Matemática… ¿Vamos a la playa?

Por Guillermo Marín*

En vacaciones de verano, tanto el mar como la montaña son los lugares que se eligen casi sin discusión para pasar tiempo en familia. ¿Y si fuera también para reflexionar sobre matemática? Si bien la especulación puede atormentar a chicos y adolescentes que no lograron aprobar la materia durante el año lectivo pasado, expertos en didáctica aseguran que es posible cambiar el paradigma de su aprendizaje. ¿Cómo? Silla, sombrilla y anteojos de sol para leer lo que sigue.

Según declaró en estos días la directora provincial de Educación Secundaria, Claudia Bracchi, matemática es la asignatura en la que más proyectos se presentaron en el 2012 para generar espacios de apoyo escolar. La pregunta que muchos deberían hacerse es ¿por qué? Aunque no hay estadísticas oficiales, año tras año se acentúa la cantidad de alumnos que no aprueban matemática u otras asignaturas analíticas. Y aunque las causas sobre esta realidad aparentan ser muchas, cambiar la fórmula de la enseñanza de la matemática resulta imprescindible en los colegios, amén de la imagen que tenemos de ella en la sociedad.

Si bien el sólo hecho de pensar en la resolución de un problema matemático implica cierta necesidad de concentración y actitud reflexiva, existe en el imaginario social un innegable prejuicio sobre las mal llamadas “ciencias duras”. “Es que en la mayoría de los casos”, me dice Mabel Rodríguez, doctora en matemática por la UBA y experta en didáctica, “el mensaje social que reciben en la escuela los alumnos acerca de la materia es que es una asignatura difícil, fría y rígida. Pero en realidad hay otra matemática: aquella que experimentan y disfrutan quienes siguen estudiándola más allá de la escuela.

De todos modos, los expertos en educación continúan abocados a una tarea desafiante: cambiar las estrategias de su enseñanza entendiendo que en la mayoría de los colegios no se aplican las innumerables tácticas que entusiasman a los estudiantes para resolver un problema. Rodríguez dice que “los docentes deben preguntase siempre ¿qué cosa quiero que mis alumnos aprendan? Pero eso no es todo. Así como un comensal en un restaurante no ve el proceso de elaboración del plato que pidió, todo estudiante debe participar del proceso del problema matemático para llegar a resolverlo”. Por otra parte, la especialista dice que la PC en el aula facilita el trabajo del profesor y mejorar el aprendizaje.

“El modelo 1 a 1 (una computadora por estudiante) y el empleo de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), pone en evidencia al “nativo digital” El estudiante es un nativo digital, mientras que la mayoría de los docentes, son “inmigrantes digitales” y sus modos de actuar son diferentes. Igualmente como un nativo digital está acostumbrado a hacer múltiples tareas al mismo tiempo (tiene varias ventanas abiertas en su PC), el inmigrante digital considera que “se debe” hacer de a una cosa a la vez”.

No hay duda que la forma de concebir la matemática por parte del profesor incidirá en la forma en que éste la enseña, dado que el docente debe tener en cuenta las funciones y tareas que cree más efectivas para favorecer el aprendizaje de sus estudiantes. De acuerdo con las concepciones modernas de la didáctica, "conocer" o "saber" la ciencia en cuestión, es algo más que repetir las definiciones o ser capaz de identificar propiedades de números, magnitudes, polígonos u otros objetos matemáticos. La persona que sabe la disciplina debería ser capaz de usar el lenguaje y conceptos matemáticos para resolver problemas. No es posible dar sentido pleno a los objetos matemáticos si no los relacionamos con los problemas de los que han surgido y con otros que resuelven gracias a esos saberes. Hay un ejemplo evidente: si no se pone a los niños en situación de contar o de comparar cantidades de objetos, de ordenar colecciones, no captarán el sentido de los números naturales.

Pruebas, errores, intentos fallidos, correcciones y decisiones son parte de las actividades que un matemático realiza cotidianamente y que suelen estar ausentes en las clases y, por lo tanto, no son evaluadas.

No se trata, por supuesto, de cargar todas las tintas sobre los docentes, ni siquiera abrumarlos con extenuantes jornadas pedagógicas. Aunque en ellos resida sin duda la posibilidad de exorcizar al gran cuco de la matemática.

*Periodista