Capítulo 3 


Se profundiza la dependencia, se organiza la revolución





La noche de los bastones largos

A partir del año 1957 las Universidades habían comenzado a funcionar de manera autónoma. Las autoridades eran escogidas en las Asambleas Universitarias. Esta autonomía fue conseguida por un largo proceso de luchas y militancia estudiantil, cuyo origen más remoto arranca con la Reforma de 1918. Con dicha independencia, podemos señalar que la U.B.A., para citar un caso, se fue convirtiendo en un ejemplo para el resto de Latinoamérica, por el nivel adquirido en cuanto a docencia e investigación. No obstante éste dato, Onganía al mes prácticamente de asumir al poder, sanciona la Ley Nº 16912 poniendo fin a la autonomía universitaria. "Onganía considera un reducto comunista a la universidad, a la que hay que someter a un proceso de depuración. La intervención se realiza a través del Ministerio del Interior, quién disuelve el Consejo Superior y propone a los decanos de las facultades que permanezcan provisoriamente como interventores." (5)
Esto provocó una reacción entre todos los estudiantes y algunos sectores docentes, quienes lanzaron un plan de lucha y movilizaciones, incluyendo la toma de muchas universidades. "A las diez de la noche, la manzana de las luces donde funcionaba la Facultad de Ciencias Exactas, sufrió el ataque de la guardia de infantería. Su decano fue herido en la mano, y hubo varios más. Mientras tanto, a la misma hora, en la Facultad de Filosofía y Letras, la guardia de infantería también amenazaba con actuar. Los estudiantes, en el hall, en plena agitación, juraron resistir todo lo que pudieran." (6)
Luego de los incidentes ocurridos, tanto agredidos como agentes de los organismos oficiales, dieron su versión de los sucesos. Los primeros afirmaban que "desarrollándose en la facultad de Ingeniería actividades normales y mientras se preparaba una sesión del consejo directivo para fijar la posición de la facultad ante la situación creada en la fecha, en el orden universitario al ser avasalladas las autoridades, la Policía Federal irrumpió violentamente en el edificio de la facultad y desalojó a alumnos y personal docente por la fuerza con absoluto desconocimiento de la voluntad de las legítimas autoridades"... (7)
Por su parte los agentes del gobierno decían que "había intranquilidad en los medios universitarios por la acción de grupos comunistas, dedicados a exhortar al alumnado a que ocupara las casas de estudio". El jefe de la Policía Federal, general Mario Fonseca, en una conferencia de prensa dice que "no se permite ni se permitirá la ocupación de facultades, pero permanecerán abiertas para los estudiantes que verdaderamente quieran estudiar." (8)
La "Noche de los bastones largos", desnuda la política educativa del onganiato, la cual apuntó a la persecución ideológica que tuvo, como consecuencia final, la fuga de cerebros hacia el exterior, lo cual obviamente hizo bajar el nivel docente y educativo.
En el mismo año de su instalación la dictadura cobró su primer víctima mortal. Santiago Pampillón fue asesinado a balazos mientras participaba de una marcha pacífica de protesta estudiantil en Córdoba. Le siguió Hilda Guerrero de Molina que reclamaba, también pacíficamente y entre miles de personas, contra la desocupación que generaba el cierre de ingenios en Tucumán. Entre otros, los estudiantes Juan José Cabral en Corrientes, Adolfo Bello en Rosario y el metalúrgico Norberto Blanco también en Rosario, fueron engrosando la lista de asesinados.
Aquella circunstancia encuentra a Santiago del Estero en plena etapa de preparación para crear su primera universidad. Dentro de esta perspectiva confrontaban, ásperamente a veces, dos sectores que ya habían tenido sus choques durante el gobierno de Frondizi: los partidarios de la educación "Laica" y los de la educación "Libre". Los primeros decían que la educación era un derecho de la sociedad, sin distinciones de clases ni poder adquisitivo. Los "Libres" sostenían que debía establecerse legalmente completa libertad a los sectores del capital privado que quisieran instalar institutos educativos de elevado nivel y destinados a los adherentes a doctrinas particulares -como el catolicismo. Por cierto estos sectores encontraron un terreno óptimo para sus requerimientos en la "ultracatólica" dictadura militar de Onganía. Bajo el amparo de su delegado local, Uriondo, se estableció entonces el embrión de lo que sería más tarde la poderosa Universidad Católica de Santiago del Estero. Esta nació como un consorcio comercial, legalmente propietario de la empresa educacional, bajo la supervisión ideológica de la jerarquía Católica -aunque no necesariamente en relación dependiente hacia ella. A partir de ese momento la Universidad Católica se constituiría en eje constante de conflictos, tanto hacia la sociedad local, como en sus propias filas internas.
Mientras tanto, se consolidaba también en sus primeros pasos lo que después sería la Universidad Estatal. Pero limitada a una pequeña expresión: únicamente contaba con la Facultad de Ingeniería Forestal, mientras que la Católica resultaba favorecida con las carreras de Abogacía, Ciencias Económicas, Ciencias Sociales y algunas otras del área educacional. Las más rentables. Pese a ello, la oleada revolucionaria la alcanzaría de pleno y la implicaría activamente en los conflictos sociales por venir, como se verá enseguida.

La faz económica de la "Revolución"

La conducción económica fue encomendada por los conmilitones de Mariano Grondona al tecnócrata Adalbert Krieger Vasena, ex ministro de Aramburu, quién prosiguió por cierto con los planes de penetración imperialista. Esto se veía favorecido por su pertenencia al staff gerencial de grandes empresas capitalistas locales y a organismos consultivos pro-estadounidenses, a través de los cuales "mantenía buenas relaciones con los consorcios bancarios y las empresas multinacionales agrupadas en ADELA (Atlantic Comunity Group for the Development of Latin América). Durante su gestión, creció sensiblemente la gravitación del capital extranjero en la economía nacional." (9)
Krieger Vasena estableció pese a ello un plan económico proclive a cierto nivel de exportación de productos industriales y agropecuarios, como una forma de evitar problemas graves en el sector interno. Con esta voluntad públicamente declarada, impulsó la eficientización del aparato productivo industrial. Pero el objetivo encubierto de dicha acción no era otra que favorecer la penetración monopólica en las industrias primordiales. A todo ello, la oligarquía participó de la alianza pero sin detener su hegemonía, esperando su turno al final del ciclo para presionar por retazos de poder en el proceso de enajenación creciente del patrimonio nacional, en aceleración constante a partir de la sangrienta dictadura militar llamada "Revolución Libertadora" y que fuese conducida por el cordobés (de ancestros santiagueños) Aramburu y el santiagueño Rojas.
Krieger Vasena trató de preservar la gradualidad del proceso con medidas a corto plazo, que dieron sus frutos por un tiempo. Para eso tomó una medida que resultaría a la postre conflictiva: devaluó el peso en un 40%, a la vez que procedió al congelamiento de los salarios. Las consecuencias de esta política económica fueron profundizar la dependencia de nuestro desarrollo capitalista y relanzar el proceso de degradación económica progresiva de la clase obrera argentina y los sectores medios de la sociedad. Mientras tanto, el capital se acumulaba de una manera ordenada y eficaz en las arcas multinacionales que gravitaban de una manera cada vez más abierta en las decisiones nacionales. "La devaluación brusca del peso, en circunstancias en que las firmas locales registraban ya fuertes endeudamientos con proveedores externos de tecnología, equipos e insumos y las dificultades financieras, llevaron al traspaso de parte o la totalidad del paquete accionario a las multinacionales, que avanzaron así en la monopolización." (10)
El gobierno militar avanzó entonces en su proyecto de entrega económica firmando convenios como el que obligaba, por ejemplo, a YPF, todavía en manos del Estado Argentino, a pagar compensaciones a empresas extranjeras por los contratos que había anulado Illia; con el argumento del déficit se decretó el achicamiento del Estado dejando en la calle a miles de empleados públicos; se reformó la "ley de inversiones extranjeras" en favor de las multinacionales. Y bajo la dirección del ya mentado Krieger Vassena, ex funcionario de Aramburu y hombre de confianza del FMI Onganía buscaba, con su apoyo, dar pasos en pro de una mayor concentración de la riqueza. Para ello utilizaba la única alternativa viable: reprimía con palos y muerte cualquier expresión opositora; que al ser mayoritaria no hubiese permitido democráticamente la consumación de esos objetivos económicos.
Estas medidas instalaron en el ambiente un clima de descontentos, que se extendió no solamente al sector obrero sino también, al de los comerciantes y medianos y pequeños empresarios. El plan económico comenzó a sufrir oposiciones sectoriales y se iniciaron las movilizaciones obreras que desembocarían más tarde en el Cordobazo. Al producirse la retirada de los capitales golondrinas, quienes habían llegado gracias a la libertad del mercado libre, se desató un proceso inflacionario previsible. A todo esto debemos sumar las presiones de la oligarquía, que esperaba agazapada su turno para reclamar, como pirañas, su trozo de la gigantesca presa devorada cruelmente por los tiburones de las finanzas internacionales en que había sido convertida desde 1955 nuestra nación.
En septiembre de 1966, un grupo liderado por el joven peronista Dardo Cabo secuestra un avión y se dirige a las Islas Malvinas para ratificar la Soberanía Nacional. El "Operativo Cóndor", en el cual participaron jóvenes -varones y mujeres- de entre 18 y 20 años, sería un ensayo de lo que luego formaría parte de las actividades guerrilleras del grupo Montoneros, por entonces en formación. Esta primera acción tuvo gran repercusión nacional e internacional a través de los medios de comunicación.

El guevarismo en la Argentina

Mientras tanto la Revolución Cubana y la tesis del comandante Ernesto Che Guevara ("la lucha armada es inseparable de la creación de las condiciones revolucionarias en los países del Tercer Mundo"), abrieron un debate político que dividió a la izquierda y revolucionó vastos sectores del peronismo combativo. Desde la primera experiencia socialista triunfante en América latina, el Che define su concepción de la revolución en su discurso de apertura en la Conferencia Tricontinental "...no hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución."
Cuba y el pensamiento guevarista son el emergente triunfal de un proceso revolucionario que abarca a todo el mundo periférico, expresa un movimiento mundial que pugna por romper los corsé de la guerra fría. En su búsqueda de hegemonizar la posguerra, los EEUU combinan la Alianza para el Progreso con el apoyo de las dictaduras militares (formación de cuadros, asesoramiento o intervención directa como en Santo Domingo y el hostigamiento a los pocos gobiernos democráticos que sobreviven, forma residual de viejas expectativas de ascenso de las burguesías regionales.
Frente a los EE.UU., Cuba se suma a China y Argelia, los únicos países de la Historia del siglo XX que conquistaron el derecho a elegir su propio destino. Y los tres abren y sueltan su gesta a través de la lucha armada. La resistencia vietnamita, confrontando en forma directa con la mayor potencia militar capitalista, completa el cuadro de los referentes del movimiento revolucionario.
Por esto, aunque el fenómeno cubano viene a dar cuenta de la posibilidad del socialismo en América y replantea toda la discusión sobre el imperialismo y dependencia, será otro el aspecto que cobre mayor significación: la lucha armada como método conducente en la construcción del socialismo.
"Hemos demostrado -dice el Che- que un grupo pequeño de hombres decididos y apoyados por el pueblo y sin miedo a morir... pueden llegar a imponerse a un ejército regular".
Cuba niega, por vía de los hechos, dos aspectos centrales de la estrategia de los partidos comunistas de la región: su pacifismo, hijo de la extrapolación de la coexistencia pacífica URSS-EEUU y aliados y lo que se dio en llamar su concepción "etapista" de la revolución, su afirmación de que el pueblo sólo accedería a la lucha por el poder socialista después que las burguesías nacionales completaran la revolución democrático burguesa.
La violencia institucional, el golpismo y la precariedad de las democracias americanas confluyen para reafirmar los postulados cubanos.
En la Conferencia Tricontinental contra el Imperialismo, La Habana, 1966, la asistencia de representaciones de Gobierno y de organizaciones de 82 países indica una proyección mundial del proceso.
En los países de estructura agraria y tradicionales movimientos campesinos, los nuevos grupos surgen como guerrilla rural y con arraigo en el proceso popular extenderán su acción hasta los noventa (Nicaragua y El Salvador). Tras la Tricontinental, el rasgo distintivo de la nueva oleada será el surgimiento de la guerrilla urbana y su consolidación como una de las referencias del proceso político en los 70.
En la izquierda tradicional -Partido Comunista, Socialistas, etcétera- las enseñanzas del Che causaron una emigración masiva de cuadros juveniles, que no encontraban grandes diferencias prácticas entre la "militancia" de sus camaradas antiguos y los miembros de lo que entonces se llamaba "la partidocracia tradicional". La fuerte influencia guevarista, en tanto, hallará también en el peronismo espacios fértiles entre una militancia ya acostumbrada a la confrontación violenta que alimentó persecuciones y proscripciones.
El intento guerrillero de Massetti, en 1963, pese a su fracaso había dejado profundas huellas en la imaginación de los revolucionarios argentinos. Y por todas partes comenzaban a plantearse, desde pequeños grupos socialistas o peronistas, el acierto de la vía guerrillera para solucionar los problemas de nuestro país.
Por otra parte, para la izquierda armada de principios de los 60 la necesidad de una línea política de masas era un problema complejo, por lo menos hasta el final de la década, mientras que para el naciente peronismo revolucionario esta cuestión se resolvía "naturalmente" en un vasto movimiento que acogía todas las formas de lucha y las sintetizaba en una sola consigna: la culminación del proceso truncado por el golpe militar que en 1955 derrocó a Juan Perón.
El problema de la combinación -o no- de la lucha armada con la acción de masas fue, tempranamente, materia de un intenso debate que atravesó la militancia peronista, causando
fracturas y reagrupamientos que expresaban lo rico y cambiante de este proceso cuyo ámbito fundamental fue la tendencia revolucionaria peronista.
El vínculo entre centralidad obrera y violencia, además del rápido crecimiento de la coordinación práctica entre obreros y estudiantes, irá sustentando poco a poco nuevas organizaciones de izquierda como Poder Obrero e incorporará otra impronta al Partido Revolucionario de los Trabajadores, cuyo origen político práctico estuvo estrechamente ligado a las luchas tucumanas.
En la Argentina de la segunda mitad de los 60, el progresivo e inexorable acercamiento entre obreros y estudiantes ya tiene evidencias en las prácticas de distintos sectores universitarios, paralelamente al desarrollo de un debate político que estuvo fuertemente impregnado por la experiencia de la Revolución Cubana y por la revalorización de los contenidos populares del peronismo.
Particularidades al margen, el redescubrimiento de la cuestión nacional y su vínculo con la cuestión social, la apertura del diálogo entre marxistas y cristianos y la polémica sobre los modelos de socialismo constituyeron el temario común de la comunidad universitaria de todo el país.
En ese proceso, la vieja izquierda y el peronismo tradicional se vieron conmocionados de raíz por las nuevas corrientes de pensamiento. Se trata, no obstante, de un momento de transición: después del Cordobazo, habrá una reorganización de todas las fuerzas políticas y el debate será otro, más preciso y frontal, cuando las nuevas organizaciones políticas encuentren apoyo y sustentación en amplios sectores del movimiento obrero y popular.

La dictadura cursillista en Santiago

Jorge Nallar -un civil- fue designado por los militares para gobernar Santiago del Estero. Pero no duraría mucho. A principios de 1967 sería reemplazado por el general Uriondo. No hubo medidas que modificaran en un sentido positivo la situación económica de Santiago. Pero a la sombra de este gobierno filocatólico, prosperaron las corrientes políticas que tenían una inclinación confesional. Conducía la iglesia en Santiago un obispo ultraconservador y elitista, Mons. Manuel Tato, que había sido severamente cuestionado por Perón. Junto a él, había encontrado refugio otro sacerdote aún más reaccionario y golpista, si cabía, a quien llamaban Monseñor Castellanos.
Con ese paraguas económico-político-confesional se consolidaría en esta provincia la Universidad Católica de Santiago del Estero, que acapararía las principales carreras de la oferta universitaria local, colocándolas en lo que ellos veían como un "mercado" a un alto precio, aunque pagara bajísimos sueldos a sus profesores desde los inicios. Es que estaba pensada como una empresa capitalista: poca inversión, mucha rentabilidad.
Sería en este centro de estudios aún flamante donde nacerían los principales conflictos universitarios en Santiago del Estero, cuya conducción muy pronto aglutinarían los grupos de izquierda moderada y revolucionarios. Por tras de aranceles más bajos, se desencadenarían una serie de luchas estudiantiles que pronto convertirían a esta institución en un quebradero de cabeza para sus propietarios, el gobierno y la iglesia que los respaldaba (aunque el algunos casos, no totalmente).
Cuando cayera Onganía, arrastrado por las corrientes tumultuosas que recorrían la Argentina, el general Uriondo se iría con su principal mandante. Entonces fructificarían las gestiones de los católicos santiagueños: Carlos Jensen, un conspicuo miembro de la Democracia Cristiana, sería designado como gobernador por Levingston. Y conseguiría conservar su puesto, aún con el liberal Lanusse. Hasta el fin de aquella era militar. Su presencia en el poder sería vital para anudar posteriores alianzas con el futuro gobierno del peronismo juarista, como se verá.

 

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