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Silvio
Frondiz
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Era
abogado defensor de presos políticos y Profesor Universitario.
Filosofía, Ciencias Económicas, Ciencias Sociales (UBA) Derecho y
Comunicaciones (La Plata) Terminó sus estudios secundarios en el Mariano
Moreno. En 1930 egresó del Instituto Nacional de Profesorado con el
título de profesor de historia y poco después se recibió de doctor en
jurisprudencia en la Facultad de Derecho de la UBA.
Desempeñó varios cargos académicos y formó parte de la organización de
la Universidad Nacional de Tucumán. Fue detenido por oponerse a la
intervención impuesta por el golpe de 1943. Ya había sido conocido las
mazmorras del régimen dictatorial de turno en 1931.
Se casó con Pura Sánchez Campos y tuvo 2 hijos: Isabel Silvia y Julio
Horacio.Isabel estaba casada con Luis Ángel Mendiburu, que era
ingeniero, miembro de la Juventud Peronista y dictaba Química en la
Universidad Tecnológica.
Silvio Frondizi se convirtió en politólogo marxista. Fundó en 1956 el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR. Sufrió varias amenazas,
pero, a pesar de los consejos de sus amigos, se negó a exiliarse. En el
mediodía del viernes 27 de septiembre de 1974, un comando dirigido por
el sub-comisario Juan Ramón Morales y el sub-inspector Rodolfo Eduardo
Almirón Sena penetró en este edificio, y después de golpear a la Sra.
Frondizi, subió a la fuerza a Silvio a uno de los tres coches en que se
desplazaban. Los gritos de su mujer herida, atrajeron la atención de
familiares y vecinos. El marido de su hija, el ingeniero Luis Ángel
Mendiburu, bajó corriendo por la escalera para defenderlo. Fue recibido
con disparos de grueso calibre y murió un rato después en el Hospital
Italiano. Otra vecina del edificio resultó herida. Las paredes y
ventanas de este edificio quedaron marcadas con las perforaciones de
disparos de armas automáticas.
Dos horas más tarde, un comunicado de la Triple A se atribuyó con
ridículo orgullo el crimen: Sepa el pueblo argentino que las 14,20 fue
ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Fondizi, traidor de los
traidores. Según la autopsia, el cuerpo presentaba cerca de cincuenta
balazos.
Más tarde la Policía Federal arremetió contra la columna fúnebre
encabezada por Risieri Frondizi que acompañaba a los cuerpos a
Chacarita. Arrebató los féretros y los retuvo varias horas. Arturo
Frondizi declamó formar parte del acompañamiento, pero su presencia no
consta en las noticias de la época. Está documentado, en cambio, su
perdón a las Fuerzas Armadas, e incluso a las fuerzas para-policiales,
cuando recibió en su domicilio a Norma López Rega.
Un año y medio después, la dictadura militar inscribe la obra de Silvio
en las listas negras de la censura inquisidora y destruye su prolífica
biblioteca. La familia Frondizi ocupaba los departamentos 7 y 9 del
primer piso de este edificio, uno de ellos estaba destinado a esa
biblioteca.
Fuente: www.lamemoriaconstante.blogspot.com
El peronismo
Nota introductoria por Néstor Kohan
¿El peronismo es fascismo? ¿O tal vez constituye un movimiento revolucionario,
nacional-popular, de orientación socialista? ¿Cómo entender al peronismo más
allá del individuo Juan Domingo Perón? En este artículo el sociólogo marxista
Silvio Frondizi (asesinado por la Alianza Anticomunista Argentina-AAA) intenta
descifrar la incógnita.
El sociólogo marxista argentino Silvio Frondizi (1907-1974) saludó calurosamente
desde sus inicios la revolución cubana. Incluso viajó a Cuba y a su regreso
escribió La revolución cubana. Su significación histórica (diciembre de 1960).
Su libro se abre planteando que "La revolución cubana ha destruido
definitivamente el esquema reformista y, más concretamente, el esquema
reaccionario del determinismo, casi fatalismo geopolítico [...]". El mismo texto
se cierra sosteniendo la misma idea: "La revolución cubana tiene como
significación histórica fundamental, la de haber roto definitivamente «con el
esquema reformista, y en particular con el estúpido determinismo, casi fatalismo
geopolítico»".
Junto a su texto sobre Cuba, Silvio Frondizi escribió muchos otros libros, entre los que se destacan La integración mundial del capitalismo (1947; El Estado moderno (1954) y La realidad argentina (dos tomos, 1955-56).
Entrevista con Luis Mattini, compañero de militancia de Silvio Frondizi. Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres |
Además de sus ensayos y sus clases, Silvio fue también abogado de los
combatientes revolucionarios que enfrentaron a la dictadura militar argentina de
1966-1973. En esos años se vincula al Partido Revolucionario de los Trabajadores
y a su frente político de masas, el Frente Antiimperialista por el Socialismo
(FAS).
Todo eso le vale el odio sanguinario de la Alianza Anticomunista Argentina
(Triple A), organización terrorista paramilitar de extrema derecha que lo
secuestra y lo asesina por la espalda en 1974 acusándolo de "comunista y
bolchevique, fundador del ERP e infiltrador de ideas comunistas en nuestra
juventud".
Según el testimonio del viejo dirigente político peronista y ex ministro de
economía del general Perón, Antonio Cafiero: "Perón e Isabel sabían que la
Triple A eliminaba gente" (declaraciones al diario CLARÍN, Buenos Aires, 22 de
abril de 2007).
Los fragmentos siguientes de Silvio Frondizi fueron tomados de la respuesta a
una encuesta sobre la izquierda argentina realizada hacia 1958-59: "Contesta el
doctor Silvio Frondizi'', en Las izquierdas en el proceso político argentino,
editorial Palestra, Buenos Aires, 1959, pp. 28-33, 40-46.
Peronismo
Por Silvio Frondizi
Tres hermanos,
tres destinosEl hallazgo de documentos inéditos del escritor Silvio Frondizi revela parte de la correspondencia que los tres hermanos se cruzaron a fines de los 40, antes que la vorágine política del país los distanciara. Por Horacio Tarcus. Historiador (1999) El año pasado fue pródigo en biografías de Arturo Frondizi, entre las que se cuentan las de Celia Zusterman, Carlos Altamirano y Emilia Menotti. No corrieron suerte pareja otros dos hermanos del ex presidente, Silvio y Risieri, también destacados en el campo intelectual y político. Ambos apenas ocupan un lugar en las biografías de Arturo, cuando los autores se ocupan del entorno familiar. En verdad, sería interesante prestar mayor atención a la historia de la familia Frondizi, y particularmente a los vínculos entre los tres hermanos menores, a su formación común, sus puntos de ruptura, sus lealtades más allá de la política. Algunos testimonios y las cartas recientemente halladas en Córdoba nos permiten una primera reconstrucción. El 27 de setiembre se cumplirán 25 años del asesinato, a manos de la Triple A de Silvio Frondizi, docente universitario, abogado defensor de presos políticos y uno de los fundadores de lo que se llamó la Nueva Izquierda argentina. Maestro de la generación del 60, Silvio contribuyó como pocos a la modernización del pensamiento socialista: sus teorías de la integración mundial capitalista en detrimento de la soberanía nacional y de la crisis política moderna, o sus formulaciones acerca de los movimientos sociales, sus planteamientos sobre la necesidad de un partido de nuevo tipo fundado en otra relación entre la militancia y la vida cotidiana, o el llamado a la creación de un tercer movimiento histórico, fueron algunas de sus notables anticipaciones. Sin embargo, a excepción de los sobrevivientes de la generación del 60, Silvio Frondizi es, para la conciencia histórica media de la Argentina actual, apenas uno de los tantos hermanos del ex-presidente. Su obra no ha vuelto a editarse. Sus papeles personales -originales inéditos, apuntes, fichas, correspondencia con figuras políticas e intelectuales del país y del mundo- fueron confiscados por el Ejército tres años después de su asesinato. No tuvo mejor suerte la memoria del menor de los Frondizi, Risieri (1910-1983), filósofo y ex rector de la Universidad de Buenos Aires. Si bien pasó buena parte de su vida enseñando en universidades de Centro y Norteamérica, su nombre quedó definitivamente asociado a los años dorados de la universidad argentina. Los tres Frondizi nacieron en el seno de una familia de inmigrantes italianos, fueron los menores de catorce hermanos. Silvio nació en 1907; Arturo, en 1908 (ambos en Paso de los Libres, Corrientes); Risieri, en 1910 en Posadas, Misiones. Los padres, Julio Frondizi e Isabel Ercoli, que eran de Gubbio, Umbría, habían llegado a la Argentina hacia 1890. Don Julio Frondizi había logrado una posición económica holgada como contratista de obras, y una cultura de autodidacta nada despreciable. Era, al frente de su numerosa familia, una figura distante y autoritaria. Su mentalidad -rememoró alguna vez su hijo Arturo- era similar a la de muchos inmigrantes despiertos de fin de siglo: ateo, maldecía a Dios y a los curas las veinticuatro horas del día, leía libros, quería que sus hijos siguieran una carrera. Consentía con benevolencia que su mujer hubiera colgado en el dormitorio un cuadro de San Francisco de Asís, aceptaba que siempre mantuviera velas prendidas frente a una imagen de la Virgen María, disimulaba que mandara los hijos a la Iglesia. La mesa familiar fue centro de debates filosóficos y políticos. Entre las lecturas volterianas del padre y la pasión por los idealistas alemanes de Américo, el mayor de los hermanos; entre las inclinaciones por la literatura clásica de Ricardo y el interés que la filosofía despertaba en Virginia, se estructuró el universo cultural en el que se formaron Silvio, Arturo y Risieri. Tres figuras, tres mentalidades con una configuración singular: el intelectual, el político y el filósofo. Los dos hermanos que más tarde estarán más enfrentados, están unidos entrañablemente en la niñez y la juventud. En 1923, acompañados por el padre, Silvio y Arturo viajan a Buenos Aires y se inscriben en el Colegio Nacional Mariano Moreno (al que luego ingresaría Risieri). Mientras cursan los últimos años del bachillerato, trabajan en la droguería Carabelli, de Corrientes y Maipú. A fines de 1926 juntos rinden el ingreso a Derecho. En esos años los senderos se bifurcan: Silvio se concentra en el estudio del Derecho y la Historia, Arturo hace una carrera meteórica: se recibe de abogado en tres años. Ambos resisten a la dictadura de Uriburu, participan en manifestaciones callejeras y hasta van a parar varios días al calabozo. Pero mientras Silvio se mantiene todavía al margen de la política, Arturo se convierte en poco tiempo en un dirigente radical de primera línea. A fines de los años 30, ya es parte de la creme política e intelectual de su tiempo, mientras que Silvio es un oscuro profesor en la Universidad de Tucumán. Silvio prepara una tesis sobre John Locke; Arturo, desde sus años juveniles, proyecta un ensayo sobre Maquiavelo. Una lectura radical del teórico del liberalismo conducirá al primero por la senda de Marx, así como cierta lectura de Maquiavelo -que realza el realismo político del florentino, sus consejos al Príncipe para manipular la ignorancia de sus súbditos- conducirá a Arturo a la senda del poder. La Universidad de TucumánEn tanto, Risieri había egresado como profesor de Filosofía. Junto a Silvio, continúan su carrera académica en la Universidad de Tucumán, donde enseñan desde 1938. Son los años de un proceso de renovación cultural en esa casa de estudios, favorecido por la política de invitar a profesores europeos perseguidos en sus países por las dictaduras fascistas, como el español Manuel García Morente o el italiano Rodolfo Mondolfo. Son para ambos hermanos años de construcción institucional y de desarrollo intelectual, en los que escriben sus primeras obras. Pero el golpe militar de 1943, la intervención de la universidad por hombres de la derecha nacionalista, y finalmente el triunfo de la fórmula peronista en 1946 pondrán fin al paraíso intelectual liberal-progresista de la universidad tucumana. Los tres hermanos resistirán, cada uno a su modo, al peronismo emergente. Arturo será en 1946 diputado nacional por la UCR, destacándose como orador de la oposición. Silvio, separado de sus cátedras en Tucumán, se instalará en Buenos Aires y comenzará un proceso de politización y radicalización teórica que lo conducirá al marxismo militante. Risieri, expulsado de la universidad y enjuiciado por desacato, decidirá exiliarse. Seguirá estudios doctorales y enseñará en diversas universidades de Centroamérica y de Estados Unidos.Caído el gobierno de Perón, Risieri retorna al país a fines de 1955. Otra vez en la cátedra, ahora en la Universidad de Buenos Aires, es elegido rector en 1958. Fue el pricipal gestor de la democratización y la modernización de la vida universitaria, que interrumpió dramáticamente el golpe militar de 1966. Risieri vuelve a emigrar, para volver al país en contadas ocasiones. Arturo Frondizi había asumido la presidencia el 1ø de mayo de 1958. Bajo su mandato los enfrentamientos entre los hermanos se hicieron públicos y, sin romper los vínculos fraternales, vivieron los momentos de mayor tensión personal. Con Risieri el conflicto estalló en setiembre de 1958, cuando desde el gobierno se quiso reglamentar el célebre artículo 28 de un decreto del año 1955, que autorizaba la creación de universidades privadas. El rector de la UBA fue uno de los voceros de la defensa de la enseñanza pública, laica y gratuita, que enfrentó al proyecto oficial. El debate Laica o libre se extendió por todo el país y las caricaturas políticas de la época mostraban el enfrentamiento de los dos hermanos Frondizi. También se enfrentaron agudamente Silvio y Arturo. El primero había creado, a mediados de los 50, la primera organización de la Nueva Izquierda: Praxis. Mientras todo el arco de la izquierda tradicional, desde el Partido Comunista a los trotskistas, apoyó críticamente la candidatura de Arturo Frondizi, desde el minúsculo Praxis, ya en 1957, se alertaba sobre los riesgos de un gobierno centrista que, más allá de su discurso progresista, iría cediendo cada vez más a la reacción local e internacional. El grupo liderado por Silvio Frondizi será el primero y el más enfático crítico de la gestión de gobierno de Arturo Frondizi. Este, por su parte, no dudará en incluirlo dentro de las fuerzas de izquierda que se declararon disueltas cuando en 1960 se ejecuta el plan Conintes (Conmoción Interna del Estado). Dos actitudes frente a la muerteSilvio Frondizi está consagrado, en los años 70, a la defensa de presos políticos. Su renombre internacional y su valentía personal, pero también el apellido Frondizi, le dieron relativa inmunidad para hacer públicos diversos hechos de represión, primero bajo el gobierno militar de la llamada Revolución Argentina y luego, en 1974, bajo el interregno lopezrreguista. Sufrió múltiples amenazas y atentados pero, a pesar de los consejos de sus amigos, se negó a exiliarse. El viernes 27 de setiembre de ese año un comando de la Triple A dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo Eduardo Almirón Sena secuestró a Silvio Frondizi de su casa de la calle Cangallo. En el episodio fue asesinado su yerno, el ingeniero Luis Angel Mendiburu, militante de la Juventud Peronista. Dos horas más tarde, un comunicado de la Triple A se atribuyó el crimen e informó que su cuerpo había sido arrojado en un descampado de Ezeiza: Sepa el pueblo argentino que a las 14.20 fue ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Frondizi, traidor de traidores.... Según la autopsia, el cuerpo presentaba unos cincuenta balazos. Pero el ensañamiento continuó. Risieri, que estaba en Estados Unidos, volvió rápidamente al país para el sepelio de su hermano. Encabezó el cortejo hacia la Chacarita y fue de los primeros en encarar a la Policía cuando arremetió contra la columna fúnebre y secuestró los dos féretros, que finalmente debieron aguardar largas horas antes de su inhumación. Risieri hizo entonces valientes declaraciones a la prensa, responsabilizando por los incidentes a la Policía Federal que dirigía entonces el comisario Alberto Villar. Según la biografía apologética de Emilia Menotti, Arturo Frondizi, desoyendo amenazas sobre su integridad física, con gesto desafiante ante cualquier intento de profanar el cadáver vejado de su hermano, lo acompañó hasta el cementerio. Sin embargo, no hemos encontrado ninguna referencia a la presencia de Arturo Frondizi entre los numerosos medios de prensa que cubrieron el entierro. Sí, en cambio, está documentado el perdón que Arturo Frondizi concedió a las Fuerzas Armadas, e incluso a las fuerzas parapoliciales, cuando recibió en su propio domicilio a Norma López Rega: Sí, fue su padre el que mandó matar a mi hermano, pero yo lo perdono porque en mi corazón no guardo rencor ni deseos de venganza. A VUELTA DE CORREO Lealtades y divergencias La nota Los Frondizi: Tres hermanos, tres destinos, de Horacio Tarcus, despertó una nutrida correspondencia. Aquí, el autor contesta. La nota Tres hermanos, tres destinos, de mi autoría, publicada en Zona del 7 de marzo, viene siendo motivo de una serie de apreciaciones, ampliaciones de información y correcciones. Las cartas de los lectores Antonio Pereira, José A. Giménez Rébora (en su primera carta) y Nelson Juan Amarillo ponen de relieve el interés que se agita por detrás de algunos de los temas tratados en aquella nota. Permítaseme una breve referencia personal que puede ayudar a clarificar el debate. En 1996 publiqué una investigación que me demandó cerca de diez años: El marxismo olvidado en la Argentina. Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Trazaba allí sendas biografías intelectuales de estas dos figuras olvidadas de la vida cultural y política argentina, cerrando el libro con un epílogo sobre los últimos años de vida de Silvio Frondizi, donde relataba pormenores en torno de su actividad como defensor de presos políticos y gremiales, así como de las amenazas y los atentados que buscaban intimidarlo, de su secuestro y asesinato a manos de las Tres A y, finalmente, de su sepelio y del cortejo que quiso acompañar sus restos al cementario de la Chacarita, cuando irrumpieron las fuerzas policiales que comandaba el comisario Villar. Reproduje allí un registro fotográfico de estos últimos hechos que habla por sí solo. El lector Nelson J. Amarillo, que reclama el testeo de los recuerdos personales con fuentes periodísticas, puede encontrar allí una reconstrucción escrupulosa.Sólo volví sobre una investigación que consideraba concluida a partir del feliz hallazgo de una decena de cartas cruzadas entre los hermanos Silvio, Arturo y Risieri Frondizi entre 1948 y 1949. Con la ayuda de mi buen amigo Raúl Herjo, después de una búsqueda detectivesca, dimos con la que había sido la casa de campo de Silvio Frondizi en Cabana, Unquillo, en la provincia de Córdoba, donde, sorprendentemente, se conservaban, después de 25 años, copias de estas cartas y algunos otros papeles que habían pertenecido al autor de La realidad argentina.Para enmarcar el texto de las cartas, en la nota en cuestión, decidí relatar la formación común de los más jóvenes de los hermanos Frondizi, así como distintos momentos en que sus destinos aparecen distanciados e incluso enfrentados. El lector Giménez Rébora, que pone en cuestión la nota por su título y por su copete, sostiene -sobre la base de sus recuerdos personales- que ni las desavenencias ideológicas ni los dramáticos procesos vividos en nuestro país ni la vorágine política tuvieron la virtualidad de borrar algo tan profundo y humano como los lazos fraternales. Giménez Rébora, así como el lector Antonio Pereira una semana antes, ofrecieron su testimonio sobre el dolor de Arturo Frondizi ante el asesinato de su hermano, sus ojos cargados de lágrimas, su solidaridad con la viuda al hacerse cargo del expediente sucesorio, etc. De donde, concluye Giménez Rébora, hablar de tres destinos, esto es, de destinos enfrentados entre los tres hermanos, es confundir eslóganes políticos con investigación histórica. No logro entender cuál es el eslogan político al que se refiere este lector, pero quiero puntualizar los siguientes hechos. En mi nota, parto de la formación común de los hermanos Frondizi: el ambiente familiar (con aquel padre inmigrante, autodidacta y rabiosamente anticlerical), el colegio nacional Mariano Moreno, los estudios de Derecho, Historia y Filosofía, el Colegio Libre de Estudios Superiores, espacios donde se fue configurando esa concepción democrática radical, laicista y humanista que los caracterizó en los años 30 y 40. A partir de este tronco común, los caminos se bifurcan. Risieri será fiel a este ideario toda su vida, como lo mostró en su gestión como rector de la Universidad de Buenos Aires. Silvio radicaliza este legado en un sentido izquierdista, marxista. Arturo rompe con este legado familiar y juvenil, claramente en 1958, comenzando un giro político ideológico hacia la derecha que sólo interrumpió su muerte. En un país donde reina el temor por las palabras -en el que la derecha se autodenomina centro y la izquierda progresismo-, esto podrá parecer excesivo, pero no lo es. Ni siquiera es un juicio de valor, sino apenas la descripción de una trayectoria, que comienza con aquella célebre revisión de su política petrolera nacional o de su política educativa laicista, hasta su conversión al catolicismo, pasando por su apoyo político a los regímenes militares de 1966 y 1976, o incluso su solidaridad con Mohamed Alí Seineldín y los militares carapintada, por citar sólo algunos hitos de su vida. Estas líneas cruzadas llevaron a los tres hermanos a agitadas polémicas públicas, que resumí en aquella nota. En ningún momento insinué que ellas hubiesen significado rupturas en los lazos fraternales, sino que incluso llamé la atención sobre sus lealtades más allá de la política. Todos los testimonios de los lectores Antonio Pereira y José A. Giménez Rébora acerca del dolor de Arturo Frondizi ante el asesinato de su hermano, muy interesantes en sí mismos, no invalidan la investigación de mi nota, que no se refería a los sentimientos subjetivos de estas figuras: yo mostraba allí el franco contraste entre actitudes públicas de Risieri y de Arturo. El primero acompañó no sólo los restos de su hermano en el velorio familiar, sino que participó en el cortejo, enfrentó a la policía del comisario Villar e hizo declaraciones públicas. Arturo, en cambio, muy lejos de aquella juvenil militancia en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, escogió el sepelio privado y el silencio público. Cuando habló del hecho, lo hizo muchos años después y fue para ofrecer su perdón a las Fuerzas Armadas, e inclusive a las fuerzas parapoliciales. Según su biógrafa oficial, Emilia Menotti, el ex presidente recibió en su casa de la calle Beruti a Norma López Rega y le manifestó: Sí, fue su padre el que mandó matar a mi hermano, pero yo lo perdono porque en mi corazón no guardo rencor ni deseos de veganza. Según este testimonio, la hija de José López Rega lloró. Fuente: Clarín, 07/03/99 |
Para nosotros, el peronismo ha sido la tentativa más importante y la única de
realización de la revolución democrático-burguesa en la Argentina, cuyo fracaso
se debe a la incapacidad de la burguesía nacional para cumplir con dicha tarea.
A través de su desarrollo, el peronismo ha llegado a representar a la burguesía
argentina en general, sin que pueda decirse que ha representado de manera
exclusiva a uno de sus sectores —industriales o terratenientes. Dicha
representación ha sido directa, pero ejercida a través de una acción burocrática
que lo independizó parcial y momentáneamente de dicha burguesía. Ello le
permitió canalizar en un sentido favorable a la supervivencia del sistema, la
presión de las masas, mediante algunas concesiones determinadas por la propia
imposición popular, la excepcional situación comercial y financiera del país, y
las necesidades demagógicas del régimen. Precisamente, la floreciente situación
económica que vivía el país al término de la segunda gran guerra, constituyó la
base objetiva para la actuación del peronismo. Este contó, en su punto de
partida, con cuantiosas reservas acumuladas de oro y divisas, y esperó
confiadamente que la situación que las había creado mejorara constantemente, por
la necesidad de los países afectados por la guerra y por un nuevo conflicto
bélico que se creía inminente.
Una circunstancia excepcional y transitoria más, contribuyó a nutrir ilusiones
sobre las posibilidades de progreso de la experiencia peronista. Nos referimos a
la emergencia de una especie de interregno en el cual el imperialismo inglés vio
disminuir su control de la Argentina, sin que se hubiera producido todavía el
dominio definitivo y concreto del imperialismo norteamericano sobre el mundo y
sobre nuestro país. Ello posibilitó cierto bonapartismo internacional
—correlativo al que se practicó en el orden nacional—, y engendró en casi todas
las corrientes políticas del país grandes ilusiones sobre las posibilidades de
independencia económica y de revolución nacional.
La amplia base material de maniobras permitió al gobierno peronista, en primer
lugar, planear y empezar a realizar una serie de tareas de desarrollo económico
y de recuperación nacional, con todas las limitaciones inherentes a un intento
de planificación en el ámbito capitalista. La estructura tradicional de la
economía argentina no sufrió cambios esenciales; las raíces de su dependencia y
de su deformación no fueron destruidas. Al agro no llegó la revolución, ni
siquiera una tibia reforma. Fueron respetados los intereses imperialistas, a los
cuales incluso se llamó a colaborar, a través de las empresas mixtas. Tampoco se
hicieron costear las obras de desarrollo económico al gran capital nacional e
imperialista. El Primer Plan Quinquenal, en la medida, que se realizó, fue
financiado, ante todo, con los beneficios del comercio exterior. Por otra parte,
a consecuencia de una serie de factores, aquella fuente primordial de recursos
pronto se tornó insuficiente, y debió ser complementada con las manipulaciones
presupuestarias y el inflacionismo abierto. A través de la inflación, los costos
de la planificación económica peronista no tardaron en recaer también sobre la
pequeña burguesía y el proletariado de las ciudades.
Pero durante su primer periodo de expansión y euforia, el peronismo tuvo también
realizaciones en los distintos aspectos de la economía. En materia de
transportes, se nacionalizaron los ferrocarriles y se incorporó nuevo material;
la marina mercante argentina fue aumentada en sus efectivos y en el tonelaje
total transportado. Hacia la misma época se fue dando gran impulso a la
aviación, se completó la nacionalización de puertos, etcétera.
Otra realización recuperadora del peronismo en su periodo de auge ha sido la
repatriación de la deuda pública externa. Se pretendió solucionar el problema de
la energía en general y del petróleo en particular, pero sin atacar las
cuestiones de fondo. Se tomaron una serie de medidas favorables a la industria y
se apoyaron los rudimentos de una industria pesada estatizada, heredados del
gobierno precedente, aumentando la participación estatal en la industria. La
intervención directa del Estado en la industria tuvo una doble finalidad: tomar
a su cargo tareas económicas necesarias que la endeble burguesía nacional no era
capaz de realizar por sí sola y proporcionar a la burocracia bonapartista un
nuevo resorte de poder y una importante fuente adicional de beneficios. La
generosidad del crédito estatal fue otra de las formas de favorecer al
capitalismo nativo-extranjero. El mantenimiento de un grado apreciable de paz
social ha sido una de las contribuciones más importantes del Estado peronista a
la prosperidad de la burguesía agroindustrial argentina durante el primer
periodo de expansión. La propia prosperidad general fue factor fundamental en la
atenuación transitoria de las luchas clasistas argentinas. A ello se agregó la
acción del Estado, que por un lado promovía una política de altos salarios, a la
vez que subsidiaba a las grandes empresas para evitar que éstas elevaran
exageradamente sus precios, y por otra parte encerraba a los trabajadores en un
flexible pero sólido y eficiente mecanismo de estatización sindical.
Este balance realizado —que es nuestra posición desde hace varios años— nos ha
evitado caer en los dos tipos de errores cometidos respecto al peronismo: la
idealización de sus posibilidades progresistas, magnificando sus conquistas y
disimulando sus fracasos, y, por el otro lado, la crítica negativa v
reaccionaria de la "oposición democrática", que, v.gr., tachó al peronismo de
fascismo.
El resultado de tal balance es la entrega del capitalismo nacional al
imperialismo, a través de su personero gubernamental, el peronismo. En efecto:
transcurridos los primeros años de prosperidad, entró a jugar con toda fuerza el
factor crítico fundamental de los países semicoloniales: el imperialismo. Este
logró por diversos medios (dumping, relación de los términos de intercambio,
etcétera) ir estrangulando paulatinamente a la burguesía nacional y su gobierno.
Los diversos tratados celebrados con el imperialismo —verdaderamente lesivos
para el país— culminaron el proceso de entrega. En fin, el balance de la
experiencia nacional-burguesa del peronismo ha sido la crisis: estancamiento y
retroceso de la industria, la caída de la ocupación industrial y de los salarios
reales, el crónico déficit energético, la crisis de la economía agraria y del
comercio exterior, la inflación, etcétera.
Yendo ahora a su aspecto político, el rasgo fundamental del peronismo estuvo
dado por su aspiración de desarrollar y canalizar simultáneamente la creciente
presión del proletariado en beneficio del grupo dirigente primero y de las
clases explotadoras luego. De aquí que nosotros hayamos calificado al peronismo
como bonapartismo, esto es, una forma intermedia, especialísima de ordenamiento
político, aplicable a un momento en que la tensión social no hace necesario aún
el empleo de la violencia, que mediante el control del aparato estatal tiende a
conciliar las clases antagónicas a través de un gobierno de aparente
equidistancia, pero siempre en beneficio de una de ellas, en nuestro caso la
burguesía.
El capitalismo, frente a la irrupción de las masas populares en la vida
política, y sin necesidad inmediata de barrer con la parodia democrática que la
sustenta, trata de canalizar esas fuerzas populares. Para ello necesita
favorecer, por lo menos al comienzo, a la clase obrera con medidas sociales,
tales como aumento de salario, disminución de la jornada de trabajo, etcétera.
Pero como estas medidas son tomadas, por definición, en un periodo de tensión
económica, el gran capital no está en condiciones materiales y psicológicas de
soportar el peso de su propia política. Lógico es, entonces, que lo haga incidir
sobre la clase media, la que rápidamente pierde poder, pauperizándose. Con ello
se agrega un nuevo factor al proceso de polarización de las fuerzas sociales.
La política de ayuda obrera referida se realiza, en realidad, en muy pequeña
escala, si es que alguna vez se realiza, dándosele apariencia gigantesca por
medio de supuestas medidas de todo orden.
Las consecuencias de este demagogismo son fácilmente previsibles: dislocan aún
más el sistema capitalista, anarquizándolo y por lo tanto, acelerando su proceso
crítico. Además, la política demagógica relaja la capacidad de trabajo de los
obreros, lo que explica que cuando el capitalismo necesita readaptarlos para el
trabajo intenso, tenga que emplear métodos compulsivos. Ésta es una nueva causa
que explica el totalitarismo y una nueva demostración de que, en el actual
periodo, el Estado Liberal carece tanto de posibilidad como de valor operativo.
El proceso demagógico presenta algunos resultados beneficiosos, particularmente
en el orden social y político. Al apoyarse en el pueblo, desarrolla la
conciencia de clase política del obrero. Creemos que el aspecto positivo
fundamental del peronismo está dado por la incorporación de la masa a la vida
política activa; en esta forma la liberó psicológicamente. En este sentido Perón
cumplió el papel que Yrigoyen en relación a la clase media. Hizo partícipe al
obrero, aunque a distancia, en la vida pública, haciéndole escuchar a través de
la palabra oficial el planteamiento de los problemas políticos de fondo, tanto
nacionales como internacionales.
Estos aspectos representados por el peronismo fueron los que lo volvieron
peligroso a los ojos del gran capital De aquí que nosotros hayamos dicho en el
primer tomo de La realidad argentina, escrito en 1953, que Estados Unidos
"necesita un gobierno de personalidades más formales" que las peronistas,
permitiéndonos predecir "que llegado este momento (de profundas convulsiones
sociales) el general Perón, instrumento del sistema capitalista en una etapa de
su evolución, será desplazado".
La pérdida de la base material de maniobra del país y del peronismo restó a éste
la posibilidad de continuar con su política, y fue la que condujo, en última
instancia, a su caída.
La acusación de fascismo lanzada contra el régimen peronista carece de tanto
fundamento como la posición que consideró a éste un movimiento de liberación
nacional. Para demostrar que el mismo fue bonapartista y no fascista, será
suficiente con indicar que se apoyó en las clases extremas, gran capital y
proletariado, mientras la pequeña burguesía y en general la clase media, sufrió
el impacto económico-social de la acción gubernamental.
Por el contrario, en el fascismo, la fuerza social de choque del gran capital,
está constituida por la pequeña burguesía. Esta circunstancia explica que las
persecuciones contra el proletariado bajo el régimen fascista, encierren tanta
gravedad, ya que la acción represiva está a cargo de toda una clase. Es
necesario distinguir entre dictadura clasista y dictadura policial.
La torpe y reaccionaria acusación de fascismo, partió de la Unión Democrática,
de triste recuerdo. Las fuerzas más oscuras de la política argentina, coaligadas
en la Unión Democrática, en la que no faltó el apéndice izquierdista, no
quisieron o no supieron comprender en su hora toda la importancia del nuevo
fenómeno representado por el peronismo, y de su desprestigio e incapacidad
cosechó éste para conquistar el poder. Así, nosotros pudimos predecir el triunfo
del coronel Perón, en nuestro trabajo "La crisis política argentina".
El gran odio que le profesó la "oposición democrática" se debió a que su régimen
destapó la olla podrida de la sociedad burguesa, mostrándola tal cual es. La
juridicidad burguesa y la sacrosanta Constitución Nacional perdieron su
virginidad poniendo al descubierto su carácter de servidoras de una situación.
Se destruyó la unidad del ejército y se colaboró en la descomposición de los
partidos políticos, etcétera. En efecto, no fueron los rasgos negativos del
peronismo los que verdaderamente separaban a la "oposición democrática", como se
ha visto después: el aventurerismo y la corrupción política, administrativa,
etcétera, la "pornocracia"; la estatización y burocratización del movimiento
obrero; la legislación represiva, hoy en vigor con más fuerza que nunca,
etcétera. Asimismo, con la caída de Perón no se trató de corregir esos defectos,
sino terminar con los excesos, de su demagogismo, demasiado peligroso ya en un
periodo de contracción económica. El golpe de Estado de !955 cumple ese objetivo
del gran capital nativo-extranjero [...]
Creemos que en Latinoamérica están dadas las condiciones para una revolución
socialista, pero nos faltan todavía algunas condiciones subjetivas. Claro está
que el análisis de esta situación significa resolver el grave problema —tal vez
el más grave que enfrenta la revolución socialista en el mundo— sobre las
relaciones entre masa, partido y dirección.
El M. I. Revolucionaria (Praxis) ha enfrentado y buscado solucionar estos
problemas, mediante la formación de cuadros medios obreros, manuales e
intelectuales, que puedan llegar a ser grandes conductores sociales. En esta
forma, si algún día llega —como llegará— el ascenso revolucionario en el país,
no se irá al fracaso, tal como sucedió en Bolivia por ejemplo, en el que las
condiciones objetivas están maduras y poco o nada se hizo por la ausencia de una
dirección numerosa y consciente.
El primer requisito de una dirección consciente reside en la firme creencia en
la jerarquía de la masa obrera y en la necesidad de acatar los dictados de la
magnífica capacidad creadora de las masas populares.
Debemos ahora dedicar la atención a los elementos de las otras clases que pueden
integrarse con el proletariado en la lucha por la liberación del hombre. Ante
todo, corresponde el estudio de la pequeña burguesía pauperizada.
Esta sufre directamente las consecuencias de la concentración económica
monopolista. La situación de esta subclase debe ser tenida especialmente en
cuenta, por cuanto su posición intermedia la hace apta para cualquier
desplazamiento social. Es necesario hacerle comprender que su porvenir está
ligado a los intereses del proletariado, que puede liberarla de la opresión
económica y social que sufre.
Junto a los elementos sociales examinados, debemos tener en cuenta también a
sectores o individuos de la intelectualidad, que han esclarecido el problema
social y se pasan al campo revolucionario.
La toma del poder por el proletariado con la colaboración de los demás elementos
sociales tratados, produce un salto cualitativo. Aunque esta opinión es
suficientemente clara, no siempre es bien comprendida, por la deformación
social, intelectual y moral realizada a través de toda suerte de propaganda que
empieza en la escuela primaria y acompaña al individuo durante toda su vida. De
aquí que, cuando se piensa sobre las posibilidades y consecuencias de un cambio
social, se lo hace dentro de los viejos moldes mentales y de acuerdo a las
acostumbradas posibilidades. Y no es así: la toma del poder por el proletariado
produce un salto cualitativo que abre inmensas posibilidades, no dadas en la
formación anterior.
La clase obrera puede realizar dicha transformación gracias a su mayor
independencia frente a la deformación producida por la sociedad capitalista. Por
otra parte, el proletariado, al no compartir ciertas ventajas de la sociedad
burguesa, tiene la suerte de no compartir muchas de sus deformaciones; tal es el
caso de los convencionalismos sociales, que por ejemplo, aplastan la vida de la
pequeña burguesía.
Debemos indicar un elemento más: la tremenda y creciente alienación sufrida por
los trabajadores bajo el capitalismo, crea en ellos una legítima y a menudo
inconsciente resistencia a todo posible esfuerzo productivo o creador, aun
cuando ello implique mejoras inmediatas.
La transición a la nueva sociedad socialista encierra un problema importante,
porque es evidente que en el país no se han cumplido todos los aspectos de la
revolución democrático-burguesa. Establecida esta conclusión, y la de que la
burguesía ha caducado como fuerza capaz de realizarla y que es el proletariado
como fuerza rectora el que debe encargarse esta misión, el problema se resuelve
pensando que ya no se trata de realizar la revolución democrático-burguesa como
etapa cerrada en sí misma, como fin, sino de realizar tareas
democrático-burguesas en la marcha de la revolución socialista.
Entre esas tareas inmediatas figura: la lucha contra el imperialismo, que sólo
puede ser realizada por un partido marxista revolucionario que se fundamente en
las masas. Además, será necesario resolver los graves problemas que impiden el
desarrollo industrial y agrario del país. En el primer aspecto, deberán
colocarse las grandes fuentes de producción en manos de la colectividad, dando
en esta forma poderoso impulso a la acumulación económica. En el otro aspecto,
el agrario, las fuerzas socialistas deberán realizar, no ya un paso o un salto
adelante, sino la revolución agraria integral, cuya primera manifestación es la
nacionalización de los latifundios. Esta nacionalización deberá realizarse, no
para distribuirlos en forma de pequeña propiedad, sino para ser colectivizados,
medida que permitirá, entre muchas otras cosas, el empleo masivo de la
maquinaria agrícola.
"Sepa el
pueblo que hoy a las 14:20 fue ejecutado el disfrazado
número 1, Silvio Frondizi, traidor de traidores."Silvio Frondizi fue asesinado el viernes 27 de septiembre de 1974 junto a su yerno Luis Mendiburu. Más tarde se difundió un comunicado de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), quien se atribuyó el crimen, señalando que su cuerpo se encontraba en un descampado de la zona de Ezeiza. Su hijo Diego Ruy Frondizi, había sido abatido en un enfrentamiento en la localidad de Tigre, en marzo de 1971, y pertenecía a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). |
Por supuesto, para la realización de tales tareas se requiere un cambio cualitativo en el aparato estatal. Éste no podrá estar en manos de un sector privilegiado de la sociedad, sino en manos de la colectividad social como tal; en otras palabras, implica el cambio del Estado por la Comunidad.
Solamente una organización socialista podrá resolver el problema de la libertad
de conciencia, separando efectivamente la Iglesia del Estado, impidiendo que los
intereses confesionales se entrometan, como lo pretenden, en los problemas
político-sociales, en una tentativa de imposible regresión a la Edad Media.
En fin, la organización socialista de la sociedad es la única que puede asegurar
al hombre su libertad, que no ha podido ser dada por los partidos tradicionales,
ni al país ni a sus propias organizaciones. Para ello la nueva fuerza tendrá que
asegurar al hombre la libertad política y espiritual.
Pero la revolución socialista tiene un sentido más, que es su
internacionalización. Esto es importante porque distintas tendencias de
izquierda propugnan aparentemente lo mismo, pero en realidad con un contenido y
resultado totalmente distintos.
En efecto, los representantes de las corrientes pequeño burguesas, ya sea en el campo burgués o en el marxista, sostienen también la tesis de la integración latinoamericana. El problema se circunscribe a saber si tal tarea puede ser realizada por las burguesías nacionales o por el contrario es tarea que cabe exclusivamente a las fuerzas que actúan en la revolución socialista. Sostenemos la última alternativa, dado que: desde el punto de vista general, las burguesías nacionales son, por definición, nacionales, y han nacido, vivirán y morirán como tales. Y esto es tanto más válido en nuestra época, en que las burguesías, para poder sobrevivir, deben luchar a dentelladas entre ellas. A esta acción disociadora debe agregarse la función disolvente del imperialismo, creando o avivando antagonismos. Además de lo dicho, podría agregarse el aspecto histórico, es decir, la no realización de ninguna unidad internacional en manos de la burguesía, dado su carácter fundamentalmente competitivo.
La única posibilidad de realizar la unidad latinoamericana está dada por la toma del poder por las fuerzas socialistas. Solamente una clase libre de los intereses nacionales e internacionales que envuelven a la burguesía, puede realizar tal tarea. Tanta importancia asignamos a la internacionalización de la revolución para la supervivencia de un intento de socialismo en cualquier país latinoamericano, que creemos que debe ser una de las tareas centrales de toda revolución. Buena parte de sus energías y recursos debe ser destinada a esta finalidad. Los recursos que las burguesías nacionales y sus Estados sustraen a la comunidad y despilfarran sin sentido, deben ser destinados por la primera revolución socialista para la extensión y el triunfo revolucionario en los demás países latinoamericanos.
No es posible indicar dónde o en qué país se iniciará la lucha, pero es evidente que esta lucha ha de comenzar pronto. En cualquier forma nuestro país tiene una tarea importante y decisiva que cumplir: la consolidación de la revolución socialista latinoamericana se producirá, en efecto, con la revolución argentina. Esto será así, por el poderoso desarrollo relativo y él consiguiente peso específico que hemos adquirido en todos los órdenes de la actividad económica, ideológica, etcétera. En este orden de ideas, piénsese solamente en lo que significarán las vastas praderas argentinas, junto con las zonas montañosas ricas en yacimientos minerales de Brasil, Chile, Bolivia, Perú, etcétera, y se tendrá una idea de las enormes posibilidades que tiene esta parte del mundo para realizar una integración de carácter económico. Y decimos integración, porque, al quedar suprimida la competencia, tiende a ir dejando de funcionar la ley del desarrollo combinado.
Dicha integración económica centuplicará las fuerzas originales de los países
que la realizarán. Por otra parte, todo nuevo país que se va sumando a! proceso
revolucionario asesta un golpe mortal al imperialismo desde varios puntos de
vista. Lo obliga a dividir los recursos financieros y militares disponibles para
la represión internacional. Le reduce el mercado para la producción e inversión,
agudizando sus contradicciones sociales y políticas internas al restarle las
bases materiales para el equilibrio relativo que varios imperialismos han
gozado, en distinto grado durante décadas.
Tal es, a grandes rasgos, la perspectiva estratégica determinante de la enorme
tarea que se ha impuesto el MIR (Praxis), a la que ha dado principio de
ejecución mediante un trabajo práctico y teórico incansable. Creemos que es hora
ya de que la izquierda, abandonando viejas rivalidades y falsas posiciones, se
decida a formar por fin, un gran frente para librar la batalla definitiva contra
la opresión capitalista.
Si las viejas direcciones, que durante décadas han marchado separadas del
proletariado argentino, insisten en optar, no entre los movimientos de
izquierda, sino entre las distintas fracciones de la burguesía, llámense éstas
Unión Democrática, peronismo o frondizismo, serán entonces sus propias bases las
que les den la espalda, cansadas de seguir dando vuelta a una noria que no
conduce a ninguna parte. El dilema de la hora es bien claro: o socialismo
revolucionario o dictadura burguesa. Que cada uno elija su lugar en la lucha.
[La imagen de Silvio Frondizi ilustró una nota sobre el comisario Meneses en la revista Panorama de abril de 1965]
Recordando
a Silvio Frondizi
A 25 años de su asesinato por la Triple A el 26.09.1974
Reportaje a Ricardo Napurí
Mario Hernandez - Programa radial El Reloj – FM Flores (90.7) – Lunes de 19:00 a
20:00
-MH: Estamos con Ricardo Napurí, ex senador peruano, ex diputado constituyente,
en los inicios de la década del 80, quien en los comienzos de su residencia en
la Argentina, tuvo la oportunidad de conocer al Dr. Silvio Frondizi, que fuera
asesinado el 26 de setiembre de 1974 por un comando de la Triple A.
-RN: Silvio no sólo es un marxista olvidado como dice Horacio Tarcus en su
libro, sino una personalidad injustamente olvidada si tenemos en cuenta que ha
sido uno de los intelectuales más profundos y que más aportó desde 1945 en esa
etapa crucial de casi 30 años. Tuvo una evolución política del liberalismo al
marxismo. Escribió obras como El estado moderno, John Locke, La realidad
argentina y su obsesión fue formar cuadros políticos. Ese era el proyecto de
Silvio cuando yo lo conocí, la formación de cuadros políticos informados,
capaces de aprender conocimientos y de actuar no sólo en el país sino en América
Latina.
-MH: ¿En qué circunstancias conociste a Silvio Frondizi?
-RN: En circunstancias excepcionales. Yo era oficial de aviación en Perú y me
negué a bombardear una rebelión de la izquierda aprista. Un militar que en 1948
se niega a cumplir las órdenes de ametrallar y bombardear es más que un rebelde,
es un hombre despreciable para la institución militar. Me hicieron consejo de
guerra y me deportaron. Así llegué a la Argentina.
-MH: Digamos que no aceptaste la obediencia debida.
-RN: No, soy una especie de violador primario de la obediencia debida. Perdí
todo, incluso podría haber perdido la vida. Llegando a la Argentina la policía
me captura con la connivencia de la policía secreta peruana y me metieron en la
famosa Sección Especial de la Policía Federal donde se aplicó por primera vez la
picana eléctrica.
-MH: Estamos hablando del primer gobierno peronista.
-RN: Así es. Me iban a deportar nuevamente. Lógicamente no la pasé bien hasta
que un familiar fue al estudio de los hermanos Frondizi y lo encontró a Silvio
que dijo ‘yo lo saco’ y así lo hizo. A partir de eso me preguntó quién era, yo
le conté mi historia y él me dijo: ‘Ud. ha hecho cosas importantes en su vida
pero no tiene conciencia de ello, por qué no le da forma conciente haciéndose un
combatiente social y revolucionario, yo lo ayudo’, y me invitó a integrar
Praxis.
-MH: Praxis era el grupo político que había formado Silvio.
Silvio Frondizi y
el comisario MenesesEn su despacho
de la calle Corrientes al 1300, en los altos de La Armonía,
Silvio Frondizi entreabre la puerta con un gesto de bonhomía.
"¿Una entrevista con PANORAMA? Sí, como no", Al iniciar el
diálogo las cejas le asoman por encima de los gruesos anteojos,
delatando un.gesto de contrariedad. "Ah, es por Meneses",
murmura. Sin agregar palabra, revuelve los papeles del
escritorio y muestra un abultado curriculum vitae. "¿ Le parece
que yo puedo hablar de Meneses? ¿Por qué no me hace un reportaje
sobre política? Estoy por publicar un libro sobre la influencia
del marxismo en el catolicismo. Le aseguro que va a causar
sensación". Se arrellana en su asiento. De espaldas a la
biblioteca de viejos mamotretos jurídicos, su figura remeda
curiosamente a la de Fausto en el gabinete de Wittemberg. Su voz
es clara, impaciente. "¿Meneses? Lo vi una sola vez. Hablamos
unos minutos y se despidió. Creo que ha pasado a disponibilidad.
Usted sabe lo que ocurre con los militares y policías que están
en esa situación. No creo que sea correcto caerle encima..." |
-RN: Efectivamente, en 1945 y que tenía como ladero principal a un joven muy
brillante en esa época que después desapareció de la vida política, Marcos
Kaplan. Yo me integré y permanecí 10 años en el desarrollo de la etapa
fundacional de Praxis. A pesar de que yo venía de la no intelectualidad, de la
no reflexión política ni académica, venía de las FF. AA. donde se estudia poco,
sin embargo, Silvio me hizo producir saltos cualitativos en mi cultura política.
Tomé la tarea de las relaciones internacionales, por eso conocí a Paz
Estenssoro, que estaba exiliado en Argentina, a Goulart, a Salvador Allende.
También se comenzaron a formar grupos políticos. Por ejemplo, Michel Pablo, el
historiador marxista dice que formó un grupo político en Brasil con los textos
de Silvio Frondizi. Mucha gente desconoce que Silvio tenía una imagen
internacional, en varios países. También me ligué a los estudiantes
latinoamericanos que en ese momento eran unos 30.000. Silvio aprovechó para
formar equipos de estudiantes bolivianos, peruanos, ecuatorianos y brasileños
que formaron una especie de Internacional. Poca gente sabe esto. Ese era Silvio
Frondizi que también escribió La realidad argentina. Fue uno de los primeros que
percibió el carácter nacionalista del peronismo, el significado de la irrupción
de masas y su forma de gobierno, discrepando con la izquierda tradicional que lo
atacó mucho porque oscilaba frente al peronismo e incluso lo acusaban de
movimiento facista.
Otro momento crucial de su vida fue cuando consigo convencerlo al Che Guevara, a
pesar de la oposición del Partido Comunista cubano, de invitarlo a Cuba para
poner toda esa estructura que tenía Silvio al servicio de un proyecto, de una
especie de Internacional latinoamericana con patrocinio del Che. Fue una
verdadera tragedia que no hubiera cristalizado. Fue una de las razones por las
cuales me volví a Perú a desarrollar un proyecto revolucionario en acuerdo con
el Che.
-MH: ¿En qué circunstancias muere Silvio?
-RN: Yo estaba exiliado en París porque el gobierno militar de Velasco Alvarado
me deportó a Chile y caí con Allende. Después logré reconstruir las
circunstancias de su asesinato. El hecho central es que Silvio se dedicó siempre
a la defensa de los presos políticos. Iba a la cárcel, con Duhalde, con Ortega
Peña, todo ese equipo se exponía. En un momento determinado no había tanto
riesgo pero en el gobierno de Isabel Perón la figura fuerte era López Rega,
creador del grupo parapolicial llamado Triple A, y la represión deja de tener el
carácter “suave” de antes y comienza el genocidio, a pesar de lo cual Silvio
continúa su actividad. Recordemos que Ortega Peña fue asesinado unos meses
antes. Sus compañeros le advertían que le iba a ocurrir lo mismo pero Silvio
dijo ‘yo tengo que cumplir con mi deber’.
Finalmente la Triple A lo mata en su casa, la allanan, matan a su yerno, a él le
meten 50 balazos y luego emiten un comunicado diciendo: Hemos matado a esta
basura humana, representante del comunismo internacional. ¡Viva el gobierno de
Isabel Perón! ¡Viva la democracia en el país!. Se solazaban tirando comunicados
de este tipo.
Los elementos de barbarie no aparecen el 24 de marzo de 1976. Fueron previos y
Silvio fue una de sus víctimas porque no aceptó la idea de exiliarse y lo
mataron como advertencia de que todo aquel que se atreviera a defender los
Derechos Humanos iba a seguir el mismo camino. Un poco como pasa con Julio López
en la actualidad ahora que lo han secuestrado y es el desaparecido 30.001. Los
grupos de tareas quieren advertir que todo aquel que sea consecuente contra los
actos de represión del pasado va a seguir el mismo camino.
La muerte de Silvio tiene significados diversos. El más importante para mí lo
fue como personalidad independiente, humanista, que se jugaba por la vida, por
los Derechos Humanos, por los que estaban perseguidos. El gesto personal de un
hombre de una dignidad extraordinaria, de esos que mueren siendo fieles a sus
ideales.
Significación
histórica de Rosas
Por Silvio Frondizi
Aún en nuestros días, la figura de Juan Manuel de Rosas es idealizada como un
estandarte del federalismo revolucionario del siglo XIX y hasta se le atribuye
ser el predecesor de los movimientos populares del siglo siguiente. En el texto
que puede leerse a continuación—extraido de La realidad argentina. Introducción
histórica a su estudio (1973)— , Silvio Frondizi articula fragmentos de otros
autores (Rodolfo Puiggrós, Julio Irazusta, Carlos Ibarguren y el propio Rosas,
citado por este último) buscando retratar un perfil del Restaurador bastante
diferenciado del que diseñaron los primeros revisionistas.
Significación histórica de Rosas
Fue la personalidad de Rosas el punto de partida de todo un movimiento, llamado
"revisionista", que tuvo el gran mérito de rechazar las conclusiones totalmente
falseadas de nuestra historiografía clásica.
Tiene, sin embargo, algunos defectos graves; el primero, es el de limitar la
investigación revisionista a Rosas y todo lo que a él se refiere.
El segundo, es el de deformar el significado histórico de Rosas al no comprender
su papel transitorio, y por lo tanto la inevitabilidad de su desaparición. Sueña
entonces en una Argentina paternalista basada en la estancia y el gaucho. (1)
Pero lo más grave e incomprensible es que muchos marxistas, que se volcaron al
nacionalismo revolucionario, siguieron esta línea y sin entender que si se
marcha hacia la transformación revolucionaria de las estructuras de nuestra
sociedad, no se puede glorificar el estancamiento, no se puede rechazar el
desarrollo capitalista, como etapa previa del salto cualitativo, hacia el
socialismo.
Y viceversa, si se exalta el paternalismo de tipo rosista, no puede estarse en
una posición revolucionaria tendiente a dar a la sociedad una estructura
comunitaria. Sobre todo ahora que el "gauchaje" del país se ha transformado en
el obrero del cinturón industrial del Gran Buenos Aires.
Este error ha sido comprendido, sin embargo, con toda claridad por uno de ellos,
Rodolfo Puiggrós, que escribe: "Este prólogo quedaría incompleto si no
puntualizáramos dos críticas a los rosistas militantes. Son:
1ro. - Su creencia de que los gérmenes de un capitalismo nacional en la esfera
rural —la expansión y organización de las estancias junto con el desarrollo de
la economía mercantil en la época de Rosas— pudieran ser los orígenes de un
desarrollo autónomo del capitalismo argentino, prescindiendo del mercado
mundial, de la existencia del imperialismo y del progreso alcanzado por las
naciones más adelantadas de la época. Esto es pura utopía, es no tener en cuenta
que nuestro país no estaría hoy a la altura que está sí se hubiese encerrado
escasamente dentro de sus fronteras, esperando de sus acumulaciones internas de
capital, de su educación técnica, de su capacidad creadora, lo que le vino del
exterior en pocos años.
2do. - Su desconocimiento del doble papel que el imperialismo cumple a pesar de
sí mismo: si por una parte oprime, deforma y exprime a los países poco
desarrollados, como era el nuestro a mediados del siglo pasado; por la otra, se
ve en la necesidad de trasplantar su técnica, incorporar sus capitales, crear
clase obrera, estimular el capitalismo nacional, gestar los elementos opositores
que conducen a la liberación económica de los pueblos explotados por los
monopolios. Estas fuerzas o elementos se desenvolvieron progresivamente desde la
caída de Rosas hasta nuestra época de revolución nacional emancipadora y son los
pilares de esta revolución". (2)
Además, por suerte, no todos los rosistas cometen el grave error que venimos
anotando; otros, son mucho más críticos. Podemos citar entre ellos a Julio
Irazusta. Queremos referirnos ahora brevemente a uno de sus trabajos, en el que
a través de documentos, muchos de ellos inéditos, pone al descubierto la
personalidad de Rosas y sus verdaderos propósitos de gobierno.
Dice Irazusta en un párrafo definitorio, por tratarse de un rosista, que:
"En estrecha concomitancia con la preocupación por la política internacional, el
equipo gubernativo que tomó la dirección de la provincia de Buenos Aires en las
postrimerías de 1820 tenía la idea de organizar el país por medio de una liga
diplomática interprovincial. La experiencia reciente había persuadido a esos
hombres de que el método de los congresos o asambleas constituyentes era
inadecuado entre nosotros.
Recogiendo las enseñanzas de la historia inmediatamente contemporánea,
advirtieron, sin duda, que el instrumento ideal de la unificación vanamente
perseguido era el encargo de las relaciones exteriores depositado por las
provincias en el gobernador de Buenos Aires.
Las acciones y reacciones de unos y otros les indicaban con toda claridad que
los provincianos, celosamente irreductibles en la defensa de su derecho a
gobernarse por sí mismos, no eran nada recelosos para ceder aquellas facultades
del poder soberano conquistado en la lucha por la autonomía, que eran evidentes
resortes de un gobierno central, cuando en el gobierno de Buenos Aires se
hallaba un hombre digno de confianza.
(...) La experiencia aconsejaba atenerse al método de unificar el país por el
encargo de las relaciones exteriores, que había resultado viable, descartando el
de reunir congreso, que habría fracasado.
Desde antes de subir al gobierno, Rosas pensaba en la liga destinada a unificar
el país".
Podríamos decir, a confesión de parte relevo de prueba. Porque, cabe una
pregunta: ¿Es éste el federalismo que deseaban las provincias? Evidentemente no;
es casi su antítesis, Y es por eso que Rosas se opuso siempre a la reunión de un
congreso general, según lo hemos dicho antes.
Como lo hace notar Puiggrós: "Los tratados, pactos o ligas, entre las
provincias, aun en el caso de sustentar ideas federales, dividían la nación en
grupos encontrados y favorecían a la larga las intenciones políticas de los
dueños del puerto único.
El Tratado del Pilar es el ejemplo más elocuente. Fue impuesto por Ramírez y
López al gobierno de Buenos Aires. Era de contenido esencialmente federal. Pero
los gobernantes porteños consiguieron transformar esa alianza de las tres
provincias en guerra de Ramírez y López contra Artigas, y el Tratado del Pilar
no se aplicó.
El Pacto de San Nicolás, complemento del Pacto de Benegas, firmado entre el
gobierno de la provincia de Buenos Aires, general Martín Rodríguez, y el
caudillo santafecino Estanislao López, se resolvió, asimismo, en la derrota y
muerte del caudillo entrerriano Pancho Ramírez".
Vale la pena insistir con Irazusta, y hacerlo con un trabajo posterior a la
época peronista, que contiene una síntesis de su pensamiento, en el que Irazusta
realiza una tarea esclarecedora con gran probidad científica.
Empieza por reconocer la posición de Rosas junto a Rodríguez. Explica a
continuación las discrepancias que lo llevarán a separarse de él y agrega
textualmente en una cita que será extensa pero muy instructiva: "Imposible
pormenorizar los factores que dieron a Rosas el triunfo en esa pulseada de
varios años, pues carecemos aquí de espacio para hacerlo. Unos estaban dados en
la situación, omnímodamente determinada, y eran ajenos a su voluntad; otros se
debieron a la inferioridad de sus adversarios, de sus émulos o rivales, como a
la superioridad de sus asesores. Basta leer la Correspondencia entre Rosas y
Quiroga en torno a la organización nacional.
(...) Lo esencial para esclarecer su enfoque del federalismo, es mostrar cómo
afrontó la negociación de la Liga Litoral, desde el comienzo hasta la firma del
tratado de enero, y entre esa fecha y los veinte años en que afianzó la
Confederación Argentina. Fingiendo creer que nuestra federación se componía de
provincias más autónomas de lo que eran.
Rosas y sus asesores abogaron por que la reunión entre ellas se efectuara sobre
la base de que los representantes de cada una no serian delegados de los
pueblos, sino de los gobiernos; y de que las conferencias entre ellos serían
ante todo congresos diplomáticos, y subsidiariamente políticos, en la medida que
cada Estado particular lo considerase conveniente.
En realidad las autonomías provinciales no eran tan vigorosas como en otras
federaciones históricas, por ejemplo, Norteamérica, Alemania o Suiza; puesto
que, a diferencia de esos países, la Argentina se había estrenado en la vida
independiente con un gobierno central, heredado de la organización española, y
el autonomismo había medrado con el debilitamiento de aquel gobierno en la
década inicial de la emancipación en vez de ser un presupuesto histórico con que
se debiese contar desde el principio al fundar las instituciones nacionales.
Pero como quiera que sea, a la altura de los tiempos a que se había llegado
cuando Rosas debió afrontar el problema como gobernante de la provincia con
mayor responsabilidad directiva, lo cierto es que las autonomías provinciales
parecían más fuertes que cualquier gobierno central a establecer por acuerdo
entre todas.
Y el método de Rosas y sus asesores parecía el más adecuado, después de los
fracasos experimentados por seguir él a la moda de las asambleas constituyentes,
y dada la verdadera relación de fuerzas entre la provincia que acaudilló la
Revolución de Mayo y llevó los ejércitos nacionales a los países hermanos para
ayudarles a consolidar su independencia, y las restantes que no podían ostentar
títulos equivalentes, y habían bregado por la autonomía como reacción a un
centralismo mal dirigido, más que como espontáneo afán de vida independiente".
Para concluir podemos ceder la palabra al doctor Carlos Ibarguren, que no puede
ser sospechado de parcial. Refiriéndose a los años de ostracismo de Rosas,
cuando pudo estudiar y observar el mundo para comprenderlo en su evolución,
dice:
"La expansión de las ideas liberales y de la democracia, la inquietud del
proletariado y la propaganda del socialismo; la indisciplina general, las
consecuencias económicas de la gran industria mecánica, las luchas civiles en
ambas Américas, las guerras europeas, la violenta acción imperialista de las
poderosas monarquías, el positivismo y el materialismo que embestían contra la
religión y la Iglesia, todo ese gran movimiento político, económico, científico
y filosófico que fermentó después de 1850 conmoviendo a la sociedad, provocaba
repulsión en el espíritu reaccionario y conservador de Rosas".
Estas apreciaciones de Ibarguren tienen su justificación en las propias palabras
de Rosas, que el mismo autor cita:
"Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a que llaman libertad,
invocando los derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la
sociedad a no ser ofendida".
"Si hay algo que necesita de dignidad, decencia y respeto es la libertad, porque
la licencia está a un paso".
"Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social". "Conozco
la lucha de los intereses materiales con el pensamiento; de la usurpación con el
derecho; del despotismo con la libertad. Y están ya por darse los combates que
producirán la anarquía sin término. ¿Dónde está el poder de los gobiernos para
hacerse obedecer? Los adelantos y grandes descubrimientos de que estamos tan
orgullosos, ¡Dios sabe solamente adonde nos llevarán! ¡Pienso que nos llevan a
la anarquía, al lujo, a la pasión de oro, a la corrupción, a la mala fe, al
caos!"
"La civilización, la moral, la riqueza, se hunden si no son sostenidas por la
cooperación de todas las fuerzas sociales, para sofocar las disidencias
anárquicas, y las pretensiones ambiciosas e injustas contra el equilibrio de las
naciones, tanto en Europa como en América". (3)
Ésta fue siempre la posición de Rosas; ésta fue la causa de su encumbramiento y
ésta fue también la causa de su ruina.
NOTAS:
(1) Confrontar a este respecto los interesantes trabajos de José M. Rosa, típico
representante de esa tendencia.
(2) Rosas el pequeño, Buenos Aires. Ediciones Perennis (2ª. edición), 1953.
(3) Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo. Editorial Theoria, 1961
Fuente: www.contexthistorizar.blogspot.com
[Fragmento de Fundadores de la Izquierda Argentina, Silvio Frondizi, un francotirador marxista, prólogo de Horacio Tarcus]
Con la experiencia del MIR-Praxis
diluida en las muchas les expresiones de la Nueva Izquierda Argentina, comienza
última etapa de la vida de Silvio Frondizi. Asumida su identidad de intelectual
revolucionario, pero sin partido, se dedica a la actividad docente y a la
defensa de presos políticos y gremiales casi con exclusividad y, cumpliendo esa
actividad, vinculándose al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)
fundado por Mario Roberto Santucho –y, entre otros, también por Nahuel Moreno-,
es decir, a una escisión del PTR que había adoptado la táctica de la lucha
armada y creado el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Pero ahora se trata
de un hombre solo, un gran “nombre” de izquierda, sin proyecto político propio,
un francotirador con admiradores –casi todos jóvenes- que van y vienen, que se
acercan al hombre que 20 años antes dio una interpretación disonante –no
“gorila”- al fenómeno del peronismo.
La Academia
Desde el campo académico, la actitud constante de Frondizi es evidente: nunca
dictó cátedra oficial durante gobiernos de facto. El del ’43, asumido su
compromiso de no callarse, lo empuja a la calle. Con La Libertadora, a pesar de
que se proclamaba el fin de “la dictadura”, se le negó la posibilidad de llegar
a asumir la titularidad del cargo de Derecho Político de la Facultad de Derecho
de la UBA. Él mismo, indignado por la negativa –de la que participaron, Luciano
Molinas y Alfredo Palacios, como miembros de la comisión asesora del concurso
para el cargo- comenta en una carta del 27 de febrero de 1957: “Ello demuestra
que la ‘lucha’ de estos señores contra el peronismo no fue determinada por lo
que este tenía de corrupción, sino por lo que éste agitaba a las masas, al
tiempo que excluía a aquellos de las prebendas del poder. Hoy repiten las mismas
prácticas que criticaron en un tiempo, con el agravante de que lo hacen en
nombre y con el apoyo de un gobierno anti-popular”. Terminante.
Silvio Frondizi y
el Frente de Izquierda Popular (FIP)El
27 de septiembre se cumplió un año del cobarde asesinato del doctor Silvio
Frondizi, abanderado de la liberación nacional, de la democracia y del
socialismo, quien fuera candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular
en los comicios de marzo de 1973. |
El caso es que volvió a la Universidad en
1958, junto con el gobierno de su hermano, Arturo. Primero lo recibió La Plata;
en 1962 la UBA, en la materia de Instituciones del Derecho Público en la
Facultad de Ciencias Económicas. Marcos Kaplan era su profesor adjunto. Poco
después el centro de estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras le pide
formalmente que dirija una cátedra paralela sobre Sociología Argentina
Contemporánea. El éxito entre los estudiantes se veía en las discusiones que
generaba, en la circulación de fotocopias con los apuntes de sus clases, en las
charlas en el centro de estudiantes. En 1963, por ejemplo, mientras dictaba unas
charlas en la Universidad de Córdoba sobre economía, irrumpe un grupo de
estudiantes ultranacionalista de Tacuara, frente a los destrozos Frondizi
permanece inconmovible, y da comienzo a la charla una vez que se retira el
grupo. Síntomas.
De hecho, junto con la influencia –en agonía- de Praxis, los sectores medios
universitarios están en constante diálogo con el docente. Los anima a
reflexionar, a organizarse, colabora en sus publicaciones, les recuerda, una y
mil veces las tesis sobre el bonapartismo policial, el carácter del peronismo
–con características positivas y negativas-, la necesidad de alcanzar el
socialismo. Tiene voz propia.
Y mientras tanto, La Nueva Izquierda Argentina, no dejaba de florecer. Aparecían
publicaciones y revistas y grupos de reflexión por todos lados. Surge Nueva
Política -“una revista de coincidencias a partir de una perspectiva
nacionalista, revolucionaria y socialista”-. O la Rosa Blindada. O los cuadernos
Pasado y Presente de José “Pancho”Aricó y un grupo de “expulsados” del PCA.
No sólo florecen las publicaciones sino que surgen grupos militantes. En la
Universidad (y hasta en ciertos sectores sindicales) la nueva izquierda, a veces
vinculada con grupos del peronismo revolucionario, comienza a tener una
presencia importante. Ismael Viñas, por ejemplo, junto a su hermano David Boris,
se organizaban en la densidad que luego mutó a Contorno y el “Malena”, el
Movimiento de Liberación Nacional -¿el Tercer Movimiento Histórico?
Esa “densidad” amplia, que bebía de muchos sectores, historias, identidades
diferentes, incluía a intelectuales como Noé Jitrik, José Luis Mangieri, Alberto
Brocato, Juan Gelman, Andrés Rivera, Roberto Cossa, José Gabriel Vazeilles,
Ricardo Piglia, Jorge Rivera, León Rozitchner, el Rodolfo Walsh de Operación
Masacre y a Francisco “Paco Urondo.
Paralelamente, y vinculada al peronismo revolucionario, se asiste a una
renovación que atraviesa a la estructura católica –sobre todo a partir del
Concilio Vaticano II de 1958 y la Encíclica Pacem in Terris, del año 1963, que
concreta la apertura hacia el marxismo-. El Mensaje de los Obispos del Tercer
Mundo en la Argentina se extiende en pocos días por todo el país. Monseñor
Antonio Devoto, Obispo de Goya, se lo da a conocer a un cura de su diócesis,
Miguel Ramondetti, y éste lo hace circular. En dos o tres meses logran más de
500 adhesiones.
En
este proceso, la CGT de los Argentinos constituirá una primera síntesis entre
peronismo, cristianismo de base y marxismo. Pronto, la multiplicación de
trabajos barriales y el surgimiento de grupos de acción política darán lugar a
un proceso rico y diverso, cuyo saldo serán el Peronismo de Base, Montoneros y
sus agrupaciones sectoriales. Algunos obispos, como Enrique Angelelli en La
Rioja, Alberto Devoto en Goya, y Vicente Zaspe en Santa Fe, apoyaron a estos
sacerdotes, aunque sin integrarse orgánicamente al movimiento.
Con muy sencillas armas
organizativas, el movimiento se lanzó a participar de lleno en el conflicto
social y político de los años 60 y 70. Ya las ideas habían tenido encarnación
práctica con el trabajo de sacerdotes "villeros", como el padre Carlos Mugica,
quien movilizaba por un mundo mejor –aquí en la tierra- a cientos de familias
pobres en la provincia de buenos Aires, y –sobre todo- en ciudadela de la villa
31 de Retiro, a metros del Río de la Plata.
Y sin embargo...
La revista Testigo, a principios de 1970, le preguntó a Frondizi sobre el marco
en el que se dieron las presiones políticas que sintetizan en el golpe a su
hermano y el gobierno títere –“paramilitar”- de José María Guido, y la debilidad
del gobierno de Arturo Humberto Illia frente a un Partido Militar –reconfigurado
entre azules y colorados- que asume el poder político con Onganía y su Opus Dei
en 1966: “... mostrando –dice- por primera vez en el país una verdad descarnada:
la de que el pueblo nunca fue el titular del poder constituyente”.
Con esta conclusión asimilada, se dan señales inequívocas de que la
confrontación iría en aumento: por un lado el asesinato del Che Guevara –en
octubre del ’67, en Bolivia-, o la masacre de estudiantes del ’68, en
Tlatelolco, México. Por el otro el surgimiento del clasista y combativa en la
CGT dirigida por el grafico Raymundo Ongaro, de la que había resultado la
creación de la CGT de los Argentinos, frente a la CGT orientada por el “Lobo”
Vandor (participacionista, “peronismo sin Perón”), a las protestas cada vez más
ruidosas contra el alza del costo de vida, la opresión cultural, la censura
despiadada.
Esas tensiones hacen eclosión en la insurrección popular, con epicentro en la
Córdoba de Agustín Tosco y Elpidio Torres, el 29 de mayo de 1969. En realidad se
trata del arco temporal que une el “¡soy el teniente coronel Puma, esta
comisaría queda bajo custodia militar!” de los Uturuncos –peronistas-
inaugurando la lucha armada “irregular” en el ‘59 , a las “formaciones
especiales” de Taco Ralo de la Fuerzas Armadas Peronistas –FAP-, al asesinato de
Pedro Eugenio Aramburu como acta de nacimiento de Montoneros –otro 29 de mayo- o
la muerte, en Rincón de Milberg –el 8 de marzo de 1971- de Diego Ruy Frondizi,
hermano mellizo de Marcelo “Nono” Frondizi, el sobrino de Silvio, miembro de las
FAP. Esa muerte, por ejemplo, provocó el acercamiento de todo el clan. Y apuró
replanteos.
La “voluntad” nacional y popular emocionaba al Líder exiliado, quien desde una
carta a las FAP interpelaba a esos sectores que comenzaban la lucha política:
“Yo tengo una fe absoluta en nuestros muchachos que han aprendido a morir por
sus ideales, y cuando una juventud ha aprendido y alcanzado esto, ya sabe todo
lo que una juventud esclarecida debe saber”. Nada más, nada menos.
En ese caldo, la presencia de Frondizi, aún con predicamento sobre algunos
sectores radicales, no tendrá incidencia teórico-práctica importante. El diálogo
pasaba por otros carrilles. Y en este marco, las nuevas organizaciones de la
izquierda armada tendrán en Frondizi un referente válido, más cuando se trate de
dar respaldo legal, con renombre, a sus presos políticos y gremiales, de
cualquier organización revolucionaria que sea.
Pero la agudización del conflicto político lo llevarán a acercarse cada vez más
a una de las organizaciones, al PRT-ERP de Mario Roberto Santucho, dónde
militaban algunos de los viejos discípulos del “maestro”. Como Arnlos Kremer
–Luis Mattini, Ana Villarreal, Luis Pujals, Enrique Gorriarán Merlo, Benito
Urteaga, Carlos Molina, Joe Baxter –“ex” Movimiento Nacionalista Tacuara, ex
tupamaro- y Domingo Menna.
Los “perros”, ya alejados del Nahuel Moreno de Palabra Obrera, y que de alguna
manera –con su matriz revolucionaria, proletaria e internacionalista- parecían
coincidir con los diagnósticos del Frondizi constructor político, trataban de
acercarse a Silvio.
Frente a este avance de los sectores populares y de izquierda, por un lado, y
del accionar represivo, cuya metodología incorpora la experiencia de la lucha
contrainsurgente argelina, Frondizi advierte: “La incongruencia de la situación
actual está dada por la ausencia de una estructura de tipo político que
represente a la nueva situación y pueda canalizar las ansias populares. Esta es
la tarea fundamental del momento: la transformación de todas las estructuras
sociales. La otra alternativa es la guerra civil”.
Del GAN y el péndulo de Perón
Desde mayo del ’70 en adelante, la crisis hegemónica de la Revolución Argentina
–el largo invierno- provoca que el conjunto de los sectores dominantes empiecen
a consentir el retorno de Perón –la consigna movilizante-, pero sólo con algunas
condiciones. Nace el Gran Acuerdo Nacional. La “normalización institucional”,
por primera vez en 18 años, volvía aceptar a todo el arco político, sin
proscripciones. Y el proceso electoral planteado –polarizado- abrumó a las
cientos de organizaciones de izquierda, pero sobre todo minó la incipiente
“unidad” de acción que se perfilaba desde la masacre de Trelew.
Dolor del
libro perdidoPor Víctor O. García Costa Inicialmente los vendedores pretendían que me llevara el lote, una pilita de libros, proposición que rechacé por poseer el resto. Sólo me interesaba ese libro, encuadernado a la rústica, con tapa dibujada e impresa en colores representativa de los arrabales del pueblo de Valoria. Se trataba de un ejemplar de una vieja edición popular de la Editorial Tor, apócope del apellido de su dueño, don Juan Torrendell, aquella empresa que editaba libros por millares de ejemplares que eran vendidos por monedas. Seguramente, aunque en edición de batalla, salido algún día de 1933 de los tórculos de Tor con toda la soberbia del libro nuevo, intenso y con sus hilos tensos, con sus tapas coloreadas y brillantes, con sus páginas sin huellas de dedos ni humedades de encierro y con su lomo sin arrugas ni cuarteaduras, había quedado de pie en la biblioteca del primer adquirente o poseedor, pero el transcurso del tiempo y los dolores producidos por las veces en que habría quedado sin dueño y abandonado en alguna mesa de saldos habían dejado sus huellas en él. Es posible que, cada vez que alguna persona se acercaba a la mesa de saldos para revisarla y pasaba uno tras otro los libros moviendo alternativa y rítmicamente los dedos índice y anular, haya querido que esos dedos se detuvieran en él, lo levantaran, airearan sus hojas y lo llevaran para que al leerlo despertara de su largo sueño, se le volviera a dar un lugar en una biblioteca, otra vez de pie, y se le permitiera mostrar orgulloso los datos bibliográficos en su lomo. Esperando a su dueño El ejemplar del libro, rescatado por mí, es una obra de Máximo Bontempelli, destacado jurisconsulto y escritor italiano creador de un llamado "realismo mágico", que tiene por título El humorístico caso de Don Eteocles, herrero y falso homicida . El título original de la obra es La famiglia del fabbro y la versión castellana pertenece a Nicolás Olivari. Todo hace suponer que su primer poseedor fue el citado Olivari, porque el ejemplar del libro está dedicado, con fecha incierta, un día de 1933, precisamente por Olivari al periodista y escritor rosarino Armando Cascella, que había dirigido la revista La Gaceta del Sur (1926-1927) y sería luego jefe de redacción de El Diario (1936-1937) y, más tarde, en 1939, año de iniciación de la Segunda Guerra Mundial, corresponsal en Europa de La Capital , de Rosario, y de la Agencia ANDI. Cascella, que sería el segundo poseedor del libro, había publicado cuentos y novelas cortas en LA NACION y La Prensa , así como en El Hogar y Caras y Caretas . También había escrito y publicado Estética cotidiana y La tierra de los papagayos , a la que seguiría La cuadrilla volante , Premio Nacional de Literatura 1938. La dedicatoria dice así: "Para Armando Cascella de su compañero en la traición del bel si suona ", expresión con la que, sin duda, hace alusión irónica a las tareas comunes de traductores (por aquello de "traduttore, traditore") de obras de Bontempelli, efectuadas por ambos. Cascella había traducido 522: un día de amor y locura junto al volante. Olivari era, además de traductor y poeta, principalmente escritor y autor teatral. Había obtenido el Premio Municipal de Poesía en 1927 y como autor teatral otro Premio Municipal en 1930. Entre sus obras figuran La amada infiel , El gato escaldado , La musa de la mala pata , El hombre de la baraja y la puñalada , y La mosca verde . Observé que sobre la tapa y sobre la portadilla el libro tenía, además, el estampado de un sello rectangular pequeño, impreso en tinta azul, con un nombre: Silvio Frondizi . Al verlo y leerlo, años y episodios de horror, como en una película, pasaron raudamente por mi mente. Como ha recordado Horacio Tarcus en su artículo "Tres hermanos, tres destinos", el viernes 27 de septiembre de 1974 un comando de las Tres A entró en el domicilio de Silvio Frondizi, en la calle Cangallo, y lo secuestró junto con su yerno, el ingeniero Luis Angel Mendiburu. Dos horas más tarde, en un comunicado, las Tres A se hicieron cargo del crimen, informando que a las 14.20 de ese día lo habían ajusticiado. Su cuerpo, encontrado en los bosques de Ezeiza, tenía 50 balazos. En 1977, un comando del Ejército completó la obra: confiscó la biblioteca y papeles privados de Silvio Frondizi, distinguido profesor universitario, escritor y fundador del grupo Praxis de lo que se llamó la nueva izquierda argentina. Ya no era el dolor del libro prestado, al que alguna vez se refirió el escritor asturiano Mario de la Viña en su trabajo "Doble dolor del libro prestado". No: era el dolor del libro perdido, que ha quedado sin biblioteca, que es como quedar sin casa, que ya no siente el calor de las manos que lo tomaban ni los dedos que pasaban cuidadosamente sus hojas, que ha quedado sin las lecturas que lo sacaban de esa situación material de vida humana objetivada, al decir de Dilthey, devolviéndolo cada vez a la posibilidad de transmitir su vida espiritual. Cuánto dolor sufrió ese libro desde que fue arrancado de la biblioteca de Silvio Frondizi hasta llegar a la casa de compraventa de Ezeiza, ciudad que forma parte de la tragedia argentina. Ese libro es como un símbolo de las bibliotecas saqueadas y quemadas por las hordas que más de una vez mostró la anticultura vernácula. Y en ese simbolismo, la aparición en Ezeiza, precisamente, del libro de Bontempelli ha sido como el relato, tanta veces contado, del perrito que se ha dejado morir al pie del sepulcro de su dueño, esperándolo. Lo mismo iba a ocurrir aquí, con un libro, en Ezeiza. Pero ahora está entre mis manos. El autor es escritor y dirigente socialista Fuente: La Nación |
El PRT levanta dos candidaturas
obreras: la de Agustín Tosco y Armando Jaime. Silvio, desde el periódico Nuevo
Hombre, apoya esta idea. Pero Nuevo Hombre, fue un periódico de izquierda,
independiente, fundado por el periodista Enrique Walker, y luego dirigido por
Silvio. En este emprendimiento colaboraron Alicia Eguren –militante y esposa de
John William Cooke, ya muerto-, Rodolfo Ortega Peña –el otro gran abogado de los
presos políticos de los ‘70- y su discípulo Eduardo Luis Duhalde, que por
aquellos años publicaba su libro sobre el secuestro y asesinato de Felipe
Vallese –el “primer desaparecido”- .
Como director de la publicación fue detenido y llevado a la dependencia de la
Policía Federal de la calle Moreno al 1400; y también en abril de 1972 en
Unquillo, dónde fue detenido junto a su hijo por denuncias sobre preparativos
insurgentes. A la salida de la prisión convoca a una conferencia de prensa en
nombre del Movimiento Nacional Contra la Tortura y la Represión para denunciar
algunos casos de torturas a detenidos políticos.
El renombre del abogado tampoco pudo evitar que le cayeran encima varios
atentados; una bomba –por ejemplo- destruyó sus oficinas en Corrientes al 2080,
donde funcionaba la dirección de Nuevo Hombre; se arma otra conferencia, a esta
asisten Peña, Luis Cerruti Costa, Eduardo Luis Duhalde, Raúl Aragón y Vicente
Zito Lema, donde se presentan casos de represión “informal” contra abogados de
presos; más tarde incendian su estudio jurídico de la calle Lavalle al 1500. Una
anécdota: sin chequear las fuentes, ese tercer atentado se publicó en el diario
La Razón, donde se comunicaba su muerte; y Silvio se entera –yendo a tomar
exámenes- en la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras, cuando su hijo
Julio lo intercepta, junto aun periodista amigo, y le informa de “su”
fallecimiento.
Por otro lado, la campaña electoral lo anima a puntualizar desde Nuevo Hombre
que la salida a la crisis la tiene que emprender “... la clase obrera y el
pueblo luchando desde la base contra sus enemigos y contra sus falsos amigos, es
decir, contra quienes usurpan las banderas populares para frenar y traicionar,
para expandir el maccartismo y el desaliento en la revolución”.
Luego, al caer la candidatura “clasista” de Tosco y Jaime, Frondizi se aleja de
Nuevo Hombre, y en manos de Rodolfo Mattarollo la publicación muta a vocero del
Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), que llama a votar en blanco en
las elecciones. Silvio, que entiende que hay que participar de las elecciones,
logra articularse, precariamente, con la estructura de Abelardo Ramos y
Spilimbergo, siendo el candidato extrapartidario a senador del FIP con la
consigna “liberación nacional y patria socialista”.
Pero el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima es aplastante, y con la vuelta
de Perón y el inicio de las acciones de la Alianza Anticomunista Argentina de
José López Rega –la Triple A-, el panorama lo vuelve a acercar al FAS y a otras
organizaciones dispersas de la izquierda, como la Liga Comunista Revolucionaria,
el Peronismo de las Bases o con “Fracción Roja”, una escisión del PRT-ERP.
Al “maestro” con cariño
Abocado a su cátedra de Ciencias Políticas de la Carrera de Sociología, junto a
Julio Godio y al abogado José Luis Díaz Colodrero, y a sus funciones de
cobertura legal de los presos políticos, inunda con denuncias sobre torturas a
diferentes tribunales y visita frecuentemente las cárceles del gobierno de la
“pacificación”. Sufrió, por esto, múltiples amenazas, intimidaciones y atentados
pero, a pesar de los consejos de sus amigos, se negó a exiliarse. Inclusive una
versión asegura que el PRT de La Plata llegó a considerar el secuestro de
Frondizi para llevarlo a algún lugar seguro.
Altivo, denuncia y enfrenta a personajes como Luciano Benjamín Menéndez, al
Comisario de la Policía Federal Alberto Villar, integrante de la Triple A de “lopecito”,
que tras la muere de Perón –el 1º de Julio de 1974-, desató una verdadera
ofensiva sobre las organizaciones populares, llegando producir alrededor de
quinientos asesinatos políticos, entre ellos los de Rodolfo Ortega Peña
–ametrallado el 31 de julio de ese año-, el padre Mugica y Alfredo Curuchet
–quien era el principal testigo en la denuncia conjunta que elaboraron sobre
ejecuciones de guerrilleros apresados vivos en Catamarca-.
Finalmente, el viernes 27 de septiembre de ese año un comando de la Triple A
-dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector Rodolfo
Eduardo Almirón Sena- secuestró a Silvio Frondizi de su casa de la calle
Cangallo, hoy rebautizada “Perón”. En el incidente fue asesinado su yerno, el
ingeniero Luis Angel Mendiburu, militante de la Juventud Universitaria
Peronista, que corre hasta la calle desarmado y es muerto en la entrada del
edificio al tiempo que el hijo de Silvio, Julio, abre fuego desde la ventana con
un calibre, una “22”, que impacta en un neumático del Falcón que queda
abandonado sobre la calle Río de Janeiro. Dentro de la casa quedaban Silvia
Frondizi, la esposa de Mendiburu, y su hija de pocos meses, la que, al momento
del secuestro estaba en brazos de su abuela, Pura Sánchez de Frondizi, quien de
un puntapié arroja a la niña debajo de una mesa.
Dos horas más tarde, un comunicado de la Triple A se atribuyó el crimen e
informó que su cuerpo había sido arrojado en un descampado de Ezeiza: El diario
Crónica reproduce la gacetilla: “Sepa el pueblo argentino que a las 14.20 fue
ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Frondizi, traidor de traidores,
comunista y bolchevique (...) Viva la patria. Viva Perón. Vivan las Fuerzas
Armadas”. ¿Traidor? ¿A quién?
Es su hermano Arturo –el ex presidente que coqueteó con Perón a través de
Rogelio Frigerio, el amigo de Silvio, su primer compañero- quien reconoce el
cadáver en el Hospital de Ezeiza -lo acompañan su sobrino Marcelo y su hija-, y
dolorido comprueba que uno de los brazos está destrozado por varias de las 50
balas recibidas, evidentemente trató de cubrirse en un gesto reflejo frente al
fusilamiento.
Risieri, que estaba en Estados Unidos, volvió rápidamente al país para el
velorio de su hermano, en el local de la UTN. Allí recordó a su hermano, junto a
la familia, los amigos, entre los que estaban la viuda de Peña y José L. Díaz
Colodrero, y admiradores del intelectual revolucionario, aquel que supo
interpretar al peronismo, ganarse el respeto del Che –cuyos Cuadernos de Praga,
críticos de la economía soviética, recuerdan a Silvio- e influir sobre cientos
de militantes apelando la formación de un hombre integral, nuevo.
Durante el funeral, el salón de Medrano y Córdoba estaba obturado por cientos de
militantes, casi todos jóvenes, portadores de infinidad de banderas y periódicos
y flores, que entonaban La Internacional o Los Muchachos Peronistas, cada uno a
su turno -con respeto hacia los dos féretros que estaban en el centro de la
nave-, algunos levantaban sus puños, otros sus dedos en “V”, pero todos
observaron cómo, en el más duro silencio, apareció Julio, el hijo, y avanzó
hasta su padre para ponerle una manzana, enorme y roja, sobre el ataúd.
Finalmente, el cortejo se dirige hacia el cementerio de Chacarita, y, no
obstante estar muerto, la Policía al mando del comisario Villar, volvió a hacer
de las suyas: reprimió la caravana, que avanzaba por Angel Gallardo y secuestró
el cadáver de Silvio, por segunda vez.
Tres años después, la dictadura de Videla ordenó el secuestro de su archivo y
biblioteca. Después de todo, era una voz que debía ser silenciada, la de un
intelectual
que se atrevió a actualizar la reflexión crítica, revolucionaria, desde el
marxismo no dogmático, a dos aguas de la vieja y la nueva izquierda, pero que se
zambullía entero a las aguas de la filosofía de la praxis. Ese final hace
recordar las palabras de George Lukács: “La entrega es el camino del místico, la
lucha es el del hombre trágico; en aquel el final es una disolución, en éste es
un choque aniquilador (...) Para la tragedia, la muerte es una realidad siempre
inmanente, indisolublemente unida con cada uno de sus acontecimientos”.
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