El ego de Arón Paluch

Crítica de libros

Corriéndose al Interior de Ari Paluch
Editorial: Planeta I.S.B.N : 9789504926832
Clasificación: Autoayuda

Por Guillermo Marín *

Coronado por una trayectoria exitosa en terrenos de la autoayuda, Arón Paluch (Ari, para sus seguidores) acaba de lanzar un nuevo libro. Se trata de la tercera saga de su mentado discurso: el íntimo empleo de nuestras potencialidades como una forma propicia para conseguir sanación espiritual.

Paralelamente a la grotesca cantidad de psicólogos (unos 4600 por año) que obtienen su diploma en estas latitudes, nuestro país cuenta también con un capital pujante a la hora de contabilizar gurúes mediáticos que prometen, a través de sus enseñanzas, paz interior. Tomo un atajo: ¿Quién desecharía vivir en un país donde la cantidad de psicólogos y sanadores espirituales (en el caso de necesitar con asiduidad de sus servicios) supera a la de cualquier región del planeta? Y allí, en las principales librerías del país cuelgan como racimos voluptuosos las obras de Paluch hombreando con las de Jorge Bucay, (hoy exhibidas junto a la reciente “Mirar de nuevo” de su joven hijo y pichón de gurú, Demián Bucay), con las del pastor Fernando Stamateas, con las del psicólogo narrador Gabriel Rolón, con las del también psicólogo y astrólogo Sergio Sinay, con las del siempre hipersonriente Claudio María Dominguez, defensor a ultranza del pederasta Sai Baba, recientemente fallecido. Y así la lista sigue hasta hacerse por momentos confusa. Pero volvamos al locuaz locutor. Arón Paluch tardó menos de dos años en escribir su flamante Corriéndose al interior, luego de que El combustible espiritual II (derivado de la cadena El combustible espiritual) lo llevara a pelear el liderazgo del mercado con los consagrados del género. Podría decirse que ese cúmulo de nuevas reflexiones espirituales que el autor vuelca en 240 páginas las concibió en un santiamén. Sin embargo, lo que a primera vista resulta evidente es algo que quizás se explique a razón de una simple pregunta: ¿puede alguien con seriedad proponer teorías espirituales con la misma velocidad con la que se fabrican embutidos? Al parecer, no sólo este hombre de radio se tomó en serio el yaísmo espiritual: la competencia tampoco duerme. Es que lo que a Jiddu Krishnamurti, escritor y orador hindú, entrenado desde niño por maestros espirituales de la India (y de quien Paluch obtiene muchas de sus reflexiones filosóficas), le tomó sesenta años de sesudas reflexiones para luego difundirlas, al locutor no sólo parece brotarle como repollos las grandes verdades, sino que resulta evidente el apuro por exhibir sus trabajos en los estantes de las librerías y, con ello, asirse de muy buenos dividendos (según la consultora Marketdata Enterprises, los argentinos gastarán al finalizar 2011, más de 50 millones de pesos en libros de auto ayuda). No sería nada honesto, dada la temática abordada por Paluch, responder sólo a contratos editoriales que exigen cierta cantidad de obras en un acotado lapso de tiempo. Aunque llegado el caso, lo peor residiría en el afán incontrolable del escritor por verse continuamente detrás de las vidrieras: ¿un desliz de su Yo, podría decirse? Según él, fue la gente de Editorial Planeta la que le pidió hace unos años concebir un manual de autoayuda. ¿Habrán visto en Arón lo que los sufistas hindúes vieron en Krishnamurti? Sin duda la dicción atolondrada de Paluch persuade, tanto como sus acicalados piropos lanzados al éter y que recaen sobre disímiles féminas. Pero aquí no se trata de una cuestión de voces internas o externas, sino de la inmerecida estafa que reciben los lectores del autor. Es que en esta nueva telaraña de especulaciones espirituales vuelve a estar presente como un residuo remanente (en términos lacanianos) su gran cruzada y, acoso, su talón de Aquiles: la eliminación del ego, concepto que lo desvela desde que irrumpió con su primer trabajo editado en el invierno del 2008. Según el autor la causa de todos los males particulares y sociales es la supremacía del la egolatría en las personas que pululan sobre la Tierra. Sin embargo, es con esa misma raíz venenosa, fraccionada en partículas acaso invisibles, que Paluch intenta maquillar su titánico narcisismo para sazonar hasta el hartazgo sus guisos espirituales. Y si bien muchos son los que comen de esa olla, lo que verdaderamente engullen es siempre milanesa de soja, aunque el autor intente vender filete de la mejor calidad. Corriéndose al interior es un remake de sus dos películas anteriores (y si el lector cree haber visto en algún que otro film el mismo argumento de aquellos dos, tiene razón). El texto que acaba de lanzar Planeta es un conjunto de consejos para el alma que ni siquiera le pertenecen a su creador, un espejo que refleja por demás palabras vencidas. Que la exacerbación desmedida de su Yo (aunque fervientemente haya confesado su total control), lo haga hacerse cargo.

*Periodista
desechosdelcielo@gmail.com

 


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