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EDUARDO PERSICO
Eduardo Pérsico, narrador y ensayista, publicó cuentos, seis novelas, "Lunfardo en el Tango y la Poética Popular y algún poemario. Nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. VER CURRICULUM

 


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Inmigraciones, rechazos y barbarie de la descivilización.

Parte de la compleja historia de la humanidad la explican los datos de sus migraciones, esos gigantescos y dolientes traslados que sucedieran antes, durante y después de aquellos relatados bíblicamente y aún perduran. Gracias Moisés, pero empujados en masa a traspasar territorios inaccesibles, desconocidos y desechas por el hambre o pestes implacables, esas forzadas epopeyas de la especie, que fueron y continúan, respondieron a la misma causa que las origina hoy: la extrema pobreza en la que dura y subsiste una parte de la humanidad. Muchas referencias de esos traslados hoy pueden explicarnos hasta con estadísticas las pérdidas y asimilaciones culturales y étnicas que se nos ocurran, pero sería agobiador debatir estas ‘contradicciones’ de la civilización actual que sospechosamente, inquietan sólo en los discursos políticos a los países centrales. Los personeros del Poder en las naciones más beneficiados en el reparto y por eso más responsables de esta infamia, se distraen exhibiendo mapas, tratados de cooperación, muros en construcción y soberanías no siempre honestas; esas tontas categorizaciones culturales que al tiempo del hambre no sirven de nada, al fin coinciden, solapadamente, en agitar el temor y desprecio a los inmigrantes de quienes viven instalados en los beneficios de las grandes ciudades. De esos mismos países nunca periféricos y ganadores a pura fuerza bruta, tantas veces, que agotan sus tribulaciones en sostener un sistema que impide la llegada de nuevos invitados a la mesa. Eso es todo, y en esa permanencia no sólo valen muros, misiles y campamentos de refugiados sino también el uso de dioses, demonios y demás fabricaciones teológicas, habituales y de las otras, que apuntalan el desprecio y el miedo a los diferentes que llegan desde lejos. A esas multitudes imprevistas y desesperadas que brotan en mayoría del continente africano, tan manejable hace menos de un siglo, ocasionan un dilema de difícil resolución. Sí, esos tipos resultan muy incómodos si uno los recibe en casa, pero modales aparte, “siempre el hambre nos conduce y explica; atraviesa montañas, facilita los mares”. Comer es ley natural, no jodamos, y como si esto ocurriera por vez primera la dirigencia del Primer Mundo habla de una ‘nueva realidad’, cuando el hombre como especie si no come y se aparea para seguir en el planeta, desaparece. Y aunque eso moleste a rabinos, papas y ayatolas de distinta lengua o estilo, a ellos les aviso que procurarse la comida es tan inevitable como respirar, que no es poco, y que los de clase media que cambian de sitio ‘en búsqueda de nuevos horizontes’, carecen de importancia estadística entre los auténticos muertos de hambre de cada día.

Así las cosas y sin recetar paliativos sencillos para estos mortíferos malestares, igual vale pensar en ciertas consecuencias individuales de las migraciones que aunque poco relevantes en un análisis más científico, hacen también a la problemática de las migraciones. Más de lo difundido, quizá la literatura más que cualquier otra disciplina se ocupa de esta temática desde siempre, y publicidades aparte, en una ponencia de la investigadora Norma Mazzei, de la Universidad de Buenos Aires, a propósito de mi novela “De Nuevo Lejos de Uppsala” apuntó que tres de los personajes exiliados en Suecia, dos argentinos y un uruguayo, exhibían ‘un constante rechazo a la nostalgia inevitable y a la vez, un oculto modo de afirmar su pena por la patria lejana’. Y que en esa dualidad incomprensible y profunda que encerraba un sentir intransferible al nuevo ámbito, denominó certeramente a la actitud como un juego de ‘la memoria trasterrada’. Aparte de metáforas y símbolos que nutren toda ficción, cuando alguien sale de su lugar con una formación consolidada resulta más desgarrador y alienante tomar formas de vida novedosa. Por confortable que resulte el cambio al nuevo sitio, es propio al inmigrante engancharse a las recordaciones igual a un gato que cambió de dueña, o enredarse a sorpresivas mitologías como si su nostalgia fuera más entrañable que la ajena. Entonces el exilio, voluntario o forzoso, exige revalorizar circunstancias del entorno, aceptar que existen Otros y un diferente Imaginario Colectivo que no es el propio. Y que además podemos ir perdiendo sin remedio y cada día nuestro lugar en la fila del reconocimiento social. Acaso sea esta una de las convicciones más arduas de todo exiliado y buena la opinión del francés Jean Baudrillard, ‘el racismo no existe mientras el otro es Otro y mientras el extranjero sigue siendo Extranjero’. Y que recién empieza a existir cuando ‘el Otro se torna diferente y se instala a nuestro lado, o sea peligrosamente próximo’. Una idea ineludible a cualquier exiliado o extranjero para ver la nueva instancia desde la óptica más dura de la realidad, con la discriminación en carne propia y el rechazo a nuestra condición de ajeno. Lejos del terruño toda alienación además de sustancial es contaminante, y su reflejo suele producir el reintegro y profundización de hábitos que quizá nunca antes fueron ejercitados. Por ejemplo, la originaria quejumbre de los argentinos exagerada en el tomar mate y escuchar tangos y música folklórica fuera de su país, llenaría renglones del manual del emigrante que, simbólicamente, descubre valores esenciales al irse de su comarca, y eso explica en parte la fenomenal cantidad de clubes de colectividades fundados en el mundo y regenteados por inmigrantes que al perpetuar ciertos signos del terruño lejano, inciden en el Mapa de Conceptos de su nuevo lugar. Esa tendencia a nuclearse por regiones en los latinoamericanos fue herencia principal de los europeos llegados a sus playas de 1850 en adelante, y hoy hacen que utilicen ese recurso de transferencia cultural difícil de controlar o de manipular por cualquier sociedad receptora inmigratoria. Es que por más sociedad desarrollada o primaria, andando el tiempo y no demasiado, el asunto resultará visible. Hoy mismo en los Estados Unidos ante los treinta o más millones de latinos llegados a su territorio, se asoma quiérase o no una nueva imagen, con nuevos referentes y una distinta conciencia en la sociedad toda; y eso que se vislumbra, incentivado por las nunca conflictivas integraciones de entrepierna y alcoba, ha de ser tan revulsiva como aquella que se diera entre nosotros, los argentinos, y que nos advirtiera Domingo Faustino Sarmiento en su “Facundo. Civilización y Barbarie” por 1845, al escribir ‘en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el tipo popular español, el majo… Todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y hasta la manera de escupir entre los colmillos, todo eso es propio de un andaluz genuino”. Una observación irreprochable del Sarmiento que sería bueno repetirnos más seguido…

Las transmigraciones siempre dejan y llevan marcas que sí recoge la literatura. Durante su exilio en los Estados Unidos, el cubano José Martí pasó por distintas etapas y la primera, de 1881 a 1884, fue signada por el deslumbramiento. Son sus años de escribir “Emerson” y una crónica laudatoria a la construcción del puente de Brooklyn, donde persigue ciertas conciliaciones posibles entre la forma de vida cubana y la norteamericana. En la siguiente etapa empieza su radicalización al apreciar críticamente su entorno yanki, para decirlo elige la inflexión y la voz de su continente mestizo, y le canta a Walt Whitman cuando dice ‘para medir la profunda desesperación del hombre es necesario vivir desterrado de la patria o de la humanidad”. En el campo de la literatura son muchos los ejemplos referidos al destierro, forzado o voluntario, y en “Made in Lanús” (o Made in Argentina) de Nelly Fernández Tiscornia, ‘la Yoli’, un personaje mujer que refiere al argentino más popular, dice aceptar los beneficios que le daría una sociedad más dinámica y moderna, pero sufre a cuenta de perder en su desarraigo el no ser identificada como ‘la Yoli’ por la calle, y hasta por olvidar los olores de su barrio que en definitiva son todo aquello que le conforman la vida. Y como en su sitio del mundo come cada día, ella se queda y los demás que se vayan.

Las expresiones humanas cargan una misteriosa lejanía, casi inexplicable, y según dijimos alguna vez ‘cada palabra convoca a su propia memoria’, sucede igual con la doble mirada nostálgica y rechazante por el bien perdido, y en este punto recordamos la palabra Patría, vean qué poca cosa... Mucho se cuestionó si la literatura, sin trabajar con materiales más concretos, puede incidir con sus adelantamientos sobre los hechos, pero cabe pensar que para no resultar tan intragables ni aburridos y seguir complementando la tarea de los sociólogos y los historiadores, los escribas se obligan a recurrir a los artilugios verbales, a veces sin lograrlo, para embellecer el relato de la misma realidad. Porque la escritura puede ser más o menos ficción aunque de una novela, de un cuento o de un sueño, jamás debe decirse que es una mentira; y así, en esta instancia tan conflictiva por inmigraciones y traslados que cambian identidades y perfiles sin aviso, los literatos trabajan tanto con la nostalgia, el amor y el rechazo de la patria, y en el perpetuo doloroso escenario del exilio. Es un frágil camino para evitar la ‘descivilización’, pero un camino; el mismo que ilustró Norbert Elías en “El proceso de la Civilización”, (Fondo de Cultura, 1987, Madrid), al investigar cómo la literatura alemana fue denunciando el alejamiento de los valores sustanciales en Alemania desde 1870, tendencia que derivó en el posterior nazismo. El de Elías es un punto de vista, naturalmente, pero hoy muy vigente.

En resumen diríamos que cada crisis, o reiteración de la misma, nos obliga a revisar el pasado. A veces las sociedades acceden al origen por caminos distintos, lo que no significa que no los posterguen, - glorioso derecho reservado a una minoría- pero como hoy el conflicto crece adentro de los países centrales ‘molestados’ por la inmigración, alguna certeza histórica inmanejable y en silencio de pronto se dará, más temprano que tarde. El apremio de no ser bélico y sangriento bien puede ser económico, quizá, pero alguna consecuencia histórica que tanto se desecha y se reinventa desde el Poder, - por ejemplo, el hambre injustificado y contra natura- concretamente ha de ubicar ese crudo litigio en la realidad cotidiana. Sencillamente porque tanta barbarie inhumana entre humanos, ubicará a todos en un punto decisivo para la especie; apenas eso; y sin que luzcan como efectos literarios, hoy resurgen juicios sin olvido ni perdón y el aire, más confiado en seguir contando la verdadera historia, carga y recarga implacable el fusil de la memoria.


Nuestra discusión rioplatense oculta un ataque desestabilizador contra el Cono Sur.

Cualquier persona ajena al Río de la Plata que visitara los bares de Buenos Aires o Montevideo , escucharía tantas discusiones parecidas sobre los grandes temas de la humanidad, las peripecias del amor; o del fútbol ‘que bien podría darse el lujo de integrar una selección imbatible y única’. Es evidente que todos aquellos que prestan buena atención, en las dos márgenes escuchan similar verba para describir el cosmos o las caderas de alguna mujer al paso, que no dudan mucho en afirmar que argentinos y uruguayos pertenecen al mismo grupo étnico, político y social propios de un solo país. Esto es ciertamente así y no solamente por sus comunes y genuinos orígenes, sino por haberse erigido como comarca única y sin intereses opuestos sino bien interdependientes, que sin embargo y a pesar de tanta cercanía, hace más de un año dejó de ser idílicamente perfecta ante la crecida del malhumor en el trato entre las dos orillas del río ‘que nos une y cada tanto nos separa’. El malestar empezó y se va desatando a partir de la instalación en el margen uruguayo de unas plantas europeas productoras de celulosa, que sin duda erosionarán tanto la ecología como las relaciones si no se extreman las precauciones técnicas para evitarlo. Los habitantes de ambos lados, en su mayoría, no pierden el sueño por esta desavenencia ajena a las habituales; si Gardel naciera o no en Tacuarembó, por qué al tango se lo considera una expresión solamente porteña en el mundo entero, o si la letra del tango “Garufa” es una grosería elitista de autor uruguayo o apenas una burla nochera contra un laburante. Pero ahora y bromas al margen, todos intuyen que este nuevo asunto requiere una debate más hondo. Hoy las diferencias que aparecen son sustantivas y aunque en ambos lados del río sepamos con con la misma unción “Artigas, padre de la patria, primer jefe de los orientales, luchaste para darnos la patria en que vivimos”, - que me enseñó en el primario el chueco Peralta, que llegó a mi barrio desde Paysandú- las aguas se siguen enfrentando y creciendo ante la pasividad, impericia y estupidez de los responsables políticos de ambos lados. Y quienes sospechan con mejor atención y acaso con algo más de astucia histórica los enfrentamientos subyacentes que pueden materializarse más adelante, bien saben que esta buena gente que oficia de negociadores políticos no discuten ni agotan públicamente y a la luz del día la causa principal, el conflicto subterráneo que trasciende a los cortes de puentes entre los dos países o la suspensión de los viajes en el buquebús de un lado al otro. Esos incidentes molestos al fin recalarían en lo anecdótico cuando lo más irracional y preocupante consiste en no publicitar hasta el cansancio y digamos, rabiosamente y por todos los medios de información, las normas técnicas de purificación de los líquidos que caerán al Río de la Plata. Cuando empecemos a enterarnos todos de esa ‘verdad oculta’ cambiarán todos los enfoques, no somos tan inocentes y si nos cuentan con cuidado, hasta le prometemos que entenderíamos. Ya que durante más de un año, del método a utilizar en la producción de esa materia prima para no perjudicar las aguas apenas se nos dijo “que podría ser la tecnología ECF, libre de cloro, o la TCF libre totalmente de cloro”, que es técnicamente hablando tan serio como decir “es algo así pero ahora no estoy seguro ni me acuerdo”, o cualquier otra irreverencia verbal. Esa falta de claridad en decir cuáles serán los patrones técnicos a utilizar para purificar los desechos es el verdadero origen de la discordia. Esa negativa al anuncio por conveniencia de Botnia, la empresa que comenzaría la producción de la pasta celulosa antes de finalizar el año 2007, aparece diluida en las ambigüedades en los medios de comunicación , las bravuconadas cada día menos encendidas de los funcionarios de ambos bandos que discuten y discuten, y hasta sugestivamente no se agita como un reclamo irrenunciable entre los activos fundamentalistas ambientalistas de Gualeguaychú, la población argentina que sufriría las peores consecuencias de la polución.

Es evidente que toda producción industrial ensucia y erosiona, y en este caso es notoria la intención de trasladar a la periferia del Primer Mundo una actividad seriamente perjudicial al medio ambiente. Esta política de radicación de las industrias sucias es un ejercicio constante que hoy intensifican los países más desarrollados, pero si los costosos funcionarios argentinos y uruguayos quieren empezar a desbrozar el debate que acabará enmarañando a todos, deberían dejar de lado lo superficial y aclarar en un discurso único que la instalación de semejante planta productora de pulpa celulósica ‘es factible por estas razones técnicas’. Sencillamente podrían comenzar con esa frase y a renglón seguido exponer las normas aprobadas y las explicaciones científicas válidas, cristalinas y entendibles, que harían seguro el procesamiento de los desechos industriales. Vean ustedes qué sencillo, sin hacer exhibición de traseros argentinos en los foros internacionales ni mostrar la garra uruguaya enviando militares a cuidar una obra en construcción dela empresa finlandesa que rechazó la custodia, y aunque este problema que los mandantes actuales es una herencia de los gobiernos anteriores, sería oportuno que actuaran sobre las causas y olvidarse un rato de los efectos políticos y a rastrón, con menos palabrerío ‘revolucionario’ inoperante y aburrido. Como ciertas pendejadas de protesta de los ecologistas contrarios que hasta reclaman ‘la no transformación visual del hábitat’, que en último caso se daría en el margen opuesto, y es un modo de seguir dando vueltas alrededor de lo secundario con frasecitas pretenciosas. Lo principal y preocupante de esta crisis incipiente, es algo más provocador y serio que los políticos y representantes de ambas orillas escatiman en sus declaraciones por temor a desacomodarse, y entre el gentío en general no repetimos por desconocimiento: la real intencion que oculta en la instalación de una planta industrial que puede erosionar peligrosamente el área del Río de la Plata, y generar conflictos no solamente entre Argentina y Uruguay sino en todo el cono sur, es una cabeza de playa urdida por el imperialismo capitalista, - cada día más impronunciable- contra la consolidación del MERCOSUR. Aquí ya dejamos de inquietarnos solamente por las aguas del Río de la Plata sino del sustento político de un acuerdo comercial cada año más promisorio, que con su consolidación limita las posibilidades de otros proyectos de libre comercio como el ALCA , que en última instancia pretende extender los mercados posibles de los Estados Unidos y a mantener cautivos a los países de la región. Atacar al MERCOSUR es la intención sustancial al instalar el conflicto y lo demás acabará siendo accesorio.

Por supuesto que la nacionalidad de la empresa visible en esta radicación, aquí finlandesa, es meramente anecdótica y otra maniobra del capitalismo más voraz en el juego de cocinar sus asuntos a fuego lento y utilizando a terceros; algo que argentinos y uruguayos al preguntamos por qué no integramos un sólo país, entendemos mejor cuando repasamos nuestra historia.


Del prestigioso poderío al imperialismo delirante.

En 1822 y como parte de su Doctrina, el presidente norteamericano James Monroe reconoció a varios países de América Latina como independizados de las potencias europeas. Así y casi el mismo día, México, Chile, Brasil y Colombia fueron reconocidos como autónomos comenzando el intercambio de embajadores y por 1823, el mismo presidente anunció "no intervenimos ni intervendremos en las colonias existentes de ninguna potencia europea, y en las guerras de esas potencias no tomaremos ninguna parte, ni es compatible con nuestra política de hacerlo". Pareciera que en estos párrafos no existía ni una sombra de las posteriores acciones que según esa Doctrina Monroe derivaría en la abusiva intención "América para los norteamericanos", en cuanto el empuje y la modernidad de la sociedad yanki hacían casi insospechable la conducta de sus gobernantes. Y quiérase o no, así las cosas recordemos que con el New Deal instrumentado en 1932, durante el mandato de Franklin D.Roosevelt para sacar a los Estados Unidos de la hondas crisis del sistema capitalista, comenzó para el ciudadano medio norteamericano una época de bienestar y buenas expectativas que deslumbró a las masas latinoamericanas. Durante ese período la población estadounidense obtuvo verdaderos logros económicos, que en principio cimentaron la certeza de estar viviendo en el más distributivo de los regímenes posibles, tanto que para los más inquietos en los avances de las seguridades sociales, en 1935 se establecieron juntas de trabajo que supervisaban el trato colectivo de los asalariados y les garantizaba el derecho de escoger las organizaciones que los representarían ante los patrones. Este cambio en las relaciones laborales cuya efectividad, más publicitada que real poco ha sido cuestionada, resultó inusual para la mayoría de los obreros al sur del río Bravo, creando además en las clases latinoamericanas una admiración por ese país que al fin se convirtió en una verdadera ideología por encima de cualquier otra. De manera fanatizada y sin reproches, para las clases medias el sistema de vida norteamericano fue el ideal irrebatible durante décadas, y culturizados por las "Selecciones del Readers Digest” con aquella concepción bucólica, entretenedora y nada conflictiva, la crítica era opacada en los destellos de una sociedad feliz, cinematográfica, sin discriminaciones de ningún tipo y donde los negros vivían en sus barrios, viajaban en los transportes públicos junto a los blancos y eran unos gigantescos campeones llamados Joe Louis, velocísimos corredores iguales a Jesse Owens o simpáticos sonreidores que hinchaban sus cachetes al tocar su música en la trompeta lo mismo que Louis Armstrong. Porque a todos, blancos, negros, chicos y grandes pero buenos, los defendían Súperman, El Llanero Solitario y si se alejaban mucho del barrio, Tarzán y la mona Chita. Sin exageraciones, pocos se atrevían a criticar esa infantil versión del bienestar en libertad y para mejor, creció la idea de que al saludable proyecto interno de USA lo dañarían las ideas expansionistas de los regímenes totalitarios de Japón, Italia y Alemania; Japón había invadido Manchuria en 1931, Italia, gobernado por los fascistas, luego de agrandar sus fronteras hacia Libia en 1935 se apoderó de Etiopía, en tanto, Hitler en Alemania se había lanzado a un rearme bélico fenomenal y ocupado la Renania. Ese panorama amenazante resultó un oportunidad política para Roosevelt, que bien aprovechó el deterioro de la situación internacional fijando como política de su gobierno no posibilitar favores a esas fuerzas beligerantes, publicitando a la vez que Estados Unidos jamás se envolvería en una guerra que no fuera de su competencia. Promesa que de ninguna manera impidió la reeducación de su industria para la nueva emergencia de conflicto, que se materializó en 1941 al trenzarse en guerra con los japoneses que los atacaran en Pearl Harbor. Un "ataque cobarde y sin provocación", vociferó Roosevelt, agregando paraseguir siendo los buenosde la historia "nuestra fuerza está orientada al bien futuro y contra el mal inmediato. Los norteamericanos no somos destructores, somos constructores". Como justificación antibelicista los hechos resultaron inmejorables para el momento, y al final de la contienda, para "evitar la continuación de la guerra" contra un enemigo ya casi inexistente como Japón, se lanzaron dos bombas atómicas sobre su territorio que casi nadie cuestionó; la seguridad de que Estados Unidos había actuado en defensa de la democracia y la libertad casi resultó irreprochable a las mayorías del mundo entero.

Más bien, la realidad dispuso que el origen y desenlace de la Segunda Guerra Mundial en 1945 coincidió con la misma explicación que daban las agencias noticiosas, - por decir, Associated Press y Reuter- difusores de una verdad que durante un par de generaciones jamás explicó racionalmente a la guerra fuera como un conflicto intracapitalista y no un simple delirio de algunos dictadores mesiánicos y algo loquitos. En esa etapa histórica, Estados Unidos ejerció una verdadera hegemonía basada en su prestigio democrático y al terminar la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 a 1970, logró cuanto quería en tiempo y espacio; con sus agigantados antecedentes políticamente liberales dominó a las Naciones Unidas como una oficina de servicio exterior, contuvo a la Unión Soviética en los límites de 1945, con el accionar de sus agencias de inteligencia echó a todo gobierno inamistoso y hasta se adelantó una jugada al asesinar al líder colombiano Jorge Eliecer Gaitán en 1948. Intervino en Irán en 1953 para exhibir las glorias medievales del Reza Pahlevi, delegó a un tal Castillo Armas quien desde el mismo territorio yanqui, invadió Guatemala en 1954 para liquidar al gobierno popular de Jacobo Arbenz. A sus soldados les sobraron pertrechos para tomar el Líbano en 1956 y la República Dominicana en 1965, mordiendo cierta bronca por el leve contratiempo que le ocasionó hasta hoy el pueblo cubano, principalmente a los habitantes de Miami. Además y porque su ventaja económica y militar se lo permitía, con Europa Occidental y Japón diseñó una imbatible tríada de poder, esa especie de alianza natural que aunque últimamente viene rengueando bastante, eso será parte de otra historia… Después, en 1973, perdió la Guerra de Vietnam, el Irán de Khomeini lo despreció en 1980 y como si hubieran olvidado la historia, hoy se exponen en la misma región a otro papelón parecido al de Ronald Reagan, cuando en 1982 ordenó el raje de los marines del Lïbano dos días después de jurar que jamás lo haría. Es que por entonces ya el guapo del barrio perdía prestigio, y aunque pese a que en Irak y la resistencia de Hezbolá en el Líbano no se la hicieron demasiado fácil a ellos ni a sus aliados de Israel, la fuerza de los belicistas norteamericanos no está acabada ni mucho menos. Es sí, pareciera que el imperio yanki obtuvo todo cuanto quería y por última vez cuando en 1973 ordenó al militar chileno Pinochet asesinar al presidente socialista Salvador Allende, y más tarde al prohijar el golpe militar en la Argentina de 1976; tarea conjunta que hicieran con la servicial dirigencia nativa de turno entre los argentinos, aplicando a sangre el más crudo proyecto neoliberal soñado por Milton Friedman, desaparecido en estos días.

Acaso y sin entusiasmo ingenuo, ahora se vislumbra una nueva instancia en el planeta. No hablaremos de una catastrófica decadencia imperial, precisamente, sino de un repliegue forzado por la realidad más crítica y dinámica. Las últimas resonancias electorales de América Latina, - el triunfo de Lula en Brasil, del candidato no proyanki Rafael Correa en Ecuador, y la casi segura reelección de Chávez en Venezuela con más la pérdida de las representaciones parlamentarias del gobierno de George Bush en Estados Unidos, obligarían a reconsiderar la ubicación de los actores en el nuevo escenario, algo impensable hace una década. Las fantasías diseñadas y exhibidas por los mecanismos propagandísticos del Poder con mayúscula, cada día suman menos partidarios y eso es numéricamente cierto. Quizá existan novedosas causas y efectos no estimadas hasta ahora, como podrían ser las actitudes menos dóciles de los musulmanes, por ejemplo, aunque como en cualquier reacomodo táctico los acuerdos para fijar los tiempos y condiciones en hacerlo no son automáticos; y más aún cuando peligran negocios ciertos y negociados ilícitos de magnitudes tan increíbles que sin adentrarnos mucho en la imaginación, y por razones poco entendibles para los humanos en general, cada tanto una banda de forajidos cómplices se organizan alguna guerra para seguir funcionando. Hoy la realidad contradice algunos designios de los poderosos, sin duda, pero los intereses económicos y estratégicos de este precipitado imperio contra natura son tan diversos, que aunque exista ya la certeza de que las aspiraciones de seguir dictando las costumbres y hábitos ajenos tienen menos espacio que hace veinte años, la tarea de salvar todos los muebles en el inevitable incendio lo harán con la mejor disciplina posible. Si mientras tanto y aunque las guerras no existieran, la constante masacre de la humanidad ellos la siguen produciendo, silenciosamente, con las desigualdades y el implacable hambre que genera.


Sin cambios económicos jamás cambiará la inseguridad.

Me creía dueño del mundo,
y no era dueño de mí mismo.

José Hierro, Madrid, 1922-2002

Una actitud particular de los sectores con mejor posición económica y social, es la constante reclamación por la falta de seguridad para "sus vidas y haciendas". Un reflejo del incuestionable derecho de Peticionar a las Autoridades que en la Argentina más lo ejercen de la clase media hacia arriba, hoy sospechosamente aunados a sobresalientes defensores del "gatillo fácil" o la desaparición de personas, que quizá, "vaya uno a saber o a quién se le ocurre", tan útiles le han resultado para incrementar su bienes de manera ilegal. Y aunque conste que aquí nos referimos específicamente a tantos "peticionantes" encartados en fuga de capitales o imprescriptibles crímenes de lesa humanidad que adhieren a las congregaciones contra la inseguridad pública, pareciera que a ellos globalmente se orientaran las ideas que el doctor Raúl Zaffaroni vierte en su último "Manual de Derecho Penal”, del que transcribimos algunas páginas para nuestra ilustración y también útiles a los consecuentes adictos del flamante político Juan Carlos Blumberg. Esos mismos que con cierto ímpetu de retornar si pudieran al milenio previo a la Revolución Francesa, por aventurar una fecha, reclaman múltiples profundizaciones y cambios en las penas contra quienes delinquen.

El doctor Zaffaroni, miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como referente de la especialidad expone sobre el imaginario colectivo del derecho penal y otros conceptos que sin desechar lo medular no copiaremos textualmente: Dice, por ejemplo, "quien se asoma a este derecho cree aproximarse al mundo de los crímenes más horrendos, Y la paradoja es que está en lo cierto, y a la vez completamente equivocado… El derecho penal es un saber normativo operado por varias agencias o corporaciones para la represión y la prevención de los delitos y en algunas ocasiones,- no muchas, por cierto- consiguen algunos de esos objetivos. Pero lo que nadie puede negar es que las corporaciones del sistema penal han cometido los peores crímenes de la humanidad, en mucho mayor número a los cometidos por los individuos que delinquieron sin el paraguas protector de los Estados”. Y entonces menciona a la inquisición europea y española, la GESTAPO, la KGB soviética, las policías de todas las dictaduras del mundo incluidas las nacionales latinoamericanas en los setenta, las policías corruptas por los políticos y sus mafias asociadas, Y nos advierte que dentro de ese contexto los escuadrones de la muerte mataron a muchos más que todos los homicidas individuales del mundo, violaron y secuestraron en escala masiva, se apropiaron de propiedades, extorsionaron, torturaron y apoyaron la más crueles políticas económicas que devaluaron los ahorros de pueblos enteros. Enumera además el autor que esos crímenes se hicieron por obra de las agencias del sistema penal y al amparo de su discurso, agregando "es verdad que quien se asoma al derecho penal entra al mundo de la crueldad y los crímenes más horrendos, pero éstos no son apenas los crímenes que reflejan las agencias de comunicación masiva, sino los cometidos por los propios sistemas penales”. Y se extiende que ni bien se descuidan los controles, el poder punitivo pasa a ser el peor de los criminales, que "condenó a Galileo, quemó a Servet, prohibió las autopsias y el estudio de cadáveres, apuntaló la esclavitud, sometió a las mujeres y postuló el racismo, la homofobia, la xenofobia y la persecución de quienes soñaron una sociedad mejor, incluyendo a Cristo y a todos los mártires”. Acepta el doctor Zaffaroni más adelante que el derecho penal así concebido "sería un engendro monstruoso que el resto del derecho trataría de ocultar como su capítulo perverso”, y que esto es así porque "el derecho penal no puede menos que reconocer esta verificación histórica y política”.

Así las cosas, cualquiera puede imaginarse que si no existieran jueces, tribunales, fiscales, defensores y una doctrina orientadora como es el derecho penal, el resto de las agencias y las corporaciones del sistema no sólo seguirían cometiendo los crímenes que hoy ejecutan, sino que "volverían a cometer todos los que practicaron desde que en el siglo XII se instaló el poder punitivo en forma definitiva”. Pero sucede, agrega el tratadista, que "la función del derecho penal no es legitimar el poder punitivo, sino contenerlo y reducirlo, elemento indispensable para que el estado de derecho subsista y no sea reemplazado brutalmente por un estado totalitario”.

Las clases privilegiadas prefieren un estado totalitario y más dócil a su servicio, como el sugerido sin exponerse mucho al manifestarse con un fervor inusitado por la "mano dura" policial y contra ciertos fallos judiciales que no sonde su agrado, como si la inseguridad, que es un Efecto del sistema que todos sufrimos, una vez combatida sería la llave de la eterna felicidad. Pero los seguidores del político Juan Carlos Blumberg, -a quien recordamos al transcribir las ideas del doctor Zaffaroni y más arriba, en el epígrafe del poeta español- con su mecanismo de difusión y comunicadores adictos, jamás atienden a la verdadera Causa de la pertinaz inseguridad: la desigualdad económica y la postergación inacabable de comarcas enteras, además de significar un crimen imperdonable, no solamente en Argentina son los promotores principales. Las mismas personas que coinciden extrañamente en defender el liberalismo económico a ultranza, -su única convicción, entiéndase bien- jamás denuncian o apenas comentan las inhabilidades judiciales ante los ilícitos fastuosos de los delincuentes de su misma clase. Ese reflejo condicionado de justificar cualquier delito en sus pares tan unido al "blanco que corre, Atleta; negro que corre, Ladrón", es una constante y no un descuido, actitud que sería menos cómplice si quienes habitualmente protestan por la inseguridad, la violencia, y vociferan contra el aparato estatal cuando éste los atañe, no fueran compadres de quienes esperan turno para ser juzgados por crímenes de lesa humanidad, en algunos casos, o por gigantescos robos del dinero público; en otros. Esta conjunción de fuerzas no es contradictoria y menos un encuentro fortuito de "dos que se aman furtivamente dos horas por semana", sino una sólida y permanente alianza política, económica y social; y que valga ese lugar común tan recurrido.


Los empleados del Poder no dicen tonterías gratuitas.

Luego de la defección del ejército de Israel contra el Hezbolá en el Líbano, se oyeron palabras equívocas o fuera de control de algunas personalidades públicas, y notorias las pronunciadas por el mismo Papa católico en la universidad alemana de Ratisbona. Allí Benedicto XVI, ya se sabe apartado conceptualmente de Juan Pablo II, su antecesor, además de criticar a la yihad islámica cuestionó a la religión musulmana al releer un texto teológico según el cual los seguidores de Mahoma imponían su fe por medio de la espada. Un párrafo claramente político en el contexto actual de "choque de las Civilizaciones"; y aunque las arengas del actual Papa no las entiende ni dios, lo dicho repercutió de inmediato en el fundamentalismo islamita que hoy se erige más sensible que en los últimos siglos. Entre ellos hubo reacciones de dureza verbal ante lo dicho, extemporáneo, corajeadas de algún ultra sugiriendo represalias contra el Vaticano y por muchos desmentidos que el Papa intentara por la galería, la provocación eurocentrista quedó bien registrada y las consecuencias podrían ser inamistosas. No aconteció nada serio y en principio pareció un error protocolar, aunque enseguida el anterior presidente del gobierno de España, José María Aznar, atizó el fuego con un arranque de alta devoción hispanista y católica: "los musulmanes deberían disculparse por haber ocupado España durante ocho siglos, que ante ellos hoy sólo cabía un triunfo o una derrota y qué esa "Alianza de Civilizaciones" significaría a los europeos una especie de rendición". Palabras más o menos, lo dicho por el español no fue casual y a poco de andar sus dichos perdieron soltura ni bien le advirtieron que de haber sido así, sin los moros desde Ceuta al otro lado del Gibraltar, los católicos se hubieran privado del número cero, la trigonometría, el álgebra, el arco de medio punto y hasta el ajedrez, más otros inocuos matemáticos que a él, seguramente, no lo inquietan demasiado.

Además, a esta idea de tensar al límite la cuerda con el mundo árabe musulmán, con posible guerra santa y choque de civilizaciones inclusive, se sumó otro resumen de frases peregrinas en la pieza oratoria que brindara el presidente norteamericano ante la UN, con la cual recorrió el arco de conflicto en Medio Oriente y sus alrededores. Según George W.Bush, "responsable de orientar a la humanidad toda hacia la libertad", habrá una inmediata instalación de un gobierno democrático en Irak, la pronta terminación de la guerra en Afganistán consolidando una forma representativa a la manera de Occidente, se aplicarán correctivos al plan de desarrollo nuclear en Irán, se acabará la complicidad de Siria con el terrorismo, que no entiende razones, y al pasar también desflecó un párrafo hacia Latinoamérica, región que atenderá ni bien tenga tiempo.

Así, aunque en semejantes ciénagas intelectuales flotan estos personeros del verdadero Poder capitalista, lo que dicen o auguran no son brulotes ajenos a su constante libreto. Los que Mandan, con sus gigantescas razones económicas marcan el rumbo a seguir y en sus laberintos discursivos y políticos ocultan el objetivo verdadero. Y para ello, nada mejor que los discursos desparejos de sus empleados, en este caso con tanta reiteración al no reconocimiento del Otro, a la cultura y los hábitos ajenos mientras se tenga superioridad de fuerza. Asunto que se repitiera en el mismo descubrimiento y conquista de América con la cruz y con la espada, parecida a la de Mahoma. Hoy, en una instancia ciertamente intranquila, las manías de estos discurseadotes secundarios viene cargado de superioridades y eurocentrismos maniqueos, de bajísimo cociente y aires de una inteligencia tan presuntuosa que al menos, resulta decadente. La humanidad exige un tratamiento de los conflictos más científicos, con apreciaciones más serias de la realidad y de la historia, - conocimientos que existen, muchachos- pero al menos sean menos frívolos, enuncien ideas menos ramplonas y escolares, y cuando abran la boca no rebuznen..

Es evidente que en esta lucha el capitalismo está jugado en tomar todas las barajas del juego. Nadie elude esta certeza de globalización a fondo y ya mismo, pero entre los encargados de exponer esta finalidad del sistema aparecen tipos enmarañados en su propia neblina de aficionados. Durante el intento de llegar hasta el río Litani, en el Líbano, Israel desestimó el poder de fuego de Hizbolá y así le fue; ese no es un dato menor y el mismo Poder pareciera ignorar la seriedad de una instancia que puede terminar trágicamente. Digamos que el asunto mucho tiene que ver con la ignorancia y a propósito de lo mismo, un historiador inglés de paso por España en setiembre del 2006, Eric Hosbown, explicó que los países con mayoría en la fe musulmana no fueron agresivos en los últimos doscientos años y que cuanto acontece no puede despacharse con cuatro frases religiosas; en alusión al Papa; "y en cuanto el mundo cambió por la globalización agravando las injusticias sociales entre pobres y ricos, deberíamos saber que los suicidas que hacen atentados no actúan sólo religiosamente sino que enfrentan de un modo radical a la dominación extranjera". Una idea muy compleja para los tres personajes nombrados que cumplen su rol arremetiendo adonde sea, y ciertamente insultan a la inteligencia en general. Y aquí nos permitimos un breve renglón, marginal por cierto: entre delincuentes "perdió por gil" alude a quien creyó que los demás eran todos "giles", y así le fue.

Sobre el desconocimiento del Otro, y con esa alienación imperdonable de los invasores existen cientos de documentos que describen sus modos arbitrarios de encarar la integración. Todo pensamiento colonialista es de superioridad, el ángulo visual del poderoso es de una secular miopía y Hernán Cortés, deslumbrado por la ciudad azteca de Tenochtitlán, en una carta dirigida al rey Carlos V se permitía decir que semejante belleza era "difícil de atribuir a esta gente tan bárbara y tan apartada del conocimiento de Dios y de la comunicación de otras naciones de razón". En tanto diferentes, para Hernán Cortés y sus iguales, otra cultura, otro universo simbólico diferente equivalía a inferioridad, salvajismo y primitivismo, en tanto por esa asimetría óptica él suponía pertenecer a la civilización superior. Por siempre, los colonizadores de cualquier tipo y región entienden su encuentro con hábitos distintos desde la dominación y el sometimiento del Otro, y para evitar resquemores nombrando algún tratadista de Monte Chingolo o de Barracas al Sur, que conocemos, transcribimos al antropólogo francés George Balandiers en "Teoría de la descolonización”, 1973: "una sociedad industrializada, mecanizada, de intenso desarrollo y de origen cristiano, se impone a una sociedad de economía "atrasada" y simple, cuya tradición religiosa no es cristiana. Esta relación antagónica siempre es resuelta por la sociedad desarrollada con el uso de la fuerza". Porque ese encuentro entre culturas distintas o alianza de las civilizaciones, para las potencias capitalistas implica una entrega de los demás; los otros; a sus imposiciones políticas, económicas y al fin culturales, en tanto el inevitable proceso de expansión capitalista para subsistir como tal hace que las potencias hegemónicas posterguen sus diferencias. Durante el mayor auge del colonialismo feroz, las potencias imperiales de Europa pese a sus enfrentamientos, a veces armados, guardaban en común la alteridad radical respecto a los pueblos sometidos. ¿Alguien registra algún altercado jurídico entre la potencias por transgredir los derechos humanos de las colonias..? No, en cuanto la histórica expansión capitalista se basó en la concepción que tenía del mundo el conquistador; civilizado o primitivo, europeo o no, superior o inferior; más semejante idea deshumanizada por el desprecio del dominador y la ignorancia y el temor del dominado, fue construido hasta nuestros días en la supuesta superioridad de Occidente. Donde a pesar de Galileo y su cosmología, los sacerdotes siguen subordinados al Papa, los siervos a sus señores y si el Vaticano lo permite, volvamos a la esclavitud lícitamente si total la tierra aún no gira alrededor del sol. Una flor de idea para el Poder que oculta mensajes más densos y peligrosos en las últimas bufonadas "primitivas y salvajes" de sus más notorios empleados.


El tango llegó a la Argentina desde Andalucía.

(Y cuánto contradiga eso, es probable).

Una idea que mucho se difundió sobre el origen del tango sostiene que nació sin letras por 1880, que rítmicamente deviene de la habanera cubana y más tarde, al incorporarle "letrillas procaces y prostibularias" se iría enriqueciendo con distintas características. Según este concepto los primeros tangos de difusión popular fueron expresiones bailables, sin canto, y que entre 1890 y 1900 comenzó a incorporar algunas letras, picarescas y lunfardas. Quizá dicho así, esto no sea totalmente incierto, pero pertenece a una línea que por décadas ignoró lo esencial; la evidente raíz andaluza mostrada en los primeros tangos de Angel Villoldo, autor fundacional de la música de los argentinos, cuya obra destacada se diera a inicios del siglo veinte. Aquel razonamiento, también, creyó inseparables al tango y al lunfardo, esa jerga o código entre dos para que no se entere un tercero, que en verdad resultaron dos perfiles culturales independientes entre los argentinos; dos perfiles que sin duda integran las primeras expresiones independientes de la colonia y por otra parte, tan históricamente potables que podrían sostener cierto "orgullo" de afirmar nuestra identidad. Y por eso mismo, el influjo del tango andaluz y la milonga en el tango argentino son ineludibles para interpretar el origen de una expresión musical incorporada a la manera de ser de tantas generaciones de argentinos, que aún persiste.

Según dijimos, pese a no ser al principio cantable, ya por el año 1811 aparece una copla cantada por los combatientes de Cádiz ante la invasión napoleónica: "con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones", a propósito de las bombas francesas que no estallaban. Y aunque no perdure su línea rítmica, refiere el especialista Roberto Selles en "Las Primeras letras del Tango”, que la milonga siempre fue "una especie musical surgida del canto, como sus antecesora, la guajira flamenca”, y que "milonga" es una voz del Quimbunda, un lenguaje de los negros del sur de Brasil que significa "milonga: muchas palabras, palabrerío". De ahí, seguramente, "déjese de tanta milonga" hoy nos expresa "por favor, no hable de más"…

Las primeras guajiras acriolladas entonadas por los porteños eran letrillas andaluzas de mala intención o de carnadura prostibularia, y en 1857 se estrenó en el Teatro de la Victoria de Buenos Aires, "Tomá mate, che”, del español Santiago Ramos, que aludía al hábito criollo de tomar mate y por ahí decía "me dijo un moza al verme, este porteño me mata. Tomá mate, che, tomá mate, que en el Río de la Plata no se estila el chocolate". Más adelante, 1868, aparece el primer tango que dicen se oyera en Argentina, "El negro Schicoba”, de José María Palanzuelo, organista de la Catedral de Buenos Aires con letra de Germán Mc.Key, un actor panameño, y es una canción andaluza con aire muy juguetón que decía "un tango cara cun tango, un tango cara cun té, dame un besito mi negra ahora que nadie nos ve". Otro estudioso, José Manuel Caballero Bonald, en su obra "Danzas Clásicas Españolas de la escuela antigua” habla entre otras del bartolo o bartolillo, "Bartolo tenía una flauta con un agujero sólo y su madre le decía, tocá la flauta Bartolo", que en Uruguay se adaptó en milonga y en Argentina, además de otras varias, se cantó como tango "Bartolo dejó una mina, yo no la quiero dejar, porque me calza me viste y me da para morfar". Anteriores a este ya existían otros tangos andaluces que se acriollaran marcados con el ritmo de la habanera cubana, como el "Queco”, sinónimo de quilombo, que cantarían las tropas del general Arredondo por 1875, antes de la batalla del Quebracho: "Queco vení pal hueco, Queco, te tengo que hablar", prolongado en su primera memoria como una expresión de tango compadrito. Por 1881, en "Colección de Cantes Flamencos, de Antonio Machado y Alvarez, se menciona "El Tango de la Casera”, que los porteños convirtieron en "Tango del Recoletero” aludiendo a quienes participaban de las romerías de la Recoleta o del Pilar; reuniones de familia durante el día y por la noches concurridas por algunos bailarines de tango. El ya mencionado Angel Villoldo, que fuera el primer autor profesional de tangos en cuanto los otros loa hacían sin rigor musical, tomaba de base al tango andaluz y al cuplé. "La Morocha”, escrito en 1905 sobre música de Enrique Saborido, es decididamente un cuplé para ser cantado por la española Lola Candales, y en 1906 un tango recordado además por su música, en su argumento era un clásico tango andaluz. "Una ordenanza sobre la moral decretó la autoridad policial, y por la que hombre se debe abstener decir palabras dulces a una mujer. Chitón, que al que se propase cincuenta le harán pagar". Además quedan otros rastros del género chico español en los compadritos de Villoldo: "aquí tienen al torito, el criollo más compadrito que pisó la población", hoy mismo nos suena divertido y zarzuelero. Aunque sin ningún ánimo calificador ni crítico, se nos ocurre que Angel Villoldo desconocería la opinión que Domingo Faustino Sarmiento publicara en su "Facundo” por 1845: "en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el tipo popular español, el majo… todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y hasta la manera de escupir entre los colmillos, todo es de un andaluz genuino". ¿Vieron qué poco observador era Sarmiento, el fenomenal?

De todas maneras, en más de cien años de existencia el tango tuvo enormes transformaciones en su ritmo y llegando sus letras a convertirse en algo recurrente en la literatura de los argentinos. Hoy mismo, los escasos tangos que se editan mantienen aquella distintiva argumentación "de lo personal a lo social", en tanto su construcción musical profundizó su tendencia a ser música de cámara, muy elaborada armónicamente y para solistas muy aptos. Tal vez allí se geste otra historia que seguramente no le quitará el carácter argentino al tango, y por ahí rumbeó una crítica Jorge Luis Borges en 1930 al escribir "de valor desigual ya que proceden de plumas heterogéneas, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran un inextrincable "corpus poeticum”, que los historiadores vindicarán. Es verosímil que hacia 1990 surja la sospecha de que la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en "La Urna”, de Enrique Banchs, ni en "Luz de Provincia” de Carlos Mastronardi, sino en las piezas imperfectas que se atesoran en "El alma que Canta”. Se refería Borges a una publicación que recogía cada semana las letras de los tangos nuevos y viejos, y agregó, "esta suposición melancólica o una culpable negligencia, me ha vedado el estudio de ese repertorio caótico". Una reflexión más bien culposa de alguien indudablemente argentino, que podría generar uno de los debates que nos merecemos y no encaramos, tal vez, por persistir en nuestra identidad de mantener con vida un montón de contradicciones.


Entre lo nuevo y lo viejo, Los que Mandan pretenden lo de siempre

Luego de la Cumbre presidencial de las Américas realizada el año pasado en Argentina, donde la mayoría de los mandatarios del área sostuvieran la preeminencia del MERCOSUR a las postulaciones del ALCA defendida sin gran brillo por los presidentes de México, Colombia y por supuesto Estados Unidos, más la posterior reunión de la Comunidad Sudamericana de Naciones donde se propiciara el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la posición de la actual administración norteamericana se endureció en lo diplomático y en lo económico con los gobiernos de la región. Ese percance más la azarosa invasión del ejercito de Israel al Líbano sin llegar a dominar las aguas del río Litani, su principal objetivo, aceleraron movidas y opiniones novedosas en las relaciones existentes en el mundo un año atrás. Algunos de esos episodios, - Medio Oriente dejó de ser lo que eran antes de la invasión a Irak y Latinoamérica va eligiendo jugar con sus propias cartas- originaron un cambio hasta en los medios de comunicación donde hubo personajes que dejaron de aparecer como imbatibles triunfadores, caso del Primer Ministro inglés tan desgastado y los funcionarios de las Naciones Unidas con la credibilidad decreciente en todo representante del Departamento de Estado. La realidad dice que en la mesa de las relaciones cambiarán las posturas y "exigimos la aparición con vida de Condolezza Rice y Tony Blair" es además de un brulote estudiantil en un colegio de Buenos Aires, un dato que deberán atender los países hegemónicos: algo se mueve en el universo que de ningún modo adhiere al sistema de poder reinante. Hay coordenadas que empiezan a ser incompatibles dentro del mismo grupo del privilegio y sin valoraciones buenas o malas, indica cambios imprescindibles de inmediato porque si hay ciclos que se cumplen, también hay nuevos alineamientos que sin duda se vislumbran porque aparecieron nuevos actores en la escena.

Sin alejarnos mucho de nuestra geografía, cuando se habla de la integración de América Latina siempre hubo adherentes y contrarios; consultar la historia; y están quienes promueven el desarrollo del continente sin excluir a las clases bajas, pensando en una nueva sociedad más emancipada y sin privilegios, y quienes quieren forzar el mismo orden de sucesión impuesto por la potencias occidentales y principalmente por los Estados Unidos. Estos últimos, Los que Mandan, persisten en un sistema sucesorio clásico en América Latina, tendiente a reproducir las relaciones de clase existentes durante siglos con el Imperio y reproduciendo las estructuras sociales que nunca se modificaron. La "integración" que proponen los sectores privilegiados es conservadora, es de esperar, más ahora con el agravante contemporáneo que cuando enfrenta las exigencias de nuevas transformaciones sociales se torna absolutamente reaccionario. Esto tiene magníficos antecedentes por lo acontecido en Argentina y Brasil en las décadas del sesenta y el setenta, por ejemplo, cuando la radicación de varias empresas automotrices produjo una explosión ocupacional en numerosos sectores sociales, incentivada y multiplicada principalmente en la actividad metalúrgica, y hubo en el gentío común certezas de una movilidad social casi nunca registradas en ambos países. Entonces, a medida que la tecnificación instalada crecía junto a la capacidad operativa de los trabajadores con una dinámica insólita, resultaron ilustrativas las oposiciones de los sectores tradicionales; en Argentina, agroexportadores con un sentido aldeano de la convivencia con los asalariados, preocupados por los riesgos que corrían sus privilegios dentro del conjunto social. Para ellos, ese embate industrialista que cambiaba la estructura mental de millones de antiguos desocupados y por consiguiente más dependientes, ante la seguridad personal que otorga una mediana seguridad laboral, les doblaba el brazo en la pulseada. No dejar que se quiebre la escala jerárquica ha sido y continúa siendo la sencilla y bastarda ecuación de los privilegiados por el sistema, en su lucha contra el ascenso de los de abajo. Al margen de los factores meramente económicos y de conveniencia, siempre indesechables, los grandes impactos de seguridad laboral con plena ocupación producen no sólo la socialización de los empleados; con el virtuoso condimento de saber quién es y cuáles son sus derechos, el individuo se democratiza y elude la sumisión social que impone el trabajo temporario o la desocupación. Sin publicitar algunas gestiones de gobierno que produjeran los mismos efectos positivos sobre la sociedad y sin adherir a otros de sus enfoques, creo oportuno decir que el mayor aporte que el peronismo trajo, sin paso posible atrás en nuestra historia, fue la liberación psicológica del obrero ante el patrón. Un efecto obtenido en seis o siete años de una industrialización que aunque al fin resultara económicamente incipiente, alcanzó ese resultado invalorable que a una economía pastoril le hubiera demandado décadas.Y esa toma de conciencia en los trabajadores tuvo su correlato de entidad durante los años del setenta, específicamente hasta la llegada del neoliberalismo con militares genocidas incluídos, que desembarcaron en América Latina con un sencillo y oligárquico objetivo de acabar con la industrialización. Ese fenómeno económico que genera sindicatos fuertes, deliberativos y democráticos, debía terminarse a bayonetazo limpio para reconvertir rápidamente al país en un ente de servicios y dependiente. Como siempre quiso la tendencia de Los que Mandan entre nosotros.

La preocupación que demuestran los diarios tradicionales por la posibilidad de un nuevo ordenamiento que modifique los aspectos medievales de esta rutina; con sus ocasionales pensadores, La Nación de Buenos Aires y los pasquines de Miami pendulan de lo ignorante a lo risueño, como si tantas centurias de creer en algo sobrenatural les pesara y aguardaran algún milagro. Tampoco es bueno aventurar una sonrisa al releer las últimas homilías y misas cuestionadoras a los nuevos aires que difunde la Iglesia Católica, que sensatamente no entendemos y como en nuestro barrio no atiende ningún hermeneuta, nos quedamos en ayunas. Pero luego de las últimas experiencias políticas, que bien pueden ser contradictorias, polémicas y en algún caso mal encaminadas, América Latina empieza a morirse como factoría, en consecuencia no acepta de pleno los mandatos antiguos y se desdice hasta de sus enajenaciones políticas. Esta nueva imagen que significa una ruptura ideológica de años en su historia ante las potencias rectoras, es bien entendida por esta episodio de renacer conceptual de la nueva integración. Las reglas integradoras latinoamericanas de ningún modo seguirán siendo el proyecto ALCA que favorece la dependencia hacia EE.UU, sino un atributo organizado por los países del área para una reeducación racional de las ramas productivas, al menos, aplicando todos los mecanismos financieros y políticos para transformar las estructuras existentes. Eso debe ser una imposición de mínima para hablar en serio, pero ¿cómo piensan los estrategas del pensamiento clásico mejorar la condición del hombre en el planeta sin tanto tráfico de armas y de cocaína? Digamos que en esto, el criterio no tiene novedad; en los proyectos de esa clase mandante que ya ignoran la Revolución Francesa sin manifestarse en contra por pura elegancia, persiste en extender las formas de la esclavitud como sea. Para los tradicionalistas del pensamiento en su provecho exclusivo, nada que sea humanamente válido los obligará a modificar su situación. Los "pensadores del neoliberalismo", por decir algo, se han convertido en utópicos furiosos y militantes del mirar para atrás, cuando los demás, los idealistas utópicos, dejamos de ser tan soñadores y nos convertimos en realistas sencillamente por apreciar el futuro.

Las expresiones que los dueños de la tierra y el poder difunden no sólo desde Miami ni con todos sus aparatos informativos y fabricantes de opinión que exhiben a diario falsificando verdades, las fortifican reiterando términos como "tercermundismo", que atenuaron pero persisten con "subdesarrollo" o en "vías de desarrollo", para establecer inconscientes rangos de superioridad en las negociaciones. Sería más democrático y positivo para la convivencia que dejen de pontificarnos sobre los peligros de los crecientes gobiernos autoritarios en América Latina, o de magnificar la inseguridad jurídica y personal buscando espantar a los inversionistas foráneos y romper así las factibles uniones de los países del área, porque si vamos a seguir conversando necesitamos saber que integración buscan y por cuales etapas económicas y sociales deberían pasar las comarcas latinoamericanas para conseguirla.

Digamos entonces señores neoliberales, capitalistas, terratenientes o medievales privilegiados; perpetuarse ante la nueva realidad del planeta con tanto discurso disociador y alarmista no le hará ganar la guerra a un sistema que flaquea. Y entonces mucho mejor sería, quizá, que si guardan algún proyecto serio que saque al hombre de la prehistoria sin volver a la esclavitud, se animen a exponerlo de una buena vez. La humanidad los espera.


Fuera de Israel, ¿los judíos sufrirán daños colatrerales?

La pregunta surge ni bien se habla de la invasión del ejército israelí contra quien sea, de las prepotentes explicaciones en cada caso y la promesa de la dirigencia de Israel en seguir adelante con la guerra pese a cualquier arreglo. Y en Buenos Aires donde vive una comunidad judía gigantesca, pocos atienden esas palabras y sin altisonantes fanatismos étnicos, hoy es común coincidir al calificar la característica de la matanza de civiles libaneses. Para muchos, es una nueva "sodomización” alternativa que practican el Departamento de Estado norteamericano, las Naciones Unidas y el autoritario Israel en extermino contra cada vecino. La gente común comprende hoy esas atrocidades nazis y las desprecia, sabiendo que las huellas del holocausto y la simpatía hacia la colectividad judía de todo el arco político progresista parecía otorgar un crédito inconmovible a ese grupo, hoy empieza a mostrar un franco vulnerable si de justificar el proceder de Israel se trata. Mis amigos judíos me sonrieron puteando o me putearon sonriendo cuando acuñé "Hitler y Sharon un sólo corazón" quizá, eso sí, porque la integración o convivencia étnica, religiosa y racial entre los argentinos es de tolerancia y en la mayoría de los casos, - salvo la patética milicada ultracatólica, en extinción- la convivencia es de una entidad más profunda en nuestra sociedad que la mayoría suele apreciar. ¿Quién puede vivir entre los argentinos de por aquí registrando el origen de cada uno que saluda en la calle? Ningún judío de Buenos Aires fue culpado ni en broma por la carnicería infame contra los civiles del ejército israelí en el Líbano, en cuanto la aceptación del otro, del diferente, está de manera implícita en nuestra forma de vida. Todos, absolutamente todos los argentinos, venimos de lo diferente; así que con eso no se jode…

Y para ilustrar digo que cuando yo era pibe por mi barrio andaban unos rusos "cuentenicks", unos vendedores puerta a puerta que sin regalar nada cobraban cuando podían. El ruso cuentenick de mi casa se llamaba don Simón y traía de todo en su bolsa al hombro: frazadas, un delantal y los zapatos cuando empecé la escuela y hasta el vestido de mi hermana al casarse. Don Simón era una tienda ambulante y pocos le entendían bien cada palabra, salvo mi viejo que cuando lo colgaba con la cuenta el otro dejaba de aparecer y debíamos ir a pagarla al Once, por la calle Alberti. La vez que acompañé a mi viejo descubrí a don Simón sentado de espaldas a una ventana de cortinas macramé, moviendo una tarjeta de color rosa. La cuenta, hasta que mi viejo desplegó un billete como si fuera una baraja ganadora y enseguida los dos entraron a reírse y a conversar de otra cosa. Además guardo otra película sepia: don Simón y mi viejo un verano en el patio de casa, tomando mates de leche cebados por mi vieja; olor a higuera, mi eterno gato gris durmiendo en una silla y don Simón con su saco casi transparente ribeteado de cordón azul, de pronto soltando una carcajada. Nadie sabe cómo esos dos podían entenderse y con el tiempo, mi hermano me hizo entender que a don Simón también le gustaban mucho las minas... Además, imagino o se me ocurre otro diálogo en la cocina de casa, yo haciendo los deberes y mi vieja aguantando a don Simón hasta que llegara mi viejo, ¿y qué nutriría aquel tipo flaco encorvado por su cargamento, con la mirada humedecida al decirle a mi vieja que su familia había muerto en la guerra? "Muertos todos, como ovejas". Alguna vez supuse el nombre de su aldea pero no la busqué en el mapa, si al fin la matanza siempre es una sola.

Un poco más adelante se casó mi hermana, don Simón y mi viejo Pablo se tomaron de los hombros en el patio para entonar "para mí eres divina” y un tanguito que ahora no me acuerdo, y nombrarían a las pupilas de un quilombo en Dock Sud. ¿Qué ritos convocaron esos dos tipos para entenderse, o qué nudos atarían a los tiradores colorados de don Simón para sentirse idénticos? Así que hoy, mis delirios mejor cierran al pensar en aquel cuentenick ruso soportando tanta cuenta impaga, masacres familiares allá lejos y hacerse millonario sin volver a su aldea, y su amigo Pablo, mi viejo, enredado con mujeres del vecino, un balazo con suerte en el cuarenta y huir del domicilio cuando venía la mala. Y por encima del Danzing o el Moldava, hoy andarán putañeando en el paraíso al perseguir entre nubes a las vírgenes infernales. Y entonando en hebreo arrabalero una noche de joda con San Pedro.

Y hasta me olvidé de Martha, que llegara después con sus ojos tan claros, con quien nos juntábamos a ver cine polaco en el Lorraine, y nos lagrimeamos la despedida jurando no olvidarnos nunca, y sin nada sensiblero, digo que fuera de la habitación también llovía... Igual, sumé esta recordación para insistir en mi modo de comprender el mundo, en cuanto ser de la especie humana, persona en cuanto puedo comunicarme con la palabra, y compelido por la naturaleza de mi especie a comer para subsistir y aparearme para la procreación, hay asunto que sienten mi debate. Ser humano y luego de varios trasvasamientos generacionales, puedo ser todo lo demás. Digamos, ligarme a las demás categorizaciones culturales que son las etnias, las religiones, los sitios de origen y demás apoyaturas no tan vitales al hombre como comer y aparearse, pero que por imposición del Poder, en los últimos siglos marcan las peleas por el destino de la humanidad. En cuanto si olvidáramos tantos artificios culturales para develarla; biblias, coranes, escrituras y acertijos; la historia de la humanidad es más fácilmente explicable si estudiamos las migraciones por hambruna que debió soportar la especie. Pero en medio de todo esto se ha metido el Poder a imponer otras causas secundarias a esas hambrunas: Los Que Mandan culpan de las discordias a equivocadas elecciones étnicas, a las diferentes creencias prefabricadas de más allá o más acá o a la incidencia de la melanina en la coloración de la piel. Todo eso es al fin secundario y postizo al lado de la innegociable necesidad vital a la especie; comer para subsistir; una imposición que no ha de ser inherente a los dioses pero sí, con certeza, a todos los hombres del planeta.

Así la cosas y a contrahistoria, el Poder dispone ponernos a todos en estado de emergencia temerosa, - el modo simple es controlar de la computadora a nuestra dormitorio- anunciando cada día atentados que no fueron pero casi, y muy peligrosos. Y entonces, lamentando no mencionar más momentos memorables con los paisanos de la comunidad judía de Buenos Aires, entiendo que por eficiencia del actual gobierno belicista de Israel, aquí y donde estén, los judíos comunes; los herederos de don Simón- sufrirán algún daño colateral en sus relaciones cotidianas. Y no me digan que nos les avísé.


El liberalismo, ¿de tan irracional apuesta a todo?

Luego de la conferencia hecha en Argentina para consolidar los acuerdos del Mercosur , los medios sudamericanos más notables o cotizados volvieron a denostar "las pretensiones de un proyecto utópico y tantas veces fracasado". Además de los sainetes propios de la fauna anticastrista residente en Miami "festejando la muerte de Fidel Castro", y ocultar las atrocidades del ejército israelí en el Líbano por apoderarse de las aguas del río Litani, la expresión de deseos contra la posible integración parcial de América Latina siguió voceando en los medios de comunicación. En algunos casos y en aras de prestar su mejor servicio, los columnistas de los diarios más tradicionales equivocan o suprimen datos sustantivos de la historia; si después de todo lo publicado no pretende ser informativo sino todo lo contrario, lo más corriente en estos pergeños de los multimedios es la omisión de componentes que hoy pesan en la realidad social y política del mundo. A saber, la nueva conciencia del gentío común al defender la natural riqueza del sitio donde habita, - detalle expresado en Bolivia y también en la irresuelta elección que cuestiona López Obrador en México- y que establece nuevos marcos a la realidad política de la región. Este aspecto, casi subjetivo todavía, está en escena y hace menos manejable la hegemonía del capitalismo financiero y voraz de las corporaciones multinacionales. Esos gigantescos intereses alentados no pocas veces por los gobiernos norteamericanos de turno, sin mengua de la línea bipartidista que administre USA, son una fuerza contraria a cualquier idea de integración continental. Y a ellos y con su estilo, indefectiblemente se suma el elenco estable de fuerzas retrógradas en cada país; tal vez los presidentes de Chile y de Uruguay podrían decir algo sobre esto…

La integración de América Latina está en su génesis, y desde su concepción se repiten los nombres de San Martín y de Bolívar como pilares indiscutidos de esa idea. Esto es bien sabido y en los estudios del peruano Carlos Mariátegui, (l894-1930), o del argentino Rodolfo Puiggros, (1906-1980), este proyecto erigió la idea de mantener los propios rasgos culturales de la región, educada por siglos en la escuela europea de la actividad económica y política. Esta pretensión, al parecer ingenuamente localista en tiempos de globalización extrema, tiene razones profundas y ocultadas siempre por los mentores de la opinión histórica, en cuanto la división de la zona rioplatense en una serie de semicolonias pastoriles, por ejemplo, fue impuesta a sangre y fuego por las fuerzas tradicionales del liberalismo. Esas separaciones geográficas y la consecuente realidad regional, hoy le acarrean a sus habitantes esta infame repartición de riquezas y miserias, en un lugar del planeta pródigo en alimentos y recursos, y sólo esta incongruencia ya denunciaría que los sectores explotadores aplicaron aquí un liberalismo ajeno a los principios que incorporó la Revolución Francesa a la civilización occidental, por decir algo.

La estructura socioeconómica tradicional de América Latina se origina en la colonización de España y Portugal, que poco se iría modificando por el accionar de las fuerzas sociales internas. En Argentina, en el campo social siempre pesó la influencia de un clericalismo retrógrado, y en lo político económico los aires pendularon por tendencias germánicas, anglófilas o proyanquis, según. En ese contexto y salvo algunos conservadores lúcidos que no abundaron pero en el siglo veinte actuaron en la educación de los argentinos, o pequeños interregnos distributivos durante el peronismo donde tampoco dejaron de enriquecerse a dos manos, las oligarquías gobernantes en Argentina siempre fueron y a muerte, liberales de rapiña. Y también "a muerte" se aseguraron con los sangrientos procesos católico-militares, lo mismo que el resto de la región.

Históricamente, el liberalismo en América Latina jamás asomó como síntesis de las libertades ni de ruptura con el pasado dominador, y por el contrario, fue cimentado y aprovechado por los adueñadores espúrios de la tierra y sus riquezas naturales. Conquista del Desierto mediante y sus derivados, el liberalismo funcionó y lo sigue haciendo como una antítesis del "estatismo controlador", considerado por ellos una maldición colectivista, disociadora, contraria al ser nacional, terrorista y otras usuales pendejadas, cuando un Estado liberal en serio actuaría como regulador de todos los excesos y achicaría las brechas del conjunto social que los falsos liberales desprecian.

En esto de cambiar el sentido de las palabras para modificar las cosas ellos son astutos y basta observar la postiza oposición que inventaron entre Estado y Libertad, concluyendo que el único Estado democrático es aquel protector de las libertades burguesas, digamos propiedad inalienable y nada más, y los demás son "gastos innecesarios que hacen las burocracias públicas con los dineros del contribuyente". Para los liberales modernos, un Estado totalizador que proteja los intereses comunes, de todos, de la comunidad, por un rebusque idiomático es hoy un Estado Totalitario, enemigo de las libertades individuales y demás enunciados que siempre significan "el Estado debe dejarnos tranquilos a nosotros, los dueños del Poder". Ellos defienden cualquier realidad que los favorezca, pese a que en el esquema político que nos aplican subyace una atomización de la sociedad, y un amontonamiento más que una totalidad de individuos que la integran. Cualquier liberal admira el progreso cuantitativo propio y de ningún modo el crecimiento cualitativo del conjunto, ellos al fin se sienten de otra especie, son exclusivos y se pertrechan tras un criterio incomprensible y diminuto: si cada libertad se apoya en la propiedad privada de bienes, se ignora la libertad y demás derechos de quién no tiene. Este axioma es tan sencillo que hasta yo mismo lo entiendo, muchachos, pero el liberalismo, "empírico" o "dialéctico" del origen en cuanto fuerza renovadora de aquella realidad anterior, una vez en el Poder se convierte en "pragmático" al usar todo su herramental en perpetuar y mejorar para sí las estructuras que le convienen. Al instalarse y ya dominador del futuro, el liberalismo abandona la dialéctica renovadora de su concepción, desechando monarquías y feudalismos, por ejemplo, y hoy defiende su fugacidad como clase descalificando a cualquier oponente. Y ni hablar que pudieran desplazarlo el proletariado de abajo. "Haciendo evidente que las única libertades que hoy concibe el liberalismo son las que engendraron su lucha contra el absolutismo feudal, o sea el religioso y el monárquico que eran las últimas reservas del absolutismo en Europa, y el liberalismo de hoy es cada día más excluyente y esclavista", nos dijo alguna vez el mismo Rodolfo Puiggros a propósito de este engendro ideológico que soportamos.

Este esquema liberal tuvo origen en la colonización anglosajona de Estados Unidos. Esos inmigrantes libres de prejuicios feudales pero enajenados al individualismo económico más cerril, construyeron conceptualmente al liberalismo actual: los norteamericanos todos abrazan la creencia de obtener esa libertad que ellos asimilan al sistema, a través del enriquecimiento paulatino de toda la sociedad en un proceso de acumulación capitalista y personal. Entonces, defender su propiedad y por ende, su idea de libertad que ella implica, en ellos engloban todos los valores de las democracias representativas, la igualdad de oportunidades y demás discursos de cada día y hora. Esto sería interesante si todos accedieran a ser propietarios de algo valioso, y si pensamos que específicamente pertenecemos a una especie, esa concepción política revela cierta índole atomizadota del grupo humano, enajenando al individuo detrás de su logro económico propio y nunca dentro del grupo; algo que individualmente resulta histérico pero algo menor, si miramos al proyecto económico que habilita desde la sumisión de las multitudes a las matanzas de los opositores al sistema. En nombre de la libertad, la democracia y algo más que ahora no me acuerdo, estos tipos apuestan a quedarse con todo. Pero, ¿y si por ahí se termina el juego?


En cada invasión al sistema le suben el precio.

Vea pibe, quien lleva una movida de ventaja siempre oculta algún tomate de la discordia.

Los que Mandan no malgastan mucho ingenio para proteger sus "valores de la democracia" y con cualquier aderezo palabrero nos hablan de nuestra seguridad, del futuro, de la felicidad que disfrutamos y otras condiciones sólo posibles en acuerdo a sus dictados. Desde el derecho a comer en libertad al cotidiano accionar de cada civilización, nada es ajeno a esa supervisión del Poder que ejercida durante siglos con un sigilo envidiable por lo eficaz, hoy resulta apenas perceptible. Desde la constante amenaza que abaten sobre el mundo y jamás nos explican con justeza, al temor a ser castigado en el más allá de los infiernos y las Apocalipsis anunciadas en los púlpitos, o el miedo a terminar siendo dominado por ideologías criminales, creencias místicas o funestas previsiones que se le antojan al Poder, los seres comunes de todas las comarcas, - nosotros- despertamos cada día contemplando "el tomate de la discordia: nuestra inquietud perpetua en cuidar la felicidad que nos aseguran tener”...

Con renglones por el estilo pero seguramente más divertidos, nos iluminaba y confundía en el café de nuestra barrial adolescencia un ignoto viejo de dos ginebras cada atardecer, y añoramos aquel privilegio de oírlo alguna vez sonreírse de tantos imprecisos cataclismos que fueron institucionalizados desde el Poder para neutralizarnos siempre. Brujas, serpientes, pecados, posesiones del demonio, ateísmo, nazismo, amenaza japonesa, stalinismo, peligro chino, nacionalismo, Al Qaida, los terroristas que tumbaron las torres de N.Y., sectas musulmanas o etnias latinoamericanas muy peligrosas, y a no desolarnos que ya tendremos otras. Aunque atentos a la diaria información, de todos esos riesgos nos protege el Poder; esa entelequia impenetrable, ajena a los mortales comunes cercanos y palpables, el grupo elegido, Los que Mandan y nos controlan sin protegernos, diría el viejo que ironizara de "esa felicidad que nos aseguran”. Y advertía llanamente que esa incierta felicidad que nos pregonan desde púlpitos, televisores, computadoras o infames parlamentos políticos, al fin activan de modo inconsciente sobre las sociedades. Pero de cualquier modo, el complejo aspecto de elegir cualquier ideal o línea sigue siendo absolutamente individual; cada uno elige, - entiende hacerlo- el bando de los descreídos de un sistema que cada minuto agranda más la brecha entre los humanos, lo que asegura males mayores, o el de quienes prefieren mantener "por sentirse realizados", una civilización afín a Los que Mandan. Este límite entre inconformistas y conformistas que hoy pinta como aleatoria, en poco tiempo más de acercamiento cibernético resultará una imposición conceptual; algo que muchos definimos luego de atender a cierto viejo orate en un boliche de barrio o haber leído el Quijote, en otros que laboriosamente prosiguen disputando su lugar en el mundo, esa elección tal vez se halle oculta o sublimada. Igual, pocos discuten en términos culturales que el individuo es un sistema abierto pero estructurado por su herencia, después su trayectoria personal que le genera respuestas ante la realidad y al final o al principio, - no calienta- al entorno social que lo define. Naturalmente, sobre todos nosotros y desde el individuo de condición más pobre al de selecto barrio privado y alienante, actúa el Poder con las herramientas de la comunicación de masas que afila y perfecciona continuamente de modo deslumbrante.

"Quién le dice qué a quién, y con qué fin", se decía Harold Lasswell por 1950 al vincular a cada uno con el otro y al sistema social en conjunto, procurando unir al sistema de la comunicación con la producción, el consumo y las decisiones culturales. ¿Con qué fin alguien le dice qué a quién?, sería hablando simplemente el antiquísimo "tomate de la discordia" del que se ensañara el viejo del bar, pero ya tiempo antes lo sentenciara el bueno de Carlos Marx en su ensayo sobre el capital: "el productor crea al consumidor". Una densa opinión que acaso gire en el acontecer cotidiano de la humanidad desde siempre, en tanto nadie puede apartarse de comer para la subsistencia y procrear sin aparearse, como sea, y esas dos necesidades esenciales no son negociables en ningún caso. Así que por mucho eficacia que ostenten los medios de comunicación, siendo un interés económico obediente al Poder y sin necesidad de reacción "cultural” masiva contra su discurso cotidiano, deben ya cotejar sus infundios no sólo con la dialéctica y el buen uso de la lógica, - asunto que los tradicionales diarios argentinos hoy poco frecuentan- sino con el específico y agobiante peso de la realidad. Esa realidad de todos los días donde el ocultamiento de la verdad objetiva se hace muy trabajosa y que últimamente ofrece sincerarse en ciertos medios escritos. Al menos, hemos leído calificar a la invasión de Israel al Líbano como una "devastación israelí contra el pueblo libanés", o del desmadre conceptual entre las congregaciones judías de América Latina; por supuesto, tradicionalmente más progresistas y democráticas que el estado terrorista en Israel, prohijado por Estados Unidos. No pocas agrupaciones judías critican el accionar de Israel porque "todo estado armamentista es un estado terrorista”, ellos han dicho, y el estilo contradictorio de estos renglones tiene un excelente espacio en "El País” de España, 15-7-06, donde el ocuparse de a Reunión Cumbre de los Ocho, en San Petersburgo, el columnista acepta que los dueños de las riquezas naturales no pueden ser ignorados en la mesa de las negociaciones si el sistema económico depende de la energía, y no hay buen rumbo si para obtener esos recursos deben hacerlo por la fuerza. Ese enfoque tan novedoso hoy se expone porque el próximo contrincante a ser tomado por asalto para adueñarse de sus riquezas subterráneas bien puede ser Rusia. Y publica el importante diario español que el gobierno de Moscú afronta la cita con los demás poderosos con las mejores circunstancias favorables, anunciando de movida no estar dispuesto a discursos sobre democracias ni otras consideraciones programáticas, y explicó "crudamente" que su país tiene nuevas pretensiones en cuanto es dueño de cuatro veces más reservas de gas y petróleo que las otras siete potencias juntas. Algo para recordar, y que de semejante exposición hecha por Putin a los demás representantes del Poder y Los que Mandan, la falta de firmeza futura de occidente para tratar las crisis de Irán, Corea del Norte y "la devastación israelí en el Líbano”, textual, sólo hay un corto paso para las concesones. Esta sensatez ante el panorama "cuando los países industrializados deben ser absolutamente sensibles a los argumentos de quien puede abastecerlos de energía durante los próximos años", pone al diario español "El País” de contramano a otros medios serviciales al Poder que ignoran el peso de las cambiantes realidades. ¿Sus columnistas aceptaron meramente que "nadie protege esta felicidad que nos aseguran tener", o algún viento menos controlable viene soplando en el reino? Por eso y sin desbarrancar en predecir cambios sensacionales en las sociedades injustas y mal repartidas, ni en la ilusión de rebrotar en los fabricantes de opinión la idea ética y fundacional donde el autor debe dar un producto cultural distinguido del resto, nada de eso, sí creemos que pronto muchos comunicadores no acusarán de terrorista a cada país que defienda su riqueza natural; digamos Medio Oriente y América Latina; sino porque el precio del bienestar lujurioso de los países centrales cada día será más elevado. Y esto, aunque los empresarios del periodismo sigan negando la inteligencia de sus oyentes y lectores por omisión, es una circunstancia inesperada que puede apurar su marcha si la información imparable y su procesamiento, que groseramente nombramos Cultura, nos indique mejor a todos "cuál es el tomate de la discordia".


Instrucciones para ajusticiar un toro.

Cualquier cristiano bien nacido merece una fiesta taurina, y como los toros deben ajusticiarse por el tremendo daño inferido a nuestra prosapia, aquí van sugerencias para humanizar la faena.

De primera, no esperar a que el toro vaya al ruedo cuando se le cante y salir a buscarlo con un grupo decidido y heroico. Si la bestia animal se escondiera a oscuras, según hacen esos cobardes, iluminarlo a reflectores y espetarle "oye hijoputa, ¿no teneís pelotas para enfrentar a este manojo de valientes"?, O frase similar al tiempo de embocarle unas municiones del "40 entre pecho y espalda. Luego, aunque la bestia sea promiscua y de baja moral, busquemos zaherirlo: abanicarlo con pases de capote, preguntarle "¿dónde ganaste esos cuernos, cabrón?", y si el miura no reacciona con gallardía jerezana o parecida, gritarle "tu vaca, esa flor de putanga, mientras tú la vas de bestia sanguinaria te adorna con toda la ganadería". Eso, y si ahí el toro no se hinca para que lo descabellen, el matador puede insistir "eres igual a tu madre, vaca más puta que las gallinas". Que se sabe, eso ofende a cualquiera sea toro o gallareta…

Otra manera de liquidar rápido a un toro es calzarle audífonos de soportar el pasodoble de la banda, que bien desafinan esas otras bestias... También desorienta a cualquier puro de lidia un coctel Molotov entre las patas traseras, y ante su crisis de identidad taurina que lo haga elaborar su duelo maricón sobre la arena, darle de garrotazos entre personal de cuadrilla y especiales invitados. Existe también la variante de interrogar al toro por los creyentes militares sudamericanos con más agentes de la CIA, sin Derechos Animales que valgan, y antes de ensartarlo los picadores sea atropellados de vez en vez por camiones pesados de combate.

Señores, llegó la hora de bregar para cobrarnos el daño que durante siglos los toros miura hicieron al estilo de nuestra confesión. Excomulguemos a quienes buscan igualar a tantos toreros de un lado versus iguales toros del otro, y a los malparidos que quieren confesar al cuadrúpedo para morir en la paz de su demonio y aprovechar a los curas de la Plaza. Igualmente, explsar de nuestro seno a los herejes que ríen de cualquier matador al verlo patitas pa que te quiero antes de ser corneado en su traje de luces, aunque no sea a las cinco en punto de la tarde... Además, otra desvergüenza de los cómplices de los toros fue difundir que el Ernest Hemingway, luego de alabar las corridas en su libro "Muerte en la Tarde" sintió tanta vergüenza que se suicidó abandonando el whisky. Eso fue un infundio, otra cabronada, y como al criticar nuestra Fiesta de los Toros la barbarie nos ha declarao la guerra, es hora de mostrar que a "eso" nadie nos gana y a ellos. Que vale.


Entre el capitalismo procaz y una filantropía incierta.

"¿Dónde hay un mango viejo Gómez?,
se lo han limpiao con piedra pómez”
Ranchera, de Ivo Pelay y Francisco Canaro. 1937.

Para hablar de dinero, símbolo virtual al intercambiar bienes reales y según los financistas "hacedor de toda la riqueza", es bueno memorar algo cantado en Buenos Aires al arreciar la crisis del treinta, y como este remedo tan argentino no se traduce fácil, John Kenneth Galbraith nos ayuda en su libro "El Dinero”, 1975: "que el amor al dinero es la causa de todos los males es algo que puede discutirse". Y según Adam Smith, un profeta ligeramente inferior a los de la Biblia según los economistas liberales, "todas las ocupaciones a las cuales hasta entonces (1776) se había dedicado el hombre; guerra religión, política; la de ganar dinero era la menos perjudicial aunque el afán constante por el dinero atraía comportamientos francamente irracionales en el hombre". Claro que ese escrito de 1776 resultaría erróneo aunque fuera de Adam Smith, por la idea perpetua de la gente poseedora de dinero "quienes suelen imaginar que el respeto y la admiración que inspira el dinero son realmente debidos a su propia sabiduría o personalidad". Esta constante cultural de quienes "mucho tienen" se aprecia en sus ritos sociales, y palabras más menos de Adam Smith, naturalmente que no todos los privilegiados por la tenencia monetaria son fanáticos de sus virtudes. Pese a que en buen romance aparece otra observación de John Kenneth Galbraith al atinar que la mayoría de las personas adineradas, cuando atisban la decadencia de alguien con fortuna "con cierta rapidez morbosa le evaporan el respeto y la admiración". Igual que sucede en cualquier club barrial y popular, la descalificación impera en toda clase y suele generar tragedias entre los adinerados que poco antes llenaran las crónicas en los medios económicos y mundanos. Esas cosas...

Apagada cualquier repercusión por jugarse en esos días un mundial de fútbol, (recién los alemanes eliminaron a los argentinos) en junio del 2006, el señor Warren Buffet, - cuarenta y cuatro mil millones de dólares- le dona a una fundación Benefactora que preside Bill Gates con su mujer, - dueños de algunos dólares más- treinta y un mil millones. Esta cifra a entregarse de modo paulatino debe ser usada en contra del hambre de los niños no solamente africanos, conste, más en otras pequeñeces desatendidas por los estados nacionales de todas partes. Al señor Warren Buffet, un "Top 5" apenas por debajo de Bill Gates en las publicaciones de la revista Forbes, donde jamás aparece algún amigo nuestro, lo llaman "El Oráculo de Omaha" por su manera de comprar empresas devaluadas para dinamizarlas y mantener su inversión en el tiempo. Este hombre de negocios no se considera un especulador y sí un inversor que sólo arriesga dinero en los negocios que entiende, sin abandonar nunca su dedicación al rubro seguros de su empresa Berkshire Investement, o algo así. No faltan los cronistas que develan otros datos y condiciones de "un financista que suele hacer muy fácil lo que otros consideran difícil", - Borges olvidaría esa frase- y repiten que su éxito consistió en factores tan sencillos que ni vale la pena comentar. Y este Warren Buffet, mayor de ochenta años y tenaz defensor de su estilo de multiplicar dólares a fuerza de conocimiento, paciencia y disciplina, por razones de amistad, confianza y entretejidos que nadie puede atravesar con sencillez, decidió donarle esa enormidad de dinero a la fundación de ayuda social que dirige Bill Gates, considerado hoy el mayor filántropo del mundo y que emprendió no hace tanto tiempo una carrera tan asombrosa en su proyección como la del inventor Thomas Alva Edison. El mismo que luego de inventar el fonógrafo en 1877, que permitía grabar sonidos en un papel de estaño, dos años más tarde exhibió su invento más sobresaliente de todos, la bombilla incandescente que hoy seguimos utilizando al menos en mi casa, y que por su proyección comercial hallaría un punto de relación con el fenómeno de las computadoras que aprovechara Bill Gates, y le sirvió para acumular como mínimo cinco millones de dólares diarios en los últimos veinte años. Edison, luego de perfeccionar el foco eléctrico, entendió que en ese pequeño pero genial adminículo se apoyaría una demanda inusitada, y dedicó su tiempo futuro a la generación de energía con los dínamos y usinas que serían su verdadero gran negocio, iniciado la instalar la central eléctrica de Nueva York en 1882. La bombilla instaló la demanda igual que un siglo más tarde la computadora generó la interminable demanda del producto que venden las organizaciones de Bill Gates; y digamos sólo esto para abreviar debates por igualar a Thomas Alva Edison con Bill Gates… Y llegados aquí recordemos lo que algunos medios de comunicación adictos al establishment económico rebuznaron a propósito de la "donación" de Warren Buffett a la fundación de Bill Gates, y nos detendremos apenas en un empleado de la CNN en español, cuando salió al cruce del acuerdo pontificando, eufórico, que los fondos serían mal utilizados al socorrer a gobiernos incapaces y corruptos, en países que ocupaban esos lugares de atraso por deficiencias propias. Eso sí, el hablante no arriesgó a qué caja de caudales deberían ir tantos millones y como ese absurdo no asombra en la CNN en español ni en arameo, hubo otros renglones orientados al mismo objetivo descalificador en medios rebosantes de vaguedades, que por ser tan "tradicionales" ni mencionan la patética organización económica que acelera la acumulación de semejantes cifras en poder de una sola persona o un reducido grupo. Eso es lo irracional, inexplicable y a contramano de la especie humana, en tanto la filantropía, - eso que dicen Bill Gates y Warren Buffet- no es más que profesar amor a sus semejantes y procurar su mejoramiento, o una segunda intención que no entendemos y así publicitada consideramos una enajenación desvergonzada de la cordura, en tanto nadie nos explique porqué en este evolucionado siglo veintiuno los dueños de fortunas inimaginables, o sus amanuenses, pueden decidir todo a su antojo en nombre de la humanidad. Y nosotros quienes no entramos en las reuniones de Los que Mandan, les pedimos a los informadores y exegetas del sistema que tanto aplauden a los triunfadores, nos digan si estos filántropos merecen ese diploma o sólo cursaron las materias del sistema capitalista imbécil y feroz. Para seguir averiguando dónde hay un mango, lo mismo que en el treinta.


El miedo a la recesión no se calma con discursos.

El nombramiento del presidente de la financiera Goldman Sachs como Secretario del Tesoro y la salida de Alan Grenspan de la Reserva Federal norteamericana, sacudió los mercados accionarios en general, y a renglón seguido, cuando la tasa de interés se fijó en 5% anual y con tendencia a seguir subiendo, la incertidumbre ante el aumento del desempleo y el posible aumento de los combustibles traen a Estados Unidos una inquietud poco frecuente. En la puerta de casa se instaló el miedo a una recesión que desde hace tiempo muchos economistas entienden dilatada más de la cuenta; temor que no se calmará suban o bajen más las tasas ni acciones ni significaría la catástrofe final del sistema capitalista, de ningún modo, pero evidencia la venta de espejitos de colores que se dieron con el régimen neoliberal impuesto al mundo entero en las últimas décadas. El contragolpe recesivo puede entrar en la vida de los habitantes del mundo más seguros y suficientes , por un descuido en la defensa del mismo estado norteamericano. Lo llamado neoliberalismo, este voluntarista principio económico ofrecido al consumo masivo desde la Universidad de Chicago; Milton Friedman, sus Chicago Boys y gerenciados por el grupo Rockefeller; fue indiscutido en los noventa y ahora desemboca en la inseguridad de todo el sistema no sólo por generar Patrias Financieras en cada barrio del planeta, sino por las consecuencias negativas que la mera especulación le trajo al conjunto de la economía. John Nash, premio Nobel de Economía en 1994 y personaje del film "Una Mente Brillante", argumentó que las teorías neoliberales no sólo eran vulnerables sino falsas, y el mismo Decano de la Universidad de Princeton, Mr. Helinger, aceptó que los cálculos matemáticos de Nash chocaban con la teoría económica que le adjudican a Adam Smith; matriz intelectual del liberalismo económico, malversado para imponer este pastiche académico. Y aunque ese debate sea otro tema, es bueno repetir que la economía, jerarquizada como una ciencia a veces ajedrecística, en cualquier crisis se convierte en un simple "Ta Te Ti" con pretensiones...

Hoy las políticas y los intereses se entrecruzan y definen con una nueva dinámica. El mundo no es más el bucólico y virtualmente previsible del fin de la Segunda Guerra Mundial, y aunque esta aventura de las comunicaciones repita lo acontecido en el inicio del siglo veinte con la llegada del teléfono, el automóvil y los viajes intercontinentales, ese cambio que imaginamos "tan eterno como el agua y el aire", diría Jorge Luis Borges, que redujo la ropa de las mujeres occidentales y actuó tanto sobre las conciencias y el habla, no cambió sustancialmente el orden político de las sociedades. Por causas del Poder o el "No Poder", - aún existen "familias reales" decadentes pero privilegiadas- la transformación no profundizó en las relaciones de justicia ni en el reparto de la riqueza. El cambio resultó en lo operativo por el uso de la informática en todos los niveles, hecho que suele confundir al desarrollo con el progreso cuando no son lo mismo, y es hora de actualizar los modificados escenarios internacionales que aún no fueron asumidos. Según Immanuel Wallerstein, director de la Yale University, hubo una época en la que Estados Unidos ejerció verdadera hegemonía: al terminar la Segunda Guerra Mundial y desde 1945 a 1970 logró todo lo que se proponía y cuando quería. Con su gran prestigio dominaba a las Naciones Unidas como una oficina de servicio exterior y mantuvo a la Unión Soviética en los límites del ejército rojo en 1945. Con la hoy devaluada CIA echó a todo gobierno inamistoso y hasta adelantó jugadas al asesinar al líder colombiano Jorge Eliecer Gaitán, que los intranquilizaba, en 1948. Intervino en Irán en 1953, llegaron las glorias del Reza Pahlevi; y utilizando a Castillo Armas desde el mismo territorio yanqui, invadió Guatemala en 1954 y liquidó al gobierno constitucional del incómodo Jacobo Arbenz. Igual Estados Unidos tuvo aire para tomar el Líbano en 1956 y República Dominicana en 1965; por ahí tuvo un leve contratiempo con el pueblo cubano, diría algún ironista, pero su ventaja económica y militar sobre Europa Occidental y Japón todo le permitía. Con ellos diseñó una alianza natural, una tríada de poder que últimamente viene rengueando bastante ante los empujones étnicos y nacionalistas que se vienen en todo el mapa europeo. EE.UU. perdió la Guerra de Vietnam en 1973, fue humillado en el Irán de Khomeini en 1980 y ahora se expone de nuevo a lo mismo, y Ronald Reagan ordenó el retiro o raje de los marines del Lïbano en 1982 dos días después de jurar que no lo haría. Ahí ya el guapo del barrio empezó a perder prestigio y aunque el poderío de los belicistas norteamericanos no está acabado, se sabe que la última vez que EE.UU. obtuvo lo que quería fue al ordenar al general chileno Pinochet asesinar al líder socialista Salvador Allende en Chile en 1973. Y poco más tarde prohijó el golpe militar en la Argentina de 1976, donde con cierta anuencia de la dirigencia política y sindical aplicó a sangre un servicial proyecto neoliberal; el de Friedman y sus Boys; que iniciaron los militares con el agente Alfredo Martínez de Hoz y culminaron otros numerosos personajes.

Puestas así las cosas y resentida la alianza con Europa y Japón por el desajuste financiero sin solución inmediata, la clase dirigente estadounidense en su conjunto y no solamente el presidente Bush, militarizó la globalización invadiendo Irak. Ahí cohesionó por un tiempo a sus aliados europeos hasta que casi todos ellos cayeron electoralmente en desgracia, y Estados Unidos, casi solitariamente, después de masacrar infinidad de inocentes en Irak hoy amenaza a Irán más tres o cuatro países asiáticos, "ejes del mal”, y agrava un conflicto que cada día más le complica su propia jugada. A pesar de ablandar el trato ante Irán al ver la dureza del enemigo que eligió, cualquier decisión privada de USA para quien los demás no existen, no traduce ninguna superioridad sobre los otros miembros de la tríada del imperialismo colectivo, Europa y Japón, sino que es un intento de compensar su debilidad en esta instancia que no le resulta fácil de controlar. Si hay dudas es bueno revisar los datos del déficit presupuestario de USA. que de 59 mil millones de dólares en enero del 2005 anda por los de 67 mil millones de dólares, o algo así. El asunto es ahora profundo porque el elemento físico de la discordia, el petróleo del que "los norteamericanos somos adictos", dijo hace muy poco su presidente, es un bien negociable a generar situaciones terminales a muy corto plazo, digamos cinco años. Así que como la próxima realidad del planeta promete ser azarosa no solamente por la suerte que tenga Wall Street en adelante, sería divertido escuchar las explicaciones de los economistas que negaron durante años este desenlace. "Como expectativas de mínima" pueden ser patéticas.


Las ideologías malheridas vienen mejorando.

A mediados de 1940 y recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, Ernest Hemingway, (Adiós a las Armas, El viejo y el mar, Por quién doblan las campanas) presenció en las calles de Roma a una multitud entonando "Bandiera Rossa”, un himno de la izquierda, y quizá el escritor demostró su adhesión elevando su copa. Y al preguntarle si él era comunista, el hombre acaso apartara su whisky apenas algún centímetro y aclaró "no sé, pero a la mejor gente que conocí la he visto morir por esa canción”. Así calificó el lúcido escriba que viera tan de cerca la guerra civil española, el estilo y la ética de esa muchedumbre al pretender una conducta que se pareciera a ella misma, una identidad, sentirse iguales. Y en cuanto acercar las ideas se llama Ideología, eso "es malsano para el liberalismo económico” recitaron durante el noventa los publicistas afines a Francis Fukuyama; miles de opinadores del establishment que asolaron la inteligencia pontificando que la caída del Muro de Berlín en 1989 significaba "la muerte de las ideologías", "el fin de la historia" y alguna otra ocurrencia imbécil. Total, los gigantescos intereses que financian esas teorías insostenibles que bien analizadas resultan contrarias a la misma naturaleza humana, con semejante cobertura "ideológica” prosiguieron con su negocio otra generación más. Y lo hicieron por más artificial que fuera ese panorama de la realidad que hoy, en mayo del año 2006, se repliega en cualquier país dirigido por los iluminados del triunfalismo más oscuro, como sería el gobierno republicano en USA con un setenta por ciento de opinión desfavorable, con las inapelables derrotas electorales en España, Gran Bretaña, Italia, Alemania y donde hubiera elecciones. Esas expresiones mayoritarias demuestran que el pregonado fin del pensamiento crítico y de la historia está muy lejos todavía y pese a negarlo, en las votaciones europeas se imponen los opuestos a considerar al mundo como algo solamente posible si perdura el capitalismo neoliberal, una perversión defendida por los Aznar, Berlusconi, Blair, Bush y sus siniestros ganadores del sistema.

Está claro que la historia no tendrá fin en tanto uno de los grandes misterios de la especie humana sea la diversidad infinita; que un individuo jamás sea rigurosamente igual a otro asegura el devenir perpetuo y también que si una parte de la humanidad pretende ordenar una manera común de comportamiento, antes debe procurarse un conjunto de ideas comunes. Y si seguimos usando la palabra para comunicarnos, atención capitalistas a ultranza que eso se llama Ideología y que bregar por lo mismo no es una mala palabra ni siquiera entre ustedes, los exclusivos, al insistir con esa elegante tendencia de recluirse en barrios cerrados, práctica de familia universal entre quienes pueden ostentar seguridad económica en demasía. Después de todo, ese ademán exhibe la intención común de los ganadores en preservarse de la contaminación del mundo real, - tan peligroso y lleno de pobres- y quizá si lo piensan sin apasionamiento, sea una moda contradictoria a gente tan individualista y ajena a las preocupaciones de la gente común. Un antagonismo conceptual que nos recuerda algo conversado en un bar de Buenos Aires hace unos días: alguien bromeó que un ejecutivo refugiado en un barrio privado clase A, cuando un médico le descubrió que tenía una pierna levemente más corta que la otra lo corrigió "por favor doctor; tendré una pierna más larga que la otra. No es lo mismo".

Pero brulotes para exclusivos al margen, por más que "ideología" signifique muchas veces la reducción de las ideas a un intención grupal, ha sido siempre un término maltratado por la barbarie confesional que en Argentina, por ejemplo, acuñó la salvajada "por algo será” al hablar de los desaparecidos por creerlos de izquierda. Y ante esa realidad nunca lejana sería útil que los políticos latinoamericanos, puestos en discursear ideas integradoras en cualquier congreso, se decidieran por ordenar un temario rector o pensamiento patrón del grupo. No solamente al efecto Mercosur sino asumiendo soluciones a los problemas concretos de la región; a saber, la disidencia entre argentinos y uruguayos por la instalación de unas productoras de pasta celulósica a orillas del río Uruguay, sería de sencilla resolución si alguien anunciara las normas técnicas que controlarían el daño ambiental en toda el área. Y esas "pequeñeces" merecen las mismas ideas sólidas y convocantes imprescindibles a cualquier intento de cambiar las reglas del juego con el Poder. Hay forma de mejorar este continente siempre que no reiteremos más el mismo verso ambiguo de hace más de un siglo, y si en verdad existe algún proyecto común antes debe darse en el campo ideológico, y sólo es viable si juegan también las internas de cada grupo. Aunque el debate en serio no es frecuente en la comarca latinoamericana, más proclive a la murmuración que a la certeza, acordar es el único mecanismo para difundir disidencias y soluciones. Los políticos y funcionarios, siempre tan privilegiados ellos, se olviden de tantas reuniones para homenajearse con flores y concreten más arreglos verdaderos, aunque deban instruirse primeramente. En cuanto la sorpresa que resultó entre países limítrofes la decisión de Bolivia en nacionalizar sus riquezas naturales y exigir la devolución de acciones a los fondo de pensión, una decisión oportuna o no, resaltó la ignorancia del elenco político continental sobre la propiedad de los subsuelos y el margen de cesión posible a los privados para mejorar la región, un litigio de verdadero peso que hoy significa la existencia o no de Bolivia como país soberano y dentro de poco tiempo la del resto de los países. Hasta se dice que el gobierno de Evo Morales cambia las reglas del juego, como si manteniendo el orden anterior se pudiera modificar la realidad. No hay alternativa y es indudable que así debe ser porque a no equivocarse: cada defensa verdadera en defender nuestra riqueza natural de la voracidad privada habrá de integranos al Eje del Mal, que esta semana quitó a Libia del equipo y ubicó a Venezuela como titular de "quienes no luchan seriamente contra el terrorismo". Otra creativa versión del Departamento de Estado yanki y reacción de las empresas multinacionales a la defensa del patrimonio, variante que puede acontecerle a cualquier país latinoamericano aunque algunos sueñen salvadores acuerdos bilaterales con Estados Unidos. Por aquello que algunos denominan fatalidad histórica, las esquirlas nos llegarán tarde o temprano, una certeza que con su habitual desinformación los burócratas presidenciales que tanto viajan y se reúnen parecieran no asumir. La historia no ha terminado, las ideologías no han muerto y por mucho que se desanimen los indecisos, el sistema económico explotador de todo el planeta viene reculando siempre confiado en tener una pierna más larga.


El capitalismo ya no es solo prepotencia

"La ignorancia yanqui no es táctica ni estratégica; es estructural".

El presidente norteamericano, tras una nueva imagen que aumente su popularidad, -decaída a un 30% de aceptación no por exclusiva causa de su defección en Irak -contra lo esperado profundiza en su gestión los mandatos más cerriles de la ortodoxia capitalista. Y como ante el aumento de sus dificultades internacionales y nacionales al gobierno republicano le aparecen alteraciones impensadas para los acérrimos cultores del "pensamiento políticamente posible"; que significa pensar y hacer todo aquello autorizado por ellos, el panorama general de USA en los últimos meses se tornó además de mucho más complejo también más interesante. A medio recorrido del 2006 cualquier concepto del hombre común en USA carece del formidable sustento racional que se le adjudicaba antes, y basta ver la movilización de millones de inmigrantes por las calles el primero de mayo para entender este cambio. De pronto, a la "inteligencia" más conservadora la intiman al imprevisible ejercicio de saber qué opinan los inmigrantes, en qué grado su disconformidad puede erosionar el sistema económico, que es donde recala en definitiva el cierto choque de los intereses. Una sorpresa que le cae incómoda al poder de Estados Unidos y que además, pone en debate la eficacia de toda la gestión de gobierno y a su sobre valorada inteligencia tantas veces peliculera.
Es que pese a las incógnitas en calificar la intención profunda de cada manifestante que marchó por la calle el primero de mayo, fuera de la simbólica fecha del acto hubo cierto delirio de patriotero fundamentalismo sureño, marca John Wayne, entre quienes entonaron el himno norteamericano hasta quedarse afónicos creyendo que con semejante genuflexión serían admitidos por una sociedad que secularmente los rechaza y que además, le exhibe sin recato su impúdica amnesia por cualquier reclamación de los que a ellos, los yankis, les resulten de segunda categoría. Fue inmediata y muy dura la advertencia a los cantores en otro idioma: "el himno norteamericano debe cantarse en inglés", además de que otro grupo de la clase que realmente gobierna Estados Unidos, (los WASP, por white, angle, saxon, protestant) a toda hora recita que ellos "necesitan de los inmigrantes para realizar las tareas que los norteamericanos medios no quieren hacer". Un desprecio tan ruin y discriminatorio que no merece ni medio renglón de examen...

Estos hechos del frente interno aún minimizados por los norteamericanos y cuyos resultados tardarán en verse, -al menos en el trato futuro a los millones de inmigrantes con papeles o sin ellos- con más las variantes en el campo internacional impensables hace dos años; el retiro de las tropas españolas y la pronta salida de las italianas de Irak, irrelevantes en número pero simbólicamente expresiva; hicieron creíbles todas las encuestas desfavorables a un sistema condenado por la desigualdad constante y el latrocinio de los poderosos que en última instancia, pretenden retornar ya mismo a la esclavitud.
En ese clima reaparecen los datos de una encuesta internacional del Centro Pew de Investigaciones de EE.UU., para valorar la opinión que existe sobre ese país en entre una veintena de países de Europa y Asia, "y la imagen de Estados Unidos ya había caído muchísimo con respecto a unos años atrás", explicó Andrew Kohut, director del proyecto encargado por el congreso norteamericano, y "los estadounidenses eran vistos como codiciosos, violentos, rudos e inmorales en la mayoría de las otras naciones".
A muchos asombró ver a los europeos calificar tan bajo a los Estados Unidos "en especial en comparación con China", reiteró el mismo investigador de Actitudes Globales, y que los anteriores "incondicionales aliados" le pidieran al mismo presidente George Bush el retiro de los soldados que EE.UU. mantiene en territorio irakí. Al principio de la invasión. la aceptación de guerrear en Irak fue unánime ente los norteamericanos y hoy no alcanza a un cuarto de la población, y vale recordar que ese país finalizó en 1945 la segunda guerra mundial con el mayor prestigio del planeta. Entonces sus presunciones o sugerencias eran acatadas en el bloque occidental sin discusión hasta principios del cincuenta, y salvo los roces de la Guerra Fría y el desarrollo de China como un posible enemigo, el país era un "apreciado defensor de las libertades republicanas", prestigio que pretenden utilizar hoy los funcionarios que cristalizaron en el tiempo las condiciones internacionales y los cambios en el planeta. Tanto ha pasado el tiempo que ni siquiera yo soy el mismo, vean ustedes, y luego de sesenta años en el Departamento de Estado siguen mirando al mundo con una visión deshilvanada, confusa, y que Buenos Aires es capital de Río de Janeiro no lo piensa sólo el norteamericano medio, que usualmente ignora a las dos ciudades, sino que la mayoría de sus egresados universitarios en sus discusiones reducen y simplifican todo a su mínima comprensión.
"Eso piensan ustedes pero nosotros decimos que es así" se sigue diciendo entre ellos con toda liviandad, mientras su presidente suele ilustrar al mundo con renglones escolares cuando ataca a incalculables seres humanos con armas químicas y sonríe palabreando "hemos invadido Irak para evitar luchar contra los terroristas en nuestro territorio". Y hombre práctico en todo dislate, con su difusa hilaridad busca inyectarle amnesia a la humanidad sin recordar nunca que esa invasión donde se cometieron esas atrocidades, fue dispuesta exclusivamente en beneficio de las corporaciones petroleras. El lenguaje peregrino distingue a los norteamericanos del resto de la comunidad política, y entre ellos cualquier descalificación es funcional: Condolezza Rice, lenguaraz en lucha contra los "ejes del mal", al hablar de América Latina livianamente le adjudicó al populismo político la causa de todos los males.

Esto, que dicho por esa funcionaria era una temeridad inusitada, entre gente pensante podría originar un cambio de ideas, estadísticas, comparaciones y qué influencia tuvo el Departamento de Estado en cada gestión populista latinoamericana. Pero la señora Rice se jugó a semejante concepto que como mínimo es un flor de disparate, y ahí nomás le adjudicó al peronismo la responsabilidad principal de los males de la Argentina, una aseveración que peronistas o no, pocos argentinos suscribirían si todavía eso lo seguimos debatiendo y con más fundamento. Y ya sometida por una incontinencia didáctica preocupante, la misma señora se preocupó la estabilidad de Bolivia con la gestión de Evo Morales, pronosticó que si Hugo Chávez, el presidente de Venezuela los seguía disgustando, los Estados Unidos deberían intervenir por la fuerza; algo que retrae su lenguaje poco actualizado, digamos para seguir siendo educados, al estilo patotero de cualquier barrabrava, ¡y vamos doña Condolezza, todavía..!

Las arbitrariedades estadounidenses no son casuales, estratégicas ni tácticas, son estructurales a una ignorancia negadora de lo ajeno, sin la comprensión del porqué y el para qué. Para evaluar su sordera cifremos cuántas veces desecharon el Mercosur como un proyecto económico factible para el cono sur, sin verbalizar ni una razón económica vital para la región; su neoliberalismo fracasó también en América Latina, y sin alejarnos demasiado veamos cuántos mexicanos marcharon por las ciudades yanquis rogando convertirse en norteamericanos a cualquier precio, porque gracias al cumplimiento de los preceptos económicos dictados por Estados Unidos hoy México es un país de emigrantes. La insistencia en imponer el ALCA a todo el bloque sudamericano, y sumarnos al proyecto imperial de su propio mercado donde las opciones de ubicar algún producto son muy remotas.De esto muy pronto tendrán noticias los uruguayos, porque el imperio ignora y no debate, sólo presiona.

Por efecto contrario no querido, viene surgiendo una minoría "equivocada" en los ambientes más sensibles, denunciando que la cultura oficial norteamericana pierde valor al no acompañar a la realidad y que luego del huracán bushista y republicano, quedarán multitudes de marginales que no encajarán en el sistema. Crecen también quienes se preguntan porqué Estados Unidos vive en la agresión, además de la militar, al pensamiento del otro, y porqué el gobierno menosprecia y deforma los hechos objetivos de la realidad. Esa minoría "equivocada" tal vez se inquieta en un acto contra su propia naturaleza, diría Norman Mailer hace un tiempo: "los norteamericanos disfrutan más al vivir en un entorno que excluye a los demás seres humanos", lo definió sin agregar, lamentablemente, que a esa actitud se le llama ignorancia.

Mayo 2006


El olvido, ese fusil taimado.

"El olvido en los pueblos es un fusil taimado de celoso gatillo que se dispara solo, y hay que estar muy atento para evitar suicidios". (De "El Olvido está en Libertad", E.P. Ed. Futuro, 1986)

En ese epígrafe de una novela que comenzara a escribir a mediados de 1978, en pleno efervescencia y alienación futbolera que el gobierno militar de entonces acrecentara con el "vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar", aludiendo a la sorda masacre de compatriotas igual que algo tan imprescindible y glorioso como la conquista del mundial de fútbol, quise conjeturar sobre lo irrenunciable de mantener activo cada recuerdo. Los pueblos son su lenguaje, sus hábitos y en última instancia, la memoria implacable de todo eso que al hacerse un olvido, deja de existir, y por los años del setenta, esta infamia del olvido la propusieron los empleados militares y civiles del Poder, en el proyecto esclavista del que nunca desistieron. No vale discutir los antecedentes del asalto a la ciudadanía, su invalidez institucional ni el grado de fiereza de los asesinos al aplicar el proyecto económico y político dictados por los poderosos, aunqu