Biografía de Enrique Pichon Rivière
[Extraído de "Conversaciones con Enrique Pichón Rivière
sobre el arte y la locura", de Vicente Zito Lema, Ediciones Cinco]
De padres franceses y nacido en Ginebra el 25 de Junio de 1907, Enrique
Pichon Rivière llegó a los 3 años a Buenos
Aires, para seguir viaje al Chaco Argentino, luego a Corrientes, donde
su padre trata de trabajar el algodón con ningún
éxito.
En este entorno selvático pasó los primeros años de su vida, entre los
últimos malones de los Guaraníes y la imagen
de su padre colgando sus mejores trajes europeos en un alambre al sol de
la tarde. Primero aprendió a hablar
francés, después guaraní y por ultimo el castellano. Por casualidad, en
la escuela secundaria de Goya tiene su primer
encuentro con la obra de Freud.
Concluidos sus estudios en Goya, provincia de Corrientes, es uno de los
fundadores del Partido Socialista de Goya, y
luego marcha a Rosario (1924) para estudiar medicina. Su primer trabajo
en esa ciudad es como instructor de
modales en un quilombo (prostíbulo), de prostitutas polacas.
De retorno en Goya por cuestiones de salud (la bohemia lo lleva a la
neumonía), ahora prueba suerte en Buenos
Aires, donde conoce y hace amistad con personalidades como Roberto Art,
Conrado Nalé Roxlo, y otros. Interesado
por la poesía lee con avidez a los poetas malditos franceses, Rimbaud y
en especial por Isidoro Ducasse, Conde de
Lautréamont sobre el cual desarrolló una profunda investigación e
indagación de lo siniestro. Entre 1930 y 1931
trabaja como periodista en el diario Critica, realizando notas de arte y
deporte.
En sus estudios de medicina ya desde temprano comprendió que "...toda la
enseñanza era sobre cadáveres. Había
allí una contradicción fundamental, un elegir -tal vez inconsciente- la
muerte. Nos preparaban para los muertos, no
para los vivos." Inicia su práctica como psiquiatra en El Asilo de
Torres, para oligofrénicos, cerca se Luján, provincia
de Buenos Aires. Se muda a Buenos Aires donde trabaja en otro sanatorio
para enfermos mentales y también trabaja
como periodista en el diario Critica (1936). Una vez recibido entra a
trabajar en el Hospicio de la Merced (hoy,
Neuropsiquiátrico José Tomás Borda) donde trabaja durante 15 años.
En el Hospicio de la Merced uno de sus primeros trabajos es el de
organizar grupos de enfermeros e instruirlos en el
trato del paciente ; pues en esos momentos uno de los principales
problemas era el maltrato que por
desconocimiento impartían los enfermeros a los pacientes. En estas
circunstancias desarrolla la técnica del "Grupo
Operativo", "...en esos grupos discutía con los enfermeros los
diferentes casos que había, se trataba así de darles un
panorama general de la psiquiatría. El aprendizaje de los enfermeros fue
sorprendente. Ellos tenían acumulada gran
experiencia, dado que casi todos, habían trabajado años en el Hospicio.
Su dificultad era que no podían
conceptualizar; entonces, esa experiencia no les servía para nada...".
Las condiciones mejoraron grandemente.
Debido a un prolongado paro de enfermeros, debió capacitar a los
enfermos que mejor se encontraban para ocupar
este rol; "...Por ultimo estos internos mejoraban ostensiblemente su
salud mental. Tenían una nueva adaptación
dinámica a la sociedad, especialmente porque se sentían útiles..." Las
posturas reaccionarias de otros profesionales
y la intención de destruir su trabajo lo llevaron a renunciar, no sin
llevarse las vivencias que luego darían coherencia a
sus proyectos. De esta praxis surgen estas reflexiones: "...Existe en
nuestra sociedad, un aparato de dominación
destinado, en ultima instancia, a perpetuar las relaciones de
producción; vale decir relaciones de explotación. Este
aparato de dominación tiene sus cuadros en psiquiatras, psicólogos, y
otros trabajadores del campo de la salud, que
vehiculizan, precisamente, una posición jerárquica, dilemática y no
dilemática de la conducta. Son líderes de la
resistencia a l cambio, condicionantes de la cronicidad del paciente, al
que tratan como un sujeto equivocado desde
un punto de vista racional. Estos agentes correctores, cuya ideología y
personalidad autocrática les impide incluir, una
problemática dialéctica en el vinculo terapéutico, establecen con sus
pacientes relaciones jerárquicas en las que se
reproduce el par dominador - dominado. Se incapacitan, así , para
comprometerse, también ellos como agentes -
sujeto de la tarea correctora..."
Junto a Garma, Carcano y Rascovsky fondan en 1940 la Asociación
Psicoanalítica Argentina (A.P.A.)
Progresivamente va interesándose por la actividad de los grupos en la
sociedad hasta dejar la concepción del
psicoanálisis ortodoxo por el desarrollo de un nuevo enfoque
epistemológico que lo llevará a la Psicología Social.
Migración de la que da cuenta en su libro "Del psicoanálisis a la
psicología social" en el que concibe a la Psicología
Social como una democratización del Psicoanálisis.
Esta tendencia de la Psicología Social tiene como objeto "el estudio del
desarrollo y transformación de una realidad
dialéctica entre formación o estructura social y la fantasía
inconsciente del sujeto, asentada sobre sus relaciones de
necesidad"(E.P.R.). Establece al grupo como campo "en el que se dará la
indagación del interjuego entre lo
psicosocial (grupo interno) y lo sociodinámico (grupo externo), a través
de la observación de los mecanismos de
asunción y adjudicación de roles" (E.P.R.). Establece que la praxis es
para el operador social la que mantendrá las
coincidencias entre las representaciones y la realidad. De la praxis
surge en concepto de Operatividad que
representa lo que para otros Sistemas Conceptuales sería el criterio de
Verdad. "...si enfrentamos una situación
social concreta, no nos interesa solo que la interpretación sea exacta,
sino fundamentalmente , nos interesa la
adecuación en términos de operación. Es decir, de la posibilidad de
promover una modificación creativa o adaptativa
según un criterio de adaptación activa a la realidad."( E.P.R.).
Dentro de su producción conceptual cuestiona el tradicional enfoque en
psiquiatría basada en el par contradictorio
salud - enfermedad, por el de adaptación pasiva - adaptación pasiva,
desplazando el centro de la problemática a la
capacidad transformadora de una realidad dada que posee el ser humano
ante las exigencias del medio. Y nos dice:
"...El sujeto es "sano" en la medida que aprehende la realidad en una
perspectiva integradora y tiene capacidad para
transformar esa realidad transformándose, a la vez, él mismo." "...El
sujeto esta activamente adaptado en la medida
que mantiene un interjuego dialéctico con el medio y no una relación
rígida, pasiva, estereotipada." Rivière toma como
aportes para desarrollar E.C.R.O. de la Psicología Social,
conceptualizaciones de Freud, Melanie Klein, y G. H. Mead
desde la perspectiva intrapsiquica y a Kurt Lewin desde metodología para
investigar en grupos a través de la
investigación activa. Además de los ya citados también forman parte
importante del E.C.R.O. pichoniano los
siguientes conceptos: mundo interno, cono invertido, vectores del cono,
grupo operativo, etc.
Pichon-Rivière
habla sobre Jacques Lacan
[Extractado de la Revista Actualidad Psicológica (Nº 12, diciembre de
1975). El artículo, en forma de entrevista, fue escrito por Pichon
Rivière en base a un cuestionario previo.]
A.P.: Si usted fuera J. Lacan ¿qué autocrítica se haría?.
Dr. Pichon Riviere: Si Pichon Rivière fuera J. Lacan su autocrítica se
realizaría siempre desde la perspectiva de Pichon Riviere, ya que
nuestra amistad no se fundó en identidades, sino en coincidencias, en
una modalidad de pensamiento que como diálogo incluye la discrepancia.
Nos acercó una común pasión por el psicoanálisis, por su desarrollo.
Nuestro encuentro, verdadero "reencuentro" se dio en el congreso de
psicoanalistas de habla francesa (1951) en el que ambos éramos
relatores. Encuentro que coincide con un momento particularmente fecundo
del psicoanálisis francés. No puedo dejar de mencionar a otro gran
amigo: Daniel Lagache, a Hesnard, a Nacht, a Francoise Dolto.
El pensamiento psicoanalítico se abría a la influencia de las corrientes
filosóficas dominantes: la fenomenología, el existencialismo, el
marxismo.
Los aportes de Sartre, Merleau, Ponty, Lefevbre, Politzer, se
incorporaban a nuestros marcos referenciales, en mi caso, marcando un
hito definitivo en la construcción del ECRO.
Me unió a Lacan -entre otras cosas- una convicción militante en relación
a las inmensas posibilidades creativas del pensamiento freudiano. Y
hablo de militancia porque en ese momento la creatividad en el marco de
las sociedades psicoanalíticas significaba enfrentamientos, combate,
quizá ruptura. De todo esto supimos largamente Lacan y yo.
Nuestro encuentro fue un "coup de foudre". Creo que Lacan me sintió
"lacaniano, así como yo lo sentí pichoniano". No somos ni lo uno ni lo
otro, pero Freud, el surrealismo y la cultura francesa fueron las claves
de una amistad inmediata, que permanece inalterable en el tiempo. Así me
lo mostraron nuestros sucesivos encuentros, el último en Paris en 1969.
No mantenemos correspondencia, pero amigos y discípulos, entre ellos
Nasio y Massotta, constituyen un nexo, una vía de comunicación entre
nosotros.
Ustedes me preguntan: si yo fuera Lacan, qué autocrítica me haría; como
decía más arriba, la autocrítica jamás sería tal sino la que surge desde
mi propia perspectiva. Sería entonces el cuestionamiento que desde un
esquema conceptual, referencial y operativo se puede plantear a otro
modelo teórico y operacional.
No es esta la circunstancia para tal polémica, pero en principio
apuntaría mi crítica al idealismo lacaniano, a ese esencialismo que se
desliza en su planteo de la problemática del deseo. Planteo que
encuentro impregnado de la concepción hegeliana del sujeto, como
primariamente, como esencialmente, deseante de deseos. Concepción que
incluye la dialéctica, y en ese sentido permite comprender ciertos
aspectos del desarrollo del sujeto, de su historicidad, de su carácter
relacional, pero que escamotea los fundamentos, las bases materiales de
esa historicidad. En consecuencia la historicidad misma queda soslayada.
En tanto idealista, esencialista, lateraliza el, para mi fundante,
interjuego necesidad – satisfacción. Interjuego intrincado con el
desarrollo de las relaciones sociales, y que, en el aquí y ahora está
determinado y reglado, en última instancia, desde las relaciones
sociales.
Ese sujeto deseante, sujeto del deseo, es, antes que nada, sujeto de la
necesidad y sólo por esto sujeto del deseo. Es a partir del concepto de
necesidad que se esclarece el carácter social e históricamente
determinado de la esencia del sujeto. Es este concepto el que permite
comprender la dialéctica sujeto – mundo. Abordar a ese sujeto en sus
condiciones concretas de existencia en su cotidianidad.
Como Escuela, nos ha interesado, particularmente en el último tiempo,
trabajar la temática de la necesidad, el rol de la contradicción
necesidad – satisfacción en la constitución y desarrollo del sujeto.
Ese trabajo, inserto en el contexto de la reflexión psicológica
contemporánea, reedita imprescindiblemente la polémica
materialismo–idealismo, en tanto la discusión remite al análisis de las
concepciones del Hombre y la Historia desde las que se elaboran los
distintos modelos conceptuales.
Esta preocupación por las ideologías, que como concepciones del hombre y
el mundo subyacen -y en última instancia conforman- los modelos teóricos
no es especulativa, ya que son estas concepciones las que orientan, o
más aún, organizan los criterios de salud y enfermedad. A su vez estos
criterios son los que dan direccionalidad a la acción transformadora de
la relación analítica, acción en la que cobra sentido nuestra reflexión
teórica, a la que a su vez fundamenta.
La pregunta llevó al señalamiento de las discrepancias con Lacan.
Querría subrayar una coincidencia fundamental: la que hace al análisis
de la situación triangular básica y del vínculo como estructura de
relaciones, sistema complejo que incluye la presencia estructurante del
tercero. Utilizo mi terminología, no la de Lacan, pero insisto, este es
un punto de encuentro en lo teórico.
En 1969, discutiendo un trabajo mío, Lacan me preguntaba: "Pour quoi
Psychologie Sociale, pour quoi pas psychanalisé?". Creo que su pregunta
sintetiza las coincidencias y las discrepancias.
El definir a la psicología, en el sentido estricto como social,
significa que se enfatiza el problema del determinante en última
instancia de los procesos psíquicos, el papel que cabe a las relaciones
sociales como condición de posibilidad del orden humano, y por ende del
psiquismo.
Lacan, al entender que mi planteo era psicoanálisis, marcaba la
coincidencia fundamental ya mencionada: la referente a la génesis del
sujeto en el interior de la estructura vincular. El que yo insistiera en
caracterizarlo como psicología social, remite a las diferencias que a mi
entender existen entre la concepción del sujeto relacional del
psicoanálisis, el sujeto relacional de Freud y Lacan, y la concepción
del sujeto agente, productor, protagonista de la Historia, a la vez que
producido, configurado en sistemas vinculares y en tramas más complejas
de relaciones que plantea la Psicología Social que postulamos.
A.P.: Pocos psicoanalistas de nuestro medio tuvieron la oportunidad de
conocer personalmente a Jacques Lacan, ¿cuál es su impresión acerca de
la personalidad de este autor, su estilo de vida y las vivencias que Ud.
recogió de su contacto con Lacan, ya que en la Argentina básicamente se
lo conoce a través de su obra?
Dr. Pichon Rivière: Lacan es un tipo simpatiquísimo, afectuoso,
comunicativo, que sabe muy bien de qué habla y hasta dónde puede llegar
con su interlocutor. No todos tienen esa imagen de Lacan, y creo
comprender por qué sucede esto. El es un hombre que despierta envidia,
rivalidad.
Sentí que mi diálogo con él era profundo. Pudimos, en nuestras charlas,
plantearnos las cosas básicas del psicoanálisis, los temas que hoy
emergen.
Nuestro primer encuentro fue precedido por una situación particular que
permitió un acercamiento mayor.
El primer día de mi llegada a París salí en busca de una dirección en la
que sabía que un siglo atrás había vivido el tutor de Isidore Ducasse,
Conde de Lautreamont M. Davasse. La dirección era 5, rue de Lille. No
encontré allí rastros de Lautreamont ni de Davasse, pero el centro de mi
interés por el conde se centraba allí, en el 5, rue de Lille, en el que
momentáneamente quedaban varadas mis investigaciones.
Al día siguiente se inició el congreso de Psicoanálisis. En esa
inauguración tanto Lacan como yo leemos nuestros relatos. Lacan se
acercó charlamos y me dice: "Lo espero esta noche a comer en casa", y
agregó con cierto aire de broma: "tengo una sorpresa para Ud.". Cuando
leo su tarjeta recibo una sorpresa que no era la preparada por Lacan: su
dirección, 5, rue de Lille. Lacan vivía en la misma casa que yo visitara
la mañana anterior siguiendo los pasos del conde.
El clima de encuentros, de asociaciones, de sorprendentes coincidencias,
el clima mágico, lautremoniano, se instaló entre nosotros. Yo sentía es
noche, mientras caminaba hacia lo de Lacan que iba hacia Lautreamont. Me
decía a mi mismo: "ca marche". Y así fue que la sorpresa programada por
Lacan era la presencia de Tristán Tzara, quien me acaparó esa noche. El
tema no podía ser otro que el Conde de Lautreamont, el punto de partida
de la poesía moderna, el más grande de los poetas, según el surrealismo.
El ídolo de Breton.
He querido con este relato mostrar a J. Lacan. Un hombre sensible,
sutil, refinado, generoso. El conocía mis investigaciones sobre
Lautreamont, podía compartir el doble interés que su obra despierta para
la literatura y para el psicoanálisis, porque en ella se encuentran lo
siniestro con lo maravilloso. Porque en esa obra, "diabólica y extraña,
burlona y aullante, cruel y penosa, en la que se oyen a un mismo tiempo
los gemidos del dolor y los siniestros cascabeles de la locura", como
dijera Darío, se hace presente con violencia inédita, el inconsciente.
El, Lacan, sabía lo que significaba para mí conversar con Tzara, y aún
antes de conocerme personalmente, arregló ese encuentro en su casa de
París, un típico departamento parisién, con las paredes cubiertas con
cuadros de Masson. El surrealismo penetraba desde allí, los muebles
antiguos, los libros en todas partes, también apilados en el suelo, me
dieron un reconfortante sentimiento de familiaridad.
Cuando explicitamos los fundamentos en los que se apoya nuestra postulación de una teoría de la vida psíquica, señalamos como punto de partida al psicoanálisis y al materialismo histórico y dialéctico. Sin embargo, la explicitación no puede detenerse allí. Resulta imprescindible poner de manifiesto los modos de articulación entre ambas fuentes, más aún cuando entendemos que lo que otorga especificidad y validez al planteo no es la yuxtaposición de teorías o la búsqueda de un paralelismo formal en el nivel de los modelos, sino la posibilidad de establecer un corte perpendicular, una intervención crítica en las premisas del discurso psicoanalítico que permita una nueva valoración de sus aportes.
El lugar teórico desde el que proponemos una revisión del esquema conceptual del psicoanálisis e intentamos una fundamentación de la psicología social, es el de la dialéctica materialista, lo que indica la propuesta de un método dialéctico.
La elección de este lugar teórico implica, respecto al psicoanálisis, un cambio de problemática, la apertura de una nueva problemática. Es decir, el planteo a partir de nuevas premisas del problema de los procesos psíquicos. La psicología social que postulamos como teoría de la vida psíquica constituye frente al psicoanálisis un espacio teórico diferente, una óptica distinta, una modificación de las premisas.
Psicoanálisis y psicología social no representarían entonces posibilidades de una misma teoría, sino aparatos conceptuales separados por divergencias fundamentales aun cuando uno aporta sus elementos al otro.
Hablar en este caso de una problemática implica la necesidad de explicitar tanto las premisas en que se funda la producción psicoanalítica, y a las que se dirige nuestra crítica, como las que configuran el espacio teórico de la psicología social.
El punto de ruptura entre psicoanálisis y psicología social pasa por la teoría instintivista y la concepción del hombre y la historia implícitas en ella. La polémica que planteamos apunta a una de las premisas básicas de la que parten los desarrollos psicoanalíticos, premisa que define el campo teórico del psicoanálisis. Nos referimos al supuesto de que la vida psíquica se sustenta o es la resultante de la operación de fuerzas instintivas innatas a las que caracteriza como:
"fuerzas endosomáticas que tienen un representante psíquico, carga energética, factor de motricidad que hace tender al organismo hacia un fin". El instinto que aparece como una fuerza constante tiene su fuente en una excitación corporal, su fin es suprimir el estado de tensión de la fuente pulsional, y un objeto por el que el instinto alcanza su finalidad (descarga).
La premisa instintivista abre la problemática del psicoanálisis. Es a partir de esa óptica que se articulan en un campo común los problemas de la vida psíquica.
Lo excluído, lo oculto por la problemática definida a partir del reconocimiento del instinto como fundamento de la vida psíquica, es la función del contexto histórico- social como determinante de dicho proceso. Entendemos al contexto histórico-social como determinante de la vida psíquica en la medida en que es la condición específica dentro de la cual puede manifestarse como fenómeno. Es ese contexto histórico-social el que fija como determinante los límites en los que se cumple el proceso de emergencia y desarrollo de la vida psíquica.
Desde las premisas que definen el campo de la problemática de la psicología social es el mundo humano, la construcción histórico social y, más específicamente, cada formación concreta, lo que opera como conjunto de condiciones de producción y desarrollo del sujeto, en la medida en que es también el conjunto de condiciones de producción y desarrollo de la necesidad.
El concepto de necesidad sustituye en este planteo a la noción de instinto. La caracterizamos como la expresión de un monto de carencia que debe ser solucionado en un proceso de interacción. Muchos de los rasgos que la teoría psicoanalítica atribuye al instinto:
"...fuerzas endosomáticas, factor de motricidad...etc.", caracterizan a la necesidad, pero nuestro planteo la desplaza del ámbito de una teoría económica.
La necesidad, que compromete al sujeto como totalidad, aparece como la condición interna del desarrollo de la vida psíquica, condición interna de la dialéctica, de la contradicción no polar entre sujeto y naturaleza, entre sujeto y mundo externo. Es en este proceso dialéctico, en esta contradicción, en la que el sujeto es producido.
La producción del sujeto es histórico-social. La formación social no opera como causa de la necesidad (causa en el sentido mecanicista: causa-efecto), pero sí como condición de su posibilidad y desarrollo. Es la ley y la encodificadora de la necesidad, la orienta en la búsqueda de satisfacción, ofreciéndole las metas socialmente disponibles. La traduce y la manipula.
La necesidad no es simple efecto de la estructura, pero como condición interna de la producción del sujeto, emerge, se desarrolla, y transforma en relación con las condiciones externas que operan a través de ella. (Producción social del sujeto. Socialización).
La idea de un "sujeto relacionado" incluida en la problemática psicoanalítica implica:
a) que el sujeto se constituye como tal con autonomía de sus relaciones externas (a esto se liga el supuesto idealista del principio del placer como legalidad del pensamiento no apoyada en la experiencia, no determinada por el mundo real);
b) una posterior relación con la realidad exterior que operará tardíamente en el sujeto configurándose un principio de realidad y una internalización del mundo social en una instancia psíquica: el superyo;
c) desjerarquización de la relación sujeto-objeto, sujeto-mundo externo, centrando su análisis en uno de los términos de la relación (sujeto), lo que implica la afirmación de la posibilidad de una vida mental autónoma que no tenga en la experiencia su base material.
Esto da lugar a hipótesis acerca de la satisfacción alucinatoria de deseos fundada en el principio del placer, o de fantasías inconscientes que son la expresión de un mundo narcisista autista, no sólo "sin objetividad sino también sin objeto" (Joan Riviere).
El supuesto ideológico implícito en la problemática psicoanalítica es la ilusión metafísica de la
"naturaleza humana", esencia inmodificable. La peligrosidad del supuesto reside en su carácter ocultante de la determinación por la estructura socio-económica de hechos como la guerra, la violencia, la dominación, la propiedad privada, el autoritarismo, etc.
La teoría psicoanalítica, al reconocer, pese a las vacilaciones de Freud, que no puede prescindir de la noción de instinto para fundamentar sus hipótesis, se encierra en una problemática planteada por otras teorías instintivistas, según las cuales, las relaciones entre los hombres se establecen, en ultima instancia, sobre el juego de fuerzas instintivas innatas. La consecuencia, más o menos explícita, es que frente a la escasa variabilidad de los modelos biológicos tomados como determinantes, se extraen conclusiones acerca de la inmodificabilidad de las relaciones sociales.
Vemos aquí la función ocultante del supuesto ideológico incluido en el instintivismo.
La noción del instinto como fundamentación de una teoría de la vida psíquica opera como obstáculo epistemológico en la elaboración de un aparato conceptual que de cuenta de la relación entre estructura social y vida psíquica y que analice los procesos en que se da la producción social del sujeto.
No es casual que el psicoanálisis como esquema conceptual y como práctica institucionalizada haya sido puesto al servicio de las clases dominantes. Su óptica le permitía convertirse en una antropología reformista, en una antropología de alternativa frente a la planteada por el marxismo. Los elementos de denuncia incluidos en esa problemática, la importancia de la formulación del concepto de inconsciente, introducía en la valoración del esquema un monto de ambigüedad que dificultaba la posición crítica. La evaluación de la práctica analítica, tal como se desarrolla a partir de las instituciones que vehiculizan la teoría, permite hoy la caracterización de la praxis psicoanalítica actual como una de las formas del individualismo al servicio de la adaptación pasiva. Como instrumento ideológico la ortodoxia analítica,
"más freudiana que Freud", operó para ocultar tras una compleja sistematización las condiciones de producción del sujeto.
La postulación de la psicología social -ciencia en proceso de construcción- implica, como ya dijimos, una nueva problemática. Es decir, un planteo desde nuevas premisas del problema de la vida psíquica. El punto de partida es la hipótesis de que existe una relación dialéctica entre el sujeto y el mundo. El hombre -a través de su praxis- se construye histórica y socialmente en una contradicción no polar con la naturaleza, de la que emerge y a la que domina. El hombre es una construcción histórico-social resultante de una praxis.
Dice Gramsci "el hombre en general", "la naturaleza humana", es una abstracción. El hombre no es un punto de partida, no hay esencia de lo humano, el hombre es un punto de llegada, en construcción permanente, diferente en cada momento histórico, en cada formación concreta. El hombre se construye, entonces, en la relación dialéctica con el mundo, relación cuyo motor es la necesidad.
Cuando se dice: "El sujeto es un ser de necesidades que sólo se satisfacen socialmente en relaciones que lo determinan" (Pichon Rivière, 1971),
"El sujeto es producido en una praxis, no hay nada en él que no sea resultante de la interacción entre individuos, grupos y clases", se afirma en consecuencia:
1) Que los procesos psíquicos son la expresión de una relación dialéctica entre sujeto y mundo externo, o quizás más estrictamente, entre necesidad y mundo externo; y que el mundo externo es determinante de esa vida psíquica como repertorio de posibilidades, como condición de desarrollo de la necesidad y su satisfacción.
2) Se establecen los lineamientos para la formulación de un criterio de adaptación activa, planteando que la apropiación de lo real y su transformación, la mutua modificación sujeto-contexto en una relación dialéctica, será el parámetro de evaluación de la calidad del comportamiento, jerarquizando así los procesos de comunicación y aprendizaje.
3) Se jerarquiza la operación del objeto, la operación del mundo externo. Eso conduce a formular el concepto de estructura vincular, que daría cuenta de la relación del sujeto con el mundo, relación que tiene dos dimensiones: la intersubjetiva y la intrasubjetiva.
4) Como consecuencia de la jerarquización del objeto, del mundo externo y del cuestionamiento de la teoría instintivista y los elementos idealistas representados por el principio del placer, se planteará una reformulación de las hipótesis acerca de la fantasía inconsciente como expresión de la necesidad y de las vicisitudes del vínculo dentro del cual se da la relación necesidad-mundo externo.
5) Por la adjudicación de un carácter determinante a las condiciones externas sobre la vida psíquica, se reformulará la hipótesis sobre el carácter significativo del contenido de la fantasía y de la conducta desviada. Se plantea desde allí una terapia de la psicosis (esquizofrenia), a la vez que se considera a la enfermedad mental como emergente (signo) de procesos de interacción patológica, y al enfermo como portavoz.
6) Se formulan técnicas terapéuticas grupales (grupo familiar), que si bien operan en la dimensión de lo imaginario grupal, o sea en el interjuego de fantasías inconscientes que cada integrante tiene acerca de sí y de los demás, la consideración de la relación dialéctica mundo interno - mundo externo conduce a plantear una técnica de confrontación entre la fantasía y los procesos reales de interacción, entre el grupo fantaseado y el grupo real, lo que permite el aprendizaje de la realidad, redistribución de ansiedades, etc.
Hemos dicho que una psicología a partir de estas premisas se halla en proceso de construcción. Estos supuestos nos permiten repensar los aportes del psicoanálisis, pero no sólo estos aportes. Nos interesa el abordaje del "supuesto producido" en su vida cotidiana. Esta problemática enmarca la tarea y orienta la producción de la Escuela. Es a la integración a esa tarea, a un compromiso de trabajo producido, que convocamos a los miembros de la institución.