Un psiquiatra a la derecha…

Por Claudio Díaz*

(Introducción imprescindible. A fines de marzo pasado, el novelista y médico psiquiatra Marcos Aguinis convocó a la ciudadanía a firmar un “Pacto Patriótico” (así lo definió) que rescate a la Argentina de las garras del matrimonio Kirchner-Fernández. El intelectual radical-liberal efectuó su llamado desde el diario La Nación y hasta le dio sustento científico. Para ello, hace suyo el análisis del “agudo periodista venezolano Moisés Naim” (otra afirmación que le pertenece), quien postula la idea de que los países coloniales no saben vivir en democracia y, por el contrario, son corruptos, despilfarradores de recursos y riquezas, tan hambrientos de poder que no respetan a los poderes públicos. En su llamado a la solidaridad, y en forma inescrupulosa, pide que tome cartas en el asunto la reserva moral del liberalismo).

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Como Marcos Aguinis es médico psiquiatra no estaría mal que algún día se analice a sí mismo como terapeuta, para ver si descubre su enajenación intelectual. Dicta clases de moral, posa como progresista y se saca la foto de demócrata. Pero le sonríe al orden avasallador de los detentadores del poder y la riqueza. Y mece en la cuna de sus sueños a los talibanes más conspicuos del fundamentalismo liberal.

De la mano de un “compañero” de causa llamado Moisés Naim, venezolano antichavista él, pretende demostrar científicamente que las democracias coloniales de Suramérica se derrumban por culpa de mandatarios que no respetan las bases del sistema, y hacen y deshacen a gusto sin que nadie se atreva a atarles las manos. En ese déficit institucional no tiene nada que ver el trabajo disolvente de los grupos de poder. Los imperialismos y las oligarquías locales se han retirado del juego. En verdad, nunca han tenido injerencia. Eso es una falacia de marxistas y nacionalistas que quedaron atrapados en el túnel del tiempo.

Así, el Panamá de Torrijos; el Perú de Velasco Alvarado; la Bolivia de Torres; el Chile de Allende; la Argentina de Perón e Isabel; entre otros episodios del drama de Ser o no ser, trastabillaron porque sus presidentes se abusaron. Quisieron hacerse dueños de la soberanía y repartir mejor la torta. Una inmoralidad que no se puede dejar pasar.

“Escuchen bien, estúpidos iberoamericanos (suena en nuestros oídos la voz de Aguinis)… Jamás existió poder extranacional alguno que haya arrojado cáscaras de banana para hacerlos resbalar y darse la ñata contra el piso”. Que el Departamento de Estado haya aceptado (con ese cinismo histórico de reconocer sus incursiones después de algunas décadas) que Kissinger preparó en esta parte del mundo el derrumbe de la democracia y las instituciones, es apenas un dato de archivo que el amnésico psiquiatra no tiene en cuenta.

En ese sentido, la estadística es contundente: según el “agudo periodista venezolano” que tiene de amigo, el 70% de los gobiernos populares que van al fracaso (porque el paisano-gringo apuesta a ese número) obedece al canibalismo de antropófagos como Kirchner, Chávez, Morales y Correa, cuatro hambrientos del poder que ahora mismo están sentados a la mesa y la golpean con los cuchillos de punta, bien afilados, porque se quieren comer a los parlamentos poblados -por abrumadora mayoría- de políticos abnegados, al servicio de las causas populares.

En esa dirección, a tono con su particularísima lectura de la historia y desprovisto de una mínima honestidad intelectual, el opinólogo de novela construye entonces una metáfora en la que Kirchner aparece como el “asesino” que mata a la República para sojuzgar a todo un país. Si efectivamente es así, verdugos como Videla y Martínez de Hoz quedarán en la memoria de este país como empleados heroicos que dieron su vida para que se reabrieran las puertas del Congreso.

Lo más importante es que Aguinis tiene la solución para enmendar los excesos cometidos por los autócratas, que según su mirada cristalina son aquellos hombres y mujeres que, aunque elegidos por el pueblo, se resisten a aceptar la extorsión y el chantaje de las pandillas imperiales, las favoritas del columnista de La Nación.

Un verdadero demócrata es Fernando de la Rúa, a quien Aguinis defendió como un hermano. Ese hombre, aburrido y todo, sí que respetó la “institucionalidad”, porque a fin del siglo pasado blindó a la Argentina con el candado que le puso el poder económico mundial.

Es sencillo entender al ilustre académico. De un lado están los malvados y del otro los bondadosos. En esos términos, resulta fácil de comprender la pelea de este territorio a lo largo de sus 200 años de historia. En aquel rincón, el del paternalismo feudal, autoritario, retrógrado y crispado, aparecen los “peso pesados” Artigas, Dorrego, Rosas, López Jordán, Felipe Varela, Facundo Quiroga, Chacho Peñaloza y los peronistas. Y en este otro rincón, el de la tierna escuela democrática, constitucional y respetuosa de las masas populares, se elevan al aire los guantes blancos de Bernardino Rivadavia, la Organización de 1853, Mitre y Sarmiento, la Generación del 80 y las experiencias radicales de Alfonsín y De la Rúa.

Pero no queremos olvidarnos de los consejos que tiene Aguinis para evitar que en nuestro país se reproduzca el mal populista y antiliberal. Para eso nos propone la afiliación al Foro del Bicentenario, desinteresado protagonista que en esta cruzada por la libertad impulsa el generoso y emocionante Pacto Patriótico. A ver, ¿quiénes son los próceres que en el siglo XXI buscan la virtud republicana como aquellos prohombres que en 1816 declararon la independencia? Para averiguarlo hay que buscar la nómina en el susodicho aparato de clase de nuestra ejemplar oligarquía, que el propio Aguinis se encarga de promocionar desde su nota en La Nación.

Le ahorramos tiempos al lector. Para que no tenga que entrar a la web, ya mismo le damos a conocer la alineación del seleccionado forista (¿o forrista?) que conduce el doctor A. Ahí va, entonces, la formación del equipo titular: el dinosaurio de la desaparecida UceDé René Balestra; el conservador de ideas Natalio Botana; el economista de corporaciones Felipe de la Balze; el embajador del apriete Claudio Escribano; el lobbysta del campo agropatronal Rosendo Fraga; el historiador de cuentos liberales Félix Luna; el dirigente cristiano-militar-cavallista Juan José Llach; el sofista y autor intelectual de golpes y palos Mariano Grondona; el rector del pensamiento políticamente correcto Avelino Porto; el canciller itinerante de la Comisión Trilateral Adalberto Rodríguez Giavarini; y como puntero izquierdo (pero mentiroso) el extravagante marxista-liberal Jota Jota Sebreli.

Este equipo, asegura Aguinis en sus declaraciones a La Nación “tiene los méritos suficientes” como para producir “ideas que sirven y servirán al país, sin claudicar de experiencias, conocimientos o percepciones diferentes”. ¡Ja, ja, ja…! Doctor: háganos cosquillas así nos reímos todos…

Junio está a la vuelta de la esquina. Pero esta selección del cipayaje afila la puntería y se entrena pensando en el 2011, temporada en la que querrá salir con los tapones de punta para jugar su partido, su “mundial”. Que si gana, le permitirá recuperar el primer puesto que detentó en 1853, 1880, 1930… Lamentablemente perdido en 1945, cuando un movimiento extraño lo mandó al descenso.

El vuelo de Aguinis es similar al de un águila rapaz que pica con su aguijón lleno de veneno. Como para analizarlo en el diván… Porque siempre dijo tener admiración por Alfonsín y sus ideas, que al cabo eran las de un socialdemócrata lleno de espanto frente al pensamiento nacional, pero al menos convencido de que el liberalismo más rancio es algo intragable para el cuerpo social argentino.

¿Cómo hará Aguinis para conjugar el espíritu de cuerpo que lo une a los Grondona boys con el testamento ideológico del líder radical que acaba de irse? ¿No le hará mal injertar en su cerebro los cables de polos opuestos…? Habrá que pedir turno en alguna clínica y agendar la fecha para una sesión especial que trate con urgencia al terapeuta. Sí, no hay que demorar más. Un psiquiatra a la derecha… Por favor.

[Imagen: Marcos Aguinis, a la derecha, en la Universidad de Tel Aviv, 2008]

*Claudio Díaz es Periodista, Profesor de Historia y Escritor. Trabajó en La Razón, El Periodista, Línea y Clarín. En 1988 le otorgaron el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí. Entre sus libros se encuentra el Manual del antiperonista ilustrado. Obtuvo tres Martín Fierro al mejor servicio informativo por el noticiero de Radio Mitre, del cual fue productor.

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