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Nada será igual después: El Cordobazo
El espíritu de los
70
Si hay un suceso capaz de simbolizar el espíritu de los 70 ,
es El Cordobazo. Todo lo que hay de irreductible a la
institucionalización, de fugaz, transitorio, inacabado en el proceso
político de esos años, estará anticipado en ese día extraordinario. La
tarde del 29, los manifestantes descubrieron con asombro que la ciudad era
suya. Esa apropiación tuvo un doble contenido: se destruyó todo lo que
representaba opresión e injusticia social -sedes de las compañías
transnacionales, edificios militares, IICANA, la Confitería Oriental- pero
se preservaron celosamente la propiedad de los vecinos y los edificios
públicos que no eran símbolos de represión y autoridad. Ese día, un
numeroso grupo de obreros y estudiantes le prendió fuego a las oficinas de
la compañía estadounidense Xerox, en la Avenida Colón. Pero cuando las
llamas amenazaban envolver todo el edificio y, por lo tanto, a las
viviendas de los pisos superiores, la angustia ganó a los
manifestantes. Una rápida asamblea de barricada decidió enviar una
delegación hasta la sede de los bomberos, en el propio barrio Clínicas, a
una cuadra de la Plaza Colón y al lado de la seccional Tercera. La
seccional y los bomberos se habían encerrado a cal y canto, de modo que
los enviados golpearon la puerta de la Tercera y a los gritos explicaron
la situación a los policías. Poco después, los manifestantes y
periodistas que habían quedado a la espera frente a Xerox, vieron llegar
el temible Neptuno conducido por los bomberos de la policía y rodeado por
estudiantes y obreros que le abrían paso con improvisadas banderas
blancas. Las crónicas recuerdan la algarabía general de ese momento y que,
después, cuando el Neptuno hubo apagado el fuego, una lluvia de piedras lo
redujo a chatarra. La violencia y la solidaridad fueron la pulsión del
Cordobazo.
Antecedentes
En rigor, puede decirse que
la gestación de este gran movimiento duró casi tres años, ya que comenzó
con las luchas estudiantiles del 66, cuyas fogatas persistirían hasta 1969
y que dejó un movimiento estudiantil activo, fuertemente influido por las
movilizaciones de la CGTA y por sus propias reivindicaciones. El gobierno,
con sus políticas represivas, no había hecho más que azuzarlas: "Temeroso
ante el auge de la lucha de masas y los avances logrados en la conciencia
y organización populares, el Partido Militar suprimió todas las libertades
democráticas, dictó una bárbara ley anticomunista, lanzó una violenta
represión contra toda movilización obrera y popular, ilegalizando
sindicatos, encarcelando dirigentes y activistas, ordenando hacer fuego
contra ciertas manifestaciones callejeras. Ante la barbarie militar y el
estado de indefensión popular, comenzó a cundir entre los argentinos el
convencimiento de que a la violencia de los explotadores y opresores,
había que oponer la justa violencia popular." (15) La violencia
popular, a la que hace referencia Mario Santucho, comenzó a tomar forma
cuando el gobierno publicó un Decreto Nacional por medio del que se
eliminaba el "sábado inglés". Ello significaba un recorte del 10% en los
salarios. "Igual que en otras provincias, entre las que se encontraba
Santiago del Estero, regía una ley llamada del sábado inglés, por la cual
todas las horas trabajadas el sábado después de la una del mediodía tenían
que pagarse el doble, como extras. El Decreto de Onganía debía entrar en
vigencia en Junio y además, en sus considerandos, afirmaba que las leyes
provinciales del sábado inglés eran anticonstitucionales." (16) La
política social de la dictadura de salarios atrasados, despidos
injustificados y masivos, anulación de indemnizaciones y reducción
presupuestaria a nivel educacional, engendraron jornadas de rebelión
popular generalizada que hicieron retroceder a las fuerzas represivas, y
que se concretaron en una victoria imborrable en la historia del pueblo
argentino. El día 1º de mayo fue prohibida toda manifestación de
adhesión o reivindicación del día de la clase trabajadora. Dicha
prohibición fue contestada con manifestaciones relámpagos en todas las
ciudades y paros parciales en las principales industrias. La dictadura
estableció zonas militarizadas. En la totalidad de las provincias
argentinas, se sucedían el despotismo y la represión; se acumulaban
salarios y jornales impagos, se multiplicaban los despidos arbitrarios y
masivos de trabajadores y funcionarios estatales; se reintentó la
privatización de los comedores universitarios, se recortaron los
presupuestos sanitarios y de educación... Lo único que se estableció en
subida fue en un 50% los sueldos de la policía, y del precio del
pan. Los interventores militares en las facultades apostaban
guardias del ejército en las puertas, que controlaban el acceso como
también el cumplimiento de las reglamentaciones de "vestimenta, moral y
buenas costumbres", en las que se prohibía el uso de la minifalda, besarse
en público, el cabello largo, la barba; para controlar la vida académica,
se militarizaron las aulas.. En respuesta, los estudiantes, no docentes y
docentes, ocuparon las facultades y comenzaron a dictarse clases libres en
las calles y en las puertas de los centros universitarios, repudiando a
las autoridades militares impuestas. La cadena de hechos violentos
comenzó el 15 de Mayo de 1969 en la provincia de Corrientes, en dónde los
estudiantes reclamaban por la no privatización del comedor estudiantil y
por ende, por el aumento del arancel. En ésta movilización murió el
estudiante Juan José Cabral. Mientras tanto el día anterior en Córdoba, la
policía había reprimido severamente a la gente que se dio cita a la
Asamblea de los mecánicos, ya que la misma había sido prohibida. Las
movilizaciones sociales se multiplicaron durante todo el mes de mayo;
durante ellas fueron asesinados estudiantes y obreros, que lejos de
amedrentar el movimiento obrero y estudiantil, generaron nuevas y masivas
formas de luchas: 40.000 personas habían participado en el entierro de uno
de los estudiantes asesinados en Rosario. Marchas de silencio repudiando
los crímenes de la dictadura, atravesando las principales ciudades; se
levantaron barricadas y se multiplicaron las acciones callejeras
sorpresivas; asimismo, se tomaron facultades, fábricas y
talleres. La conciencia antidictatorial del estudiantado
universitario no estaba en duda. Más aún, en su interior fluía un proceso
de incesantes rupturas políticas y reagrupamientos, reflejo de profundas
tendencias de cambio que latían en la sociedad. Los obreros de la
industria automotriz, por su parte, en especial los de la planta de Ika
Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por sus propias
reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas
zonales. Los chóferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos
con las empresas de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban
a constituirse tras el desmantelamiento bastante desordenado de la
Corporación Argentina del Transporte Automotor (CATA). Toda la
población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una rebeldía
legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su historia, no
soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura. "Ciudad en
convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el
vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del
Cordobazo, no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad. Detrás
de todo, estaban Smata y UTA. El gremio de los chóferes de transporte
urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la antigüedad y
la estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa, la CATA, que
habían pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha por la
Municipalidad. Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que
se cumplió en un clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus
que circulaban manejados por sus dueños. El 12 de mayo, el gobierno
nacional dio a conocer su ley 18204 reglamentando el sábado inglés. La
reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el viernes
16 de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí masivo y
contundente, de los chóferes que peleaban por el reconocimiento de su
antigüedad. El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados
en el mítico Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el
que se realizaban festivales de boxeo y se disputaban los partidos de
básquetbol más importantes (incluso los de las Olimpíadas Universitarias,
por lo que era un lugar familiar para los estudiantes). Pese a la
prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de trabajo,
subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde arribaron
como un aluvión. A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle
Alvear, cerca de la Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se
concentraban rápidamente los patrulleros y los carros de asalto de la
infantería policial. Con Elpidio Torres (secretario general del Smata
Córdoba) y Dirk Kloosterman (secretario nacional del gremio) como
oradores, la asamblea aprobó por aclamación el paro de 48 horas, en medio
de un tenso clima que se convirtió en silencio absoluto cuando Torres
pidió que se obviara la lectura de los considerandos porque en cualquier
momento entraba la policía. El pedido, formulado por el propio Torres, de
que los asambleístas se retiraran ordenadamente, fue infructuoso. Los
obreros enfrentaron a la policía en Lima y Alvear (esquina opuesta a la de
la avenida Olmos) y la batalla ocupó el centro de la ciudad, extendiéndose
por las calles Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San Martín. El duelo de
piedras y palos contra gases lacrimógenos y balas, que los estudiantes
cordobeses conocían muy bien, repetía las batallas de
1966. Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por
el actual clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las
"jornadas de agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida
por la policía. En la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar
la muerte de Santiago Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y
estudiantes. Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica
aparecieron en escena a través de un paro solidario con sus colegas
estatales. El miércoles 21, un paro nacional de estudiantes
universitarios sacudió el país. Choques entre policías y estudiantes en
Córdoba. Violencia en Rosario, Tucumán y Corrientes. El lunes 26,
las dos C.G.T. decretaron un paro nacional de 36 horas para el día 30. Sin
embargo, las regionales cordobesas escogen efectuar un paro activo para
los días 29 y 30. Ante ésta situación, "el P.E.N. promulgó una ley que
denunciaba un vasto plan subversivo por lo que creaba consejos de guerra
especiales". (18) Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían,
cada cual, una de las llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las
diferencias políticas, sobre todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero
las bases empujaban mientras el gobierno, con una ceguera política que
pasaría a la historia, le cerraba caminos a Augusto Timoteo Vandor, quien,
por otro lado, apostaba ahora a golpear la dictadura y negociar en mejor
posición. El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a
Torres; Tosco tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se
unieron las fuerzas de ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito
del sindicato mecánico, fue llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos,
que funcionaba en el local tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy
es sede de una dependencia del Banco Social de Córdoba), en tanto que
Elpidio lo presentó en la CGT vandorista, cerca de la Maternidad
Provincial. El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una
nueva modalidad de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas.
El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de
pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir
normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar las fábricas a partir
de esa hora y encolumnarse para marchar hacia el centro y,
finalmente, realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los
Argentinos. El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés
era de una enorme efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban
al frente de la movilización, sabían que chocarían con la represión
policial. Pero estaban organizados, los animaba el odio antidictatorial y
habían acumulado confianza en su propia fuerza. Para el día 30 de mayo se
convocó un paro general nacional. El gobierno militar estableció el toque
de queda en Rosario y Córdoba. Los puntos de la convocatoria
fueron: Repudiar los asesinatos de la dictadura y en homenaje a
las víctimas; aumento general de salarios del 40%; funcionamiento de las
comisiones paritarias para renovar los convenios colectivos; defensa de
las fuentes de trabajo; restablecimiento de las libertades democráticas y
sindicales. A este llamado a la lucha antidictatorial se iba a adherir
prácticamente la totalidad de la población. Es importante señalar
que en las facultades y en los institutos de enseñanza secundaria, el
mencionado llamamiento a la huelga del movimiento obrero, fue el documento
con el que los estudiantes convocaban a las asambleas. A pesar de las
prohibiciones, los obreros entraron en las universidades a las asambleas
estudiantiles para explicar sus reivindicaciones y propuestas, y los
estudiantes participaron en las asambleas fabriles, formando comités
conjuntos de convocatorias. La huelga fue prácticamente unánime en todo el
país.
Crónica de una jornada de fuego
El Jueves
29, Córdoba se hallaba totalmente ocupada por la policía, que hacía unos
días había recibido un aumento en sus haberes. "Esa mañana, el Gobernador
Caballero dispuso un gran anillo policial alrededor del centro, en los
puntos estratégicos. Los puentes de La Cañada eran el embudo donde tenían
que ir a caer los manifestantes. Para asegurarse de que no pasarían, las
fuerzas represivas habían preparado cordones a varias cuadras de cada uno
de ellos. La Guardia de Infantería había apostado carros y tropas en los
cruces de La Cañada con Humberto Primo, La Rioja, Santa Rosa, Av. Colón,
Caseros, Duarte Quirós y Boulevard San Juan. Los uniformados estaban
listos para dar batalla" (19). Ese mismo 29, por iniciativa de
Agustín Tosco, Secretario General del gremio de Luz y Fuerza, se resolvió
un paro activo: los trabajadores sincronizadamente abandonaron las
actividades y, a pesar del despliegue policial, marcharon al centro de la
ciudad, confluyendo en el mismo columnas multitudinarias procedentes de
distintas plantas fabriles y de distintos centros universitarios. Los
asesinatos en días anteriores, habían potenciado aún más la rabia
social. Ya en el centro de Córdoba, las columnas de obreros y
estudiantes, no sólo hicieron retroceder a los destacamentos policiales,
inclusive los de caballería, sino que además ocuparon y tomaron el control
de las principales radios y comisarías barriales; se levantaron barricadas
en el corazón mismo de la ciudad; varios edificios, tanto de la
administración nacional y provincial, como de las multinacionales, fueron
incendiados. Prácticamente diez barrios estuvieron bajo el control de
obreros y estudiantes. Según el testimonio de Agustín Tosco: "No
hay espontaneísmo, ni improvisación, ni grupos extraños a las resoluciones
adoptados. Los sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan
los lugares de concentración, el cómo se realizarán las marchas [...] los
sindicatos comienzan a abandonar las fábricas antes de las 11 horas. A esa
hora el gobierno dispone que el transporte abandone el casco céntrico..
Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la
industria automotriz van llegando a la ciudad. Son todas atacadas y se
intenta dispersarlas. El comercio cierra sus puertas y las calles se van
llenando de gente. Corre la noticia de la muerte de un compañero del
Sindicato de Mecánicos.[...] Se produce el estallido popular, la rebeldía
contra los asesinos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie
controla la situación. Es el pueblo. Son las bases sindicales y
estudiantiles que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de la
población se da tanto en el centro como en los barrios. Es la toma de
conciencia de todos evidenciándose en la calle, contra tantas
prohibiciones. Nada de tutelas, ni de usurpadores del poder, ni de los
cómplices participacionistas". La dictadura respondió con una
represión tremenda, las tropas aerotransportadas dispararon todo tipo de
armas de fuego contra los manifestantes. En el primer encontronazo cae
muerto el obrero de Ika-Renault Máximo Mena. La insurrección se estira
hacia el centro. La policía comienza a replegarse favoreciendo a los
manifestantes que se adueñan de la ciudad. Los obreros, a medida que
avanzaban, iban incendiando empresas imperialistas tales como: Xerox,
Burroughs etcétera, confiterías de lujo, bancos... Alrededor de las cinco
de la tarde, el ejército se hace cargo de la situación y empieza a regir
el toque de queda. Los hospitales fueron desbordados con cientos de
heridos de bala y de fracturas múltiples. Los tanques del ejército,
aviones y diversos cuerpos de gendarmería, se desplegaron en la ciudad,
disparando contra los manifestantes, contra techos y viviendas. En
respuesta, y a pesar del toque de queda y del despliegue militar, la
resistencia popular incendió el casino de suboficiales de la aeronáutica y
se atacaron comisarías y puestos policiales. En la ciudad de Córdoba
fueron casi 30 horas de enfrentamiento entre las fuerzas represivas y el
pueblo. Finalmente, el ejército se hace con el control a balazos;
se establecieron consejos de guerra, se detuvo a miles de participantes,
muchos de ellos fueron condenados por procedimientos de guerras especiales
y trasladados a cárceles lejanas.. Durante el transcurso de la
huelga general, en las capitales de todas las provincias no cesaron las
manifestaciones y concentraciones. Así en buenos Aires, una multitudinaria
manifestación fue dispersada a balazos y asesinado un dirigente
estudiantil; a pesar de las prohibiciones fue velado en la sede de la CGT
de los Argentinos, donde permanecieron toda la noche de guardia más de
cinco mil personas. "El Cordobazo es trágico. Decenas de muertos,
cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y
marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se
borrará jamás"; según lo expresado por Agustín Tosco. También hay que
señalar el sentimiento de miedo que se apoderó de las clases dominantes;
así lo reflejaron a través uno de sus voceros, el diario "La Prensa":
"puede decirse que Argentina no había sufrido hasta ahora una afrenta
subversiva tan honda". La represión dictatorial determinó un
altísimo numero de presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo
Nacional. Sin embargo, la totalidad de las cárceles se tornaron también en
frentes de luchas, se contestaron intentos de traslados con tomas de
pabellones, incendios de colchones y prolongadas huelgas de hambre. El
movimiento de los familiares alrededor de las cárceles fue incesante, se
constituyeron comisiones de apoyo a prisioneros desplazados. En las
facultades se desarrollaban todo tipo de acciones de solidaridad con los
estudiantes presos, en las fábricas se concretaba el fondo obrero, en el
que no sólo se aportaba de los salarios individuales, además se
organizaban peñas y otras actividades sociales para recaudar fondos y
cubrir así las necesidades de las familias de los detenidos. Las
luchas populares de aquel mes de mayo llevaban tácitamente lo acumulado en
cientos de luchas habidas por los obreros, por los peones rurales, por los
estudiantes, las luchas en las ciudades y en los montes; la bandera de la
Revolución Cubana y el Ché estuvieron presentes en muchas barricadas,
concentraciones, fogatas. La aparición de organizaciones armadas
revolucionarias, junto a los sacerdotes del Tercer Mundo, engrosando las
columnas movilizadas, fueron otro de los signos que preanunciaban una
nueva etapa de luchas revolucionarias en la Argentina. El
Cordobazo dejó una huella indeleble en la memoria colectiva, y enseñanzas
que son referentes imprescindibles de futuro: la unidad
obrero-estudiantil, la contundencia de la lucha, la fortaleza de los
principios. En el anochecer de ese jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de
Córdoba estaba envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el
material que ardía en las hogueras y barricadas. Desde colchones
viejos hasta automóviles fueron a parar a la furia del fuego
antidictatorial, indiscutible consigna de unidad del Cordobazo a partir de
la cual después se discutiría casi todo acerca de los contenidos del
estallido. A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse
cuando la IV Brigada de Infantería, al mando del general Jorge Raúl
Carcagno, avanzaba lentamente por la Avenida Colón para "recuperar" la
ciudad tomada. El Viernes 30, Córdoba parecía una ciudad
bombardeada. El ejército, a medida que pasaban las horas, fue apagando los
focos descontrolados. El barrio Clínicas, que se había transformado en una
trinchera de la resistencia, fue cediendo paulatinamente. Era patrullado
por cantidad de jeeps repletos de soldados, los cuales recibieron toda
clase de insultos desde las casas. "En el bar El Entrerriano, enfrente del
Hospital de Clínicas, todavía se podía leer una pintada que decía:
Soldado, no tires contra tu hermano" (20). La tarea no fue fácil
porque, en la periferia de los escenarios principales de la batalla,
persistían focos de resistencia que duraron hasta el día siguiente, cuando
en los centros de poder recién lograban recomponerse para solicitar un
escarmiento. Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz
indignada reclamando "severas sanciones para los autores de la depredación
y el pillaje". Posteriormente, se produjeron allanamientos y más
detenciones, entre ellas las de Agustín Tosco (Luz y Fuerza) y Elpidio
Torres (SMATA), que fueron arrestados junto con otros dirigentes y
enviados a la cárcel. El gobierno nacional no varió su tozuda filosofía
represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el Consejo Especial de
Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron contra el orden y la
seguridad públicas". Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército,
Sánchez Lahoz, quien había comandado el operativo de represión desde su
despacho, los sucesos eran causados por "la intervención de
células comunistas, internas e internacionales". Del otro lado de las
barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos obreros fabriles,
sector que fue la columna vertebral de la impresionante y arrasadora
manifestación de fuerza del pueblo cordobés. Espontáneo u organizado,
oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó una estaca mortal en el
corazón del régimen y, al tiempo que mostró la fuerza de los trabajadores
en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para acceder al poder
político. Luego del 29 de Mayo comienza una aceleración de los
ritmos y una serie de cambios que se reflejarían de manera concluyente en
los próximos años. Se perfilan ya claramente dos protagonistas influyentes
en la sociedad: a) Los dirigentes combativos de la clase obrera
y b) Los Sacerdotes para el Tercer Mundo. Los primeros,
quienes mantienen profundas diferencias con la Conducción Nacional, van
logrando asumir la representatividad concreta de la clase trabajadora en
esta etapa. Por su parte los Sacerdotes para el Tercer mundo y sus
seguidores laicos, confrontan activamente la prédica de Iglesia
tradicional e intentan que su opción preferencial hacia los pobres
prospere entre los cristianos. "De éste modo el impacto de ésos cambios
parece dividir las aguas: de una lado la llamada Iglesia Institucional o
visible, identificada con determinadas concepciones y, del otro, la
Iglesia comprometida con los pobres y embarcada en la práctica de la
liberación." (25). Inmediatamente después del Cordobazo, dos de
los hombres más importantes del gabinete de Onganía, Krieger Vasena y
Guillermo Borda, perdieron sus puestos. Al poco tiempo, renunció también
Ferrer Deheza, el gobernador de la dictadura militar para la provincia de
Córdoba.
Testimonios de los protagonistas
LA
F.U.A. y la UNION NACIONAL DE ESTUDIANTES: "Los estudiantes hemos
alcanzado la madurez necesaria, que nos permite comprender cuál es la
problemática del momento actual. No queremos una generación frustrada,
como tantas que han pasado por los claustros universitarios, y que solo se
plantearon problemas reivindicativos para los universitarios, sin
cuestionar la esencia de los mismos. Hoy hemos podido alcanzar un triunfo
sobre nosotros mismos, al haber superado el individualismo; es así que ya
pensamos más allá de nuestros intereses, para plantearnos el futuro de las
generaciones venideras, a quienes aspiramos dejar el testimonio de una
lucha que dará sus frutos cuando el pueblo retome el poder".
(22)
SACERDOTES PARA EL TERCER MUNDO: "Los argentinos somos
testigos de acontecimientos que nos avergüenzan y enlutan. Se ha
violentado el derecho a manifestar la opinión. Se ha golpeado a
estudiantes y obreros hasta producir la muerte. Se ha empleado la tortura
y se ha usado impune y arbitrariamente el poder de las armas. Comprobamos
que, a través de un largo proceso histórico que aún tiene vigencia, se ha
llegado en nuestro país a una estructuración injusta. Por lo tanto, no se
trata de cambiar personas, sino de un cambio de sistema".
(23)
GUILLERMO BORDA, MINISTRO DEL INTERIOR: "Los desórdenes
ocurridos en Corrientes, que luego habrían de repercutir en Rosario,
carecieron de todo motivo que pudiera justificarlos. El pretexto fue la
decisión de las autoridades universitarias de elevar el precio de la
comida estudiantil de 25 a 57 pesos. Es obvio que una medida tan razonable
no podía dar motivo a que se organizaran ollas populares, ni para
desencadenar la ola de desórdenes y destrozos que en aquella ciudad
culminaron con el desgraciado suceso. Resulta muy claro que el clima de
violencia ha sido provocado por elementos de extrema izquierda y por
algunos políticos, que en estos días se han mostrado particularmente
activos". (24)
AGUSTIN TOSCO: "Debemos estar en ese paro,
pero es necesario que la regional de Córdoba, que siempre ha demostrado
una gran combatividad, resuelva su propio paro, con características que
excedan la paralización en sí, como el 16 de mayo. El movimiento obrero
cordobés tiene que replicar a las arbitrarias prohibiciones - como la que
ocurrió con la asamblea del SMATA - celebrando concentraciones públicas,
invitando a los estudiantes y demás fuerzas del pueblo. En Rosario, el
gobierno militar ha instaurado los Consejos de Guerra para juzgar al
pueblo. Pero si alguien merece un Consejo de Guerra es la política
económica instrumentada desde el FMI, el Banco Mundial y el BID. Debemos
demostrar que no sólo efectivizamos paros sino que le disputamos a la
reacción, los derechos inalienables de los trabajadores y el pueblo".
(21)
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