Capítulo 5 


Nada será igual después: El Cordobazo





El espíritu de los 70

Si hay un suceso capaz de simbolizar el espíritu de los 70 , es El Cordobazo. Todo lo que hay de irreductible a la institucionalización, de fugaz, transitorio, inacabado en el proceso político de esos años, estará anticipado en ese día extraordinario.
La tarde del 29, los manifestantes descubrieron con asombro que la ciudad era suya. Esa apropiación tuvo un doble contenido: se destruyó todo lo que representaba opresión e injusticia social -sedes de las compañías transnacionales, edificios militares, IICANA, la Confitería Oriental- pero se preservaron celosamente la propiedad de los vecinos y los edificios públicos que no eran símbolos de represión y autoridad.
Ese día, un numeroso grupo de obreros y estudiantes le prendió fuego a las oficinas de la compañía estadounidense Xerox, en la Avenida Colón. Pero cuando las llamas amenazaban envolver todo el edificio y, por lo tanto, a las viviendas de los pisos superiores, la angustia ganó a los manifestantes.
Una rápida asamblea de barricada decidió enviar una delegación hasta la sede de los bomberos, en el propio barrio Clínicas, a una cuadra de la Plaza Colón y al lado de la seccional Tercera. La seccional y los bomberos se habían encerrado a cal y canto, de modo que los enviados golpearon la puerta de la Tercera y a los gritos explicaron la situación a los policías.
Poco después, los manifestantes y periodistas que habían quedado a la espera frente a Xerox, vieron llegar el temible Neptuno conducido por los bomberos de la policía y rodeado por estudiantes y obreros que le abrían paso con improvisadas banderas blancas. Las crónicas recuerdan la algarabía general de ese momento y que, después, cuando el Neptuno hubo apagado el fuego, una lluvia de piedras lo redujo a chatarra.
La violencia y la solidaridad fueron la pulsión del Cordobazo.

Antecedentes

En rigor, puede decirse que la gestación de este gran movimiento duró casi tres años, ya que comenzó con las luchas estudiantiles del 66, cuyas fogatas persistirían hasta 1969 y que dejó un movimiento estudiantil activo, fuertemente influido por las movilizaciones de la CGTA y por sus propias reivindicaciones. El gobierno, con sus políticas represivas, no había hecho más que azuzarlas: "Temeroso ante el auge de la lucha de masas y los avances logrados en la conciencia y organización populares, el Partido Militar suprimió todas las libertades democráticas, dictó una bárbara ley anticomunista, lanzó una violenta represión contra toda movilización obrera y popular, ilegalizando sindicatos, encarcelando dirigentes y activistas, ordenando hacer fuego contra ciertas manifestaciones callejeras. Ante la barbarie militar y el estado de indefensión popular, comenzó a cundir entre los argentinos el convencimiento de que a la violencia de los explotadores y opresores, había que oponer la justa violencia popular." (15)
La violencia popular, a la que hace referencia Mario Santucho, comenzó a tomar forma cuando el gobierno publicó un Decreto Nacional por medio del que se eliminaba el "sábado inglés". Ello significaba un recorte del 10% en los salarios. "Igual que en otras provincias, entre las que se encontraba Santiago del Estero, regía una ley llamada del sábado inglés, por la cual todas las horas trabajadas el sábado después de la una del mediodía tenían que pagarse el doble, como extras. El Decreto de Onganía debía entrar en vigencia en Junio y además, en sus considerandos, afirmaba que las leyes provinciales del sábado inglés eran anticonstitucionales." (16)
La política social de la dictadura de salarios atrasados, despidos injustificados y masivos, anulación de indemnizaciones y reducción presupuestaria a nivel educacional, engendraron jornadas de rebelión popular generalizada que hicieron retroceder a las fuerzas represivas, y que se concretaron en una victoria imborrable en la historia del pueblo argentino.
El día 1º de mayo fue prohibida toda manifestación de adhesión o reivindicación del día de la clase trabajadora. Dicha prohibición fue contestada con manifestaciones relámpagos en todas las ciudades y paros parciales en las principales industrias. La dictadura estableció zonas militarizadas.
En la totalidad de las provincias argentinas, se sucedían el despotismo y la represión; se acumulaban salarios y jornales impagos, se multiplicaban los despidos arbitrarios y masivos de trabajadores y funcionarios estatales; se reintentó la privatización de los comedores universitarios, se recortaron los presupuestos sanitarios y de educación... Lo único que se estableció en subida fue en un 50% los sueldos de la policía, y del precio del pan.
Los interventores militares en las facultades apostaban guardias del ejército en las puertas, que controlaban el acceso como también el cumplimiento de las reglamentaciones de "vestimenta, moral y buenas costumbres", en las que se prohibía el uso de la minifalda, besarse en público, el cabello largo, la barba; para controlar la vida académica, se militarizaron las aulas.. En respuesta, los estudiantes, no docentes y docentes, ocuparon las facultades y comenzaron a dictarse clases libres en las calles y en las puertas de los centros universitarios, repudiando a las autoridades militares impuestas.
La cadena de hechos violentos comenzó el 15 de Mayo de 1969 en la provincia de Corrientes, en dónde los estudiantes reclamaban por la no privatización del comedor estudiantil y por ende, por el aumento del arancel. En ésta movilización murió el estudiante Juan José Cabral. Mientras tanto el día anterior en Córdoba, la policía había reprimido severamente a la gente que se dio cita a la Asamblea de los mecánicos, ya que la misma había sido prohibida.
Las movilizaciones sociales se multiplicaron durante todo el mes de mayo; durante ellas fueron asesinados estudiantes y obreros, que lejos de amedrentar el movimiento obrero y estudiantil, generaron nuevas y masivas formas de luchas: 40.000 personas habían participado en el entierro de uno de los estudiantes asesinados en Rosario. Marchas de silencio repudiando los crímenes de la dictadura, atravesando las principales ciudades; se levantaron barricadas y se multiplicaron las acciones callejeras sorpresivas; asimismo, se tomaron facultades, fábricas y talleres.
La conciencia antidictatorial del estudiantado universitario no estaba en duda. Más aún, en su interior fluía un proceso de incesantes rupturas políticas y reagrupamientos, reflejo de profundas tendencias de cambio que latían en la sociedad. Los obreros de la industria automotriz, por su parte, en especial los de la planta de Ika Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por sus propias reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas zonales.
Los chóferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos con las empresas de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban a constituirse tras el desmantelamiento bastante desordenado de la Corporación Argentina del Transporte Automotor (CATA).
Toda la población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una rebeldía legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su historia, no soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura.
"Ciudad en convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del Cordobazo, no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad. Detrás de todo, estaban Smata y UTA. El gremio de los chóferes de transporte urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la antigüedad y la estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa, la CATA, que habían pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha por la Municipalidad. Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que se cumplió en un clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus que circulaban manejados por sus dueños.
El 12 de mayo, el gobierno nacional dio a conocer su ley 18204 reglamentando el sábado inglés. La reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el viernes 16 de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí masivo y contundente, de los chóferes que peleaban por el reconocimiento de su antigüedad. El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados en el mítico Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el que se realizaban festivales de boxeo y se disputaban los partidos de básquetbol más importantes (incluso los de las Olimpíadas Universitarias, por lo que era un lugar familiar para los estudiantes). Pese a la prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de trabajo, subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde arribaron como un aluvión.
A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle Alvear, cerca de la Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se concentraban rápidamente los patrulleros y los carros de asalto de la infantería policial. Con Elpidio Torres (secretario general del Smata Córdoba) y Dirk Kloosterman (secretario nacional del gremio) como oradores, la asamblea aprobó por aclamación el paro de 48 horas, en medio de un tenso clima que se convirtió en silencio absoluto cuando Torres pidió que se obviara la lectura de los considerandos porque en cualquier momento entraba la policía. El pedido, formulado por el propio Torres, de que los asambleístas se retiraran ordenadamente, fue infructuoso. Los obreros enfrentaron a la policía en Lima y Alvear (esquina opuesta a la de la avenida Olmos) y la batalla ocupó el centro de la ciudad, extendiéndose por las calles Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San Martín. El duelo de piedras y palos contra gases lacrimógenos y balas, que los estudiantes cordobeses conocían muy bien, repetía las batallas de 1966.
Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por el actual clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las "jornadas de agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida por la policía. En la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar la muerte de Santiago Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y estudiantes. Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica aparecieron en escena a través de un paro solidario con sus colegas estatales.
El miércoles 21, un paro nacional de estudiantes universitarios sacudió el país. Choques entre policías y estudiantes en Córdoba. Violencia en Rosario, Tucumán y Corrientes.
El lunes 26, las dos C.G.T. decretaron un paro nacional de 36 horas para el día 30. Sin embargo, las regionales cordobesas escogen efectuar un paro activo para los días 29 y 30. Ante ésta situación, "el P.E.N. promulgó una ley que denunciaba un vasto plan subversivo por lo que creaba consejos de guerra especiales". (18)
Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían, cada cual, una de las llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las diferencias políticas, sobre todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero las bases empujaban mientras el gobierno, con una ceguera política que pasaría a la historia, le cerraba caminos a Augusto Timoteo Vandor, quien, por otro lado, apostaba ahora a golpear la dictadura y negociar en mejor posición. El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a Torres; Tosco tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se unieron las fuerzas de ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito del sindicato mecánico, fue llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos, que funcionaba en el local tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy es sede de una dependencia del Banco Social de Córdoba), en tanto que Elpidio lo presentó en la CGT vandorista, cerca de la Maternidad Provincial.
El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas. El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar las fábricas a partir de esa hora y
encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente, realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los Argentinos.
El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés era de una enorme efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban al frente de la movilización, sabían que chocarían con la represión policial. Pero estaban organizados, los animaba el odio antidictatorial y habían acumulado confianza en su propia fuerza. Para el día 30 de mayo se convocó un paro general nacional. El gobierno militar estableció el toque de queda en Rosario y Córdoba. Los puntos de la convocatoria fueron:
Repudiar los asesinatos de la dictadura y en homenaje a las víctimas; aumento general de salarios del 40%; funcionamiento de las comisiones paritarias para renovar los convenios colectivos; defensa de las fuentes de trabajo; restablecimiento de las libertades democráticas y sindicales. A este llamado a la lucha antidictatorial se iba a adherir prácticamente la totalidad de la población.
Es importante señalar que en las facultades y en los institutos de enseñanza secundaria, el mencionado llamamiento a la huelga del movimiento obrero, fue el documento con el que los estudiantes convocaban a las asambleas. A pesar de las prohibiciones, los obreros entraron en las universidades a las asambleas estudiantiles para explicar sus reivindicaciones y propuestas, y los estudiantes participaron en las asambleas fabriles, formando comités conjuntos de convocatorias. La huelga fue prácticamente unánime en todo el país.

Crónica de una jornada de fuego

El Jueves 29, Córdoba se hallaba totalmente ocupada por la policía, que hacía unos días había recibido un aumento en sus haberes. "Esa mañana, el Gobernador Caballero dispuso un gran anillo policial alrededor del centro, en los puntos estratégicos. Los puentes de La Cañada eran el embudo donde tenían que ir a caer los manifestantes. Para asegurarse de que no pasarían, las fuerzas represivas habían preparado cordones a varias cuadras de cada uno de ellos. La Guardia de Infantería había apostado carros y tropas en los cruces de La Cañada con Humberto Primo, La Rioja, Santa Rosa, Av. Colón, Caseros, Duarte Quirós y Boulevard San Juan. Los uniformados estaban listos para dar batalla" (19).
Ese mismo 29, por iniciativa de Agustín Tosco, Secretario General del gremio de Luz y Fuerza, se resolvió un paro activo: los trabajadores sincronizadamente abandonaron las actividades y, a pesar del despliegue policial, marcharon al centro de la ciudad, confluyendo en el mismo columnas multitudinarias procedentes de distintas plantas fabriles y de distintos centros universitarios. Los asesinatos en días anteriores, habían potenciado aún más la rabia social.
Ya en el centro de Córdoba, las columnas de obreros y estudiantes, no sólo hicieron retroceder a los destacamentos policiales, inclusive los de caballería, sino que además ocuparon y tomaron el control de las principales radios y comisarías barriales; se levantaron barricadas en el corazón mismo de la ciudad; varios edificios, tanto de la administración nacional y provincial, como de las multinacionales, fueron incendiados. Prácticamente diez barrios estuvieron bajo el control de obreros y estudiantes.
Según el testimonio de Agustín Tosco: "No hay espontaneísmo, ni improvisación, ni grupos extraños a las resoluciones adoptados. Los sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan los lugares de concentración, el cómo se realizarán las marchas [...] los sindicatos comienzan a abandonar las fábricas antes de las 11 horas. A esa hora el gobierno dispone que el transporte abandone el casco céntrico.. Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la industria automotriz van llegando a la ciudad. Son todas atacadas y se intenta dispersarlas. El comercio cierra sus puertas y las calles se van llenando de gente. Corre la noticia de la muerte de un compañero del Sindicato de Mecánicos.[...] Se produce el estallido popular, la rebeldía contra los asesinos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación. Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantiles que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de la población se da tanto en el centro como en los barrios. Es la toma de conciencia de todos evidenciándose en la calle, contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas, ni de usurpadores del poder, ni de los cómplices participacionistas".
La dictadura respondió con una represión tremenda, las tropas aerotransportadas dispararon todo tipo de armas de fuego contra los manifestantes. En el primer encontronazo cae muerto el obrero de Ika-Renault Máximo Mena. La insurrección se estira hacia el centro. La policía comienza a replegarse favoreciendo a los manifestantes que se adueñan de la ciudad. Los obreros, a medida que avanzaban, iban incendiando empresas imperialistas tales como: Xerox, Burroughs etcétera, confiterías de lujo, bancos... Alrededor de las cinco de la tarde, el ejército se hace cargo de la situación y empieza a regir el toque de queda.
Los hospitales fueron desbordados con cientos de heridos de bala y de fracturas múltiples. Los tanques del ejército, aviones y diversos cuerpos de gendarmería, se desplegaron en la ciudad, disparando contra los manifestantes, contra techos y viviendas. En respuesta, y a pesar del toque de queda y del despliegue militar, la resistencia popular incendió el casino de suboficiales de la aeronáutica y se atacaron comisarías y puestos policiales. En la ciudad de Córdoba fueron casi 30 horas de enfrentamiento entre las fuerzas represivas y el pueblo.
Finalmente, el ejército se hace con el control a balazos; se establecieron consejos de guerra, se detuvo a miles de participantes, muchos de ellos fueron condenados por procedimientos de guerras especiales y trasladados a cárceles lejanas..
Durante el transcurso de la huelga general, en las capitales de todas las provincias no cesaron las manifestaciones y concentraciones. Así en buenos Aires, una multitudinaria manifestación fue dispersada a balazos y asesinado un dirigente estudiantil; a pesar de las prohibiciones fue velado en la sede de la CGT de los Argentinos, donde permanecieron toda la noche de guardia más de cinco mil personas.
"El Cordobazo es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás"; según lo expresado por Agustín Tosco. También hay que señalar el sentimiento de miedo que se apoderó de las clases dominantes; así lo reflejaron a través uno de sus voceros, el diario "La Prensa": "puede decirse que Argentina no había sufrido hasta ahora una afrenta subversiva tan honda".
La represión dictatorial determinó un altísimo numero de presos políticos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Sin embargo, la totalidad de las cárceles se tornaron también en frentes de luchas, se contestaron intentos de traslados con tomas de pabellones, incendios de colchones y prolongadas huelgas de hambre. El movimiento de los familiares alrededor de las cárceles fue incesante, se constituyeron comisiones de apoyo a prisioneros desplazados. En las facultades se desarrollaban todo tipo de acciones de solidaridad con los estudiantes presos, en las fábricas se concretaba el fondo obrero, en el que no sólo se aportaba de los salarios individuales, además se organizaban peñas y otras actividades sociales para recaudar fondos y cubrir así las necesidades de las familias de los detenidos.
Las luchas populares de aquel mes de mayo llevaban tácitamente lo acumulado en cientos de luchas habidas por los obreros, por los peones rurales, por los estudiantes, las luchas en las ciudades y en los montes; la bandera de la Revolución Cubana y el Ché estuvieron presentes en muchas barricadas, concentraciones, fogatas. La aparición de organizaciones armadas revolucionarias, junto a los sacerdotes del Tercer Mundo, engrosando las columnas movilizadas, fueron otro de los signos que preanunciaban una nueva etapa de luchas revolucionarias en la Argentina.
El Cordobazo dejó una huella indeleble en la memoria colectiva, y enseñanzas que son referentes imprescindibles de futuro: la unidad obrero-estudiantil, la contundencia de la lucha, la fortaleza de los principios. En el anochecer de ese jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estaba envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el material que ardía en
las hogueras y barricadas. Desde colchones viejos hasta automóviles fueron a parar a la furia del fuego antidictatorial, indiscutible consigna de unidad del Cordobazo a partir de la cual después se discutiría casi todo acerca de los contenidos del estallido.
A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse cuando la IV Brigada de Infantería, al mando del general Jorge Raúl Carcagno, avanzaba lentamente por la Avenida Colón para "recuperar" la ciudad tomada.
El Viernes 30, Córdoba parecía una ciudad bombardeada. El ejército, a medida que pasaban las horas, fue apagando los focos descontrolados. El barrio Clínicas, que se había transformado en una trinchera de la resistencia, fue cediendo paulatinamente. Era patrullado por cantidad de jeeps repletos de soldados, los cuales recibieron toda clase de insultos desde las casas. "En el bar El Entrerriano, enfrente del Hospital de Clínicas, todavía se podía leer una pintada que decía: Soldado, no tires contra tu hermano" (20).
La tarea no fue fácil porque, en la periferia de los escenarios principales de la batalla, persistían focos de resistencia que duraron hasta el día siguiente, cuando en los centros de poder recién lograban recomponerse para solicitar un escarmiento. Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz indignada reclamando "severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje". Posteriormente, se produjeron allanamientos y más detenciones, entre ellas las de Agustín Tosco (Luz y Fuerza) y Elpidio Torres (SMATA), que fueron arrestados junto con otros dirigentes y enviados a la cárcel.
El gobierno nacional no varió su tozuda filosofía represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el Consejo Especial de Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron contra el orden y la seguridad públicas". Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Sánchez Lahoz, quien había comandado el operativo de represión desde su despacho, los sucesos eran causados
por "la intervención de células comunistas, internas e internacionales". Del otro lado de las barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos obreros fabriles, sector que fue la columna vertebral de la impresionante y arrasadora manifestación de fuerza del pueblo cordobés. Espontáneo u organizado, oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó una estaca mortal en el corazón del régimen y, al tiempo que mostró la fuerza de los trabajadores en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para acceder al poder político.
Luego del 29 de Mayo comienza una aceleración de los ritmos y una serie de cambios que se reflejarían de manera concluyente en los próximos años. Se perfilan ya claramente dos protagonistas influyentes en la sociedad:
a) Los dirigentes combativos de la clase obrera y
b) Los Sacerdotes para el Tercer Mundo.
Los primeros, quienes mantienen profundas diferencias con la Conducción Nacional, van logrando asumir la representatividad concreta de la clase trabajadora en esta etapa.
Por su parte los Sacerdotes para el Tercer mundo y sus seguidores laicos, confrontan activamente la prédica de Iglesia tradicional e intentan que su opción preferencial hacia los pobres prospere entre los cristianos. "De éste modo el impacto de ésos cambios parece dividir las aguas: de una lado la llamada Iglesia Institucional o visible, identificada con determinadas concepciones y, del otro, la Iglesia comprometida con los pobres y embarcada en la práctica de la liberación." (25).
Inmediatamente después del Cordobazo, dos de los hombres más importantes del gabinete de Onganía, Krieger Vasena y Guillermo Borda, perdieron sus puestos. Al poco tiempo, renunció también Ferrer Deheza, el gobernador de la dictadura militar para la provincia de Córdoba.

Testimonios de los protagonistas

LA F.U.A. y la UNION NACIONAL DE ESTUDIANTES: "Los estudiantes hemos alcanzado la madurez necesaria, que nos permite comprender cuál es la problemática del momento actual. No queremos una generación frustrada, como tantas que han pasado por los claustros universitarios, y que solo se plantearon problemas reivindicativos para los universitarios, sin cuestionar la esencia de los mismos. Hoy hemos podido alcanzar un triunfo sobre nosotros mismos, al haber superado el individualismo; es así que ya pensamos más allá de nuestros intereses, para plantearnos el futuro de las generaciones venideras, a quienes aspiramos dejar el testimonio de una lucha que dará sus frutos cuando el pueblo retome el poder". (22)

SACERDOTES PARA EL TERCER MUNDO: "Los argentinos somos testigos de acontecimientos que nos avergüenzan y enlutan. Se ha violentado el derecho a manifestar la opinión. Se ha golpeado a estudiantes y obreros hasta producir la muerte. Se ha empleado la tortura y se ha usado impune y arbitrariamente el poder de las armas. Comprobamos que, a través de un largo proceso histórico que aún tiene vigencia, se ha llegado en nuestro país a una estructuración injusta. Por lo tanto, no se trata de cambiar personas, sino de un cambio de sistema". (23)

GUILLERMO BORDA, MINISTRO DEL INTERIOR: "Los desórdenes ocurridos en Corrientes, que luego habrían de repercutir en Rosario, carecieron de todo motivo que pudiera justificarlos. El pretexto fue la decisión de las autoridades universitarias de elevar el precio de la comida estudiantil de 25 a 57 pesos. Es obvio que una medida tan razonable no podía dar motivo a que se organizaran ollas populares, ni para desencadenar la ola de desórdenes y destrozos que en aquella ciudad culminaron con el desgraciado suceso. Resulta muy claro que el clima de violencia ha sido provocado por elementos de extrema izquierda y por algunos políticos, que en estos días se han mostrado particularmente activos". (24)

AGUSTIN TOSCO: "Debemos estar en ese paro, pero es necesario que la regional de Córdoba, que siempre ha demostrado una gran combatividad, resuelva su propio paro, con características que excedan la paralización en sí, como el 16 de mayo. El movimiento obrero cordobés tiene que replicar a las arbitrarias prohibiciones - como la que ocurrió con la asamblea del SMATA - celebrando concentraciones públicas, invitando a los estudiantes y demás fuerzas del pueblo. En Rosario, el gobierno militar ha instaurado los Consejos de Guerra para juzgar al pueblo. Pero si alguien merece un Consejo de Guerra es la política económica instrumentada desde el FMI, el Banco Mundial y el BID. Debemos demostrar que no sólo efectivizamos paros sino que le disputamos a la reacción, los derechos inalienables de los trabajadores y el pueblo". (21)

 

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