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PETITERO
- El lechuguino o pisaverde -en inglés dandy- , ese sujeto atildado, afectado, bien
vestido y quizás un poco amariconado, se presta tanto para la cachada como para
alimentar de nuevas palabras los mataburros de los argots. En el lunfardo tenemos
la serie cronológica cajetilla - fifí - pituco - petitero. El término más
antiguo es cajetilla, derivado, supuestamente, de chaquetilla, y data de fines
del siglo XIX. En los años '20 cajetilla comenzó a ser reemplazado por
fifí, diminutivo francés. En los '30 fifí se reemplazó por pituco,
pero desde los años 40 predominó largamente petitero, derivado del Petit
Café de la avenida Santa Fe, tradicional sitio de reunión de los jóvenes elegantes
de la época. El los 60-70 alcanzó alguna difusión el término caquero, supuestamente
derivado de caca. Actualmente los jóvenes ya no se nombran petiteros, coexisten
en cambio careta, fachero, concheto y otros en un entramado conceptual difuso y cambiante. Tal vez
un posible equivalente de los cajetillas, los fifís, los pitucos
y los petiteros en la actualidad sea el joven adaptado, adiestrado, arrogante
y exitoso o yupi.
Palabritas anteriores

MERSA
- Voz de supuesto origen genovés (mersa: comerciante) o piamontés (merssa: palo
de baraja), "mersa" o "merza" se empleó aproximadamente hasta 1945 con la significación
única de cáfila, conjunto de gente de mala catadura o baja condición. Luego el vocablo
pareció caer en desuso, pero fue rescatado a partir de los años 60 por una revista
humorística, pero ahora con una acepción distinta: en lugar de cáfila vino a usarse
para designar al snob, el individuo que se afana por brindar una imagen superior
de sí mismo, el hombre vulgar que alardea de fineza, sin llegar a poseerla. Este
cambio semántico fue acompañado de un cambio de género, pues la palabra pasó del
femenino al masculino, de "la mersa" a "el mersa". El término también se adjetivó,
desplazándose para designar cualquier objeto, circunstancia o persona chabacana,
vulgar y de mal gusto, desde las convenciones culturales vigentes (un auto mersa,
unos zapatos mersas, un programa mersa, un tipo mersa, etc.). (Datos: Mario Teruggi,
Panorama del lunfardo, Sudamericana, 1978)

EL
ESPIRITU DE CRITICA DEL LUNFARDO - "Nacido como un desafío espontáneo a la cultura
dominante, el lunfardo comparte con los otros argots, mediante sus creaciones lexicológicas,
la característica fundamental de que trata de denigrar los preceptos y valores esenciales
de las clases superiores. El lunfardo desafía verbalmente a la sociedad establecida
y, en esa lucha de vocablos, busca rebajar y humillar lo que la cultura dominante
considera lo más venerado y sagrado. De esa manera se produce lo que Guiraud llama
la 'denigración de los valores', que finalmente conduce a la formación de una 'moralidad
al revés' ('reversed morality', según la expresión de Wentworth y Flexner), que
invierte los valores de la sociedad rectora o 'establecimiento'. Es innegable que
el lunfardo no hace excepción y, efectivamrente, contiene abundantes vocablos de
mofa y burla, que apuntan precisamente a rebajar lo que la cultura 'oficial' defiende..."
(Mario Teruggi, 'Panorama del lunfardo', Editorial Sudamericana, 1978)

GORILA
- Los procedimientos creadores del lunfardo son varios, entre ellos lo que los lingüistas
llaman "especializaciones por restricción del significado", que consiste en el pasaje
del sentido general de un término a otro sentido particular. En este caso "gorila",
de su acepción original de mono antropoide, pasó a designar al antiperonista recalcitrante.
Fue el humorista argentino Aldo Cammarota (1930-2002) quien posibilitó que surgiera
el término. En 1985 refrescó ese episodio en una columna escrita para Clarín: "En
marzo de 1955, hice por radio (en La Revista Dislocada) una parodia de Mogambo,
una película con Clarke Gable y Ava Gardner, que sucedía en Africa. En el sketch
había un científico que ante cada ruido selvático, decía atemorizado: ''deben ser
los gorilas, deben ser". La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que
se escuchaba y sucedía, la moda era repetir "deben ser los gorilas, deben ser".
Primero vino un fallido intento de golpe y luego el golpe militar de 1955. Al ingenio
popular le quedó picando la pelota: "Deben ser los gorilas, deben ser". Los golpistas
se calzaron, gustosos, aquel mote.

CAFISHIO
- Parece que esta palabra, que designa en lunfardo al proxeneta, deriva del italiano
stoccafisso (a su vez tomado del alemán Stockfisch, literalmente pez palo o bacalao
seco), que solía usarse para designar a una persona rígida o delgada. Por su andar
tieso y duro, la rigidez del porte, y a veces el rostro empolvado, de los rufianes
de fines del siglo XIX se decía "parece un stoccafisso", comparación que deriva
en la metáfora "es un stoccafissio", deformado luego en "cafishio" o cafiyio. También
se les decía "caralisa" por idéntica razón.

PIRINGUNDIN
- ¿QUE ERAN LOS PIRINGUNDINES DEL BAJO? - Hay que situarse en el Buenos Aires
de los años '20, en la zona de la recova de Leandro Alem y 25 de mayo. Un lugar
embebido de olores y colores del cercano puerto (todavía se escuchaban los lúgubres
lamentos de las sirenas de los barcos). De noche apenas iluminado por la luz teñida
de grisados caracoles de humo que emanaban los piringundines, locales semejantes
a cafés donde la concurrencia pedía a gritos un poco de alcohol, algo de sexo y
mucha diversión. Eran habituales las Orquestas de Señoritas, que no eran ni orquestas
ni señoritas sino muchachas de ligera vida grotescamente disfrazadas de músicos,
que no tocaban sino que gesticulaban, hacía mimo, mientras de fondo algún gastado
disco desgranaba los compases de un tango. Los hombres, marineros y compadritos
de lengue (pañuelo de cuello) con el funyi (sombrero) puesto -algo inusual en otros
ambientes- bebían largamente, fumaban cigarros baratos y gritaban desaforados en
extrañas lenguas la alegre tristeza de una soledad que no se quiere ir. Algo que
quizás nadie mejor que el tango supo interpretar.

MANYAR
- El verbo se origina en el patio del Departamento de Policía, antes que se generalizara
el uso de la fotografía. Allá se disponían en círculo a los delincuentes: carteristas,
cuenteros, punguistas, infractores a repetición. Se producía entonces una tarea
de reconocimiento, cada agente fijaba largamente su mirada en cada pícaro, tratando
de retener para siempre su fisonomía. De esa manera podría luego reconocerlo si
estuviera a punto de afanarse una cartera en el subte o el tranvía. La escena en
que se fijaban los rasgos lambrosianos del sujeto era el "mangiamiento". De allí
proviene el verbo filosófico "manyar". Manyar es conocer profundamente, más allá
del "campaneo", de la "relojeada" y de la "pispeada" . En el tango "Mano a mano",
la letra dice "...se dio el juego de remanye", lo que significa manyamiento doble
o recíproco, es que se han conocido y reconocido ambos, el protagonista de la canción
y la percanta que lo amuró. (Datos C. Giuria, "Indagación del porteño", 1965)
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