Una lógica perversa

Por Jorge Rachid

La falta de acuerdos entre el sector empresarial, los sindicatos y el Gobierno nacional en cuanto a los desafíos que implica una nueva ley de riesgos del trabajo, produjo como consecuencia el decreto número 1694/2009 de incremento de prestaciones dinerarias y la creación de un registro de prestadores médicos asistenciales.

Desde las múltiples declaraciones de inconstitucionalidad de la ley 24.557 hasta el golpe final que le propinó la Corte Suprema de Justicia de la Nación con la abolición de los artículos 39 y 46 que devolvió dignidad a los trabajadores, tratados como kelpers en la le-gislación perversa de los 90 –diferentes al resto de los argentinos, discriminados y desprotegidos en su salud, maltratados en las reparaciones por accidentes de trabajo, abandonados por compañías de seguros inescrupulosas que declarando inculpables las mayoría de las patologías del trabajo–, sobrecargaron las ya castigadas finanzas de las obras sociales, y debieron junto al hospital público, asumir las prestaciones médicas del infortunio laboral.

La negativa del sector empresarial de admitir que el único capital del trabajador es su salud, que sin ella el trabajador no tiene capacidad económica, al no aceptar que las condiciones de higiene y seguridad en el trabajo requieren inversión, tal como se invierte en bienes de capital, como se cuidan las máquinas con el mantenimiento y no se cuidan los hombres y mujeres que trabajan y se deja en manos de las empresas aseguradoras –las ART– las supuestas condiciones de funcionamiento en cuanto a que la seguridad en manos de estas empresas, es privatizar un derecho humano constitucional como es la salud de los trabajadores.

El Estado debe asumir la responsabilidad de garantizar el capital del trabajador que es su salud. Todos los sectores empresarios y actores económicos, productivos y de servicios, re-claman seguridad jurídica, apoyo financiero ante la crisis, eventualmente inversión con créditos blandos estatales, pero los trabajadores son abandonados en manos de la lógica del seguro lucrativo, que sin dudas constituye una lógica perversa, economicista y financiera –como ya la vivimos con las AFJP– que por decisión de este Gobierno pudimos finalmente suprimir, pero que aún no podemos superar en el caso de los trabajadores, pese a constituir el núcleo central de la recuperación del Estado como ordenador social, derrotando al con-cepto del mercado.

El nuevo decreto aumenta los montos indemnizatorios, los actualiza. Bienvenido sea, pero mantiene los pagos diferidos pese a lo dictaminado por la SCJN: es como si a cualquier ciu-dadano le roban el coche y el seguro se lo paga en cuotas. A los trabajadores se los sigue discriminando abonando la aseguradora el daño siniestral con un porcentaje de contado y el resto en cuotas en los accidentes que ocasiona pérdidas mayores al 50% de la “total obrera”, entendida ésta como la capacidad de trabajo del hombre. Es sin dudas indignante la continuidad de dicho sistema, pero lo es aún más que se siga la lógica de cambiar dinero por salud. Los accidentes de trabajo no existen, lo que existe es la falta de inversión en higiene y seguridad, capacitación continua de los trabajadores, medidas ergonómicas claras, valoración correcta de los riesgos profesionales, presencia del Estado y no sólo de las ART, controles continuos, exámenes periódicos como estipula la misma ley que, cuando se realizan, parecen un trámite administrativo mas que un acto médico dirigido a la tarea específica del trabajador.

EL TRABAJO NO ES SALUD

¿Quién conoce los efectos que sufre un trabajador hombreando bolsas de 50 kg. (prohibidas en el mundo) desde los 20 años como para que a los 40 le digan que su enfermedad colum-naria es inculpable? Lo mismo podríamos decir de quienes cargan rollos textiles de 80 kg. o medias reses de 105 kg. ¿Cómo puede valorarse que a un filetero de Rawson o Trelew, que pasa 8 horas en cámaras de frío bajo cero con trabajo a destajo u horas extras después de años de labor, se le dictamine inculpable (que no tiene nada que ver con el trabajo que realiza) la artrosis severa de manos?

Nadie ve con certezas el trabajo infantil en la determinación de las hojas tiernas de los taba-cales salteños, ni la cosecha del algodón porque los mayores no pueden agacharse, niños que deberían estar jugando o en la escuela antes que trabajando, niños que verán envejecer su cuerpo prematuramente.

Las patologías profesionales figuran como en el siglo pasado, como el caso del síndrome del túnel carpiano del radiotelegrafista pero no para el despostador frigorífico, el playero o el repositor. Las neurosis parece que se acabaron con las telefonistas de cable, pero se ignoran para los jóvenes trabajadores del telemarketing, en general su primer empleo. Las enfermeras con sus várices como los tintoreros –trabajando a 40 grados por horas– sin pausas. Los trabajadores del hielo que realizan sus tareas a 20 grados bajo cero, con afec-taciones oculares; los hombres de las estaciones de servicio y garajes con trastornos respiratorios por las emanaciones fácilmente controlables con máscaras y sistemas de ventilación no controlados, o los jóvenes de los sistemas de antenas de emisión altamente oncogénicas.

Seguiríamos con las curtiembres y los trabajadores del calzado con productos químicos lesivos y tóxicos, pero la síntesis no impide el desarrollo completo de cómo se ha intentado cambiar la etiopatogenia de las enfermedades y su manera de producción, declarando inculpables enfermedades y accidentes claramente laborales, en función de los intereses de las aseguradoras con complicidad de las Comisiones Médicas de la SRT.

Del tema salud se debe ocupar Salud Pública de la Nación y no organismos como la Superin-tendencia de Riesgos del Trabajo (ley 24.557) financiada por las mismas ART que debe con-trolar y ni siquiera lo puede hacer con los exámenes periódicos que marca la ley desde su creación. No puede haber otro registro de prestadores cuando existe el registro duplicado de Salud Pública y la Superintendencia de Servicios de Salud, capacitados para determinar excelencia en las prestaciones. La salud de los trabajadores no puede estar en manos de contadores y sus cálculos de costos, ni de funcionarios que no conocen ni un balancín por no decir un trabajo en boca de pozo, ni en mina a cielo abierto ni en el salitral. Es lamenta-ble el daño a la cultura sanitaria de nuestro pueblo trabajador que ha producido una herramienta económica del sector financiero para ajustar costos empresarios, a costa de la salud de los trabajadores.

LA CRÓNICA NO PUBLICADA

Podríamos seguir la lista de las perversidades diciendo que tres muertos por día de trabajadores registrados no conmueven a nadie, ni a los medios de comunicación, ni a los analistas políticos y opinólogos de toda estirpe, como tampoco los más de 7.000 lisiados inválidos que suceden a los accidentes laborales por falta de previsión dentro de los 750 .000 accidentes de trabajo que se producen por año, sin que entren en la estadística el 38% de trabajadores no registrados. Esto sucede así porque el concepto del seguro desarrollado por el Banco Mundial sobre la salud le ha quitado entidad sanitaria, transformándose en un simple cálculo econométrico. Por eso “no hay que cambiar de collar sino cambiar de perro”. Las ART deben pasar a ser el resabio no querido de una época de dominación neoliberal que acompañó la destrucción de la legislación laboral, hizo a los trabajadores rehenes de las patronales, destruyó el sistema previsional argentino, lo saqueó, lo descapitalizó y avanzó sin concretarlo hasta ahora sobre las obras sociales, introduciendo las prepagas como ariete de la desregulación, herramienta que debilitó al sistema solidario, descremando los salarios altos de los bajos.

Mientras siga vigente la ley 24.557 el rostro más inhumano del capitalismo salvaje seguirá presente. Los decretos sólo deben servir de paliativos, pero si se pudo vencer la cultura fi-nanciera que introdujeron con las AJFP en la seguridad social, si se pudo avanzar en restituir la dignidad del trabajo a través de las leyes laborales, si se pudo cambiar la legislación dictatorial y perversa de la comunicación audiovisual, ¿cómo no se va a poder legislar sobre lo más maravilloso que tenemos que son los trabajadores, convidados de piedra a la fiesta neoliberal que pagaron con postergaciones, iniquidades, enfermedades y muertes el desprecio absoluto por la vida humana en nombre de la modernidad y de la eficiencia, avasallando la Justicia Social y llevando a la diáspora social a inmensos sectores de población que debilitaron fuertemente el cuerpo social argentino?

Es nuestra hipoteca pendiente. Bienvenidos los avances, que son sin dudas el camino, pero desmontar el sistema estructural de la lógica perversa del mercado, requiere no detenernos en parches que sólo son paliativos de situaciones injustas. La verdadera injusticia es no dig-nificar al hombre y el trabajo como eje de un modelo social más justo y solidario.

Dr. JORGE RACHID
CABA, 10/11/2009
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

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