Luis Mattini

Ex dirigente del PRT-ERP, autor de "La política como subversión" y "Hombres y mujeres del PRT-ERP", entre otros.

Cartas profanas, blog del autor



NOTA RELACIONADA
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Gualeguaychu y la "Estrategia" del Socialismo del Siglo XXI

Por Luis Mattini

Ni yo ni ninguna persona común se propondría dar soluciones al conflicto de Gualeguaychú con las pasteras, (al menos que fuera un académico argentino de esos que "cortan el bacalao" en La Habana, claro está) sólo pretendemos tomar lo novedoso, lo particular, lo que hace diferente y potente la experiencia de los entrerrianos y tratar de sacar elementos que disparen la imaginación en nuestra tozuda práctica que busca mundos mejores. En ese sentido seguimos el ejemplo de los maestros hasta donde nuestros modestos entederes lo permiten. Y en efecto, los maestros se basaron en hechos "coyunturales" para elaborar sus teorias, sobre todo en La Gran Revolución Francesa, (en rigor los alzamientos de Paris 1789/93 que involucraron a una fracción centesimal de la población mundial, desde el punto de vista del conjunto de la humanidad, fueron "coyunturales"); luego las "revoluciones burguesas" europeas del siglo XIX y la Comuna de Paris. Todas "derrotadas", como fue "derrotado"el 19 y 20 de diciembre. ¿Fueron realmente "derrotadas"?
Es verdad, que los "setentistas" debemos estar prevenidos de no abusar de los análisis con sabor de derrota, atentos a nuestras propias miserias cuando solemos lamernos las heridas. Pero también es verdad que la actual generación tiene que hacerse cargo de su propia responsabilidad. Esto significa tratar de conceptualizar, es decir, extraer elementos de la vida para analizar y comprender, en busca aproximarse a elaborar eso que llaman "teoría"; esto es, tratar de responder por medio de la razón al porqué en la historia parecería haber "momentos" de iniciativa y creativa ofensiva y "momentos" defensivos, en que se pierde la iniciativa, para dedicarse a estudiar o repetir lo que hicieron los que vivieron el "momento" anterior. (Lograr actuar en la defensiva es también mantener la iniciativa y la creatividad) ¿No será que un problema en la sucesion de generaciones, o "momentos, consistiría el mantener como dogmas categorias pasibles de ser revisadas. Así, por ejemplo, es trillado explicar que entre época y generación o, lo que es lo mismo, entre época y sujeto, existe una "relación dialéctica", según la cual el sujeto hace a la época y la época hace al sujeto, que equivale a decir que es una "relación lógica" y con ello se explica todo y no se explica nada. Al menos no aprendemos a "manejar", a crear, esa supuesta "relación dialéctica" cuando creemos observar que no se produce.
Con respecto al pasado reciente, yo creo que nuestra generación, al menos en lo subjetivo, no es hija de la derrota, sino de la "victoria". Nosotros nacimos a la lucha política, habiendo disfrutado en la niñez del estado de bienestar e "iluminados" por las supuestas "victorias", en donde el relato épico de tales triunfos se transformaba en pretendida teoría, teoría que a su vez suele repetir la presente generación cuando habla de "desviaciones". (foquismo, militarismo, reformismo, infatilismo, determinismo, mecanicismo, etc) Lo que intento significar es que muchos analistas presentes del pasado reciente, suelen concluir que si no nos hubiésemos "desviado" de la teoría, no habria habido derrota. O ese "la práctica como criterio de verdad", como análisis de la práctica pasada, según el cual triunfo resulta igual a verdad y derrota resulta igual a falso. En cambio yo estoy convencido que, por suerte, hubo una especie de esquizofrenia, para decirlo de algún modo, entre teoría y práctica porque , en los hechos, no habíamos seguido al pie de la letra las teorías que pregonábamos con el discurso, lo cual nos dio la oportunidad de la creación. Esa fue la parte saludable, los aciertos, que nos tocó vivir y, paradójicamente, la que suele obnubilizarnos en el presente.
Sin embargo, con respecto a la "teoría", el pensamiento dominante en el campo popular en los setentas, comparado con épocas anteriores a la nuestra, se caracterizó por una relativa pobreza, porque estábamos atravesados por la acción y, para ella parecían útiles los manuales (ojo, no sólo los vilipendiados soviéticos) que "cientifizaron", valga redundancia, las ciencias sociales. Y es por ello que hoy nos vemos obligados a "retroceder" a filósofos y pensadores que habíamos desdeñado porque su pensamiento se oponía a nuestros deseos, se contradecía con los aparentes triunfos que mostraban el paso inexorable del capitalismo al socialismo.
Los viejos maestros del siglo XIX, en cambio, vivieron momentos fundantes y constituyentes y su campo de estudio fueron, como dije más arriba, revoluciones "derrotadas". Fundaron un proyecto de socialismo, en su momento llamado "científico" enfrentando enfáticamente la utopía, (el rescate que se hace hoy de "utopia", indica que muy pocos están dispuestos a mantener el adjetivo "científico") Digamos mejor que fundaron un cuerpo de ideas, un imaginario de sociedad opuesta al capitalismo, cuya concreción era una apuesta; pero lo hicieron sin lograr desprenderse del todo de la hegemonía del pensamiento capitalista, por asi decirlo, (Hegel). Y claro, no puedo ser tan necio como para pretender que los maestros la ignoraran y mucho menos creer que nosotros nos hemos desprendido de la influencia capitalista, apenas si estamos tomando conciencia de ello..

"El mundo" no es realidad, es representación trascendente, la vida es presencia inmanente..

Un rasgo distintivo del pensamiento capitalista, casi desconocido hasta la modernidad, es la "totalidad totalizante", porque ella tiene su origen material en la búsqueda del reino absoluto del mercado al transformar la fuerza de trabajo en mercancía. Cierto que ya el cristianismo incorpora a la cultura occidental la idea de totalidad y por ello es posible que tenga razón León Rotzichner cuando afirma que el cristianismo es el lejano origen del capitalismo. En todo caso el monoteismo, el liberalismo y el marxismo "oficial", comparten la concepción de totalidad. Y por ello tabién es atendible el argumento de algunos cristianos que sostienen que en Cristo está el origen del socialismo. A su vez, los llamados "populares", de Asia, Africa y América Latina, como alternativa al eurocentrismo, no pudieron despegarse de la influencia hegemónica del pensamiento de la modernidad. Y no puede decirse que no lo hayan intentado. (Revolución cultural en China; escuelas secundarias rurales en Cuba, etc)
Desde luego que este uso de herramientas propias de la época para analizar el propio capitalismo y el estado moderno (Locke, Adam Smith, Hegel, Darwin) ese reconocimiento de Marx que las "ideas dominantes son las de las clases dominantes", no se hizo sin fuertes tensiones entre el deseo, la ética y la voluntad de tranformar por un lado , con el aherrojamiento de tales "ciencias" por otro. Por eso son posibles variadas lecturas de Marx.
Ahora bien: los maestros tuvieron un montón de argumentos sobre las "derrotas" de las revoluciones del siglo XVIII y XIX que estudiaron minuciosamente, empezando por la gran revolucion francesa. Como es sabido, según ellos, no hubo tal derrota, sino que fue una ilusión de los "humanistas" creer que la revolución era para el pueblo, la revolucion era para la burguesia y desde ese punto de vista fue una victoria total cuando todo lo burgués se hizo humano y todo lo humano se hizo burgués. ¿Cómo, entonces, podían recoger lo "positivo" de esas revoluciones derrotadas desde el punto de vista libertario si no por medio del concepto de totalidad, que las incorporara a un proceso ascendente de emancipación humana? Totalidad implica un sentido finalista, meta, objetivo final…el comunismo como la resultante de todo lo acumulado por la larga marcha de la humanidad a lo largo de su historia. Por lo tanto las partes se deben subordinar a ese todo final.
Aún tomando saludable distancia del todo determinismo, aún considerando que ese proyecto, como tal, depende de voluntad humana, condicionada, pero no determinada, por la base material, el concepto de totalidad hacia un objetivo final contiene la trascendencia y como tal. desde el punto de vista escatológico, es la alternativa terrrenal a la promesa cristiana del paraiso. Cualquier sacrificio vale si apunta al objetivo final. Así muchos de nosotros, pudimos admitir criticamente al stalinismo y al crimen global de la segunda guerra mundial como una gesta liberadora, fuera esta la "Gran guerra Patria" o fuera la guerra de la civilización contra la barbarie. Stalin hizo matar más comunistas que Hitler, pero decía hacerlo en pos del comunismo como razón de la historia, esa es la sola diferencia.
Por otra parte, totalidad y trascendencia implican siempre actuar en función de futuro, el presente se subordina al futuro. O sea que la totalidad, el todo, no sólo es espacial, geográfico sino también temporal e…infinito.
Es interesante observar que, por lo diverso, la historia muestra que la gente se ha movido motivada por la "totalidad" sólo en momentos excepcionales. (En nuestro caso las guerras de la independencia y ciertos hitos) Son esos momentos que, desde esta óptica totalizante se los llama "históricos" ( a veces reales a veces imaginarios) y por ello Hegel puede hablar de "pueblos sin historia", no por ser un alemán racista sino porque lo vé desde la totalidad. Podemos convenir que efectivamente son eventos, o situaciones imanentes, momentos de formidables rupturas, a veces revoluciones, donde la vorágine de los hechos arrastra o entusiasma a millones de seres humanos más allá de sus intereses inmediatos en alguna de las unidades de la totalidad (Ciudad, Provincia, Nación, Continentes). Pero en este punto cabe también distinguir cuál es evento o situación, sin perjuicio de la magnitud y sin sujeción a la estrategia de lo trascendente. El evento sería aquella situación que contiene una imanente práctica de cambio en la subjetividad, de rebeldía, aún en el contexto de una supuesta monumental trascendencia. Por ejemplo, el gueto de Varsovia en el contexto de la segunda guerra mundial, el Che, oponiendo a la "estrategia" del campo socialista sus "uno, dos, tres Vietnam". .

La inmanencia de Gauleguaychú.

En la cotidianidad de lo "no histórico" se producen a diario eventos que no obedecen al un "gran evento", es decir hechos que no se corresponden a una "estrategia". Tal es el caso de aquel Cutralcó, aquel Mosconi, ese 19/20 de diciembre… Esquel o Gualeguaychú. No es necesario hacer una encuesta para suponer que la mayoria de la gente de Gualeguaychú no piensa en la trascendencia de una estrategia anticapitalista, actuan por la inmanencia de su decisión de defender un modo de vida; y van de "tacticas" en "tácticas", por así hablar, sin que lo adecuado de cada táctica se corresponda a una estrategia para medirla. La "estrategia" de Gauleguaychú es bien "pequeña": expulsar las pasteras. (La motivación de cada persona o cada grupo del colectivo es a su vez diversa) Por lo tanto la justeza o no de las tácticas se medirán por esa "estrategia". Porque es en el proceso de lucha donde los propios protagonistas advierten que una "inocente" protesta ecologista pone el dedo en la llaga de tremendos intereses. En esa práctica toman contacto con la teoría, con la ciencia, se informan y se forman, se "especializan" hasta hacerse "expertos"; con una diferencia radical: se accede a tales conocimientos por la vía del cuerpo sin "pre-juicios", con juicios tomados, juicios dados por el deseo, por la opción de vida asumida y no por teorías totalizantes que indicarían cómo ser felices. Por otro lado, no se trata, como lo exigía cierto pensamiento agotado, de analizar la "correlación de fuerzas" para decidir si conviene o no dar la batalla de acuerdo a cómo estaría dada la disposición "estratégica". Primero porque si Gualeguaychú hubiese razonado anteponiendo la centralidad del cerebro (análisis teórico previsible) que le hubiera indicado su pequeñez frente a la hostilidad general, si hubiera sopesado la magnitud de la coalición de fuerzas a que se enfrentaba, (imaginarios tecnocráticos del progresismo, académicos marxistas que no pueden entender el fenómeno biotecnología, mezquinas visiones corporativas de ciertos sindicatos, gobiernos aherrojados por la gestión, relaciones mafiosas con los gobiernos provinciales, cierto sindicalismo-empresarial subsidiario de la gran tecnología, negocios de los empresarios locales, movimientos populares en el gobierno jactanciosos de su "civilidad" y, claro, por supuesto, su coronación: los altos intereses transnacionales) quizás ni siquiera lo hubiera intentado. Luego porque Gualeguaychú desconocía su propia potencia, por aquello que "nunca se sabe cuánto el cuerpo puede". Al carecer de teoría para actuar, simplemente se echaron a andar y hoy se pueden asombrar de su propia potencia. Pero, lo que es más importante: no está escrito cual es la táctica adecuada, insisto, no es una verdad que existe objetivamente y sólo hay que revelar, no hay una teoría para el estudio analítico previsible, no se desprende de la trascendencia de lo general, es una verdad a crear, es una politica a inventar desde la propia inmanencia y en esa situación concreta. Tal es la riqueza de Gualeguaychú, sea cual fuere el resultado final. Potencia de lucha que se desmoronaría si la encajáramos en cualquier "estrategia".
Es en ese sentido, existe un gran riesgo en el intento de "extensión artificial" de Gauleguaychú: la tentación de bloquear el puerto de Buenos Aires. Si ello fuera hecho por los ciudadanos de esta ciudad que se movilizaran por solidaridad en el sentido lato del término (ser parte de lo mismo) bienvenida sea; porque entonces no estarían haciendo solidaridad con Gualeguaychú, sino "otro" Gualeguaychú, "otro" Esquel, otro 19/20 de diciembre. Ello significaria la movilización de porteños que, en primer lugar hicieran conciencia de sus propios problemas ecológicos locales, que son más graves que los de Gualeguaychú y hasta ahora se ha movido una infima minoría de la ciudad, empezando por las torres de Puerto Madero, los terrenos de la ex ciudad deportiva de Boca, (por ser zona portuaria) y asi decenas de problemas similares, el mayor el Riachuelo. ¿Que Puerto Madero está lejos de los barrios carenciados de Buenos Aires? Es verdad, también Gualeguaychú está a 14 kilómetros de las pasteras y su población no se mueve por ser "carenciada". Dicho en forma más clara: así como la asamblea de la ciudad de Gualeguaychú (gente presente, no "representantes") bloquea el puente hacia Fray Bentos, y la asamblea de la ciudad de Colón (gente presente, no "representantes") analiza medidas similares, debería ser la asamblea de la ciudad de Buenos Aires (gente presente, no "representantes") quien decida bloquear su puerto, dispuestos a enfrentar todas las consecuencias y no la asamblea de deteminado barrio "representando" a los porteños.
Pero las cosas no vienen así; la idea de bloquear el Puerto de Buenos Aires viene fogoneada por asambleístas y piqueteros, muchos de ellos fuera de esta ciudad, que no se caracterizaron precisamente por esta temática y que ahora, de hecho, "representarían" a los ciudadanos de Buenos Aires, siguiendo una pretendida "estrategia", para la cual ellos, los piqueteros, a diferencia de Gauleguaychú, "conocen" sus fuerzas (mejor dicho creen conocer), porque sus fuerzas son las que despliegan en situación de presentes y no de "rerpresentantes" para las que le dan formas de un "ejército civil"). Estas "fuercitas" se mueven con una "estrategia" de "acumulación de fuerzas", sin comprender que Gualeguaychú muestra el despliegue de potencia.
Una acción de ese tipo podría ser un salvavidas de plomo para los activistas de Gualeguaychú, porque más que demostración efectiva de fuerza lo sería de debilidad, digamos algo asi como oponer escuadrones a los escuadrones de la represión y encima de civiles con palos y bufandas. La única manera legítima de bloquear el puerto de Buenos Aires sería la movilización de unos trescientos mil porteños, (no como un asunto de "fuerza" sino por presencia), que dijeran basta a la depredación del ambiente. Esto no es "utópico", el 19/20, demostró que la realidad es más rica que la teoría, podría suceder el día menos pensado. Mientras ello no ocurra, no se lo puede reemplazar con "vanguardias".
Dicho metafóricamente, no se trata de "extender Gualeguaychú", sino de desplegar un, dos, tres …muchos Gualeguaychú en donde los protagonistas descubran, no la "fuerza" de Gualeguaychú, sino su propia potencia. Precisamente, las acciones en varios barrios porteños y del Gran Buenos Aires contra las construcción de edificios torre, son esos muchos Gualegauychú. (No sería necesario agregar que esto no nos exime de la realización de actividades de solidaridad de todo tipo con Guleguaychú en Buenos Aires y todo el país. Por ejemplo un acto de "representantes" de las asambleas, y organizaciones sociales en la zona portuaria) .

El socialismo del siglo XXI

Muchos luchadores contra el capitalismo siguen arrastrando uno de los lastres más pesados que nos legó la modernidad, la totalidad; la idea de que lo global, lo planetario, articulado, ordenado y manejado racionalmente desde un centro, es destino natural de la humanidad y sinónimo de civilización superior. Por ello a la globalidad capitalista se pretende oponer algo así como la globalidad socialista. Ahora se la menciona como "el socialismo del siglo XXI". Una estructura planetaria para enfrentar a la estructura planetearia capitalista ¿Por qué no podemos hablar de los socialismos, de muchas variedades de prácticas sociales autónomas solidarias que, en su multiplicidad local, vayan más allá del Estado Nación y de Estados Multinacionales?
Y de eso se trata, de que la estructura planetaria es innerente del capitalismo y, si concebimos otra estructura planetaria, será también capitalista. Dicho más claro: la estructura planetaria en obra del mercado, de la lógica de la libre circulación de la mercancía en tiempos que la fuerza de trabajo se transforma en mercancía. Los hombres, en este caso los capitalistas, administran, intentan dirigir, según intereses grupales, ese movimiento y sólo pueden moverse "globalmente" como lo hacen, en el terreno de la mercancia. La democracia representativa es su forma ideal y funcional, pero cuando esta no puede dominar por la resitencia de lo diverso, no sólo se recurre a la fuerza de la policía mundial, sino que tal fuerza constituye, además de su bien de uso (reprimir) en una rentable mercancia. (Ejércitos, industria bélica, industria de la seguridad, etc)
El sistema único, no está dirigido por un cerebro humano, ni siquiera un equipo, sino por un entrecruce de intereses "solidarios" y enfrentados, alimentados por todos los "sitemas" (sistema económico, político, educativo, religioso, "cultural", etc). donde posiciones de derecha y de izquierda suelen acordar más de lo sospechado porque tienen en común el modo de ver "el mundo", aunque intereses antagónicos y que mantienen un equilibrio inestable, a tal punto que cada momento se va de madres, porque, al contrario de lo que afirman los tecnófilos, (que me acusan de tecnófobo) el hombre controla cada vez menos su propia creación. La leyenda del aprendiz de brujo pesa como una espada sobre nuestras cabezas.
Esta afirmación no se desprede de una variante de un determinismo economicista, sino de la profunda crítica a la soberbia de la modernidad que estableció la centralidad de la conciencia y la omnipotencia del hombre sobre la naturaleza y sus propios actos. ("hombre", sí compañera, no se sulfure, digo "hombre" con toda intención, porque la mujer no estaba considerada pensante y, para abrirse paso en este "mundo", está obligada a pensar como hombre.) Tal estructura planetaria no obedece a la voluntad de los humanos sino al mercado capitalista. (manejado por humanos que se llaman empresarios, políticos, científicos, religiosos, docentes, profesionales e intereses corporativos) pero que también actuan "en situación" y son pasibles de "triunfos" y "derrotas") Los seres humanos no pueden actuar más allá de "su situación", porque están "situados" material, cultural e históricamente.
Para enfrentar esa intemperie el ser humano inventó primero la magia, luego la religión y después la ciencia. Pero ocurre que esos dioses han muerto o se han vuelto locos, dejándonos en la intemperie, ha quedado a la vista nuestra fragilidad como especie y la falsedad de nuestra omnipotencia para dominar la naturaleza y el "mundo". Pero fragilidad e intemperie no significa impotencia, por el contrario la omnipotencia es consecuencia de la impotencia de la fuerza. La fragilidad puede generar potencia, por aquello que decía el genral Giap: "el arma vale lo que vale el hombre que la empuña". Por ello es que, liberados de la protección omnipotente de la fuerza de los dioses, podemos enfrentar la intemperie liberando la inmanencia de ese haz de potencias que actúan contra la injusticia en cada situación, resistiendo a la destrucción de la vida, construyendo relaciones sociales, sin saber ciencia cierta qué sobrevirá de cada construcción. Se trata de resistir creando para hacer realidad esa hermosa frase "resistir es crear". En esa práctica la militancia, independientemente de costos, esfuerzos y resultados finales, no es un "sacrificio", sino el placer de la creación.
En todo caso la propuesta de una estructura planetaria alternativa es la que está en danza hoy en América, en la que se anotan desde Cuba, pasando por Venezuela y Bolivia, a Argentina y hasta con el agregado de la "democracia participativa". Y claro, un proyecto de este tipo implica de por sí una estrategia, un enfrentamiento global, a lo global, un formidable despliegue y disposición de fuerzas sobre un tablero primero nacional, luego regional y después mundial, donde habria que mover las unidades tácticas, sopesando cada movimiento, atendiendo a la correlación de fuerzas, los flancos débiles del enemigo, etc. A nadie puede caber dudas que un sistema único mundial implicaria una conducción única, (¿Elegida en democracia participativa?)
Eso ya inventado y su forma política fue la "democracia popular". Pareciera que ahora sería sólo cuestión de cambiar el adjetivo, evitar las "desviaciones" mediante el "control popular" con la "democracia participativa". Sin embargo, así como la burguesía también suele "desviarse" de la democracia representativa cuando está amenazado el control de la totalidad capitalista (no siempre por el oponente anticapitalista, sino también, con harta frecuencia, por la tozuda fuerza de la diversidad) el "socialismo del siglo XXI" se "desviará" de la democracia popular participativa apenas vea amenazada la "totalidad socialista", por la fuerza de la diversidad, por los miles de Gualeguaychú. (No es que uno se ponga paranoico, pero ya tenemos a Chávez exigiendo el partido único) .

Presencia, no a la representatividad

No sólo están cuestionadas las teorías, sino el propio concepto de teoría en tanto éste sigue ligado a la supuesta centralidad del cerebro, desdeñando lo que el cuerpo puede. Lo que está en juego no son teorías sino una práctica que conlleva una determinada manera de pensar. La "nueva forma de pensar" (en rigor no tan nueva) no se debe a que cayó el socialismo que supimos contruir , sino a que "Dios ha muerto", y por ello no se terminó la historia, claro, no creo que haga falta aclarar esto. Sólo que al morir Dios, nos hemos quedado, como dije, a la intemperie. Lejos de amilanarnos, es un desafío que entusiasma, actuar por nosotros mismos, como Ulises en su viaje a Ithaca, donde lo importante no es la meta sino el camino. Sólo desde este punto de vista es válida la palabra democracia, pero no como estado, como sistema político, sino como verbo, como práctica de acción y organización entre la gente. Una concepción tal de democracia no necesita adjetivos.
Hasta la generación de los setentas actuamos, con teoría o sin ella, como fuerzas contituidas. Con la industrialización la burguesía se contituyó así misma y constituyó, a su pesar, su oponente, el proletariado. Una lucha ceñida al ámbito del llamado "trabajo productivo", apropiándose del homo faber. El resto de la humanidad laboriosa, el animal laborans, el que realizaba y realiza lo "improductivo", lo supuestamente doméstico, quedó fuera, mejor dicho fue instado a subordinarse, a postergar sus aspiraciones de emancipación a la espera de la resultante de ese gran combate. Por su parte, la totalidad opositora a la burguesía en el siglo XX, es decir la totalidad socialista (con independencia de cada fracción política) coincidía en decirle: esperen a la revolucion mundial que liberará al proletariado y este emancipará a la humanidad. Por suerte los postergados, en tanto y cuanto vida activa, se rebelaron contra la dictadura de esa totalidad que compartían buguesia y proletariado e "hicieron la suya", los esclavos de las colonias, campesinos, mujeres, indígenas, minorías étnicas, nacionales, homosexuales, lesbianas, artistas, anti-siquiatria, etc, lucharon desde "la parte", es decir desde cada situación y lograron hacerse presentes pese a la "derrota" de la revolución mundial.
Finalmente la totalidad no es real, "el mundo" no es real, es una representación que actúa e incide sobre la realidad. La realidad no puede ser representación sino presencia; la realidad son son los muchos mundos en forma de presencia. Una totalidad oponente sería también, por definición. "otra" representación de "otro mundo". Si los muchos mundos se hacen presente desde su imanencia, la representación quedará sólo para las ceremonias, protocolos, esos encuentros trascendentes, (casi siempre se autodenominan a priori "históricos"), ritos laicos que parecen haber reemplazado a los ritos religiosos de comunión, sólo que en vez de escuchar a Dios, cada uno se escucha a sí mismo, comulgados por los aplausos.
Fuera de contexto de un ideario que contenga la totalidad y el "objetivo final", y que por lo tanto analizaría triunfos o derrotas tácticas en este movimiento, Gualeguaychú ofrece un ejemplo estimulante del valor de la lucha, aquí y ahora, enfrentando la intemperie, sin "referentes superiores", sin responder a un "centro", realizando la libertad en el acto, ejerciendo en la propia lucha la emancipación, sean cuales fueran las preferencias de cada uno, pero que, al oponerse a los dictados del mercado mundial, está minando la estructura planetaria. No tenemos por que propiciar un "centro ordenador" que dé trascendencia a cada parte, sino incentivar la inmanencia, la multiplicación de la acción local, porque no son partes de un todo sino el todo en la parte. Repito, pidiendo disculpas por la machaca, parafraseando al Che, podríamos decir que la "estrategia", si queremos hablar de ella, consiste en un, dos, tres, muchos Gualeguaychú.
Por último, me permito transcribir el siguiete poema de Constantin Kavafis, quien escribe mucho mejor que yo, sin más comentarios.

ITHACA
Conserva sin cesar Ithaca presente en el espíritu.
Tu meta final es llegar a ella. pero no acortes el viaje:
es mejor que dure muchos años y que llegues por fin a tu isla
en los días de la vejez,
rico de todo lo que ganaste en el camino.
Sin esperar que Ithaca te enriquezca.
Ithaca te dio ese hermoso viaje;
sin ella no te hubieras puesto en camino.
Ella no tiene otra cosa para darte.
Incluso si la encontraras pobre, Ithaca no te habrá
engañado
Sabio como te habrás vuelto despues de tantas experiencias
comprenderás al fin lo que las Ithacas significan.

Fuente: La Fogata
 


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Entrevista a Luis Mattini

Noviembre 2006

"Comparar a Kirchner con Videla es desagraviar a Videla"

Por Gustavo Pantano

Con suspenso, haciendo una pausa interminable en el teléfono Mattini lanza: "Tengo un dato: me hablaron de un bar donde todavía se puede fumar un cigarrillo". Una semana después y por razones que no fueron aclaradas, la cita se fijó en un local que no permitía violaciones a la nueva ley antitabaco: "La Ideal", de Suipacha y Corrientes. Allí, en la confitería casi vacía, la música melosa de un organista adiestrado para llenar silencios, ofició de banda sonora de la entrevista.

Nacido en Zárate en 1941, se inició en la vida política en el grupo Praxis, Arnol Kremer o Luis Mattini (nombre de guerra que adoptó y que conserva "como identificación de su compromiso militante") fue activista sindical de ATE, UOM y Navales antes de que sus deseos socialistas y revolucionarios se encausaran en el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores) y luego en la interpretación armada del partido: el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) . Tras la derrota de Monte Chingolo (diciembre de 1975) y la muerte de Santucho (Julio de 1976) Mattini se hizo cargo de PRT-ERP hasta su disolución desde el exilio. Con la llegada de la democracia en 1983, volvió al país, dejando atrás más de una década de clandestinidad. En "Los Perros", Mattini rememora los comienzos de su militancia, su labor sindical y su acercamiento al marxismo. Uno por uno vuelve sobre personajes que fueron fundamentales en su vida y en la vida de las agrupaciones de las que fue parte. Esos compañeros -y el acontecer doméstico en el que los trató- no aparecen con la aberración óptica que dá la nostalgia, sino como hombres y mujeres que abrazaron un ideal con sus virtudes y defectos. Los Perros, su último libro editado por Ediciones Continente, no es su primera incursión en el campo editorial. Antes había publicado "Hombres y mujeres del PRT-ERP"; "La política como subversión"; "El encantamiento político" y en colaboración con otros autores: "Che, el argentino"; "Los espejos rotos"; "Contrapoder-Una introducción" y "¿Qué son las asambleas populares?". Sus opiniones, además, aparecen en medios como "Le Monde Diplomatique" y en http://www.lafogata.org

-Estuvo en el interior presentando el libro.
-Sí, y fue muy interesante. Me invitaron a presentarlo en un centro cultural en Mendoza y lo que más me interesó fue que había muchos jóvenes; y por supuesto también unos cuantos sobrevivientes y nostálgicos de la época. Estuvo muy bien. De allí me fui a San Marcos Sierra (Córdoba). Quique Pessoa, que es un periodista que tiene mucha audiencia y a quien cada vez lo desplazan más de los medios, tiene un programa en Radio Nacional de Córdoba que lo prepara ahí dónde él vive. Me invitó y convocó a la gente a presenciar la entrevista. Fue sorprendente porque vino mucha gente de los años setenta. Después de la entrevista abrió el micrófono al público.

-¿Y qué le pregunta la gente?
-En Mendoza las preguntas de los jóvenes fueron más sobre la actualidad. Me preguntan: "Ustedes que se jugaron tanto en los 70 ¿Cómo ven la cosa hoy?". O sea, buscan soluciones para hoy. Con los viejos en general se hace medio desagradable porque suelen preguntar cosas puntuales que son curiosidades históricas de aquella época, cosas que tienen que ver con circunstancias del momento y eso -ya para mí-, no tiene sentido ¿Por qué no votamos a Perón? ¿por qué no hicimos tal operación? ¿por qué no nos unimos con Montoneros?

-¿La lectura que la gente hace del libro concuerda con la que usted se planteó al escribirlo?
-Yo había escrito el mismo contenido pero de manera más analítica. Discutiendo tácticas, estrategias, conceptos e ideologías. Con este libro me propuse rescatar las vivencias, lo emocional, las cosas que no tienen explicación por la lógica. Lo trabajé mucho y creo que el resultado es el que esperaba. La gente lo captó con mucha sinceridad. Es un libro que excede a quienes estuvieron interesados en la militancia. Incluso gente que ha estado en contra de este método de lucha lee el libro y siente que es auténtico. Un tipo absolutamente conservador me dijo que le había gustado porque no le quise bajar línea. Es curioso porque no era eso lo que yo me proponía pero salió así.

-¿Cómo llegaron a la conclusión de que estaban dadas las condiciones para comenzar la lucha armada?
-Eso tiene que ver con la discusión de la época. Los procesos revolucionarios se producen cuando están dadas una serie de condiciones objetivas y subjetivas. Nosotros consideramos que las condiciones objetivas estaban dadas por la crisis económica, la tendencia decreciente de la economía y por el alza de la lucha popular muy notable. Los mismos sindicatos peleaban, la clase media se radicalizaba. Estaban dados los factores clásicos de la teoría revolucionaria y lo que faltaba era la acción como catalizadora de lo que llamábamos en ese tiempo "la vanguardia". En un estado de condiciones básicas, un sector llamado vanguardia conduce eso y lo lleva hacia adelante. Pasaron los años, tuvimos una derrota muy grande a nivel nacional y mundial, y mi enfoque hoy es distinto. Hoy creo que pasa por otra cosa. Si comparamos las condiciones objetivas, vivíamos casi en un estado de bienestar. Hoy, esas condiciones estarían multiplicadas por cien. No así las subjetivas, pero esas eran categorías de las ciencias sociales que nosotros manejábamos como un credo y creo que no son válidas. Hay un factor desconocido que no se sabe bien cual es y que es que, en efecto, las revoluciones o cambios sociales se producen y nunca se sabe que se van a producir hasta que se produjeron. Y después que se producen sacamos las leyes: "claro porque era esto, era aquello, etc". Pero nunca se sabe de antemano. Esa conclusión la saqué estudiando historia universal, y con la experiencia en carne propia. La generación tiene que saber por donde pasa la cuestión de crear condiciones. Yo creo que se crean condiciones pero lo que no se sabe es cómo se crean. Y ahí hay un factor intuitivo u artístico que no es posible medir de antemano. Lo peor es no hacer nada, hay que actuar con una mezcla de intuición y razón. Y siempre teniendo en cuenta que el pasado no se repite o se repite en apariencia. Para nosotros la oportunidad estaba, nosotros no la supimos llevar. Lo que hizo que cuajaran una serie de condiciones fue el golpe de estado del 66 del general Onganía, que al cerrar todos los caminos, dio argumento para la revolución.

-Y tiene su punto culminante cuando deciden encarar la lucha armada en aquel congreso llevado a cabo por el PRT en una isla del Delta.
-Sí, digamos que para lo que nosotros pensábamos estábamos un tanto retrasados. Decíamos que las condiciones estaban madurísimas porque el golpe de Onganía había sido en el 66. Ya habían pasado la primera ola de "azos" que hubo: Rosariazo, Correntinazo, hasta el Cordobazo en el 69, y nosotros hacemos este congreso en el 70. Allí decimos: "ya la gente está en la calle, ya tiene formas armadas de lucha, de hecho era así, la gente tenía formas violentas de lucha y lo que tenemos que hacer nosotros es darle una canalización a esto"

-El libro hace mención a ciertas "cagadas" y "cagadas necesarias" ¿cuáles fueron esos errores?
-Sí, errores hubo a patadas. Donde dice que hubo errores necesarios en realidad está formulando un concepto filosófico, casi diría. Que maduramos ahora y es que el aprendizaje siempre es a través de la experiencia y, por lo tanto, implica errores. Es decir, es contrario al pensamiento racionalista extremo que plantea que todo se puede hacer previendo todo en forma racional. Los errores son necesarios en el sentido del aprendizaje pero hay que ver hasta donde unos los corrige. A veces se tropieza dos veces con la misma piedra.

-Insisto ¿qué errores fueron los necesarios?
-El error fundamental fue subestimar. Nosotros por inexperiencia, porque éramos jóvenes, por prepotentes, por argentinos, o por lo que fuera, subestimamos, y en general subestimamos a todo el mundo. Pero sobre todo subestimamos al poder de este país y subestimamos a las Fuerzas Armadas, mientras que ellos nos sobreestimaron. Ese fue un error grave y eso sí se puede transmitir. Porque estimar correctamente es difícil pero de todas maneras es mejor sobreestimar que subestimar y casi todos nuestros errores tuvieron que ver con esta apreciación del enemigo. Después hay errores políticos que tienen que ver con la época. También nos equivocamos al continuar con la lucha armada en el período democrático de Isabel. Aunque la democracia era sui generis tendríamos que haber engrasado las armas, tenerlas guardadas, y esperar el golpe de Estado. Ese fue un error grueso.

-¿En algún momento ocurrió que la triple A cometiera un atentado y se lo adjudicara al ERP?
-Lo intentaron pero no tuvieron éxito. A mí me tocó intervenir en un caso en el que nos había llegado la información de que la triple A estaría por asesinar a (Ricardo) Balbín y echarle la culpa al ERP. Se me encomendó justamente la tarea ir a entrevistar al partido radical. Pedimos una cita con los radicales y me tocó hablar con el dirigente Vanoli y le dije: "mire, francamente nosotros tenemos esta información, no podemos asegurar que sea cierta pero no queremos cargar con semejante barbaridad porque no es nuestra intención". Y le digo muy fanfarronamente: "nosotros a los radicales los vamos a derrotar con las masas". Él me contestó: "Yo lo tomo muy en serio porque ustedes tienen buena información ¿pero qué podemos hacer?" Entonces le digo: "Mire, tienen que sacarlo del país" Y me dice: "Noooo, el doctor Balbín ni loco deja el país". "bueno, custódienlo porque la Triple A tiene un poder de fuego muy grande". Ése fue otro error nuestro, subestimamos la acción de la Triple A. Las bandas armadas de derecha provocaron un gran daño en el movimiento popular. Mucho más de lo que pensábamos. Nosotros estábamos preocupados por las Fuerzas Armadas mientras estos tipos actuaban, no contra nosotros porque a las fuerzas del ERP no le podían pegar mucho porque estábamos en la clandestinidad, pero sí a todo lo que estaba en la superficie; sindicalistas, periodistas, etc.

-¿Coincide con Gorriarán Merlo en que dos grandes errores –así lo señala en su autobiografía- fueron no aceptar la tregua ofrecida por Cámpora, lo cual le hubiera permitido al PRT proyectarse mejor políticamente y considerar que el advenimiento de la dictadura iba a generar una resistencia masiva respondiendo al llamado "argentinos a las armas"?
-Coincido totalmente. Un error se deriva del otro porque si nosotros subestimamos la fuerza que iba a tener el golpe de estado es porque nos sentíamos fuertes para enfrentarlo. Nosotros en el 75, ya cuando se venía el golpe perdimos la iniciativa. Haber mantenido la iniciativa hubiera significado pasar a la defensiva. Nosotros nunca pasamos a la defensiva. Pasar a la defensiva hubiera sido descentralizar, bajar a la compañía de monte, esperar a que se desgaste la dictadura y soportar la ola represiva como hace un ejército cuando retrocede. Nacimos y morimos a la ofensiva. Y en cualquier lucha, pacífica o violenta hay que aprender a retroceder. Además veníamos desgastados de actuar durante el gobierno de Isabel mientras las Fuerzas Armadas se habían refrescado porque se habían retirado de la escena política.

-¿Cómo fue su relación con Gorriarán Merlo?
-Mientras vivía (Roberto) Santucho tuvimos una organización y una dirección que era homogénea porque Santucho tuvo la virtud de mantener la unidad. Su autoridad política y moral era muy fuerte y zanjaba cualquier discusión. Es cierto que con Gorriarán no tuve demasiada afinidad. Era una relación cortés, si teníamos que hacer algo juntos lo hacíamos sin problemas. A mí siempre me chocó su racionalismo extremo. Todo el mundo decía que era un delirante pero yo digo que era excesivamente racional. Él pensaba que si algo se planificaba tenía que salir bien, y no tenía en cuenta que hay situaciones impredecibles. Y por eso le salieron mal algunas operaciones. Yo no le quito ningún otro mérito, era un hombre muy decidido. Ahora, cuando lo matan a Santucho yo tengo que reorganizar el buró político y recurrimos a otros compañeros que venían sucediendo y lo reincorporamos a él también. Hacemos un comité central en el extranjero porque las condiciones en la Argentina eran imposibles. Para revisar como podíamos pasar a la defensiva. No sabíamos como descentralizar el partido, acostumbrado a una estructura de tipo militar donde se ordena y cada uno obedece. En eso estamos cuando en Córdoba nos destruyeron el resto de la organización (1977) Entonces quedamos aislados en el exterior preparando algo así como la contraofensiva. Pero ya no daban las condiciones y no sólo nosotros fracasamos; a los montos les costó 200 muertos. Cuando se empezó a fracasar empezaron las internas y entonces la organización se partió en dos: Gorriarán por un lado y yo por el otro porque éramos los cuadros más históricos y ahí sí quedamos enfrentados y se puso en evidencia diferencias de estilo y de concepción que tuvimos toda la vida. Gorriarán se llevó la fama de ser el más militarista en el sentido despectivo del término y yo el de más político en el sentido más positivo del término y no era tan así. Es cierto que yo era más político pero no tenía menos errores en lo militar que él. Y tampoco él era un tronco en política. Hay que ser justo. Lo que pasa es que después los enemigos te etiquetan.

-Él ponía el acento en lo operativo...
-Exacto. Si usted conoce la historia de La Tablada él hablaba de cuadros probados, del núcleo de acero, etc. El fue un hombre con una personalidad muy particular. En su momento estábamos muy enojados pero bueno, después... incluso él en sus memorias no me trata mal.

-¿Usted sabía que él estaba preparando el copamiento del regimiento de la Tablada?
-No. Yo estaba en la Argentina instalado legalmente y laburando, cuando me enteré como cualquiera. Te digo más, en esa época yo tenía una pareja sueca y la tarde que se hizo lo de La Tablada ella viajaba a México. Entonces yo la acompaño al aeropuerto y compro el diario "La Razón" que titulaba: "Golpe de Seineldín" y yo dije: "mirá vos, otra vez los milicos". Mientras hacía la fila pensaba que si alguno me veía ahí iba a pensar que ya me estaba rajando de antemano (risas). Al otro día me enteré de todo. Me sorprendió totalmente. Después que pasó la cosa me doy cuenta que vi alguna señal de que podía pasar. Alguien alguna vez hizo un comentario que a mí me pareció un disparate...pero de eso uno se da cuenta después.

-¿Y del golpe que supuestamente Seineldín iba a dar sabía algo?
-Sí, yo creo que Gorriarán estaba convencido de que había golpe de estado. Yo sé como él pensaba y que en la historia siempre hay una conspiración. Tenía una mentalidad de servicio de inteligencia. De hecho fue del servicio de inteligencia nicaragüense, por algo lo pusieron ahí. Entonces cuando el recibe la información de inteligencia se la cree. Entonces dice: "nosotros tomamos la tablada – tenía un equipo de gente como para hacerlo- lo capturamos a Seineldín. O lo fusilaban ahí mismo o lo llevaban prisionero y salen con los tanques hacia la casa de gobierno y dicen: "señor presidente, póngase los pantalones, acá estamos los defensores de la democracia y atrás nuestro vienen las juventudes políticas", que estaban muy activas en ese momento. Esto parece ciencia ficción pero estoy seguro de que lo pensó así. No le quito responsabilidad pero después todo el mundo se mando a guardar.

-¿Cómo se mando a guardar?
-Nadie se hizo cargo de la agitación que habían hecho antes. Le dijeron paranoico, demente, por eso digo que La Tablada tiene otros padres inconfesos. Igual yo pienso que lo de La Tablada fue gravísimo y no tiene perdón pero… es mas complejo que decir que un loco se levantó y la atacó.

-¿Sigue en contacto con gente del PRT?
-El PRT surgió porque había una situación revolucionaria, se jugó en esa situación y murió en esa situación revolucionaria. Hay cuatro grupos que reivindican al PRT pero el que más suena es el PRT Santucho, que está con Quebracho. Realmente a esos no los quiero ver ni en misa. Están más locos que una cabra en el sentido de la falta de sentido político para hacer las cosas. Un día hacen un acto –que debe ser absolutamente legal-, para recordar a una personalidad reconocida en el mundo entero como es el Che Guevara. Pero con los pasamontañas y los garrotes la gente lógicamente se raja. Si hasta a mí me dan miedo.¿Los garrotes, para quien son? ¿Quién va a perseguir un acto sobre el Che Guevara?

-¿Milita actualmente en alguna agrupación?
-No. Después de la experiencia durante el alfonsinismo de recuperar la historia y recuperar las fuerzas militantes hice un intento con el Partido Comunista que fue un fiasco, bueno, cualquiera se equivoca. Cuando se derrumbó todo el sistema socialista yo empecé a incursionar por otro camino. Me alejé de los viejos compañeros de mi edad y me ligué a los jóvenes, con un grupo que se llamaba El Mate, que ahora una parte de ellos se llama Colectivo Situaciones. Empezamos a elaborar toda una nueva concepción de los cambios sociales que tiene que ver con el autonomismo. La política al margen del Estado, que abandona la idea de la toma del poder pacífica o violenta. Cuando me preguntan por qué hicimos la lucha armada yo les digo que creíamos que era necesaria en ese momento, no lo voy a hacer ahora ¿me explico? Para mí la violencia armada es solo una cuestión de como se da la situación en cada momento histórico. Sí cambié la concepción con respecto a que la sociedad se puede transformar de arriba. En el autonomismo hay como un contacto en común con lo que es zapatismo mexicano o los Sin Tierra, de Brasil y yo, particularmente, esto y muy ligado al MoCaSE. Me convencí de que uno de los problemas más graves y centrales del país para cualquier cambio –mas allá de lo coyuntural- es la estructura de la tierra. Si no cambia las estructura de la tierra no hay plan que valga. Me refiero a la agricultura, la minería y a los combustibles. Y los sujetos con los que estoy hablando no son de la Federación Agraria sino con los campesinos que resisten a las formas de la biotecnología.

-¿Usted piensa que lo revolucionario hoy pasa por el autonomismo?
-Sí, lo que pienso es que hoy las etiquetas se terminaron. No hay izquierda, lo que hay son actos de izquierda.

-¿Por qué a la izquierda siempre le costó tanto llegar a la gente?
(Se rie)- Porque no tiene la sabiduría de la Iglesia. La izquierda tomó al marxismo como un dogma más cerrado que como toma el catolicismo a la Biblia. La Iglesia, de una manera u otra se ha ido adecuando a los tiempos o las circunstancias. La izquierda sigue con ese dogma y es imposible sacarla de ahí.

-¿Qué opina de la desaparición de Julio López y de los acontecimientos que tuvieron como protagonistas a agrupaciones de derecha que reivindican a la última dictadura militar?
-No estoy seguro de que esto sea un plan orquestado minuciosamente o si sobre determinados hechos se montaron los demás. Me parece muy preocupante. Ahora, teniendo a Lilita Carrió diciendo que el presidente Kirchner fomenta el odio yo, que soy muy crítico de la gestión de este gobierno, la verdad es que me obliga a tomar una postura maniqueísta y ponerme del lado de Kirchner. Si se dice que Kirchner es igual a Videla, no están jodiendo a Kirchner, están desagraviando a Videla. Tengo la sospecha de que todo esto no es por los juicios a los viejos represores. El ejército como institución no me parece que esté mezclado en esto seriamente. Ellos están en otra cosa, tienen sus negocios. Me da la impresión de que esto tiene más que ver con las internas políticas, la bonaerense y todo lo que significa el aparato represivo del país. Creo que piensan que, si terminan con los militares, van a venir por los civiles comprometidos: la prensa, la Iglesia y los empresarios. La otra parte que está oculta de todo lo que fue la dictadura.

Fuente: www.milcaracteres.com.ar
 


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Ante la partida del pelado Gorriarán

Septiembre 2006

Mi último encuentro político con Enrique Haroldo Gorriarán había sido en un café de París, si no me equivoco a principios de 1979, en una escena digna del cine argentino de los cuarenta. Solo faltó que nevara en la ciudad luz para completar un tango.

Ahora, ante su imprevista muerte, quisiera dejar mis impresiones sobre un hombre que, para bien y para mal, no pasó en vano por la vida y que fue parte insoslayable en la historia del PRT-ERP y de mi historia militante. Un primer equívoco a saldar es la idea que el Pelado y yo habríamos sido algo así como el agua y el aceite en las internas del PRT. Cierto es que tuvimos un fuerte enfrentamiento en Europa, cuando nosotros lo acusamos de actividad fraccional durante el período de intento de reconstrucción en el exterior, pero es menester ubicar las cosas en su contexto. En esos momentos de acorralamiento y de impotencia para revertir la situación, la mayoría de las organizaciones se vuelven hacia adentro, encontrando enemigos internos como vías explicativas. Y nosotros, ni mi grupo ni el del Pelado, fuimos excepción y, por supuesto, ni todos lo "malos" estaban de aquel lado ni todos los "buenos" de este, ni éramos todos totalmente "buenos o malos". Parte del equívoco es también considerar que el Pelado era el "militarista" y yo el "político". Como he analizado en varias oportunidades, todos teníamos algo de militaristas aunque no todos hayan tenido la misma intensidad de contacto con las armas. Incluso algunos que por las circunstancias nunca participaron en una operación armada podían ser más militaristas que los combatientes experimentados.

Mis diferencias con el Pelado no pasaban por militarismo o no militarismo sino por la concepción de construcción política y de la vida misma. La ruptura de 1978 reflejó eso claramente. Mientras él acudía a los cuadros probados y experimentados yo llamaba a un congreso abierto. En realidad ninguno de los dos tenía razón y a los hechos me remito, no logramos el objetivo propuesto, pero ello no quita que la conducta política posterior de los últimos veinte y pico de años de ambos revela que esa diferencia era real.

El otro equívoco fue la cuestión con respecto al censurable asalto a la base militar de La Tablada que él dirigiera con tan poco acierto en pleno gobierno alfonsinista. Yo fui de los pocos que no condenaron al Pelado como "demente", "mesiánico" , "irracional", "agente de los servicios" , epítetos que le endilgaron hasta muchos de sus seguidores y sobre todo admiradores desilusionados. Y no me uní al coro de filisteos, entre otras cosas porque, para mi entender, la paternidad de La Tablada está compartida con padres inconfesos que en aquel momento se relacionaban con las llamadas juventudes políticas, quienes de una manera u otra lo alentaron. La frágil memoria de este país olvidó rápidamente los discursos incendiarios de los dirigentes de esas agrupaciones, acusando a Alfonsín de pusilánime, mientras ofrecían no se sabe qué ridículas brigadas cafeteras para enfrentar los alzamientos carapintadas. Por eso es que la sociedad argentina no tiene autoridad moral para juzgar a los protagonistas del asalto al cuartel. Y es menester aclarar que si remplazo la categoría "pueblo" por "sociedad" es porque considero que no hay pueblo cuando no hay sujeto. Pero ese es otro tema. Mi desacuerdo fundamental con la acción de La Tablada excede los fundamentos tácticos, de oportunidad o de legitimidad, de uso o no uso de la violencia. Estoy convencido que el Pelado lo hizo creyendo salvar la democracia y yo estuve y estoy en desacuerdo en arriesgar una sola vida por esta democracia. Esta democracia no vale un gramo de sangre joven porque ya se las cobra por sí misma a toneladas. Para decirlo utilizando categorías de la época, hoy perimidas, en esa acción se expresó el "reformismo armado". En cambio fui muy crítico con él cuando se presentó como protagonista en un incalificable video relatando en detalles impropios de un jefe guerrillero la ejecución de Somoza. Califiqué esa presentación televisiva, como una "Tablada mediática".

En todo caso lo notable del Pelado, como de muchos jóvenes de los setenta, es que dejó sus supuestas juergas en el Club Social de San Nicolás (noticia esta de la que no me hago cargo, solo repito el testimonio de sus coterráneos) para dedicarse a la revolución. Y hay que reconocer que puso el cuerpo y todas sus energías en eso a punto tal de llegar a parecerse peligrosamente a algo así como un revolucionario profesional que, por suerte, no llegó a alcanzar la categoría de amo liberador.

Cuando se realizó el V congreso del PRT el Pelado era ya un "pesado" con prestigio bien ganado. Había participado en el Rosariazo y con su incorporación al PRT efectuado un golpe comando espectacular de recuperación de dinero con el que se estaba financiando el propio Congreso. Fue elegido vicepresidente y con tal mala suerte que a la vez le tocó para la defensa una escopeta recortada. Digo "mala suerte" pues en su carácter de vicetitular del evento, debió turnarse con el presidente, Luis Pujals, para dirigir las deliberaciones y, como es natural, no podía dejar el arma en un rincón o calzarla en la cintura como los que teníamos solo una pistola. Me es imborrable su figura parada en el centro de la sesión sosteniendo la incómoda escopeta mientras señalaba con el dedo a quien le tocaba hablar. No pretendo hacer freudianismo de entrecasa sino grabar una de las tantas escenas jocosas de aquel encuentro.

En el congreso se destacó por su silencio. Solo usó de la palabra practicamente para ordenar el debate y su única propuesta fue la de una sigla diferente para la fuerza militar, elección en la que salió favorecida la moción de Arancibia con las siglas ERP. Hay que recordar que después de la llamada "revolución ideológica", previa al este congreso, en el PRT se consideraba al silencio como una de las virtudes máximas, una supuesta expresión de la "modestia proletaria" frente al "charlatanerismo pequeño burgués". Los obreros cordobeses se encargarían de demostrar que, o bien este criterio era un burdo prejuicio, o bien ellos eran unos pequeño burgueses.

No lo volví a ver hasta fines de 1972 en la primera reunión del Comité Central de inmediato al regreso de Santucho después de los dolorosos acontecimientos de Trelew. Fué una reunión durísima en donde el prestigio y la energía de Santucho se impusieron. El Pelado casi no abrió la boca en todo el desarrollo. Sentado en el suelo, como muchos otros, casi en un rincón, pasaba desapercibido a pesar de ser el máximo jefe del estado mayor del ERP y seguir teniendo enorme prestigio interno aumentado por su papel importante en la fuga del penal de Rawson. Hay que decir también que Gorriaran tenía modales de caballero, era un tipo buen mozo, correcto y amable aunque a veces no le salía bien el gesto. En ese tiempo, para mucha gente el Pelado sería el reemplazante natural de Santucho. Sin embargo Roby, ya había decidido por Benito Urteaga, también oriundo de San Nicolás, como su hombre de mayor confianza. Desde luego que esto se manifestaba de hecho, no de derecho, puesto que formalmente, en los organismos colegiados solo había un secretario general y los demás éramos pares. Hay que señalar, no obstante, que en ese momento Roby hacia descansar todo el peso de la reconstrucción de la fuerza militar en la jefatura de Gorriarán. De todos modos el Pelado tenia también importantes responsabilidades políticas además de su participación en el Buró Político. Tuvo,por ejemplo, la no fácil tarea de reconstruir la regional Buenos Aires que había quedado desbaratada durante la "desviación militarista" entre 1972 y 1973. Militó un largo tiempo en los frentes fabriles de Córdoba, más adelante realizó trabajos entre los campesinos tucumanos como apoyo a la guerrilla. Con esto quiero señalar que no era un simple "fierrero" como se lo pinta, ni el menos experimentado de los demás compañeros del Comité Central. Porque así como el Pelado era el mito del "fierrero" estaban los mitos "de masas" supuestos cuadros históricos cuyo contacto con el proletariado y el campesinado –incluso alardeando de conocer dos o tres frases en quichua– les otorgaba palabra inapelable. Parecía como si en el noroeste argentino no existiera la burguesía ni la pequeña burguesía.

También se ha chicaneado injustamente con la supuesta falta de "cultura" de Gorriarán, lo cual, dicho sea de paso, para la escatología perretiana era más un mérito que una falencia. El Pelado había sido estudiante de economía y en ese tema dominaba más que en otros, pero no sólo porque hubo cursado por lo menos parte la carrera, sino porque su mentalidad cartesiana se ajustaba a esa disciplina. Por eso cuando Maria Seoane –no por casualidad también ex estudiante de economía– en "Todo o Nada" ironiza haciéndose eco de un testigo que cuenta que supuestamente el Pelado no podía pasar la primera página de la Fenomenología del Espíritu de Hegel, no hace más que demostrar su propia estrechez intelectual. Estoy seguro que, de no haberse dedicado a la revolución, Gorriarán hubiese sido uno más de las decenas de economistas, (liberales o marxistas) verdaderos "fierreros" mentales aunque sean pacifistas, con sus dificultades para entender la dialéctica, menos aún la política.

Militamos más de un año en el Buró Político con una relación de cotidianidad, primero con sede en la ciudad de Córdoba, luego nos trasladamos a Buenos Aires. El Pelado continuaba con su estilo parco. Solía lanzar alguna frase lapidaria tras algún informe de problemas internos: "Cada vez quiero más a Stalin". Cuando hablaba se dirigía a los demás mirando de frente con su ojos azules penetrantes, con un deje de ironía en la expresión. Podía tener algunas salidas ocurrentes, algo ácidas, pero siempre más menos juiciosas.

Dificilmente manifestaba alguna duda y menos aún contradecía ni a Santucho ni a los cuadros "consagrados", sea porque el Roby demostrara especial confianza o por ser "proletarios" o simplemente "probados". Siempre percibí en él una actitud de autoconstrucción, una represión de sus íntimos sentimientos que producía cierto chisporroteo con personalidades tan espontáneas como las de Domingo Mena o Rogelio Galeano. Es verdad que esa era una pauta de la época y particularmente del PRT, mayor aún en sus estructuras dirigentes. Pero en Gorriarán al igual que en el negrito Fernández era especialmente marcado. Precísamente por esa característica nunca tuvimos entre él y yo un enfrentamiento político. Siempre mantuvimos una relación de cordialidad o quizás sea mejor decir fría cortesía. Sin embargo yo tenía la sensación que el Pelado no las iba conmigo y más bien se reservaba opinión, por así decirlo. A mi vez me chocaba su mecanismo lógico-análitico que le impedía "volar" la imaginación.

Cuando Santucho presentó el plan de ataque a la base de Azul en el corazón de la provincia de Buenos Aires, en 1974, Gorriarán, quien sería el jefe del mismo, no hizo observaciones de importancia. Años después me confiaría que él fue al frente sin estar convencido por no oponerse a la autoridad de Santucho. Esto debía de ser verdad y explica los errores de conducción durante la operación que le costaron el relevamiento de la responsabilidad de jefe del ERP. Porque a corto tiempo de lanzadas las unidades de ataque, Gorriarán perdió el control sobre la operación y ordenó la retirada, al parecer prematuramente, con el agravante que no verificó fehaciéntemente que los distintos grupos de ataque hubieran recibido y cumplido la orden. Santucho había insistido en dirigir él personalmente la operación pero no lo dejamos amparados en la resolución del Comité Central que le impedía participar directamente en acciones militares en las ciudades. Pero como era muy tozudo le concedimos una aproximación al teatro de la acción para recibir el regreso del jefe supuestamente después de la retirada victoriosa. Precisamente yo le llevé con mi coche esa noche y nos estacionamos en un cruce de carreteras, del que no recuerdo el nombre, a medio camino entre Buenos Aires y Azul. El Pelado debía pasar por ahí y detenerse para contactarnos. Lo cierto es que estuvimos con el Roby hasta la madrugada esperando y no lo vimos pasar. Regresamos y al otro día nos reunimos en Buró Político con el Pelado. Santucho estaba muy enojado y por lo menos una hora la pasamos dilucidando las causas por las cuales no nos habíamos encontrado en el cruce de caminos. Mientras tanto llegaban los informes: el grupo de Molina, que tenía cierta autonomía por el tipo de misión, había tomado prisionero al jefe de la base y se retiró en orden. El grupo de Santiago había penetrado en profundidad en el cuartel y combatido durante horas sin recibir orden de retirada. Puede decirse que cuando se cansaron de tirotearse se marcharon también en orden. El problema se había dado en el grupo principal de choque a cuyo frente iba Gorriarán al encontrar una inesperada y fuerte resistencia. En todo caso puede decirse que el problema fue que el Pelado, no supo reaccionar frente a lo inesperado y perdió el control de la operación dando por derrota lo que podía haber sido posibilidad de victoria.

La reunión fue muy tensa, Roby era demoledor en las recriminaciones y el Pelado recibía los golpes estoicamente. Reconocía que se habían cometido errores y asumió toda la responsabilidad, como me diría después, más por hábito partidario que por convicción. Domingo Mena era el más duro y consideraba que correspondía el relevamiento y sanciones. Benito Urteaga miraba fijamente atuzándose el bigotillo. Yo dije, con intencionada ironía, debo confesarlo, que por mucho menos que eso Stalin mandaba a los generales a Siberia. Santucho, después de su implacable critica, relativizó las cosas asumiendo parte de la responsabilidad colectiva puesto que de un modo u otro estábamos aprendiendo y se limitó a proponer el relevamiento del jefe sin más sanciones que destinarlo a tareas políticas para que el contacto con las masas "contrarrestara las tendencias subjetivas". Formalmente no fue una sanción sino un simple cambio de jefatura.

A partir de ahí lo veía menos seguido aunque como miembro del Buró Político seguía su trayectoria por los informes y las decisiones que se tomaban al respecto. Una acción notable dirigida por él fue el rescate de un grupo de compañeras, entre ellas la suya, prisioneras en la cárcel del Buen Pastor de Córdoba. Según cuentan se llevó a cabo impecablemente y con una escena del cine romántico, cuando El Pelado arrancó la verja que estaba a cierta altura con un camión. Su compañera se paró al borde y gritó ¿Qué hago, me tiro? ¡Tirate! respondió el Pelado y la recibía en los brazos.

A los pocos meses, militando en Córdoba el Pelado tomó un decisión arbitraria sin respetar los órganos partidarios y entonces sí fue sancionado con publicación en el boletín interno. El aceptó la sanción e incluso publicó una carta en el B.I. de disciplinamiento. Bien es cierto que siempre quedó la duda sobre la sinceridad de esa declaración.

El tiempo pasó y Gorriarán cumplió distintas tareas en diversos puntos del país hasta que finalmente –después de la derrota de Monte Chingolo en donde él no participó– a propuesta de Santucho fue incorporado al estado mayor del flamante batallón de Buenos Aires. El 18 de julio de 1976, la víspera de su muerte, Santucho, entre otras recomendaciones, nos decía que había que tener en cuenta al Pelado pues venía mejorando mucho y que podía reforzar los órganos dirigentes, sobre todo en esos momentos de creciente debilidad por la represión. Más influido por este juicio de Santucho que por mis propios conocimientos y atenazado por la necesidad de cuadros, es que al asumir la dirección máxima del PRT-ERP en reemplazo de Roby, propuse incorporar a Gorriarán al nuevo Buró Político y así se inició una etapa de dos años de trabajo juntos, la mayor parte del mismo fuera del país. Aquí es donde empecé a conocerlo más a fondo.

El Buró Político decidió que viajáramos a Cuba para lograr preparación para el próximo auge de masas que esperábamos para fines de la década del setenta. Lo hicimos vía Italia, país en la que ya teníamos una pequeña infraestructura. Naturalmente viajamos separados y yo le dí una cita para nuestro encuentro en Roma: "te espero al pie de ese arco del triunfo que está a lado del Coliseo", El pelado llegó a Roma y después me contó que al buscar el arco pensó: "Este Luis está en pedo: ¿Qué arco del triunfo puede haber aquí si los tanos nunca ganaron una guerra?" Desde luego yo sabía que el famoso "Arc du Tryunph" estaba en París, pero había llamado "arco del triunfo" al Arco de Constantino que conocía sólo por fotos porque, como es sabido, todos los emperadores romanos hacían construir un arco al regreso de sus guerras triunfales. El chiste no tiene mucha gracia si uno no advierte que el Pelado, cuestionando con ese ácido humor la historia bélica de los italianos, no podía quejarse que lo llamaran militarista.

El asunto es que en esos días compartíamos vivienda y vivencias y, desde luego, la oportunidad de hablar en forma más suelta de los problemas del Partido. Viajamos a Praga en donde tuvimos diez días y una larga entrevista con un miembro de la dirección del Partido Comunista Cubano que nos llamó la atención sobre nuestra tendencia a no detenernos a mirar que estaba pasando. Parecía como si cada día tuviéramos más acuerdos sobre la situación y lo que había que hacer. El Pelado no demostraba competencia alguna por la función que yo sustentaba como continuidad orgánica de la dirección creada por Santucho. Nos abrimos a nuestros íntimos pensamientos y allí me confió sus dudas, cosa que actuó muy favorablemente en mi consideración hacia él. Al fin de cuentas era humano y no esa imagen de bronce que se había construido o que le habían armado alrededor suyo.

Se realizó la reunión del Comité Ejecutivo de Abril en Roma, en la vía Crescencio. Desde la ventana de la casa en que sesionábamos podía verse la cúpula de la Catedral de San Pedro en el Vaticano, todo un símbolo. En ese evento el Pelado participó como nunca lo había hecho y se unía al entusiasmo colectivo que restablecía ese optimismo que caracterizó toda la trayectoria del PRT-ERP, aún en las peores circunstancias. "Persistir y vencer" había sido la vital consigna que dejaba la herencia de Santucho sin que nadie se percatara que suplantaba la muy latinoamericana "Patria o muerte" , "Victoria o muerte" o "A vencer o morir".

Después el Buró Político se instaló en Madrid en un plan de reconstrucción que duraría de cuatro a seis meses, según lo planeado. Un trio dirigente regreso a Buenos Aires con las resoluciones del Comité Ejecutivo y la misión de replegar aún más las fuerzas hacia el movimiento social dosificando la acciones militares guerrilleras. Yo viajé a Cuba para completar la misión que había originado la salida del país y en ese lapso se dieron los golpes represivos en Argentina que destruyeron los restos organizados del PRT-ERP. El Buró Político estaba dividido en dos y dos por la forma que se enfrentó la ola represiva anunciando la ruptura.

A esta altura de estos recuerdos sería ocioso relatar los hechos que llevaron a la ruptura. Había una causa de fondo que no se hacía conciencia en ninguno de nosotros, causa de causas, por jugar con las palabras y que engendró un microclima magistralmente expresado por Rolo Diez en su novela "Los Compañeros" y que reproduzco a continuación:

"De a poco se ha ido dando cuenta de que han caído en una trampa. El diversionismo ideológico se servirá en el desayuno, tenderá sus dulces emboscadas, ofertará sus halagos en la feria. Las diferencias comenzarán a llamarse actividades contra la dirección, el paso siguiente consistirá en llamarlas actividades contra el partido. La desesperación cerrará su círculo: Hija de la impotencia engendrará la intolerancia, la persecución. Caminarán su calle sin salida, repetirán sus mismos pasos, las palabras heladas, las sentencias. Encontrarán el enemigo en el espejo. Quemarán su bruja a medianoche y no podrán dormir." .

Y en efecto, la ruptura, producida en el fondo por la impotencia de no hallar el camino de retorno simbólico y concreto a la lucha en el país, se produjo a fines de 1978. Mi último encuentro con el pelado fue, como dije al empezar, en Paris. La zarzuela se había convertido en sainete.

Yo y la mayoría del Buró Político funcionábamos en Madrid y habíamos llamado al VI Congreso del PRT. Gorriarán con la mayoría del CC se había atrincherado en Paris y en principio impugnaban dicho llamado pero a fin de cuentas se avinieron a participar del mismo siempre que se convinieran las reglas. Al mismo tiempo ambas facciones recorríamos los grupos partidarios haciendo proselitismo interno y por supuesto, acusando a la otra parte de las peores herejías en el sistema de creencias del PRT. La principal, claro está, el abandono de la lucha armada como forma principal de lucha, manifestación inequívoca del "reformismo". Naturalmente, más allá de las mejores intenciones de todo el mundo, más allá del alto grado de alienación del conjunto, había algún que otro piantado. Y con el grupo de Gorriarán había uno particularmente singular: Jorge Masetti quien disfrutaba de un apellido histórico y que en un momento propuso a su grupo matar a Luis Mattini para acabar con su influencia reformista.

Como de este lado tampoco faltaba algún chiflado medio se lo tomó en serio y se dio la paradoja de custodiar al secretario general más por temor a una agresión interna que por miedo a los servicios de seguridad de la dictadura que actuaban en el extranjero.

Por eso es que la reunión con el pelado en Paris fue mucho más cómico que lamentable. No recuerdo bien como se eligió el Café del encuentro, pero seguramente que mi equipo verificó el lugar. Lo cierto es que yo ingresé acompañado de Julio Santucho y ya mi "custodia" había tomado posiciones. Recorrimos el Café con la mirada y no vimos la supuesta custodia del Pelado. Al rato llegó acompañado por el Cuervo, compañero que se había iniciado en la lucha armada en Rosario junto con él, gran organizador de eventos. Se sentaron frente a nosotros y comenzamos a tratar el asunto. Parecía una mesa de juego. El problema es que yo no sé jugar al pocker y el Pelado demostró ser experto. Sin embargo, ahora a la distancia, puede verse que esa reunión puso en evidencia que el PRT - ERP ya estaba muerto, sólo firmábamos el certificado de defunción.

Ahora, ante su partida definitiva, pienso –como Miguel Benasayag– que yo no sé si el Pelado quería y luchaba por la misma sociedad que quiero y lucho yo, pero sí es seguro que siempre peleó contra la misma sociedad que yo peleo, y puedo decirle con el corazón y sin rencores: Hasta la victoria siempre.


El progresismo y la justicia social

Junio 2006

Si existe una palabra equivoca, ésta es progresismo.
Se dice que progresista es aquel que está a favor de la razón, la ciencia, la educación, el trabajo, el arte, la equidad social, etc. Sin embargo no es tan obvio el hecho de que la inmensa mayoría de las corrientes políticas son progresistas.
¿O acaso se puede dudar de que trotskistas, comunistas, socialistas, radicales, peronistas, demócratas cristianos, demócratas en general, liberales etc. y hasta los macristas, reivindican ese concepto de progreso y tratan de impulsarlo?
¿Qué dice? ¿Que Menem no es progresista? Veamos: Durante su presidencia se produjo una verdadera "revolución agraria", no sólo en la concentración de la tierra, sino en transformaciones que pone a este país entre los avanzados del mundo en biotecnología. Hoy la vieja oligarquía con olor a bosta de vaca se ha convertido en la burguesía de los agronegocios, duplicando la producción agraria. En otro orden, merced a su gestión cualquier hijo de vecino puede tener un teléfono celular; ni hablar de la renovación del parque automotor, ómnibus, camiones, combis y automóviles, aniquilando a "mastodontes" ferroviarios y tranvías, con su consecuencia en construcción de kilómetros de carreteras y autopistas. Y mucho más ni hablar de los supermercados que pusieron a nuestro alcance todo lo que produce el mundo. También Menem transformó las Fuerzas Armadas, de ejército de imberbes conscriptos en eficiente ejército profesional. Por otro lado, por obra y milagro del dólar barato, una buena parte de los progresistas, con ropas y aires de turistas del primer mundo, pudieron conocer Cuba y apadrinar escuelitas de niños cubanos plenos de salud, con dentadura completa y ejercitada inteligencia, pero eso sí, carentes de lápices de colores, papelitos y juegos electrónicos. En el ámbito cultural, gracias a Menem el 90 por ciento de los comunicadores (y de los "comunicados") se enteró de que Sócrates no escribió libros. El gobierno de Menem implementó los cupos femeninos en la estructura política. ¡Ah! Y una cosa importantisima!: siendo católico confeso, fue el único presidente que se divorció en pleno ejercicio de sus funciones (mientras otros de discurso "progresista", laico y hasta anticlerical, se juntaban con su ex mujer, de la que estaban separados de hecho, para que fingiera como primera dama.) Después… las "relaciones carnales", que nos permitieron "ingresar en el mundo", jubilar por "viejosmundistas" a Hegel y al maestro Astrada, tirar al riachuelo a los "posmodernos" franceses con su alambicada e "imprecisa" lengua, para renovarnos con las ciencias sociales estadounidenses, con la "precisión" del inglés, reemplazar la "dialéctica" por "empoderar" y así pudimos "empoderarnos" de nuestros problemas, "empoderando" todo lo habido y por haber y gracias a ese empoderamiento la política se hizo "ingeniería política".
¿Que ese progreso no alcanzó para todos? Es cierto, pequeño detalle. En todo caso, aparte de la gran burguesía, el capital transnacional, los ricos y los que se enriquecieron en grande, en el campo de los plebeyos quienes más disfrutaron el momento fueron precisamente los progresistas.
Hay más, pero esto es suficiente ejemplo, agreguemos que poco de lo impulsado en la era menemista se ha modificado; en general hay un continuismo en esa línea de progreso, aunque ahora con discurso e imágenes setentistas. El punto culminante será cuando abandonemos esa bárbara costumbre de comer carne asada para degustar refinados platillos de soja.
La primera cosa que hay que recordar es que el fetiche del progreso fue bien explicado, para variar, por Karl Marx en el "Manifiesto Comunista": la burguesía es una clase que no puede existir sin revolucionar constantemente. Por lo tanto el progreso es un ideal del humanismo burgués, inherente del capitalismo. Todo lo humano pasó a ser burgués y todo lo burgués a humano. Sin embargo, el "entusiasmo" de Marx por ese progreso en el siglo XIX no lo era porque lo considerara "esencia" humana, sino como un período inevitable y necesario para que la burguesía destrozara formas arcaicas de dominación y creara, a su pesar, la riqueza material y el sujeto político para la realización del comunismo. No hay nada que autorice a pensar que el comunismo debía de ser necesariamente progresista. Por el contrario, Marx y Engels, en los recreos de la rigurosidad analítica de su obra –degustando un buen vino renano– soñaban, imaginaban y volcaban en notas marginales cómo, alcanzada ya la plenitud productiva para salir del reino de la necesidad, con casa y comida para todos, aún teniendo en cuenta el crecimiento de la población y demás etc., abolida la propiedad privada y el Estado, los hombres y mujeres, liberados de la dictadura de la división del trabajo, potenciarían sus energías creativas hacia lo lúdico y el arte. En tanto el progresismo hizo de la división del trabajo una identidad y del progreso una condición humana esencial que lo obliga a la compulsión productiva en constante desarrollo.
Ahora bien, el mito del progreso se basa en la idea de "superación", desarrollo infinito de modo tal que el presente sería superior al pasado e inferior al futuro. Nosotros seríamos superiores a nuestros padres y abuelos y nuestros hijos habrán de ser superiores a nosotros. (Pavada de narcisismo, de esta lógica resulta que, por el sólo hecho de haber nacido después, yo soy superior a Platón, Eloísa, Evita, el Che y, desde luego, a mis progenitores).
Una mirada atenta a la historia revela, sin embargo, que en el único aspecto que se verifica el progreso, en el sentido de superación, es lo científico tecnológico.
Por otra parte progreso significa cambio, pero cambio no es siempre progreso. O quizás sea mejor decir que no hay nada que unifique automáticamente progreso con felicidad, plenitud espiritual, bienestar o calidad de vida.
Está claro, en cambio, que la historia registra permanentes transformaciones con frecuentes rupturas (revoluciones) en donde la ruptura parece ser la única regularidad y, sin embargo, eso no significa siempre que las nuevas generaciones, tomadas en su totalidad, vivan o sean mejores que las anteriores. Más apropiado sería hablar de permanente resignificación, del modo en que se constituyen las subjetividades colectivas y del sentido que adquiere la vida y la propia historia en cada período observado. Aquello de que "cada generación tiene que hacer la suya". Cierto es que está obligada a hacerla a partir de las condiciones heredadas, pero también es importante observar que entre época, generación y herencia, hay algo más que una relación "dialéctica", (¿será el mentado "empoderamiento"?) hay un todo único en el cual determinar quién hizo a quien es cuestión de punto de vista. Hasta ahora el método lógico para analizar la historia es insuficiente para entender esos mecanismos y estéril para predecir el futuro porque siempre será creación.
El examen se complica aún más al observar cómo, cuando una generación se destaca en su época (por ejemplo la generación de entre guerras o la generación de los sesenta-setenta) suele ocurrir que la siguiente se dedique a estudiarla e imitarla, perdiendo la oportunidad de "hacer la suya", y entonces es cuando suele venir una "tercera" generación que la pasa por arriba. (sospecho que eso es lo que está ocurriendo o por ocurrir ahora)
En tal sentido el arte ofrece mejor ventaja porque en el propio arte no hay progreso sino continua resignificación (no confundir con las técnicas artísticas) El arte absorbe el pasado sin pretender superarlo en el presente, ya que el arte se dedica a poner al día los enigmas que nunca tuvieron solución, y que probablemente nunca lo tendrán, porque constituyen el drama de la vida. El arte es quizás el mejor ejemplo de felices y bienvenidos cambios sin progreso. Tal vez por eso es que el arte suele ser urticante para los progresistas cuando se empeña, implacable, en recordarles lo que quieren olvidar.
Fuera del progreso tecnológico, repito, todas las inquietudes, angustias existenciales o valores de la actual civilización, de alguna manera estuvieron presentes a lo largo de la historia, sea como lucha, (lo que implica alguna forma de conciencia de ello), sea como práctica efectiva o sea como búsqueda filosófica. No hay nada nuevo bajo el sol, parece querer decir el arte, que en su sabiduría expresa lo mismo de diferentes maneras en las diversas épocas. Por ejemplo, la situación de la mujer era mejor en las tribus germánicas que hoy en muchos países de vieja civilización; había mayor respeto a la diversidad sexual en algunas comunidades primitivas que en la Cuba socialista, los derechos humanos hincan sus raíces en el derecho natural, la lucha por la emancipación de los trabajadores estuvo presente desde Egipto, pasando por Espartaco a los anarquistas. Y ello acaso explique por qué, ante la sensación de intemperie que deja el agotamiento de un paradigma, o el aparente fracaso de una apuesta generacional, los sujetos más inquietos, los que muestran mayor capacidad de compromiso con su época, "regresen" a revisar a los viejos pensadores "conflictivos", a aquellos que se habían dejado al costado del camino en la transitoria y legítima euforia de determinada época revolucionaria,( Sócrates, Vico, Spinosa, Nietzsche, etc.).
A nadie le pueden caber dudas que la vida de los obreros industriales, jurídicamente libres, en la Inglaterra del siglo XIX, fue mucho peor que los artesanos que les precedieron. La expresión de Marx, "esclavitud asalariada", no es una metáfora. A ello se le agrega que, a mil años de que el cristianismo aboliera la esclavitud en occidente, la acumulación capitalista, en plena modernidad, se hizo en gran medida por el literal trabajo esclavo en las colonias, mientras la Europa civilizada alumbraba las revoluciones democrático burguesas en Holanda, Inglaterra, las Trece Colonias de América y en Francia. ¿Colonialismo? Sí claro, qué duda cabe, pero también recordar a Brasil, caso ejemplar de potencia esclavista con vuelo propio.
Es cierto que escribo esto desde mi casa en el barrio Congreso, con calefacción y gozando del actual estado de derecho, sin la humillación de inclinar el cuerpo o arrodillarme cuando pasa el Rey, como hubiera ocurrido en la época de la colonia. Esto es, sin dudas un progreso… para mí… porque no es menos cierto que, por un lado en aquellos tiempos había en otros sitios del mundo hombres y mujeres más libres y por otro, con sólo asomarme a la ventana veo al cartonero en su labor, y a media docena de indigentes durmiendo junto a la reja de la iglesia, testigos de que, en este mismo momento, en este mismo país y en este mismo mundo, hay millones de personas que sufren carencias infinitas y crueles persecuciones.
Y la tendencia no es precisamente alentadora por el lado del progreso: aún si convenimos que la sociedad jurídica a mediados del siglo veinte, durante los estados de bienestar, (como el peronismo clásico en la Argentina) significó una gran mejora para los desposeídos de siempre, no podemos dejar de ver que duró apenas unas pocas décadas. Los actuales muros levantados en España, Israel y Estados Unidos son un escándalo aceptado, la tendencia hacia una nueva esclavitud en la producción globalizada se naturaliza, de esclavitud asalariada pasamos a esclavos autónomos y del absolutismo de la nobleza, pasamos a la aristocracia ilustrada y a la opresión de la sociedad de control.
El mito del progreso fue cuestionado seriamente desde el arte y desde la filosofía y la critica más aguda ha sido, y sigue siendo, que el progreso vive en función de futuro. El presente es sólo válido como acumulación para la felicidad futura. Y, pues claro, podría ser una creencia más, de hecho en tanto mito, lo es y, en honor a la diversidad, debería ser tan respetable como cualquier otra, no muy diferente a las religiones monoteístas que prometen el reino de los cielos.
Pero ocurre que se da la sugerente circunstancia que quienes hoy en día sostienen el mito del progreso, quienes les dicen a los indigentes, paciencia, edúquense, capacítense, estamos acumulando para el futuro, quienes afirman que, sea por evolución o por la "ley dialéctica" del "progreso por saltos", en un futuro no lejano todos los seres humanos disfrutarán de los resultados de esa educación, tanto en bienestar material como en derechos y plenitud espiritual, quienes sostienen eso, digo, los políticos, los científicos sociales y no sociales, los sacerdotes de la tecnología, los comunicadores, (sobre todo la rama de comunicadores que popularizan las ciencias, quienes al leer esto me exorcizarán con el neologismo "tecnofobia") ellos viven este presente con altibajos, pero por lo general de más o menos a mejor y de mejor a bien, usufructuando las regalías de refritos de teorías, amparándose en la categoría "progresista" como si ésta nos eximiera de responsabilidad y sin recapacitar con el escarmiento del 19 y 20 de diciembre.
De todos modos, dejemos de lado la sorna e intentemos entender el mito, porque corresponde recordar que nosotros lo sosteníamos en nuestra juventud, cuando estábamos influidos en gran medida por el determinismo histórico. Al capitalismo le sucedería necesariamente el socialismo. El comunismo estaría al final de un largo camino en el que se integraría todo lo conquistado por la humanidad desde aquel arranque en la comunidad primitiva.
En este paradigma habíamos confundido una postura ética, ontológica, perenne, por así hablar, de Marx (la que seguimos asumiendo a mucha honra como tal) –la Tesis 11, "no sólo interpretar sino transformar al mundo"–, confundimos, repito, ese grito de combate, esa rebeldía ante la injusticia, con la oportunidad de ponerlo en práctica en una coyuntura concreta, en vísperas de la revolución alemana de 1848. Al ser en se momento Alemania el país de mayor progreso de Europa, la revolución burguesa sería la antesala de la revolución proletaria. Como se sabe, las cosas no fueron así. Sin embargo, al asumir como "ley" lo que era un cuerpo de creencias, una válida hipótesis de lucha, se olvidó que Marx afirmó mucho después que, si al momento de la crisis capitalista, el proletariado no hacía la revolución, la humanidad podría regresar a la barbarie. En ese juego entre la apasionada apuesta a la revolución proletaria y la fría admisión de la posibilidad de que no fuera así, Marx expresa el concepto de potencia y potencialidad, que poco tiene que ver con el determinismo o con cualquier forma de esencialismo. Ese es, quizás, el punto en que Marx se acerca más a Spinoza que a Hegel.
Por eso es preciso dejar de concebir a la emancipación como una resultante inevitable del progreso, al comunismo como un sucesor "material" y cultural del capitalismo en donde la ruptura sería sólo un acto político (revolución) de captura del aparato del Estado, puesto que el capitalismo no es un simple sistema económico, es una relación social que interactúa. La sociedad de mercado que reproduce la relación social y viceversa, tal relación reproduce el mercado. El ciudadano, el sujeto se troca consumidor. Por esa razón todo "progreso" técnico científico está condicionado por este juego. Todo producto de ese progreso es, en principio, sospechoso de trocar al sujeto en consumidor, real o virtual. La emancipación de la humanidad no será posible sin una profunda ruptura con esa forma de producir y consumir.. porque la dominación no reside sólo en la propiedad de los medios de producción, sino también en el carácter mismo de esos medios.
Como se dijo más arriba, Marx explicó muy claro que la burguesía es una clase que no puede existir sino revolucionando constantemente. Y repetimos que vivir revolucionando los medios de producción no es una supuesta esencia de la humanidad, porque la humanidad ni es esencia divina ni naturaleza determinada, sino potencia histórica que le posibilita ejercer esa cuota de libre albedrío suficiente para decidir "revolucionar" o no. Hoy queda claro que la humanidad, en tanto potencia, puede y debe "regular" (y hasta "conservar") los cambios en los medios de producción, reservando aquellos en que la larga empíria ha probado como adecuados y sostenibles para su satisfacción y actuar con extrema precaución ante la incertidumbre.
Todavía se puede escuchar decir por ahí que "pretender detener el progreso científico sería como pretender detener un embarazo". Esta errónea comparación deja un cuerpo de huecos, vaya la paradoja discursiva, interesantes para examinar: por ahora digamos que, de ser así, deberíamos revisar al Tribunal de Nuremberg y las condenas a los experimentos con seres humanos del nazismo. La ciencia experimenta con seres humanos,(sobre todo la economía política) Nuremberg sólo puso límites (que no siempre se cumplen ni mucho menos) Pero lo importante de Nuremberg, aún en su formidable hipocresía, fue que se atrevió a controlar a la ciencia con la ética. Antes de dicho tribunal no se necesitaba ser criminal de guerra para negarle a la ética, es decir a la política, el derecho a controlar a la ciencia.
Por último, lo más importante: quienes nos acusan de tecnofobia no comprenden que el desarrollo tecnológico sin control produce ese formidable despilfarro material e intelectual que no sólo no tiende a eliminar, sino que acrecienta la desigualdad social.(en el capitalismo y en el socialismo que supimos construir hasta ahora) En lo material, los cartoneros existen no sólo porque el desempleo brinda esa mano de obra, sino también porque su materia prima es el despilfarro de la irracionalidad productiva. En lo intelectual, porque miles de graduados por el sistema educativo –pagados por el Estado, los Organismos Internacionales o las ONG– se ganan la vida investigando y trazando proyectos de "capacitación" inútiles para remediar lo irremediable; los desequilibrios sociales. Ocupaciones que se transformaron, más allá de la mejor voluntad, en un fin en sí mismo.
Al progresismo, como religión laica de nuestros tiempos, le hace falta una revolución interna al estilo de la experimentada por el cristianismo cuando surgieron los "progresistas" sacerdotes para el Tercer Mundo, quienes para "progresar", tuvieron la sabiduría de "regresar" a Cristo.

Fuente: La Fogata


A treinta años de la dictadura militar

Abril 2006

El fetiche del "poder del conocimiento"

Partimos de una reafirmación necesaria: la Dictadura Militar, no fue ni irracional, ni excepcional, ni exclusiva, sino el instrumento de un estudiado proyecto de las clases dominantes para destruir las bases del Estado de Bienestar y los avances del movimiento popular. Dicho proyecto data de 1955, sustentado por la vieja oligarquía terrateniente, los empresarios agrarios e industriales argentinos y sus socios en el mercado mundial, el capital transnacional.

En efecto: el movimiento obrero argentino organizado, con una legislación laboral y conquistas sociales superior a la mayoría de los países europeos de la época, representaba un enorme escollo para la libre circulación del capital.

La voracidad del capital nacional y transnacional, el carácter dependiente de nuestro país, la pobreza intelectual de nuestra clase política, impedía que los conflictos sociales se canalizaran por las vías de la democracia representativa, sea por inoperancia de su estructura formal o sea porque cuando el movimiento popular lograba una correlación de fuerzas favorable, era cortado por la intervención de los militares.

En esa serie de frustraciones, surgió la generación de los setentas, como parte de ese movimiento libertario mundial iniciado por el 68 francés, simbolizado en la figura del Che Guevara. Pero fundamentalmente alimentada por esa generación que se alzó después del golpe de estado de 1955 y que iria a conformar lo que luego se llamaría "nueva izquierda" Y, en nuestro caso, adquirió una inusitada radicalidad en los métodos porque nuestra generación, más que lucidez racional tuvo la intuición que en la Argentina se estaban echando las bases para el capitalismo de Estado en tiempos de guerra. Dicho de otro modo: las clases dominantes incorporaban los conflictos sociales en el ámbito de la llamada guerra fría. Tres intelectuales, desde tres visiones políticas, marcaron la época; John W. Cooke, Silvio Frondizi y Ernesto Guevara. Los tres tenían dos puntos en común: el convencimiento de la inexistencia de una burguesía nacional (los empresarios "nacionales" nunca lograron constituirse como clase) y, en consecuencia, la critica a la democracia representativa como sistema válido de progreso social.

Hoy está fehacientemente demostrado que el sustento ideológico de los militares argentinos fue la fusión del más oscuro catolicismo del pensamiento nacional con el integrismo católico francés y la tesis de guerra antisubversiva, plasmados en la llamada Doctrina de Seguridad Nacional. A partir de 1975 las Fuerzas Armadas Argentinas actuaron según el modelo establecido por los instructores franceses en la llamada Batalla de Argel. Bignone lo ha declarado sin ambages: "Nosotros actuamos con el reglamento en la mano; el Operativo Independencia fue una copia del plan de la Batalla de Argelia"

Esto no los disculpa, por el contrario, los militares argentinos pusieron su cuota de particular perversidad al racionalismo de los instructores franceses. Pero los crímenes de las Fuerzas Armadas como ejecutores materiales del Terrorismo de Estado, no debe disimular la responsabilidad activa de, como queda dicho, en primer lugar los Empresarios, nacionales y extranjeros, la Iglesia Católica, las Instituciones de la República, particularmente el Poder Judicial, los medios de comunicación y vastos sectores de la sociedad civil. Tampoco escapan –bueno es recordarlo– el doble discurso de muchos de los gobiernos de los países centrales, y ex países socialistas, quienes, como hoy, detrás del discurso de los Derechos Humanos, o las declamaciones democráticas, propiciaron pingues negocios por el camino abierto a la mercancía por la Dictadura Militar. Sólo basta recordar El mundial de fútbol de 1978, una de las páginas más negras en la historia nacional, a la que Pablo Llonto llamó; "la vergüenza de todos".

Hoy, a treinta años de aquel horror, la lucha en todos los ámbitos ha logrado acorralar a los militares de modo tal que Argentina pasa a ser reconocida en América Latina por estos indiscutidos avances contra la impunidad. Sin embargo, circunscribir la impunidad sólo a su aspecto jurídico, sin extenderla a los ámbitos políticos sociales y económicos, como si el Terrorismo de Estado hubiera sido una especie de locura de un grupo de militares con patologías integristas, además de ser una gran injusticia, oculta las razones de fondo por las cuales millones de habitantes de la argentina sufre los padecimientos actuales.

Hoy la Argentina sufre dos flagelos prácticamente desconocidos en su historia: hambre y desempleo. Además la violencia social ha dejado más muertos y desaparecidos sociales que los producidos por la violencia política de los años setenta.

Los ex integrantes de la dictadura militar suelen decir que ellos ganaron la guerra y perdieron la batalla política. Y ello podría ser la mitad de la verdad. Porque en efecto, la supuesta guerra ganada por medio del Terrorismo de Estado, echaron las bases para estas transformaciones estructurales, que han hecho ingresar a Argentina en el grupo de países con mayor desigualdad social. Porque si, como es sabido, el proyecto socioeconómico de la dictadura, expresado en su Ministro civil, Alfredo Martínez de Hoz, era convertirnos en un eficiente país agroexportador…. pues aquí tenemos ese país. La actual República sojera. Hoy el problema fundamental de Argentina pasa por el modelo productivo que ha transformado a la tierra en una industria extractiva, tanto en lo agropecuario como en lo minero y energético, con la alarmante tendencia hacia la monoproducción, la pérdida de la soberanía alimentaria, y sus conocidas consecuencias sociales y ecológicas.

Además, la honestidad obliga a reconocer que el privilegio no sólo es para los monopolios nacionales y extranjeros, alcanza también a millones de personas que vivimos relativamente bien, y con ciertas perspectivas inmediatas de progreso, sin saber, o sin querer saber, a pesar de tener un cartonero en la puerta de nuestra casa, que este tipo de crecimiento económico no elimina la pobreza, por el contrario, la produce.

Cabe entonces preguntarse: ¿cómo es posible que en treinta años de democracia y estando en el gobierno hoy aquellos militantes sobrevivientes de los setentas, el modelo productivo sea en esencia aquel que impuso la dictadura militar?

¿Traición? ¿Complot? Traidores hay, desde luego, pero no podemos imaginar una sociedad de traidores.

En cambio es interesante observar cómo mientras se luchaba contra las consecuencias físicas y jurídicas , por así decirlo, del Terrorismo de Estado: por los derechos humanos, el estado de derecho y la conquista de la democracia y contra la impunidad, etc. poniendo a los militares a la defensiva táctica, las clases dominantes desarrollaban una "estrategia" en el ámbito del pensamiento por medio del sistema educativo, los medios de comunicación y los aparatos ideológicos , para consolidar un poder más dominante que la fuerza armada: El "Poder del Conocimiento". Broche de oro de la Modernidad sólo posible de lograr plenamente en este momento de hegemonía total del capitalismo.

El "Poder del Conocimiento", un sistema de creencias simple, pero más fundamentalista que el de las religiones monoteístas, que ha demostrado la capacidad de coptar las mentes y los corazones más sensibles, mediante un sutil entramado de seminarios, post-grados, becas, capacitaciones, etc, que van formando una nueva aristocracia. La aristocracia de los que "saben", donde los títulos académicos equivalen a los viejos títulos de nobleza, pero sobre todo donde cada uno de esos saberes parciales, es un fin en sí mismo que autojustifica su existencia. (No es chiste, hay post grados para aprender a hacer post grados).

Así la democratización de los estudios universitarios que se había logrado de hecho y a pesar de gobiernos dictatoriales o impopulares, ha sido burlada, desnaturalizada por la exigencia de post-grados. Hoy el sustantivo "carrera" aplicada a la Universidad, ya no se corresponde a la séptima acepción de la palabra sino a la primera: voz del verbo correr; la universidad es un hipódromo de función continuada..

En ese sentido, la honestidad también nos obliga a salir de ese lugar común de atribuir la fuente de todos los males únicamente a la corrupción de los políticos, y recordar que la clase política llamada "progresista", que es la que hoy gobierna, se nutre de esta nueva nobleza. Porque, por ejemplo, gestionar proyectos de "capacitación", embaucando, consciente o inconscientemente a los desocupados en la esperanza de que con los planes de capacitación propiciados por el Banco Mundial, se solucionará el empleo y habrá una mayor equidad social, es corrupción de guante blanco. Así, la educación se reduce a "capacitación". Y esos proyectos de capacitación, impulsados por el Banco Mundial, producen más daño que la infantería de marina norteamericana, porque dañan el cerebro, de modo tal que impiden ver que están destinados a consolidar el modelo agroexportador.

Las ideas, el pensar, que antes se expresaban en tesis, hoy han sido cambiadas por extensos curriculum, de records de horas de seminarios y eventos donde se adquieren "conocimientos". Hoy una tesis no es una idea, es un listado de bibliografía de otras tesis que constituye un gran círculo donde los tesistantes se citan entre sí y desarrollan su propio argot de iniciados:

Por eso ahora, ese político progresista, hasta ex revolucionario, devenido funcionario del Estado con poder de decisión, descalificará determinada propuesta porque los reclamantes "no saben", ni tienen curriculum que sustente la verdad de sus peticiones. ¿Cuántos post-grados se necesitan para tener derecho a reclamar a los funcionarios responsables que, por ejemplo, al principio de incertidumbre le corresponde el principio de precaución?

En realidad no es nuevo, ya la democracia helénica se había topado con él. Este Poder niega a los ciudadanos comunes el derecho a la decisión con el argumento de su ignorancia. Este poder confunde conocer con pensar. Y nuestros intelectuales, fascinados por el nuevo fetiche, "el conocimiento", no son capaces de enfrentar al más ignorante, como decía Ortega y Gasset, de los estamentos sociales, los especialistas.

Así, este "progresismo" pretende "apropiarse" del Poder del Conocimiento y darlo vuelta a favor de la humanidad, sin comprender que por el sólo hecho de ser "Poder", es inapropiable y antihumano.

Así es como, en el mejor de los casos, se enfrenta al bien llamado "pensamiento único", con un pensamiento único opuesto. Como si diríamos un pensamiento único "de izquierda" (exportar para los "buenos". China, Vietnam, Venezuela, etc). Y sólo desde esta perspectiva, con este fetiche del conocimiento, se puede entender cómo un conocido compañero de los setentas, (hoy referente de grupos populares que apoyan al gobierno) pueda haber afirmado, ante estudiantes universitarios, como hecho positivo que la "gran burguesía agraria" hiciera una "reforma agraria al revés" en la década del noventa, concentrando la tierra y eliminando 200.000 productores menores, llevando al campo la "tecnología de punta", porque ahora la producción agraria casi se ha duplicado. Desde luego, nuestro compañero, parrapuchando a Hegel con eso de "ir de lo general a lo particular", se ubica siempre en lo general y por lo tanto no debe ser uno de ese "particular" expulsado del campo que hoy vive en una villa miseria.

La dificultad consiste en no poder oponer a ese pensamiento único un pensamiento múltiple, porque para ello es necesario dar vuelta como un guante los criterios de análisis que usan las ciencias sociales y bajar de su pedestal las verdades absolutas de las ciencias naturales, para dejar al desnudo la inconsistencia del llamado "Poder del Conocimiento", que nos lleva continuar la loca carrera tras el "desarrollo". Y el desarrollo, como se sabe, fue la mayor trampa del siglo XX. Que los memoriosos recuerden la "revolución verde", la revolución "científico técnica" y sus promesas de liquidar el hambre en el mundo.

Porque los problemas de Argentina no pasan por el desarrollo, no pasan por el crecimiento. Los problemas de Argentina pasan por la distribución de la riqueza. Sólo que debemos descubrir cómo se distribuye la riqueza.

Sin embargo no todo es este oscurantismo iluminista del siglo XXI.

Por debajo de la superficie, por debajo de la dictadura de la imagen, por detrás del resplandor de la transparencia, por detrás de las engoladas voces del conocimiento, se están gestando fuerzas constituyentes de una nueva forma de relaciones sociales.

Porque hay que recordar que esta afirmación del modelo dominante se hizo con sombra de la resistencia de vastos sectores de la población, con notable fuerza y, por momentos, con grandes dosis de creatividad. –ahí están las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 y la explosión asambleísta posterior– a pesar de avanzar con la sensación de frustración en frustración.

Porque quizás las causas de la sensación de frustración radiquen en la dificultad para visualizar las nuevas formas que adquiere el imaginario colectivo para encontrar un proyecto común que contenga la multiplicidad, la diversidad y sobre todo pueda conducirse en la complejidad de los tiempos actuales.

Reconocemos que no es fácil, en parte porque el modelo –como dije más arriba–, beneficia en términos relativos, también a unos cuantos millones de habitantes, incluida la mayor parte de los que se reivindican "progresismo", quienes, tomados masivamente, obran de contrapeso.

Porque, repartir la riqueza no consiste sólo en medidas administrativas de distribución. Consiste fundamentalmente producir de otro modo, producir desde adentro y hacia adentro y de modo tal que la producción esté al servicio del hombre concreto y no a la abstracción del mercado mundial.

Huelga añadir que me refiero a todo tipo de producción, en primer lugar la producción de saberes. Y allí radica el nudo "estratégico" de nuestro devenir: Enfrentar a ese Poder del Conocimiento con un nuevo tipo de producción de saberes en una nueva práctica social en donde pensar y hacer son una misma cosa.

Ello significa pensar desde adentro, desde el ser humano como potencia inmanente, produciendo esos saberes del que sabe lo que quiere porque sabe lo que no quiere. Pensar la ciudad desde el barrio, pensar el país desde la provincia, pensar el mundo desde el país.

Nada más lejos de mi espíritu que el estrecho nacionalismo. No opongo lo nacional a lo transnacional, sino que opongo lo múltiple a lo único, el intercambio entre diferentes de igual jerarquía.

Pensar y producir desde adentro y para adentro significa en este caso, intercambio entre autónomos.

Entonces si todos, hombres y mujeres, barrios, aldeas, provincias, países aprendemos a pensar, a crear subjetividades, a producir saberes desde adentro, podrá generarse un gran "afuera" colectivo que podremos llamar, ahora sí. universalidad, en donde no existe el centro sobre el que actúe el "Poder del Conocimiento", porque habrá tantos centros como mundos posibles.

Fuente: La Fogata


"La respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular"

Marzo 2006

Por Gabriel Martin y Aníbal Libonati
Investigaciones Rodolfo Walsh

Tras la muerte de Santucho asumió la conducción del PRT-ERP en condiciones inimaginables, pero reales y no un mito como los 36 Billares que no son tantos en esa confitería de Avenida de Mayo. Se trató de exagerar la puntualidad pero Luis Mattini gana de mano, se lo busca con la mirada en algún rincón pero casualmente están todas vacías. No había llegado, pero un chistido suena detrás de una columna y estaba sentado, esperando la charla con un criollo Fernet agonizante.

¿Cómo se introdujo a la militancia? ¿Qué o cuales fueron las motivaciones que lo empujaron a ese compromiso?

Empecé a militar plenamente a los 17 años, a fines de los ’50. Igual en mi familia había una tradición de inquietudes, mi abuelo alemán había sido anarquista, mi viejo era peronista de la primera época hasta que rompió. En 1958 me incorporo de pura casualidad al marxismo, porque me conecté con un grupo de marxistas, que no era ni trotskistas ni stalinistas, que fue el Grupo Praxis orientado por Silvio Frondizi, y me parecía que por ahí iba la cosa. Y luego viene la Revolución Cubana, y Praxis coincidía en lo que luego la izquierda peronista hizo revaluando al peronismo, mientras que el resto de la izquierda decía que era fascismo y todas las barbaridades, Praxis decía que era un movimiento nacional, burgués, nada que ver con el fascismo sino al contrario, la clase obrera obtuvo conciencia de fuerza y clase. Praxis era un marxismo no gorila, y eso me marcó. Praxis era más que nada de formación de cuadros, aunque de ahí también salieron indeseables. Además, de muy jovencito, ya participaba en la comisión del sindicato en ATE de Zárate, siendo menor de edad; después en gremios navales metalúrgicos y ahí lo sufrí a Vandor durante los ’60. En la década del ’60 siempre intentaba en distintos grupos. El punto en común es que nosotros, los de nuestra generación, en los ’60 se la llamó la "nueva izquierda", nueva porque era la izquierda guevarista, compuesta por una masa de individuos que venían de las experiencias más disímiles, muchos venían del Frondizismo, la ruptura del Partido Radical, porque la primera frustración fue el gobierno de Frondizi. Hay todo un período de búsqueda, de organización de distintos grupos, que va desde 1958 hasta el ’66.

¿Hicieron alguna evaluación sobre la aparición de Urutuncos como primera guerrilla armada?

Pensábamos que esa no era la manera de empezar, porque nos parecía que no estaban las condiciones dadas, y era un vanguardismo apresurado, pero lo saludábamos, de ningún modo lo rechazábamos. Le podíamos hacer críticas, pero para nosotros eran síntomas de que algo se anunciaba porque siempre en cada inicio hay fracasos, y lo podemos tomarlo como el Moncada de Fidel Castro, porque eso era realmente una Armada Brancaleone, y si Fidel no hubiese tomado el poder hasta el día de hoy estaríamos hablando de un loco que asaltó un cuartel. Ese tipo de cosas, podíamos criticarlas en el sentido táctico. Lo mismo fue cuando los peronistas hicieron la Operación Cóndor y aterrizaron un avión secuestrado en las Islas Malvinas reclamando la soberanía. Podíamos decir que así no era, pero eran de nuestro lado y no de la política de espera.

¿En qué momento piensa que se inicia la espiral que signó de violencia a la política argentina teniendo su pico en la década de 1970?

Hay toda una historia que empieza en 1955 con la caída del peronismo para frenar y aplastar a todo un movimiento y en realidad, lo que hace, es incentivarlo. Con la barbaridad que hizo la Libertadora se creó más peronismo todavía por la indignación que fue semejante sistema implementado. Pero para acercarnos a la historia reciente creo que el punto que determinó a nuestra generación fue el golpe de Onganía. Hasta entonces, la formación política era puramente ideológica, de convencerse de que no había salida por la vía democrática en la Argentina, que la única salida era la revolución armada y eso discutíamos en los ’60, pero no hubiese pasado eso si no se hubiese producido el golpe de Onganía, porque viene a mostrarnos a nosotros que teníamos razón, que no habría salida democrática. En eso coincidíamos todos y se puede sintetizar en tres intelectuales de la época, Silvio Frondizi, John William Cooke y el Che Guevara, cuyo punto común era que no había salida por la vía de la democracia representiva en la Argentina, la burguesía era incapaz de hacer cualquier cosa por el país porque es inútil por definición, y únicamente la respuesta estaba en la clase obrera y el campo popular. Esos eran los tres puntos que caracterizaron a la nueva izquierda, para diferenciarlo del Partido Comunista que había una etapa democrático burguesa, todo el etapismo; y a nosotros nos avalaba la Revolución Cubana como ejemplo paradigmático, que fueron los únicos que pudieron hacerlo porque los demás fracasaron como la Revolución Boliviana, en Guatemala, el fracaso de Chile nos vino a dar la razón, pero ya más tarde.

"El Cordobazo abrió una situación revolucionaria"

¿En qué clima y cuando se incorpora al PRT?

Cuando se da el golpe de Estado de Onganía nos da la razón. Después de todo con Illía, que era democrático, con las libertades garantizadas, pero el peronismo estaba proscripto y lo sacaron de la oreja, por las huelgas y cuando se cedía los militares actuaban y a también tuvieron parte de complicidad de una parte del peronismo. El golpe de Onganía es un hecho que hay que marcarlo a fondo, definió la cosa. También tenemos que marcar una cosa desde nuestro lado, porque si desde el golpe de Onganía surgen los movimientos armados, también había una voluntad de nuestro lado una voluntad de hacerlo. Algunos se lavan las manos diciendo que no tenían su opción, y eso no es cierto. Otra gente siguió, el Partido Comunista siguió y bueno, así otras. Nosotros no, nosotros dijimos "se terminó y ahora es la hora de las armas", y esa es una opción que adoptamos. Frente a esta decisión yo me incorporo al PRT, recién en 1968, con diez años de experiencia militante en el sindicalismo. Me topé con el PRT, vi que eran trotskistas, y sinceramente no me cayeron muy simpáticos porque como sindicalista tenía mis problemas por el estilo que tienen, y no es que me parecía la maravilla, pero estaba la cuestión de conciencia, era decir basta de coqueteo.

¿Entonces por qué no optó por otra organización o el propio peronismo?

Porque era lo más afín a lo que yo pensaba. La opción que tenía entonces eran los grupos que iban hacia el peronismo, y estaba convencido de que con el peronismo no se podía ir porque no iba a conducir al movimiento con otra organización, nunca me convencí de que se pudiera conducir ese movimiento. Entonces opté por una opción independiente. Pero además, el PRT no era el partido de Nahuel Moreno, era el de Santucho sobre quién tenía mis prejuicios, pero no era exactamente un trotskista y venía de romper con Moreno. No puede decirse que el PRT de Santucho me convenció por el discurso, porque con el discurso revolucionario son todos más o menos lo mismo. Me convenció por la práctica, porque Santucho decía que íbamos a hacer esto y lo hacía, e iba a la cabeza. Y no iba a fundar mi partido ideal, era la hora de las opciones y dentro de esas opciones diría que esta tenía algo de ética, hacía lo que decían y decían lo que hacían. Era así y no me arrepiento de nada. Luego sigue la historia, de cuando nos vamos del trotskismo y todo eso. Luego está la cuestión de la lucha armada, fue lo mismo. Porque yo venía teorizando durante diez años, en Praxis nos preparamos para la insurrección o para la guerrilla, intentábamos tener acceso a las armas, aprendíamos a manejar todo tipo de máquinas, locomotoras, tanques de guerra, pero el ejercicio de las armas no se había dado por condiciones. Cuando el PRT me lo plantea me presenta una pistola y me dice que hay que empezar por entrenarse, y yo hasta ese momento de armas lo único que había hecho fue tirar con una carabina 22. Y lo acepté como un doloroso instrumento, de modo racional y sin euforia pero con decisión. La otra cuestión era mi militancia sindical de diez años, y eso era muy valorado en el PRT, y con respecto a muchos compañeros ya traía un nivel de formación teórico bastante alto. A partir de allí, como yo era de Zárate, allí el PRT no existía, yo tenía muchos amigos de vieja militancia y entonces hicimos una regional que creció y desarrolló muy rápido con respecto a otras. Eso hizo que la regional nuestra resista los períodos de gran represión mejor que en otros lados. Porque como era un lugar chico nos teníamos que cuidar más, porque no tenías el anonimato de Buenos Aires o Rosario. Para operar en Zárate te tenías que disfrazar de mono. Mantuvimos la regional hasta el ’72, cuando el PRT estaba muy golpeado, casi sin caídas. Cuando se fuga Santucho en el ’72 y regresa a fines de año, me incorpora a la Dirección Nacional del PRT, y a partir de ese año soy miembro del Buró Político y empecé a ver las cosas del partido desde arriba más que de abajo.

¿Cómo fue la conformación del ERP? ¿Tuvieron un gran debate, se impuso la idea de armar una guerrilla?

Cuando vamos al V Congreso, que es cuando se forma el ERP, uno se imagina que eran todos cuadros tipo Che Guevara, y en realidad éramos unos treinta muchachos entre los 30 y 40 años que no sabíamos gran cosa, más que nada voluntad. El mismo Santucho no era un intelectual brillante, ni un guerrillero formidable. Era como nosotros nada más que tenía una capacidad de convencimiento y capacidad de hacer que arrastraba a todos los demás, tenía ese don del dirigente. No es que se destacaba en la teoría marxista o tiraba mejor con la pistola. El decía y se ponía al frente, esto en un país donde el hablar al pedo es histórico, él lo hacía.

¿El Cordobazo también lo evaluó como un síntoma mucho más fuerte?

Para ponerlo en términos teóricos, el Cordobazo se puede decir que abrió, lo que se dice en términos marxistas, una situación revolucionaria, que no es lo mismo que una crisis revolucionaria. Una situación revolucionaria es cuando los de arriba no pueden gobernar como antes y los de abajo tomar el gobierno, una situación de puja e inestabilidad. Puede durar, meses, años, y desemboca en una crisis revolucionaria con la toma del poder, una derrota de la revolución, o bien se diluye. Nosotros pensamos que según esa situación revolucionaria había que transformarla en crisis revolucionaria. La lucha armada tenía como elemento fundamental el transformar la situación en crisis revolucionaria y había que eliminar el escollo más grande que tenía la revolución en la Argentina que creíamos nosotros, que era el Ejército. Digo creía porque ahora no lo creo, creo que hay escollos más grandes que un Ejército, considero inclusive que la parte más fácil es derrotar militarmente, la otra parte es más difícil

¿Cuál es entonces para usted el escollo más grande?

La resistencia de los que no están en la lucha armada, la burguesía en su conjunto, el gran capital. Y como veníamos de formar el ERP, teníamos una concepción de que una vez desarrollado el movimiento revolucionario y es tomado por el movimiento popular y tiene un grupo de vanguardia que lo dirija, es indetenible. No hay etapa, se lo come todo y no para hasta la toma del poder. Eso es lo que se llama el paradigma de una época. Teníamos en esto mucha influencia de Mao Tse Tung.

"Cuando se da el Golpe las fuerzas armadas Montoneros y PRT-ERP estábamos fuera de combate"

¿Y ante el auge del ’73? Porque allí la cuestión era totalmente diferente...

Lo que ocurre ese año es que las cosas no son tan así, la burguesía sabe maniobrar, también la forzás y no porque sea superinteligente, hay toda una lucha antidictatorial entonces en vez de ahogar y ahogarse en sangre da una salida, que es política, que fue el GAN (Gran Acuerdo Nacional). Salida política que nosotros denunciamos como "engañifa", una mentira electoral, que también lo denunció Perón mismo, que decía que era todo una trampa. Pero resulta que lo que ocurrió es que la fuerza que tenía el movimiento de masas en la Argentina, y fundamentalmente las masas que eran peronistas, sumado a las fuerzas guerrilleras que tenían un gran prestigio, hacen que eso que era una engañifa, se transforme en una verdadera salida. Las elecciones que se hicieron en 1973 fueron totalmente limpias, y el triunfo de Cámpora fue absolutamente legítimo. Creó que fueron las elecciones más limpias en la historia nacional. Se dio en la Argentina, con Cámpora, una apertura democrática indiscutida. Nosotros no la vimos, obvio que diferenciamos a Cámpora de Lanusse, pero seguimos mirando a futuro, y no de presente. A término de futuro no nos equivocamos, ¿pero de que te sirve si el presente que hacés define tu futuro? A término de futuro no nos equivocamos, porque seguía siendo válida la tesis de que no había posibilidades en la Argentina de tipo democrático constitucional sin una revolución consecuente, porque las Fuerzas Armadas se retiran ahora pero van a volver. Esa tesis estaba bien, la reivindico, pero el error fue que dijimos que no hay que dejar a las FF.AA. reorganizarse, y nosotros seguimos una guerra con las FF.AA. cuando en ese momento al menos estaban fuera de acción. Y la lucha de clases en la Argentina, a partir de Ezeiza, se definió en el terreno del peronismo. La guerra cobra forma, de modo civil, en Ezeiza, porque la contrarrevolución venía del lado de la derecha peronista, contra la izquierda peronista revolucionaria. Los dos polos donde Perón balanceó en el centro aunque finalmente optó y se hundió en el sindicalismo. En concreto, nosotros hicimos una guerra endemoniada contra las FF.AA. entre 1973-1976, y cuando se dio eso que habíamos previsto, con el Golpe del ’76, volvieron como lo habíamos previsto y teníamos que estar más fuerte que nunca para resistir ese Golpe, en realidad nos encuentra más débiles. Casi diría que para 1976, cuando se da el Golpe las fuerzas armadas Montoneros y PRT-ERP estábamos fuera de combate. Que hayamos seguido un poco más, es otra cosa. Yo llamo fuera de combate cuando vos seguís planteandote la ofensiva cuando tenés que pasar a la defensiva, porque así es una muerte a largo plazo. También nos aislaron políticamente, a nosotros y a Montoneros. Y debíamos habernos detenernos, pasar al repliegue, saber retroceder y estábamos atados a esa idea ininterrumpida hacia arriba. Los procesos revolucionarios van y viene, hay que saber retroceder. Recién en el ’77 leímos un texto de Lenin que decía que un partido no puede aprender a avanzar si no aprende a retroceder. Habíamos leído todo pero ese no lo queríamos leer.

¿Cómo analizaron el Aramburazo?

En general no había un análisis de fondo. Era medio extraño porque Aramburu aparecía como una salida y a todo el mundo le pareció extraña. Si bien no nos pareció del todo adecuado, lo saludamos y lo apoyamos. Después de todo el Aramburazo era justicia.

¿Poco adecuado en qué sentido?

En términos de táctica política, porque Aramburu aparecía como una contradicción dentro de la propia dictadura de Onganía y aparecieron las versiones de que podía ser una operación y todo eso, pero tampoco éramos ciegos y lo tengo muy claro.

Pero en definitiva a Montoneros le sirvió como disparador de acumulación y catapultarse al seno del peronismo...

Sin ninguna duda, eso fue así.

Los acuerdos con Montoneros, de relación, apoyo, discusión, ¿cómo eran?

La defino con una frase gastada del Che que era de luna de miel y divorcio. Siempre era una relación de ida y venida. Había una fórmula que manejábamos tanto nosotros como Montoneros, que era marchar juntos y marchar separados...

Lo dijo Lenin...

Si, no era muy original que digamos la frase. Entonces golpeamos juntos en muchas oportunidades. La fuga de Rawson fue el punto mayor. Después hubo una cantidad de operaciones que hicimos juntos, especialmente en los frentes de masa porque para las bases éramos todos compañeros, entonces ahí las cosas estaban mejor; con la columna Sabino Navarro de Montoneros teníamos muy buena relación. De todas maneras, la organización con la que teníamos mayor afinidad, era con el Peronismo de Base (PB), aunque ellos no estaban de acuerdo con la guerrilla en ese momento.

Porque ellos planteaban armar la cuestión más allá de Perón...

Ellos planteaban la independencia de Perón. La discusión con Montoneros era la dependencia, porque aceptaban la conducción estratégica, aunque ellos te decían que a Perón lo vamos a cagar y cuando se muriera Perón nos ponemos arriba, y nosotros les decíamos que eran unos ilusos porque al Viejo no se lo podía manejar porque era un caudillo, y segundo porque van a quedar lo peor. Y la realidad nos dio la razón en ese aspecto. La gente del Peronismo de Base, que era peronista de todos modos, decían también "el Viejo los va a cagar" a los Montoneros. Tomaban al peronismo como fenómeno social y político pero no a Perón. Y con Montoneros la cosa era así. Ya con el Operativo Dorrego que hicieron Montoneros tomamos distancia, cuando pasaron a la clandestinidad empieza un acercamiento mucho más profundo hasta el ’76 cuando se plantea hacer una organización común, pero ya eran los últimos estertores. Pero la relación podía ser de lo más disparatadas. En las reuniones nos puteábamos, nos decían "Ustedes son regorilas", y Santucho le decía a Osatinsky "Ustedes están dejando la sangre por la burguesía nacional" y todo tipo de chicanas. Pero también había cosas muy solidarias, y una vez en clandestinidad nos quedamos ahogados económicamente, cosa que era habitual y peligrosa, el dinero era vital, y venía uno de Montoneros a darnos un préstamo de 300.000 mil dólares, sin recibo ni nada, porque préstamo es una forma de decir, la cosa era que si ellos necesitaban algo y nosotros la disponíamos se la íbamos a dar. Lo mismo el intercambio. Nosotros le brindamos mucho apoyo en material impreso porque teníamos un desarrollo de imprenta impresionante; y ellos nos brindaban asistencia en fabricación militar porque lo habían hecho muy bien.

¿En qué términos se plantea la fusión?

A fines de 1975 se plantea. La cuestión de estar arrinconados empieza antes cuando se enfrentan con Perón en la Plaza el 1º de Mayo del ’74, y se acercan posiciones. Ahí empezamos a hablar en términos de armar una organización única, que sin que desapareciera la conducción Montonera ni del PRT, una única organización que en una práctica fuera constituyéndose en un único partido en el futuro, y se la llamó OLA (Organización por la Liberación de la Argentina). Era marchar juntos con eso hasta que llegara el momento en que naturalmente se disolvía el PRT, se disolvía Montoneros y surgía el partido que vaya a saber uno como se iba a llamar. Pero esto se aborta con la muerte de Santucho, porque Montoneros ahí dio por desaparecido al PRT. Pero fue un avance muy importante y muy rico, porque significó que ellos asumían nuestra visión del marxismo y nosotros asumíamos que podían ser revolucionarios más allá de Perón, aunque ya se había muerto Perón.

Igual ya venía toda una relación conflictiva de idas y vuelta entre Montoneros y Perón, este elogiando el Aramburazo y la juventud maravillosa, después Ezeiza...

Lo de Ezeiza fue definitorio, no desembocó en el final porque todavía los muchachos consideraban que se podía seguir. Pero pasó lo de la Plaza cuando Perón los echó de la Plaza como decimos nosotros, o como dicen ellos, que se fueron, eso no importa, la cosa es que se pelearon con Perón y Montoneros se da cuenta que no puede quedarse y se va a quedar solo. Y no es menor que Montoneros estaba compuesto por otras dos organizaciones que eran las FAP y FAR, que venían de tradiciones marxistas, no lo eran menos que nosotros, aunque nosotros creíamos que éramos los únicos marxistas.

¿Y Usted cómo lo veía a Perón?

Yo nunca fui gorila, era no peronista que es bien distinto. No tuve nunca ese antiperonismo epidérmico. En el ’55 defendí a Perón, mejor dicho al peronismo, por solidaridad popular simplemente.

¿Cuándo se murió Perón que evaluación hicieron sobre la situación que se venía? ¿Pensaban que era para peor o que había que seguir la línea porque no se alteraba nada?

No, nosotros estábamos convencidos y no nos equivocamos, porque nunca dijimos que el peronismo sea fascista, pero López Rega era la línea del fascismo dentro del movimiento policlasista y tenía a estos tipos. Entonces pensamos que tras la muerte de Perón actuarían con carta blanca. De todas maneras creo que no correspondía haber actuado de esa manera, después del ’73 tendríamos que haber engrasado las armas, empaquetarlas, guardarlas bien guardaditas, no entregarlas, y dedicarnos a hacer política hasta que los milicos aparecieron de nuevo. Nosotros decidimos seguir con las armas al doble.

"Para 1972 teníamos la concepción de que el proceso armado era en todo el país"

El debate de abrir un foco rural a la par que se desarrollaba la guerrilla urbana ¿qué tipo de discusión abrió? ¿Se lo vio como algo necesario, complementario?

En realidad el PRT de Santucho venía de antes con una idea muy vieja de abrir un frente ruralista, medio guevarista, pero en otro sentido porque tenía el espíritu combativo pero hay que tener en claro que nosotros en el PRT hicimos todo lo contrario a Guevara. El Che consideraba que el terreno fundamental era el campo y que lo fundamental de la dirección de la guerra era la columna guerrillera, y al partido y ese tipo de desarrollo no le daba pelota, y esa fue la pela con Monje, en Bolivia, que planteaba la necesidad del partido. Nosotros planteamos que el terreno no era solamente el campo sino que la dirección debía ser el partido de la clase obrera. Lo que decíamos para justificar que estábamos en otra posición a la del Che Guevara, pero no en contra, era la realidad de que Argentina es un país urbanizado y con una clase obrera determinante. El PRT tiene esta cuestión rural desde adentro por su origen indoamericano, nacido en Santiago del Estero, por lo que más que una discusión teórica se discutió en términos prácticos, de hecho esa discusión la liquidó en términos prácticos el Cordobazo, desde donde empiezan a surgir los movimientos armados y que no era rural o urbano sino las dos cosas. Ya para 1972 teníamos la concepción de que el proceso armado era en todo el país. La ciudad y el campo, ambos. Si manteníamos la idea del foco rural, aunque no lo llamamos así, es porque sosteníamos y no equivocados en esa concepción, es que era imposible derrotar a un ejército en las ciudades, y sobre eso hay razones históricas porque nadie lo hizo, no siquiera Tito en Yugoslavia. Donde hubo guerrillas urbanas no fueron determinantes más allá del hostigamiento. En Italia durante la Segunda Guerra la guerrilla de monte liquidó compañías alemanas enteras. Nosotros planteábamos la lucha armada en todo el país, pero teníamos que hacer que el Ejército fuera al monte, porque en la ciudad lo podíamos hostigar, pero en el monte lo podíamos derrotar. Esa era la idea y con esto Montoneros nunca estuvo de acuerdo aunque cuando empezó la unidad incorporaron dos compañeros a la guerrilla rural para ver como era y luego trataron de abrir una experiencia en la zona norte de Tucumán que es donde mataron al hijo del General Alsogaray.

¿Qué balance haría sobre la derrota de la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez?

Me parece que son de las cosas más claras que hay. Nosotros fuimos con una estrategia que correspondía a una estrategia agotada porque las Fuerzas Armadas respondieron con un nuevo tipo de contraguerrilla. La guerrilla se tiene que mover evitando todo el tiempo en el cerco, porque la guerrilla cercada no puede evitar la muerte, y la respuesta contraguerrillera era la del cerco. Pero en la Argentina aplicaron la estrategia de los franceses en Argelia, que era novedosa, no era nueva pero sí en aplicación, y no consistía en la cuestión del cerco sino en el de aislamiento político primero y el ataque después. Entonces nosotros destacamos la guerrilla en los montes, preparamos todo para evitar el cerco, y cuando llegó el Ejército ni se molestó en cercarnos sino que golpeó sistemáticamente abajo, a la población, los ingenios y todo lo que podía ser sustento de la guerrilla, y al monte nunca iba. Y en el monte se esperaban que subieran y nunca lo hacían e hicimos lo incorrecto: subestimamos al enemigo, y eso nunca hay que hacerlo, pensamos que tenían miedo de subir a combatir. Ellos seguían golpeando a la población, infligimos la primera gran regla de la guerrilla y bajamos a golpearlos a ellos, y ellos estaban en posición. Todos los golpes que le dimos bajando fueron muy complicados porque al Ejército tenés que atacarlo en movimiento y nos esperaban atrincherados. Seguimos en eso y Vilas, que fue el primer General en reprimir, se fue y se llevó todo el odio del pueblo, y llegó Bussi con todos soldaditos con los que empezó a pintar escuelas y obras sociales, que esto tiene que ver con que luego sea gobernador electo. Vilas ya había hecho el trabajo sucio, dejó a la gente aterrorizada y algunos colaborando. Bussi dejó a los colimbas pintando las escuelas y armó equipos de tarea especiales aprendidas de los franceses en Argelia, de suboficiales para arriba, como comandos para meterse en el monte a buscar a la guerrilla. Y se produce un fenómeno inverso porque en vez de la guerrilla emboscarlos, los que emboscaban eran los comandos a la guerrilla. Nunca hubo un combate que la definiera, siempre fue desangre, un golpe en un lugar con cinco muertos, otro con tres, otro con diez y así hasta que no se pudo sostener más y se bajó a la guerrilla de Monte. Esa fue la misma estrategia que Videla aplicó en todo el país, después del Golpe ocupó fábricas, pero en realidad las tropas de línea estaban acuarteladas o bien cortaban caminos y rutas, pero los que operaron fueron los Grupos de Tarea y de noche. Toda una concepción estratégica basada en la Guerra de Argelia en la que en términos militares estábamos totalmente atrasados, en términos militares. A eso hay que agregarle que luego nos aislaron políticamente.

"Monte Chingolo mostró la pérdida de rumbo"

Ahora el golpe más duro en lo militar fue Monte Chingolo...

Si, por supuesto. No tanto por las pérdidas sino porque Monte Chingolo mostró la pérdida de rumbo. Fue una operación que nos costó muchísimo, pero mostraba una confusión de rumbo, porque fue en un momento en que se venía el Golpe de Estado, y la concepción, entonces el razonamiento fue que había que retrasar con todo al Golpe para dar lugar a que la población y las organizaciones revolucionarias se preparen. El Golpe era inevitable, en todo caso había que retrasarlo todo lo posible. Eso estaba bien, porque toda la política estaba orientada a eso, no se habla de esto pero el PRT ofreció un armisticio después del Rodrigazo para retrasar el Golpe de Estado, porque estábamos convencidos de que no se podía evitar, éramos fatalistas en esto. Pero cuando todas las políticas fracasan, el gobierno de Isabel Perón estaba cada vez más deteriorado y se aceleraban los tiempos. Entonces pensamos Monte Chingolo con dos objetivos. El militar que era porque necesitábamos una cantidad grande de armamento par montar una guerrilla de monte, y para ello se necesitaba muchísimo armamento como el que había en ese cuartel. Y en lo político era porque pensábamos que si le dábamos un golpe fuerte en ese momento a los militares, se iban a desalentar porque si salía exitoso, iban a replegar porque iban a pensar que primero tenían que estar en condiciones de derrotar a la guerrilla. Se hace la operación y los militares lo habían detectado antes, tenían un infiltrado pero diría que esto es aleatorio. La operación fracasa con una enorme pérdida para el PRT y a la inversa se le da mayor prestigio a las Fuerzas Armadas. Ahora no sólo no teníamos las armas sino que le levantamos la moral a las Fuerzas Armadas. Por eso no es cierto que fue sólo una derrota militar, sino que fue tanto derrota militar sino también derrota política.

¿Por qué dice que el infiltrado era una cuestión aleatoria? Porque en definitiva avisó para dónde apuntaba el ERP.

Porque en realidad el infiltrado pudo hacer lo que hizo había porque huecos grandes en la organización y no porque era un tipo de inteligencia maravilloso. Nosotros descuidamos, en el sentido objetivo, el aspecto de cómo trabaja un agente infiltrado. Ranier (el infiltrado) no apuntó perfectamente qué cuartel íbamos a atacar, no era un traidor de la organización sino que fue construyendo, desde su trabajo periférico porque estaba en la periferia, aunque el descuido fue ponerlo en logística, y lo que pasaba eran fragmentos de información, y cuando la información fragmentada se la pone sobre la mesa y se la ordena, procesa y analiza. Entonces los militares tenían la idea era que habían tres cuarteles posibles, uno Monte Chingolo. Hubo una cosa de subestimación, porque dos días antes, había dudas porque había caído uno de los comandantes nuestros, y se mandó al soldado que teníamos en el lugar a investigar y vio que habían licenciado a la tropa, que estaba todo tranquilo, cuando si uno piensa que si tienen información lo primero que hacen es acuartelar. Otra subestimación. Fue una sistemática serie de subestimación.

¿Esta subestimación estaba originada por esa cuestión de autoconfianza?

Creo que sí. Después viendo otras experiencias internacionales uno aprende un montón de cosas, y es cierto que nosotros teníamos un punto débil en nuestra formación. Por un lado el punto fuerte nuestro era que nosotros no sabíamos nada y todo lo aprendíamos de lo chico a lo grande, de lo simple a lo complejo, nadie sabía más que nadie, entonces teníamos la idea de que todo se puede aprender y eso desarrolló mucho la creatividad. Eso era muy sano y es reivindicable. Pero esto era contrarrestado por otro elemento, nosotros éramos marxistas leninistas, y por eso lo sabíamos todo. No sabíamos como se hacía el café, lo tenemos que aprender, no sabíamos como se dispara el fusil o hacer un volante, y lo teníamos que aprender, y todo eso lo aprendimos. Pero desde el punto de vista político, en la visión de la sociedad teníamos un instrumento iluminatorio que no podía fallar que era el marxismo, y no nos podíamos equivocar. Había una soberbia colectiva de que con ese instrumento con una idea no se podía errar, y nos llevó a subestimar al otro, los veíamos a todos como boludos, que los milicos son unos cagones. Nosotros no analizamos el aspecto ideológico de los militares, había mucho más de lo que creíamos. Videla es un tipo muy ideológico, y Videla no es un corrupto cualquiera, hay que hacer una diferencia con Massera que era más delincuente, corrupto y genocida, Videla es un tipo muy católico que se va a morir convencido de que hizo un bien a la Patria. Eso se vio en la guerra civil española, con el fascismo y muchas otras experiencias. La otra faceta fue que a los milicos no le dimos otra chance. Para nosotros las Fuerzas Armadas era el enemigo absoluto, salvo los suboficiales y algún oficial tenía chance, no le dimos la posibilidad de que uno diga "Bueno paren muchachos, yo no tengo nada que ver con esto que hace el Ejército y soy neutral o me paso al bando de ustedes", por así decirlo. Claro, nosotros veníamos de experiencias muy duras, del Partido Comunista que veía que las Fuerzas Armadas eran corriente positiva, y nosotros veníamos de superar esas cosas del PC. No olvidemos que el Partido Comunista pensaba que Videla era la línea blanda y esas caracterizaciones que hicieron. Entonces, la doctrina francesa era dura, y nosotros le dimos pasto. El antimilitarismo extremo nos llevó a ver a los milicos como enemigo casi único, y por supuesto a las empresas imperialistas. ¿Y el enemigo interno? ¿Los intereses de clase? Los relegamos. La cosa es más compleja que una minoría, porque hay una parte responsable directa, otra desinteresada directa, y otra cómplice por omisión, por eso el Golpe de Videla tuvo más consenso de lo que uno piensa. Y nosotros pensamos que en el Golpe había una minoría reaccionaria, que eran los militares, que las empresas imperialistas, más otras empresas como Bunge & Born y tipos como Mariano Grondona, y esa era el paquetito y todo el pueblo contra ellos, cuando en realidad los intereses vinculados y las ramificaciones era mucho más amplio. Lo veo de viejo, en ese momento era distinto y lo hecho, hecho está.

¿Y cuál era la alternativa?

Creo que tendríamos que haber entendido que en ese momento tendríamos que haber pasado a un repliegue en serio, no abandonar la lucha sino pasar a la defensiva, resguardar la fuerza, hostigar al enemigo arriesgando menos. No se si hubiésemos detenido a la dictadura porque el contexto era distinto, pero tal vez hubiese pasado algo más parecido al Uruguay donde salvaron dirigentes.

"No subestimamos a la dureza del Golpe"

¿En qué momento tuvieron mayor desarrollo en los frentes de masas y cuándo se dio el mayor repliegue?

Ahí está lo raro, nuestro mayor desarrollo durante el peronismo, entre el ’73 y el ’75. Era un desarrollo que no podíamos controlar, también es cierto en que todo el mundo crecía. Nosotros estábamos muy orgullosos de semejante despliegue y nos engañó porque los éxitos te acostumbran a ver las cosas mal. Cuando triunfa el camporismo, que son liberados los presos, el PRT era minúsculo, con mucha periferia pero no se si no eran más los presos que los que estabamos afuera. Después del 25 de mayo de 1973 empezamos a crecer de un modo impresionante, y para el ’75 con el Rodrigazo sentíamos que nadie nos podía tocar el culo, con muchos dirigentes en los sindicatos, y a eso sumado a una gran capacidad de combate. Ese fue el período más álgido. Y ahí empieza a replegarse todo, muy golpeados y así hasta la derrota.

Cuando se empieza a producir el reflujo, ¿visualizan que se está en marcha ese proceso?

No la visualizamos porque el movimiento huelguístico siguió siendo fuerte. Recién lo visualizamos tarde, unos meses después del Golpe. Fue la idea de la inercia, de no saber retroceder, no haber frenado ante la ofensiva. No lo visualizamos suficientemente, y lo hicimos tardíamente. En términos de especulación, si lo hubiésemos visto antes hubiese sido distinta la cosa. El Golpe lo consideramos un salto cualitativo. El día del Golpe, ya semanas antes teníamos preparada la organización para pasar a la ofensiva. Y a las primeras semanas del Golpe al PRT no lo tocaron, en esos meses primero fueron a golpear a la superficie, a los dirigentes fabriles y le dieron con todo a la periferia legal. Cuando ya los tenían a todos presos, empezaron a golpear las estructuras.

"Nos dicen: Muchachos paren un poco y reflexionen sobre lo que pasa en el país"

¿Pensaron que cuando se produce el Golpe las cosas se ponían blanco sobre negro y se agudizan las contradicciones?

Nosotros consideramos que ese Golpe iba a ser terrible, que no era un Golpe más sino que iba a ser definitivo y no existía más democracia en la Argentina, y que empezaba un enfrentamiento hasta la toma del poder popular, que iba a ser la democracia de consenso. Una lucha que podía durar cinco, diez o quince años. En cambio Montoneros analizó que era un Golpe más, que iba a ser mucho más duro, pero que a la larga iba a tener que entregar el poder. Estas cosas las discutíamos cuando dialogábamos por la conformación de la OLA. De todas maneras estábamos tan convencidos de que la fuerza de la vanguardia revolucionaria y que el pueblo iba a resistir, estábamos convencidos de que íbamos a triunfar. No sabíamos si íbamos a ver el triunfo final, eso está claro, pero no subestimamos a la dureza del Golpe. Pensamos que iba a ser duro.

¿Con qué elementos analizaron que iba a tener una dureza de nuevo tipo?

Porque los elementos era que los militares habían aprendido las lecciones anteriores. No les alcanzó ni las proscripciones ni los niveles de represión implementados. Los tipos no iban a dar tregua porque no iban a dar soluciones económicas, por lo que tenían que reprimir a la población. Sobre la base de que pudieran establecer cierto equilibrio en la sociedad hubiesen tenido chances, pero pensamos que no porque tiene que ver con la idea de que no había soluciones capitalistas en la Argentina. Y en términos de fondo sigue siendo una idea válida.

¿Para el asesinato de Roby Santucho empieza la disgregación?

No, porque realmente lo que nosotros tenemos para ese momento ya eran muchos golpes de compañeros, que culmina con la muerte de Santucho. Pero por extraño que parezca, aún con la muerte de Santucho nosotros sobrevivíamos y pensábamos que íbamos a proliferar. Obviamente pensamos que Santucho era insustituible, eso estaba muy claro. Yo tuve que tomar las riendas de inmediato del PRT-ERP, ninguno se consideraba Santucho, y yo menos. Y lo que dijimos fue una cosa muy sencilla y muy nuestra también y era que a Santucho lo reemplazamos con un colectivo, y con las enseñanzas, el estilo y el ejemplo, había dejado una dirección y se podía como colectivo. Hasta fines del ’77, la verdad era que estábamos bastante optimistas. Santucho había anunciado que dentro de dos o tres años iba a ver un auge de masas, entonces había que prepararse para eso, y en ese sentido éramos muy optimistas. Es difícil entenderlo, porque hay que entender el microclima militante de la organización. Tanto es así que la salida del país se produce de un modo no planificado e inesperada, porque en realidad nosotros decimos que si en un par de años iba a ver un auge de masas y la Dictadura iba a tener que retroceder, va a ser el momento de tener grandes unidades militares y mientras tanto hacer operaciones de hostigamiento. Pero después de la experiencia de Monte Chingolo habíamos llegado a la conclusión de que no podíamos tener grandes operaciones militares sin oficiales, es decir, un cuerpo de compañeros numerosos preparados en términos técnicos, y ya no nos daba el cuero a nosotros solos. Y la salida del país se produce, yo salgo a fines del ’77 para ir a Cuba con un planteo claro: se terminó la democracia en Argentina, ¿nos entrenan o no?. Y sino nos entrenábamos en Cuba, como estaban todas las embajadas socialistas en La Habana, nos iríamos con los vietnamitas, los coreanos, los palestinos, Khadafi... a alguno le romperíamos las bolas y algo íbamos a conseguir. Incluso me voy con Gorriarán Merlo, porque en ese momento era el tipo más buscado en la Argentina y era una figura de gran prestigio, y mantenerlo clandestino era un peso, y entrenarlo. Y necesitábamos tener unos doscientos compañeros bien fogueados, con experiencia. Así es como salimos y lo que pasó fue que los cubanos nos dicen que paremos un poco, que miremos lo que está pasando adentro antes de hacer todo esto. Entonces decidimos sacar al Comité Central afuera, hacer una reunión de reflexión, y empieza todo un proceso ahí de desgaste, donde una parte del partido se dispersa, unos vuelven a la Argentina, otros por el exterior y se van dispersando; luego no nos ponemos de acuerdo en las líneas de recuperación por distintos planteos, y quedamos en patrullas de ex revolucionarios que nos creíamos un partido.

Usted de Cuba parte a España, ¿por qué razones? ¿qué pudo hacer en España?

Nos fuimos de Cuba porque allí era imposible operar, era un país muy aislado y por eso me voy a España a seguir trabajando. Allá montamos lo que decíamos la retaguardia, organizando la contraofensiva, así como se hizo la contraofensiva montonera nosotros pensamos lo mismo, en otro sentido, con otro estilo más modesto pero todos pensábamos lo mismo. No hablábamos de contraofensiva en esos términos sino de regreso orgánico, pero fracasamos. La única diferencia con Montoneros fue que ese regreso de contraofensiva no nos costó más muertos.

¿Tuvieron algún debate con Montoneros con respecto a esta contraofensiva contra la dictadura?

No, para nada. Después de la muerte de Santucho Montoneros no nos dio más pelota. La última reunión que tuve con Firmenich nos decía que éramos los restos de un naufragio, y ya fue, que ellos estaban en pleno proceso de contraofensiva. En realidad el naufragio éramos todos. Pero nosotros también lo pensamos en hacer. Yo estuve cuatro años en España preparando gente para volver a la Argentina, pero por una u otra cosa, discusiones, quedó en nada. Porque la gente no estaba exiliada, no se pensaba en esos términos y ese concepto no existía. Recién en los ’80 se usa esa palabra. Nosotros éramos la retaguardia del gran partido que estaba por retomar la contraofensiva, considerábamos esto. La cosa es que mandábamos gente a la Argentina y nos decía lo deteriorado que estaba todo, y uno desde afuera idealiza más. Entonces empiezan las fracciones, para uno la culpa la tiene el Secretario General que es Mattini, para otro la culpa la tienen los militaristas, y así. Realmente hoy en día, ya no tengo rencor para nadie, y la culpa la tuvimos todos y la culpa la tuvo nadie. Lo peor de estar afuera es que idealizás un país que no es el mismo, estar fuera del terreno de operaciones te dificulta la visión, pensábamos que el movimiento de masas seguía avanzando y en realidad había un terror tremendo en la Argentina. Lo del mundial de 1978 no lo podíamos creer. Esto es en la diáspora.

¿Estaban coordinando con Montoneros la salida de Santucho del país?

Nosotros cuando decidimos que Santucho saliera del país fue una decisión que era muy dura porque la consigna era que el PRT no se exilia. La idea era que fuera a Cuba e hiciera esto que decía de entrenamiento y preparación, que fue lo que intenté hacer yo. Esta decisión se tomó en el Comité Central. Y cuando tomamos esta decisión, dijimos "que se vaya mañana mismo", y eso era literal porque teníamos la capacidad de hacer documentos y organizar las cosas que en dos días como máximo se hubiese ido del país. Esto fue para el 1º o 2 de julio de 1976. Ahí Santucho dijo que paremos, que quería esperar hasta el 19 de julio porque estaba la reunión con Firmenich para firmar la OLA. Le contestamos que vaya Benito Urteaga, que era el segundo hombre, pero argumentaba que "No, va a estar el Pepe Firmenich y es justo que vaya yo". Yo me oponía y la discusión fue muy fuerte y se dio como pocas veces que el Comité Central terminara votando, y los que queríamos que se vaya de inmediato perdimos. Entones Santucho se quedaba hasta el 19, y esa mañana tuviera la reunión con Firmenich, en la casa que ponía Montoneros, y a la tarde ya se tomaba el avión a La Habana, ya teníamos toda la documentación y los pasajes. El asunto fue que para el 17 de julio, estábamos todos en la casa con todo el buró político analizando la salida de Santucho, los planes, dos días de despedida, cómo íbamos a funcionar nosotros y los planes de Santucho en Cuba. Y el día 19 a la mañana el secretario de Santucho sale a tomar contacto con el enlace de Montoneros para coordinar la reunión, y este le dice que está todo en orden para ir al lugar acordado. El secretario de Santucho vuelve y va a la cita antes y no había nadie, pero con la cuestión represiva no era para nada extraño que se levante una cita. Entonces le informa a Santucho que no había nadie y que la reunión se abortó. Santucho se queda en la casa, y luego lo matan. El único vínculo sobre la muerte de Santucho con Montoneros es ese. Años después nos enteramos que el enlace montonero había caído detenido. Ellos se habían disculpado por tener que levantar, y lo que nosotros pensamos es que ese enlace había cantado cuando lo detuvieron. Es otra de las posibilidades. Años después lo hablé con Roberto Perdía fue que no haber avisado de esa detención fue una negligencia gravísima, y lo reconocen. Pero es muy distinto a decir que Montoneros lo entregó, para mí no fue así. Para mi Montoneros no tuvo nada que ver con la muerte de Santucho. Además hay otras versiones. A lo mejor el secretario de Santucho también cayó, pero hay muchas posibilidades, y la verdad absoluta no lo sabe nadie salvo los que lo mataron, pero hasta le costó la vida al tipo que hizo la operación donde matan a Santucho.

La cantidad de militares que participaron en el allanamiento de la casa fue minúscula...

Eran seis tipos. Loretti fue a buscar ahí información y no a Santucho, porque si sabían que estaba Santucho, por la forma de operar de la represión hubiesen movilizado a todo un comando del Ejército para rodear todo. Hay que tener en cuenta que sabían que era la casa del Gringo Mena, entonces fue a buscar información, para mí. Además Loretti recibió la misión del Ejército de cazar a Santucho, porque era un tipo convencido, le dieron un equipo con todos los recursos. Era un militar convencido, no un patotero porque esos no son eficaces. Ahí siguió la doctrina de Argelia, le dieron la misión, y el tipo actuaba de ese modo, de hecho torturaba a un tipo, le sacaba la información y lo largaba, eso era más eficaz.

La realización del Comité Central ampliado en Moreno, en plena Dictadura donde estaban absolutamente todos reunidos en una misma casa, ¿no fue una negligencia?

Sí, eso es inexplicable, es muy difícil de explicar. Fue en pleno golpe de Estado a pocos días del 24 de marzo y metemos a todo el Comité Central ahí, el que estaba ausente fue por una casualidad. Ahí también creo que tuvo que ver Loretti, porque cuando cayeron creo que no se imaginaron que se iban a encontrar todo eso, no fueron con más de doce tipos, eran tropas buenas, un comando bien entrenado que actuó rápido, pero estaban buscando algo en concreto y a lo mejor la información que tenían era que habían movimientos en esa casa. Por eso fue posible la salida, no nos pudieron rodear, porque si lo hacían la historia del PRT terminaba ahí. Todos salimos a los tiros, lo tengo grabado en la memoria a los tipos llegando a la carrera disparando, cuando la guardia nuestra montó una defensa se tiraron al piso cuando pudimos montar un FAP (Fusil Automático Pesado), y la tropa entrenada sabe con qué le están tirando y se arrojaron cuerpo a tierra. No puedo explicarlo políticamente. Hay que vivir el microclima. El Comité Central ese fue impresionante. Ahí estaba presente el compañero Jorge Enrique del MIR, que tenía una posición muy crítica con el PRT... Sí, sí. Se le permitió discrepar, tuvo un discurso crítico, muy conceptuoso, nos planteaba que el Golpe iba a ser un retroceso muy grande en la lucha en la Argentina, de acuerdo a la experiencia en Chile, y que había que prepararse. Corajudo el tipo porque tenía que plantearlo entre todos tipos del PRT.

El PRT a diferencia de Montoneros tuvo una relación mucho más estrecha y orgánica con las organizaciones armadas de los países de frontera...

Sí porque lo que queríamos armar era una construcción internacional según nuestra visión internacionalista, continentalista. La política internacional de Montoneros era más pragmática, se apoyaban donde estaban más seguras las condiciones, por ejemplo en Europa estaba la socialdemocracia y se respaldaban allí para operar con mejores condiciones, en cambio nosotros íbamos y buscábamos a los más quilomberos. Las mejores relaciones fueron con los Tupamaros de Uruguay, con el MIR chileno, con el Movimiento de Liberación Nacional de Bolvia que era lo que quedó de Guevara, y otras organizaciones en el continente. Teníamos una oficina internacional, y en el ’75 teníamos guita entonces era más fácil. Teníamos relaciones con los sandinistas, con el ERP de El Salvador. Dependía de los grupos. Nosotros apoyábamos todo. Inclusive apoyamos a la Revolución de los Claveles en Portugal, del grupo extremista que apoyaban a los milicos que hicieron la revolución. También con las Brigadas Rojas aunque tomamos distancia. Con los vascos también pero no teníamos buenas migas, no nos entendíamos. Después buscábamos en los países socialistas. Tuvimos muy fuerte una relación con los palestinos. Muchos compañeros nuestros combatieron junto a los palestinos contra el Estado de Israel.

Montoneros también tenía relación con los palestinos....

Montoneros también, pero ellos tuvieron más relación con Libia, y en Libia nunca nos dieron mucha bola.

¿Y esto por qué?

Lo supimos mucho tiempo después. Y es interesante, porque con los libios íbamos de la mano del MIR chileno. Los argentinos del ERP no podían entrar en Libia, y nos enteramos que tenían miedo de la infiltración judía, y Argentina es un país de judíos, sino que además la izquierda argentina se constituyó básicamente históricamente por judíos, el ambiente intelectual fue por el aporte judío, no hubiese tenido el desarrollo que tuvo si no fuera por los judíos, eso es indiscutible. Lo que pasó que cuando aconteció la Guerra de los Seis Días, el hombre que facilitó la información para destruir la aviación de Nasser, el espía del Mossad que se llamaba Kohen, se disfrazó de árabe, vino a la Argentina, entabló contacto con los sirios, se vinculó y luego fue a Egipto como un sirio más que había mucho dinero, y fue el tipo que facilitó la información que fue vital para terminar la Guerra de los Seis días. Después lo agarraron y lo fusilaron. Entonces los libios se quedaron con que la infiltración judía en la Argentina era muy fuerte, entonces desconfiaban porque como éramos los marxistas del PRT, lleno de judíos, que los podíamos infiltrar.

Cuando vuelve la democracia a la Argentina ya en 1983, ¿por qué las organizaciones político militares que tuvieron tanto auge en los ‘70 no pudieran demostrar aquel grado de desarrollo?

La comparación salta enseguida con Uruguay, es inevitable. Allá no se llegó a un enfrentamiento así. En Argentina fue tan sangriento, tan terrible, que además las organizaciones quedaron más dispersas y se pudo armar la teoría de los dos demonios. En Uruguay se preservaron más dirigentes, acá los que no murieron éramos de segundo rango como yo, y otros con mucho desprestigio. Y durante el alfonsinismo era terrible como operaron la teoría de los dos demonios. Acá de alguna manera los milicos, cuando dicen que ganaron la guerra pero perdieron la batalla política dicen sólo una parte de la verdad. Ganaron las dos, la guerra y la política. El problema es que a ellos les costó el prestigio de las Fuerzas Armadas, pero el resultado es sencillo, porque la política de Martínez de Hoz continuó, con Alfonsín, con Menem, con De la Rúa y hoy seguimos siendo un país agroexportador, y ese era el país que veíamos en los ’60 y no lo queríamos, y es el país que tenemos. Cuando viene la democracia hubo un auge, e incluso el Partido Comunista agarra la bandera de los setentistas, de un modo de impostura tan falso. Santucho hacía lo que decía y decía lo que hacía, y estos se autocriticaron por el apoyo a Videla, rescataban a la guerrilla, pero no hacían lo que decían. Vos veías a dirigentes en los ’70 del PC, como Patricio Etchegaray o Pereyra salir custodiados con dos Falcon, ¡no jodas! Lo que les pasó después fue que se les cayó la Unión Soviética, entonces se agarraron de Cuba luego de haberlos puteado eternamente. Pero todo lo que viene después en el mundo nos hace relativizar todo, quién pensaba que la Unión Soviética se iba a caer, y eso hay que analizarlo. Relativizarlo que acá, un país capitalista, los trabajadores del Bauen armaron una cooperativa y administran un hotel internacional bastante bien, y el estado socialista cubano le da los hoteles a los españoles, y no lo digo para sacarle el cuero a los cubanos, nada que ver, pero creo que es un punto de destrucción de la Revolución Cubana.

¿Le parece que el levantamiento de los Derechos Humanos durante el gobierno de Kirchner no es también una estrategia de acumulación de consenso? Esto en el sentido a la par de lo que decía sobre el plan económico. Los militares actuaron como sicarios de Martínez de Hoz y las corporaciones y no se los enjuicia a ellos. Está perfecto condenar a los represores, pero en el otro sentido no pasa nada.

Totalmente, los milicos cuando dicen que perdieron la batalla política no es cierto, porque el país que se proponían es este. Ahora, esto no es lo mismo. No le cuestiono la sinceridad a Kirchner sobre los Derechos Humanos. No le niego el mérito de bajar los cuadros de Videla, entregar la ESMA. Ahora ¿por qué tanto entusiasmo de tanta gente sobre el tema de los Derechos Humanos cuando hoy en día están violados como nunca en la historia nacional? Vos ves la situación espantosa de los campesinos, las calles de Buenos Aires lleno de gente durmiendo sin hogar no es lo que vivíamos en los ’70, las cárceles son tenebrosas, y no entiendo como no se ve eso. Creo que el proceso abierto por el alfonsinismo, la lucha de los derechos humanos cubrió el resto de las cosas y está bien, pero escondió el resto de las cosas, poniendo a los derechos humanos como un fin en sí mismo con respecto a la acción política, pero no se veía la cuestión social de derecho a la vivienda y las demás necesidades. De alguna manera todo el mundo quedó prendido de ese discurso, en el medio Obediencia Debida, Punto Final con los milicos alzados. Pero me llama la atención como se agarra este discurso como si cumplir con los Derechos Humanos del pasado fuera ya la revolución.

Sería como acotar que los derechos humanos en un recorte de lo que pasó en los ’70, y la cantidad de muertos por causas evitables es terrible...

Por supuesto, en todo sentido, hay más muertos por hambre, hay más muertos por la violencia social que durante la violencia política en los ’70. Inclusive hay más muertes en policías que cuando salíamos nosotros a hacer operaciones, la cantidad de chicos delincuentes que son fusilados es mayor. A eso sumale los muertos por desnutrición, los jubilados, los muertos por inacción. Realmente es una calamidad social.

Esa es la victoria económica de la dictadura...

Tal cual. Y me pregunto como es posible que gente que participó en los ’70 esté en el Gobierno, la política esencial no cambia. Es decir, a mi me chupa un huevo si se le paga al FMI o no, el ALCA menos todavía porque para mí es una zanahoria que le pusieron a la izquierda para que se la pasen pelotudeando, porque lo hacen igual, la minería se la llevan toda, hacen de Argentina un país sojero y nada más; la izquierda pide tirar el monumento a Roca por la Campaña del Desierto pero los derechos de los indígenas no existen, más allá de suscribir a todas las leyes étnicas internacionales. La política agraria que da de comer a los ricos del país y al Estado nacional genera una riqueza fabulosa y es una terrible fábrica de pobreza. Eso a Kirchner lo supera, porque no tiene resortes para controlarlo. Y no lo digo de gorila porque no lo soy, ni lo fui. Es imposible decir que esto es lo mismo, en absoluto, esto no se lo puede comparar con Videla ni mucho menos. Pero hay una trampita en este estado de derecho, porque eso lo disfruta Página/12, el resto de los medios, yo mismo porque podemos putear, pero ese estado de derecho no es para toda la población. Creo que hay que poner las barbas en remojo y pensarlo en otro sentido.

"La unidad, se hace en el andar"

¿Y cómo ve a la supuesta izquierda que levanta la supuesta insurgencia del 19 y 20 de diciembre pero como siempre, dice lo que no va a hacer?

Es que el Partido Obrero, y todo eso son lo mismo que fueron en los ’50, ’60 y ’70. Estaban atrás, algo pasa. En esas organizaciones hay una cantidad de militantes, que se rompen el culo militando, desinteresados, pelean. Pero las organizaciones se transformaron en un fin en sí mismo. Además putean al Estado y se financian con los planes sociales, entonces si se les corta ¿qué hacen? Tienen la inmoralidad de financiarse con plata que le sacan a un pobre tipo que recibe un plan asistencial, es lo mismo que hacen los partidos liberales en los municipios, pero "desde izquierda". Y dicen que lo hacen por la revolución. Antes si se quería financiar la revolución se accionaba contra un banco o empresa capitalista internacional. Me da pena, porque esa militancia termina en una picadora de carne.

¿Dónde ve una luz de reorganización?

Creo que va a surgir de un origen inorgánico, con formas distintas a las tradicionales, desde lugares que no se ven, desde campesinos como el Mocase, fábricas recuperadas, piqueteros como los de Salta, o movimientos puntuales por causas puntuales como el pueblo de Esquel que paró la mina de oro, porque pararon a una empresa que es realmente el imperio. Hay que ver cómo se canaliza. Hay que ver como está funcionando y con qué paradigmas. Ya desaparece esa idea de clase obrera pura como la había antes, porque ahora se saca plusvalía hasta de los desocupados. No soy pesimista, pero soy ácido. Al contrario, creo que hay algo por surgir que no lo podemos ver.

¿No le parece que desde el Estado hace años que vienen manejando políticas para que estas organizaciones no den un salto cualitativo, entonces arma y rejunta organizaciones digitadas para desarticular?

Es totalmente lo que decís, creo hacen eso y hay que tenerlo en cuenta. Te tragan los aliados que tenés aliados y son las formas de dominación actual. Y eso lo hacen todos, en Argentina, Chile, Brasil y Uruguay. Es la lógica del sistema. A mi me preocupa más lo que pasa entre nosotros que lo que pasa con el enemigo. Ya sabemos lo que son los grandes capitalistas y las grandes empresas, pero hacen lo que hacen porque el problema está en nosotros. El imperialismo hace su negocio, pero quién le abre las puertas. El imperialismo no es sólo el aparato militar. Además las organizaciones no se juntan con un afán de mantenerse separados a diferencia de nosotros, que en todo caso marchábamos separados pero golpeábamos juntos. La izquierda sigue gritando desde toda la vida "unidad, unidad", y ningún movimiento en la historia hizo la revolución, sino que la unidad llega en una práctica, empezaron a caminar y después se dio la unidad. Tenés el ejemplo de Nicaragua. Nosotros en los ’70 marchábamos separados y golpeábamos juntos. Pero la unidad se dio en el Cordobazo por ejemplo la unidad obrero estudiantil, la unidad nadie la decretó, se dio de hecho, sin declamaciones. Fidel cuando hizo la revolución tenía dieciséis grupos distintos en Cuba hasta que se impuso uno. Lenin ni hablar, él era la minoría absoluta. Entonces no hay que hablar sobre la unidad, se hace en el andar.

¿Qué fue lo mejor que tuvo la generación del ’70?

Lo mejor, además del hacer lo que se decía, es la creatividad. Sorprendimos, pero en serio. Se salió de la militancia de comité para salir a la calle, sea del partido que sea, para hacer esa militancia afuera, de conspiración. Dejamos la militancia "deportiva" por la militancia completa, no sólo por la lucha armada. Tuvimos una creatividad impresionante. Nos podemos haber equivocado en un montón de cosas pero creo que eso es lo más rescatable, el ejemplo y la creatividad.

©Investigaciones Rodolfo Walsh
http://www.rodolfowalsh.org, marzo 2006


¿Adivinen quién no fue a votar?

Noviembre 2005

La sorpresa electoral

Las elecciones del domingo 23 de octubre de 2005 presentaron quizá solo una sorpresa. La concurrencia de los ciudadanos a las urnas fue la más baja de los últimos años. Si tomamos como referencia el porcentaje de participación alcanzado en 1983 -el más alto en estos 22 años- la concurrencia a las urnas ha bajado un 15,5%. Aquella elección que consagró a Raúl Alfonsín como presidente cosechó el 85,6% de votantes sobre el total del padrón. Esta que ,según muchos consideran, plesbiscitó la gestión del presidente Néstor Kirchner, llega hasta ahora al 70,1%.

"La intensidad de la campaña electoral no guarda relación con la indiferencia y el rechazo de la última renovación legislativa, hace cuatro años, que prologó el derrumbe de la Alianza. El número de votos positivos fue tan bajo entonces que Eduardo Duhalde accedió a una banca en el Senado con apenas el 20 por ciento de los votos del padrón. Ni el golpismo militar ni la democracia directa asambleística prevalecieron sobre el sistema representativo, como pareció posible después del colapso de 2001/2002."
Horacio Vetbisky,
diario Página 12, domingo 23 de octubre de 2005

Las elecciones del domingo 23 de octubre de 2005 presentaron tan solo una sorpresa. La concurrencia de los ciudadanos a las urnas fue la más baja de los últimos 22 años de restauración del sistema electoral como forma de expresión democrática. Fue aún más bajo que en el 2001 y, si seguimos la lógica de calcular los porcentajes obtenidos por los candidatos en base al total del padrón, la flamante senadora Cristina Kirchner accedió a su banca con un 30%. Aunque existe una pequeña diferencia: cuando Eduardo Duhalde fue consagrado senador había votado en el territorio bonaerense el 77,1% del padrón. Ahora, el 72,8%. Esto significa, entre otras cosas, que la torta sobre la cual hincan sus dientes los porcentajes obtenidos por los candidatos se achicó en un 4,3%.

Sin embargo, resulta más lógico calcular el porcentaje de participación ciudadana en base a números más honestos. Si tomamos como referencia el porcentaje de participación alcanzado en 1983 -el más alto en estos 22 años- la concurrencia a las urnas ha bajado en 15,5 puntos, o sea un 18,1%. Aquella elección que consagró a Raúl Alfonsín como presidente cosechó el 85,6% de votantes sobre el total del padrón. Esta que ,según muchos consideran, plesbiscitó la gestión del presidente Néstor Kirchner, llega hasta ahora al 70,1%. Los datos son oficiales y proporcionados por el Ministerio del Interior, habiendo escrutado más del 98% de las mesas electorales de todo el país. El análisis de estas cifras, seguramente demandará más tiempo y cifras definitivas, pero en principio alcanza para trazar una hipótesis la frase de una fiscal general que recorrió cuatro escuelas del barrio de San Telmo:

-Mirando en los padrones los números de DNI te dabas cuenta que los protagonistas del faltazo fueron los jóvenes.

El siguiente cuadro retrata la involución de la concurrencia a las urnas. Hemos seleccionado solo algunos distritos que consideramos clave. Capital Federal y la Provincia de Buenos, por supuesto. Pero también las provincias de Córdoba, Salta y Santiago del Estero, donde la indiferencia que despertaron estas elecciones suma cifras considerables. Un ejemplo: en Santiago del Estero casi la mitad del padrón no fue a votar.

Estos son los números:

Ventidós años en votos
Elaboración propia en base a cifras oficiales del Ministerio del Interior

DISTRITO
P
83
L
85
L
87
P
89
L
91
L
93
P
95
L
97
P
99
L
01
P
03
L
05
Capital
85,8
84,5
84,3
85,7
79,6
80,9
81,7
78,8
81,1
73,0
77,2
72,3
Bs. As.
87,7
85,5
86,3
87,1
82,4
82,6
84,0
82,4
84,9
77,1
80,5
72,8
Córdoba
88,3
85,1
86,1
86,6
83,6
81,4
83,8
77,5
82,4
76,1
79,8
66,7
Salta
80,1
76,6
80,1
80,3
72,7
71,3
75,7
65,1
76,0
70,6
74
66,7
S. del Estero
69,9
67,7
72,2
72,8
70,2
64,5
71,3
65,9
72,2
66,8
66,8
51,8
TOTAL del país
85,6
83,8
84,6
85,3
79,9
80,3
82,1
79,6
80,4
74,1
78,2
70,1
% variación
participación
100
97,9
98,8
99,6
93,3
93,8
95,9
92,9
93,9
86,5
91,3
81,9
% disminución
100
1,8
1
0,3
5,7
5,3
3,5
6
5,2
11,5
7,4
18,1

La P indica que se trata de una elección presidencial y la L, una elección legislativa.
En la elección de 2001 el voto anulado fue el ganador de la Capital Federal, colocándose primero con el 24,45% de los votos. En blanco votaron el 3,96%. En la Provincia de Buenos Aires los anulados sumaron 14,25% y en blanco el 8,74%. En la siguiente elección de 2003 los votos anulados en la Capital Federal apenas alcanzaron el 1,42% y en blanco el 0,60%.
Los resultados de la elección de 2005 son provisorios, escrutadas más del 98% de las mesas.

Fuente: lavaca.org

      

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