La eutopía malvinera

Por Francisco José Pestanha.

"Hemos edificado toda nuestra vida con elementos prestados. Desdeñando todo lo propio, todo lo genuinamente nuestro, todo lo que llamo genio facúndico para designar sensiblemente –con una figura de representativa y rancia reciedumbre humana y popular– la expresión argentina. Nos hemos esforzado en cercenar nuestra historia colocando una fecha –1810– como el hito de una ‘zona de nadie’ separativa de dos mundos. Del mismo modo, aquella fecha que para ser histórica necesitó los siglos históricos precedentes, nos ha sido presentada siempre no como una continuidad sino como una negación. Como una obstinada y tozuda negación, a virtud de la cual hemos sacrificado nuestra ideosincracia existencial en el insano empeño de asumir una fisonomía copiada. Hemos cedido lo esencial por una copia. La copia de algo que ahora resulta efímero y deleznable.”

Saúl Taborda*


Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz; 3 de octubre de 2009, 19 horas.

Acaba de concluir una extensa y agotadora jornada que, muchos intuimos, adquirirá dimensiones históricas de imprevisibles consecuencias. Probablemente, para la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico sur, este día constituya el fin de un ciclo y el comienzo de uno nuevo en su tenaz batalla por la reivindicación de nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, acometida que comenzó el mismo 14 de junio de 1982. Mientras descienden por la escalinata que los devuelve al continente, madres, padres, esposas, hijos y hermanos, con una sola mirada nos auguran tiempos de reflexión y recogimiento.

La inauguración del Cenotafio en Darwin no solo permitió a los familiares re-ligarse con sus seres queridos, como relatan los principales exponentes de un mustio conglomerado mediático. También sentó una piedra basal, un hito en la recuperación de nuestro suelo soberano. Quedan para los cronistas y advenedizos los relatos anecdóticos y marginales, pero para el pueblo, este hecho representa el núcleo vital de una trama que nos vincula a un reclamo inclaudicable. La inauguración será recordada como el acontecimiento más importante desde la recuperación transitoria de nuestras islas, el 2 de abril de 1982, y el luto soberano de aquellos que llevan en su propia sangre otra sangre, como una advertencia y un mensaje de y hacia la historia.

Por eso, la del 3 de octubre de 2009 no fue una jornada cualquiera. Constituye un acontecimiento que llegó para perturbar nuestras conciencias. El pequeño grupo de argentinos que con su presencia juramentaba un compromiso en el que estamos todos implicados, vino a advertirnos que las grandes epopeyas no siempre se materializan en un solo hecho sino también a través de procesos que requieren ineludiblemente del temple y la paciencia que solo el tiempo consolida.

Ese día, quienes pisaron suelo malvinense no estuvieron solos. Llegaron acompañados por el soplo silencioso de millones de almas anónimas sostenedoras de una causa que no comienza el 2 de abril pero encuentra allí un mojón cardinal. Su actitud nos obliga a reflexionar una vez más sobre la dimensión sacrificial de lo humano en función de lo patriótico; dimensión que constituye la única fuerza capaz de superar la crisis ontológica que atraviesa el cuerpo nacional. ¿Que ejemplo sino la inmolación por una causa justa es capaz de sobrevolar décadas de carroñaje cultural?

El viaje de los familiares para la inauguración del monumento realimenta nuestra fe en la voluntad puesta al servicio de la verdad histórica y en la sana prepotencia de los hechos por sobre especulaciones racionalistas y narcisistas. Como Raúl Scalabrini Ortiz, creemos que el espíritu de la tierra suele hacerse presente. Creemos en ese padre que no pudo derramar una lágrima frente a la tumba de un soldado desconocido porque sueña con una resurrección encarnada en conciencia patriótica y vislumbra que los espíritus argentinos encerrados en los límites precisos de ese archipiélago ahora han sido testigos de un rito que huele a perfume liberador, rompen su prisión y emprenden un peregrinaje hacia el continente tan irredento como esas islas.

El espíritu de la tierra suele corporizarse de distintas maneras: a veces en formaciones humanas que yuxtaponen sus fuerzas convergiendo hacia un determinado horizonte; otras veces, en un éter que, incorporándose lentamente a cuerpos exhaustos, oxigena y revive en ellos cada molécula. La vindicación de los familiares es oxígeno para una sociedad que insiste en autosofocarse, y es nutriente para un suelo fértil que anhela utopías deseadas.

El maestro Gustavo Francisco Cirigliano nos enseñó que mientras una eutopía constituye una utopía deseable, deseada y posible, una distopía es una utopía perversa, indeseada, apocalíptica., Gracias a su digno, coherente y perseverante batallar, la comisión de Familiares de Caídos en Malvinas concretó una eutopía entre tantos pronósticos aterradores, y con su ejemplo nos desafía a incorporar ese aliento valeroso y constante. Pero claro, para que un impulso de tal magnitud pueda brindar sus frutos, tendremos que reconocer, constricción mediante, que nuestra argentina es capaz de engendrar heroísmo aún en las condiciones más desfavorables.

* 16 de febrero de 1935 en el periódico Facundo.
SE PERMITE LA REPRODUCCION CITANDO LA FUENTE.

fpestanha@hotmail.com

Descargar el artículo en formato doc
 

     Todos los libros están en Librería Santa Fe