|
|
|
|
|
Silvio
Frondizi (Paso de los Libres, 1 de enero de 1907- 27 de
septiembre de 1974), intelectual
argentino de ideología marxista y abogado. Fue el fundador
de Praxis y Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR-Praxis).
Era hermano del presidente argentino Arturo Frondizi (UCRI)
y del filosofo Risieri Frondizi. Se relacionó con la Revolución
Cubana y se entrevistó en Cuba con Ernesto Che Guevara.
Se vinculó además con el Partido Revolucionario de los Trabajadores
(PRT) y defendió a sus presos políticos. Fue asesinado por
la Alianza Anticomunista Argentina, más conocida como Triple
A. |

|
|
|
Silvio
Frondizi
A
bogado defensor de presos políticos y profesor universitario de Filosofía, Ciencias Económicas, Ciencias Sociales (UBA) Derecho y Comunicaciones (La Plata). Terminó sus estudios secundarios en el Mariano Moreno. En 1930 egresó del Instituto Nacional de Profesorado con el título de profesor de historia y poco después se recibió de doctor en jurisprudencia en la Facultad de Derecho de la UBA.

El
peronismo
Nota introductoria por Néstor Kohan
¿El peronismo es fascismo?
¿O tal vez constituye un movimiento revolucionario, nacional-popular,
de orientación socialista? ¿Cómo entender al peronismo más allá del
individuo Juan Domingo Perón? En este artículo el sociólogo marxista
Silvio Frondizi (asesinado por la Alianza Anticomunista Argentina-AAA)
intenta descifrar la incógnita.
El sociólogo marxista argentino Silvio Frondizi (1907-1974) saludó calurosamente
desde sus inicios la revolución cubana. Incluso viajó a Cuba y a su
regreso escribió La revolución cubana. Su significación histórica (diciembre
de 1960). Su libro se abre planteando que "La revolución cubana ha destruido
definitivamente el esquema reformista y, más concretamente, el esquema
reaccionario del determinismo, casi fatalismo geopolítico [...]". El
mismo texto se cierra sosteniendo la misma idea: "La revolución cubana
tiene como significación histórica fundamental, la de haber roto definitivamente
«con el esquema reformista, y en particular con el estúpido determinismo,
casi fatalismo geopolítico»".
Junto a su texto sobre Cuba, Silvio Frondizi escribió muchos otros libros, entre los que se destacan La integración mundial del capitalismo (1947; El Estado moderno (1954) y La realidad argentina (dos tomos, 1955-56).
Además de sus ensayos y sus clases, Silvio fue también abogado de los combatientes revolucionarios que enfrentaron a la dictadura militar argentina de 1966-1973. En esos años se vincula al Partido Revolucionario de los Trabajadores y a su frente político de masas, el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS).
Todo eso le vale el odio sanguinario de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), organización terrorista paramilitar de extrema derecha que lo secuestra y lo asesina por la espalda en 1974 acusándolo de "comunista y bolchevique, fundador del ERP e infiltrador de ideas comunistas en nuestra juventud".
Según el testimonio del viejo
dirigente político peronista y ex ministro de economía del general Perón,
Antonio Cafiero: "Perón e Isabel sabían que la Triple A eliminaba gente"
(declaraciones al diario CLARÍN, Buenos Aires, 22 de abril de 2007).
Los fragmentos siguientes de Silvio Frondizi fueron tomados de la respuesta
a una encuesta sobre la izquierda argentina realizada hacia 1958-59: "Contesta
el doctor Silvio Frondizi'', en Las izquierdas en el proceso político argentino,
editorial Palestra, Buenos Aires, 1959, pp. 28-33, 40-46.
|
|
El Peronismo
Por Silvio Frondizi
|
Tres hermanos, tres destinos |
Para nosotros, el peronismo
ha sido la tentativa más importante y la única de realización de la
revolución democrático-burguesa en la Argentina, cuyo fracaso se debe
a la incapacidad de la burguesía nacional para cumplir con dicha tarea.
A través de su desarrollo, el peronismo ha llegado a representar a la
burguesía argentina en general, sin que pueda decirse que ha representado
de manera exclusiva a uno de sus sectores —industriales o terratenientes.
Dicha representación ha sido directa, pero ejercida a través de una
acción burocrática que lo independizó parcial y momentáneamente de dicha
burguesía. Ello le permitió canalizar en un sentido favorable a la supervivencia
del sistema, la presión de las masas, mediante algunas concesiones determinadas
por la propia imposición popular, la excepcional situación comercial
y financiera del país, y las necesidades demagógicas del régimen. Precisamente,
la floreciente situación económica que vivía el país al término de la
segunda gran guerra, constituyó la base objetiva para la actuación del
peronismo. Este contó, en su punto de partida, con cuantiosas reservas
acumuladas de oro y divisas, y esperó confiadamente que la situación
que las había creado mejorara constantemente, por la necesidad de los
países afectados por la guerra y por un nuevo conflicto bélico que se
creía inminente.
Una circunstancia excepcional
y transitoria más, contribuyó a nutrir ilusiones sobre las posibilidades
de progreso de la experiencia peronista. Nos referimos a la emergencia
de una especie de interregno en el cual el imperialismo inglés vio disminuir
su control de la Argentina, sin que se hubiera producido todavía el
dominio definitivo y concreto del imperialismo norteamericano sobre
el mundo y sobre nuestro país. Ello posibilitó cierto bonapartismo internacional
—correlativo al que se practicó en el orden nacional—, y engendró en
casi todas las corrientes políticas del país grandes ilusiones sobre
las posibilidades de independencia económica y de revolución nacional.
La amplia base material de maniobras permitió al gobierno peronista,
en primer lugar, planear y empezar a realizar una serie de tareas de
desarrollo económico y de recuperación nacional, con todas las limitaciones
inherentes a un intento de planificación en el ámbito capitalista. La
estructura tradicional de la economía argentina no sufrió cambios esenciales;
las raíces de su dependencia y de su deformación no fueron destruidas.
Al agro no llegó la revolución, ni siquiera una tibia reforma. Fueron
respetados los intereses imperialistas, a los cuales incluso se llamó
a colaborar, a través de las empresas mixtas. Tampoco se hicieron costear
las obras de desarrollo económico al gran capital nacional e imperialista.
El Primer Plan Quinquenal, en la medida, que se realizó, fue financiado,
ante todo, con los beneficios del comercio exterior. Por otra parte,
a consecuencia de una serie de factores, aquella fuente primordial de
recursos pronto se tornó insuficiente, y debió ser complementada con
las manipulaciones presupuestarias y el inflacionismo abierto. A través
de la inflación, los costos de la planificación económica peronista
no tardaron en recaer también sobre la pequeña burguesía y el proletariado
de las ciudades.
Pero durante su primer periodo
de expansión y euforia, el peronismo tuvo también realizaciones en los
distintos aspectos de la economía. En materia de transportes, se nacionalizaron
los ferrocarriles y se incorporó nuevo material; la marina mercante
argentina fue aumentada en sus efectivos y en el tonelaje total transportado.
Hacia la misma época se fue dando gran impulso a la aviación, se completó
la nacionalización de puertos, etcétera.
Otra realización recuperadora del peronismo en su periodo de auge ha
sido la repatriación de la deuda pública externa. Se pretendió solucionar
el problema de la energía en general y del petróleo en particular, pero
sin atacar las cuestiones de fondo. Se tomaron una serie de medidas
favorables a la industria y se apoyaron los rudimentos de una industria
pesada estatizada, heredados del gobierno precedente, aumentando la
participación estatal en la industria. La intervención directa del Estado
en la industria tuvo una doble finalidad: tomar a su cargo tareas económicas
necesarias que la endeble burguesía nacional no era capaz de realizar
por sí sola y proporcionar a la burocracia bonapartista un nuevo resorte
de poder y una importante fuente adicional de beneficios. La generosidad
del crédito estatal fue otra de las formas de favorecer al capitalismo
nativo-extranjero. El mantenimiento de un grado apreciable de paz social
ha sido una de las contribuciones más importantes del Estado peronista
a la prosperidad de la burguesía agroindustrial argentina durante el
primer periodo de expansión. La propia prosperidad general fue factor
fundamental en la atenuación transitoria de las luchas clasistas argentinas.
A ello se agregó la acción del Estado, que por un lado promovía una
política de altos salarios, a la vez que subsidiaba a las grandes empresas
para evitar que éstas elevaran exageradamente sus precios, y por otra
parte encerraba a los trabajadores en un flexible pero sólido y eficiente
mecanismo de estatización sindical.
Este balance realizado —que es nuestra posición desde hace varios años—
nos ha evitado caer en los dos tipos de errores cometidos respecto al
peronismo: la idealización de sus posibilidades progresistas, magnificando
sus conquistas y disimulando sus fracasos, y, por el otro lado, la crítica
negativa v reaccionaria de la "oposición democrática", que, v.gr., tachó
al peronismo de fascismo.
El resultado de tal balance es la entrega del capitalismo nacional al
imperialismo, a través de su personero gubernamental, el peronismo.
En efecto: transcurridos los primeros años de prosperidad, entró a jugar
con toda fuerza el factor crítico fundamental de los países semicoloniales:
el imperialismo. Este logró por diversos medios (dumping, relación de
los términos de intercambio, etcétera) ir estrangulando paulatinamente
a la burguesía nacional y su gobierno. Los diversos tratados celebrados
con el imperialismo —verdaderamente lesivos para el país— culminaron
el proceso de entrega. En fin, el balance de la experiencia nacional-burguesa
del peronismo ha sido la crisis: estancamiento y retroceso de la industria,
la caída de la ocupación industrial y de los salarios reales, el crónico
déficit energético, la crisis de la economía agraria y del comercio
exterior, la inflación, etcétera.
Yendo ahora a su aspecto político, el rasgo fundamental del peronismo
estuvo dado por su aspiración de desarrollar y canalizar simultáneamente
la creciente presión del proletariado en beneficio del grupo dirigente
primero y de las clases explotadoras luego. De aquí que nosotros hayamos
calificado al peronismo como bonapartismo, esto es, una forma intermedia,
especialísima de ordenamiento político, aplicable a un momento en que
la tensión social no hace necesario aún el empleo de la violencia, que
mediante el control del aparato estatal tiende a conciliar las clases
antagónicas a través de un gobierno de aparente equidistancia, pero
siempre en beneficio de una de ellas, en nuestro caso la burguesía.
El capitalismo, frente a la irrupción de las masas populares en la vida
política, y sin necesidad inmediata de barrer con la parodia democrática
que la sustenta, trata de canalizar esas fuerzas populares. Para ello
necesita favorecer, por lo menos al comienzo, a la clase obrera con
medidas sociales, tales como aumento de salario, disminución de la jornada
de trabajo, etcétera. Pero como estas medidas son tomadas, por definición,
en un periodo de tensión económica, el gran capital no está en condiciones
materiales y psicológicas de soportar el peso de su propia política.
Lógico es, entonces, que lo haga incidir sobre la clase media, la que
rápidamente pierde poder, pauperizándose. Con ello se agrega un nuevo
factor al proceso de polarización de las fuerzas sociales.
La política de ayuda obrera referida se realiza, en realidad, en muy
pequeña escala, si es que alguna vez se realiza, dándosele apariencia
gigantesca por medio de supuestas medidas de todo orden.
Las consecuencias de este demagogismo son fácilmente previsibles: dislocan
aún más el sistema capitalista, anarquizándolo y por lo tanto, acelerando
su proceso crítico. Además, la política demagógica relaja la capacidad
de trabajo de los obreros, lo que explica que cuando el capitalismo
necesita readaptarlos para el trabajo intenso, tenga que emplear métodos
compulsivos. Ésta es una nueva causa que explica el totalitarismo y
una nueva demostración de que, en el actual periodo, el Estado Liberal
carece tanto de posibilidad como de valor operativo.
El proceso demagógico presenta algunos resultados beneficiosos, particularmente
en el orden social y político. Al apoyarse en el pueblo, desarrolla
la conciencia de clase política del obrero. Creemos que el aspecto positivo
fundamental del peronismo está dado por la incorporación de la masa
a la vida política activa; en esta forma la liberó psicológicamente.
En este sentido Perón cumplió el papel que Yrigoyen en relación a la
clase media. Hizo partícipe al obrero, aunque a distancia, en la vida
pública, haciéndole escuchar a través de la palabra oficial el planteamiento
de los problemas políticos de fondo, tanto nacionales como internacionales.
Estos aspectos representados por el peronismo fueron los que lo volvieron
peligroso a los ojos del gran capital De aquí que nosotros hayamos dicho
en el primer tomo de La realidad argentina, escrito en 1953, que Estados
Unidos "necesita un gobierno de personalidades más formales" que las
peronistas, permitiéndonos predecir "que llegado este momento (de profundas
convulsiones sociales) el general Perón, instrumento del sistema capitalista
en una etapa de su evolución, será desplazado".
La pérdida de la base material de maniobra del país y del peronismo
restó a éste la posibilidad de continuar con su política, y fue la que
condujo, en última instancia, a su caída.
La acusación de fascismo lanzada contra el régimen peronista carece
de tanto fundamento como la posición que consideró a éste un movimiento
de liberación nacional. Para demostrar que el mismo fue bonapartista
y no fascista, será suficiente con indicar que se apoyó en las clases
extremas, gran capital y proletariado, mientras la pequeña burguesía
y en general la clase media, sufrió el impacto económico-social de la
acción gubernamental.
Por el contrario, en el fascismo, la fuerza social de choque del gran
capital, está constituida por la pequeña burguesía. Esta circunstancia
explica que las persecuciones contra el proletariado bajo el régimen
fascista, encierren tanta gravedad, ya que la acción represiva está
a cargo de toda una clase. Es necesario distinguir entre dictadura clasista
y dictadura policial.
La torpe y reaccionaria acusación de fascismo, partió de la Unión Democrática,
de triste recuerdo. Las fuerzas más oscuras de la política argentina,
coaligadas en la Unión Democrática, en la que no faltó el apéndice izquierdista,
no quisieron o no supieron comprender en su hora toda la importancia
del nuevo fenómeno representado por el peronismo, y de su desprestigio
e incapacidad cosechó éste para conquistar el poder. Así, nosotros pudimos
predecir el triunfo del coronel Perón, en nuestro trabajo "La crisis
política argentina".
El gran odio que le profesó la "oposición democrática" se debió a que
su régimen destapó la olla podrida de la sociedad burguesa, mostrándola
tal cual es. La juridicidad burguesa y la sacrosanta Constitución Nacional
perdieron su virginidad poniendo al descubierto su carácter de servidoras
de una situación. Se destruyó la unidad del ejército y se colaboró en
la descomposición de los partidos políticos, etcétera. En efecto, no
fueron los rasgos negativos del peronismo los que verdaderamente separaban
a la "oposición democrática", como se ha visto después: el aventurerismo
y la corrupción política, administrativa, etcétera, la "pornocracia";
la estatización y burocratización del movimiento obrero; la legislación
represiva, hoy en vigor con más fuerza que nunca, etcétera. Asimismo,
con la caída de Perón no se trató de corregir esos defectos, sino terminar
con los excesos, de su demagogismo, demasiado peligroso ya en un periodo
de contracción económica. El golpe de Estado de !955 cumple ese objetivo
del gran capital nativo-extranjero [...]
Creemos que en Latinoamérica están dadas las condiciones para una revolución
socialista, pero nos faltan todavía algunas condiciones subjetivas.
Claro está que el análisis de esta situación significa resolver el grave
problema —tal vez el más grave que enfrenta la revolución socialista
en el mundo— sobre las relaciones entre masa, partido y dirección.
El M. I. Revolucionaria (Praxis) ha enfrentado y buscado solucionar
estos problemas, mediante la formación de cuadros medios obreros, manuales
e intelectuales, que puedan llegar a ser grandes conductores sociales.
En esta forma, si algún día llega —como llegará— el ascenso revolucionario
en el país, no se irá al fracaso, tal como sucedió en Bolivia por ejemplo,
en el que las condiciones objetivas están maduras y poco o nada se hizo
por la ausencia de una dirección numerosa y consciente.
El primer requisito de una dirección consciente reside en la firme creencia
en la jerarquía de la masa obrera y en la necesidad de acatar los dictados
de la magnífica capacidad creadora de las masas populares.
Debemos ahora dedicar la atención a los elementos de las otras clases
que pueden integrarse con el proletariado en la lucha por la liberación
del hombre. Ante todo, corresponde el estudio de la pequeña burguesía
pauperizada.
Esta sufre directamente las consecuencias de la concentración económica
monopolista. La situación de esta subclase debe ser tenida especialmente
en cuenta, por cuanto su posición intermedia la hace apta para cualquier
desplazamiento social. Es necesario hacerle comprender que su porvenir
está ligado a los intereses del proletariado, que puede liberarla de
la opresión económica y social que sufre.
Junto a los elementos sociales examinados, debemos tener en cuenta también
a sectores o individuos de la intelectualidad, que han esclarecido el
problema social y se pasan al campo revolucionario.
La toma del poder por el proletariado con la colaboración de los demás
elementos sociales tratados, produce un salto cualitativo. Aunque esta
opinión es suficientemente clara, no siempre es bien comprendida, por
la deformación social, intelectual y moral realizada a través de toda
suerte de propaganda que empieza en la escuela primaria y acompaña al
individuo durante toda su vida. De aquí que, cuando se piensa sobre
las posibilidades y consecuencias de un cambio social, se lo hace dentro
de los viejos moldes mentales y de acuerdo a las acostumbradas posibilidades.
Y no es así: la toma del poder por el proletariado produce un salto
cualitativo que abre inmensas posibilidades, no dadas en la formación
anterior.
La clase obrera puede realizar dicha transformación gracias a su mayor
independencia frente a la deformación producida por la sociedad capitalista.
Por otra parte, el proletariado, al no compartir ciertas ventajas de
la sociedad burguesa, tiene la suerte de no compartir muchas de sus
deformaciones; tal es el caso de los convencionalismos sociales, que
por ejemplo, aplastan la vida de la pequeña burguesía.
Debemos indicar un elemento más: la tremenda y creciente alienación
sufrida por los trabajadores bajo el capitalismo, crea en ellos una
legítima y a menudo inconsciente resistencia a todo posible esfuerzo
productivo o creador, aun cuando ello implique mejoras inmediatas.
La transición a la nueva sociedad socialista encierra un problema importante,
porque es evidente que en el país no se han cumplido todos los aspectos
de la revolución democrático-burguesa. Establecida esta conclusión,
y la de que la burguesía ha caducado como fuerza capaz de realizarla
y que es el proletariado como fuerza rectora el que debe encargarse
esta misión, el problema se resuelve pensando que ya no se trata de
realizar la revolución democrático-burguesa como etapa cerrada en sí
misma, como fin, sino de realizar tareas democrático-burguesas en la
marcha de la revolución socialista.
Entre esas tareas inmediatas figura: la lucha contra el imperialismo, que sólo puede ser realizada por un partido marxista revolucionario que se fundamente en las masas. Además, será necesario resolver los graves problemas que impiden el desarrollo industrial y agrario del país. En el primer aspecto, deberán colocarse las grandes fuentes de producción en manos de la colectividad, dando en esta forma poderoso impulso a la acumulación económica. En el otro aspecto, el agrario, las fuerzas socialistas deberán realizar, no ya un paso o un salto adelante, sino la revolución agraria integral, cuya primera manifestación es la nacionalización de los latifundios. Esta nacionalización deberá realizarse, no para distribuirlos en forma de pequeña propiedad, sino para ser colectivizados, medida que permitirá, entre muchas otras cosas, el empleo masivo de la maquinaria agrícola.
Por supuesto, para la realización de tales tareas se requiere un cambio cualitativo en el aparato estatal. Éste no podrá estar en manos de un sector privilegiado de la sociedad, sino en manos de la colectividad social como tal; en otras palabras, implica el cambio del Estado por la Comunidad.
Solamente una organización
socialista podrá resolver el problema de la libertad de conciencia,
separando efectivamente la Iglesia del Estado, impidiendo que los intereses
confesionales se entrometan, como lo pretenden, en los problemas político-sociales,
en una tentativa de imposible regresión a la Edad Media.
En fin, la organización socialista de la sociedad es la única que puede
asegurar al hombre su libertad, que no ha podido ser dada por los partidos
tradicionales, ni al país ni a sus propias organizaciones. Para ello
la nueva fuerza tendrá que asegurar al hombre la libertad política y
espiritual.
Pero la revolución socialista tiene un sentido más, que es su internacionalización.
Esto es importante porque distintas tendencias de izquierda propugnan
aparentemente lo mismo, pero en realidad con un contenido y resultado
totalmente distintos.
En efecto, los representantes de las corrientes pequeño burguesas, ya sea en el campo burgués o en el marxista, sostienen también la tesis de la integración latinoamericana. El problema se circunscribe a saber si tal tarea puede ser realizada por las burguesías nacionales o por el contrario es tarea que cabe exclusivamente a las fuerzas que actúan en la revolución socialista. Sostenemos la última alternativa, dado que: desde el punto de vista general, las burguesías nacionales son, por definición, nacionales, y han nacido, vivirán y morirán como tales. Y esto es tanto más válido en nuestra época, en que las burguesías, para poder sobrevivir, deben luchar a dentelladas entre ellas. A esta acción disociadora debe agregarse la función disolvente del imperialismo, creando o avivando antagonismos. Además de lo dicho, podría agregarse el aspecto histórico, es decir, la no realización de ninguna unidad internacional en manos de la burguesía, dado su carácter fundamentalmente competitivo.
La única posibilidad de realizar la unidad latinoamericana está dada por la toma del poder por las fuerzas socialistas. Solamente una clase libre de los intereses nacionales e internacionales que envuelven a la burguesía, puede realizar tal tarea. Tanta importancia asignamos a la internacionalización de la revolución para la supervivencia de un intento de socialismo en cualquier país latinoamericano, que creemos que debe ser una de las tareas centrales de toda revolución. Buena parte de sus energías y recursos debe ser destinada a esta finalidad. Los recursos que las burguesías nacionales y sus Estados sustraen a la comunidad y despilfarran sin sentido, deben ser destinados por la primera revolución socialista para la extensión y el triunfo revolucionario en los demás países latinoamericanos.
No es posible indicar dónde o en qué país se iniciará la lucha, pero es evidente que esta lucha ha de comenzar pronto. En cualquier forma nuestro país tiene una tarea importante y decisiva que cumplir: la consolidación de la revolución socialista latinoamericana se producirá, en efecto, con la revolución argentina. Esto será así, por el poderoso desarrollo relativo y él consiguiente peso específico que hemos adquirido en todos los órdenes de la actividad económica, ideológica, etcétera. En este orden de ideas, piénsese solamente en lo que significarán las vastas praderas argentinas, junto con las zonas montañosas ricas en yacimientos minerales de Brasil, Chile, Bolivia, Perú, etcétera, y se tendrá una idea de las enormes posibilidades que tiene esta parte del mundo para realizar una integración de carácter económico. Y decimos integración, porque, al quedar suprimida la competencia, tiende a ir dejando de funcionar la ley del desarrollo combinado.
Dicha integración económica
centuplicará las fuerzas originales de los países que la realizarán.
Por otra parte, todo nuevo país que se va sumando a! proceso revolucionario
asesta un golpe mortal al imperialismo desde varios puntos de vista.
Lo obliga a dividir los recursos financieros y militares disponibles
para la represión internacional. Le reduce el mercado para la producción
e inversión, agudizando sus contradicciones sociales y políticas internas
al restarle las bases materiales para el equilibrio relativo que varios
imperialismos han gozado, en distinto grado durante décadas.
Tal es, a grandes rasgos, la perspectiva estratégica determinante de
la enorme tarea que se ha impuesto el MIR (Praxis), a la que ha dado
principio de ejecución mediante un trabajo práctico y teórico incansable.
Creemos que es hora ya de que la izquierda, abandonando viejas rivalidades
y falsas posiciones, se decida a formar por fin, un gran frente para
librar la batalla definitiva contra la opresión capitalista.
Si las viejas direcciones, que durante décadas han marchado separadas
del proletariado argentino, insisten en optar, no entre los movimientos
de izquierda, sino entre las distintas fracciones de la burguesía, llámense
éstas Unión Democrática, peronismo o frondizismo, serán entonces sus
propias bases las que les den la espalda, cansadas de seguir dando vuelta
a una noria que no conduce a ninguna parte. El dilema de la hora es
bien claro: o socialismo revolucionario o dictadura burguesa. Que cada
uno elija su lugar en la lucha.
[La imagen de Silvio Frondizi ilustró una nota sobre el comisario Meneses en la revista Panorama de abril de 1965]

Recordando
a Silvio Frondizi
A 25 años de su asesinato por la Triple A el 26.09.1974
Reportaje a Ricardo Napurí
Mario Hernandez - Programa radial El Reloj – FM Flores (90.7) – Lunes
de 19:00 a 20:00
-MH: Estamos con Ricardo Napurí, ex senador peruano, ex diputado constituyente,
en los inicios de la década del 80, quien en los comienzos de su residencia
en la Argentina, tuvo la oportunidad de conocer al Dr. Silvio Frondizi,
que fuera asesinado el 26 de setiembre de 1974 por un comando de la
Triple A.
-RN: Silvio no sólo es un marxista olvidado como dice Horacio Tarcus
en su libro, sino una personalidad injustamente olvidada si tenemos
en cuenta que ha sido uno de los intelectuales más profundos y que más
aportó desde 1945 en esa etapa crucial de casi 30 años. Tuvo una evolución
política del liberalismo al marxismo. Escribió obras como El estado
moderno, John Locke, La realidad argentina y su obsesión fue formar
cuadros políticos. Ese era el proyecto de Silvio cuando yo lo conocí,
la formación de cuadros políticos informados, capaces de aprender conocimientos
y de actuar no sólo en el país sino en América Latina.
-MH: ¿En qué circunstancias conociste a Silvio Frondizi?
-RN: En circunstancias excepcionales. Yo era oficial de aviación en
Perú y me negué a bombardear una rebelión de la izquierda aprista. Un
militar que en 1948 se niega a cumplir las órdenes de ametrallar y bombardear
es más que un rebelde, es un hombre despreciable para la institución
militar. Me hicieron consejo de guerra y me deportaron. Así llegué a
la Argentina.
-MH: Digamos que no aceptaste
la obediencia debida.
-RN: No, soy una especie de violador primario de la obediencia debida.
Perdí todo, incluso podría haber perdido la vida. Llegando a la Argentina
la policía me captura con la connivencia de la policía secreta peruana
y me metieron en la famosa Sección Especial de la Policía Federal donde
se aplicó por primera vez la picana eléctrica.
-MH: Estamos hablando del primer gobierno peronista.
-RN: Así es. Me iban a deportar nuevamente. Lógicamente no la pasé bien
hasta que un familiar fue al estudio de los hermanos Frondizi y lo encontró
a Silvio que dijo ‘yo lo saco’ y así lo hizo. A partir de eso me preguntó
quién era, yo le conté mi historia y él me dijo: ‘Ud. ha hecho cosas
importantes en su vida pero no tiene conciencia de ello, por qué no
le da forma conciente haciéndose un combatiente social y revolucionario,
yo lo ayudo’, y me invitó a integrar Praxis.
Silvio
Frondizi y el comisario Meneses
En su despacho de la calle Corrientes
al 1300, en los altos de La Armonía, Silvio Frondizi entreabre
la puerta con un gesto de bonhomía. "¿Una entrevista con
PANORAMA? Sí, como no", Al iniciar el diálogo las cejas
le asoman por encima de los gruesos anteojos, delatando
un.gesto de contrariedad. "Ah, es por Meneses", murmura.
Sin agregar palabra, revuelve los papeles del escritorio
y muestra un abultado curriculum vitae. "¿ Le parece que
yo puedo hablar de Meneses? ¿Por qué no me hace un reportaje
sobre política? Estoy por publicar un libro sobre la influencia
del marxismo en el catolicismo. Le aseguro que va a causar
sensación". Se arrellana en su asiento. De espaldas a la
biblioteca de viejos mamotretos jurídicos, su figura remeda
curiosamente a la de Fausto en el gabinete de Wittemberg.
Su voz es clara, impaciente. "¿Meneses? Lo vi una sola vez.
Hablamos unos minutos y se despidió. Creo que ha pasado
a disponibilidad. Usted sabe lo que ocurre con los militares
y policías que están en esa situación. No creo que sea correcto
caerle encima..." |
-MH: Praxis era el grupo político que había formado Silvio.
-RN: Efectivamente, en 1945
y que tenía como ladero principal a un joven muy brillante en esa época
que después desapareció de la vida política, Marcos Kaplan. Yo me integré
y permanecí 10 años en el desarrollo de la etapa fundacional de Praxis.
A pesar de que yo venía de la no intelectualidad, de la no reflexión
política ni académica, venía de las FF. AA. donde se estudia poco, sin
embargo, Silvio me hizo producir saltos cualitativos en mi cultura política.
Tomé la tarea de las relaciones internacionales, por eso conocí a Paz
Estenssoro, que estaba exiliado en Argentina, a Goulart, a Salvador
Allende. También se comenzaron a formar grupos políticos. Por ejemplo,
Michel Pablo, el historiador marxista dice que formó un grupo político
en Brasil con los textos de Silvio Frondizi. Mucha gente desconoce que
Silvio tenía una imagen internacional, en varios países. También me
ligué a los estudiantes latinoamericanos que en ese momento eran unos
30.000. Silvio aprovechó para formar equipos de estudiantes bolivianos,
peruanos, ecuatorianos y brasileños que formaron una especie de Internacional.
Poca gente sabe esto. Ese era Silvio Frondizi que también escribió La
realidad argentina. Fue uno de los primeros que percibió el carácter
nacionalista del peronismo, el significado de la irrupción de masas
y su forma de gobierno, discrepando con la izquierda tradicional que
lo atacó mucho porque oscilaba frente al peronismo e incluso lo acusaban
de movimiento facista.
Otro momento crucial de su vida fue cuando consigo convencerlo al Che
Guevara, a pesar de la oposición del Partido Comunista cubano, de invitarlo
a Cuba para poner toda esa estructura que tenía Silvio al servicio de
un proyecto, de una especie de Internacional latinoamericana con patrocinio
del Che. Fue una verdadera tragedia que no hubiera cristalizado. Fue
una de las razones por las cuales me volví a Perú a desarrollar un proyecto
revolucionario en acuerdo con el Che.
-MH:
¿En qué circunstancias muere Silvio?
-RN: Yo estaba exiliado en París porque el gobierno militar de Velasco
Alvarado me deportó a Chile y caí con Allende. Después logré reconstruir
las circunstancias de su asesinato. El hecho central es que Silvio se
dedicó siempre a la defensa de los presos políticos. Iba a la cárcel,
con Duhalde, con Ortega Peña, todo ese equipo se exponía. En un momento
determinado no había tanto riesgo pero en el gobierno de Isabel Perón
la figura fuerte era López Rega, creador del grupo parapolicial llamado
Triple A, y la represión deja de tener el carácter “suave” de antes
y comienza el genocidio, a pesar de lo cual Silvio continúa su actividad.
Recordemos que Ortega Peña fue asesinado unos meses antes. Sus compañeros
le advertían que le iba a ocurrir lo mismo pero Silvio dijo ‘yo tengo
que cumplir con mi deber’.
Finalmente la Triple A lo mata en su casa, la allanan, matan a su yerno,
a él le meten 50 balazos y luego emiten un comunicado diciendo: Hemos
matado a esta basura humana, representante del comunismo internacional.
¡Viva el gobierno de Isabel Perón! ¡Viva la democracia en el país!.
Se solazaban tirando comunicados de este tipo.
Los elementos de barbarie no aparecen el 24 de marzo de 1976. Fueron
previos y Silvio fue una de sus víctimas porque no aceptó la idea de
exiliarse y lo mataron como advertencia de que todo aquel que se atreviera
a defender los Derechos Humanos iba a seguir el mismo camino. Un poco
como pasa con Julio López en la actualidad ahora que lo han secuestrado
y es el desaparecido 30.001. Los grupos de tareas quieren advertir que
todo aquel que sea consecuente contra los actos de represión del pasado
va a seguir el mismo camino.
La muerte de Silvio tiene significados diversos. El más importante para
mí lo fue como personalidad independiente, humanista, que se jugaba
por la vida, por los Derechos Humanos, por los que estaban perseguidos.
El gesto personal de un hombre de una dignidad extraordinaria, de esos
que mueren siendo fieles a sus ideales.

Significación
histórica de Rosas
Por Silvio Frondizi
Aún en nuestros días, la figura de Juan Manuel de Rosas es idealizada
como un estandarte del federalismo revolucionario del siglo XIX y hasta
se le atribuye ser el predecesor de los movimientos populares del siglo
siguiente. En el texto que puede leerse a continuación—extraido de La
realidad argentina. Introducción histórica a su estudio (1973)— , Silvio
Frondizi articula fragmentos de otros autores (Rodolfo Puiggrós, Julio
Irazusta, Carlos Ibarguren y el propio Rosas, citado por este último)
buscando retratar un perfil del Restaurador bastante diferenciado del
que diseñaron los primeros revisionistas.
Significación histórica de Rosas
Fue la personalidad de Rosas el punto de partida de todo un movimiento,
llamado "revisionista", que tuvo el gran mérito de rechazar las conclusiones
totalmente falseadas de nuestra historiografía clásica.
Tiene, sin embargo, algunos defectos graves; el primero, es el de limitar
la investigación revisionista a Rosas y todo lo que a él se refiere.
El segundo, es el de deformar el significado histórico de Rosas al no
comprender su papel transitorio, y por lo tanto la inevitabilidad de
su desaparición. Sueña entonces en una Argentina paternalista basada
en la estancia y el gaucho. (1)
Pero lo más grave e incomprensible es que muchos marxistas, que se volcaron
al nacionalismo revolucionario, siguieron esta línea y sin entender
que si se marcha hacia la transformación revolucionaria de las estructuras
de nuestra sociedad, no se puede glorificar el estancamiento, no se
puede rechazar el desarrollo capitalista, como etapa previa del salto
cualitativo, hacia el socialismo.
Y viceversa, si se exalta el paternalismo de tipo rosista, no puede
estarse en una posición revolucionaria tendiente a dar a la sociedad
una estructura comunitaria. Sobre todo ahora que el "gauchaje" del país
se ha transformado en el obrero del cinturón industrial del Gran Buenos
Aires.
Este error ha sido comprendido, sin embargo, con toda claridad por uno
de ellos, Rodolfo Puiggrós, que escribe: "Este prólogo quedaría incompleto
si no puntualizáramos dos críticas a los rosistas militantes. Son:
La
lista negra de la Triple AEl 29 de enero de 1974 la organización mafiosa paraestatal Triple A difundió en Buenos Aires, con total impunidad, una “lista negra” de dirigentes políticos y distintas personalidades que “serán inmediatamente ejecutadas en donde se las encuentre” (sic). La lista incluía a Hugo Bressano (Nahuel Moreno), dirigente del PST, Silvio Frondizi, Mario Hernández, Gustavo Roca y Mario Roberto Santucho (dirigentes del PRT-ERP); los dirigentes sindicales Armando Jaime, Raimundo Ongaro, Rene Salamanca (PCR) y Agustín Tosco; Rodolfo Puiggros -ex rector de la UBA-, Manuel Gaggero (director del diario El Mundo), Roberto Quieto (dirigente de Montoneros), Julio Troxler (ex subjefe de policía de la Pcia. de Buenos Aires, cercano al Peronismo de Base); los coroneles del Ejército Perlinger y Cesio, monseñor Angelelli; el senador nacional Luís Carnevale y otros personas. La mayoría de los amenazados serían perseguidos, emboscados y asesinados en el futuro cercano con la anuencia del gobierno nacional. |
1ro. - Su creencia de que
los gérmenes de un capitalismo nacional en la esfera rural —la expansión
y organización de las estancias junto con el desarrollo de la economía
mercantil en la época de Rosas— pudieran ser los orígenes de un desarrollo
autónomo del capitalismo argentino, prescindiendo del mercado mundial,
de la existencia del imperialismo y del progreso alcanzado por las naciones
más adelantadas de la época. Esto es pura utopía, es no tener en cuenta
que nuestro país no estaría hoy a la altura que está sí se hubiese encerrado
escasamente dentro de sus fronteras, esperando de sus acumulaciones
internas de capital, de su educación técnica, de su capacidad creadora,
lo que le vino del exterior en pocos años.
2do. - Su desconocimiento del doble papel que el imperialismo cumple
a pesar de sí mismo: si por una parte oprime, deforma y exprime a los
países poco desarrollados, como era el nuestro a mediados del siglo
pasado; por la otra, se ve en la necesidad de trasplantar su técnica,
incorporar sus capitales, crear clase obrera, estimular el capitalismo
nacional, gestar los elementos opositores que conducen a la liberación
económica de los pueblos explotados por los monopolios. Estas fuerzas
o elementos se desenvolvieron progresivamente desde la caída de Rosas
hasta nuestra época de revolución nacional emancipadora y son los pilares
de esta revolución". (2)
Además, por suerte, no todos los rosistas cometen el grave error que
venimos anotando; otros, son mucho más críticos. Podemos citar entre
ellos a Julio Irazusta. Queremos referirnos ahora brevemente a uno de
sus trabajos, en el que a través de documentos, muchos de ellos inéditos,
pone al descubierto la personalidad de Rosas y sus verdaderos propósitos
de gobierno.
Dice Irazusta en un párrafo definitorio, por tratarse de un rosista,
que:
"En estrecha concomitancia con la preocupación por la política internacional,
el equipo gubernativo que tomó la dirección de la provincia de Buenos
Aires en las postrimerías de 1820 tenía la idea de organizar el país
por medio de una liga diplomática interprovincial. La experiencia reciente
había persuadido a esos hombres de que el método de los congresos o
asambleas constituyentes era inadecuado entre nosotros.
Recogiendo las enseñanzas de la historia inmediatamente contemporánea,
advirtieron, sin duda, que el instrumento ideal de la unificación vanamente
perseguido era el encargo de las relaciones exteriores depositado por
las provincias en el gobernador de Buenos Aires.
Las acciones y reacciones de unos y otros les indicaban con toda claridad
que los provincianos, celosamente irreductibles en la defensa de su
derecho a gobernarse por sí mismos, no eran nada recelosos para ceder
aquellas facultades del poder soberano conquistado en la lucha por la
autonomía, que eran evidentes resortes de un gobierno central, cuando
en el gobierno de Buenos Aires se hallaba un hombre digno de confianza.
(...) La experiencia aconsejaba atenerse al método de unificar el país
por el encargo de las relaciones exteriores, que había resultado viable,
descartando el de reunir congreso, que habría fracasado.
Desde antes de subir al gobierno, Rosas pensaba en la liga destinada
a unificar el país".
"Sepa
el pueblo que hoy a las 14:20 fue ejecutado el disfrazado
número 1, Silvio Frondizi, traidor de traidores."Silvio Frondizi fue asesinado el viernes 27 de septiembre de 1974 junto a su yerno Luis Mendiburu. Más tarde se difundió un comunicado de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), quien se atribuyó el crimen, señalando que su cuerpo se encontraba en un descampado de la zona de Ezeiza. Su hijo Diego Ruy Frondizi, había sido abatido en un enfrentamiento en la localidad de Tigre, en marzo de 1971, y pertenecía a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). |
Podríamos decir, a confesión
de parte relevo de prueba. Porque, cabe una pregunta: ¿Es éste el federalismo
que deseaban las provincias? Evidentemente no; es casi su antítesis,
Y es por eso que Rosas se opuso siempre a la reunión de un congreso
general, según lo hemos dicho antes.
Como lo hace notar Puiggrós: "Los tratados, pactos o ligas, entre las
provincias, aun en el caso de sustentar ideas federales, dividían la
nación en grupos encontrados y favorecían a la larga las intenciones
políticas de los dueños del puerto único.
El Tratado del Pilar es el ejemplo más elocuente. Fue impuesto por Ramírez
y López al gobierno de Buenos Aires. Era de contenido esencialmente
federal. Pero los gobernantes porteños consiguieron transformar esa
alianza de las tres provincias en guerra de Ramírez y López contra Artigas,
y el Tratado del Pilar no se aplicó.
El Pacto de San Nicolás, complemento del Pacto de Benegas, firmado entre
el gobierno de la provincia de Buenos Aires, general Martín Rodríguez,
y el caudillo santafecino Estanislao López, se resolvió, asimismo, en
la derrota y muerte del caudillo entrerriano Pancho Ramírez".
Vale la pena insistir con Irazusta, y hacerlo con un trabajo posterior
a la época peronista, que contiene una síntesis de su pensamiento, en
el que Irazusta realiza una tarea esclarecedora con gran probidad científica.
Empieza por reconocer la posición de Rosas junto a Rodríguez. Explica
a continuación las discrepancias que lo llevarán a separarse de él y
agrega textualmente en una cita que será extensa pero muy instructiva:
"Imposible pormenorizar los factores que dieron a Rosas el triunfo en
esa pulseada de varios años, pues carecemos aquí de espacio para hacerlo.
Unos estaban dados en la situación, omnímodamente determinada, y eran
ajenos a su voluntad; otros se debieron a la inferioridad de sus adversarios,
de sus émulos o rivales, como a la superioridad de sus asesores. Basta
leer la Correspondencia entre Rosas y Quiroga en torno a la organización
nacional.
(...) Lo esencial para esclarecer su enfoque del federalismo, es mostrar
cómo afrontó la negociación de la Liga Litoral, desde el comienzo hasta
la firma del tratado de enero, y entre esa fecha y los veinte años en
que afianzó la Confederación Argentina. Fingiendo creer que nuestra
federación se componía de provincias más autónomas de lo que eran.
Rosas y sus asesores abogaron por que la reunión entre ellas se efectuara
sobre la base de que los representantes de cada una no serian delegados
de los pueblos, sino de los gobiernos; y de que las conferencias entre
ellos serían ante todo congresos diplomáticos, y subsidiariamente políticos,
en la medida que cada Estado particular lo considerase conveniente.
En realidad las autonomías provinciales no eran tan vigorosas como en
otras federaciones históricas, por ejemplo, Norteamérica, Alemania o
Suiza; puesto que, a diferencia de esos países, la Argentina se había
estrenado en la vida independiente con un gobierno central, heredado
de la organización española, y el autonomismo había medrado con el debilitamiento
de aquel gobierno en la década inicial de la emancipación en vez de
ser un presupuesto histórico con que se debiese contar desde el principio
al fundar las instituciones nacionales.
Pero como quiera que sea, a la altura de los tiempos a que se había
llegado cuando Rosas debió afrontar el problema como gobernante de la
provincia con mayor responsabilidad directiva, lo cierto es que las
autonomías provinciales parecían más fuertes que cualquier gobierno
central a establecer por acuerdo entre todas.
Y el método de Rosas y sus asesores parecía el más adecuado, después
de los fracasos experimentados por seguir él a la moda de las asambleas
constituyentes, y dada la verdadera relación de fuerzas entre la provincia
que acaudilló la Revolución de Mayo y llevó los ejércitos nacionales
a los países hermanos para ayudarles a consolidar su independencia,
y las restantes que no podían ostentar títulos equivalentes, y habían
bregado por la autonomía como reacción a un centralismo mal dirigido,
más que como espontáneo afán de vida independiente".
Para concluir podemos ceder la palabra al doctor Carlos Ibarguren, que
no puede ser sospechado de parcial. Refiriéndose a los años de ostracismo
de Rosas, cuando pudo estudiar y observar el mundo para comprenderlo
en su evolución, dice:
"La expansión de las ideas liberales y de la democracia, la inquietud
del proletariado y la propaganda del socialismo; la indisciplina general,
las consecuencias económicas de la gran industria mecánica, las luchas
civiles en ambas Américas, las guerras europeas, la violenta acción
imperialista de las poderosas monarquías, el positivismo y el materialismo
que embestían contra la religión y la Iglesia, todo ese gran movimiento
político, económico, científico y filosófico que fermentó después de
1850 conmoviendo a la sociedad, provocaba repulsión en el espíritu reaccionario
y conservador de Rosas".
Estas apreciaciones de Ibarguren tienen su justificación en las propias
palabras de Rosas, que el mismo autor cita:
"Se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía a que llaman libertad,
invocando los derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho
de la sociedad a no ser ofendida".
"Si hay algo que necesita de dignidad, decencia y respeto es la libertad,
porque la licencia está a un paso".
"Debe ser prohibido atacar el principio en que reposa el orden social".
"Conozco la lucha de los intereses materiales con el pensamiento; de
la usurpación con el derecho; del despotismo con la libertad. Y están
ya por darse los combates que producirán la anarquía sin término. ¿Dónde
está el poder de los gobiernos para hacerse obedecer? Los adelantos
y grandes descubrimientos de que estamos tan orgullosos, ¡Dios sabe
solamente adonde nos llevarán! ¡Pienso que nos llevan a la anarquía,
al lujo, a la pasión de oro, a la corrupción, a la mala fe, al caos!"
"La civilización, la moral, la riqueza, se hunden si no son sostenidas
por la cooperación de todas las fuerzas sociales, para sofocar las disidencias
anárquicas, y las pretensiones ambiciosas e injustas contra el equilibrio
de las naciones, tanto en Europa como en América". (3)
Ésta fue siempre la posición de Rosas; ésta fue la causa de su encumbramiento
y ésta fue también la causa de su ruina.
NOTAS:
(1) Confrontar a este respecto los interesantes trabajos de José M.
Rosa, típico representante de esa tendencia.
(2) Rosas el pequeño, Buenos Aires. Ediciones Perennis (2ª. edición),
1953.
(3) Juan Manuel de Rosas. Su vida, su drama, su tiempo. Editorial Theoria,
1961
Fuente: www.contexthistorizar.blogspot.com
[Fragmento de Fundadores de la Izquierda Argentina, Silvio Frondizi, un francotirador marxista, prólogo de Horacio Tarcus]
Con la experiencia del MIR-Praxis
diluida en las muchas les expresiones de la Nueva Izquierda Argentina,
comienza última etapa de la vida de Silvio Frondizi. Asumida su identidad
de intelectual revolucionario, pero sin partido, se dedica a la actividad
docente y a la defensa de presos políticos y gremiales casi con exclusividad
y, cumpliendo esa actividad, vinculándose al Partido Revolucionario
de los Trabajadores (PRT) fundado por Mario Roberto Santucho –y, entre
otros, también por Nahuel Moreno-, es decir, a una escisión del PTR
que había adoptado la táctica de la lucha armada y creado el Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP). Pero ahora se trata de un hombre solo,
un gran “nombre” de izquierda, sin proyecto político propio, un francotirador
con admiradores –casi todos jóvenes- que van y vienen, que se acercan
al hombre que 20 años antes dio una interpretación disonante –no “gorila”-
al fenómeno del peronismo.
La Academia
Desde el campo académico, la actitud constante de Frondizi es evidente:
nunca dictó cátedra oficial durante gobiernos de facto. El del ’43,
asumido su compromiso de no callarse, lo empuja a la calle. Con La Libertadora,
a pesar de que se proclamaba el fin de “la dictadura”, se le negó la
posibilidad de llegar a asumir la titularidad del cargo de Derecho Político
de la Facultad de Derecho de la UBA. Él mismo, indignado por la negativa
–de la que participaron, Luciano Molinas y Alfredo Palacios, como miembros
de la comisión asesora del concurso para el cargo- comenta en una carta
del 27 de febrero de 1957: “Ello demuestra que la ‘lucha’ de estos señores
contra el peronismo no fue determinada por lo que este tenía de corrupción,
sino por lo que éste agitaba a las masas, al tiempo que excluía a aquellos
de las prebendas del poder. Hoy repiten las mismas prácticas que criticaron
en un tiempo, con el agravante de que lo hacen en nombre y con el apoyo
de un gobierno anti-popular”. Terminante.
Silvio
Frondizi y el Frente de Izquierda Popular (FIP)
El 27 de septiembre se cumplió
un año del cobarde asesinato del doctor Silvio Frondizi,
abanderado de la liberación nacional, de la democracia y
del socialismo, quien fuera candidato a senador por el Frente
de Izquierda Popular en los comicios de marzo de 1973. |
El caso es que volvió a
la Universidad en 1958, junto con el gobierno de su hermano, Arturo.
Primero lo recibió La Plata; en 1962 la UBA, en la materia de Instituciones
del Derecho Público en la Facultad de Ciencias Económicas. Marcos Kaplan
era su profesor adjunto. Poco después el centro de estudiantes de la
Facultad de Filosofía y Letras le pide formalmente que dirija una cátedra
paralela sobre Sociología Argentina Contemporánea. El éxito entre los
estudiantes se veía en las discusiones que generaba, en la circulación
de fotocopias con los apuntes de sus clases, en las charlas en el centro
de estudiantes. En 1963, por ejemplo, mientras dictaba unas charlas
en la Universidad de Córdoba sobre economía, irrumpe un grupo de estudiantes
ultranacionalista de Tacuara, frente a los destrozos Frondizi permanece
inconmovible, y da comienzo a la charla una vez que se retira el grupo.
Síntomas.
De hecho, junto con la influencia –en agonía- de Praxis, los sectores
medios universitarios están en constante diálogo con el docente. Los
anima a reflexionar, a organizarse, colabora en sus publicaciones, les
recuerda, una y mil veces las tesis sobre el bonapartismo policial,
el carácter del peronismo –con características positivas y negativas-,
la necesidad de alcanzar el socialismo. Tiene voz propia.
Y mientras tanto, La Nueva Izquierda Argentina, no dejaba de florecer.
Aparecían publicaciones y revistas y grupos de reflexión por todos lados.
Surge Nueva Política -“una revista de coincidencias a partir de una
perspectiva nacionalista, revolucionaria y socialista”-. O la Rosa Blindada.
O los cuadernos Pasado y Presente de José “Pancho”Aricó y un grupo de
“expulsados” del PCA.
No sólo florecen las publicaciones sino que surgen grupos militantes.
En la Universidad (y hasta en ciertos sectores sindicales) la nueva
izquierda, a veces vinculada con grupos del peronismo revolucionario,
comienza a tener una presencia importante. Ismael Viñas, por ejemplo,
junto a su hermano David Boris, se organizaban en la densidad que luego
mutó a Contorno y el “Malena”, el Movimiento de Liberación Nacional
-¿el Tercer Movimiento Histórico?
Esa “densidad” amplia, que bebía de muchos sectores, historias, identidades
diferentes, incluía a intelectuales como Noé Jitrik, José Luis Mangieri,
Alberto Brocato, Juan Gelman, Andrés Rivera, Roberto Cossa, José Gabriel
Vazeilles, Ricardo Piglia, Jorge Rivera, León Rozitchner, el Rodolfo
Walsh de Operación Masacre y a Francisco “Paco Urondo.
Paralelamente, y vinculada al peronismo revolucionario, se asiste a
una renovación que atraviesa a la estructura católica –sobre todo a
partir del Concilio Vaticano II de 1958 y la Encíclica Pacem in Terris,
del año 1963, que concreta la apertura hacia el marxismo-. El Mensaje
de los Obispos del Tercer Mundo en la Argentina se extiende en pocos
días por todo el país. Monseñor Antonio Devoto, Obispo de Goya, se lo
da a conocer a un cura de su diócesis, Miguel Ramondetti, y éste lo
hace circular. En dos o tres meses logran más de 500 adhesiones.
En este proceso, la CGT de los Argentinos constituirá una primera síntesis
entre peronismo, cristianismo de base y marxismo. Pronto, la multiplicación
de trabajos barriales y el surgimiento de grupos de acción política
darán lugar a un proceso rico y diverso, cuyo saldo serán el Peronismo
de Base, Montoneros y sus agrupaciones sectoriales. Algunos obispos,
como Enrique Angelelli en La Rioja, Alberto Devoto en Goya, y Vicente
Zaspe en Santa Fe, apoyaron a estos sacerdotes, aunque sin integrarse
orgánicamente al movimiento.
Con muy sencillas armas
organizativas, el movimiento se lanzó a participar de lleno en el conflicto
social y político de los años 60 y 70. Ya las ideas habían tenido encarnación
práctica con el trabajo de sacerdotes "villeros", como el padre Carlos
Mugica, quien movilizaba por un mundo mejor –aquí en la tierra- a cientos
de familias pobres en la provincia de buenos Aires, y –sobre todo- en
ciudadela de la villa 31 de Retiro, a metros del Río de la Plata.
Y sin embargo...
La revista Testigo, a principios de 1970, le preguntó a Frondizi sobre
el marco en el que se dieron las presiones políticas que sintetizan
en el golpe a su hermano y el gobierno títere –“paramilitar”- de José
María Guido, y la debilidad del gobierno de Arturo Humberto Illia frente
a un Partido Militar –reconfigurado entre azules
y colorados- que asume el poder político con Onganía y su Opus Dei
en 1966: “... mostrando –dice- por primera vez en el país una verdad
descarnada: la de que el pueblo nunca fue el titular del poder constituyente”.
Con esta conclusión asimilada, se dan señales inequívocas de que la
confrontación iría en aumento: por un lado el asesinato del Che Guevara
–en octubre del ’67, en Bolivia-, o la masacre de estudiantes del ’68,
en Tlatelolco, México. Por el otro el surgimiento del clasista y combativa
en la CGT dirigida por el grafico Raymundo Ongaro, de la que había resultado
la creación de la CGT de los Argentinos, frente a la CGT orientada por
el “Lobo” Vandor (participacionista, “peronismo sin Perón”), a las protestas
cada vez más ruidosas contra el alza del costo de vida, la opresión
cultural, la censura despiadada.
Esas tensiones hacen eclosión en la insurrección popular, con epicentro
en la Córdoba de Agustín Tosco y Elpidio Torres, el 29 de mayo de 1969.
En realidad se trata del arco temporal que une el “¡soy el teniente
coronel Puma, esta comisaría queda bajo custodia militar!” de los Uturuncos
–peronistas- inaugurando la lucha armada “irregular” en el ‘59 , a las
“formaciones especiales” de Taco Ralo de la Fuerzas Armadas Peronistas
–FAP-, al asesinato de Pedro Eugenio Aramburu como acta de nacimiento
de Montoneros –otro 29 de mayo- o la muerte, en Rincón de Milberg –el
8 de marzo de 1971- de Diego Ruy Frondizi, hermano mellizo de Marcelo
“Nono” Frondizi, el sobrino de Silvio, miembro de las FAP. Esa muerte,
por ejemplo, provocó el acercamiento de todo el clan. Y apuró replanteos.
La “voluntad” nacional y popular emocionaba al Líder exiliado, quien
desde una carta a las FAP interpelaba a esos sectores que comenzaban
la lucha política: “Yo tengo una fe absoluta en nuestros muchachos que
han aprendido a morir por sus ideales, y cuando una juventud ha aprendido
y alcanzado esto, ya sabe todo lo que una juventud esclarecida debe
saber”. Nada más, nada menos.
En ese caldo, la presencia de Frondizi, aún con predicamento sobre algunos
sectores radicales, no tendrá incidencia teórico-práctica importante.
El diálogo pasaba por otros carrilles. Y en este marco, las nuevas organizaciones
de la izquierda armada tendrán en Frondizi un referente válido, más
cuando se trate de dar respaldo legal, con renombre, a sus presos políticos
y gremiales, de cualquier organización revolucionaria que sea.
Pero la agudización del conflicto político lo llevarán a acercarse cada
vez más a una de las organizaciones, al PRT-ERP de Mario Roberto Santucho,
dónde militaban algunos de los viejos discípulos del “maestro”. Como
Arnlos Kremer –Luis Mattini, Ana Villarreal, Luis Pujals, Enrique Gorriarán
Merlo, Benito Urteaga, Carlos Molina, Joe Baxter –“ex” Movimiento Nacionalista
Tacuara, ex tupamaro- y Domingo Menna.
Los “perros”, ya alejados del Nahuel Moreno de Palabra Obrera, y que
de alguna manera –con su matriz revolucionaria, proletaria e internacionalista-
parecían coincidir con los diagnósticos del Frondizi constructor político,
trataban de acercarse a Silvio.
Frente a este avance de los sectores populares y de izquierda, por un
lado, y del accionar represivo, cuya metodología incorpora la experiencia
de la lucha contrainsurgente argelina, Frondizi advierte: “La incongruencia
de la situación actual está dada por la ausencia de una estructura de
tipo político que represente a la nueva situación y pueda canalizar
las ansias populares. Esta es la tarea fundamental del momento: la transformación
de todas las estructuras sociales. La otra alternativa es la guerra
civil”.
Del GAN y el péndulo de Perón
Desde mayo del ’70 en adelante, la crisis hegemónica de la Revolución
Argentina –el largo invierno- provoca que el conjunto de los sectores
dominantes empiecen a consentir el retorno de Perón –la consigna movilizante-,
pero sólo con algunas condiciones. Nace el Gran Acuerdo Nacional. La
“normalización institucional”, por primera vez en 18 años, volvía aceptar
a todo el arco político, sin proscripciones. Y el proceso electoral
planteado –polarizado- abrumó a las cientos de organizaciones de izquierda,
pero sobre todo minó la incipiente “unidad” de acción que se perfilaba
desde la masacre de Trelew.
Dolor
del libro perdidoPor Víctor O. García Costa Inicialmente los vendedores pretendían que me llevara el lote, una pilita de libros, proposición que rechacé por poseer el resto. Sólo me interesaba ese libro, encuadernado a la rústica, con tapa dibujada e impresa en colores representativa de los arrabales del pueblo de Valoria. Se trataba de un ejemplar de una vieja edición popular de la Editorial Tor, apócope del apellido de su dueño, don Juan Torrendell, aquella empresa que editaba libros por millares de ejemplares que eran vendidos por monedas. Seguramente, aunque en edición de batalla, salido algún día de 1933 de los tórculos de Tor con toda la soberbia del libro nuevo, intenso y con sus hilos tensos, con sus tapas coloreadas y brillantes, con sus páginas sin huellas de dedos ni humedades de encierro y con su lomo sin arrugas ni cuarteaduras, había quedado de pie en la biblioteca del primer adquirente o poseedor, pero el transcurso del tiempo y los dolores producidos por las veces en que habría quedado sin dueño y abandonado en alguna mesa de saldos habían dejado sus huellas en él. Es posible que, cada vez que alguna persona se acercaba a la mesa de saldos para revisarla y pasaba uno tras otro los libros moviendo alternativa y rítmicamente los dedos índice y anular, haya querido que esos dedos se detuvieran en él, lo levantaran, airearan sus hojas y lo llevaran para que al leerlo despertara de su largo sueño, se le volviera a dar un lugar en una biblioteca, otra vez de pie, y se le permitiera mostrar orgulloso los datos bibliográficos en su lomo. Esperando a su dueño El ejemplar del libro, rescatado por mí, es una obra de Máximo Bontempelli, destacado jurisconsulto y escritor italiano creador de un llamado "realismo mágico", que tiene por título El humorístico caso de Don Eteocles, herrero y falso homicida . El título original de la obra es La famiglia del fabbro y la versión castellana pertenece a Nicolás Olivari. Todo hace suponer que su primer poseedor fue el citado Olivari, porque el ejemplar del libro está dedicado, con fecha incierta, un día de 1933, precisamente por Olivari al periodista y escritor rosarino Armando Cascella, que había dirigido la revista La Gaceta del Sur (1926-1927) y sería luego jefe de redacción de El Diario (1936-1937) y, más tarde, en 1939, año de iniciación de la Segunda Guerra Mundial, corresponsal en Europa de La Capital , de Rosario, y de la Agencia ANDI. Cascella, que sería el segundo poseedor del libro, había publicado cuentos y novelas cortas en LA NACION y La Prensa , así como en El Hogar y Caras y Caretas . También había escrito y publicado Estética cotidiana y La tierra de los papagayos , a la que seguiría La cuadrilla volante , Premio Nacional de Literatura 1938. La dedicatoria dice así: "Para Armando Cascella de su compañero en la traición del bel si suona ", expresión con la que, sin duda, hace alusión irónica a las tareas comunes de traductores (por aquello de "traduttore, traditore") de obras de Bontempelli, efectuadas por ambos. Cascella había traducido 522: un día de amor y locura junto al volante. Olivari era, además de traductor y poeta, principalmente escritor y autor teatral. Había obtenido el Premio Municipal de Poesía en 1927 y como autor teatral otro Premio Municipal en 1930. Entre sus obras figuran La amada infiel , El gato escaldado , La musa de la mala pata , El hombre de la baraja y la puñalada , y La mosca verde . Observé que sobre la tapa y sobre la portadilla el libro tenía, además, el estampado de un sello rectangular pequeño, impreso en tinta azul, con un nombre: Silvio Frondizi . Al verlo y leerlo, años y episodios de horror, como en una película, pasaron raudamente por mi mente. Como ha recordado Horacio Tarcus en su artículo "Tres hermanos, tres destinos", el viernes 27 de septiembre de 1974 un comando de las Tres A entró en el domicilio de Silvio Frondizi, en la calle Cangallo, y lo secuestró junto con su yerno, el ingeniero Luis Angel Mendiburu. Dos horas más tarde, en un comunicado, las Tres A se hicieron cargo del crimen, informando que a las 14.20 de ese día lo habían ajusticiado. Su cuerpo, encontrado en los bosques de Ezeiza, tenía 50 balazos. En 1977, un comando del Ejército completó la obra: confiscó la biblioteca y papeles privados de Silvio Frondizi, distinguido profesor universitario, escritor y fundador del grupo Praxis de lo que se llamó la nueva izquierda argentina. Ya no era el dolor del libro prestado, al que alguna vez se refirió el escritor asturiano Mario de la Viña en su trabajo "Doble dolor del libro prestado". No: era el dolor del libro perdido, que ha quedado sin biblioteca, que es como quedar sin casa, que ya no siente el calor de las manos que lo tomaban ni los dedos que pasaban cuidadosamente sus hojas, que ha quedado sin las lecturas que lo sacaban de esa situación material de vida humana objetivada, al decir de Dilthey, devolviéndolo cada vez a la posibilidad de transmitir su vida espiritual. Cuánto dolor sufrió ese libro desde que fue arrancado de la biblioteca de Silvio Frondizi hasta llegar a la casa de compraventa de Ezeiza, ciudad que forma parte de la tragedia argentina. Ese libro es como un símbolo de las bibliotecas saqueadas y quemadas por las hordas que más de una vez mostró la anticultura vernácula. Y en ese simbolismo, la aparición en Ezeiza, precisamente, del libro de Bontempelli ha sido como el relato, tanta veces contado, del perrito que se ha dejado morir al pie del sepulcro de su dueño, esperándolo. Lo mismo iba a ocurrir aquí, con un libro, en Ezeiza. Pero ahora está entre mis manos. El autor es escritor y dirigente socialista Fuente: La Nación |
El PRT levanta dos candidaturas
obreras: la de Agustín Tosco y Armando Jaime. Silvio, desde el periódico
Nuevo Hombre, apoya esta idea. Pero Nuevo Hombre, fue un periódico de
izquierda, independiente, fundado por el periodista Enrique Walker,
y luego dirigido por Silvio. En este emprendimiento colaboraron Alicia
Eguren –militante y esposa de John William Cooke, ya muerto-, Rodolfo
Ortega Peña –el otro gran abogado de los presos políticos de los ‘70-
y su discípulo Eduardo Luis Duhalde, que por aquellos años publicaba
su libro sobre el secuestro y asesinato de Felipe Vallese –el “primer
desaparecido”- .
Como director de la publicación fue detenido y llevado a la dependencia
de la Policía Federal de la calle Moreno al 1400; y también en abril
de 1972 en Unquillo, dónde fue detenido junto a su hijo por denuncias
sobre preparativos insurgentes. A la salida de la prisión convoca a
una conferencia de prensa en nombre del Movimiento Nacional Contra la
Tortura y la Represión para denunciar algunos casos de torturas a detenidos
políticos.
El renombre del abogado tampoco pudo evitar que le cayeran encima varios
atentados; una bomba –por ejemplo- destruyó sus oficinas en Corrientes
al 2080, donde funcionaba la dirección de Nuevo Hombre; se arma otra
conferencia, a esta asisten Peña, Luis Cerruti Costa, Eduardo Luis Duhalde,
Raúl Aragón y Vicente Zito Lema, donde se presentan casos de represión
“informal” contra abogados de presos; más tarde incendian su estudio
jurídico de la calle Lavalle al 1500. Una anécdota: sin chequear las
fuentes, ese tercer atentado se publicó en el diario La Razón, donde
se comunicaba su muerte; y Silvio se entera –yendo a tomar exámenes-
en la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras, cuando su hijo Julio
lo intercepta, junto aun periodista amigo, y le informa de “su” fallecimiento.
Por otro lado, la campaña electoral lo anima a puntualizar desde Nuevo
Hombre que la salida a la crisis la tiene que emprender “... la clase
obrera y el pueblo luchando desde la base contra sus enemigos y contra
sus falsos amigos, es decir, contra quienes usurpan las banderas populares
para frenar y traicionar, para expandir el maccartismo y el desaliento
en la revolución”.
Luego, al caer la candidatura “clasista” de Tosco y Jaime, Frondizi
se aleja de Nuevo Hombre, y en manos de Rodolfo Mattarollo la publicación
muta a vocero del Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS), que
llama a votar en blanco en las elecciones. Silvio, que entiende que
hay que participar de las elecciones, logra articularse, precariamente,
con la estructura de Abelardo Ramos y Spilimbergo, siendo el candidato
extrapartidario a senador del FIP con la consigna “liberación nacional
y patria socialista”.
Pero el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima es aplastante, y con
la vuelta de Perón y el inicio de las acciones de la Alianza Anticomunista
Argentina de José López Rega –la Triple A-, el panorama lo vuelve a
acercar al FAS y a otras organizaciones dispersas de la izquierda, como
la Liga Comunista Revolucionaria, el Peronismo de las Bases o con “Fracción
Roja”, una escisión del PRT-ERP.
Al “maestro” con cariño
Abocado a su cátedra de Ciencias Políticas de la Carrera de Sociología,
junto a Julio Godio y al abogado José Luis Díaz Colodrero, y a sus funciones
de cobertura legal de los presos políticos, inunda con denuncias sobre
torturas a diferentes tribunales y visita frecuentemente las cárceles
del gobierno de la “pacificación”. Sufrió, por esto, múltiples amenazas,
intimidaciones y atentados pero, a pesar de los consejos de sus amigos,
se negó a exiliarse. Inclusive una versión asegura que el PRT de La
Plata llegó a considerar el secuestro de Frondizi para llevarlo a algún
lugar seguro.
Altivo, denuncia y enfrenta a personajes como Luciano Benjamín Menéndez,
al Comisario de la Policía Federal Alberto Villar, integrante de la
Triple A de “lopecito”, que tras la muere de Perón –el 1º de Julio de
1974-, desató una verdadera ofensiva sobre las organizaciones populares,
llegando producir alrededor de quinientos asesinatos políticos, entre
ellos los de Rodolfo Ortega Peña –ametrallado el 31 de julio de ese
año-, el padre Mugica y Alfredo Curuchet –quien era el principal testigo
en la denuncia conjunta que elaboraron sobre ejecuciones de guerrilleros
apresados vivos en Catamarca-.
Finalmente, el viernes 27 de septiembre de ese año un comando de la
Triple A -dirigido por el subcomisario Juan Ramón Morales y el subinspector
Rodolfo Eduardo Almirón Sena- secuestró a Silvio Frondizi de su casa
de la calle Cangallo, hoy rebautizada “Perón”. En el incidente fue asesinado
su yerno, el ingeniero Luis Angel Mendiburu, militante de la Juventud
Universitaria Peronista, que corre hasta la calle desarmado y es muerto
en la entrada del edificio al tiempo que el hijo de Silvio, Julio, abre
fuego desde la ventana con un calibre, una “22”, que impacta en un neumático
del Falcón que queda abandonado sobre la calle Río de Janeiro. Dentro
de la casa quedaban Silvia Frondizi, la esposa de Mendiburu, y su hija
de pocos meses, la que, al momento del secuestro estaba en brazos de
su abuela, Pura Sánchez de Frondizi, quien de un puntapié arroja a la
niña debajo de una mesa.
Dos horas más tarde, un comunicado de la Triple A se atribuyó el crimen
e informó que su cuerpo había sido arrojado en un descampado de Ezeiza:
El diario Crónica reproduce la gacetilla: “Sepa el pueblo argentino
que a las 14.20 fue ajusticiado el disfrazado número uno, Silvio Frondizi,
traidor de traidores, comunista y bolchevique (...) Viva la patria.
Viva Perón. Vivan las Fuerzas Armadas”. ¿Traidor? ¿A quién?
Es su hermano Arturo –el ex presidente que coqueteó con Perón a través
de Rogelio Frigerio, el amigo de Silvio, su primer compañero- quien
reconoce el cadáver en el Hospital de Ezeiza -lo acompañan su sobrino
Marcelo y su hija-, y dolorido comprueba que uno de los brazos está
destrozado por varias de las 50 balas recibidas, evidentemente trató
de cubrirse en un gesto reflejo frente al fusilamiento.
Risieri, que estaba en Estados Unidos, volvió rápidamente al país para
el velorio de su hermano, en el local de la UTN. Allí recordó a su hermano,
junto a la familia, los amigos, entre los que estaban la viuda de Peña
y José L. Díaz Colodrero, y admiradores del intelectual revolucionario,
aquel que supo interpretar al peronismo, ganarse el respeto del Che
–cuyos Cuadernos de Praga, críticos de la economía soviética, recuerdan
a Silvio- e influir sobre cientos de militantes apelando la formación
de un hombre integral, nuevo.
Durante el funeral, el salón de Medrano y Córdoba estaba obturado por
cientos de militantes, casi todos jóvenes, portadores de infinidad de
banderas y periódicos y flores, que entonaban La Internacional o Los
Muchachos Peronistas, cada uno a su turno -con respeto hacia los dos
féretros que estaban en el centro de la nave-, algunos levantaban sus
puños, otros sus dedos en “V”, pero todos observaron cómo, en el más
duro silencio, apareció Julio, el hijo, y avanzó hasta su padre para
ponerle una manzana, enorme y roja, sobre el ataúd.
Finalmente, el cortejo se dirige hacia el cementerio de Chacarita, y,
no obstante estar muerto, la Policía al mando del comisario Villar,
volvió a hacer de las suyas: reprimió la caravana, que avanzaba por
Angel Gallardo y secuestró el cadáver de Silvio, por segunda vez.
Tres años después, la dictadura de Videla ordenó el secuestro de su
archivo y biblioteca. Después de todo, era una voz que debía ser silenciada,
la de un intelectual
que se atrevió a actualizar la reflexión crítica, revolucionaria, desde
el marxismo no dogmático, a dos aguas de la vieja y la nueva izquierda,
pero que se zambullía entero a las aguas de la filosofía de la praxis.
Ese final hace recordar las palabras de George Lukács: “La entrega es
el camino del místico, la lucha es el del hombre trágico; en aquel el
final es una disolución, en éste es un choque aniquilador (...) Para
la tragedia, la muerte es una realidad siempre inmanente, indisolublemente
unida con cada uno de sus acontecimientos”.

Homenaje
a Silvio Frondizi a 37 años de su brutal asesinato
Por Luis Mattini *
27/09/11
|
Entrevista con Luis Mattini, compañero de militancia de Silvio Frondizi. Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres |
También negó el populismo
que trató al peronismo como movimiento de liberación nacional, reconociendo,
sin embargo, todo el carácter positivo del peronismo como expresión
de la burguesía nacional y sostenedor de la organización obrera, sin
dejar de mencionar sus limitaciones lógicas en una sociedad burguesa,
caracterizándolo como bonapartismo
En 1970 se unió al PRT- ERP en los frentes de masas de esa organización
(el FAS y el MSB) expresiones políticas en la que aplico todas sus teorías
para la revolución. Fue el responsable de las denuncias de la masacre
de guerrilleros de ERP perpetrada en Catamarca.
El 27 de septiembre de 1974 un comando de la Alianza Anticomunista Argentina
irrumpió en su casa de Buenos Aires para secuestrarlo, asesinando a
su yerno, que intentó defenderlo. Horas más tarde la Triple A se adjudicó
el asesinato, informando sobre la ubicación del cadáver de Silvio, brutalmente
golpeado y acribillado por la espalda a través de un comunicado público.
La triple A lo asesino, pero no pudo detener sus ideas.
Conocí a Silvio, y compartí con él la militancia en Praxis y luego en
el PRT-ERP. Gracias a la invitación de Peña Lillo Continente y la colaboración
apasionada de Juan Jorge Barrero se re-editarán sus obras dentro de
su colección Pensamiento Nacional el año entrante. 37 años después Silvio
Frondizi continúa su lucha. Un homenaje a un uno de nuestros mas dignos
intelectuales es recordar sus ideas.
* Seudónimo de Arnol Kremer Balugano, nació en Zárate en 1941. Iniciado
a la vida política en 1959 en el grupo PRAXIS, fue activista sindical
en ATE, UOM y Navales; protagonista de las luchas políticas de los ’60,
y dirigente del PRT-ERP con el “nombre de guerra” Luis Mattini —seudónimo
que conserva como identificación del compromiso militante— en los ’70.
Fuente: http://www.profanascartas.blogspot.com
VOLVER A CUADERNOS
DEL PENSAMIENTO
|
|