Luis Mattini

Ex dirigente del PRT-ERP, autor de "La política como subversión" y "Hombres y mujeres del PRT-ERP", entre otros.

Cartas profanas, blog del autor

      

La moral, la tragedia ateniense y la ética

Primera parte

Algo sobre el papel del individuo en la historia

Propongo un breve examen sobre el papel de los seres humanos en la historia y dentro de ella el papel del individuo, aclarando que este examen deviene fundamentalmente de nuestra experiencia militante

Aclaración: Para evitar las antiestéticas consecuencias literarias en castellano de ese feminismo beato, de claro signo anglo sajón, que, trasladado a nuestra lengua, confunde un elemento gramatical llamado "género" , femenino y masculino, con otras acepciones de esa palabra, como ser los géneros sociales, biológicos o tejidos, aclaro que en todos los casos me refiero a seres humanos: mujeres y varones. Prometo poner mi buena voluntad no usando el vocablo genérico "hombre", pero mi buen gusto se niega a escribir "la persona y el persono"; " el ser humano y la sera humana" o ese absurdo adefesio de cambiar la muy latina letra "o" por el signo arroba en las palabras en posición gramatical genérica. ("todos, "muchos" "amigos" , "nosotros", etc)

Bien, terminada esta aclaración, digamos que yo empecé a militar a los quince años cuando de un modo casual, casual en lo que hace a mi concretura, me topé con gusto con la idea de que éramos agentes de la historia. La adquirí de inmediato con enorme entusiasmo, porque esa idea funcionó como un fortísimo estimulante, casi diría una justificación venida desde cierta trascendencia, al impulso vital que, no se sabe desde dónde, nos empujaba hacia el compromiso militante. Y cuando nuestros padres, tíos, vecinos o compañeros de trabajo nos preguntaban, respondíamos de diversas maneras, plenos de pasión y satisfacción por "el hacer", argumentando que militábamos porque no tolerábamos la injusticia social, que nos dolía el sufrimiento de los niños, que el mundo debía ser cambiado; pero en última instancia nos decíamos agentes de la historia. O sea un rol predeterminado, una especie de mandato.

Insisto, hoy a más de cincuenta años de esas cosas, estoy seguro que eso era sólo un argumento para darnos derecho a actuar y coraje para enfrentar las oposiciones. Porque el impulso estaba signado por la potencia del deseo, entendiendo éste como la tendencia de cualquier cuerpo a realizar sus potencialidades. Si era el cuerpo el que pensaba y hacía, era el cerebro el que debía justificar esa acción, esa manifestación del deseo. En ese aspecto éramos inmanentes con justificación trascendente. Nos movíamos por fuertes impulsos del deseo interno pero lo argumentábamos con la trascendencia externa de la historia como una determinación. Para jugar con las palabras, se podría decir que en teoría aceptábamos la trascendencia pero en la acción concreta nos movíamos en la inmanencia.

La prueba de ello fue que nosotros, en los hechos, no hemos respetado las supuestas "leyes de la historia" que dictaba la postura trascendente, idealista o materialista; o sea las "condiciones" para actuar, no aceptábamos la afirmación que para poner fin a la injusticia había que esperar la maduración de las condiciones, el "desarrollo de las fuerzas productivas". Así, por ejemplo, de hecho, en nuestra práctica, compartimos sin saberlo, el sano criterio feminista, —el modelo más acabado de la inmanencia que les hace rechazar el papel que pretende adjudicar a las mujeres la visión trascendente—, de plantear la reivindicación "aquí y ahora". Sin embargo, contradictoriamente, en nuestro discurso trascendente sosteníamos que la mujer debía esperar la liberación del proletariado, por ser el sujeto histórico que, al liberarse a sí mismo, liberaría a toda la humanidad. Por suerte el feminismo no escuchó este discurso trascendente y, por el contrario lo rechazó en teoría y en práctica; así cotidianamente siguen cosechando, con altibajos pero en sentido creciente, cada vez más conquistas.

Ya aceptando el compromiso racional con el determinismo histórico, nos obstante, nos subdividíamos en dos tendencias: aquellos que creían que la historia la hacían personas determinadas y aquellos que sosteníamos que la historia era obra de las masas, del pueblo. Los primeros eran proclives a lo que yo llamo "visión conspirativa de la historia" Para ellos todo dependía del talento de los grandes hombres y en consecuencia también el mal dependía de la maldad de los gobernantes, tiranos o corruptos.

Plejanov, el padre de marxismo ruso, tiene un interesante trabajo "El papel del individuo en la historia" en el que, partiendo de que la historia la hacen los pueblos, las masas, señala cuál es el mérito y los atributos que deben tener los dirigentes y su relación de ida y vuelta con las masas. En ese sentido el libro de Plejanov fue nuestro manual. Sobra agregar que la literatura marxista es riquísima en este tema.

No así en lo específico de la visión conspirativa de la historia, pues suele ser una postura eminentemente emocional, probablemente irracional que se refleja en los hechos, a veces incluso en individuos que aceptan formalmente la teoría de Plejanov. Ocurre que esta concepción surge cuando ciertos hechos no tienen explicación, contradicen la teoría. Por ejemplo: la caída de los dirigentes que aborta una acción revolucionaria; entonces la visión conspirativa sugiere que tiene que ser la obra de un traidor. Esta visión es realmente aguda cuando atribuye las limitaciones de los revolucionarios a maniobras insidiosas del enemigo, o sea literalmente cuando el enemigo conspira dentro de la organización. Insisto, este punto de vista es nefasto porque ubica siempre el mal fuera de nosotros y por lo tanto impide el aprendizaje, la corrección. Porque recíprocamente todo dependerá de la genialidad del dirigente o del agente enemigo. Una mirada atenta nos indica que este punto de vista tiene cierta raíz monárquica y explica la transformación de los revolucionarios en el poder en una especie de nueva nobleza, gobernantes eternos, como en caso de algunos asiáticos, incluso en Cuba, el recambio de los cuadros por herencia familiar.

Esa visión conspirativa se expresa también en frases hechas, consagradas como verdades absolutas, como ser. "Un traidor puede con cien valientes". O la expresión popular "Seguro que hubo una cantada". "Todo hombre tiene su precio" O sea, los problemas no se derivan de una correlación de fuerzas, de mayor o menor talento de las partes en lucha, de circunstancias, incluso de determinado grado de azar, sino de traiciones o genialidades. En ese sentido conspirar es casi mala palabra, significa actuar traidoramente. Nosotros, en cambio, llamábamos "métodos conspirativos", a los métodos para moverse en la clandestinidad cuya esencia era aparentar distinto a lo que se era. Las condiciones de un actor, de un farsante, eran beneficiosas para un clandestino pues podía disimular mejor.

Este es el planteo del asunto: Intento no presentar las cosas en blanco sobre negro, sino ver que todos tenemos alguna brizna de esa concepción. Dicho de otra manera, todos los humanos tenemos al menos algunas briznas de idealismo o materialismo, de búsqueda de la trascendencia y actuar con la inmanencia, de conspiradores, de sentimientos egoístas y altruistas; lo único que nos define y establece las diferencias esenciales es "el hacer".

Y el tema no sería digno de demasiada preocupación si sólo se tratara de unos individuos aislados con visiones conspirativas, sino de que este aspecto está más extendido de lo sospechado y cobra más cuerpo a medida que la tarea emancipatoria de hace mas difícil, dicho de otra manera, frente a la amenaza de derrota.

Porque, lo repito de otro modo, la visión conspirativa de la historia lo explica todo y deja a los sobrevivientes la conciencia tranquila. "Yo hice las cosas bien, pero me traicionaron". La teoría del "entorno" que consiste en pensar que las "fallas" de los dirigentes, se deben a su "entorno", una especie de cortesanos que los aisla del mundo real. Eso fue claro en los Montoneros con respecto a Perón.

A propósito de tal, me distraigo un momento del tema central para recordar que en la discusión sobre los años setentas por parte de protagonistas sobrevivientes, testigos de época y descendientes de ambos, se verifica la presencia de esta visión conspirativa de la historia. Esto es, creer que no triunfamos culpa de traiciones sin analizar a fondo las causas en cada momento y en su conjunto. Creer que Montoneros fracasó porque fue un grupo fomentado inicialmente pro la CIA es tan absurdo como cuando el envidioso de Virgilo Expósito dijo por radio que Gardel era un producto de Broadway.

El otro extremo es la muy racionalista idea de que si las cosas se piensan correctamente y se planifican con justeza , siempre tienen que salir bien. Si no salen bien, no es porque el oponente fue más sagaz o talentoso, porque hubo circunstancias, sino por que se hicieron mal. El racionalismo consiste en creer que siempre se puede saber a priori mediante el razonamiento analítico previsible, o sea que el cerebro puede conocer antes que el cuerpo. Creer que se puede aprender a nadar antes de meterse en el agua.

Esto que se ve sin alarma en la vida cotidiana, durante el desarrollo más o menos "normal" de las cosas, cobra carácter, a veces de tragedia, en las situaciones agudas, de extremo enfrentamiento y riesgos de vida. Tragedia sí, a veces tragedia, en el sentido ateniense del concepto. Tragedia es cuando los hechos se precipitan sin arreglo a las mentadas "condiciones objetivas" y se juega el destino del "factor subjetivo", entendiendo éste como la voluntad del individuo.

El caso de la acción del Che en Bolivia es paradigmático, sobretodo porque detrás de ese ejemplo nos movimos toda una generación. Porque la experiencia del guevarismo confirma la afirmación de Nietzsche en el sentido que los atenienses tenían un sentido de alegría de lo trágico. La mayoría de los que participamos recordamos aquellos tiempos como los años mas felices de nuestra vida a pesar de la derrota y las dolorosas pérdidas Visto desde hoy, con la distancia que da el tiempo y los acontecimientos posteriores, es casi indiscutible que el proyecto de iniciar "uno, dos, tres, muchos vietnams" no se correspondía con las mentadas condiciones objetivas. Dicho de otra manera, se podía prever la derrota. De hecho muchos la previeron y por eso no se comprometieron y hoy en día nos refriegan ese acierto preventivo como una hazaña del intelecto. Claro que prever la derrota es siempre mucho más fácil que prever la victoria.

Ocurre que quienes se vanaglorian de haber "acertado" con su crítica al foquismo de Guevara, olvidan y se desligan de toda responsabilidad en la vergüenza de la guerra de Vietnam. Olvidan el discurso del Che en Argelia donde condena a los países socialistas porque han abandonado a Vietnam a su suerte. Desde el punto de vista de la moral, entendiendo por esta, la conducta ordenada por La República de Platón, que el movimiento emancipatorio progresista adquirió acríticamente, aceptando ese "deber ser" moral; desde ese punto de vista, digo, la oposición al foco de Guevara era correcta, porque el foco significaba poner en peligro todo lo ganado por el progreso de las diversas revoluciones. Particularmente a partir de la rev. rusa incluyendo la rev. cubana. Repito, desde la visión moral…otra cosa será desde la ética. Porque lo que da un carácter trágico a los hechos, es que el foco de Guevara se correspondía a una respuesta ética aunque la razón indicara que la derrota sería inevitable. Y así fue, sobran todos lo traidores de esa gesta para explicar la derrota. Fue tragedia ateniense, que intuía la política como el arte de lo imposible porque para hombres como el Che, no existía otra posibilidad que la imposibilidad. La ética lo hacia concebir su destino unido a la comunidad, expresada en este caso en el crimen de Vietnam, perpetrado por los EE.UU, pero a la vez permitido por el resto del mundo ordenado, como dije antes, según el modelo de la república de Platón: esto es cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa. Por eso, esa misma ética implicaba que, de no actuar, asumía al menos parte, pequeña, claro, pero suficiente como para compartir la responsabilidad del crimen.

Dicho directamente: el foco de Guevara fue la respuesta ética a la guerra de Vietnam, recogida después por el Mayo Francés — "seamos realistas, pidamos lo imposible"— y la llamada nueva izquierda en el mundo. Esa ética es la que heredamos , y la diferencia actual pasa por los que la abandonaron y los que no la abandonamos aún a riesgo de no salir de la tragedia.

Volviendo al tema central del este trabajo, recordemos que, respecto a la derrota del Che, siempre se habló de "la traición de Monje" Pues, me tomo la licencia poética de hablar en subjuntivo con un toque de potencial , y digo, hoy no cabe dudas que aún si Monje hubiera cumplido con lo pactado brindando el apoyo total del Partido Comunista de Bolivia, la gesta del Che hubiera sido derrotada de todos modos, simplemente porque el capitalismo habría salido de sus crisis con una mayor capacidad creativa que el socialismo. Por otra parte hoy podemos confirmar que aquello que llamamos socialismo, fue como lo definiera el mismo Lenin, una forma de capitalismo de Estado.

Tratando de lograr una síntesis de lo que pretendo mostrar, repito, mostrar, no demostrar, digamos que al contrario de la versión conspirativa de la historia que le atribuye a ciertos individuos, genios, talentos, artistas o traidores, un grado inaudito de omnipotencia, los hechos indican que en tanto y cuanto acción real inmanente, los seres humanos no logran la conducción consciente de sus actos, la resultante de una empresa propuesta será por lo común inesperada, más aún una revolución. De allí la sabiduría del gran Víctor Hugo cuando afirmaba que toda revolución es una gigantesca improvisación. El talento de los protagonistas consiste en aprovechar toda la potencialidad de esa enorme improvisación.

Segunda parte

Los límites de la conciencia

Sobre la primera parte de este texto, una buena amiga que tuvo acceso al manuscrito me comentó lo siguiente

"el texto es excelente, entrador, polémico, me hace sentir que me llevarás a alguna parte ... y esa parte me genera una gran curiosidad ..."

Sencilla pero aguda crítica pues reveló la falta de completud del texto. Entonces yo me pregunto ¿qué falta? Me respondo: llegar a donde iba y entonces aparece la pregunta verdadera: ¿hacia dónde voy? En realidad voy al final para encontrar el origen. ¿Por que me interesa el origen si estoy ya cansado de escribir sobre el pasado? Pues porque quizás saber como fue el origen nos inspire para saber cómo hay que hacer hoy. Atención, dije "nos inspire" no estoy diciendo que vamos a encontrar la fórmula. Buscamos inspiración.

Porque hay que recordar que crecimos en la lucha social, en el sindicalismo y en la política con una creencia poderosa: el papel de la conciencia. Estábamos convencidos de que cuando el individuo es consciente, lucha, se defiende, ataca, busca soluciones, etc. Lo contrario de la conciencia es la inconciencia o, mas simple, la no conciencia. La tarea militante era entonces, de acuerdo a este credo, crear conciencia, porque las transformaciones sólo la pueden hacer las masas. La tarea del militante era muy parecida a la de un maestro. ¡Las veces que habremos bregado que todo militante es un maestro cuya misión era despertar conciencia! Los sacerdotes del tercer mundo, insufribles docentes, espantaron a la Real Academia de la Lengua con la verbalización del sustantivo conciencia transformado en el verbo "concientizar".

Pero a lo largo de los años ocurrieron dos fenómenos que nos hacen revisar estas ideas: uno: muchas personas adquirieron la conciencia y no asumieron el compromiso militante; dos: muchas personas se sumaron a la militancia con escasísima conciencia y la fueron adquiriendo en la lucha.

La segunda observación es: ¿tiene que ver la conciencia con la educación concretamente con la alfabetización? Su correlato ¿es más conciente un alfabetizado que un analfabeto? La respuesta en base a nuestra experiencia concreta es ambigua, puede ser tanto uno como otro, es decir hubo gente que se sumó en un acto de conciencia, digamos "bien pensado" y gente que se sumó en un arranque espontáneo y en la lucha adquirió la conciencia. Pero en este punto es necesario levantar el ángulo de análisis aunque sea como referencia: uno de los pueblos más analfabetos de Europa hizo la revolución rusa y uno de los pueblos más alfabetizados creó el nazismo.

Para abreviar este camino adelanto la siguiente observación, tanto la experiencia histórica como la observación militante muestran que la conciencia es condición necesaria pero insuficiente. Luego que no existe un concienzómetro y que la relación de la conciencia con la educación es relativa. Un sencillo razonamiento indica que adquirir conciencia debería ser más fácil a un alfabetizado porque puede utilizar los instrumentos de instrucción. Pero la misma experiencia indica que detrás hay un condición social que actúa en los individuos sin perjuicio de alfabetizados o no. A esto hay que agregarle el concepto marxista de clase, las categoría explotación y opresión, las que estipulan que el papel en la producción influye, condiciona, la conciencia, porque está determinada por el sujeto histórico.

Va de suyo que no pretendo ser original con estas inquietudes. No son nuevas, tan viejas como la militancia y el viejo Lenin tiene todo un tratado sobre la conciencia, a la que define como "el espejo subjetivo de la realidad". Además de los pensadores, la psicología se ocupa del asunto. En fin….pero lo que me motiva es que sobre el tema no se sabe lo que no se sabe: O mejor dicho la mayor ignorancia es creer que se sabe.

Por ejemplo: recuerdo en uno de los tantos actos electorales de los últimos tiempos, un viejo, viejo de edad digo, un intelectual del P.C. de alrededor de setenta años, soltó soltura y desparpajo una frase de manual leninista: que las elecciones servían para medir "el grado de conciencia de la clase obrera" Este caballero repetía una frase que en su juventud le había escuchado a Lenin, y en su larga trayectoria política en el Partido no se le ocurrió verificar la vigencia de semejante postulado. En ese momento la mayor parte de la clase obrera de Argentina votó e Menem. Recordemos cómo había sido antes: 1973 ganó Cámpora en nombre de Perón; fue un voto contra la dictadura de Lanuse; meses después ganó Isabelita con Perón moribundo, fue un voto contra Cámpora y la aventura montonera; en 1983 Alfonsín barrió; la clase obrera volvió a votar positivamente contra la dictadura. y luego votó a Menem, el hombre que desarmó el Estado de Bienestar. Después se votó a la insufrible clase media que tuvo la virtud de facilitar el argentinazo del 19 y 20 de diciembre. De esos hechos emergió la pareja real Kirchner, la caricatura de los Montoneros. Caramba que sufre altibajos la conciencia de la clase obrera argentina.

¿Sólo en Agentina? Ni hablar de lo que son los actos electorales en los países de tradición politizada como Italia, donde se alternan los gobiernos de izquierda y de derecha, por ejemplo. Ni hablar de ese nuevo invento llamado "voto castigo" sumun del orgasmo del Estado de Derecho.

Es evidente que las elecciones, al menos ahora, no sirven como concienzómetro.

Y también queda a la vista que la conciencia es condición necesaria pero insuficiente. Ello significa que hay un sentimiento ¿qué dije? ¿sentimiento? Pero la conciencia no es sentimiento, es pensamiento.

¡Pues ahí esta el rastro de lo que buscamos!.

Lo que impulsa a la acción no es un pensamiento sino un sentimiento.

Ese sentimiento se llama deseo. Entendiendo a este, como fue expuesto en la primera parte, no como una tentación, no como un sentido de poseer, de posesión, sino como el impulso del cuerpo que busca desarrollar toda la potencialidad. Y aquí me llega el comentario de mi amigo Miguel que me recuerda lo que escribe Leibniz "a veces podemos obtener o hacer lo que deseamos, pero nunca podemos desear lo que deseamos"; es decir, las personas no son el "motor" de sus deseos, la cosa pasa por asumir o no lo que nos constituye y atravieza como deseo.

¿Será muy místico decir que el origen del deseo es misterio?

El deseo es, en primer lugar, sed de creación.

Interesante; ahora me surge la siguiente reflexión: el deseo es corporal, no racional, la conciencia es cerebral, racional. El deseo es la voluntad, la decisión, la acción; la misión de la conciencia, en cambio, es determinar cómo será esa acción. ¿Será muy esquemático inferir que la conciencia, como bien racional se corresponde más con la moral (la que indica el "deber ser") y el deseo como impulso vital del cuerpo se corresponde con la ética? (Me temo que los expertos en filosofía me agarren a los cascotazos.)

Pero aun a ese riesgo saco la conclusión siguiente: la fuerza vital del deseo activa la conciencia y la depura de la moral y la impregna de ética.

Digamos al pasar que podemos resumir la ética diciendo que es la fidelidad al deseo.

Y la conclusión sobre la época actual: sobra conciencia y sobra moral (por algo se la pasan marchando y parodiando a los setentistas, sin ver por donde pasa el sujeto activo)

Insisto en las marchas porque es casi la a única actividad militante, o bien toda militancia está presente allí. Paradójicamente el Che marchó mucho más después de muerto que cuando estaba vivo. Poca gente sabe que el Che no fue el militante estudiantil clásico, casi no se le conoce actividad de ese tipo. Casi no se conoce petitorio estudiantil con la firma de Ernesto Guevara. Muchacho de bajo perfil, sin dudas.

¿Y nosotros? Pues claro, a veces marchábamos para solidarizarnos con determinado movimiento en lucha. Pero nunca hicimos una marcha para peticionar algo al gobierno. Nosotros no peticionábamos. Lo tomábamos, pués.

¿Será que las marchas actuales están muy influidas por el criterio televisivo que lo que no se ve no existe? Tengo para mi que las marchas actuales es la muestra de cómo la izquierda ha sido captada por el criterio que la política es espectáculo. De allí la importancia mayor a la fanfarria—carteles, gorritos, uniformes, banderitas, etc— que a la acción de una marcha.

Sea como fuere el abuso del marcheo indica que es una forma central de hacer política. Y en la marcha se verifica lo dispuesto en la republica de Platón, cada cosa en su lugar, nadie puede salirse del cuadro; el "sistema" parece haber incorporado el marcheo como manera de control social, sobre todo como manera de sostener la iniciativa. Salirse de la marcha sería como salirse del sistema. Cuando digo salirse de la marcha, quiero decir, inventar otra cosa.

La marcha es, entonces, la expresión mayor de conciencia de la izquierda actual, por lo tanto su expresión moral. Y desgraciadamente refleja plenamente su pobreza espiritual.

Pero, por otra parte no se puede llevar adelante acciones políticas transformadoras si no se intenta al menos capturar la iniciativa. Iniciativa para romper lo dispuesto en la república de Platón, para romper la iniciativa del Poder. No puede haber creatividad sin iniciativa y viceversa, no puede haber iniciativa sin creatividad. Claro para asumir iniciativa y creatividad, además se necesita una gran cuota de coraje. El riesgo es que esa iniciativa se transforme en sentido ateniense de la Tragedia. Vimos como eso ocurrió con la formidable iniciativa de los revolucionarios en la guerra de Vietnam.

Para blanquear la metáforas lo diré claro: Iniciativa es rebeldía, y el Poder no perdona la rebeldía, la falta de coraje es no atreverse a la rebelión.

Rebelión en serio muchachos, no rebeldes folclóricos tipo Castells

¿Qué falta entonces para cobrar iniciativa?

Dicho de otra manera ¿Por qué la izquierda no sale del pozo?

Pues está claro, se puede oler en el aire: falta deseo, por eso se aprecian griteríos, y consignas racionales, trajes vistosos, intentos de murgas, pero muy poca pasión.

Sobra conciencia, sobre todo conciencia de que el deseo nos haga caer en otra Tragedia. Conciencia del riesgo de pagar caro la rebeldía, contra la democracia representativa por la democracia plena.

Dicho de otra manera: sobra miedo, miedo a la Tragedia.

Porque en el fondo, creemos en el Estado de Derecho y no hemos aprendido de los griegos a jugar con los Dioses, es decir a disfrutar la Tragedia. Claro, en tiempos de los atenienses no existía el Estado de Derecho, este es un invento de la burguesía europea para regular la democracia que inventaron los atenienses.

Curioso, los guevaristas tampoco creímos en el Estado de Derecho y sí en la democracia, pero no como sustantivo sino como verbo; no como institución de representantes sino como práctica presente.

Por eso sobra la conciencia y la moral. Por eso las marchas son tan ordenadas, tan al estilo de la República de Platón o sea, repito, paradigma del Estado de Derecho, transformador de la democracia en "representativa".

Falta acción y la acción no surge de la representación ni de la conciencia, surge del deseo presente, no re-presentado.

Fuente: La Fogata, 13/02/09
 


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Esos curiosos sujetos autollamados "Trabajadores de la cultura"

Se ha hablado con ironía de los golpes que recibió la autoestima humana cuando se descubrió, por ejemplo, que La Tierra no era el centro del Universo y dejaba tambaleando esa modesta idea que la coronaba como "el rey de la creación". Pero quizás mayores fueron los golpes para el iluminismo burgués, creador del humanismo expresado en "todo lo humano burgués y todo lo burgués humano", con la posterior aparición del nazismo, luego Hiroshima o el actual estado teocrático norteamericano. Y, para ser francos, hay que decir que también la vida dio lo suyo al socialismo científico, cuando la China actual nos muestra que son los mejores constructores de capitalismo: ni siquiera hay sindicatos que molesten condicionando la explotación obrera.
Así, entramos en el siglo XXI mascullando a fondo las paradojas del siglo XX, aquel que el 1° de enero de 1900, Rosa Luxemburgo saludó con la copa en alto al siglo del socialismo. Hemos compartido y seguido durante décadas esas convicciones, a punto tal que esos sueños eran el sostén de nuestra vida real. En ese sentido no importa tanto el resultado como lo vivido, las relaciones humanas, la energía vital desplegada, la felicidad de crear una vida distinta. Porque los protagonistas pusimos el cuerpo en eso, supimos estar en el sitio justo en el momento justo. Por eso fuimos "vanguardia", hacedores, nunca llegamos tarde, y por eso precisamente, sobre todo porque nunca llegamos tarde, porque nunca "atrasamos", porque no declamábamos "seremos como el Che" sino que éramos como el Che, hoy podemos mirar las cosas con profunda autocrítica, no para arrepentirnos, sino para curar las heridas y repensar el camino, no atrasar ni llegar tarde a la próxima cita con la vida y los nuevos sueños.
Y, sí, si de autocrítica se trata, empecemos por reconocer que nosotros habíamos adquirido en gran parte el optimismo de la burguesía, nuestro discurso hegeliano trascendente fue hijo de ese optimismo. Pero a la vez nuestra práctica estaba impregnada de inmanencia. Por eso nuestro bisturí es más agudo. En nosotros la autocrítica no tiene nada que ver con el confesionario, ni con su forma racional: la sesión de psicoanálisis. En nosotros la autocrítica esta signada por el espíritu de Spinoza, al que rescatamos de ese injusto olvido del hombre que nos legó la diferencia entre la moral y la ética. No hablamos del pecado, ni juzgamos la los demás con criterios morales por sus "malas conductas", sino que desde la ética denunciamos las ilusiones o fantasías promovidas por el poder a las que suelen o solemos someternos.
Eso es lo importante, eso es lo ético: detectar cuándo nuestras conductas pertenecen al orden dominante y cuándo nos pertenecen como libertarios y los errores a corregir son producto del aprendizaje del cuerpo. En el segundo caso, podemos afirmar entonces que erramos porque hacemos, y en el contexto de rebeldía, de creatividad; en el primero, erramos con el agravante de la copia, o peor aún, la obediencia debida, porque el poder nos capturó el alma.
Y es a propósito de tal criterio ético, que aquí me propongo plantear una concepción errónea que no se originó en la experiencia del hacer de la rebeldía, sino en el traslado de ideas del sistema dominante.
Por eso mismo es curiosamente hiper narcisista y quizás se deba a eso que en sus practicantes no se vislumbra el mínimo atisbo de autocrítica. Ni siquiera de autoironía. El mundo socialista se ha venido abajo y ellos parecen no haber tenido nada que ver.
Me refiero a ese disparate llamado "trabajadores de la cultura"
Disparate, sí señor, porque la primera pregunta que surge de semejante absurdo enunciado es: se supone que los trabajadores de la cultura se caracterizan, diferencian, identifican, con "hacer" cultura…¿Qué hacen entonces el resto de los trabajadores? ¿Qué digo? ¿El resto de la humanidad?
¿O sea que la cultura se "hace"?¿se fabrica?.. bah, claro que "se" elabora , siendo esta impersonal voz verbal "se", sinónimo elocuente de anonimato. No, señores!!! La cultura no puede reclamar derecho de autor, de paternidad, de exclusividad, de racional sistematización en escuelas, clubes, cursos, academias, porque es un producto de todos. Ah, y de paso recordemos que una de sus particularidades es , je, perdón por la palabra y por la licencia poética:"autodidacta".
La idea de que hay "trabajadores de la cultura", fue un contrabando ideológico introducido en el marxismo formal, a partir de las primeras capturas de gobiernos, particularmente a partir de la revolución rusa, que se extendió luego a todas las variantes del populismo, incluido el peronismo. No es un chiste decir que fue la manera de resolver el destino ocupacional de una masa de asalariados y trabajadores autónomos no manuales, inclasificables en los esquemas stalinistas (docentes, artistas profesionales, deportistas de oficio, administradores de museos y galerías, directores de escuelas de arte, en fin, una larga lista de revolucionarios llamados "pequeño burgueses" porque no eran ni obreros manuales ni campesinos…claro tampoco burgueses)
Con la idea stalinista de proletarización, los propios sujetos que se ocupaban de esos menesteres se auto definieron "proletarios de la cultura" y en los flamantes Estados revolucionarios, URSS, China, Corea, Cuba, etc. pasaron a ser "asalariados". Constatemos que el título se lo autoadjudicaron, no es responsabilidad de los "políticos". La pereza mental, la simple ignorancia o mediocridad de los cuadros componentes de los Comités Centrales de los partidos en los flamantes gobiernos les hizo adoptar esa autodefinición de los técnicos nombrados.
Por lo demás siempre existieron los trabajadores de la educación, trabajadores del arte ( no me refiero a los autores de obras, sino los ayudantes pagados para eso) en fin diversas ocupaciones no-proletarias signadas por el salario, por lo tanto trabajadores en el sentido clasista, ocupacional del término.
Todo ello es parte de la cultura sin dudas, pero no es la cultura
Y aquí empieza el problema, mi provocación. Porque las profesiones nombradas no sólo no son toda la cultura ni mucho menos, sino que son, en primer lugar, una de las expresiones mas nítidas de la civilización. Y la civilización puede y suele complementarse con la cultura, pero no sólo no es la cultura, sino que con harta frecuencia destruye la cultura. Por ejemplo cuando la civilización es el "progreso", ya hemos escuchado la opinión del tango (expresión paradigmática de una cultura) sobre "la piqueta del progreso". Claro que sobre los méritos del "progreso" civilizatorio es cuestión de opinión. Todos hemos escuchado a ese "alfabetizado" frecuentemente sobretitulado, cascote papanatas, en la puerta de su comercio, o conduciendo el taxi, afirmar con certeza y papas en la boca: "es un problema cultural" despotricando contra quienes mantienen pautas diferentes de vida: campesinos, negros de la villa, gitanos, coreanos, etc.
¿Qué es la cultura entonces?
Desde luego no pretendo crear una definición sobre esta cuestión que se viene discutiendo por los menos desde los presocráticos en adelante. De las muchas definiciones adopto la que Ezequiel Martínez Estrada recoge en una recorrida desde la paideia de Sócrates, Platón pasando por Pitágoras hasta detenerse en la escolástica de Aristóteles y tomar nuevo impulso con Spinoza:
"La cultura es la forma de vivir de una sociedad"
Si aceptamos que cultura es la forma de vivir de una sociedad, ello implica una base natural y nos lleva a preguntarnos como se trasiegan los saberes técnicos (que son los que tienen esos "trabajadores de la cultura") por los saberes naturales. ¿No resulta algo así como enseñarle a una planta como ha de crecer?
Lo que parecen olvidar estos novedosos trabajadores de la cultura es que ellos expresan el pensamiento sistematizado de los gabinetes que se propone elaborar el alma de un pueblo a su imagen y semejanza, es decir acorde a las necesidades del poder. Para ello se vale de vínculos inapropiados como ser la "traducción" de los símbolos al idioma racional, y la vulgarización de lo llamado popular tomando obligatoriamente lo pintoresco y accesorio de las ricas y poderosas culturas.
Se plantea así una formidable dicotonomía: o la cultura del aula que portan estos profesionales o la cultura del ágora que emana de la profundidad de la sociedad.
La cultura es universal en el ser humano pero su expresión es particular; a su vez es estable y dinámica al mismo tiempo y por otra parte llena y determina nuestras vidas pero no se entromete en el pensamiento
Finalmente, el Estado como institución de las instituciones, como "la encarnación de la idea moral", como lo llamaba Hegel, es una de las expresiones de la civilización. El Estado de Derecho, la democracia representativa, en las diversas formas de parlamentarismo, es la consagración del aula (no olvidemos que la mayoría de los políticos son universitarios, cuestión ésta que sólo demuestra que la Universidad no elimina las orejas, sólo las disimula) ¡Dios salve a la cultura de la mano del Estado! Sea este en su aparato administrativo, represivo o educativo. La historia muestra y hasta parece demostrar que una civilización puede sobrevivir a un pueblo, en cambio la cultura desaparece con los pueblos o los individuos.
La cultura se refugia en el ágora porque allí no hay aulas de representativos académicos para la trascendencia, sino simplemente presentes dispuestos a la inmanencia.
¿Se habrá refugiado también allí la política libertaria que hemos perdido?

Fuente: La Fogata, 02/02/09


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El estado de derecho como fetiche

Es curioso cómo este párrafo de (K.Marx “Crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel”) me ha despertado la imaginación con respecto a la realidad actual remanente de la lucha de los setentas.
| “Lutero ha vencido la servidumbre fundada en la devoción porque ha colocado en su puesto la servidumbre fundada sobre la convicción. Ha inflingido la fe en la autoridad porque ha restaurado la autoridad de la fe. Ha transformado los cléricos en laicos, porque ha convertido los laicos en cléricos. Ha liberado al hombre de la religiosidad externa porque ha recluido la religiosidad en la intimidad del hombre. Ha emancipado el cuerpo de las cadenas porque ha encadenado el sentimiento”
Para lograr parafrasear estas afirmaciones intentaremos poner en discusión la acción “política” actual de un buen número de sobrevivientes y herederos de la lucha de los setentas, quienes a treinta años de sistema institucional, parecen haber descubierto el Estado de Derecho y comprarlo en paquete. El instrumento más utilizado es el uso acrítico del concepto de Derecho y su adjetivo: Humanos.
Los mismos sobrevivientes parecen olvidar, pues se supone que alguna vez lo supieron, que la rebeldía de los años sesenta y el pase a la acción directa en los setentas, fue fundamentalmente contra el Estado y el Derecho. Al menos para aquellos que veníamos de alguna corriente de tradición marxista. Los descendientes, por su parte, directamente no lo saben y esto no tiene justificación. Porque a diferencia de las actuales generaciones, la nuestra la de los sesenta y los setentas, ahondamos en serio en la historia que nos precedió y en la historia de la rebeldía, al menos desde Spartacus en adelante. Investigaciones que llevábamos a cabo y discutíamos en base a ricos materiales escritos que proporcionaban gente muy seria. Cierto que no faltaba algún delirante como Abelardo Ramos, o un populachero como Jaureche que criticaba a Cortázar por vivir en Paris, pero aún él era más serio que estos impostores actuales, que la industria editorial los vende haciéndonos creer, que por haber sido testigos de la época, tienen derecho al monopolio de contar la historia a su gusto.
Por otro lado también es cierto que nosotros no salíamos a realizar ordenadas marchitas con la remera del Che o la foto de Rodolfo Walsh, Luis Franco, Silvio Frondizi, J.W.Cooke y tantos otros….no, cuando realizábamos una marcha no tenia nada de deportiva, en cambio cotidianamente llevábamos sus libros o asistíamos a sus charlas en las que volcaban sus propuestas de acción para cambiar el mundo.
Todo ello hizo que fuera casi elemental en la militancia saber que el Estado es un instrumento de dominación, que el Derecho tiene su razón de ser en la propiedad y en el mantenimiento del orden establecido. O sea el Derecho es burgués por definición. Ah y de paso, recordarle a más de una vieja compañera despistada, que sobretodo el derecho laboral es capitalista por excelencia. El derecho laboral, como el sindicalismo, existe porque existe el capitalismo.
Además cualquier militante medianamente formado estaba al tanto de las controversias de época. Por supuesto que la polémica del Che sobre la no vigencia de la Ley del Valor en el socialismo. Pero también preguntas como “¿Existirá el Derecho, la economía política, la religión, la familia, la monogamia, la división del trabajo en la “etapa superior” del socialismo?” Todos estos temas están en los textos clásicos. Fue Marx quien afirmó que a partir del triunfo político de la burguesía todo lo humano pasó a ser burgués y todo lo burgués a ser humano. Es fácil colegir entonces, queridos amigos sobrevivientes olvidadizos y queridos descendientes fiacas para estudiar, que los derechos humanos son un concepto burgués por excelencia, a pesar de sus raíces en el derecho natural.
A propósito dice certeramente Raúl Cerdeiras: “Llevan hasta el final la ideología de los derechos humanos porque (lo sepan o no) esa es una ideología acorde con el capitalismo contemporáneo que pone en el centro al Hombre interpretado desde dos variantes reaccionarias: la de víctima y la de un ser puramente biológico.”(…)”‘Si bajo su manto hoy se intentan cobijar posiciones «progresistas», llenas de
«buenas intenciones», no es sino una mueca siniestra del destino que producirá -por encima de la buena conciencia de sus sostenedores- el reforzamiento de todo aquello que supuestamente se quiere impedir?".
Es pertinente recordar que tras el fin de la Guerra Fría, la idea “Derechos Humanos” ha sido utilizada como justificación por parte de los poderes militares y económicos –singularmente por parte de Estados Unidos– para tomar el control de otros países, mediante una “intervención humanitaria”. Con fundamentos arbitrarios, en cualquier caso se deslizan habitualmente por un terreno en que, lejos de disminuir aumentan las víctimas. Y como en todas partes se cuecen habas, no sólo en Argentina, esta “ideología de intervención” ha sido compartida ampliamente por la izquierda, ciega ante el hecho de que los nuevos modos del imperialismo hoy se enmascaran bajo la defensa de los Derechos Humanos.
Claro, elemental, frente a la arbitrariedad, defendemos el Derecho, por burgués que sea, de la misma manera que frente al absolutismo defendemos la democracia. Solo que, para los revolucionarios, Derechos Humanos y Democracia Representativa nunca fueron el fin de la lucha, apenas si un medio más, cuya importancia depende siempre de las situaciones concretas.
Por eso es que frente al estupor que me causa la aceptación de la doctrina dominante del Derecho, la comprobación de que esta asimilación de la ideología del poder es más eficaz que las cadenas o las cárceles, es que se me ocurre que se podría parafrasear el párrafo de Marx sobre los logros de Lutero poniendo en lugar del clérico Lutero al Dr X, un imaginario eminente jurista que impregnó la mentalidad actual. Quedaría más o menos así:
El Dr X ha vencido a la servidumbre (injusticia) fundada en la arbitrariedad porque ha colocado en su puesto la servidumbre (injusticia) fundada sobre el DERECHO. Ha inflingido la autoridad de los jueces porque ha restaurado la autoridad del DERECHO. Ha transformado los abogados en ciudadanos, porque ha convertido a los ciudadanos en abogados. Ha liberado a los humanos de la dictadura de la ley porque ha internalizado el DERECHO en el alma. Ha emancipado el cuerpo de las cadenas porque ha encadenado el sentimiento.
O sea, la lucha de los setentas, la retirada de la dictadura, el fin del Terrorismo de Estado, ha devenido en el pleno Estado de Derecho, sólo falta que los militares acusados de genocidio, filicidio, crímenes de lesa humanidad, y todos los etc, sean condenados para el triunfo definitivo de los Derechos Humanos. Esto se logrará con el gobierno actual. Ya no importarán los agronegocios, los riesgos de monocultivo, el tren bala, la catástrofe educativa, la desnutrición, uf….la larga lista…de calamidades, porque en el reinado de los derechos humanos, lo humano volverá a ser burgués y lo burgués recuperará su carácter de humano.
Sólo nos restará enterrar a los desaparecidos

Fuente: La Fogata, enero 2009


El socialismo del siglo XXI. ¿Fin del socialismo trucho?

Nunca escuchamos a los franceses, por ejemplo, hablar del socialismo roberspierriano, ni a los ingleses de socialismo cromwelleriano, o a los italianos de socialismo mazziniano, figuras claves en la afirmación de esos estados nacionales. Eso debe ser porque los europeos saben que el Estado Nacional, es una institución propia del capitalismo. Ah! y de paso recordemos que el nacionalismo –y su antípoda el socialismo- son inventos europeos.

Por eso resulta, al menos curioso, escuchar hablar de “revolución bolivariana” unido a la idea de “socialismo del siglo XXI”. ¿Quiere decir socialismo bolivariano? ¿Miranda, Washington, Bolivar, San Martín, Francia, Artigas, O’Higgins, etc no fueron europeos nacidos en América constructores de Estados Nacionales?

Lo que resulta más curioso es que el único de los destacados de América al que se le puso su nombre a un país, Bolivar, no se aplicó a su tierra natal, Venezuela, sino a fabricación de un Estado Nacional en una de las regiones de mayor cultura aborigen: Bolivia

Lo peor es que ni siquiera resulta novedoso, sino más bien preocupante. Porque el socialismo se empezó a corromper con la aplicación de adjetivos. La primera “traición” fue aditarle “nacional”, digo “traición” no como insulto, sino porque el socialismo es internacional por definición, porque sus fundadores pensaron, con justa razón, que el socialismo sólo seria posible eliminando las fronteras nacionales. Encerrado en esa fronteras absorbido por el capitalismo. Marx concibió posible el despliegue pleno del socialismo sólo cuando el capitalismo haya agotado su capacidad de desarrollo.

Por ende todos los partidos socialistas de la época eran internacionales. Las organizaciones obreras de Europa todas eran internacionalistas hasta 1914. Esto es perfectamente conocido. Lo que no es un hecho demasiado divulgado es que los EE.UU consideraron a Alemania como el único rival capaz de disputarles el liderazgo mundial y que la forma de detenerla sólo podía ser militar. Precisamente el enfrentamiento militar contra Alemania sería un formidable potencial movilizador de energías sociales, incluido el nacionalismo, para montar su industria ligada a lo bélico y la base de su poderío y de su transformación en imperialismo. En cambio nos han enseñado hasta el cansancio que el Kaiser germano no era nene de pecho representando, al romanticismo de las “germanias medioevales”, sino a uno de los capitalismos más pujantes y competitivos, cuando le trabaron el acceso a colonias, creó el primer ejército permanente moderno y lanzó la elocuente frase “Tiene la palabra el camarada máuser”. Y estalló la llamada primera guerra mundial en 1914; definida por Lenín y Rosa Luxemburgo como una guerra entre imperialistas, por lo tanto llamaron a los obreros de los países en conflicto a no ir al frente y transformar la guerra en revolución socialista.

Pero los partidos socialistas, emborrachados de chovinismo y se aliaron cada uno a su burguesía en “defensa de la patria”. Había que aplastar al malo de la película, el “imperio” Alemán. Los partidos socialistas herederos de lo mejor de la cultura occidental, compraron el tramposo discurso yanqui, quienes se presentaban ante el mundo así mismos como lo “nacional democrático”, frente al “imperio nacionalista”. A partir de allí, oh paradoja, para uso de la plebe, incluidos nosotros, digo, los argentinos que sufríamos el yugo económico inglés y el resto de América, Alemania, la cultura que había fundado el comunismo pasó a ser sinónimo del único nacionalismo imperial, el único “malo” del mundo. Franceses, ingleses y estadounidenses dejaron de ser imperialistas. Para no enredarnos en tiempos, recordemos que todo esto se sucedía muchísimo antes del surgimiento de Hitler y el nazismo. Además no siempre se tiene en cuenta que el Estado “totalitario” de Bismark fue mucho más social que el estado “democrático” de los EE.UU.

Así, bajo la consigna “por un mundo mejor” los socialistas franceses e ingleses, bajo del mando de los capitalistas ingleses, francesas y rusos, luego estadounidenses, se lanzaron a la carnicería contra los socialistas alemanes que defendían, con igual saña chovinista, la necesidad de la expansión del flamante capitalismo alemán. La gran paradoja, la clase obrera más consciente, politizada y organizada del mundo, cada una dando la sangre por sus patrones.

Pero en medio de carnicería Lenín y los bolcheviques lograron el propósito de transformar la guerra en revolución. Estalló la revolución rusa, cuyo primer decreto fue firmar la paz con Alemania y puso toda la esperanza de su futuro en el triunfo de la inminente revolución alemana, que abriría el periodo de las revoluciones socialistas en el mundo. Los bolcheviques estaban convencidos de ello, convencidos que el socialismo sólo sería posible en el ámbito internacional.

Alemania vencida por los aliados era ahora realmente peligrosa porque de esa derrota podría surgir la revolución. Y surgió nomás, pero fue aplastada, paradójicamente por la alianza del socialismo alemán con su burguesía. Rosa Luxemburgo asesinada y el flamante partido comunista alemán (la natural alternativa a la traición socialista) destrozado

En tanto la Unión Soviética, era hostigada por los ejércitos aliados apoyando a las fuerzas contrarrevolucionarias. Finalmente, gracias a la descomunal energía de los rusos liderados por Lenin y Trotsky, aplastaron la resistencia interna. Sin embargo la Unión Soviética quedó agotada, acorralada por el mundo capitalista, después de la derrota de la revolución alemana que significó la derrota de la revolución mundial.

Es entonces Lenín, desde el gobierno revolucionario se vio obligado a tomar una serie de medidas antisocialistas llamada NEP (nueva política económica) y afirmó que el socialismo no puede ser posible sin el triunfo de la revolución mundial; por lo tanto la Unión soviética quedó estancada en un —según sus textuales palabras– Capitalismo de Estado (Obras completas T33 pag,47)

Mientras Lenín enfrentaba la realidad con esa honestidad que le atravesó la vida, que le hacia llamar a las cosas por su nombre y él admitía que el sueño del socialismo se había detenido en un Capitalismo de Estado, acumulando fuerzas a la espera de la revolución mundial en un futuro impreciso, el resto de los socialistas del mundo empezaron a tomar distancia de la experiencia rusa y adjetivar, dando paso a los inventos del siglo veinte a saber: ingleses, franceses y escandinavos, inventaron la llamada “democracia social”; italianos y alemanes destaparon el “socialismo nacional” y , pocos años después, –muerto Lenín, exiliado Trotsky–, Stalin inventó el “socialismo en un sólo país”, supuestamente basado en otro invento suyo, el “marxismo leninismo” y que adquirió el nombre de “soviético” dirigido por el partido comunista.
Así fue como el mundo conoció tres modelos de socialismos de los cuales se desprenden numerosos submodelos.(entre otros el Israelí en los Kibuts, el yugoslavo, los socialismos teocráticos como el de Corea, la vía chilena al socialismo, la vía cubana, etc) La mayoría de ellas legitimas experiencias que han dado lo suyo a la cultura socialista, pero ninguna está autorizada a considerarse universal.

Se podrá decir que es incorrecto incluir al nazismo y al fascismo como uno de los tres antecedentes, ya que la Alemania de Hitler era capitalista. Pero aquí no estamos hablando, al menos todavía, de calidad, y a esta altura de los hechos podemos constatar que la Unión Soviética no superó la categoría de Capitalismo de Estado y los países gobernados por la socialdemocracia Escandinavia, Francia, o recientemente España, etc., son claramente capitalistas Por otro lado Mussolini fue miembro del partido socialista y se decía discípulo de Lenín. Asimismo los textos de Hitler, donde habla del socialismo “nacional” como una creación de las tribus germánicas y lo diferencia del socialismo internacional, más allá de sus exabruptos antisemitas, y más allá de su vocación de dominación y sus perversidades, no son diferentes a los de otros socialismos nacionales que hemos conocido sobre todo en América. Aquí se habló del socialismo de los Incas o de los Mayas, por ejemplo. El terrorismo, el racismo, el genocidio y el antisemitismo criminal del nazismo, el grosero y humillante populismo del fascismo, fueron modos aberrantes de conducir proyectos que se llamaron a sí mismo socialistas, y que de hecho tenían en su seno políticas mucho más sociales que los países cultores del liberalismo.

Bien, independientemente que nos queden simpatías, nostalgias, odios o espanto, por estos regímenes que se llamaron socialistas, lo sólido, lo que sirve para llamarnos la atención y prevenirnos, es que un siglo de historia ha demostrado que no es posible el socialismo en un solo país. Lo que demostró este siglo es que las formas nacionales del socialismo fueron formas de acumulación capitalista, independientemente si unos fueron sistemas más justos y otros terriblemente represivos.
Todo fue capitalismo porque el capitalismo se define, no por el sistema de administración política, sino por la estructura productiva..

La razón de ser, la esencia, la fuerza, la potencia y la creatividad del capitalismo es la ley del valor y sus “aledaños” el salario. Hasta ahora ninguna revolución pudo con ellos, a pesar de que el Che, cuya honestidad intelectual empardaba a Lenín, advirtió en forma precoz sobre el tema, polemizando con los soviéticos. La actual China es el ejemplo rotundo del triunfo de la ley del valor.

Mientras los sistemas productivos no tiendan a eliminar la ley del valor y el salario tendremos capitalismo.

Y, desde luego, estas consideraciones no significan negar el enorme mérito de quienes desarrollaron ensayos sociales y gobiernos más justos que otros, como lo es Cuba, como lo fue Allende en Chile, lo fue Perón, o intenta ser Chávez. Sólo que es menester recordar que si no aprendemos a llamar las cosas por su nombre, las consecuencias suelen ser irreparables.

Sin dudas que Chávez es un fenómeno político muy interesante y significa una fisura en la cadena imperialista.

Venezuela tiene todo el derecho del mundo a elegir la forma de vivir que desee. Pero, al menos los que estamos afuera, al menos los que pertenecemos a otras experiencias, tenemos que poner especial atención a la relación del discurso de Chávez con lo hechos. En particular los argentinos que conocemos muy bien las ventajas y limitaciones del socialismo nacional. Recordemos que Perón, en nueve años, de 1946 a 1955, el mismo lapso que Chávez, en lo social hizo mucho más de lo que habló. Y eso que Perón fue un orador excepcional, solo empardado por Fidel Castro.

Hoy no existe socialismo alguno. Sigue siendo un sueño de emancipación humana. Lo que queda claro es que, como “sistema”, el único sistema mundial posible es el capitalismo. Digo, como una unidad centralizada. Porque queda claro también que toda centralización tienen sus ventajas, pero acarrea, subordinación, dependencia y ahoga la libertad. El socialismo sólo podrá ser posible no sólo como “antisistema” sino como “asistema”, como “no-sistema”. El socialismo no será la resultante de la homogeneidad, sino su contrario, la combinación de la multiplicidad. Dicho más claro y esquemático: el socialismo no será federación de naciones, ni una única nación mundial, el socialismo será algo así como las no-naciones, no -estado... como la multiplicación de millares de grupos humanos diversos, colectivos, no homogéneos, asumiendo que el otro es mi otro yo diferente.

Esto ya está ocurriendo en muchísimos puntos del mundo incluida Argentina, esto lo podremos ver si bajamos la mirada de las alturas, de los grandes Luna Park de la política y la deslizamos debajo de la superficie, si superamos los prejuicios acumulados en el siglo veinte por las llamadas “ciencias sociales”, que no nos dicen como son las cosas sino como deberían ser. Si tomamos aquellos estimulantes hechos que, en mi caso, hemos participado, como eso, como experiencia existencial y nos borramos de la cabeza la pretensión de verdades universales “objetivas” dictadas por la protección paternal de la trascendencia, para adoptar aquellas signadas por la ontología asumida, como acción inmanente que surge de la conciencia de intemperie.

Pero no podemos imaginar mucho más, porque nuestra experiencia alcanza plenamente para ver cómo no será, pero es insuficiente para saber cómo será. Y esa, que puede ser tomada como una preocupante incertidumbre, es precisamente el factor más estimulante, porque como no sabemos cómo será, tendremos que crearlo. Allí la imaginación será dueña y señora.

Fuente: La Fogata, diciembre 2008


Sobre historia, memoria y otras yerbas

No creo recordar en mi, ya larga vida política, un momento como éste en que las palabras historia y memoria hayan sido más repetidas, casi manoseadas y a la vez tanto un significado como otro, más ignorado, o al menos tergiversado.

Por ahí oí que uno de los grandes poetas argentinos, Gelman creo, propone un Congreso de la Memoria o algo por el estilo. Otras noticias hablan de una lectura jurídica de la memoria o de la historia. Algo de eso hace ese Señor Juez español, a quien no se le puede quitar ninguno de sus méritos cuando juzgó a Pinochet, pero que ahora quiere hacer un juicio al Golpe de Estado de Franco que desencadenó la Guerra Civil Española.

Cabe preguntarse si los "juicios" de la historia pueden ser jurídicos, valga la redundancia. También se podría afirmar que la historia es "eterna" por así decir, ya que no conocemos su comienzo y menos aún cómo fue; en cambio el Derecho, al menos ese que conocemos, tuvo un inicio y, según la creencia que compartimos los comunistas hormonales, desaparecerá cuando se extinga la propiedad privada y el Estado.

Tampoco parece adecuado juzgar a la historia con el Código Penal vigente. En este sentido es posible observar que Nuremberg, más allá de sus tremendas limitaciones, a diferencia de lo ocurrido en España, Argentina, Chile y otros países, podría decirse que juzgó y legisló al mismo tiempo. O sea los miembros del tribunal fueron jueces y parte. Una aberración jurídica desde el punto de vista del Derecho. Pero claro, el tribunal se encontró ante un hecho en apariencia inédito. A diferencia de los crímenes coloniales realizados por holandeses, ingleses, franceses españoles, portugueses, italianos, en Africa, Asia o América, contra pueblos no europeos considerados incivilizados, bárbaros o salvajes, la bota nazi se había atrevido a intentar aplastar a la civilizada raza blanca europea. Esa fue la peculiaridad de Nuremberg, juzgó a la raza blanca alemana por crímenes de guerra desde ángulos que excedieron lo experimentado jurídicamente hasta ese momento, por ejemplo, tratar el racismo como crimen. Y, en efecto, el racismo sólo fue considerado crimen cuando se volvió contra los blancos. Por eso la limitación principal de Nuremberg fue que juzgó sólo a alemanes y algún aliado de los nazis. El resto de los racistas europeos quedaron impunes. Al menos semejante tribunal debería haber sentado lo que se llama jurisprudencia, pero no fue así, porque que yo sepa, no ocurrió lo mismo con los posteriores crímenes franceses en Argelia o los crímenes estadounidenses en Hiroshima, Nagasaki , Vietnam o Irán, sin olvidar los crímenes soviéticos en Polonia y otros.

Convengamos entonces que es ridículo pretender revisar los procesos históricos y políticos con el Código Penal de cada país. Si así lo hiciéramos nos llevaríamos más de una sorpresa. Baste recordar que al libertario judío Jesús, lo juzgó la "burguesía nacional" judía, con su propio código, por subversivo y el Imperio sólo se "lavó las manos". Es posible razonar entonces que Jesús sintió que para derrotar al imperio Romano había que empezar por subvertir su propio pueblo. Así el cristianismo es el resultado de una formidable subversión del judaísmo. Ya veremos como esta parábola se repite en forma microscópica, claro, en la Argentina de los setenta.

Para ello conviene, dejar de lado el Derecho y hablar de historia y de memoria porque esa palabra está de moda. Tengo para mí que a los argentinos nos pasa algo extraño con ese asunto de la memoria. Porque comprendo y apruebo la importancia de la memoria del genocidio judío, perpetrado por los nazis, ya condenados por suerte mucho más allá del Derecho Penal. El pueblo judío ha conservado la memoria de su victimización como pueblo, como etnia, como cultura, como lengua, religión. Hicieras lo que hicieras o no hicieras, desde recién nacido hasta anciano, serías víctima porque eras judío. Ese extremo irracionalismo es con toda precisión genocidio, porque el "crimen penado" es pertenecer a un pueblo.

Pero en la Argentina no fue así.

En la Argentina no eras víctima porque fueras argentino, católico, judío o musulmán. Ni siquiera eras demasiado víctima por ser "comunista". Recuérdese que el Partido Comunista no fue ilegalizado durante la dictadura. Sus dirigentes no fueron detenidos ni exiliados. Los militantes del partido comunista desaparecidos son muy pocos y en todos los casos porque eran muy activos en la lucha social o porque se solidarizaron con revolucionarios.

Por eso es que, en nuestro caso, la palabra genocidio sólo puede ser usada como metáfora, en el sentido de perseguir a un grupo humano por sus "creencias"; y tiene más connotación histórica, referente al exterminio de los aborígenes que a la lucha de los setentas.

Ni siquiera fuimos víctimas de un enemigo externo. Recuerdo que ese gran compañero de mis tiempos de Praxis, abogado, Aldo Comoto me comentó un día: "En Argentina la burguesía es una clase que asesina a sus propios hijos". Elocuente como siempre Aldo, en esa oportunidad dijo algo fuerte. Parecería más apropiado hablar entonces de filicidio.

También es posible observar que la clase ilustrada de nuestro país, tan apresurada para recoger palabras difíciles, sobre todo tan proclive al signo lingüístico anglo sajón, no adoptó esta precisa palabra heredada del latín, "filicidio" que se corresponde sin duda mucho más que las otras injertadas de los discursos en el ámbito internacional. En Argentina hubo, si señores, un filicidio. Además el filicidio y el parricidio simbólico es corriente en este país. Baste con leer la novela de Sigal, "El día que maté a mi padre"

Tratemos entonces de ver cómo podría ser nuestra "memoria".

Pienso que no se puede hablar de memoria, y con este tipo de fragilidades, si no vemos la historia.

Claro, se puede decir que en la Argentina lo que sobra es historia, mejor dicho historiadores…sobre todo cultores del llamado "revisionismo" (Esos feriantes de textos sobre historia que saludan alborozados cuando alguien arroja bombitas de bleque o de pintura a los bustos de Sarmiento, Mitre o Roca. Parecen creer que revisionismo histórico y revolucionarios históricos son sinónimos) Pésimos discípulos de Hugo Wast, —seudónimo de Gustavo Martínez Zuviría aquel escritor revisionista enfermo de antisemitismo quien, eso sí, amaba paternalmente a los indígenas, a los "mansos" claro—, no caen en cuenta que mientras ellos ponen toda la energía en empujar para voltear el monumento al General Roca aquí, en Buenos Aires, los aborígenes vivos, reales, actuales, no "históricos", sufren el genocidio en este momento, a manos de los sojeros o de algunos gobernadores de provincias. Por eso hay cierta verdad en eso de que sobran historiadores, pero estamos hablando de hechos que son contemporáneos, y usamos provisoriamente la palabra historia, solo por comodidad. Además, si nos proponemos hablar en serio, contamos también con magníficos historiadores que hacen escuela y en un futuro se ocuparán con calidad profesional de estos hechos.

Lo que quiero significar ahora es que los hechos son tan contemporáneos que todavía hay cientos de protagonistas a los que deberíamos escuchar, como escuchamos esa cantinela de los pasivos testigos de la época, que están de moda impulsados por los adulones interesados de siempre, y ahora directamente pagados por el gobierno, y que se van apropiado de esa historia. Porque claro, pareciera que el hecho de no haber cometido errores, les da derecho a aceptar que bauticen con sus nombres ciertas instituciones "populares" y al monopolio de la palabra. Y no sé si es necesario aclarar que no cometieron errores porque actuaron siempre desde el balcón.

Como yo soy uno de esos protagonistas, y a pesar de que como tal cometí muchos errores, o por eso mismo, voy a tirar la primera piedra. Pero insisto, hay varios miles de protagonistas que pueden tirar andanadas de piedras. Veamos entonces:

Le guste o no le guste a más de uno, sobre todo a los que llegaron tarde, en la Argentina de los sesenta-setenta hubo un movimiento revolucionario. Y lo digo con todas las letras, r-e-v-o-l-u-c-i-o-n-a-r-i-o. Pero aclaremos: no lo fue por sus doctrinas, que eran diversas y las más de la veces difusas, sino porque su mayor virtud fue la decisión del hacer, no de "mandar a hacer" o "pedir que se haga", no de vivir con petitorios, no de reclamar a otros, no de pedigüeñar al Estado, sino del hacer, de tomar en manos propias los asuntos políticos y sociales y, claro, también de intentar tomar el poder con sus manos porque lo creíamos necesario. Todo eso conforma lo revolucionario, hechos, no programas en el papel ni ideologías borrachas de palabras. Hechos, los "setentas" fueron hechos. Podemos admitir que esos hechos a veces intentaban ser explicados con largos discursos, para que la trascendencia de la oralidad justificara la inmanencia del accionar. Pero no dejaban de ser hechos.

A ellos, a esos que no realizaban una marcha todos los días, financiada con recursos estatales, para pedirle al Estado que haga tal cosa, sino que se organizaban para hacer, con recursos financieros propios (legales o "ilegales" porque nunca se creyeron en el "estado de derecho"); a ellos, que no confundían el Estado con el socialismo, a ellos que no marchaban con banderitas con imágenes del Che como si fueran a catecismo, para colmo "nacional o popular", sino que llevaban la bandera con la estrella roja de cinco puntas, cada una uno de los cinco continentes, simbolizando la desaparición de las naciones, el Estado y los caudillos de derecha o izquierda; a ellos que imaginaban en cientos de detalles como sería el soñado socialismo, desde como serian las viviendas, la forma de reunirse a comer, de vestirse, trabajar, y de la inconmensurable libertad para el arte, las formas del amor, en fin, a ellos, que hicieron de la militancia una forma de vida, una manera de vivir existencialista que ya contenía embrionariamente el comunismo; a ellos que la sufrían y la gozaban; no a los testigos que la miraban de afuera cuidando no ser salpicados, a ellos, digo, a los protagonistas sobrevivientes, se les puede preguntar por qué creen que fueron reprimidos de esa forma atroz con la institucionalización de la desaparición forzada de miles de activistas.

También a ellos se les podría preguntar cómo sienten este tratamiento jurídico y explicaciones de irracional institucionalidad a tamaña represión a esa enorme riqueza de sueños y proyectos políticos sociales.

Porque, en efecto, uno de ellos, de los protagonistas, el escritor Caparrós, afirmó hace poco que banalizar los hechos, –yo agrego demonizar a los actores–, de modo tal que decir que una banda de demonios uniformados reprimieron con bestialidad, secuestraron y desparecieron a grupos de chicas y muchachos, vírgenes e inocentes, que sólo pedían ciertas mejoras económicas o sociales, ignorando sus proyectos de sociedad, es hacerlos desaparecer de nuevo.

Entonces no es ocioso preguntarse de qué "memoria" se habla. Quizás se trata de conservar la memoria de las desapariciones. En tal caso sería como encerrar la vida de esas personas bajo la categoría de "desaparecidos". No puedo evitar pensar en mi hermano Rodolfo, además de compañero, militante del PRT, combatiente del ERP, sindicalista, de tan chispeante humor y plenitud de vida, que cuando veía una gran obra privada, un gran hotel por ejemplo, digo, esas construcciones de lujo para usos superfluos que hoy admiran los yuppies en Puerto Madero, él decía, "Fa!! Que lindo, qué maravilla!!! Cómo van a llorar cuando se lo expropiemos para hacer un hospital de niños". Pienso que ponerlo en la memoria como "desaparecido" es negarle esa potencia creadora. Como dice Caparrós, es desaparecerlo definitivamente. Así planteada la memoria es, en el fondo admitir la derrota más absoluta. Sería memoria de la derrota. (La única virtud de la derrota es que es la madre de la victoria) pero entonces no es cuestión de memoria sino de recordar hechos con motivos pedagógicos, es decir para aprender de los mismos.

No, la memoria no puede ser una lista de nombres con la categoría de "desaparecidos" palabra que pareciera reemplazar al ataúd. La memoria sobre hechos que ya están siendo historia, no es ni esa lista macabra, ni los textos de programas ni los bla, bla de la época: La memoria no puede ser la trascendencia de esas listas, esos programas, esas ampulosas declaraciones, esas teorías, esas doctrinas, cada una válida o no, según época y sólo atendibles, recopilables, rescatables para análisis racionales y estudios específicos. No, no, de ninguna manera, la memoria deberá recopilar el recuerdo vivo de cada uno de ellos en la inmanencia de sus actos, en su "hacer", en sus pasiones, en sus "locuras", en sus sueños imposibles. Porque esa es su herencia viva, no "desaparecida", porque lo fundamental de esa época, insisto, fue la inmanencia, la acción, el hacer. Y convengamos que "el hacer" es la carencia mayor de nuestros días.

Precisemos señores: el Terrorismo de Estado fue incalificablemente nefasto y el método de la desaparición de personas espantosamente criminal. Pero no fue "irracional", logró al menos parte de un propósito inesperado de lo pensado racionalmente, y sin embargo eficaz como objetivo reaccionario. Logró que durante décadas posteriores a la dictadura, incluso con gobiernos diversos, todo "programa", toda acción "revolucionaria", qué va!, incluso "reformista", estuviera atravesada por los "desaparecidos", por explicar perseguir y buscar "justicia" con los desaparecedores, sea ésta la cárcel o el paredón. Pero no por la decisión de hacer justicia, sino de "pedir" justicia, Así se consagró un tipo de activismo caracterizado por haber reemplazado "el hacer" por el pedir. O sea, esa "izquierda" o ese "progresismo" centró la actividad política, los programas y las acciones, no en continuar, incluso renovar, recrear, la obra de los desaparecidos, sino en su "culto". No se dedicó tanto a pelear la justicia social como habían hecho ellos, sino a pedir justicia con el destino de ellos.

Y en esa notable deformación de objetivos, es impresionante como este activismo aprendió la regla de oro de la democracia preñada de sindicalismo: (los viejos recordarán la expresión traída de la experiencia de la clase obrera inglesa: tradeunionismo): ejercer el derecho al reclamo, a la petición, a ser "escuchados". El método de lucha política excluyente es hoy el electoral y su complemento, el método de lucha social casi excluyente es la marcha tradicionalmente tradeunionista, la gran fanfarria, matizado con el corte de calles. Esta fuerte combinación es tan funcional al sistema político actual que el Estado ha creado los instrumentos para incentivar o contrarrestar, según convenga en cada caso. Es notable como el gobierno, al apropiarse y declamar el sentido trascendente de la lucha de los setentas, el sueño de lo imposible, o sea lo épico, espectacular, inalcanzable incentivando e institucionalizando la memoria de los desaparecidos como tales, como desaparecidos y el "castigo" a los culpables, sólo a los uniformados, claro, sin incluir a los responsables civiles del Terrorismo de Estado, logró anular el recuerdo de la inmanencia, la presencia de aquel potente cotidiano, posible, alcanzable, concreto "hacer", que fue el rasgo distintivo del guevarismo y la causa de fondo de la respuesta filicida y terrorista de las FF.AA. como instrumento de la clase dominante nacional en su conjunto. Qué "coincidencia"....el Imperio, como Poncio Pilatos hace dos mil y pico de años, se lavó las manos.

Fuente: La Fogata


Las diversas formas de demoler

Por Luis Mattini

La historia de los métodos de dominación para aplastar y demoler la lucha emancipatoria de los dominados es rica en variantes no siempre recordadas por los historiadores, o al menos por la memoria. Se recuerda con agudeza y franco dolor la derrotas brutales, sangrientas, con muchos muertos y de dolores vivos, como la Comuna de Paris, la Guerra civil Española, la revolución alemana, el Golpe del 55, el asesinato del Che o Salvador Allende, etc.

En cambio suelen olvidarse, o al menos recordarse con nostalgia, las revoluciones “traicionadas” como la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa, la China, la de Nicaragua y… bueno, en realidad la inmensa mayoría de las que “triunfaron” en el sentido que habían logrado tomar el poder.

Cierto es que, por lo general, en todos estos casos hay indignación y polémica, empezando por la revolución bolchevique, de donde tomé prestada la expresión “revolución traicionada”, de la boca de uno de sus hacedores: León Trotsky.

Pero existen más variantes de derrotas. Ahora me ocuparé de esta que estamos sufriendo los argentinos, y que más allá del dolor, de la indignación, nos produce una tremenda tristeza.

Y esto es lo grave, porque el dolor y la indignación suelen ser estimulantes para la lucha, en cambio la tristeza en un conocido factor paralizante. Es nuestro caso, claro, no es el único, con un poquito que incursionemos veremos que parecería estar vastamente extendido por el mundo. Y también apuntemos que es imprescindible transformar la tristeza en indignación, en sentir como propia la bofetada en la mejilla del otro, como punto de partida guevarista para la acción.

Pero antes de continuar, recordemos que la parte más feliz de la acción revolucionaria no ha sido “la toma del poder”, sino el proceso hacia tal fin. Como decía Don Quijote, lo importante es el camino, no la posada.

Este concepto es el que me llevó a afirmar en diversas oportunidades que aquellos años fueron los más felices de nuestras vidas, porque éramos libres a pesar de vivir bajo dictaduras o sistema de “estado policial”.

Eramos libres porque supimos superar el lugar de “victimas”.

Esta afirmación que molestó a más de uno, es compartida sin embargo, por decenas de compañeros que han sobrevivido, incluso muchos con largos años de prisión y otros con exilios. Se niegan enfaticamente a ser considerados “victimas”. Pero eso no significa perder de vista que tal afirmación es desconocida o no compartida, por un lado por nuestros hijos, que en muchos casos eran niños que lo sufrieron, otros más pequeños que no conocieron a sus padres hoy desaparecidos; y por otro lado por nuestros ascendientes, aquellas madres y padres que no militaban en nuestras organizaciones.
Tanto unos como otros sí pueden ser considerados vítimas.

Por esas razones, unos y otros, hoy organizados en Madres de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., Abuelas y otros Organismos, no conocían en rigor cuál era nuestro ideario. Los hechos demuestran que hoy lo conocen con extrema vaguedad y con harta frecuencia asombrosamente distorsionados, o con diversos huecos, llenados con naturalidad por la imaginación. A ello se agrega que los protagonistas sobrevivientes, tanto los ex presos como los ex exiliados externos e internos, no siempre hemos sabido defender esa historia, por razones que no es dable tratar aquí.

Ese vacío que dejamos fue ocupado rápidamente durante las primeras dos décadas inmediatas a la restauración Institucional, por la mayoría de la llamada izquierda tradicional, aquella que después de la aberrante Unión Democrática de los años cuarenta, y haber saludado a la “revolución libertadora” en 1955, descubrió el “ser nacional” en el peronismo y, más papista que el Papa, se vistió de peronista en los años sesenta. El problema es que no era peronista, nunca pudo tener su autenticidad, sólo adquirió sus ropajes en forma de farsa. Después de la retirada de la dictadura, con los restos de los revolucionarios dispersos, y el peronismo algo maltrecho, esta vieja izquierda creyó que había llegado su hora.

Parafraseando la frase hecha digamos que la tragedia se había transformado en farsa.

Era la misma farsa de su discurso revolucionario, o lo que es lo mismo, guevarista. Esa izquierda, que se apropió de una historia que no le pertenece, en los años sesenta y setenta había acusado a Ernesto Guevara de “aventurero”, y a nosotros, los autollamados setentistas porque involucra diversas identidades políticas, de “pequeña burguesía desesperada”, cuando no de agentes de la CIA. Si tiene duda de lo que aquí afirmo, revise los archivos periodísticos y documentales.

Como digo, se apropió de esa historia durante los primeros años post dictadura. Es curioso que, mientras tanto, la clase dominante manejaba la teoría de los dos demonios para asegurar la derrota de los revolucionarios de los setenta. Sin embargo, pese a toda la machaca puesta allí, no logró su cometido, poco a poco se fue desarmando esa teoría. Hay que decir que eso fue obra en particular de las organizaciones Madres y Abuelas y los organismos de derechos humanos, quienes hasta entonces no habían podido ser comprados ni silenciados. Algunos protagonistas de la época y también investigadores serios, también pusimos nuestro granito de arena mediate artículos, conferencias y libros.

Sin embargo, después de la calamitosa caída de la Alianza, con interludio de Duhalde, surgió Kirchner quien tuvo una curiosa habilidad: con un decreto realizó el programa de la Izquierda Unida, agilizando los juicios a los criminales de guerra. Téngase en cuenta que en la lucha contra la teoría de los dos demonios, se fue conformando la idea de que los ideales setentistas, los programas por los cuales dejaron su vida, consistian en el restablecimiento del Estado de Derecho y los consecuentes jucios a los militares. En eso consistía al programa de la Izquierda Unida, cuya consigna más difundida y agitada por la candidata a presidenta era “Cárcel a los genocidas”.

Por alli fue por donde el ex presidente Kirchner supo encontrar el precio de la jefa de Madres de Plaza de Mayo. Kirchner, a diferencia de Menem, no debe de haber leído a Sócrates, pero seguro que conocía aquella anécdota que cuenta que el invasor de Atenas quiso comprar al filósofo, para lograr su complicidad y le dijo: “Todo hombre tiene su precio” y para su sorpresa. Sócrates le contestó que sí, que él también tenia el suyo. Y cuando el otro regocijado le preguntó cuál era, el filósofo respondió: “La libertad de Atenas.” La anécdota me inspira cierta asociación para intentar explicar lo inexplicable, o sea el grado de credibilidad que se le dio a Kirchner: es probable que la Jefa de Madres le dijo que al ex presidente que su precio era la realización del programa social por el que habían luchado sus hijos, los jovenes del los setenta, y Kirchner, puso enormes energías y voluntad en acelerar los juicios. De allí la única explicación a esa frase que quedó dando vueltas en el mundo “nuestros hijos están en el Gobierno”

Pero esto no es una genialidad de Kirchner. No es que Alfonsín, Menem o De la Rua no se “avivaron”. Esto fue posible porque la política y la cultura pasan por un proceso de degradación de una gravedad nunca vista.

Dicho de otra manera, se puede comprar semejantes baratijas, como decir que el actual gobierno lleva adelante el ideario de los setentistas, porque la historia nacional no recuerda semejante degradación de la cultura. Insisto: la consigna central de la Izquierda Unida era: “cárcel a los genocidas”. Hoy Menéndez ha sido condenado a cadena perpetua y eso está muy bien, claro, no más generales asesinos... pero los indígenas del Chaco están muriendo de desnutrición como consecuencia del afianzamiento de un modelo productivo asesino que inició Menem, continuó la Alianza, luego Kirchner y no hay señales que la actual presidenta lo modifique. Y ese modelo productivo está apoyado por el grueso del progresismo, que sigue soñando con el progreso como modo de emancipación. Ese modelo productivo que obedece a la etapa superior del capitalismo, ahora definitivamente en casa, está sostenido desde el punto de vista del “consenso” por la clase ilustrada, que acusa de todos nuestros males a una vilipendiada “clase media”. Sería bueno que esta clase ilustrada que no se percata de que es clase media ella misma, leyera “La rebelión de las Masas” de Ortega y Gasset.

Porque, por supuesto, es obvio que antes las clases dominantes manipularon la educación a su conveniencia y así teníamos la historia “mitrista”, la historia del despotismo ilustrado. Con todo dentro de esas líneas, por un lado había cierta mínima seriedad y cierta creatividad (por más que le fastidie a Norberto Galasso, el Che llevaba en su mochila “Las guerras de las Republiquetas” , ah y casi me olvido, ese libro, escrito por el oligarca Mitre, también recomendado por Santucho, –no para escribir la historia sino para hacerla–, fue prohibido por la dictadura de Videla) Si, como lo escuchó, ¡se prohibió un libro de Bartolomé Mitre!

Por otro lado siempre hubo, pese a todo, pensadores y escritores subversivos. Claro, eran tan “subversivos” que fueron también rechazados por la “izquierda” o por el “nacionalismo popular”. Caso típico fue Luis Franco quien afirmó en 1962 que un Nuremberg de los pueblos hubiera fusilado a los cuatro: Hitler, Roosevelt, Churchil y Stalin por criminales de guerra.

El problema es que a aquel despotismo ilustrado que ayer dominaba el sistema educativo y la industria editorial, hoy le compite con ventaja una especie de “vaquerismo ilustrado”. O sea “ilustrados” que no usan corbata sino vaqueros como forma de no ser “oligarcas”, pero que ni siquiera llegan a cierta creatividad de aquel “alpargatas sí, libro no” o a colgar a Jesús y Beethoven como en la “revolución cultural” en China, poque en tal caso se hubieran vestido de bombachas y hoy seríamos una potencia capitalista como la patria de Mao.

Estos “ilustrados”, son muchos, un producto indeseado de la “democratización” de las Universidad, y hoy han invadido, por un lado el gobierno y por otro una insospechada penetración en los medios masivos, Clarin, P12, Crítica, Perfil, puf, etc.. las “Universidades Alternativas”, ni hablar de los panfletos de “izquierda”, Radio Nacional, Canal 7, diversas radios, en fin donde populan los ilustres que bien podrían llamarse “Intelectuales a la Carta”, muchos de los cuales en estos momentos, sueñan con ser montoneros resistiendo a un golpe de Estado y parecen creer en serio que existe una burguesía nacional.

Las clases dominantes, en tanto, ya no disputan los ámbitos universitarios como lo hizo en la época del despotismo ilustrado, no de ninguna manera, se encontraron que el trabajo de este “vaquerismo ilustrado” es mucho más eficaz. La clase dominante hegemónica, la que no guarda nostalgias de una refinada cultura “oligárquica” en el diario La Nación, la que protagoniza el Imperio en forma de agronegocios, agroidustria, automotrices y todos sus etc., parece ver con claridad que una buena manera de mantener la dominación, es precisamente con esta formidable, inédita denigración de la política y de la cultura. Olvídese de la “oligarquia” o el despotismo ilustrado...en todo caso ellos mantienen sus reservas en La Nación.

Porque señores: una cosa no resiste la minima lógica: los políticos tan vilipendiados como responsables de los males actuales del mundo, no salen, como en otras épocas, ni de las instituciones armadas o religiosas, ni de las logias especiales, ni siquiera en forma importante de las empresarias, salen de la universidad, o bien están rodeados de universitarios, porque de algo tienen que trabajar la masa de graduados.

Algunos todavía del sindicalismo, particularmente de la parte de los trabajadores no manuales. Si reflexionamos a fondo sobre este indiscutible hecho, quizás empecemos a pensar en la necesidad , no ya de una “reforma” Universitaria como la gloriosa del 18, sino una profunda revolución universitaria, que empiece por cuestionar a fondo el modo de conocer.

Una cosa queda clara: el capitalismo ha alcanzado la hegemonía total, tal cual lo previera Karl Marx y con ello el punto de madurez para su superación. Reinvindicamos las grandes batallas revolucionarias, con emoción y gratitud a quienes nos precedieron, a pesar de las derrotas. Las derrotas nunca son definitivas porque incluso la libertad está en la lucha, en la rebeldía. Pero la derrota más profunda ha sido cultural. La actual denigración de la política y la cultura lleva la marca del triunfo capitalista y está expresada en esta impostura y en estos vaqueristas ilustrados.

Por suerte pareciera olerse en el aire que se avecina un nuevo ciclo de luchas, quizás como dice mi editor, un nuevo ciclo de treinta años. Es de esperar que esta vez no olvidemos una lección esencial del Che “elegir el terreno de lucha”. Tal como hicimos en los setentas huyamos de los comités, de los “locales”, de las universidades, incluidas las llamadas “alternativas” (digo huir en sentido político, no del empleo con el que nos ganamos la vida, docente, periodista, albañil, colectivero, o lo que sea, y que a veces nos seduce haciéndonos creer que desde allí hacemos la revolución). Si logramos superar la fascinación por el terreno con el que busca y logra seducirnos la clase dominante, no sólo el parlamento, sino esencialmente las academias, la universidad y los medios de comunicación, los sindicatos, podremos entender por fin que ni la política ni la cultura emancipatoria está en esos ámbitos; la política y la cultura está en otra parte: descubrir dónde es esa “otra parte”, es haber asimilado en profundidad la herencia del Che.

Fuente: La Fogata, agosto 2008


"Pueden esposarme la manos pero nunca la ideas"

Abril 2008

La semana pasada en un diario de Buenos Aires, que no menciono para no cometer chivo, publicaron una nota sobre un joven de 19 años preso y condenado por delito de secuestro; César González , autor de la frase que juega como título de esta nota, quien cuenta cómo la literatura política le salvó la vida. Es un artículo excelente firmado por Mauro Federico, el que nos relata que César usa el seudónimo de Camilo Blajaquis; Camilo por Cienfuegos el comandante cubano y Blajaquis por uno de lo militantes sindicales asesinados en Avellaneda, hecho narrado en "¿Quién mató a Rosendo?" Además parece ser que la acusación es falsa y el chico estaría injustamente condenado, sin sentencia firme, por un delito que no cometió. La revisión está pendiente de la Corte Suprema.
Cómo digo, el artículo es excelente, pero debo ser sincero al confesar que lo que más me impactó fue ver la ilustración de la publicación con una fotografía de César en la biblioteca del Penal, con mi libro "Los Perros" en sus manos. Es difícil explicar mis sentimientos; se podría imaginar cómo una noticia de una venta record de ejemplares lo sacudiría a uno, podría fantasear que García Márquez llegó a la Argentina y pidió darme un abrazo…la gloria para un escritor, digo…sin embargo esa fotografía de Camilo Blajaquis leyendo "Los Perros", supera cualquier satisfacción. Me hace sentir que valió la pena escribir y editar ese libro solo para eso, para que lo leyera un joven víctima de la injusticia social que dice que la literatura lo rescató para la vida.

Cartas Profanas

(Novela)

Novela de la correspondencia Mario Santucho - Witold Gombrowicz

Mediante laboriosos hilos que entrelazan verdades y mentiras, y sobre un trasfondo de distintas épocas, Luis Mattini urde una interesante trama en la que sobresale el perfil de dos hacedores sólo en apariencia muy disímiles entre sí: el original y escéptico escritor polaco, apasionado por el juego de la literatura, y el último guevarista en sentido épico, apasionado por el deber ser de la revolución.

LUIS MATTINI, PEÑA LILLO y Editorial CONTINENTE presentan: CARTAS PROFANAS

Viernes 2 de mayo de 2008 – 21:30 horas
Sala Domingo Faustino Sarmiento - Feria del Libro
Invitados: ENRIQUE LOFFREDA - ESTER COHEN -QUIQUE PESOA
Por una de esas grandes casualidades di muy rápido con su abogada, la muy dispuesta María Florencia Arietto, y logré visitarlo en su prisión. Claro, él, joven fanático del PRT, admirador de Santucho, no podía imaginar que el escritor Luis Mattini fuera a visitarlo, estaba realmente emocionado. Lo que él probablemente no supiera es que yo podía competirle en emoción.
Y mi emoción era perfectamente justificada, porque me encontré con un joven de excepcional talento y, sobre todo, delicada sensibilidad. Una notable sensibilidad para comprender las relaciones sociales que pone en tela de juicio la epitesmología de las ciencias sociales dejando bien al descubierto la verdad que se ocultaba detrás, aquello que los abrumadores "exitos" "científicos" de la Modernidad empañó o relegó a la literatura y los filósofos marginales o no académicos como Spinoza, y que hoy empieza a aparecer en las corrientes de pensamiento: la primera :que toda teoría (al menos social) es una forma de ficción.
Este chico ahora puede leer a Maquiavelo, Lenin, Foucaut , sobre las teorías del poder, y los leerá con múltiple provecho porque será critico por naturaleza, porque ya sabe qué es el poder y cómo éste se genera en las relaciones humanas, y se reproduce en todo ámbito social. Lo que a otros nos costó cuarenta años contrastando brillantes teorías con la tozuda práctica, él lo aprendió en su maltratada adolescencia.
Una cosa que me llamó poderosamente la atención es el dominio del lenguaje, no ya de su lenguaje comparado con sus pares de barrio o compañeros de infortunio, sino comparado con la media de hoy en día, jóvenes y adultos instruidos que me toca tratar y de quienes me espanta día a día la creciente pobreza. Me encontré con gran riqueza de vocabulario y precisión expresiva. El chico es un escritor en potencia y lo vuelca con mucha pasión en la poesía.
César edita una revista que se llama "¿Todo Piola?" Veamos por qué se llama así: "Y el día llegó. Sí. Al fin ¿Todo Piola? Está en la calle. Al fin el sueño se me hace realidad, aquel que nació una tarde calurosa en el pabellón tercero de Belgrano. Meses y meses, noche y noches arquitecteando de qué se trataría, de qué hablaría pero con una idea fija y que estuvo siempre: que esta revista sea un grito que pide una oportunidad por más que los ganchos de las esposas quiebren las muñecas. Que esta revista sea el abrazo segundero para el pibe que esta re duro de pasta base y su alma desgarrada busca una salida.(…….) También para que ese pibe ,que como yo está en una celda soñando con otra vida ,sepa que se puede soñar, que a los sueños no los metieron en cana, Y por más que haya formada una tela de mentiras impermeable que nos hace creer que nuestro destino es la exclusión, la marginalidad y la delincuencia, nos paramos de manos y exigimos otra vida. Lograr en otros lo que yo logré después de tanto esfuerzo, sacarme la venda de los ojos que me impedía ver la realidad, la realidad que todos los días vemos disfrazada. ". Esto es parte del editorial de presentación escrito por él. Menciona al Instituto de Menores Manuel Belgrado donde estuvo internado antes. Por otra parte está a punto de terminar el secundario y su intención es estudiar sociología. Debo admitir que esta idea me desencantó, porque a esa altura yo sentí que llevaba un par de horas hablando con un poeta de 19 años, ya lo imaginaba dentro de unos años un gran escritor. Y claro, he conocido poetas que se ganaban la vida, incluso participaban en actividad social, como ingenieros, abogados, arquitectos, médicos, empleados bancarios y hasta periodistas, ….profesiones no necesariamente incompatibles, cuando mucho paralelas. Las tablas del derecho pueden compararse con fórmulas matemáticas de aplicación práctica indiscutible, por así decirlo; es como decir que abogados e ingenieros tienen algo útil en común y quizás ninguna relación con la poesía, pero que tampoco es opuesto o contradictorio. Pero tengo para mí que la sociología, como disciplina, como modo de conocer relaciones humanas, puede devorar o castrar cualquier atisbo de poesía por antagónica.
De todos modos César, o sea don Camilo Blajaquis, es demasiado sensible e inteligente y espero que, cuando se percate que los notables autores de profesión sociólogos, que lo entusiasmaron con la sociología, lo hicieron en carácter de pensadores y por facultades personales a pesar de sus lastres académicos. Entonces decida estudiar un oficio más práctico y con menos riesgos de "esposar ideas" como la sociología, para ejercer al máximo ese libre albedrío mental y espiritual del que hoy puede gozar a pesar de su prisión física.

Fuente: La Fogata
 


Macri, el gobierno, la izquierda y otros engendros

Luis Mattini considera que Macri es peronista, que los dilemas electoralistas planteados por el gobierno fueron falsos, y que el sistema representativo está liquidando la vida democrática. Charla con lavaca sobre Carrió y La Nación, la frivolidad y las carteras de Cristina, la izquierda y el absurdo, tras la elección porteña que tuvo el más bajo porcentaje de votantes de la historia. Propuestas sobre otros modos de pensar la democracia.

Luis Mattini, a quien el documento de identidad se empecina en denominar Arnold Kremer, está asombrado con el porcentaje de votantes de la segunda vuelta electoral del domingo último. Representa no sólo el más bajo índice de votantes en todas las elecciones a jefe de gobierno que hubo hasta ahora, sino también el más bajo de toda elección presidencial o hasta legislativa desde que se volvió a votar en 1983. Según los datos oficiales, alrededor del 32 % no concurrió a votar, y poco más del 6 % votó en blanco o anuló su voto. Por eso, puede deducirse que a Macri en realidad lo votaron el 37 % de los habitantes de la ciudad, y a Filmus el 25%, lo cual es muy poco impresionante para hacer tapas de diarios e ingenierías políticas.

Pero la percepción de Mattini agrega otro elemento: “Ni siquiera esos que votaron se sienten representados. Se vota por el mal menor, y eso termina liquidando a la democracia”. Cree, además, que a la democracia hay que considerarla como una acción, no como una situación o como una institución estática, y llega a la conclusión de que –desde ese punto de vista- esta es una de las épocas con menor nivel de democracia activa que le ha tocado vivir.

Mattini es autor de varios libros (Hombres y Mujeres del PRT, La política como subversión y El encantamiento político, de los revolucionarios de los ’70 a los rebeldes sociales de hoy, entre otros) que proponen modos de análisis de la política muy diferentes a los convencionales. Postula que estamos viviendo una crisis civilizatoria donde ya están latiendo los embriones de un enorme cambio social –a la vez imposible de predecir-. En 2006 publicó Los Perros (también sobre Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Revolucionario del Pueblo) y está por editar una segunda parte dentro de unos meses. Después de la votación que ratificó a Mauricio Macri como jefe de gobierno porteño, Mattini conversó con lavaca

-Para mi el gobierno apunta a un mito de Buenos Aires, que es el progresismo, que no me parece que sea una mayoría. Hay gente con prácticas sociales progresistas, que se divorcia, tolera a los homosexuales, quiere libertad en el arte y se preocupa por la cultura y la educación, pero a la vez es gente conservadora, al estilo: que roben, pero que hagan.

-El gobierno relacionó a Macri más con la derecha y hasta con el fascismo.

-Se dedicaron demasiado a demostrar lo malo que es Macri, y no lo buenos que son ellos. Eso trae problemas, porque hasta uno como yo, que rechazo a Macri por piel, terminé viendo ridículos todos los cartelitos con las maldades de Macri. Y no se puede decir que sea Pinochet o Hitler. No uno de esos enfrentamientos históricos en que tenés que cerrar la boca porque se viene el protofascismo. Macri es peronista...

-¿...?

- Sí, Macri es peronista, se hizo con el peronismo. Está claro que no tiene ideología, pero socialmente, históricamente, está vinculado con el peronismo, ha manifestado sus vínculos con Menem. ¿O se olvidan que en el macrismo hay peronismo, como hay con Telerman? Entonces la cosa no está blanco y negro en ese sentido. También lo puedo ver como un liberal de derecha, pero justamente eso muestra lo que es la política hoy en día. Para mi gana por el desastre que son los demás. En ningún caso me parece que se trate de ese dilema entre democracia y fascismo.

-Y si lo era para el gobierno, ¿por qué dividir a los votantes entre Telerman y Filmus en la primera vuelta?

-Si tenías el deber histórico de combatir ese enemigo fundamental, no tendrías que haber hecho semejantes maniobras, la campaña sucia y todo lo demás, que demuestran que la cosa no era tan así.

-¿Y qué es hoy en día la oposición?

-Una demostración del engendro que es la política. En el ARI puede haber gente interesante, la muchacha que ganó en Tierra del Fuego (Fabiana Ríos, primera mujer que gana una gobernación en la Argentina) viene del socialismo rosarino, y tiene poco que ver con Elisa Carrió y sus convicciones. Ni sé cómo están juntas. Carrió está cada vez más a la derecha, se nota en su discurso republicanista gastado, sus posiciones con Hugo Chávez (presidente venezolano) y ese tipo de cosas. Parece el diario La Nación: no estoy diciendo ningún exabrupto. Y ni hablar de su fundamentalismo religioso. No tengo nada contra lo religioso, pero hay formas y formas.

-¿Qué opina de la performance de la izquierda?

-La izquierda tiene una politica absurda. Me dicen que critico más a mis hermanos de la izquierda que a la derecha, pero la izquierda repite siempre lo mismo, se mete en una lógica del sistema representativo que no sirve para nada, porque no puede producir ningún tipo de transformación por esa vía. Pido que no me pongan el cuchillo en la garganta de decir si prefiero la dictadura, porque es obvio que no digo eso. Estoy criticando un absurdo. La izquierda tiene que entender que la política no pasa por el aparato administrativo del Estado, y sus instituciones llamadas “políticas”.

-¿Por dónde pasa?

-Todo lo bueno, lo novedoso, por poco que sea, no pasa nunca por el aparato del Estado, salvo que sea presionado. Las cosas interesantes y nuevas ocurren en Gualeguaychý, Esquel, Famatina, Chilecito, las fábricas recuperadas, muchas de las cosas que ustedes reflejan (referencia a lavaca y Mu). Pero la izquierda ¿qué hace? Un desgaste terrible para meter un diputado que no sirve para nada, no porque sea buena o mala persona, sino porque ¿qué puede hacer? Patricia Walsh se lleva el honor de haber propuesto la derogación de la Ley de Obediencia Debida, pero para eso había todo un acuerdo previo del oficialismo para votar la ley. Tiene mérito la propuesta, pero no se ve que pueda ir mucho más allá.

-Pero en la campaña los partidos plantean propuestas.

-Yo creo que tendrían que sincerarse: se presentan para financiar el aparato del partido. Tenés un diputado, te dan una secretaría, lográs un lugar en el Estado, algunos recursos para tus funcionarios. Una vez Alberto Piccinini (sindicalista metalúrgico que llegó a la Cámara de Diputados) me dijo: “para lo único que servimos como diputados es para darle una mano a los compañeros que están luchando”. Pero eso es de una sinceridad total y en casos como el suyo, que son absoluta minoría.

-Parlamentarios que no parlamentan, legisladores que no legislan.

-Las fábricas recuperadas son una experiencia de las más interesantes en lo que uno puede pensar como verdadera acción política. Plantearon una reforma a la Ley de Quiebras que es de la época de Martínez de Hoz y favorece a todos los empresarios vaciadores. La ley está trabada en el Senado. Si no hay alguna trenza, no sale. Entonces, ¿cuál es la política? ¿La de los trabajadores, o la de los senadores? Lo mismo se ve en movimientos sociales, de base, que aparecen como parciales pero terminan condicionando a las instituciones. Es el caso de Gualeguaychú, que con un movimiento heterogéneo condicionó la política de dos países y hace temblequear al Mercosur. Eso es politización. Ahí se vuelve a equivocar la izquierda, que cree que hay que cortar el puerto para apoyar a Gualeguaychú. Los porteños tendrían que cortar el puerto por lo que pasa en Buenos Aires, por el Riachuelo y por una lista de calamidades ambientales que posiblemente sea diez veces más grande que la de Gualeguaychú.

-¿Y cómo cree que queda el kirchnerismo después de la elección?

-Yo no soy ducho en estas cosas de la ingeniería política. Parece una cosa universitaria eso de “ingenería”.

-Antiguamente la referencia era más artesanal: la rosca.

-O la trenza. Lo sintomático es que el Frente para la Victoria no gana casi ninguna elección. Los que ganan son sus aliados K. Para mí el kirchnerismo padece uno de los errores más graves que los setentistas podemos reconocer: el pecado de la soberbia. Yo me tengo que hacer esa autocrítica como integrante de esa generación, pero el gobierno está ensoberbecido como si se olvidara que llegaron de casualidad.

-¿En quién piensa al hablar de soberbia?

- En Kirchner, por supuesto, y en el kirchnerismo en general, el progresismo, mis viejos compañeros que no se dan cuenta dónde están parados. Otra vez, es como que tenemos agarraod a Dios no sé de donde, y todo montado en entelequias. No le quito el mérito a Kirchner de transformar esa casualidad en una posibilidad real. Pero para mí está montado en dos andariveles que se agotan. Uno, el de los derechos humanos, del que se está haciendo un mal uso. No desconozco méritos a lo que se hizo, aunque me cansa un poco tener que aclararlo siempre, pero a la vez nadie habla de los derechos humanos actuales, violaciones permanentes, que hacen que todo lo del pasado se transforme al final en una caricatura. Y ojo, que muchos de estos progresistas porteños, si tienen que poner en la balanza los derechos o alguna molestia económica, se olvidan de los derechos en un segundo. Y la izquierda cayó en el mismo mal uso de los derechos humanos, porque su única consigna parece ser esa.
La otra cosa sobre la que se montó el gobierno es la bonanza económica, que le permite un manejo de una masa de dinero impresionante, con planes de contención y demás. Pero las bonanzas económicas vienen y se van. No dependen de la voluntad del que gobierna.

-Pero ¿cómo observa la cuestión económica?

-El sistema productivo está montado en tres aspectos relacionados con la tierra. Combustibles, minería y agricultura. Y eso se derrumba cuando cambian los precios internacionales. Y aunque no se derrumben, ese modelo es una fábrica de pobreza por definición.

-¿Por qué?

-Al tener cada vez mayor necesidad de tierra, y más ahora con los agrocombustibles, expulsan a más gente, la empujan a las ciudades. Tampoco las ciudades engendran una producción industrial hacia el mercado interno que sea –como suele decirse- sostenible. Por eso hay una parábola. El modelo productivo basado en el uso intensivo de la tierra es equiparable al 1 a 1 de Menem. Se cae, y no sé donde vamos a ir a parar.

-Pero el gobierno se presenta como lo opuesto al menemismo y al neoconservadurismo.

-Yo no digo que todo es igual, ni que cuanto peor mejor, lo que digo es que por favor me demuestren que se ha transformado algo en el sentido que uno quiere la transformación. Ojo, Menem también transformó, hizo autopistas, Puerto Madero, edificios. Pero este modelo está destruyendo bases económicas reales. Producimos cada vez menos alimentos, y más forrajes para los chinos o los europeos. Por plata. Pero así se crea dinero, no riqueza. Se puede ver clarito en Santiago del Estero. El gobernador actual (Gerardo Zamora) es mejor que el nefasto Carlos Juárez, pero la dinámica económica avanzando sobre la frontera agrícola, hace que los campesinos estén cada vez peor, por más que Juárez ya no esté.

-El gobierno exhibe cifras sobre baja de la desocupación y la pobreza.

-Puede haber un coletazo de un crecimiento debido al consumo (autos, departamentos) y a la especulación (grupos inversores poco claros), no a lo productivo. Pero el 50 % de los trabajadores está en negro, los niveles de pobreza son enormes, la brecha entre ingresos es cada vez mayor, cosa típica de país conservador. No se rompe con el mercado internacional, ni con la lógica actual, y en ese sentido digo que la diferencia entre Macri y Kirchner no es tanta.

-Volvimos a Macri, modelo del resurgimiento de las ideas de seguridad, mano dura, criminalización de la pobreza y la protesta.

-No me cabe duda sobre que tenga mayores intenciones represivas. (Se ríe) Si uno es federalista, tiene que sostener que la policía debe estar dirigida por cada provincia. Pero ahora prefiero y me alegra que no se la den a Macri. De todos modos, esto me hace acordar a cuando iba a subir Menem, había amigos que decían “va a haber progroms (persecuciones sistemáticas a los judíos) en las calles de Buenos Aires”. Y resulta que Menem terminó apretando por el lado que menos esperaban todos: el Estado de Derecho. Con eso reventó a medio mundo. Sobre Macri, tampoco creo que sea tan fácil reprimir a los piqueteros, barrer a la Villa 31. una cosa es la intención, y otra la correlación de fuerzas. Telerman no metió las topadoras porque no pudo. Que gane Macri me parece que a uno lo afecta sobre todo psicológicamente: más de lo mismo.

-¿Qué puede pasar en octubre?

-Yo supongo que esto le cambiará algún plan a Kirchner. Soy de los que opino que si se presenta Cristina, no gana las elecciones. Pero es una percepción seguramente discutible. Yo creo que pierde. Para mí es la expresión de la frivolidad extrema, cosa que no es Kirchner. Que Cristina se cuelgue carteras que valen lo mismo que un departamento es una obscenidad. Siendo funcionaria pública, senadora, aunque lo haya pagado de su bolsillo. Mucha gene lo percibe. No es Eva Perón, que e cargaba de joyas como una revancha de los pobres.

-¿Quién le ganaría de los actuales opositores?

-Bueno, por eso decía que todo esto es discutible, porque tampoco hay quien se le oponga. Pero insisto, estas ingenierías me parecen lo menos importante. La cuestión de fondo es que este modelo productivo sigue siendo el que creó Menem, continuado por la Alianza y ahora por Kirchner. Nadie modificó nada, salvo la cuota de retención a los exportadores para manipular los planes sociales.

-¿Qué cosas le darían la impresión de que existe intención de realizar un cambio?

-Muy a la ligera, le tomaría la palabra al gobierno con lo que dij que iba a hacer, un plan nacional de transporte que permita qu elos ferrocarriles vuelvan a todas partes. Un plan de salud en serio. Que se vaya a fondo en la cuestión de la educación. Esto para mí incluye dar vuelta a la Universidad, que es la mayor productora de mucha de la canallería actual, por el modo en que manipula el conocimiento y el pensamiento en el área científica y en la social, para que todo siga como está.
Otra cuestión sería poner un coto muy férreo del Estado sobre los elementos productivos que tiene el país. El petróleo es obvio: Pino Solanas ya lo ha explicado largamente. La cuestión de la minería es de una gravedad absoluta, y nadie habla ni debate ni informa del tema, salvo las asambleas y medios que se interesan por estos temas. Las leyes mineras de la época de Menem tendrían que ser quemadas, son lo más criminal que hizo ese gobierno. Entonces uno dice ¿qué pasa señor presidente, por qué no anula esas leyes escandalosas, si usted no es un neoliberal? Cuando se ve lo que están haciendo en la Cordillera, se te achica el corazón.

-¿Y dónde hay que buscar esos signos de vitalidad de la política que usted menciona?

-Una paradoja es que a lo mejor el progreso proviene de quienes resisten al progreso. Hay muchas asambleas que en la propia Cordillera se oponen a las mineras, ya hablé de Gualeguaychú, Esquel, son pequeñas y múltiples experiencias que muestran formas nuevas de política. La política no es lo que se ve en televisión. La ecología ya no es un problema de gordos europeos, es un tema de vida o muerte para nosotros. O las fábricas recuperadas, o cualquier intento por dar vuelta y revisar todo lo que hace la Universidad.

-¿Se trataría de una democracia participativa?

-No me gusta esa idea, o en realidad no me gusta la idea de ponerle a algo un sello. Digo: “Democracia participativa” y parece que encontré la solución y se cerró el problema. Me parece espantoso por ejemplo que la Universidad ni piense en estos temas. Que no pueda salirse de la lógica democrática para criticar a la democracia. Yo entiendo a la democracia como verbo, como acción. Hay que hablar de acción democrática. Si uno le agrega el adjetivo “participativa” parece que resolvimos el problema. No me parece mal, lo que me parece mal es creer que es una fórmula cerrada que resuelve el asunto. Tampoco estoy diciendo que esos ejemplos como Gualeguaychú sean otra solución, sino interesantísimos campos de experimentación para pensar los cambios y también los problemas de estas formas.
Para mi la democracia no es siquiera un estado institucional, que puede ser muy poco democrático. Democracia no es votar. Votar es un acto pasivo de elegir a alguien que haga las cosas. Democracia sería decir: hagamos las cosas nosotros. Por supuesto, habrá personas, funcionarios, pero de los problemas nos hacemos cargo todos. Lo que no hay que pensar es que todo, la democracia, como antes se quiso hacer con el socialismo, se puede planificar de antemano. Lo peor que tuvo el socialismo fue pensar que se podía planificar todo. La democracia para mi es lo contrario: es acción.

-¿Y hoy?

-Para mi es uno de los momentos de menor acción como vida democrática, salvo la época de la dictadura de Videla. Pero hasta en dictaduras más blandas, como la de Onganía, los sindicatos actuaban, había movlizaciones, la gente se reunía, discutiba, creaba situaciones, organizaciones, creaba cultura. Ahora uno nota una cosa más declamativa, pero no real. De todos modos insisto en que hay cantidad de experiencias que vuelven a mostrar la política como acción y que rompen la peor lógica de este sistema representativo: la pasividad.

Fuente: lavaca.org, junio 2007


Pornografía de la miseria o miserable pornografía

Mayo 2007

Sea cual fuere la valorización que se tenga del gobierno actual, de simpatía u oposición, el hecho que Julio López siga desaparecido sin rastros debería no dejarnos dormir tranquilos, por así decirlo, porque si bien los males sociales son muchos, pobreza, bajos salarios, carestía, carencias de todo tipo, y la larga lista, no todas las personas parecen suficientemente cristianas como para conmoverse por el dolor ajeno. Pero esto es diferente, la sabia expresión "uno sólo es suficiente" se nos vino encima. El fantasma se ha materializado, se ha hecho realidad y esta frase se contrapone a la todavía en boga "por algo será". Además se puede parafrasear todo lo acuñado por los artistas durante siglos de represiones, las que no por conocidas están gastadas ni mucho menos: "primero se llevaron a López, pero yo no era López", "Sentir en el propio rostro el secuestro de López". Sin embargo, es alarmante cómo a la falta de decisión política y energía del gobierno para ir a fondo en la investigación, le corresponde una indiferencia generalizada, una especie de "naturalización" del hecho. Yo no soy ningún timonel para decir con claridad operativa todo lo que el presidente de la Nación y nosotros deberíamos hacer frente a la gravedad de este "caso". No obstante ello, estoy convencido que no existe gobierno alguno que pueda "naturalizar" algo sin determinado consenso, consciente o inconsciente, de la población. Cierto es que se han hecho movilizaciones para exigir al gobierno nacional, –actitud tan obligada como elemental–. impulsadas por decenas de micro organizaciones a las que nos hemos sumado sin parar mientes que el volumen de las banderas era mayor que las personas que las portaban. Lástima que con demasiada frecuencia tal reclamo y tales actos, vienen pegados a la manipulación política o a la pequeña reivindicación sectorial, pro gobierno o contra gobierno, y ello le quita potencia, sinceridad y contundencia. Es precisamente esa manipulación, esa utilización inescrupulosa, ese amarillismo de "izquierda", de centro o de derecha, –que reemplaza con la denuncia de la desaparición de Julio López, la falta de ideas frescas, originales–, el punto en que gobierno y oposición coinciden, de hecho, para naturalizarla. Desde el poder, o bien por impotencia o bien porque es la señal de la espada colgando, "no se pasen de la raya porque vean lo que les puede pasar", y desde esa mezquina oposición porque es la justificación a su pobreza política. Hablando con crudeza, pareciera que a ninguno le "interesa" la aparición de Julio López, pues se terminaría tanto la amenaza como la justificación.

Empecemos por afirmar que es al menos desubicado, por decirlo suave, reclamar la aparición de Julio López detrás de una justa protesta por un aumento salarial y una lista de demandas del orden sindical o social. Y encima gritando frente a una cámara: "Porque los compañeros lucharon por nosotros". No muchachos, aclaremos las cosas, lucharon por ustedes sí, por las futuras generaciones, pero no para que un celular y una filmadora reemplacen al sujeto por la imagen; los setentistas no lucharon por un aumento salarial o por más hospitales y más escuelas; para eso está el sindicalismo, luchamos contra el salario; por una revolución en la que imaginábamos una sociedad no de mejoras sino de eliminación del salario, no más hospitales sino menos enfermos, no más escuelas sino dar vuelta como un guante toda la concepción educativa que se emancipe de las necesidades de la producción, de la lógica estatal y de la teoría del conocimiento de la burguesía que nos impregna. Sobre todo contra la separación entre trabajo manual e intelectual, fundamento de la sociedad clasista. Si no se entiende este espíritu, esa diferencia de calidad, esa radicalidad por la que valía la pena dar la vida por la vida, vamos a seguir dando empleo de cientos de analistas que hoy se empeñan en "demostrar" la "pulsión de muerte" del Che Guevara y los setentistas.
Y claro, sobre esa base de sujetos humanos peleando y no de imágenes, apoyábamos e impulsábamos todas las reinvidicaciones por las necesidades inmediatas de la población, como parte de ese horizonte muchísimo más ambicioso.
Una legítima manifestación de protesta y exigencia por Julio López podríamos imaginarla como en esa foto del 19 de diciembre. Miles y miles de personas de diversas identidades, sin otra bandera que la nacional y aún así ésta muy discreta, porque el patriotismo y el espíritu solidario no necesita emborracharse con colores, para colmo desteñidos. Salir a la calle –o la forma de lucha que a Ud. se le ocurra, bienvenida sea la iniciativa– sólo por Julio López bajo una única consigna: "Todos somos Julio López ".
En cambio tenemos la Biblia y el calefón. La cuantificación de los problemas sociales sin cualificación es la mejor manera de diluirlos, de "naturalizarlos" y desnaturalizarlos. Efecto de la sociedad de consumo, del credo cuantitativo y estadístico que cautiva a progresistas y "revolucionarios". Como en el supermercado, como en la televisión, como en la mayoría de la exposiciones de arte actuales, como en la historiografía chatarra, todo es igual, nada es mejor, un bife de chorizo o una hamburguesa de soja transgénica, lo mismo una "instalación" de cajitas de cartón compradas en Jumbo que un óleo de Antonio Berni, el trazo sublime de Carlos Alonso mezclado con las figuritas dignas de Billiken de León Ferrari, Tulio Halperin Donghi tomando mate con Felipe Piña, Evita con Cristina. Todo tiene igual calidad y jerarquía. Lo aleatorio y lo estadístico. Un crimen pasional con los crímenes sociales. Un secuestro extorsivo con fines de lucro con un secuestro por causas políticas. La salud de Maradona con el mal de chagas o el sida. Un incendio en una discoteca y sus dolorosas consecuencias, con el genocidio del terrorismo de Estado. Un presidente que disimula su fragilidad con el autoritarismo de un César "justo", con la dictadura más espantosa de que se tenga memoria.
Desde luego, que las personas que sufren directamente la pérdida de un ser querido expresen su dolor y peleen con las armas a su alcance, de la forma que fuere, es comprensible y justo, merecen toda nuestra incondicional solidaridad en la lucha por el esclarecimiento y la justicia. Sobre el dolor no se pueden establecer calidades; el territorio del dolor es sagrado y merece todo nuestro respeto sea cual fuere su origen.
Pero eso no tiene nada que ver con la mezquina manipulación disfrazada de solidaridad de modo tal que, oh! milagro, la derecha, el centro y la izquierda, todos coincidimos en repudiar los hechos, casi con las mismas palabras.
Hasta aquí nada novedoso como descripción: Cambalache. Veamos si podemos hacer una aproximación a la comprensión del fenómeno, más allá de sus explicaciones "de última instancia" dadas por la disciplina económica.
Esa pérdida de cualidad en la visión de los problemas sociales, esa composición de la totalidad como un mosaico veneciano trucho, como una simple yuxtaposición cuantitativa de hechos, deja la paradójica consecuencia de su contrario: no relacionar lo particular como consecuencia de un asunto general. No entender la concordancia de las inundaciones y la pobreza con el modelo productivo, como si todo fuera sólo cuestión de buena administración municipal, de obras hidráulicas, sistemas de seguridad social y planes de emergencia para sujetar la maldad de la naturaleza. No vincular los siniestros de tránsito, una de las causas principales de muerte, sobre todo para los peatones, con el paradigma industrial y la cultura del automotor; no enlazar la escasez de energía y la falta de infraestructura pública en los barrios y las villas con la distorsión en el modelo de desarrollo, el despilfarro en autopistas iluminadas, shoping o urbanizaciones de lujo hacia el cielo.
Los ejemplos son al infinito, pero lo que quiero señalar es la persistencia –en nosotros, claro– de un modo de pensar, más allá de las simpatías políticas de cada uno. Un asombroso primitivismo de la razón, una opinología, un hablar al divino botón, un uso insensato de las palabras que, a veces, pretende sustentarse en el conocimiento "científico", entendiendo como tal un conocimiento balcanizado por los expertos, en compartimentos cada vez más parcializados y estancos. Una subdivisión hasta el infinito en disciplinas que están probando cada vez más ser un simple medio de vida: dicho en forma llana, una fuente de trabajo, en términos vulgares, un curro legal que se alimenta, –en el sentido metafórico y gastronómico–, de ingresos provenientes del mismo sistema productivo que analizan y a veces critican. La soja, la minería y la pulpa para papel nos da de comer señores, no le vamos a morder la mano a quien nos da de comer. Claro que esta no es una cosa sólo de los argentinos, cualquiera bien informado sabe que la burocracia de los organismos internacionales consume buena parte de la "ayuda" a los pobres, tal como aquí, los estudios para resolver los problemas gastan más que el monto necesario para su solución.

En su época constituyente, en la modernidad, en su necesidad de afirmarse como nuevo para liquidar las viejas formas ,el poder capitalista fomentó la superación del espíritu de aldea y el aprendizaje de la visión de conjunto. Para ello rescató la historia del pensamiento, la jerarquización de conceptos y cosas separándolas del mito. El sistema educativo laico y racional. La separación para el análisis para luego juntar en la conclusión totalizante. Pero hoy, en esta llamada posmodernidad, en esta época de sobrevivencia del capitalismo, –sobrevivencia de la cual no sabemos si es agonía, pero está claro que si se está muriendo, muere matando más que nunca–, este poder impulsa la actual simplificación del pensamiento, con el mito de "la era del conocimiento". La zoncería generalizada, (tomando prestada la expresión a Jaureche), la banalización de los problemas humanos por medio de los complejos resortes del poder, entre ellos la actual disciplina "comunicacional", a los cuales todos contribuimos, tal como contribuimos al desarrollo de una lengua.
A propósito de la manipulación de la lengua como medio de dominación, los ejemplos históricos son elocuentes, pero parece que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Para esta oportunidad tomemos dos: por un lado el de su constitución misma, como obra natural colectiva, como patrimonio de una comunidad que no se puede construir artificialmente por medio de legislaciones o decretos de un Dictador. En ese sentido la lengua sirve como analogía didáctica para comprender cómo se constituye el entramado del poder, entramado del cual todos somos parte. Y su otra cara, la distorsión artificial de la lengua con el objetivo expreso de lograr una ilusión de la igualdad entre los seres humanos, como si nombrar una situación de otra manera, de una manera supuestamente no ofensiva, eliminara la ofensa misma al hacer desaparecer, por arte y magia del lenguaje, la diferencia usada para insultar. Los llamados eufemismos. Yo, Luis, como muchos amigos saben, soy sordo, palabra bien clara, es decir soy diferente a las personas con audición media; tengo una disminución física, una menor "validez" de mi capacidad para escuchar; no soy "inválido", soy "minusválido" y ello me crea problemas de comunicación, y hasta de "discriminación". Sin embargo no cambia mi situación de sordera objetiva porque me llamen "hipoacústico", de la misma manera que a un manco le falta la mano por más que ahora se lo llame con ese vocablo (calco del inglés disabled) "discapacitado", sinónimo exacto del muy castizo minusválido. Me imagino como se reiría Miguel de Cervantes de estas zonceras criollas impuestas por la hegemonía lingüística anglosajona, si escuchara decir: "El discapacitado de Lepanto". Y ni hablar de lo que podría hacer el humor cordobés si supiera que ahora se debe rectificar el título de la novela de Andrés Rivera por: "Ese Discapacitado Paz".
Sin embargo la ilusión democratizadora más difundida por los genios de la comunicación, la que nos alcanza a todos, es el abuso del tuteo. ¿No entendieron que la diferencia entre el Ud. y el tú (para nosotros el vos) se creó en forma natural precisamente para discriminar? ¿No entendieron que es necesario discriminar, diferenciar lo existente? ¿No entendieron que en el lenguaje argentino y sobre todo en el porteño, la palabra "señor" fue resignificada por la población y ya no indica pleitesía sino poner distancia? Si yo soy delegado de mi sindicato yo discrimino entre mis representados y el patrón. A mis compañeros los tuteo, al patrón jamás, no por pleitesía sino por marcar nuestra distancia. "Disculpe, no soy ni de su misma clase ni de su mismo club, y a mucha honra, señor". Me veo obligado, como parte de mis funciones, a hablar con ese señor, pero ni lo tuteo ni permito que me tutee. Lo mismo ocurre en toda la vida social y política: Si yo soy entrevistado por Quique Pesoa nos tutearemos porque somos amigos o porque lo considero un compañero o porque está de este lado de la vereda, aun discrepando en el tema de la entrevista. Pero si acepto una entrevista de Mariano Grondona, soy el primero en poner el Ud. y el "señor", no como señal de supuesto "respeto", sino de distancia y no permitir que el señor Grondona me tutee, ello tanto con respecto a mi persona como al caso que estuviera representando a determinado colectivo.
Antes de meterse a artificiales cambios de hábitos lingüísticos, debería pensarse que la lengua, en tanto creación colectiva, es reflejo de la realidad subjetiva y material. No es cambiando la lengua como cambiaremos la realidad, sino al revés. Lo demás es parte de esa superstición llamada democracia. Nunca más oportuna la afirmación de Tocqueville: "En la democracia todos se creen iguales, pero no lo son"; ergo, en democracia todos nos tuteamos para creernos iguales.
Desde luego, los medios son los formadores directos de esta homogeneización funcional al mercado y obra del propio mercado globalizado. De eso se trata, de que la razón "de última instancia", la "base material", "la estructura", necesita la mediatización de la superestructura (para usar estas categorías marxistas hoy discutidas) y esos instrumentos mediatizadores no caen del cielo, están creados por personas formadas por el sistema educativo, con su base en la Universidad, fecundo terreno de distorsión del lenguaje y base de esa mediación, que luego se traslada como regalo envenenado al movimiento popular, por la vía institucional o, la más de las veces y con mayor eficacia, por los militantes "de izquierda" que asumen la jerga universitaria.
El capitalismo recrea así, invirtiendo, el mito bíblico, ese que cuenta que Dios castigó a la humanidad por construir la Torre de Babel. Hace de las lenguas una sola lengua, compuesta de vocablos de significados tan diversos que no nos entendemos y tomamos como realidad lo que es discurso hueco. Con sólo leer las cientos de consignas vacías en las pancartas de una marcha, supuestamente por la aparición de Julio López, es suficiente para verificarlo. Una consigna es vacía, no por irrealizable, sino cuando quienes las vociferan no demuestran capacidad para sostenerlas con el cuerpo, de la misma manera que es vacía la imagen del Che en las remeras de cuerpos no dispuestos a asumir las consecuencias de "ser" guevarista.
La otra propiedad de la lengua es la polisemia, que hace posible que en una consigna justa hay siempre muchos contenidos, incluso motivaciones distintas que confluyen, –porque después de todo una consigna lograda es la expresión verbal de un símbolo, una metáfora– pero si la "explicamos" en una lista cuantitativa, la consigna pierde sentido, de la misma manera que la metáfora en poesía, cada uno la siente, si la explicamos se fue al diablo la poesía. ¿Cuántos contenidos y cuántos intereses movieron a la población de Buenos Aires el 19 de diciembre de 2001? Me refiero a los que salimos espontáneamente el 19 por la tardecita, que no tuvimos nada que ver con las reales o imaginarias conspiraciones en el Gran Buenos Aires que habrían preparado el terreno. Variados motivaciones, sin dudas. Sin embargo la consigna fue única "El estado de sitio se lo meten en el culo" Una expresión de una calidad diferente a los cientos de reivindicaciones, todas justas, que circulaban esos meses. Y la gente puso el cuerpo en esa consigna que significó la caída del gobierno.
Si de verdad nos identificamos con Julio López, con el polisémico significado de su segundo secuestro y desaparición, dejemos de hacer pornografía de la miseria, para tratar de entender y actuar contra esta miserable pornografía.

Fuente: La Fogata


La "Operación Gaviota", último combate del ERP

18 de febrero de 1977. "La verdad llega. A veces hay que esperarla mucho, pero llega. Lo sabemos los argentinos que nos tenemos que mover en el reino de la mentira y la cobardía. En Alemania se acaban de conmemorar con solemnidad los cien años del nacimiento de Georg Elser, el gran atentador, el que quiso terminar para siempre con el régimen terrorista del nazismo de su país alemán. Para lo cual intentó matar a Hitler. El atentado fue cometido por Georg Elser solo. No logró su propósito por una mínima fracción de tiempo, ya que el feroz asesino público se había retirado trece minutos antes que el explosivo estallara en el Bürgerbräukeller, la cervecería de Munich donde los nazis celebraban sus aniversarios. Pero lo que se acaba de realizar en Bremen no se trató de un acto para lavar conciencias y quedar bien. No, fue un acto absolutamente oficial donde se analizó con toda seriedad la obligación de todo ciudadano libre de actuar contra los tiranos, de ofrecer su vida contra todos los que pisotean la Constitución de un país y sus derechos humanos. La ciudad de Bremen ha dedicado una semana de conferencias y discusiones acerca de si Georg Elser, el valiente libertario, hizo bien en tratar de eliminar al político asesino o no estaba en su derecho hacerlo. Y para que no quedaran dudas se llamó a la ex presidenta de la Corte Suprema de Alemania, Jutta Limbach, para analizar el tan discutido problema. Actualmente Jutta Limbach es presidenta del Instituto Goethe e Internaciones, justamente los organismos alemanes que se dedican al intercambio cultural con el exterior. Y Jutta Limbach justificó absolutamente el atentado de Georg Elser contra el bestial tirano".

Osvaldo Bayer (Contratapa Página12)


Estrella Roja Nº 93, 28 de febrero de 1977, relato de la Operación Gaviota, clic para decargar

Sé perfectamente que en estos tiempos no se puede hacer a la ligera la apología de los magnicidios, aunque estos estén motivados como autodenfensa, en el sentido del "legitimo derecho a matar" al tirano que bien sostiene Osvaldo Bayer, como modo de evitar un mal mayor. Ello se debe a que la práctica indiscriminada de atentados por parte del terrorismo actual, para responder al terrorismo de Potencia, sin parar a mientes en las víctimas inocentes –y que, curiosamente, casi nunca mata a tiranos, sean estos reyes, generales o presidentes mesiánicos, y sí a trabajadores inmigrantes–, los ha desnaturalizado y deslegitimizado y da lugar tanto al rechazo justificado desde la ética militante, como argumentos a la hipocresía que desde Guernica y Dresden, pasando por Hiroshima y Nagasaki hasta Vietnam e Iraq, derrocha el terrorismo de Potencia, hoy monopolizado por el Estado teocrático estadounidense. Cierta analogía se ha dado también con la guerra civil, siempre van a quedar dudas si los males que se pretendió evitar, aceptando o eludiendo la guerra, no se agravaron. Así lo decía el General Perón "entre la sangre y el tiempo opté por el tiempo". Sin embargo, a conciencia o a pesar del General, resultó ambas cosas, tiempo y sangre.

Por otro lado, la tradición marxista rechazó doctrinariamente el atentado individual como supuesto acelerador de la lucha de clases, calificándolo de terrorismo y sólo lo consideró legítimo en situaciones excepcionales. De alguna manera lo jerarquizó aceptándolo sólo como parte de acciones militares dentro de una estrategia de liberación, en donde la frontera del atentado con la táctica de la emboscada a fuerzas militares puede llegar a ser difusa. En ese sentido el Che es la expresión máxima de esa ética. Tal era también la postura del PRT-ERP, el rechazo al terrorismo y a la pretensión de "ganar" espacios políticos por medio de los atentados y, sobre todo, evitar la indiscriminación por el riesgo que ello significaría para los civiles inocentes. Eso no lo eximió de algunos graves errores, que asumió y se autocriticó en su oportunidad.

Es en ese contexto que se efectuó la Operación Gaviota, un atentado contra el General Videla, no para acabar con la dictadura con un acto aislado, sino como parte de la resistencia, un duro golpe a la cúpula castrense, desmoralizar a los militares y sobre todo elevar la moral de la población ante esa demostración de voluntad de la guerrilla. No es posible saber que "hubiera" pasado con la eventual muerte de Videla, quizás no "hubiera" cambiado su rumbo esencial, como tampoco había garantías que la muerte de Hitler hubiese cambiado la historia de Alemania. Por lo tanto esta acción del ERP no es muy diferente de lo que se propuso el ácrata alemán George Elser con Hitler y que hoy su país, no sólo lo reivindica, sino que legitimiza. Osvaldo Bayer pone de ejemplo a la justicia del país de sus ancestros. Eso está muy bien, y por ello es que creo corresponde también conocer este intento del PRT-ERP y analizar qué nos diferencia de los alemanes, porque: "Si Elser en su atentado habría tenido éxito, se hubieran salvado los millones de inocentes", como afirma Bayer, la misma reflexión podría hacerse en el caso argentino. ¿Hubiéramos evitado treinta mil desaparecidos? No lo sé. No creo en la pretensión racionalista de leer la historia en subjuntivo; lo que "hubiera" pasado queda para la imaginación de la literatura, no para la historia; en cambio sabemos lo que pasó. Sólo se puede dar fe que efectivamente el ERP actuaba pensando –como Elser– que sólo se podía frenar la ferocidad represiva con acción; en cambio el partido comunista llamaba a la unidad cívico militar apoyando a Videla para "cortar el paso al Pinochetismo", un supuesto sector más "duro" de las FF.AA. El ERP no logró su objetivo y la historia da su veredicto: fue la dictadura más sangrienta de todos los tiempos en este país y no creo que pueda pensarse que más "suave" que la de Chile. No sabemos qué "hubiera" sido, sabemos lo que fue. Por eso Bayer, tomando el caso de Alemania, pone en discusión el rescate del derecho al tiranicidio, la actitud de resistencia, sin perjuicio de lo que "hubiera sido", de eficacias, oportunidades o cuestiones de conveniencia, porque nadie puede saber de antemano la resultante de sus actos.

Repito, la intención de atentar contra el tirano estaba dentro de la concepción de resistencia armada y no armada a la dictadura. La oportunidad la brindaba el hecho que Videla y parte de sus gobierno solían trasladarse en el avión presidencial Tango 02 partiendo del Aeroparque de Buenos Aires, un F 28, que luego pasaría a la historia de la aviación. Se tuvo en cuenta la existencia de un arroyo subterráneo que atraviesa la pista, el Maldonado, y se pensó en una carga explosiva para hacer estallar al momento del despegue. El ERP –a diferencia de la mortífera eficacia de Montoneros, quienes meses antes habían volado un Hércules con tropas de gendarmería en el aeropuerto de Tucumán–, realizó muy pocos grandes atentados con explosivos y cuando lo hizo adoleció de fallas.

La operación la dirigió un explosivista del ERP, Alberto Strejer a quien le decíamos La Tía. Desde el punto vista práctico, era muy complicada, había que colocar una carga sobre el techo del túnel debajo de la pista, desplegar cientos de metros de cables para accionar en forma eléctrica, ya que no se tenía garantía que los sistemas de control remoto funcionaran dentro de los túneles. Luego había que montar un puesto de observación con una referencia para indicar al artillero el momento justo de accionar, cuando el avión pasara exactamente por el sitio indicado. Sólo colocar una carga de cerca de cien kilogramos de trotyl adosada a la bóveda desde una balsa flotando sobre el arroyo, ya era una enorme dificultad práctica. El grupo, según este relato aproximado, estudió la red pluvial y tomó un punto de ingreso por una acantarilla que estaba a una considerable distancia del objetivo y trazó el itinerario subterráneo. Después perforaron el piso de una citroneta y la estacionaron sobre una boca de tormenta para entrar con todos los pertrechos sin llamar la atención, caminar por los caños y navegar sobre el Maldonado hasta el punto exacto. Todo un trabajo de ingeniería con la represión literalmente sobre sus cabezas. Supongo que la estructura bajo la pista debería ser visible por sus características constructivas, pues de lo contrario, asegurarse estar situados en el punto preciso hubiera necesitado minuciosas mediciones muy difíciles de disimular. Se extendieron los cables hasta el detonador que estaba en un punto en que se aseguraba contacto visual con el observador para accionar en el segundo justo. Nunca pude saber por qué razones Strejer decidió colocar una carga extra, de potencia algo menor, hacia un costado de la pista.

La misión del observador, por su parte, sentado en las gradas de un estadio cercano, no era fácil, debía distinguir con precisión al avión presidencial en un aeropuerto de un intenso tráfico y no siempre con clima adecuado, a veces la neblina dificultaba la visión. Tomar un punto de referencia para establecer desde su ángulo de observación el momento preciso. Por otra parte la operación tenía que estar montada y lista para accionar a la espera del viaje del tirano, información obtenida por medio de la prensa. Fueron varios meses entre preparación y espera del momento adecuado, con varios intentos que no se llevaron a cabo por diversas circunstancias: malas condiciones climáticas, cambio de planes presidenciales, no distinguir al aparato con precisión y, ante la duda y el riego de producir una catástrofe con un avión de línea, abortar, a pesar que cuanto más tiempo pasaba más peligro corría el equipo operativo.

Finalmente llegó el día D, el 18 de febrero de 1977, hace hoy exactamente treinta años; los combatientes no lo sabían, nadie lo sabía, nadie lo podía imaginar, pero ese sería el último combate de importancia del ERP en la Argentina, después de siete años de lucha armada continua. La radio había anunciado que el dictador viajaría con sus comitiva hacia Bahía Blanca; el equipo tomó posiciones. El avión con Videla, Harguindeguy y Martínez de Hoz, carreteó aproximándose al punto en que el arroyo cruza debajo de la pista, el observador levantó el brazo cuando el Tango 02 pasaba por el sitio indicado y con su tren de aterrizaje ya a una altura considerable del suelo; el operador accionó el detonador. En la pista se produjo un crácter invertido, como surgencia de un pequeño volcán, pero el avión, quizás por ser un poco menor de tamaño que los comerciales, se había elevado lo suficiente como para que la onda expansiva no lo desestabilizara; recibió una andanada de cascotes de hormigón y se sacudió, no obstante el piloto lo pudo controlar y luego aterrizaría en el aeropuerto militar del Palomar. La magnitud de la explosión fue insuficiente para quitar sustento al aparato para que se estrellara. Al parecer habría estallado sólo la carga adicional, la que habría expulsado a la carga principal sin tampoco hacerla estallar por efecto de simpatía. Sólo hipótesis y suposiciones, nunca pudo saberse qué pasó en ese túnel y existe escasa información pública de parte de las autoridades sobre este hecho. El circuito eléctrico había sido probado muchas veces antes de instalarlo. Lo cierto es que el tirano salvó la vida y continuó su viaje, porque dios demuestra con harta frecuencia estar del lado del poder. El equipo que efectuó el atentado no fue capturado, pero Alberto Strejer, sería secuestrado y desaparecido meses después cuando continuaba sus tareas militantes.

Escribe Osvaldo Bayer: "Nosotros, los argentinos, tuvimos dos Georg Elser. Se llamaron Simón Radowitzky y Kurt Wilckens. Hicieron justicia con su propia mano por el derecho de matar al tirano". Como vemos, no sólo los liberales suelen contar la historia en forma sesgada; la década del setenta dio muchos Georg Elser, varones y mujeres, entre ellos Alberto Strejer y su equipo cuyos nombres quedaron en el anonimato; y sólo si empezamos a reconocerlos dentro de nuestro campo, se podrá exigir a la instituciones del país que los reivindiquen como lo hace Alemania, reconocer esa voluntad de resistencia que implica jugarse la vida, y abrir una franca discusión político, filosófica y jurídica, sobre el derecho al tiranicidio que incluye, en cada situación, no lo olvidemos, la consideración ética sobre las consecuencias fatales para terceros inocentes de ejercer tal derecho.

Fuente: La Fogata, febrero 2007


Adolfo Scilingo: "Yo tiré al mar al guerrillero que quiso matar a Videla"

Entrevista por Juan Ignacio Irigaray (23 de marzo de 1996)

El represor arrepentido y ex capitán de corbeta de la Armada argentina, Adolfo Scilingo, es el único militar que pasará el 20 aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en la cárcel. Scilingo destapó hace un año los "vuelos de la muerte" y confesó haber echado a 30 prisioneros ilegales al mar. Según él, ahora paga su sinceridad en una celda solo y procesado por presuntas estafas.

En una entrevista con EL MUNDO en la cárcel de la ciudad de La Plata (sur bonaerense), el ex oficial naval por primera vez identificó a una de sus víctimas. Se trata del guerrillero que en 1977 falló en un tiranacidio, mediante una bomba contra el avión del entonces dictador militar, teniente general Jorge Videla.

Scilingo se considera un "preso político preventivo" del Gobierno de Carlos Menem y del ex dictador y ex jefe de la Armada, Emilio Massera, que a su juicio querrían frenar confesiones de más represores arrepentidos.

Entre 1976 y 1977, Scilingo estuvo en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Por allí pasaron unos 4.500 guerrilleros y opositores políticos, casi todos jóvenes. La gran mayoría recibió torturas y fue a parar a la noche del Atlántico. Volaron engañados, vivos, desnudos y adormecidos con Pentothal.

Dos décadas después aquellos muertos siguen como desaparecidos y la Armada argentina asegura que no sabe nada del asunto. Scilingo sí conoce del tema y aun entre rejas no quiere olvidar.

Pregunta.- ¿De qué lo acusan?

Respuesta.- Estoy preso desde el 2 de mayo pasado por el presunto delito de estafas no reiteradas. El juez Osvaldo Solimine presumía que no iba a poder afrontar las deudas que tenía para poner en marcha el complejo de recreo que tenía en la Panamericana. Ahora lo curioso es que el juez no estaba de turno, no había una sola denuncia de nadie y no había ni un cheque rechazado.

P.- Entonces, ¿por qué cree que está preso?

R.- Mi confesión había crecido mucho y como se acercaban las elecciones del 14 de mayo había que quitarme de la circulación. Se equivocaron pensando que me iba a callar, al contrario me hizo muy bien estar acá. Aunque parezca un disparate me hizo reflexionar mucho sobre lo que había hablado.

P.- Pero, ¿qué clase de preso es usted?

R.- No me gusta hacerme el mártir diciendo que soy un preso político; ahora bien, puede ser que me tengan acá para que sirva de ejemplo y evitar posibles declaraciones de otros que hayan estado en la ESMA. Un capitán de fragata muy conocido, cuyo nombre no voy a dar, y que participó en los interrogatorios, iba a hablar públicamente pero lo que ocurrió conmigo lo frenó.

P.- ¿Cómo se explica que usted esté preso y sus superiores acusados de crímenes estén libres?

R.- Yo cometí el grave error de pensar que el Gobierno, y sobre todo el presidente Menem, iba a abordar el tema de los desaparecidos, un tema que no está terminado. Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Menem podía ordenar a la Armada que rehaga las listas de muertos. La Armada dice que las listas no están, pero eso no es cierto.

P.- Las Fuerzas Armadas juran que no hay listas. ¿Usted cree lo contrario?

R.- Exactamente, yo pido que se publiquen las listas de muertos y que se diga en qué circunstancias murieron. En la ESMA había tarjetas codificadas con los datos de cada prisionero. Todo eso fue microfilmado y se hicieron tres juegos. Uno lo tiene Massera en una computadora personal. Otro juego lo tiene el capitán de navío Jorge Acosta, que puede ser que se haya desecho de ellas. El tercero fue pasando de mano en mano de los comandantes y en septiembre de 1983, el almirante Franco lo mandó a Suiza.

P.- ¿Usted cree que confió demasiado en el presidente?

R.- Mi gran error fue confiar en Menem. No les creí cuando me dijeron que me fuera del país porque el Gobierno estaba molesto por mi confesión, porque pensaba que iba a afectar las elecciones de mayo de 1995. Yo entiendo que es un tema traumático para la Armada, que no se animaban a decir: "Los tiramos dormidos desde aviones", porque no es fácil. Pero yo ya les había facilitado las cosas con mis declaraciones.

P.- ¿Hay un pacto de silencio en la Armada?

R.- Estoy convencido que hay compromisos políticos entre el Gobierno Menem y el ex almirante Massera. Ahora mismo hay gente de la ESMA trabajando en el mismo gobierno. El capitán de navío Acosta, dicho por el ex almirante Massera, trabaja para el ministro del Interior, Carlos Corach, y el jefe de gabinete, Eduardo Bauzá, en tareas de inteligencia. También el teniente de navío Horacio Radice trabaja en la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE) y participó en la campaña electoral de Menem.

P.- O sea que, según usted, está preso del "menemismo" y el "masserismo".

R.- Digamos que sí. A veces me acuerdo que un compañero mío me anticipó que iba a tener muchos problemas si hablaba.

P.- ¿Pero Massera todavía tiene tanta influencia política?

R.- Mire, la conclusión que yo he sacado es que fuimos una mafia encabezada por Massera como padrino y cuyo objetivo era la toma del poder en forma elegante vía elecciones. En la ESMA no se hizo sólo guerra antisubversiva. Se secuestró y asesinó a los diplomáticos Elena Holmberg, Héctor Hidalgo Sola, el empresario Fernando Branca, porque interferían los planes de la mafia.

El grupo de tareas llegó a poner una bomba en 1978 en la casa del economista Juan Alemann porque estaba en contra de Massera y se oponía a la realización del Mundial de Fútbol 1978.

P.- ¿Usted inculpó ante la Justicia al capitán Acosta como el responsable de la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet?

R.- Sí. El pasó a ser el jefe de operativos en junio de 1976, cuando al capitán de navío Salvio Menéndez le hirieron en un testículo en una acción y quedó fuera de servicio. Acosta tomaba todas las decisiones importantes. En 1984 volvió a la base naval de Puerto Belgrano (sur) con un Mercedes y tres coches antiguos de colección, o sea que ahorró mucho en la ESMA...

P.- ¿Y el ahora capitán de fragata Alfredo Astiz era tan bravo como lo pintan?

R.- Astiz era por entonces un teniente de fragata que no tenía una personalidad muy firme. No hizo más que cumplir órdenes. Como marino le hubiese dado de baja por su desempeño en las islas Georgias en la Guerra de las Malvinas. Ahí se enfrentó con los británicos y no combatió. Fíjese, qué paradoja, él aparece ahora como un monstruo y la cabeza de todo aquello, Massera dice que no se acuerda de nada...

P.- ¿Quién era el más duro entre los oficiales del grupo de operativos?

R.- El peor era el capitán de fragata retirado William Wamon. Fue un voluntario que volvió para luchar contra la subversión. Yo no estuve presente pero contaban que era tremendo.

P.- Y usted, aparte de los vuelos, ¿no hizo nada más?

R.- Era jefe de Electricidad y Automotores.

P.- Las descargas eléctricas a los prisioneros, ¿no provocaban cortocicuitos?

R.- No, porque cada picana eléctrica tenía reostatos e interruptores automáticos por si saltaba la luz. Mi gente se ocupaba del mantenimiento de las picanas. Cuando llegué en diciembre de 1976 había 3 picanas en otras tantas salas de torturas, pero antes hubo hasta 14.

P.- ¿Cómo soportaban los gritos de dolor de los prisioneros?

R.- Se ponía música movida. Era la misma música que Acosta mandaba poner para que bailaran de alegría los prisioneros antes de "volar", porque los llevábamos engañados diciéndoles que viajaban al Sur. Me parece que era música brasileña...

P.- Y los prisioneros, ¿qué hacían?

R.- Me acuerdo de una mujer que bailaba como loca. Otros más o menos. Había uno de ellos que decía que no era cierto que iban al Sur, se dio cuenta que los íbamos a matar. Yo había participado en el operativo de detención. Era un oficial de los Montoneros. Barbudo de unos 30 años. Quedó herido y lo llevé con toda celeridad al Hospital Naval. En la ambulancia me arengaba agarrándome de la mano porque le dolía la herida. Me respetaba, no me insultó. Me decía que los equivocados éramos nosotros. Decía que era buzo y había actuado en el atentado con bomba contra Videla en el Aeroparque, en 1977.

P.- ¿Qué pasó con él?

R.- Fíjese las cosas que tiene la vida. Yo tiré al mar al guerrillero que quiso matar a Videla. En el primer "vuelo" de prisioneros que me tocó dirigir, en junio de 1977, justo él estaba en el grupo. Los presos esperaban en un lugar que llamábamos Avenida de la Felicidad y él gritaba que los íbamos a matar. Después en el avión estaban los 13 desnudos, dormidos, echados en el suelo del avión y a punto de ser arrojados al mar.

El montonero se levantó como un fantasma. El teniente Vaca sacó una cachiporra y le golpeó la cabeza. Como en cámara lenta el pobre se llevó la mano a la cara. Vaca le pegó otra vez y se sentó despacio.

Después le pregunté al médico naval si no estaría despierto. Me dijo que no, que era un acto reflejo. Siempre me quedó la duda, tenía dos dosis de Pentothal. No pude saber el nombre, me gustaría saberlo para darlo y decir: murió como un héroe, murió bien, murió como un soldado.

P.- ¿A usted vienen a verlo sus camaradas a la cárcel?

R.- Sí, pero el jefe de la Armada almirante Enrique Molina Pico ordenó que nadie puede hablar conmigo. Hasta recibe las grabaciones de las conversaciones telefónicas que yo tengo desde aquí con mi mujer. Si yo nombro a algún oficial, él lo llama para saber qué relación tienen conmigo. Nos siguen de cerca y yo estoy aislado.

P.- La verdad pura y dura es que a 20 años del Golpe del 76 usted es el único que está preso...

R.- Yo empujé para que se produjera el golpe. Pero ahora digo que se cometió un genocidio. Eso ya no lo podemos desmentir y todavía seguimos ocultando cobardemente las barbaridades que hicimos y lamentablemente no se entiende la necesidad de la verdad. Lo hecho, hecho está. Pero hay que limpiar a las generaciones de argentinos que vienen. Dar una solución al tema de los desaparecidos. Ese es un nombre tan aberrante que no lo va a tapar ni el tiempo ni las alfombras rojas de los despachos oficiales ni el dinero del Estado. Los familiares quieren saber qué pasó. La única persona que puede encontrar una solución es Menem

Fuente: www.elmundo.es


¿Dónde anda la política?

Estamos viviendo la lenta agonía de una civilización. Una de sus expresiones es el agotamiento de las vías emancipatorias que hasta ahora habían signado la continuidad de la vida humana: al mismo tiempo es posible visualizar embriones de presencia de una civilización alternativa en gestación, en prácticas sociales que a su vez inspiran ciertos balbuceos del pensamiento radical. Las vías hoy agotadas fueron, en la civilización moderna, en forma dominante, la organización de la clase trabajadora ejerciendo su hegemonía sobre las demás clases oprimidas para la captura, pacífica o violenta, del aparato del Estado y el intento de su utilización como instrumento educador y coercitivo de esa clase trabajadora para que, en su propia emancipación, emancipara al resto de la humanidad.

Asimismo el capitalismo ha alcanzado la hegemonía mundial, con la cruel paradoja que las propias luchas anticapitalistas, a la larga ayudaron a la consolidación del capitalismo. Habíamos luchado contra los capitalistas, no contra el capitalismo.

Y hoy queda claro que esto no debería ser extraño, ya que el Estado Nacional, es inherente al capitalismo, sistema que ha utilizado su aparato, expandiéndolo o reduciéndolo según sus necesidades. Es más, la lucha de clases ha obrado como acicate para la permanente adecuación del capitalismo, resolviendo las crisis sistémicas con pragmática renovación. Así, por ejemplo, el agotamiento del fordismo como forma productiva no se debe tanto al supuesto desarrollo "autónomo" de la tecnología, como a la necesidad de enfrentar la potencia de la clase obrera. La presión de los sindicatos obró como incentivo en la búsqueda de tecnologías que contrarrestaran la dependencia del capital del trabajador invirtiendo la correlación de fuerzas por la oferta de mano de obra. Lo que ha quedado agotado entonces es, la vía estatal hacia el socialismo.

Si convenimos que el Estado Moderno es inherente al capitalismo, su instrumento de dominación, toda política estatal o multiestatal no puede dejar de ser capitalista, toda lucha en ese ámbito será por lograr una mejor tajada en la torta, pero no por la torta misma. Y toda oposición dentro de su lógica, a la larga ayuda a consolidarlo. Pretender que las Empresas estatales fueron y son formas de socialismo ha sido una de las mayores estafas al intelecto por más que, como servicios a los trabajadores sean preferibles a las privadas. Si es cierto que el sistema productivo capitalista se caracteriza por la socialización de la producción y la apropiación privada del producto, ello vale también para el Estado. Podemos agregar el otro componente: capitalismo es trabajo asalariado. Por consiguiente, un Estado que tiene millones de asalariados es, por definición, un Estado capitalista. Y no existe Estado Moderno sin asalariados.

Por lo demás, el neoliberalismo no "redujo" el Estado, no lo "ausentó", al contrario, lo reorganizó fortaleciendo los resortes que más le convenía y desarmando los que le perjudicaban. En nuestro caso, por ejemplo, nunca en su historia el Estado argentino tuvo las fuerzas de seguridad interna más numerosas, mejor educadas, mejor entrenadas y mejor pertrechadas. (¿Alguien de mi edad recuerda cómo era el vigilante con un silbato, un 38 y, en caso de "conmoción", como arma larga un winchester 30-30?) El Estado impulsó la construcción de autopistas, y toda infraestructura acorde al neoliberalismo. También afianzó los instrumentos políticos y jurídicos para implementar su dominio.

Por el lado internacional, los continuos reordenamientos mundiales, desaparición y resurgimiento de regiones de influencias, (Unión Europea, reagrupamiento asiático, ALCA, Oposición del mundo musulmán, Mercosur, "No alineados", etc.) no son más que las diversas formas constituidas del capitalismo como sistema mundial, sin perjuicio de que eventuales contradicciones favorezcan a la lucha emancipatoria. ¿Cómo se explica sino que Sadam en Iraq, otrora armado y apoyado por los EUA para exterminar comunistas y enfrentar a Irán, hoy sea el Hitler de Oriente medio? ¿O la memoria es tan frágil que se olvida cuando Europa dio aires a Hitler? ¿O acaso alguien piensa que Irán, por citar el ejemplo de un país enfrentado a EUA, es un "estado socialista", siquiera minimamente "progresista"? ¿O vamos a seguir con el maniqueísmo "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"?

Por otra parte, el único principio absoluto que rige al capitalismo es la libre circulación de la mercancía y, para su logro, poco importan las diversas formas jurídicas de propiedad, políticas y culturales. China es ejemplo de cómo el capitalismo puede desplegarse con propiedad estatal. Si en el pasado el capitalismo necesitó armar un sistema conceptual de grandes principios, desde la filosofía hasta lo jurídico, que se plasmó en la fortísima doctrina política llamada liberalismo, y en las sagradas instituciones laicas (Partidos, División de Poderes, Sufragio Universal, Cismas religiosos, Universidades laicas, libertad de cátedra, humanismo, etc.) y formidables pensadores como Hobbes, Locke, Hegel, fue porque estaba en pleno desarrollo de sus fuerzas constituyentes y necesitaba esas armas para destrozar la resistencia del viejo régimen, secularizar la sociedad para abrirla a la mercancía, por un lado, y neutralizar, coptar o aplastar la resistencia de los explotados y oprimidos, por otro.

Hoy, conseguida la hegemonía, constituidas sus fuerzas , ya no necesita de esos instrumentos, por el contrario, desarrollar demasiado la inteligencia no es aconsejable, a lo que podríamos agregar, quizás cierta senilidad. (Algunos juristas califican de "petreos" los artículos fundantes de la Constitución Nacional ) El llamado "neoliberalismo" es la prueba más palpable de este aserto: pocas veces en la historia de las ideas se ha visto un pensamiento tan pobre y estadistas tan mediocres como hoy. Invirtiendo aquel juicio de Marx en el sentido que en una época que se necesitaban genios, surgieron los genios, podríamos decir que hoy sólo se necesitan mediocres y surgen mediocres. La mediocridad de la clase política de todo signo es el rasgo distintivo universal de la época. Dicha mediocridad no tiene nada que ver con cuestión de genes, sino con el estancamiento profesional de todo lo constituido, ahogando la creatividad. La política es ante todo un arte y como tal, como arte, no admite profesionalización, es decir no puede ser un medio de vida. Aquellos genios vivían para la política, los actuales mediocres viven de la política, preposiciones que establecen la diferencia sustancial. Dicho de otra manera, profesionalizar la política es transformarla en administración (gestión, como gusta decirse ahora)

La "cultura" (comillas necesarias para distinguirla de la "otra" cultura, que vaya a saber uno por dónde anda) tampoco se puede profesionalizar sin el costo de castrarla o al menos hacer el ridículo. Por eso es que la cultura, manipulada, banalizada, burocratizada, por las secretarias nacionales, provinciales y comunales, corre paralela y sin romperse los cuernos con la mercantilización privada. Dos caras de una misma moneda. Sólo que, bien mirado el asunto, la privada es más sincera, se llama a sí misma negocios del espectáculo o por el estilo. Pero todo llega, ahora desde el Estado se propicia la "industria cultural". Semejante monstruosidad conceptual, como la idea de "industrializar" la cultura -similar a reemplazar las plantas ornamentales naturales por las de plástico–, sólo es posible partiendo de una visión mercantil. Con el control casi absoluto del sistema educativo y los medios de comunicación, por medio de la comunión con las corporaciones, el Estado puede coptar, seducir, sobornar y por último reprimir, para asegurar la continuidad.

Ahora bien, el Estado es por un lado un aparato material, pero dicho aparato no podría funcionar de otra manera que en forma represiva, sino fuera también una convención social. Una creencia colectiva de tal magnitud que impide pensar otra cosa por fuera del Estado. Impide salir de la antinomia estatal-privado. Asi, por ejemplo, la educación estatal es un dogma intocable, porque la única "alternativa" que se nos ocurre sería "privado". Pero ¿quién dice que estatal es público? ¿Estatal es colectivo? ¿No habrá llegado la hora de revisar esa palabra "propiedad", que nos obliga a reemplazar la "propiedad" privada por la "propiedad colectiva" sin salirnos de la idea de propiedad? ¿Y encima identificando colectivo con lo estatal? ¿No se sabe acaso que la palabra "propiedad" no existe en numerosas lenguas "primitivas"?

Para completar estas afirmaciones digamos que las clases ilustradas son las sostenedoras principales del sistema, aun cuando en términos conscientes, racionales, compartan las críticas y sobre todo el malestar. La Universidad es el "nicho" (palabreja que me viene al pelo por su re-significado "anglo" de moda en el mundo académico) donde se produce ese "malestar" que la misma Universidad critica, precisamente por la "profesionalidad", la reproducción de la banalidad, la mediocridad y la pobreza intelectual. ¿Demencia senil la mía? ¿La Universidad que ha sido tradicionalmente el lugar de donde salieron la revolucionarios? ¿El lugar donde están todos los iconos Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, El Che, Mao, Evita, Rosa, Walsh, Santucho, Sendic, Fidel…. Pues se actúa en sus nombres, a sus nombres y a pesar de sus nombres. ¿No se les ocurre pensar que la inmensa mayoría de los políticos salen de la Universidad y los que no son universitarios se rodean de asesores producidos por las "Altas casas de estudios"? ¿Creen que el disparate llamado "industria cultural" es un invento de algún político trasnochado de la bohemia de la calle Corrientes?. No señor eso salió de algún licenciado por la Universidad, lo más probable "de izquierda" o al menos "progre".
Claro pues que es necesaria la profesionalización, en el sentido técnico como "el modo adecuado de hacer determinada cosa", alfabetizar, construir un puente, tratar un enfermo, conducir un vehículo, actuar en un litigio jurídico, y así hasta el infinito. Y en tal sentido, la palabra licenciatura es precisa, la sociedad da licencia, habilita a una persona para ejercer ciertas profesiones como modo de proteger a la comunidad. Y bueno, mientras no inventemos otra cosa, será el Estado el que otorgue o valide esas licencias. Sin embargo dos objeciones: la primera, que esto no es absoluto, pueden pensarse mejores alternativas. (en Alemania por ejemplo, una persona puede acudir a un "curandero", siempre que se haga responsable ella misma de las consecuencias y no afecte a terceros) ; la segunda que no todas las actividades humanas necesitarían de tal control, ni siquiera la mayoría, y ni hablar del arte en donde la búsqueda de la "meta", el título absurdo, burocratiza y acogota la creatividad a punto tal de desnaturalizar el arte.

La gran enseñanza es clara: la vía estatal de emancipación es una vía agotada, por más que renovemos la locomotora y los coches, si no tomamos otra vía vamos hacia la muerte. La muerte, si, literalmente hablando, porque la libre circulación de la mercancía, aceitada por todos los Estados sin excepción, alentada por el insensato optimismo de los tecnócratas está destruyendo el planeta. Hoy los científicos discuten si es mayor el riesgo ecológico que la hipótesis de guerra nuclear. En todo caso el campesino de Santiago del Estero sabe que la topadora en tan destructiva como un tanque de guerra. Por eso la preocupación ecologista no es un entretenimiento de pequeños burgueses europeos eructantes, es cuestión de vida o muerte. Y los primeros en morir siempre son los ayunantes.

La degradación actual de la política, incluida la corrupción generalizada, no es más que la expresión la transformación de la política en simple administración de un sistema hegemónico. La Política que desde Maquiavelo fue un arte para transformar, hoy se ha convertido en una "ciencia" para administrar lo existente.

Pero, como la vida sigue por debajo de la superficie que solemos observar, es posible apostar a que "La política está en otra parte"
Esta expresión, que no es mía, sino recogida por un sencillo periodista, resume en seis palabras la direccionalidad de toda acción que se proponga una genuina emancipación. Se trata entonces de desplazar el eje de la lucha de los tradicionales espacios de gestión estatal hacia allí donde se encuentra la política en toda su potencialidad.

¿Dónde está la política?

Si la política no es administración de lo existente (gestión) como se pretende, sino transformación, al serle robada su razón de ser por la hegemonía dominante, la política, como una de las expresiones de la vida, dejó la piel, el nombre, la apariencia en los lugares tradicionales y se lanzó a la búsqueda espontánea de otros caminos. Parece ser que anda incursionando por lo biológico lo antropológico y lo ecológico. No en el sentido disciplinario científico de tales palabras sino en su sentido semántico. Vida, humano y ambiente.

Quizás sea así, quizás no, en todo caso para ver esos nuevos caminos, para saber dónde está la política, es imprescindible moverse de lugar, salir de la Academia, del Comité y del aparato del Estado y paraestatal.

Salir de la Academia porque las ciencias sociales se han manifestado al menos estériles para orientar camino alguno. A lo sumo han servido –y muy relativamente– para examinar lo pasado, nunca lo presente y mucho menos el futuro. Más aun, contribuyen día a día a ocultar la metamorfosis de la política en gestión, en particular las "ciencias políticas" son las encargadas de rellenar la piel hueca que quedó tras el exilio de la política hacia otra parte. Es posible aventurar también que el fracaso de la pretensión de encasillar el arte de la política en "ciencia", ha dejado un hueco que parece ser ocupado por la filosofía. El problema es que si la filosofía se hace política dejará de ser filosofía y dificilmente será política.

Salir del comité, antesala de la gestión estatal, porque, por el contrario, en la administración, la gestión estatal o paraestatal, encontraremos otra vez sólo esa piel, la superficie de la política que salió a ensayar otras prácticas.

La experiencia del pasado reciente y la actual, muestra que lo que ha hecho posible cambios son las acciones "espontáneas" de los grupos humanos que se movilizan a partir de un evento concreto, obligando al propio Estado a reaccionar. En rigor, allí está el movimiento real, vivo, lo otro, lo del Comité, de la pantalla de TV, es "representación", espectáculo, ficción.

En efecto, mientras la representación de las "mayorías" con discurso e intenciones a veces anticapitalistas, enfrentaban a los capitalistas con su propia lógica y sus propias armas y quedaron aprisionadas por el capitalismo, algunas "minorías" se rebelaban tanto contra el capitalismo como contra las propias políticas de las "mayorías" y lucharon a pesar de todo, y es así como en el mundo de hoy han logrado hacerse oír y abrirse espacios emancipatorios al menos más sólidos que los del mundo del trabajo (movimientos feministas, de defensa de la diversidad sexual, minorías étnicas, minorías de "diferentes", minusválidos, ecologistas, etc.) ¿Que exagero? Hoy un minusválido tiene derecho a viajar gratis en servicios públicos,(recientemente lograron incluso no pagar peaje) mientras que un pobre o un desocupado tiene que hacer dedo. Además han obligado al Estado a cumplir con una cuota de empleo genuino a las personas discapacitadas, mientras el resto de los trabajadores desocupados reciben, en el mejor de los casos, subsidios. Una pequeña ciudad del interior condiciona parte de la política exterior del gobierno nacional y pone en jaque al Mercosur, mientras que el mundo del trabajo organizado no logra modificar las relaciones laborales. Una cooperativa de trabajadores recupera y pone en funcionamiento un hotel de categoria internacional, mientras los Estados socialistas los privatizan.

No se trata de pretender que esas minorías sean el "sujeto de la revolución", menos aún adjudicarles el carácter de "vanguardia", no se trata tampoco de olvidar que el conflicto esencial es capital-trabajo; se trata de investigar en la práctica de esas minorías, su capacidad para lograr salir de la trampa de la lógica capitalista, aun teniendo en cuenta que en el sentido consciente, muchos de sus protagonistas no se definirían "anticapitalistas" y aún cuando pequeños "triunfos" no representen riesgos para el capitalismo.

En nuestro medio, esas prácticas de verdadera política, ese "otra parte", se visualizan en las fábricas recuperadas, ciertas prácticas piqueteras, los movimientos campesinos que enfrentan los desmanes de la biotecnología o los movimientos ecologistas como Esquel o Gualeguaychú. Y seguramente muchos más que mi corta mirada no alcanza a ver, pero que podremos descubrirlas si, como dice Raúl Zibechi, logramos mirar debajo de la superficie.

Y en esas prácticas están los embriones de la vida emancipada, no hacia un estadio futuro sino en la propia presente acción. Porque en esas actividades la organización, la fraternidad, la humanidad, la democracia, y la libertad, dejan de ser una teoría, un estado, un postulado, una retórica (en cualquier caso estáticas) para materializarse en una práctica, en un modo de vivir. En particular la democracia deja de ser un sustantivo y una superstición para transformarse en un verbo: Sólo hay democracia en la acción.

Por eso nuestra propuesta consiste en impulsar en el orden nacional un debate activo con estos enfoques, de modo tal de avanzar en el tejido de una red que articule y despliegue toda la potencia emancipadora que habita en estas acciones sociales "espontáneas", caracterizadas por la diversidad de las motivaciones concretas y con harta frecuencia por la heterogeneidad de clase, de ideas, de prácticas y hasta de motivaciones.

Naturalmente que encontraremos serios problemas, fuertes contradicciones, resurgimiento diario de relaciones de dominio, de lucha por micropoderes, de mezquindades, dogmatismos y tendencias burocráticas y sobretodo el riesgo de la llamada micropolítica con tendencias centrífugas que dificultan la articulación de redes, que en su diversidad, apunten a un horizonte anticapitalista. Son los nuevos desafíos de viejos problemas en nuevas prácticas que sólo podrán resolverse en la acción misma de ir construyendo con el cuerpo un nuevo pensamiento, en continua lucha contra la hegemonía dominante, para recoger lo mejor de lo acumulado por la humanidad.

Porque si aquel fortísimo pensamiento que constituyó al capitalismo hoy es senil, debemos advertir también que el formidable pensamiento emancipatorio desarrollado desde lo Macabeos, Espartaco, el cristianismo primitivo, el socialismo útopico, hasta Marx y sus sucesores, al no haberse podido desprender del todo de la influencia del pensamiento dominante, hoy, como teoría, es todavía demasiado joven o está demasiado retrasada con respecto a la riqueza de las prácticas sociales que impulsa la fuerza de la vida.

Salir de la Universidad, salir de la Academia, salir del Estado, salir de la lógica del salario, no significa abandonar mi medio de vida, el lugar en el que me gano el puchero como empleado público, docente o médico. No significa tampoco abandonar la pelea por mejores ingresos y condiciones de trabajo propia del sindicalismo. Significa en primer lugar no creernoslá, precisamente eso, entender que por "elevada" que sea la profesión, ese lugar es simplemente el medio de vida que me ha tocado en suerte, pero no tiene nada que ver con la política, a lo sumo sirve como cualquier biblioteca, como cualquier centro de información, como Internet, como un lugar donde existen ciertos recursos, los cuales, debo utilizarlos con inmenso cuidado, con celosa capacidad de discernimiento porque, al igual que los fármacos, pueden ser tanto medicina como veneno.

El Estado es una máquina de dominación por lo tanto el Estado es el lugar de la impotencia emancipatoria. Pero el Estado impregna nuestras vidas, tanto por su aspecto coercitivo como por la tradición cultural estatista. El gran debate es cómo ejercer la política, es decir, cómo avanzar en logros de libertad, como reemplazar al Estado y sus instituciones paraestatales, en particular el sistema educativo, de su papel de mayor instrumento de organización social, en una práctica que contenga en su despliegue los embriones para su de disolución.

Fuente: La Fogata, enero 2007

      

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