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Un aspecto poco conocido de Roque Dalton: "KIm Il Sung, una vida por la revolución", en Revista Punto Final, 28/03/72
 

Una hora con Roque Dalton

Entrevista por Mario Benedetti [Publicado en Marcha, febrero-marzo de 1969]
 
El jurado de poesía del Premio Casa de las Américas (integrado por Efrain Huerta, de México: José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de Haití: y Roberto Fernández Retamar, de Cuba) tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embargo unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más vitales y removedores de América Latina, sino también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico. Roque Dalton (autor de La taberna y otros poemas) nació en San Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Estudió antropología y derecho. Es miembro del PC salvadoreño desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista, participando activamente en la política de su país. En varias oportunidades ha estado preso por su actividad revolucionaria, y en 1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar. Posteriormente ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964 fue nuevamente apresado, pero esta vez consiguió fugarse. En los últimos años ha residido en Checoeslovaquia y Cuba. Su obra poética y ensayística ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado tres libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del ofendido, 1963; Los testimonios, 1964.

MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu poesía?
ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a determinada altura, tampoco resultaron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas.

MB:En esta etapa precisa ¿usas también la poesía de personajes?
RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro premiado está cargado de personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es quien puede resolverla.

Acta

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.


Roque Dalton

MB: ¿Y la zona subjetiva?
RD: También existe, por supuesto. Incluso para enfrentar la historia hay expresiones de ese tipo: simplemente opiniones que surgen de una apreciación subjetiva de la realidad.

MB: ¿Cómo calificarías La taberna y otros poemas con respecto a tu obra anterior? ¿Continuidad o ruptura?
RD: Yo diría que ambas cosas. Desde el punto de vista del desarrollo de la expresión, es continuidad. Ahí están presentes la poesía de personajes, la índole narrativa, la utilización de la anécdota, etc. Pero es también ruptura en la medida en que plantea, y acentúa de una manera nueva, la expresión política, llevando así el conflicto a lo ideológico, y rompiendo con una serie serie de estructuras caducas del movimiento revolucionario en el que de algún modo estoy inmerso.

MB: Tengo entendido que el primer título fue "Poemas problemas".
RD: Exactamente. Ese título tenía para mí dos significados: por una parte, yo estaba entonces influido por el movimiento de poesía concreta y quería jugar un poco con la tipografía (ahora la poesía concreta ha dejado de interesarme como juego tipográfico): fíjate que la palabra problemas sólo tiene tres letras más que la palabra poemas. Aparte de eso, reflejaba, desde el punto de vista del contenido, la esencia de lo que yo quería expresar en este libro, es decir: poemas que, al sumergirse en la lucha ideológica, se convertían ellos mismos en problemas.

MB: ¿Y por qué le cambiaste el título?
RD: La situación planteada en el libro es verdaderamente problemática: acentuarla más aún desde el título, hubiera sido repetitivo, tautológico.

MB: Creo que el gran poema del libro es el titulado "Taberna". También fue el que más impresionó a los jurados, a pesar de su inusual extensión. ¿Cuál fue su génesis?
RD: "Taberna" es virtualmente una crónica de los esquemas mentales de un sector importante de la juventud checa, en los años 1966 y 1967. El método de trabajo fue el siguiente: hay en Praga una taberna muy famosa, una cervecería que data del siglo XIII, llamada Ufleku, donde se reúne la juventud checa a beber cerveza y a conversar; también concurren muchos extranjeros residentes en Praga. En varias oportunidades, escuché allí trozos de conversaciones; eran de tal interés (sobre todo si se considera el marco en que se daban: un país socialista, a veinte años de revolución) que me impulsaron a tomar apuntes. De pronto me di cuenta de que eso era un material sociológico y que yo estaba efectuando una suerte de furtiva encuesta acerca de toda una ideología. Confieso que empecé sin propósitos demasiado definidos, simplemente ordenando lo que recogía; luego pensé que el posible mérito era la propia existencia de ese material, y que el trato más adecuado debía ser una rigurosa objetividad. Me decidí entonces a construir un poema, debido a que las expresiones recogidas tenían suficiente calidad literaria; un poema en el que fuera posible introducir aquellas expresiones, de­jando que por sí mismas construyeran sus posibilidades de conflicto. Las yuxtapuse y les di algún tipo de montaje, pero sin intención de jerarquizarlas entre sí. Algo así como un poema-objeto; sin embargo, la carga política era tal, que dejó de ser un poema-objeto para convertirse en algo eminentemente político.

MB: Desde un punto de vista formal ¿qué dife­rencia hay entre el procedimiento que utilizaste y el corrientemente usado por etnólogos o antropólogos? Pienso en Oscar Lewis, o, para mencionar un ejemplo cubano, en Miguel Barnet.
RD: En el caso de Barnet, había un propósito original. No hay que olvidar que Miguel tiene forma­ción científica y trabajó con la intención de reconstruir un período de la historia cubana. En cambio, mi punto de partida fue mucho más ingenuo. Yo partí del asom­bro político que, como comunista extranjero en Praga, experimenté al enfrentarme con un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que llevaba vein­te años de socialismo. Además, la experiencia del so­cialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido ele lo heroico, el fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario, eran desde luego el pan de cada día para la juventud; en cambio, la problemá­tica planteada por los jóvenes praguenses, era una mes­colanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, es­nobismo, nihilismo; o sea una cantidad de formas ideo­lógicas que el imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se encarga de oprimir.

MB: Ya sé que hay inevitables distorsiones de la memoria, y no me refiero a ellas cuando te hago la pregunta: ¿nunca pusiste en boca de los jóvenes alguna expresión inventada?
RD: Prácticamente no inventé nada. Claro que en la labor ele montaje hubo algunos giros complemen­tarios. Y eso daba la continuidad de un pensamiento a otro. A veces, ante la perspectiva de que un pensamien­to pudiera ser mejor entendido con el agregado de una metáfora, hice anotaciones en ese sentido. Por ejemplo, hay un momento en que hablan de Africa en una forma un poco despectiva. Entonces construyo una metáfora cam gala de ese contenido de menosprecio, y pongo en boca de uno de los muchachos estas palabras: "Africa, ese mercado negro". Nadie las dijo nunca en la taberna, pero son un afinamiento de lo que querían decir.


Buscándome líos, poema de Roque Dalton leído por Julio Cortázar (Poesía Trunca, Cuba, 1978)

MB: La sección checa del libro ¿fue escrita an­tes o después de los acontecimientos de agosto de 1968?
RD: Fue escrita en los años 1966 y 1967, o sea cuando viví en Praga.

MB: Me parece importante destacarlo, porque los sucesos de 1968 pueden cargar tus poemas de un sentido muy particular.
RD: Desde luego. Mis poemas representan la visión de un latinoamericano, en esos aros, o sea cuando se estaban gestando muchos de los conflictos de hoy. La parte checa es la sección final del libro. La parte intermedia es una visión de mi país, a partir de una mirada extranjera. Otra vez una poesía de personajes. Pongo a hablar a los integrantes de una familia inglesa, muy decadente y aristocrática, que llega a El Salvador con el objeto de rehacer su fortuna, perdida en Inglaterra, y que se enfrenta a las condiciones de un país subdesarrollado, con la actitud de la aristocracia inglesa venida a menos. Tuve noticias de esa familia por expresiones que le oí a mi padre (quien, como sabes, era norteamericano), refiriéndose a la total incomprensión con que esos ingleses miraban el país. Esbocé esos personajes melancólicos, y construí una serie de poemas que son una manera de reirnos los latinoamericanos de la visión que de nosotros tienen los europeos. Por último, y ya que seguimos un orden inverso, la parte introductoria del libro está compuesta por una colección de poemas sin mayor unidad, acerca de temas varios.

MB: Y la línea amorosa, que ha sido bastante importante en tu poesía, ¿prosigue en este libro?
RD: Sí. Prosigue en todos los niveles; tanto en los poemas sueltos, donde hay problemas amorosos perso­nales, como en los referentes a la familia inglesa, donde se tiene en cuenta el conflicto amoroso decadente. Por último, están presentes algunos aspectos del amor en el seno de una sociedad socialista, cuando el amor y la sociedad se enfrentan desde el punto de vista de una conciencia deformada. Es el caso de la decantación del amor sobre la base de una vida común, cimentada en falsos valores. Hay un poema que se titula "Historia de un amor" y que está integrado por una serie de do­cumentos sobre el destino trágico de una pareja, formada por un extranjero y una muchacha checa que se casan en Praga y empiezan a vivir falsamente el socialis­mo; finalmente, el matrimonio se destruye de la manera más burguesa posible.

MB: Por los fragmentos que conozco de tu libro, y por lo que ahora me cuentas, veo que podría ser considerado como poesía comprometida. Ahora bien, ¿qué sentido le das al compromiso?
RD: Me parece que para nosotros latinoamericanos ha llegado el momento de estructurar lo mejor posible el problema del compromiso. En mi caso particular, considero que todo lo que escribo está comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha armada. A este nivel, entiendo que nuestro compromiso es irreductible, y que todos los otros niveles del compromiso teórico y metodológico de la literatura con el marxismo, con el humanismo, con el futuro, con la dignidad del hombre, etc., deben discutirse y ampliarse, a fin de aclararlos para quienes van a realizar prácticamente ese compromiso en su obra y en su vida; pero en nosotros, escritores latinoamericanos que pretendemos ser revolucionarios, el problema del compromiso de nuestra literatura debe concretarse hacia una determinada forma de lucha.

MB: Dentro de esa acepción ¿qué lugar dejas a aquellos autores que escriben cuentos fantásticos, o cuentos realistas no referidos a una concreta realidad política, y que en su actitud personal tienen en cambio una militancia?
RD: No creo que este problema se resuelva a nivel de géneros. Un combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-ficción, ya que la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los significados, últimos o inmediatos, de una gran literatura de ficción, estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos razones para plantear la obligación de que el escritor militante se reduzca genérica o temáticamente a una línea muy estrecha. Partamos mejor del otro extremo, o sea de su actitud ante la lucha re­volucionaria. Una vez que este problema está resuelto, el asunto de los géneros y del rumbo literario servirán para enriquecer la línea revolucionaria que ha escogido en su vida. Por otra parte, y tal como lo cita la última declaración del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas, en la lucha de clases se cumple también el papel de arrebatarle a la burguesía el privilegio de la belleza, como lo sostiene Regis Debray. En el terreno literario, las relaciones entre la militancia y la literatura como resultado de la creación de un revolucio­nario, sólo pueden ser positivas. Hay otro terreno en el que sí podría haber conflicto, y es a nivel ideológico. En la medida en que, a través de la literatura, se plantea­ran ideológicamente posiciones que estuvieran en con­tradicción con la militancia revolucionaria, se originaría un conflicto, del cual no tiene culpa la literatura corno tal; se trataría más bien de un problema ideológico del escritor. Ahí es donde cabe situar el problema de las famosas "desgarraduras" entre el poeta y el militante po­lítico, cuando ambos son la misma persona. "Desgarradura" es un término que se ha acuitado para ocultar que se trata de nn problema ideológíco; si se le quiere seguir llamando así, habrá que decir que se trata de una desgarradura ideológica, y que por tanto debe solucionarse a nivel ideológico.


El asesinato de Roque Dalton. El relato de su hijo Jorge sobre la impunidad que rodeó su muerte.

MB: En tu caso personal, ¿ha habida conflicto entre tu militancia política y tu calidad de escritor?
RD: En alguna ocasión me han preguntado eso, y muy a la ligera he dicho que no. Lo que he querido decir es que para mi ha sido posible estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestinidad, en condiciones difíciles. Pero evidentemente existe otro nivel, He tenido conflicto cuando he tenido problemas ideológicos. Cada vez que he experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una contradicción entre una posición política y una posición ideológica expresada en mi literatura. En la medida en que pude superar mis debilidades en este terreno, di pasos hacia adelante; en la medida en que no los pude superar, tengo aún conflictos. Hay una serie de aspec­tos de la revolución, muchos de ellos planteados a es­cala mundial, frente a los cuales yo posiblemente no tengo conceptos muy claros, y por lo tanto siento que me afectan; pero, como te decía antes, son cuestiones absolutamente resolubles en el plano ideológico.

MB: Como sabes, hace tiempo que me vienen preocupando los problemas derivados de las relaciones entre el intelectual y el socialismo, entre el escritor y la revolución. Muchas veces juzgamos esa relación en base a prejuicios pequeñoburgueses y a un concepto liberal de ciertas palabras claves; también en otras épocas fueron propuestos como soluciones ciertos métodos relacionados con el stalinismo. Personalmente creo que la verdadera solución no está en ninguno de esos planteos. Quizá debamos crear una nueva relación entre el escritor y la revolución. O acaso inventarla. Me gustaría conocer tu opinión sobre esto.
RD: Bueno, tú partes de realidades concretas que nos ahorran definiciones. Por un lado, prejuicios peque­ñoburgueses que se interponen entre el escritor y las instituciones del socialismo, entre el artista y la revolución en el poder; y por otra parte las metodologías, des­tinadas a resolver este tipo de relaciones, que otorgara el stalinismo en el pasado. Creo también que usaste una palabra justa para hacer la proposición: hablaste de inventar nuevos métodos y nuevos contenidos en la relación del escritor con el socialismo institucionalizado.
Desde luego, se trata de una labor muy amplia, que debe ser de invención común, en la cual participen los creadores, los hombres de cultura, el Estado, las instituciones del socialismo, pero todos en relación con el pueblo, que en definitiva es el destinatario último y el productor primario de toda la materia cultural, en cuya elaboración no somos sino intermediarios. En las grandes perspectivas de esta invención no deben por lo tanto interponerse proposiciones según las cuales los creadores seamos simples dictadores de viejas opiniones, ni tampoco que se introduzcan por algún resquicio los métodos stalinistas que sentaron jurisprudencia para resolver determinados problemas en este terreno. La cues­tión es verdaderamente profunda y tiene que ver con los fines últimos de la revolución. En la actualidad hay que darle particular importancia a este problema; todos estamos obligados a participar en su solución, así como a iniciar la discusión con un nuevo estilo, dispuestos a llamar a los problemas por su nombre y a no perder jamás la objetividad. Debemos hacerlo con un criterio revolucionario, marxista, científico, apegado a la expe­riencia histórica y a las perspectivas concretas del fu­turo, tal como se trabaja cuando se planifica una zafra, la apertura de una nueva rama industrial o las relacio­nes internacionales de un Estado. Entiendo que pode­mos ver estas posibilidades con optimismo. En nuestros paises, sobre todo en el lugar donde el socialismo se ha encarnado realmente en nuestro hemisferio (me refiero a Cuba), se abren reales posibilidades de una instauración de nuevas relaciones y de inventarlas con auda­cia (precisamente la audacia ha sido una característica de esta revolución), con la mirada puesta en América Latina, ya que Cuba es el inicio de la revolución latinoamericana.

MB: Mencionaste la dimensión histórica, y también la audacia de la experiencia cubana. Me parece que si a esa audacia agregamos una modestia verdadera por parte del creador, tal vez encontremos los elementos para resistir a dos de las más riesgosas tentaciones que padece hoy el intelectual: ser fiscal de la historia, o ser víctima de ella.

RD: Tocas un problema importante. Los intelectuales tendríamos que concurrir a la elaboración del nuevo tipo de relaciones entre el artista y la revolución, con absoluta conciencia de ese tipo de peligros. La última experiencia histórica nos demuestra que, precisamente por nuestras debilidades ideológicas, por nuestros prejuicios pequeñoburgueses, por el tipo de sociedad en la que hemos estado inmersos y que tanto nos ha deformado, tratamos de preservar nuestra individualidad hasta territorios que contradicen las raíces mismas de nuestros ideales humanistas. ¿Qué les ha pasado a los grandes poetas que han tratado de convertirse en fiscales intocables de la vida pública, o a los escritores que, en nombre de una supuesta libertad intocable, tratan de convertirse en víctimas de la historia? A pesar de lo conmovedores que puedan parecernos sus avatares, debemos reconocer que uno a uno han ido cayendo y han terminado por incorporarse, muchas veces a pesar suyo, a la gran industria del espectáculo editorial, del gran show editorial que, detrás de su apariencia luminosa, tiene intereses concretos que pueden responder al ene­migo. Cuando una personalidad que maneja los proble­mas de la conciencia, de la historia, de la cultura, y que muchas veces ha sido portavoz de grandes inquietudes de nuestras masas, cuando un poeta a quien el pueblo le ha dado su calor, cae n la industria del espectáculo a que aludo, se convierte de inmediato en un elemento más de la enajenación de nuestras masas populares y por lo tanto pasa a cumplir una labor histórica franca­mente negativa, reaccionaria. Ninguno de nosotros esta libre de caer en ese riesgo, y por eso la vigilancia sobre nosotros mismos y sobre nuestros compañeros debe man­tenerse, en un sentido revolucionario, a pesar de que los evidentes errores cometidos en el pasado por parte de instituciones de estados socialistas, nos pongan muchas veces en guardia contra ciertas palabras. Estamos entre revolucionarios y dejaríamos de serlo en el momento en quo entregásemos las armas de la crítica; pero no simplemente corno escritores, sino también co­mo ciudadanos de un país, como revolucionarios de fila. Además, como escritores, tenemos derecho a la crítica, y a plantear los problemas en el nivel que sea, y con la profundidad que nos imponga nuestra conciencia. Sin embargo, debemos estar vigilantes con respecto a la otra situación: seamos responsables ante nosotros mis­mos de esos peligros que tú has señalado, en la medida en que estemos dispuestos a no ofendernos por llamarnos servidores de nuestros pueblos. Si hay escritores a quienes les parece denigrante servir al pueblo, franca­mente no vale la pena que hablemos de ellos.

MB: Así como decíamos que conviene estudiar la relación entre el escritor y el socialismo, dentro de un estado socialista, creo que también deberíamos estudiar los problemas derivados de la presencia de un escritor revolucionario dentro de una sociedad de impron­ta capitalista, o sea dentro de un mercado de consumo.
RD: Cuando apuntábamos que un escritor inser­to en un país socialista puede caer en la tentación de la industria mundial del espectáculo editorial, o sea la industria que persigue la enajenación de las masas populares, estábamos señalando un peligro real pero también excepcional. En cambio el escritor que trabaja en el mundo capitalista, vive inmerso n una situación presidida por un gran aparato que por lo general está al servicio de la ideología del enemigo, y por lo tanto corre el riesgo de convertirse en su víctima inmediata. Aun el escritor que se rebela, aun el escritor que es digno de su papel y lucha contra la enajenación, puede ser una víctima de ese aparataje y ser aludido desde diferentes niveles.

MB: Algo así como una "operación seducción".
RD: O una "operación soborno", que incluye maniobras destinadas a dotarlo de, una buena conciencia a pesar de las concesiones que poco a poco se le puedan arrancar. Todo está destinado a un fin último: asimilarlo al gran aparato de enajenación, montado en contra de nuestras masas populares.

MB: El mero hecho de neutralizarlo, ¿no es acaso un buen dividendo para el enemigo?
RD: Desde luego, en este aspecto el enemigo ejerce una acción cotidiana, costosísima, que se manifiesta en todos los órdenes de la vida cultural: ediciones lujosas, excelente promoción del libro, gloria efímera, la posibilidad de convertirse en una suerte de prostituta intelectual, muy bien pagada, o un payaso simpático, al servicio de los intereses más inconfesables, aunque a veces, en los mejores y más inocentes de los casos, no se tenga conciencia de ello. Lo que me produce preocupación es que tales maniobras de seducción alcancen a muchos de nuestros compañeros y que éstos no adviertan que al caer en la falta de seriedad, en la payasada, o en, las concesiones directas al enemigo, están contribuyendo a crear en los pueblos la imagen de que al intelectual promedio sólo le interesa la frivolidad, la publicidad, la tontería.


Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres

MB: Por eso mencionaba la modestia. Dentro de la operación-seducción, uno de los elementos que mejor maneja el enemigo es un fino tratamiento de la vanidad. Frente a la modestia verdadera, una modestia que es también orgullo, el imperialismo se siente desarmado. Ahora, volviendo a tu poesía,, ¿cómo crees que este libro que acaba de ser premiado, y tu poesía en general, se insertan en la literatura salvadoreña?
RD: Los orígenes culturales de mi producción, y el hecho de tratar, por medio de la literatura, de volver a mi país, con una visión tal vez enriquecida por la experiencia del exilio, son en realidad contribuciones de mi país a lo que yo hago. Hay además ciertos esquemas mentales, ciertas estructuras de lenguaje, que desde lue­go son absolutamente salvadoreñas. Pero en lo que se refiere a mi obra poética, no creo que sea continuación, o que haya recibido influencia decisiva, de quienes han escrito poesía en El Salvador. Por el contrario, en un porcentaje bastante alto he partido de un rechazo con respecto a la poesía que anteriormente se había escrito en mi país, poesía muchas veces inofensiva, que rara vez ha ido al fondo. Y esto no es sólo una apreciación personal, sino que es también lo que dice la crítica salvadoreña respecto de lo que allí se conoce de mi poesía. Precisamente se ha señalado su carácter de ruptura.

MB: ¿De cuál de los nuevos poetas salvadoreños te sientes más cerca?
RD: Fundamentalmente, de Manlio Argueta. Es un poeta de mi edad, que por cierto se ha convertido últimamente en un novelista muy valioso. La poesía de Argueta está dentro de una línea muy renovadora: es desenfadada, de gran amplitud temática. Hay también un muchacho nuevo, muy joven: Alfonso Quijada. No ha publicado ningún libro, pero conozco poemas sueltos que revelan un auténtico talento. También un poeta ca­tólico, David Escobar Galindo, muy joven también pero con grandes posibilidades de desarrollo. Y desde luego, Roberto Armijo, de mi promoción: no sólo como poeta, también como ensayista nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de problemas sobre nuestra cultura na­cional.

MB: Está asimismo tu inserción en la. poesía la­tinoamericana actual. Alguna vez escribí que había dos familias de poetas latinoamericanos, la familia. Neruda y la familia Vallejo. ¿A cuál de ellas sientes que perteneces?
RD: Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace tiempo. De todos aquellos que surgimos impulsados por el clima de Va­llejo (aunque a esta altura no sé si quedará algún rastro en nuestra expresión formal), descarnado y humano, me siento cerca de poetas latinoamericanos como Juan Gelman, Enrique Lihn, Fernández Retamar, Ernesto Cardenal.

MB: Y aparte de los latinoamericanos, ¿cuáles son tus poetas mayores?
RD: Tal vez un grupo de poetas franceses, muy disímiles entre sí. De cada uno he tomado algo. Pienso en Henri Michaux, Jacques Prevert, y (a pesar de que nadie me crea) Saint John Perse. Los leí casi simultá­neamente y ejercieron una notable influencia sobre mí. También algunos poetas de lengua inglesa, como Eliot o Pound. Sin embargo, creo que mi poesía, sobre todo a partir de El turno del ofendido, se nutrió de otros géneros en mayor grado que de la poesía. Por ejemplo: la novela, el cuento, y hasta el cine. Conscientemente tra­té de propiciarme climas generadores de una actividad poética.


Poemas de Roque Dalton en la mítica revista Crisis. Clic para descargar el número 2 (junio de 1973) completo en pdf

MB: ¿Y cuáles serían esos novelistas?
RD: En el caso de El turno del ofendido, hay conexión (testimoniada a veces por epígrafes) con la no­velística de Faulkner, e incluso con la de Hemingway, a pesar de que por su sequedad no parece el más indicado para darle a uno aliento poético. Quizá ello se haya debido a que ya por ese entonces me estaba orientando hacia una poesía de ideas, y lo que encontraba en los novelistas eran precisamente ideas. Creo que ésa fue la mecánica de la influencia. Y luego la novela latinoame­ricana, con la que me he sentido especialmente a gusto en los últimos tiempos. Aquellos escritores que hicieron novela en tanto poetas, como es el caso de mi ex-amigo Miguel Angel Asturias, nunca ejercieron influencia so­bre mí. Yo leía las novelas de Asturias como grandes poemas surrealistas. Distinta es la relación con los novelistas actuales. Para mí ha sido muy estimulante la novelística de Julio Cortázar, con la cual siempre me entendí muy bien. Sobre todo porque Cortázar tiene una literatura de infancia, que de algún modo se unía con mis vivencias. A pesar de haber nacido en El Salvador, yo crecí en la órbita del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto, etc.; así que pude comprender muy bien esa zona del mundo Cortázar.

MB: ¿Qué importancia han tenido, para tu vida y para tu obra, tus prolongadas residencias en Cuba?
RD: La experiencia cubana ha sido para mí decisiva en muchos aspectos. Creo que ha sido la experiencia más importante de mi vida. Al principio, porque fue la primera ocasión que tuve de vivir la construcción del socialismo. En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963, tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pueblos pequeños pueden ser capaces de un destino mundial extraordina­rio. Como poeta, fue en Cuba donde adquirí conciencia de lo que significa escribir en serio, de ser (para em­plear una palabra ya vieja) un escritor profesional, al­guien que escoge la literatura como oficio. No se si ello aconteció porque era simplemente un nivel de desarro­llo o porque aquí se dieron las condiciones de libertad (material y espiritual) imprescindibles para poder expre­sar toda una gama de problemas que nunca hubiera po­dido encarar en mi país. Cuba sigue siendo una experiencia definitiva y definitoria para mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo, y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca de la revolución en América Latina y concretamente en mi país. Ha sido la vivencia cubana la que me ha dado los elementos fundamentales para tomar una perspectiva, un distanciamiento (para decirlo a la manera brechtiana) por cierto muy útil para apreciar el problema concreto de la revolución en mi país.

MB: El premio Casa ha tenido este año un colorido especial que lo diferencia de años anteriores. Por otra parte, fue mucho mayor la concurrencia de obras precedentes de América Latina ¿Crees que tales detalles tienen algo que ver con una nueva actitud del es­critor latinoamericano, o con nuevos aspectos de la realidad continental?
RD: En primer lugar, este nuevo colorido, este nuevo nivel de calidad revolucionaria del premio Casa, está espléndidamente sintetizado en el premio de ensa­yo que le fuera otorgado a Héctor Bejar, preso en las cárceles peruanas. Quiero decirte también que yo aso­cié muy curiosamente el premio a dos nombres: el de Regis Debray (fue en la Casa de las Américas donde nos encontramos varias veces) y el de mi querido e inolvi­dable hermano, Otto René Castillo, guerrillero guate­malteco, asesinado por el gobierno de su país después de haber sido capturado herido en la montaña. Los poemas de Castillo me llegaron precisamente el día si­guiente a la otorgación de los premios. Por eso uno al nombre de Béjar, al de Regis Debray y al recuerdo de Otto René Castillo, el significado del premio Casa. Cuando me dices que en este año han participado más obras latinoamericanas que en años anteriores, interpreto ese hecho como una señalable radicalización de los escrito­res revolucionarios de América Latina, que subrayan su adhesión a Cuba debido a que ven en ella la encarnación de sus esperanzas y del futuro de sus pueblos. Tam­bién es un modo indirecto de apoyar una línea política de la revolución latinoamericana: la lucha armada. Por eso me parece importante el significado del ensayo de Béjar. Según los extractos de su libro, aparecidos des­pués del premio, Béjar (no se trata de una cita textual sirio de su sentido esencial) desde la cárcel trata de ex­presar que nos encontramos en un momento crucial del proceso revolucionario, y al enviar su ensayo a la Casa de las Américas, intenta subrayar la posibilidad, la urgencia, la importancia definitiva y la verdadera necesidad histórica, de impulsar y desarrollar la línea de lu­cha guerrillera en América Latina.

MB: ¿Y qué estás preparando ahora?
RD: Trabajo en un largo poema, "Los hongos", que de alguna manera enfoca la pugna que existió en mi juventud entre la conciencia revolucionaria y la con­ciencia cristiana, resuelta (con una manera hasta un poco joyceana) en el centro de un colegio jesuita. Trata de ser tina larga carta a mi profesor de filosofía en ese colegio. En otro terreno, he terminado un ensayo sobre las tesis enunciadas por Regis Debray en ¿Revolución en la revolución? Ese ensayo pretende en gran parte ser una defensa y una actualización de tales tesis frente a las posiciones de ciertas organizaciones de izquierda latinoamericanas, como por ejemplo los PC argentino y venezolano. Luego lago un balance objetivo de lo que ha significado el libro de Debray para la teoría revolucionaria en América Latina, y también algunas apreciaciones críticas sobre ciertos aspectos del texto de Debray.

MB: No sé si conoces el reciente libro de Jorge Abelardo Ramos, que concluye con un largo ataque a la teoría del foco y otros planteos de Debray.
RD: Sí, lo conozco. Me parece un libro interesante, brillante y muy ágil. Es claro que estoy en completo desacuerdo en cuanto a sus conclusiones sobre la lu­cha revolucionaria y sobre la metodología de la activi­dad revolucionaria, no sólo porque parece evidente que el autor desconoce las realidades actuales de esa lucha a nivel continental, sino también porque hace demasiadas concesiones a su propia brillantez y a su propia ironía, olvidándose del análisis concreto de las posibilidades y de la relación entre las teorías propuestas y las realidades de nuestros países. Muchas veces se limita a dejar constancia de sus chistes. Con esa actitud no me parece que lleguemos a ninguna parte. Atacar por ejemplo el foco guerrillero, reduciéndolo a un grupo de atle­tas que aprenden a sobrevivir en la selva a la manera de Tarzán, me parece una reducción al absurdo de las posibilidades de una polémica seria sobre materia tan compleja. En mi libro sobre Debray tomo una posición contraria a las conclusiones de Ramos. Es curioso anotar cómo, en los hechos, hay una coincidencia casi absoluta entre las posiciones de Jorge Abelardo Ramos y las que, frente al libro de Debray, la expresado el PC argentino. También sobre éstas me permito discrepar. Por otra parte, la enajenación de Ramos al problema del anti-stalinismo, le impide alcanzar conclusiones valederas con respecto a la polémica sobre la lucha armada. Uno de los exabruptos más típicos de los planteamientos de Ramos, es su conclusión de que el foco guerrillero vendría a ser la revitalización del stalinismo en América Latina.

MB: Una última pregunta. Es frecuente que en entrevistas como ésta, se concluya por preguntarle al entrevistado qué consejos daría a los escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa rutina, y más bien me gus­taría saber qué consejos les darías a los escritores viejos.
RD: No soy amigo de dar consejos. Pero ya que me lo preguntas, me permitiría aconsejar a los escritores viejos sólo dos cosas. A los que puedan, que rejuvenezcan lo antes posible; a los que sean honestos, que sigan siéndolo, ya que de ese modo nos seguirán enseñando. Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relativamente honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel Angel Asturias. Ya que a esta altura no podría conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad, quisiera aconsejarle que renuncie a la embajada de Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un poquito del decoro que Sartre otorgó al premio más municipal de la tierra.


Historias Prohibidas del Pulgarcito. Historia de El Salvador desde la conquista hasta la organización política de los 80. Realización Paul Leduc, 71 minutos.


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Apuntes sobre Roque

ROQUE DALTON (1935-1975). Nació en el barrio San Miguelito, en San Salvador, capital de El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Hijo de Winnall Dalton y de la salvadoreña María García Medrano. Educado en el colegio de jesuitas externado, de San José, estudió luego jurisprudencia, ciencias sociales y antropología, en universidades de El Salvador, Chile y México. Con otros escritores de izquierda, fundó en 1956 el Círculo Literario Universitario. En 1956, 1958 y 1959 obtuvo el Premio Centroamericano de Poesía, otorgado por la Universidad de El Salvador. Fue varias veces encarcelado en su país, por motivos políticos, e incluso condenado a muerte en 1960, pero la sentencia no se cumplió, gracias a que el dictador José María Lemus cayó sólo cuatro días antes de la fecha fijada para la ejecución. Más de una vez consiguió escapar de las prisiones, en alguna ocasión con la complicidad de un terremoto. Vivió como exiliado político, en distintas épocas, en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba.

En 1969 obtuvo el Premio Casa de las Américas, en el género poesía, con Taberna y otros Lugares, el más conocido y para la mayoría de los críticos el mejor de sus libros. Recorrió Vietnam y Corea. Enrolado en el Ejército Revolucionario del Pueblo, organización salvadoreña, regresó clandestinamente a su país, y el 10 de mayo de 1975, sólo cuatro días antes de cumplir 40 años, fue asesinado por una fracción de la misma organización a la que pertenecía. Tardíamente, el principal responsable del grupo que decidió su eliminación, Joaquín Villalobos, reconoció que la misma había sido un trágico error.

Ante su país pequeñísimo, que Gabriela Mistral bautizó para siempre como el Pulgarcito de América, Roque tuvo una actitud de amor/odio (Víctor Casaus la califica de «relación amorosa y doliente») que impregna su poesía de una inagotable movilidad dialéctica. La idea básica de Roque es que en El Salvador (uno de los países de América donde los pobres son más pobres y que ha vivido siempre asediado por la violencia) existe una injusticia consolidada, y en sus versos va dejando incuestionables signos del estado de ánimo a que lo lleva esa comprobación: «Patria dispersa: caes / como una pastillita de veneno en mis horas. / ¿Quién eres tú, poblada de amos, / como la perra que se rasca junto a los mismos árboles / que mea?» y también: «¿A quién no tienes harto con tu diminutez?». Sin embargo, en el fondo de todo ese sarcasmo hay un imborrable trazo de amor. El poeta ridiculiza al falso país en que se ha convertido su país verdadero, pero sigue amando y añorando a este: «País mío vení / papaíto país a solas con tu sol / todo el frío del mundo me ha tocado a mí / y tú sudando amor amor amor».

[Del prólogo de Mario Benedetti al libro Atado al Mar y otros poemas]

Sus obra poética incluye los siguientes libros:

LA VENTANA EN EL ROSTRO (1961)
EL TURNO DEL OFENDIDO (1962)
EL MAR (1962)
LOS TESTIMONIOS (1964)
TABERNA Y OTROS LUGARES (1969)
LOS PEQUEÑOS INFIERNOS (1970)


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Roque estaba casado con la revolución

A Roque Dalton yo lo recuerdo riendo. Flaco, de un blanco pálido, huesudo, narizón como yo, y siempre riendo. No sé por qué siempre te recuerdo riendo, Roque Dalton. Un revolucionario reidor. No es que los revolucionarios sean especialmente serios ni mucho menos, pero es que él era un revolucionario especialmente reidor. Se reía en primer lugar de él mismo. Se reía de cosas ridículas de El Salvador, y siempre estaba hablando de El Salvador y es que quería muchísimo a su país, Pulgarcito. Se reía de la burguesía salvadoreña naturalmente, y nos hacía reír a todos. Se reía de los jesuitas con los que se había educado y en cuyo colegio había «perdido la fe» (también se reía de esta expresión) para entrar al Partido Comunista y también se reía de cosas de su Partido Comunista (pero de todos modos era su partido). Contaba historias fantásticas de El Salvador que parecían inventadas pero eran ciertas. A un hombre lo tuvieron preso por varios años en una cloaca cubierto de cucarachas. Cuando lo sacaron de allí estaba loco, y las cucarachas ya no le disgustaban en absoluto, se sonreía beatíficamente y para él estar lleno de cucarachas era como estar lleno de mariposas.

Roque Dalton una vez estuvo preso y lo iban a fusilar. Además iban a hacer creer al Partido que él era un informador y un agente de la CIA para que no lo consideraran como mártir. Esa noche, aunque él no tenía fe en Dios, oró, se arrodilló en su celda y oró. La «suerte loca» -decía él- hizo que esa noche hubiera un terremoto y se cayeran las paredes de la cárcel, y él se escapó. Cintio Vitier, Fina y yo nos reíamos de él diciéndole que nosotros dábamos otro nombre a lo que él llamaba «suerte loca», y él también se reía.
Roque Dalton estaba siempre de buen humor a pesar de los horrores que había pasado, y de los horrores que lo esperaban por delante y que él adivinaba. El compromiso de Roque Dalton con la revolución era como un compromiso matrimonial. Su destino fue no sólo cantarla sino también dar la vida por la revolución.
Ahora, en 1980, él está encarnado en muchas vidas, está resucitado en la insurrección de El Salvador. Está siempre riendo, a pesar de las masacres, a pesar del llanto. Está riendo porque está triunfante. Es como si hubiera triunfado ya. Roque Dalton pronto será parques infantiles, escuelas, hospitales, será sus poemas escritos antes y muchos otros poemas por venir. Roque Dalton será un pueblo reidor y feliz de roque daltons.

[Ernesto Cardenal, Nicaragua]

Roque Dalton

Roque Dalton nació en la ciudad de San Salvador el 14 de Mayo de 1935 y falleció asesinado cuarenta años después, el 10 de Mayo de 1975.
Su vida estuvo marcada por su participación en las luchas por la liberación de su país. Dalton era además de un destacado poeta (publicó más de quince títulos y recibió numerosos premios nacionales e internacionales) un experimentado polemista, un brillante periodista, un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio, sufridos durante las dictaduras de turno en El Salvador. Residió temporariamente en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba.
Durante los últimos tiempos de su lucha política escribió numerosos poemas en la clandestinidad, los que circularon ilegalmente bajo diversos seudónimos como: Vilma Flores, Timoteo Lue, Jorge Cruz, Juan Zapata y Luis Luna.
Hace veinte años fue asesinado por el grupo guerrillero Ejército de Liberación Popular, sus propios compañeros de causa. Un "tribunal" lo condenó a muerte bajo los cargos de "insubordinación", de "ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)". El segundo cargo se debió a una sospecha (como consecuencia de una historia que conocían muchos en El Salvador) en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque, en 1964. Como chisme se dijo que su fuga se produjo porque había colaborado con la ClA.
Nunca se presentaron pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron y en la actualidad, todo parece confirmar las denuncias de importantes grupos nacionales e internacionales de que se trató de un asesinato político.
El problema es que Roque tuvo un conflicto dentro del Partido Comunista y en esa organización a los que disentían se les cargaba con motes de "divisionistas" y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de "agente enemigo". Pero aquello no tenía ni la más mínima seriedad.
Roque estuvo constantemente señalando que su ejecución era un gravísimo error, que debía investigarse más, que era una injusticia. Para el polémico líder de la guerrilla salvadoreña, Joaquín Villalobos, el fusilamiento de Dalton es el error más grande que cometió en su carrera política, como integrante del "colectivo" que decidió tal acción y reconoce que ese tema ha dejado profundas huellas en su ser.

[de El Maniático Cronista, Montevideo, agosto del 1995]

"La muerte horrenda"

A Roque Dalton lo mataron a quemarropa. La leyenda dice que sus matadores, sin valor para mirarlo a los ojos, le inyectaron un somnífero antes de dispararle. También se dice que lo liquidaron de sorpresa: llegaron a su lado y de súbito le descargaron los tiros. Pasara lo que pasara en esa hora siniestra, aquella fue la última de las celadas que le tendió la vida.

El sacrificio de Dalton estuvo en el génesis del nuevo poder que emergió entre combates guerrilleros y protestas sociales. Sus asesinos eran un pequeño grupo de conspiradores que con los años llegaría a ser una poderosa organización armada. Dos de los sobrevivientes de aquella célula estamparon su firma en el documento que puso fin a la más cruenta de las guerras libradas hasta ahora en El Salvador.

La "muerte horrenda" de Dalton, como la llamó Julio Cortázar, levantó una exclamación de repudio en todo el mundo y le dio paso a su leyenda. Una leyenda que Dalton mismo, en vida, ayudó a alentar. Nació en 1935, único hijo de la enfermera María García y de Winnal Dalton, un tejano criado en la frontera con México, que hablaba el español como segunda lengua. Casi nadie sabe que aquella improbable relación entre dos personas provenientes de mundos sociales tan dispares tuvo como origen un altercado entre Winnal Dalton y el filántropo Benjamín Bloom. María García se encargó de curar de sus heridas a Mr. Dalton, y este le hizo la corte . El niño fue inscrito con el nombre de Roque Antonio García. Roque fue calzado con el apellido que su padre no quiso darle, y más tarde con las botas de una leyenda, la de los hermanos Dalton, forajidos y fabricantes de mal whisky, que en el último cuarto del siglo XIX sembraron el terror en Arizona. No existen pruebas de parentela alguna entre el poeta y aquellos malhechores, pero con ellos Dalton se construyó una aureola de pendenciero que lo seguiría hasta el fin de sus días.

Aquel hombre que por periodos fue devastado por el alcohol, lector voraz, proverbial mujeriego e iconoclasta capaz de imprudencias relevantes ha llegado a ser un icono incuestionable. Algunos no sólo tienen el justo interés en lavar su memoria sino también el menos recto propósito de entronizarlo como una figura moral que le otorgaría infalibilidad a sus propios juicios políticos y estéticos.

La poesía de Dalton es inseparable de su vida, y su vida de sus opciones políticas. Sin embargo, una de esas partes -la política- ha predominado por encima de las demás. Uno de sus resultados ha sido, como ya lo señaló Rafael Lara Martínez, una "invención editorial" que privilegia la imagen de Dalton-guerrillero. Cabe preguntarnos por la sinceridad con que han actuado los constructores de su prestigio como guerrillero.

Cuando lo mataron tenía cuarenta años de edad. Aunque sus declaraciones de apoyo a la lucha armada comenzaron a conocerse a finales de los años 60, Dalton efectivamente tomó las armas en los dos últimos años de su vida.

En varios momentos recibió instrucción militar, como muchos de los escritores de su generación, cuando en la década de los sesenta el PC salvadoreño contempló la veleidad de organizar un frente armado. Dalton se reía repetidamente de la voluntad combativa de la nomenclatura comunista de aquellos años. En uno de sus poemas, desdoblado en un burócrata, afirma: "Estamos por la lucha armada/ pero en contra de comenzarla". En efecto, después de recibir una ducha de rigores en algún campamento de Cuba, los conjurados regresaban a San Salvador a hacer "una vida entre militante y bohemia" , a la espera del llamado al combate. Algunos fueron adiestrados hasta en el manejo de tanques, lo que le otorgaría a la instrucción ribetes cómicos.

Una noche en La Habana Julio Cortázar presenció una discusión de Dalton con Fidel Castro sobre un problema de utilización eficaz de quién sabe qué arma. Una metralleta invisible pasaba de las manos del uno a las del otro. "Las diferencias entre el corpachón de Fidel y la figura esmirriada y flexible de Roque nos causaba un regocijo infinito", recuerda Cortázar. Dalton no tendría ocasión de poner en práctica sus supuestas habilidades. Es poco probable que alguna vez haya entrado en combate. No estoy poniendo en duda su coraje y determinación, pero Dalton no fue exactamente el prototipo de un soldado, aunque, después de todo, fue el que llegó más lejos entre todos los poetas de su generación, que le cantaron a la revolución con la metralleta invisible bien guardada en sus armarios.

La imagen que tenemos de él ha sido en parte construida en el fértil terreno de la fantasía y en el más fangoso de los intereses políticos. He aquí una historia para probarlo: la ruptura de Dalton con Casa de las Américas, en Cuba, y la manera en que se ha relacionado este hecho con su propia decisión de incorporarse a la guerrilla salvadoreña, es una muestra de la imaginación y el lodo que se ha vertido sobre su nombre.

Abandonar la casa

De todos los libros de Dalton, el más celebrado y el que tiene un olor más provinciano es "Las historias prohibidas del pulgarcito" (México, 1974). Es la quintaesencia de su estilo lúdico y experimental. Como su título lo proclama, el libro sacó a la luz episodios que la historia oficial salvadoreña había ocultado. El "caso Dalton" podría engrosar ahora el volumen como una "nueva historia prohibida". Al final del libro, a guisa de colofón, uno se encuentra con un poema que dice:

"Yo volveré yo volveré
no a llevarte la paz sino el ojo del lince
el olfato del podenco
amor mío con himno nacional".

Cuando este poema comenzó a circular en su país, Dalton había cumplido su promesa. Unos meses antes había ingresado "a la soleada caverna" de la vida en la capital salvadoreña para incorporarse al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Con papeles falsos y una nueva apariencia, ingresó por la terminal aérea de Ilopango exactamente el día de Navidad de 1973. Uno de los periódicos del día informaba de la exitosa producción de granos básicos de ese año.

Para su actividad clandestina Dalton escogió un nuevo nombre: Julio Dreyfus, tomando el apellido del célebre oficial acusado de traición -y luego rehabilitado por la justicia francesa. Pasó la Nochebuena en los alrededores del centro de San Salvador, en la casa de seguridad de la mujer que se convertiría en la compañera de sus últimos meses de vida, la guerrillera Lil Milagro Ramírez. De alguna manera, el rumor sobre su regreso se esparció entre algunos de sus conocidos. La leyenda, pues, había vuelto. Ahora sí, el empuje revolucionario sería inevitable. Como diría más tarde un poema de Alfonso Quijada Urías, era "el retorno de Gulliver" al país de los enanos.

Era el de mayor edad dentro del grupo. Se le conocía como "el tío Julio". No existen muchos testimonios directos sobre la actividad que desplegó, pero todo indica que el agua salada de la vida clandestina no era exactamente el ambiente para un pez como Dalton. Eduardo Sancho, quien fue jefe político del poeta y el único del grupo de dirección del ERP que se opuso a su asesinato, lo recuerda como un activista incansable. Realizó trabajos organizativos, participó en acciones de propaganda (como realizar pintadas con aerosol en las paredes) y redactó folletos de análisis político. Al mismo tiempo escribía los borradores de sus "Poemas clandestinos". No es posible saber cuáles eran sus planes, pero el libro estaba destinado a la propaganda inmediata. Aunque en sus composiciones usó cuatro nombres falsos, el tono, el estilo y la voz eran los suyos. Casi nadie que hubiera leído sus poemas se habría tragado la paja de que los autores eran una obrera textil, un joven dirigente católico y tres estudiantes universitarios. Nicolás Guillen ha comparado al Dalton de este libro con Fernando Pessoa, pero me atrevo a pensar que los desdoblamientos del portugués sólo le sirvieron como coartada al novato luchador clandestino que a ratos se veía dominado por su ego poético.

Si hemos de creer en la fatalidad -y a veces no hay remedio-, su partida de Cuba estuvo marcada con una cruz de ceniza. Antes de volver a El Salvador el poeta se sometió a una operación estética facial que estuvo a cargo del mismo equipo que preparó el ingreso del Che Guevara a Bolivia. La coincidencia no deja de ser estremecedora, pero no hay nada de extraño en que un mismo equipo se encargara de misiones tan confidenciales.

Seguramente, habrán mandado a muchos al sacrificio. El detalle revela, sin embargo, que Dalton todavía gozaba del apoyo de un sector del Partido cubano, porque en realidad su situación en la isla había atravesado por un momento muy difícil. Tres años antes había renunciado a sus cargos en Casa de las Américas mediante una carta dirigida a Roberto Fernández Retamar.

Esta carta, publicada por primera vez en el número 200 de Casa, ha sido rodeada con un halo romántico. Se ha querido presentarla como la despedida de un amigo que deja la máxima institución cultural cubana para abrazar la causa guerrillera. Luis Alvarenga, biógrafo de Dalton, anota: "Dalton está decidido a integrarse a la lucha armada en El Salvador. Decide renunciar al Comité de Colaboración de Casa de las Américas y así se lo comunica a Roberto Fernández Retamar en carta fechada el 20 de julio de 1970" . La primera biografía del poeta, publicada veintisiete años después de su asesinato, todavía se mueve a merced del oleaje de la leyenda.

El trasfondo de esa carta ahora está iluminado por la existencia de otra carta de Dalton , que ha permanecido inédita, dirigida a la Dirección del Partido Comunista de Cuba un mes después de la primera, el 7 de agosto de ese mismo año. Dicha carta de diecisiete folios, sin numeración, expone de manera precisa los motivos que llevaron a Dalton a renunciar como trabajador de Casa de las Américas y miembro del Comité de Colaboración de la revista. La escribió cuando los rumores sobre su "traición" a Cuba lo obligaron a romper el silencio.

Una cosa es clara: la renuncia no tuvo relación directa con la decisión de Dalton de regresar a El Salvador, aunque posiblemente sí precipitó la manera en que lo hizo. Nadie puede dudar que la idea de regresar a su país, no de vacaciones sino a luchar, estuvo intermitentemente en la cabeza del poeta.

Lo anunció, lo proclamó, lo repitió cuanta vez pudo. Pero para un internacionalista, como Dalton se consideraba a sí mismo, la decisión de luchar no tenía por qué tener a El Salvador como único destino. En la carta de agosto, en ningún momento habla de volver a su país. Cuando se describe como "un militante revolucionario que sólo temporalmente reside en Cuba y que debe preparar diversas condiciones para su participación futura en la actividad concreta en América Latina" , confirma lo que sabemos por diversas fuentes: que Dalton intentó sin éxito incorporarse también a "la actividad concreta" en otros dos países centroamericanos, Guatemala y Nicaragua.

Dalton había llegado a ser uno de los mimados de Casa. Su relación venía desde el año 1962, cuando su libro "El turno del ofendido" obtuvo una mención en el Premio de ese año y posteriormente fue publicado. Dalton volvió en 1963 a El Salvador. En el año 1964 fue capturado e internado en el centro de detención de Cojutepeque, ubicado al oriente de la capital. Su salida de este penal ha estado bañada con la luz de la leyenda. Dalton siempre dijo que se había fugado del penal. Aquella espectacular escapada está contada en su novela "Pobrecito poeta que era yo".En la obra, Dalton cuenta de su encuentro con un agente de la CIA en la casa de un alto funcionario del gobierno militar. Al año siguiente, el Partido lo envió a Checoslovaquia como su representante en la Revista Internacional.

Dalton ya había tenido algunas desavenencias con la dirección del PC, por el carácter de sus críticas a la política del partido y también por sus repetidas crisis alcohólicas. Algunos se han empeñado en desmentir sus borracheras, pero Dalton mismo, casi con fascinación, se encargó de retratarse bajo los efectos del alcohol, reconociéndose en un texto de Raymond Chandler, como "Horrible. Brillante, duro y cruel". Alguna vez el propio Secretario General, el obrero Salvador Cayetano Carpio, se encargó personalmente de reconvenirlo para que asumiera sus responsabilidades, a lo que Dalton habría respondido con una autocrítica. Existe el rumor de que en el partido se rieron de la ingenuidad de Carpio. Praga fue, según algunos, una especie de exilio dorado. Pudo dedicarse a escribir, crear y armar la estructura de poemas que dio origen al libro mayor de su obra literaria: "Taberna y otros lugares". El poemario tiene como marco el mundo cosmopolita de la capital checa y en especial la taberna U Flekú, una maltería y fábrica de cerveza oscura que parroquianos provenientes de todos los rincones del mundo consumen en medio de música de polkas. Un buen día, Dalton recibió una carta de Roberto Fernández Retamar, quien le invitaba a formar parte del Comité de Colaboración de la revista Casa. Por el prestigio de la publicación y la composición de su plantilla de colaboradores, la invitación consolidaba su reputación como escritor y revolucionario.

La colaboración se intensificó; cuando Dalton regresó a Cuba, en 1968, tuvo una espléndida acogida. Los cubanos le dieron condiciones para que se volcara de lleno a sus actividades literarias; trabajó en al menos siete libros suyos, al tiempo que participaba en paneles, recitales, coloquios y escribía para las principales revistas cubanas del momento.

Pero en medio de aquella vigorosa actividad Casa de las Américas vivía una hora difícil. Las conocidas críticas y las diferencias por parte de algunos escritores e intelectuales latinoamericanos respecto del gobierno de Castro, habían comenzado a hacerse públicas. "De los catorce miembros del Comité original", detalla Dalton, "hay que decir que seis... [habían] variado en sus posiciones o presentado puntos de vista conflictivos" frente a la visión sobre arte y literatura que sostenía la plana mayor de la institución cultural. En estos conflictos participaron también autores cubanos, lo que provocó numerosas asperezas entre el régimen y los artistas. Estaba iniciando lo que Ambrosio Fornet llamaría "el quinquenio gris" de la cultura cubana.

En medio de ese caldo, Casa de las Américas convocó al Premio correspondiente al año 1970, invitando como jurados a un grupo de escritores, sociólogos y académicos extranjeros. La convocatoria, como cuenta Dalton, fue acompañada de una intensa jornada de preparación política. Los cubanos veían con sospecha a la representación peruana (encabezada por el Rector de la Universidad de San Marcos) y a un grupo "potencialmente conflictivo" que tenía a la cabeza al poeta Ernesto Cardenal, integrante del jurado de poesía. Una de las principales misiones de Dalton fue ganarse la confianza del nicaragüense. Como se lee en la carta, Fernández Retamar le habría dicho que contaba con él como un "hombre de confianza" de la Revolución. Fue el Caballo de Troya de aquel jurado.

Las cosas comenzaron a complicarse muy pronto. Algunos de los jurados plantearon la necesidad de que se les dejara tomar contacto directo, sin mediaciones, con la realidad del país. Los jefes de Casa no parecían dispuestos. Dalton, que se encontraba mezclado con los jurados y les servía como una especie de enlace con la institución, observó que una parte de las quejas y dudas confluían sobre él. "Yo me sentía entre varios fuegos", se lamenta. "Las cosas no eran explicadas ni tampoco cambiaban", dando lugar a tensiones y, en su caso personal, dice, "a un verdadero desconcierto".

Cuando terminó su actividad como jurado, Dalton se quedó en La Habana y no participó en las giras por el interior del país que les habían preparado a los visitantes. Días más tarde, no sin desasosiego, pudo constatar que los jurados volvían con los ánimos caldeados, especialmente Cardenal, a quien miraban con recelo. Si un heterodoxo como Dalton fue capaz de considerar "anormal" la petición de Cardenal de conversar con seminaristas católicos, "negativas" sus preocupaciones por la suerte de los homosexuales, y hasta de contemplar la posibilidad de que el cura fuera un agente de la CIA "navegando con bandera de bobo", ¿qué podía esperarse de los duros? Los hechos en torno a Cardenal son interesentes de seguir porque, como veremos, si bien no fue el único que estuvo en la mira en aquel año 1970 en La Habana, su conducta se convertiría en el principal detonante de la renuncia de Dalton.

Cardenal se reunió también con el poeta Heberto Padilla, que ya había causado una primera conmoción internacional en contra del gobierno cubano. Por si fuera poco, recibió también un telegrama del arzobispo nicaragüense Miguel Obando y Bravo. El obispo le pedía que interviniera a favor del preso político Chester Lacayo. Cardenal accedió, pero a cambió le pidió al obispo que intercediera ante Somoza por los presos políticos del FSLN. La inquietud de Dalton es característica: "Detrás del Arzobispo de Nicaragua está la CIA. ¿Cuál es el papel de Cardenal en esto?".

La mecha se encendió durante un almuerzo donde estuvieron presentes tres poetas que han llegado a ser emblemas de rebeldía: Mario Benedetti, Ernesto Cardenal y Roque Dalton. En la comida, Cardenal lanzó fuego graneado sobre Benedetti pidiéndole explicaciones, formulando críticas y reclamando que por fin se le dejara hablar con campesinos. En ese momento, Dalton apoyó a Cardenal. El ataque en dos flancos alteró al uruguayo. Los tres se levantaron de la mesa con el estómago revuelto. Más tarde, Benedetti sostuvo que Dalton se había portado con él de manera insolente. En su carta, Dalton le replicó con una bufonada: "...no somos señoritas de un colegio de monjas".

Pero aquel fue solamente el primer round. Horas, o a lo sumo días más tarde, en un cóctel ofrecido a Cardenal, Dalton volvió con el tema de su desacuerdo por la manera en que se estaban manejando las cosas con los invitados internacionales. Esta vez tuvo que enfrentar la ira del propio Director. En medio de una conversación tensa, Fernández Retamar le advirtió que ya sabía que andaba "hablando basura", y remató diciéndole: "Roque, en último caso somos nosotros quienes invitamos a los jurados extranjeros y somos nosotros los que sabemos qué hacer con ellos". Aquella frase, proveniente de su "mejor amigo cubano", dice, "no me dejaba otra alternativa [que la de] retirarme del trabajo de Casa". Las cosas no terminaron allí. Entre dos rones, Dalton insultó a Fernández Retamar.

Dalton tuvo tiempo de lamentar aquel error, pero su destino en la más respetada institución cultural cubana estaba sellado. El ambiente en su derredor se hizo frío. En vista de los hechos, Dalton presentó dos cartas de renuncia, una de ellas, la del 20 de julio, dirigida a Retamar, y otra a Haydée Santamaría, sin dar explicaciones de sus motivaciones, pensando que le iban a ser pedidas expresamente. Pero esto no ocurrió.

"... Retamar hizo retirar mi nombre de la lista del Comité antes de dos horas después de leer mi nota".

En medio del crispado clima político de ese momento, Dalton temió que su renuncia fuera tomada como una maniobra "destinada a causar daño a Casa ". Comenzaron a circular rumores en su contra, algunos graves. Genoveva Daniel, una funcionaria de la institución, habría dicho públicamente de Dalton que ya "no se sabía si todavía era revolucionario o no". Entonces se decidió a escribir una nueva carta, esta vez al todopoderoso Comité Central del partido, en la cual insistió:"Yo renuncié de Casa, repito, porque se me dijo en otras palabras que no siguiera metiéndome en asuntos que no eran de mi incumbencia".

Las cosas ya no volvieron a ser como antes. De Casa de las Américas pasó a la agencia Prensa Latina, alternando sus viajes con la redacción de sus libros. Dalton siguió escribiendo para la revista, pero para entonces ya era un preso de su futuro. En sus poemas, frecuentemente pringados de sentencias, hay una que dice:

"La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella".

Dalton no parecía dispuesto a que el recuerdo de ese verso se convirtiera en una voz burlona. Su nariz apuntaba fuera de Cuba. Ese mismo año se habían fundado en su país natal las FPL. Carpio había renunciado a la Secretaría General del PC salvadoreño y entrado a la clandestinidad, donde sería conocido como "Marcial". En algún momento, Dalton y Carpio se encontraron en París, cerca de Pigalle, en el pequeño apartamento del poeta Roberto Armijo.

En esa ocasión Dalton le pidió a su ex jefe que le hiciera sitio dentro de su organización. Según Claribel Alegría, le habría respondido que su lugar era como "poeta y escritor marxista y no como un combatiente". Detrás de ese lenguaje diplomático es fácil adivinar que Marcial no quería volver a pasar por las sesiones de "autocrítica" de Dalton.

No está claro si buscó incorporarse al guatemalteco EGP y al FSLN, antes o después de aquella reunión. Lo cierto es que no tuvo éxito. Luego, La Habana le facilitó un encuentro con un tipo que tenía toda la "pinta de un revolucionario de almanaque" (según lo recuerda Sancho). Era Alejandro Rivas Mira, el primero en la jefatura del ERP, un grupo armado que recién debutaba en la escena salvadoreña. "Sebastián", como se le conoció en la clandestinidad, a pesar de su juventud ya tenía una aureola. Era un estudioso del marxismo y había estado en París en 1968. Quienes lo conocieron aseguran que tenía una personalidad de gran magnetismo y un humor corrosivo. Con este comandante subió a bordo.

"Otra jugarreta de la locura
y perdería mi puesto de centinela formidable
cayendo como la lengua de un ahorcado
hasta una jaula de lobos frágiles"

Fuente: www.geocities.com/guerrillasenlatinoamerica

Compromiso y magia en la poesía de agitación política: El caso de Roque Dalton

Por Pedro Granados

[PEDRO GRANADOS, Lima, Perú, 1955. Ph.D (Hispanic Language and Literatures) por Boston University; Master of Arts in Hispanic Studies, Brown University; Profesor de Lengua y Literatura Española, Instituto de Cooperación Iberoamericana (Madrid); y Bachiller en Humanidades, Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado Poéticas y utopías en la poesía de César Vallejo (Lima: Fondo editorial PUCP) y (México: Universidad Autónoma de Puebla, 2004). Además, los siguientes poemarios: Sin motivo aparente (1978), Juego de manos (1984), Vía expresa (1986), El muro de las memorias (1989), El fuego que no es el sol (1993), El corazón y la escritura (1996), Lo penúltimo (1998), Desde el más allá (2002) y Al filo del reglamento (2006). Asimismo dos novelas: Prepucio carmesí (New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio, 2000) y Un chin de amor (Lima: San Marcos, 2005). Tiene en preparación, además, los libros de crítica "Globo de versos: poesía hispana y globalización" y "Cinco ensayos deseantes: De Cárcel de amor a la última poesía española". Su obra crítica figura en revistas especializadas como Anales Galdosianos, Crítica, INTI, Alforja, Lexis, etc. y versa fundamentalmente sobre poesía contemporánea.]


Compromiso y magia en la poesía de agitación política: El caso de Roque Dalton

En este breve ensayo nos proponemos deslindar -si es esto posible- los componentes de compromiso (militancia política) y magia (oficio poético) presentes en la poesía de Roque Dalton. Dicho deslinde toma en cuenta, sobre todo, la teoría, crítica y contexto literarios vinculados a aquellos componentes; respecto a este último, el oficio poético, destaca la relación que la obra del poeta salvadoreño guarda con la poesía de César Vallejo.

Magia

El término magia alude, por un lado, a lo que en el caso análogo de la obra de José María Arguedas quedó como ingrediente distinto al de la estricta opción ideólogica: "Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico" (283). Es decir, podríamos atribuirle a la poesía de Dalton una connotación de tipo cultural o mítica que si bien es cierto -para el caso de un escritor centroamericano contemporáneo- se justificaría mejor, por ejemplo, en la obra del guatemalteco Miguel Angel Asturias o de la poesía de Ernesto Cardenal (en cuanto hacen un rescate explícito de las cosmogonías de las sociedades autóctonas latinoamericanas), cabe también observarla en la poesía del salvadoreño. Esto se comprobaría tanto en sus logradas "Recreaciones libres sobre temas nahualt y mayances" del libro Los testimonios (1964), como posteriormente en Las historias prohibidas de pulgarcito de 1974 (Dalton 1994: 664) y, por otro lado, también en lo que sería su deuda con el surrealismo, vía Pablo Neruda , aunque la vinculación con este poeta sería "cosa que rechazara Dalton" (Weiss 207).

Sin embargo, si la influencia del poeta chileno -junto, por ejemplo, con la de Lorca y Aleixandre- es constatable en sus primeros poemas -"hemos sido/ todos los pastores vertiginosos/ que coronan a diario/ al Macchu-Picchu en sideral vigilia" ("Canto a América con la voz múltiple", La Prensa gráfica, 19 de Agosto de 1956) (Dalton 1994: 73)- e incluso persiste como un eco en su libro de 1961, La ventana en el rostro; aquí mismo ya empieza a hacerse sentir la presencia de César Vallejo. Por ejemplo en los siguientes versos: "Francisco Sorto tiene/ nueve años de estar preso./ Mató/ porque tenía que matar./ .../ Francisco Sorto tiene/ nueve ojos de estar preso./ Nueve gritos de luz donde los siglos bailan/ como niños pequeños" (Dalton 1994: 119), personaje que nos hace recordar al miliciano "Pedro Rojas" de España, aparta de mí este cáliz; y por el uso de los números, entre otros, también al poema "Los nueve monstruos", otro texto póstumo de Vallejo. Fuere como fuere, ya en Taberna y otros lugares, muy elocuentemente leemos: "Pero si Neruda -para citar un caso conocido- tiene algo de zombie a partir de Residencia en la tierra, ¿como descubrir, reconocer, clasificar el virus de lo muerto, el perfil cadavérico en sus libros posteriores[...] en fin, cómo diferenciar una palabra viva de una ya lista para el camposanto?" (109-110). Por lo tanto, sólo cabría hablar con propiedad de su relación con Neruda hasta la poesía de Roque Dalton anterior a 1963 -ya que su breve poemario El mar de 1962 es de alguna manera una recaída en la poesía del premio Nobel chileno -, año de la publicación de El turno del ofendido y de su ensayo, César Vallejo: "el poeta más grande que ha dado América" (9), asevera el escritor salvadoreño.

Agregaríamos, respecto a lo que vamos denominando "magia" en este ensayo, que es perceptible la deuda de Roque Dalton con cierta teoría platónica o romántica de la poesía ("El poeta debe ser fundamentalmente fiel con la poesía, con la belleza... El poeta es tal porque hace poesía, es decir, porque crea una obra bella") que mereció una severa amonestación por parte de cierta crítica: "He [Dalton] does what too many others (including marxists) have done, in presuming, without analysis, the necessity for an unspecified ‘artistic quality’ as though ‘beauty’ or ‘artistic quality’ were self-born, self-sufficient essences rather than classbound, materially conditioned terms. Naturally he distinguishes his own use of this concept... But the blur remains" (Bankay 19). Esta observación es probablemente cierta; la poesía hace hablar a Roque Dalton a veces como un romántico, pero lúcido de ello: "Antes reímos mucho./ Ahora quisiera dejar caer las palabras/ como una lluvia de gran altura./ .../ Déjenme tratar de aislar la belleza/ (aunque ello suene horrible)" ("Ojo" de Los pequeños infiernos, probablemente de 1962 (Dalton 1994: 648). Esta percepción de la poesía en la obra del salvadoreño está vinculada, creemos, a su remanente católico (metafísico o transhistórico) que incluso expone -"como un problema nuestro, es decir, de los católicos y de los comunistas" (Dalton 1994: 507)- en "Los hongos", largo poema dedicado a Ernesto Cardenal. Pero, contradicción poetológica o metapoética -más bien dialéctica- que a fin de cuentas es recurrente en los textos de Roque Dalton: "¿Para que debe servir/ la poesía revolucionaria?/ ¿Para hacer poetas/ o para hacer la revolución?" ("PR" de Un libro levemente odioso de probablemente comienzos de los años 70) (Dalton 1994: 674).

Dialéctica aquélla, asimismo, que tiende interesantes lazos con otra poesía "comprometida", nos referimos a la de un contemporáneo suyo, el barcelonés Jaime Gil de Biedma: "La fusión y el contraste del realismo histórico crítico con el sustrato irracionalista y mítico se actualiza como proyección poética" (Armisén 107). Para los dos poetas este "sustrato irracionalista y mítico [mágico]" debemos entenderlo ante todo como sinónimo de lúdico . Es más, creemos que en ambos, y no sólo en el poeta de Barcelona: "su interés en el juego de la vida, y en el juego cósmico, ético y poético viene de lejos, de su reconocida lectura de Nietzsche" (Armisén 108); en particular del pensamiento ético y mítico de este filósofo: "Vinculado a los orígenes de la tragedia, Dionisios es también [...] el dios de las máscaras y de la risa, el dios del juego" (Armisén 107). Sin embargo, y constatando oportunas diferencias, mientras "La lengua poética de Jaime Gil de Biedma busca en la cultura de los orígenes el fundamento y confirmación de su identidad conflictiva y burguesa" (Armisén 128), el concepto de magia de Roque Dalton -como persona, mucho menos burgués y más cristiano que pagano respecto a su colega español- tiene que ver, sobre todo, con su propio oficio como poeta. No precisamente, entonces, aquel concepto estaría invitándonos a describirle como un "poeta-poseso" , sino, más bien, la "magia" de Dalton estaría llamándonos la atención sobre su lucidez en cuanto artista, en lo acertado de su criterio y libertad para recurrir a uno u otro recurso poético y, no pocas veces, incluso enseguida pasar a parodiarlo. Entendemos que este es el caso en la poesía del salvadoreño, sobre todo desde su libro Taberna y otros lugares, y, en particular, desde el poema "Taberna", escrito -como las demás composiciones de este libro- en Praga, entre 1966 y 1967, y a manera de un "Conversatorio" en la taberna U-Fleku de aquella ciudad (Dalton 1969: 154).

Compromiso

En términos generales podemos adelantar que la poesía de Roque Dalton comparte con la del resto de la generación del 60 en Latinoamérica un "corte con las pautas formales tradicionales, especial atención al lenguaje ideológico, mayor inclinación al lenguaje narrativo, aplicación frecuente de las técnicas del collage y utilización de la totalidad de los elementos brindados por el mundo contemporáneo a través de los medios de comunicación colectiva" (Salas 24). Es cierto, también, que estos rasgos ya son perceptibles de alguna manera desde Pablo Neruda, César Vallejo y Nicolás Guillén, según señala muy bien Rosa Sarabia: "Precisamente la poética de la inmediatez del realismo se hace eco en época de cambios sociales acelerados" (117). Es decir, tal como se dio en el caso de la literatura de la emancipación donde ésta produjo a nivel literario "el condicionamiento social de las formas y no sólo de los asuntos" (Rama 1976: 37) . De este modo, y ya entrando de lleno en la "desconstrucción" de lo que hemos denominado "compromiso" en la poesía de Roque Dalton, tendríamos que los tres estamentos ("Asuntos, Oralidad y Sistema cerrado") sintetizados por Angel Rama para definir "el arte burgués de la revolución" (1976: 39), vemos que, por lo menos, "Asuntos" y "Oralidad" coinciden a la perfección con la propuesta de la poesía del salvadoreño y, por qué no, con la de toda Centroamérica de esos años.

"Asuntos" y "Oralidad" hacen que los relacionemos enseguida con la metodología (y limitaciones) de los talleres de poesía: "Se concibieron como una expresión de grupo: el producto final resulta de una elaboración común, y la versión definitiva pasó por una crítica de grupo [...] La "normalización" se llevó a cabo gracias a las Reglas [Unas reglas para escribir poesía, ejemplar mimeografiado, Managua, 1980] elaboradas por Ernesto Cardenal" (Pailler 46), con la poesía exteriorista más la antipoesía (no creemos practicada o asumida, al menos teóricamente, en los talleres ) que también cultiva Roque Dalton. En cuanto al "Sistema cerrado", que es el tercero de los rubros sintetizados por Rama, cabe hacer alguna distinción con el caso de la poesía centroamericana y la de Dalton en particular. Para el malogrado crítico uruguayo aquel rubro consiste en lo siguiente: "El discurso poético deviene sistema de referencias que valen como incitaciones para el lector pero no como comunicaciones de experiencias de vida o de realidad, adquiriendo así una curiosa autonomía, estrictamente literaria, que sin embargo en nada disminuye su eficacia social"; luego, en la misma página, agrega: "La existencia de este sistema alude, en el campo social, a la consolidación de estructuras sociales igualmente cerradas que detienen la expansión del proceso revolucionario, lo congelan, procediendo a una reestructuración autoritaria de sus elementos componentes" (41). En particular respecto a esto último, pensamos que Roque Dalton fue muy conciente de los excesos de ciertas -al fin y al cabo- retóricas poéticas (llámense, por ejemplo, exteriorismo o antipoesía) y por eso su estilo es tan matizado, y cuando se percata -a veces en el mismo acto de escritura- que va hacia un "Sistema cerrado", es el primero en hacer parodia de ello. Roque Dalton, en poesía y no sólo en ella, pareciera aspirar a una revolución permanente.

En relación a esto, la parodia o el humor frente al "Sistema cerrado", es oportuno argumentar que, como dice James Iffland: "la risa sirve como una especie de ‘cachetada benévola’ para ‘despertar’ a ese individuo o sector social que se ha petrificado, para hacerlo entrar nuevamente en el fluir variable de la realidad" (81); o como también señala certeramente Mario Benedetti: "A veces el humor de Roque no apela a la ironía sino a la mera alegría de vivir" (223). Es decir, el humor como locus amoenus, pero donde no está dejada de lado la lucidez: "La alegría es también revolucionaria, camaradas,/ como el trabajo y la paz" (Dalton, 1969: 141).

En Dalton tenemos, pues, este locus amoenus como sinónimo de la revolución permanente. Es decir, no es aquí el tópico del "imaginario nostálgico de un estado previo a las enajenaciones del presente" (Beverley 71), sino más bien -tal como en el caso de los Comentarios Reales del Inca Garcilaso- testimonio de una arcadia que funciona asimismo como utopía. El locus amoenus, entonces, no es mero sucedáneo de un estado melancólico; vía el humor, es en la poesía de Roque Dalton muestra palpable de gozo del presente y saludo de bienvenida a la utopía. Es por este motivo, creemos, que existen determinados personajes en la obra de Roque Dalton -lo mismo en la poesía de Vallejo, y no sólo en España, aparta de mí este cáliz- que son ya por sí mismos maravillosas primicias de dicha utopía y, por ende, también muestras extraordinarias de humor: "Carlos Jurado es mi amigo llamado Carlos. De muchacho realizó mi gran anhelo: trabajó en un circo [...] Luego, Carlos fue motorista. [...] Hoy por la tarde vino a casa a regalarme una revista y no pude hacerlo pasar pues yo estaba desnudo y él se hacía acompañar de su mujer, Chichai, que lo ha de amar mucho, a juzgar por la forma que toma su voz cuando dice Carlos" ("Carlos Jurado" de Los testimonios, 1964) .

Este tipo de escritura y composición en la poesía del salvadoreño ha llevado a muchos críticos a recién identificarla en Taberna y otros lugares, libro con el que ganara en aquel género el Premio Casa de las Américas de 1969. Para Saúl Yurkievich, por ejemplo: "Dalton reacciona contra todas las censuras, contra toda delimitación externa del desible poético, de la libertad expresiva, contra las convenciones mutiladoras de derecha e izquierda, contra el clasicismo y, en especial, contra el enemigo interno, el acartonado realismo socialista" (29). El mismo Angel Rama, por su parte, después de vincular a "Taberna" con el acento que proporcionó a la poesía Allen Ginsberg y sus compañeros de promoción , más bien apunta: "en él [Dalton] se ha dado una experiencia emparentable con la que Bertolt Brecht cumplió al tratar de instaurar una poética auténticamente marxista, cosa que desde luego no puede confundirse con los adulcorados productos del realismo socialista, sino con lo que desde siempre reclamó José Revueltas [...] una literatura materialista dialéctica, a la que sólo en Taberna se aproximó. Ella tampoco puede confundirse , simplistamente, con lo que se denomina ‘literatura social’, porque de ella no está ausente el hombre individual ni su plena subjetividad" (1986: 190-191).

Sin embargo, una vez repasadas una a una las hojas de este libro en su edición cubana, no podemos en absoluto rubricar la observación políticamente interesada de Rafael Lara Martínez: "Las transfiguraciones poéticas de la persona en Roque Dalton son demasiado complejas, múltiples y antagónicas, para seguir recreando una imagen monolítica, única, de un poeta-guerrilero a la cual nos tiene acostumbrados la crítica" (XVI). Es decir, lo que Lara Martínez mañosamente descontextualiza, no lo inscribe en su contexto histórico-social, es posible interpretarlo como parte de las contradicciones de un proceso revolucionario, en el cual no se pueden ignorar -aunque parezca demasiado ortodoxo mencionarlo- la cuna o la educación de sus protagonistas. O, como con tino Pedro Conde señala, es preciso insistir en que nuestro poeta: "avanza, pues, superando y nunca desmintiendo sus preocupaciones iniciales. Avanza, naturalmente, entre las dudas y temores de la crisis inevitable que precede y conduce a la madurez […] afinando -por decirlo así- la puntería del francotirador que se mantiene fiel a su enemigo" (9).

Conclusión

Pensamos que lo intransferible de la poesía de Roque Dalton es su humor; signo éste de lucidez, salud mental y esperanza; en otras palabras, dialéctico locus amoenus. En otros aspectos, su poesía -oficio o magia- responde más o menos a lo que también hicieron otros poetas de su promoción, y que de alguna manera se encuentra ya esbozado en la obra de César Vallejo, Nicanor Parra o Pablo Neruda, y en la poesía coloquial que nos viene de la tradición norteamericana (para no remontarnos, tratándose del uso coloquial de la lengua en español, a la lírica primitiva de las jarchas o a las canciones gallego-portuguesas medievales). El ideario de su compromiso político es el de su pueblo en lucha, El Salvador, y el del resto de países latinoamericanos que por esos años -y a través de las armas- intentaban liberarse del imperialismo made in USA.

Así, pues, el humor de Roquer Dalton, en su poesía, constituye para nosotros su logro mayor o hazaña más memorable y, en absoluto, refleja un yo poético diletante. Nos revela, más bien, una voz poética centrada y orientada en la conquista de sus objetivos: la liberación de su pueblo. El humor es lo que le permite a Dalton estar siempre disponible -ligero de ortodoxia- al servicio de la revolución.

Por otro lado, aunque sería tópico de otro ensayo, pensamos que la vinculación -fruto de la admiración- de Dalton con Vallejo es profunda. Tanto que nos atreveríamos a decir que la obra del salvadoreño -en su plenitud o madurez- es un fundido sobre todo de Trilce, mucho más que de los poemas póstumos del peruano, pero bajo nuevas coordenadas de lectura y respondiendo a otras urgencias. En sus momentos más logrados, en la poesía de Dalton no podemos disgregar lo serio de lo parodiado, la realidad inmediata de su reflejo metafísico o mítico, la persona de sus muchos yo; y no tenemos más remedio que yuxtaponer todas estas realidades renuentes a fundirse en una sola. Más allá del culto por la opacidad del lenguaje -según Hugo Friedrich, característico de la lírica moderna (Achugar 76) -, sentimos que Dalton y Vallejo trabajan con materialidades. No necesariamente transparentes éstas, pero sí suficientemente corpóreas o llenas como para pasar inadvertidas por el hilo del lenguaje. Mas, ¿cómo lo hicieron?, ¿cómo lo lograron estos poetas?, son cuestiones que quedan abiertas al diálogo.

NOTAS

1) Aunque dicho rasgo cultural en la poesía de Roque Dalton, a diferencia del de la obra de Arguedas [Yawar fiesta en este caso] , no sea perceptible "un zigzagueo ideológico donde el inicial ‘realismo’ signado por el pensamiento de Mariátegui, va acusando a partir de cierto momento el influjo de lo que nosotros decidimos llamar grosso modo ‘culturalismo’, y en donde la lucha de clases devendría anacrónica gracias a una providencial mediación cultural o mestiza" [cita de Silverio Muñoz en su libro José María Arguedas y el mito de la salvación por la cultura] (1). Semejante crítica a la obra de Arguedas, pero esta vez desde la derecha más recalcitrante la encontramos en esta glosa de aquellas coordenadas estéticas de Arguedas: "El socialismo no mató en él lo mágico, pero en sus mejores creaciones lo mágico mató al socialismo (es decir, a la ideología)" (Vargas Llosa 30).
2) Aunque en el marco particular de la poesía centroamericana de esta época, según Claire Pailler, sea en la poesía de las mujeres donde es más fácilmente observable al menos un importante aspecto de dicho componente mítico: "dentro de un comportamiento poético que podríamos llamar ‘nacional’, las mujeres más espontáneamente se refieren a los elementos naturales [Por ej. Gioconda Belli y Rosario Murillo]. Esta especificidad, que aparece ya en el rápido examen de los títulos, se confirma por la comparación con las obras masculinas: sólo evocaremos por contraste las dos tendencias principales que ilustran respectivamente Pablo Antonio Cuadra y Ernesto Cardenal, histórico-narrativa y catalogadora la de éste, y la primera más bien de inspiración cósmica y mítica" (90). Complementariamente, creemos, otro aspecto importante de lo mítico presente en Dalton probablemente se halla implícito en el propio surrealismo como que, según Jean Franco, éste era un movimiento que estimulaba la invención poética al insistir en la liberación de la palabra del ordenamiento lógico, y en la búsqueda de una verdad interior; más, aun así, en la poesía del salvadoreño no se corrobora en estricto lo que apunta la misma estudiosa: "[el surrealismo] comprometía al poeta a una autenticidad personal sin comprometerle a abrazar una ideología o una posición política" (324-325).
3) "[E]l surrealismo salvaguarda lo mítico, lo mágico, lo misterioso y, en esta dirección, prolonga el vector romántico-simbolista. Mientras el surrealismo presupone un retorno reparador al orden pre-industrial, el dadaismo decide enfrentar el menoscabo provocado por el nuevo contexto urbano y la sociedad de masas [...] Si Pablo Neruda inagura en la poesía hispanoamericana la alucinada videncia que los surrealistas preconizan, la actitud dadaista está representada [...] por las torciones de César Vallejo" (Yurkievich 27-28).
Interesante reflexión que asimismo ilustraría el proceso poético del propio Roque Dalton, a grandes rasgos, el ir de Neruda hacia Vallejo.
4) "Hay grandes piedras en tu oscuridad tempestuosa
grandes piedras con sus fechas lavadas por tu sombra
porque hasta el sol del día cómese tu sombra
cruje en tu frío despidiéndose del aire
que no se atreve a penetrarte" (Dalton 1994: 125).
5) Aunque también aquí asoma de vez en cuando Neruda, como por ejemplo en el poema "Casida": "Crujid de amor los dientes en el lecho/ mortal su clima cálido la desnudez/ como los territorios del rocío/ crujid el corazón despedazándose" (Lara 145). Sólo será despuees, creemos que desde Taberna y otros lugares, que el poeta -cuando hable de amor- sabrá prescindir convenientemente de lo telúrico y lo enfático o la solemnidad. Como, por ejemplo, en los textos dedicados a Lucy: "Oh Lucy, ¿por qué no me clasificas/ entre los insectos que amas?/ Todo es cuestión de atarvesarme el cuello/ con un alfiler de mi tamaño/ y colgarme entre las crisálidas/ con un hermoso rotulito blanco; sábado", "Lucy: hueles a ciertas comidas fuertes de mi país,/ lo digo en serio, sin pensar en las implicaciones más burdas", "Oculta esas rodillas, Lucy", del poema "Taberna"; que, por cierto, preludian la colección El amor me cae más mal que la primavera.
6) En términos de lo que, también según Antonio Armisén, Hans-Georg Gadamer señala respecto a un libro fundamental de la época, Homo ludens, que fue leído por Gil de Biedma y probablemente también por Roque Dalton: "Huizinga [...] ha elaborado las conexiones entre el juego infantil y ese otro jugar sagrado del culto" (104). En otras palabras, aludimos aquí a los orígenes lúdicos de la poesía, concepto que estaba en boga entre los intelectuales y artistas nuestros sobre todo a partir de la traducción del libro de Huizinga (1938) al español (1943, FCE, México). Y además, al menos para el caso del aspecto lúdico -entendido como irónico o antipoético- en la poesía del salvadoreño, porque en ésta es perceptible la gravitación de lo que con fortuna ha denominado José Emilio Pacheco "la otra vanguardia", es decir, la incorporación del prosaísmo de la New Poetry que "será [entre los latinoamericanos] vehículo de una poesía de la resistencia, apuntalará muchas expresiones líricas de la Revolución Cubana y sustentará el mejor libro de poemas políticos escritos después de Neruda: Poesía revolucionaria nicaragüense, que es como un solo poema anónimo y colectivo [México, Ediciones Patria y Libertad, 1962]" (103-4).
7) Icono derivado de la lectura -ideológicamente sesgada- de Lara Martínez, ya que le permite a éste justificar teóricamente su compilación frente a la de otros antólogos del salvadoreño que "insisten siempre en reducir su imagen polifacética, su riqueza temática y su profundidad poética y teológica a un mero compromiso político" (Dalton 1994: XLIII).
8) Angel Rama, explica: "La literatura de la emancipación es la literatura de la revolución, el primer ejemplo en la historia cultural hispanoamericana de una creación literaria encuadrada rígidamente por un vertiginoso cambio político-social al que sirvió y cuya incidencia sobre temas y formas establece un primer modelo de literatura revolucionaria. Este modelo tendrá posterior aplicación, con las concebidas variaciones derivadas del tiempo y las circunstancias culturales específicas, en otras instancias revolucionarias que vivirán las sociedades hispanoamericanas [...] Literatura y revolución se ofrecen por primera vez mancomunados en Nuestra América y así lo estarán hasta que el ingreso del estilo romántico europeo revele que ha sido superado el período revolucionario" (1976: 37).
9) Aunque John Beverley y Marc Zimmerman distingan de un modo dialéctico: "we argue that literature has been in Central America not only a means of politics but also a model for it" (XIII).
10) Asuntos: "la lírica manejará un repertorio de lugares comunes y de fórmulas poéticas [...] Buena parte de la producción que recogen las antologías es anónima, no sólo p orque ignoramos a sus autores sino porque carece de una impronta individual. lo que no es atribuible a débil capacidad creativa ni a falta de robustas individualidades, sino a sumisión a un sistema colectivo rígido" (Rama 1976: 40-41)
Oralidad: "Intensificación del régimen discursivo y didascálico de la poesía, equiparado a la oración pública [...] La función educativa que asume la poesía en la plaza republicana [...] postula una ampliación obligada del público[...] lo que determinó una general simplificación de los recurso estilísticos y una invasión de los modos oratorios […] De hecho la poesía y el discurso manejaron prácticamente el mismo repertorio y tuvieron los mismos autores" (Rama 1976: 40).
11) "El exteriorismo es la poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos" (Cardenal 1974: 16-17).
12) Ya que, como bien reza el título del artículo de Mario Rodríguez: "Nicanor Parra, destructor de mitos"' en la antipoesía: "la desmitificación del yo poético conlleva una desacralización de la poesía y de sus temas y, en última instancia, una desacralización del mundo" (63).
13) Es oportuno llamar la atención sobre la maestría en el manejo humorístico de la prosa del salvadoreño; abundan los ejemplos, pero tomamos dos, casi al azar, de la antología de Lara Martínez: " Ella nos ha llamado con suavidad desde el baño y nos ha dicho que no encuentra la llave del agua caliente, pero que a pesar de todo nos quiere mucho y además va a pedirnos que nos asomemos porque se le antoja vernos desnudos un poquitín. Como un joven Jefe de Estado Mayor que dirige antes que nadie la batalla" ("La casa de Carlos"); "Caen señoritas en paracaídas y todas, gracias al cielo del que vienen, se parecen a ti" ("Sueño No.11.880") (406 y 407).
14) En realidad, en cuanto a la influencia de la poesía norteamericana en Roque Dalton habría que retroceder, tal como lúcidamente lo expone José Emilio Pacheco, a la gravitación de José Coronel Urtecho: "El gran difusor de los poetas norteamericanos en Hispanoamérica [...] al volver en 1927 de los Estados Unidos y fundar en Nicaragua el grupo Vanguardia" (107), y a la labor precursora de Pedro Henríquez Ureña, Salvador Novo y Salomón de la Selva [El soldado desconocido] que, agrega Pacheco, vieron "la posibilidad de expropiar, para los fines de su propia lengua y dentro de su molde, la dicción poética angloamericana, como los modernistas habían ampliado inconmensurablemente el repertorio lírico castellano con recursos aprendidos en Francia" (104). Aunque, también es muy cierto -y nos permite completar el cuadro- fue a través de Walt Whitman que "se inicia un diálogo poético norte-sur. La corriente conversacional [...] se inicia con Whitman y la continúan Sandburg, Pound, H.D., Amy Lowell, Fletcher, Eliot, Patchen, cummings, Williams, Ginsberg, entre otros" (Sarabia 6).

Obras citadas

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1972 Poesía hispanoamericana 1960-1970, una antología a través de un certamen continental. México: Siglo XXI.

Roque Dalton: el poeta indócil

Por Hugo Montero

Irónico y brillante, crítico y antidogmático, poeta y militante; Roque Dalton no es sólo una de las figuras emblemáticas para comprender la historia reciente de América Latina. Es una voz que resuena hasta nuestros días y que se resiste a ocupar su lugar en el pasado. Retazos de una historia que sólo puede escribirse en tiempo presente. Desde El Salvador, escriben Juan José Dalton (su hijo) y los escritores Jaime Barba y James Iffland.

“Los muertos están cada vez más indóciles// Antes era fácil con ellos:/ les dábamos un cuello duro una flor/ loábamos sus nombres en una larga lista:/ que los recintos de la patria/ que las sombras notables/ que el mármol monstruoso.// El cadáver firmaba en pos de la memoria/ iba de nuevo a filas/ y marchaba al compás de nuestra vieja música.// Pero qué va/ los muertos/ son otros desde entonces.// Hoy se ponen irónicos/ preguntan.// ¡Me parece que caen en la cuenta/ de ser cada vez más mayoría!”. (El descanso del Guerrero, de “Taberna y otros lugares”, 1969)
Empacado el tipo, se resiste a ocupar su lugar en la fila. El fantasma rebelde se empecina en abandonar las zonas marcadas para los espectros de ayer y juega a importunar a los editores de los diarios con sus ácidas acotaciones, se divierte al irrumpir con humoradas en los aburridos discursos académicos, susurra sus versos más filosos a las voces de la calle, invade una y otra vez, como un estigma, las pesadillas de sus asesinos. El tipo no se queda quieto, se niega a toda voz a perderse en el olvido y pelea a empujones contra las leyes de la muerte. El fantasma rebelde juega con los lápices ajenos y borra, al primer descuido del cronista de turno, los verbos que se refieren a él en pasado. Casi siempre lo ven aparecer por las tardes disfrazado de mito, surge irreverente como herida abierta, sangrante aún, y su imagen es un desgarro lacerante para todo un pequeño país al que alguna vez bautizaron bíblicamente con el nombre El Salvador. En la superficie gris de los vivos, su recuerdo es inevitable: como símbolo y como mártir, como poeta-mito y también como intelectual-desmitificado, como disfrutante de la vida y como rebelde incansable, como marxista y como cristiano, como jodón y como antidogmático. Roque Dalton no se calla nada y sigue hablando hoy, y de sus brazos tiran las cuerdas de los vivos. La derecha, que jamás le perdonó sus convicciones y muchos menos su sacrificio militante, impone sus leyes como triunfadora en la batalla y elude sin rubores la incomodidad de su ejemplo revolucionario. Lamenta la derecha semejante “desvío” en el camino puro de un hombre de letras y resalta, oportunista, una y mil veces, las sombras de su asesinato. La izquierda lo elige como bandera de lucha, su voz es la furia de un mar embravecido que llama (¿no era llamaba?) a cambiarlo todo desde la raíz con el fuego entre los labios, lo descubre hoy como poeta y lo defiende como combatiente. El resto observa el desdoblamiento del poeta como una ceremonia atroz de descuartizamiento: cada quién se lleva un pedazo de Roque para su trinchera. Pero el poeta es indócil y resiste. Se niega a la ceremonia que intenta dividirlo y estratificarlo, como si fuera posible leer sus versos cálidos ignorando los senderos que eligió en su derrotero personal. Cada noche, como el Ave Fénix, los retazos de Roque Dalton vuelven a surgir de las entrañas de la tierra y a fundirse en uno solo: el hombre que fue y que, hasta ahora, sigue siendo puro presente en El Salvador.
“Hablar de Roque es hablar de quienes fuimos, de quienes somos hoy, de dónde y cómo plantamos el pie en las encrucijadas actuales. (...) Abran el juego, pues: dime cómo defines a Dalton y te diré quién eres y hacia dónde caminas”, escribió el intelectual salvadoreño Álvaro Rivera. Es así: hablar de Roque hoy es leer la historia trágica de un pueblo, es conocer detalles de una poética tan personal como hija de su continente y de su tiempo, y es también acercarse a una batalla inacabada contra el enemigo imperialista y contra los dogmáticos que nunca faltan en las filas rebeldes. Y hoy, la imagen de Dalton es el espejo más difícil de eludir, ese espejo en el que se reflejan hoy sus contemporáneos, sus acérrimos enemigos de clase, sus queridos compañeros de lucha, sus impunes asesinos, los mismos que hoy defienden los intereses de aquellos que decían combatir.

“No confundir,/ somos poetas que escribimos/ desde la clandestinidad en que vivimos./ No somos, pues, cómodos e impunes anonimistas:/ de cara estamos contra el enemigo/ y cabalgamos muy cerca de él, en la misma pista./ Y al sistema y a los hombres/ que atacamos desde nuestra poesía/ con nuestras vidas les damos la oportunidad de que se cobren,/ día a día.” (Sobre nuestra moral poética, de “Poemas clandestinos”, 1974) El joven cronista se acercó silencioso al monumental pintor. La exhuberancia física de Diego Rivera imponía un respeto que solía mezclarse con una cierta dosis de temor para los advenedizos que osaban interrumpirlo en mitad de su trabajo. El corazón del joven cronista de 18 años latía a martillazos ante el gigante mexicano. No iba a ser fácil, estaba seguro. No lo fue. De hecho, fue la entrevista más breve en la incursión de Roque Dalton por el oficio de periodista. Fue, también, el diálogo más violento de su vida, el que cambió su mirada sobre las cosas y el que marcó su propia tarea como poeta en construcción. Y duró tan sólo unos segundos. Rivera fue el primero en hablar, con su vozarrón aguardentoso...
“-¿Cuántos años tienes?
-Dieciocho.
-¿Has leído algún libro de Marx?
-No.
-Entonces tienes dieciocho años de ser un imbécil”.
Fin de la entrevista. Aquel feroz intercambio de palabras con el muralista en 1953, durante una corta estadía de Dalton en Chile que tenía como objeto estudiar leyes en la universidad, dejó una huella en el alma del poeta. A partir de ese día, ya nada fue lo mismo. Su viaje de regreso a San Salvador significó el descubrimiento de su propio país como elemento esencial de su poesía. Hasta ese viaje iniciático a Chile, Dalton ofrecía en su poesía una mirada lúdica y “nerudiana” en sus versos, mirada que sufrió un violento cambio de perfil a partir de aquellos días de juventud. “Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad”, explicó más tarde.
Frente al dilema de una realidad que le era hasta entonces lejana, cuando no indiferente, desde su educación cristiana las preguntas comenzaron a asaltar el corazón del poeta. Eran momentos de transformación a nivel personal y poético, y esa mutación significaba elegir un camino para dejar atrás el anterior. Ese cambio profundo a nivel personal incluía una apuesta personal hacia el compromiso y la militancia, pero también sería el comienzo de una visión crítica hacia toda aquella poesía que elegía mantenerse ajena a los acontecimientos de la época: “¿Cómo pudisteis cantar infamemente a las abstractas rosas y a la luna bruñida, cuando se caminaba paralelamente al litoral del hambre y se sentía el alma sepultada bajo un volcán de látigos y cárceles, de patrones borrachos y gangrenas y oscuros desperdicios de vida sin estrellas?... Ay poetas que os olvidasteis del hombre, que os olvidasteis de lo que duelen los calcetines rotos, que os olvidasteis del final de los meses de los inquilinos, que os olvidasteis del proletario que se quedó en una esquina con un bostezo eterno inacabado, lleno de balas y sin sangre, lleno de hormigas y definitivamente sin pan... ay poetas ¡cómo duelen vuestras estaturas inútiles”, escribió entonces.
El dilema del “compromiso” del artista se transformó a partir de allí en una cuestión de principios que lo acompañaría durante toda su corta vida. “Para qué debe servir la poesía revolucionaria? ¿para hacer poetas o para hacer la revolución?”, se preguntaba, mitad ironía y mitad verdad. Pero Dalton no estaba dispuesto a dejarse llevar por aquella moda que repetían ciertos rebeldes de bolsillo del sistema ante cada auditorio, voces ambiguas repletas de eufemismos y de atajos oportunos para eludir incómodas definiciones. Para Roque, la poesía era su herramienta y el combate debía, inexorablemente, contemplar la confrontación directa contra las fuerzas de los explotadores: “Considero que todo lo que escribo está comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha armada”. Así, sin ambigüedades ni medias tintas, Dalton planteaba la caracterización de su labor y la perspectiva de la lucha política que tenía a América Latina como escenario definitorio.

“Una crítica a la Unión Soviética/ sólo la puede hacer un antisoviético.// Una crítica a China/ sólo la puede hacer un antichino.// Una crítica al Partido Comunista Salvadoreño/ sólo la puede hacer un agente de la CIA.// Una autocrítica equivale a un suicidio”.

El asesinato de Roque Dalton es uno de los episodios más oscuros de la historia de la izquierda latinoamericana. Ningún otro hecho fusionó en un solo crimen una perversa trama protagonizada por dogmáticos, estúpidos, desviados, burócratas, verticalistas y asesinos. Nunca en la historia reciente del continente se evidenció tan claramente los peligros del sectarismo para una organización de izquierda. Osado sería intentar despejar las sombras que todavía cubren los sucesos de aquellos días de mayo de 1975 desde este puñado de líneas que intentan recordar retazos de la vida y la obra de un poeta. Apenas decir que a Roque Dalton lo mató un pequeño grupo de dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de El Salvador, en medio de una profunda crisis interna y amparándose en una acusación falsa y ridícula. Los nombres de sus asesinos merecen, también, un lugar en esta historia para que jamás puedan ocultarse en los suburbios del olvido. Y también para conocer un poco sobre sus pasos siguientes. Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval y Joaquín Villalobos, decidieron la suerte de Dalton. Uno de ellos fue fusilado (Rogel), otro huyó con el dinero de su propia organización y, se dice, vive en Italia amparado en el anonimato gracias a una cirugía estética (Rivas Mira), y el otro, el peor de todos (Villalobos), se transformó en un miserable vocero del sistema, y asesora hoy a gobiernos “en conflicto” después de estudiar en Oxford y de firmar el cese de fuego el 1° de febrero de 1992 como dirigente del Frente Farabundo Martí citando en su discurso... a Roque Dalton: “Los salvadoreños somos excepcionales y hemos pasado bien la más dura prueba de nuestra historia. Dalton, en su Poema de amor, describe muy bien a los salvadoreños como los ‘hacelotodo, los comelotodo, los vendelotodo’. Lancémonos a trabajar por el futuro para dejar de ‘ser los tristes más tristes del mundo y comenzar a vivir con felicidad la paz”. Nada más infame que escuchar al verdugo citar los versos de su víctima. Nada más absurdo que escuchar a un ex rebelde travestido en funcionario, asesor del gobierno de México en el conflicto en Chiapas y ahora susurrando fórmulas al oído del presidente colombiano en su pelea contra la guerrilla de las FARC. Esa es la patética parábola que dibujaron los verdugos del poeta, marchitos espectros que jamás pudieron despegarse del error más trágico que cometieron en sus vidas. Al mismo tiempo, el mito del poeta se agiganta, se multiplica y se expande.
No te pongas bravo, poeta.../ La vida paga sus cuentas con tu sangre/ y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor./ Cógele el cuello de una vez, desnúdala,/ túmbala y haz de ella tu pelea de fuego,/ rellénale la tripa majestuosa, préñala,/ ponla a parir cien años por el corazón./ Pero con lindo modo, hermano,/ con un gesto propicio a la melancolía”.
(No te pongas bravo, poeta..., de “Un Libro Levemente Odioso”)
“Sirviente, payaso o enemigo”, esos eran los estamentos que podían definir a los artistas según Dalton, y esas categorías no eran otra cosa que caminos que podían marcar el destino de cada intelectual de por vida. Aquellos voceros a sueldo del imperialismo eran los más evidentes a la hora de identificarlos, pero el caso de los “payasos” era un desafío para observadores y oídos atentos: “La posibilidad de convertirse en una suerte de prostituta intelectual, muy bien pagada, o un payaso simpático, al servicio de los intereses más inconfesables, aunque a veces, en los mejores y más inocentes de los casos, no se tenga conciencia de ello”, destacó Dalton entonces.
De todas formas y pese a la fortaleza de sus convicciones y de su compromiso con la lucha armada como única vía posible para derrotar al imperialismo, Dalton no cede a la tentación dogmática y cuadriculada del arte hueco y panfletario tan ligado al ideario stalinista. Para el poeta “el comunista que trata de hacer la revolución con un mal poema objetivamente hace contrarrevolución”. “Hay que desterrar esa concepción falsa, mecánica y dañina, según la cual el poeta comprometido con su pueblo y con su tiempo es un individuo iracundo o excesivamente dolido que se pasa la vida diciendo, sin más ni más, que la burguesía es asquerosa, que lo más bello del mundo es una asamblea sindical y que el socialismo es un jardín de rosas dóciles bajo un sol especialmente tierno”, señala Dalton en una conferencia en Casa de las Américas. Otra vez, Dalton esquiva los moldes. Inasible como creador y crítico como intelectual, tan enemigo de los mercenarios de enfrente como de los burócratas de al lado (“Estamos por la lucha armada/ pero en contra de comenzarla”, los ridiculizó), Dalton elige su lugar en la batalla y no se detiene hasta encontrar su lugar como poeta y como combatiente. Ese lugar elegido unificaba sus pasiones y despertaba sus más íntimos anhelos; era su país. Ese país pequeño, con nombre bíblico que fue agua para su sed de poeta y sangre para su lucha política.

“Uno hace versos y ama/ la extraña risa de los niños,/ el subsuelo del hombre/ que en las ciudades ácidas disfraza su leyenda,/ la instauración de la alegría/ que profetiza el humo de las fábricas.// Uno tiene en las manos un pequeño país,/ horribles fechas,/ muertos como cuchillos exigentes,/ obispos venenosos,/ inmensos jóvenes de pie/ sin más edad que la esperanza,/ rebeldes panaderas con más poder que un lirio,/ sastres como la vida,/ páginas, novias, esporádico pan, hijos enfermos,/ abogados traidores/ nietos de la sentencia y lo que fueron,/ bodas desperdiciadas de impotente varón,/ madre, pupilas, puentes,/ rotas fotografías y programas./ Uno se va a morir,/ mañana,/ un año,/ un mes sin pétalos dormidos;/ disperso va a quedar bajo la tierra/ y vendrán nuevos hombres/ pidiendo panoramas./ Preguntarán qué fuimos,/ quienes con llamas puras les antecedieron,/ a quienes maldecir con el recuerdo./ Bien./ Eso hacemos:/ custodiamos para ellos el tiempo que nos toca”. (Por Qué Escribimos, de “La Ventana en el Rostro”, 1961).

Fuente: Revista Sudestada Nº 47, abril 2006



INVOCACIÓN

Andábamos amando las viejas oropéndolas,
buscando establecidas mariposas
entre las sederías insondables,
aportando la voz para cubrir el llano originado
en el dolor universal del hombre.
 
El pueblo ahí, difuso, a las espaldas,
como un presentimiento de inquietudes ingratas,
como una agrupación de estímulos
de los que se podía prescindir
sin ensuciarse.
El pueblo ahí.
Nosotros con los ángeles.
 
Padre Anastasio Aquino, descorredor de velos;
matador de prejuicios,
padre Anastasio Vida;
padre Anastasio Pueblo,
violador de la noche:
llegastes
desde el centro de la historia,
desde el origen de la historia,
desde las proyecciones de la historia,
a colocarnos la verdad
entre la garganta y la vocación,
a colocarnos la verdad en la esperanza
como una hostia feroz, roja y gigante,
plena de amor al hombre matinal
que habremos de construir para la dicha.
 
Padre de la patria.
Comandante de la patria.
Corazón rebelde de la patria.
Honor, decoro, altiva dignidad,
puño gigante de la patria:
que se encarne en nosotros tu figura antigua;
que aparezca de nuevo tu manera silvestre
de reclamar la dicha;
que en cada pan
haya un recuerdo de tu esencia;
que en cada día nuevo los muchachos
entonen la plegaria absoluta de tu nombre;
que se agigante tu voz
en las ciudades estériles;
que se lancen tus flechas milenarias
para marcar la frente de los nuevos traidores
y que tu ejemplo altivo
haga hallar el camino a los poetas cobardes.
Que se incendien los campos y los pueblos
al recordar la altura de tu sangre de izquierda,
y que todos los nuevos,
los campesinos sólidos, los obreros en pie,
los que estudiamos para el pueblo,
nos aunemos ardorosamente
en las jornadas agitadas de la lucha
y terminemos de construir tu gran mañana.
 

CREDO DEL CHE

El Che Jesucristo
fue hecho prisionero
después de concluir su sermón en la montaña
(con fondo de tableteo de ametralladoras)
por rangers bolivianos y judíos
comandados por jefes yankees-romanos.
Lo condenaron los escribas
y fariseos revisionistas
cuyo portavoz fue Caifás Monje
mientras Poncio Barrientos trataba
de lavarse las manos
hablando en inglés militar
sobre las espaldas del pueblo
que mascaba hojas de coca
sin siquiera tener la alternativa
de un Barrabás
(Judas Iscariote fue de los que desertaron de la guerrilla
y enseñaron el camino a los rangers)
Después le colocaron a Cristo Guevara
una corona de espinas
y una túnica de loco
y le colgaron un rótulo del pescuezo
en son de burla
INRI: Instigador Natural
de la Rebelión de los Infelices.
Luego lo hicieron cargar su cruz encima de su asma
y lo crucificaron
con ráfagas de M-2
y le cortaron la cabeza y las manos
y quemaron todo lo demás
para que la ceniza
desapareciera con el viento
en vista de lo cual
no le ha quedado al Che otro camino
que el de resucitar
y quedarse a la izquierda de los hombres
exigiéndoles que apresuren el paso
por los siglos de los siglos
Amén.
 

EL DESCANSO DEL GUERRERO

Los muertos están cada día más indóciles.

Antes era fácil con ellos:
les dábamos un cuello duro una flor
loábamos sus nombres en una larga lista:
que los recintos de la patria
que las sombras notables
que el mármol monstruoso.

El cadáver firmaba en pos de la memoria
iba de nuevo a filas
y marchaba al compás de nuestra vieja música.

Pero qué va
los muertos
son otros desde entonces.

Hoy se ponen irónicos
preguntan.

¡Me parece que caen en la cuenta
de ser cada vez más la mayoría!
 

EPITAFIO

Apareció un día de tantos
se supone.
 
Al principio solía beber vino a tragos lentos
en el último bar de aquella playa oscura
 
pronunciando los nombres de los mariscos
de una manera que llamaba a risa
y cantando confusas baladas que ninguno de los pobres borrachos
entendía.
 
Después se fue quedando aquí simplemente
sudoroso y rojísimo bajo el sol obstinado
casó con una puta oscura -santa mujer de lástima-
inaugurando una larga vecindad de silencio.
 
Phillips O’Mannion los ojos y el recuerdo llenos de su Irlanda natal
murió ayer en la calle las manos crispadas junto al pecho
sin pronunciar una palabra
sin alarmar a nadie
como quien paga por la vida poco precio.
 
Al estarle enterrando se rompieron las cuerdas
y el féretro cayó de golpe saltándose la tosca tapa de pino.
 
Su compañera -los labios despintados-
le echó el primer puñado de tierra
directamente en el rostro.
 

HITLER MAZZINI: COMPARACIÓN ENTRE CHILE EN 1974 Y EL SALVADOR EN 1932

"No me extraña que calumnien
a la Honorable Junta Militar de Chile.
Los comunistas son así.
Dicen que en unos cuatro meses
los militares han matado
a más de ochenta mil chilenos.
Eso es una exageración
pues las pruebas concretas
dicen que los muertos no pasan
de unos cuarenta mil.
Así fue con lo de El Salvador en 1932.
Los comunistas dicen que el General Martínez
mató en menos de un mes
a más de treinta mil guanacos.
Eso es una exageración:
los muertos comprobados no pasaron de veinte mil.
Los demás
fueron considerados desaparecidos."
 

EL AMOR

El amor es mi otra patria
la primera
no la de que me ufano
la que sufro.
 

CUANDO LLEGUE LA OCASIÓN

¿Quién ante una tonadilla considerada sincera
no decidió echar al viento sus miedos
olvidar sus aprehensiones
volver a empezar
no escupir más en el café de Tío Ricardo?
 
Fue así como no nos llegaron
los dibujos satíricos de las Cuevas de Altamira.
 
Poetas:
no rompáis los frutos de vuestros ex-abruptos.
 
Todo consiste en esperar a la Cantante Calva.
 

CARTITA

Queridos filósofos,
queridos sociólogos progresistas,
queridos sicólogos sociales:
no jodan tanto con la enajenación
aquí donde lo más jodido
es la nación ajena.
 

LO QUE ME DIJO UN ANARQUISTA ADOLESCENTE

(Este proyecto no es original. Me fue comunicado por E. B., obispo en sus ratos de ocio, quien a su vez lo recibió de labios del anarquista adolescente que menciono, de oficio retratista)
 
No matéis a los curas, pueblos que despertáis y caéis en la cuenta
de la estafa más grande que edad alguna oliera.
 
Por el contrario estimulad su cría,
cebadlos uno a uno con esmero acucioso.
Así podréis ir luego montados en curas gordos al trabajo
-la gasolina siempre tiende a subir-,
dejarlos amarrados a la puerta del bar,
decir -oh desdeñoso ancestro que os resurge-
que el vuestro está más brioso que los otros mostrencos.
 
Los domingos llevaremos a los niños a las carreras de curas
-único juego de azar que será permitido-
en las cuales brillarán los descendientes pur sang de los obispos.
 
Habrá curas de tiro y carga, curas trotones, curas sementales,
y tendrán los establos olor a santidad.
 
Los curas inservibles serán embalsamados
y vendidos como adornos de salón:
la tonsura podrá servir de cenicero.
 

DE ACUERDO: ES CIERTO QUE TE PARECES A MAY BRITT

Tu cabello es harina de otro costal
prohibido representarlo en este lado de la Cortina de Hierro
enamorado de los saltos mortales casi un exiliado español
tu cabello es mi Guatemala mi Brasil y mi iglesia de San Julián Cacaluta
merece un premio a la mejor realización en el Festival de Pessaro
tu cabello es el capitán Corisco de mi corazón
no lo cambiaría ni por las obras completas de Tom Mix
a tu cabello "no le interesa determinar el género; prefiere
la ambigüedad, o que los críticos sean quienes determinen"
tu cabello es parcamente heracliteano no abusa de la dialéctica
tu cabello abofetearía a quien lo comparara con una bandera conciliatoria
pero no esquivaría la linajuda similaridad con una gaviota que cae
herida por un granizo tropical
áspero y enemigo como la misma reyerta
tu cabello es como cuando uno chupa un jocote de corona sazón
después de un gran trago de aguardiente de quince centavos
y arroja luego diabólicamente la semilla sobre la espalda de un perrito
que dice "juick" con una tristeza Walt Disney
y huye hacia lo desconocido de la noche entre las carcajadas de los borrachos
en tu cabello he perdido saliva lágrimas y palabras
un esquema de cuento de Malcolm Lowry en prueba de galeras
y diez diapositivas Agfacolor con íconos de Rubliov
tu cabello quisiera vivir en Alejandría
pero se tiene que quedar aquí en La Habana
en un húmedo rincón del Vedado que sólo en muy escasas ocasiones
logramos construir entre tu espalda y mi pecho
tu cabello necesita solamente una guacamaya lunática
para que suene como las selvas de mi país
tu cabello es harina de otro costal es decir
tu cabello es ahora
blanco.
 
Yo insisto en que es más bello su negro natural.
 

TODOS

Todos nacimos medio muertos en 1932
sobrevivimos pero medio vivos
cada uno con una cuenta de treinta mil muertos enteros
que se puso a engordar sus intereses
sus réditos
y que hoy alcanza para untar de muerte a los que siguen naciendo
medio muertos
medio vivos.
 
Todos nacimos medio muertos en 1932.
 
Ser salvadoreño es ser medio muerto
eso que se mueve
es la mitad de la vida que nos dejaron.
 
Y como todos somos medio muertos
los asesinos presumen no solamente de estar totalmente vivos
sino también de ser inmortales.
 
Pero ellos también están medio muertos
y sólo vivos a medias.
 
Unámonos medio muertos que somos la patria
para hijos suyos podernos llamar
en nombre de los asesinados
unámonos contra los asesinos de todos
contra los asesinos de los muertos y los mediomuertos.
 
Todos juntos
tenemos más muerte que ellos
pero todos juntos
tenemos más vida que ellos.
 
La todopoderosa unión de nuestras medias vidas
de las medias vidas de todos los que nacimos medio muertos
en 1932.
 

LAS PALABRAS
 
I
Es fácil decir
el hombre más grande de este siglo
colgar las palabras como gallardetes
porque otra fiesta va a empezar
el más humano es el más sencillo
corazón del pensamiento y
pensamiento del corazón
(incitados simplemente a alegrarnos
el corazón vuelto un joven acordeón
para himnos y loas)
el que más construyó
el que mejor enseñó la destrucción constructiva
y la sencilla construcción basada en el trabajo
 
porque a un hombre como él
se puede acudir tranquilamente con un lugar común
con una sentencia sacada de los libros sagrados
o con lo que dice un niño al despertar.
 
Sin embargo
queremos para nombrarlo palabras sólidas
que resistan en medio de la noche
los nuevos vientos del mundo
palabras hijas de sus palabras
fundadoras
pétreas
inconmovibles
pertrechadoras para la lucha y la fraternidad
para la lucha de la fraternidad.
 
Las palabras no para la danza
o la declamación en nuestro mundo urgido
sino para desentrañar la sed
el grito
el proclamado «¡Basta ya!» de los hambrientos
mestizos por la oscuridad de la explotación
y la luz de la furia.
 
Las palabras para el canto de las conciencias.
 
II
«Para los campesinos de mi patria
quiero la voz de Lenin.
 
Para los proletarios de mi patria
quiero la luz de Lenin.
 
Para los perseguidos de mi patria
quiero la paz de Lenin.
 
Para la juventud de mi patria
quiero la esperanza de Lenin.
 
Para los asesinos de mi patria,
para los carceleros de mi patria,
para los escarnecedores de mi patria,
quiero el odio de Lenin,
quiero el puño de Lenin,
quiero la pólvora de Lenin.»
 

PLAYA NEGRA

Esta sortija de humo que aquí veis,
hermanos de la arena, a pesar de la noche,
heredela en un rato de descuido.
 
¿Acaso es el anillo perdido en la barriga del delfín,
acaso fue dogal de un hueso fétido,
fétido, digo yo, de tanta vida incalcinable?
 
No.
Se trata simplemente
del desgastado símbolo del sueño.
 
Atado estoy a él
y por su medio a la eficacia del dormido,
a sus agudas sílabas de niebla.
 
Yo no tengo la marca de la frente o los ojos.
Sólo este anillo de humo.
 

ACTA

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.
 

DORMIR

Mi muerte o mi niñez
¿cuál la corona
apta para estos días torpes,
digo, para la lámpara
que deba presidir la vislumbrada
suerte de una esperanza misteriosa?
 
Desorden deleitable:
mi juventud nadara
en tus leches magníficas,
ahogara
sus últimos pudores en tu espuma,
pero ¿hay útil crueldad,
visita de bajeles a la ruta
de las cadenas? ¿Hay temores
que no pare mi mano en modo de ala?
¿Hay finalmente, olvido
en que cuelgue el amor su vasto espacio?
 
Dormir es leerse el pecho,
bajar hasta las señas de la sangre
arrodillado,
pronunciar la oscurana
hueca como los himnos.
 

KAPUT

El niño que mostraba el gusanito a los condenados
que inauguró el amor con un perro o una mata de plátano
el niño que prefería la pechuga a las piernas del pollo
el primer denunciador de la pornografía de Blanca Nieves
el niño que fue la perdición de cinco primas
una tía y dos amigas de mamá
el niño que inventó los nuevos mapas
de la acupuntura gozosa
el cerebro gris tras el trono de Havelock Ellis
el niño-no-apto-para-menores-de-18-años
el criado con leche de las Salas-cuna de Gomorra
el niño que le tocó la manzana a Eva
y fue expulsado antes que Adán del aburrido paraíso
el niño que creó la necesidad de las sillas las paredes
los muros las graderías de los stadiums
el niño-tirabuzón el niño-abrelatas
el niño que no ha perdonado ni al canario
fue finalmente enviado a Dinamarca
porque imagínese usted.
 

GUERRA

Mi verdadero conflicto
hondureño-salvadoreño
fue con una muchacha.

A LA POESÍA

Agradecido te saludo poesía
porque hoy al encontrarte
(en la vida y en los libros)
ya no eres sólo para el deslumbramiento
gran aderezo de la melancolía.

Hoy también puedes mejorarme
ayudarme a servir
en esta larga y dura lucha del pueblo.

Ahora estás en tu lugar:
no eres ya la alternativa espléndida
que me apartaba de mi propio lugar.

Y sigues siendo bella
compañera poesía
entre las bellas armas reales que brillan bajo el sol
entre mis manos o sobre mi espalda.

Sigues brillando
junto a mi corazón que no te ha traicionado nunca
en las ciudades y los montes de mi país
de mi país que se levanta
desde la pequeñez y el olvido
para finalizar su vieja pre-historia
de dolor y de sangre.
 

PARA UN MEJOR AMOR

"El sexo es una categoría política."
Kate Mills
Nadie discute que el sexo
es una categoría en el mundo de la pareja:
de ahí la ternura y sus ramas salvajes.
Nadie discute que el sexo
es una categoría familiar:
de ahí los hijos,
las noches en común
y los días divididos
(él, buscando el pan en la calle,
en las oficinas o en las fábricas;
ella, en la retaguardia de los oficios domésticos,
en la estrategia y la táctica de la cocina
que permitan sobrevivir en la batalla común
siquiera hasta el fin del mes).
Nadie discute que el sexo
es una categoría económica:
basta mencionar la prostitución,
las modas,
las secciones de los diarios que sólo son para ella
o sólo son para él.
Donde empiezan los líos
es a partir de que una mujer dice
que el sexo es una categoría política.
Porque cuando una mujer dice
que el sexo es una categoría política
puede comenzar a dejar de ser mujer en sí
para convertirse en mujer para sí,
constituir a la mujer en mujer
a partir de su humanidad
y no de su sexo,
saber que el desodorante mágico con sabor a limón
y jabón que acaricia voluptuosamente su piel
son fabricados por la misma empresa que fabrica el napalm
saber que las labores propias del hogar
son las labores propias de la clase social a que pertenece ese hogar,
que la diferencia de sexos
brilla mucho mejor en la profunda noche amorosa
cuando se conocen todos esos secretos
que nos mantenían enmascarados y ajenos.
 
LA PEQUEÑA BURGUESÍA

(Sobre una de sus Manifestaciones)

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
de los que tienen hambre
para eliminar la explotación de los explotados.
Es natural entonces
que en la práctica revolucionaria
cedan sólo ante el juicio de la Historia
de la moral el humanismo la lógica y las ciencias
los libros y los periódicos
y se nieguen a conceder la última palabra
a los hambrientos, a los explotados
que tienen su propia historia de horror
su propia lógica implacable
y tendrán sus propios libros
su propia ciencia
naturaleza
y futuro.
 
«Y así como el común de la gente tiene amigos médicos, aficionados a la magia o cantantes, yo tengo una buena cantidad de camaradas torturados y muertos.»
 «Ironizar sobre el socialismo parece ser aquí, en Praga, un buen digestivo, pero te juro que en mi país primero hay que conseguirse la cena.»
 «Lo importante fue que cuando regresé de Chile a El Salvador con los rudimentos de marxismo que llevaba, con las líneas generales que había podido captar en algunos libros mal leídos y sin ningún orden, pude descubrir mi país, un país desconocido, un país que nunca había visto: pude descubrir las contradicciones de clase, la miseria terrible, sus orígenes, etc..., que me dieron un panorama en el cual yo nunca, sinceramente, había caído en la cuenta.»
 «El movimiento comunista internacional ha venido sopesando la gran mierda de Stalin.»
 «La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella. Claro, se puede hacerla sin jugarse la vida, pero uno suponía que sólo en el campo enemigo.»
 «Tengo miedo de dormir solo con ese libro de Trotski en la mesa de noche: es terrible como una lámpara, como un cubo de hielo en el espíritu del anciano resfriado.»
 «El budismo Zen es una experiencia magnífica, siempre y cuando te lleve paulatinamente al terrorismo.»
 «Toda la literatura del siglo pasado es literatura infantil; Dostoievsky es una especie de Walt Disney que solamente contó con un espejo: no lo puso en un camino sino, ante la boca abierta de quienes recién vomitaron su alma.»
 «Desde el punto de vista político, lo verdaderamente relevante para mí fue confirmar que cuando uno toma una decisión sobre lo que va a hacer de su vida, ni la muerte es capaz de hacerlo dar marcha atrás. Y hay que ser rápido en las decisiones. ¿Que ahora nos toca morir? Bueno, hay muchísimos otros a nuestras espaldas. Cuando tú tomas esa decisión, nada que haga el enemigo podrá afectarte verdaderamente. Creo que inclusive es simple.»
 «¿Para qué debe servir la poesía revolucionaria? ¿Para hacer poetas o para hacer la revolución?»
 «No: yo no estoy con los chinos. Meter la podadora en el jardín de las flores abiertas no va conmigo. Tampoco lo de que el enemigo público número uno sea la erección y que la paz sólo es magnífica en la cama. Qué tontos son: el enemigo público número uno.»
 «En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963 tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pequeños pueblos pueden ser capaces de un destino mundial extraordinario.»
 «Y me llamarán el escrutado, el más apto para ser odiado.»
 «Me quedan algunos meses de vida. Los elegidos de los dioses, seguimos estando a la izquierda del corazón. Debidamente condenados como herejes.»

La culebra

Por Roque Dalton

-Ve pué, ahora que miacuerdo,todo esto no es ni mierda; lo verdaderamente serio fue cuandonos manió la culebra al viejo Ramos y a mí. Se trataba de infiltrarse en la nocturnidad entre una cantidad de vigilancia impresionante,dinamitar teóricamente el puente de la carretera central
y volver al camión donde nos esperaba el capitán,ROLEX en mano,todo ello en 30 minutos. Distancia de arrastre en zona sin vegetación: cien metros de campo no minado. El viejo sabía arrastrarse como un topo,parecía que iba bajo tierra y yo lo que hacia era pegármele,poniéndole la cabeza en los carcañales.
A medio camino decidimos dejar allí las pistolas y los cuchillos y quedarnos solo con las cargas para mayor comodidad en el arrastre.
-No había luna,pero aquello no era precisamente una boca de lobo y además los camiones y los autos de la carretera pegaban de cuando en cuando unos brochazos de la luz que se te encogia el seretete.
Los centinelas estaban ahí nomás,bien recortados contra el cielo,con sus ametralladoras de mano con bayoneta calada.
-De pronto el viejo se detuvo, yo pensé que él creía que se había dejado ver, pero como vi que se tardaba me le aparée y le soplé: "qué pasa viejo cerote, nos quedan 16 minutos".
Y el viejo como furioso, él que nunca he había faltado al respeto, a pesar de mi eterna jodedera, me dijo: ?qué no estas viendo pendejo?".

Yo no miraba nada,sólo lo oía respirar cansado,pero cuando fui a tocarlo para puyarle las costillas como se hace con los bueyes para que caminen,me di cuenta:tenía una e-nor-me culebra enrollada en el cuerpo.
Un escalofrío me recorrió todo el mío,aunque pronto oí una voz del cielo:"es masacuata, baboso, Majá de Santa María,no es venenosa ni es capaz de matar a un hombre por constricción".
De tal manera que cuando la culebra me atrapó a mí también por los brazos,no salí dando alaridos y pude reprimir la sensación de asco helado, por el roce y el tufo a saliva de loco.
El viejo me dijo que le pellizcará la cola a la animala,con toda mi alma, pero que va,la masacuata como que si ni tal,tenia dura la nalga puyuda,más bien yo me jodía el dedal.
El viejo se puso en arco..casi de culumbrón tensándose para zafarse, pero la imbécil coyunda seguía firme.
Yo pensaba que por la tal culebra nos iban a alcanzar a ver y se iba a armar la del diablo con la tirazón y las bengalas y se iba a joder todo.
De repente,ella sola,sin que mediara nada por nuestra parte, la masacuata se fue zafando como zoguilla rota y nos dejó libres. Con aquel susto lo demás fue babosada.

Llegamos hasta bajo el puente,colocamos la carga y les dejamos un papel con insultos a los centinelas. Regresamos por el mismo lugar un poco contumeriosos por si aparecía de nuevo la amiga,recogimos las armas y llegamos al camión con dos minutos de retraso. Cuando volvíamos al campamento y el capitán nos dio permiso para fumar, le contamos y él se doblaba de la risa: "por mi madre que ustedes son de a caballo Atila --decía- si a mí me pasa, se jode la operación y la tercera guerra mundial, porque yo salgo gritando despavorido y no paro hasta encontrar un bar".

Y nosotros bien culones de que el capitán dijera eso,porque sabíamos que era mentira,que el tipo habría cumplido así lo enredara las canillas un dragón echando fuego de azufre, tan es así que una vez se había agarrado a tiros con un tanque y ganó la batalla,embarrancó el tanque,mató a los 3 que iban adentro,desatornilló la 30 ,se la echó al lomo y se la llevó.

[Del libro Pobrecito Poeta que era Yo]

La metamorfosis de Joaquín Villalobos

Por Roberto Bardini

El ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, quien pasó por la universidad inglesa de Oxford para metamorfosearse en politólogo, se ha convertido impúdicamente en "asesor de conflictos" del presidente colombiano Alvaro Uribe. Sin embargo, Villalobos carga con una mancha aún peor: fue él quien en 1975 dio la orden de asesinar a Roque Dalton, uno de los más brillantes intelectuales centroamericanos.

En diciembre de 1977 cobró fuerza la insurrección sandinista contra el dictador Anastasio Somoza y el 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los rebeldes salvadoreños en el castillo de Chapultepec, de la ciudad de México. Entre esas dos fechas fui corresponsal en América Central. Vivía en Honduras pero me desplazaba a través de Nicaragua, El Salvador y Guatemala por cuenta del diario mexicano El Día, la desaparecida revista de circulación latinoamericana Cuadernos del Tercer Mundo y la Agencia Nueva Nicaragua (ANN).

Fueron los 14 años más intensos y privilegiados en mi oficio de reportero. Hago esta alusión personal porque creo que puedo decir con cierta autoridad profesional que Joaquín Villalobos ha tenido a partir de 1992 una trayectoria lamentable.

Convertido en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración con Uribe ya era -y sigue siendo- 'apagaincendios' del actual presidente de su país, Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña (TCS).

Además, cada vez que el gobierno enfrenta conflictos sociales, el analista viaja desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo acerca de huelgas, movimientos sociales, partidos políticos, campesinos, trabajadores y estudiantes. Y con un pragmatismo sorprendente no pierde una sola oportunidad para criticar a sus antiguos compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Un "error de juventud"

El 10 mayo pasado se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton, periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

La orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos, quienes también mandaron 'arrestar' a Dalton el 13 de abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era 'agente de la CIA'. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años.

El cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón. El cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros.

El asesinato fue 'injusto, un error de juventud, el más grave que cometí', le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: 'Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente criminal, lo cual no es posible', escribió.

"Como si supiera que me van a matar al día siguiente"

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología, por poco tiempo, en México.

En 1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas tarde su encuentro con el pintor: 'Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó'.

En 1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido Comunista, al que abandonó años después.

Por su militancia estuvo preso y desterrado. Condenado a muerte dos veces, logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cayó el dictador de turno cuatro días antes de su ejecución. La segunda -el día de Cristo Rey, en 1964- un terremoto sacudió San Salvador y derrumbó una de las paredes de su celda, situación que el escritor aprovechó para huir a toda velocidad.

Dalton vivió exiliado en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea.

En 1967 escribió una frase premonitoria: 'Desde hace algunos años siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar al día siguiente'. Con el seudónimo de 'Farabundo', en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con su ópera-rock 'Taberna y otros lugares', escrita durante sus dos años de residencia en Praga.

La obra poética de Dalton incluye:

'Mía junto a los pájaros', San Salvador (1957)
'La ventana en el rostro', México (1961)
'El mar', La Habana (1962)
'El turno del ofendido', La Habana (1962)
'Los testimonios', La Habana (1964)
'Poemas', Antología, San Salvador, (1968)
'Los pequeños infiernos', Barcelona (1970)
Entre sus ensayos y narraciones se cuentan:
'César Vallejo', La Habana (1963)
'El intelectual y la sociedad' (1969)
'¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha', La Habana (1970)
'Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador' (1972)
'Las historias prohibidas del Pulgarcito', México (1974)
Luego de su muerte se publicaron los siguientes libros:
'Pobrecito poeta que era yo' (novela), 'El libro rojo de Lenin' (ensayo) y
'Los hongos', 'Un libro levemente odioso' y 'Contra ataque' (poesía).
"Cuando sepas que he muerto..."

En diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte falso a nombre de 'Julio Dreyfus'. Dentro del ERP utilizó el nombre de 'Julio Delfos Marín'. Antes de su retorno final al país, se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo equipo que preparó la entrada clandestina del 'Che' Guevara a Bolivia.

'Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones', dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político, dos veces rector de la Universidad de El Salvador. 'Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión'.

El escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado:

'Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.

'Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo'.

El hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos, dejó un poema premonitorio:

'Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
(...)
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.

Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio'.
El politólogo graduado en Oxford y 'especialista en resolución de conflictos', no cabe la más mínima duda, es incapaz de redactar una sola línea de este calibre.


© Roberto Bardini
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