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Por Delia Carnelli y Marcela Le Bozec
“En verdad, mi acción política, mi inspiración ideológica son propias y el
resultado de muchos años de luchas, de sacrificios y sobre todo, de meditación
autocrítica. Tal vez si a algún exégeta o biógrafo se le ocurre en el futuro
examinar mis treinta y seis libros, las cinco publicaciones que fundé y dirigí,
y mi evolución política, descubrirá que no me quedé estancado y que
permanentemente traté de ver más claro en los destinos del hombre y en el
porvenir de la Argentina. De modo que, detrás de lo que hago y escribo en México
no hay más que una persona: yo mismo. Claro está que el `yo mismo' significa
leer y actuar para recoger y devolver. Ni la soledad ni la autosuficiencia
absolutas existen, felizmente.” (1)
Una caracterización somera de Rodolfo Puiggrós, no podría dejar de definirlo
como un eminente y original pensador nacional, educador, periodista, militante
popular y polemista brillante, hacedor de una prolífica obra que se reactualiza
en el espíritu libertario latinoamericano y en cada lucha social.
Transcurría el año 1906 cuando el presidente argentino Manuel Quintana fallecía
durante su mandato. Su vicepresidente, José Figueroa Alcorta, pasó a desempeñar
la primera magistratura e iba a ser el encargado de presidir los festejos del
primer centenario de la Revolución de Mayo escenario de ostentación de la
sociedad porteña engalanado por la figura de la Infanta Isabel, y cuyos ecos
resonarían en Europa para corroborar la frase “más rico que un argentino”. En
ese contexto de la pujante Buenos Aires, resultado de políticas centralistas y
de la intensa actividad agroexportadora, nació Rodolfo Puiggrós, el 19 de
noviembre de 1906 en el número 1320 de la calle Independencia, límite de los
actuales barrios de Constitución y Monserrat. Su padre, José Puiggrós, natural
de Rubió, era integrante de una familia perteneciente a la antigua nobleza
catalana, que dejó huellas de su paso por Cataluña en un pueblo epónimo. Su casa
natal, según referencias de personas bien informadas tenía alrededor de 900
años. José, después de haber servido a la Corona en la guerra de Filipinas, se
estableció en Buenos Aires a principios del Siglo XX. Allí, se casó con la
descendiente de una familia de la burguesía catalana, Margarita Gaviria. En
Argentina, se dedicó al comercio y la consignación de hacienda. El “primer hijo,
primer sobrino y primer nieto” (2) pronto debería compartir atenciones con
cuatro hermanos, también varones. El reacomodamiento de los vínculos familiares
producido por la llegada de los hermanos, los recurrentes cambios de domicilio
y, según él, cierto autoritarismo paternal, junto a crecientes diferencias de
concepción sobre la vida misma, llevó a definir a su situación hogareña como
dentro de una “atmósfera familiar represiva” (3) y a su familia, como
llevando“una gris y mediocre existencia” (4). Luego de terminar sus estudios
primarios en el antiguo “Colegio Charlemagne”, fue internado como pupilo junto a
sus tres hermanos menores en el colegio “Carmen Arriola de Marín” de los
Hermanos de las Escuelas Cristianas, en San Isidro, Provincia de Buenos Aires.
Serían, a su juicio, el conjunto de esas vivencias las que determinaron su
“carácter retraído y hosco”(5).
Al cumplir veinte años viajó con su
padre por España, Portugal, Bélgica, Holanda, Escandinavia y llegaron hasta la
URSS, en plena consolidación de la revolución bolchevique, acontecimiento que
marcó a fuego su personalidad y desde ese momento la cuestión del protagonismo
obrero comenzó a ser un tema que despertó su curiosidad y ocupó su interés
durante toda su vida.
Vivió dos años en París y dos en Londres, período durante el cual comenzaría a
nutrirse de las discusiones políticas e ideológicas europeas de la época, tanto
como de las obras referidas a las ciencias sociales, economía y filosofía, y en
especial las concernientes al marxismo. El haber vivido esos años en el corazón
de Europa le dió la posibilidad de extender su competencia lectora en otros
idiomas: durante toda su vida leería ávidamente las obras de su interés en
inglés, francés, italiano, o portugués.
Los anhelos familiares con respecto a su porvenir lo encauzaban paulatinamente
hacia el estudio de las ciencias económicas “mientras menospreciaban los valores
humanos y de la cultura, los atraían los de la ciencia y la tecnología”, opinaba
de su familia (6), razón por la cual abrazó la carrera de Economía en la
Universidad de Buenos Aires, que rápidamente abandonó, inclinándose por su
faceta de periodista y escritor. Es así, que con sólo veintidós años fundó la
publicación periódica porteña “La Brújula”, de la cual fue director desde 1928
hasta 1932. Durante los años 1932 y 1933, trabajó como editorialista del diario
“Rosario Gráfico”, oportunidad en que se relacionó con el gran pintor Antonio
Berni, quien en su libro Escritos y papeles privados relató algunas graciosas
peripecias compartidas con su amigo. Durante 1935 y 1936, fue el director del
diario “El Norte” de Jujuy. Estos fueron los primeros pasos en su profesión como
periodista, quehacer que matizó con la docencia para poder subsistir, la
investigación histórica y la militancia política dentro del Partido Comunista.
Hacia el final de la década de 1930, decenio de grandes convulsiones políticas
nacionales e internacionales, comienza la divulgación de su obra, que a lo largo
de su vida comprendería alrededor de treinta y cinco libros sobre filosofía,
economía, política e historia, además de innumerables artículos, editoriales y
folletos. En 1940 editó sus primeros libros: 130 años de la Revolución de Mayo;
De la colonia a la revolución y La herencia que Rosas le dejó al país. Con ellas
inició la etapa de historiador de los procesos nacionales y sus actores, desde
una perspectiva de análisis rigurosa y original al aplicar el método científico
de la historia, considerando las causas económicas como las primeras en los
fenómenos sociales pero sin soslayar la influencia que en ellos tiene la
ideología, la filosofía, la religión, la política. “No soy un “hechólogo”, decía
soy pensador”
En 1938 fundó la revista Argumentos y la dirigió hasta 1941.
Por aquella época hizo pública su simpatía por el incipiente movimiento popular
que, nucleado en torno a la figura del entonces Coronel Perón, prometía encarnar
las aspiraciones de la clase obrera, circunstancia que le valiera en 1945 la
expulsión del Partido Comunista. Desde el año 1946 a 1955 se desempeñó como
Director del periódico “Clase Obrera”.
Por aquel entonces, una de las publicaciones más importantes de la Argentina, el
diario “Crítica” lo contaba también entre sus colaboradores. Desde 1938 hasta
1955 compartió esa tribuna con personalidades como Roberto Arlt, Nicolás Olivari,
Enrique y Raúl González Tuñón, Jorge Luis Borges, Carlos de la Púa, Conrado Nalé
Roxlo, Eduardo Guibourg, César Tiempo y Homero Manzi, entre otros. Desde sus
páginas hostigó al fascismo italiano mientras expresaba su apoyo a los
republicanos españoles y hasta se animó a denunciar los fusilamientos de 1955.
En la década del 50, viajó a Bolivia y a Perú donde desarrolló su tarea de
periodista, y como académico ejerció la docencia en la Universidad de San Marcos
(Perú) y en la Universidad de San Javier (Bolivia), siendo ya un estudioso de
los movimientos populares de Latinoamérica. En sus anotaciones manuscritas
inéditas aparecen frases que señalan: “Bolivia: clave del cono sur”, posición
que refrendaba desde sus testimonios orales cuando invitaba a observar con
atención los procesos sociales bolivianos como paradigmáticos, por las
condiciones de explotación infrahumanas a las que eran sometidos los
trabajadores de las minas del altiplano.
Con la aparición en 1956, de su libro Historia crítica de los partidos políticos
en la Argentina, se inicia desde su obra el abordaje de problemáticas más
actuales. Empero, la Argentina de los gobiernos dictatoriales era un ámbito
incompatible con su accionar: llegó entonces el primer exilio a México, país
donde el fenómeno de la conquista española y la resistencia de la cultura
aborigen, parecían mostrarse con mayor nitidez. Desde su nueva residencia, se
volcó a la investigación de esta problemática, atendiendo especialmente a su
relación con los modos de producción. Desde este punto de vista es, sin duda, el
período más rico de su historiografía: en 1961 publicó La España que conquistó
al nuevo mundo y Génesis y desarrollo del feudalismo, en 1965; en Los orígenes
de la Filosofía (1962) describió y fundamentó la naturaleza materialista y no
idealista de sus comienzos, como se sostenía teóricamente hasta el momento. En
ese mismo año fundó, junto a otras personalidades, el diario “El Día”, que sería
luego, uno de los periódicos más importantes de México y donde se desempeñaría
como editorialista hasta 1978.
Su reconocida trayectoria y nivel teórico pudieron expresarse también desde la
cátedra: fue Consultor Adjunto en La Sorbonne (Francia); en la UNAM, profesor
titular de “Historia Económica” en la Facultad de Economía, y de “Antropología
Filosófica de América Latina” e “Historia Económica” en la Facultad de Ciencias
Políticas. Cargos obtenidos por reconocimiento a su labor intelectual que
enriquecía permanentemente con lecturas actualizadas. Tan es así, que sus
allegados decían refiriéndose a él: “Donde va Rodolfo, crea una biblioteca”.
Puiggrós
y la Triple A en la prensa de la época
Diario "El Patagónico", miércoles 25 de
septiembre de 1974 |
Desde México, país al que lo unían entrañables lazos, fue invitado a visitar
China. En Argentina no había logrado ejercer, prácticamente, ningún cargo
remunerado, sin embargo fue convocado frecuentemente a debates, exposiciones y
ponencias por parte de la comunidad académica de las casas de altos estudios del
país: por ejemplo en la Universidad Nacional de la Plata, de Córdoba, de
Tucumán, de Cuyo.
También fueron notorias sus aptitudes como polemista: los debates teóricos con
André Gunder Frank con respecto a los modos de producción imperantes en América
Latina, publicados en “El Gallo Ilustrado” revista dominical del diario “El
Día”, despertaron el interés académico en distintas latitudes. Desde un estilo
inflexible, explicaba su posición con respecto a que “América debe a España su
incorporación al proceso general de desarrollo de la humanidad a través de un
feudalismo agonizante en la época del nacimiento del capitalismo” (7). En tanto,
su oponente sostenía la concepción de las sociedades duales
(capitalistas-feudales), insertando al capitalismo desde el momento mismo de la
conquista. Posteriormente, la transcripción de estos debates fueron incluídos en
el Tomo II de América Latina en transición (1970) con el título “Los modos de
producción en Iberoamérica”.
En 1965 se publicaron: Integración de América Latina. Factores Ideológicos y
Políticos; y Pueblo y Oligarquía. Desde este último incorporó como perspectivas
de análisis los adjetivos nacional, popular y revolucionario, términos que
servirían de herramienta para el reconocimiento de nuestra historia por parte de
las generaciones protagonistas de los grandes movimientos populares y sociales
que como “el Mayo francés”, “Tlatelolco” o “el Cordobazo”, que daban cuenta del
nuevo panorama político planetario. “La Universidad, la prensa, entrelazadas con
el sindicato obrero: he aquí tres instituciones modernas, hijas de la eterna
lucha del hombre por la libertad. Las tres instituciones más odiadas por las
tiranías, las que cuando no consiguen someterlas, las arrasan. Son las que están
dando héroes y mártires al futuro de nuestra América” (8). En este contexto, es
preciso mencionar que contaba entre sus amigos a Juan Perón, Omar Torrijos,
Gabriel García Márquez, Arturo Jauretche, José Hernández Arregui, entre otros
destacados intelectuales y políticos.
La religión fue desde siempre materia de su interés: en 1966 publicó Juan XXIII
y la tradición de la Iglesia, donde ubicaba a la religión como un fenómeno
social explicando su correspondencia con un determinado orden socioeconómico. En
ese año regresó a Buenos Aires durante las vacaciones. Para su sorpresa no se le
renovó la visa para retornar a México. Conjeturó algunas hipótesis, que iban
desde los motivos políticos a los recelos profesionales, pero nunca logró
obtener información fehaciente para corroborarlas. Se estableció en Buenos Aires
y en 1967 publicó Las izquierdas y el problema nacional. De 1968 son Las
corrientes filosóficas y el pensamiento político argentino y La Democracia
fraudulenta. Estaba a punto de dejar de ser “peronólogo”, para convertirse en
peronista, como él mismo describía. Mantuvo una intensa comunicación epistolar
con el General Perón, a quien visitó en varias oportunidades en su residencia de
Puerta de Hierro, en el exilio español. Los unían las concepciones comunes
acerca de la Patria Grande Latinoamericana y las luchas por la Liberación. En
este contexto es conveniente agregar que ambos crearon en abril de 1971 el
Movimiento de Solidaridad Latinoamericana (M.A.S.L.A.), del cual el Presidente
era el General Perón y Secretario General Rodolfo Puiggrós, siendo su
colaborador más importante al Mayor Bernardo Alberte. Dicha fundación se realiza
con la convicción de que “es la lucha misma la más efectiva y eficaz forma de
ejercitar la solidaridad con los revolucionarios que combaten en cualquier
rincón de nuestra América o del mundo” (9). Según declarara el escritor al
periodista del diario El Alcázar de Madrid, el 15 de abril de 1971, esta
creación surgió “a raíz de hechos como los acontecimientos bolivianos de
noviembre del 69” y de haber asistido él “a la toma de posesión del Presidente
Allende….en representación del General Perón y del movimiento peronista”. Ante
el protagonismo popular de esa época señalaba: “conceptuar la realidad y no
meramente conceptuar conceptos, como lo hizo siempre la agónica izquierda
tradicional, es el mayor salto cualitativo que ha dado el movimiento obrero
revolucionario” (10).
En ese mismo año el ex Presidente le prologó su libro El peronismo. Sus causas,
que tuvo amplia repercusión.
En la Argentina, el descontento popular precipitaba el llamado a elecciones
aunque con ciertas restricciones. “Cámpora al gobierno Perón al poder”, era la
consigna que ilustraba el triunfo del gobierno popular en 1973, el cual ponía en
marcha una serie de medidas diametralmente opuestas al régimen anterior. En
medio de la efervescencia de aquellos días, Rodolfo Puiggrós fue nombrado Rector
Interventor de la UBA el 31 de mayo y la UBA pasó a denominarse “Universidad
Nacional y Popular de Buenos Aires”. Desde allí sostenía: “se terminó eso de la
universidad libre pero a espaldas del pueblo (…) No habrá revolución tecnológica
sin revolución cultural” (11). En una de sus disposiciones se declaraba la
“incompatibilidad entre cargos docentes y desempeño jerárquico en empresas
multinacionales…” (12)
En una de sus declaraciones manifestó que “debemos tener en cuenta que aunque
las universidades no hacen la Revolución, en cambio de su seno pueden salir los
revolucionarios”(13) Y con ese espíritu se pusieron en marcha Las 90 medidas más
importantes de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires en los primeros
90 días de gobierno universitario. En junio de 1973 el Rector- Interventor
Puiggrós les ofreció al ensayista Arturo Jauretche y al periodista Rogelio
García Lupo “reflotar el perfil original de EUDEBA”, la editorial universitaria
de Buenos Aires. Ambos, entre otras acciones, promovieron la edición de la
colección “Las Revoluciones”, que desarrollaba las historias de las revoluciones
populares como la chilena, la peruana o la peronista. Otra de las medidas
importantes que tomó Puiggrós fue la creación del Instituto del Tercer Mundo,
motivo por el cual y por su carácter de Rector de la UNPBA el presidente de
Argelia lo invitó a asistir a la “4ta. Cumbre de Países No Alineados”, que se
desarrolló en Argel durante ese año.
Pero las medidas encaminadas a una reestructuración de los resortes del poder
asumidas por los gobiernos populares, resultaban una amenaza para los intereses
de Estados Unidos y las empresas transnacionales, tal como les había sucedido
con la experiencia cubana.
“No veo por qué debemos quedarnos mirando cómo un país se vuelve comunista por
la irresponsabilidad de su pueblo”, manifestaba el entonces secretario de Estado
Henry Kissinger, refiriéndose al caso chileno, mientras la CIA intentaba
diversas estrategias de desestabilización que iban desde el boicot económico o
la infiltración en los diferentes estamentos sociales para invitar al
descontento, hasta la asistencia militar que desembocara en el propio golpe de
estado. En tanto, en la Argentina, el pragmatismo del gobierno iba mutando el
rumbo inicial, que luego de la muerte de Perón, pasó a convertirse en el
prolegómeno de lo que sería la etapa más sangrienta del país. Las amenazas
personales y familiares a Rodolfo Puiggrós, se tornaban cada día más factibles:
llegaba el momento de su segundo exilio. Otra vez camino hacia su muy querido
México, país solidario con cientos de argentinos que debieron partir en busca de
asilo político. De ahora en más, emprendería una intensa tarea política además
de su trabajo profesional como periodista en el periódico “El Día” y académica
como docente universitario en la UNAM o como panelista en diferentes Congresos y
Foros internacionales. Fue nombrado Miembro fundador de la Asociación de
Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, en 1974. Un año después, se fundó
el COSPA (Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino) que integró junto con
otros destacados políticos, como Ricardo Obregón Cano. Puiggrós fue miembro
Fundador del Comité de Solidaridad Latinoamericana, junto a renombradas
personalidades como Gabriel García Márquez, Pablo González Casanova y Carlos
Quijano. Fundamentalmente se realizaban tareas de solidaridad con los
movimientos revolucionarios de América Latina y del resto del mundo y de
homenaje a grandes figuras del pasado, como Manuel Ugarte, Augusto Sandino,
Ernesto Che Guevara.
En el COSPA se desarrollaban actividades culturales, de asesoramiento, pero
sobre todo de contención a la comunidad argentina en el exilio. Ejemplo de ello
fue “La Casa del Niño”, que ofrecía un espacio de participación a los niños
latinoamericanos.
Pero el objetivo era el regreso a una patria democratizada y por ello se apelaba
a la comunidad internacional para desenmascarar el accionar de los miembros y
colaboradores del “Proceso” y su política entreguista afianzada por la vía del
terrorismo de Estado. “El exilio nos agrandó la Patria”, sostenía. En esta etapa
realizó numerosos viajes por el continente: Venezuela, Colombia, Panamá. En el
año 1978 ofició como jurado en el Concurso de Casa de las Américas en La Habana.
Ese mismo año viajó a Europa: España, Francia, Holanda, Bélgica y Suecia, donde
tomó contacto con el exilio latinoamericano. En 1979 llegó hasta Nicaragua y
Costa Rica. Participó como miembro del Consejo Asesor Latinoamericano de Radio
Noticias del Continente y un año después fue designado miembro del Tribunal
Permanente de los Pueblos de Centroamérica, dependiente de la Comisión para la
Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica, con sede en San José. También
en 1980, formó parte del Consejo Asesor de la Editorial Patria Grande. En ese
mismo año tuvo el propósito de retomar un antiguo proyecto y comenzar a escribir
un libro que resumiría la historia del Siglo XX, al que iba a denominar El hijo
del inmigrante, y que ya tenía delineado en su cabeza hacía mucho tiempo.
Sin embargo, la muerte frustró su propósito. A los 73 años, el 12 de noviembre
de 1980, falleció luego de una semana de ser ingresado en el Hospital “Cira
García” de la Habana, dedicado a la atención de los extranjeros radicados o
visitantes de Cuba.
Hoy, la vigencia de sus ideas nos obliga a recuperar su pensamiento para
replantear el rol de las instituciones educacionales y como Universidad Urbana
Comprometida, reinstalar en nuestra sociedad su discurso libertario.
“América Latina y la Argentina para salir del atolladero tiene que pensar y
actuar en función de América Latina, necesita poseer, para ponerse a la altura
de la humanidad que nace, una ideología revolucionaria propia, es decir viva y
creadora, que se nutra de la ciencia y la experiencia mundiales para superarlas,
pero que sea el fruto de los gérmenes específicamente latinoamericanos.
No seremos libres de verdad y no salvaremos de la pobreza y la ignorancia a
millones de latinoamericanos, mientras esa ideología revolucionaria nuestra no
se adueñe de las masas trabajadoras y las haga artífices de las grandes
transformaciones sociales. El colonialismo ideológico siempre acompaña al
colonialismo económico y la liberación económica no es posible sin la liberación
ideológica.
La creación de esa ideología que interprete las leyes de nuestro desarrollo
histórico y las tendencias progresistas y emancipadoras de las masas laboriosas
es, a mi entender, la tarea más apremiante y primordial que tenemos por delante
los argentinos y los latinoamericanos.” (14)
Citas Bibliográficas
(1) Rodolfo Puiggrós: Carta a su hermano Oscar, escrita en México, con fecha 26
de febrero de 1975
(2) Anotación manuscrita inédita
(3) Ibíd.
(4) Ibíd.
(5) Ibíd.
(6) Ibíd.
(7) PUIGGRÓS, Rodolfo. La España que conquistó al Nuevo Mundo. México:
Costa-Amic, 1976. 5ª.ed.
(8) Anotación manuscrita inédita.
(9) Ibíd.
(10) Ibíd.
(11)Declaraciones a “El Descamisado” Buenos Aires 3/6/73. En: PUIGGRÓS, Rodolfo.
La Universidad del Pueblo. Buenos Aires: Crisis, 1974.
(12) PUIGGRÓS, Rodolfo: La Universidad del Pueblo
(13) PUIGGRÓS, Rodolfo: Declaración a “El Día” de México, el 30 de enero de 1976
(14) PUIGGRÓS, Rodolfo. Las izquierdas en el proceso político argentino
(Extraído del reportaje realizado por Carlos Strasser).La Educación en nuestras
manos, Edición Especial (Año VII): p. 50-54
[Imagen de la Muestra Pensamiento y Compromiso Nacional, Palais de Glace, Buenos Aires 17 de marzo - 10 de abril 2011]
El baúl del pensamiento nacional
Archivo Rodolfo Puiggrós
Por Daniel Enzetti
Para Tiempo Argentino
Son 50 cajas con documentos, conferencias, borradores de libros y textos, en
muchos casos inéditos, que su mujer Delia Carnelli donó a la Universidad de
Lanús y que están siendo digitalizado por el Archivo Nacional de la Memoria para
su consulta.
Apuntes manuscritos, borradores de libros, documentos, actas de asambleas en el
Partido Comunista, papeles referidos a Juan Domingo Perón, recortes subrayados y
conferencias brindadas en el exterior es solo parte de un material que
perteneció al escritor Rodolfo Puiggrós al que Tiempo Argentino tuvo acceso
exclusivo, en medio de un proceso de digitalización que está llevando a cabo el
Archivo Nacional de la Memoria.
Se trata de casi 50 cajas con textos que en muchos casos son inéditos –salvados
de la destrucción de la Triple A y de la dictadura militar que asaltó el poder
en 1976–, gracias a la mujer del pensador, Delia Carnelli, que escondió todo y
logró que sobreviviera a razias, exilios, mudanzas y algunos otros peligros más
domésticos, como la humedad y el deterioro por el paso del tiempo.
El archivo de uno de los cuadros más lúcidos de la resistencia peronista abarca
desde la década del 40 hasta su muerte en 1980. Pero también hace alusión a
momentos anteriores que lo marcaron para siempre, como por ejemplo el viaje que
a los 20 años realizó por Bélgica, Holanda, Portugal, España y sobre todo la
Unión Soviética, en plena revolución bolchevique. Antesala de una formación
intelectual que después arrancaría con sus estudios de Economía, la incursión en
el periodismo y sus primeros libros: 130 años de la Revolución de Mayo, De la
colonia a la revolución, y La herencia que Rosas le dejó al país.
“Él era secretario comunista hasta que se fue del partido en 1946 –sostiene
Delia a Tiempo–, y siempre se encargaba de redactar los apuntes de las
reuniones. Son informes hasta hoy desconocidos, que ayudarían a reconstruir
muchas cosas de aquella época”. Se refiere a la renuncia del intelectual al PC,
disgustado por la actitud que tomaron sus autoridades al adherir a la Unión
Democrática en medio del surgimiento de Perón como nuevo líder de masas.
Los papeles que ahora se conocen públicamente, donados por Delia a la
Universidad Nacional de Lanús, llevan ya tres años de preparación y
clasificación, y recorren distintos acontecimientos de aquellos años. Se puede
ver una convocatoria dirigida especialmente a los militantes comunistas que
apoyaban al peronismo; artículos escritos para Clase Obrera que se creían
perdidos; declaraciones para boletines internos del MOC (Movimiento Obrero
Comunista); trabajos sobre Filosofía y Religión subrayados por el escritor y
tomados como base para sus propios libros; e investigaciones referidas al
petróleo, los ferrocarriles y las reservas energéticas.
Puiggrós y el peronismo. “Al principio él se llamaba ‘peronólogo’, peronista fue
después”, sostiene Delia, afiliada con Puiggrós al movimiento en 1972. Y agrega:
“Uno de los materiales más valioso de las cajas es el relacionado con Perón,
antes y después de su derrocamiento en 1955, y la manera en que aportó todo lo
que pudo a la resistencia que empezó en esa década.” Entre las muchas cosas
destacadas de esta parte del archivo se encuentra una copia que Puiggrós
conservaba del artículo “¿Y ahora, Coronel?”, escrito por Rodolfo Walsh en Azul
y Blanco en 1958; un poema redactado a máquina de Raúl González Tuñón titulado
“A las armas”; los documentos “Apoyatura sobre organización revolucionaria” y
“Bases informativas para la resolución de los problemas tácticos”; un ejemplar
original del artículo “Cuando nos prestan con nuestra propia plata”, del ex
diputado justicialista Diego Muñiz Barreto, asesinado en 1977; apuntes sobre
José López Rega; y una extraña perla: varios minutos de una vieja cinta
magnetofónica donde se escucha la voz del general, en un registro de agosto de
1971.
La pareja se conoció en 1967, cuando “mi tía María Luisa Carnelli –agrega
Delia–, compañera de militancia de Rodolfo, nos presentó sin imaginar que
después seguiríamos juntos”. A partir de ese momento, Delia se convirtió en su
mujer y su secretaria personal. Pasaba en limpio los borradores de los libros,
lo ayudaba a corregir notas periodísticas, le daba una mano con sus
conferencias, y mientras tanto, clasificaba y archivaba. Puiggrós venía de un
matrimonio anterior y vivía en México desde 1960. Había fundado varios diarios
(como El Día, donde redactó editoriales hasta 1978), era un respetado columnista
político, se dedicaba a la docencia y de a poco crecía como investigador.
“Cuando nos vimos por primera vez, estaba en el país visitando a sus hijos y a
varios amigos, y de repente, sin que nadie diera alguna explicación, las
autoridades mexicanas le prohibieron regresar. No podíamos entenderlo. Tuvo que
empezar de nuevo porque no conseguía trabajo en ningún lado, era un exiliado
económico.”
Enseñaba marxismo, daba clases de Historia, y se las arreglaba para esquivar las
amenazas de la derecha peronista, antecesora de lo que después se convertiría en
la fuerza de choque de la Triple A. A ese período corresponden, también
conservados dentro de esta colección, varios originales de Puiggrós escritos a
máquina, entre los que se destacan los artículos “Perón no pasó a la historia,
está en la historia” (El Día de México, 18 de julio de 1974); “El problema de la
revolución nacional justicialista”; y “La renta de la tierra en la Argentina”.
Delia explica: “Conservé todo durante 40 años, hasta que dije basta, esto hay
que ordenarlo para que pueda ser consultado por cualquiera. Entonces, después de
clasificarlo por áreas, lo doné a la Universidad de Lanús, donde trabajé durante
varios años como traductora y asesora de biblioteca. Me ayudó mucho la rectora
de la UNLa, Ana María Jaramillo, y el Archivo Nacional de la Memoria también es
clave en esto, porque ellos están armando la versión digital última.”
Durante el acto de clausura del Congreso de los Hombres de Buena Voluntad el 21
de octubre de 1951, y delante de Perón como presidente de la Nación, Puiggrós
tuvo la responsabilidad de brindar el discurso final. La versión taquigráfica de
puño y letra de ese día también forma parte del material. Que, por otro lado,
contiene cursos dados en universidades, informes redactados para el Movimiento
Argentino de Solidaridad Latinoamericana (MASLA), declaraciones de apoyo al
socialismo después del asesinato de Salvador Allende en Chile, conferencias,
entrevistas de Puiggrós a Perón, y otras efectuadas por distintos periodistas y
militantes al propio escritor, como la que le hace Tomás Saraví.
Historia de un “argenmex” montonero. En medio de la efervescencia camporista, el
31 de mayo de 1973 Puiggrós fue nombrado rector interventor de la UBA, que pasó
a llamarse Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires. “Se terminó eso de la
universidad libre pero a espaldas del pueblo, no habrá revolución tecnológica
sin revolución cultural”, fue lo primero que dijo, antes de firmar una
disposición que declaraba la “incompatibilidad entre cargos docentes y desempeño
jerárquico en empresas multinacionales”. Como parte de lo conservado por Delia,
el archivo muestra apuntes desconocidos relacionados con aquellas medidas –casi
un centenar, a pesar del corto lapso de gestión–, enmarcadas dentro de un
contexto que el mismo docente describió al llegar al cargo: “Debemos tener en
cuenta que, aunque las universidades no hacen la revolución, en cambio, de su
seno pueden salir los revolucionarios.” Entre esas iniciativas se recuerdan dos:
la tarea encargada a Rogelio García Lupo y Arturo Jauretche de “reflotar el
perfil original de EUDEBA” con una serie de trabajos dedicados al pensamiento
nacional, y la creación del Instituto del Tercer Mundo, que motivó que el
entonces rector fuera invitado por el presidente de Argelia a la Cuarta Cumbre
de Países No Alineados de ese año 1973.
“No habían pasado muchos años de cuando nos conocimos –recuerda Delia–, pero
influenciada por Rodolfo, yo ya estaba convencida de mi apoyo al peronismo,
aunque mi familia no lo aceptara. De cualquier manera, debo decir que mi madre
terminó apreciándolo mucho, lo llamaba ‘mi querido yerno’”.
Con la muerte de Perón, y la carta blanca de la Triple A para cazar seres
humanos en la calle, Puiggrós pasó a ocupar uno de los primeros lugares de la
lista. Delia explica que “el clima era insostenible, y veíamos que caían
compañeros todos los días. Rodolfo Ortega Peña, Julio Troxler, Atilio López,
Silvio Frondizi, el hijo de Raúl Laguzzi. Oscar, el hermano de Rodolfo, era de
derecha, pero se llevaban bien. Lo primero que nos dijo fue que pidiéramos
asilo, y pensamos en México, por los contactos que él conservaba en ese lugar.
Los pasaportes estaban vencidos, pero la embajada accedió, y después de dos días
de tenernos refugiados, pudimos viajar el 24 de septiembre de 1974.”
Buena parte de los textos que se están digitalizando para su consulta libre
tienen que ver con el paso de Puiggrós por ese país, un lugar “solidario por
excelencia –afirma Delia–, y en donde además de argentinos había chilenos,
uruguayos y nicaragüenses. A Rodolfo se le ocurrió armar un Comité de
Solidaridad Latinoamericana, que llegó a incorporar 14 países y en el cual
aportaba mucho Gabriel García Márquez”.
Además de notas periodísticas en El Día, el archivo guarda informes publicados
en la revista Sucesos, investigaciones para la Universidad Nacional de México,
columnas aparecidas con el seudónimo de “Alfredo Cepeda”, y una serie de
entrevistas a distintas personalidades de la política y la literatura, como
Vicente Solano Lima, Oscar Alende, Blas Alberti, Bernardo Alberte, Américo
González, el general Juan José Torres, Alberto Asseff y Jorge Abelardo Ramos.
“Muchas cosas se pudieron salvar gracias a que mi familia las guardó durante los
peores años de la represión –comenta–, arriesgando la vida. La verdad es que el
grupo familiar no aguantaba que yo fuera peronista, y que encima Rodolfo
militara en el Peronismo Revolucionario. ‘¿Es montonero? Bueno, ya se le va a
pasar’, me cargaban (se ríe), pero por suerte el material estuvo a salvo de
cualquier cosa.” Y finaliza: “Yo sufrí mucho con la muerte de Néstor Kirchner,
tan inesperada, y la comparo con el golpe que me produjo la de Rodolfo. Por eso,
no estando él, lo que quiero es que se conozca toda la producción que generó.
Fue uno de los intelectuales más importantes que dio este país.”
Intelectual que sostuvo, en un manuscrito inédito: “Mi acción política y mi
inspiración ideológica son propias, y el resultado de muchos años de luchas, de
sacrificios, y sobre todo, de meditación autocrítica. Tal vez si a algún exégeta
o biógrafo se le ocurre en el futuro examinar mis 36 libros, las cinco
publicaciones que fundé y dirigí, y mi evolución política, descubrirá que no me
quedé estancado, y que permanentemente traté de ver más claro en los destinos
del hombre y en el porvenir de la Argentina.” <
Tía comunista entre Siqueiros y Diego Rivera
Informe confidencial del coronel mexicano Marcelino Inurreta, 31 de diciembre de
1948: “En conversación tenida el día de ayer por uno de nuestros agentes con
elementos conectados íntimamente con Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, se
juzgaba como improcedente y fuera de los métodos comunistas mexicanos actos de
sabotaje, y menos que dichos pintores, que profesan ideas marxistas, fueran a
dirigirlos.”
En plena Guerra Fría, era común que los servicios de inteligencia aztecas, el
Estado Mayor Presidencial (EMP) y la Dirección Federal de Seguridad (DFS)
husmearan la vida privada de los artistas plásticos, como parte de un grupo que
incluía también a Frida Kahlo y a distintos cuadros del comunismo mexicano. Y
que, a fuerza de seguimientos e informes de buchones, identificaran los lugares
donde se juntaban las que consideraban “células peligrosas”. Como por ejemplo
“La casa de María Luisa Carnelli”, centro de “reuniones de carácter
político-comunistas”, según el reporte del coronel de Infantería Santiago Piña
Soria del 1 de junio del mismo año. Lugar muy frecuentado, además, por Jesús
Nava, Carlos Graef, Juan Ortega Arenas, José Ledesma y Juan Grijalvo.
Cuadro destacado del PC en la Argentina, Carnelli, la tía de Delia, había nacido
en La Plata en 1898. Fue periodista de Caras y Caretas, cantora de tangos, y
amiga (y después pareja) de Enrique González Tuñón. Trabajó con el poeta Carlos
de la Púa (Carlos Muñoz) y los hermanos De Caro. Con el seudónimo de Mario
Castro para firmar algunas composiciones, María Luisa le puso letra a “Moulin
Rouge”, “Primer agua” y “Se va la vida”. Sus textos reos fueron cantados por
Azucena Maizani, Agustín Magaldi y Carlos Gardel.
Se desempeñó como corresponsal durante la Guerra Civil Española y frecuentó un
círculo mítico de personalidades de la época, entre las que se encontraban la
fotógrafa Tina Modotti (estrella del cine mudo), el comandante Carlos Contreras,
Pablo Neruda, Rafael Alberti, André Malraux y Ernest Hemingway.
El archivo de Rodolfo Puiggrós
Por Ramón Torres Molina
Presidente del Archivo Nacional de la Memoria. Profesor adjunto de Rodolfo
Puiggrós (UBA-1974).
Un investigador riguroso. Un profesor didáctico. Un político consecuente que
interpretaba la realidad argentina con su sólida formación teórica. Eso fue
Rodolfo Puiggrós.
En enero de 2011, sus herederos entregaron al Archivo Nacional de la Memoria la
documentación que contiene su archivo. También lo hizo la Universidad Nacional
de Lanús en abril de 2010 con los documentos de Rodolfo Puiggrós que tenía en su
poder. El fondo documental contiene artículos escritos por Puiggrós publicados
en distintos medios, entre los que predominan los que aparecieron en el diario
El Día de México, sus originales mecanografiados, artículos inéditos y artículos
referidos a las Universidades, en particular a la Universidad de Buenos Aires,
de la que fue rector interventor en 1973, además de su correspondencia. También
se encuentran documentos del Movimiento Obrero Comunista que fundó cuando
encabezó una disidencia en el Partido Comunista, al oponerse a la participación
del partido en la Unión Democrática de 1946, entre ellos su órgano oficial, la
revista Clase Obrera.
Entre esa documentación se encuentran el original de la única novela escrita por
Puiggrós (su primer libro), publicada con el seudónimo de Rodolfo del Plata en
1928, y el Álbum de Viaje correspondiente al extenso recorrido que realizó en
Europa cuando alcanzó a llegar a la Unión Soviética en la primera década de la
Revolución de Octubre. Rodolfo Puiggrós fue un profundo conocedor de la historia
argentina y del feudalismo medieval. Autor de más de 20 libros sobre temas
históricos y políticos, textos que muchas veces fueron reelaborados. Se destacan
entre ellos los referidos a la época de la Revolución de Mayo, a Mariano Moreno
y su obra clásica, y la Historia Crítica de los Partidos Políticos Argentinos,
publicada en 1956.
Fue un precursor del análisis de la historia argentina desde el marxismo, como
antes lo había hecho José Ingenieros. Pero Puiggrós tenía un profundo
conocimiento de la historia argentina y de la teoría marxista, y por eso los
resultados fueron diferentes. Fue un revisionista histórico con características
muy particulares, ya que consideraba que Rosas sostenía una política
reaccionaria, sin tomar en cuenta su nacionalismo, como lo hace el resto del
revisionismo. En esa interpretación se adelantó a la que años después hizo
Arturo Sampay. Fue un revisionista anti rosista. O, en todo caso, fue un
revisionista en su interpretación de la historia argentina del siglo XX.
Periodista, fundó en 1938 la revista Argumentos, y en años posteriores el
periódico Clase Obrera. Fue colaborador habitual de los periódicos mexicanos,
principalmente de El Día. Mantuvo recordadas polémicas, entre otras con Andre
Gunder Frank en la prensa mexicana sobre los modos de producción en América
Latina.
En la década de 1930 fue un militante comunista, adhiriendo desde el Movimiento
Obrero Comunista al peronismo. Participó en la resistencia peronista. En sus
últimos años, en su exilio mexicano, formó parte del Movimiento Peronista
Montonero.
Parte de su extensa obra, difundida en periódicos y revistas, la conforman
documentos que permiten analizar la evolución de su pensamiento y el testimonio
de sus luchas políticas, pueden estudiarse a través de su archivo, que se
encuentra en proceso de restauración, conservación, clasificación y
digitalización, y será abierto a la consulta de los investigadores.
23/01/12 Tiempo Argentino

Rodolfo
Puiggrós, su obra
Además de innumerables artículos y folletos, Rodolfo Puiggrós es autor de unos
treinta y cinco libros sobre filosofía, economía, política e historia que
enumeramos cronológicamente a continuación. (En letra granate se señalan los
títulos que la biblioteca tiene disponibles para su consulta)
130 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
DE LA COLONIA A LA REVOLUCIÓN. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940. 1a ed.; Buenos
Aires: Lautaro, 1943, 2a.ed.; Buenos Aires: Partenón, 1949, 3a. ed.; Buenos
Aires: Leviatán, 1957, 4a. ed.; Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969, 5a. ed.;
Buenos Aires: CEPE, 1974, 6a. ed.
LA HERENCIA QUE ROSAS DEJÓ AL PAÍS. Buenos Aires: Problemas, 1940.
MARIANO MORENO Y LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA ARGENTINA. Buenos Aires: Problemas,
1941.
LOS CAUDILLOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO. Buenos Aires: Problemas, 1942 1a. ed. ;
Buenos Aires: Corregidor, 1971 2a. ed.
EL PENSAMIENTO DE MARIANO MORENO. Selección y prólogo de Rodolfo Puiggrós,
Buenos Aires: Lautaro, 1942.
ROSAS EL PEQUEÑO. Montevideo: Pueblos Unidos, 1944 1a. ed.; Buenos Aires:
Perennis, 1954 2a. ed.
LOS UTOPISTAS. Buenos Aires: Futuro, 1945.
LOS ENCICLOPEDISTAS. Buenos Aires: Futuro, 1945 1a. ed.; Buenos Aires, s/n, 1946
2a. ed.
HISTORIA ECONÓMICA DEL RÍO DE LA PLATA. Buenos Aires: Futuro, 1945 1a.ed.;
Buenos Aires: s/n, 1948, 2a. ed.; Buenos Aires: Arturo Peña Lillo Editor, 1966,
3a. ed.; Buenos Aires: Arturo Peña Lillo Editor, 1973 4a. ed.; Buenos Aires:
Arturo Peña Lillo Editor, 1974 5a. ed.
LA ÉPOCA DE MARIANO MORENO. Buenos Aires: s/n, 1949 1a. ed.; Buenos Aires:
Sophos, 1960 2a. ed.
HISTORIA CRÍTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ARGENTINOS. Buenos Aires: Argumentos,
1956 1a. ed.; Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 2a. ed.
LIBRE EMPRESA O NACIONALIZACIÓN DE LA INDUSTRIA DE LA CARNE. Buenos Aires:
Argumentos, 1957 1a. ed.; Buenos Aires: s/n, 1973 2a. ed.
EL PROLETARIADO EN LA REVOLUCIÓN NACIONAL. Buenos Aires: Trafalc, 1958 1a. ed.;
Buenos Aires: Sudestada, 1968 2a. ed.
LA ESPAÑA QUE CONQUISTÓ AL NUEVO MUNDO. México DF: B. Costa-Amic Editor, 1961
1a. ed.; Buenos Aires: Siglo XX, 1965 2a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1974
3a. ed.; México DF: B. Costa-Amic, 1976 4a. ed.; México DF: B. Costa-Amic, s/d
5a. ed.
LOS ORÍGENES DE LA FILOSOFÍA. México DF: B. Costa-Amic Editor, 1962 1a., 2a. y
3a. ed.; México DF: B. Costa-Amic Editor, 1977 4a. ed. (Aparecida bajo el título
EL ORIGEN DE LA FILOSOFÍA).
GÉNESIS Y DESARROLLO DEL FEUDALISMO. México DF: Trillas,1965 1a. ed.; Buenos
Aires: Carlos Pérez, 1969 2a. ed. (Aparecido bajo el título LA CRUZ Y EL FEUDO);
Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1972 3a. ed. (Aparecido en los
dos últimos capítulos denominados: “EL FEUDALISMO Y LA ECONOMÍA MERCANTIL” y “LA
CRISIS DEL ORDEN CRISTIANO-FEUDAL” del libro titulado EL FEUDALISMO MEDIEVAL.
LOS MODOS DE PRODUCCIÓN EN IBEROAMÉRICA (POLÉMICA CON EL PROF. ANDRÉ GUNDER
FRANK). Inicialmente publicado en el periódico “El Día” de México en 1965.
Aparecido luego en el 2o. tomo de AMERICA LATINA EN TRANSICIÓN, en el año 1970.
PUEBLO Y OLIGARQUÍA. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 1a. ed.; Buenos Aires:
Jorge Álvarez, 1969 2a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1972 3a. ed.; Buenos
Aires: Corregidor, 1974 4a. ed.; México DF: Patria Grande, 1980 5a. Ed.
EL YRIGOYENISMO. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965 1a. ed.; s/d: 1970 2a. ed.;
s/d: 1971 3a. ed.; s/d: 1972 4a. ed.; Buenos Aires: Corregidor, 1974 5a. ed.
INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA. FACTORES IDEOLÓGICOS Y POLÍTICOS. Buenos Aires:
Jorge Álvarez, 1965.
JUAN XXIII - LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1966.
LAS IZQUIERDAS Y EL PROBLEMA NACIONAL. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1967 1a. ed.
(Publicada como el 3er Tomo de LA HISTORIA CRITICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
ARGENTINOS); Buenos Aires: Carlos Pérez, 1971 2a, ed.; Buenos Aires: CEPE, 1973
3a. ed.
LAS CORRIENTES FILOSÓFICAS Y EL PENSAMIENTO POLÍTICO ARGENTINO. Buenos Aires:
IPEAL, 1968.
LA DEMOCRACIA FRAUDULENTA. Buenos Aires Jorge Álvarez, 1968 1a. ed.; Buenos
Aires: Corregidor, 1972 2a. ed.
ARGENTINA ENTRE GOLPES. Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969 (Los artículos
incluidos fueron originalmente publicados en el diario “El Día” de México, desde
julio de 1962 hasta junio de 1966).
EL PERONISMO: SUS CAUSAS. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969 1a. ed.; Buenos
Aires: Carlos Pérez, 1971 2a. ed.; Buenos Aires: CEPE, 1972 3a. ed.; Buenos
Aires: CEPE, 1974 4a. ed. (En esta última edición se incluyó un prólogo del
General Juan Domingo Perón).
AMÉRICA LATINA EN TRANSICIÓN. Buenos Aires: Juárez Editor, 1970. Tomo I:
POPULISMO Y REACCIÓN EN BOLIVIA Y BRASIL; Tomo II: DE LAS GUERRILLAS COLOMBIANAS
AL PETRÓLEO DE VENEZUELA (Artículos publicados en el diario “El Día”, de México,
entre 1963 y 1967)
ADÓNDE VAMOS, ARGENTINOS. Buenos Aires: Corregidor, 1972.
HISTORIA CRÍTICA DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS ARGENTINOS. Buenos Aires: Hyspamérica,
1986. Tomo I, Primera parte: PUEBLO Y OLIGARQUÍA y Segunda parte: EL
YRIGOYENISMO; Tomo II, Tercera parte: LAS IZQUIERDAS Y EL PROBLEMA NACIONAL;
Tomo III, Cuarta parte: LA DEMOCRACIA FRAUDULENTA y Quinta parte: EL PERONISMO.
SUS CAUSAS, Como Prólogo de la obra completa aparece el prólogo de Pueblo y
oligarquía.
ORIGEN Y DESARROLLO DEL PERONISMO (Conferencia), Buenos Aires: ISAL- MISUR.
Grupo de Base, Misión Urbana Rural, Buenos Aires, 1973.
UNIVERSIDAD DEL PUEBLO. Buenos Aires: Crisis, 1974.
LA ARGENTINA EN LA DECADA DE LOS TREINTA. México DF: Universidad Autónoma de
México, 1977 (Artículo aparecido en el libro “AMERICA LATINA EN LOS AÑOS
TREINTA”, cuyo coordinador fue Pablo González Casanova)
LAS IZQUIERDAS EN EL PROCESO POLÍTICO ARGENTINO. Reportaje preparado por CARLOS
STRASSER. Contestan varios intelectuales, entre ellos Rodolfo Puiggrós. Buenos
Aires: Editorial Palestra, 1959.
SANDINO Y LA LIBERACIÓN DE AMERICA LATINA. México DF: Editorial Solidaridad,
1976. (Conferencia editada por el Comité Mexicano de Solidaridad con el Pueblo
de Nicaragua)
TRES REVOLUCIONES. Ciclo de Mesas Redondas sobre temas políticos organizado por
la Facultad de Derecho y el Centro de Derecho y Ciencias Sociales (F.U.B.A.).
Rodolfo Puiggrós escribió una colaboración que debía ser presentada en la Mesa
Redonda III en el año 1955 pero no llegó a realizarse.
Además de la bibliografía precedente, Rodolfo Puiggrós escribió 720 artículos
editoriales en el periódico “El Día” de la ciudad de México en el período
comprendido entre el 26 de agosto de 1974 hasta el 13 de octubre de 1978.
PERIODISMO
Fundador y director de la revista “Brújula” (1928-1932)
Director del diario “El Norte” de Jujuy (1935-36)
Fundador y director de la revista “Argumentos” (1938-1941)
Director del periódico “Clase Obrera” (1946-1955)
Editorialista del diario “Rosario Gráfico” (1932-1933)
Editorialista del diario “Critica” (1938-1955)
Fundador y editorialista del periódico “El Día” (1962-1965 y 1974-1978)
Fuente: Universidad Nacional de Lanús www.unla.edu.ar
Imagen: Puiggrós en su despacho de rector de la UBA (1973)

Se
debate Argentina en la descomposición social
Por Albino Moctezuma
Periódico "El Día", México, Miércoles 10 de Diciembre de 1975.-
Cuatro destacados argentinos asilados en México, tras exponer el panorama
general que vive su país, revelaron que el imperialismo norteamericano ha
desatado en Argentina una guerra total contra todo lo que sea movimiento
organizado; "hay una situación de descomposición social".
Los doctores Rodolfo Puiggrós (colaborador de este diario), Raúl Laguzzi (a
quien la Triple A en un atentado le mató a su pequeño hijo), -ambos ex rectores
de la Universidad de Buenos Aires- Ricardo Obregón Cano y el licenciado Julio
Suárez (representante para América Latina del Partido Peronista Auténtico,
dieron una conferencia de prensa ayer para hablar de la formación del nuevo
partido peronista y del presente y futuro de Argentina.
El doctor Puiggrós comenzó por decir que la violencia en su patria no fue
desatada por el peronismo, "sino contra el peronismo".
Asimismo denunció que la Triple A (grupo terrorista de derecha) es protegida por
la minoría que usurpó el poder, a cuyo frente se encuentra Isabel Martínez, y
que asesina diariamente a 5 o 10 de los hombres de la corriente progresista,
principalmente a los jóvenes.
Informó que hasta septiembre de este años, ese grupo llevaba dos mil crímenes,
para asentar ante la violencia no hay otro recurso que oponer la violencia.
Puiggrós delató también la complicidad del actual gobierno argentino con sus
vecinos y similares dictaduras de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil, y
relató que entre todas ellas se han sellado pactos y la Argentina hasta ha
entregado asilados políticos a Chile y Uruguay.
También dijo que existe una campaña, en la que son cómplices los grandes
diarios, contra el Tercer Mundo y contra la política del gobierno del presidente
Echeverria. Manifestó que los efectos de esa campaña se reflejaron en el
atentado al consulado de México en su país, anteayer.
Más adelante, al hablar del recientemente constituído Partido Peronista
Auténtico -el 16 de noviembre pasado- expresó que desea la unidad nacional. "No
estamos por la violencia, pero tampoco pondremos la otra mejilla si nos golpean
una."
Queremos, puntualizó, el orden social, pero no el de los monopolios, sino el de
las grandes masas de trabajadores, porque ellas quieren un auténtico gobierno
peronista, aspiran al socialismo nacional que surja de la realidad argentina.
El doctor Laguzzi, por su parte, denunció que algunos de los dirigentes del PPA
han sido encarcelados y que son: el presidente Oscar Bidegain, Antonio
Lombardice, Hugo Vaca Narvaja y la señora Medina de Peña, asimismo abogó por la
libertad del ex rector interino de la Universidad de Buenos Aires, Ernesto
Villanueva, sentenciado a seis años de prisión.
Julio Suárez en su intervención redondeó un poco más la situación de su país.
Manifestó que la lucha del pueblo contra esta dictadura se lleva a cabo en todos
los planos, desde la armada hasta la exigencia de los comités de fábrica por
implantar la cogestión y la autogestión.
De los Montoneros -grupo guerrillero de la izquierda peronista- manifestó que
están llevando toda su lucha en el plano de la guerra abierta contra la
ocupación y que no es un simple movimiento de muchachos armados, sino que tiene
su base en las masas.
Por su lado, el doctor Ricardo Obregón Cano, antes de dar a conocer los puntos
sustanciales del programa del PPA, indicó que es posible que en los próximos
meses se presente una gran manifestación en Argentina de todos los miembros del
partido, pero no por demandas salariales, esta vez será para pedir un gobierno
auténticamente popular.
Los puntos del programa basado en el peronismo son: 1.- Levantamiento del Estado
de Sitio; 2.- Derogación de la legislación represiva; 3.- Libertad a todos los
presos políticos; 4.- Libertad de prensa e información y levantamiento de las
medidas que dispusieron la clausura de diarios y revistas; 5.- Libertad de
acción política; 6.- Investigación de las tres A y procesamiento de sus
integrantes; 7.- Extradición y procesamiento de José López Rega; 8.-
Investigación y procesamiento de los delincuentes económicos; 9.-
Democratización sindical y amnistía general en todas las organizaciones
sindicales y 10.- Constitución del Frente de Liberación Nacional que enfrente al
imperialismo.

Rodolfo
Puiggrós
Por Alberto Carmena
[Apuntes de una charla que pronunciada en la Facultad de Ciencias Políticas de
la Universidad Nacional de Rosario en 2005]
Nació en Buenos Aires, Argentina el 19 de noviembre de 1906 y falleció en La
Habana, Cuba, el 12 de noviembre de 1980. Sus restos fueron repatriados a la
Argentina en 1987.
Realizó sus estudios secundarios en colegios religiosos y comenzó sus estudios
universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos
Aires.
En 1926 visitó con su padre la Unión Soviética, quedándose en Europa hasta 1928.
A su regreso, fundó el periódico "Brújulas",el periódico "Norte"en la provincia
de Jujuy y la revista "Argumentos"
En 1932, junto con el pintor rosarino ANTONIO BERNI, realizan un estudio sobre
el barrio prostibulario "Pichincha" de la Ciudad de Rosario, cuando imperaba la
mafia con Chicho Chico, Ágata Galifi y el abogado Luchini.
Se afilia al Partido comunista, formando parte de la ASOCIACIÓN DE
INTELECTUALES, ARTISTAS, PERIODISTAS Y ESCRITORES (AIAIPE) que fundara en 1935
Aníbal Ponce.
En 1946 funda el MOVIMIENTO OBRERO COMUNISTA vinculándose al movimiento popular
del General Perón, lo que le valió la expulsión del PC en 1947.
Desde 1947 a 1955 dirigió la publicación CLASE OBRERA, LIGADO AL MOVIMIENTO
PERONISTA.
Fue redactor del diario CRÍTICA de Natalio Botana desde 1935 a 1955.
En 1956, no apoya el pedido de Perón de votar por Arturo Frodizi, aconsejando
votar en blanco. Se enfrentó con Arturo Jauretche que apoyaba con Frondizi y
Frigerio el voto positivo del peronismo.
Desde 1955 a 1961, participa activamente en la resistencia peronista a través de
la organización ARGENTINOS DE PIE, que estaba dentro del COMANDO DE
ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS (COR) del General Iñiguez.
En 1959 viaja a la República Popular China, invitado por su gobierno.
En 1961 se autoexila en México, donde permanece hasta 1967.
Fue profesor de la UNAM y cofundador del diario EL DIA y de su suplemento EL
GALLO ILUSTRADO. Hasta 1977 mantuvo una columna sobre temas internacionales.
En 1971 visita al General Perón en la residencia de Puerta de Hierro en Madrid.
En 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a
llamarse UNIVERSIDAD NACIONAL Y POPULAR DE B.A Crea el Instituto del Tercer
Mundo con al dirección del padre Hernán Benítez, con Sergio Puiggrós, Dúmar
(TITO) Albavi y Mario Hernández, entre otros.
Como su vida corría peligro por reiteradas amenazas de laTriple A de López Rega,
la organización Montoneros lo traslada a México con su compañera Delia Carnelli.
En 1975 apoya al PARTIDO PERONISTA AUTÉNTICO.
Su hijo Sergio muere combatiendo como oficial de Montoneros en 1976.
En 1977 dirige la rama de PROFESIONALES, INTELECTUALES Y ARTISTAS del MOVIMIENTO
PERONISTA MONTONERO, agrupando a Juan Gelman, Pedro Orgambide, Norman Brisky y
Silvia Berman. Luego se suman Pino Solanas, Rodolfo Walsh. Miguel Bonasso,
Héctor Hoesterheld, Paco Urondo y muchos más.
Pasa a formar parte de la mesa de conducción del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO
con Yager, Perdía, Obregón Cano, Vaca Narvaja, Bidegain, Pereyra Rossi y
Firmenich.
Fue fundador del COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO ARGENTINO (COSPA) Cuando
falleció era su secretario general. Fue sucedido por su esposa Delia.
También fundó el COMITÉ DE SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA con Mario Guzmán Galarza
de Bolivia, Gabriel García Márquez de Colombia, Pedro Vuskovic de Chile, Gerard
Pierre Charles de Haití, Pablo González Casanova de México. Jorge Turner Morales
de Panamá, Gerardo Carnero Checa de Perú, Carlos Quijano de Uruguay y otros.
Dirigió la EDITORIAL PATRIA GRANDE hasta su muerte
Cuando falleció en La Habana, asistía a una reunión de la mesa de conducción del
MPM.
La enumeración de sus obras , las podremos leer en "La Verdad Histórica" de
1997.
Dos frases suyas antes de pasar a la parte anecdótica de esta charla.
AHORA LA PATRIA SE ME HA AGRANDADO A TODA AMÉRICA LATINA.
LAS DICTADURAS NO CAEN, SE DERRUMBAN.
CÓMO LO CONOCÍ A RODOLFO PUIGGRÓS
En 1956, decidimos conectarnos con los personajes de Buenos Aires que
considerábamos del Socialismo Nacional... A través del compañero paraguayo TITO
ALBAVI, visitamos a Leopoldo Marechal, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos.
Rodolfo Puiggrós nos invitó a su casa de calle Volta (a media cuadra del
Hospital Militar). Participamos de las reuniones de los sábados a la siesta.
Allí conocimos a Huascar Montenegro, hijo del dirigente boliviano Carlos
Montenegro, a Rodrigo Asturias, casado con Charo Montenegro e hijo del premio
Nóbel de literatura Miguel Ángel Asturias, que luego fue comandante de la
guerrilla guatemalteca y acaba de fallecer en ciudad de Guatemala este año.,
Manuel Galich de Guatemala, Ricardo Franco del febrerismo paraguayo, Silvio
Frondizi de Praxis que siempre asistía con Marcos Kaplan ( Risieri, Rector de la
UBA, Arturo presidente de la República), Metol Ferrer de Uruguay que este año
estuvo en Rosario.
A esas reuniones llevamos a Salvador Allende y Clodomiro Almeida. en 1959.
RODOLFO SELECCIONABA LOS ASISTENTES PARA HACERLOS PASAR A OTRA REUNIÓN LOS DÍAS
MARTES, QUE TERMINABAN en los boliches de la Cortada Carabela, detrás del
antiguo Mercado del Plata, con vermicellis y un tinto Carcassonne (el que tomaba
también Perón)
Recordar el sábado 9 de junio de 1956. Levantamiento del General Juan José Valle
y el general Tanco.
La discusión con Jauretche, Frondizi y Ferrer fue en su casa.
No apoyó el voto a Frondizi y se distanció algo de Jauretche, pero luego las
cosas se compusieron.
La Organización ARGENTINOS DE PIE, que fundara RP, pertenecía al COR del general
Iñiguez. Se realizaron varios sabotajes en el sur del Gran Buenos Aires.
Recodar.
l. TOMA DEL OBELISCO.
2. Busca de armas en la plaza de San Martín en el sur oeste de BA.
En 1962, cuando estaba radicado en México estuve dos meses en su casa. Nos
visitaba diariamente el general Tanco, que estaba bastante mal de salud y de
dinero. Como yo era muy joven, el general me decía." Pibe, cuando volvamos hay
que fusilar a todos los traidores."
Cuando visitó a Perón en 1971, recordar a Lopecito que servía el café.
En 1973, me mandó llamar por teléfono a Cuba, donde estaba exilado.
Siendo Rector de la UNPBA, le dimos el título de DOCTOR HONORIS CAUSA al General
Omar Torrijos de Panamá, lo que trajo problemas entre los militantes de
izquierda.
También se le dio este título al padre Ismael Quiles. Cuando RP le entregó el
diploma le dijo que los dos creían en dios. Quiles lo felicitó por su
conversión, pero R P le dijo: "Hay una diferencia. Usted cree que dios creó al
hombre y yo que el hombre creó a dios, pero es lo mismo porque ambos creemos en
dios"
Cuando Roberto Cirilo Perdía lo visitó para anunciarle que la organización no
apoyaba a Ortega Peña ni a Eduardo Luis Duhalde, por la oposición que le estaban
haciendo como Rector, R P le dijo:
"Usted viene por Vilcapugio y Ayohuma, por esos dos desastres que tengo en la
Universidad".
En este período vivía con Delia en un departamento de de calle Cangallo 1671
(hoy Perón). En ese edificio también vivía Rodolfo Walsh, Arnoldo Torrens, ex
esposo de Silvia Berman y el escritor David Viñas
Íbamos todos los días a cenar a LA PUMAROLA en calle Sarmiento 1743, creo que
ahora se llama EL RUEGO. y al café SAVOY en Rodriguez Peña y la entonces
Cangallo.
Allí vi a Sergio por última vez. Lo conocía desde que era muy chico, de
pantalones cortos y jugaba con mi hijo mayor.
Nos encontramos en México en mayo de 1975. Estuve un mes en su casa. El 25 de
mayo, llevamos unas flores al monumento a San Martín con Obregón Cano y Héctor
Cámpora.
También fuimos a la Embajada de Cuba invitados a recordar el 25 de mayo. A la
noche nos reunimos con los exilados argentinos en un gran asado.
Hasta su muerte mantuvimos una gran relación por cartas e intercambio de
información. Ya para esa época yo estaba exilado en Venezuela.
En 1987, se repatriaron sus restos en una urna que fue colocada en el cementerio
de la Chacarita en el panteón de su familia. Allí también estaba Sergio.
Íbamos con Delia los 12 de noviembre y bajábamos hasta donde estaban los restos
de Rodolfo. Luego su hija Adriana cambió la cerradura y prohibió la entrada de
Delia. Nos conformábamos con dejar unas flores en la puerta. Cuando regresaron
del exilio los dirigentes montoneros Roberto Perdía (el pelado ), Vaca Navaja
(el vasco ) y Firmenich (El Pepe) también nos acompañaron. El que nunca faltó
fue el cumpa TITO ALBAVI, fallecido en el 2001.
QUE SU FIGURA NO SEA ABSORBIDA ASÉPTICAMENTE POR EL "ESTABLISHMENT" DE LA
IZQUIERDA LIBERAL CIPAYA COMO HA PASADO CON NUESTROS COMPAÑEROS RODOLFO WALSH,
PACO URONDO Y EN MENOR GRADO CON PEDRO ORGAMBIDE.
Universidad Nacional de Rosario
Facultad de Ciencias Políticas
Seminario Historia del Pensamiento Nacional
6 de octubre de 2005
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Rodolfo
José Puiggrós ante la condición humana
Por Omar Acha
Rodolfo José Puiggrós nació en 1906, en la ciudad de Buenos Aires. Falleció
en 1980 en La Habana, Cuba. Periodista e historiador, fue un intelectual
politizado que recorrió diversas estaciones ideológicas durante el siglo XX
argentino. Educado en el catolicismo, escritor inconformista con vetas
anarquistas y decadentistas en los años veinte, en la década de 1930 milita
en el comunismo local, hasta 1946, año en que es expulsado del Partido
Comunista acusado de traicionar al marxismo por el naciente peronismo.
Durante los años de compromiso comunista, Puiggrós había consolidado su
producción historiográfica, instituyendo una de las obras historiadoras más
sólidas desde José Ingenieros. Durante los dos gobiernos peronistas
[1946-1955] Puiggrós y el grupo de militantes expulsados del PC junto a él
mantuvieron una independencia organizativa, con la esperanza de desplazar a
la dirección partidaria. El golpe de Estado de 1955 terminó con la
disidencia comunista encabezada por Puiggrós, quien a pesar de algunos
intentos de reorganización, se resignó gradual y lentamente a ser un
intelectual adscripto al amplio campo del movimiento peronista. En 1961 se
trasladó a México donde trabajó como periodista y profesor en la UNAM. En
1966, retornado a la Argentina, se integró al sector de publicistas de la
izquierda nacional y en 1973, con el regreso del peronismo al poder, fue
nombrado rector-interventor de la Universidad de Buenos Aires. Entretanto
había publicado, revisado y extendido su obra principal del período
poscomunista: la Historia crítica de los partidos políticos argentinos [1956]. En el contexto del enfrentamiento entre la izquierda y la derecha
peronistas, Puiggrós optó por apoyar a la izquierda armada. En
1974 debió
exiliarse en México, donde fue nuevamente periodista y profesor, pero
continuó actuando políticamente, ahora adscripto a la organización
Montoneros, donde militó los últimos años de su vida. Puiggrós se había
convertido en una referencia intelectual entre la izquierda argentina, y era
reconocido también por los sectores revolucionarios en toda América Latina.
El gran tema de su vida fue cómo articular la voluntad nacional y popular
con la revolución social.
Ni
por todo el oro del mundoAl rescate de un valioso trabajo historiográfico de Rodolfo Puiggrós. Por Martín De Ambrosio La España que conquistó el Nuevo Mundo Rodolfo Puiggrós Retórica-Altamira, 190 págs. Militante desde muy joven del Partido Comunista, Rodolfo Puiggrós no esperó a la década del 70 para volcarse al peronismo. Ya en 1945, apenas después del 17 de octubre, advirtió que era un error teórico –además de considerarla una infamia– formar parte de la Unión Democrática. Desde luego, no poco se lo castigó por haber condescendido desde la izquierda marxista tradicional a poner el cuerpo para la defensa del rápido gobierno camporista [regresado ya del exilio mexicano en 1973 para ser rector de la UBA] en una Argentina que se preparaba para los estertores de Perón. Más allá de estas polémicas aún no saldadas –y con muchas otras aristas a considerar–, sobrevive una de las obras más coherentes y sólidas del pensamiento argentino vinculado con un especial marxismo, ese que se dejó influir por el espacio nacional y popular [o bien: viceversa]. Lo que hace Puiggrós particularmente en La España que conquistó el Nuevo Mundo [inaugurando la "Serie Rodolfo Puiggrós" que promete la pronta reedición de otras obras del autor] es la reelaboración en clave estrictamente marxista de la tesis según la cual el oro de América fue perjudicial para el desarrollo [capitalista] de España. Resulta singular y estimulante el modo en que Puiggrós argumenta, repasando minuciosamente unos trescientos años de la historia española. Así, todos los conflictos de la época son analizados como el reflejo superficial de esa razón profunda, material. Puiggrós incluso reinterpreta de un modo clasista los conflictos religiosos [que no eran moco de pavo: todo se resolvía a matanza limpia], y ese "fondo clasista" era la "defensa del feudalismo amenazado por la economía mercantil". La revolución [burguesa] española "fue desviada", dice Puiggrós evidenciando la certeza de cuño marxista respecto de la inevitabilidad del flujo histórico: la historia no la hacen los hombres y mujeres a cada paso sino que la historia se desenvuelve. Y por eso es que sucesos externos, como en este caso la abrupta aparición de América camino a Oriente, lo que hacen es detener "el curso natural de la historia". Pese al carácter eminentemente marxista de sus razonamientos, Puiggrós discute con el también marxista chileno Volodia Teitelboim, cuya tesis al respecto [expuesta en El amanecer del capitalismo y la conquista de América] adolece, según sostiene Puiggrós, de prestar "muy escasa atención a los cambios internos en la sociedad española generados por el descubrimiento de América y a la sustitución de los mercaderes mediterráneos por los hidalgos de Castilla en la empresa de la conquista". Y, en efecto, lo que no hace Teitelboim es lo que sí hace Puiggrós: detectar, describir y descifrar esas contradicciones de clase entre esa protoburguesía española –de las ciudades del Mediterráneo– y los nobles castellanos asociados a la reina Isabel y defensores del antiguo régimen. Y señala que el descubrimiento de América fue financiado por los burgueses mientras que la colonización fue hecha por los nobles, que luego se sentaron a gozar del oro, destruyendo la producción manufacturera española. El paralelo con la Argentina, sin ser buscado ni explícito, es evidente: la aristocracia española de entonces es una "clase divorciada de los destinos nacionales"; pese a estos puntos de contacto entre aquella España y la Argentina, Puiggrós sólo se ocupa explícitamente de esto en la última oración del libro, cuando afirma que "la única comunidad verdadera que tenemos con España es la que se concreta en la lucha histórica de su pueblo y de los nuestros por idénticos objetivos de liberación y superación". Página/12, 10/07/05 |
Puiggrós y el comunismo
Hijo de un inmigrante catalán que había logrado una próspera posición
social, entre 1925 y 1926 Puiggrós realizó una estadía en Inglaterra y
Francia. En 1926 retornó a la Argentina, dispuesto a ser un escritor de
izquierdas. Por entonces, el gobierno nacional estaba en manos del
radicalismo, y en 1928 Hipólito Yrigoyen iniciaría su segundo mandato
revalidado por una amplia victoria electoral.
Puiggrós comenzó a publicar sus artículos primeros en la revista socialista
Claridad. ¿Cuáles eran las primeras convicciones que forjaron su voluntad de
revolución? Un primer rasgo ideológico que aparecía era un entusiasmo por la
idea romántica de "grande hombre", que un Puiggrós apuntalado en Carlyle
contraponía a un K. Marx, a quien sin embargo no atacaba [R. Del Plata
-seudónimo-: 1927 [1]]. Dos años más tarde enunciaba su admiración por los
líderes de multitudes como principio histórico que estaba destinado a
contradecir al marxismo, para el cual los individuos eran reducibles a
fuerzas más fundamentales: "El comienzo y la terminación de los grandes
ciclos históricos", aseguraba, "son marcados por el nacimiento de esos
hombres singulares y por la confianza ilimitada que las masas depositan en
ello." [R. del Plata -seudónimo-: 1929].
Precisamente en esos años se preguntaba si habría que creer en un hombre que
promete el desarrollo económico o el que atrae con "la fuerza irresistible
del temperamento". Desde temprano la espera del caudillo atravesó su deseo
de cambio social.
El denuesto del clericalismo aparecía en referencia a la campaña
contrarrevolucionaria del catolicismo mexicano en los años ’20. Llamaba a
éste un "rebaño negro, con ese celo que acostumbra poner al servicio de
causas bajas" [R. Del Plata -seudónimo-: 1927 [2]]. La denuncia del
militarismo de Leopoldo Lugones, a su vez, contrariaba el conservatismo
paterno que iba a recibir con alivio el golpe de Estado de J. F. Uriburu.
Puiggrós no reprochaba a Lugones las loas al heroísmo, pues la figura del
héroe de Carlyle era una inclinación muy suya. El error de Lugones era el de
confundir al héroe dirigente de multitudes con el militar, que constituía su
antítesis.
Puiggrós no fue indiferente al conflicto generacional que sus inclinaciones
suscitaban en el núcleo familiar. Incluso la faena de la escritura en la que
hacía sus primeras armas estaba condicionaba por el peso de la primogenitura
burguesa. En las últimas semanas de su estadía en París, desde mayo de 1926
hasta diciembre del mismo año, ya en la ciudad de Buenos Aires, completó el
primer libro que se publicó con el seudónimo de Rodolfo del Plata: La locura
de Nirvo. Esa novela condensaba dos tendencias. La más patente era la
rebelión antiburguesa, acuñada en un cóctel ideológico donde terciaban un
vago nietzcheanismo, cierto bolchevismo y un anarquismo genérico como el que
describía Salvadora Medina Onrubia en sus relatos contemporáneos. La otra
veta del libro la componía la culpa de Nirvo por malograr las expectativas
maternas y paternas [que no eran exactamente las mismas]. Ambos aspectos
revelaban las tensiones generacionales que acosaban al joven autor. El libro
no fue bien recibido por la crítica. José Bianco publicó en Nosotros una
reseña devastadora. Puiggrós no insistió con la actividad literaria.
En 1928 se afilió al Partido Comunista, pero no se ajustó a las exigencias
de un partido leninista hasta 1931, cuando retornó a Buenos Aires tras unos
años en la ciudad de Rosario, donde trabajó como periodista y militó por la
Federación Agraria Argentina. En esos años fortaleció sus ideas
antiimperialistas, en artículos enviados a la revista Nosotros, pero sobre
todo en su publicación Brújula [1930-1931], donde los chacareros aparecían
como la base social de una resistencia a los imperialismos que reposaba en
un Estado fuerte.
En septiembre de 1930 el gobierno radical fue derribado por los militares.
La Federación Agraria se congratuló por el hecho. Aunque Puiggrós no apoyaba
al radicalismo, entendió que el golpe de Estado estaba conducido por
elementos reaccionarios. Cuando la Federación Agraria se sumó a las
simpatías por la fórmula de Agustín P. Justo para las elecciones
presidenciales de 1931, Puiggrós se desengañó definitivamente de la
radicalidad del movimiento chacarero. Entonces volvió a Buenos Aires y se
zambulló en las actividades partidarias comunistas.
Fue secretario de la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y
Escritores [AIAPE] que se fundó en 1935, y que tuvo importancia en el
antifascismo local. En 1938 acometió su primera empresa historiográfica en
el seno del PC: la revista Argumentos.
Argumentos surgió como una publicación de investigación y discusión política
destinada a ofrecer los resultados más elevados en el conocimiento de la
sociedad desde una perspectiva comunista. Su subtítulo era "revista mensual
de estudios sociales". El número uno fue publicado en noviembre de 1938 y el
último aparecido, el décimo, en septiembre de 1939. La publicación intentó
sostener un costo bajo [cinco pesos la suscripción anual y cincuenta
centavos cada ejemplar] y llegó a distribuirse en Uruguay.
En "Nuestros propósitos", la declaración programática aparecida en primer
número, se señalaban los puntos de partida del proyecto. El primero, que
urdía una trama con ciertos próceres de la historia nacional, calibraba la
búsqueda identitaria: "Qué somos y adonde vamos se ha preguntado y, puestos
los ojos en las entrañas sociales de la realidad nacional, ha procurado, al
escrutarla, descubrir los secretos que yacen en ella. Moreno y Rivadavia,
Alberdi y Sarmiento, Irigoyen y Juan B. Justo, han tratado, en los momentos
cruciales de nuestra historia, de hallar los derroteros por dónde guiar a
las muchedumbres hacia destinos propios". El proyecto se reconocía entonces
en una historiografía inspirada en la dirección de las multitudes gracias a
la iluminación de las élites. Sin embargo la imaginación elitista de lo
político pretendía resolver los "problemas básicos y esenciales" que
definían el desierto y el latifundio. El desarrollo industrial debía
emancipar al país de la ganadería y el monocultivo. De otro modo, temía
Argumentos, el argentino estaría condenado a ser un pueblo débil disputado
por las fuerzas imperialistas. Para ello proponía el abordaje con pertrecho
marxista de la realidad nacional en los tres campos que más tarde serían
apropiados por una retórica anticomunista: "ARGUMENTOS se da como programa
el estudio de los problemas argentinos, teniendo como norte la libertad
económica de la República y en consecuencia su total independencia política
y un mayor progreso social".
En resumen, se trataba de enfrentar a las taras feudales que aquejaban al
país, a los imperialismos que lo sojuzgaban, partiendo de las enseñanzas de
la tradición liberal enriquecida con un frente teórico que incluía a H.
Yrigoyen y a J. B. Justo. Se suponía el rango de país semicolonial y se
aspiraba a que una burguesía industrial progresista permitiera superar el
tipo de estructura social imperante, con un capitalismo que desarrollara las
fuerzas productivas y destruyera los rastros retardatarios en lo cultural y
lo social. El razonamiento era manifiestamente economicista: la libertad
económica tendría como "consecuencia" la independencia política y el
progreso social. El marco nacional aparecía como evidente y naturalizado.
El antiimperialismo se apoyaba en un argumento historicista por el cual todo acontecimiento debía su esencia al tiempo y lugar concretos de su aparición, y no a una regularidad válida para toda condición y contexto. El interlocutor de estas posiciones era el revisionismo rosista, cuya crítica se realiza por lo menos en dos oportunidades [números 1 y 4], pero que sostiene el conjunto del discurso de Argumentos.
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La revista cesó en 1939, en parte por dificultades económicas, en parte por
la desconfianza de la cúpula del PC ante la relevancia que parecía adquirir
Puiggrós. Aunque éste era miembro del Comité Central, nunca logró acceder al
Comité Ejecutivo. Sin embargo, 1940 fue un año clave en su trayectoria
intelectual porque publicó sus primeros libros historiográficos. Sobre todo
apareció De la colonia a la revolución, el estudio que organizaría buena
parte de la agenda historiadora de las izquierdas en la Argentina del resto
del siglo.
Su tesis central decía que el capital comercial que emprendió la navegación
en busca del camino a las Indias Orientales tendió el puente por el cual el
feudalismo español se transplantó a América [Puiggrós: 1949]. La naciente
burguesía española había sido sometida en el campo de batalla, y a partir de
entonces el poder real contuvo todo cambio progresivo [la valoración de la
historia de España en nuestro autor se basaba en la recuperación de sus
momentos progresistas, y no de una tradición homogénea distinguible]. Los
conquistadores españoles trasladaron sus deseos de señorío y de imposición
de servidumbre. Los ingleses del Mayflower, en cambio, habrían portado los
"gérmenes" del desarrollo capitalista [Puiggrós: 1949: 22].
Así las cosas, las consecuencias políticas del juicio histórico eran harto
evidentes cuando agregaba que el estado de situación era básicamente el
mismo de la actualidad. "La unidad social que se conoce con el nombre de
República Argentina muestra aun hoy en su estructura los rasgos
inconfundiblemente feudales que le imprimieron, hace cerca de cuatrocientos
años, los conquistadores españoles" [Puiggrós: 1949: 23] -el subrayado es
mío-. El feudalismo se habría trastocado en la combinación de latifundio y
monopolio extranjero, los verdaderos enemigos de la nación. Ambos males,
aclaraba, "representan, en las condiciones actuales, los obstáculos que los
revolucionarios de 1810 debieron vencer para independizar la Nación y
colocarla en el camino de su progreso" [Puiggrós: 1940: 41-42].
El programa de mayo fracasó porque no había una clase social que pudiera
llevar adelante la revolución democrática esbozada por Moreno. Apelando al
concepto acuñado por Stalin, se podría decir que con las relaciones sociales
feudales no estaban dadas las condiciones para el nacimiento de una nación
[Puiggrós: 1949: 213]. Si la lucha durante las invasiones inglesas había
consolidado las energías criollas y solidificado el sentimiento de la
nacionalidad, sería idealista creer que entonces estaba constituida la
nación. Las élites no pueden realizar el cambio histórico sin el apoyo de
una clase revolucionaria, una transformación que los caudillos, ligados aun
al pasado retrógrado, no querían ni podían lograr. Pero esto es incoherente
con el leninismo, para el que una férrea organización de cuadros
teóricamente firmes y disciplinados puede realizar una revolución siempre
que sea necesaria. La vacilación de Puiggrós entre las élites ilustradas,
los caudillos y las masas era incompatible con la imaginación organizativa
del PC.
El concepto central que se articula con el de nación es el de progreso. En
efecto, la consolidación de la nación equivale al desarrollo progresivo de
su economía, con el surgimiento de clases igualmente pertenecientes a
estadios históricos superiores. La destrucción de las economías regionales
no se realizó por la implantación de un capitalismo moderno, que a Puiggrós
le parecía beneficiosa a largo plazo, sino a través de la introducción de
mercaderías extranjeras que no fomentaban nuevas y superiores relaciones
sociales, ni aumentaban la productividad. La defensa del modo de vida
anterior se convirtió en una bandera de lucha y resistencia, pero no
alcanzaba a ofrecer una salida progresiva.
La comprensión del vínculo entre nación y progreso era también mejor
establecida a través de la apelación a una elaboración staliniana. En
efecto, Stalin había codificado en 1938, en su artículo "Sobre el
materialismo histórico y el materialismo dialéctico", una teoría de la
historia que organizaba las sociedades en una secuencia predeterminada de
modos de producción. Las ambivalencias del "modo de producción" en la obra
de Marx eran ordenadas con un vigoroso determinismo económico que hacía del
mismo el núcleo de toda la vida social. Con el agregado de la serie de los
cinco modos, la teoría de la sociedad se trocaba en explicación del sentido
de la historia. En conclusión, Stalin proveyó no solamente un concepto de
nación que articulaba la "liberación nacional" con una aspiración al
desarrollo de las fuerzas productivas, sino también de una visión unitaria
de la realidad.
Puiggrós sostenía, bajo esta herencia, una filosofía de la historia detrás
del esquema marxista de la sucesión de los modos de producción. Según
aquella, el desarrollo del capitalismo se realizaba mundialmente, pero de
una manera desigual. Las naciones eran los marcos en los cuales se
declinaban las peripecias del desarrollo económico, implicando relaciones
desiguales entre países más y menos capitalistas. Esta división del mundo se
correspondía con el nivel de consolidación del estado nacional. Siguiendo la
definición de Stalin, la formación de una nación no tenía su basamento en el
lenguaje o las tradiciones, según era corriente en el romanticismo
decimonónico que había impulsado el nacionalismo luego de la Revolución
Francesa.
La condición para la formación de una nación implicaba al mismo tiempo su
independencia de todo lazo colonial o imperialista. Las fronteras nacionales
que definían cada Estado-nación eran consideradas -sin crítica alguna- como
el espacio obvio del desarrollo de las relaciones sociales. La noción de
imperialismo no enunciaba un sistema mundial gobernado por la búsqueda de
beneficios económicos, sino una competencia por la dominación entre naciones
desigualmente desarrolladas. A partir de entonces, el deslizamiento de la
"liberación nacional" a la "contradicción principal" con el imperialismo, y
de allí al nacionalismo, se realizaba como una consecuencia implacable.
La situación de colonia o semicolonia suponía una limitación para la nación,
pues si ésta se definía por la posesión de un mercado nacional complejo y
una potencia productiva que asegurara la autonomía relativa en el concierto
de las naciones, la dependencia política o económica lesionaba a la nación
en sí. La reivindicación nacionalista era abierta en el PC, no se
consideraba necesariamente incompatible con el internacionalismo y el
periódico Orientación afirmaba: "He ahí en qué sentido nosotros somos
nacionalistas [...] Un nacionalismo que recoge lo más profundamente
particular de nuestro pasado y que conviviendo fraternalmente con todos los
otros pueblos en un mundo que es cada vez más internacional y único, aspira
en primer lugar a la grandeza, a la prosperidad y a la felicidad del pueblo
argentino y de esta manera, a contribuir a la paz y al progreso incesante de
toda la humanidad [...] Lo nacional y lo internacional en la evolución
histórica argentina" [Orientación, 24-5-39].
Frente a las representaciones de la formación de la nación argentina [la
defendida de Mitre y la sostenida por la escuela constitucionalista, es
decir, aquella de la preexistencia de la nación a 1853 y aquella
contractualista], la perspectiva comunista que defendía Puiggrós se
destacaba por proponer una versión muy distinta: la nacionalidad asoma su
faz a través de un cierto grado de transformación económica. No habría
nación antes de la consumación de la revolución democrático-burguesa.
En ese mismo año, 1940, aparecieron dos libritos: A 130 años de la
revolución de Mayo y La herencia que Rosas dejó al país [desarrollado tres
años más tarde y publicado como Rosas, el pequeño]. En ellos se elaboraba la
reivindicación jacobina de mayo de 1810 en el sentido "democrático-burgués"
indicado y, en el segundo, se combatía al rosismo al subrayar su carácter
reaccionario y feudal.
Pero la articulación entre el nacionalismo antiimperialista y las erráticas
directivas del PC alineado con Moscú acosaba cada vez más agudamente a
Puiggrós. Quizás cuando más dramáticamente se observen las torsiones del
historiador en crisis sea entre 1941 y 1942, ese año que dista entre la
publicación de Mariano Moreno y la revolución democrática argentina y su
versión ampliada, Los caudillos de la revolución de mayo. En la primera
obra, una comprensión elitista era la única alternativa a la inexistencia de
una clase revolucionaria que realizara las "tareas" de la revolución
democrática. Los caudillos, al enfrentarse ciegamente contra los intentos
emancipatorios de Moreno y la juventud jacobina e ilustrada, llevaron la
revolución a un punto muerto. Entonces, la disputa y la asociación entre la
burguesía comercial y la clase terrateniente definirían los términos del
fracaso de los proyectos de mayo de 1810. No existía un espacio para
repensar la irrupción de las montoneras y de los caudillos.
Con el título de Los caudillos de la revolución de mayo, Puiggrós reformuló
el juicio sobre las montoneras. La alteración del nombre del volumen es por
demás significativa, tanto como para encerrar el sentido del cambio que
estaba en ciernes. Si bien en el prólogo se reiteraban los basamentos
previos, es decir, que la revolución democrático burguesa no puede
completarse sin la participación activa y dirigente de la clase obrera y que
la derrota de Rosas acompañada por la Constitución de 1853 reabría el cauce
esbozado en 1810, la reivindicación de Artigas que el libro no ocultaba,
cruzaba como un chicoteo la cadencia conocida del horizonte
liberal-ilustrado de la versión de 1941.
El giro no fue total. El papel central de Moreno no fue eliminado, pero la
urgencia de explicar la capacidad de movilización de Artigas debía conmover,
en el nivel narrativo pero también explicativo, el ordenamiento del
argumento. No había, subrayemos, una predilección desembozada por los
caudillos, pues persistía la imposibilidad de construir un orden progresivo
alternativo [el gran relato del progreso nunca moriría en Puiggrós].
Fundamentalmente, la atención a las montoneras distanciaba la recuperación
de los caudillos que podía verse en los trabajos de Emilio Ravignani, Diego
Luis Molinari, José María Rosa y en general en el rosismo. Este reparo no
evitó la hostilidad que el dirigente más influyente del PC, V. Codovilla,
mostró hacia Los caudillos de la revolución de mayo.
La "revolución nacional"
La militancia sindical y barrial comunista mantenía una presencia importante
en ciertos gremios y en algunas localidades, pero no lograra consolidar una
inserción del Partido entre las masas. En 1943 las huestes comunistas habían
sido fieramente perseguidas por el nuevo gobierno militar. Pero pronto se
destacó en el gobierno castrense un coronel que proponía una alianza del
movimiento obrero no comunista ni socialista y el Estado. El PC, entendiendo
que se trataba de un ensayo de fascismo local, combatió al naciente poder
del coronel Juan D. Perón como si se tratara de un episodio de la contienda
mundial entre "democracia" y "fascismo".
Un grupo de ferroviarios del barrio porteño de Constitución ofreció lucha en
el seno del PC para modificar la política hacia Perón, pero no fueron
escuchados. Luego de la victoria electoral de Perón en 1946, las
contradicciones internas al PC se agudizaron y en el XI Congreso ocurrido en
agosto de ese año, la expulsión de los ferroviarios estaba decidida.
Puiggrós también fue exonerado, pues compartía las posiciones disidentes.
Entre 1947 y 1949 este sector de comunistas intentó forzar la realización de
un Congreso Extraordinario para discutir la línea política de la cúpula del
Partido. Al mismo tiempo, a través de su periódico Clase Obrera, comenzaron
a desarrollar sus posiciones respecto a la "revolución nacional" peronista.
Pero fracasaron en desplazar a la dirección del PC y nunca fueron realmente
aceptados como izquierdistas críticos pero no hostiles al gobierno
"popular".
Una de las experiencias más significativas de la década peronista para
Puiggrós fue la participación en el Instituto de Estudios Económicos y
Sociales que dirigía el socialista simpatizante del peronismo Juan Unamuno.
El IEES fue el antecedente del Partido Socialista de la Revolución Nacional,
en el que el Movimiento Obrero Comunista [nombre que adoptó el grupo de
comunistas ligados a Puiggrós en 1950] no creyó oportuno participar. La
ideología del MOC, hasta su desgranamiento en 1955, fue el
marxismo-leninismo-stalinismo.
La obra que condensó las reflexiones de Puiggrós en estos años fue publicada
luego del derrocamiento de Perón por un golpe militar en 1955. La Historia
crítica de los partidos políticos argentinos apareció en 1956. Con ella
Puiggrós ingresaba en pleno en el horizonte bibliográfico de lo que se
conoció contemporáneamente como la "izquierda nacional". Fue una prolongada
respuesta a su ruptura con el PC y al mismo tiempo una genealogía de las
alternativas de la política contemporánea. Más que lo concretamente indicado
en su título, se trata de un ajuste de cuentas con la historia de las
izquierdas en la Argentina. Se inscribía así en un clima de época de
autocrítica de una izquierda que tramitaba la expansión del
nacionalpopulismo. Fue la narración de una profecía que contribuía a
realizar: el peronismo era el vector ineludible de la revolución posible.
Numerosos de los rasgos de su concepción histórica previa persisten en la
Historia crítica. Otros, en cambio, fueron abandonados. Por fin, nuevas
modulaciones se perciben en la medida en que la causalidad histórica vigente
en De la colonia a la revolución cedió paso a la lucha ideológica entre
proyectos nacionales y proyectos cosmopolitas. La historia económica y
social intentada en la etapa de militancia en el PC viró hacia una historia
de las ideologías. Si antes la realidad histórica reconocía en la economía
una base, en lo político una primera superestructura, y en el resto del
sistema ideológico una segunda napa, mucho más mediada respecto al núcleo
duro del tándem entre relaciones de producción y nación, ahora la necesidad
de desarrollar las potencialidades nacionales reconocía la eficacia de lo
político-ideológico en primer término. En este sentido, se trataba de una
narración que yuxtaponía lo económico, lo social y lo ideológico, sin
investigar sus conexiones raigales y las dinámicas de sus autonomías; no
era, estrictamente, un libro marxista sino por sus declaraciones teóricas
más generales. En buena medida esa nervadura teórica que lo distinguía de De
la colonia a la revolución lo hizo, para sorpresa del propio Puiggrós,
perfectamente legible para los sectores nacionalistas y peronistas.
Frente al
stalinismoPor Omar Acha Los años treinta consolidaron la identificación historiográfica de Puiggrós, como pronto se verá. En esa época la militancia de Puiggrós lo destacaba como uno de los intelectuales más prometedores de su generación. En el segmentado campo intelectual porteño su posición fue siempre ambigua. El prestigio pronto adquirido por sus libros sufrió el menoscabo que significaba en la Argentina conservadora ser un estudioso declaradamente marxista. Aunque no había completado una carrera universitaria, y quizás por ello mismo, poseyó aún joven una inmensa cultura y una sorprendente capacidad de trabajo. La pulsión historiadora de Puiggrós estaba estrechamente ligada a su preocupación nacionalista. Desde hacía tres décadas las diversas maneras de resolver la cuestión nacional marcaban los pasos de las jóvenes izquierdas de los países periféricos. El tema de la nación constituía el otro polo del deseado orden mundial poscapitalista. Incluso la exigencia de lo nacional era más urgente que entre las derechas. Fue en el seno del heterogéneo abanico de las voluntades subversivas donde el tema de la nación incidió con mayor radicalidad, puesto que con todos los matices del caso sus posibilidades de éxito se decidían en la construcción de una política sostenida por las mayorías. El nudo de la cuestión de la nacionalidad en las izquierdas fue instalada por Juan B. Justo y José Ingenieros en el plexo de una filosofía positiva de la historia. Más allá de las soluciones que ellos propusieron, lo nacional tuvo tanta pregnancia en la izquierda –incluso antes del Centenario– como en el resto del espectro ideológico argentino. Por eso no debe sorprender que el socialismo reformista ya adoptara en los años ‘30 los símbolos “nacionales” en compañía de los tradicionales paños rojos de la emancipación obrera. Nacionalismo e internacionalismo no eran percibidos como incompatibles. Puiggrós siguió el paso de las variaciones teóricas y políticas de estos años, cuando ya había resignado sus veleidades juveniles de heterodoxia intelectual. ¿Su actitud primera delataba una resistencia ante el stalinismo? La noción de stalinismo debe ser problematizada en sus variantes nacionales. Jean-Pierre Vernant consideraba con razón que si hubo un leninismo, el stalinismo fue diverso fuera de la Unión Soviética. Entonces se preguntaba por la singularidad del stalinismo francés. ¿Existió un stalinismo argentino? En las interpretaciones prevalecientes, la conocida sujeción del PC a las decisiones de la III Internacional revelaría una dependencia política y cultural cuyo mayor exponente sería Victorio Codovilla. El primer reparo a hacer es que las prácticas del PC eran irreductibles a las directivas de su cima. El estudio de las militancias de base lo muestra claramente. Lo que aún no sabemos es por qué se impuso durante tantas décadas la dirección codovilliana. Otra indicación –más pertinente para pensar la situación de Puiggrós– es que la posición de los intelectuales estaba menos legitimada que en otros stalinismos. La dirigencia partidaria monopolizaba la significación política de la escritura y clausuraba la autonomía relativa del saber. La minusvalía de los intelectuales ante la autoridad de los aparatos partidarios afectó las aspiraciones de reconocimiento de Puiggrós y constituiría en los años por venir una de las razones de su alejamiento forzoso del PC. La diversidad de la vida cultural en el partido fue más amplia durante los años treinta, a pesar de la dureza de la época. Con el regreso al país de R. Ghioldi y V. Codovilla a principios de la década de 1940, la complejidad de ideas internas disminuyó sensiblemente. La transmisión de las decisiones externas circuló más aceitadamente y el clima interno, al principio distendido por la recuperación de dos prestigiosos camaradas, comenzó a enrarecerse. [Fragmento de La nación futura] Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/subnotas/2421-275-2007-02-04.html |
Con la Historia crítica, Puiggrós se plegaba a la gran narrativa enunciada
por el revisionismo histórico de los años 30: nación e imperialismo. La
dicotomía entre dos líneas históricas ya estaba presente en el radicalismo.
Su vertiente yrigoyenista era la más proclive a construir un relato de
oposiciones nacional-populares vs. antinacionales-imperialistas. Dicha
organización del campo ideológico rodeó la conformación de FORJA, aunque no
prosperó como grand récit hasta la apropiación por parte del revisionismo
durante la última fase de la primera década peronista. Las contribuciones
historiográficas de Emilio Ravignani estaban demasiado ligadas a un
liberalismo imaginario para cobijar un revisionismo coherente que sus
preocupaciones archivísticas hacían posible. Incluso Ravignani estaba mejor
pertrechado que sus adversarios derechistas [Vicente Sierra o Julio
Irazusta] para acometer la tarea. Una contribución suya a la contrahistoria
revisionista no solamente estaba prohibida por sus simpatías "alvearistas"
para las que el rosismo era una calamidad. También su condición eminente
entre las filas de la Nueva Escuela Histórica lo prevenía de acopiar una
munición tan pesada en el arsenal revisionista que impugnaba el proyecto
historiográfico con el que estaba identificado.
Ernesto Palacio en su Historia argentina de 1954 intentó articular
narrativamente una transacción entre el pasado dividido y el devenir global
de la historia nacional. Su fracaso era evidente en la medida en que no
lograba inscribir al peronismo en la estructura temporal que ordenaba la
totalidad histórica. Aunque en sus primeras versiones, los textos
fundamentales de Puiggrós y de su competidor del trotskismo nacionalista,
Jorge A. Ramos, no alcanzaran a interesar completamente al peronismo en el
relato, no hacía falta más que compartir el lenguaje de la época para
comprender que era el antagonismo destilado por dicho movimiento el que
mordía la fibra más íntima de la historia.
La Historia crítica selló una ruptura con ciertas fuentes de autoridad
anteriores. Ya no se citaba como reservorio de interpretaciones o datos a V.
F. López, B. Mitre o su traductor de izquierda: J. Ingenieros. "No es
posible ser, a la vez discípulo de Ingenieros y de Marx", aseguraba Puiggrós
[1986: I-20]. Consumaba de tal manera el juicio sobre la narrativa
ingenieriana de la que debía dar cuenta toda historiografía de izquierda
hasta 1955.
Lo más original del herramental teórico residía en la consolidación de la
distinción entre causas externas y causas internas [en De la colonia a la
revolución, 1940, el distingo operaba con menos énfasis que en 1956, cuando
se hizo testimonio de la nacionalización de su grilla historiográfica]. Con
tal elaboración Puiggrós instituía su lugar específico respecto al
revisionismo de izquierdas, y marcaba diferencias sustanciales con los
herederos radicalizados de los hermanos Irazusta. Para ellos los
acontecimientos de la nación argentina o latinoamericana estarían
básicamente determinados por las políticas exteriores.
Para Puiggrós la conquista española y el ingreso del capitalismo eran
procesos decisivos, pero muy pronto el drama nacional adquirió una
dialéctica donde lo fundamental se resolvía en el interior del espacio
americano y luego argentino. En discrepancia con Ernesto Palacio, para quien
la historia argentina no se distinguía de la española, oponía una autonomía
de causas y del poder peninsular. Aun luego de 1880, es decir, inaugurada la
época imperialista según la periodización sugerida por Lenin en 1915, las
causas internas no dejaron de ser las críticas [Puiggrós: 1956: 74].
La diferenciación entre tipos de causas –creía- posibilitaba evadir al
fatalismo revolucionario de la ultraizquierda y el conservatismo de la
derecha. El "infantilismo izquierdista" y los rosistas erraban en su
caracterización de la Argentina como una mera colonia británica, como si la
penetración capitalista hubiera operado sin resistencias. Este planteo
"mecánico" disolvería la contradicción permanente que existió entre la
"causa interna" del desarrollo nacional y la "causa externa" de la
intervención imperialista. Puiggrós sostenía que si las causas externas de
la era del imperialismo obtenían su eficacia a través de las internas, con
ello también se presentaban tendencias interiores que propendían al
"autodesarrollo" y, por ende, a la liberación nacional [Puiggrós: 1956: 75].
El privilegio otorgado a las causas internas, la enseñanza mayor que extraía
de la historia de las izquierdas en la Argentina, formaba parte del sentido
común de los sectores políticos nacionalistas y peronistas. Sería después
retomada como un instrumento de crítica entre los sectores de la izquierda
juvenil peronista y la guerrilla trotskista.
La "base material" de toda la explicación, la definición que seguía actuando
desde años atrás, era la condición de "semicolonia" que caracterizaba a la
formación económico-social argentina. Esa situación condicionaba el tipo de
desarrollo deseable y los programas políticos adecuados para neutralizar el
estancamiento de las fuerzas productivas, típicas de la "deformación" o
"pseudo-industrialización" impuesta por el imperialismo y sostenida [como
causa interna] por las oligarquías y los sectores llamados antinacionales.
Estas fuerzas frenarían lo que en el objetivismo del proceso histórico
mencionado sería una "tendencia natural al desarrollo de la estructura
socioeconómica" [Puiggrós: 1956: 42]. Más aun, en oposición a la concepción
marxiana de que las crisis son el estado "normal" del capitalismo, en
Puiggrós la política económica promovida por los sectores ganaderos e
importadores prefiere dilapidar los ingresos o depositarlos en bancos
extranjeros "antes de tolerar un armónico e integral autodesarrollo
económico que destruya privilegios derivados del atraso y de la dependencia
del país" [Puiggrós: 1956: 19 -el subrayado es mío-].
La Historia crítica no se inscribe en el revisionismo rosista cuyos
representantes, salvo excepciones, hacia 1955 se habían distanciado del
gobierno peronista en su enfrentamiento con la iglesia católica [Palacio,
Gálvez] o lo habían desdeñado desde el principio [J. Irazusta]. Por el
contrario, proponía construir, al mismo tiempo que lo hacían otros autores,
una contrahistoria que se hiciera fuente de enseñanzas del movimiento
popular prohibido. La demarcación más neta con el revisionismo conservador
consistía en que para Puiggrós la figura de Rosas seguía siendo negativa, y
no lo consagraba como un antecedente de Perón.
En la construcción de una línea nacional y popular siempre incomprendida por
los partidos marxistas, Puiggrós acentuaba los rasgos progresivos de los
gobiernos del líder radical, sin discutir el significado de medidas
antiobreras draconianas como las adoptadas en la Semana Trágica y en los
eventos de la Patagonia de comienzos de los años 20.
Saltando diestramente sobre la etapa que media entre la caída de Rosas y la
crisis del roquismo, Puiggrós se abocaba muy pronto a relatar los
acontecimientos de la "revolución del 90". Esto se debe a que la definición
de semicolonia presentaba un ordenamiento de la economía y la política que
hacía prescindible y aun superflua una investigación de la introducción
profunda de las relaciones de producción capitalistas luego de 1853. La
deformación que correspondía a la "colonización capitalista" eliminaba el
análisis de las transformaciones tecnológicas, el desarrollo agrario, en
fin, eliminaba la pertinencia de una historia económica rigurosa.
Sin embargo, la evolución económica de ese período no investigado modificaba
las representaciones imperantes antes de 1945. Luego de la caída de Rosas se
verificó un tipo de desarrollo capitalista que doblegó el carácter feudal de
la economía. No se podía ya limitar el relato a encontrar las élites lúcidas
y jacobinas [como en mayo de 1810], o bien historicistas y progresistas [como en 1837], sino que se imponía destacar agentes del cambio en caudillos
populares, clases sociales modernas, y presiones imperialistas.
La historia de la Historia crítica se nacionalizaba al flexionar las causas
externas a través de la internas. En esa deriva entre unas y otras la
eficacia del mercado capitalista mundial se resolvía como "imperialismo".
Las alternativas de la narración se desentendían de una inserción en los
condicionamientos mundiales, explicando los acontecimientos por la
consecuencia o vacilación de las burguesías, pequeñas-buguesías u
organizaciones políticas interiores a las fronteras. Así las cosas, las
ondas de industrialización se entendían como proyectos concientes de la
burguesía antes que como la articulación entre procesos mundiales y
estrategias de obtención de beneficios locales.
El grueso de la obra era una extensa presentación de los "errores" y
"traiciones" del Partido Socialista y del Partido Comunista, los cuales no
comprendieron las tareas revolucionarias en un país semi-colonial pues
estaban aprisionados por las causas externas: el PS por su admiración
liberal de las naciones capitalistas avanzadas que servían como modelos de
progreso [como el librecambismo que no practicaban], y el PC por adoptar los
dictados de la Unión Soviética como la verdad absoluta y la base de una
política carente de base real. Producto de una ruptura aun no completamente
simbolizada, la figura de V. Codovilla resumía los males comunistas, y aun
sirve como causa interna que permitía sostener una admiración por la URSS
que Puiggrós nunca abandonaría.
La explicación externa de los desatinos de la izquierda, sin embargo, se
resolvía a través del expediente de una más honda causa interna: su
composición pequeño-burguesa. Derivada de la inmigración de los años bisagra
entre los siglos XIX y XX, las formaciones organizadas de las izquierdas
hallaban en su pertenencia social a un sector extraño a las tradiciones
nacionales el origen de su incurable simulación ideológica.
La primera edición de la Historia crítica extendía el relato hasta el
desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial. Se comprende: estaba
legalmente prohibido mencionar al "tirano prófugo". Una década más tarde
Puiggrós amplió la narración; en El peronismo, sus causas [1969], agregó una
discusión sobre el movimiento liderado por Perón. También allí eran los
errores de Codovilla y R. Ghioldi los que sostenían el relato, donde el
peronismo era recortado de las incomprensiones y traiciones del comunismo
oficial, antes que adoptado como un tema de investigación.
En 1958, instalado el gobierno de Arturo Frondizi, se modificaron las
condiciones políticas y apareció El proletariado en la revolución nacional.
El volumen es importante en la biografía de Puiggrós porque señaló la
consolidación de una representación del peronismo pero, más importante aun,
proveyó una imagen de su líder, que persistiría con la fuerza de la
convicción. "Ningún gobernante argentino- aseguraba- experimentó tan
profundamente la influencia de las masas, Perón fue el instrumento de las
masas trabajadoras para realizar objetivos propios en una sociedad con su
estructura arcaica estancada" [Puiggrós: 1958: 86 -el subrayado es mío-]. Al
contrario de los relatos del 17 de octubre difundidos por el gobierno
peronista en su momento, Puiggrós, como otros autores
nacionalistas-marxistas, invertían el sentido de la narración y acentuaban
la actuación espontánea de las masas obreras.
La clave de la lectura residía en la afirmación de que Perón hace lo que el
pueblo quiere, repitiendo un dicho difundido por el gobierno luego de que el
envío de tropas a Corea fuera rechazado en una manifestación pública. Más
aun: "Perón es, en realidad, una parte del proceso o, mejor dicho, un
producto del proceso, un instrumento del proceso" [Puiggrós: 1958: 168].
Nuestro autor criticaba la noción de bonapartismo, a la que califica de
"dudosa exactitud histórica", y cita aprobatoriamente al propio líder cuando
dijo que "es el movimiento obrero el que nos maneja a nosotros" [1958: 104].
El objetivismo de cierto marxismo funcionaba aquí como explicación de un
proceso infalible de desarrollo de las fuerzas productivas y aumento de la
conciencia de las masas que llevaría a un fin necesario del capitalismo.
Puiggrós no cejó de repetir que el capitalismo estaba en su etapa final, que
su agonía estaba próxima a finalizar.
La industrialización en los países periféricos no podría hacerse, sostenía,
sin implicar la socialización de las empresas. Por ejemplo, era
imprescindible el desarrollo de la industria pesada y la explotación de
minerales a través del Estado. Compartía en este criterio una no siempre
dicha convicción de las izquierdas según la cual estatización se aproximaba
a la socialización. Este crecimiento sería parte del proceso de liberación y
las fuerzas armadas, defensoras de los intereses nacionales, incubarían en
su seno tendencias proteccionistas y revolucionarias, abandonando sus
orígenes liberales para abrazar el nacionalismo popular.
La enseñanza más importante que la Historia crítica de la década del 60
debía demostrar era doble. En primer lugar, que la militancia revolucionaria
no se podía hacer desde una exterioridad radical del movimiento peronista
pensado como un frente de fuerzas nacionales. En segundo lugar, que la
identificación absoluta con el movimiento y su líder poseía límites
infranqueables sin una alteración de los rasgos ideológicos burgueses o
burocratizantes. El fracaso del régimen en perpetuarse en el poder se debió
a las deficiencias de su programa político, es decir, a la falta de una
teoría revolucionaria como guía de la voluntad de transformación. Era
imprescindible un teórico marxista, o una élite diestra en el conocimiento
de la realidad y en su comprensión teóricamente fundamentada, para que el
líder -cuya supremacía no se cuestionaba- realizara las tareas que las masas
exigían. Esta era exactamente la misma conclusión a la que arribaba Jorge
Abelardo Ramos en Revolución y contrarrevolución en la Argentina. En ambos
casos, desde luego, los autores aparecían como los portadores de la claridad
política que faltaba al líder carismático y que la clase obrera por sí misma
no podía desplegar.
Por motivos económicos, Puiggrós vivió en México entre 1961 y 1965. A
principios de 1966 no le fue renovada la visa y tuvo que permanecer en la
Argentina. Intentó por esos años estructurar un grupo ideológico y militante
con el nombre de Club "Argentina 66" que promovió el "Nacionalismo Popular
Revolucionario", que sería la doctrina que necesitaba el peronismo que se
mantenía entre el exilio del líder y el amor de las masas proletarias. Sin
embargo, el proyecto fracasó pues el conductor tenía sus ideas propias, y la
conflictividad social argentina se resolvía más allá de las querellas
ideológicas de grupos independientes. En esos años Puiggrós reescribió y
publicó por separado las partes que compusieron la Historia crítica
[confrontar la bibliografía infra]. Sus puntos de vista fundamentales no
sufrieron alteraciones graves.
En 1973 el peronismo volvió al poder con la presidencia de Héctor J.
Cámpora. Entonces Puiggrós, con el apoyo de la izquierda peronista y el
movimiento estudiantil, fue nombrado rector interventor de la Universidad de
Buenos Aires. Su gestión se extendió entre el 29 de mayo y el 2 de octubre
de 1973. Puiggrós impulsó un conjunto muy extenso de medidas destinadas a
incluir a la universidad en el proceso de "liberación nacional" reiniciado
luego de 18 años de proscripción del peronismo.
El regreso de Perón al poder, cuatro meses después de la asunción de
Cámpora, canceló su participación en las instituciones, pues ello implicaba
el desplazamiento de toda la izquierda peronista a favor de los sectores
verticalistas del movimiento. El clima era de extrema tensión, y luego de la
muerte de Perón en julio de 1974 los grupos parapoliciales de la derecha
peronista y las organizaciones armadas de la izquierda peronista y no
peronista se enfrentaron abiertamente. A fines de septiembre de ese año
Puiggrós tuvo que exiliarse en México.
Allí se integró a los sectores exiliados, encuadrándose en Montoneros, la
organización armada en la que combatía su hijo Sergio, que sería asesinado
por las Fuerzas Armadas en 1976. Puiggrós volvió a trabajar como periodista
en El Día y como profesor en la UNAM, como en los años 60. Su tarea
fundamental era, sin embargo, la que desempeñaba en el Comité de Solidaridad
con el Pueblo Argentino [COSPA] que estuvo pronto identificado con la
guerrilla peronista montonera. Con la afluencia de nuevos grupos de
exiliados una vez ocurrido el golpe militar de 1976, surgieron diferencias
entre las distintas vertientes políticas, e incluso en el seno de los
sectores peronistas. La preocupación principal del último Puiggrós fue la
denuncia de las atrocidades de la dictadura argentina y el apoyo a las
luchas populares que se producían en América Latina, y especialmente en
Centroamérica.
Puiggrós falleció en Cuba, en noviembre de 1980. Su salud estaba resentida
por la diabetes y el dolor producido por la muerte prematura de su hijo. Se
le tributaron numerosos homenajes en el exterior. Sus cenizas serían
trasladadas a la Argentina en 1987.
Coda
El gran tema de toda la obra y actuación de Puiggrós fue la forja de un
entronque entre la voluntad nacional-popular que cohesionara lo social y la
revolución que instituyera un nuevo mundo. En el período comunista, el
nacionalismo no estuvo ausente entre sus herramientas discursivas, pero
estaba sitiado por la sujeción del Partido a las políticas más generales de
la Comintern. Por otra parte, la debilidad de los partidos marxistas para
construir hegemonía y realizar una "reforma moral" de la sociedad civil
obstaculizaban la masificación del movimiento revolucionario. Frente a esa
impotencia, se situó la imposibilidad de transformar una ideología nacional
y popular como el peronismo en la antesala del socialismo.
Puiggrós supo en 1945 que la peronización de la clase obrera era el punto de
partida de toda política revolucionaria. La comprensión historiográfica
también debía recuperar los movimientos de masa que habían enfrentado al
imperialismo, incluso si sus banderas no eran socialistas. Puiggrós
comprendió en 1955 que fuera del movimiento peronista no era posible actuar
eficazmente. No se adscribió totalmente al peronismo sino hasta 1972 en que
decidió afiliarse. Nunca abandonó su marxismo, si bien cuando fue
funcionario universitario tuvo que eludir una clasificación que lo
debilitaba frente a las fuerzas derechistas hostiles. Tampoco fue un
peronista tout court: más bien prefería llamarse un peronólogo.
Como historiador forjó algunas narraciones sumamente eficaces en los debates
culturales y políticos entre 1940 y 1980. Con De la colonia a la revolución
organizó el problema de la nación y el mercado, que vertebró las discusiones
posteriores de la historiografía de izquierda; con la Historia crítica de
los partidos políticos, estableció un relato de los fracasos de la izquierda
"antinacional". Gran polemista y revolucionario inclaudicable, se encontró
varado entre la impotencia y la imposibilidad referidas. Pero eso no impidió
que participara activamente en las luchas del conflictivo siglo XX argentino
que le tocó vivir. Hacia el final de su vida proyectaba escribir un último
libro, autobiográfico, que se titularía El hijo del inmigrante. En esa
narración de la que quedaron sólo algunas pocas notas, recorrería décadas
apasionadas, trágicas, e inolvidables.
Bibliografía de obras citadas
Abelardo Ramos, Jorge. Revolución y contrarrevolución en la Argentina.
Buenos Aires: Amerindia, 1957.
Palacio, E. Historia de la Argentina. Buenos Aires: Peña Lillo, 1975 [1ª.
ed. 1954].
Puiggrós Rodolfo [seudónimo: R. del Plata]. "Constantin Derchawin". Claridad
136 [1927].
". "Keyserling en idea y en persona". Nosotros 241[1929].
". "México y los curas". Claridad 147 [1927].
Puiggrós Rodolfo. Argumentos 1 [1938].
". De la colonia a la revolución. Buenos Aires: Partenón, 1949.
". A ciento treinta años de la revolución de Mayo. Buenos Aires:
A.I.A.P.E, 1940.
". "Para Alberdi, el caudillismo era instrumento indispensable". Diario
Crítica [25-8-41].
". Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Buenos Aires:
Hyspamérica, 1986.
". El peronismo: sus causas. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969.
". El proletariado en la revolución nacional. Buenos Aires: Sudestada,
1968.
Sin firma. "Lo nacional y lo internacional en la evolución histórica
argentina". Orientación [24-5-39].
Bibliografía del autor
[Sólo se indica la primera edición]
Puiggrós, Rodolfo. La locura de Nirvo. Buenos Aires: M. Gleizer, 1928
". A 130 años de la revolución de Mayo. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
". De la colonia a la revolución. Buenos Aires: A.I.A.P.E, 1940.
". La herencia que Rosas dejó al país. Buenos Aires: Problemas, 1940.
". Mariano Moreno y la revolución democrática argentina. Buenos Aires:
Problemas, 1941.
". El pensamiento de Mariano Moreno. Selección y prólogo. Buenos Aires:
Lautaro, 1942.
". Los caudillos de la revolución de mayo. Buenos Aires: Problemas,
1942.
". Rosas el pequeño. Montevideo, Pueblos Unidos, 1943.
". Los utopistas. Selección e introducción. Buenos Aires: Futuro, 1945.
". Los enciclopedistas. Selección e introducción. Buenos Aires: Futuro,
1945.
". Historia económica del Río de la Plata. Buenos Aires: Futuro, 1945.
". La época de Mariano Moreno. Buenos Aires: Partenón, 1949.
". Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Buenos Aires:
Argumentos, 1956.
". Libre empresa o nacionalización de la industria de la carne. Buenos
Aires: Argumentos, 1957, 2ª ed., 1973.
". El proletariado en la revolución nacional. Buenos Aires: Trafac,
1958.
". La España que conquistó al Nuevo Mundo. México, B. Costa-Amic, 1961.
". Los orígenes de la filosofía. México, B. Costa-Amic, 1962.
". Génesis y desarrollo del feudalismo. México, Trillas, 1965.
". Pueblo y oligarquía. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". El yrigoyenismo. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". Integración de América Latina. Factores ideológicos y políticos.
Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1965.
". Juan XXIII y la tradición de la Iglesia. Buenos Aires: Jorge
Álvarez, 1966.
". Las izquierdas y el problema nacional. Buenos Aires: Jorge Álvarez,
1967.
". Las corrientes filosóficas y el pensamiento político argentino.
Buenos Aires: IPEAL, 1968.
". La democracia fraudulenta. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1968.
". El peronismo: sus causas. Buenos Aires: Jorge Álvarez, 1969.
". Argentina entre golpes. Buenos Aires: Carlos Pérez, 1969.
". América Latina en transición. Buenos Aires: Juárez Editor. 2 vols,
1969.
". A dónde vamos, argentinos. Buenos Aires: Corregidor, 1972.
". La Universidad del Pueblo. Buenos Aires: Ediciones de Crisis, 1974.
Bibliografía sobre el autor
Amaral, Samuel. "Peronismo y marxismo en los años fríos. Rodolfo Puiggrós y
el Movimiento Obrero Comunista, 1947-1955". Investigaciones y Ensayos.
Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 2000.
Kohan, Néstor. De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y
latinoamericano. Buenos Aires: Biblos, 2000.
Plá, Alberto J. Ideología y método en la historiografía. Buenos Aires: Nueva
Visión, 1972.
Omar Acha
Revisión Técnica: Adrián Celentano
Actualizado, julio 2005
© 2003 Coordinador General para Argentina, Hugo Biagini. El pensamiento
latinoamericano del siglo XX ante la condición humana. Versión digital,
iniciada en junio de 2004, a cargo de José Luis Gómez-Martínez.
Nota: Esta versión digital se provee únicamente con fines educativos.
Cualquier reproducción destinada a otros fines, deberá obtener los permisos
que en cada caso correspondan.
Fuente: www.ensayistas.org

Rodolfo
Puiggrós, Perón y los Habsburgo
Por Néstor Miguel Gorojovsky
En su prólogo a "La España que conquistó el Nuevo Mundo", dice Pedro Orgambide
que Rodolfo Puiggrós "afirmaba que había que luchar en el peronismo no para su
simple restauración sino para su transformación histórica. Esto no entendieron.
Esto no entienden aún muchos de sus críticos, sobre todo los de la izquierda
tradicional y aséptica.
‘Ésos que son vanguardia -como decía Puiggrós- pero de la que el pueblo no se
entera’" ("Una tumba sin nombre", en Puiggrós, Rodolfo. La España que conquistó
el Nuevo Mundo. 3ª. Ed. Buenos Aires, Retórica Ediciones. Editorial Altamira,
2005. Pág. 7.)
En efecto, Rodolfo Puiggrós fue la más lúcida expresión teórica del intento de
transformar al peronismo, desde adentro (y en vida del General Perón), en un
movimiento socialista revolucionario.
En eso, difirió radicalmente de las posiciones de la Izquierda Nacional, que
siempre consideró que este intento no solo era históricamente imposible sino que
además llevaría a un trágico desenlace en caso de tomar vuelo y visos de
efectivización.
Esta disidencia táctico-estratégica fundamental no impidió a Puiggrós, sin
embargo, abrir cátedras de la Universidad de Buenos Aires a Jorge Abelardo Ramos
y Jorge Enea Spilimbergo.
En esto, hay que decirlo, actuó en contradicción muy dura con la opinión de su
masa de apoyo de esos tiempos, pero en la misma línea en la cual se había
ubicado el mismísimo Perón cuando designó a Puiggrós rector-interventor de la
UBA: la de la amplitud y la generosidad en el debate político en el seno del
campo nacional.
Podría decirse que muchos de los sostenedores de Puiggrós en dicho cargo fueron
tan miopes en relación a la Izquierda Nacional y a ese gesto del
rector-interventor como con respecto a Puiggrós lo había sido la "izquierda
tradicional y aséptica" (de la cual no pocos de ellos habían surgido y se habían
"peronizado" repentinamente, con solo una crítica superficial de sus prejuicios
mitristas).
Lo que interesa, sin embargo, es que el rector interventor designado por Perón
para la Universidad de Buenos Aires, en parte para sustentar sus propias
posiciones, había venido librando una doble batalla contra (a) la ultraizquierda
que -para defenestrar al peronismo- llegaba a "demostrar" el carácter
"capitalista" de la América Latina colonial , y (b) contra los sectores que,
dentro del peronismo, intentaban entroncar al movimiento en la representación de
la feudalidad y el atraso de España, jugada que se contraponía -y contrapone-
con el sentido profundo de un movimiento cuya raíz europea, si la había, estaba
en los sectores populares españoles vencidos, en una larga pulseada de cinco
siglos, por Carlos I (de España, pero V del Imperio césaropapista
centroeuropeo), por Fernando VII, y por Francisco Franco en la Guerra Civil.
En todas esas instancias los representantes de la reacción antipopular española
habían contado con apoyo inmenso de potencias extraespañolas.
En la década del 60, la polémica central se orientaba hacia la ultraizquierda.
La Agrupación Universitaria Nacional, reproduciendo textos publicados por la
Izquierda Nacional en 1963 y agregándole un par de notas de Jorge Abelardo
Ramos, mostraba que "la disputa sobre el crácter de la colonización española en
América […] no reviste un carácter académico […]
Se trata de saber, en esencia, las consecuencias políticas que se inferirían si
en efecto el pasado colonial de Hispano América ha dejado tareas nacionales y
democráticas por resolver en nuestro tiempo" (Ramos, Jorge Abelardo
"¿Capitalismo o Feudalismo?".
En: Puiggrós,. Rodolfo; André Gunder Frank; Jorge Abelardo Ramos. Polémica sobre
los modos de producción en Iberoamérica. Agrupación Universitaria Nacional.
Cuadernos Universitarios, ficha 2. Buenos Aires, sin fecha (circa 1974)
Esta frase, sin embargo, vale tanto para quienes argumentaban que la América
Latina colonial era capitalista y por lo tanto, como explicaba Gunder Frank, la
lucha contra el imperialismo debía iniciarse no con un frente nacional sino
combatiendo a la propia burguesía, sino también -por más que en esos tiempos el
adversario esencial fuera de "izquierda"- para quienes -entonces y hoy-pretenden
negar que el movimiento nacional latinoamericano tiene que enfrentar
dialécticamente la herencia retrógrada del período colonial, herencia cuya
defensa _in toto_ suele asumir la forma de una defensa del "legado cultural y
religioso" de España: este planteo, a juicio de la Izquierda Nacional, termina
por enfeudar el movimiento nacional a los sectores más temerosos y traicioneros
del propio campo, justamente los que hasta ahora han venido demostrando que en
cada coyuntura clave defeccionan del combate.
Estos dos objetivos simultáneos se resumen en última instancia en una defensa
consecuente de la originalidad de los movimientos nacional- democrático
iberoamericanos, como lo era, entre otros, el peronismo.
A cumplirlos dedicó Puiggrós en 1964 su extraordinario -y ahora olvidado- "La
España que conquistó el Nuevo Mundo".
Vistas ciertas posiciones que se siguen expresando al respecto, me parece que no
viene mal que un miembro de la Izquierda Nacional recurra a un capítulo de ese
trabajo para terminar de exponer el planteo nacional revolucionario en torno al
verdadero carácter de la herencia hispánica de la Revolución Latinoamericana.
Puiggrós responde en ese libro, esencialmente, a la ultraizquierda que pretende
ver "capitalismo" en la colonización del Nuevo Mundo para oponerse así a los
movimientos revolucionarios reales de nuestros pueblos profundos.
Pero también da respuesta a quienes defienden, en abstracto y con argumentos
espiritualistas, el carácter "católico" de la herencia cultural iberoamericana.
Lo que dice aquí Puiggrós (y la Izquierda Nacional de Ramos y Spilimbergo
siempre compartió) es que cuando se recurre a esos argumentos, conciente o
inconcientemente no se defiende, en realidad, las enseñanzas del Señor de
Nazaret, sino el modo específico que asumió el cristianismo en América
Hispánica, en ristre de las lanzas, picas y espadas de los señores de Castilla,
en las encomiendas y mitas, en las humeantes llamaradas de la Inquisición, y en
los segundones castellanos que aquí se integraban ("América o la horca") al
régimen señorial revitalizado por el oro americano.
En muchos de quienes plantean esa posición estamos ante una defensa indirecta
del inmovilismo social bajo la forma de una idealización del sistema de
encomenderos y curas reaccionarios.
Pero fue ese sistema, justamente, el que hizo necesario, entre otras cosas, que
aparecieran movimientos como el peronismo para terminar con su pesada y triste
herencia.
De donde nos parece un contrasentido filiar en los Austria al peronismo (y menos
aún a toda construcción patriótica del campo latinoamericano).
Puiggrós demuestra, sin dejar lugar a dudas, que lejos de ser "monarcas
españoles", los Habsburgo fueron "monarcas universales", impuestos al pueblo
español por una conjura reaccionaria que lo obligó a sufragar los delirios
césaropapistas de la retrógrada casa imperial, asfixió todas sus energías
revolucionarias, lo redujo a la peor de las miserias, terminó intermediando
entre los herejes que decía combatir y las riquezas americanas, y recién se hizo
"española" cuando "España" pasó a ser sinónimo de "atraso" y
"contrarrevolución".
No hay idealización "culturalista" que pueda negar estos hechos básicos,
concretos y quizás poco espirituales pero muy definitorios de la herencia de los
Austria.
El General Perón no solo combatía la herencia de los Austria cuando se reía de
los "piantavotos de Felipe II" (a los que, por lo demás, y con buen criterio,
amparaba bajo su ala).
Lo hacía también cuando se veía obligado a reiterar que "en la Argentina hay una
sola clase de hombres, los que trabajan": allí estaba librando una batalla
contra la perversa herencia rentística y antinacional que nos dejaron esos reyes
en los cuales muchos desean filiar la quintaesencia de España e indirectamente
de nuestra América.
Se trata, muestra Puiggrós, de un error de perspectiva histórica.
Desde la lucha contra la asunción de Carlos como rey de España, el alzamiento de
las ciudades de Castilla, el incendio de Medina del Campo, y la derrota de Juan
de Padilla y sus comuneros en Villalar hay dos Españas (y dos catolicismos) en
pugna.
La independencia americana es un capítulo de esa lucha, y no será filiándonos
-aunque sea por oportunista omisión- en el campo enemigo que podremos forjar las
armas que la hagan definitiva: las oligarquías divisionistas están dispuestas a
ampararse bajo el manto de cualquier poder con tal de mantenernos separados.
Incluyendo el del Vaticano y el de una religión segregada de las masas populares
por el carácter conservador y reaccionario de su origen histórico.
Se puede diferir en varios aspectos secundarios con el planteo de Puiggrós.
Pero lo esencial, creemos, es que su obra permite encarnar en la vida real toda
abstracción culturalista que tiende a diluir con una ideología orgánicamente
conservadora el carácter necesariamente revolucionario de los movimientos
nacionales en Iberoamérica.
En el fondo, el intelectual de origen stalinista Rodolfo Puiggrós estaba
argumentando a favor de la… teoría de la Revolución Permanente.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro@fibertel.com.ar
Fuente: http://es.altermedia.info

Rodolfo Puiggrós, el
intelectual necesario
Por Osvaldo Vergara Bertiche
Un 19 de noviembre de 1906 nacía en Buenos
Aires Rodolfo Puiggrós.
Alberto Carmena [en NAC&POP - Red nacional y popular de Noticias] reseña su
vida diciendo:
"Sus estudios secundarios lo realizó en colegios religiosos y comenzó sus
estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Buenos Aires. En 1926 visitó con su padre la Unión Soviética,
quedándose en Europa hasta 1928.
A su regreso, fundó el periódico "Brújulas", el periódico "Norte" en la
provincia de Jujuy y la revista "Argumentos".
En 1932, junto con el pintor rosarino ANTONIO BERNI, realizan un estudio
sobre el barrio prostibulario "Pichincha" de la Ciudad de Rosario, cuando
imperaba la mafia con Chicho Chico, Ágata Galifi y el abogado Luchini.
Se afilia al Partido comunista, y forma parte de la ASOCIACIÓN DE
INTELECTUALES, ARTISTAS, PERIODISTAS Y ESCRITORES [AIAIPE] que fundara en
1935 Aníbal Ponce.
En 1946 funda el MOVIMIENTO OBRERO COMUNISTA vinculándose al movimiento
popular del General Perón, lo que le valió la expulsión del PC en 1947.
Desde 1947 a 1955 dirigió la publicación CLASE OBRERA, LIGADO AL MOVIMIENTO
PERONISTA.
Fue redactor del diario CRÍTICA de Natalio Botana desde 1935 a 1955.
En 1956, no apoya el pedido de Perón de votar por Arturo Frodizi,
aconsejando votar en blanco. Se enfrentó con Arturo Jauretche que apoyaba
con Frondizi y Frigerio el voto positivo del peronismo.
Desde 1955 a 1961, participa activamente en la resistencia peronista a
través de la organización ARGENTINOS DE PIE, que estaba dentro del COMANDO
DE ORGANIZACIONES REVOLUCIONARIAS [COR] del General Iñiguez.
En 1959 viaja a la República Popular China, invitado por su gobierno.
En 1961 se autoexilia en México, donde permanece hasta 1967.
Fue profesor de la UNAM y cofundador del diario EL DIA y de su suplemento EL
GALLO ILUSTRADO.
Hasta 1977 mantuvo una columna sobre temas internacionales. En 1971 visita
al General Perón en la residencia de Puerta de Hierro en Madrid.
En 1973 es nombrado Rector de la Universidad de Buenos Aires, que comenzó a
llamarse UNIVERSIDAD NACIONAL Y POPULAR DE Buenos Aires.
Crea el Instituto del Tercer Mundo con al dirección del padre Hernán
Benítez, con Sergio Puiggrós, Dúmar [Tito] Albavi y Mario Hernández, entre
otros.
Como su vida corría peligro por reiteradas amenazas de la triple A de López
Rega, la organización Montoneros lo traslada a México con su compañera Delia
Carnelli.
En 1975 apoya al PARTIDO PERONISTA AUTÉNTICO. Su hijo Sergio muere
combatiendo como oficial de Montoneros en 1976.
En 1977 dirige la rama de PROFESIONALES, INTELECTUALES Y ARTISTAS del
MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO, agrupando a Juan Gelman, Pedro Orgambide,
Norman Brisky y Silvia Berman.
Luego se suman Pino Solanas, Rodolfo Walsh. Miguel Bonasso, Héctor
Oesterheld, Paco Urondo y muchos más. Pasa a formar parte de la mesa de
conducción del MOVIMIENTO PERONISTA MONTONERO con Yager, Perdía, Obregón
Cano, Vaca Narvaja, Bidegain, Pereyra Rossi y Firmenich.
Fue fundador del COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO ARGENTINO [ COSPA]
Cuando falleció era su secretario general. Fue sucedido por su esposa Delia.
También fundó el COMITÉ DE SOLIDARIDAD LATINOAMERICANA con Mario Guzmán
Galarza de Bolivia, Gabriel García Márquez de Colombia, Pedro Vuskovic de
Chile, Gerard Pierre Charles de Haití, Pablo González Casanova de México.
Jorge Turner Morales de Panamá, Gerardo Carnero Checa de Perú, Carlos
Quijano de Uruguay y otros.
Dirigió la EDITORIAL PATRIA GRANDE hasta su muerte". [En La Habana, Cuba, el
12 de Noviembre de 1980].
RODOLFO PUIGGRÓS NO TUVO NECESIDAD DE ESPERAR HASTA LA DÉCADA DEL SETENTA
PARA ADHERIR AL PERONISMO
El Partido Comunista, con motivo de las jornadas del 17 de Octubre, en una
"Declaración" fechada el 21/10/1945 y citada por Rodolfo Puiggrós en "El
peronismo: sus causas", proclamaba:
"El malón peronista - con protección oficial y asesoramiento policial que
azotó al país ha provocado rápidamente - por su gravedad - la
exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en
millares de protestas.
Hoy la Nación en su conjunto tiene clara conciencia del peligro que entraña
el peronismo y de la urgencia de ponerle fin. Se plantea así para los
militantes de nuestro Partido una serie de tareas que, para mayor claridad,
hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación
política.
Por un lado, barrer con e! peronismo y todo aquello que de alguna manera sea
su expresión; por e! otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de
los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar, ante las
amplias masas de nuestro pueblo, más aun que lo hecho hasta hoy, lo que la
demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben
organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su
aniquilamiento.
Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las
calles de nuestras ciudades de las inmundas pintadas peronistas. Que no
quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización
democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios,
etcétera, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y
sus hordas.
Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino".
Por su parte, e! periódico Orientación, órgano oficial del Partido Comunista
dirigido por Ernesto Giudici, afirma:
"Pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados
haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con
aspecto de murga que recorrieron la ciudad no representan a ninguna clase de
la sociedad. Es e! malevaje reclutado por la Secretaría de Trabajo y
Previsión para amedrentar a la población.
Desde Avellaneda salían las bandas armadas del peronismo, obedeciendo un
plan de acción dirigido por el coronel y sus asesores nazis. El peronismo
logró engañar a algunos sectores de la clase obrera, y esos sectores
engañados fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista, repitiendo
escenas dignas de la época de Rosas; y remedando lo ocurrido en los orígenes
del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era, arrojándose contra
la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio,
contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura, e
imponiendo el paro oficial, pistola en mano y con la colaboración de la
policía que, ese día y al día siguiente, entregó las calles de la ciudad al
peronismo bárbaro y desatado".
El Diario La Razón, también en esos días, publica una solicitada del Partido
Comunista de la Provincia de Buenos Aires, denunciando:
"los desmanes de elementos peronistas de Cipriano Reyes y demás aventureros
a sueldo de la Secretaría de Trabajo, que en bandas armadas han ido
provocando a la población y obligando a los obreros a hacer abandono de sus
trabajos. Tales hechos han sido denunciados al ministro de! Interior general
Ávalos por este comité".
A esta posición realmente reaccionaria y antipopular se enfrenta Puiggrós y
es expulsado del P.C.
Cabe señalar que también el Partido Socialista, el otro nucleamiento de la
izquierda vernácula, publica en su periódico La Vanguardia, lo siguiente:
"En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor,
ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento.
Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas
latentes del resentimiento, cortan todos las contenciones morales, dan
libertad a las potencias incontroladas, la parte del pueblo que vive ese
resentimiento y acaso para su resentimiento, se desborda en las calles,
amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia
demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación
y dignificación".
La comisión gremial del Partido Socialista señala "las exteriorizaciones
carnavalescas, desmanes y atropellos inicuos producidos en el paro, que fue
ajeno a la decisión de los auténticos trabajadores organizados".
La Federación Universitaria de Buenos Aires [FUBA] alumnos dilectos de los
"Maestros de la Juventud" al decir de Jauretche, sostienen orgullosamente "que se había dado una polarización de las fuerzas sociales en pugna: los
sectores democráticos que concurrían a los despachos de la embajada
norteamericana y los dirigentes gremiales y políticos pro peronistas que
acudían a la Secretaría de Trabajo".
La "Inteligentzia" como la llamaba Don Arturo se cohesionaba y coincidía en
términos de oposición, con la oligarquía agroexportadora, la burguesía
expoliadora y la Embajada Norteamericana.
El Diario Crítica señalaba: "Grupos aislados que no representan al auténtico
proletariado argentino tratan de intimidar a la población".
Dice Norberto Galasso: "En la Nación, justamente del 17 de octubre de 1945,
aparece este telegrama":
"La opinión democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden
respecto del problema de la libertad en América y desea expresar que
consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra
democracia su confirmación como secretario de Estado adjunto para los
asuntos latinoamericanos - . Comunicación cursada al Departamento de Estado
de los Estados Unidos. Firman: Victoria Ocampo, Adela Grondona, Ana Rosa
Schliepper de Martínez Guerrero, Juan Antonio Solari, Sara Alvarez de
Ezcurra, Alejandro Ceballos, Raúl Monsegur, Bernardo Houssay y Mariana Sáenz
Valiente de Grondona".
Rodolfo Puiggrós es el ejemplo del intelectual comprometido.
Funda en 1947 el Movimiento Obrero Comunista, se orienta hacia el
nacionalismo popular y se vincula fuertemente al peronismo.
Participa activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo
siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe
gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.
Riguroso, hurgaba con precisión en la historia. "Marcó un futuro con el
abordaje de temas como el capitalismo, la conquista de América, el
descubrimiento de Moreno, el estudio crítico de Rosas en tiempos
revisionistas, la necesidad de construir otro modelo de país y no una copia
de España. Entender el siglo XX a través de los grandes movimientos
nacionales".
Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, desde el periodismo, la cátedra
y la acción política, todas las expresiones del liberalismo que asumían como
propio el pensamiento eurocentrista.
Es así que coincide con los hombres que desde FORJA bregaron por la
construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado de modelos que
pretendían trasladar a los países periféricos las contradicciones entre las
potencias occidentales y la Unión Soviética.
Siempre estuvieron ausentes del pensamiento de Rodolfo Puiggrós, tanto el
"pensamiento único", como la autodesignación de "vanguardia revolucionaria",
que siempre algunos adoptaron.
Es un "Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del
nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta
sanmartiniana, bolivariana y artigüista por las montoneras federales
rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una
semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por
José Carlos Mariátegui: - Todos los pensadores de Nuestra América se han
educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la
raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios
-". [Martín De Ambrosio]
Y por ello planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el
nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar
de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".
Hace 50 años:
En 1956, publica el libro "Historia crítica de los partidos políticos
argentinos".
Esta obra es uno de los trabajos centrales en la vasta obra del intelectual
orgánico que fue Rodolfo Puiggrós.
Es sin duda, una obra "maldita" para los reaccionarios de todo pelaje, ya
que es un libro de reflexión para un público comprometido con el devenir
histórico del país.
"Con una perspectiva materialista dialéctica, Puiggrós relaciona el contexto
económico internacional con las peculiaridades locales para así rastrear las
causas que impulsaron u obturaron el desarrollo de las fuerzas sociales y
productivas de la Argentina.
El análisis del autor es minucioso y erudito; su prosa, incisiva, irónica y
apasionada.
En - Pueblo y oligarquía - , el primer tomo, Puiggrós estudia el movimiento
independentista y sus limitaciones, pasa revista a los años de la
organización nacional, desmonta el funcionamiento de la Argentina
oligárquica finisecular y analiza su progresivo resquebrajamiento".
Dice Puiggrós de su propia obra que "aspira a proporcionar al lector las
premisas de un programa nacional de cambios sociales, dictado por las
contradicciones del proceso concreto, programa que tiene que inspirarse
[para no caer en la mezquindad de lo inmediato] en la ambición del hombre
que conquista los espacios, arranca a la naturaleza sus íntimos secretos y
descubre las leyes objetivas rectoras de la comunidad en que vive."
En el segundo volumen, - El yrigoyenismo -, estudia el ascenso de la Unión
Cívica Radical al poder en su doble carácter de producto de la modernización
capitalista y de movimiento popular de masas en reacción contra las formas
que esa modernización asumía.
"En el tercer volumen, - Las izquierdas y el problema nacional -, Puiggrós
se dedica al estudio de la tradición ideológica de los partidos Socialista y
Comunista, y retrata el pensamiento y los principios políticos de Juan B.
Justo y sus discípulos para luego centrar el análisis en el comunismo
argentino, rígida y acríticamente adherido en su etapa inicial a las
consignas de la Tercera Internacional".
"En el cuarto volumen - La democracia fraudulenta - , el autor desarrolla el
intento de restauración del orden conservador y la crisis del modelo
liberal, la penetración del capital monopolista, la oposición parlamentaria
durante la década del ´30 y sus insuficiencias, acompañadas de las
limitaciones teóricas y políticas de los partidos de izquierda".
"En el quinto volumen, - El peronismo: sus causas - , estudia los cambios en
la estructura social argentina que posibilitaron el ascenso de Perón al
poder. El autor describe la incapacidad de los partidos políticos de
izquierda para comprender la dimensión del nuevo fenómeno, las nuevas
orientaciones de la clase trabajadora y la reconstitución del movimiento
popular en torno al eje peronista. Este último volumen de la colección, se
cierra con los acontecimientos que culminaron el 17 de octubre de 1945".
Su obra comprendió unos treinta libros sobre historia argentina,
latinoamericana e historia de la filosofía, entre los cuales se destacan "De
la colonia a la revolución", "Rosas el pequeño", "La época de Mariano
Moreno", "Historia económica del Río de la Plata" y "La España que conquistó
el Nuevo Mundo".
En "Historia y Memoria Nacional en Argentina" Alberto Buela [Filosofo,
Vicepresidente del Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos], dice,
entre otras cosas:
"Aun cuando se sabe - desde Aristóteles, pasando por Lineo hasta nuestros
días- que ninguna clasificación es exhaustiva. No obstante la técnica de la
clasificación sigue siendo la posibilidad más adecuada para ofrecer una
visión breve y completa sobre el asunto a exponer.
En el tratamiento de la historia argentina pueden distinguirse grosso modo
cuatro grandes corrientes historiográficas: la liberal u oficial, la
revisionista o rosista, la liberal de izquierda o universitaria y la
izquierda nacional o sincretista.
La corriente liberal caracterizada por la línea Mayo-Caseros es la que
escribió la "historia oficial" de la Argentina. Bartolomé Mitre y Vicente
Fidel López son sus fundadores en el último cuarto del siglo XIX y la
Academia Nacional de Historia con Ricardo Levene y compañía, ha sido su
continuadora hasta nuestros días.
La corriente revisionista, como su nombre lo indica, es la que revisa la
historia oficial, transformándose en su contrapartida.
Esta corriente se inicia con la reivindicación de la figura de Juan Manuel
de Rosas y tiene como antecedentes a Francisco Bilbao y su Historia de
Rosas[1872] y a Adolfo Saldías con Historia de la Confederación
Argentina[1892].
Pero el revisionismo como corriente historiográfica nace con el trabajo de
Ernesto Quesada, La Epoca de Rosas [1898] que es cuando por primera vez se
denunció la necesidad de superar el método lineal-positivista de la
historiografía liberal.
Tanto Bilbao como Saldías tienen un propósito reivindicatorio, pero su
método histórico es liberal, pues - ninguno de los dos consiguió
desaferrarse de la sujeción estricta a la letra escrita -, en cambio Quesada
establece, a través de su método, el festina lente, la diferencia entre la
explicación liberal-positivista y la comprensión historicista. De modo que
el aporte de la corriente revisionista no se agota en lo reivindicativo sino
que se extiende a lo metodológico.
Esta corriente se continúa en la enciclopédica Historia Argentina de José
María Rosa, en los ocho tomos de Vida política de Rosas a través de su
correspondencia de Julio Irazusta, en la didáctica Historia Argentina de
Ernesto Palacio y en múltiples historiadores vinculados al Instituto de
Investigaciones históricas Juan Manuel de Rosas.
Las corriente liberal de izquierda o progresista nace más recientemente. Aun
cuando se incuba antes, tiene su floruit después del golpe de Estado de l955
que derroca a Perón. Sus principales mentores son Tulio Halperín Donghi y
Luis Alberto Romero, hijo de quien fuera rector de la Universidad de Buenos
Aires con la "revolución libertadora", quienes se caracterizan ,obviamente,
por su marcado antiperonismo.
Sus análisis históricos están signados por una diarquía de origen, pues
aplican categorías marxistas pero entendidas sub specie política liberal.
Esta ambigüedad, tildada de demócrata y progresista, le ha permitido
reemplazar a la "vieja historia liberal" en todos los programas de enseñanza
de historia tanto en la escuela secundaria como en la universidad.
Finalmente tenemos la corriente de izquierda nacional, cuyos principales
expositores, a diferencia de la liberal de izquierda, son pro-peronistas.
Posee un marcado tinte economicista en el tratamiento de la historia, propio
de su marxismo de origen. Al que debemos sumar un alto contenido como
"historia social". Es una corriente de clara y expresa vocación de
integración continental iberoamericana. Sus principales exponentes y
fundadores han sido Jorge Abelardo Ramos [Historia de la nación
latinoamericana], Rodolfo Puiggrós [Historia crítica de los partidos
políticos argentinos] y el pensador Juan José Hernández Arregui [La
formación de la conciencia nacional].
Existe, en nuestra opinión, un antecedente ilustre de esta corriente en el
historiador y sociólogo de principios de siglo don Juan Agustín García con
su trabajo sobre la época colonial titulado La Ciudad Indiana [1900].
Ahora bien, ¿qué tienen que ver? y ¿cómo tienen que ver? estas cuatro
corrientes historiográficas en la constitución de la memoria nacional de
nuestro pueblo.
Estas son las cuestiones que debemos resolver.
Si como se dice, un problema bien planteado está ya medio resuelto. El
problema de la existencia de las memorias nacionales se encuentra
intrínsecamente vinculado con la existencia de los pueblos. O más
precisamente, la existencia de los pueblos es la condición sine qua non de
la existencia de las memorias nacionales. Porque el pueblo es el sujeto de
esas memorias, en tanto que portador de retenciones no caídas en el olvido.
Claro está, para aquellos que niegan la existencia de los pueblos como
sujetos históricos esta meditación carece de sentido. Pero como para
nosotros lo tiene, definamos entonces, qué entendemos por pueblo.
Es el conjunto de hombres y mujeres unidos por una conciencia
étnico-cultural [lengua y valores], de pertenencia a una comunidad
determinada.
A su vez el concepto de nación se expresa en el proyecto político-cultural
que un pueblo determinado se da en la historia del mundo. Por su parte, la
nación adquiere existencia real, pasa de la potencia al acto, cuando es
reconocida por la comunidad internacional. Esto es, cuando se encarna en un
Estado, que es el que le ofrece el marco jurídico de su organización.
De lo contrario, queda en potencia, como el caso de la Gran Nación
Hispanoamericana soñada por Bolivar, San Martín, Morazán, Melgarejo y tantos
otros.
Vemos como el concepto de nación es, primero y antes que nada, una noción
político-cultural, que adquiere un status oficial cuando se plasma en un
Estado reconocido como tal. De modo, que según esto, la memorias nacionales
van más allá de los Estados nacionales. Es por este motivo que nosotros
podemos hablar con razón de la memoria nacional del pueblo iberoamericano.
Pero además, así como la idea de nación es anterior a la de Estado porque lo
funda. Tiene primacía ontológica porque: Lo hace ser. La idea de pueblo
tiene una prioridad histórica, pues el concepto de pueblo es históricamente
anterior al concepto de Estado-Nación que es una categoría moderna. Es, sin
lugar a dudas, el fruto político más logrado de la modernidad.
Luego de este desbroce de conceptos lo que queda claro es, que la memoria
nacional tiene que ver con la memoria de los pueblos, que a su vez va más
allá de las historias nacionales particulares, sobretodo en el caso
iberoamericano. Ya tenemos, pues, una pauta. Toda corriente limitada a un
"nacionalismo de fronteras adentro", de Patria Chica, poco y nada tendrá que
ver con la memoria nacional. Ni que decir de aquellas corrientes que "Como
nuestros cultos, al decir del poeta Homero Manzi, adscriben a todos los
problemas y soluciones extrañas, y cuando intervienen en los nuestros, lo
hacen como extranjeros".
Y si esto es así, respondamos, entonces, a las preguntas planteadas:
¿Qué y cómo tienen que ver las corrientes historiográficas argentinas en la
memoria de nuestro pueblo?
La historiografía de corte liberal: En nada. Es un producto de la
intelligenzia colonial anglo-francesa del siglo pasado que se encuentra en
las antípodas valorativas de la memoria nacional de nuestro pueblo. Por otra
parte, su propio método historiográfico de "sujeción estricta a la letra
escrita" la inhabilita para incorporar ningún aporte de la memoria oral
colectiva. Así pues, tanto ideológica como metodológicamente la corriente de
corte liberal se encuentra escindida de la memoria nacional del pueblo
argentino.
La revisionista se encuentra vinculada en parte a la memoria de nuestro
pueblo. Sobretodo en el rescate del tema de nuestra génesis como nación. No
nacimos en mayo de 1810 sino tres siglos antes. Y en la determinación de
nuestros enemigos históricos: Inglaterra y Francia y la lucha de Rosas
contra ellos.
La liberal de izquierda, no sólo nada tiene que ver, sino que además niega
expresamente la memoria popular.
En definitiva, es un subproducto no sólo de la vieja corriente liberal a la
que se le suma un visceral antiperonismo, que desde la cátedra
universitaria, sea argentina, estadounidense o europea no habla ya sobre lo
que fuimos sino acerca de lo que debemos ser. Es una visión totalmente
ideologizada en favor del ideario del socialismo democrático internacional.
Finalmente la corriente de izquierda nacional, algo tiene que ver con la
memoria de nuestro pueblo. Sobretodo con su tarea de rescate histórico de
pertenencia de la Argentina a la común Patria Grande hispanoamericana y en
la explicitación de los mecanismos de explotación económica de las
sociedades dependientes.
Resumiendo vemos que sólo el revisionismo rosista y la izquierda nacional
tienen algo en común con la memoria nacional de nuestro pueblo. Sólo en la
medida en que rescatan valores que conforman la memoria nacional de los
argentinos como son su génesis hispano-criolla y explicitan sus enemigos. Al
par que superando el huero nacionalismo del Estado-nación nos insertan en el
destino común de la Patria Grande Hispanoamericana y muestran los mecanismos
de la dependencia económica.
Ninguna clasificación es exhaustiva. De modo tal que, no escapará al lector
atento, que existen un sin número de historiadores que realizan su tarea al
margen de las corrientes mencionadas.
Observará, también, que la distinción entre pueblo como sujeto de valores;
nación como proyecto político cultural y Estado, es de singular importancia
para determinar el emplazamiento de la memoria nacional en el pueblo como
portador de retenciones no caídas en el olvido.
Se preguntará, entonces, ¿cómo constituyen los pueblos sus respectivas
memorias?. Respondemos que a través de la conservación de sus vivencias y
luchas por existir y de sus valores transmitidos de generación en
generación. Lo que en buen castellano se denomina tradición. Esto es, la
transmisión de algo valioso de una generación a otra
De modo tal que las corrientes historiográficas participan en mayor o menor
medida en la memoria nacional de los pueblos, en tanto y cuanto participan
en la explicitación de las vivencias y valores que un pueblo retiene como
propios".
La coherencia ideológica de Puiggrós lo hizo estar siempre: del lado de la
Nación frente a los designios de los centros internacionales de poder; del
lado de las mayorías populares frente a los proyectos elitistas; del lado de
la realidad frente a los iluminados y mesiánicos; y por estos motivos
confrontó con las ideas del nacionalismo conservador, de la izquierda
estalinista y del liberalismo.
Desde la memoria llega este Homenaje a cien años del nacimiento de Rodolfo
Puiggrós y a cincuenta de la publicación de "Historia crítica de los
partidos políticos argentinos".
Luchador incansable del pensamiento, la palabra y la acción, Rodolfo
Puiggrós es el intelectual necesario.
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