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Atrás han quedado, felizmente, aquellos tiempos en que las izquierdas veían tras
las nuevas tecnologías de la comunicación formas de alienar a la ciudadanía. De
todas formas, aún queda bastante trecho que correr, pues esa suspicacia
injustificada ha sido substituida por un enfoque meramente pragmático a la hora
de valorar la importancia de la Red de Redes en el desarrollo político. Así, más
allá de los valores organizativos y de comunicación del correo electrónico, o de
una vaga idea de reducir el gasto público utilizando las nuevas tecnologías, las
fuerzas progresistas básicamente no se pronuncian sobre Internet. Está también
el uso más demagógico de "apuntarse" a la "movida" de las nuevas tecnologías
porque ello da apariencia de "moderno", pero ningún político serio debería estar
interesado en semejante vía.
Escribo este manifiesto para reivindicar la importancia política que tiene
Internet para la izquierda. Intento también mostrar los principios desde los que
la tercera izquierda debería mirar Internet para convertirla en su aliada.
1. Internet es ecológica. Piensen un momento en todo el papeleo que genera la
administración pública. Los movimientos de vehículos privados para llevar
documentos arriba y abajo. Una administración pública digital reduciría una
buena parte las montañas de papel y los desplazamientos privados. Ello
redundaría no sólo en el presupuesto público, sino también en la ecología.
2. Internet es respetuosa con las diferencias Esta reducción del movimiento
interno de la ciudad resulta obligatorio cuando pensamos en discapacidades: para
una persona invidente o con movilidad reducida una administración digital
supondría una ventaja enorme, al evitarle desplazamientos farragosos y poder
hacer toda una serie de gestiones cómodamente desde casa. También se
beneficiarían personas con inmovilidad temporal o jubilados que, por problemas
de edad también encuentren complicado desplazarse.
3. Internet crea comunidad Pienso que esta es la característica política más
importante de Internet, y que sigue pasando desapercibida a buena parte de los
movimientos progresistas. Internet facilita la libre interrelación entre
ciudadanos, que pueden trabajar en proyectos comunes; desde una web informativa
para immigrantes a la confección de una novela colectiva, pasando por un espacio
de debate en el que criticar la política cultural de un municipio o el
desarrollo de herramientas de programación en código abierto. Muchas veces se
comete el error de querer protagonizar esos espacios y de intentar imponerles
unas siglas: se sigue pensando en el internauta como en un votante, alguien que
básicamente delega su responsabilidad política en otros, cuando en realidad
Internet ofrece todas las herramientas para facilitar no sólo la creación de un
canal continuo de diálogo entre políticos y ciudadanos sino permitir a los
ciudadanos que se auto-organicen y desarrollen sus propios proyectos sociales y
políticos autónomos.
4. Internet facilita la igualdad de oportunidades. A la hora de permitir el
libre diálogo y la expresión de opiniones en un contexto físico, existen toda
una serie de dificultades que los ciudadanos han de trampear. En una asamblea no
siempre gana el que tiene el mejor argumento, sino el que es capaz de expresarlo
de forma más persuasiva. El aspecto, la raza, el sexo y tantas otras variables
que poco tienen que ver con la efectividad de una solución o planteamiento son
muchas veces determinantes a la hora de valorar un argumento. Igualmente,
exponer ciertas opiniones en público en un espacio "real" puede acabar siendo
coaccionado al considerar posibles venganzas o ajustes de cuentas por parte de
terceros. En un sistema virtual como un foro este tipo de dificultades se
mitigan considerablemente: el ciudadano árabe puede expresar su opinión sin
temer que el color de su piel sea determinante pues los otros participantes sólo
ven sus palabras, y no su aspecto; una mujer podrá exponer sus ideas sin temer
humoradas a costa de su sexo, pues en el lenguaje no se manifiesta; un empleado
protegido por el anonimato de Internet puede denunciar prácticas poco éticas de
su jefe, sin temer el despido.
5. Internet posibilita la cooperación transnacional. A veces por resultar obvio,
nos olvidamos de que el espacio siempre ha sido un obstáculo clave para
construir entendimientos entre países y culturas. Internet está cambiando eso, y
cada vez es más fácil ver asociaciones espontáneas de ciudadanos que se
organizan entre diversos países buscando un fin común: desde reivindicaciones
políticas a proyectos multiculturales. A través del módem o el cable, los
territorios más lejanos están al alcance de nuestros dedos.
Acabamos de ver algunas de las ventajas políticas de Internet. Sin embargo,
estas ventajas no vienen directamente con el paquete. La tecnología por sí
misma, no es ni buena, ni mala, ni neutral. Si queremos garantizar los cinco
principios registrados arriba, necesitamos comprometernos también con una serie
de necesidades de las nuevas tecnologías de la información que garantizan tales
principios.
1. Internet ha de ser para todos. Todas las ventajas mencionadas arriba son
papel mojado si no se garantiza el acceso universal. A veces se entiende este
derecho desde una perspectiva puramente económica: el estado ha de garantizar la
existencia de unas infraestructuras de telecomunicaciones para que no haya
exclusión digital. Pero la exclusión digital no es meramente económica. Hemos
hablado ya de discapacitados: para una persona invidente la mayoría de las
páginas de Internet están fuera de su alcance. Otras personas, debido a su edad,
origen social, formación académica, etc. encuentran particularmente difícil
entenderse con una máquina. El gesto, para nosotros obvio,, de "hacer click" y
abrir una carpeta para ellos resulta un auténtico misterio. Un gobierno
progresista ha de minimizar todo este tipo de exclusiones hasta que se hagan
prácticamente irrelevantes.
2. Internet ha de ser libre. A veces se quiere argumentar la naturaleza
intrínsecamente libre de Internet. Regular Internet, dicen, es como poner
puertas al campo. Se trata de una confusión entre una arquitectura concreta, la
actual, como si fuera la "naturaleza" de Internet. Pero Internet es software, no
tiene una naturaleza. Por tanto, su estructura podría cambiar. En unos años,
simplemente añadiendo una capa más de seguridad encima de la estructura actual,
podríamos pasar a una Internet de control y vigilancia continua, una versión
virtual de la sociedad imaginada en 1984 por George Orwell. Desde la tercera
izquierda hemos de asegurar que el legítimo deseo de buscar seguridad para el
desarrollo del comercio electrónico en ningún momento pone en peligro nuestras
libertades básicas en la red.
3. Internet ha de regularse. Aunque pueda parecer contradictorio con el punto
anterior, en realidad no es así. La libertad como tal solo existe en un contexto
regulador en que se intenta que todos los derechos de todos los participantes
son maximizados y respetados al máximo. Detrás de muchas supuestas utopías
anárquicas que nos venden desde Silicon Valley sólo está la mano invisible del
mercado. Suponer que la libre regulación del mercado nos dará la libertad sin
necesidad de leyes, aparte de no resultar creíble, está totalmente a las
antípodas de un pensamiento de izquierdas. El estado, el gobierno, bien
entendidos, nos representan a todos. Sólo una regulación progresista es garantía
de libertad sin discriminaciones, en sintonía con los dos principios de más
arriba.
4. Internet ha de ser espacio público. Por muy virtual que sea, Internet es
también un espacio, y hay que garantizar que sea lo más público posible. En
primer lugar, desde la perspectiva del acceso, que sea realmente universal. Pero
también es necesario garantizar un desarrollo libre y sin cortapisas de las
iniciativas ciudadanas. De la misma forma que un ayuntamiento realmente
progresista no cree que la calle sea suya, y que fomenta las actividades
culturales, artísticas y políticas sin intentar nunca dirigirlas, lo mismo ha de
suceder en la Red. Frente a políticas dirigistas de "apuntarse tantos" e
intentar vampirizar iniciativas de ciudadanos espontáneas, la tercera izquierda
ha de financiar y colaborar con cuantas iniciativas surjan, potenciándolas. Pero
su misión no es dirigir ideológicamente esas propuestas, sino canalizarlas y
asegurarse simplemente de que se desarrollan desde una perspectiva de libertad,
diversidad y solidaridad.
5. Internet ha de tener una arquitectura abierta. Desde el auge y caída de las
puntocoms diversos complejos industriales y mediáticos buscan el dinero fácil en
la red. Las prácticas monopolistas y estandarizadoras de la globalización
económica son increíblemente precisas, exitosas y peligrosas en las nuevas
tecnologías de la comunicación. Frente a los abusos de grandes compañías como
Microsoft, Adobe, y un no tan largo etcétera de grandes corporaciones dispuestas
a controlar los mecanismos de acceso, Internet ha de tener una arquitectura
abierta que posibilite los cuatro puntos anteriores sin los que nunca tendremos
una sociedad de la información progresista. Ello implica sobre todo una defensa
activa orientada a fomentar el código abierto. Frente a tecnologías propietarias
como Windows defender sistemas operativos no propietarios como Linux, FreeBDS,
etc. Frente a software propietario que crea mal llamados estándares defender la
creación de programas en código abierto, fácilmente modificables por el usuario
y que garantizan la arquitectura abierta de la red. Pero esta filosofía abierta
no se manifiesta sólo en el software. Se puede pensar en textos, imágenes y
música como código abierto. En la sociedad de la información, el valor de cambio
es el conocimiento, y hay que asegurar, por todos los medios, que nadie se va a
quedar fuera de ésta por no tener los requisitos económicos de acceder a ese
conocimiento. El saber, la información ha de ser patrimonio de los ciudadanos, y
no de una serie de corporaciones que sólo buscan un beneficio económico basado
en forzar monopolios que está en las antípodas de un pensamiento progresista. La
sociedad de la información está ahí, a la vuelta de la esquina. Los progresistas
hemos de ser bien conscientes. No podemos darle la espalda pensando que es un
cambio sin importancia. Se trata de una verdadera revolución. Hemos de
acercarnos a esta revolución con espíritu optimista y también vigilante.
Internet puede tener todas las ventajas listadas más arriba. Pero no derivan de
ninguna "naturaleza intrínseca" de las tecnologías de la información. Estas
tecnologías no tienen naturaleza. Son puro código, y por tanto amoldables a
miles de situaciones. Desde la tercera izquierda hemos de asegurar que la
situación final resultante defenderá valores como el acceso universal, la
libertad y la auto-organización de los ciudadanos. No hay nada más político que
la tecnología y es nuestro derecho y nuestro deber ayudar a su desarrollo como
un espacio de libertad y solidaridad.
Ediciones simbioticas | 9 de noviembre de 2004
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