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Perón presidente: los "gorilas" al
poder
Comienza
"la era López Rega"
Lo que ocurrió el 13 de Julio con la
sustitución de Cámpora por Lastiri, fue considerado por casi todos los
sectores un golpe de estado dentro del movimiento peronista. Ni siquiera
le correspondía la sucesión. La había logrado sólo por ser yerno de López
Rega. Al renunciar Cámpora y el vicepresidente Solano Lima, correspondía
la sucesión natural al presidente del Senado, Alejandro Díaz Bialet. Pero
-en una jugada astuta- Díaz Bialet había sido enviado como "embajador
plenipotenciario" a "fijar la posición argentina ante la Asamblea General
de los Países No Alineados". Por lo tanto, se nombró presidente a quien
conducía la Cámara de Diputados... Raúl Lastiri. Los Montoneros, intuyendo
su desplazamiento definitivo, comenzaron a reclamar una democratización en
las organizaciones sindicales, inmensa fuente de poder dentro de un
gobierno peronista. Pero el aparato montado por Vandor -que incluía
verdaderos ejércitos particulares en cada gremio- estaba demasiado
consolidado ya como para permitir el ingreso a otros dueños. A
todo esto, un sector de la UCR, liderado Raúl Alfonsín, estuvo en
desacuerdo con la postura que había tomado Balbín, quién mostraba su
complacencia con las resoluciones de Perón. La gente de Renovación y
Cambio se había acercado bastante a los sindicatos cordobeses, claramente
combativos, lo que despertó temor tanto en Balbín como en Perón; más aún,
cuando la candidatura de Agustín Tosco, líder de la tendencia de
izquierda, incompatible a la dirección burocrática de la CGT, podía ser
factible de recibir el respaldo de los partidarios alfonsinistas. La
fórmula Tosco-Alfonsín se presentaba pues, por aquellos tiempos, bastante
potable. Incluso había avanzadas conversaciones con el Partido Comunista y
otros sectores de la izquierda moderada para formar un frente con esos
candidatos. Las elecciones ya tenían fecha: 23 de Septiembre de 1973.
Otra de las fórmulas que se barajaron era: Perón - Balbín, intentando
concretar una suerte de sueño dorado. A pesar de, el nombramiento de
Balbín a la vice presidencia no cayó del todo bien dentro del seno del
peronismo. En lo concerniente a la izquierda peronista, ésta bregó por
hacer resurgir a Cámpora para acompañar al viejo caudillo en los
comicios. Cada sector del peronismo trabajó para imponer su candidato
al lado de Perón. Pero todo quedó revelado cuando la derecha del partido,
propuso a María Estela Martínez de Perón para vice- presidente. "El 2 de
Agosto la nominación de la fórmula Perón-Perón, en el Congreso Nacional
del Justicialismo no dejó dudas acerca de quienes eran los infiltrados en
el movimiento. Los cambios en la jerarquía interna del justicialismo a
favor de la derecha (la destitución de Abal Medina de su cargo de
Secretario General del Movimiento), concretaron las opciones tomadas por
el líder al retornar al país. La CGT que no había participado activamente
en la campaña electoral de Cámpora, se convirtió en el eje de la campaña
de Perón y volcó en ella los recursos financieros de su poderosa
maquinaria burocrática" (75). El 11 de Septiembre, un suceso
ocurrido al otro lado de la cordillera golpeó fuerte a los combatientes de
izquierda: Salvador Allende era derrocado por el Gral. Augusto Pinochet.
Por un momento circuló la versión que se había suicidado, pero con la
llegada de nuevas informaciones se supo que Allende, murió combatiendo con
una vieja pistola que la había regalado Fidel Castro, cuando triunfó la
revolución cubana. Esto suscitó una inmensa oleada de repudios en la
Argentina. Además de los grupos revolucionarios, todos los partidos se
manifestaron en contra, organizando movilizaciones callejeras conjuntos.
Coordinadas por Montoneros, quienes concitaban por entonces la mayor
adhesión -unos 100 mil jóvenes en cada manifestación- ubicaban a su gente
a la cabeza, imponiendo normalmente este orden: aunque no eran quienes les
seguían en convocatoria -unos diez mil manifestantes- la Juventud Radical;
luego, en tercer lugar, los comunistas -unos veinte mil manifestantes por
marcha-; por fin "los demás": unos 4 o 5 mil más. Así que estas
manifestaciones organizadas por los sectores "democráticos" -Montoneros
incluido-, solían llenar día a día las calles de buenos Aires con
manifestaciones de unos 120 o 130 mil manifestantes, donde mezcladas con
las voces de repudio al golpe en Chile, se oían consignas montoneras,
insultos a López Rega, etcétera. Precisamente por esta manipulación de
los grupos peronistas, que conocían desde mediados de los 60, las
organizaciones de izquierda revolucionaria efectuaban sus propias
manifestaciones, generalmente en lugares muy alejados de las
manifestaciones de Montoneros y sus aliados. Aunque no solían concitar más
de cinco o seis mil personas (la excepción era Córdoba, donde solían
juntarse masas de 10 o 15 mil), su coherencia era mucho mayor. Se coreaban
consignas por el socialismo, a favor del Che, y en ellas solía actuar como
orador principal Agustín Tosco. Por fin llegaron las elecciones,
con el peronismo concurriendo con la fórmula impuesta por la derecha
peronista: Perón presidente, Isabel Martínez vice. A esa combinación la
propagandizaban como "Perón-Perón", lo cual lograba su objetivo de sugerir
en las mentes -especialmente las más sencillas- que en realidad se trataba
de "votar a Perón". Lo que no se sabía con certeza -o no se quería
aceptar- era que Perón estaba al filo de la muerte *. Y ello dejaría, una
vez fallecido el caudillo, a la Nación en manos de una mujercilla inepta.
Cosa que consistía una maniobra deliberada de López Rega y los grupos
delictivos que respondían a su mando, pues esto dejaría el manejo real de
los asuntos del Estado en sus ambiciosas manos.
Los comicios
de Septiembre de 1973 arrojaron los siguientes
resultados:
"Perón - Perón: 7.381.219 votos -
61,85%.- Balbín - De la Rúa: 2.905.536 votos - 24,34%.- Manrique -
Martínez (APF): 1.145.981 votos - 12,11%.- Coral - Páez (PST): 188.227
votos - 1,57%.- En blanco: 103.961.- Anulados:
41.188.- Impugnados: 11.580." (76).
Ese domingo hubo
celebraciones de todo tipo a lo largo y lo ancho del país. Pero los
Montoneros consideraron que habían perdido demasiado terreno, y
consideraron que era necesario golpear otra vez. Es decir, que "había que
tirar un cadáver sobre la mesa de Perón", para demostrarle lo que eran
capaces de hacer si querían.
* El doctor Taiana, médico personal de Perón aparte de Ministro de
Educación, lo había advertido en una reunión de gabinete. "Perón tiene los
días contados", había dicho. Ello le trajo una airada reacción de López
Rega, quien lo maltrató públicamente. Y ninguno de los otros ministros
presentes se atrevió a decir nada más.
Ejecución de Rucci
Aún no se habían
apagado los ecos del triunfo justicialista cuando -el 25 de Septiembre de
1973-, fue acribillado a balazos José Ignacio Rucci, hombre de confianza
de Perón. Para muchos, éste incidente se convirtió en uno de los errores
mas desgraciados de nuestra historia contemporánea pues marcó el quiebre
definitivo de los Montoneros con Perón, quienes tomaron, posteriormente,
un camino sin regreso. "La teoría del apriete pudo más. Había que tirar un
cadáver sobre la mesa de negociaciones, y los Montoneros apostaron duro:
tiraron el de Rucci. Ese mismo día la derecha peronista mató a un
militante de la JP. Empezaba la masacre" (77). Los partidarios del extinto
líder sindical clamaban venganza. Sergio Moreno, en Página/12, narra así
una parte de la historia: "Desde hacía tiempo dormía en casas
diferentes cada noche, acompañado por una garde du corps que lo seguía a
sol y a sombra. Esa noche de septiembre de 1973 se había ido a lo de una
cuñada que vivía en Avellaneda 2953. El Petiso estaba contento: dos días
atrás la fórmula Perón - Perón había ganado las elecciones generales con
casi un 62 por ciento de los votos. "Ese mediodía del 25, salió a
la calle camino al Torino rojo que usaba. Apenas llegó a la puerta. Un
escopetazo proveniente de una casa lindera le dio de lleno en el pecho.
Sus custodios se trenzaron en un tiroteo contra nadie, que disparaba de
dos frentes distintos. José Ignacio Rucci, hace hoy 25 años, murió
acribillado de 23 balazos provenientes de las armas de un comando
montonero. En esa época se acuñó un chiste, siniestro como la disputa de
ese tiempo: "a Rucci le dicen Traviata, la de los 23 agujeritos". "Era
rosarino, petiso, flaco, enjuto y usaba un jopo que, en complicidad con
sus bigotes, le daban un aire de cantante latino de boleros. Tenía 48 años
cuando murió. En 1966 fue nombrado interventor de la seccional de San
Nicolás de la Unión Obrera Metalúrgica, la poderosa UOM de los 60 y
70. "Creció gremialmente bajo el ala de Augusto Timoteo "el Lobo"
Vandor y se hizo digno alumno de su escuela de conducción política. Tuvo
su mismo fin. "El 5 de julio de 1970, en su residencia de Puerta de
Hierro, en Madrid, Juan Domingo Perón recibió un telegrama. "Triunfó su
hombre, general. El secretario de la CGT es José Rucci." Tres días antes
de que Perón recibiera la noticia, el congreso de unidad de la CGT había
encumbrado al metalúrgico gracias al manejo de otros de sus padrinos,
Lorenzo "El Loro" Miguel. "A partir de ese momento, este sindicalista
de segunda línea, comenzó a influir en la historia de la Argentina de
manera descarnada. Rucci fue, junto con Miguel, la cara de la Patria
Metalúrgica, en un país que comenzaba a sumergirse en la interna más
sangrienta que vivió el peronismo en su historia. Con cadáveres como
moneda de cambio, el peronismo delineaba su división entre "fachos" y
"zurdos", entre "burócratas" e "infiltrados". "En los 60, fue el propio
Perón quien promovió a sus "formaciones especiales", compuestas
mayoritariamente por la "juventud maravillosa". Perón se enfrentaba,
tácticamente y desde el exilio, a su primer enemigo interno: Vandor
impulsaba, en connivencia con el onganiato, un peronismo sin Perón. El
viejo general no lo iba a permitir, para lo cual se valió de sus
formaciones especiales... "En los 70 el tiempo cambió. Vandor había
sido asesinado en su bunker de Avellaneda y el gobierno militar armaba su
retirada. Los émulos del Lobo, como lo fue Rucci, estaban nuevamente del
lado donde debían estar y preparaban el regreso del general. "El
primero -efímero - fue el 17 de noviembre de 1972. Rucci lo recibió bajo
un oportuno paraguas que pasó a la historia. El segundo regreso fue el
comienzo de la tragedia". La historia oficial -escueta y evasiva como
siempre -consigna que el entonces secretario general de la CGT José
Ignacio Rucci, "fue asesinado el mediodía del martes 25 de setiembre de
1973" y al margen de la fecha aporta pocos datos. Por aquella época
gobernaba provisoriamente Raúl Lastiri (yerno del "hermano" José López
Rega) y ya había resultado electo el teniente general Juan Domingo
Perón. El líder sindical había pasado la noche en un departamento
de la avenida Avellaneda (casi Nazca) en el barrio de Flores. Allí vivía
un familiar y Rucci solía quedarse a dormir desde hacía por lo menos un
semestre, lo que era ignorado por casi todos los vecinos de la zona. Entre
las especulaciones que se tejieron se comenta la que asegura que, en
realidad, en el departamento no vivía un pariente sino una amante, pero
esto poco aporta al fondo de la historia, más allá de lo anecdótico. Otras
fuentes sostuvieron que el sindicalista acostumbraba cambiar su lugar de
descanso por estrictas razones de seguridad. Lo cierto es que Rucci
abandonó la finca a las 12:10. Frente a la casa lo esperaba su Torino rojo
y muy cerca, los tres vehículos de la custodia. El atentado dio comienzo
exactamente cuando el gremialista cruzaba la vereda rumbo al Torino. Los
disparos partieron desde los techos de las casas de alto de la acera
ubicada al sur. El testimonio de los custodios no es precisamente un
dechado de exactitud. Llegaron a afirmar, tal vez para justificar su
ineptitud, que los agresores habían arrojado bombas o granadas, cuyas
evidencias jamás fueron encontradas. José Rucci fue alcanzado
inmediatamente por buena parte de esa lluvia de balas, con una profunda
herida en su cuello, además de numerosos impactos en todo su cuerpo.
Cuando ya era tarde y el líder yacía en la vereda, recién los custodios se
parapetaron detrás de los autos para repeler el ataque. Tuvieron una
sorpresiva respuesta cuando los disparos comenzaron a llegar desde las
ventanas a sus espaldas. Así, Rucci recibió nuevos balazos, al igual que
su chofer, "Tito" Nuñez, y Ramón Rocha, otro de los custodios. El
desconcierto era total. Aparentemente, los atacantes habían iniciado la
emboscada con el lanzamiento de una tabla que llevaba una ristra de
petardos. La defensa se hacía casi imposible, sobre todo si se le suma
que desde un colegio cercano (en cuya terraza parecía haber una boca de
fuego atacante) alguien les gritó a los custodios que detuvieran el fuego
ya que en el interior del establecimiento había más de 200 escolares. Sin
embargo, pese a su intensidad (los primeros cálculos periciales estimaron
que se dispararon más de cien proyectiles) el tiroteo fue relativamente
breve, ya que a las 12:30 los agresores se habían ido. Ninguna de las
organizaciones guerrilleras se atribuyó de inmediato el atentado, por lo
que los rumores florecieron. Lo que sí se supo enseguida fue que era un
comando integrado por nueve a once personas, las que dispararon desde
tantos puntos diferentes que hizo imposible la defensa. A eso debe
sumársele el tipo de armamento empleado para perpetrar el crimen: armas
largas de precisión, ametralladoras sin utilizarse, pero que estaban
reservadas en caso de que Rucci lograra subir al auto o la defensa de los
custodios fuera más efectiva. Una de las primeras declaraciones
oficiales fue la del general Miguel Ángel Iñíguez, el entonces jefe de la
Policía Federal, quien confirmó que los atacantes habían huido por la
parte trasera de los edificios donde estaban escondidos. También aseguró
que "hubo un llamado telefónico a la comisaría, una voz femenina que dijo
pertenecer al ERP-22 de agosto (en homenaje a los caídos en
Trelew) y que "esa es la organización autora del asesinato". Sin embargo,
nadie terminaba de creerlo. Habían algunas piezas que no terminaban de
encajar en la trama, si bien el ERP había sido declarado ilegal por
decreto presidencial apenas un día antes, el lunes 24, su línea política
no le permitía atentar contra sindicalistas. Finalmente las
investigaciones más serias indicaron que habían sido miembros de la
organización Montoneros y no el Ejército Revolucionario del Pueblo los
encargados del crimen. Para autores como Giussani, "los Montoneros, sobre
todo tras el deterioro de sus relaciones con Perón, explicaban con
frecuencia el asesinato de Rucci como un apriete dirigido al anciano líder
para inducirlo a negociar un nuevo trato con la organización". Sin dudas,
los guerrilleros habían determinado "ablandar" las relaciones con Perón,
rígidas y estancadas desde hacía tiempo. Era una forma que presión
política, decían algunos, y "tirándole el cadáver" en la cara se buscaba
poner condiciones. Así se pretende explicar el motivo por el cual los
"montos" no se adjudicaron el asesinato del brazo derecho del líder
justicialista en el sindicalismo. No obstante, continuaban las versiones.
No faltan los que atribuían la trágica muerte de Rucci a los "servicios" a
una incipiente banda que luego se reconocería como la "Triple A" y hasta a
una provocación de la CIA. Según consigna el escritor Eugenio Méndez en
un libro que profundiza las indagaciones sobre este crimen, desde un
primer momento, al menos internamente, los Montoneros se atribuyeron el
atentado. Consideraban a Rucci como a uno de los peores burócratas, un
colaboracionista que estaba rodeando al líder justicialista. La idea era
quitarle la base donde se apoyaba Perón (el sindicalista era el hombre más
incondicional que tenía) para demostrarle la tremenda vigencia de la
"Organización". La Conducción Nacional de Montoneros había
dispuesto la necesidad de matarlo. "Todos votaron por la muerte: Pepe, el
Negro, Nicolás y Marquitos que eran la cabeza, aunque después se le
agregaron para apoyarlos el Pelado Carlos, el Cabezón, la Gaby, Anita, el
Vasco y el Loco, consignó Méndez. Estos eran los nombres de guerra de
Mario Eduardo Firmenich, Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Marcos
Osatinsky, Roberto Cirilo Perdía, Norma Arrostito, María Antonia Berger,
Horacio Mendizábal y Rodolfo Galimberti. La consigna surgió
inmediatamente: "Rucci traidor/, a vos te va a pasar/ lo mismo que a
Vandor", se escuchaba en todo acto político. Luego se eligió a la Columna
Capital para realizar el operativo. En el mencionado libro se apunta que
esta columna estaba integrada por Mendizábal, Perdía, Habbeger y Francisco
'Paco' Urondo como jefes; Juan Julio Roqué, Lorenzo Konkurat, Julio Cesar
Urien y Lidia Mazaferro, como subjefes; y Norberto Ahumada, Juan Carlos
Dante Gullo, Luis Roberto Lagraña y Manuel Angel Ponce, como nexos. Se
indica que el responsable del operativo fue Urondo. La planificación
corrió por cuenta de Perdía, Mendizábal y otros tres oficiales
guerrilleros. Por los informes de su propia inteligencia, aunque sabían
que Rucci cambiaba de alojamiento permanentemente, lograron establecer que
finalmente concurría más asiduamente -y sobre todo los martes- al
departamento de la avenida Avellaneda. Allí vivía con su
familia. El comando montonero sólo tuvo que seguirlo la noche
anterior y después dispuso de todo el tiempo requerido para ocupar las
posiciones de fuego. Entre los guerrilleros intervino Juan Julio Roque,
alias "Lino", quien había liquidado al general Juan Carlos Sánchez en
Rosario. Para Rucci, la idea de un atentado era una certeza. Apenas un mes
antes había declarado : "Quiero que sepan que si me pasa algo, sólo los
inmundos bolches o trotskistas pueden atentar contra mi vida". Horacio
Sueldo, el entonces legislador del partido Revolucionario Cristiano, "nos
preocupa el clima de odio total que está flotando y que no siempre
contribuimos a disipar, sino en algunos casos a incrementar". Tal vez
el lamento más gráfico fue el del propio General Perón: "Me cortaron las
patas".
Diferentes opiniones sobre el suceso
MIGUEL
BONASSO: "La Conducción de Montoneros, que no quiso operar contra López
Rega en las horas de indignación que siguieron a la masacre de Ezeiza,
eliminaba ahora al puntal sindical de Perón. Aunque la operación no fue
firmada, la autoría montonera del atentado nos fue confirmada, en una
reunión de equipo que preparaba el matutino Noticias, por el propio
Firmenich" (78). MIGUEL TALENTO: "El asesinato de Rucci fue un error
histórico de nosotros, de Montoneros. Fue como decirle a Perón que si la
derecha lo había apretado en Ezeiza, nosotros lo íbamos a apretar así"
(79). ABAL MEDINA: "A juicio de Perón, atacarlo a Rucci era como
atacarlo a él. Perón reaccionaba con violencia en éstos casos. Ni qué
hablar, cuando se acentúa el proceso de enfrentamiento y se produce la
muerte de Rucci. Perón decide allí que va a terminar con esos sectores."
(80)
A raíz de éste episodio, un día después de la muerte de Rucci
el Jefe de la Policía Federal, Gral. Miguel Iñiguez, rubricó el Decreto
1454 declarando ilegal al ERP. En los últimos meses de 1973, se desató
una despiadada ofensiva de la derecha peronista, alentada por Perón
cuando, al día siguiente de posesionarse en la presidencia, se dirigió a
la multitud que lo había ido a saludar, expresando su voluntad de "acabar
con los infiltrados dentro del Movimiento". Esto provocó que de Montoneros
se desprenda "un importante grupo que se autodenominó con el nombre de
Lealtad (donde pasaría a revistar Chacho Álvarez), el cual sostuvo una
posición de ortodoxia y de acatamiento a la conducción de Perón como
también de cuestionamiento a la dirección de Montoneros, por su
enfrentamiento con el Jefe del Movimiento y su pretensión encubierta de
disputarle la conducción del mismo" (81).
La Triple
A
Durante el año 1974, y en el seno mismo del gobierno comenzó a
actuar firmando sus crímenes una banda contraguerrillera que muy se sabría
tuvo su origen en una idea de José López Rega, quien era igualmente su
autoridad máxima. Dicha banda accionó con el nombre de: Alianza Argentina
Anticomunista (A.A.A.). López Rega, quien por esos días había obtenido el
ascenso a Comisario General de la Policía Federal Argentina (cuando se
hubo retirado revistaba como cabo), habría recibido también el apoyo de
las Fuerzas Armadas, particularmente el Ejército. Los grupos armados de
las A.A.A. aplicaban la modalidad de secuestrar a los militantes
revolucionarios, sus familiares o aliados, interrogarlos bajo tortura y
luego asesinarlos. Uno de sus objetivos era sembrar el terror entre los
allegados a la guerrilla, e irles quitando progresivamente la gran
plataforma popular obtenida en los anteriores años de lucha. Estas fuerzas
-compuestas por comandos de entre seis a diez hombres, aunque en
oportunidades se constituían grupos más numerosos- estaban compuestos
principalmente por dos tipos de personas: ex policías, y delincuentes
comunes, que habían trabado relaciones con la policía en las cárceles o a
través del acercamiento natural producto de sus delitos. También
revistaban en sus filas algunos mercenarios internacionales de diferente
pelaje. Según denuncias de organizaciones de Derechos Humanos, el Ejército
participaba a través de una supervisión y provisión de armas, así como de
algunos de sus miembros retirados que tomaban parte en las
acciones. La salud de Perón, por esos días, era fluctuante, por
lo que la Triple A avizoraba su desaparición física. Manejando este dato
se prepararon para dar un combate frontal contra la izquierda peronista,
que les permitiese manejar los resortes del gobierno una vez sucedido el
deceso del conductor. "Entre Julio y Septiembre de 1974, se produjeron
220 atentados de la Triple A. La silenciosa complicidad de las Fuerzas
Armadas con la Triple A, fue el prólogo de la guerra sucia. Muchos de sus
miembros, colaboraron más tarde con la dictadura militar en tareas
similares" (82). A todo esto, Perón no hizo nada para evitar o condenar
tales atentados lo que hablaba a las claras que aprobó su
accionar. Perón ya había comenzado a mostrar su desprecio por la
izquierda, y ello se intensificó más cuando el 7 de Febrero, en una
perorata dirigida a los líderes de las organizaciones juveniles los llamó
idiotas útiles y estafadores. "¿Qué hacen en el justicialismo?,
preguntó, ofreciendo como respuesta la declaración: ... si yo fuera
comunista, me voy al Partido Comunista". El desenmascaramiento del cual
hablaba Santucho, refiriéndose a Perón, para terminar con las ilusiones de
la izquierda peronista, se estaba produciendo. Como en repentina
coincidencia con la opinión del PRT, la contestación de la Juventud
Peronista, por medio de uno de sus órganos informativos, El Descamisado,
no se hizo esperar: "...ahora somos infiltrados. Ayer éramos la
juventud maravillosa, y éramos saludados por el Jefe del Movimiento con
emoción por nuestra lucha. Y ahora por ser como Perón dijo que teníamos
que ser los peronistas, nos señalan que hay otros partidos socialistas a
donde podemos ir si queremos. ¿Porqué no nos dijeron antes, cuando
peleábamos arriesgando la vida, que nos pasáramos a otro partido?"
(83).
1º de Mayo: se van los imberbes
La celebración
del 1º de Mayo había sido siempre una fecha cara a los sentimientos del
Justicialismo. Aunque Perón le había quitado parcialmente su contenido
durante su primer gobierno (1946-1952), transformándola de Día del
Trabajador, que conmemoraba la ejecución fraudulenta de dos obreros
comunistas en Estados Unidos, en "Fiesta del Trabajo", donde se celebraba
"el armónico acuerdo entre trabajadores y empresarios dentro de la
comunidad organizada por el justicialismo". El viejo líder convocó,
entonces, para ésa jornada, a varios dirigentes de los sectores de la
juventud, como una forma de garantizar un entendimiento entre todo el
Movimiento. No obstante aquel 1º de Mayo sería diferente a los que Perón
pudo haber vivido anteriormente. El desencuentro entre el Líder y la
Juventud era profundo. Aquel venía criticando despiadadamente a la
política de los Montoneros, lo que tornó insuperables las diferencias que
ya los habían venido separando durante los últimos meses. Para los
Montoneros era una jugada clave concurrir a la Plaza; la oportunidad caía
"como anillo al dedo" pues "frente a Perón y Perón frente al pueblo,
pondremos las cosas en claro" (84). Los organizadores del acto se
propusieron dificultar el ingreso de la JP a la Plaza, poniendo grupos
organizados por los sectores de derecha, como filtros, por todas las bocas
de entrada. Pese a ello, Los Montoneros volvieron a demostrar su capacidad
de movilización y su ingenio cuando lograron ocupar una amplia franja en
la explanada de Mayo. El discurso pronunciado por Perón no puede ser
estudiado sin el contexto que simbolizaron las consignas que
interrumpieron, a cada tanto, la alocución del Líder. Por tal motivo,
transcribiremos los párrafos más álgidos de aquella jornada. En
un principio, todo el mundo gritaba: Perón/ Perón. Pero enseguida, desde
el aspecto auditivo, la plaza se partió en dos: 1)"Perón/ Evita/
la Patria Socialista"; 2)"Perón/ Evita/ la Patria
Peronista". Los sindicalistas vibraban al compás de: "Ni
yanquis, ni marxistas: peronistas". Las columnas montoneras
respondían: "Conformes, conformes/ conformes,
General/ conformes los gorilas,/ el pueblo va a
luchar". A duras penas, Perón podía hablar, interrumpido como dijimos a
cada párrafo; y dijo: "Compañeros: hace veinte años que en este mismo
balcón y con un día luminoso como éste, hablé por última vez a los
trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen
sus organizaciones, porque venían tiempos difíciles. No me equivoqué ni en
la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización
sindical, que se mantuvo a través de veinte años... pese a estos imberbes
estúpidos que gritan" (85). Los Montoneros gritaban: "¿Qué
pasa, qué pasa General/ que está lleno de gorilas el gobierno
popular?" (86). Perón prosiguió: "por eso compañeros, quiero
que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a
ésas organizaciones y a ésos dirigentes sabios y prudentes que han
mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes
asesinados, sin que todavía haya sonado el escarmiento" (87). Esta vez
los cánticos montoneros fueron más duros: "Rucci traidor, saludos
a Vandor " (88) La fractura era inevitable, y ante la insistencia de
Perón por obligarlos a callar para seguir hablando, las columnas
montoneras optaron por retirarse. Fue una demostración espectacular de
poder, ya que quienes se iban era la mayoría de los concurrentes. Pero con
un sabor amargo. La Plaza, prácticamente vacía, pasó a convertirse en un
testigo mudo de los sucesos. Perón estaba demudado. Nunca en su vida había
recibido tal afrenta por parte de las multitudes argentinas. Todos los
medios de comunicación se hicieron eco y analizaron el fenómeno como el
preludio de una declaración de guerra encubierta, cuyos resultados nadie
dudaba en calificar por lo menos de sombríos. Dentro de este marco de
enfrentamiento, el 12 de Junio de 1974, Perón explicaría que "había
llegado al país a llevar un proceso de liberación nacional y no para
consolidar la dependencia. Pero hay pequeños sectores que se empeñan en
obstruir este proceso y son los que están saboteando nuestra independencia
y nuestra independencia política exterior. Son también los que mal
intencionadamente interpretan mis mensajes o simularon hacerlo para
interferir luego la unidad para la reconstrucción en complacencia para con
los enemigos de este proceso" (89) Fue su último discurso. Perón
planteó en él una crítica "a todos aquellos que perjudicaban el Pacto
Social" con sus posturas, como también a algunos diarios que
"proporcionaban noticias que no se ajustan a la realidad". Empero, una
frase perduraría a través del tiempo: "Mi único heredero es el
pueblo". Ella fue reivindicada principalmente por Montoneros, en
el afán de confirmar su teoría de que Perón había sido manipulado en los
últimos tiempos, pero en un rapto de lucidez había desautorizado a las
cúpulas derechistas "enquistadas en el gobierno". Lo cierto es que esta
frase no figura en la transcripción oficial del discurso, existente en los
archivos de la Nación. Ello no implica, sin embargo, que no la haya dicho,
pues con frecuencia se han falsificado documentos históricos para
justificar las posiciones de los poderes
gobernantes.
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