"Sabíamos que enfrentábamos el poder hegemónico del oligopolio"

Intervención de Osvaldo Vergara Bertiche en la Jornada Abierta para el Abordaje de la Nueva Ley de Comunicación Audivisual, en nombre y representación de ACAPI (Asociación de Comunicadores de Argentina por Internet)

Concejo Municipal de Rosario, Martes 24 de Noviembre de 2009

En primer lugar quiero agradecer al Señor Presidente del Concejo Municipal, Don Miguel Zamarini y al Señor Concejal Don Juan Rivero, éste último autor de la iniciativa, por haberme dado la posibilidad de participar en esta Jornada Abierta para el abordaje de la nueva Ley de Comunicación Audiovisual.

Lo hago en nombre y representación de ACAPI, Asociación de Comunicadores de Argentina por Internet.

En la convocatoria de este encuentro se plantea el abordaje respecto a la implementación de la Ley, como así sus alcances y también el efecto que producirá en la ciudadanía. Quiero señalar, que es la ciudadanía la que producirá el mayor de los efectos. Es el Pueblo el que provocará un devenir distinto en la comunicación audiovisual.

Los comunicadores nacionales y populares por Internet resolvimos congregarnos en una asociación que nos permita defender nuestros intereses, intercambiar y potenciar la información y el análisis, desplegar los conocimientos técnicos, conseguir respaldo institucional y avanzar, junto a realizadores de radio, televisión y medios gráficos, en propuestas que pongan al Pensamiento Nacional en el lugar que merece luego de un largo período de concentración y crecimiento de los medios antinacionales y liberales.

Sabemos que durante años nuestra actividad ha resultado exitosa y masiva.

Desde la sanción de la Ley bregamos para que la influencia real obtenida a través de miles de receptores y gracias a un trabajo certero y documentado, obtenga un lugar preponderante en lo comunicacional nacional.

Así como respaldamos la iniciativa de dejar de lado una normativa impuesta por la dictadura, requerimos hoy servidores nacionales y eliminación de la censura en los tradicionales, capacidad de transmisión suficiente y estable, condiciones legales justas y equilibradas para nuestra actividad. En tiempos recientes el consumo de internet ha resultado creciente y satisfactorio.

Aquellas noticias que los medios concentrados se niegan a ofrecer porque colisionan con sus intereses, aquellos pensamientos que son omitidos porque damnifican la hegemonía liberal, encuentran un lugar en la red, gracias al esfuerzo que nosotros, junto a miles de compañeros, llevamos adelante.

La utilización en el campo nacional de distintas herramientas ha sido una constante, desde la “tiza y el carbón” hasta Internet y siempre han sido creativas, inteligentes y provechosas.

Es hora de legitimar institucionalmente esta labor, de conseguir carta de ciudadanía para estos logros. De conseguir el lugar y el respaldo necesario para seguir y avanzar, comprendiendo que en un espacio tan determinado por la tecnología, la capacitación y la actualización son decisivas para poder brindar los informes y las opiniones adecuadas a los tiempos que corren.

La corriente nacional en la Argentina siempre ha empleado con eficacia las nuevas instancias técnicas; no vamos a desdeñar esta nueva realidad que impone la red, reconociendo a quienes desde distintos lugares lanzan un mensaje de integración latinoamericana que se despliega hacia la Patria Grande.

Por ello apoyamos decididamente la nueva Ley. Sabíamos que la pulseada costaría mucho esfuerzo, que implicaba desafiar el mundo de los negocios de los medios, el poder estratégico de una construcción social con sentido antinacional, vaciada de contenido y consumista. Sabíamos que enfrentábamos el patrimonio del direccionamiento de la cultura, el poder hegemónico del oligopolio.

Se apeló a la mentira, a la tergiversación y la manipulación informativa. La campaña en contra de lo que fue el proceso de sanción de la nueva Ley se convirtió en uno de los espectáculos más groseros de nuestra vida en democracia. Se agitaron los fantasmas de que atenta contra “el pluralismo de ideas”, “la independencia periodística”, “la libertad de expresión” y “la libertad de prensa”.

Sin embargo, la virulencia que tuvo la campaña y el cúmulo de falacias empleadas tienen más que ver con lo que se calló que con lo que se informó. La inflamada retórica de la propaganda anti Ley forma parte de la banalización de las comunicaciones de los grandes medios.

La dureza de la retórica verbal fue y es un reflejo del silencio de años. La decadencia de los sectores que defendieron la vieja ley de la dictadura quedó evidenciada, ya que - a falta de argumentos - se apeló al miedo, utilizando términos como “ley mordaza”, y agitando temas como censura, desaparición de medios y de fuentes de trabajo.
Los medios empresariales de comunicación se escudan en un discurso tergiversado de la libertad de expresión para mantener el privilegio y el monopolio informativo.
El bombardeo apocalíptico producido no se debe a la posibilidad de que haya nuevos medios independientes, sino a la perspectiva concreta de perder la potestad de construir la agenda única.

Desde hace tiempo los multimedios han sacrificado su obligación de informar, en beneficio de la dinámica del insaciable crecimiento de consorcios grupales.
Lo que el debate ha puesto al desnudo es que el supermercado comunicacional a través del ejercicio selectivo de la información persigue la gestación de negocios que son simples subproductos comerciales. Y aplicaron, en consecuencia, la política de “tolerancia cero” con el disenso.

Pero más allá de los aspectos técnicos de la Ley, hay que poner en el centro del debate la finalidad política, que no es otra que ampliar la participación de los sectores populares.
En un país que a nivel mundial tiene un índice extraordinario de concentración de medios, sus dueños ejercen formas de poder excluyente, autoritario y extorsionador.
Los medios concentrados han sido uno de los pocos espacios políticos, sociales y culturales de la Argentina que no han realizado ninguna critica, respecto de su comportamiento durante la dictadura.
Hemos estado frente a un ejercicio concreto del poder en el campo de las ideas y una manera de transmitirlas.
Hay una disponibilidad para la manipulación en el sentido de producir acontecimientos y emociones colectivas que han sido sistemáticamente utilizados en las más diversas situaciones.
Llegamos a una etapa en que los medios de comunicación han incidido más que nunca en la formación de las nuevas generaciones, moldeando gustos y tendencias en públicos de todas las edades.
Como si esto fuera poco, construyen los “grandes temas” sobre los cuales se debe discutir a diario, implementando candidatos, formas de gobernar y de hacer política, y presentándolos como verdad absoluta.
Si fuimos capaces otrora, de producir contenidos culturales de calidad y de cierta masividad, teniendo aceptación más allá de nuestras fronteras, hoy la sociedad argentina se ha convertido en un mero receptor de programas de farándulas y enlatados de una subcultura de modelos ajenos a nuestra historia, a nuestro Ser Nacional.
A estas manifestaciones hegemónicas de posicionamiento global, no podemos darle otro nombre que el de cooptación cultural del centro a la periferia, que nos lleva a la dependencia en detrimento de la soberanía nacional.
La concentración ha conllevado a una dictadura corporativa que tiene, justamente, como fachada a los medios de comunicación.
El extremo es el haber llegado a una etapa de pretender gestar un grupo reducido de líderes que va a dirigir la sociedad mediante la manipulación de masas.
Si las dictaduras militares latinoamericanas beneficiaron a muchos medios privados de comunicación, el modelo neoliberal en manos civiles resultó igual de bondadoso a la hora de concretar sus monopolios informativos. Con un Estado cada vez más raquítico, el poder mediático brilló con más bríos iniciando la formación de grandes conglomerados.
Con el eufemismo de la competencia del mercado y la libertad de expresión se desalojó por completo de la escena a aquellos medios públicos y asociativos que no podían conseguir recursos económicos ni competir con las capacidades tecnológicas de los privados, bien nutridos de fondos de publicidad y ayudas extranjeras.
Neutralizar cualquier corriente de opinión que propugnara iniciativas que no interesen, o embestir contra gobiernos que adoptan legislaciones que afectan a sus operaciones, es la tendencia de la hegemonía mediática local. Con falso axioma, los medios privados se manifiestan como independientes y libres, enmarcando al medio estatal o público como prensa oficialista.
La conclusión de este debate puede ser clara teniendo en cuenta que la propiedad privada concentrada de los medios supone más secuestro y dominio sobre los contenidos que la propiedad pública (estatal, provincial, municipal o universitaria) o las alternativas (comunitarias, cooperativas, sindicales, asociativas).
El Estado nacional es el legítimo garante para retomar el concepto de la comunicación como derecho humano, indispensable para el ejercicio de ciudadanía, permitiendo recuperar la palabra del pueblo, que no está mudo pero que necesita canales de expresión.
Da una gran satisfacción saber que la política se puso al servicio de todos.
La nueva ley es plural porque permite el surgimiento y/o la legalización de numerosos medios de las mas diversas posiciones ideológicas y corrientes políticas, sociales y culturales, que desde sus respectivas editoriales le permitirán al publico tener un abanico de interpretaciones, una visión mas variada de la realidad (justamente porque escuchan distintas voces, distintas campanas), por esa misma razón cada ciudadano tendrá una visión mas critica de su propia realidad, pudiendo tomar decisiones autónomas y no condicionadas.

En definitiva, esta nueva ley representa a una nueva democracia, es un gran paso hacia la institucionalidad de la República, es un salto cualitativo gigante hacia la sociedad del conocimiento y de la información, de la democracia formal a la democracia social, donde la palabra de algunos dará paso a la palabra de millones.
A partir de la sanción de esta nueva Ley ya nada es igual. Y debemos estar atentos y vigilantes para impedir que sea modificada en aspectos sustanciales.
A los que veníamos bregando por este proyecto nos llena de satisfacción y orgullo saber que la lucha valió la pena.

Muchas gracias

Osvaldo Vergara Bertiche

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