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La fogata juvenil y las elecciones como
salida
El amor en los 70
La puesta en jaque de
los viejos paradigmas comprendió a todos los aspectos de la vida cotidiana
y en esa dinámica los jóvenes de aquella época impulsaron profundos
cambios en sus vínculos. En una sociedad de cuerpo presente, el amor, la
solidaridad y el sexo encontraron por momentos una conjunción que tenía
pocos antecedentes en la relación entre géneros. El uso de la palabra
"compañero" o "compañera" para designar a la pareja dejó atrás la
institucionalidad del "esposo" "esposa", la pureza supuesta del "novio",
"novia" y la clandestinidad de los "amantes". Indicaba lo común, lo
compartido, la alianza de no agresión entre aquellos que se enfrentan al
Poder. Las mujeres se liberaron por primera vez de la necesidad
de ser frágiles y un poco tontas para ser amadas. Los varones prescindían
de los blasones del éxito económico o laboral. Cuando Spinetta, a finales
de la dictadura, escribe "una mujer valiente también se inclina ante la
sed" refleja la articulación entre valor y deseo que era común en ambos
sexos. El ideal deja de ser la exposición a la mirada cuerpos sin
fallas y cuidadosamente trabajados, sino el amor sincero en cuerpos
comunes y diversos, expuestos al riesgo, al enfrentamiento de la calle, a
la vorágine del movimiento social. Lógicamente, una generación nacida en
los años 40 y 50 no podía borrar de un plumazo los estereotipos de la
sociedad en la que fue gestada y muchos de ellos, por ejemplo, el machismo
o el moralismo, se mantuvieron, contradictoriamente en movimientos y
organizaciones que buscaban cambios sociales de gran profundidad. La
homosexualidad, por ejemplo, siguió siendo un territorio en penumbras que
suscitaba desde cuestionamientos severos hasta aceptaciones tácitas y
silenciosas, según las identidades políticas e ideológicas. Las
organizaciones revolucionarias tenían diferentes normas, ya sea implícitas
o explícitas, sobre la pareja y el sexo. La burocrática bruma stalinista
era el transfondo de algunos enunciados. Hubo un manual de moral
revolucionaria del PRT, de un ascetismo severo y monogámico, que indicaba
"lo correcto" aún en la crianza de los hijos. En abierta diferenciación
con esto, algunos grupos independientes de extracción estudiantil
proclamaban el amor libre. Otros, de lectura marxista, le respondían con
una carta de Lenin a la feminista inglesa Inessa Armand (que según los
chismes era su amante) en la que, furioso (y quizás celoso), rebatía con
argumentos de clase la posibilidad de considerar revolucionaria esta
consigna. Los grupos de origen peronista eran, quizás, los más clásicos
en sus vínculos, manteniendo particularmente la actitud machista del
"jefe" de familia, cuya función estaba más diluida en la izquierda,
sustituida por la deliberación igualitaria para la toma de decisiones.
Ambos sectores conservaban -especialmente en el interior- en muchos casos
el hábito de casarse religiosamente en ceremonias informales que muchas
veces rescataban la emoción inicial del sacramento. Pero lo común,
subterráneo a esta diversidad, fue la intensidad inusual de los
encuentros. En todos los casos. Los hippies habían introducido la
droga -principalmente marihuana- como potenciador de las sensaciones, pero
los militantes no creían necesitarla. La sexualidad, aún en las parejas
más estables, podía emerger abruptamente en el curso de la actividad
cotidiana y terminar manchada con tinta de mimeógrafo o demorando
injustificadamente la asistencia a un acto. Confiar como sólo se confía
en un compañero/a, al que además se respeta, con el/la cual se comparte un
objetivo que trasciende lo individual. Abrazar, disfrutar, recorrer o
recibir un cuerpo joven y sano al que, sin embargo, mañana podía arrebatar
la cárcel o la muerte. Saber que cada encuentro podía ser el último antes
de una separación quizás definitiva y, simultáneamente, suspender el
tiempo y olvidar lo inmediato. Inscribir una huella de placer en cada
centímetro de la piel amada, anticipándose, ganándole palmo a palmo la
batalla a todo el dolor posible de la caída, era una jugada deslumbrante
que no necesitaba ningún aditamento para que la intensidad fuera
máxima.
Prensa revolucionaria, arte, música, cine
En
abril de 1972 se formó en Santiago del Estero un grupo multifacético.
Originado en una "zappada" *, evolucionaría rápidamente hacia el ámbito
artístico en general -pintura, literatura, y la edición de una revista. En
aquella época en que la juventud más avanzada ideológicamente tomaba
compromisos, no podía estar ausente lo político y social. Este movimiento
que se denominó SER -por idea de uno de sus fundadores, Julio Carreras
(h)-, llevaba como símbolo una efigie de Jimi Hendrix, músico negro
recientemente fallecido en Inglaterra, que de algún modo representaba
todos los aspectos revulsivos que en la música había. Otros de sus
fundadores fueron Clara Ledesma Medina (Clary), Laly Alcorta, Enrique
Gavioli, Cacho Gerez, Elvira, Juan Navarro, Graciela, Roque Orlando Gómez
(Lucky), Ramón Ledesma, Severo Galván Mario Mignani, Lucía y un grupo
numeroso de chicos y chicas de entre 18 y 23 años. En la primera
asamblea constitutiva, efectuada en casa de Lucky Gómez, se manifestaron
dos objetivos: hacer el Primer Recital de Música Contemporánea en Santiago
del Estero, y editar una revista. El grupo prefería llamar "Música
contemporánea" a lo que luego se conocería como "Rock Nacional". Si bien
el objetivo unificador era la música, desde aquella asamblea inicial
habían comenzado a concurrir militantes del ala estudiantil del PRT, como
"Chicho" Corvalán, Leonardo, Sofía, Coli Bader; Montoneros, como Juan
Perié; miembros del Poder Joven, como Eduardo Martínez, Pancho Aragonés y
otros. También Julio Carreras (h), de quien surgiera la propuesta
organizativa, tenía intención de politizar al grupo desde su origen. En
ese momento se había alejado del peronismo que por tradición familiar lo
influyera, y trabajaba sin afiliarse con el PSP (Partido Socialista
Popular). Precisamente por sugerencia de Guillermo Bravo, dirigente de la
juventud del PSP, Julio lanzó la propuesta de formar este movimiento. La
idea era crear una corriente organizada que confluyera con el resto de los
sectores populares que estaban luchando en ese momento para desterrar la
dictadura y ampliar los espacios de participación popular. Esta
agrupación concretaría exitosamente el Primer Recital de Música
Contemporánea, en la biblioteca Francisco de Aguirre, el 2 de julio de
1972. El lugar había sido elegido con toda deliberación: estaba situado en
Villa Constantina, por aquel entonces una barriada popular muy numerosa,
pues el propósito era quitar al centro - donde vivían los ciudadanos más
pudientes, siempre privilegiados para el acceso a los espectáculos- su
carácter de eje de toda actividad. Con el local al aire libre repleto
de jóvenes, que habían venido de todas partes, y hasta gente que no había
podido entrar y miraba desde las tapias, los grupos -todos formados por
músicos profesionales, que se habían reorganizado para SER-, las canciones
elevaban proclamas revolucionarias, loaban al Ché, o hablaban de los
derechos de la mujer, los jóvenes, en fin, todas las reivindicaciones
sociales que por entonces se defendían desde el campo popular. El
"locutor" -Coli Bader-, constantemente leía apelaciones al socialismo, a
la lucha contra la dictadura y el imperialismo, a formar un ejército
popular. Mario Giribaldi, militante de izquierda, subió al escenario para
leer una adhesión del Movimiento Nacional de Solidaridad con los Presos
Políticos. Su hermano estaba preso en la cárcel de Rawson, junto con Mario
Santucho. También se pedía por la libertad de los santiagueños Irurzun,
Astudillo, Di Chiara, Ana María Lescano y otros. Unos días después se
lanzó el primer número de la revista SER y se consiguió un local para las
reuniones. Era una vieja casa, muy cerca del regimiento, prestada a Lucky
Gómez por un familiar emigrado a buenos Aires. A media cuadra del
regimiento, pues, comenzó a funcionar con reuniones diarias un grupo -cuyo
número de participantes variaba normalmente entre unos quince y cincuenta,
en casos especiales, más-, de donde iban a surgir muchas células
guerrilleras luego, particularmente del ERP. Eduardo Hisse, era el
responsable que el PRT había designado para tratar de acercar miembros de
SER a ese partido revolucionario. Precisamente el factor político sería
motivo de división profunda en el grupo. Julio y Clara habían participado,
en mayo de ese año, de una movilización estudiantil que desembocó en la
conflictiva toma de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
Católica. La pareja había asumido la representación de SER. Todos los
participantes de aquella toma de facultad fueron detenidos al amanecer,
por una horas. Al publicarse el nombre de las organizaciones
participantes, esa mañana en los diarios, algunos miembros de SER no
estuvieron de acuerdo con llevar al grupo hacia los planos políticos. Así
se lo manifestaron esa misma tarde Laly y Juan Navarro, referentes del
grupo a quienes Julio y Clara llamaban "los hippies". Luego del recital
las diferencias se ahondaron. Julio, quien fuese elegido para conducir al
conjunto de los sectores desde el principio, recibía presiones de todas
partes. Por un lado, estaban los militantes del PRT que habían ingresado
al grupo para captar adherentes, con quienes Julio tuvo varias
confrontaciones (aunque él mismo terminó adhiriendo a ese sector más
tarde, pero por su amistad con Francisco René Santucho). Luego había
militantes del PSP, MOR (Partido Comunista), JP y otros. Por otra parte,
estaba un numeroso grupo de "hippies", quienes sólo querían hacer música y
practicar el amor libre. La gran mayoría no se inclinaba ni por unos ni
otros, pero prefería mantener distancia de las organizaciones
guerrilleras, más por temor personal que por disidencias. La
masacre de Trelew dividiría definitivamente las aguas. Julio y Clara
consideraron que debían condenar la ignominia públicamente, a través de un
comunicado. La mitad de los miembros de SER los acompañaron. Pero los
hippies ganaron la votación por cuatro o cinco votos. En esa oportunidad
la pareja decidiría incorporarse activamente al PRT-ERP. Fueron destinados
a una célula donde participaban María Rosa Di Chiara, Mario Giribaldi con
su novia y Mario Mignani. Finalmente el grupo SER se dividió; por
un lado fueron los jóvenes que integrarían su actividad a partidos o
movimientos revolucionarios. Por otro lado, quienes seguirían usando el
nombre SER por un par de años más, pero sólo harían recitales y formarían
una comunidad, donde compartían todo, incluso sus parejas y organizaban
fumatas. En ese 1972 una serie de películas de Leonardo Favio y
otros directores argentinos impulsaban los inicios de lo que sería un
potente renacimiento del cine argentino. Pero en donde más se percibía la
fuerza de los movimientos revolucionarios -hablando del plano cultural-
era en el ámbito de las publicaciones. Una gran cantidad de revistas
-Cristianismo y Revolución, Los Libros, Nuevo Hombre-, y libros de
contenido revolucionario habían inundado el país. Lo más importante es que
eran devorados ávidamente por miles de lectores. Las obras completas de
Lenin y Trotsky, publicadas por el partido Comunista Argentino en edición
económica, constituían un aporte extraordinario a la conciencia popular.
De fácil acceso, por su precio económico, presentaban una muy cuidada
edición, que los convertía en valiosas herramientas de
investigación. Precisamente a través de su trabajo como corresponsal en
Santiago de la revista Nuevo Hombre, fue que Julio, al quedar fuera de SER
y luego de la muerte de Clara, fue contactado para ofrecerle un puesto de
redactor en la revista Posición, que hacía mediados de años había
comenzado a distribuirse aquí. Era una revista cordobesa, con 5.000
ejemplares de tirada quincenal, que representaba los intereses del Frente
Antiimperialista por el Socialismo. Debido a ello, el joven periodista
-improvisado, como lo llamaría luego una abogadilla- se trasladó a
Córdoba.
* Zappada. Se
llamaba de tal manera en los 70 a las reuniones de músicos para tocar
libremente, donde cada uno llevaba sus instrumentos y los aportaba para el
uso colectivo. Se improvisaba durante horas, los músicos que se cansaban
dejaban su sitio a otros, pero es quedaban por allí conversando, tomando
algo, etcétera; generalmente se hacía jazz y rock.
La masacre de Trelew
El 22 de
agosto de 1972 en la base naval Almirante Zar fueron asesinados 16 presos
políticos que habían sido trasladados allí, seis días antes, luego de que
se efectivizara una acción conjunta de las organizaciones Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR), Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y
Montoneros, que permitió la evasión de seis Jefes guerrilleros recluidos
en la cárcel de Trelew quienes, tras abordar un avión civil previamente
secuestrado por un grupo comando, lograron refugiarse en Chile, gobernado
por el socialista Salvador Allende. La fuga era vital para los
guerrilleros pues se trataba de cuadros principales y jefes de
organizaciones que los necesitaban imperiosamente podrían fortalecer la
lucha armada contra el régimen. Los hombres del ERP, FAR y Montoneros
dirigieron la acción y prepararon las listas, dando prioridad para fugar a
los jefes de cada organización. Los que consiguieron concretarlo y
desembarcar en Chile fueron: Marcos Osatinsky, Roberto Quieto -FAR- Mario
Roberto Santucho, Domingo Menna, Gorriarán Merlo -ERP- y Fernando Vaca
Narvaja -Montoneros. El objetivo trazado -la fuga masiva de 110
combatientes- no pudo concretarse con total éxito, razón por la cual un
contingente integrado por los ya mencionados, que no logró arribar a
tiempo al aeropuerto, decidió rendirse el 16 de agosto ante un juez,
autoridades militares y la prensa, no sin antes exigir que se le
garantizara su seguridad. El capitán de corbeta Luis Emilio Sosa
comprometió su palabra en este sentido, escena que fue presenciada y
corroborada por el coronel retirado Luis César Perlinger, cuyo testimonio
en el que destacaba la humanidad y capacidad militar de los insurgentes,
fue sancionado con un arresto. Violando sus promesas, los marinos
sometieron a los prisioneros a un régimen de terror. En la noche del lunes
21 se les impartió una orden insólita: salir de sus celdas con la vista
fija en el piso y detenerse ante la puerta en dos hileras de a uno en
fondo. Fue entonces cuando los uniformados comenzaron a disparar sus
ametralladoras. Recién al amanecer comenzó a pergeñarse la versión oficial
de los sucesos, según la cual el montonero Mariano Pujadas habría
intentado arrebatarle la pistola a Sosa, fábula que sirvió para explicar
la brutalidad de la masacre. Esta sería una treta frecuentemente utilizada
luego, durante la dictadura militar que sobrevendría en 1976. Pero María
Antonia Berger, Alberto Camps y Ricardo Haidar, aunque malheridos,
salvaron sus vidas por un descuido de sus verdugos, la dictadura militar
de Lanusse los mantuvo incomunicados y sólo permitió que la televisión
mostrara sus imágenes sin sonido, al tiempo que instauraba una férrea
censura de prensa. A tal punto llegó su ensañamiento que el tristemente
célebre comisario Alberto Villar -luego jefe de policía de Perón y uno de
los mentores de la Triple A- irrumpió con tanquetas en la sede del Partido
Justicialista donde se velaban los cadáveres de tres de los guerrilleros
asesinados. Allí no terminó todo. La sede de la Asociación Gremial de
Abogados fue dinamitada, se exterminó a las familias de Clarisa Lea Place,
Roberto Santucho y Mariano Pujadas, la mayor parte de los hermanos y
hermanas de los fusilados están hoy desaparecidos y el letrado Mario
Amaya, que escoltó con su auto al ómnibus de la armada que el 16 trasladó
a los detenidos hasta la base naval, fue asesinado durante la última
dictadura. La masacre de Trelew fue, sin duda, el hito inicial del
luctuoso camino que conduciría al mayor genocidio de la historia
argentina. Los que no pudieron escapar y posteriormente serían
fusilados fueron: Carlos Heriberto Astudillo -santiagueño- FAR, Rubén
Pedro Bonet -ERP-, Eduardo Adolfo Capello -ERP-, Mario Emilio Delfino -
ERP- , Alberto Carlos del Rey -ERP- , Alfredo Elías Kohon -ERP-, Clarisa
Rosa Lea Place -ERP-, Susana Adriana Lesgart -Montoneros- , José Ricardo
Mena -ERP -, Miguel Angel Polti -ERP-, Mariano Pujadas -Montoneros-, María
Angélica Sabelli -FAR- , Ana María Villarreal de Santucho -ERP-, Humberto
Segundo Suárez -ERP-, y Humberto Adrián Toschi -ERP-. Tres
lograron sobrevivir, pero años más tarde, en la época del llamado Proceso
de Reorganización Nacional serían igualmente asesinados. Ellos fueron:
Ricardo René Haidar, Miguel Ángel Camps y María Antonia Berger. Los
combatientes que no pudieron escapar brindaron una conferencia de prensa
en el aeropuerto de Trelew el 15 de Agosto de 1972. Los designados para
hablar fueron: Bonet por el ERP, Pujadas por Montoneros y Berger por las
FAR. He aquí sus declaraciones: "Bonet: agradecemos al periodismo, a
todas las personas que se encuentran acá y que han colaborado con nosotros
para que las cosas se hagan lo mejor posible. Nuestra decisión en éstos
momentos es entregarnos; para eso llamamos al juez, hemos llamado a
abogados y los hemos llamado a Uds. a los que agradecemos su
presencia. "Periodista: Para la gente que está acá, ¿cuáles son sus
condiciones? "Pujadas: Entregarnos incondicionalmente, en éstos
momentos nuestra lucha es bien demostrativa de que no tenemos ninguna
intención de hacer daño a los civiles. "Periodista: ¿Su opinión
sobre el gobierno actual? "Bonet: Es una dictadura militar al servicio
de los monopolios. "Periodista: ¿Solución que dan las organizaciones
armadas, con las distintas siglas, a la situación del país? "Bonet:
Continuar con la guerra revolucionaria. "Periodista: ¿Todo por vía
violenta? "Pujadas: La vía no la ponemos nosotros. La pone el régimen
cuando proscribe la voluntad del pueblo. "Berger: Nosotros no hemos
elegido la violencia por la violencia misma. Pero vemos que es el único
camino que nos queda" (51)
Fugaz retorno de
Perón
1972 fue un año sumamente intenso, en el cual cada día se
generaban noticias de gran importancia a lo largo y ancho de todo el país.
Las organizaciones armadas asestaban golpe tras golpe, cada vez de mayor
importancia, y con éxito creciente. El ERP (Ejército Revolucionario del
Pueblo) era el más activo y poderoso. En Córdoba -uno de sus bastiones-
logró copar el batallón 141 de Combate e incautar gran cantidad de armas;
luego, un comando de esa misma guerrilla tomó la Cárcel del buen Pastor, y
liberó a un grupo numeroso de guerrilleras detenidas allí. El 21 de
Marzo, el ERP secuestró al presidente de la FIAT, Oberdan Sallustro. Una
serie de desaciertos de ambas partes iba a terminar con la muerte de este
alto ejecutivo. Pese a la importancia que el representante de la empresa
internacional tenía para el país, el general Lanusse decidió no negociar
con la guerrilla, considerando que esta actitud sería interpretada como
una debilidad de su parte. El ERP solicitaba una alta "indemnización" por
parte de la FIAT, en primer lugar a los obreros despedidos, además de la
reincorporación de ellos y una serie de reivindicaciones que incluían una
suma destinada al financiamiento de la guerrilla. La dirección
internacional de la FIAT expresó públicamente su aceptación de las
condiciones, pero los militares dijeron que no iban a permitir más
concesiones a la guerrilla. Esto colocó a los combatientes en una
situación muy difícil, pues se lanzaron gigantescos operativos militares y
policiales en todo el país, para rastrillar el terreno en su busca. Así
fue que viéndose cercados por un grupo de la policía, el comando que
mantenía prisionero a Sallustro lo eliminó para evitar su caída en manos
de las fuerzas conjuntas. El 10 de Abril, también el ERP, ejecutó al
Tte. Gral. Juan Carlos Sánchez, militar que había participado activamente
en la represión y torturas a militantes en Rosario. Agosto trajo la ya
narrada fuga de Rawson y la masacre de Trelew y el gobierno comenzó a
preocuparse muy seriamente, pues temía "que se produzca una amalgama
insurreccional que coordine las movilizaciones urbanas con las
guerrilleras, en razón de que el potencial militante de la novísima
izquierda peronista había crecido en número y calidad vertiginosamente"
(52). Es que la apertura que representaba el GAN no implicaba la
renuncia de la dictadura a aplastar el sindicalismo combativo y el
movimiento revolucionario y popular. En efecto, nada indica que Lanusse
haya sido menos violento que el propio Onganía, pero a diferencia de éste,
que cultivaba un nacionalismo clerical, Lanusse, como lo había hecho antes
el general Pedro Eugenio Aramburu, evitaba las posturas abiertamente
militaristas y guardaba una actitud abierta frente a los reclamos
democrático-institucionales y ante la dirigencia política
tradicional. Esta circunstancia ya se había expresado tras el
derrocamiento de Perón en 1955, cuando Aramburu -que había reemplazado al
general Eduardo Lonardi tras un golpe de estado interno- dispuso el
fusilamiento de militares y civiles peronistas tras el frustrado
levantamiento de l956. Las posiciones favorables a una apertura
electoral les permitieron a los liberales ejercer una capacidad
negociadora y exhibir una ductilidad política de la que los nacionalistas
carecían. Lanusse siempre tuvo a mano políticos encumbrados que
convalidaron su presunta fe democrática y enmascaró las medidas más
violentas y represivas de su gobierno con una habilidad que lo ponía a
cubierto. Así, la masacre de Trelew fue atribuida a una decisión de la
Armada; las desapariciones, al entonces ministro de Defensa, Rafael
Cáceres Monié, y cuando la movilización popular forzó la legalización de
la detención de Eduardo Jozami, por entonces dirigente del sindicato de
los periodistas porteños, el propio general -en una cínica actitud- hizo
público su beneplácito. Durante éste período, hubo en todos los lugares
del país un símbolo y una consigna que identificó el retorno de Perón: una
P encerrada dentro de una V que se traducía en: Perón Vuelve. La consigna
era: Luche y Vuelve. Viendo a Lanusse en aprietos, el viejo caudillo ponía
cada vez más condiciones para su regreso. Remitió, su Plan de diez puntos
al gobierno y consideró vital que se esté de acuerdo con dicho plan para
que su acogida sea pacífica. Héctor J. Cámpora fue el encargado de hacerlo
conocer al país, a través de la Televisión. "El jefe justicialista reclama
solicitud a su propuesta de 10 puntos y recalca que no cederá a presiones
y asegura que estará en la patria cuando el comando táctico lo indique.
También manifiesta que viene en son de paz". (53). Sin embargo, no todos,
en especial las organizaciones armadas, sacaron una única lectura de dicha
postura. "Los Montoneros reaccionaron diciendo que es una táctica genial
de Perón, que se encuadraba dentro de una estrategia de Guerra
Revolucionaria. Los sectores moderados del Movimiento opinaron que Perón
estaba usando a la juventud y a la guerrilla para presionar a los
militares" (54) Pero la crítica más fuerte al documento, vino del ERP.
Los guerrilleros marxistas le reprocharon que "en éstos momentos en que
las luchas heroicas que el pueblo libró en las calles de todas las grandes
ciudades del país, y los certeros golpes que las organizaciones armadas
asestaron al enemigo, habían castigado duramente a los militares y a los
explotadores. Cuando la dictadura se tambalea al borde del precipicio, el
Gral. Perón le tiende la mano para ayudarla a salir de ésa difícil
situación. El Gral. Perón le ofrece la conciliación y el diálogo. Ningún
patriota, ningún revolucionario, puede conciliar con la dictadura militar
asesina. Al proponer el plan de diez puntos, el Gral. Perón está
negociando con la sangre de los caídos. Los diez puntos de Perón, no están
al servicio del pueblo, no están al servicio de la revolución; están al
servicio de los explotadores, al servicio de la contrarrevolución"
(55) Por su parte, también el Presidente Lanusse consideró indigeribles
las bases del ex presidente y manifestó que Perón "no regresa porque no le
da el cuero". Bajo esas premisas la Tendencia peronista se movilizó y
preparó el operativo retorno. Rodolfo Galimberti, representante de la
juventud en el Consejo Superior Justicialista y el novísimo Secretario
General del Movimiento, Juan Manuel Abal Medina, se reunieron en Madrid
con el viejo caudillo y juntos, organizaron el retorno. Luego de tantas
conjeturas e hipótesis que se manejaron sobre el regreso, para los
primeros días de Noviembre se sabía fehacientemente que Perón retornaba.
Los militares dieron a conocer a la población que no iban a permitir
demostraciones por la venida de Perón. El argumento se sustentó en el
estado de sitio que regía. "El viernes 17 de noviembre, a pesar del
autotitulado arrebato de disuasión, marchan a Ezeiza miles de personas.
Los manifestantes, en su mayoría obreros y estudiantes jóvenes, tratan de
alcanzar el aeropuerto, siendo impedidos por barreras militares y
policiales. Cuando Perón y su comitiva aterrizan, el perímetro de la
aeroestación está bajo un mecanismo militar de magnitud nunca vista" (56).
A diferencia de 1964, cuando fue obligado a regresar a España desde
Brasil, esta vez Perón acaricia el triunfo y el cariño de su pueblo. Sin
embargo, ya se lo nota anciano y cansado, un factor que como se verá los
delincuentes de su entorno, los derechistas y los militares aprovecharán
más tarde, y muy bien. Perón estuvo en el país alrededor de un
mes, durante el cual recibió visitas importantes como la del viejo
caudillo radical: Ricardo Balbín sellando una reconciliación con su más
enconado adversario. También se efectuó reuniones donde instruyó a sus
huestes acerca de la fórmula electoral peronista. Posteriormente realizó
una gira por latinoamérica, declarando que no regresaría a la Argentina
hasta los tramos finales de la campaña electoral.
El
revolucionarismo "prudente" de Franja Morada
La juventud
estudiantil nucleada en Franja Morada respiraba los vientos de los 70,
pero con un registro propio. Formado por jóvenes radicales, hijos de
radicales, este espacio estudiantil se definía por su obstinada adhesión a
la formalidad democrática pese al marco de violencia impuesto por la
dictadura. Su figura paradigmática más reciente había sido Arturo Illia.
Con él, el radicalismo tomó distancia del conservadurismo de Ricardo
Balbín y volvió a vincularse con posiciones antioligárquicas como el
proyecto de gravar la Renta Normal y Potencial de la Tierra y el toque de
nacionalismo yrigoyenista frente al problema petrolero, la deuda externa,
la Ley de Medicamentos y la vuelta a la neutralidad en la crisis de Santo
Domingo. Si en el pasado la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde
fueron manchas oscuras, la Reforma del 18 le dio color al movimiento
yrigoyenista. Y Franja Morada heredó esos paradigmas, en tanto que Illia
trancó la relación con los sectores golpistas cuando se negó a intervenir
las Universidades. Si bien la Franja no se caracterizaba por su fuerza
movilizadora, se enfrentó a su modo a la dictadura de Onganía. El
estudiante de ingeniería Alonso, que militaba en sus filas, fue el gran
orador de la asamblea estudiantil que en el Pabellón Argentina de la
Universidad de Córdoba propuso en 1966 la huelga de repudio a la
intervención a las Universidades. Franja Morada no tuvo una
actitud hostil pero tampoco alentó los organismos de representación
directa, como los cuerpos de delegados, a través de los cuales se
expresaba democráticamente un movimiento estudiantil en creciente
movilización. Los cordobazos, las puebladas y las revueltas en
que los estudiantes desarrollaban formas de autodefensa junto a los
obreros, no le hicieron mella hasta el punto de alentar algún tipo de
experiencia armada. Los franjas soportaron un papel más que secundario en
los momentos de enfrentamiento abierto en la lucha antidictatorial. Cuando
los centros estudiantiles comenzaron a normalizarse y el voto recuperó un
espacio institucional en la Universidad, demostraron ser una fuerza con
poder de negociación. Fue entonces que "Fredi" Storani pasó a encabezar la
FUA. Siempre se recordará a Ernesto Caimán Aracena, de traje
oscuro, corbata y zapatos al tono, toda una excentricidad en las asambleas
de Filosofía de Córdoba, respetuoso del ambiente guevarista, haciendo uso
de la palabra para sentar sus posiciones. Luego vinieron las elecciones en
los centros estudiantiles y, para sorpresa de todos, Aracena ganó por
muerte el centro de la Facultad de Derecho de Córdoba. No faltó un amigo
que lo "mandó en cana": el Caimán habría armado la lista pidiendo nombres
prestados; una semana antes. teléfono en mano, "punteó el Padrón" y el
triunfo quedó asegurado. El entusiasmo de los franjas llegaba hasta la
lucha callejera. Más allá de eso, cualquier confrontación los sobrepasaba.
En los cuerpos de delegados, donde la crítica a la Universidad superaba el
gobierno tripartito y avanzaba en el cuestionamiento a los contenidos de
la enseñanza, los franjas no sobresalían pues estas cuestiones escapaban a
sus preocupaciones. Tampoco aportaron a los debates que conmovieron la
militancia activa de la época: carácter del capitalismo dependiente,
estrategias para el desarrollo, procesos revolucionarios, nueva teología,
etcétera. Se aferraban a la reivindicación de los centros de estudiantes,
sabedores de que en el juego electoral pasarían al frente, al menos en las
masivas carreras tradicionales. De ahí que fueran las facultades de
Derecho las que mejor acogían su discurso. Allí se insertaban en sectores
retraídos del movimiento estudiantil que repudiaban a la dictadura y
defendían la Universidad pública, pero tomaban distancia cuando la lucha
se generalizaba en el movimiento popular adquiriendo formas de
organización más radicales.
El avispero
electoral
Durante 1972 se hizo evidente al fracaso de Lanusse
en su política de acercamiento a Perón. Este tratando de distanciarse de
Lanusse reemplazó a su delegado, Paladino, por un hombre incondicional,
Héctor J. Cámpora. La situación interna del país se complicó. Se
produjeron violentas movilizaciones populares en San Juan, Mendoza, Chaco
y Formosa en protesta por el aumento de los servicios públicos, se
intensificaron las actividades guerrilleras tanto del ERP como de
Montoneros. Además continuaba el aumento del costo de vida. En ese
momento Lanusse anunció los puntos básicos del programa de
institucionalización (7 de julio de 1972): los candidatos no podían
desempeñar cargos en el ejecutivo nacional o provincial y debían acreditar
residencia en el país desde el 25 de agosto de 1972, imposibilitando así
la candidatura de Perón y la suya. Perón, durante su breve permanencia
en el país, había coordinado toda la estrategia política de sus huestes
con el objetivo de aislar a Lanusse y formar una coalición que garantizara
el gobierno al justicialismo. Nació así el Frente Justicialista de
Liberación, FREJULI, formado por el MID (movimiento de Intransigencia y
Desarrollo), el Partido Conservador Popular y otras fuerzas
menores. Mientras tanto, el gobierno militar continuaba tomando
importantes medidas. En materia de obras públicas fue puesta en
funcionamiento la central hidroeléctrica del complejo Chocón Cerros
Colorados y se inauguró el puente que une las ciudades de Resistencia y
Corrientes. Modificó el régimen electoral y estableció la elección directa
de presidente, vicepresidente y senadores nacionales con la celebración de
una segunda vuelta si los candidatos no lograban el 50% de los
votos. La proximidad de las elecciones hacía rebullir los
mentideros políticos, donde ya se concertaban todo tipo de alianzas y
componendas para impulsar candidaturas. En el seno del peronismo, se
producían intensos forcejeos. "Los sindicalistas de las 62 Organizaciones,
encabezados por Lorenzo Miguel y José Ignacio Rucci, tenían su candidato:
Antonio Cafiero, ex Ministro de Economía de Perón. Sin embargo Perón, se
reunió en su casa de Gaspar Campos con Juan Manuel Abal Medina y le dio
instrucciones precisas: el candidato tenía que ser Héctor José Cámpora;
pero Abal Medina recién habría de decírselo a Rucci y a Miguel cuando su
avión hubiera despegado" (57). Cámpora no provenía de la JP ni
tampoco formaba parte de las "formaciones especiales", pero se llevaba
bastante bien con las ideas revolucionarias por lo que la JP le dio una
entusiasta acogida. El ala de los sindicalistas reaccionó con desolación a
esta maniobra que los excluía; intentaron enviar una delegación para
entrevistarse con Perón y tratar de que éste revierta el candidato, pero
la suerte ya estaba echada. La campaña electoral del año 1973 iba
a tener como lema la consigna: Cámpora al Gobierno, Perón al Poder. Años
más tarde, Lanusse contó que "Cámpora no podía legalmente ser candidato a
la Presidencia de la Nación, había violado cláusulas expresas con sus
viajes al exterior. Pero toda la sensación que tuvimos fue que Perón había
puesto ese nombre allí especialmente para que lo vetáramos. Con el veto,
vendría a reemplazarlo por un candidato más irritativo, llámese Galimberti
o Julián Licastro, y eso llevaría a una de dos decisiones de las Fuerzas
Armadas: o la suspensión de las elecciones, o la proscripción lisa y llana
del peronismo" (58). El peronismo iba a participar en las elecciones con
la sigla FREJULI -Frente Justicialista de Liberación- a la cual se adhirió
el Partido Conservador Popular aliado con el MID del ex - presidente
Frondizi. Este sector sería representado por Vicente Solano Lima como
candidato a vicepresidente.
Opiniones respecto al
FREJULI
SACERDOTES PARA EL TERCER MUNDO - 20.02.1973 - : "Es
por demás evidente que se están acelerando y agudizando las luchas por la
suerte definitiva de nuestro país. En efecto, el año 2000 nos encontrará
libres o esclavos. La disyuntiva es entonces Liberación o dependencia. Las
luchas por la Independencia tienen una clara y definida línea
histórico-nacional que viene desde el Gral. San Martín hasta el General
Perón, pasando por Juan Manuel de Rosas, los montoneros y caudillos
provincianos e Hipólito Yrigoyen. Así como tienen una vergonzosa línea de
entrega que, viniendo desde Rivadavia hasta Lanusse, pasa por los Urquiza,
los Mitre, los Justo, los Aramburu y Rojas. Es evidente que tendremos que
seguir luchando en pos de la liberación. Pero ésta, se juega actual y
decisivamente en las próximas elecciones del 11 de Marzo, por ello el
FREJULI es la única esperanza del pueblo pobre y oprimido. Nadie puede
humanizarse o realizarse en un país capitalista y una patria dependiente"
(59). F.A.R.: "Cuando hace casi dos años los enemigos del pueblo
tramaron la maniobra del G.A.N., con el propósito de frenar el avance de
la lucha popular, pensaron que los sectores traidores de nuestro
Movimiento les permitirían lograr la complicidad del peronismo en esa
trampa. Pero el Gral. Perón y el Movimiento advirtieron la jugada y dieron
su respuesta: Elecciones sí, pero sin acuerdo. Sabemos que en el Frente y
también en nuestro Movimiento, existen contradicciones que no se superarán
por el simple hecho de marchar juntos en el acto electoral. Sabemos que
hay una buena cantidad de candidatos no representativos del pueblo. Pero
lo importante es que la clase trabajadora y el pueblo peronista, sus
organizaciones revolucionarias y su líder pueden acceder al gobierno por
esa vía, y con su presencia y participación activa podrán impulsar el
cumplimiento de un programa popular y revolucionario"
(60). E.R.P.: "Al votar masivamente por el peronismo en las
próximas elecciones, nuestro pueblo nuevamente se verá defraudado. Porque
las medidas gubernamentales que tomarán, no tocarán los intereses
imperialistas, y esto es así debido a que se trata de un gobierno burgués
dispuesto a defender incondicionalmente los intereses del conjunto de la
burguesía" (61). (Sin embargo, en el ERP se produjo una división,
producto de que un sector anunció su apoyo al FREJULI y el otro se mantuvo
intransigente. Así nació el ERP-22 de Agosto, el cual blanqueó de esta
forma sus actividades en común con la guerrilla peronista, iniciadas
durante el año anterior).
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