Los "sin patrones" de la carne

Por Pedro Jorge Solans*

La planta frigorífica recuperada por los obreros, cumplió dos años de trabajo productivo y hubo fiesta popular en Máximo Paz, provincia de Buenos Aires. El portón del frigorífico se abrió para mostrar que pudieron gestionar su propia producción.

La cooperativa Frigocarne está sostenida por el trabajo diario de 150 personas. Produce el 50% de la capacidad de su planta, faena 10.000 vacunos y crea valor al cortar y limpiar mondongo. Es la principal impulsora de la economía del pueblo. Los "trabajadores sin patrón" saben que su horizonte está en la exportación y trabajan con ese objetivo.
Recientemente, recibieron un crédito otorgado por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación con el fin de alcanzar los requisitos que exige el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) para integrar la lista de exportadores .
En la actualidad, sólo pueden exportar 2.000 reses a Venezuela, y con entusiasmo esperan la visita de una comitiva venezolana del Servicio Autónomo de Sanidad Agropecuaria (Sasa).
Entablar relaciones comerciales con Rusia, China y los países de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América (Alba), generaría otro centenar de puestos de trabajo genuinos en la cooperativa.

La hora de la infamia

La producción ganadera es importantísima en la economía argentina, así como la refrigeración y procesamiento de carne y subproductos. En 1994, ocupaba el quinto lugar por sus existencias, - unos 50 millones de cabezas de ganado vacuno- y el tercero como productor de carne, con 3,4 millones de toneladas anuales.
La actividad cárnica se puede remontar al primer frigorífico argentino que fundara en 1883 Eugenio Terrasón, en su antiguo saladero de San Nicolás, donde comenzó a preparar carne congelada de ovinos.
Entre 1883 y 1905, se instalaron nueve frigoríficos de capitales argentinos muy cerca de los puertos, en San Nicolás, Campana, Avellaneda, Las Palmas, Cuatreros y Zárate. Luego la mayoría pasó a capitales británicos hasta que ingresaron los grupos norteamericanos.
En plena lucha económica conocida como guerra de las carnes, los norteamericanos se apoyaron en el cambio técnico representado por el chilled beef (carne enfriada), de mayor calidad que el frozen beef (carne congelada) empleado hasta el momento.
La disputa entre empresas británicas y norteamericanas casi borra la participación de capitales argentinos en la industria frigorífica.

En 1933, el tratado Roca-Runciman, combatido enérgicamente en el Senado por Lisandro de la Torre, mostró claramente la dependencia que se tenía de Gran Bretaña. El negocio de las carnes fue símbolo de la corrupción durante los años 30, denominada "década infame".
Cabe recordar la denuncia por fraude y evasión impositiva que realizó de la Torre contra los frigoríficos ingleses, Anglo, Armour y Swift, que, en complicidad con el gobierno de Agustin Justo, no pagaban impuestos ni recibían inspecciones. Sin olvidar como el frigorífico Anglo ocultaba información contable en cajas de "cornead beef" selladas por el ministerio de Hacienda, a cargo de Federico Pinedo, en el barco inglés "Norman Star".

La década infame dejó su impronta en el sector cárnico. Forjó una corporación que tuvo antecedentes en el siglo XIX cuando se alambraron los campos en la pampa húmeda. Pero creció vertiginosamente recién cuando los ingleses y los norteamericanos enfriaron la guerra de las carnes y cambiaron sus estrategias comerciales.
El 21 de octubre de 1968, la familia de Guillermo Piczman fundó el frigorífico Máximo Paz SA. La empresa generó empleos directos e indirectos en el partido de Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires. Los pequeños comercios y la economía informal de la zona crecieron al ritmo del desarrollo del frigorífico, de un peladero de aves y de una fábrica de productos químicos. Los vecinos de Máximo Paz proyectaron sus vidas en un mapa de esperanza hasta que se quedaron sin nada en 1976.

De la mano del golpe militar, el frigorífico pisoteó las leyes comerciales, laborales y sociales. Los Piczman aprovecharon sus relaciones con los sectores más oscuros de la dictadura militar (1976-1983) y lograron una rentabilidad excesiva. Se apropiaron indebidamente de los recursos de los trabajadores, del Estado, de los productores y de los prestadores de servicios de la industria privada.
Con el retorno de la institucionalidad, los Piczman cobijaron a varios sectores de la dictadura -mano de obra desocupada- y se aliaron con algunos referentes del gobierno de entonces, presidido por Raúl Alfonsín (1983-1989).

El "cabo Norberto Cossani" ligado al Frigorífico Gorina, el teniente Jorge Radice ligado a Alberto Samid y Frigorífico Yaguane, Mario Caserta del frigorífico Carindú y después valijero de Amira Yoma, y Enrique "Coti" Nosiglia, se habían adueñado de la vida de los trabajadores del frigorífico Máximo Paz.
En el período de gobierno de Carlos Menem (1989-1999) la desprotección de los trabajadores fue total y arrasaron las pocas reivindicaciones que estaban en pie. Habían desaparecido las luchas sociales y económicas en el frigorífico. Florecieron las faenas en negro, la evasión, los atropellos, los allanamientos, las clausuras y los despidos. El neoliberalismo menemista los puso frente a una nueva década infame.

En febrero de 1993 hubo un hecho que marcó a fuego a Los trabajadores: Guillermo Piczman alquiló la planta con los obreros dentro como si fueran muebles.
La violenta situación llevó a los trabajadores al desempleo, a la subocupación y la pobreza. Con el aprovechamiento de la crisis global para su propio beneficio, la familia Piczman provocó tres abandonos de planta con quiebras incluidas. Los trabajadores fueron empujados a vivir en la miseria, con los planes sociales y las changas, en paro forzoso desde febrero a septiembre de 1998. Luego se repitió la experiencia desde diciembre de 2000 a mediados de 2001.
Y la última fue en diciembre de 2003. En marzo de 2004, los obreros en asamblea resolvieron cambiar el curso de la historia.

Del vaciamiento a la acción

El 27 de marzo de 2004 los trabajadores desocupados decidieron recuperar la planta. La acción fue rápìda y original. Raúl Oscar Ruiz Huidobro, Antonio Ocampo, Enrique Miguel Saavedra, Mirta Aranda, Estela Ayala y Bartolomé Carabajal, entre otros, ingresaron al frigorífico, tomaron la guardia, desarmaron a la seguridad y se quedaron dentro con las armas. "En la última asamblea como trabajadores desocupados supieron que la búsqueda del pan era una larga lucha desigual por la dignidad y la felicidad. Aprendimos que hay que dar y poner todo. Pero también, nos dimos cuenta que necesitábamos una cancha para jugar nuestro propio partido", recordó Raúl Oscar Ruiz Huidobro, tesorero de la Cooperativa Frigocarne.
El municipio de Máximo Paz y Piczman quisieron desalojarlos. Luego, intentó la gente del matarife Alberto Samid, con actitud de patota y exhibiendo armas. Después tuvieron que soportar la embestida de otros carniceros. Pero todos corrieron la misma suerte que los agentes de seguridad de los Piczman: los trabajadores mostraron firmeza con las armas arrebatadas en la guardia y resistieron.

Tras la posesión de la planta, los trabajadores resolvieron sus diferencias internas en largas y ásperas discusiones, y coincidieron en la necesidad de crear una herramienta social. Surgió entonces la propuesta de una cooperativa para producir y comercializar socialmente, que tuviera como fin el trabajo y no el capital.
"De esa manera, no podíamos hablar de ganancias, sino de excedentes en función del trabajo realizado. Ése era nuestro último y, contradictoriamente, primer objetivo", señaló el cooperativista Ruiz Huidobro.
Pero los nuevos obreros-socios necesitaron un tiempo de discusión para lograr plena conciencia de que no habían dejado de ser parte de la clase obrera. "Sólo nos habíamos apropiado de un medio de producción. Habíamos logrado despedir a los patrones. Y sin patrón, empezamos a realizar el sueño de muchos obreros"; señaló el actual tesorero. Sin embargo, el paso de la relación de dependencia a la relación asociativa, fue un proceso muy traumático, porque los trabajadores estaban acostumbrados a cobrar por quincena, por mes, por aguinaldo, y se pasaba a una situación en que se dependía de los anticipos de retorno, o de los ajustes cuando se realizaban los balances.

Para Eduardo Fontenla, estudioso del fenómeno de las empresas recuperadas; "en el 2001, la única solución era tomar la empresa y formar una cooperativa.
Las empresas recuperadas nacieron a partir de la crisis. No son resultados de un proceso. En ellas se da una cuestión más revolucionaria, donde la cooperativa aparece como una opción legal:
En primer lugar, se produce la toma de la empresa. En segundo lugar, la resistencia frente a los antiguos dueños. En tercer lugar, el trabajo; y como opción legal, en el cuarto puesto, aparece la cooperativa."

La resistencia

Mientras el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) respaldó a los trabajadores cooperativizados, los organismos de control del sector cárnico frenaron el desarrollo de Frigocarne.
Mirta Aranda, socia-trabajadora, explicó que en numerosas ocasiones debieron apelar a la movilización para destrabar la burocracia administrativa. Aunque reconoció que los mayores avances lograron durante la gestión de Felisa Miceli, en el Ministerio de Economía.
En ese período, la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) le otorgó la matrícula de matarife abastecedor.
"Cuando tuvimos la resolución en las manos creímos tomar "el cielo por asalto"; íbamos a empezar con la producción y la comercialización como actor social de las plantas recuperadas. Pero volvimos a chocar contra una pared"; recordó Ruiz Huidobro.
Con la matrícula de matarife abastecedor bovino y la planta puesta a punto, faltaba el certificado de vuelco que se necesita para utilizar agua. La Autoridad del Agua (Ada) no se lo otorgaba porque no podía analizar la planta de tratamiento de efluentes.
Ruiz Huidobro resaltó la incoherencia de la Ada preguntándose: "¿Cómo íbamos a volcar agua a las piletas si no nos autorizaban el vuelco? ¿Qué análisis podían hacer de las aguas si no nos dejaban volcarlas?"
Con la falta del certificado de vuelco empezó a funcionar la máquina de impedimentos. Frenó la habilitación fitosanitaria que otorga el Senasa.
Los trabajadores volvieron a la lucha en las calles para resolver las cuestiones burocráticas que lograron que la planta cumpliera un año sin producir y se les venciera la matrícula anual. Tuvieron que reinscribirse de nuevo como matarife en la Oncca. Pero a fines de 2006, cuando resolvieron los problemas de la Ada y de Senasa, la Oncca le dio de baja la matrícula como matarife abastecedor bovino.
Otra vez, debieron emprender una batalla legal, acompañada de movilizaciones y cortes de calles frente a la sede de la Oncca en Capital Federal.
Recién el 19 de marzo de 2007, lograron una matrícula como cooperativa proveedora de servicios pero que no habilitaba para comercializar.
Daniel Fortunato, director de la Oncca, que había firmado esa matrícula, y su asesor Sergio Roberts, -vinculados a las cámaras frigoríficas- comunicaron "off the record" a los trabajadores que jamás tendrían matrícula de matarife abastecedor. Adujeron "competencia desleal" por las ventajas impositivas que tenía la cooperativa sobre el sector privado. Frigocarne no podía comprar ni vender. Sólo debía servir a los operadores del mercado tradicional de la carne.
Se cayeron los contratos para trabajar a fasón en el mercado interno y se caían las cartas de intención firmadas con el mercado institucional y privado de Venezuela. Los cooperativistas sumergidos en la impotencia tuvieron que negociar en condiciones desfavorables con el sector de los matarifes -"pymes informales" - perdiendo los contratos ganados en licitaciones. Volvieron a foja cero.

Otra vez al paro forzoso, a las movilizaciones, hasta que se abrió un nuevo marco de negociación con la Oncca. Surgió una variante que conformó al sector conservador de la carne. La propuesta consistía en que los trabajadores formaran una sociedad anónima .
¿Cómo haría el Estado para justificar la operatividad en el mercado de una sociedad anónima, con los mismos integrantes del Consejo de Administración de la Cooperativa?
¿Cómo harán los hombres de línea de la Oncca para inscribir y otorgar la matrícula de matarife abastecedor a una sociedad anónima que tendrá la misma disponibilidad económica que la cooperativa?
En una asamblea de socios de Frigocarne surgió Fricarnespat S.A. (frigorífico de carne sin patrón)

La reacción

La puesta en marcha de la planta de Frigocarne generó una contraofensiva del grupo más fundamentalista del sector cárnico que no escatimó amenazas, persecuciones y conflictos de baja intensidad.
"Lo que más le dolió a la patronal de la carne fue que despedimos al patrón y que formamos un nuevo actor social que controla los vaciamientos de empresas y las quiebras fraudulentas", relató Estela Ayala, socia-trabajadora. "Los trabajadores sin patrón que recuperamos fábricas somos quienes podemos controlar a los empresarios delincuentes y evasores apañados por políticas del Fondo Monetario Internacional", sostiene.
Con la puesta en marcha de la planta se acentuó la persecución empresarial que fue desde amenazas a los trabajadores, hasta el soborno institucional. "La producción bajo la figura de sociedad anónima provocó graves conflictos en el aspecto tributario, que luego fueron utilizados en contra de los trabajadores", acotó Ruiz Huidobro.
En una carta que los obreros enviaron a la Agencia de Recaudación de la Provincia de Buenos Aires (Arba) preguntaron: ¿Por qué no nos dejan exportar ? ¿Acaso no se pueden dictar normas que contemplen y favorezcan los intereses de nuestro sector? ¿Por qué hay sólo subsidios y excepciones para las empresas privadas y no puede haberlos para los obreros? ¿No se podrán lograr políticas públicas que garanticen los intereses del nuevo actor social en el marco tributario, laboral, gremial y previsional?

Un nuevo actor social

"Fricarnespat y Frigocarne no constituyen un mecanismo del mercado, ni un sistema para aprovecharse del Estado. Son parte del nuevo actor que produce y comercializa carne", dijo Antonio Ocampo, trabajador-cooperativista. Desde otra experiencia, así lo explica Alejandro Eguiguren, dirigente y gerente general de la Cooperativa Integral de Villa Carlos Paz, en la provincia de Córdoba: "nose puede tratar a las fábricas recuperadas como si fueran empresas capitalistas que acumulan riquezas".
Los "trabajadores sin patrón" pidieron al Estado un trato especial a través de la condonación de la deuda impositiva heredada de la quiebra o la excepción del pago de los impuestos. También señalaron que reformar la ley de quiebras facilitaría la vuelta a la producción de empresas quebradas y recordaron que la última vez que se reformó fue por exigencia del establishment y del FMI con el fin de proteger los intereses de los acreedores. La ley vigente establece que la indemnización de los empleados es del 50% sin intereses, mientras que el acreedor aspira a cobrar el 100% de su crédito más intereses. Según Ruiz Huidobro, se necesita una reforma a la ley de quiebras que defienda la fuerza laboral y un nuevo esquema impositivo que garantice los intereses de los trabajadores que recuperan empresas quebradas por los empresarios.
La aparición en escena de los "sin patrones" en el sector de la carne sacudió el esquema económico, administrativo y político del país. Nadie esperaba que aquel movimiento de fábricas recuperadas que surgió en el 2001 llegase a cuestionar desde la economía social el modelo agro-exportador excluyente. Los "patrones de siempre" no concibieron nunca un país para todos. Durante doscientos años consideraron suficiente compartir las penas con sus compatriotas porque las vaquitas eran de ellos.

* Director de www.eldiariodecarlospaz.com
 

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