Así se escribe la historia

Por Marcelo Koenig

Ciertas veces asomarse a la historia da vértigo. No siempre uno es plenamente consciente que, en el lugar donde uno está, están sucediendo hechos que bien podrán ser relatados a la hora de reconstruir la memoria popular por un historiador del futuro.

No suelo contar lo que me ocurre en tiempo real ni en primera persona con una matriz autorreferencial. Pero quiero recodar esto que nos pasó, que me pasó, para poder contarlo con lujo de detalles. Siento que lo debo a mis compañeros, por los cuales estoy acá, y a todos los hombres y mujeres que sienten el latido de la patria grande. Quizás sea tan sólo que lo escriba para poder contarle a mis nietos cuando los tenga…

Ahí va lo ocurrido en esta tarde caraqueña del 1 de diciembre de 2011.

La comitiva argentina integrada fue por dos gobernadores (José Luís Gioja y José Alperovich), dos ministros (Debora Giorgi y Hector Timerman), y cinco militantes de organizaciones populares (Quito Aragon de la Martín Fierro, Edgardo De Petris del Frente Transversal, Chino Navarro del Evita, el Cuervo Andrés Larroque de La Campora y yo de la Corriente Peronista). El viaje no empezó muy bien para nosotros. Para detracción de nuestro carácter combativo los militantes populares perdimos al truco en el Tango 01 frente a los gobernadores. Un escándalo.

Las actividades del día comenzaron a media mañana. Así la comitiva oficial arrancó su periplo desde el hotel zigzagueando por las intrincadas calles, autopistas, túneles, túneles debajo de túneles de Caracas. Ciudad exuberante, exultante de naturaleza y de transito, de gritos y choferes apurados.

Llegamos al palacio Miraflores, sede del gobierno bolivariano de Venezuela. Nos formamos al rayo del sol para esperar la llegada de los mandatarios. Cuando la presidenta Cristina Fernández y el comandante Hugo Chávez llegaron comenzó la ceremonia. Frente a nosotros un regimiento militar, similar a los granaderos de la argentina, se derretían al rayo del sol con sus trajes cerrados hasta el cuello, con el agravante que en la cabeza tenían un sombrero alto y negro, que me hizo acordar a los cosacos rusos.

Con sorpresa, vimos que cuando empezaron a sonar las estrofas de nuestro himno patrio, no éramos sólo los miembros de la delegación argentina los que cantábamos. Todos esos soldados venezolanos conocían perfectamente y de memoria el himno escrito por Vicente López y Planes. Y nos salíamos de la vaina para hacer la V.

Terminamos los himnos y cuando respiramos aliviados porque salíamos del sol de golpe y porrazo la ciudad de Caracas se ensombreció con unos oscuros nubarrones que preanunciaban un diluvio. Llovieron cuatro gotas apenas, pero el cielo quedó negro.

Luego pasamos a la amansadora de esperar el momento en que se iniciara la firma de convenios. Allí podríamos estar frente a frente con dos de los más importantes presidentes de la región, con dos hacedores de la historia no sólo de sus pueblos respectivos, sino de la historia grande sudamericana. Esa historia de unidad que nos viene desde el fondo del pasado, que nos adviene desde el futuro de unidad. Por suerte la larga espera fue matizada con buena atención y regada de jugos y frutas tropicales, que uno no sabía bien el nombre pero que las disfrutaba igualmente.

Después de una encarnizada lucha entre los hombres de ceremonial de una y otra presidencia –algunos más papistas que el papa- pudimos lograr que nos admitan también a aquellos que no teníamos saco y corbata. El que suscribe y el Cuervo.

Hugo y Cristina, antes de entrar saludaron uno por uno a los integrantes. Chávez les presentó a los locales. La presidenta fue uno por uno presentando a los visitantes. Nunca me produjo tanto orgullo y escozor que pronunciaran mi nombre. Mucho más cuando la presidenta no sólo comentó la organización a la que pertenezco, la corriente peronista, la JP Descamisados, sino que además nos presentó a todos los militantes que ahí estábamos como luchadores y “revoltosos”. Lo cual fue respondido con una sonrisa cómplice del comandante.

Finalmente, entramos en el salón. ¡Guau!. Ese lugar que a partir de ese momento iba a funcionar como la sala de acuerdo de los ministros de la república bolivariana de Venezuela se llamaba Néstor Kirchner.

Me voy a detener en la descripción del salón. Porque el marco hace al hecho.

La pared izquierda estaba tapizada de grandes fotos enmarcadas. En el medio un plasma parecía una más. No voy a hacer hincapié en cada foto, aunque merecería la pena hacerlo. Allí estaba retratada gran parte de la historia grande reciente de nuestra América. Chávez, Néstor, Cristina, Lula, Fidel, todos parecían darse cita ahí, escribiendo momentos trascendentes. Si quiero referirme a la primera y a la última foto. La que inauguraba la pared era una foto de Néstor y Cristina mirándose a los ojos. Una instantánea simple y expresiva de una historia de amor. Pero el marco que tenía ese amor era el congreso nacional, en la jura de Ella como presidenta. Se miraban mientras todo un pueblo los miraba. La ultima era el Nestornauta dibujado por Solano López. Dicen que fue el ultimo dibujo que hizo antes de morir el legendario ilustrador de la potente historieta argentina El Eternauta, cuyo guión es de nada menos que de Germán Oesterheld.

En la pared derecha los dos hombres más grandes de América del siglo XIX. San Martín y Bolívar, los libertadores. Solos, como precursores del camino.

Pero frente a nosotros estaba lo más importante. En realidad estábamos sentados en una gran mesa ovalada en cuya punta estaban los dos presidentes latinoamericanos. En la pared opuesta al ingreso al salón había un enorme retrato de Él, realizado por un artista caribeño. Bandera argentina de fondo y un vivido trazado en blanco y negro sólo interrumpido por el resaltante rojo de la corbata. Sobre el dibujo una frase de Néstor: “Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación: la nuestra”. Y al costado, la frutilla del postre un retrato de Kirchner y Chávez. Pero tenía una particularidad… había sido pintado por el propio presidente venezolano. En realidad era una réplica, porque el original en el mismo acto el comandante bolivariano se lo obsequio a nuestra presidenta. Visiblemente emocionada Cristina comenzó recordando la amistad que unía a Chávez con Néstor.

Primero se leyeron uno a uno los 35 convenios de cooperación reciproca firmados entre Argentina y Venezuela.

Y cuando pensamos que el acto se iba a transformar en el monótono tono protocolar…

Ahí empezó a establecerse un dialogo mágico entre la presidenta del sur y el presidente del norte de nuestra Sudamérica, del cual éramos mudos testigos, que sólo interveníamos para aplaudir o festejar una ocurrencia.

… Y Néstor sobrevolaba el ambiente, como una presencia presentida, como un partícipe necesario de las palabras que iban y venían. Era como en un relato histórico al cual nos permitieran acceder. Como si hubiésemos podido escuchar en 1823 la entrevista de Guayaquil entre los generales Bolívar y San Martín.

Historia, política, geopolítica, sentimientos esperanzas, realidades efectivas, todo cruzó en esa charla distendida entre amigos con varios testigos sentados a la mesa.

“Nuestro lugar es aquí en América del Sur” dijo ella con orgullo. “somos una región pri vi le gia da… pero no somos egoístas, no tenemos vocación colonialista… al contrario otros han venido a colonizarnos…”. Todo fue muy cálido, con emoción sin discursos

Cuando le toco empezar a hablar a Chávez, dijimos ahora sí viene el discurso. Pero el dialogo siguió. Un rato hablaba el comandante, y le respondía la Presidenta, y después al revés.

Chávez usó para saludarnos, al principio de sus palabras, una palabra que nos lleno de alegría: saludó a los ministros y gobernadores y después se refirió a nosotros como los batalladores argentinos. Me gusto que así nos llamaran. Nos sentimos partes y artífices de las batallas por la definitiva independencia.

Recordó que en el 2003 Fidel le preguntó cómo se pronunciaba el apellido Kirchner y, con el olfato que tienen los grandes conductores, le dijo que estaba oliendo algo bueno en el ambiente argentino y latinoamericano. Ya no estarían más solos en el enfrentamiento con el imperio.

Chávez planteo claramente que el liderazgo de Néstor surgió después de ese fuerte grito de basta al neoliberalismo del 20 de diciembre de 2001

La conversación derivó primero por la historia, intercambiaron miradas sobre Dorrego, sobre Alberdi, incluso sobre Abelardo Ramos. Y se remontaron a la época de los libertadores. Pero llegó también a la historia que estamos construyendo en este momento. “De allá viene todo esto -dijo el comandante-, tiene raíces muy profundas, pero muy vivas”

“Estamos en optimas condiciones de para enfocarnos en un proyecto nacional del sur, más que nacional, gran nacional yo diría” charlaba con Cristina y ella asentía.

Y usó unas palabras absolutamente apropiadas para el momento “Tenemos que darle vida al proyecto gran nacional sudamericano”. Que palabras, ahí se respiraba en el aire que algo está naciendo en Nuestra América.

Y como de estrategia se trataban también la conversa, agrego: “tenemos que hacerlo en torno a dos ejes”: El “social, la lucha contra la exclusión”, contra la existencia de la pobreza. Y el segundo “la complementación productiva”, pensando la complementariedad, los conocimientos, las experiencias y los saberes de nuestros pueblos pensándolos como un único espacio. Ahí en ese momento cobraron sentido los 35 convenios firmados entre ambos países. Ahí entendimos todo. O por lo menos una parte. Esa unidad no es sólo conciencia de un futuro que anhelamos, es un camino que ya estamos transitando. Gracias Comandante. Gracias Presidenta. Por dejarnos estar ahí para ver de cerca la construcción concreta de la Patria Grande que soñamos.

www.myspace.com/fedeamaya

 


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