Capítulo 11 


Cámpora al gobierno





"El sol del 25..."


El 11 de Marzo de 1973 se efectuaron las ansiadas elecciones generales en la Argentina. La fórmula Cámpora - Solano Lima, del FREJULI, obtuvo el 49,50% de los votos. El cuadro con los resultados definitivos del escrutinio quedó de la siguiente manera:

"FREJULI: Cámpora - Solano Lima: 5.907.464 votos- 49,50%.-
UCR.: Ricardo Balbín - Eduardo Gamond: 2.537.605 votos - 21,30%.-
ALIANZA POPULAR FEDERALISTA: Manrique - Remonda: 1.775.867 votos - 14,90%
ALIANZA POPULAR REVOLUCIONARIA: Alende - Sueldo: 885.201 votos - 7,43%
ALIANZA REPUBLICANA FEDERAL: Martínez - Bravo: 347.215 votos - 2,91%.-
NUEVA FUERZA: Chamizo - Ondart: 234.188 votos - 1,96 %.-
PARTIDO SOCIALISTA DEMOCRATICO: Ghioldi - Balestra: 109.068 votos - 0,91%.-
PARTIDO SOCIALISTA DE LOS TRABAJADORES: Coral- Ciapponi: 73.796 votos- 0,62%.-
F.I.P.: Ramos - Silvetti: 48.571 votos - 0,41%" (62)

El nuevo período que se abre con Cámpora en el poder, estaría signado por la lucha dentro del movimiento. Es decir entre los Montoneros y los líderes sindicales. Desde el vamos, Cámpora se mostró más receptivo hacia las formaciones especiales, provocando que el lote sindical, político, moderados y de derecha del partido tramen una alianza ante el temor que les producía el incesante avance de la JP- Montoneros. En el discurso que Cámpora a poco de asumir dedicó a la juventud, entre otras cosas expresaba: "...y en los momentos decisivos, una juventud maravillosa supo oponerse, con la decisión y el coraje de las más vibrantes epopeyas nacionales, a la pasión ciega y enfermiza de una oligarquía delirante. Si no hubiera sido por ella, tal vez la agonía del régimen se habría prolongado y con él, la desintegración de nuestro acervo. Por eso la sangre que fue derramada, los agravios que se hicieron a la carne y al espíritu, el escarnio de que fueron objeto los justos, no serán negociados..." (63)
Al asumir a la presidencia Cámpora marcó claramente un "antes" y un "después" del 25 de Mayo de 1973. Se había arribado al fin de la dictadura y al comienzo de un tiempo democrático, pero también al final de la proscripción que caía sobre el peronismo. Durante aquella jornada en que millones de personas festejaron a lo largo y lo ancho de todo el país de manera eufórica, Cámpora estuvo acompañado por los presidentes de Chile y Cuba, Salvador Allende y Osvaldo Dorticós respectivamente, quienes fueron ovacionados por la multitud. Su asistencia marcó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre esos países con la Argentina. Los cánticos que se entonaron eran de diversos matices, pero siempre a favor del socialismo nacional. Los que gritaban "Perón- Evita, la patria socialista" constituían una mayoría abrumadora; otros pocos les contestaban: "Perón - Evita, la patria peronista". También se oían de un modo atronador y constante: "Mon-to-neros carajo" y "El pueblo, unido, jamás será vencido".
Luego de que el Presidente Lanusse entregara las insignias del poder a Cámpora la enorme movilización popular abuchea a los gobernantes salientes, e impide el desfile militar, pues ante los salivazos e insultos a que son sometidos los mandos deciden retirar a los soldados de la plaza. Luego, por la noche, una inmensa multitud rodea la cárcel de Villa Devoto y logra la salida de detenidos políticos. Desde el día anterior los presos gozaban prácticamente de libertad dentro de la cárcel, pues ante el triunfo las autoridades de todos los penales habían decidido dejarlos con las celdas abiertas. Por lo tanto, estaban preparados para lo que sucedería.
Los manifestantes rompen la contención de la guardia del principal penal de la nación, y rompiendo todo lo que encontraban a su paso, sacan a todos los presos políticos en andas.
En una rápida decisión, el ministro del Interior redacta un decreto, que pese a lo avanzado de la hora, lleva a firmar al presidente, quien lo hace de inmediato, legalizando la liberación. Aquella noche los presos del régimen militar amanecen festejando con miles de compañeros su repentina libertad.
Al día siguiente, en medio de un fervor popular que no decaía, el presidente y sus ministros se dedican a comenzar con una distendida labor: gobernar a una nueva Argentina democrática. Los hombres que integraron el gobierno junto a Cámpora fueron: José B. Gelbard -Economía-, Antonio Benítez -Justicia-, Jorge Taiana -Educación-, Estéban Righi- Ministerio Del Interior-, Carlos Puig -Ministerio de Relaciones exteriores- y en el Ministerio de Bienestar Social José López Rega (lo cual se consideró un maniobra clave de la ultraderecha). Pese al trago amargo de integrar a López Rega, todo era optimismo y euforia en los ámbitos de gobierno por aquellos días. Las reparticiones oficiales, acartonadas y bastiones de los militares hasta hace unos días, aparecían ahora embanderadas con banderas de los Montoneros o la Juventud Peronista Revolucionaria. Quienes hasta ayer estaban presos, se repantigaban en los sillones de los despachos oficiales, fumando como si estuviesen en sus casas. Donde antes sólo transitaran uniformes o impecables secretarias, se veían muchachas de vaqueros y zapatillas, barbas y pelos largos, personajes desenfadados o informales. Por dos meses, la Argentina viviría el sueño de ser un país verdaderamente revolucionario.
En medio de esa euforia, Rodolfo Galimberti, uno de los referentes máximos del peronismo, designado en 1972 por Perón, anuncia la conformación de las "Milicias Revolucionarias". Estas, que serían formadas por la Juventud Peronista, estaban destinadas a sustituir al Ejército Argentino, "pro imperialista", por un verdadero "Ejército Revolucionario y Popular". Sus declaraciones, publicadas en primera plana y con titulares gigantes en todos los diarios... le cuesta el puesto.
Un agudo estudio de la obra dirigida por Andrés Cisneros y Carlos Escudé expresa lo siguiente:
"En el ámbito interno, el peronismo pasó a jugar el papel de catalizador de las frustraciones que los distintos sectores de la sociedad argentina sentían respecto de la experiencia militar de la Revolución Argentina, asociada -en forma excesivamente simplista- con la política económica liberal de Adalbert Krieger Vasena, el ministro de Economía del gobierno de Onganía. Para los sectores de la derecha, el retorno del peronismo al poder permitiría llevar a cabo los objetivos estatistas, nacionalistas y corporativos presentes en la plataforma histórica del peronismo. Para los sectores de centro -y muy especialmente para los peronistas históricos-, las elecciones de marzo de 1973 cerraban 18 años de proscripción e implicaban la vuelta a los programas de política interna y exterior del período 1946-1955. Finalmente, para los sectores de la izquierda peronista -Juventud Peronista (JP) y Montoneros-, la vuelta del peronismo al poder era la llave para una revolución socialista. Sólo el trotskista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) desconfió del carácter "revolucionario" del peronismo tan pregonado por su líder durante los años de exilio, por lo cual se mantuvo en una actitud de expectativa, en espera de que el gobierno de Cámpora acelerara la transición hacia la "patria socialista". Cabe aclarar que, salvo el ERP, estas exageradas expectativas en torno de los alcances "revolucionarios" del peronismo de la mayoría de los sectores de izquierda se dieron en un contexto muy particular, donde el término "revolución" estaba de moda y prácticamente todos los partidos políticos lo usaron, aunque sin aclarar demasiado su alcance. Incluso expresiones políticas de signo relativamente moderado, como el radicalismo, en aquella época llegaron a sostener que "la Revolución tendrá lugar en la Argentina con las fuerzas armadas, sin las fuerzas armadas o contra las fuerzas armadas". A su vez, el contexto regional se caracterizó por el predominio de fórmulas nacionalistas y populistas con orientación izquierdizante y anti-norteamericana, percibidas por muchos militantes de izquierda como el prólogo de una revolución continental cuyos referentes eran los regímenes socialistas de Cuba y China y los procesos de descolonización afro-asiáticos. Las fórmulas de índole democrática eran impugnadas por estos mismos sectores como una máscara del imperialismo yanqui en tanto trababan la opción revolucionaria hacia el socialismo.
"Además del contexto radicalizado en el que estuvo inmerso, otro rasgo definitorio del breve período del gobierno de Cámpora fue su carácter provisorio o transitorio. Si bien Cámpora llegó al gobierno con un porcentaje cercano al 50 % de los votos, frente a un radicalismo que captó menos de la mitad, lo cierto es que los distintos sectores de la sociedad que votaron la propuesta del FREJULI lo hicieron pensando en el retorno de Perón al poder. Como sostenía el propio lema de la campaña electoral de dicha alianza "Cámpora al gobierno y Perón al poder", la candidatura de Cámpora a presidente fue una alternativa obligada por la proscripción que el titular del último gobierno militar, general Lanusse, hizo pesar sobre la figura de Perón.
El hecho de ocupar el cargo presidencial en nombre de Perón le quitó a Cámpora el margen de maniobra necesario para gobernar, situación que se vio agravada debido a que su principal -y único- sostén provenía de la JP vinculada a Montoneros y ésta tenía un grupo muy pequeño de adherentes en la Cámara de Diputados, en comparación con la numerosa representación de los sindicalistas y los sectores ortodoxos. La JP sólo había conquistado 18 % de los cargos en las elecciones internas efectuadas en marzo de 1973.
"Los Montoneros procuraron compensar esta débil presencia en el Parlamento a través de dos estrategias. La primera consistió en ocupaciones forzosas de hospitales, escuelas, correos, oficinas municipales, bancos estatales e incluso algunas empresas privadas, y la segunda fue lograr una importante influencia en algunos ministerios, gobernaciones y en el ámbito universitario. Esta segunda estrategia fue relativamente exitosa durante el gobierno de Cámpora." (Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina - Tomo XIV: Las Relaciones Políticas, Capítulo 67, "Los gobiernos peronistas - 1973-1976", Introducción.)
"A los pocos días de la llegada de Cámpora al poder, se firmó un acuerdo entre empresarios, sindicalistas y el Estado con el nombre de Pacto Social. Este debía disponer un aumento de salarios y su posterior congelamiento" (64). Gelbard gozó de la confianza de Perón; éste vio en el astuto empresario a una persona sumamente capaz como para elevar la economía del país. Sin embargo, López Rega , que tuvo un rol destacado en el gobierno, iría socavando esa imagen de Gelbard, así como de los otros funcionarios que no le eran afines. Además de ser secretario privado de Perón, "López Rega tenía ahora la posibilidad de construirse una base independiente de poder. Controlaría los nombramientos en la esfera de su ministerio y los enormes fondos de que disponía" (65).
Según Alain Rouquié, López Rega era de algún modo, el ojo de Perón dentro del Gobierno. A medida que transcurrieron los días, el plan económico fue arribando a un techo que demostraba su incapacidad para brindar las soluciones que el pueblo esperaba. Las movilizaciones se multiplicaron. Se presionó con la vuelta de Perón y la JP exigió la puesta en marcha de la tan ansiada Patria Socialista.
Las organizaciones armadas, por otra parte, tomaron diferentes caminos con relación a la política a seguir. FAR y Montoneros, quienes en Abril se habían fusionado, decidieron suspender la lucha armada pero, en la práctica no se desarmaron. En cambio remitieron una lista a Perón, con unos trescientos nombres, para que sean designados con cargos en la función pública, cosa que nunca se dio. La izquierda peronista consideró frustrada su victoria puesto que Perón no hizo caso al pedido de los Montoneros, en el sentido de "renovar" el movimiento. Como si esto fuera poco, Perón comenzó a dar muestras de alentar al ala derecha del peronismo (los sindicatos de la CGT y el lopezrreguismo) dándole espacio y poder a gente como Norma Kennedy, Alberto Brito Lima y el Coronel Osinde. La derecha comenzaba a desplazar aceleradamente a la izquierda, desalojándola del privilegiado sitio que supiera conquistar.
Por aquel entonces, un riojano de 42 años con patillas al estilo Facundo Quiroga, electo gobernador de La Rioja, opinó de la situación diciendo: "el peronismo ha ganado las elecciones para que nunca más haya un pueblo hambriento y miserable. La revolución del 25 de Mayo tiene su sentido más profundo en la defensa que harán de ella, la Juventud, la FAR y los Montoneros. Hay aún muchos conservadores metidos en el Movimiento y en el Gobierno Nacional, y esta es una lucha a muerte" (67)
Desde Madrid, Perón manifestó su deseo de retornar definitivamente al país y su anhelo de estar el 20 de Junio en la Argentina. Esta fecha es importante para los Montoneros ya que que comenzaría su derrota estratégica. Allí se cerró una etapa, que se había inaugurado el 17 de Noviembre de 1972. El acto que se organizó para recibir a Perón, el 20 de Junio de 1973, fue uno de los más multitudinarios de la historia argentina. Millones de personas concurrieron de todo el país para recibir a su líder, en Ezeiza. Sin embargo, la tragedia empañó la fiesta. Sería un presagio de los años por venir.

Porteños versus santiagueños

En Santiago del Estero no se pusieron de acuerdo los diferentes sectores del peronismo, para llevar una lista unificada. Abraham Abdulajad, el referente histórico del peronismo combativo santiagueño, tenía el apoyo de la Juventud Peronista y la CGT. Carlos Arturo Juárez, quien hiciera cautelosos intentos para independizarse de Perón en 1963, obtenía apoyo en los sectores marginales de la ciudad y el campo. La clase media "ilustrada" peronista apoyaba a Abdulajad. Ramón Enrique Moreno -un dirigente surgido del Sindicato de Maestros-, "Rudy" Miguel -un abogado joven y verboso-, Darío Moreno, por la juventud universitaria y Mateo Martín, referente de Montoneros, constituían la línea de choque del peronismo combativo en Santiago. Ellos recibieron el apoyo de Cámpora, Abal Medina y a través de ellos, de Perón. El candidato iba a ser López Bustos, una increíble reproducción del carácter de Cámpora a nivel regional (en broma se decía "López Bustos al gobierno, Abdulajad al poder). Poco carismático, perteneciente a los núcleos más elitistas de la sociedad santiagueña, su figura otorgaría una ventaja adicional al otro candidato a captar los votos peronistas.
En las antípodas de su contrincante en cuanto a carácter, Carlos Juárez estaba en la plenitud de su talento. Inteligente, decidido, de voz tonante y contagiosa simpatía viril, estaba acostumbrado a recorrer rancho por rancho la áspera campaña santiagueña, y sus adeptos decían que no se equivocaba jamás al llamar por su nombre a cada uno de los cientos de punteros políticos que poseía en el interior. Por si ello fuera poco, había pergeñado, junto a un equipo de técnicos, un programa de industrialización para Santiago, basado en el agro y la explotación rural, que constituía al menos un proyecto de desarrollo capitalista concreto. En el ámbito contrario, sólo había vagas referencias a la lealtad a las banderas y la promesa de construir junto con Perón con "la patria socialista" que se anunciaba, sin especificar demasiado cómo se haría ello.
Debido a un empate técnico -aunque Juárez había obtenido la mayor parte de los votos- y de acuerdo a la ley del ballotage, impuesta por los militares, tuvo que convocarse a una segunda vuelta. En el interín, gobernaría la provincia, un interventor federal, el Brigadier Fattigatti, más cercano a los sectores de la juventud que a los de la derecha peronista, con quien tenía buena relación Carlos Arturo Juárez. En verdad el inefable Brigadier -un individuo de voz tiple y aspecto bonachón, que parecía más interesado en frecuentar las fiestas o confiterías que las barricadas políticas-, trataría de favorecer en todo momento a sector de López Bustos. Ello, en vez de beneficiar al candidato de Abal Medina, lo perjudicó.
Ya su nombre parecía un chiste de mal gusto que ofendía a los santiagueños: "Fattigatti". Era como decir: "a los santiagueños que siempre andan fatigados les mandamos un interventor que sea de paso una joda". Juárez aprovechó esto hasta su máxima posibilidad. En todo discurso, anunciaba que "los santiagueños le iban a demostrar a los porteños que no debían señalarles con el dedo a quién iban a elegir". Consiguió enfervorizar a sus militantes y mucha otra gente de la provincia. Incluso sectores de la izquierda marxista le dieron su apoyo abierto o encubierto en aquella oportunidad. Es que además de los factores mencionados, la juventud peronista -compuesta en su dirigencia mayoritariamente por pequeña burguesía universitaria- se habían ganado el rencor de los sectores de izquierda, por su soberbia y agresividad en los actos compartidos.
Inhabilitado por el aparato gubernamental para utilizar los símbolos y el nombre partidario, iría a la segunda vuelta con la sigla de la Alianza Popular Revolucionaria, frente que habían constituido para aquella oportunidad el Partido Comunista, la Democracia Cristiana y el Partido Intransigente del "Bisonte" Alende. Cerro, rector de la Universidad Católica, amigo de Juárez, haría buenos negocios otra vez. A través de su conmilitón Carlos Jensen le había facilitado el camino para la primera elección, prestándole cierto apoyo logístico desde el aparato administrativo. Ahora sellaba esa primera inversión prestando el sello de su alianza para que la utilizara quien se veía como el seguro ganador. Cerro obtendría pues una banca de senador -lo cual jamás hubiera sucedido de concurrir con su pequeña Democracia Cristiana-, Juan Rafael y otro ignoto miembro del minúsculo partido Intransigente irían a ocupar sendas bancas en la Legislatura local. El ejemplo de Solano Lima tendría pues rápida emulación aquí. Ante el éxito obtenido por esos sellos partidarios al aliarse con Juárez, un joven muy agraciado, cuya inteligencia quedaba opacada por su audacia sobrecogedora, decidió impulsar el comité provincial del Partido Conservador Popular. Miguel Brevetta Rodríguez, quien a sus veintidós años fuese favorecido por el director de Cultura del régimen militar, Gerardo Montenegro, convirtiéndolo en sucesor, lograría pronto abrirse un espacio entre la dirigencia local, cuyas relaciones iría a utilizar luego muy bien.
Por su parte, Juárez constituía su primera línea de dirigentes con quienes se habían destacado por su eficacia en el campo sindical o como dirigentes sectoriales. Así, al "aparato" partidario copado por los sectores de las clases medias santiagueñas, el incipiente caudillo santiagueño oponía un equipo compuesto por punteros surgidos de las bases peronistas. Juan Rodrigo, René Espeche, Rodolfo Cárdenas, Agustín Carreras, constituyeron la plana mayor del sector político-sindical, acompañados por una juventud más bien militarizada, que conducía Luis Uriondo (ex uturunco). Conocedor de la idiosincracia feudal santiagueña, Juárez se había asegurado además el apoyo de los principales capitalistas, obrajeros, propietarios de grandes explotaciones agrícolas, quienes ordenarían directamente a sus peones por quién iban a votar.
Un testigo de la época diría luego: "A Santiago llegaron Cámpora, Rucci, Abal Medina, Casildo Herreras.... (dirigente sindical de primera línea) Se reunieron en el Grand Hotel con la presencia de los candidatos locales López Bustos y Abdulajad; allí se lanzó el apoyo incondicional a éstos últimos para la segunda vuelta, puesto que el candidato de Perón siempre fue López Bustos. Aparte Juárez significaba el atraso, la represión y fundamentalmente porque Perón, no olvidó la actitud de Juárez cuando éste se vinculó a Vandor. Sin embargo, Juárez muy astuto manifestó a los santiagueños, una vez retirados los porteños, que nadie de afuera iba a decirnos a quién votar. Con esto tocó el orgullo de los peronistas y ganó las elecciones a pesar de tener todo el aparato en contra". (52).
Juárez triunfó categóricamente pero no fue reconocido por la Conducción Nacional quién designó, en última instancia como interventor, con Cámpora ya en el poder, al Profesor Juan Jiménez Domínguez en reemplazo del Gral. Ernesto Fatigatti. El diario El Liberal de fecha 23 de mayo de 1973, publicó una solicitada con la firma de Marcelo Paz Terrera, Ramón Zárate, María Luz Lucero, Ramón Cárdenas y Mario Díaz bajo el título "La verticalidad de rodillas", en la que acusaban al M.I.D. (partido de Frondizi y Frigerio), señalando "que se doblaron como juncos y deponiendo toda grandeza, propusieron y consagraron al candidato radical Ángel Sámez a la presidencia del Parlamento.
En el mismo periódico y el mismo día, en la página siguiente se leía: "Campaña confusionista inspirada en la desesperación: sostiene el Movimiento Nacional Peronista". Carlos Juárez es el causante de rumores y autor de una operación confusionista que hace aparecer a Perón como apoyando, en nuestra provincia, al candidato del continuismo. El sector escindido ha llegado al extremo de que uno de sus apoderados declarase a la prensa local que el candidato de Perón era Juárez. Los peronistas sabemos que el general no puede apoyar a quién lo ha negado en innumerables oportunidades y obstruido la campaña de Cámpora". (55)
Uno de los autores de este libro, Julio Carreras (h), con 23 años a la sazón era corresponsal de las revistas Nuevo Hombre (buenos Aires) y Posición (Córdoba). Inducido por las presiones familiares y cierta antipatía hacia las actitudes patoteriles del peronismo montonero, escribiría un extenso artículo a favor de Juárez que publicado en el mes de junio por Posición. En él afirmaba que el dirigente independentista representaba una opción positiva para los santiagueños. En su esquema gradualista, consideraba que si el peronismo juarista en el gobierno cumplía su programa, en Santiago se instalaría la etapa de desarrollo industrial capitalista imprescindible para crear un proletariado fabril en base al cual se aspiraría luego a un proyecto socialista.
Por su parte, la Tendencia (J.P. - Montoneros) que en ése momento intentaba marchar hacia el "socialismo nacional", veía en la figura de Juárez a la persona que representaba un peligro para el desarrollo de toda potencia revolucionaria.
Las pujas internas llegarían a su fin recién en Septiembre de 1973, cuando Juárez volvió a triunfar sobre López Bustos con un resultado que no dejó espacio para la duda.
Juárez integró su gabinete con Robín Zaieck (Ministro de Gobierno), Arturo Velarde (Economía), Eduardo Villegas Beltrán (Obras Públicas) y Juan Rodrigo (Bienestar Social).

La masacre de Ezeiza

El 20 de junio de 1973 el general Juan D. Perón regresó por segunda vez a la Argentina. Este segundo regreso tenía un contenido político diferente. En 1972 Perón todavía estaba en una posición combativa, dentro de su política burguesa, y vino a consagrar la fórmula presidencial Héctor Cámpora-Solano Lima. Dio inicio a una campaña electoral que prometía "Liberación o Dependencia" y hasta reivindicaba la libertad de los presos políticos de la guerrilla.
Lo de Ezeiza fue diferente. El retorno apuntaba a desplazar a Cámpora y a la izquierda, expresada dentro de su movimiento por la Juventud Peronista, los Montoneros y varios gobernadores progresistas: Obregón Cano en Córdoba, Martínez Baca en Mendoza, Oscar Bidegain en buenos Aires, Ragone en Salta. Como se dijo, Menem lo era pero no tanto. Por ello se reacomodaría enseguida.
Perón aceptó la "sugerencia" de López Rega en el sentido de que lo recibiera en Ezeiza una Comisión de Organización formada exclusivamente por la derecha peronista. Entre otros la integraban el general retirado Miguel Angel Iñíguez, el teniente coronel Jorge Osinde, el capitán Ciro Ahumada (ex jefe uturunco), Norma Kennedy, Alberto Brito Lima (del siniestro Comando de Organización-CdO), y los burócratas sindicales de SMATA, UOM, UOCRA y la Carne. Este sector organizó la masacre en las dependencias de Bienestar Social, los campings sindicales y hasta el hotel Internacional de Ezeiza, en cuyas habitaciones torturaron posteriormente a detenidos.
El aparato de "seguridad" estuvo nutrido por "la pesada" sindical, ex policías y ex militares. Hasta un grupo de mercenarios franceses, ex torturadores en Argelia, intervino en los tiroteos. El palco y los puestos de sanidad estaban repletos de armas largas, algunas de las cuales eran escopetas con cartuchos breneke para cazar elefantes.
El sentido de la matanza que había preparado el peronismo conservador era mostrarle a Perón que el movimiento estaba dominado por la derecha. Los millones de jóvenes que en todo el país se pronunciaban junto a JP por la Patria Socialista "no existían" o serían aniquilados.
Por su parte, el general retornaba con la idea de un gobierno moderado, de centro, que expresara la oligarquía su vocación renegociadora de la dependencia. Incluso había permitido que se filtrara sin desmentirlo el supuesto acuerdo con varios países europeos, para sustituir el capitalismo yanqui por otro del viejo continente. Perón quería poner fin al ciclo revolucionario inaugurado por el Cordobazo y la guerrilla. En vez de "Liberación o Dependencia" venía a decir que "para un argentino no había nada mejor que otro argentino". Traducido: "basta de lucha". Ratificaba que el programa del peronismo eran "Las 20 verdades justicialistas" -sin socialismo alguno- y desautorizaba la ola de ocupaciones obreras de empresas y dependencias estatales producida luego del 25 de mayo de 1973. Atrás habían quedado las veleidades tercermundistas y las lisonjas para los "muchachos de las formaciones especiales" (léase FAR-FAP-Montoneros. Incluso había llegado en esa reciente etapa a escribirle una carta a Fidel Castro, con motivo de un aniversario de la muerte del Ché, donde le decía que ambos perseguían los mismos objetivos).
La masacre comenzó a las 14 de aquel 20 de junio, cuando la columna sur de la Juventud Peronista y Montoneros-FAR, compuesta por unas 50.000 personas, quiso acercarse al palco. Allí mismo fue tiroteada por los fascistas comandados en el terreno por el ex militar y ex uturunco Ciro Ahumada, quien por ese tiempo daba los toques iniciales para la formación de la AAA.
Los Montoneros y FAR sólo tenían palos y armas cortas, porque iban con otra idea sobre lo que sería la disputa física por acercarse al palco para que los viera "el General". Creían que a lo sumo sería una cinchada de palos y empujones. Por eso llevaron la peor parte. Desde el palco los fascistas tiraban con escopetas y fusiles, no sólo a los Montoneros sino a todos los que se cruzaban en sus miras. Especialmente a quienes se habían subido a los árboles para ver mejor el acto. Uno de los primeros en caer fue quien marchaba delante de la columna sur, Horacio Simona, herido de bala y rematado a cadenazos por los fascistas.
Una vez producido el choque, varios detenidos fueron llevados para ser torturados en la habitación 108 del Hotel Internacional, según declaró Leonardo Favio, locutor oficial del frustrado acto. Leonardo Favio sufrió un ataque de histeria, pero aun así, llorando, poniéndose de rodillas ante los "fachos" y gritando por micrófono logró salvar a varios jóvenes de ambos sexos que estaban siendo torturados.
La política oportunista de los Montoneros en esta oportunidad se puede apreciar recordando la consigna que cantaban sus militantes: "Atención, atención, ha llegado un montonero que se llama Juan Perón".
Montoneros denunció a los integrantes ya citados de la Comisión Organizadora, en "El Descamisado" Nº 6, del 26 de junio de 1973. Pero allí no cuestionaron a Perón, que según ellos habría sido totalmente ajeno a los hechos. Todo era responsabilidad de Osinde-Kennedy, según el editorial firmado por el director, Dardo Cabo (durante la dictadura militar posterior sería asesinado durante un "traslado" de presos).
Lo más importante de Ezeiza, además de la tragedia por la sangre derramada, fue el curso político que siguió el gobierno. Se terminó la "primavera" reformista de Cámpora, quien fue obligado por Perón a renunciar el 13 y 14 de julio, asumió Raúl Lastiri, presidente interino de Diputados y yerno del ultrafascista ministro de Bienestar Social, José López Rega. En el Ier Cuerpo de Ejército estaba como jefe el general Jorge Rafael Videla, futuro cabeza del golpe militar. En septiembre se votó por la fórmula Perón-Isabel Martínez de Perón, lo que afirmó el curso derechista y antipopular del gobierno peronista. Nació la Triple A, anticomunista, que empezó a matar militantes populares. Los gobernadores progresistas fueron derrocados, comenzando por Obregón Cano-Atilio López en Córdoba con el "navarrazo" del jefe de Policía.
Recién el 1 de mayo de 1974 la Juventud Peronista y Montoneros, al ingresar al acto de la Plaza de Mayo iban a gritar "¿Qué pasa general, está lleno de gorilas el gobierno popular?". Serían expulsados por su líder, quien los iba a acusar de "imberbes, estúpidos, infiltrados", en medio de una defensa explícita de la burocracia sindical.
A su llegada a la base aérea de Morón y en su discurso del día siguiente, Perón no condenó los asesinatos y se dedicó a criticar a "los infiltrados", en referencia evidente a la JP y Montoneros. La derechización del peronismo había comenzado formalmente, bañada con la sangre de centenares de personas.
"Ezeiza contiene en germen el gobierno de Isabel y López Rega, la triple A, el genocidio ejercido a partir del nuevo golpe militar de 1976, el eje militar-sindical en que el gran capital confía para el control de la Argentina" (68). Ezeiza también sirvió para que la dirigencia Montonera pudiese esbozar una comparación que se remontó a 1951, "cuando se produjo el renunciamiento de Evita que significó un freno al ascenso al poder de aquel movimiento obrero. Ahora, Ezeiza significaba lo mismo para la nueva alianza social gestada después de muchos años de resistencia y que se había expresado en el retorno de Perón, en el luche y vuelve, en la campaña electoral, en el triunfo del 11 de Marzo y en la Plaza de Mayo el 25 de Mayo de 1973" (70).
De a poco Perón empezó a hacer sentir su presencia dentro del Movimiento lo que puso a las claras que la suerte de Cámpora estaba sellada. Cada vez más, Perón mostraba que -como dijera en su discurso del 17 de octubre de 1945- "no había honra mayor (para él) que ser militar". Poco tiempo después contradiría otra de las expresiones lanzadas aquella vez (el 17 de octubre). En esa oportunidad había dicho que renunciaba (con gran dolor) a su carrera militar, "pues prefería seguir siendo para siempre el coronel Perón", debido a que los militares no le permitían candidatearse a la presidencia. Ahora sugirió que ambicionaba las palmas de Teniente General, cosa que finalmente obtuvo, pasando por sobre las reglamentaciones. Perón comenzó a exigir a los peronistas que se definan entre el ERP o el Peronismo Ortodoxo. Como no podía ser de otra manera, los muchachos que se habían jugado la vida por él se resistieron a optar. Circulaba en aquel tiempo una anécdota que lo pinta de cuerpo entero: "su chofer le preguntó: ¿Qué dirección tomo, General? La misma de siempre -fue la respuesta de Perón: guiñe a la izquierda y doble a la derecha" (71)
Los primeros días de junio de 1973 buenos Aires amaneció empapelada con afiches que reclamaban la vuelta de Perón al poder. Cada uno, a su debido tiempo, comenzó a "serrucharle el piso" a Cámpora y por carácter transitivo a Righi, quién era Ministro del Interior y mostraba una clara orientación hacia la izquierda. A medida que avanzaban las horas, el giro a la derecha de Perón se hizo más evidente. Primero se había reunido con el Gral. Carcagno quién en 1969 encabezara la represión del Cordobazo. Posteriormente, "Victorio Calabró, dirigente metalúrgico y vicegobernador de la provincia de buenos Aires, pidió que el Presidente de la República se vaya. Los sindicatos habían vuelto a tomar la iniciativa, pero no eran los únicos: el Ejército también deseaba la vuelta de Perón, pues estaba preocupado por la infiltración marxista" (72).
Con todo lo que sucedía a Cámpora y Solano Lima no le quedaba otra alternativa que renunciar. Esto se produjo el 13 de Julio de 1973. Raúl Lastiri, yerno de López Rega, se convirtió en el Presidente Provisorio y convocó a elecciones para "lo antes posible".
"El complot ha salido a la perfección. Las Fuerzas Armadas están satisfechas. Los militares, siempre fanáticos de la unanimidad y la unidad nacional, desearían que para las elecciones, se formara una unión bajo la dirección de Perón y el líder radical Ricardo Balbín. El General Perón dice que no. Sea lo que fuere, el peronismo parece haber recuperado sus dos pilares tradicionales: el Ejército y los sindicatos" (73).
La juventud maravillosa puso al mal tiempo buena cara. Crearon la teoría del cerco, la cual descansaba en la idea de que Perón estaba rodeado por un entorno, en el que las figuras claves eran López Rega -"el brujo"- e Isabel, quienes no le permitían poseer datos reales de lo que sucedía en el país. Por tal motivo, la conducción de montoneros entendió que era importante entrevistarse con Perón, para lo cual organizó una marcha hacia Vicente López.
López Rega, mientras tanto, ya se había despachado contra la JP diciendo que eran homosexuales y drogadictos. Los cánticos, en dicha marcha, arreciaron contra el brujo: "No somos putos/no somos faloperos/somos soldados de FAR y Montoneros". "Si Evita/viviera/mataría a López Rega". "El Brujo nos decía/que a Perón lo engualichó/ y Perón le contestaba:/la puta que te parió" (74).

 

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