Desnaturalizar etiquetas, estigmas e inclusiones excluyentes1

Por Gabriel Brener 2

Me parece fundamental este tipo de encuentros, porque estamos en un momento complejo respecto de la patologización y medicalización de infancias y adolescencias. Permítanme usar una metáfora deportiva; creo, estamos perdiendo respecto del discurso mercantilista y las prácticas patologizantes. Cuando digo estamos perdiendo no estoy diciendo que vamos a perder, estoy diciendo que debemos atender la eficacia social de una muy singular alquimia. Una alquimia que resulta de la confluencia de discursos biologicistas y médicos – materia prima de la constitución material y simbólica de nuestro sistema educativo nacional -- y la omnipotencia del mercado como respuesta y solución para todos los males, táctica y estrategia del neoliberalismo que sabe reinventarse en cada etapa y contexto más allá de cual sea el asunto, si se trata de mercados, negocios y poner reglas de juego allí deben pisar fuerte. Ni hablar si el propio Estado es un actor principal y en ascenso.

Frente a esta particular alquimia tenemos que estar muy atentos ya que quienes estamos involucrados con la educación, la salud, la legislación, debemos proteger la condición de sujetos de derechos de cada una y todos los niños, niñas y adolescentes de este país. No se trata solo de disputas en el ejercicio de ciertas profesiones e instituciones, sino de prácticas sociales que se van instalando como parte del paisaje cotidiano que violan el derecho de nuestros chicos y socavan trayectorias y potencial de sus vidas. Me refiero al uso incorrecto y/o abusivo de diagnósticos o medicamentos a partir de situaciones propias del ámbito escolar, entre otras prácticas patologizantes.

Hablar de los más pequeños es asumir los desafíos de la inclusión, desde la perspectiva de las políticas públicas, en mi caso educativas. A propósito de la alquimia que acabo de mencionar, creo necesario efectuar una aclaración del termino inclusión, porque casi todos lo utilizan aunque pocos suelen explicarlo.

Inclusión excluyente

La escuela argentina, que brilló en el siglo XX por los niveles de alfabetización y especialmente cobertura de la escuela primaria, valga reivindicar por ello tanto a Sarmiento como a la 1420 que hace poco cumplió 131 años, logró un proceso de inclusión social y educativa de enorme valor histórico. Pero me parece necesario y un acto de sinceramiento político y pedagógico que cuando hablamos de inclusión no solo nos referimos a los resultados de la misma sino a los procesos que la hicieron posible. En ese sentido, la inclusión educativa del siglo XX fue un sinónimo de homogeneización, donde cada pibe debía dejar en la puerta de la escuela el cocoliche de los abuelos, la manera de estar, hablar y sentir, incluso su propia condición sexual y distintas herencias, todas ellas constitutivas de cada construcción identitaria. Las identidades quedaban suspendidas, atascadas, invisibilizadas, sancionadas en función de un modelo único de disciplinamiento escolar. Todo aquello que asomara como diferente quedaba expuesto como deficiente, y desde allí la escuela también se edifica como gran fábrica de etiquetas, que al fijarse se vuelven estigmas y entonces las diferencias que le dan identidad a cada sujeto lo vuelven un objeto de estigmatización, abonando a la construcción de una alteridad amenazante adjetivada como anormalidad. Y en esta operación, que es escolar, cultural y política se construyen explicaciones sobre lo normal y anormal, lo civilizado y bárbaro que contribuyen a justificar o amortiguar el impacto del disciplinamiento, de la corrección, el control y el castigo.

Por ello me interesa señalar que la escuela del siglo XX fue inclusora aunque también bastante excluyente. Los discursos biologicistas y las prácticas patologizantes del siglo XXI en torno a infancias y adolescencias y en la escuela, se montan sobre este modelo de inclusión excluyente que ha logrado ser performativo en la constitución de subjetividad en el sistema educativo argentino.

No debe resultarnos anecdótico que el Consejo Nacional de Educación en sus orígenes tuviera tanta presencia médica, o mejor dicho el discurso positivista y médico era hegemónico, teniendo , por ejemplo al propio José María Ramos Mejía como uno de sus presidentes. El cuerpo médico escolar era un órgano de gobierno político y educativo en los albores de la escuela moderna argentina. También de disciplinamiento autoritario en la construcción social del ciudadano argentino. Y allí nos encontramos con el guardapolvo como símbolo de pretensión igualadora, aunque también homogeneizante, para neutralizar diferencias pero también eficaz para disciplinar e higienizar.

Hoy la escuela es un espacio único de construcción de ciudadanía, en el cual es clave no solo declamar sino especialmente cuidar y proteger el ejercicio de cada pibe o piba a ser iguales y con la misma intensidad el derecho a ser respetados en sus diferencias. La escuela ofrece oportunidades inigualables para ensayar una convivencia plural y democrática, y en particular para otra construcción de alteridad. Y digo otra porque hace tiempo y en estas horas se ha vuelto dominante la representación del otro como una amenaza. Y esta forma de ver al otro no es ajena a lo que acabo de caracterizar sobre el modelo de inclusión que fue preponderante en nuestra historia. Y agrego que al respecto no es menor la impronta, las huellas que ha dejado la última dictadura cívico – militar y el neoliberalismo, tanto en su versión dictatorial como a través de democracias tuteladas.

De este pasado reciente se vienen consolidando estas ideas dominantes de un otro violento y amenazante, condenando de antemano por portación de rostro a los pibes más jóvenes de los sectores populares. Los medios de comunicación contribuyen dando visibilidad y espectacularidad a estas estigmatizaciones, poniendo de relieve que estas representaciones no son solamente descriptivas sino también normativas, en tanto orientan el comportamiento respecto de los otros.

En la otredad como amenaza y la mercantilización del joven violento se desliza una idea fuerza de la violencia como cosa, como una sustancia, como un algo que es contagioso, y en esa ecuación semántica se la despoja del componente social que siempre la explica. El aumento de diversas formas de violencias y la que se produce en lo escolar puede explicarse también así, está en relación con la supresión de las diferencias, con la evitación de conflictos. Es tan nocivo ocultar los conflictos como que se instalen y perpetúen en la vida de un grupo o una institución. 3

En el marco de estas explicaciones, y jerarquizando el valor del conflicto como fuente de aprendizaje y no como elemento negativo me gustaría incluir algunos comentarios ligados al bullyng que en ocasiones suelen ser más una mercancía mediática y gran aporte al sentido común punitivo que a la verdadera voluntad de resolver las situaciones de conflicto y violencia en las escuelas.

Entonces los asuntos de violencia en las escuelas solo se reducen a un esquema binario, de buenos y malos, victimas y culpables, cómodo para simplificar y publicar. Se debate en los medios, se ponen bajo escrutinio público, entra a rodar la lógica vertiginosa de la primicia, lo de ayer hoy es viejo y mañana nadie se lo acuerda e incluso problemas que pueden y deben ser resueltos en el marco institucional de la escuela, que requieren seriedad y máximo cuidado, se mediatizan y se judicializan a toda velocidad, contribuyendo a la confusión, a su no resolución y además a crear procesos de revictimizacion, vulneración de derechos de los chicos/as, padecimiento de docentes, directivos, familiares. Casi siempre se trata de problemas que no suelen ajustarse a una explicación binaria que reduce y simplifica asuntos que son complejos, y que deben atenderse en su contexto y requieren en su enorme mayoría soluciones escolares, ni periodísticas, ni judiciales.

Y entonces, todo es violencia. Lo que antes era indisciplina, o mal comportamiento o mala conducta (podríamos seguir) hoy se nomina como violencia. Hoy se le dice trastorno por disciplinamiento desafiante a aquello que antes era desobediencia, portarse mal. Yo pienso en la producción de diagnósticos en serie e indiscriminada, en los abusos e incorrecciones al momento de sentenciarlos. Hay innumerables, ADD, TGD, TOC… una vez escuché algo muy cierto, falta agregar el TJODI.

Diría que el uso abusivo e incorrecto de diagnósticos y medicalización de la salud mental y también de los comportamientos y la convivencia escolar, contribuyen a legitimar y robustecer esta idea del otro amenazante. Cuando resulta ser eficaz ese discurso patologizante, las etiquetas trasmutan en estigmas, entonces se produce aquello de la profecía autocumplida, en la que se sentencian destinos educativos y sociales con explicaciones biologicistas, patologizantes vestidas de rigor científico. Se me ocurre un ejemplo, no relacionado a esto pero ayuda a pensarlo o a advertir sobre la naturalización de estas sentencias. Solo basta con abrir un diario, donde titulan "menor ataca a niño", pareciera que uno es un sujeto de derecho (niño) y otro un sujeto a sujetar (menor), por no decir un objeto de desecho. Nominar es nombrar, es presentarse ante el mundo y el peor riesgo y dolor se produce cuando el nominado se convence y naturaliza su propia portación de rostro o su etiqueta como culpable, cuando justifica su fracaso por razones individuales y acepta como sagrados diagnósticos de expertos. Colonialismo en el sentido más eficaz y subjetivo.

Inclusión democrática en las escuelas

Por ello, desde el ministerio de educación de la nación trabajamos en la necesaria tarea de una inclusión democrática en las escuelas. Pensamos y desarrollamos políticas en el marco de una inclusión que no condena a la diferencia como amenaza ni la congela como deficiencia, entendiendo que la diversidad y la diferencia es suma y enriquecimiento y tan relevante como la igualdad. El "derecho a estar" de los pibes en la escuela, es el "derecho a ser iguales" y el mismo el "derecho a ser diferentes". Y en ese sentido, la ampliación de derechos en estos años tiene que ver con que los chicos puedan sentirse y practicar cotidianamente su condición de sujetos de derechos, con un Estado que protege el derecho a estar en la escuela y aprender más y mejor, el derecho a votar, el derecho a la propia y libre elección sexual, entre muchos otros.

Algo impensado hace solo un tiempo. Hace mucho que hablamos de derecho, pero esta es la época de confirmar que se ejerce el derecho, no de enunciarlo, en declaraciones ruidosas de todo tipo, sino ocuparnos de que se cumplan y se ejerzan los derechos, en cosas bien concretas.

La obligatoriedad escolar en Argentina paso de 7 años en los albores de estos 32 años ininterrumpidos de democracia a 14 años. Hoy tenemos sala de 4 años obligatoria y una secundaria, que hace “solo un rato” en términos históricos, es un derecho para todos/as. Somos la primera generación de argentinos/as con la secundaria obligatoria, por eso quiero jerarquizar la envergadura de esta decisión, de una sociedad que decide que los pibes tienen derecho de estar en escuela y de aprender más y mejor, porque todavía hay quienes piensan y proponen escuela para algunos y colimba educativa para muchos otros.



Estamos comprometidos en esta batalla cultural, hay que pensar en los pibes y las pibas como sujetos de derecho no como objetos de tutela. Este Ministerio está implementando diversas políticas en conjunto con otros ministerios. El trabajo de CONISMA es un ejemplo de labor y compromiso interministerial, estamos distribuyendo en todas las escuelas un material que explica y jerarquiza el enfoque de derechos y la salud mental.

Finalmente, quiero contarles que hemos elaborado y distribuido 200.000 mil Guías de Orientación para la Intervención Educativa en Situaciones Complejas relacionadas con la Vida Escolar. Fue una construcción federal, un trabajo con todos los ministerios provinciales de educación, los cinco sindicatos docentes de representación nacional, organismos públicos, especialistas, directivos y docentes de todo el país. La Guía Federal es una herramienta de trabajo que estamos presentando y trabajando en todas las provincias con equipos especializados para debatir los modos de intervenir pedagógicamente en situaciones complejas que se presentan en la Escuela. Sostenemos que estas respuestas deben ser siempre situadas, contextualizadas, construidas colectivamente e institucionales, esto último significa que las intervenciones deben poder interpelar a la institución superando las respuestas individuales que centran casi exclusivamente en los sujetos el origen de los problemas.

En ocasiones se perciben los conflictos escolares como disrupciones de una ficticia “normalidad”, como si en la escuela todo fuese previsible y lo que no forma parte de lo nombrable es visto como desvío o amenaza.

La propia Guía sostiene en uno de sus pasajes “ya sea en la cotidianidad de la escuela o ante la emergencia de conflictos particulares, las acciones de niños, niñas y adolescentes deben nombrarse de modo que no estigmaticen ni rotulen la identidad de los involucrados, tal como está estipulado legalmente. Asimismo, los modos de intervención deben mantener propósitos principalmente educativos y no punitivos, jurídicos o patologizantes.”4



En esta guía se plantea cambiar la idea de perfil por la idea de rol. Voy a poner un ejemplo: no es lo mismo decirle a un pibe en la escuela "sos agresivo" que decirle "hoy estas agresivo". En la segunda el mensaje es "hoy estas pero sería bueno que no lo estés". Este modo de decir las cosas evidencia el convencimiento que nadie es de una manera para siempre sino que tenemos la posibilidad de revisar y cambiar actitudes, modos de estar en este mundo, y esa mirada nos revela más comprensivos, nos ubica en el lugar del docente que acompaña, que pone los puntos, que confía en los otros y en la posibilidad de los cambios, no del fiscal que sentencia o solo está empeñado en encontrar culpables. Se trata de trocar la condena anticipada por la oportunidad del cambio, con la convicción de ampliar el horizonte de lo posible. Se trata de tomar un riesgo por el otro, de practicar humanidad.

"Violeta"ii es un documental de Alejandro Vagnenkos que ayuda a pensar, enaltece a nuestros pibes y pibas como sujetos de derechos. Casi no hay adultos, solo la voz en off de una mamá, Paradójicamente ello no revela ni confirma la ausencia de adultos sino ofrece pistas de necesarias e interesantes formas de presencia o posición de los adultos, que podemos ver en los propios chicos/as. La Guía federal enfatiza la relevancia del trabajo y cuidado de la posición adulta, de la intervención adulta frente a las situaciones de conflicto escolar. Es necesario no minimizar o soslayar agresiones catalogadas de baja intensidad, ya que a veces se agigantan y toman dimensiones luego incontrolables. La intervención temprana de adultos, los limites como brújula y cuidado de nuestros pibes y no solo como algo que clausura, la mirada y la pregunta que acompañan, la figura de un adulto disponible es clave para construir una autoridad pedagógica en nuestras escuelas.



Violeta from Unidad de Produccion Audiovisual on Vimeo.


Nuestros alumnos/as aprenden más de lo que ven que hacemos que de lo que les decimos que hagan. Educar es elegir, por eso elijo cerrar mi presentación con “Violeta”, enalteciendo a nuestros jóvenes. Los pibes se dan cuenta cuando los queremos de verdad y más aun cuando simulamos hacerlo. Nuestro desafío se juega en la creación permanente de oportunidades para que ellos se sientan parte y pongan en juego su condición transformadora, porque son lo mejor que tenemos.


1 Presentación en Jornadas de “Bio medicalización de los malestares infantiles actuales y sus derechos en juego” organizada en forma conjunta por la Cámara de Diputados de la Nación y el Instituto de Capacitación Parlamentaria (ICAP). 20 de Agosto de 2015 en CABA.

2 Gabriel Brener es Prof. de Enseñanza Primaria (Normal Nº 4) Lic. En Cs. Educación (UBA), Argentina. Especialista en gestión y Conducción del Sistema educativo y sus instituciones ( FLACSO). Subsecretario de Equidad y Calidad Educativa del Ministerio de Educación de la Nación. Autor de “Periodismo Pedagógico, de escuelas, violencias, medios y vínculos entre generaciones” Editorial Mandioca. 2014 Bs. As.

3 Sugiero leer este texto que pertenece a Mario Zerbino http://www.oei.org.ar/edumedia/pdfs/T06_Docu5_19proposicionesparadiscutir%20_Zerbino.pdf

4 Ministerio de Educación de la Nación (2014) Guía federal de Orientaciones para la intervención educativa en situación complejas relacionadas con la vida escolar. Res. CFE 217/14

 



 


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