ACHERONTA - REVISTA DE PSICOANALISIS Y CULTURA Nº 12
Entre los años 1902 y 1904 aparecieron en los llamados Archivos de Psiquiatría y criminología una serie de trabajos sobre la inversión sexual firmados por el Dr Francisco de Veyga médico legalista, higienista, psiquiatra y general del ejercito argentino.
Los archivos han sido durante años fuente de documentación bibliográfica para los que emprendieron la tarea de construir una historia de la locura en la Argentina. Allí escribieron:Ingenieros, Ramos Mejía, Cabred, Coll, Melendez y Veyga entre otros.
Cuando Hugo Vezetti en su "Historia de la locura en la argentina"se refiere a los comienzos de la psiquiatría en nuestro país asocia la tarea doctrinal de los pioneros con la tarea de construcción de la Nación que también ellos tomaban a su cargo. En otras oportunidades con Mario Betteo y Juan Carlos Piegari incursionamos un poco en eso.
En 1995 apareció un libro de Jorge Salessi "Médicos, maleantes y maricas". Allí el autor, como señala Nicolás Shumway, estudia "la historia de la metáfora de la Nación como cuerpo y explora como los intelectuales argentinos desde Echeverría hasta Ingenieros querían sanar ese cuerpo, imponiendo un código higiénico que trataba de curar todo fenómeno que se considerara una enfermedad desde la fiebre amarilla hasta la homosexualidad".
La impronta del pensamiento de Michel Foucault están presentes en los dos libros que mencione tanto como en otros que se ocupan del tema
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Vamos ahora, brevemente, a señalar en el análisis que hace Salessi sobre la obra de Veyga la presencia de ese giro conceptual de Foucault.
Se podría titular este apartado, parafraseando a otro, un cierto focaultismo siempre es pertinente.
En la parte 3 ª del libro dice Salessi:
Las construcciones textuales . descripciones y ordenamientos taxonómicos de mutaciones e inversiones sexuales o genéricas como la pederastía pasiva o activa, el uranismo femenino pasivo o activo, el tercer sexo y la homosexualidad, fueron constantes, más o menos explícitas, en la obra de criminólogos científicos y escritores e intelectuales argentinos de fines del siglo 19 y principios del siglo 20. En el discurso literario y en el discurso de las nuevas ciencias psicológicas y sociales, distintas construcciones y formas de la representación de las desviaciones sexuales sirvieron a distintos propósitos.
En primer lugar fueron utilizadas para tratar de controlar, estigmatizar y criminalizar, una visible y compleja cultura de homosexuales y travestis extendida en todas las clases sociales del Buenos Aires del período.
La recurrencia a la homosexualidad de los hombres se puede leer como evidencia de una realidad histórica que demuestran que en el Buenos Aires del 1900 había una cultura de hombres que tenían relaciones con otros hombres. Esta presencia esta sujeta en su visibilidad a los distintos momentos socio-históricos que la hacen mas o menos presente.
Esto quiere decir que tanto el reconocimiento legal a fines del siglo 20 como la visibilidad de la homosexualidad a fines del siglo 19 fueron consecuencias inesperadas, no previstas por los proyectos económicos liberales o neo-liberales del poder de turno.
A modo de ejemplo del nexo que establece Salessi entre la construcción de la Nación y las investigaciones psiquiátricas es lo que él teoriza en el apartado llamado la educación anal en relación a los planes de salubridad al comienzo del siglo pasado.
Cita allí los casos de Manón o "Un caso de inversión congénita"y el de Aída o"Invertido sexual imitando a la mujer honesta", donde el Dr Veyga hace un relato en el cual a la desgenitalización progresiva seguía una primera experiencia anal que este discurso representaba como una pérdida de una preciosa virginidad del hombre desflorado.
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Las diferencias entre sensaciones normales o anormales no se relacionan con la elección del objeto sexual sino con el rol adoptado. Cuando Manón actúa como activo con otros hombres sus sensaciones son normales, solo la adopción de la posición receptiva desgenitalizaba al hombre y diseminaba su erotismo anal.
Estos hombres de ciencia trataron de mantener la binaridad del genero en esa diferencia de roles receptivo (pasivo)o insertivos(activos)pero los invertidos entremezclaban, superponían y confundían las categorías presuntamente fijas que habían inventado los sexólogos.
Como señala Leo Bersani en "Es el recto una tumba?" aquí también los higienistas sociales estudiaron a invertidos y homosexuales en los que veían a hombres que transformaban en centro deseado y deseante la temida cloaca que como la vagina de la prostituta del siglo 19 significaba promiscuidad posibilidad de sexo ininterrumpido e infección.
Aquí es donde Salessi produce una de las mostraciones de la metáfora históricas de la Nación como cuerpo . La deposición rigurosamente controlada de las materias fecales fue la preocupación de los higienistas que en las últimas décadas del siglo 19 realizaron la "revolución higiénica"proveyendo y separando los flujos continuos de aguas potables y servidas. dando origen al sistema sanitario de Bs As.
Los homosexuales, invertidos y uranistas que en su cuerpo confundían centro deseado, centro deseante y centro productor de materia fecal representaban una forma de contaminación proletaria que jugando con la retención o disposición de flujos se infiltraba en las casas de la burguesía y desbarataba la separación higiénica de clases sociales y de flujos de repulsión y placer, asco y deseo como de aguas potables y aguas servidas.
Si bien este es el sesgo doctrinal que prioritariamente Jorge Salessi le imprime a su trabajo y que podríamos señalar como un cruce entre las preocupaciones políticas, higienisticas y morales con la de orden psiquiátrico en los fundadores de la psiquiatría en la argentina, también en la casuística que ellos recogen hay pruebas de un concernimiento con un campo del cual esa misma casuística es un testimonio.
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Vamos entonces a tomar un caso del Dr Veyga "Inversión sexual. Tipo profesional" o La Bella Otero. Es un caso que tiene la particularidad de recoger un testimonio en forma de autobiografía de ese conocido travesti del Bs As de comienzos del siglo 20, para plantear el problema de la visibilidad o invisibilidad de esa sexualidad lunfa a partir de lo que los analistas del lenguaje llaman guerra de discursos.
Voy primero a plantear las coordenadas generales del llamado enfrentamientos de lenguajes . Roland Barthes en el "Susurro del lenguaje" teoriza la cultura como un campo de dispersión de los lenguajes En el centro de lo que Barthes llama la Paz cultural se da una irremediable guerra de lenguajes, nuestros lenguajes se excluyen unos a otros en un duelo permanente. En la guerra de lenguajes los que se enfrentan son sistemas de lenguaje –no individualidades, son sociolectos no ideolectos.
Plantea una división sencilla de los lenguajes en las sociedades actuales . Por un lado lo que se enuncian a la luz del poder de sus aparatos estatales, institucionales y a los que llama discursos encraticos y otro que se arma fuera del poder el discurso acratico .
El 1ºes vago, difuso, aparentemente natural, es el lenguaje de la cultura de masas, de la doxa, es difícilmente reconocible y a la vez triunfante. El lenguaje acratico es lejano, tajante, se separa de la doxa su fuerza proviene de que no es ideológico, dentro de este lenguaje coloca al psicoanálisis.
Las criticas que Foucault plantea al psicoanálisis quizás podrían plantearse teniendo en cuenta la presencia de un cierto corrimiento o pasaje desde un discurso a otro, o al menos como una de sus consecuencias.
Vamos ahora a considerar en el texto de la Autobiografía de La bella Otero el problema del contra discurso.
Para caracterizarlo en tanto genero literario, tanto como para señalar el enfrentamiento con el discurso medico oficial voy a seguir los lineamientos de Marc Angenot en su libro "La parole pamphletaire".
El texto de La bella Otero es un cruce entre literatura de ideas y literatura de combate. Es lo que Angenot nombra como discurso agonista;este discurso supone un contradiscurso antagonista implicado en una trama del discurso actual el cual tiende a una doble estrategia:demostración de la tesis y refutación/descalificación de una tesis adversaria .
Este carácter tiene diversas consecuencias ;un testimonio neutro del debate más o menos identificado a un auditorio universal y un adversario-destinatario al que alternativamente se trata de convencer y refutar.
Se trata de ocupar en términos de "metáfora espacial"dos terrenos, batir al adversario sobre su propio terreno y demostrar que la argumentación engloba y domina la del adversario dando cuenta de sus insuficiencias.
Es una búsqueda de la verdad pero es también un acto que supone una presencia fuerte y explícita del enunciador en el enunciado.
La presencia virtual del contradiscurso y el ida y vuelta que se establece entre el adversario y el auditor producen en el texto figuras dialógicas del tipo de la concesión, comunicación, subjetivación etc .
Este discurso supone un medio tópico subyacente un terreno común entre los dos textos el oficial y el otro.
Dentro de estos contra discursos adscribo el texto de La bella Otero dentro del género de la parodia
Freud en El chiste refiriéndose a la parodia dice:
La caricatura y la parodia así como su antítesis práctica, el "desenmascaramiento", se dirigen contra personas y objetos respetables e investidos de autoridad. Son procesos de degradar objetos eminentes.
La parodia alcanza la degradación de lo eminente destruyendo la unidad entre los caracteres que de una persona conocemos y sus palabras o actos, por medio de la sustitución de las personas eminentes o de sus manifestaciones, por otras más bajas.
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Esta palabra no cesa de llegarnos a través de múltiples interferencias pese a ellas la voz del contra discurso viene a parasitar y ha hacer arder el mensaje más allá de los reenvíos, los rechazos y los intentos de hacerla callar.
El choque de discursos entre médicos e invertidos emergió como dos posibilidades narrativas, el eje del debate giraba en torno al carácter congénito que estos le daban a su orientación sexual, apoyándose en militantes europeos.
Frente a esto, el discurso médico, Veyga, sufrió una serie de modificaciones en su caracterización de la homosexualidad 1º)aceptaron la idea de lo congénito luego la cambiaron por una etiología de lo adquirido acentuando un carácter fabulador en los dichos de los invertidos . Esta fabulacíon tenia dos tiempos :primero un hacer creer por parte de los homosexuales a los médicos del carácter de su situación y un segundo momentos en el cual ellos quedan presos de sus afirmaciones construyendo entonces un delirio
La narrativa alerta del médico develaba al lector la estrategia del pseudo uranista que oponía una ficción a la narrativa científica. .
Dice Jorge Salessi:
El discurso de los homosexuales, las voces e historias, fábulas leyendas y delirios, a los que tanto temía Veyga, se abrieron paso en los textos de los médicos y desde ahí, desde adentro, infiltrados socavaron el discurso"científico". Ese juego de erosión interior llego a desplazar la voz del hombre de ciencia en un texto que, utilizando la forma de la autobiografía, parodió esas historias clínicas o "casos". La voz de La bella Otero se apropió del espacio de la escritura y, al mismo tiempo que hacía una parodia del discurso de los hombres de ciencia, utilizó ese mismo espacio para dejar los rastros y artefactos de su cultura.
Ahora la autobiografía de La Bella Otero
(Autobiografía)
He nacido en Madrid en el año1880. Siempre me he creído mujer, y por eso uso vestido de mujer. Me casé en Sevilla y tuve dos hijos. El varón tiene 16 años y sigue la carrera militar en París. La niñita tiene 15 y se educa en el "Sacre Coeur"de Buenos Aires. Son muy bonitos, parecidos a su papá.
Mi esposo a muerto y soy viuda. Aveces quiero morir, cuando me acuerdo de él. Buscaría los fósforos o el carbón para matarme, pero esos suicidios me parecen propios de gente baja. Como me gustan las flores, me parece que sería delicioso morir asfixiada por perfumes.
En otras ocasiones me gustaría tomar el hábito de monja carmelita, porque soy devota de Santa Teresa de Jesús, lo mismo que todas las mujeres aristocráticas. Pero como no soy capaz de renunciar a los placeres del mundo, me quedo en mi casa a trabajar, haciendo costuras y bordados para los pobres.
Soy una mujer que me gusta mucho el placer y por eso lo acepto bajo todas sus fases. Algunos dicen que por todo esto soy muy viciosa, pero yo les he escrito el siguiente verso, y se los digo siempre a todos:
- Del Buen Retiro a la Alameda
- los gustos locos me vengo a hacer.
- Muchachos míos ténganlo tieso
- que con la mano gusto os daré.
- Con paragüitas y cascabeles
- y hasta con guantes yo os las haré
- y si tu quieres, chinito mío,
- por darte gusto la embocaré.
- Si con la boca yo te incomodo
- y por la espalda me quieres dar,
- no tengas miedo, chinito mío,
- no tengo pliegues ya por detrás.
- Si con la boca yo te incomodo
- y por atrás me quieres amar,
- no tengas miedo, chinito mío,
- que pronto mucho vas a gozar.
- He estado en París, donde bailé en los cafés-conciertos dándole mucha envidia a otra mujer que usa mi mismo nombre para pasar por mí.
- Muchos hombres jóvenes suelen ser descorteses conmigo. Pero ha de ser ganas de estar conmigo, y ¿por qué no lo consiguen?Porque no puedo atender a todos mis adoradores.
- No quiero tener más hijos, pues me han hecho sufrir mucho los dolores del parto, aunque me asistieron mis amigas "Magda" y "Lucía", que no entienden de parto, porque nunca han estado embarazadas, porque están enfermas de los ovarios.
- Me subyuga pasear por Palermo, porque el pasto es más estimulante para el amor que la mullida cama.
- Esta es mi historia, y tengo el honor de regalarle al Dr Veyga algunos retratos con mi dedicatoria.
La bella Otero
Esta guerra de discursos se prolonga en la estructura interna del texto escrito.
Los textos médicos están conformados de la siguiente manera:
1º) Introducción
2º) Historia clínica, Que era la historia real o sea las prácticas sexuales especificas y la especulación teórica.
3º) Conclusión.
Esta es la misma estructura del relato de La Bella y es a tal punto claro que ese texto se apodera del espacio del escrito que la firma al pie del trabajo no es la de Veyga sino la de su paciente.
Para terminar la violencia de la guerra de discursos se muestra en toda su virulencia en el verso que creo más chocante al lector que es el que describe la falta de pliegues en el esfínter.
Esta es una tesis del Dr Tardieu maestro de la medicina legal en Francia en el siglo 19 quién consideraba que el hombre que con otro hombre adopta un posición sexual pasiva carece de pliegues en el ano.
La Bella Otero se apropia del discurso del hombre de ciencia y con un gesto desafiante le arroja a la cara eso que Josefina Ludmer cuando teoriza la guerra de discursos en su libro "El genero gauchesco" llama un contravalor. Dice Ludmer:
Es el esquema de la guerra de discursos sin solución. Si a esto se añade las palabras o contravalores que se arrojan especularmente los enfrentados, se tiene un cuadro de elementos para analizar el esquema de enfrentamientos que lleva a la guerra de discursos.
Hugo Gordó
Notas: En el poema de La Bella Otero el valor y contravalor jugados es la virgindad del ano del hombre
Recordemos algunos chistes freudianos. Un ciego le dice a un paralítico: “¿Cómo andás?”. Y el paralítico le responde: “Ya lo ves”. Otro chiste: un sujeto empobrecido le pide a un conocido suyo un poco de dinero. Poco después, este último lo encuentra en un restaurante comiendo salmón con mayonesa: “¡Pero, cómo! ¿No tenés plata y ahora comés salmón con mayonesa?”. “Pero –contesta el pedigüeño– si cuando no tengo plata no puedo comer salmón con mayonesa y cuando tengo plata tampoco puedo comer salmón con mayonesa, entonces, ¿cuándo voy a comer salmón con mayonesa?”
Tanto en el primer chiste como en el segundo, el efecto de la risa deriva del juego de equivocidad del lenguaje, que corresponde a su esencia misma. “Andar” es tanto ir o moverse como una expresión relativa a un modo de estar en la vida, y “ver” es tanto la referencia a la visión derivada del órgano correspondiente como “darse cuenta”. El segundo cuento aprovecha el término “cuando”, usado como condicional al principio (“si cuando no tengo plata...”) y como adverbio temporal después (“¿cuándo voy a comer salmón con mayonesa?”), lo que posibilita un chiste que Freud, muy sagazmente, denomina sofístico.
Estos chistes requieren un estudio minucioso por la complejidad de sus mecanismos, pero lo expuesto alcanza para percibir que el equívoco, el malentendido, la ambigüedad, posibilitan escuchar un decir alusivo implicado entre las líneas de un dicho. El chiste y su relación con el inconsciente es uno de los tres textos capitales –con La interpretación de los sueños y Psicopatología de la vida cotidiana– sobre lo que podría llamarse el “significante freudiano”: la existencia de lo inconsciente significa que cuando hablamos, no sabemos lo que decimos.
Lo inconsciente no es, entonces, lo que carece del atributo de la conciencia: esto es lo que Freud denomina preconsciente, que, a diferencia de lo inconsciente propiamente dicho, es capaz de hacerse consciente. Lo inconsciente propiamente dicho (o sistemático) es irreductible a la conciencia. Entonces, la frase freudiana que propone “hacer consciente lo inconsciente” como una finalidad del análisis no podría entenderse como un “vaciado” de lo inconsciente con la expectativa de hacer del sujeto, al fin del tratamiento, un sujeto integrado, no escindido, ideal narcisista a contramano del espíritu freudiano que consiste, entre otras cosas, en conmover esos ideales que sólo sirven para sostener la represión (Freud, Introducción del narcisismo). Lo inconsciente es correlativo a la estructura del lenguaje y, en este sentido, es conocida la afirmación de Lacan según la cual “lo inconsciente es/está estructurado como un lenguaje”.
Este decir que sobrepasa nuestra intencionalidad consciente sólo se puede leer como una enunciación siempre velada, único modo de aparición de lo inconsciente. Lo inconsciente es esa tesis según la cual cuando hablamos no sabemos lo que decimos, ya que hay un decir que nos excede y nos representa a la vez, mientras que su localización remite a la superficie discursiva pero, como sus derivados o formaciones adoptan la forma del grito, habitualmente ensordecen y ello dificulta la escucha de eso que aflora por todos los poros del ser.
De todos modos, es necesario decir que la tesis que sostiene la existencia de lo inconsciente no es la más revulsiva del pensamiento del maestro vienés. Lo más revulsivo consiste en otra tesis, la que sostiene la contingencia del objeto de la pulsión sexual: enunciada en los Tres ensayos para una teoría sexual, fue reiterada y sostenida en toda la obra. En Pulsiones y destinos de pulsión, el objeto se define como lo más variable de la pulsión, el medio a través del cual se obtiene la satisfacción, pero ésta es en realidad un espejismo si se supone que consista en el apaciguamiento pulsional, ya que la pulsión, por su estructura misma, es una fuerza constante. La satisfacción o gocepulsional es lo que surge del circuito mismo de la pulsión, circuito que bordea la carencia que define el lugar del objeto: la pulsión sexual no es una suerte de tiro al blanco o un modo de caza cuyo objetivo fuese atrapar la presa. Se sabe que el ser humano ama más la caza que la presa, e incluso puede organizar la caza más excitante, la de la presa imposible, la piedra filosofal, el saber absoluto, la dama del amor cortés.
La tesis más revulsiva, decíamos, está referida a la carencia inherente a la estructura de la pulsión sexual, lo cual determina que cualquier objeto que se recorta como objeto del deseo funcione como un señuelo que inevitablemente producirá lo que Freud denomina la distancia entre el placer esperado y el placer encontrado: el placer encontrado nunca coincide con el placer esperado, fórmula que Lacan retoma un tiempo después con la expresión “no es eso”.
Llegamos así a un enunciado ético fundamental en la teoría freudiana: la distancia entre el placer esperado y el placer encontrado implica una tensión sostenida que llamamos deseo, y este deseo es indestructible (término freudiano que aparece en la última frase de La interpretación de los sueños) porque es el destino de la pulsión, en cuya naturaleza misma se encuentra una incompatibilidad con la plena satisfacción.
Esta plena satisfacción no existe porque supondría la adecuación de un objeto para un sujeto autónomo. El psicoanálisis cuestiona la categoría de sujeto autónomo (problema que ya fue articulado a través del primer aspecto del descubrimiento, la tesis de la existencia de lo inconsciente) y también critica la categoría de objeto adecuado para la satisfacción.
“Ser psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana. Si creen tener un yo bien adaptado, razonable, que sabe navegar, reconocer lo que debe y lo que no debe hacer, tener en cuenta las realidades, sólo queda apartarlos de aquí”, afirma Lacan en el Seminario II: “Las psicosis”, y continúa: “El psicoanálisis coincide al respecto con la experiencia común, muestra que no hay nada más necio que un destino humano, o sea, que siempre somos embarcados. Aun cuando tenemos éxito en algo que hacemos, precisamente no es eso lo que queríamos”.
La vida es algo que va como a la deriva. “La vida va por el río tocando de vez en cuando la ribera, parándose un rato aquí y allá sin comprender nada; y el principio del análisis es que nadie comprende nada de lo que ocurre. La idea de la unidad unificadora de la condición humana me ha producido siempre el efecto de una mentira escandalosa” (Jacques Lacan: “El discurso de Baltimore”, en Lacan oral, XavierBóveda ediciones, Buenos Aires, 1983). Esta inadecuación, la carencia inherente al lugar vacío del objeto sexual, es lo que sostiene el deseo, lo causa y lo posibilita como eterno e indestructible.
Es el precio que el ser hablante paga por su entrada en el lenguaje: no sólo su escisión subjetiva sino también su inadecuación a cualquier objeto, que lo destina siempre a una insatisfacción o, si lo decimos paradójicamente, a una satisfacción insatisfactoria, a una satisfacción que arrastra inexorablemente un coeficiente de insatisfacción.
Esta inadecuación, esta distancia entre el placer esperado y el placer encontrado, es un enunciado ético esencial para la práctica psicoanalítica, ya que cuestiona cualquier moral sostenida en los ideales de una época y, al contrario, se refiere a lo real de la carencia en ser, que el dispositivo del análisis permite cernir o bordear.
La música merece un lugar en el psicoanálisis, sostiene el autor de este artículo, y a partir de la noción de “lenguaje sin palabras”, procura articular los registros de la música –la melodía, la armonía, el ritmo– con los registros de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario, tal como los formuló Jacques Lacan.
Por José Luis Berardozzi - Psicoanalista
La música, llamativamente, no entró en la reflexión de los maestros del psicoanálisis. En más de una oportunidad Jacques Lacan, en su seminario, dijo que alguna vez se tendría que ocupar de la música, pero no llegó a hacerlo. Uno de sus discípulos, Alain Didier Weill, logró introducir y articular la música en el campo del psicoanálisis. Partió de observar que, en los primeros tiempos del infans, en el “baño de lenguaje” que este recibe del Otro primordial, la música sirve de “médium” a la palabra, es lo que transmite la voz materna en modulaciones melódicas escandidas rítmicamente, generando, como función, el campo de la significancia. Las significaciones que porta la palabra deberán esperar largo tiempo su turno, pero ella, la palabra, germinará sobre ese tronco primero: función del rasgo unario que se inscribe a partir del ritmo musical.
En pacientes psicóticos, la música tiene la propiedad de reingresar en un movimiento discursivo a sujetos que lo habían perdido con relación al significante. Weill advierte que la relación entre locura y la música como método terapéutico es registrable en culturas indígenas de diversas geografías, y que sería un error dejar de interrogar estos saberes ancestrales. Si bien la locura, en esas sociedades, guarda la idea de un estado de posesión demoníaca, no invalida la razón de estructura que se aborda a través de la música: la propiedad que ella posee, no así la palabra, de reintroducir la función del rasgo unario; hacer reversible la forclusión generadora del delirio a través de danzas y trances rítmicos.
En las clínicas psiquiátricas, la sórdida eternización del tiempo puede quebrarse bajo la música, el ánimo puede cambiar súbitamente, la vida puede despertar en los cuerpos de la alienación mientras suene la música movida por un deseo.
Los cambios clínicos que tienen a la música como soporte simbólico, que muestran su poder simbolizante, se sitúan en una singularidad que se da sobre el eje rítmico de la música: la síncopa (término que proviene del griego sinkopto y alude a “cortar”). Esta –notoria en la música “sincopada” como la bossa nova, produce como alteración un efecto de corte, de contratiempo en el ritmo (voz que deriva de rheo: “yo fluyo”)– se produce a partir de la acentuación en los tiempos débiles del compás. La música, como soporte simbólico en la reinstalación de la función de la causa, reactiva la actividad pulsional amarrada a una función deseante del sujeto.
Advirtamos además que las palabras dichas están hechas de música, el hablar no es sin musicalidad. Ella está presente en el acto del decir, aunque oculta por lo que se dice, por el sentido que portan las palabras. Infinitos modos del decir de los sujetos que se sostiene en el lenguaje, en la función pulsional que a él se anuda por el mecanismo sublimante.
Una cosa es cierta: la música no está hecha de palabras, lo cual parece ser el nudo de la complicación epistémica a cierto racionalismo analítico. Que la palabra funcione en el campo del lenguaje no implica que el lenguaje no pueda funcionar sin la palabra; sería un error suponer ahí el límite a la función clínica del psicoanálisis.
Siguiendo la lógica del significante encontraremos rápidamente razones donde apoyar la afirmación que la música es lenguaje, aunque no articulado en la palabra, con el mismo sentido de estructura entendible desde el psicoanálisis, vale decir donde hay función del sujeto localizable en la articulación de la cadena significante.
El signo musical, las notas musicales toman función significante en sus articulaciones diacrónicas y sincrónicas con las demás notas de la escala cromática. Ellas nombran lo real de la vibración sonora, la ubicación del sonido en la escala. En el registro que va de los graves a los agudos, la nota encuentra sus repeticiones de octava en octava. En una melodía,rápidamente captamos que es una sucesión de notas articuladas sobre el eje diacrónico, una operación metonímica, de desplazamiento.
Menos fácil de captar es la articulación que se da en el registro armónico. En él, tres o más notas deben sonar simultáneamente para conformar una tonalidad mayor o menor de diferentes grados; se apoya en el eje sincrónico donde opera la sustitución metafórica, verticalidad que ubica el lugar del Otro, tesoro de los significantes.
Apenas damos unos pasos emerge el estatuto de lenguaje que la música posee en sí. No entraremos ahora en el registro escritural en que ella también es situable, la partitura, cuyo nivel y complejidad de relación entre los signos borraría, si aún existiese, cualquier duda acerca de la función significante que soporta a la estructura discursiva y la instancia de letra que muestra cualquier notación musical. Nada más apropiado que la música para pensar las indicaciones que Lacan reitera al comenzar el Seminario 17, donde habla de “el discurso como una estructura necesaria que excede con mucho a la palabra, siempre más o menos ocasional. Prefiero, dije, incluso lo escribí un día, un discurso sin palabras”. Un discurso sin palabras, ni más ni menos.
Queda por introducir el ritmo: ritmo, armonía y melodía son en la música los nombres de lo real, lo simbólico y lo imaginario, respectivamente. Se advierte que se trata de una estructura de nudo borromeo, una estructura de lenguaje en tres registros. Estos tres registros poseen propiedades y legalidades específicas en las que se sostienen los infinitos cruzamientos que entre ellos se dan sin establecerse primacía de ninguno sobre los otros.
Rápidamente advertimos que el nudo en su propuesta sonora, exige como soporte intuitivo, el viraje hacia una virtualidad temporal, no es ahora de un espacio lógico que se trata como cuando la topología es el recurso, sino de una estructura propiamente temporal, acústica no espacial.
La música aporta en tanto estructura temporal, cualidades esenciales, análogas a las de la estructura del sujeto. No olvidemos que la constitución del sujeto, sea en el nivel pulsional, aunque acéfala, o a nivel del inconsciente, en sus formaciones, siempre surge de una pulsación temporal. En el Seminario 11, Lacan señala con precisión este carácter temporal de la estructura de lo inconsciente: dice nivel óntico, aunque evasivo, que se sitúa entre los dos tiempos que abre la pulsación, apertura y cierre del inconsciente. En el Seminario 14, lo ciñe desde la repetición, en tanto estructura fundamental, ley temporal, lugar temporal, del sujeto. Hay una relación esencial entre sujeto y tiempo.
Entendemos que es posible pensar la estructura del nudo y la relación del sujeto, sus “creaciones”, sus cruces en el agarre a la estructura del lenguaje. Si la repetición es la estructura fundamental, implica que el eje temporal será el sustrato apropiado donde localizar la lectura de esas operaciones. Puede pensarse que por estas razones la topología le haya resultado inapropiada a Lacan cuando trataba de asir al tiempo con el nudo. El tiempo parece ser reacio a cualquier dispositivo que no sea sonoro.
El tiempo es localizable de diferentes modos en la música. En el registro melódico, de lo imaginario, es soporte del discurrir –diacronía- y de los enlaces de nota en nota. Un sujeto intérprete puede jugar ad libitum con su voz, modulando –Caetano Veloso, Mercedes Sosa–, adelantando o retrasando las palabras respecto a la música –Polaco Goyeneche, Joao Gilberto–, escandiendo a piacere, y aquí la sensualidad surge de la erótica de un borde puramente temporal. El “fraseo” de estos maestros sitúa la marca de un estilo inconfundible en el juego de un sujeto con el tiempo, no sin sujeción al orden armónico.
Por el lado de la armonía, registro de lo simbólico de la música, el tiempo es sincronía, fijeza; requiere de la melodía para sus pasajes, conlo cual por ahora podemos decir poco, si bien como registro es el de máxima riqueza. A través de él puede pasar lo más exquisito y sublime de la música, en tanto creación del sujeto: “Lo que hace Piazzolla no es tango”, se alzaban las necedades cuando el genio marcaba con su rasgo al Otro tanguero en sus tres registros. Un nudo nuevo, Piazzolla, Jobim o Gershwin.
El ritmo, por su lado, encierra la máxima obscuridad, la mayor distancia con la racionalidad, al punto que las definiciones de música de los viejos manuales no llegan a nombrarlo. No es casual, es el registro de lo real en la música. Tiene que ver estrictamente con el tiempo, en sus dos ejes: diacrónico y sincrónico. Genera, partiendo de la división de tiempo en el compás, la temporalidad musical, una estructura ficcional sobre lo real de la “flecha del tiempo”, legislado por ese número fraccional que encontramos al comenzar el pentagrama. En este sentido, el ritmo hace surgir el tiempo como agujero, como falta, en suma como objeto “a” en su estatuto más radical. El ritmo es el esqueleto de la música, suelen decir los percusionistas expresando de este modo su posición y hasta su autonomía respecto a ella. Recordemos una “batida” brasileña, la “llamada” montevideana, o nuestro tradicional malambo de bombos con sus repiques; notamos que la pulsión invocante a la danza queda evidentemente causada por un ritmo, no por la música. No es simbolización de la voz materna, como sí es ubicable la música. Las pulsaciones sonoras no son notas musicales, aunque igualmente puedan ser escritas en el pentagrama en tantos figuras (blancas, negras, corcheas, etc.): ellas inscriben lo real del espacio de tiempo, la duración del sonido y su relación con los intervalos de silencio.
Estos géneros rítmicos sostienen su singularidad, además de lo que el número del compás legisla, en la función de la acentuación, es la vertiente sincrónica del ritmo, por donde se regula la tensión en la síncopa con su efecto de contratiempo; de aquí surgen los discursos posibles. Propiedad que también caracteriza a los géneros musicales; luego los sujetos hacen de las suyas en el género, jugando su dimensión de creadores, imprimiendo su marca en el discurso.
El amor y la sexualidad en el lunfardo
Por Virginia Martínez Verdier
INTRODUCCION
Una de las fuentes del erotismo es el estímulo auditivo. Existen -para cada individuo- palabras, frases, tonos, inflexiones de la voz, melodías, sonidos, etc. que pueden estimular o deprimir su deseo sexual.
Los términos vulgares, acorde a la situación en que se apliquen pueden resultar excitantes o francamente violentos y agresivos.
Nuestro "idioma" porteño se encuentra integrado por gran número de voces lunfardas, que, habituados a ellas, solemos dar por sobrentendidas. ¿Cómo se originaron? ¿Cómo susbsistieron? Fundamentalmente: ¿Cómo se expresan en el lunfardo el amor y la sexualidad?
Este trabajo introductorio intenta recorrer nuestra historia lingüística porteña, y detenerse en el erotismo de las voces lunfardas; para sonreirnos, para conmovernos, para sorprendernos y continuar creciendo desde nuestras raíces.
HISTORIA Y DESARROLLO DEL LUNFARDO:
El lunfardo, según la Real Academia Española, es la jerga propia de la gente de mal vivir (ratero, caco, chulo o rufián). Específicamente, la palabra lunfardo significa ladrón.
La palabra lunfardo actualmente se utiliza para designar tres fenómenos: el habla popular, el vocabulario de la inmigración (preferentemente la italiana) y el idioma del delito. Aunque algunos autores consideran que el verdadero lunfardo es el dialecto de los ladrones, a lo largo del tiempo se lo consideró, en sentido extenso como el habla popular de los sectores marginales.
Los primeros registros de palabras lunfardas se remontan a la última‚ poca del gobierno de Rosas, mezcladas con el español arcaico y el gauchesco. El 6 de julio de l878 el diario La Prensa publica el artículo "El dialecto de los ladrones", que oficiaba de diccionario rudimentario.
En otros países, el código del mal vivir equivalente a nuestro lunfardo, se denomina germanía en español, narquois en francés, gergo en italiano, rotwelsh en alemán, slang en inglés, giria en portugués, etc. Estas son lenguas utilizadas en fraternidades para que sólo sus miembros las entiendan.
Estos códigos, con el pasar del tiempo y al ser utilizados en expresiones artísticas populares comenzaron a ser conocidos y utilizados por los pueblos locales en general. Es así que en nuestro país y en el Uruguay, el lunfardo creció en las zonas portuarias del Río de la Plata, matizado por voces de diferentes idiomas que traían consigo los inmigrantes (español, gitano español. italiano, genovés, francés, portugués, fundamentalmente).
Como marco histórico, recordemos que Bs.As. aumentó su población de 286 mil habitantes en l880 a 649 mil en l895 y a l.500.000 en l9l4. En l895, en Bs.As. el 60% eran inmigrantes y en l9l4, lo eran el 50% de la población de la ciudad. En este acelerado y confuso cambio social, se constituyeron sectores sociales bien diferenciados: la burguesía tradicional, los sectores medios de inmigrantes con intenciones de ascenso, y grupos marginales en las orillas de la ciudad -los Corrales, Barracas, la Boca, Palermo, Nueva Chicago y Nueva Pompeya-. En distintos sectores de la ciudad se alojaron sociedades distintas, netamente diferenciadas, con sus propias culturas enfrentadas a las otras. La ciudad adquirió una fisonomía particular.
En los sectores marginales se entrecruzaron troperos criollos que llevaban el ganado a los mataderos, peones de las barracas laneras y los frigoríficos, marineros, carreros y cuarteadores. Alrededor de este heterogéneo mundo de hombres solos -sin familia, sin mujer, sin arraigo- surrrgggieron los prostíbulos, los cafés, las pulperías, los salones de baile. Los inmigrantes marginales fueron integrándose muy lentamente a los grupos criollos tradicionales en los barrios populares o en los suburbios orilleros. Esta sociedad marginal elaboró sus propias reglas, ideales y formas de convivencia. De acuerdo con esos ideales se delinearon ciertos tipos sociales: el malevo, el guapo, el compadrito, el canfinflero, la percanta, la yira, la milonguita, el ciruja, que se sumaban a los cuenteros, las adivinas, los punguistas; todos ellos compartiendo el conventillo, con promiscuas y deficientes condiciones de habitabilidad.
Esta convivencia creó un habla -el lunfardo-, un baile y una canción -el tango- y una expresión teatral -el sainete- Es así que el desarrollo del lunfardo fue de la mano del desarrollo del tango; ambos, nacidos en los burdeles y peringundines, se relacionaron estrechamente con la sexualidad, con lo prohibido, lo indecente, en cuna de guapos, cafishios y milongueras. Con historias de varones traicionados, de cafishios y malevos, de amores imposibles, mujeres buenas y "de las otras", de prostíbulos, de "vicios", de madrecitas santas, el tango fue pintando una acuarela de la primera mitad del siglo; y, con sus letras, fue manteniendo vivo al lunfardo, que fue dejando de ser un código lingüístico cerrado para formar parte del porteñismo de diversos sectores sociales.
La evolución de las letras del tango registran tres etapas bien definidas: La primera, desde l880 a l895, ofrece como única expresión la copla prostibularia, su poesía era grosera, obscena, con una fuerte carga sexual, reflejando patéticamente la vida de las orillas (la mujer como objeto de posesión y mercancía de canje, la prisión, la pelea, el delito). Estas primeras coplas, transmitidas oralmente, prácticamente no llegaron a nuestros días.
"Canfinfle, dejá esa mina!
¿Y por qué la voy a dejar?
Si ella me calza y me viste.
Y me da para morfar..."
"Cuando el bacán está en cana,
la mina se peina rizos.
No hay mina que no se espiante
cuando el bacán anda misho."
En el segundo período, el tango fue avanzando progresivamente hacia otros barrios y gentes de la ciudad; por lo que hacia l895 comenzaron a omitirse las coplas prostibularias con cierto disimulo, pero sobrevivieron durante años en la clandestinidad:
"Quisiera ser canfinflero
Para tener una mina.
Llenarla bien de bencina
y hacerle un hijo chofer".
"Que vida más arrastrada
es la de el canfinflero!
El lunes cobra las latas
y el martes anda fulero."
La calle Corrientes fue terreno neutral entre la cultura marginal y la de la burguesía tradicional; este contacto comenzó a tejer sutiles hilos entre ambas (la milonguita en el cabaret, el político que contrataba guardaespaldas, el cafishio que proveía de programas al caballero distinguido).
En este mundo del Centro, los "niños bien", asiduos concurrentes a los cabarets y a los prostíbulos elegantes también comenzaron a crear versos "non santos":
"De L'Abbaye la piantaron
y la razón no le dieron.
Pero después le dijeron
Que fue por falta de higiene.
Pues la pobrecita tiene
una costumbre asquerosa,
que no se lava la cosa
por no gastar en jabón.
Rajá de aquí,
andáte a pastorear.
Piantá de acá
que no te doy tecor.
Y si querés volver a figurar
Laváte bien pa' no pasar calor."
La necesidad de disimular estas letras, y el proceso creativo del tango como danza, originó que en esos tiempos no se cantara el tango en los cafés ni en los salones.
El tercer período en la historia del tango comienza con la creación de Pascual Contursi, "Mi noche triste", en l9l7. El tema del abandono en las letras de tango es mucho más antiguo que el citado tango de Contursi. Podemos observarlo en estas coplas prostibularias:
"Cacé un estrilo a la gurda
Hace cosa de unos días
porque algunos me batían
que la mina se iba a alzar..."
Contursi elevó el eterno lamento masculino a categoría poética:
"Percanta que me amuraste
en lo mejor de mi vida...
Cuando voy pa' mi cotorro
lo veo desarreglado...
Y si vieras la catrera
cómo se pone cabrera
cuando no nos ve a los dos..."
En "Viejo rincón" (l925) con letra de Roberto Cayol podemos oir la misma queja en voces lunfardas:
"Oh! callejón de turbios caferatas
que fueron taitas del mandolión!
¿Dónde estará mi garsonier de lata,
testigo de mi amor y su traición?
Lo mismo podemos encontrar en "El Ciruja" (l926) con letra de Francisco Marino:
"Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera,
hija de una curandera,
mechera de profesión;
pero vivía engrupida
de un cafiolo vidalita
y le pasaba la guita
que le shacaba al matón..."
En "Araca, corazón!" (l927) con letra de Alberto Vacarezza, podemos escuchar:
"Araca, corazón, calláte un poco!
y escuchá, por favor, este chamuyo.
Si sabés que su amor nunca fue tuyo
y no hay motivos para hacerse el loco..."
En "Pompas de jabón" de Enrique Cadícamo oímos decir:
"Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
Que andás paseando en auto con un bacán,
...Que en los peringundines de frac y fuelle
Bailás luciendo cortes de cotillón.
Y que a las milongueras, por darles dique
Al irte con tu camba batís allón..."
Una estrofa del tango "Margot", con letra de Celedonio Flores, escrito en l9l9, nos permite observar la crítica hecha a las mujeres y las voces lunfardas poéticamente enlazadas:
"Son macanas...no fue un guapo haragán y prepotente
ni un cafishio de avería el que al vicio te largó.
Vos rodaste por tu culpa, y no fue inocentemente.
Berretines de bacana que tenías en la mente
desde el día en que un magnate cajetilla te afiló!"
Lentamente, el tango, al avanzar sobre las clases medias, y al comercializarse, a través de la grabación de discos y la filmación de películas, se fue convirtiendo en tango de salón, refinado y con escasas voces lunfardas.
León Mirás en su cuento "El chamuyo" nos ubica en una típica charla de café entre varones:
"-La mina es regia, ustedes la conocen, vale la pena- dijo. La estoy chamuyando a fondo...¿Saben? Mi chamuyo no falla en las mujeres. A la Rosa le estoy haciendo un trabajo fino. Finísimo. Quince días, veinte a lo sumo y encamamos. No lo duden. Me corro una fija."
Roberto Arlt, en el artículo "El idioma de los argentinos", de sus "Aguafuertes porteñas", hace una crítica a Monner Sanz quien había opinado que "En mi patria se nota una curiosa evolución. Allí hoy nadie defiende a la Academia ni a su gramática. El idioma, en la Argentina atraviesa por momentos críticos...La moda del gauchesco pasó; pero ahora se cierne otra amenaza, está en formación el lunfardo, léxico de origen espurio, que se ha introducido en muchas capas sociales, pero que sólo ha encontrado cultivadores en los barrios excéntricos de la capital argentina. Felizmente, se realiza una eficaz obra depuradora, en la que se hallan empeñados altos valores intelectuales argentinos."
Arlt le "retruca" considerando que los pueblos, como el nuestro, que están en continua evolución inventan palabras para expresar ideas nuevas y cambiantes:
"Cuando un malandrín que le va a dar una puñalada en el pecho a un consocio, le dice: te voy a dar un puntazo en la persiana, es mucho más elocuente que si dijera: voy a ubicar mi daga en su esternón."
Actualmente, muchos términos lunfardos continúan formando parte de nuestro idioma cotidiano, pero, algunos de ellos nos resultan desconocidos aún y nos provocan una sonrisa cómplice cuando traducimos su significado.
EL LUNFARDO Y LA SEXOLOGIA:
En un intento de entrecruzar ambos códigos linguísticos, realizaré una somera clasificación de términos lunfardos dentro de la terminología sexológica actual.
Identidad de género:
Femenino:
Bramaje: conjunto de mujeres (hembraje)
Catriela. Garaba. Grela. Mina. Minusa. Mueble. Naifa. Taquera.Yenusa: mujer.
Budín. Chuchi. Formayo. Leona. Papusa: mujer hermosa, atractiva.
Bagayo: Mujer fea y gastada por la vida galante.
Rea: Mujer de baja condición, abandonada, sucia.
Escracho. Lorenzo: mujer fea.
Paica: mujer en sentido despectivo.
Bacana: mujer mantenida con lujos.
Beguén: mujer mantenida.
Mosaico. Piba. Pebeta: muchacha.
Masculino:
Catriel. Garabo: Hombre.
Gavión: hombre conquistador.
Cajetilla: hombre que cuida exageradamente de su vestimenta y presencia.
Bacán: hombre aficionado a las mujeres, a las que mantiene. Dueño de una mujer.
Bufarrón: sodomita, Pederasta activo.
Chancleta. Chuchi. Mariposón: individuo afeminado.
Mino. Pulastro: homosexual activo.
Mishé: hombre que paga generosamente los favores de las mujeres.
Cortejo:
Apilar: emplear todas las artimañas para conquistar a una mujer.
Apuntar: enamorar.
Atracar: aproximarse con fines amatorios; arrimarse para entablar conversación.
Chamuyo: acción de hablar, especialmente con lances amatorios.
Levantar: dar conversación a una mujer para tarla.
Mariposón: individuo que asedia a una mujer tratando de conquistarla.
Programa: cita amorosa.
Pastorear: cortejar, galantear,
Amor:
Berretín: afición desmedida hacia determinadas cosas, también al amor.
Camote: enamoramiento intenso, por el que se pierde la razón.
Embalar: entusiasmarse, entregarse eufóricamente a un sentimiento.
Fato: amor clandestino.
Metedura. Metejón: enamoramiento, apasionamiento.
Reviro: pasión, entusiasmo.
Rebusque: amor pasajero, efímero.
Lora: mujer querida.
Beguén: capricho amoroso, antojo, gran entusiasmo.
Convivencia:
Arrimar: unirse en concubinato.
Enchufar. Filote: cohabitar.
Zonas erógenas:
Belín. Choto. Ganso. Guasca. Piola. Tripa: pene
Quimbos: testículos.
Cotorra: genitales femeninos externos.
Mellizos: pechos femeninos.
Orto. Upite: ano.
Relaciones sexuales:
Acamalar: acariciar.
Encamada: estar en la cama en pareja para el acto sexual.
Enchufar: poner, colocar.
Franela. Fratachar: excitarse violentamente con un compañero sexual, sin llegar al coito.
Flecha: apetito sexual.
Pajero: el que se masturba.
Pirobar: fornicar.
Pirobo: coito.
Joder: practicar el coito. Diversión.
Tragar: cuando la mujer es penetrada.
Trincada: acto sexual.
Trincar: poseer a una mujer que no es la propia.
Prostitución:
Atorranta. Carro. Loca. Pulastra. Terraja. Trotadora. Yiro: prostituta.
Copera: mujer de cabaret que recibe comisión por cada copa que hace pagar.
Caferata. Cafiolo. Cafishio. Canfinflero. Canfunfa. Caralisa. Macró. Proxeneta: Hombre que vive explotando a las mujeres.
Tirar del carro: explotar a una mujer.
Madama: regente de un prostíbulo.
Garrón: disfrute gratuito de una prostituta.
Yirar: andar en busca de hombres.
Pesebrero: sirviente o cuidador de un prostíbulo.
Firulo. Queco. Quilombo. Tambo: prostíbulo.
Lata: Ficha metálica que se usaba en los prostíbulos a modo de moneda. La prostituta se la canjeaba a la madama por el dinero cobrado a clientes. Era un sistema de control del trabajo realmente realizado.
Peringundín: sitios de diversión de moral confusa.
Embarazo:
Bombo: vientre de embarazada.
Llenar: embarazar.
Enfermedades transmisibles sexualmente:
Chincho: enfermedad venérea.
Chinchudo: sifilítico.
Vocablos generales:
Bulín: Aposento que no es lugar habitual de residencia, usado sólo para las prácticas amorosas.
Biaba: Abuso en el uso de cosméticos.
Amurar: abandonar, dejar, desairar.
Garsonié: lugar reservado para la cita de parejas.
Chipolo: bello, lindo, hermoso.
Catrera: cama.
Cotorro: habitación, aposento.
A MODO DE CONCLUSION:
Muchos de estos términos vulgares habitualmente se utilizan en la intimidad de los amigos, de la pareja o de la familia. Algunas voces más suaves pueden oírse hoy en los medios de comunicación, en un intento de desacartonamiento de su parte; estas inclusiones de lo vulgar en lo formal hubieran sido impensadas décadas atrás.
Las diferentes generaciones juveniles fueron creando nuevos códigos lingüísticos, inicialmente sólo comprendidos por ellos. "Franelear", "chapar", "rascar", "transar", son equivalentes en su significado y corresponden a diferentes épocas porteñas.
Es así como los idiomas se mantienen vivos. La mezcla de sus diversos códigos actualiza el pasado y engendra una lengua presente dinámica, siempre igual y siempre distinta.
También los códigos y las costumbres sexuales son cambiantes, evolucionan acorde a los nuevos tiempos; sin embargo, realizando un viaje a través de la historia podríamos también pensar "Nada nuevo bajo el sol".
Así, Adolfo Dallolio, nos recuerda en su Libro Evocativo de las primeras décadas del siglo:
"...Había casas de citas que no eran hoteles,
y amuebladas que servían de pasatiempo a
parejas, y la única propaganda efectiva la
daban al taxista que concurría con la pareja
por un peso con cincuenta centavos..."
"De madrugada, los calaveras hacían unas garufas
completas con sólo cinco pesos per cápita... Se
dirigían a San Fernando gozando de la fresca
viruta, donde estaban los quilombos, prostíbulos
o quecos, por $ 3, 2 y l. El de tres pesos era el
famoso Chantecler con un elemento de francesas a
cual mejor, todas muy limpias, perfumadas; y una
vez hechas las necesidades del momento, se salía
y en los alrededores estaba lleno de parrilladas
con guitarristas y cantores..."
"Los tipos de guita hacían cerrar por una noche
la casa de cita o el quilombo, donde se dedicaban
a hacer grandes orgías con sus amigos hasta la
madrugada..."
"En la calle 25 de Mayo estaban los teatros
pornográficos como el Bataclán y Cosmopolita,
que comparados con los actuales eran puritanos,
puesto que hacían las delicias del público concurrente
sin caer en lo obsceno y asqueroso como hoy..."
BIBLIOGRAFIA:
* Arlt, Roberto. Aguafuertes Porteñas. Biblioteca Página/l2. Bs.As. l993.
* Casullo, Fernando. Diccionario de Voces lunfardas y vulgares. Ed.Freeland. Bs.As. l972.
* Dallolio, Adolfo. Te acordás hermano. Libro evocativo de antaño. Bs.As. 1980.
* Ferraretto, Sonia Sexualidad y erotismo en el tango argentino. Rev. Argentina de Sexualidad humana Nro. l, Año 7. l993.
* Gobello, José y Stilman, Eduardo. Las letras del tango de Villoldo a Borges. Ed.Brújula. Bs.As. l966.
* Gottlin, Jorge. La realidad y la magia del tango. Artículo en el Suplemento Especial Del Diario Clar¡n. "Bs.As. Una aventura de cuatro siglos". Bs.As. ll de junio de l980.
* Mirlas, León Timba. Cuentos de la picarezca porteña. Cía. Gral. Fabril Editora. Bs.As. l97l.
* Romero, Jos‚ L. Bs.As.: una historia. En Polémica. Primera Historia Argentina Integral. Nro.64. Centro Editor de América. Latina. Bs.As. l97l.
* Roulet, Elba Conventillos y villas miserias. En Polémica. Primera Historia Argentina Integral. Nro.62. Centro Editor de América Latina. Bs.As. l97l.
* Soler Cañas, Luis. La lengua que habla la ciudad. Artículo en el Suplemento Especial del Diario Clarín "Bs.As. una aventura de cuatro siglos." Bs.As. ll de junio de l980.
Residente en París hace 32 años, el psicoanalista y psiquiatra argentino Juan David Nasio ha desarrollado una significativa actividad en esa ciudad, donde hace unos meses le fue conferida la Legión de Honor de Francia. Prácticamente desde su residencia allí ha sido docente de la Sorbona (Universidad París VII), además de continuar con una ya prolongada práctica clínica. Director de los Seminarios Psicoanalíticos de París y de la colección “Désir/Payot” en las Ediciones Payot, invitado en 1979 por Jacques Lacan para intervenir en uno de sus célebres seminarios (y por René Thom para dictar conferencias sobre psicoanálisis y matemáticas), Nasio es autor de una veintena de libros publicados en castellano. Visita el país por razones afectivas (“Me hace bien la Argentina”, dice muy sonriente), para dictar varias charlas y presentar sus dos últimos libros: Los casos más famosos de psicosis (de varios autores, bajo su dirección) y Un psicoanalista en el diván (ambos, de editorial Paidós).
–¿Cuáles son esos casos famosos de psicosis que anuncia uno de sus libros?
–Uno de ellos es el caso de las hermanas Papin, que, en una especie de locura a dos, matan a las patronas en 1932, en Francia. Otro es el caso Schereber, el presidente de un tribunal alemán, que fue motivo de un comentario de Freud a partir del libro del mismo Schreber Autobiografía de un neurópata, desde el cual elabora una importante teoría sobre la psicosis. Luego, tenemos el caso del pequeño Dick, un niño autista tratado por Melanie Klein. Tenemos el caso de Dominique, un adolescente psicótico tratado por François Dolto. El caso de Joel, un niño autista de 8 años tratado por Bruno Bettelheim, un gran psicoanalista de niños. El caso de la pequeña Piggel, una niña psicótica tratada por Winnicott. En una palabra, hemos puesto una gran cantidad de los casos más célebres comentados por diversos autores.
–¿Qué es lo que hace célebres a esos casos?
–Han sido tratados por los grandes fundadores del psicoanálisis que, a partir de ese caso, establecen sus grandes teorías. Por ejemplo, Dolto con el caso Dominique establece su gran teoría sobre la imagen inconsciente del cuerpo; Winnicott, con el caso de la pequeña Piggel, establece la teoría de la “madre suficientemente buena”.
–Son casos paradigmáticos.
–Esa es la palabra: son casos paradigmáticos. Cada caso da lugar a los aportes teóricos de los grandes fundadores del psicoanálisis. Esos casos marcan profundamente al psicoanálisis. El artículo de Freud sobre el caso Schreber data de 1911, y hasta hoy trabajamos con esa formidable teoría de la psicosis. Lacan estudió mucho el caso de las hermanas Papin, de tal modo que a partir de allí nutre su teoría de la paranoia. Ahora, también tenemos en el libro un caso que no es célebre pero desde el cual formulamos una teoría de la forclusión local. Es el caso de un mujer que tiene una especie de delirio, pero que al mismo tiempo se encuentra en un estado sano. La teoría trata de dar cuenta del hecho, que todo clínico constata, de que un paciente psicótico puede estar grave en un momento y una hora después está completamente normal. Esta es una teoría que vengo trabajando desde hace muchos años.
–¿De qué trata el otro libro, Un psicoanalista en el diván?
–Es el libro de una entrevista corregida que me realizaron en París, hace más de un año (en la Argentina fue transmitida por Canal 7) en donde trato temas diversos como la homosexualidad, la mujer, el niño, el hombre, la locura, la pareja, la amistad, la fe, el odio. Es un libro que se lee fácil, para el gran público, en el que cuento cómo trabajo con mis pacientes. Yo trabajo de una manera muy cercana a mis pacientes, en el sentido real y figurado. El analista trabaja con el inconsciente. Por eso trato de tener una intuición de lo que le pasa al paciente, de zambullirmeen la vida interior del paciente. Se trata de un buceo psíquico y es muy difícil hacerlo. Todo analista con experiencia clínica sabe en qué consiste este buceo psíquico, es decir, ir adentro del sujeto e identificarse con sus fantasmas, sus sueños, con sus imágenes más disparatadas e irracionales, percibirlas y señalarlas al paciente. Mi vocación empezó, en realidad, cuando mi padre, que era médico, me llevaba al hospital cuando yo tenía 11 o 12 años y me hacía poner un delantal blanco. Mi padre entonces poco antes de realizar una esofagoscopía, que consistía en introducir un tubo largo y grueso en el paciente, me presentaba a éste como un futuro médico y tras solicitarle que se quedara tranquilo le decía que yo lo iba a acompañar durante el examen. Y así empecé, como el que ayudaba al médico a que el paciente se angustiara menos por la situación.
–¿En qué difiere la experiencia del psicoanálisis en un psicoanalista, que conoce la teoría del psicoanálisis, de una persona que no lo sea?
–La diferencia es que el psicoanalizado tiene una especie de inocencia acerca de lo que es el inconsciente y ser sorprendido por él. Cuando uno se analiza es alguien que espera, que está dispuesto a que ocurran muchas cosas. El psicoanálisis es aprender lo que es el inconsciente. Cuando uno es psicoanalista eso lo sabe, porque ya hizo su experiencia del inconsciente, pero hay un punto mayor: uno guarda siempre la inocencia. Mi primer paciente lo tuve a los 22 años, y mi ideal profesional sería el de tener muchos años de experiencia, pero guardar esa parte de inocencia, ya que ahí está mi inconsciente. Lo que permite justamente trabajar bien con el paciente. Si yo fuera un psicoanalista muy armado, que se cree que está de vuelta, yo sería un mal psicoanalista.
–¿Podría usted especificar con un ejemplo la mirada psicoanalítica que Un psicoanalista en el diván propone sobre tan diversos temas?
–Por ejemplo, el tema del odio. Sin duda, para mucha gente el odio es algo malo. No nos gusta el odio. No nos gusta odiar, ni que nos odien. Por el contrario, nos gusta amar, ser amados. Cuando uno ama, se siente bien. Es importante amar. Cuando no amamos es como si algo estuviera vacío. Pero el odio también tiene su parte positiva. Más: el odio supone una descarga necesaria, una evacuación que hay que hacerla quizá cotidianamente. Hay que ejercitar el odio en pequeñas dosis, que no nos afecten. Cuando el odio se hace fuerte, intenso, es destructor. Sin embargo, cuando el odio se evacua en pequeñas dosis se convierte en un sentimiento que puede darnos fuerzas y conocernos mejor.
–¿Qué es el psicoanálisis, doctor Nasio?
–Lo definiría, retomando la definición de Freud, que sigue siendo la mejor, como un método terapéutico, una técnica que permite hacer que el que sufre sufra menos, y a la vez como un método de investigación acerca del psiquismo humano. Pero también el psicoanálisis es una vasta, una enorme teoría de los funcionamientos del individuo en relación con el otro. Los dos pilares del psicoanálisis son inconsciente y goce. Inconsciente quiere decir que en el interior de uno existe una fuerza que nos sobrepasa, que va más allá de nuestra voluntad y nos obliga a realizar actos que no sabemos, a veces los actos más importantes de la vida, como por ejemplo una elección afectiva, una profesión. Goce quiere decir, de una manera técnica, energía interior, energía del desear, energía del vivir. En una palabra, aquello que Freud llama pulsiones. Estos conceptos son extremadamente operativos y prácticos para permitirnos lograr ese objetivo mayor del psicoanálisis: la disminución del sufrimiento. Ya que el psicoanálisis no consiste en una experiencia intelectual sino en mucho más que eso.
–¿Qué expectativas tiene usted con Un psicoanalista en el diván?
–Conseguir que la gente conozca mejor lo que es un psicoanalista y el psicoanálisis. De algún modo, que se le
pierda el miedo al psicoanálisis.Hace poco un pintor, bastante conocido en Francia, me vino a ver después de mucho tiempo de pensarlo porque tenía miedo de que el psicoanálisis perturbara su talento, su inspiración.
–¿Todo el mundo es psicoanalizable?
–No todo el mundo. Para ser psicoanalizable hacen falta varias condiciones. Le diré tres: hay que estar mal, hay que tratar de pedir ayuda y hay que tener un idea de por qué uno sufre. Aquel que no quiere pedir ayuda de otro, que se las arregla solo, no resulta apto para el psicoanálisis.
–¿Cuál sería el interrogante más importante que le ha suscitado la frecuentación del psicoanálisis, al menos últimamente?
–Bueno, he pensado que el inconsciente, que hemos considerado siempre como propio de cada uno, en realidad es uno solo entre dos personas. No uno para cada uno sino un inconsciente para los dos.
Entrevista
con Mario
Bunge (sobre psicoanálisis)
El Ojo Escéptico (12/04/95)
Autores: Alejandro Agostinelli, Alejandro J. Borgo, Heriberto Janosch, L.
Enrique Márquez, Mariano Moldes, Benjamín Pedrotti y J. C. Torres
-En el prefacio de su libro “Seudociencia e Ideología”
ud. relata que cuando era adolescente tenía en su estudio tres retratos: el de
Einstein, el de Marx y el de Freud. Dice que el primero en caer fue el de Freud.
Nos gustaría saber cómo, cuando y por qué cayó. ¿Fue algo paulatino?
-No, fue bastante súbito. Fueron dos experiencias. Una con un psicoanalista
amigo que me hizo uno de esos psicoanálisis instantáneos: “sí, lo que pasa es
que vos tenés problemas de amor y de trabajo”. Yo tenía 16 o 17 años. Al
principio pensaba ¿como se habrá enterado?. Después empecé a recapacitar: “todos
los adolescentes tenemos problemas de ese tipo”. Y poco después este hombre
enloqueció completamente: se quería tirar de una ventana porque decía que iba a
salir volando. Entonces me dije “Bueno, por lo menos a la locura el
psicoanálisis no la trata”. Segundo, leí un libro de Bertrand Russell que se
llamaba algo así como Introducción a la Filosofía, de 1914. Y ahí tiene un largo
capítulo sobre la psicología más avanzada de aquel tiempo: la reflexología y el
conductismo, que habían nacido de Pavlov por una parte y de Watson por otra. Y,
como todos saben, Russell se reía del psicoanálisis. Entonces pensé “Ah! esta
gente tratará de explicar las cosas de un modo materialista, recurriendo al
sistema nervioso”. Eso me abrió los ojos. Y tengo que recordar un tercer motivo:
en aquella época yo me consideraba marxista. Leí un libro de Reuben Osborne
–quien era freudomarxista- que expresaba la combinación o síntesis entre el
marxismo y el freudismo, una corriente que nació en Viena y se propagó
enseguida. El libro me indignó tanto que escribí un libro en contra. Y a medida
que lo iba escribiendo me iba volviendo más y más antipsicoanalítico. Antes de
estas tres experiencias yo creía en el psicoanálisis, desde luego, como
adolescente porteño que ve los libros de Freud en los quioscos del subterráneo a
50 centavos cada uno, al alcance de todo el pueblo, de cualquiera que sepa leer
y escribir; éstas me convencieron de que el psicoanálisis no era científico.
Desde entonces, no he hecho más que continuar en esta opinión. Al estudiar
psicología moderna, en particular psicología fisiológica, uno se da cuenta de
que Freud, entre otras cosas, adopta una posición dualista frente al problema
mente-cuerpo. Posición que no es original de Freud: es tan vieja como la
religión, pero él la tomó del neurólogo inglés Hughlins Jackson, quien a su vez
adoptó una posición propuesta por primera vez por el gran filósofo y matemático
Leibniz, quien sostenía que los procesos mentales y los procesos biológicos eran
paralelos entre sí. Cada vez que uno pensaba una idea, ocurría algo en el
cerebro, pero era una sincronización: la mente iba por su lado y el cerebro por
el suyo. Eran paralelos. Como dos relojes independientes pero sincronizados. Es
la hipótesis del paralelismo psicofísico. Y bueno, es muy insatisfactorio. No se
entiende por qué diablos son sincrónicos. Tampoco se entiende por qué un cerebro
con muchas circunvoluciones nos confiere alguna superioridad. Si la mente no
necesitara del cerebro, nos convendría tener un cerebro chiquito, que se ocupara
de regular los movimientos y la temperatura, en lugar de tener una caja craneana
tan incómoda que nos obliga, entre otras cosas, a la confección de sombreros.
-¿Y por qué piensa ud. que persistió el psicoanálisis? ¿Cómo convive con la
psicología moderna? ¿Por qué tuvo tanto éxito? Inclusive en el ambiente
universitario, académico, entre los médicos...
-Por tres motivos, creo. Primero: Freud y sus secuaces enfocaron dos problemas
que la psicología tradicional había descuidado: el problema de las emociones y
el problema del sexo. Los psicólogos tradicionales se ocuparon sólo de los
procesos mentales conscientes. No se ocuparon de las emociones, del afecto ni
del sexo; no se podía hablar de eso siquiera, era un tabú. Entonces ¿que pasa?,
cuando la ciencia no se ocupa de un tema que interesa a todo el mundo,
inmediatamente vienen los charlatanes y lo acaparan. Y el segundo motivo es que
es fácil. El estudio del psicoanálisis no requiere ninguna preparación previa:
un chico de 16 años puede convertirse en un erudito psicoanalista simplemente
leyendo, porque se trata de leer textos. No hace falta estudiar psicología
experimental, neurología, ni saber matemática o biología, no hace falta saber
nada. Es el facilismo. Entonces, algo que es fácil y se ocupa de asuntos
realmente importantes como son la emoción y el sexo, ¿cómo no va a atraer a la
gente, en particular a los jóvenes incautos?. El tercer motivo ya es comercial:
para poder aplicar una terapéutica cualquiera hace falta estar entrenado, por
ejemplo como médico, psiquiatra o psicólogo clínico. Hay que estudiar seriamente
si uno quiere ser eficaz y honesto. Para ser psicoanalista no hace falta nada.
Un psicoanalista puede practicar, puede ganarse la vida y ganársela bastante
bien –por lo menos en EE.UU. y el resto de Norteamérica donde cobra 100 dólares
la hora-. Puede hacerlo sin ninguna preparación previa. Esos son los motivos:
que el psicoanálisis se ocupa de problemas auténticos –aunque se ocupa mal-, que
es fácil y que es rentable. Los tres hicieron que el psicoanálisis se expandiera
como reguero de pólvora. Pero ya terminó su ciclo. Queda solamente en los países
del Tercer Mundo.
-En la Universidad de Buenos Aires más del 90% de la gente enseña psicoanálisis.
Más que enseñar, se adoctrina. En primer año se ve psicoanálisis, en segundo o
tercero se ve “psicopatología” que es puro Lacan. No se ve una actitud de
apertura...
-Claro. “Macaneo I”, “Macaneo II”, “Macaneo III”..., y ya pueden empezar. Se
lanzan sobre la población incauta y pueden ejercer una profesión.
-Y las comunidades científica y universitaria ¿qué hacen frente al
psicoanálisis? ¿Lo toleran?.
-Desgraciadamente hay excesiva tolerancia para con los colegas. Pero lo que
sucede en los países más avanzados es que se tolera a algún profesor que haga
psicoanálisis. Por ejemplo, en mi Universidad (McGill) hay uno o a lo sumo dos
miembros del departamento de psiquiatría que hacen psicoanálisis. Más no. Y los
demás los toleran entre otras cosas porque carecen de las herramientas
epistemológicas para demostrar que el psicoanálisis es una pseudociencia. Y
también, digámoslo de frente, les falta el coraje para decirlo. En particular
tratándose de psicosis, si ud. pone a un psicótico –digamos un esquizofrénico o
un depresivo- en manos de un psicoanalista, ese enfermo no se va a curar y, más
aún, corre peligro de terminar suicidándose o matando a otro. Esta mañana recibí
una carta de un amigo con quien había perdido contacto, con el que habíamos
trabajado juntos en la Universidad Obrera en los años ´40. Me contaba que su
odio al psicoanálisis se debe a que tenía una hija depresiva, que se había
puesto en manos de un analista. Con la palabra no se cura la depresión... Esta
chica terminó pegándose un tiro, ¡su única hija!. Entonces, él no tiene un
motivo puramente intelectual sino también afectivo para considerar que la
práctica del psicoanálisis es delictuosa. Tolerarla es dar patente de corso a
los charlatanes. A diferencia de la astrología y la parapsicología, que arruinan
la manera de pensar y concebir el mundo pero –que yo sepa- no ponen en peligro
la vida de nadie, el psicoanálisis es mucho más nocivo que estas creencias.
-Pero ¿no cree ud. que el psicoanálisis es la pseudociencia que, por dictarse en
la Universidad, más influye sobre el estudiante?
-Sí, sí. En la Universidad argentina ¿eh?; en mi Universidad y en las demás de
Norteamérica no se enseña psicoanálisis, y menos que menos psicoanálisis
lacaniano. Con alguna que otra excepción, y siempre en los departamentos de
psiquiatría, no en los de psicología. Está en plena decadencia. A partir de los
años ´70 –o tal vez un poco antes- la cultura argentina ha sido barrida por los
militares y por el irracionalismo. Es uno de los tantos componentes del
esoterismo, del macaneo. ¿Cómo no va a invadir la Universidad?. La Universidad
ha sido destruida en 1966 por la dictadura militar. Luego vino un intento de
recuperación, después fue vuelta a destruir, y todavía no se ha recuperado. Es
un escándalo que no haya epistemólogos que hagan la crítica de esta macana por
falta total de preparación científica y filosófica. Hay que combinar las dos
cosas.
-Una forma de ganarle terreno a los psicoanalistas sería disponer de un buen
presupuesto, porque la psicobiología necesita laboratorios e instrumental,
mientras que el psicoanálisis es barato para quienes lo practican.
-Por supuesto. Es más fácil escribir un artículo psicoanalítico que una
contribución seria a la psicología científica. Pero en el país existen –por
suerte- psicólogos biológicos; los he encontrado en Mendoza y en Rosario. En
España y México, invadidos por psicoanalistst argentinos, me he encontrado con
algunos. Esta gente ha invertido años en adquirir esta preparación. La
psicología moderna –con laboratorios- es la única que está haciendo avances
espectaculares. Por eso es que se interesan por ella muchos médicos, psiquiatras
y estudiosos de las afasias, de las perturbaciones del habla y de la comprensión
del habla.
-Martin Gardner, en uno de sus últimos libros, sostiene que una buena forma de
aprender ciencia es viendo en qué se equivocan sus chiflados. Esa parece una
frase suya. ¿De qué chiflados, de que pseudociencias cree ud. haber aprendido
más?
-Del psicoanálisis, claro. Ah! también algo de la parapsicología. El motivo fue
que algunos colegas físicos y matemáticos creían en la parapsicología. En la
Universidad, la creencia en la parapsicología está muy difundida. Alrededor del
50% de la gente cree en la posibilidad de la telepatía, no tanto ya en la
telekinesis. Para hacer la crítica uno necesita argumentos, y así lee artículos
del Journal of Parapsychology, analiza los experimentos, trata de ver qué es lo
que falla, y hace además una crítica psicológica, desde el punto de vista de la
filosofía de la mente. Como dice Gardner, se puede aprender mucho sobre el
método científico leyendo a los macaneadores. Pero yo no creo que sean chiflados
de la ciencia, ni que estas creencias sean ciencias patológicas, como alguien
las llamó; son simplemente no-ciencia. Ni siquiera se toman mucho trabajo para
aparentar ser ciencias, cualquiera puede entenderlas. Los únicos
pseudocientíficos que hacen experimentos son los parapsicólogos, del mismo modo,
la única pseudociencia que se apoya en una ciencia es la astrología; son los
únicos que consultan a la astronomía, los demás se valen solos. Son
independientes. Justamente Freud insistía con el tema de la independencia del
psicoanálisis con respecto a la neurofisiología, y Lacan aún más. Lacan quiso
rescatar un proyecto de Facultad de Psicología esbozado por Freud. Los
estudiantes deberían aprender literatura, mitología, y por supuesto,
psicoanálisis I, II, etc. Tenían que tener cultura literaria y humanística pero
ninguna cultura científica. En particular no se aprendía psicología
experimental, nada que oliera a laboratorio. ¡Que contentos se pondrían al saber
que su proyecto se realizó aquí, en el Tercer Mundo!
-Ud. cree que Freud tuvo desde el principio un objetivo bien determinado o más
bien que la teoría psicoanalítica fue formándose un poco azarosamente, de
acuerdo a las vivencias y rasgos de personalidad del propio Freud?
-Bueno, ud. conoce la carrera de Freud. Comenzó como neurólogo, siguiendo la
escuela de Hughlins Jackson. Él intentó hacer algo de laboratorio y no le salió.
A él –como a cualquiera- le interesaban los sueños, las psicopatologías, etc., y
en ese momento la psicología científica, sobre todo la parte de las
psicopatologías, estaba poco avanzada. No es que no existiese; había empezado en
Francia con Paul Broca y en Alemania con Karl Wernicke. Sin embargo no eran muy
populares. Ahora bien, Freud –y esto lo dice claramente Ernest Jones, su más
afamado biógrafo- quería casarse, y se sabía incapaz de hacer carrera por falta
de méritos científicos suficientes, siempre sería un profesor adjunto. Entonces
decidió abandonar completamente la orientación científica. No solo está Jones,
que es muy explícito. También se puede ver en su propia correspondencia. Aparte
de ese interés material, y de la imposibilidad de hacer una carrera científica
por falta de competencia, de originalidad, debe haber influido también el hecho
de que Freud era cocainómano, Necesitaba la droga y se daba cuenta de que no
podía alcanzar la lucidez sin ella, y eso, a una persona que ha recibido
entrenamiento médico –Freud lo tuvo en la Escuela de Medicina de Viena, que
junto con las de Berlín y de París eran las más prestigiosas de Europa- debe
haberlo preocupado bastante, quitándole confianza ante la posibilidad de hacer
ciencia en serio. Pero además estaba su interés auténtico por los problemas
afectivos, la sexualidad, las emociones. A fines del siglo 19 hay en él una
auténtica conversión. El hombre abandona totalmente el camino científico y se
desbarranca.
-Es como ud. decía en una conferencia: “donde hay un vacío, ese vacío se llena
con basura”. Sería el caso de toda esta pseudopsicología...
-Sí, sí. No el caso de Lacan, que no enfocó ni un solo problema científico en su
vida. Pero es así en general, sobre todo a nivel popular.
-Pero ¿podemos decir que hay un vacío a nivel psicoterapéutico en las corrientes
psicológicas que tratan de enfocar científicamente su campo de interés?
-Lo había hasta que nació la terapia de la conducta, que se ocupa de los casos
tratables por medios sencillos, sin drogas. Lo hubo en el caso de la depresión y
la esquizofrenia hasta 1955, cuando por primera vez se descubrieron
neurolépticos eficaces. Es cierto que tienen efectos secundarios muy
desagradables de tipo dermatológico y pérdida de memoria, aunque no una pérdida
definitiva. También es verdad que tales dolencias no se pueden curar
definitivamente, pero sabemos controlarlas. Por ejemplo, un íntimo amigo mío,
investigador de primera línea, es maníaco-depresivo. Se controla con esas
drogas. Cuando está en el período maníaco, o sea ascendente, es de una
productividad increíble. Después tiene depresiones, pero controladas; jamás
tiene las que lo afectaban antes de comenzar a tratarse con las sales de litio.
Yo lo he visto en sus depresiones antes del tratamiento. ¡Estaba totalmente
destrozado!. Parecía un chico autista, encerrado en sí mismo, sin querer ver ni
oír nada, desconfiando de todo el mundo –hasta de sus amigos y de su mujer-.
Pero ahora está controlado: produce, va al laboratorio todos los días, escribe
–y no pavadas- sobre cosas importantísimas. Hoy día se puede llevar una vida
casi normal con problemas depresivos que, no tratados, probablemente llevarían
al suicidio. Una sobrina mía es un caso parecido; una poetisa brillante. Al
principio la trataba un psicoanalista y, por supuesto, ella iba de mal en peor.
No sólo dejó de escribir sino que se escapaba de la casa y tenía unos episodios
espantosos. Ahora está controlada, felizmente. Pero hay mucho por hacer todavía,
no hay suficiente gente ocupándose de estas cosas y hay demasiada creyendo que
la magia de la palabra puede suplir a las drogas, porque ignora que, entre otras
cosas, el cerebro es un sistema químico. Basta cambiar la química del cerebro
para modificar la forma de sentir o incluso de pensar. Y en realidad todos
nosotros tenemos experiencias en ese sentido. Cuando estamos adormilados tomamos
una taza de café; hay una droga llamada cafeína que nos da lucidez. Por eso no
tendría que ser tan difícil de comprender.
-Esto es una grave objeción al dualismo, el cual sin embargo persiste.
-Persiste entre otras cosas porque estamos atados a la religión, porque tenemos
resabios de una filosofía anticuada. Todavía la mayor parte de los cursos de
psicología no son cursos de psicología biológica. El estudio de lo mental no se
encara desde una perspectiva biológica.
-En su libro “El problema mente-cerebro”, ud. hace una crítica a la postura de
que los predicados mentalistas no son reductibles a predicados
neurofisiológicos. Está claro que su concepción de la mente es la de una
colección de procesos cerebrales. ¿Qué me dice de Russell cuando afirma que esos
predicados son sintéticos y no analizables?
-Sí, pero tenga en cuenta que Russell escribió esto en 1921, cuando casi toda la
psicología fisiológica que había trataba sobre el problema de la percepción. Se
ha avanzado muchísimo en estos tres cuartos de siglo. Le voy a dar un ejemplo.
Ud. puede decir que Fulano está hablando. Una manera neurofisiológica de decirlo
es afirmar “las áreas de Wernicke y de Broca de Fulano están activas”. Otra:
“Fulano está viendo”, es como decir “la corteza estriada de Fulano está activa
en este momento”. A primera vista pareciera que no tienen nada que ver. Eso
ocurre porque no nos hemos acostumbrado. Es como si un dualista le dijese a un
físico que el predicado brillante no tiene nada que ver con los que intervienen
en la teoría del estado sólido, que analizan el proceso de reflexión de un rayo
luminoso por los átomos que componen la superficie del objeto brillante, y sin
embargo es la misma cosa. Los primeros en darse cuenta de que podemos deducir o
definir los predicados que usamos para describir nuestras percepciones en
términos de predicados que definen cosas invisibles fueron los atomistas
griegos. Claro que ellos no tenían toda la teoría que ahora tenemos. Hoy se
puede. El paso que la física dio en este siglo (XX), tendrá que hacerlo la
psicología en el próximo.
-¿Puede decirse que en ese sentido el programa de la psicología fisiológica es
la reducción de los predicados mentales fenomenistas a predicados
neurofisiológicos?
-Sí. Y requiere de teorías, difíciles, que están en proceso de construirse. Pero
los obstáculos no son inherentes a la materia sino a la formación de los
psicólogos. No suelen tener una buena formación biológica, y menos aún
matemática. Entonces, los que se dedican a la psicología matemática, al no tener
una buena formación biológica, se contentan con hacer teorías –por ejemplo del
aprendizaje- que no tienen ninguna relación con el llamado sustrato
neurofisiológico. La ley de Thorndike sobre el aprendizaje puede enunciarse sin
recurrir a consideraciones psicobiológicas. La ley es correcta, pero queremos
entenderla en términos de refuerzo de conexiones neuronales. Entonces lo que se
necesita es un Hebb con cultura matemática. La formación inicial de Hebb fue
literaria. Una vez yo le pregunté “Por qué le tiene rabia a la matemática, o a
los modelos matemáticos”, y me contestó: “No, ese es un defecto personal mío. Yo
de adolescente soñaba con escribir novelas, incluso escribí una. Yo no le tengo
rabia a la matemática, es que no sé”, “¿Y no habrá un segundo motivo?” continué
yo, “como los modelos que hoy hay son en su mayoría conductistas y por lo tanto
superficiales, no llegan al meollo de la cuestión"”... Ahí Hebb estuvo de
acuerdo conmigo. Yo creo que hay que imponer, no un proyecto de Facultad de
Psicología, sino cambiar los planes de estudio en esa carrera, e incluir una
buena formación biológica y matemática.
-Volviendo al psicoanálisis, el Dr. Klimovsky, sin ser un defensor del
psicoanálisis, propone considerarlo como una protociencia antes que como una
pseudociencia, y esperar que los psicoanalistas sistematicen la teoría
psicoanalítica para convertirla así en científica. ¿Ud. opina que no hay nada
rescatable en el psicoanálisis?
-No, no hay nada rescatable. Lo que pasa es que Klimovsky es un matemático, y él
tiene la visión de la ciencia que es común a los matemáticos. Creo entender que
su posición es la de que si se axiomatizara y se formalizara correctamente el
psicoanálisis, ya se convertiría en ciencia. En mi libro La investigación
científica desarrollé un contraejemplo; doy allí una “Axiomática de los
fantasmas”, una teoría matemática de los fantasmas. Matemáticamente es
correcta... ¡pero los fantasmas no existen!. La matematización es necesaria para
hacer avanzar una ciencia más allá de cierto límite, para aumentar la precisión
y la profundidad, pero no es imprescindible para hacer ciencia, y menos aún
suficiente. Se puede macanear matemáticamente. La matemática no nos da más que
formas; si ud. llena las formas con basura, sigue siendo basura. Si en vez de
descartar la basura la pone en un paquete lindo, con un moño rosa, sigue siendo
basura. Yo estoy en desacuerdo con el Dr. Klimovsky; el psicoanálisis no es
científico, es una pseudociencia. Hace dos tipos de afirmaciones gratuitas: las
comprobables y las no comprobables. Las no comprobables son no científicas desde
el vamos. Las comprobables se dividen a su vez en dos grupos: las que nunca
fueron puestas a prueba – y aún así son sostenidas por los psicoanalistas- , y
las que sí lo fueron y resultaron ser falsas. Estas últimas ¡nunca fueron
ensayadas por psicoanalistas, quienes jamás se anduvieron tomando ese tipo de
molestias!. Entonces, el carácter pseudocientífico del psicoanálisis es
evidente. En cuanto a que el Dr. Klimovsky no defiende el psicoanálisis, cabe
destacar que hace 30 años –por lo menos- que viene haciéndole propaganda.
-Como miembro del CSICOP, ud. habrá observado que cuentan con un psicoanalista
entre sus consultores, y además la revista –The Skeptical Inquirer- nunca ha
tocado el tema del psicoanálisis. ¿Habló de eso con Paul Kurtz alguna vez?
-Sí. Lo que ellos quieren hacer es una especie de frente único contra la
parapsicología, la ufología, etc. Ese es un error de omisión; yo los acompaño en
la medida en que estoy de acuerdo con ellos en otros respectos. Pero tenga en
cuenta también que The Skeptical Inquirer no publica artículos psicoanalíticos,
que ya es algo.
-Lo que sí hubo fueron críticas salpicadas, como la de Terence Hines. Pero si
alguien lo quisiera abordar ¿usted cree que habría censura?
-Yo no creo. Una vez publicaron algo que les mandé y allí mencionaba al
psicoanálisis como una pseudociencia.
-Tal vez ese descuido se deba a que el psicoanálisis allí no es un fenómeno tan
extendido como aquí, y preocupa más el tema de la creencia en los fenómenos psi.
-Sí, en efecto. Las otras supersticiones son mucho más populares. Tengamos en
cuenta que la mitad de la población universitaria, por lo menos en el caso de
los estudiantes, cree en la realidad de los fenómenos parapsic