RICHARD STALLMAN Y EL SOFTWARE LIBRE

“Compartir programas es ilegal, pero no inmoral” - R.S.

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Richard M. Stallman (también conocido como ‘rms’) es el fundador del proyecto para el desarrollo del sistema operativo libre GNU (GNU’s Not Unix, o sea, "GNU No es Unix") y de la Free Software Foundation, que financia y difunde el proyecto GNU. GNU se refiere tanto al desarrollo del sistema operativo completo (que incluye el kernel -núcleo del sistema- Linux, que es como se suele denominar por extensión a todo el sistema operativo) como al proyecto cooperativo para desarrollarlo. El proyecto GNU nació en 1983 como una lucha para recuperar el espíritu de cooperación antimercantil que había a principios de los años setenta en las comunidades de hackers y eliminar los obstáculos que ya por entonces  -mediados de los años ochenta- imponían los fabricantes de software propietario. El objetivo de GNU es promover el desarrollo y uso de free software, construyendo un sistema operativo completo totalmente libre que elimine la necesidad de usar software propietario (sometido a copyright). Libre significa aquí el derecho al uso, a la copia, a la redistribución y a disponer de las fuentes para modificar cualquier programa, sin ninguna otra restricción más que la de que nadie se apropie legalmente de esas mejoras, ni de que nadie pueda impedir que otr@s las disfruten (es decir, libre de patentes y copyrights). A ese derecho "que protege el uso libre en vez de la propiedad" se le denomina copyleft, y está plasmado legalmente en la GPL (General Public License).

Richard Stallman: "Compartir programas
es ilegal pero no inmoral"

Enero 2005, Richard Stallman, el creador del movimiento del software libre, visitó Colombia para difundir algunas de sus polémicas opiniones.

En el escenario y fuera de él parece un líder religioso. No solo por su aspecto cuidadosamente descuidado, su pelo y su barba largos, su particular forma de hablar el español y su informal manera de vestir, sino porque genera una admiración especial por parte de miles de desarrolladores de software y estudiantes de ingenierías en todo el mundo.

Para muchos, Richard Matthew Stallman es una especie de profeta iluminado. Es el representante de un movimiento que está en contra de las patentes de software, en un mundo en el que las grandes corporaciones, como Microsoft, ganan millones de dólares por su software y a la vez son muy admiradas.

Hace 21 años, cuando el desarrollador de software y hacker Richard Stallman vio que todos los sistemas operativos tenían un dueño, decidió iniciar el movimiento del software libre (www.fsf.org) y creó un sistema operativo, que denominó GNU (www.gnu.org). “En 1992, Linus Torvalds desarrolló el núcleo del sistema, llamado Linux, y llenó lo único que le faltaba a GNU para ser un sistema operativo completo. Hoy GNU/Linux tiene unos 100 millones de usuarios”, señala.

Más allá de sus logros como desarrollador, se afirma que su aporte más significativo es el marco de referencia ético, político y legal para el movimiento del software libre, traducido en su búsqueda de la libertad.

Stallman, quien tiene 52 años de edad, estuvo en Bogotá como principal invitado de la primera Feria Interactiva del Software Libre, organizada por la Universidad Autónoma de Colombia. Él habló con EL TIEMPO sobre su movimiento y el software propietario.

- ¿Cuál es su motivación para recorrer diferentes países hablando del software libre?

Mi interés es difundir las ideas del software libre, para que la gente reconozca qué es la libertad y así pueda valorarla y luchar por mantenerla. La historia nos enseña que la libertad no se mantiene automáticamente, pues siempre afronta peligros, así que debemos defenderla día tras día. Nuestra meta es la liberación del ciberespacio y del uso de los computadores por medio del software libre.

- ¿Cómo se relaciona la libertad con el software?

En inglés es más difícil explicarlo que en español, pues el término ‘free software’ se puede entender como ‘software gratis’ o como ‘software libre’. En español es claro que se trata de software que brinda libertad a sus usuarios y desarrolladores.

- ¿Cuáles son esas libertades que brinda el software libre y no el software propietario?

Primero que todo, yo no hablo de software propietario, sino de software privativo, pues priva a las personas de las libertades que merecen, así que este nombre muestra más claramente la injusticia de ese tipo de software.

Estas libertades son cuatro: libertad para utilizar los programas (libertad 0), libertad para conocer su código y cambiarlo según sus necesidades (libertad 1), libertad para hacer copias y distribuirlas entre otros (libertad 2) y libertad para publicar versiones modificadas (libertad 3).


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El software comercial es injusto porque impide algunas de estas libertades.

- Pero algunas aplicaciones de software ‘privativo’ son gratuitas y permiten utilizarlas y compartirlas, que es lo más importante para los usuarios no técnicos…

Estas cuatro libertades no solo benefician a los desarrolladores, sino a todos. Aunque los usuarios finales aprovechan las libertades 0 y 2, el hecho de que las personas que escriben software cuenten con otras libertades también los benefician. Es como la libertad de prensa: pocos la ejercen, pero toda la sociedad se beneficia de ella.

- ¿Cuánto ha avanzado el movimiento del software libre en estos 21 años?

En número de usuarios no vamos ni a mitad de camino, y en cuanto a trabajo estamos más avanzados, pero tenemos que luchar a diario contra las empresas que desarrollan software privativo.

- ¿Cuáles son esas empresas enemigas del software libre?

Microsoft es nuestro peor enemigo, por sus prácticas de negocio y porque juega al imperio; ofrece copias gratuitas en las escuelas para generar adictos a su software, pero cuando esas personas sean grandes no les dará las copias gratuitas, pues ya les ha dado la primera dosis.

Pero no es el único: compañías como Adobe han acusado a desarrolladores de software libre por escribir programas que benefician a la gente pero que atentan contra su negocio.

- ¿SCO es otro de los enemigos? ¿Qué opina de la caída de los ingresos de esta empresa?

SCO no es un gran peligro. Afirma que es dueña de parte del código del núcleo del sistema operativo GNU/Linux, pero no tiene argumentos. Incluso si ganara el juicio, no perderíamos tanto, solo algunas funcionalidades del núcleo del sistema operativo.

- Microsoft ha bajado los precios de Windows en países emergentes. ¿Cómo afecta esto al software libre?

El precio bajo de Windows, o incluso que fuera gratis, no cambiaría nada porque el tema no es precio, sino libertad, y Windows me quita la libertad (para conocer su código, para modificarlo, para distribuirlo). Cuando Microsoft baja los precios, simplemente añade más carnada a la trampa de su software.

- Muchas personas creen que el software libre no es tan fácil de usar como el de los grandes fabricantes. ¿Qué opina?

Hoy el software libre es tan fácil de usar como el privativo. El sistema operativo GNU/Linux tiene distribuciones que funcionan de la misma forma que Windows, y esto también sucede con cientos de programas.

Una prueba de esto son los telecentros de Sao Paulo, que usan software libre y están destinados a la gente pobre: se creía que era necesario mucho esfuerzo para capacitar a las personas con el software, pero rápidamente aprendieron a utilizarlo y hoy lo aprovechan al máximo y no requieren grandes salas de capacitación.

- Se tiende a hablar de software libre y de open source (software de código abierto) como si fueran el mismo concepto. ¿Cuál es la discrepancia entre ambos?

Casi todos los programas libres son open source, y viceversa, así que en el tema de las licencias somos muy similares. La gran diferencia está en la filosofía: para nosotros lo principal es la libertad, mientras que para el movimiento open source esto no es prioritario, la funcionalidad del software es lo principal, y la libertad es algo secundario.

- Bajo el modelo del software libre no existe la piratería. ¿Qué opina de este delito?

Creo que es un error llamar piratería a compartir copias, porque atacar barcos y robarlos no tiene nada que ver con ayudar al prójimo compartiendo programas. Compartir programas es una de las libertades que brinda el software libre. Y en el caso del software privativo, compartirlo es ilegal, mas no inmoral.

- Para terminar, ¿qué software utiliza en su computador portátil?

Uso Debian, una distribución del sistema operativo GNU/Linux, aunque la empresa ha empezado a vender software privativo y pienso instalar Ubuntu, la distribución que mejor acoge los principios del software libre. Y casi todo mi trabajo lo hago con el editor de texto Emacs.


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Conferencia de Richard Stallman sobre patentes de programación

Por Zorn

En primer lugar habló Jesús González Barahona, introdujo el problema informando sobre el estado de las patentes de programación [1] en Europa. La ley de patentes que comparten varios países de la Unión Europea niega explícitamente la existencia de patentes de programación. Sin embargo, en los últimos años, se están otorgando patentes a ideas de programas. Por otra parte, existe un proyecto de aceptar las patentes de programación en el marco de la Unión Europea. Barahona informó de los distintos proyectos que, tanto en el ámbito estatal como en el europeo, se están llevando a cabo para impedir la aprobación de la ley. Entre ellos, se habló de FFII y de Eurolinux en Europa y de Proinnova en el estado español.

Richard Stallman comenzó haciendo una distinción clara entre derechos y de autor y propiedad industrial. En su opinión, la idea de “propiedad intelectual” no sirve sino para ofuscar y confundir: la propiedad intelectual rige los derechos de autor y la propiedad industrial, el derecho de patentes, se aplica a las ideas y a su implementación.

La publicidad de las patentes no es muy distinta a la de la lotería: se hace mucho hincapié en la mínima posibilidad de le toque a uno y se oculta la enorme posibilidad de que no le toque. Para evitar esta trampa, Stallman se centró en cómo afectan las patentes a un programador que está desarrollando un programa nuevo.

El programador que se enfrenta a este problema tiene que tener en cuenta que seguramente ni siquiera pueda tener acceso a todas las patentes existentes que puedan afectarle: algunas son potenciales y secretas; otras tienen nombres oscuros que nada tienen que ver con lo que cubren (algo que sólo un abogado puede saber: a menudo, ni siquiera el dueño de una patente sabe qué cubre).

Cuando un programador se enfrenta a una patente puede hacer tres cosas: o evita la patente o compra una licencia o combate la pertinencia de la patente en los tribunales. El problema es que no todas las opciones son siempre posibles y, a veces, ninguna de ellas es posible. Evitar una patente depende de la amplitud del campo que cubre. Comprarla no siempre es económicamente posible, pero es que además su propietario no está obligado a dar la licencia en ningún caso. Enfrentarse a la patente en los tribunales tiene los problemas que son evidentes y encarece desmesuradamente el proyecto.

A veces se patentan funcionalidades, como las que tiene el cualquier procesador de textos. Se han dado casos en los que se ha tenido que desactualizar la versión por incorporar funcionalidades bajo patente. Funcionalidades que han podido ser patentadas con posterioridad a su uso en programas antiguos (emacs con la expansión de las abreviaturas).

Existe el mito de que las patentes defienden a los genios aislados muertos de hambre. La patente remuneraría es esfuerzo, el sacrificio de ese gran asceta. Como todo mito su conexión con la realidad es muy lejana. En primer lugar, porque la mayoría de las ideas importantes en programación se producen en grupo; y, en segundo lugar, porque en el ámbito de la informática los genios no suelen morirse de hambre, sino que, por lo general, consiguen trabajo.

En teoría los pequeños desarrolladores de programas podrían defenderse de los grandes a través de sus patentes. En la práctica esto no es cierto. Los grandes tiene, además de más dinero, más patentes. Si una patente de un pequeño le interesa a un grande éste se la puede comprar o negociar una licencia cruzada (intercambio o mejor libre uso de una idea patentada a cambio del libre uso de la idea patentada por el otro). Evidentemente, el proceso inverso jamás se da. Así, la ley de patentes te puede defender de otras empresas pequeñas, pero nunca de las grandes.

Desarrollar software en un contexto con patentes es como cruzar un campo de minas. A cada paso la probabilidad de cruzarte con una patente no es muy grande, pero cruzar el campo entero implica casi necesariamente que pisaremos alguna patente.

En un nuevo ejercicio de empirismo, Stallman diferenció la existencia de patentes en el campo del software de la existencia de patentes en otros campos de la industria o la física. Tal vez en éstos, dijo, las patentes sean buenas y necesarias, pero no ocurre así en la programación. ¿Por qué? Porque el software es puro lenguaje: no hay que preocuparse de leyes físicas que pueden desbaratar el proyecto, ni de establecer mecanismo de reemplazo en caso de deterioro (a diferencia de lo que pasa con la válvula de un motor, el programador no tiene que diseñar un mecanismo para reemplazar una línea if en caso de que se estropee). Por otra parte, el proceso de producción de un programa no requiere más que darle muchas veces a la tecla de “Copiar” y no diseñar un mecanismo de producción que implica a muchas empresas y que es a menudo más costoso que el diseño de la idea.

El software es una estructura matemática, es decir puro lenguaje. El software no es una idea, es la encarnación de esa idea un lenguaje. Las patentes impiden el desarrollo del software, premian a uno por el trabajo de muchos, impide el progreso de todos.

La existencia de patentes afecta a todos los desarrolladores de software, pero en el caso de los desarrolladores de software libre las consecuencias son catastróficas. En primer lugar porque es imposible determinar el número de copias que circulan de un programa libre. En segundo, porque no podría mantenerse la gratuidad de los programas.

[1] Una patente es una protección estatal sobre una idea que dura 20 años. Es una concesión que provoca el uso monopólico de esa idea por quien posee la patente, que no está obligado en ningún caso a dar licencias.

Tomado de http://acp.sindominio.net


El derecho a leer

Richard Stallman

Extraído de La ruta hacia Tycho, una recopilación de artículos sobre los antecedentes de la Revolución Lunar,
publicado en Luna City, en el año 2096.

El camino hacia Tycho comenzó para Dan Halbert en la Facultad, cuando Lissa Lenz le pidió que le dejara su ordenador. El suyo se había averiado, y si no se lo dejaba alguien no podría terminar el proyecto semestral. Ella no se habría atrevido a pedírselo a nadie, excepto a Dan. Esto situó a Dan ante un dilema. Tenía que ayudarle, pero si le prestaba su ordenador, ella podría leer sus libros. Además de poder ir a prisión durante muchos años por dejar que alguien leyese sus libros, la misma idea de hacerlo le escandalizó al principio. Igual que a todo el mundo, le habían enseñado desde el parvulario que compartir los libros era repugnante y equivocado, algo que sólo haría un pirata. Y era muy probable que la SPA (Software Protection Authority, Autoridad para la Protección del Software) les cogiese. Dan había aprendido en su clase de software que cada libro tenía un chivato de copyright que informaba a la Central de Licencias de quién, dónde y cuándo lo leía. (Esta información se utilizaba para coger a piratas de la lectura, pero también para vender perfiles de intereses personales a comerciantes.) La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la Central de Licencias sería informada. Él, como dueño de un ordenador, podría recibir el castigo más severo, por no tomar medidas para prevenir el delito.

Por supuesto, podría ser que Lissa no quisiera leer sus libros. Podría querer el ordenador sólo para escribir su proyecto. Pero Dan sabía que ella era de una familia de clase media, y que a duras penas podía pagar la matrícula, y menos aún las cuotas de lectura. Puede que leer los libros de Dan fuese para ella la única forma de terminar los estudios. Sabía lo que era eso: él mismo había tenido que pedir un préstamo para poder pagar los artículos de investigación que leía. (El 10% de los ingresos por ese concepto iba a parar a los investigadores que habían escrito los artículos. Como Dan pretendía dedicarse a la investigación, tenía esperanzas de que algún día sus propios artículos, si eran citados frecuentemente, le proporcionarían el dinero necesario para pagar el préstamo.)

Más tarde Dan supo que había habido un tiempo en el que cualquiera podía ir a una biblioteca y leer artículos de revistas especializadas, e incluso libros, sin tener que pagar. Había estudiantes independientes que leían miles de páginas sin tener becas de biblioteca del Gobierno. Pero en los años noventa tanto los editores de revistas sin ánimo de lucro como los comerciales habían comenzado a cobrar cuotas por el acceso a sus publicaciones. Hacia el año 2047 las bibliotecas que ofrecían acceso libre a la literatura académica eran un recuerdo lejano.

Naturalmente había formas de engañar a SPA y a la central de Licencias.

Eran, por supuesto, ilegales. Dan había tenido un compañero en la clase de software, Frank Martucci, que había conseguido una herramienta legal de depuración y la había utilizado para saltarse el código del chivato de copyright cuando leía libros. Pero se lo había contado a demasiados amigos, y uno de ellos le delató a la SPA para obtener una recompensa (los estudiantes muy endeudados eran fácilmente tentados por la traición). En 2047 Frank estaba en la cárcel, no por practicar la piratería de la lectura, sino por poseer un depurador.

Dan supo más tarde que hubo un tiempo en el que cualquiera podía poseer herramientas de depuración. Incluso había herramientas de depuración libres, disponibles en CD, o en la red. Pero los usuarios normales comenzaron a utilizarlas para saltarse los chivatos de copyright, y llegó un momento en que un juez estimó que éste se había convertido en el principal uso de los depuradores. Esto provocó que pasasen a ser ilegales, y se encarcelara a quienes los desarrollaban. Naturalmente, los programadores aún necesitaban herramientas de depuración, pero en el año 2047 los vendedores de depuradores sólo distribuían copias numeradas, y únicamente a programadores con licencia oficial, y que hubiesen depositado la fianza preceptiva para cubrir posibles responsabilidades penales. El depurador que utilizó Dan en la clase de software estaba detrás de un cortafuegos especial para que sólo lo pudiese utilizar en los ejercicios de clase. También era posible saltarse los chivatos de copyright si se instalaba un kernel modificado. Más adelante, Dan supo que habían existido kernels libres, incluso sistemas operativos completos libres, hacia el fin del siglo anterior. Pero no sólo eran ilegales, como los depuradores, sino que no se podían instalar sin saber la contraseña del superusuario del sistema. Y ni el FBI ni el Servicio de Atención de Microsoft iban a decírtela.

Dan acabó por concluir que no podía dejarle el ordenador a Lissa. Pero tampoco podía negarse a ayudarle, porque estaba enamorado de ella. Le encantaba hablar con ella. Y el que le hubiera escogido a él para pedir ayuda podía significar que ella también le quería.

Dan resolvió el dilema haciendo algo aún más inimaginable: le dejó el ordenador, y le dijo su contraseña. De esta forma, si Lissa leía sus libros, la Central de Licencias creería que era él quién los estaba leyendo. Aunque era un delito, la SPA no podría detectarlo automáticamente. Sólo se darían cuenta si Lissa se lo decía.

Por supuesto, si la facultad supiese alguna vez que le había dicho a Lissa su propia contraseña, sería el final para ambos como estudiantes, independientemente de para qué la hubiese utilizado ella. La política de la Facultad era que cualquier interferencia con los medios que se usaban para realizar seguimientos del uso de los ordenadores por parte de los estudiantes era motivo suficiente para tomar medidas disciplinarias. No importaba si se había causado algún daño: la ofensa consistía en haber dificultado el seguimiento por parte de los administradores. Asumían que esto significaba que estabas haciendo alguna otra cosa prohibida y no necesitaban saber qué era.

Los estudiantes no solían ser expulsados por eso. Al menos no directamente. Se les prohibía el acceso al sistema de ordenadores de la Facultad, por lo que inevitablemente suspendían todas las asignaturas.

Posteriormente Dan supo que este tipo de política universitaria comenzó en la década de los ochenta del siglo pasado, cuando los estudiantes universitarios empezaron a utilizar masivamente los ordenadores. Anteriormente, las Universidades mantenían una política disciplinaria diferente: castigaban las actividades que eran dañinas, no aquéllas que eran simplemente sospechosas.

Lissa no delató a Dan a la SPA. La decisión de Dan de ayudarle les condujo al matrimonio, y también a cuestionarse las enseñanzas que habían recibido de pequeños sobre la piratería. La pareja comenzó a leer sobre la historia del copyright, sobre la Unión Soviética y sus restricciones para copiar, e incluso la Constitución original de los Estados Unidos. Se trasladaron a Luna City, donde encontraron a otros que también se habían apartado del largo brazo de la SPA. Cuando la sublevación de Tycho comenzó en 2062, el derecho universal a la lectura se convirtió en uno de sus objetivos principales.

Nota del autor: El derecho a la lectura es una batalla que se libra en nuestros días. Aunque pueden pasar 50 años hasta que nuestra forma de vida actual se suma en la oscuridad, muchas de las leyes y prácticas descritas en este relato han sido propuestas, ya sea por el gobierno de Clinton, en EEUU, o por las editoriales.

Sólo hay una excepción: la idea de que el FBI y Microsoft tengan (y oculten) la contraseña de administración de los ordenadores. Ésta es una extrapolación de las propuestas sobre el chip Clipper y otras propuestas similares de custodia de clave (key-escrow) del gobierno de Clinton, y de una tendencia que se mantiene desde hace tiempo: los sistemas informáticos se preparan, cada vez más, para dar a operadores remotos control sobre la gente que realmente utiliza los sistemas.

La SPA, que en realidad son las siglas de Software Publisher's Association (Asociación de Editores de Software), no es hoy día, oficialmente, una fuerza policial. Sin embargo, oficiosamente, actúa como tal. Invita a la gente a informar sobre sus compañeros y amigos. Al igual que el gobierno de Clinton, promueve una política de responsabilidad colectiva, en la que los dueños de ordenadores deben hacer cumplir activamente las leyes de copyright, si no quieren ser castigados.

La SPA está amenazando a pequeños proveedores de Internet, exigiéndoles que permitan a la SPA espiar a todos los usuarios.

Muchos proveedores se rinden cuando les amenazan, porque no pueden permitirse litigar en los tribunales. (Atlanta Journal-Constitution, 1 de octubre de 1996, D3.) Al menos un proveedor, Community ConneXion de Oakland, California, rechazó la exigencia y actualmente ha sido demandado. Se dice que la SPA ha abandonado este pleito recientemente, aunque piensan continuar la campaña por otras vías.

Las políticas de seguridad descritas en el relato no son imaginarias. Por ejemplo, un ordenador en una de las Universidades de la zona de Chicago muestra en la pantalla el siguiente mensaje cuando se entra en el sistema (las comillas están en el original en inglés): "Este sistema sólo puede utilizarse por usuarios autorizados. Las actividades de los individuos que utilicen este sistema informático sin autorización o para usos no autorizados pueden ser seguidas y registradas por el personal a cargo del sistema. Durante el seguimiento de individuos que estén usando el sistema inadecuadamente, o durante el mantenimiento del sistema, pueden ser seguidas también las actividades de usuarios autorizados. Cualquiera que use este sistema consiente expresamente ese seguimiento y es advertido de que si dicho seguimiento revela evidencias de actividad ilegal o violaciones de las ordenanzas de la Universidad, el personal a cargo del sistema puede proporcionar las pruebas fruto de dicho seguimiento a las autoridades universitarias y/o a los agentes de la ley."

Esta es una aproximación interesante a la Cuarta Enmienda de la Constitución de EEUU: presiona a todo el mundo, por adelantado, para que ceda en sus derechos.

Richard Stallman, 1996. Se permite la copia literal siempre que se incluya esta nota. Este artículo apareció en el número de febrero de 1997 de Communications of the ACM (volumen 40, número 2). Traducido del original en inglés por Pedro de las Horas Quirós y Jesús M. González Barahona.



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