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EDUARDO PERSICO |
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Inmigraciones,
rechazos y barbarie de la descivilización.
Parte de la compleja historia de la humanidad
la explican los datos de sus migraciones, esos gigantescos y dolientes
traslados que sucedieran antes, durante y después de aquellos relatados
bíblicamente y aún perduran. Gracias Moisés, pero empujados en masa a
traspasar territorios inaccesibles, desconocidos y desechas por el hambre o
pestes implacables, esas forzadas epopeyas de la especie, que fueron y
continúan, respondieron a la misma causa que las origina hoy: la extrema
pobreza en la que dura y subsiste una parte de la humanidad. Muchas
referencias de esos traslados hoy pueden explicarnos hasta con estadísticas
las pérdidas y asimilaciones culturales y étnicas que se nos ocurran, pero
sería agobiador debatir estas ‘contradicciones’ de la civilización actual
que sospechosamente, inquietan sólo en los discursos políticos a los países
centrales. Los personeros del Poder en las naciones más beneficiados en el
reparto y por eso más responsables de esta infamia, se distraen exhibiendo
mapas, tratados de cooperación, muros en construcción y soberanías no
siempre honestas; esas tontas categorizaciones culturales que al tiempo del
hambre no sirven de nada, al fin coinciden, solapadamente, en agitar el
temor y desprecio a los inmigrantes de quienes viven instalados en los
beneficios de las grandes ciudades. De esos mismos países nunca periféricos
y ganadores a pura fuerza bruta, tantas veces, que agotan sus tribulaciones
en sostener un sistema que impide la llegada de nuevos invitados a la mesa.
Eso es todo, y en esa permanencia no sólo valen muros, misiles y campamentos
de refugiados sino también el uso de dioses, demonios y demás fabricaciones
teológicas, habituales y de las otras, que apuntalan el desprecio y el miedo
a los diferentes que llegan desde lejos. A esas multitudes imprevistas y
desesperadas que brotan en mayoría del continente africano, tan manejable
hace menos de un siglo, ocasionan un dilema de difícil resolución. Sí, esos
tipos resultan muy incómodos si uno los recibe en casa, pero modales aparte,
“siempre el hambre nos conduce y explica; atraviesa montañas, facilita los
mares”. Comer es ley natural, no jodamos, y como si esto ocurriera por vez
primera la dirigencia del Primer Mundo habla de una ‘nueva realidad’, cuando
el hombre como especie si no come y se aparea para seguir en el planeta,
desaparece. Y aunque eso moleste a rabinos, papas y ayatolas de distinta
lengua o estilo, a ellos les aviso que procurarse la comida es tan
inevitable como respirar, que no es poco, y que los de clase media que
cambian de sitio ‘en búsqueda de nuevos horizontes’, carecen de importancia
estadística entre los auténticos muertos de hambre de cada día.
Así las cosas y sin recetar paliativos sencillos para estos mortíferos
malestares, igual vale pensar en ciertas consecuencias individuales de las
migraciones que aunque poco relevantes en un análisis más científico, hacen
también a la problemática de las migraciones. Más de lo difundido, quizá la
literatura más que cualquier otra disciplina se ocupa de esta temática desde
siempre, y publicidades aparte, en una ponencia de la investigadora Norma
Mazzei, de la Universidad de Buenos Aires, a propósito de mi novela “De
Nuevo Lejos de Uppsala” apuntó que tres de los personajes exiliados en
Suecia, dos argentinos y un uruguayo, exhibían ‘un constante rechazo a la
nostalgia inevitable y a la vez, un oculto modo de afirmar su pena por la
patria lejana’. Y que en esa dualidad incomprensible y profunda que
encerraba un sentir intransferible al nuevo ámbito, denominó certeramente a
la actitud como un juego de ‘la memoria trasterrada’. Aparte de metáforas y
símbolos que nutren toda ficción, cuando alguien sale de su lugar con una
formación consolidada resulta más desgarrador y alienante tomar formas de
vida novedosa. Por confortable que resulte el cambio al nuevo sitio, es
propio al inmigrante engancharse a las recordaciones igual a un gato que
cambió de dueña, o enredarse a sorpresivas mitologías como si su nostalgia
fuera más entrañable que la ajena. Entonces el exilio, voluntario o forzoso,
exige revalorizar circunstancias del entorno, aceptar que existen Otros y un
diferente Imaginario Colectivo que no es el propio. Y que además podemos ir
perdiendo sin remedio y cada día nuestro lugar en la fila del reconocimiento
social. Acaso sea esta una de las convicciones más arduas de todo exiliado y
buena la opinión del francés Jean Baudrillard, ‘el racismo no existe
mientras el otro es Otro y mientras el extranjero sigue siendo Extranjero’.
Y que recién empieza a existir cuando ‘el Otro se torna diferente y se
instala a nuestro lado, o sea peligrosamente próximo’. Una idea ineludible a
cualquier exiliado o extranjero para ver la nueva instancia desde la óptica
más dura de la realidad, con la discriminación en carne propia y el rechazo
a nuestra condición de ajeno. Lejos del terruño toda alienación además de
sustancial es contaminante, y su reflejo suele producir el reintegro y
profundización de hábitos que quizá nunca antes fueron ejercitados. Por
ejemplo, la originaria quejumbre de los argentinos exagerada en el tomar
mate y escuchar tangos y música folklórica fuera de su país, llenaría
renglones del manual del emigrante que, simbólicamente, descubre valores
esenciales al irse de su comarca, y eso explica en parte la fenomenal
cantidad de clubes de colectividades fundados en el mundo y regenteados por
inmigrantes que al perpetuar ciertos signos del terruño lejano, inciden en
el Mapa de Conceptos de su nuevo lugar. Esa tendencia a nuclearse por
regiones en los latinoamericanos fue herencia principal de los europeos
llegados a sus playas de 1850 en adelante, y hoy hacen que utilicen ese
recurso de transferencia cultural difícil de controlar o de manipular por
cualquier sociedad receptora inmigratoria. Es que por más sociedad
desarrollada o primaria, andando el tiempo y no demasiado, el asunto
resultará visible. Hoy mismo en los Estados Unidos ante los treinta o más
millones de latinos llegados a su territorio, se asoma quiérase o no una
nueva imagen, con nuevos referentes y una distinta conciencia en la sociedad
toda; y eso que se vislumbra, incentivado por las nunca conflictivas
integraciones de entrepierna y alcoba, ha de ser tan revulsiva como aquella
que se diera entre nosotros, los argentinos, y que nos advirtiera Domingo
Faustino Sarmiento en su “Facundo. Civilización y Barbarie” por 1845, al
escribir ‘en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el tipo popular
español, el majo… Todos los movimientos del compadrito revelan al majo; el
movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero y hasta
la manera de escupir entre los colmillos, todo eso es propio de un andaluz
genuino”. Una observación irreprochable del Sarmiento que sería bueno
repetirnos más seguido…
Las transmigraciones siempre dejan y llevan marcas que sí recoge la
literatura. Durante su exilio en los Estados Unidos, el cubano José Martí
pasó por distintas etapas y la primera, de 1881 a 1884, fue signada por el
deslumbramiento. Son sus años de escribir “Emerson” y una crónica laudatoria
a la construcción del puente de Brooklyn, donde persigue ciertas
conciliaciones posibles entre la forma de vida cubana y la norteamericana.
En la siguiente etapa empieza su radicalización al apreciar críticamente su
entorno yanki, para decirlo elige la inflexión y la voz de su continente
mestizo, y le canta a Walt Whitman cuando dice ‘para medir la profunda
desesperación del hombre es necesario vivir desterrado de la patria o de la
humanidad”. En el campo de la literatura son muchos los ejemplos referidos
al destierro, forzado o voluntario, y en “Made in Lanús” (o Made in
Argentina) de Nelly Fernández Tiscornia, ‘la Yoli’, un personaje mujer que
refiere al argentino más popular, dice aceptar los beneficios que le daría
una sociedad más dinámica y moderna, pero sufre a cuenta de perder en su
desarraigo el no ser identificada como ‘la Yoli’ por la calle, y hasta por
olvidar los olores de su barrio que en definitiva son todo aquello que le
conforman la vida. Y como en su sitio del mundo come cada día, ella se queda
y los demás que se vayan.
Las expresiones humanas cargan una misteriosa lejanía, casi inexplicable, y
según dijimos alguna vez ‘cada palabra convoca a su propia memoria’, sucede
igual con la doble mirada nostálgica y rechazante por el bien perdido, y en
este punto recordamos la palabra Patría, vean qué poca cosa... Mucho se
cuestionó si la literatura, sin trabajar con materiales más concretos, puede
incidir con sus adelantamientos sobre los hechos, pero cabe pensar que para
no resultar tan intragables ni aburridos y seguir complementando la tarea de
los sociólogos y los historiadores, los escribas se obligan a recurrir a los
artilugios verbales, a veces sin lograrlo, para embellecer el relato de la
misma realidad. Porque la escritura puede ser más o menos ficción aunque de
una novela, de un cuento o de un sueño, jamás debe decirse que es una
mentira; y así, en esta instancia tan conflictiva por inmigraciones y
traslados que cambian identidades y perfiles sin aviso, los literatos
trabajan tanto con la nostalgia, el amor y el rechazo de la patria, y en el
perpetuo doloroso escenario del exilio. Es un frágil camino para evitar la
‘descivilización’, pero un camino; el mismo que ilustró Norbert Elías en “El
proceso de la Civilización”, (Fondo de Cultura, 1987, Madrid), al investigar
cómo la literatura alemana fue denunciando el alejamiento de los valores
sustanciales en Alemania desde 1870, tendencia que derivó en el posterior
nazismo. El de Elías es un punto de vista, naturalmente, pero hoy muy
vigente.
En resumen diríamos que cada crisis, o reiteración de la misma, nos obliga a
revisar el pasado. A veces las sociedades acceden al origen por caminos
distintos, lo que no significa que no los posterguen, - glorioso derecho
reservado a una minoría- pero como hoy el conflicto crece adentro de los
países centrales ‘molestados’ por la inmigración, alguna certeza histórica
inmanejable y en silencio de pronto se dará, más temprano que tarde. El
apremio de no ser bélico y sangriento bien puede ser económico, quizá, pero
alguna consecuencia histórica que tanto se desecha y se reinventa desde el
Poder, - por ejemplo, el hambre injustificado y contra natura- concretamente
ha de ubicar ese crudo litigio en la realidad cotidiana. Sencillamente
porque tanta barbarie inhumana entre humanos, ubicará a todos en un punto
decisivo para la especie; apenas eso; y sin que luzcan como efectos
literarios, hoy resurgen juicios sin olvido ni perdón y el aire, más
confiado en seguir contando la verdadera historia, carga y recarga
implacable el fusil de la memoria.
Nuestra
discusión rioplatense oculta un ataque desestabilizador contra el Cono Sur.
Cualquier persona ajena al Río de la Plata que visitara los bares de Buenos
Aires o Montevideo , escucharía tantas discusiones parecidas sobre los grandes
temas de la humanidad, las peripecias del amor; o del fútbol ‘que bien podría
darse el lujo de integrar una selección imbatible y única’. Es evidente que
todos aquellos que prestan buena atención, en las dos márgenes escuchan similar
verba para describir el cosmos o las caderas de alguna mujer al paso, que no
dudan mucho en afirmar que argentinos y uruguayos pertenecen al mismo grupo
étnico, político y social propios de un solo país. Esto es ciertamente así y no
solamente por sus comunes y genuinos orígenes, sino por haberse erigido como
comarca única y sin intereses opuestos sino bien interdependientes, que sin
embargo y a pesar de tanta cercanía, hace más de un año dejó de ser idílicamente
perfecta ante la crecida del malhumor en el trato entre las dos orillas del río
‘que nos une y cada tanto nos separa’. El malestar empezó y se va desatando a
partir de la instalación en el margen uruguayo de unas plantas europeas
productoras de celulosa, que sin duda erosionarán tanto la ecología como las
relaciones si no se extreman las precauciones técnicas para evitarlo. Los
habitantes de ambos lados, en su mayoría, no pierden el sueño por esta
desavenencia ajena a las habituales; si Gardel naciera o no en Tacuarembó, por
qué al tango se lo considera una expresión solamente porteña en el mundo entero,
o si la letra del tango “Garufa” es una grosería elitista de autor uruguayo o
apenas una burla nochera contra un laburante. Pero ahora y bromas al margen,
todos intuyen que este nuevo asunto requiere una debate más hondo. Hoy las
diferencias que aparecen son sustantivas y aunque en ambos lados del río sepamos
con con la misma unción “Artigas, padre de la patria, primer jefe de los
orientales, luchaste para darnos la patria en que vivimos”, - que me enseñó en
el primario el chueco Peralta, que llegó a mi barrio desde Paysandú- las aguas
se siguen enfrentando y creciendo ante la pasividad, impericia y estupidez de
los responsables políticos de ambos lados. Y quienes sospechan con mejor
atención y acaso con algo más de astucia histórica los enfrentamientos
subyacentes que pueden materializarse más adelante, bien saben que esta buena
gente que oficia de negociadores políticos no discuten ni agotan públicamente y
a la luz del día la causa principal, el conflicto subterráneo que trasciende a
los cortes de puentes entre los dos países o la suspensión de los viajes en el
buquebús de un lado al otro. Esos incidentes molestos al fin recalarían en lo
anecdótico cuando lo más irracional y preocupante consiste en no publicitar
hasta el cansancio y digamos, rabiosamente y por todos los medios de
información, las normas técnicas de purificación de los líquidos que caerán al
Río de la Plata. Cuando empecemos a enterarnos todos de esa ‘verdad oculta’
cambiarán todos los enfoques, no somos tan inocentes y si nos cuentan con
cuidado, hasta le prometemos que entenderíamos. Ya que durante más de un año,
del método a utilizar en la producción de esa materia prima para no perjudicar
las aguas apenas se nos dijo “que podría ser la tecnología ECF, libre de cloro,
o la TCF libre totalmente de cloro”, que es técnicamente hablando tan serio como
decir “es algo así pero ahora no estoy seguro ni me acuerdo”, o cualquier otra
irreverencia verbal. Esa falta de claridad en decir cuáles serán los patrones
técnicos a utilizar para purificar los desechos es el verdadero origen de la
discordia. Esa negativa al anuncio por conveniencia de Botnia, la empresa que
comenzaría la producción de la pasta celulosa antes de finalizar el año 2007,
aparece diluida en las ambigüedades en los medios de comunicación , las
bravuconadas cada día menos encendidas de los funcionarios de ambos bandos que
discuten y discuten, y hasta sugestivamente no se agita como un reclamo
irrenunciable entre los activos fundamentalistas ambientalistas de Gualeguaychú,
la población argentina que sufriría las peores consecuencias de la polución.
Es evidente que toda producción industrial ensucia y erosiona, y en este caso es
notoria la intención de trasladar a la periferia del Primer Mundo una actividad
seriamente perjudicial al medio ambiente. Esta política de radicación de las
industrias sucias es un ejercicio constante que hoy intensifican los países más
desarrollados, pero si los costosos funcionarios argentinos y uruguayos quieren
empezar a desbrozar el debate que acabará enmarañando a todos, deberían dejar de
lado lo superficial y aclarar en un discurso único que la instalación de
semejante planta productora de pulpa celulósica ‘es factible por estas razones
técnicas’. Sencillamente podrían comenzar con esa frase y a renglón seguido
exponer las normas aprobadas y las explicaciones científicas válidas,
cristalinas y entendibles, que harían seguro el procesamiento de los desechos
industriales. Vean ustedes qué sencillo, sin hacer exhibición de traseros
argentinos en los foros internacionales ni mostrar la garra uruguaya enviando
militares a cuidar una obra en construcción dela empresa finlandesa que rechazó
la custodia, y aunque este problema que los mandantes actuales es una herencia
de los gobiernos anteriores, sería oportuno que actuaran sobre las causas y
olvidarse un rato de los efectos políticos y a rastrón, con menos palabrerío
‘revolucionario’ inoperante y aburrido. Como ciertas pendejadas de protesta de
los ecologistas contrarios que hasta reclaman ‘la no transformación visual del
hábitat’, que en último caso se daría en el margen opuesto, y es un modo de
seguir dando vueltas alrededor de lo secundario con frasecitas pretenciosas. Lo
principal y preocupante de esta crisis incipiente, es algo más provocador y
serio que los políticos y representantes de ambas orillas escatiman en sus
declaraciones por temor a desacomodarse, y entre el gentío en general no
repetimos por desconocimiento: la real intencion que oculta en la instalación de
una planta industrial que puede erosionar peligrosamente el área del Río de la
Plata, y generar conflictos no solamente entre Argentina y Uruguay sino en todo
el cono sur, es una cabeza de playa urdida por el imperialismo capitalista, -
cada día más impronunciable- contra la consolidación del MERCOSUR. Aquí ya
dejamos de inquietarnos solamente por las aguas del Río de la Plata sino del
sustento político de un acuerdo comercial cada año más promisorio, que con su
consolidación limita las posibilidades de otros proyectos de libre comercio como
el ALCA , que en última instancia pretende extender los mercados posibles de los
Estados Unidos y a mantener cautivos a los países de la región. Atacar al
MERCOSUR es la intención sustancial al instalar el conflicto y lo demás acabará
siendo accesorio.
Por supuesto que la nacionalidad de la empresa visible en esta radicación, aquí
finlandesa, es meramente anecdótica y otra maniobra del capitalismo más voraz en
el juego de cocinar sus asuntos a fuego lento y utilizando a terceros; algo que
argentinos y uruguayos al preguntamos por qué no integramos un sólo país,
entendemos mejor cuando repasamos nuestra historia.
Del
prestigioso poderío al imperialismo delirante.
En 1822 y como parte de su Doctrina, el presidente norteamericano James
Monroe reconoció a varios países de América Latina como independizados de
las potencias europeas. Así y casi el mismo día, México, Chile, Brasil y
Colombia fueron reconocidos como autónomos comenzando el intercambio de
embajadores y por 1823, el mismo presidente anunció "no intervenimos ni
intervendremos en las colonias existentes de ninguna potencia europea, y en
las guerras de esas potencias no tomaremos ninguna parte, ni es compatible
con nuestra política de hacerlo". Pareciera que en estos párrafos no existía
ni una sombra de las posteriores acciones que según esa Doctrina Monroe
derivaría en la abusiva intención "América para los norteamericanos", en
cuanto el empuje y la modernidad de la sociedad yanki hacían casi
insospechable la conducta de sus gobernantes. Y quiérase o no, así las cosas
recordemos que con el New Deal instrumentado en 1932, durante el mandato de
Franklin D.Roosevelt para sacar a los Estados Unidos de la hondas crisis del
sistema capitalista, comenzó para el ciudadano medio norteamericano una
época de bienestar y buenas expectativas que deslumbró a las masas
latinoamericanas. Durante ese período la población estadounidense obtuvo
verdaderos logros económicos, que en principio cimentaron la certeza de
estar viviendo en el más distributivo de los regímenes posibles, tanto que
para los más inquietos en los avances de las seguridades sociales, en 1935
se establecieron juntas de trabajo que supervisaban el trato colectivo de
los asalariados y les garantizaba el derecho de escoger las organizaciones
que los representarían ante los patrones. Este cambio en las relaciones
laborales cuya efectividad, más publicitada que real poco ha sido
cuestionada, resultó inusual para la mayoría de los obreros al sur del río
Bravo, creando además en las clases latinoamericanas una admiración por ese
país que al fin se convirtió en una verdadera ideología por encima de
cualquier otra. De manera fanatizada y sin reproches, para las clases medias
el sistema de vida norteamericano fue el ideal irrebatible durante décadas,
y culturizados por las "Selecciones del Readers Digest” con aquella
concepción bucólica, entretenedora y nada conflictiva, la crítica era
opacada en los destellos de una sociedad feliz, cinematográfica, sin
discriminaciones de ningún tipo y donde los negros vivían en sus barrios,
viajaban en los transportes públicos junto a los blancos y eran unos
gigantescos campeones llamados Joe Louis, velocísimos corredores iguales a
Jesse Owens o simpáticos sonreidores que hinchaban sus cachetes al tocar su
música en la trompeta lo mismo que Louis Armstrong. Porque a todos, blancos,
negros, chicos y grandes pero buenos, los defendían Súperman, El Llanero
Solitario y si se alejaban mucho del barrio, Tarzán y la mona Chita. Sin
exageraciones, pocos se atrevían a criticar esa infantil versión del
bienestar en libertad y para mejor, creció la idea de que al saludable
proyecto interno de USA lo dañarían las ideas expansionistas de los
regímenes totalitarios de Japón, Italia y Alemania; Japón había invadido
Manchuria en 1931, Italia, gobernado por los fascistas, luego de agrandar
sus fronteras hacia Libia en 1935 se apoderó de Etiopía, en tanto, Hitler en
Alemania se había lanzado a un rearme bélico fenomenal y ocupado la Renania.
Ese panorama amenazante resultó un oportunidad política para Roosevelt, que
bien aprovechó el deterioro de la situación internacional fijando como
política de su gobierno no posibilitar favores a esas fuerzas beligerantes,
publicitando a la vez que Estados Unidos jamás se envolvería en una guerra
que no fuera de su competencia. Promesa que de ninguna manera impidió la
reeducación de su industria para la nueva emergencia de conflicto, que se
materializó en 1941 al trenzarse en guerra con los japoneses que los
atacaran en Pearl Harbor. Un "ataque cobarde y sin provocación", vociferó
Roosevelt, agregando paraseguir siendo los buenosde la historia "nuestra
fuerza está orientada al bien futuro y contra el mal inmediato. Los
norteamericanos no somos destructores, somos constructores". Como
justificación antibelicista los hechos resultaron inmejorables para el
momento, y al final de la contienda, para "evitar la continuación de la
guerra" contra un enemigo ya casi inexistente como Japón, se lanzaron dos
bombas atómicas sobre su territorio que casi nadie cuestionó; la seguridad
de que Estados Unidos había actuado en defensa de la democracia y la
libertad casi resultó irreprochable a las mayorías del mundo entero.
Más bien, la realidad dispuso que el origen y desenlace de la Segunda Guerra
Mundial en 1945 coincidió con la misma explicación que daban las agencias
noticiosas, - por decir, Associated Press y Reuter- difusores de una verdad
que durante un par de generaciones jamás explicó racionalmente a la guerra
fuera como un conflicto intracapitalista y no un simple delirio de algunos
dictadores mesiánicos y algo loquitos. En esa etapa histórica, Estados
Unidos ejerció una verdadera hegemonía basada en su prestigio democrático y
al terminar la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 a 1970, logró cuanto
quería en tiempo y espacio; con sus agigantados antecedentes políticamente
liberales dominó a las Naciones Unidas como una oficina de servicio
exterior, contuvo a la Unión Soviética en los límites de 1945, con el
accionar de sus agencias de inteligencia echó a todo gobierno inamistoso y
hasta se adelantó una jugada al asesinar al líder colombiano Jorge Eliecer
Gaitán en 1948. Intervino en Irán en 1953 para exhibir las glorias
medievales del Reza Pahlevi, delegó a un tal Castillo Armas quien desde el
mismo territorio yanqui, invadió Guatemala en 1954 para liquidar al gobierno
popular de Jacobo Arbenz. A sus soldados les sobraron pertrechos para tomar
el Líbano en 1956 y la República Dominicana en 1965, mordiendo cierta bronca
por el leve contratiempo que le ocasionó hasta hoy el pueblo cubano,
principalmente a los habitantes de Miami. Además y porque su ventaja
económica y militar se lo permitía, con Europa Occidental y Japón diseñó una
imbatible tríada de poder, esa especie de alianza natural que aunque
últimamente viene rengueando bastante, eso será parte de otra historia…
Después, en 1973, perdió la Guerra de Vietnam, el Irán de Khomeini lo
despreció en 1980 y como si hubieran olvidado la historia, hoy se exponen en
la misma región a otro papelón parecido al de Ronald Reagan, cuando en 1982
ordenó el raje de los marines del Lïbano dos días después de jurar que jamás
lo haría. Es que por entonces ya el guapo del barrio perdía prestigio, y
aunque pese a que en Irak y la resistencia de Hezbolá en el Líbano no se la
hicieron demasiado fácil a ellos ni a sus aliados de Israel, la fuerza de
los belicistas norteamericanos no está acabada ni mucho menos. Es sí,
pareciera que el imperio yanki obtuvo todo cuanto quería y por última vez
cuando en 1973 ordenó al militar chileno Pinochet asesinar al presidente
socialista Salvador Allende, y más tarde al prohijar el golpe militar en la
Argentina de 1976; tarea conjunta que hicieran con la servicial dirigencia
nativa de turno entre los argentinos, aplicando a sangre el más crudo
proyecto neoliberal soñado por Milton Friedman, desaparecido en estos días.
Acaso y sin entusiasmo ingenuo, ahora se vislumbra una nueva instancia en el
planeta. No hablaremos de una catastrófica decadencia imperial,
precisamente, sino de un repliegue forzado por la realidad más crítica y
dinámica. Las últimas resonancias electorales de América Latina, - el
triunfo de Lula en Brasil, del candidato no proyanki Rafael Correa en
Ecuador, y la casi segura reelección de Chávez en Venezuela con más la
pérdida de las representaciones parlamentarias del gobierno de George Bush
en Estados Unidos, obligarían a reconsiderar la ubicación de los actores en
el nuevo escenario, algo impensable hace una década. Las fantasías diseñadas
y exhibidas por los mecanismos propagandísticos del Poder con mayúscula,
cada día suman menos partidarios y eso es numéricamente cierto. Quizá
existan novedosas causas y efectos no estimadas hasta ahora, como podrían
ser las actitudes menos dóciles de los musulmanes, por ejemplo, aunque como
en cualquier reacomodo táctico los acuerdos para fijar los tiempos y
condiciones en hacerlo no son automáticos; y más aún cuando peligran
negocios ciertos y negociados ilícitos de magnitudes tan increíbles que sin
adentrarnos mucho en la imaginación, y por razones poco entendibles para los
humanos en general, cada tanto una banda de forajidos cómplices se organizan
alguna guerra para seguir funcionando. Hoy la realidad contradice algunos
designios de los poderosos, sin duda, pero los intereses económicos y
estratégicos de este precipitado imperio contra natura son tan diversos, que
aunque exista ya la certeza de que las aspiraciones de seguir dictando las
costumbres y hábitos ajenos tienen menos espacio que hace veinte años, la
tarea de salvar todos los muebles en el inevitable incendio lo harán con la
mejor disciplina posible. Si mientras tanto y aunque las guerras no
existieran, la constante masacre de la humanidad ellos la siguen
produciendo, silenciosamente, con las desigualdades y el implacable hambre
que genera.

Sin cambios económicos jamás cambiará la inseguridad.
Me creía dueño del mundo,
y no era dueño de mí mismo.
José Hierro, Madrid, 1922-2002
Una actitud particular de los sectores con mejor
posición económica y social, es la constante reclamación por la falta de
seguridad para "sus vidas y haciendas". Un reflejo del incuestionable derecho de
Peticionar a las Autoridades que en la Argentina más lo ejercen de la clase
media hacia arriba, hoy sospechosamente aunados a sobresalientes defensores del
"gatillo fácil" o la desaparición de personas, que quizá, "vaya uno a saber o a
quién se le ocurre", tan útiles le han resultado para incrementar su bienes de
manera ilegal. Y aunque conste que aquí nos referimos específicamente a tantos "peticionantes" encartados en fuga de capitales o imprescriptibles crímenes de
lesa humanidad que adhieren a las congregaciones contra la inseguridad pública,
pareciera que a ellos globalmente se orientaran las ideas que el doctor Raúl
Zaffaroni vierte en su último "Manual de Derecho Penal”, del que transcribimos
algunas páginas para nuestra ilustración y también útiles a los consecuentes
adictos del flamante político Juan Carlos Blumberg. Esos mismos que con cierto
ímpetu de retornar si pudieran al milenio previo a la Revolución Francesa, por
aventurar una fecha, reclaman múltiples profundizaciones y cambios en las penas
contra quienes delinquen.
El
doctor Zaffaroni, miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como
referente de la especialidad expone sobre el imaginario colectivo del derecho
penal y otros conceptos que sin desechar lo medular no copiaremos textualmente:
Dice, por ejemplo, "quien se asoma a este derecho cree aproximarse al mundo de
los crímenes más horrendos, Y la paradoja es que está en lo cierto, y a la vez
completamente equivocado… El derecho penal es un saber normativo operado por
varias agencias o corporaciones para la represión y la prevención de los delitos
y en algunas ocasiones,- no muchas, por cierto- consiguen algunos de esos
objetivos. Pero lo que nadie puede negar es que las corporaciones del sistema
penal han cometido los peores crímenes de la humanidad, en mucho mayor número a
los cometidos por los individuos que delinquieron sin el paraguas protector de
los Estados”. Y entonces menciona a la inquisición europea y española, la
GESTAPO, la KGB soviética, las policías de todas las dictaduras del mundo
incluidas las nacionales latinoamericanas en los setenta, las policías corruptas
por los políticos y sus mafias asociadas, Y nos advierte que dentro de ese
contexto los escuadrones de la muerte mataron a muchos más que todos los
homicidas individuales del mundo, violaron y secuestraron en escala masiva, se
apropiaron de propiedades, extorsionaron, torturaron y apoyaron la más crueles
políticas económicas que devaluaron los ahorros de pueblos enteros. Enumera
además el autor que esos crímenes se hicieron por obra de las agencias del
sistema penal y al amparo de su discurso, agregando "es verdad que quien se
asoma al derecho penal entra al mundo de la crueldad y los crímenes más
horrendos, pero éstos no son apenas los crímenes que reflejan las agencias de
comunicación masiva, sino los cometidos por los propios sistemas penales”. Y se
extiende que ni bien se descuidan los controles, el poder punitivo pasa a ser el
peor de los criminales, que "condenó a Galileo, quemó a Servet, prohibió las
autopsias y el estudio de cadáveres, apuntaló la esclavitud, sometió a las
mujeres y postuló el racismo, la homofobia, la xenofobia y la persecución de
quienes soñaron una sociedad mejor, incluyendo a Cristo y a todos los mártires”.
Acepta el doctor Zaffaroni más adelante que el derecho penal así concebido
"sería un engendro monstruoso que el resto del derecho trataría de ocultar como
su capítulo perverso”, y que esto es así porque "el derecho penal no puede menos
que reconocer esta verificación histórica y política”.
Así las cosas, cualquiera puede imaginarse que si no existieran jueces, tribunales, fiscales, defensores y una doctrina orientadora como es el derecho penal, el resto de las agencias y las corporaciones del sistema no sólo seguirían cometiendo los crímenes que hoy ejecutan, sino que "volverían a cometer todos los que practicaron desde que en el siglo XII se instaló el poder punitivo en forma definitiva”. Pero sucede, agrega el tratadista, que "la función del derecho penal no es legitimar el poder punitivo, sino contenerlo y reducirlo, elemento indispensable para que el estado de derecho subsista y no sea reemplazado brutalmente por un estado totalitario”.
Las clases privilegiadas prefieren un estado totalitario y más dócil a su servicio, como el sugerido sin exponerse mucho al manifestarse con un fervor inusitado por la "mano dura" policial y contra ciertos fallos judiciales que no sonde su agrado, como si la inseguridad, que es un Efecto del sistema que todos sufrimos, una vez combatida sería la llave de la eterna felicidad. Pero los seguidores del político Juan Carlos Blumberg, -a quien recordamos al transcribir las ideas del doctor Zaffaroni y más arriba, en el epígrafe del poeta español- con su mecanismo de difusión y comunicadores adictos, jamás atienden a la verdadera Causa de la pertinaz inseguridad: la desigualdad económica y la postergación inacabable de comarcas enteras, además de significar un crimen imperdonable, no solamente en Argentina son los promotores principales. Las mismas personas que coinciden extrañamente en defender el liberalismo económico a ultranza, -su única convicción, entiéndase bien- jamás denuncian o apenas comentan las inhabilidades judiciales ante los ilícitos fastuosos de los delincuentes de su misma clase. Ese reflejo condicionado de justificar cualquier delito en sus pares tan unido al "blanco que corre, Atleta; negro que corre, Ladrón", es una constante y no un descuido, actitud que sería menos cómplice si quienes habitualmente protestan por la inseguridad, la violencia, y vociferan contra el aparato estatal cuando éste los atañe, no fueran compadres de quienes esperan turno para ser juzgados por crímenes de lesa humanidad, en algunos casos, o por gigantescos robos del dinero público; en otros. Esta conjunción de fuerzas no es contradictoria y menos un encuentro fortuito de "dos que se aman furtivamente dos horas por semana", sino una sólida y permanente alianza política, económica y social; y que valga ese lugar común tan recurrido.
Los
empleados del Poder no dicen tonterías gratuitas.
Luego de la defección del ejército de Israel contra el Hezbolá en el Líbano,
se oyeron palabras equívocas o fuera de control de algunas personalidades
públicas, y notorias las pronunciadas por el mismo Papa católico en la
universidad alemana de Ratisbona. Allí Benedicto XVI, ya se sabe apartado
conceptualmente de Juan Pablo II, su antecesor, además de criticar a la
yihad islámica cuestionó a la religión musulmana al releer un texto
teológico según el cual los seguidores de Mahoma imponían su fe por medio de
la espada. Un párrafo claramente político en el contexto actual de "choque
de las Civilizaciones"; y aunque las arengas del actual Papa no las entiende
ni dios, lo dicho repercutió de inmediato en el fundamentalismo islamita que
hoy se erige más sensible que en los últimos siglos. Entre ellos hubo
reacciones de dureza verbal ante lo dicho, extemporáneo, corajeadas de algún
ultra sugiriendo represalias contra el Vaticano y por muchos desmentidos que
el Papa intentara por la galería, la provocación eurocentrista quedó bien
registrada y las consecuencias podrían ser inamistosas. No aconteció nada
serio y en principio pareció un error protocolar, aunque enseguida el
anterior presidente del gobierno de España, José María Aznar, atizó el fuego
con un arranque de alta devoción hispanista y católica: "los musulmanes
deberían disculparse por haber ocupado España durante ocho siglos, que ante
ellos hoy sólo cabía un triunfo o una derrota y qué esa "Alianza de
Civilizaciones" significaría a los europeos una especie de rendición".
Palabras más o menos, lo dicho por el español no fue casual y a poco de
andar sus dichos perdieron soltura ni bien le advirtieron que de haber sido
así, sin los moros desde Ceuta al otro lado del Gibraltar, los católicos se
hubieran privado del número cero, la trigonometría, el álgebra, el arco de
medio punto y hasta el ajedrez, más otros inocuos matemáticos que a él,
seguramente, no lo inquietan demasiado.
Además, a esta idea de tensar al límite la cuerda con el mundo árabe
musulmán, con posible guerra santa y choque de civilizaciones inclusive, se
sumó otro resumen de frases peregrinas en la pieza oratoria que brindara el
presidente norteamericano ante la UN, con la cual recorrió el arco de
conflicto en Medio Oriente y sus alrededores. Según George W.Bush,
"responsable de orientar a la humanidad toda hacia la libertad", habrá una
inmediata instalación de un gobierno democrático en Irak, la pronta
terminación de la guerra en Afganistán consolidando una forma representativa
a la manera de Occidente, se aplicarán correctivos al plan de desarrollo
nuclear en Irán, se acabará la complicidad de Siria con el terrorismo, que
no entiende razones, y al pasar también desflecó un párrafo hacia
Latinoamérica, región que atenderá ni bien tenga tiempo.
Así, aunque en semejantes ciénagas intelectuales flotan estos personeros del
verdadero Poder capitalista, lo que dicen o auguran no son brulotes ajenos a
su constante libreto. Los que Mandan, con sus gigantescas razones económicas
marcan el rumbo a seguir y en sus laberintos discursivos y políticos ocultan
el objetivo verdadero. Y para ello, nada mejor que los discursos desparejos
de sus empleados, en este caso con tanta reiteración al no reconocimiento
del Otro, a la cultura y los hábitos ajenos mientras se tenga superioridad
de fuerza. Asunto que se repitiera en el mismo descubrimiento y conquista de
América con la cruz y con la espada, parecida a la de Mahoma. Hoy, en una
instancia ciertamente intranquila, las manías de estos discurseadotes
secundarios viene cargado de superioridades y eurocentrismos maniqueos, de
bajísimo cociente y aires de una inteligencia tan presuntuosa que al menos,
resulta decadente. La humanidad exige un tratamiento de los conflictos más
científicos, con apreciaciones más serias de la realidad y de la historia, -
conocimientos que existen, muchachos- pero al menos sean menos frívolos,
enuncien ideas menos ramplonas y escolares, y cuando abran la boca no
rebuznen..
Es evidente que en esta lucha el capitalismo está jugado en tomar todas las
barajas del juego. Nadie elude esta certeza de globalización a fondo y ya
mismo, pero entre los encargados de exponer esta finalidad del sistema
aparecen tipos enmarañados en su propia neblina de aficionados. Durante el
intento de llegar hasta el río Litani, en el Líbano, Israel desestimó el
poder de fuego de Hizbolá y así le fue; ese no es un dato menor y el mismo
Poder pareciera ignorar la seriedad de una instancia que puede terminar
trágicamente. Digamos que el asunto mucho tiene que ver con la ignorancia y
a propósito de lo mismo, un historiador inglés de paso por España en
setiembre del 2006, Eric Hosbown, explicó que los países con mayoría en la
fe musulmana no fueron agresivos en los últimos doscientos años y que cuanto
acontece no puede despacharse con cuatro frases religiosas; en alusión al
Papa; "y en cuanto el mundo cambió por la globalización agravando las
injusticias sociales entre pobres y ricos, deberíamos saber que los suicidas
que hacen atentados no actúan sólo religiosamente sino que enfrentan de un
modo radical a la dominación extranjera". Una idea muy compleja para los
tres personajes nombrados que cumplen su rol arremetiendo adonde sea, y
ciertamente insultan a la inteligencia en general. Y aquí nos permitimos un
breve renglón, marginal por cierto: entre delincuentes "perdió por gil"
alude a quien creyó que los demás eran todos "giles", y así le fue.
Sobre el desconocimiento del Otro, y con esa alienación imperdonable de los
invasores existen cientos de documentos que describen sus modos arbitrarios
de encarar la integración. Todo pensamiento colonialista es de superioridad,
el ángulo visual del poderoso es de una secular miopía y Hernán Cortés,
deslumbrado por la ciudad azteca de Tenochtitlán, en una carta dirigida al
rey Carlos V se permitía decir que semejante belleza era "difícil de
atribuir a esta gente tan bárbara y tan apartada del conocimiento de Dios y
de la comunicación de otras naciones de razón". En tanto diferentes, para
Hernán Cortés y sus iguales, otra cultura, otro universo simbólico diferente
equivalía a inferioridad, salvajismo y primitivismo, en tanto por esa
asimetría óptica él suponía pertenecer a la civilización superior. Por
siempre, los colonizadores de cualquier tipo y región entienden su encuentro
con hábitos distintos desde la dominación y el sometimiento del Otro, y para
evitar resquemores nombrando algún tratadista de Monte Chingolo o de
Barracas al Sur, que conocemos, transcribimos al antropólogo francés George
Balandiers en "Teoría de la descolonización”, 1973: "una sociedad
industrializada, mecanizada, de intenso desarrollo y de origen cristiano, se
impone a una sociedad de economía "atrasada" y simple, cuya tradición
religiosa no es cristiana. Esta relación antagónica siempre es resuelta por
la sociedad desarrollada con el uso de la fuerza". Porque ese encuentro
entre culturas distintas o alianza de las civilizaciones, para las potencias
capitalistas implica una entrega de los demás; los otros; a sus imposiciones
políticas, económicas y al fin culturales, en tanto el inevitable proceso de
expansión capitalista para subsistir como tal hace que las potencias
hegemónicas posterguen sus diferencias. Durante el mayor auge del
colonialismo feroz, las potencias imperiales de Europa pese a sus
enfrentamientos, a veces armados, guardaban en común la alteridad radical
respecto a los pueblos sometidos. ¿Alguien registra algún altercado jurídico
entre la potencias por transgredir los derechos humanos de las colonias..?
No, en cuanto la histórica expansión capitalista se basó en la concepción
que tenía del mundo el conquistador; civilizado o primitivo, europeo o no,
superior o inferior; más semejante idea deshumanizada por el desprecio del
dominador y la ignorancia y el temor del dominado, fue construido hasta
nuestros días en la supuesta superioridad de Occidente. Donde a pesar de
Galileo y su cosmología, los sacerdotes siguen subordinados al Papa, los
siervos a sus señores y si el Vaticano lo permite, volvamos a la esclavitud
lícitamente si total la tierra aún no gira alrededor del sol. Una flor de
idea para el Poder que oculta mensajes más densos y peligrosos en las
últimas bufonadas "primitivas y salvajes" de sus más notorios empleados.
El tango
llegó a la Argentina desde Andalucía.
(Y cuánto contradiga eso, es probable).
Una idea que mucho se difundió sobre el origen del tango sostiene que nació
sin letras por 1880, que rítmicamente deviene de la habanera cubana y más
tarde, al incorporarle "letrillas procaces y prostibularias" se iría
enriqueciendo con distintas características. Según este concepto los
primeros tangos de difusión popular fueron expresiones bailables, sin canto,
y que entre 1890 y 1900 comenzó a incorporar algunas letras, picarescas y
lunfardas. Quizá dicho así, esto no sea totalmente incierto, pero pertenece
a una línea que por décadas ignoró lo esencial; la evidente raíz andaluza
mostrada en los primeros tangos de Angel Villoldo, autor fundacional de la
música de los argentinos, cuya obra destacada se diera a inicios del siglo
veinte. Aquel razonamiento, también, creyó inseparables al tango y al
lunfardo, esa jerga o código entre dos para que no se entere un tercero, que
en verdad resultaron dos perfiles culturales independientes entre los
argentinos; dos perfiles que sin duda integran las primeras expresiones
independientes de la colonia y por otra parte, tan históricamente potables
que podrían sostener cierto "orgullo" de afirmar nuestra identidad. Y por
eso mismo, el influjo del tango andaluz y la milonga en el tango argentino
son ineludibles para interpretar el origen de una expresión musical
incorporada a la manera de ser de tantas generaciones de argentinos, que aún
persiste.
Según dijimos, pese a no ser al principio cantable, ya por el año 1811
aparece una copla cantada por los combatientes de Cádiz ante la invasión
napoleónica: "con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las
gaditanas tirabuzones", a propósito de las bombas francesas que no
estallaban. Y aunque no perdure su línea rítmica, refiere el especialista
Roberto Selles en "Las Primeras letras del Tango”, que la milonga siempre
fue "una especie musical surgida del canto, como sus antecesora, la guajira
flamenca”, y que "milonga" es una voz del Quimbunda, un lenguaje de los
negros del sur de Brasil que significa "milonga: muchas palabras,
palabrerío". De ahí, seguramente, "déjese de tanta milonga" hoy nos expresa "por favor, no hable de más"…
Las primeras guajiras acriolladas entonadas por los porteños eran letrillas
andaluzas de mala intención o de carnadura prostibularia, y en 1857 se
estrenó en el Teatro de la Victoria de Buenos Aires, "Tomá mate, che”, del
español Santiago Ramos, que aludía al hábito criollo de tomar mate y por ahí
decía "me dijo un moza al verme, este porteño me mata. Tomá mate, che, tomá
mate, que en el Río de la Plata no se estila el chocolate". Más adelante,
1868, aparece el primer tango que dicen se oyera en Argentina, "El negro
Schicoba”, de José María Palanzuelo, organista de la Catedral de Buenos
Aires con letra de Germán Mc.Key, un actor panameño, y es una canción
andaluza con aire muy juguetón que decía "un tango cara cun tango, un tango
cara cun té, dame un besito mi negra ahora que nadie nos ve". Otro
estudioso, José Manuel Caballero Bonald, en su obra "Danzas Clásicas
Españolas de la escuela antigua” habla entre otras del bartolo o bartolillo,
"Bartolo tenía una flauta con un agujero sólo y su madre le decía, tocá la
flauta Bartolo", que en Uruguay se adaptó en milonga y en Argentina, además
de otras varias, se cantó como tango "Bartolo dejó una mina, yo no la quiero
dejar, porque me calza me viste y me da para morfar". Anteriores a este ya
existían otros tangos andaluces que se acriollaran marcados con el ritmo de
la habanera cubana, como el "Queco”, sinónimo de quilombo, que cantarían las
tropas del general Arredondo por 1875, antes de la batalla del Quebracho:
"Queco vení pal hueco, Queco, te tengo que hablar", prolongado en su primera
memoria como una expresión de tango compadrito. Por 1881, en "Colección de
Cantes Flamencos, de Antonio Machado y Alvarez, se menciona "El Tango de la
Casera”, que los porteños convirtieron en "Tango del Recoletero” aludiendo a
quienes participaban de las romerías de la Recoleta o del Pilar; reuniones
de familia durante el día y por la noches concurridas por algunos bailarines
de tango. El ya mencionado Angel Villoldo, que fuera el primer autor
profesional de tangos en cuanto los otros loa hacían sin rigor musical,
tomaba de base al tango andaluz y al cuplé. "La Morocha”, escrito en 1905
sobre música de Enrique Saborido, es decididamente un cuplé para ser cantado
por la española Lola Candales, y en 1906 un tango recordado además por su
música, en su argumento era un clásico tango andaluz. "Una ordenanza sobre
la moral decretó la autoridad policial, y por la que hombre se debe abstener
decir palabras dulces a una mujer. Chitón, que al que se propase cincuenta
le harán pagar". Además quedan otros rastros del género chico español en los
compadritos de Villoldo: "aquí tienen al torito, el criollo más compadrito
que pisó la población", hoy mismo nos suena divertido y zarzuelero. Aunque
sin ningún ánimo calificador ni crítico, se nos ocurre que Angel Villoldo
desconocería la opinión que Domingo Faustino Sarmiento publicara en su "Facundo” por 1845:
"en Buenos Aires sobre todo, todavía está muy vivo el
tipo popular español, el majo… todos los movimientos del compadrito revelan
al majo; el movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del
sombrero y hasta la manera de escupir entre los colmillos, todo es de un
andaluz genuino". ¿Vieron qué poco observador era Sarmiento, el fenomenal?
De todas maneras, en más de cien años de existencia el tango tuvo enormes
transformaciones en su ritmo y llegando sus letras a convertirse en algo
recurrente en la literatura de los argentinos. Hoy mismo, los escasos tangos
que se editan mantienen aquella distintiva argumentación "de lo personal a
lo social", en tanto su construcción musical profundizó su tendencia a ser
música de cámara, muy elaborada armónicamente y para solistas muy aptos. Tal
vez allí se geste otra historia que seguramente no le quitará el carácter
argentino al tango, y por ahí rumbeó una crítica Jorge Luis Borges en 1930
al escribir "de valor desigual ya que proceden de plumas heterogéneas, las
letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado integran un
inextrincable "corpus poeticum”, que los historiadores vindicarán. Es
verosímil que hacia 1990 surja la sospecha de que la verdadera poesía de
nuestro tiempo no está en "La Urna”, de Enrique Banchs, ni en "Luz de
Provincia” de Carlos Mastronardi, sino en las piezas imperfectas que se
atesoran en "El alma que Canta”. Se refería Borges a una publicación que
recogía cada semana las letras de los tangos nuevos y viejos, y agregó,
"esta suposición melancólica o una culpable negligencia, me ha vedado el
estudio de ese repertorio caótico". Una reflexión más bien culposa de
alguien indudablemente argentino, que podría generar uno de los debates que
nos merecemos y no encaramos, tal vez, por persistir en nuestra identidad de
mantener con vida un montón de contradicciones.
Entre lo nuevo y lo viejo, Los que Mandan pretenden lo de
siempre
Luego de la Cumbre presidencial de las Américas realizada el año pasado en
Argentina, donde la mayoría de los mandatarios del área sostuvieran la
preeminencia del MERCOSUR a las postulaciones del ALCA defendida sin gran brillo
por los presidentes de México, Colombia y por supuesto Estados Unidos, más la
posterior reunión de la Comunidad Sudamericana de Naciones donde se propiciara
el ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la
posición de la actual administración norteamericana se endureció en lo
diplomático y en lo económico con los gobiernos de la región. Ese percance más
la azarosa invasión del ejercito de Israel al Líbano sin llegar a dominar las
aguas del río Litani, su principal objetivo, aceleraron movidas y opiniones
novedosas en las relaciones existentes en el mundo un año atrás. Algunos de esos
episodios, - Medio Oriente dejó de ser lo que eran antes de la invasión a Irak y
Latinoamérica va eligiendo jugar con sus propias cartas- originaron un cambio
hasta en los medios de comunicación donde hubo personajes que dejaron de
aparecer como imbatibles triunfadores, caso del Primer Ministro inglés tan
desgastado y los funcionarios de las Naciones Unidas con la credibilidad
decreciente en todo representante del Departamento de Estado. La realidad dice
que en la mesa de las relaciones cambiarán las posturas y "exigimos la aparición
con vida de Condolezza Rice y Tony Blair" es además de un brulote estudiantil en
un colegio de Buenos Aires, un dato que deberán atender los países hegemónicos:
algo se mueve en el universo que de ningún modo adhiere al sistema de poder
reinante. Hay coordenadas que empiezan a ser incompatibles dentro del mismo
grupo del privilegio y sin valoraciones buenas o malas, indica cambios
imprescindibles de inmediato porque si hay ciclos que se cumplen, también hay
nuevos alineamientos que sin duda se vislumbran porque aparecieron nuevos
actores en la escena.
Sin alejarnos mucho de nuestra geografía, cuando se habla de la integración de
América Latina siempre hubo adherentes y contrarios; consultar la historia; y
están quienes promueven el desarrollo del continente sin excluir a las clases
bajas, pensando en una nueva sociedad más emancipada y sin privilegios, y
quienes quieren forzar el mismo orden de sucesión impuesto por la potencias
occidentales y principalmente por los Estados Unidos. Estos últimos, Los que
Mandan, persisten en un sistema sucesorio clásico en América Latina, tendiente a
reproducir las relaciones de clase existentes durante siglos con el Imperio y
reproduciendo las estructuras sociales que nunca se modificaron. La
"integración" que proponen los sectores privilegiados es conservadora, es de
esperar, más ahora con el agravante contemporáneo que cuando enfrenta las
exigencias de nuevas transformaciones sociales se torna absolutamente
reaccionario. Esto tiene magníficos antecedentes por lo acontecido en Argentina
y Brasil en las décadas del sesenta y el setenta, por ejemplo, cuando la
radicación de varias empresas automotrices produjo una explosión ocupacional en
numerosos sectores sociales, incentivada y multiplicada principalmente en la
actividad metalúrgica, y hubo en el gentío común certezas de una movilidad
social casi nunca registradas en ambos países. Entonces, a medida que la
tecnificación instalada crecía junto a la capacidad operativa de los
trabajadores con una dinámica insólita, resultaron ilustrativas las oposiciones
de los sectores tradicionales; en Argentina, agroexportadores con un sentido
aldeano de la convivencia con los asalariados, preocupados por los riesgos que
corrían sus privilegios dentro del conjunto social. Para ellos, ese embate
industrialista que cambiaba la estructura mental de millones de antiguos
desocupados y por consiguiente más dependientes, ante la seguridad personal que
otorga una mediana seguridad laboral, les doblaba el brazo en la pulseada. No
dejar que se quiebre la escala jerárquica ha sido y continúa siendo la sencilla
y bastarda ecuación de los privilegiados por el sistema, en su lucha contra el
ascenso de los de abajo. Al margen de los factores meramente económicos y de
conveniencia, siempre indesechables, los grandes impactos de seguridad laboral
con plena ocupación producen no sólo la socialización de los empleados; con el
virtuoso condimento de saber quién es y cuáles son sus derechos, el individuo se
democratiza y elude la sumisión social que impone el trabajo temporario o la
desocupación. Sin publicitar algunas gestiones de gobierno que produjeran los
mismos efectos positivos sobre la sociedad y sin adherir a otros de sus
enfoques, creo oportuno decir que el mayor aporte que el peronismo trajo, sin
paso posible atrás en nuestra historia, fue la liberación psicológica del obrero
ante el patrón. Un efecto obtenido en seis o siete años de una industrialización
que aunque al fin resultara económicamente incipiente, alcanzó ese resultado
invalorable que a una economía pastoril le hubiera demandado décadas.Y esa toma de conciencia en los
trabajadores tuvo su correlato de entidad durante los años del setenta,
específicamente hasta la llegada del neoliberalismo con militares genocidas
incluídos, que desembarcaron en América Latina con un sencillo y oligárquico
objetivo de acabar con la industrialización. Ese fenómeno económico que genera
sindicatos fuertes, deliberativos y democráticos, debía terminarse a bayonetazo
limpio para reconvertir rápidamente al país en un ente de servicios y
dependiente. Como siempre quiso la tendencia de Los que Mandan entre nosotros.
La preocupación que demuestran los diarios tradicionales por la posibilidad de
un nuevo ordenamiento que modifique los aspectos medievales de esta rutina; con
sus ocasionales pensadores, La Nación de Buenos Aires y los pasquines de Miami
pendulan de lo ignorante a lo risueño, como si tantas centurias de creer en algo
sobrenatural les pesara y aguardaran algún milagro. Tampoco es bueno aventurar
una sonrisa al releer las últimas homilías y misas cuestionadoras a los nuevos
aires que difunde la Iglesia Católica, que sensatamente no entendemos y como en
nuestro barrio no atiende ningún hermeneuta, nos quedamos en ayunas. Pero luego
de las últimas experiencias políticas, que bien pueden ser contradictorias,
polémicas y en algún caso mal encaminadas, América Latina empieza a morirse como
factoría, en consecuencia no acepta de pleno los mandatos antiguos y se desdice
hasta de sus enajenaciones políticas. Esta nueva imagen que significa una
ruptura ideológica de años en su historia ante las potencias rectoras, es bien
entendida por esta episodio de renacer conceptual de la nueva integración. Las
reglas integradoras latinoamericanas de ningún modo seguirán siendo el proyecto
ALCA que favorece la dependencia hacia EE.UU, sino un atributo organizado por
los países del área para una reeducación racional de las ramas productivas, al
menos, aplicando todos los mecanismos financieros y políticos para transformar
las estructuras existentes. Eso debe ser una imposición de mínima para hablar en
serio, pero ¿cómo piensan los estrategas del pensamiento clásico mejorar la
condición del hombre en el planeta sin tanto tráfico de armas y de cocaína?
Digamos que en esto, el criterio no tiene novedad; en los proyectos de esa clase
mandante que ya ignoran la Revolución Francesa sin manifestarse en contra por
pura elegancia, persiste en extender las formas de la esclavitud como sea. Para
los tradicionalistas del pensamiento en su provecho exclusivo, nada que sea
humanamente válido los obligará a modificar su situación. Los "pensadores del
neoliberalismo", por decir algo, se han convertido en utópicos furiosos y
militantes del mirar para atrás, cuando los demás, los idealistas utópicos,
dejamos de ser tan soñadores y nos convertimos en realistas sencillamente por
apreciar el futuro.
Las expresiones que los dueños de la tierra y el poder difunden no sólo desde
Miami ni con todos sus aparatos informativos y fabricantes de opinión que
exhiben a diario falsificando verdades, las fortifican reiterando términos como
"tercermundismo", que atenuaron pero persisten con "subdesarrollo" o en "vías de
desarrollo", para establecer inconscientes rangos de superioridad en las
negociaciones. Sería más democrático y positivo para la convivencia que dejen de
pontificarnos sobre los peligros de los crecientes gobiernos autoritarios en
América Latina, o de magnificar la inseguridad jurídica y personal buscando
espantar a los inversionistas foráneos y romper así las factibles uniones de los
países del área, porque si vamos a seguir conversando necesitamos saber que
integración buscan y por cuales etapas económicas y sociales deberían pasar las
comarcas latinoamericanas para conseguirla.
Digamos entonces señores neoliberales, capitalistas, terratenientes o medievales
privilegiados; perpetuarse ante la nueva realidad del planeta con tanto discurso
disociador y alarmista no le hará ganar la guerra a un sistema que flaquea. Y
entonces mucho mejor sería, quizá, que si guardan algún proyecto serio que saque
al hombre de la prehistoria sin volver a la esclavitud, se animen a exponerlo de
una buena vez. La humanidad los espera.
Fuera
de Israel, ¿los judíos sufrirán daños colatrerales?
La pregunta surge ni bien se habla de la invasión del ejército israelí
contra quien sea, de las prepotentes explicaciones en cada caso y la promesa
de la dirigencia de Israel en seguir adelante con la guerra pese a cualquier
arreglo. Y en Buenos Aires donde vive una comunidad judía gigantesca, pocos
atienden esas palabras y sin altisonantes fanatismos étnicos, hoy es común
coincidir al calificar la característica de la matanza de civiles libaneses.
Para muchos, es una nueva "sodomización” alternativa que practican el
Departamento de Estado norteamericano, las Naciones Unidas y el autoritario
Israel en extermino contra cada vecino. La gente común comprende hoy esas
atrocidades nazis y las desprecia, sabiendo que las huellas del holocausto y
la simpatía hacia la colectividad judía de todo el arco político progresista
parecía otorgar un crédito inconmovible a ese grupo, hoy empieza a mostrar
un franco vulnerable si de justificar el proceder de Israel se trata. Mis
amigos judíos me sonrieron puteando o me putearon sonriendo cuando acuñé
"Hitler y Sharon un sólo corazón" quizá, eso sí, porque la integración o
convivencia étnica, religiosa y racial entre los argentinos es de tolerancia
y en la mayoría de los casos, - salvo la patética milicada ultracatólica, en
extinción- la convivencia es de una entidad más profunda en nuestra sociedad
que la mayoría suele apreciar. ¿Quién puede vivir entre los argentinos de
por aquí registrando el origen de cada uno que saluda en la calle? Ningún
judío de Buenos Aires fue culpado ni en broma por la carnicería infame
contra los civiles del ejército israelí en el Líbano, en cuanto la
aceptación del otro, del diferente, está de manera implícita en nuestra
forma de vida. Todos, absolutamente todos los argentinos, venimos de lo
diferente; así que con eso no se jode…
Y para ilustrar digo que cuando yo era pibe por mi barrio andaban unos rusos
"cuentenicks", unos vendedores puerta a puerta que sin regalar nada cobraban
cuando podían. El ruso cuentenick de mi casa se llamaba don Simón y traía de
todo en su bolsa al hombro: frazadas, un delantal y los zapatos cuando
empecé la escuela y hasta el vestido de mi hermana al casarse. Don Simón era
una tienda ambulante y pocos le entendían bien cada palabra, salvo mi viejo
que cuando lo colgaba con la cuenta el otro dejaba de aparecer y debíamos ir
a pagarla al Once, por la calle Alberti. La vez que acompañé a mi viejo
descubrí a don Simón sentado de espaldas a una ventana de cortinas macramé,
moviendo una tarjeta de color rosa. La cuenta, hasta que mi viejo desplegó
un billete como si fuera una baraja ganadora y enseguida los dos entraron a
reírse y a conversar de otra cosa. Además guardo otra película sepia: don
Simón y mi viejo un verano en el patio de casa, tomando mates de leche
cebados por mi vieja; olor a higuera, mi eterno gato gris durmiendo en una
silla y don Simón con su saco casi transparente ribeteado de cordón azul, de
pronto soltando una carcajada. Nadie sabe cómo esos dos podían entenderse y
con el tiempo, mi hermano me hizo entender que a don Simón también le
gustaban mucho las minas... Además, imagino o se me ocurre otro diálogo en
la cocina de casa, yo haciendo los deberes y mi vieja aguantando a don Simón
hasta que llegara mi viejo, ¿y qué nutriría aquel tipo flaco encorvado por
su cargamento, con la mirada humedecida al decirle a mi vieja que su familia
había muerto en la guerra? "Muertos todos, como ovejas". Alguna vez supuse
el nombre de su aldea pero no la busqué en el mapa, si al fin la matanza
siempre es una sola.
Un poco más adelante se casó mi hermana, don Simón y mi viejo Pablo se
tomaron de los hombros en el patio para entonar "para mí eres divina” y un
tanguito que ahora no me acuerdo, y nombrarían a las pupilas de un quilombo
en Dock Sud. ¿Qué ritos convocaron esos dos tipos para entenderse, o qué
nudos atarían a los tiradores colorados de don Simón para sentirse
idénticos? Así que hoy, mis delirios mejor cierran al pensar en aquel
cuentenick ruso soportando tanta cuenta impaga, masacres familiares allá
lejos y hacerse millonario sin volver a su aldea, y su amigo Pablo, mi
viejo, enredado con mujeres del vecino, un balazo con suerte en el cuarenta
y huir del domicilio cuando venía la mala. Y por encima del Danzing o el
Moldava, hoy andarán putañeando en el paraíso al perseguir entre nubes a las
vírgenes infernales. Y entonando en hebreo arrabalero una noche de joda con
San Pedro.
Y hasta me olvidé de Martha, que llegara después con sus ojos tan claros,
con quien nos juntábamos a ver cine polaco en el Lorraine, y nos lagrimeamos
la despedida jurando no olvidarnos nunca, y sin nada sensiblero, digo que
fuera de la habitación también llovía... Igual, sumé esta recordación para
insistir en mi modo de comprender el mundo, en cuanto ser de la especie
humana, persona en cuanto puedo comunicarme con la palabra, y compelido por
la naturaleza de mi especie a comer para subsistir y aparearme para la
procreación, hay asunto que sienten mi debate. Ser humano y luego de varios
trasvasamientos generacionales, puedo ser todo lo demás. Digamos, ligarme a
las demás categorizaciones culturales que son las etnias, las religiones,
los sitios de origen y demás apoyaturas no tan vitales al hombre como comer
y aparearse, pero que por imposición del Poder, en los últimos siglos marcan
las peleas por el destino de la humanidad. En cuanto si olvidáramos tantos
artificios culturales para develarla; biblias, coranes, escrituras y
acertijos; la historia de la humanidad es más fácilmente explicable si
estudiamos las migraciones por hambruna que debió soportar la especie. Pero
en medio de todo esto se ha metido el Poder a imponer otras causas
secundarias a esas hambrunas: Los Que Mandan culpan de las discordias a
equivocadas elecciones étnicas, a las diferentes creencias prefabricadas de
más allá o más acá o a la incidencia de la melanina en la coloración de la
piel. Todo eso es al fin secundario y postizo al lado de la innegociable
necesidad vital a la especie; comer para subsistir; una imposición que no ha
de ser inherente a los dioses pero sí, con certeza, a todos los hombres del
planeta.
Así la cosas y a contrahistoria, el Poder dispone ponernos a todos en estado
de emergencia temerosa, - el modo simple es controlar de la computadora a
nuestra dormitorio- anunciando cada día atentados que no fueron pero casi, y
muy peligrosos. Y entonces, lamentando no mencionar más momentos memorables
con los paisanos de la comunidad judía de Buenos Aires, entiendo que por
eficiencia del actual gobierno belicista de Israel, aquí y donde estén, los
judíos comunes; los herederos de don Simón- sufrirán algún daño colateral en
sus relaciones cotidianas. Y no me digan que nos les avísé.
El
liberalismo, ¿de tan irracional apuesta a todo?
Luego de la conferencia hecha en
Argentina para consolidar los acuerdos del Mercosur , los medios sudamericanos
más notables o cotizados volvieron a denostar "las pretensiones de un proyecto
utópico y tantas veces fracasado". Además de los sainetes propios de la fauna
anticastrista residente en Miami "festejando la muerte de Fidel Castro", y
ocultar las atrocidades del ejército israelí en el Líbano por apoderarse de las
aguas del río Litani, la expresión de deseos contra la posible integración
parcial de América Latina siguió voceando en los medios de comunicación. En
algunos casos y en aras de prestar su mejor servicio, los columnistas de los
diarios más tradicionales equivocan o suprimen datos sustantivos de la historia;
si después de todo lo publicado no pretende ser informativo sino todo lo
contrario, lo más corriente en estos pergeños de los multimedios es la omisión
de componentes que hoy pesan en la realidad social y política del mundo. A
saber, la nueva conciencia del gentío común al defender la natural riqueza del
sitio donde habita, - detalle expresado en Bolivia y también en la irresuelta
elección que cuestiona López Obrador en México- y que establece nuevos marcos a
la realidad política de la región. Este aspecto, casi subjetivo todavía, está en
escena y hace menos manejable la hegemonía del capitalismo financiero y voraz de
las corporaciones multinacionales. Esos gigantescos intereses alentados no pocas
veces por los gobiernos norteamericanos de turno, sin mengua de la línea
bipartidista que administre USA, son una fuerza contraria a cualquier idea de
integración continental. Y a ellos y con su estilo, indefectiblemente se suma el
elenco estable de fuerzas retrógradas en cada país; tal vez los presidentes de
Chile y de Uruguay podrían decir algo sobre esto…
La integración de América Latina está en su génesis, y desde su concepción se
repiten los nombres de San Martín y de Bolívar como pilares indiscutidos de esa
idea. Esto es bien sabido y en los estudios del peruano Carlos Mariátegui,
(l894-1930), o del argentino Rodolfo Puiggros, (1906-1980), este proyecto erigió
la idea de mantener los propios rasgos culturales de la región, educada por
siglos en la escuela europea de la actividad económica y política. Esta
pretensión, al parecer ingenuamente localista en tiempos de globalización
extrema, tiene razones profundas y ocultadas siempre por los mentores de la
opinión histórica, en cuanto la división de la zona rioplatense en una serie de
semicolonias pastoriles, por ejemplo, fue impuesta a sangre y fuego por las
fuerzas tradicionales del liberalismo. Esas separaciones geográficas y la
consecuente realidad regional, hoy le acarrean a sus habitantes esta infame
repartición de riquezas y miserias, en un lugar del planeta pródigo en alimentos
y recursos, y sólo esta incongruencia ya denunciaría que los sectores
explotadores aplicaron aquí un liberalismo ajeno a los principios que incorporó
la Revolución Francesa a la civilización occidental, por decir algo.
La estructura socioeconómica tradicional de América Latina se origina en la
colonización de España y Portugal, que poco se iría modificando por el accionar
de las fuerzas sociales internas. En Argentina, en el campo social siempre pesó
la influencia de un clericalismo retrógrado, y en lo político económico los
aires pendularon por tendencias germánicas, anglófilas o proyanquis, según. En
ese contexto y salvo algunos conservadores lúcidos que no abundaron pero en el
siglo veinte actuaron en la educación de los argentinos, o pequeños interregnos
distributivos durante el peronismo donde tampoco dejaron de enriquecerse a dos
manos, las oligarquías gobernantes en Argentina siempre fueron y a muerte,
liberales de rapiña. Y también "a muerte" se aseguraron con los sangrientos
procesos católico-militares, lo mismo que el resto de la región.
Históricamente, el liberalismo en América Latina jamás asomó como síntesis de
las libertades ni de ruptura con el pasado dominador, y por el contrario, fue
cimentado y aprovechado por los adueñadores espúrios de la tierra y sus riquezas
naturales. Conquista del Desierto mediante y sus derivados, el liberalismo
funcionó y lo sigue haciendo como una antítesis del "estatismo controlador",
considerado por ellos una maldición colectivista, disociadora, contraria al ser
nacional, terrorista y otras usuales pendejadas, cuando un Estado liberal en
serio actuaría como regulador de todos los excesos y achicaría las brechas del
conjunto social que los falsos liberales desprecian.
En esto de cambiar el sentido de las palabras para modificar las cosas ellos son
astutos y basta observar la postiza oposición que inventaron entre Estado y
Libertad, concluyendo que el único Estado democrático es aquel protector de las
libertades burguesas, digamos propiedad inalienable y nada más, y los demás son
"gastos innecesarios que hacen las burocracias públicas con los dineros del
contribuyente". Para los liberales modernos, un Estado totalizador que proteja
los intereses comunes, de todos, de la comunidad, por un rebusque idiomático es
hoy un Estado Totalitario, enemigo de las libertades individuales y demás
enunciados que siempre significan "el Estado debe dejarnos tranquilos a
nosotros, los dueños del Poder". Ellos defienden cualquier realidad que los
favorezca, pese a que en el esquema político que nos aplican subyace una
atomización de la sociedad, y un amontonamiento más que una totalidad de
individuos que la integran. Cualquier liberal admira el progreso cuantitativo
propio y de ningún modo el crecimiento cualitativo del conjunto, ellos al fin se
sienten de otra especie, son exclusivos y se pertrechan tras un criterio
incomprensible y diminuto: si cada libertad se apoya en la propiedad privada de
bienes, se ignora la libertad y demás derechos de quién no tiene. Este axioma es
tan sencillo que hasta yo mismo lo entiendo, muchachos, pero el liberalismo, "empírico" o
"dialéctico" del origen en cuanto fuerza renovadora de aquella
realidad anterior, una vez en el Poder se convierte en "pragmático" al usar todo
su herramental en perpetuar y mejorar para sí las estructuras que le convienen.
Al instalarse y ya dominador del futuro, el liberalismo abandona la dialéctica
renovadora de su concepción, desechando monarquías y feudalismos, por ejemplo, y
hoy defiende su fugacidad como clase descalificando a cualquier oponente. Y ni
hablar que pudieran desplazarlo el proletariado de abajo. "Haciendo evidente que
las única libertades que hoy concibe el liberalismo son las que engendraron su
lucha contra el absolutismo feudal, o sea el religioso y el monárquico que eran
las últimas reservas del absolutismo en Europa, y el liberalismo de hoy es cada
día más excluyente y esclavista", nos dijo alguna vez el mismo Rodolfo Puiggros
a propósito de este engendro ideológico que soportamos.
Este esquema liberal tuvo origen en la colonización anglosajona de Estados
Unidos. Esos inmigrantes libres de prejuicios feudales pero enajenados al
individualismo económico más cerril, construyeron conceptualmente al liberalismo
actual: los norteamericanos todos abrazan la creencia de obtener esa libertad
que ellos asimilan al sistema, a través del enriquecimiento paulatino de toda la
sociedad en un proceso de acumulación capitalista y personal. Entonces, defender
su propiedad y por ende, su idea de libertad que ella implica, en ellos engloban
todos los valores de las democracias representativas, la igualdad de
oportunidades y demás discursos de cada día y hora. Esto sería interesante si
todos accedieran a ser propietarios de algo valioso, y si pensamos que
específicamente pertenecemos a una especie, esa concepción política revela
cierta índole atomizadota del grupo humano, enajenando al individuo detrás de su
logro económico propio y nunca dentro del grupo; algo que individualmente
resulta histérico pero algo menor, si miramos al proyecto económico que habilita
desde la sumisión de las multitudes a las matanzas de los opositores al sistema.
En nombre de la libertad, la democracia y algo más que ahora no me acuerdo,
estos tipos apuestan a quedarse con todo. Pero, ¿y si por ahí se termina el
juego?
En
cada invasión al sistema le suben el precio.
Vea pibe, quien lleva una movida de ventaja siempre oculta algún tomate
de la discordia.
Los que Mandan no malgastan mucho ingenio para proteger sus "valores de la
democracia" y con cualquier aderezo palabrero nos hablan de nuestra
seguridad, del futuro, de la felicidad que disfrutamos y otras condiciones
sólo posibles en acuerdo a sus dictados. Desde el derecho a comer en
libertad al cotidiano accionar de cada civilización, nada es ajeno a esa
supervisión del Poder que ejercida durante siglos con un sigilo envidiable
por lo eficaz, hoy resulta apenas perceptible. Desde la constante amenaza
que abaten sobre el mundo y jamás nos explican con justeza, al temor a ser
castigado en el más allá de los infiernos y las Apocalipsis anunciadas en
los púlpitos, o el miedo a terminar siendo dominado por ideologías
criminales, creencias místicas o funestas previsiones que se le antojan al
Poder, los seres comunes de todas las comarcas, - nosotros- despertamos cada
día contemplando "el tomate de la discordia: nuestra inquietud perpetua en
cuidar la felicidad que nos aseguran tener”...
Con renglones por el estilo pero seguramente más divertidos, nos iluminaba y
confundía en el café de nuestra barrial adolescencia un ignoto viejo de dos
ginebras cada atardecer, y añoramos aquel privilegio de oírlo alguna vez
sonreírse de tantos imprecisos cataclismos que fueron institucionalizados
desde el Poder para neutralizarnos siempre. Brujas, serpientes, pecados,
posesiones del demonio, ateísmo, nazismo, amenaza japonesa, stalinismo,
peligro chino, nacionalismo, Al Qaida, los terroristas que tumbaron las
torres de N.Y., sectas musulmanas o etnias latinoamericanas muy peligrosas,
y a no desolarnos que ya tendremos otras. Aunque atentos a la diaria
información, de todos esos riesgos nos protege el Poder; esa entelequia
impenetrable, ajena a los mortales comunes cercanos y palpables, el grupo
elegido, Los que Mandan y nos controlan sin protegernos, diría el viejo que
ironizara de "esa felicidad que nos aseguran”. Y advertía llanamente que esa
incierta felicidad que nos pregonan desde púlpitos, televisores,
computadoras o infames parlamentos políticos, al fin activan de modo
inconsciente sobre las sociedades. Pero de cualquier modo, el complejo
aspecto de elegir cualquier ideal o línea sigue siendo absolutamente
individual; cada uno elige, - entiende hacerlo- el bando de los descreídos
de un sistema que cada minuto agranda más la brecha entre los humanos, lo
que asegura males mayores, o el de quienes prefieren mantener "por sentirse
realizados", una civilización afín a Los que Mandan. Este límite entre
inconformistas y conformistas que hoy pinta como aleatoria, en poco tiempo
más de acercamiento cibernético resultará una imposición conceptual; algo
que muchos definimos luego de atender a cierto viejo orate en un boliche de
barrio o haber leído el Quijote, en otros que laboriosamente prosiguen
disputando su lugar en el mundo, esa elección tal vez se halle oculta o
sublimada. Igual, pocos discuten en términos culturales que el individuo es
un sistema abierto pero estructurado por su herencia, después su trayectoria
personal que le genera respuestas ante la realidad y al final o al
principio, - no calienta- al entorno social que lo define. Naturalmente,
sobre todos nosotros y desde el individuo de condición más pobre al de
selecto barrio privado y alienante, actúa el Poder con las herramientas de
la comunicación de masas que afila y perfecciona continuamente de modo
deslumbrante.
"Quién le dice qué a quién, y con qué fin", se decía Harold Lasswell por
1950 al vincular a cada uno con el otro y al sistema social en conjunto,
procurando unir al sistema de la comunicación con la producción, el consumo
y las decisiones culturales. ¿Con qué fin alguien le dice qué a quién?,
sería hablando simplemente el antiquísimo "tomate de la discordia" del que
se ensañara el viejo del bar, pero ya tiempo antes lo sentenciara el bueno
de Carlos Marx en su ensayo sobre el capital: "el productor crea al
consumidor". Una densa opinión que acaso gire en el acontecer cotidiano de
la humanidad desde siempre, en tanto nadie puede apartarse de comer para la
subsistencia y procrear sin aparearse, como sea, y esas dos necesidades
esenciales no son negociables en ningún caso. Así que por mucho eficacia que
ostenten los medios de comunicación, siendo un interés económico obediente
al Poder y sin necesidad de reacción "cultural” masiva contra su discurso
cotidiano, deben ya cotejar sus infundios no sólo con la dialéctica y el
buen uso de la lógica, - asunto que los tradicionales diarios argentinos hoy
poco frecuentan- sino con el específico y agobiante peso de la realidad. Esa
realidad de todos los días donde el ocultamiento de la verdad objetiva se
hace muy trabajosa y que últimamente ofrece sincerarse en ciertos medios
escritos. Al menos, hemos leído calificar a la invasión de Israel al Líbano
como una "devastación israelí contra el pueblo libanés", o del desmadre
conceptual entre las congregaciones judías de América Latina; por supuesto,
tradicionalmente más progresistas y democráticas que el estado terrorista en
Israel, prohijado por Estados Unidos. No pocas agrupaciones judías critican
el accionar de Israel porque "todo estado armamentista es un estado
terrorista”, ellos han dicho, y el estilo contradictorio de estos renglones
tiene un excelente espacio en "El País” de España, 15-7-06, donde el
ocuparse de a Reunión Cumbre de los Ocho, en San Petersburgo, el columnista
acepta que los dueños de las riquezas naturales no pueden ser ignorados en
la mesa de las negociaciones si el sistema económico depende de la energía,
y no hay buen rumbo si para obtener esos recursos deben hacerlo por la
fuerza. Ese enfoque tan novedoso hoy se expone porque el próximo
contrincante a ser tomado por asalto para adueñarse de sus riquezas
subterráneas bien puede ser Rusia. Y publica el importante diario español
que el gobierno de Moscú afronta la cita con los demás poderosos con las
mejores circunstancias favorables, anunciando de movida no estar dispuesto a
discursos sobre democracias ni otras consideraciones programáticas, y
explicó "crudamente" que su país tiene nuevas pretensiones en cuanto es
dueño de cuatro veces más reservas de gas y petróleo que las otras siete
potencias juntas. Algo para recordar, y que de semejante exposición hecha
por Putin a los demás representantes del Poder y Los que Mandan, la falta de
firmeza futura de occidente para tratar las crisis de Irán, Corea del Norte
y "la devastación israelí en el Líbano”, textual, sólo hay un corto paso
para las concesones. Esta sensatez ante el panorama "cuando los países
industrializados deben ser absolutamente sensibles a los argumentos de quien
puede abastecerlos de energía durante los próximos años", pone al diario
español "El País” de contramano a otros medios serviciales al Poder que
ignoran el peso de las cambiantes realidades. ¿Sus columnistas aceptaron
meramente que "nadie protege esta felicidad que nos aseguran tener", o algún
viento menos controlable viene soplando en el reino? Por eso y sin
desbarrancar en predecir cambios sensacionales en las sociedades injustas y
mal repartidas, ni en la ilusión de rebrotar en los fabricantes de opinión
la idea ética y fundacional donde el autor debe dar un producto cultural
distinguido del resto, nada de eso, sí creemos que pronto muchos
comunicadores no acusarán de terrorista a cada país que defienda su riqueza
natural; digamos Medio Oriente y América Latina; sino porque el precio del
bienestar lujurioso de los países centrales cada día será más elevado. Y
esto, aunque los empresarios del periodismo sigan negando la inteligencia de
sus oyentes y lectores por omisión, es una circunstancia inesperada que
puede apurar su marcha si la información imparable y su procesamiento, que
groseramente nombramos Cultura, nos indique mejor a todos "cuál es el tomate
de la discordia".
Instrucciones
para ajusticiar un toro.
Cualquier cristiano bien nacido merece una fiesta taurina, y como los toros
deben ajusticiarse por el tremendo daño inferido a nuestra prosapia, aquí
van sugerencias para humanizar la faena.
De primera, no esperar a que el toro vaya al ruedo cuando se le cante y
salir a buscarlo con un grupo decidido y heroico. Si la bestia animal se
escondiera a oscuras, según hacen esos cobardes, iluminarlo a reflectores y
espetarle "oye hijoputa, ¿no teneís pelotas para enfrentar a este manojo de
valientes"?, O frase similar al tiempo de embocarle unas municiones del "40
entre pecho y espalda. Luego, aunque la bestia sea promiscua y de baja
moral, busquemos zaherirlo: abanicarlo con pases de capote, preguntarle
"¿dónde ganaste esos cuernos, cabrón?", y si el miura no reacciona con
gallardía jerezana o parecida, gritarle "tu vaca, esa flor de putanga,
mientras tú la vas de bestia sanguinaria te adorna con toda la ganadería".
Eso, y si ahí el toro no se hinca para que lo descabellen, el matador puede
insistir "eres igual a tu madre, vaca más puta que las gallinas". Que se
sabe, eso ofende a cualquiera sea toro o gallareta…
Otra manera de liquidar rápido a un toro es calzarle audífonos de soportar
el pasodoble de la banda, que bien desafinan esas otras bestias... También
desorienta a cualquier puro de lidia un coctel Molotov entre las patas
traseras, y ante su crisis de identidad taurina que lo haga elaborar su
duelo maricón sobre la arena, darle de garrotazos entre personal de
cuadrilla y especiales invitados. Existe también la variante de interrogar
al toro por los creyentes militares sudamericanos con más agentes de la CIA,
sin Derechos Animales que valgan, y antes de ensartarlo los picadores sea
atropellados de vez en vez por camiones pesados de combate.
Señores, llegó la hora de bregar para cobrarnos el daño que durante siglos
los toros miura hicieron al estilo de nuestra confesión. Excomulguemos a
quienes buscan igualar a tantos toreros de un lado versus iguales toros del
otro, y a los malparidos que quieren confesar al cuadrúpedo para morir en la
paz de su demonio y aprovechar a los curas de la Plaza. Igualmente, explsar
de nuestro seno a los herejes que ríen de cualquier matador al verlo patitas
pa que te quiero antes de ser corneado en su traje de luces, aunque no sea a
las cinco en punto de la tarde... Además, otra desvergüenza de los cómplices
de los toros fue difundir que el Ernest Hemingway, luego de alabar las
corridas en su libro "Muerte en la Tarde" sintió tanta vergüenza que se
suicidó abandonando el whisky. Eso fue un infundio, otra cabronada, y como
al criticar nuestra Fiesta de los Toros la barbarie nos ha declarao la
guerra, es hora de mostrar que a "eso" nadie nos gana y a ellos. Que vale.
Entre
el capitalismo procaz y una filantropía incierta.
"¿Dónde hay un mango viejo Gómez?,
se lo han limpiao con piedra pómez”
Ranchera, de Ivo Pelay y Francisco Canaro. 1937.
Para hablar de dinero, símbolo virtual al intercambiar bienes reales y según
los financistas "hacedor de toda la riqueza", es bueno memorar algo cantado
en Buenos Aires al arreciar la crisis del treinta, y como este remedo tan
argentino no se traduce fácil, John Kenneth Galbraith nos ayuda en su libro
"El Dinero”, 1975: "que el amor al dinero es la causa de todos los males es
algo que puede discutirse". Y según Adam Smith, un profeta ligeramente
inferior a los de la Biblia según los economistas liberales, "todas las
ocupaciones a las cuales hasta entonces (1776) se había dedicado el hombre;
guerra religión, política; la de ganar dinero era la menos perjudicial
aunque el afán constante por el dinero atraía comportamientos francamente
irracionales en el hombre". Claro que ese escrito de 1776 resultaría erróneo
aunque fuera de Adam Smith, por la idea perpetua de la gente poseedora de
dinero "quienes suelen imaginar que el respeto y la admiración que inspira
el dinero son realmente debidos a su propia sabiduría o personalidad". Esta
constante cultural de quienes "mucho tienen" se aprecia en sus ritos
sociales, y palabras más menos de Adam Smith, naturalmente que no todos los
privilegiados por la tenencia monetaria son fanáticos de sus virtudes. Pese
a que en buen romance aparece otra observación de John Kenneth Galbraith al
atinar que la mayoría de las personas adineradas, cuando atisban la
decadencia de alguien con fortuna "con cierta rapidez morbosa le evaporan el
respeto y la admiración". Igual que sucede en cualquier club barrial y
popular, la descalificación impera en toda clase y suele generar tragedias
entre los adinerados que poco antes llenaran las crónicas en los medios
económicos y mundanos. Esas cosas...
Apagada cualquier repercusión por jugarse en esos días un mundial de fútbol,
(recién los alemanes eliminaron a los argentinos) en junio del 2006, el
señor Warren Buffet, - cuarenta y cuatro mil millones de dólares- le dona a
una fundación Benefactora que preside Bill Gates con su mujer, - dueños de
algunos dólares más- treinta y un mil millones. Esta cifra a entregarse de
modo paulatino debe ser usada en contra del hambre de los niños no solamente
africanos, conste, más en otras pequeñeces desatendidas por los estados
nacionales de todas partes. Al señor Warren Buffet, un "Top 5" apenas por
debajo de Bill Gates en las publicaciones de la revista Forbes, donde jamás
aparece algún amigo nuestro, lo llaman "El Oráculo de Omaha" por su manera
de comprar empresas devaluadas para dinamizarlas y mantener su inversión en
el tiempo. Este hombre de negocios no se considera un especulador y sí un
inversor que sólo arriesga dinero en los negocios que entiende, sin
abandonar nunca su dedicación al rubro seguros de su empresa Berkshire
Investement, o algo así. No faltan los cronistas que develan otros datos y
condiciones de "un financista que suele hacer muy fácil lo que otros
consideran difícil", - Borges olvidaría esa frase- y repiten que su éxito
consistió en factores tan sencillos que ni vale la pena comentar. Y este
Warren Buffet, mayor de ochenta años y tenaz defensor de su estilo de
multiplicar dólares a fuerza de conocimiento, paciencia y disciplina, por
razones de amistad, confianza y entretejidos que nadie puede atravesar con
sencillez, decidió donarle esa enormidad de dinero a la fundación de ayuda
social que dirige Bill Gates, considerado hoy el mayor filántropo del mundo
y que emprendió no hace tanto tiempo una carrera tan asombrosa en su
proyección como la del inventor Thomas Alva Edison. El mismo que luego de
inventar el fonógrafo en 1877, que permitía grabar sonidos en un papel de
estaño, dos años más tarde exhibió su invento más sobresaliente de todos, la
bombilla incandescente que hoy seguimos utilizando al menos en mi casa, y
que por su proyección comercial hallaría un punto de relación con el
fenómeno de las computadoras que aprovechara Bill Gates, y le sirvió para
acumular como mínimo cinco millones de dólares diarios en los últimos veinte
años. Edison, luego de perfeccionar el foco eléctrico, entendió que en ese
pequeño pero genial adminículo se apoyaría una demanda inusitada, y dedicó
su tiempo futuro a la generación de energía con los dínamos y usinas que
serían su verdadero gran negocio, iniciado la instalar la central eléctrica
de Nueva York en 1882. La bombilla instaló la demanda igual que un siglo más
tarde la computadora generó la interminable demanda del producto que venden
las organizaciones de Bill Gates; y digamos sólo esto para abreviar debates
por igualar a Thomas Alva Edison con Bill Gates… Y llegados aquí recordemos
lo que algunos medios de comunicación adictos al establishment económico
rebuznaron a propósito de la "donación" de Warren Buffett a la fundación de
Bill Gates, y nos detendremos apenas en un empleado de la CNN en español,
cuando salió al cruce del acuerdo pontificando, eufórico, que los fondos
serían mal utilizados al socorrer a gobiernos incapaces y corruptos, en
países que ocupaban esos lugares de atraso por deficiencias propias. Eso sí,
el hablante no arriesgó a qué caja de caudales deberían ir tantos millones y
como ese absurdo no asombra en la CNN en español ni en arameo, hubo otros
renglones orientados al mismo objetivo descalificador en medios rebosantes
de vaguedades, que por ser tan "tradicionales" ni mencionan la patética
organización económica que acelera la acumulación de semejantes cifras en
poder de una sola persona o un reducido grupo. Eso es lo irracional,
inexplicable y a contramano de la especie humana, en tanto la filantropía, -
eso que dicen Bill Gates y Warren Buffet- no es más que profesar amor a sus
semejantes y procurar su mejoramiento, o una segunda intención que no
entendemos y así publicitada consideramos una enajenación desvergonzada de
la cordura, en tanto nadie nos explique porqué en este evolucionado siglo
veintiuno los dueños de fortunas inimaginables, o sus amanuenses, pueden
decidir todo a su antojo en nombre de la humanidad. Y nosotros quienes no
entramos en las reuniones de Los que Mandan, les pedimos a los informadores
y exegetas del sistema que tanto aplauden a los triunfadores, nos digan si
estos filántropos merecen ese diploma o sólo cursaron las materias del
sistema capitalista imbécil y feroz. Para seguir averiguando dónde hay un
mango, lo mismo que en el treinta.
El
miedo a la recesión no se calma con discursos.
El nombramiento del presidente de la financiera Goldman Sachs como
Secretario del Tesoro y la salida de Alan Grenspan de la Reserva Federal
norteamericana, sacudió los mercados accionarios en general, y a renglón
seguido, cuando la tasa de interés se fijó en 5% anual y con tendencia a
seguir subiendo, la incertidumbre ante el aumento del desempleo y el posible
aumento de los combustibles traen a Estados Unidos una inquietud poco
frecuente. En la puerta de casa se instaló el miedo a una recesión que desde
hace tiempo muchos economistas entienden dilatada más de la cuenta; temor
que no se calmará suban o bajen más las tasas ni acciones ni significaría la
catástrofe final del sistema capitalista, de ningún modo, pero evidencia la
venta de espejitos de colores que se dieron con el régimen neoliberal
impuesto al mundo entero en las últimas décadas. El contragolpe recesivo
puede entrar en la vida de los habitantes del mundo más seguros y
suficientes , por un descuido en la defensa del mismo estado norteamericano.
Lo llamado neoliberalismo, este voluntarista principio económico ofrecido al
consumo masivo desde la Universidad de Chicago; Milton Friedman, sus Chicago
Boys y gerenciados por el grupo Rockefeller; fue indiscutido en los noventa
y ahora desemboca en la inseguridad de todo el sistema no sólo por generar
Patrias Financieras en cada barrio del planeta, sino por las consecuencias
negativas que la mera especulación le trajo al conjunto de la economía. John
Nash, premio Nobel de Economía en 1994 y personaje del film "Una Mente
Brillante", argumentó que las teorías neoliberales no sólo eran vulnerables
sino falsas, y el mismo Decano de la Universidad de Princeton, Mr. Helinger,
aceptó que los cálculos matemáticos de Nash chocaban con la teoría económica
que le adjudican a Adam Smith; matriz intelectual del liberalismo económico,
malversado para imponer este pastiche académico. Y aunque ese debate sea
otro tema, es bueno repetir que la economía, jerarquizada como una ciencia a
veces ajedrecística, en cualquier crisis se convierte en un simple "Ta Te
Ti" con pretensiones...
Hoy las políticas y los intereses se entrecruzan y definen con una nueva
dinámica. El mundo no es más el bucólico y virtualmente previsible del fin
de la Segunda Guerra Mundial, y aunque esta aventura de las comunicaciones
repita lo acontecido en el inicio del siglo veinte con la llegada del
teléfono, el automóvil y los viajes intercontinentales, ese cambio que
imaginamos "tan eterno como el agua y el aire", diría Jorge Luis Borges, que
redujo la ropa de las mujeres occidentales y actuó tanto sobre las
conciencias y el habla, no cambió sustancialmente el orden político de las
sociedades. Por causas del Poder o el "No Poder", - aún existen "familias
reales" decadentes pero privilegiadas- la transformación no profundizó en
las relaciones de justicia ni en el reparto de la riqueza. El cambio resultó
en lo operativo por el uso de la informática en todos los niveles, hecho que
suele confundir al desarrollo con el progreso cuando no son lo mismo, y es
hora de actualizar los modificados escenarios internacionales que aún no
fueron asumidos. Según Immanuel Wallerstein, director de la Yale University,
hubo una época en la que Estados Unidos ejerció verdadera hegemonía: al
terminar la Segunda Guerra Mundial y desde 1945 a 1970 logró todo lo que se
proponía y cuando quería. Con su gran prestigio dominaba a las Naciones
Unidas como una oficina de servicio exterior y mantuvo a la Unión Soviética
en los límites del ejército rojo en 1945. Con la hoy devaluada CIA echó a
todo gobierno inamistoso y hasta adelantó jugadas al asesinar al líder
colombiano Jorge Eliecer Gaitán, que los intranquilizaba, en 1948. Intervino
en Irán en 1953, llegaron las glorias del Reza Pahlevi; y utilizando a
Castillo Armas desde el mismo territorio yanqui, invadió Guatemala en 1954 y
liquidó al gobierno constitucional del incómodo Jacobo Arbenz. Igual Estados
Unidos tuvo aire para tomar el Líbano en 1956 y República Dominicana en
1965; por ahí tuvo un leve contratiempo con el pueblo cubano, diría algún
ironista, pero su ventaja económica y militar sobre Europa Occidental y
Japón todo le permitía. Con ellos diseñó una alianza natural, una tríada de
poder que últimamente viene rengueando bastante ante los empujones étnicos y
nacionalistas que se vienen en todo el mapa europeo. EE.UU. perdió la Guerra
de Vietnam en 1973, fue humillado en el Irán de Khomeini en 1980 y ahora se
expone de nuevo a lo mismo, y Ronald Reagan ordenó el retiro o raje de los
marines del Lïbano en 1982 dos días después de jurar que no lo haría. Ahí ya
el guapo del barrio empezó a perder prestigio y aunque el poderío de los
belicistas norteamericanos no está acabado, se sabe que la última vez que
EE.UU. obtuvo lo que quería fue al ordenar al general chileno Pinochet
asesinar al líder socialista Salvador Allende en Chile en 1973. Y poco más
tarde prohijó el golpe militar en la Argentina de 1976, donde con cierta
anuencia de la dirigencia política y sindical aplicó a sangre un servicial
proyecto neoliberal; el de Friedman y sus Boys; que iniciaron los militares
con el agente Alfredo Martínez de Hoz y culminaron otros numerosos
personajes.
Puestas así las cosas y resentida la alianza con Europa y Japón por el
desajuste financiero sin solución inmediata, la clase dirigente
estadounidense en su conjunto y no solamente el presidente Bush, militarizó
la globalización invadiendo Irak. Ahí cohesionó por un tiempo a sus aliados
europeos hasta que casi todos ellos cayeron electoralmente en desgracia, y
Estados Unidos, casi solitariamente, después de masacrar infinidad de
inocentes en Irak hoy amenaza a Irán más tres o cuatro países asiáticos,
"ejes del mal”, y agrava un conflicto que cada día más le complica su propia
jugada. A pesar de ablandar el trato ante Irán al ver la dureza del enemigo
que eligió, cualquier decisión privada de USA para quien los demás no
existen, no traduce ninguna superioridad sobre los otros miembros de la
tríada del imperialismo colectivo, Europa y Japón, sino que es un intento de
compensar su debilidad en esta instancia que no le resulta fácil de
controlar. Si hay dudas es bueno revisar los datos del déficit
presupuestario de USA. que de 59 mil millones de dólares en enero del 2005
anda por los de 67 mil millones de dólares, o algo así. El asunto es ahora
profundo porque el elemento físico de la discordia, el petróleo del que "los
norteamericanos somos adictos", dijo hace muy poco su presidente, es un bien
negociable a generar situaciones terminales a muy corto plazo, digamos cinco
años. Así que como la próxima realidad del planeta promete ser azarosa no
solamente por la suerte que tenga Wall Street en adelante, sería divertido
escuchar las explicaciones de los economistas que negaron durante años este
desenlace. "Como expectativas de mínima" pueden ser patéticas.

Las ideologías
malheridas vienen mejorando.
A mediados de 1940 y recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, Ernest
Hemingway, (Adiós a las Armas, El viejo y el mar, Por quién doblan las
campanas) presenció en las calles de Roma a una multitud entonando "Bandiera
Rossa”, un himno de la izquierda, y quizá el escritor demostró su adhesión
elevando su copa. Y al preguntarle si él era comunista, el hombre acaso
apartara su whisky apenas algún centímetro y aclaró "no sé, pero a la mejor
gente que conocí la he visto morir por esa canción”. Así calificó el lúcido
escriba que viera tan de cerca la guerra civil española, el estilo y la
ética de esa muchedumbre al pretender una conducta que se pareciera a ella
misma, una identidad, sentirse iguales. Y en cuanto acercar las ideas se
llama Ideología, eso "es malsano para el liberalismo económico” recitaron
durante el noventa los publicistas afines a Francis Fukuyama; miles de
opinadores del establishment que asolaron la inteligencia pontificando que
la caída del Muro de Berlín en 1989 significaba "la muerte de las
ideologías", "el fin de la historia" y alguna otra ocurrencia imbécil.
Total, los gigantescos intereses que financian esas teorías insostenibles
que bien analizadas resultan contrarias a la misma naturaleza humana, con
semejante cobertura "ideológica” prosiguieron con su negocio otra generación
más. Y lo hicieron por más artificial que fuera ese panorama de la realidad
que hoy, en mayo del año 2006, se repliega en cualquier país dirigido por
los iluminados del triunfalismo más oscuro, como sería el gobierno
republicano en USA con un setenta por ciento de opinión desfavorable, con
las inapelables derrotas electorales en España, Gran Bretaña, Italia,
Alemania y donde hubiera elecciones. Esas expresiones mayoritarias
demuestran que el pregonado fin del pensamiento crítico y de la historia
está muy lejos todavía y pese a negarlo, en las votaciones europeas se
imponen los opuestos a considerar al mundo como algo solamente posible si
perdura el capitalismo neoliberal, una perversión defendida por los Aznar,
Berlusconi, Blair, Bush y sus siniestros ganadores del sistema.
Está claro que la historia no tendrá fin en tanto uno de los grandes
misterios de la especie humana sea la diversidad infinita; que un individuo
jamás sea rigurosamente igual a otro asegura el devenir perpetuo y también
que si una parte de la humanidad pretende ordenar una manera común de
comportamiento, antes debe procurarse un conjunto de ideas comunes. Y si
seguimos usando la palabra para comunicarnos, atención capitalistas a
ultranza que eso se llama Ideología y que bregar por lo mismo no es una mala
palabra ni siquiera entre ustedes, los exclusivos, al insistir con esa
elegante tendencia de recluirse en barrios cerrados, práctica de familia
universal entre quienes pueden ostentar seguridad económica en demasía.
Después de todo, ese ademán exhibe la intención común de los ganadores en
preservarse de la contaminación del mundo real, - tan peligroso y lleno de
pobres- y quizá si lo piensan sin apasionamiento, sea una moda
contradictoria a gente tan individualista y ajena a las preocupaciones de la
gente común. Un antagonismo conceptual que nos recuerda algo conversado en
un bar de Buenos Aires hace unos días: alguien bromeó que un ejecutivo
refugiado en un barrio privado clase A, cuando un médico le descubrió que
tenía una pierna levemente más corta que la otra lo corrigió "por favor
doctor; tendré una pierna más larga que la otra. No es lo mismo".
Pero brulotes para exclusivos al margen, por más que "ideología" signifique
muchas veces la reducción de las ideas a un intención grupal, ha sido
siempre un término maltratado por la barbarie confesional que en Argentina,
por ejemplo, acuñó la salvajada "por algo será” al hablar de los
desaparecidos por creerlos de izquierda. Y ante esa realidad nunca lejana
sería útil que los políticos latinoamericanos, puestos en discursear ideas
integradoras en cualquier congreso, se decidieran por ordenar un temario
rector o pensamiento patrón del grupo. No solamente al efecto Mercosur sino
asumiendo soluciones a los problemas concretos de la región; a saber, la
disidencia entre argentinos y uruguayos por la instalación de unas
productoras de pasta celulósica a orillas del río Uruguay, sería de sencilla
resolución si alguien anunciara las normas técnicas que controlarían el daño
ambiental en toda el área. Y esas "pequeñeces" merecen las mismas ideas
sólidas y convocantes imprescindibles a cualquier intento de cambiar las
reglas del juego con el Poder. Hay forma de mejorar este continente siempre
que no reiteremos más el mismo verso ambiguo de hace más de un siglo, y si
en verdad existe algún proyecto común antes debe darse en el campo
ideológico, y sólo es viable si juegan también las internas de cada grupo.
Aunque el debate en serio no es frecuente en la comarca latinoamericana, más
proclive a la murmuración que a la certeza, acordar es el único mecanismo
para difundir disidencias y soluciones. Los políticos y funcionarios,
siempre tan privilegiados ellos, se olviden de tantas reuniones para
homenajearse con flores y concreten más arreglos verdaderos, aunque deban
instruirse primeramente. En cuanto la sorpresa que resultó entre países
limítrofes la decisión de Bolivia en nacionalizar sus riquezas naturales y
exigir la devolución de acciones a los fondo de pensión, una decisión
oportuna o no, resaltó la ignorancia del elenco político continental sobre
la propiedad de los subsuelos y el margen de cesión posible a los privados
para mejorar la región, un litigio de verdadero peso que hoy significa la
existencia o no de Bolivia como país soberano y dentro de poco tiempo la del
resto de los países. Hasta se dice que el gobierno de Evo Morales cambia las
reglas del juego, como si manteniendo el orden anterior se pudiera modificar
la realidad. No hay alternativa y es indudable que así debe ser porque a no
equivocarse: cada defensa verdadera en defender nuestra riqueza natural de
la voracidad privada habrá de integranos al Eje del Mal, que esta semana
quitó a Libia del equipo y ubicó a Venezuela como titular de "quienes no
luchan seriamente contra el terrorismo". Otra creativa versión del
Departamento de Estado yanki y reacción de las empresas multinacionales a la
defensa del patrimonio, variante que puede acontecerle a cualquier país
latinoamericano aunque algunos sueñen salvadores acuerdos bilaterales con
Estados Unidos. Por aquello que algunos denominan fatalidad histórica, las
esquirlas nos llegarán tarde o temprano, una certeza que con su habitual
desinformación los burócratas presidenciales que tanto viajan y se reúnen
parecieran no asumir. La historia no ha terminado, las ideologías no han
muerto y por mucho que se desanimen los indecisos, el sistema económico
explotador de todo el planeta viene reculando siempre confiado en tener una
pierna más larga.
El
capitalismo ya no es solo prepotencia
"La ignorancia yanqui no es táctica ni
estratégica; es estructural".
El presidente norteamericano, tras una nueva imagen que aumente su
popularidad, -decaída a un 30% de aceptación no por exclusiva causa de su
defección en Irak -contra lo esperado profundiza en su gestión los mandatos
más cerriles de la ortodoxia capitalista. Y como ante el aumento de sus
dificultades internacionales y nacionales al gobierno republicano le
aparecen alteraciones impensadas para los acérrimos cultores del
"pensamiento políticamente posible"; que significa pensar y hacer todo
aquello autorizado por ellos, el panorama general de USA en los últimos
meses se tornó además de mucho más complejo también más interesante. A medio
recorrido del 2006 cualquier concepto del hombre común en USA carece del
formidable sustento racional que se le adjudicaba antes, y basta ver la
movilización de millones de inmigrantes por las calles el primero de mayo
para entender este cambio. De pronto, a la "inteligencia" más conservadora
la intiman al imprevisible ejercicio de saber qué opinan los inmigrantes, en
qué grado su disconformidad puede erosionar el sistema económico, que es
donde recala en definitiva el cierto choque de los intereses. Una sorpresa
que le cae incómoda al poder de Estados Unidos y que además, pone en debate
la eficacia de toda la gestión de gobierno y a su sobre valorada
inteligencia tantas veces peliculera.
Es que pese a las incógnitas en calificar la intención profunda de cada
manifestante que marchó por la calle el primero de mayo, fuera de la
simbólica fecha del acto hubo cierto delirio de patriotero fundamentalismo
sureño, marca John Wayne, entre quienes entonaron el himno norteamericano
hasta quedarse afónicos creyendo que con semejante genuflexión serían
admitidos por una sociedad que secularmente los rechaza y que además, le
exhibe sin recato su impúdica amnesia por cualquier reclamación de los que a
ellos, los yankis, les resulten de segunda categoría.
Fue inmediata y muy dura la advertencia a los cantores en otro idioma: "el
himno norteamericano debe cantarse en inglés", además de que otro grupo de
la clase que realmente gobierna Estados Unidos, (los WASP, por white, angle,
saxon, protestant) a toda hora recita que ellos "necesitan de los
inmigrantes para realizar las tareas que los norteamericanos medios no
quieren hacer".
Un desprecio tan ruin y discriminatorio que no merece ni medio renglón de
examen...
Estos hechos del frente interno aún
minimizados por los norteamericanos y cuyos resultados tardarán en verse,
-al menos en el trato futuro a los millones de inmigrantes con papeles o sin
ellos- con más las variantes en el campo internacional impensables hace dos
años; el retiro de las tropas españolas y la pronta salida de las italianas
de Irak, irrelevantes en número pero simbólicamente expresiva; hicieron
creíbles todas las encuestas desfavorables a un sistema condenado por la
desigualdad constante y el latrocinio de los poderosos que en última
instancia, pretenden retornar ya mismo a la esclavitud.
En ese clima reaparecen los datos de una encuesta internacional del Centro
Pew de Investigaciones de EE.UU., para valorar la opinión que existe sobre
ese país en entre una veintena de países de Europa y Asia, "y la imagen de
Estados Unidos ya había caído muchísimo con respecto a unos años atrás",
explicó Andrew Kohut, director del proyecto encargado por el congreso
norteamericano, y "los estadounidenses eran vistos como codiciosos,
violentos, rudos e inmorales en la mayoría de las otras naciones".
A muchos asombró ver a los europeos calificar tan bajo a los Estados Unidos
"en especial en comparación con China", reiteró el mismo investigador de
Actitudes Globales, y que los anteriores "incondicionales aliados" le
pidieran al mismo presidente George Bush el retiro de los soldados que
EE.UU. mantiene en territorio irakí. Al principio de la invasión. la
aceptación de guerrear en Irak fue unánime ente los norteamericanos y hoy no
alcanza a un cuarto de la población, y vale recordar que ese país finalizó
en 1945 la segunda guerra mundial con el mayor prestigio del planeta.
Entonces sus presunciones o sugerencias eran acatadas en el bloque
occidental sin discusión hasta principios del cincuenta, y salvo los roces
de la Guerra Fría y el desarrollo de China como un posible enemigo, el país
era un "apreciado defensor de las libertades republicanas", prestigio que
pretenden utilizar hoy los funcionarios que cristalizaron en el tiempo las
condiciones internacionales y los cambios en el planeta. Tanto ha pasado el
tiempo que ni siquiera yo soy el mismo, vean ustedes, y luego de sesenta
años en el Departamento de Estado siguen mirando al mundo con una visión
deshilvanada, confusa, y que Buenos Aires es capital de Río de Janeiro no lo
piensa sólo el norteamericano medio, que usualmente ignora a las dos
ciudades, sino que la mayoría de sus egresados universitarios en sus
discusiones reducen y simplifican todo a su mínima comprensión.
"Eso piensan ustedes pero nosotros decimos que es así" se sigue diciendo
entre ellos con toda liviandad, mientras su presidente suele ilustrar al
mundo con renglones escolares cuando ataca a incalculables seres humanos con
armas químicas y sonríe palabreando "hemos invadido Irak para evitar luchar
contra los terroristas en nuestro territorio". Y hombre práctico en todo
dislate, con su difusa hilaridad busca inyectarle amnesia a la humanidad sin
recordar nunca que esa invasión donde se cometieron esas atrocidades, fue
dispuesta exclusivamente en beneficio de las corporaciones petroleras. El
lenguaje peregrino distingue a los norteamericanos del resto de la comunidad
política, y entre ellos cualquier descalificación es funcional: Condolezza
Rice, lenguaraz en lucha contra los "ejes del mal", al hablar de América
Latina livianamente le adjudicó al populismo político la causa de todos los
males.
Esto, que dicho por esa funcionaria era una temeridad inusitada, entre gente
pensante podría originar un cambio de ideas, estadísticas, comparaciones y
qué influencia tuvo el Departamento de Estado en cada gestión populista
latinoamericana. Pero la señora Rice se jugó a semejante concepto que como
mínimo es un flor de disparate, y ahí nomás le adjudicó al peronismo la
responsabilidad principal de los males de la Argentina, una aseveración que
peronistas o no, pocos argentinos suscribirían si todavía eso lo seguimos
debatiendo y con más fundamento. Y ya sometida por una incontinencia
didáctica preocupante, la misma señora se preocupó la estabilidad de Bolivia
con la gestión de Evo Morales, pronosticó que si Hugo Chávez, el presidente
de Venezuela los seguía disgustando, los Estados Unidos deberían intervenir
por la fuerza; algo que retrae su lenguaje poco actualizado, digamos para
seguir siendo educados, al estilo patotero de cualquier barrabrava, ¡y vamos
doña Condolezza, todavía..!
Las arbitrariedades estadounidenses no son casuales, estratégicas ni
tácticas, son estructurales a una ignorancia negadora de lo ajeno, sin la
comprensión del porqué y el para qué. Para evaluar su sordera cifremos
cuántas veces desecharon el Mercosur como un proyecto económico factible
para el cono sur, sin verbalizar ni una razón económica vital para la
región; su neoliberalismo fracasó también en América Latina, y sin alejarnos
demasiado veamos cuántos mexicanos marcharon por las ciudades yanquis
rogando convertirse en norteamericanos a cualquier precio, porque gracias al
cumplimiento de los preceptos económicos dictados por Estados Unidos hoy
México es un país de emigrantes. La insistencia en imponer el ALCA a todo el
bloque sudamericano, y sumarnos al proyecto imperial de su propio mercado
donde las opciones de ubicar algún producto son muy remotas.De esto muy
pronto tendrán noticias los uruguayos, porque el imperio ignora y no debate,
sólo presiona.
Por efecto contrario no querido, viene surgiendo una minoría "equivocada" en
los ambientes más sensibles, denunciando que la cultura oficial
norteamericana pierde valor al no acompañar a la realidad y que luego del
huracán bushista y republicano, quedarán multitudes de marginales que no
encajarán en el sistema. Crecen también quienes se preguntan porqué Estados
Unidos vive en la agresión, además de la militar, al pensamiento del otro, y
porqué el gobierno menosprecia y deforma los hechos objetivos de la
realidad. Esa minoría "equivocada" tal vez se inquieta en un acto contra su
propia naturaleza, diría Norman Mailer hace un tiempo: "los norteamericanos
disfrutan más al vivir en un entorno que excluye a los demás seres humanos",
lo definió sin agregar, lamentablemente, que a esa actitud se le llama
ignorancia.
Mayo 2006
El
olvido, ese fusil taimado.
"El olvido en los pueblos es un fusil taimado de celoso gatillo que se dispara
solo, y hay que estar muy atento para evitar suicidios". (De "El Olvido está en
Libertad", E.P. Ed. Futuro, 1986)
En ese epígrafe de una novela que comenzara a escribir a mediados de 1978, en
pleno efervescencia y alienación futbolera que el gobierno militar de entonces
acrecentara con el "vamos vamos Argentina, vamos vamos a ganar", aludiendo a la
sorda masacre de compatriotas igual que algo tan imprescindible y glorioso como
la conquista del mundial de fútbol, quise conjeturar sobre lo irrenunciable de
mantener activo cada recuerdo. Los pueblos son su lenguaje, sus hábitos y en
última instancia, la memoria implacable de todo eso que al hacerse un olvido,
deja de existir, y por los años del setenta, esta infamia del olvido la
propusieron los empleados militares y civiles del Poder, en el proyecto
esclavista del que nunca desistieron. No vale discutir los antecedentes del
asalto a la ciudadanía, su invalidez institucional ni el grado de fiereza de los
asesinos al aplicar el proyecto económico y político dictados por los poderosos,
aunqu