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Por Julio Cortázar
Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
pegada te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
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Fragmento de Extracción de la piedra de locura por Ingrid Pelicori |
salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l’Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo
(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d’inanité sonore
Venga, las gomas y los sobres
Venga, una papelería de juguete
Venga, el estuche de lápices
Venga, los cuadernos rayados)
Vení, quedate.
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.
Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse
es tanteste vaso es difícil,
es tanteste fósforo,
y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,
quisieras
insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,
como vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día
abris loNo puede ser, decís, no puede ser.
Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrucate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party para vos, la fiesta entera,
el partyErszebet,
el partyKaren Blixen
ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían
burbujLeonora Carrington, mirala,
burbujUnica Zorn con un murciélago
burbujClarice Lispector, agua viva,
burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison close de telarañas, de Thelonius
que largaonhermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con vo,con las intercesoras
animulaon las iel tabaco
vagulaon las iaAnaïs Nin
blandulaon las vodka tónic
No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en un palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados
etelegramas.
Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,
¿Ves by Natalia Ginzburg, que desteje
¿Ves bel ramo de gladiolos que no trajo.
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café
alguiensu culebra contando
alguenidos terronesontun beso
algueinLéo Ferré
No pienses más en las ventanas
el detráses masel afuera
Llueve en Rangoon—
Llueve en Rangoon—Y qué.
Aquí los juegos. El murmullo
Aqui lo(Consonantes de pájaro
Aqui lovocales de heliotropo)
Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon. Aquí los juegos.
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Extracción de la piedra de locura
I
(1966)
VÉRTIGOS
O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA
Esta lila se deshoja,
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.
LINTERNA SORDA
Los ausentes soplan y la noche es densa. La noche tiene el color de los párpados
del muerto.
Toda la noche hago la noche. Toda la noche escribo. Palabra por palabra yo escribo
la noche.
PRIVILEGIO
I
Ya he perdido el nombre que me llamaba,
su rostro rueda por mí
como el sonido del agua en la noche,
del agua cayendo en el agua.
Y es su sonrisa la última sobreviviente,
no mi memoria.
II
El más hermoso
en la noche de los que se van,
oh deseado,
es sin fin tu no volver,
sombra tú hasta el día de los días.
CONTEMPLACIÓN
Murieron las formas despavoridas y no hubo más un afuera y un adentro. Nadie estaba
escuchando el lugar porque el lugar no existía.
Con el propósito de escuchar están escuchando el lugar. Adentro de tu máscara relampaguea
la noche. Te atraviesan con graznidos. Te martillean con pájaros negros. Colores
enemigos se unen en la tragedia.
NUIT DU COEUR
Otoño en el azul de un muro: sé amparo de las pequeñas muertas.
Cada noche, en la duración de un grito, viene una sombra nueva. A solas danza la
misteriosa autónoma. Comparto su miedo de animal muy joven en la primera noche de
las cacerías.
CUENTO DE INVIERNO
La luz del viento entre los pinos, ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?
Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.
Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana
en complicidad con el viento de la medianoche.
EN LA OTRA MADRUGADA
Veo crecer hasta mis ojos figuras de silencio y desesperadas. Escucho grises, densas
voces en el antiguo lugar del corazón.
DESFUNDACIÓN
Alguien quiso abrir alguna puerta. Duelen sus manos aferradas a su prisión de huesos
de mal agüero.
Toda la noche ha forcejeado con su nueva sombra. Llovió adentro de la madrugada
y martillaban con lloronas.
La infancia implora desde mis noches de cripta.
La música emite colores ingenuos.
Grises pájaros en el amanecer son a la ventana cerrada lo que a mis males mi poema.
FIGURAS Y SILENCIOS
Manos crispadas me confinan al exilio.
Ayúdame a no pedir ayuda.
Me quieren anochecer, me van a morir.
Ayúdame a no pedir ayuda.
FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO
I
Las fuerzas del lenguaje son las damas solitarias, desoladas, que cantan a través
de mi voz que escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa
de música ancestral. ¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz
de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida en mí con
su máscara de loba. La que no pudo más e imploró llamas y ardimos.
II
Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen,
yo hablo.
Las damas de rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán para sollozar
entre flores.
No es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del
silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.
III
La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema
y yo he de decirlo. Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.
SORTILEGIOS
Y las damas vestidas de rojo para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo,
agazapadas como fetos de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres
de rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón que apenas pudo
nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola cómo se hace para beber y comer
y respirar y a mí que nadie me enseñó a llorar y nadie me enseñará ni siquiera las
grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con babas rojizas y velos
flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré y ahora vienen
a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos
y sonríe pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está por más que
sonría y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo
y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.
II
(1963)
UN SUEÑO DONDE EL SILENCIO ES ORO
El perro del invierno dentellea mi sonrisa. Fue en el puente. Yo estaba desnuda
y llevaba un sombrero con flores y arrastraba mi cadáver también desnudo y con un
sombrero de hojas secas.
He reunido muchos amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.
TÊTE DE JEUNE SILLE (ODILON REDON)
de música la lluvia
de silencio los años
que pasan una noche
mi cuerpo nunca más
podrá recordarse
A André Pieyre de Mandiargues
RESCATE
Y es siempre el jardín de lilas del otro lado del río. Si el alma pregunta si queda
lejos se le responderá: del otro lado del río, no éste sino aquel.
A Octavio Paz
ESCRITO EN EL ESCORIAL
te llamo
igual que antaño la amiga al amigo
en pequeñas canciones
miedosas del alba
EL SOL, EL POEMA
Barcos sobre el agua natal.
Agua negra, animal de olvido. Agua lila, única vigilia.
El misterio soleado de las voces en el parque. Oh tan antiguo.
ESTAR
Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que no muera
sin volver a verte.)
LAS PROMESAS DE LA MÚSICA
Detrás de un muro blanco la variedad del arcoiris. La muñeca en su jaula está haciendo
el otoño. Es el despertar de las ofrendas. Un jardín recién creado, un llanto detrás
de la música. Y que suene siempre, así nadie asistirá al movimiento del nacimiento,
a la mímica de las ofrendas, al discurso de aquella que soy anudada a esta silenciosa
que también soy. Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar y
le fue concedido. Es la música, es la muerte, lo que yo quise decir en noches variadas
como los colores del bosque.
INMINENCIA
Y el muelle gris y las casas rojas Y no es aún la soledad Y los ojos ven un cuadro
negro con un círculo de música lila en su centro Y el jardín de las delicias sólo
existe fuera de los jardines Y la soledad es no poder decirla Y el muelle gris y
las casas rojas.
CONTINUIDAD
No nombrar las cosas por sus nombres. Las cosas tienen bordes dentados, vegetación
lujuriosa. Pero quién habla en la habitación llena de ojos. Quién dentellea con
una boca de papel. Nombres que vienen, sombras con máscaras. Cúrame del vacío -dije.
(La luz se amaba en mi oscuridad. Supe que no había cuando me encontré diciendo:
soy yo.) Cúrame -dije.
ADIOSES DEL VERANO
Suave rumor de la maleza creciendo. Sonidos de lo que destruye el viento. Llegan
a mí como si yo fuera el corazón de lo que existe. Quisiera estar muerta y entrar
también yo en un corazón ajeno.
COMO AGUA SOBRE UNA PIEDRA
a quien retorna en busca de su antiguo buscar
la noche se le cierra como agua sobre una piedra
como aire sobre un pájaro
como se cierran dos cuerpos al amarse
EN UN OTOÑO ANTIGUO
¿Cómo se llama el nombre?
Un color como un ataúd, una transparencia que no atravesarás.
¿Y cómo es posible no saber tanto?
A Marie-Jeanne Noirot
III
(1962)
CAMINOS DEL ESPEJO
I
Y sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.
II
Pero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro
del borde filoso de la noche.
III
Como una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.
IV
Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.
V
Todos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que
abandona el viento en el umbral.
VI
Cubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que
fuiste.
VII
La noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.
VIII
Y la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía,
recuerdo.
IX
Caer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.
X
Como quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé.
Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.
XI
Al negro sol del silencio las palabras se doraban.
XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy
sola. Hay alguien aquí que tiembla.
XIII
Aun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba
yo?
Deseaba un silencio perfecto.
Por eso hablo.
XIV
La noche tiene la forma de un grito de lobo.
XV
Delicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui
en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al
viento.
XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién
me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.
XVII
Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
XVIII
Flores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.
XIX
Deslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas,
una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo.
Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender
lo que dice mi voz.
IV
(1964)
EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LOCURA
Elles, les ámes (...), sont malades et elles souffrent et nul ne leur
porte-reméde; elles sont blessées et brisées et nul ne les panse.
RUYSBROECK
La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca
del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en
el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores
de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.
Hablo como en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino la
otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosque.
Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo,
ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy
debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas
otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no
es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava para ocultar
tu corona ¿otorgada por quién? ¿quién te ha ungido? ¿quién te ha consagrado? El
invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado
a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes.
No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla
de ti como si fuese una piedra a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas
las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre
la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de
la luna no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de
lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante
de tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de
tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla
del silencio.
De repente poseída por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar,
busqué el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma de defensa,
o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué en todas mis memorias y nada, nada
debajo de la aurora de dedos negros. Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es
conjurar y exorcizar. A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber. No quiero
más que un silencio para mí y las que fui, un silencio como la pequeña choza que
encuentran en el bosque los niños perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser de mí si nada
rima con nada.
Te despeñas. Es el sinfín desesperante, igual y no obstante contrario a la noche
de los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el fin de
las aguas.
Sin el perdón de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo
morir.
En ti es de noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres.
Corazón de la noche, habla.
Haberse muerto en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta
como un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.
Hubiese querido más que esto y a la vez nada.
Va y viene diciéndose solo en solitario vaivén. Un perderse gota a gota el sentido
de los días. Señuelos de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida
del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba deposita
a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima de cirios acechados por
un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún dormido la oye. Todas las pestes y
las plagas para los que duermen en paz.
Esta voz ávida venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas de
pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la tierra y que la tierra
se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando
te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles
el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.
Las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable
del cuerpo.
Si de pronto una pintura se anima y el niño florentino que miras ardientemente extiende
una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha de ser un objeto
a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser distintos. Yo estoy fuera
del marco pero el modo de ofrendarse es el mismo.
Briznas, muñecos sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño
un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes. Un momento antes,
con bellísimos atavíos y parches negros en el ojo, los capitanes saltaban de un
bergantín a otro como olas, hermosos como soles.
De manera que soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora tengo miedo
a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas, no un tesoro bien
enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas pequeñas figuras azules y doradas
gesticulan y danzan (pero decir no dicen), y luego está el espacio negro -déjate
caer, déjate caer-, umbral de la más alta inocencia o tal vez tan sólo de la locura.
Comprendo mi miedo a una rebelión de las pequeñas figuras azules y doradas. Alma
partida, alma compartida, he vagado y errado tanto para fundar uniones con el niño
pintado en tanto que objeto a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores
y las formas, me encontré haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo
momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás de mis párpados cerrados.
Sonríe y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo entro por
su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma de su mano cierra
sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós oh adiós.
Como una voz no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos andan
los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un solo pájaro te
había aproximado al calor más agudo. Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor,
mira cómo la pequeña calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul
se balancea con hojas secas que tiemblan en torno de ella. Grietas y agujeros en
mi persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los quemados
el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo
restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de muerte. Y es sin gracia, sin
aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía a una causa primera: un grito, un soplo,
un respirar entre dioses. Yo relato mi víspera, ¿Y qué puedes tú? Sales de tu guarida
y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a salir y
no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del soplo de los dioses.
No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como
cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.
Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta
abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja
en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta,
con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba
una casa, un árbol, el sol y un animal.
Si no vino es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su venida.
Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres? Un transcurrir de fiesta delirante,
un lenguaje sin límites, un naufragio en tus propias aguas, oh avara.
Cada hora, cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros
y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este poema si no es
desanudar mi garganta.
Rápido, tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y yo me deshago.
Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño el rey moría de amor por mí.
Aquí, pequeña mendiga, te inmunizan. (Y aún tienes cara de niña; varios años más
y no les caerás en gracia ni a los perros.)
mi cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
y de mi ser confusos y difusos
mi cuerpo vibraba y respiraba
según un canto ahora olvidado
yo no era aún la fugitiva de la música
yo sabía el lugar del tiempo
y el tiempo del lugar
en el amor yo me abría
y ritmaba los viejos gestos de la amante
heredera de la visión
de un jardín prohibido
La que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos para la infancia más fiel.
A falta de eso -que no es mucho-, la voz que injuria tiene razón.
La tenebrosa luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.
El sueño demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con
una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón y yo lloré la pérdida
de mi único bien, alguien me vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo
posible), mediante palabras simples (dentro de lo posible), palabras buenas y seguras
(dentro de lo posible). Me adueñé de mi persona, la arranqué del hermoso delirio,
la anonadé a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en su casa.
¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?
El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en
honor de los demás.
Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis
entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas
fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.
Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿qué pasa? No pasa.
Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores
de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y silencioso al mismo
tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo
plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desaparición de mis
faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie
de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido,
los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera
posible.
Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la madrugada
los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te lo prevengo y te lo previne. Tú te desarmas.
Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije.
De pronto se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú
sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran
hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio
de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del
agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por
qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?
EL SUEÑO DE LA MUERTE O EL LUGAR DE LOS CUERPOS POÉTICOS
Esta noche, dijo, desde el ocaso, me cubrían con una
mortaja negra en un lecho de cedro.
Me escanciaban vino azul mezclado con amargura.
EL CANTAR DE LAS HUESTES DE ÍGOR
Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche escucho el canto
de la muerte junto al río, toda la noche escucho la voz de la muerte que me llama.
Y tantos sueños unidos, tantas posesiones, tantas inmersiones en mis posesiones
de pequeña difunta en un jardín de ruinas y de lilas. Junto al río la muerte me
llama. Desoladamente desgarrada en el corazón escucho el canto de la más pura alegría.
Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque al oír su canto dije:
es el lugar del amor. Y es verdad que he despertado en el lugar del amor porque
con una sonrisa de duelo yo oí su canto y me dije: es el lugar del amor (pero tembloroso
pero fosforescente).
Y las danzas mecánicas de los muñecos antiguos y las desdichas heredadas y el agua
veloz en círculos, por favor, no sientas miedo de decirlo: el agua veloz en círculos
fugacísimos mientras en la orilla el gesto detenido de los brazos detenidos en un
llamamiento al abrazo, en la nostalgia más pura, en el río, en la niebla, en el
sol debilísimo filtrándose a través de la niebla.
Más desde adentro: el objeto sin nombre que nace y se pulveriza en el lugar en que
el silencio pesa como barras de oro y el tiempo es un viento afilado que atraviesa
una grieta y es esa su sola declaración. Hablo del lugar en que se hacen los cuerpos
poéticos -como una cesta llena de cadáveres de niñas. Y es en ese lugar donde la
muerte está sentada, viste un traje muy antiguo y pulsa un arpa en la orilla el
río lúgubre, la muerte en un vestido rojo, la bella, la funesta, la espectral, la
que toda la noche pulsó un arpa hasta que me adormecí dentro del sueño.
¿Qué hubo en el fondo del río? ¿Qué paisajes se hacían y deshacían detrás del paisaje
en cuyo centro había un cuadro donde estaba pintada una bella dama que tañe un laúd
y canta junto a un río? Detrás, a pocos pasos, veía el escenario de cenizas donde
representé mi nacimiento. El nacer, que es un acto lúgubre, me causaba gracia. El
humor corroía los bordes reales de mi cuerpo de modo que pronto fui una figura fosforescente:
el iris de un ojo lila tornasolado; una centelleante niña de papel plateado a medias
ahogada dentro de un vaso de vino azul. Sin luz ni guía avanzaba por el camino de
las metamorfosis. Un mundo subterráneo de criaturas de formas no acabadas, un lugar
de gestación, un vivero de brazos, de troncos, de caras, y las manos de los muñecos
suspendidas como hojas de los fríos árboles filosos aleteaban y resonaban movidas
por el viento, y los troncos sin cabeza vestidos de colores tan alegres danzaban
rondas infantiles junto a un ataúd lleno de cabezas de locos que aullaban como lobos,
y mi cabeza, de súbito, parece querer salirse ahora por mi útero como si los cuerpos
poéticos forcejearan por irrumpir en la realidad, nacer a ella, y hay alguien en
mi garganta, alguien que se estuvo gestando en soledad, y yo, no acabada, ardiente
por nacer, me abro, se me abre, va a venir, voy a venir. El cuerpo poético, el heredado,
el no filtrado por el sol de la lúgubre mañana, un grito, una llamada, una llamarada,
un llamamiento. Sí. Quiero ver el fondo del río, quiero ver si aquello se abre,
si irrumpe y florece del lado de aquí, y vendrá o no vendrá pero siento que está
forcejeando, y quizás y tal vez sea solamente la muerte.
[EN PROTECCION DE LOS DERECHOS DE AUTOR FINALIZA EL FRAGMENTO DE EXTRACCION DE LA PIEDRA DE LOCURA]
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