El fraude

Por Claudio Díaz*

¿La gente es estúpida?, ¿come vidrio?, ¿quiere suicidarse? Es probable que un número importante de sectores tinellizados expresen hoy, frente al escenario donde se pavonea parte de nuestra clase política, su adhesión a la figura del empresario Francisco de Narváez, especie de San Cayetano canchero y guitudo que promete paz, pan y trabajo en forma milagrosa, sin tener que pelearse con nadie porque él -nuevo gurú de la bondad y la justicia social- derramará luz sobre la Argentina oscurecida y desesperanzada de los Kirchner.

Las dudas acerca del estado mental de ciertas “especies urbanas” que habitan en el conurbano y la provincia bonaerenses surgen de comprobar que, efectivamente, el hombre del tatuaje empieza a ser observado en este tiempo de política mercantilizada como un producto más de consumo, acaso un yogur que bebido a diario nos cambiará la vida mágicamente.

Conseguido el primer propósito, es decir: haberlo hecho famoso; a una semana de las elecciones los medios pueden presentarlo como alguien que en menos de tres meses de carrera tiene prácticamente los mismos puntos de quien, siendo presidente de la Nación y del principal partido político nacional, ocupa la pole position desde hace al menos seis años.

Esa “equivalencia” de apoyo popular se traslada a la afición incluso sin reparar que en el día a día que se vive en las barriadas bonaerenses, sean estas más populares o más clasemedieras, no existe tal igualdad. Para ser estrictos: en cualquiera de los actos del gobierno nacional se advierte, por supuesto, el aporte del llamado “aparato” que controlan los temibles barones del PJ. Pero es innegable que, al mismo tiempo, mucha gente concurre espontáneamente movida por el simple hecho de ofrecer su afecto o el agradecimiento a quien le permitió acceder a una mejor calidad de vida: pobladores de barrios o villas que no tenían agua ni cloacas; laburantes que recuperaron su trabajo o ganan mejores sueldos por la posibilidad de discutir sus remuneraciones a través de paritarias; jubilados que accedieron a ese beneficio en este último tiempo.

No puede decirse lo mismo de las caminatas de De Narváez, recauchutado con la piel tersa de un joven de 35 y esos rizos dorados que intentan disimular su cabeza colorada de fosforito. Lamentables actuaciones de comedia barata donde se lo ve junto a Macri sin poder disimular, ambos, la cara de asco que les da el tener que chupar de la bombilla de ese mate que antes pasó por manos de una abuela de cabellos grises y piel morena.

Más allá de que el odio incomprensible, ciertamente patológico, que despiertan los Kirchner en sectores que con tal de verlos derrotados votarían sin dudar a Videla, Alfonsín, Menem y De la Rúa juntos; más allá, insistimos, de que esta enfermedad “civil” llevará a vastos sectores de la clase media a votar al antiperonismo; los diarios y la televisión ya instalaron la idea de que entre Kirchner y De Narváez no hay diferencias y que, es más, el hombre del Pro estaría en condiciones de ganar porque en última instancia los indecisos se volcarán a su favor.

Este es el punto central de lo que debemos analizar. Conociendo de sobra los procedimientos con que actúan los enemigos históricos de la Argentina, podríamos afirmar sin vacilaciones que estamos en presencia de un operativo para sembrar en el terreno de la “opinión pública” la idea de que si el próximo domingo De Narváez no consigue los millones de votos que le adjudican los grandes monopolios de la información es, pura y exclusivamente, porque el gobierno nacional cometió fraude.

Vamos a intentar explicarnos con datos más concretos. Hace dos semanas La Nación anunció que el candidato de Unión Pro superaba en las encuestas al Frente Justicialista Para la Victoria por algo más de tres puntos. Se basó en una encuesta de la consultora Poliarquía, cuyos miembros son Sergio Berensztein, Alejandro Catterberg, Alan Clutterbuck, Eduardo Fidanza y Fabián Peredchodnik. A partir de estos apellidos uno se pregunta si la consultora no debería llamarse, en realidad, Oligarquía… Berensztein, por si faltara algo, es columnista de… La Nación. Una objetividad a prueba de votos.

Pero es el Grupo Clarín el que en los últimos 10 días intenta “demostrar” la paridad entre los dos principales contendientes de la provincia de Buenos Aires. En el diario y en la señal de cable Todo Noticias, Julio Blanck y Eduardo Van der Kooy vienen machacando con datos estadísticos que en la mayoría de los casos carecen de la identificación de las encuestadoras que supuestamente los brindan.

El jueves 18 Clarín titula: “Todavía no asoma un ganador claro en la elección clave de Buenos Aires”. Y agrega: “La mayoría de los sondeos muestra pequeñas diferencias a favor de Kirchner. Pero otras mediciones ya dan ganador por poco a De Narváez”. El artículo está firmado por Julio Blanck, quien sostiene casi impúdicamente “…hay otros datos sugestivos. El más fuerte de ellos es que dos encuestadoras que trabajan para el kichnerismo están presentando una extrema paridad en la provincia. Los titulares de ambas firmas requieren la más absoluta reserva sobre sus identidades (…). Una de esas encuestas le da a Kirchner una agónica luz de ventaja sobre De Narváez: menos de 3 puntos, con indecisos que no llegan al 10% y una curva que marca, desde hace tres semanas, un achicamiento constante de la brecha. ‘La tendencia no es buena para Kirchner’, admitió el hombre que dirigió esa medición (…). El otro encuestador oficialista tiene directamente un escenario de derrota de Kichner (…)”.

En la misma nota, Blanck se hace eco de la encuesta de Poliarquía publicada por La Nación sin referir la colusión de intereses entre ese diario y la consultora que tiene como dueño a alguien que, precisamente, trabaja para ese medio. Hablando de elecciones, y como quien no quiere la cosa, en la carta del editor al lector del mismo día, Ricardo Roa hace referencia a la situación en Irán y da por hecho que el electo presidente Mahmoud Ahmadinejad cometió fraude para imponerse en las elecciones (a propósito: el presidente de Brasil, Lula, aporta una cuota de sentido común al sostener que “no pudo haber manipulación del resultado ya que el presidente logró más del 60% de los votos… Ahmadinejad tuvo una gran victoria”; ver Clarín en la misma edición).

Un día después, el viernes 19, Blanck vuelve a la carga con más datos que prueban el descomunal apoyo del pueblo al millonario empresario chupamenem. Esta vez el título de su nota dice… “Desconcierto peronista: Kirchner y Reutemann la tienen muy difícil”. Escribe: “… en algunos de esos distritos (se refiere a los del Gran Buenos Aires), De Narváez estaría alcanzando un desempeño sorprendente (…) le proyectaba un 34% de intención de voto en La Matanza y un 32% en Esteban Echeverría (…)”.

Imaginemos ahora el anochecer del domingo 28. Se van conociendo los resultados. En la provincia de Buenos Aires el kirchnerismo suma los suficientes votos como para imponerse con relativa comodidad: ¿seis puntos de diferencia, ocho, tal vez diez? ¡Imposible…! Si las encuestadoras y sus voceros, los diarios y la oligarquía periodística conformada por las Magdalenas, los Nelson, los Joaquín, los Blanck y los TNembaum nos aseguraron que había empate y que el Colorado ganaba en la arremetida final, picando desde atrás…

Ahí está la prueba, señores. Hay fraude. Kirchner metió la mano en las urnas y en las computadoras (en realidad estuvo escondido en cada cuarto oscuro para cambiar los sobres con los votos opositores). Por las dudas, Carrió saldrá a decir a eso de las nueve o nueve y media de la noche que ella ya lo había denunciado. Y que fue a la OEA y todo para avisar que el fraude estaba en marcha desde el verano.

Ojala toda esta presunción sea simplemente un exabrupto propio de lo mal pensados que somos. Pero si no lo es, prepárense los argentinos de buena leche a la reacción en cadena de sus enemigos. ¿Pedirán la intervención extranjera ante la certeza de que la Argentina es una dictadura que comparte el eje del mal junto a Venezuela e Irán? Todo es posible. Y mucho más en este momento de la humanidad en el que –superada la etapa en la que los poderes económicos mundiales avasallaban a los países a través de la vía militar- el sistema de dominación tiene en los diarios y la televisión, en la radio y los canales de noticias, a sus nuevas fuerzas de ocupación.

*Claudio Díaz es Periodista, Profesor de Historia y Escritor. Trabajó en La Razón, El Periodista, Línea y Clarín. En 1988 le otorgaron el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí. Entre sus libros se encuentra el Manual del antiperonista ilustrado. Obtuvo tres Martín Fierro al mejor servicio informativo por el noticiero de Radio Mitre, del cual fue productor.

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