de Marzo de 1983, comparece voluntariamente ante la Comision
Argentina de Derechos Humanos (CADHU), Rodolfo Peregrino Fernandez, de
nacionalidad argentina de 32 anos, divorciado, nacido en Buenos Aires el 8 de
Mayo de 1950 quien acredita su identidad con pasaporte argentino N 6.117.049, y
manifiesta:
Que es su deseo aportar datos sobre la estructura de la represion ilegitima en
la Argentina, que conoce en su condicion de Oficial de la Policia Federal
Argentina.
Los grupos de tareas
"... Continua diciendo el declarante que el comando del GT 1, fue ejercido por
el General de Division Suarez Mason, alias "Sam", y estaba integrado
operacionalmente al mismo el Comando de Institutos Militares...
"... Tambien integraron este GT civiles provenientes del Servicio de
Inteligencia del Ejercito y de la Superintendencia de Seguridad Federal.
En relacion a los organismos mencionados, el dicente senala que la parte
informativa era efectuada por el Batallon de Inteligencia 601, con sede en
Callao y Viamonte de la Capital Federal, y que la parte operativa estuvo a cargo
del propio Comando del 1 Cuerpo y de las distintas brigadas y regimientos que
dependian de el."
Los GT y las zonas libres
Las llamadas zonas libres, funcionaban dentro del area jurisdiccional del
Comando del I Cuerpo de Ejercito, segun el declarante, de la siguiente manera:
cumplian funciones en el edificio de la sede de ese comando en calidad de
oficiales de enlace, tres subcomisarios de la Policia Federal y tres
subcomisarios de la Policia de la Provincia de Buenos Aires, cuya funcion era
gestionar ante los respectivos "Comandos radioelectricos la retirada de la
vigilancia policial ostensiva en las zonas a realizarse los procedimientos
ilegales, y de ese modo facilitar la comision de los secuestros y
allanamientos".
Ministerio del Interior
"... El suceso narrado (la muerte del Obispo de La Rioja, Monsenor Angelelli)
coincidio en el tiempo con la recepcion de otra carpeta "confidencial" que
contenia documentacion perteneciente a los Padres Palotinos asesinados en la
madrugada del 3 de Julio en la parroquia de San Patricio del barrio de Belgrano,
Capital Federal, por personas armadas que no se identificaron y que sustrajeron
objetos y papeles de propiedad de las victimas, el cura parroco Alfredo Kelly,
los sacerdotes Alfredo Leaden y Pedro Duffau y los seminaristas Jose Emilio
Barletti y Salvador Barbeito.
Agrega el declarante que entre la actividad ejercida por el Ministerio del
Interior estaba la vigilancia sobre aquellos sacerdotes denominados
"tercermundistas", existiendo un archivo de 300 personas con informaciones
detalladas.
En referencia al caso de los Padres Palotinos, el declarante posee en su poder
una agenda telefonica de uno de los sacerdotes, que guardo como prueba de que
dicha documentacion se encontraba en dependencias del Ministerio del Interior en
la epoca de referencia".
La reapertura
Tras siete anos del sobreseimiento del Juez Federal Guillermo Rivarola su colega
Nestor Blondi resolvio la reapertura de la causa el seis de agosto de 1984,
cinco dias antes el padre Cornelio Ryan, Delegado Provincial de la Comunidad
palotino irlandesa, habia solicitado la reapertura pidiendo se tomara en cuenta
el testimonio de los 2 jovenes que observaron parte del operativo llevado a cabo
en San Patricio la madrugada del cuatro de Julio de 1976.
Hombre prudente el padre Ryan habia acatado la orden del superior en Roma de
obrar con cautela durante la dictadura. El Delegado supo esperar, con la vuelta
de la democracia volvio a ponerse en accion.
Atras quedaban los dias en que concurria arriesgada y pacientemente al
Ministerio del Interior para solicitar informacion sobre el crimen, su
entrevista con el General Bignone, el militar que alguna vez le habia dicho
"Padre Ryan, no se nada, pero aun cuando lo supiera no se lo diria", su
advertencia al padre Stakelen para que cambiara el tono de sus homilias en las
que hablaba de las diarias desapariciones. Una manera de indicar, a pesar de la
manifestada ignorancia que el motivo del asesinato habian sido las homilias del
padre Kelly?
Con sus citas shakesperianas, su obstinacion y su frontalidad irlandesa, Co,
como lo llaman sus colegas, volvia a exigir la verdad.
La Esma
Acompanada por el Delegado Ryan y su abogado Graciela Beatriz Daleo entraba
nuevamente a Tribunales como ya lo habia hecho el siete de Setiembre de 1984
cuando la sobreviviente del campo de concentracion de la Escuela de Mecanica de
la Armada se presento a declarar que el Capitan de Corbeta Antonio Pernias, en
el tiempo que compartieron juntos en la Esma, habia dicho: "En la Iglesia habia
muchas manzanas podridas que habria que eliminar, como ya hicimos con los curas
palotinos".
El 30 de octubre del mismo ano el Juez Blondi cito al incriminado Capitan para
un careo con Daleo.
El marino declaro que si habia participado en un grupo de tareas destinado a la
lucha contra el terrorismo, nego en cambio que en la ESMA hubiera detenidos, que
solo se habia enterado de la muerte de los palotinos en el ano 1979.
Mientras tanto en el pasillo Ryan se lamentaba no haber podido enfrentarse con
Pernias, pero el grupo de corpulentos personajes que acompanaban al Capitan se
lo habia impedido.
Graciela Daleo fue llamada a comparecer, ya frente a Trueno, uno de los alias
del marino, observo el paso del tiempo en el abultado abdomen y la derrota
capilar sufrida por el Capitan. Observo tambien la impasibilidad con que Pernias
ante la pregunta del Juez, contesto:
- No conozco a esta senora.
Despues de todo, los dos anos de infierno en la Esma solo habian sido un mal
sueno.
Pero esperaba al desmemoriado marino una nueva incriminacion, esta vez de sus
pares.
En Agosto de 1985 el Cabo segundo Miguel Angel Balbi declaro espontaneamente
ante el Juez Blondi haber sostenido una conversacion con Claudio Vallejos (*),
quien trabajaba en el Apostadero Naval de Buenos Aires, Vallejos -segun declaro
Balbi- le comento que el dia del hecho y mientras se encontraba esperando frente
a la casa parroquial, se acerco un patrullero, mas especificamente el movil 100,
a cargo de un subcomisario o comisario inspector, y les pidio identificacion,
haciendo lo propio el Teniente Pernias, por lo cual el patrullero se retiro, que
bajaron Pernia, Aristegui y Cubalo, los dos ultimos Teniente de Fragata y
Suboficial respectivamente, quedandose Vallejos en el automovil, que era un Ford
Falcon agua marina y tambien dos personas del auto de apoyo, que era un Peugeot
504 color celeste, que Vallejos entro a la casa parroquial una vez que los curas
estaban muertos, en realidad el pensaba que no los iban a matar, sino que los
"chuparian"...
Vallejos, que habia estado detenido en la Unidad Penal 16 donde tambien estaba
en ese momento Miguel Angel Balbi, fue buscado para proceder a su detencion por
orden del Juez Blondi, pero solo se supo que habia abandonado el pais rumbo a
Brasil.
(*) Claudio Vallejos, D.N.I. N 13.831.862, clase 1958, se incorporo a la Armada
en el ano 1976, en el mes de Junio participo, segun sus declaraciones a la
revista "La Semana" del 26/7/86 en el secuestro del Embajador Hector Hidalgo
Sola. En la misma nota declara que el BIM, Batallon 3 de Infanteria de Marina,
donde se desempenaba Vallejos, cumplia tareas de apoyo en operativos de
represion a cargo ..............................en Octubre de 1976 segun una
orden del Almirante Emilio Massera.
El "arrepentido" Vallejos nada dice en sus declaraciones sobre su participacion
en la masacre de San Patricio.
GT 3
Dependia del Comando General de la Armada, ejercido en 1976 por el Almirante
Emilio Eduardo Massera, alias "Negro", y del Estado Mayor General Naval, cuya
jefatura ejercia el Vicealmirante Armando Lambruschini.
Senala, asimismo el dicente, que este GT tenia como sede de operaciones la
Escuela de Mecanica de la Armada (Esma) ubicada en la Avenida Libertador, casi
en el linde de la Capital Federal. Agrega que no puede precisar con exactitud la
jurisdiccion territorial del grupo, pero si sabe que se habia especializado en
la represion ilegal del grupo "Montoneros" "... En los dias subsiguientes al
atentado ( el de la superintendencia) se sucedieron una serie de brutales hechos
represivos con fusilamientos de prisioneros politicos en distintas partes de
Capital Federal y en el Gran Buenos Aires. El dicente no puede precisar ahora
detalles de estos hechos, dado el tiempo transcurrido. Paralelamente se llego a
la conclusion que el autor del atentado -es decir, quien coloco el artefacto
explosivo en el comedor de Seguridad Federal, fue un oficial ayudante de la
Policia Federal, de apellido Salgado, quien posteriormente fue secuestrado por
personal del GT3 y entregado para su ejecucion a la Policia Federal. Salgado,
segun cree recordar, fue asesinado en Pilar, provincia de Buenos Aires, junto a
otras treinta personas, volandose luego los cadaveres. El numero de victimas, en
esta oportunidad, coincidio con el numero de muertos en el atentado de Seguridad
Federal.
(Declaracion de Rodolfo Peregrino Fernandez ante la Comision Argentina de
Derechos Humanos)
Testimonio de Mariano Grondona
El abogado y periodista Mariano Grondona fue secuestrado durante unas horas por
un grupo armado en el mes de agosto de 1976 que lo liberó con la condicion que
llevara un mensaje a los obispos sobre que si seguian siendo condescendientes
con sacerdotes de izquierda "proseguirian los episodios como el de los palotinos
y sufririan una escalada hacia la jerarquia eclesiastica".
En su testimonio del 20 de noviembre de 1984 ante el Juez Blondi expreso: "Que
el grupo se manifesto perteneciente a las tres A. Que posteriormente a su
liberacion se entrevisto con el Nuncio Pio Laghi y con el vicario castrense
Tortolo. Que en la referencia hecha por los captores en relacion al asesinato de
los Palotinos no se habian atribuido directamente el homicidio".
Batallon 601
El 10 de julio de 1986 comparecieron Guillermo Arturo Beattle y Juan Carlos
Diaz, empleados civiles del Ejercito, ambos eran los dos hombres que buscando a
Rodolfo Capalozza se presentaron en Santa Isabel de Hungria ante el padre Sueldo
Luque con las falsas credenciales a nombre de Gerardo Abel .... y Jorge Claudio
De Marco. Interrogados por la utilizacion de identidades apocrifas dijeron haber
cumplido ordenes de su superior en el batallon 601, el en ese entonces Teniente
Coronel Riveiro.
Ante la citacion del Juez Blondi, el militar no accedio a declarar ante el
tribunal civil escudandose en que deberia hacerlo por su condicion castrense
ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.
Sera justicia?
Anibal Ibarra, Procurador Fiscal Federal en la causa N 7970 caratulada "Barbeito
Salvador s/ victimas de homicidio"
"... Veamos ahora que sucedio a partir de la recepcion en la Comisaria 37a. de
la Policia Federal de la noticia acerca de la existencia de dos automotores
sospechosos con gente en su interior que se comunicaban entre si en forma
personal y a traves de juegos de luces. Ante esa noticia que fue proporcionada
por el hijo del entonces gobernador de la provincia de Neuquen ante el temor de
un ataque terrorista contra su padre -que vivia en la esquina de la parroquia-
se comisiono un patrullero para que investigara la cuestion -recuerdese que
corria el ano 1976 y se estaba en una epoca en donde la violencia extremista era
por demas frecuente).
Arribado al lugar de los sucesos el entonces Ayudante Romano dialogo con uno de
los autores del multiple homicidio (el unico segun......... estaba en el lugar)
y viendo que el otro vehiculo sospechoso estaba vacio se "conformo" con la
presentacion de la documentacion personal del desconocido, con la exhibicion de
los papeles del rodado -nada de lo cual registro- y con la explicacion de que
estaba esperando a su novia que habia concurrido a una fiesta.
Esto es francamente increible y agrede el sentido comun. Una persona
experimentada en procedimientos policiales (ver sus propios dichos de F.s 184)
concurre en plena noche a un lugar en donde habia dos vehiculos sospechosos con
personas en su interior, que eran personas sospechosas por las actitudes
descriptas y que fueron observadas y denunciadas por Julio Martinez y se
encuentra, segun su version, con que uno de los autos estaba vacio y que solo
habia una persona que brindo una excusa tan sencilla como inexplicable con
relacion al accionar sospechoso que se habia denunciado.
Frente a ello, al Ayudante Romano no se le ocurrio preguntar sobre la posible
vinculacion con el otro automovil, ni realizar ninguna averiguacion sobre lo que
se le habia ordenado que aclarara, ni siquiera se le ocurrio comprobar si el
individuo estaba armado o si la fiesta aludida existia, o donde era. No, dicho
funcionario policial, no hizo nada de eso sino que, por el contrario, le creyo a
un desconocido -reitero en Julio de 1976- sobre quien una persona con sobrados
argumentos habia formulado una denuncia; para ser estrictos, no solo con
respecto a el sino contra varios sospechosos.
A esta altura, entonces, considero que el relato proporcionado por Romano es
increible -en el sentido literal de la palabra- por lo que debe desecharse.
Debemos en consecuencia buscar, sobre las pruebas colectadas, que es lo que
sucedio. Y, en esa busqueda, llego a la conclusion de que el Ayudante Romano
individualizo a las personas que estaban en uno de los Peugeot (y digo a las
personas porque el nombrado mintio cuando expreso que solo encontro a una, lo
que se desprende, ademas de la secuencia logica de los hechos y de las
manifestaciones de Julio Martinez.
... En tales condiciones es evidente que los integrantes del rodado le hicieron
saber que la intencion de ellos no era el General Martinez sino que, por el
contrario "reventarian a unos zurdos". Eso, obviamente, tranquilizo al Ayudante
Romano, quien se dirigio entonces a avisar al custodio del mencionado ex
gobernador de Neuquen lo que realmente iba a ocurrir.
Esta forma de ocurrencia de los sucesos surge, como se dijo, de las pruebas
referidas y, por otra parte, explica la inmediata retirada del patrullero del
escenario del crimen, la omision por parte del comisario Rafael Fensore de
incorporar al expediente ese importante incidente -recien se hizo tres dias
despues de producido el multiple homicidio y a partir de la directa intervencion
del entonces juez federal, la escueta declaracion recibida por el nombrado
Fensore a Julio Martinez y otras cuestiones que, de otra forma, no admitirian
explicacion (ver declaraciones del sacerdote Sueldo Luque donde relata las
anomalias que advirtio en el procedimiento policial)
Resulta asi que el entonces Ayudante Romano supo, en el cumplimiento de sus
funciones, lo que iba a ocurrir en la Parroquia San Patricio y con su actitud
-tratando incluso de evitar la posible intervencion del custodio del General
Martinez- permitio que ello ocurriera, por lo que solicito su procesamiento.
Tambien, y por todo lo antes expuesto, solicito el procesamiento del
ex-Comisario de la Seccional 37a. de la Policia Federal Rafael Fensore.
Proveer de conformidad
Que sera justicia
Anibal Ibarra
Fiscal
Los abogados de Romano y Fensore presentaron un pedido de prescripcion de las
causas en 1986, pero ante la importancia de las acusaciones: encubrimiento,
complicidad y el incumplimiento de funcionario publico, el juez rechazo el
pedido.
En el mes de Junio se dispuso la segunda clausura de la causa provisional de la
causa. Al mismo tiempo, finalmente se hizo lugar a la solicitud de prescripcion
de la accion iniciada contra Fensore y Romano, los que fueron desprocesados.
Barrio de Belgrano
"El barrio era caldo de cultivo para que pasara lo que paso" concluyen varios de
los antiguos feligreses de San Patricio.
"Que en la esfera de la Policia Federal Argentina, el aparato represivo ilegal
comenzo a estructurarse a partir del ano 1971 en torno a la figura del Comisario
General Alberto Villar, quien se desempenaba entonces como Director General de
Orden Urbano, cargo que comprendia la jefatura de los principales cuerpos
represivos policiales, Guardia de Infanteria, Policia Montada, Unidades moviles
de Represion y Division Perros. Estos cuerpos estan especializados en la lucha
contra la guerrilla urbana y en la represion politica. Desde sus funciones
oficiales, Villar comenzo a desarrollar en torno suyo una estructura paralela
para la realizacion de acciones violentas ilegales.
Los integrantes de esa estructura paralela se organizaron como una especie de
logia o club, llamado "De las caras felices", que se reunian habitualmente en la
sede de la Fundacion Salvatori, en el barrio porteno de Belgrano. El presidente
de la Fundacion, era amigo personal de Villar y conocia el caracter de las
reuniones que se realizaban..."
(Declaracion prestada por el ex oficial de la Policia Federal Rodolfo Peregrino
Fernandez ante la Comision Argentina de Derechos Humanos)
"... Habiendo sido presidente de la Liga de Padres de Familia de la Parroquia,
teniendo relacion con el extinto padre Pedro Dufau, de quien era amigo. Que dejo
de ser presidente de la mencionada Liga hace cuatro anos. Que a partir de 1974
se produjo un acentuado vuelco en la predica y en los sermones. La tendencia fue
hacia la izquierda en forma muy acentuada. Tanto es asi, que el padre Petty, que
estimo es jesuita, en un sermon efectuo el elogio de la guerrilla. De quien
posiblemente influyo en ese vuelco fue el parroco, padre Alfredo Kelly. Que
contrario a esas ideas en forma total era el padre Dufau, quien, inclusive, le
aconsejo que se retirara de la parroquia, lo que asi efectuo el declarante junto
a otros feligreses. Que el padre Kelly estaba relacionado con muchos jovenes,
quienes eran los que concurrian a la parroquia, siendo estos jovenes, totalmente
ajenos al barrio, y por ende, de la parroquia. Que por sus actitudes, cantos,
etc., era evidente que pertenecian al llamado "Tercer Mundo"..."
(Testimonio brindado ante el Juez Rivarola el 30 de Setiembre de 1971 por el
Vicecomodoro retirado Mario Alfredo Barcena cuyo domicilio linda con la
Parroquia de San Patricio)
Mas interrogantes
Donde se firmo la sentencia de muerte de la comunidad de San Patricio?
En el Dorado, el salon de la Escuela de Mecanica de la Armada, donde se
realizaban las planificaciones de los operativos a cumplir?
Fue su director Ruben Jacinto Chamorro o su subalterno Jorge Acosta (a) El
tigre, quien decia "escuchar la voz de Jesucristo diciendole quien se iba para
arriba" los que impartieron la orden al GT 3 mandado por Antonio Pernias?
Quienes aportaron los informes que provocaron la masacre?
Ex miembros del vecino Club de las Caras Felices, miembros del activo batallon
de Inteligencia 601, o simplemente vecinos de la parroquia relacionados con el
poder militar?
Cuantos de los integrantes del gobierno de facto conocieron autorizacion?
El General Carlos Guillermo Suarez Mason (a) Sam, al mando de la zona 1 en su
despacho del regimiento de Avenida Santa Fe y Bullrich, el hombre bajo el cual
estaba desde el 24 de marzo de 1976 todo lo relacionado con las operaciones
represivas de la Policia Federal?
Fue la reaccion de miembros de la Policia Federal, molestos por el apego a la
Ley del General Corbetta?
Un operativo conjunto de grupos de la Armada y el Ejercito?
De que dependencia oficial partieron los verdugos en sus autos Peugeot?
Quienes se dividieron el importante botin de guerra, un reloj de oro que
celebraba cuarenta anos de vida sacerdotal y un auto de carrera en blanco y
dorado, que buen padre de familia, entre los integrantes del grupo asesino, lo
ostento como trofeo?
Un periodista
La Camara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional iniciaba la
segunda semana del juicio oral y publico a los Comandantes del Proceso de
Reorganizacion Nacional.
El subdito britanico que con ayuda de una interprete testimoniaba el lunes
veintinueve de abril de 1985 ante el tribunal que presidido por el doctor Leon
Arslanian juzgaba a Videla, Massera y Agosti, entre otros de los militares
integrantes de las tres primeras juntas que gobernaron el pais, se encontraba
agobiado por los recuerdos que volvian a el despues de seis anos de haber
abandonado Argentina.
Tres dias antes su testimonio se vio frustrado por la emocion y la fatiga que
ocasionadas por el viaje desde Charleston, su lugar de residencia en Estados
Unidos, y los interrogatorios preliminares se hacian evidentes en el testigo.
Tambien en Abril, pero veintiseis anos atras, Robert Cox habia llegado a
Sudamerica contratado por el periodico Buenos Aires Herald. Aqui se habia casado
con una argentina con la que tuvo cinco hijos. Desde 1968 en que fue nombrado
director del mismo diario trato de darle un perfil mas localista, las noticias
ya no serian mas sobre Buckingham Palace o la Casa Blanca, los lectores de habla
inglesa tambien se enterarian de lo que ocurria con la Triple A o con
montoneros, y finalmente sobre la represion militsr.
La objetividad de sus notas editoriales que el diario reproducia en castellano
en paginas interiores le valio el ser tildado de "comunista" por sectores de
derecha o de "imperialista" por la izquierda. Las amenazas que llegaban al
diario solian tenerlo como destinatario, su posicion conocida por el gobierno
militar a traves del apoyo que el Herald brindo a organismos defensores de los
derechos humanos lo puso en la mira del regimen junto con articulos de
periodicos franceses y norteamericanos, sus notas sobre los efectos de la
dictadura eran traducidos por prisioneros-desaparecidos en el campo de
concentracion montado en la Escuela de Mecanica de la Armada.
La difusion que el diario hizo de la conferencia de prensa brindada por
Montoneros en Roma en Abril provoco su arresto en Junio de 1976 en los calabozos
de la Superintendencia de Seguridad Federal. Paradojicamente en el momento en
que llegaron a la redaccion de la calle Azopardo, Cox escribia un editorial
sobre la implementacion de la legalidad en las detenciones. Despues de su
liberacion las presiones continuaron sobre su familia, en especial sobre su hijo
Peter, la indefension de este y el resto de sus pequenos hijos lo llevo a la
postergada decision de abandonar el pais en Diciembre de 1979.
Muchos de estos recuerdos, el clima de fiesta con que muchos sectores vivieron
el golpe de 1976, la incomprension, el alejamiento de algunas de sus amistades
por considerar su trato peligroso acompanaban a Robert John Cox en el momento en
que desde el estrado de los testigos se referia al asesinato de los palotinos de
Belgrano.
- "Con Pio Laghi nos reunimos en una habitacion en penumbras de la Nunciatura,
nos sentamos muy cerca uno del otro junto a una mesa baja, estabamos los dos
solos, Pio Laghi y yo, ambos teniamos la misma impresion, que esto no era un
incidente aislado, sino que era una de las piezas del rompecabezas que iban
cayendo en su lugar, por supuesto, el sabia mucho mas que yo...
Recuerdo cuales fueron sus palabras, me dijo "yo tengo que darle la hostia a
Suarez Mason, puede imaginarse lo que siento como cura" hizo un gesto que no
considero para repetir aqui, ante este tribunal y dijo "senti ganas de pegarle
con el puno en la cara".
... No creo que en ese momento Pio Laghi supiera quien era el responsable, yo
creo, no puedo jurarlo, ahora si sabe quien es el responsable y su critica, si
esa fuera la palabra apropiada al General Suarez Mason, reflejaba su tristeza y
horror frente a otros episodios que se habian producido. Y creo que el hacia
responsable a Suarez Mason por cuanto estaba en el area bajo el comando de
Suarez Mason..."
Balance
La pregunta durante estos anos ha resultado inevitable.
Por que?
No hay un respuesta claro ni unilateral. Fue un ataque destinado a silenciar a
la Iglesia? O a sectores religiosos de izquierda?
La eleccion de un grupo de religiosos de una congregacion que no tenia un gran
peso dentro de la Iglesia de Argentina, que no pertenecian como grupo a sectores
de los mas avanzados, de los mas comprometidos.
La sorpresa de los integrantes de estos sectores al conocerse la masacre de los
palotinos fue grande. Por que a ellos? Surgieron otras interpretaciones que
intentaron contestar esta pregunta. Muchos quisieron ver en el hecho un error en
la eleccion del blanco a atacar.
Para avalar esta hipotesis se han tenido en cuenta: la confusion de Rolando
Savino al identificar a Emilio Neira y no a Emilio Barletti. La insostenible
version acerca de un error de los asesinos al atacar a la comunidad palotina en
lugar de la pasionista sin tener en cuenta que los documentos de las victimas se
hallaban a los costados de los cadaveres.
La militancia de Emilio como causa del asesinato tampoco es verosimil si tenemos
en cuenta las ultimas paginas del diario de Alfie Kelly "... Y mi muerte fisica
sera como la de Cristo un instrumento misterioso, el mismo Espiritu ira a alguno
de sus hijos, pedi para que fuese a Jorge y a Emilio..."
Las amenazas de muerte, los rumores y calumnias tenian a Alfie como protagonista
y no al seminarista al que la logica (no del todo ausente en los operativos de
la represion) hubiera convertido en un desaparecido mas.
Mas alla de las especulaciones, lo cierto es que a veinte anos de la madrugada
del cuatro de julio de mil novecientos setenta y seis no se conocen con certeza
absoluta a los autores del crimen, la Armada, el Ejercito, grupos
parapoliciales. Las sombras siguen protegiendolos.
De ocho a diez hombres ejecutaron la masacre de San Patricio, cumpliendo sin
duda las ordenes impartidas por otros hombres que contaron con la complicidad de
otros mas.
Hasta el momento las sordas almohadas han sido las confidentes de las
conciencias infectas, como cita el padre Ryan.
Pero ha sido definitorio el silencio de las Fuerzas Armadas, la ausencia de una
investigacion cabal, la ley de Punto Final, para que la masacre de San Patricio
sea una afrenta mas a la justicia...
Mientras tanto esos hombres, los asesinos caminan entre nosotros, comulgan entre
nosotros.
Si el ultimo rehen de las Fuerzas Armadas ha sido la informacion reclamada a lo
largo de los anos por organismos de Derechos Humanos, la justicia ha sido el
primer rehen de la Democracia en Argentina.
Fuente:
www.fivemartyrs.org
Informe
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
University of Minnesota - Human Rights Library
Eduardo Kimel v. Argentina, Caso 720/00, Informe No. 5/04, Inter-Am. C.H.R.,
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