El amor prohibido

Por Juan Pedro Nardi *

Sobre “La educación prohibida”

El pasado 13 de Agosto se estrenó a nivel mundial por las redes sociales el film “La educación prohibida” (Germán Doin Camposdio; 2012) que se presentó como una crítica a las lógicas de la escuela como institución moderna y a las prácticas pedagógicas que se dan dentro de sus marcos. La película dio que hablar y es para celebrar que desde el mundo cinematográfico se haya instalado el tan necesario debate acerca del papel que juega la escuela en la sociedad.

Es así que esta necesidad de debatir y también de actuar (¡sesenta y un millones de chicos están por fuera de las escuelas en todo el mundo!) nos incita a reflexionar acerca de las líneas que propone este film para ver cuales son los principales problemas que atraviesan hoy en día a esta gran máquina de educar por la que todos (o mejor dicho, los que pudimos tener la oportunidad) pasamos.

Este híbrido que alterna una trama documental que reprocha las falencias del sistema tradicional y la de sus docentes, junto con una trama ficcionada, que cuenta la experiencia de unos estudiantes insatisfechos con su proceso escolar, rechaza diversas prácticas educativas, que en muchas ocasiones son entendibles y válidas, como por ejemplo la parcialidad del currículum o los saberes descontextualizados de la realidad circundante a la escuela, pero que olvidan factores determinantes en la vida de esta institución como lo son el contexto cultural en el que se encuentra inmersa y el rol del estado como regulador de la actividad.

El posicionamiento ideológico del film se centra predominantemente en la corriente de la Escuela Nueva, una línea de pensamiento pedagógico cuya bandera es entender que el niño es el centro de la escena educativa y que su interés determinará el proceso de aprendizaje, quedando el maestro en un rol de guía y tutor que se encargará de construir un ámbito de afecto y de amor para generar así condiciones que brinden un espacio más adecuado para el desarrollo del niño, en el cual se intervendrá lo menos posible. Esta óptica pedagógica, que tuvo su auge a finales del siglo XIX (y que todavía persiste de manera minoritaria, principalmente en instituciones privadas), fue presa de fuertes críticas por cumplir un papel reproductor de las desigualdades sociales del sistema capitalista y por terminar siendo una opción educativa para las minorías de las clases dominantes. Esto es fundamental de mencionar ya que la mayoría de los protagonistas del documental que critican al sistema “oficial” y proponen su método activo cimentado básicamente en el amor al niño y en la no intervención del proceso, provienen y pertenecen a ámbitos educativos de este tipo, lo cual da que pensar con respecto al recorte del director.

Así escuchamos a docentes y pedagogos procedentes de instituciones del ámbito de lo privado como el Centro de Estudios Montessori y el Colegio Rudolf Steiner de Chile, la Escuela Pacha Mama de Ecuador (que en su página web promete una “Educación Europea”), el Colegio Mundo Montessori y la Fundación Escuela Nueva de Colombia, y otras más, en las que hablan de problemas como la inclusión y la reproducción de las desigualdades sin mencionar nunca siquiera cuestiones urgentes de atender en materia educativa como son los vestigios del régimen neoliberal que todavía rigen sistemas educativos enteros como es por ejemplo el caso de Chile, donde la educación se entregó a las leyes de la oferta y la demanda. Sumado a esto, dentro de tantas críticas al sistema “oficial”, nunca escuchamos a un docente que pertenezca a esa estructura y mucho menos, lo que es peor, a un alumno.

A lo largo de dos horas con 25 minutos, el film construye una clara diferencia entre la escuela tradicional, que es el sistema “oficial” (representada según una lógica de ficción) y la escuela más “progresista”, encarnada por estos profesores, pedagogos e intelectuales varios de las escuelas nuevas que critican el sistema formal y dan el ejemplo y la pauta de cómo debería de ser el proceso educativo (todo representado según una lógica documental). Se construyen así desde el audiovisual dos espacios institucionales diferentes y opuestos.

Tenemos por un lado los personajes de la escuela “oficial”, que raramente tienen la palabra, y cuando la tienen lo es dentro de un régimen de ficción, lo que implica una lectura con menor densidad de verdad que si fuera realizada en el marco de una construcción de tipo documental. Entre estos personajes aparecen los docentes, que son presentados como individuos terribles, autoritarios e intolerables, (los gestos exagerados cuando retan a los chicos y algunos rasgos estereotipados como por ejemplo, la vestimenta, refuerzan la impresión de ficción) de los que nadie niega su existencia, pero de los que la película tampoco nunca asoma a profundizar, por ejemplo en las causas de esas conductas pedagógicas fallidas. En concordancia con este comportamiento nefasto de los maestros, se presentan los alumnos, los cuales son sujetos pasivos, callados, sin opiniones propias, que repiten los contenidos como autómatas, sufren y no aprenden nada, lo cual tampoco está alejado de muchos casos.

Y por el otro lado en donde la trama respeta una lógica documental, en cambio tenemos personas reales (y ya no personajes) representadas por docentes, pedagogos e intelectuales que son quienes realmente tienen la palabra en la película, ya que ocupan mucho más tiempo del film criticando al sistema educativo oficial y dando las pautas de lo que sería un proceso de enseñanza “correcto”, siempre sustentándose en la teoría de la Escuela Nueva (que en líneas generales consiste, como ya dijimos, en una mayor atención al niño y en la no intervención por parte del docente durante el proceso de su desarrollo). Encuadrados por lo general en planos medios que remiten a la construcción de entrevistas de documentales clásicos y colocados en espacios exteriores, diáfanos, naturales y bien iluminados, estas personas se diferencian claramente de los personajes de la escuela “oficial”. Y también se diferencian en esta trama, los alumnos de la Escuela Nueva: en su mayoría niños, que ríen, juegan, se divierten y aprenden en escuelas que tienen todos los materiales didácticos necesarios.

Si bien como mencionamos, muchas de las críticas al sistema son válidas, como la parcialidad del currículum, los saberes descontextualizados de la realidad circundante, la falta de consideración por lo emotivo, el sistema de premios y castigos que genera competencia entre los alumnos, la burocratización del sistema y su verticalidad, el film termina sosteniendo que la culpa de todas estas fallas son responsabilidad de todos los actores involucrados (con lo que es difícil discrepar) y que lo necesario para superarlas es, en gran parte, una mayor calidad humana y amor, sin poner en cuestión aspectos relativos a las decisiones y los contextos políticos, económicos y sociales que tienen una innegable influencia en los vaivenes de las estructuras y las relaciones escolares.

Es así que se sostiene que no importa la metodología que se lleve a cabo o la cantidad de capacitación docente realizada, ya que la única vía para arreglar estos problemas escolares es debatir, compartir ideas y ser más comprensivos y tolerantes con el otro. En última instancia, el amor. Estamos de acuerdo con el director en que es importante construir una escuela en donde reine el amor y los afectos (ya lo mencionaba Freire en los 60 e incluso los escolanovistas del principio del siglo XX) pero no es lo único que se necesita y sobre lo único que debemos de poner los cimientos para construir un nuevo escenario escolar. Desvalorizando las metodologías pedagógicas, la capacitación y la formación de los maestros (que pienso es uno de los mejores y más saludables caminos para hacernos críticos como educadores y educandos) la película no ve y deja de lado todo un campo científico en el que una gran cantidad de investigadores estudian diferentes metodologías de enseñanza para ayudar a mejorar los procesos de aprendizaje sin considerar, además, que en ultima instancia, la falta de amor, tópico tan criticado por el film, también es parte de una metodología.

Pareciese ser así que entonces sobre el final del film, luego de dos horas de fuertes críticas al sistema educativo, la película intenta proponer transformaciones que se orientan más a lo personal y a las relaciones que se dan dentro de la escuela y no al marco general, al contexto que la determina y es determinado, que la regula y es regulado por ella. De esta manera deja de considerarse a las estructuras de poder político y económico reales en las que se desarrolla la escuela como un posible agente de cambio (un indicio de esto es que en ningún momento aparecen personajes como funcionarios, políticos o secretarios relacionados con el estado u alguna otra organización que regule la actividad escolar).

Pero además, ¿qué pasa con aquellos que están por fuera de la escuela? ¿tendrían participación en esos cambios? Nunca tienen la voz. Se habla así de una educación prohibida que no habla sobre los que tienen prohibida la educación y el amor, y por lo tanto tampoco de cómo terminar con esa censura e incluirlos, amarlos. Por eso, al tratar temas como la integración de los individuos a la escuela, la conformación del currículum y la estructura burocrática y administrativa del sistema educativo entre otros, no podemos dejar de mencionar el rol protagónico que tiene el estado en la construcción de todas estas cuestiones, ya que es este el que debe de garantizar una enseñanza plena para todos los hombres y mujeres y somos nosotros quienes debemos de exigir que se cumpla este derecho fundamental, para lograr prohibir, de una buena vez por todas, que se prohíba la educación.

* Comunicador Audiovisual y columnista en Radio Universidad La Plata.
juan.nardi@hotmail.com



La película La educación prohibida puede verse en Youtube