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Asalto al local del PC |
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Franco - La “depuración” interna del peronismo en los 70
Juan Carlos Cena - La conspiración de los
iguales |
Alica Sevetto
- Obregón Cano y el golpe policial (1973-1974)
De Campora a
Peron - Revista Pasado y Presente 1973 |
Purga sangrienta
(Revista Triunfo, España) marzo 1974 |
Diccionario
de los 70
¡Córdoba
acusa! Publicación del Partido Comunista sobre el ataque de la Triple A el 09/10/74
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Entrevista a Atilio Lopez - Diario Noticias 23/12/1973
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Cuando
el peronismo se volvió antiperonista
Julieta Dorio - Alejandro San Cristóbal
Eran las 22.55. En la habitación donde se encontraba reunido un grupo de funcionarios
provinciales se vivía un clima de extrema tensión. De pronto, la puerta se abrió
bruscamente y tres hombres armados con ametralladoras irrumpieron en la sala,
obligando a los allí reunidos a salir al pasillo. Uno de los funcionarios inquirió:
-¿Quién es el jefe de este operativo?
-¡Retírese, señor! Oportunamente se le informará-, respondió imperativamente
uno de los hombres armados y, acto seguido, obligó al grupo a colocarse en fila
para marchar hacia la salida principal de la Casa de Gobierno.
La noche del miércoles 27 de febrero de 1974 un grupo de más de cincuenta policías
cordobeses ingresó a la Casa de Gobierno provincial y depuso al gobernador peronista
Ricardo Obregón Cano y a su vice, el dirigente gremial Hipólito Atilio López.
Los rebeldes se encontraban al mando del Teniente Coronel (RE) Antonio Domingo
Navarro.
Junto a los mandatarios, los sediciosos detuvieron a unas setenta personas que
se encontraban en la gobernación. Entre ellos estaban los ministros de Bienestar
Social y de Gobierno, Antonio Lombardich y Elio Alfredo Bonetto; los diputados
Luis Bruno y Blas García; el presidente del Banco de la Provincia de Córdoba,
Julio Aliciardi; el Fiscal de Estado, Juan Carlos Bruera; el director de Prensa,
Alejo Díaz Tiliar; y el hijo y secretario personal del gobernador, Horacio Obregón
Cano.
Navarro había sido relevado de su cargo de Jefe de Policía provincial esa misma
tarde por el gobernador, por considerarlo "poco confiable". Al enterarse del
relevo, el jerarca policial acuarteló a unos siete mil efectivos a sus órdenes
en la ciudad, aduciendo una "infiltración marxista" en el gobierno.
Frente a estos hechos, el Gobierno respondió con su exoneración definitiva y
puso en su lugar al Inspector Mayor Rubén Cuello, quien ejercía la subjefatura
desde que Navarro detuviera, días atrás, al ex subjefe, Teniente Coronel (RE)
Julián Chiappe.
Esa misma tarde, grupos de civiles habían tomado las emisoras LV2 -La Voz del
Pueblo- y LV3 -Radio Córdoba- y comenzado a emitir comunicados en apoyo al jefe
de la insurrección. Una de las transmisiones sostenía que Navarro representaba
“una garantía de orden” y era “el vehículo necesario para el proceso de liberación”.
En respuesta, el Gobierno difundió la siguiente declaración: “Antonio Navarro,
en franca actitud de rebeldía, lejos de acatar la orden recibida, engaña a sabiendas
a parte del personal policial y, con el apoyo de pequeños grupos repudiados
por la ciudadanía, se rebela, pretendiendo ser fiscal del gobierno electo por
todo el pueblo de la provincia”.
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Al caer la noche, se escucharon tiroteos en distintas
partes de la ciudad. Civiles armados e identificados con brazaletes rojos comenzaron
a circular por las calles.
Acusados por Navarro de “proveer armamento a grupos civiles de conocida militancia
marxista”, el gobernador y su vice fueron llevados al Comando Radioeléctrico
de la Policía provincial, donde permanecerían cautivos hasta el viernes 1° de
marzo a las 17.30.
El jueves 28 a las 22.00, el presidente de la
Cámara de Diputados provincial, Mario Dante Agodino, asumió la gobernación interina.
A la misma hora era llevado a cabo un atentado contra el domicilio de Obregón
Cano.
Por su parte, el Gobierno Nacional, encabezado por el Teniente General Juan
Domingo Perón, lejos de restituir a los funcionarios en sus cargos, en un principio
no tomó partido en la contienda. El sábado 2 de marzo al mediodía dio a conocer
su posición: la intervención federal de la provincia.
El país que estallaba
¿Qué pasa general, que está lleno de gorilas
el gobierno popular?
La situación política en el ámbito nacional estaba convulsionada. Los alzamientos
populares, la guerrilla, el accionar de las Fuerzas Armadas y el comienzo del
terrorismo de Estado con la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) prepararían
el terreno para el golpe de Estado de 1976.
La entrada de la Juventud Peronista (JP), como política de masas de Montoneros,
al escenario nacional cambió la forma de los enfrentamientos políticos en el
país. Para el ensayista Alejandro Horowicz –autor de Los cuatro peronismos–,
"antes bastaba con amenazar la caja de los sindicatos o su estatuto de legalidad
para poner fin a cualquier resistencia más o menos seria".
Según analiza el historiador Norberto Galasso, "desde el exilio, Perón creía
que si volvía a la Argentina los jóvenes se desarmarían y se integrarían al
movimiento, aceptando la verticalidad. A su vez, los jóvenes pensaban que Perón
aceptaría su proyecto porque, después de todo, ellos se habían jugado la vida
en la lucha armada". Ambas partes estaban equivocadas.
A fin de cuentas, no se trataba de un conjunto de jóvenes obedientes a las órdenes
de Perón, sino de militantes revolucionarios con un proyecto propio, encolumnados
detrás de la figura de Perón.
![]() El coronel Antonio Navarro pasó a la historia por protagonizar el golpe policial conocido como "Navarrazo" desplazando al entonces gobernador democrático Ricardo Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López. El policía tomó la Casa de Gobierno el 27 de febrero de 1974, antes de medianoche. Las crónicas lo describen ingresando a la Casa de Gobierno pistola en mano. El "movimiento" contaba con el apoyo del gobierno central de Juan Domingo Perón y, principalmente, de su mano derecha, el ministro de Bienestar Social, José López Rega, en tiempos en que éste último acumulaba poder desplazando al ala izquierda del peronismo en la que se encontraba Obregón Cano. Comenzaba a forjarse la Alianza Anticomunista Argentina (A.A.A.) que en Córdoba se llamaría "Comando Libertadores de América". Fue jefe de Policía entre el 13 de junio de 1973 y marzo de 1974. |
El fortalecimiento de la JP y, con esto, del
Frejuli llevó a que la Tendencia Revolucionaria obtuviera cinco gobernaciones
importantes: Córdoba, Buenos Aires y Mendoza y, en menor medida, Salta y Santa
Cruz. También ocuparía varios cargos en el gobierno de Héctor Cámpora: Juan
Carlos Puig en Relaciones Exteriores, Esteban Righi como ministro del Interior,
Jorge Alberto Taiana en Educación, la dirección de la Universidad de Buenos
Aires con Rodolfo Puiggrós y Arturo Jauretche como presidente de Eudeba.
"La fórmula Obregón Cano – Atilio López era la única de ese tipo en toda la
Argentina, ya que expresaba una situación muy particular en Córdoba: la incandescencia
del Cordobazo. Además, representaba no solamente a las organizaciones político-militares
o al movimiento obrero, sino a la relación entre ambos", opina Horowicz.
La fórmula presidencial Perón – Perón produjo un gran malestar en los sindicatos,
que apoyaban la fórmula Perón – Cafiero, y provocó una lucha muy fuerte que
modificó la situación con el regreso de Perón el 20 de junio de 1973.
En Ezeiza, Perón advirtió que no dirigía la movilización general de la sociedad,
por ello, según Horowicz, "comenzó a actuar en términos de desmovilización,
y para esto no había otra forma que hacer desmovilizar a los que estaban movilizados".
Esto se evidenció en las provincias donde la Tendencia tuvo mayor influencia
-Córdoba, Mendoza y Buenos Aires-, sobretodo en Córdoba porque la dirección
era homogéneamente de la Tendencia.
"El hecho de que Atilio López haya sido un dirigente clave del Cordobazo provocó
que la derecha peronista pusiera mayor atención sobre esa cuestión y cargara
frontalmente en contra del Gobierno provincial", advierte Horowicz.
"Finalmente, el quiebre definitivo entre las juventudes y Perón se dio con el
asesinato de (José Ignacio) Rucci el 25 de septiembre del '73", concluye Galasso.
La JP cae en picada
Cuando había que luchar contra la dictadura, éramos la juventud maravillosa,
ahora somos los infiltrados
El 20 de enero de 1974 el Ejército Revolucionario
del Pueblo (ERP), comandado por Mario Roberto Santucho, copó un regimiento del
Ejército Nacional en la localidad bonaerense de Azul, matando al jefe de la
unidad y a su esposa.
Ante estos hechos, Perón –ya en su tercer mandato– cargó contra el gobernador
de la provincia, Oscar Bidegain, acusándolo de respaldar a la guerrilla con
la "evidente desaprensión de las autoridades provinciales" y amenazó con renunciar:
"Yo he aceptado el gobierno como un sacrificio patriótico, porque he pensado
que podía ser útil a la República. Si un día llegara a persuadirme de que el
pueblo argentino no me acompaña en este sacrificio, no permanecería un sólo
día en el gobierno".
Frente a esta fuerte reprimenda del Gobierno Nacional, Bidegain se vio obligado
a renunciar, siendo reemplazado por el vicegobernador y dirigente de la Unión
de Obreros Metalúrgicos (UOM), Victorio Calabró.
La primera de las cinco provincias había caído.
Posteriormente lo harían Mendoza –en junio del '74 con el juicio político y
la posterior destitución del gobernador Alberto Martínez Baca–, Salta –el 11
de marzo de 1976, con la provincia intervenida, Miguel Ragone fue secuestrado,
convirtiéndose en el único ex gobernador desaparecido de la República Argentina–
y Santa Cruz –con la destitución y detención de su gobernador, Jorge Cepernic.
"Obregón Cano asumió un proceso de liberación nacional en el camino del socialismo
nacional. No para establecer el socialismo, pero sí un proceso lo suficientemente
profundo y radicalizado como para avanzar hacia una transformación social de
fondo, en una provincia donde había un fragmento revolucionario muy grande",
asevera Galasso.
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Jauretche hacía un análisis de las características
del Cordobazo donde afirmaba que la capital cordobesa tenía aspectos muy singulares
que la distinguían del resto del país: obreros muy concentrados en importantes
fábricas automotrices –de 4 mil, 5 mil hombres– y un barrio, el Clínicas, poblado
por estudiantes que en su mayoría provenían de otras provincias.
Para Jauretche, en este ámbito los jóvenes estaban influenciados por todos los
grandes acontecimientos mundiales –la guerra por la independencia de Argelia,
la Revolución Cubana, el Mayo Francés–, pero a eso se sumaba que vivían en pensiones,
en contacto con otros chicos en las mismas circunstancias, por lo que desarrollaban
un potencial revolucionario mucho mayor que en otras ciudades, ya que no tenían
ningún peso, ninguna limitación de sus familias.
Esto habría contribuido a que Obregón Cano y Atilio López se convirtieran en
figuras provinciales.
La Docta en la mira
Voy a volver, pero me parece que para mí ya es un poco tarde y para ustedes
es un poco temprano
Juan Domingo Perón (Madrid – 1971)
Obregón Cano rememora sus últimos días como gobernador: "Los empresarios del
transporte empezaron a sacar los ómnibus de la provincia como método de presión
para un aumento de la tarifa del transporte".
Horowicz sostiene que el lock-out del transporte fue decisivo, ya que los medios
de locomoción "generan la posibilidad de la movilización popular. Así, cada
cual quedaba librado a sus propias posibilidades de traslado".
Como Atilio López era dirigente precisamente del transporte, Horowicz sostiene
que el lock-out "fue el modo de impedir que él tuviera un grado de respuesta
de cierta velocidad y mostró que era un acto que se planteaba desde el poder,
porque suponía un acuerdo con la Cámara del Transporte, un acuerdo hecho desde
el Gobierno Nacional".
El ex gobernador recuerda que "se hizo una patota, inclusive con una patota
grande que vino de Buenos Aires con parte de la Policía Federal, pero sobretodo
de civiles con franjas en los brazos".
Una de las razones que le encuentra Obregón Cano al hecho, es que "a Córdoba
le apuntaban desde Buenos Aires porque se había transformado en un centro meridiano
del país y competía a nivel universitario, sindical y empresarial". Además,
cree que "el Cordobazo también tuvo un gran peso".
Según Horowicz, "el control que logró el navarrazo fue muy exterior; tanto es
así que hasta 1976 sólo abrió el paso para que la Triple A operara con mayor
comodidad. Significó el comienzo de una transformación que se acentuaría con
el Proceso como continuidad".
¿Quién era Navarro?
- Gobernador, vámonos, mire que están por venir enseguida – dijo asustado uno
de los guardias.
- Doctor, nosotros tenemos armas, vamos a defender la Casa de Gobierno- insistieron
los jóvenes militantes.
- Muchachos, a sus casas. Para mí lo peor sería que por defender el gobierno
se produjera alguna muerte.
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Durante los años previos al regreso de Perón
a la Argentina, las organizaciones políticas juveniles -en especial Montoneros-
comenzaron a organizarse a nivel nacional y a incorporar gente de distintos
grupos de la sociedad que, si bien no convergían en una ideología común, compartían
un objetivo inmediato: el retorno de Perón al país.
Así comenzaron a tener contacto con sectores de las Fuerzas Armadas que consideraban
necesaria una salida democrática al gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse.
Tal vez, el hecho más significativo que reflejó el punto más alto de esta relación
entre el pueblo y los militares llegaría en 1973 con el Operativo Dorrego, cuyo
objetivo era resolver problemas causados por las inundaciones en la Provincia
de Buenos Aires.
Comandada por el gobernador bonaerense Oscar Bidegain y el jefe de las Fuerzas
Armadas, Raúl Carcagno, en la operación trabajaron soldados conscriptos, suboficiales
y hasta oficiales del Ejército junto a muchachos de la JP.
Así, sectores militares que simpatizaban con las organizaciones guerrilleras
-algunos porque vieron con buena cara el asesinato de Pedro Eugenio Aramburu
(el 2 de junio de 1970), pero la mayoría porque creía que debía abrirse paso
a un proceso democrático y que la única persona capaz de llevarlo adelante era
Perón- comenzaron a vincularse con las conducciones de las organizaciones político-militares.
Sobre estos sectores de las Fuerzas Armadas, Elvio Alberione -parte de la conducción
cordobesa de Montoneros- detalla que "generalmente no ocupaban posiciones demasiado
claves en la Fuerza, salvo algunos, como el General Carcagno", quien por esos
tiempos era Comandante en Jefe del Ejército Nacional.
A escala provincial, quien tenía una posición
relativamente fuerte era Antonio Navarro, que estaba al frente de la Policía
Militar del Tercer Cuerpo del Ejército. "La Policía Militar disponía de cerca
de mil hombres y eso significaba mil armas. No era poca cosa para nosotros.
De todos los militares que conformaban esa especie de Estado Mayor que habíamos
creado en Córdoba, era el que más podía disponer de ese tipo de relaciones",
relata Alberione.
Luego del triunfo electoral de la fórmula Obregón Cano – López para la gobernación
de Córdoba, el gobernador electo solicitó a la militancia la presentación de
una terna para la jefatura de la Policía provincial.
Según Alberione, se propusieron "dos ternas que fueron rechazadas. En la tercera
fue incorporado Navarro por su anterior colaboración, pero ya desconfiábamos
de él porque las últimas reuniones estaban botoneadas y sólo quedaban sombras
sobre Navarro".
Alberione recuerda una anécdota por la que, más tarde, confirmaría las sospechas
atribuidas a Navarro: "Cuando volvía a Córdoba de un viaje que había hecho a
Buenos Aires, me encontré en el avión con él que, según me dijo, acababa de
tener una reunión con Carcagno. Yo venía de tener una reunión con el jefe del
Estado Mayor, quien me había mostrado una foto mía que le había proporcionado
Navarro denunciando la presencia de comunistas en el Gobierno provincial. En
el aeropuerto cordobés no me esperaba nadie, pero sí estaba la comitiva de autos
de la Policía esperándolo a él. Navarro me hizo subir al coche para acercarme
a mi domicilio, pero yo, haciéndome el que no sabía nada, hice que me dejaran
en cualquier lado para que no supieran dónde ubicarme".
Obregón Cano confirma que "Navarro tenía buena relación con Carcagno" pero agrega
que éste "nunca lo avaló totalmente".
Una vez descubierto el infiltrado, Alberione le comunicó lo sucedido a Chiappe
–todavía segundo de Navarro al frente de la Policía provincial y hombre de confianza
del llamado "grupo Alberione"–, quien conformó una comisión investigadora para
recabar pruebas sobre las acusaciones contra Navarro.
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Ocurrió el 27 de febrero de 1974. Gobernaba el teniente general Perón. El país se debatía en una lucha contra esos personajes a los que Perón llamaba “trotskos con la camiseta peronista”. Al frente de la provincia de Córdoba estaban Obregón Cano, de gobernador, y Atilio López, de vice. Los dos habían sido elegidos democráticamente, y habían ganado con holgura. Pero, para la derecha peronista, que se devoraba el país, eran trotskos, zurdos. Ya Perón se había quitado de encima a Oscar Bidegain porque el ERP se lo sirvió en bandeja de plata al atacar la Guarnición de Azul, en enero 19. Ahora, por primera vez, el veterano líder se calzó el uniforme de teniente coronel, se puso frente a las cámaras de TV y le cortó –políticamente hablando– la cabeza a Bidegain. Pero en Córdoba ningún grupo guerrillero le daba ninguna excusa. Había que hacer algo. Lo hizo el jefe de policía, un caballero de nombre Antonio Domingo Navarro, al que meses después la policía encontrará en un campo de la provincia, junto con otros mercenarios de primera línea, practicando tiro. Navarro les dirá que se trata sólo de un pasatiempo. Lo saludan y le piden disculpas. Ya era parte de la Triple A y se preparaba para matar zurdos a granel bajo las órdenes del sanguinario brigadier Lacabanne, un hombre de la estirpe de Ottalagano y López Rega según se dice en un célebre texto de Mariano Grondona que lleva el exquisito título de “Meditación del elegido” y fuera ya analizado algún tiempo atrás (título del texto: “Los que hacen la tarea”) en este espacio. ¿Qué hace Navarro? Se manda otra célebre desobediencia histórica. Subleva a la policía y desconoce la autoridad de Obregón Cano y Atilio López, a quien la Triple A, al año siguiente, destinará ochenta y tres balazos. Navarro apela a San Martín: él, Navarro, como el Padre de la Patria, incurre en la desobediencia. Toma por asalto la gobernación y tiene como rehenes al gobernador y al vice. Perón arregla todo. Envía al ministro del Interior, Benito Llambí, que destituye a Navarro, pero... no entrega sus legítimos cargos a Obregón Cano y Atilio López. No: también los destituye. Y les da Córdoba a los peronistas fachos. José Pablo Feinmann | Imagen: Civiles armados patrullan las calles de Córdoba durante el Navarrazo. |
La investigación arrojó como resultado que Navarro
se encontraba al frente de una cantidad de ilícitos tales como secuestros, aprietes
y atentados a sedes sindicales y domicilios particulares.
Chiappe, en lugar de comunicárselo al gobernador, decidió encarar solo a Navarro
e informarle que había quedado al descubierto y que tenía todo para probarlo.
Según trascendió, en esa reunión Navarro se puso a llorar, pero al día siguiente
montó un operativo con explosivos para atribuirle a Chiappe la autoría de un
incendio intencional y detenerlo para desestimar la investigación.
¿Quiénes fueron los responsables?
El gobierno está empeñado en la liberación del
país, no solamente del colonialismo, sino también de estos infiltrados que trabajan
adentro y traidoramente son más peligrosos que los que trabajan afuera. Hoy
resulta que algunos imberbes pretenden tener más mérito que los que lucharon
durante veinte años
Juan Domingo Perón
Visto a la distancia, para Obregón Cano el llamado Navarrazo "fue un manotón
que dieron desde arriba, todo estaba manejado desde Buenos Aires por (José)
López Rega", en ese momento ministro de Bienestar Social y secretario privado
del Presidente.
Por su parte, Alejandro Horowicz sostiene que "López Rega era un instrumento
de Perón y, como tal, ejecutaba la política ilegal del gobierno legal, que alcanzó
su expresión máxima con la Triple A" y que "Perón utilizaba a López Rega para
lo que no estaba dispuesto a hacer él directamente".
A su vez, Horowicz compara esta relación con la de Navarro y el lopezreguismo:
"Navarro no tenía historia política antes y tampoco la tuvo después del golpe;
era tan sólo un instrumento de una política general que jugó Perón desde López
Rega. Fue como uno de los tantos killers de Don Corleone, absolutamente reemplazables
unos por otros".
Norberto Galasso encuadra el episodio como "uno más del avance de los sectores
de la derecha peronista y un debilitamiento más del sector juvenil". Para él,
a pesar de ser un gobernador peronista el depuesto, "el navarrazo no se hizo
contra Perón, sino que además había gente de Perón que participó en él".
Sobre la responsabilidad de Perón en los hechos hay posiciones encontradas.
Una de las versiones sostiene que el presidente encargó al jefe de los servicios
de Inteligencia, Coronel Jorge Osinde, intervenir en la situación que se había
creado en Córdoba. Osinde conocía a Navarro y se verificó que viajó a Córdoba
en varias oportunidades inmediatamente anteriores al golpe.
"Osinde fue un canalla, un traidor. Era un cuadro de los servicios de información
de la CIA", sentencia ofuscado Obregón Cano.
Otras versiones indicarían que si bien Perón no había dado la orden, estaba
al tanto de lo que sucedía y que tuvo oportunidades de cancelar el levantamiento
antes de que se produjera.
"Jorge Alberto Taiana, que además de ser ministro de Educación de la Nación
era el médico de Perón, me informó que el General estaba muy debilitado; que
cuando se levantaba a la mañana tenía cierta vitalidad y que al acercarse el
mediodía la iba perdiendo", recuerda el gobernador depuesto.
Esta versión sobre la debilidad de Perón se apoyaría en el hecho de que el presidente
no solía asistir a los actos públicos pasado el mediodía. Además, según cuenta
Galasso, "Perón tenía dos años más de los que decía, es decir que cuando tenía
que jugar en los acontecimientos decisivos era un hombre de 80 años, con la
salud quebrantada".
"El Gobierno Nacional no respondió como tenía que responder de acuerdo a la
Constitución", se queja Obregón Cano. Lo cierto es que, de haber actuado de
acuerdo a la Carta Magna, el presidente debería haber confirmado en sus puestos
a los funcionarios. En lugar de esto, Perón se limitó a afirmar: "Los problemas
de Córdoba deben resolverlos los cordobeses".
Sobre el tema, Horowicz asegura que el navarrazo "se dio porque contó con el
respaldo del Gobierno Nacional", ya que "era imposible para cualquier provincia
intentar resistir al Gobierno Nacional".
Más allá de esta discusión sobre el grado de responsabilidad del presidente,
Horowicz prefiere poner en foco que "si Perón respaldó el hecho implícita o
explícitamente, es sólo una cuestión de matices".
Fuente: www.agenciaisa.com.ar
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Atilio
López: El honor acribillado
Por Juan Carlos Giuliani. Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA
El 16 de septiembre de 1974 el dirigente sindical y ex vicegobernador de Córdoba,
Atilio López, era cobardemente asesinado por los sicarios de la Triple A.
Lo acribillaron con 132 disparos incrustrados en el cuerpo de un hombre digno y honorable, condenado por su lucha consecuente a favor de la causa nacional y popular.
Tanta furia criminal sólo se explica en la necesidad de instalar el terror como política de subordinación a la estrategia de los grupos de poder que aguardaban agazapados el momento oportuno para terminar con el gobierno títere de Isabel y López Rega.
El asesinato se produjo el día en el que se recordaba
el decimonoveno aniversario de la llamada "Revolución Libertadora", que derrocó
a Perón y dio inicio a 18 años de proscripción del peronismo.
El "Negro" Atilio ganó la consideración de los trabajadores cuando, actuando
en el peronismo de la resistencia a poco de la caída de Perón en 1955, dirigió
la primera huelga en el período de la "Revolución Fusiladora", enarbolando los
programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda. Histórico dirigente
de la UTA y de la combativa CGT Córdoba, lideró en 1969 junto a Agustín Tosco
y Elpidio Torres la gesta del Cordobazo que provocó la caída del dictador Juan
Carlos Onganía.
En 1973 el voto popular lo consagró vicegobernador de la provincia, como compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano.
Las clases acomodadas gastaron ríos de bromas por la forma de hablar del "Negro", por sus modales y su estilo de vida llano, franco, de pueblo.
Como si los trabajadores no supiéramos distinguir
gato de liebre: al país lo fundieron los doctores con posgrado en Harvard, no
los laburantes que se comen las "s".
En febrero de 1974, a nueve meses de iniciada su gestión de gobierno, Obregón
Cano y López fueron desplazados del poder por una oscura sublevación policial,
el tristemente célebre "Navarrazo", que fue consentido por las máximas autoridades
nacionales de entonces.
A mediados de junio de 1974 había viajado a Buenos Aires para ver a su querido
Talleres en la cancha de River.
El líder del sindicalismo de la resistencia y
del peronismo revolucionario cayó en una redada y fue asesinado por la ultraderechista
Triple A, hecho que provocó una profunda conmoción en Córdoba, que quedó reflejada
durante el velatorio y el sepelio de sus restos, donde una multitud acongojada
nunca vista en esa ciudad para una situación similar, participó en sus exequias.
Olvidado por la historia oficial, el "Negro" Atilio López es un ejemplo de entrega
y lealtad a los intereses de los trabajadores.
Fuente: www.agenciacta.org.ar |
Entrevista
a Atilio Lopez - Diario Noticias 23/12/1973
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Ante
el Navarrazo
[Conferencia de Prensa y comunicado del Movimiento Sindical Combativo encabezado
por Agustín Tosco en el Córdoba Sport Club el 2 de marzo de 1974]
Los trabajadores y los sectores populares, reivindican como fundamental, como
única razón legítima de todo gobierno, el pronunciamiento soberano del pueblo.
La intervención a Córdoba tiene causas que todos conocemos. Pero que no son
causas para una intervención.
Desde meses atrás, las fuerzas más retrógradas y oscurantistas comenzaron una
política dirigida a consumar la intervención a Córdoba.
El Movimiento Sindical Combativo y otras expresiones obreras y populares, alertaron
sobre la posibilidad concreta de que esta escalada de derecha desembocara en
la intervención a Córdoba. Y de toda una serie de hechos, asesinatos a militantes
obreros y populares como sucedió con el compañero Avila en la C.G.T., con el
compañero Damiano, con el compañero Roca, con el compañero Contino y otros.
Ataque a las organizaciones sindicales combativas: al SMATA, a la Sanidad, a
Luz y Fuerza, a la regional de la C.G.T. Toda una serie de secuestros que se
producían a diario y toma de instituciones oficiales como el Banco Social, emisoras
radiales, que indicaban que en Córdoba, también estaba madurando ese proceso
destinado a enfrentar el pronunciamiento popular de los cordobeses.
Nosotros calificamos lo ocurrido el 27 de febrero, como una síntesis, un resultado
de toda esta agresión sistematizada que se produjo contra la clase obrera, contra
el pueblo y contra el gobierno de Córdoba.
Calificamos que fue un “pustch” policíaco-burocrático-fascista. Y esta calificación
no es de naturaleza subjetiva. Lo que hemos podido apreciar en Córdoba; la toma
de la Casa de Gobierno, el encarcelamiento del Gobernador, del vicegobernador,
de dirigentes de las 62 Organizaciones “legalista” y los funcionarios, las barricadas
y la toma de la zona céntrica por la policía y elementos civiles fascistas armados,
la difusión por las tres emisoras de radio copadas de consignas reaccionarias,
oscurantistas antipopulares, antidemocráticas y antisindicales, son hechos objetivos
que nos dan lugar para calificar este proceso de la forma que lo hemos señalado:
policíaco-burocrático-fascista.
Ella es una provincia que desde 1940 no tiene un gobernador elegido por el pueblo
—y de los no elegidos también— que cumpla el período constitucional de cuatro
años.
En el primer mensaje, que se trasmitió por parte del Poder Ejecutivo Nacional
al Parlamento Nacional, se habló de que Córdoba vive un proceso distinto, aislado
y de oposición al proceso nacional. Pero esto es falso y es tendencioso. Córdoba
vive el proceso nacional. Córdoba es parte de la Patria Argentina. Pero vive
el proceso nacional con un concepto de avanzada. No de aislamiento. Sintetiza
en su tradición, en sus luchas obreras y populares, en su resistencia a la dictadura,
sintetiza esta nueva conciencia política democrática, popular y revolucionaria
que ha de abarcar todo el territorio nacional y que se expresa en nuestros países
de América Latina.
Sí, las razones de la intervención a Córdoba son éstas que hemos enunciado.
Y es producto de esta intervención el “pustch” policíaco-burocrático-fascista,
los cordobeses no quieren hacer otra cosa que rechazar a esta intervención.
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Se habla de que la intervención va a venir a
pacificar, a poner orden y para que se trabaje en Córdoba. Nosotros decimos
y repetimos que no hay paz que no esté basada en la justicia. En la justicia
global que hace a los derechos humanos, económicos, sociales y políticos y culturales
del hombre. Y no podemos decir que Córdoba viva de esos derechos, ni podemos
creer que el resultado que de esta intentona fascista, con sus planteos equilibristas,
vaya a arrojar la vigencia en plenitud de estos derechos. De ahí que el primer
punto del Movimiento Sindical Combativo, cuya mesa está aquí, con los compañeros
de Viajantes, compañero Campbell de Viajantes, compañero Leiva del SMATA, compañero
Malvar de Gráficos, compañero Canelles de la Comisión provisoria de la Construcción,
compañero Vila de Perkins y otros compañeros, compañeros del Caucho, compañeros
del Movimiento Sindical de Base, Intersindical y las distintas agrupaciones,
sea terminante en esto y entienda que interpreta la posición de la inmensa mayoría
del pueblo de Córdoba.
El segundo aspecto, el Movimiento Sindical Combativo señala, que es necesario
enjuiciar y castigar al teniente coronel Navarro y a todos sus cómplices. Señalamos
que sobre éstos se está tendiendo un manto de olvido. Que a pesar de algunos
planteos judiciales, durante el período posterior a la semana del 27 de febrero,
ante una resolución, una expresión de anhelos —digamos así— del Parlamento Nacional,
desde el cual se plantea el enjuiciamiento de Navarro por delito de sedición,
no se ha procedido aún en consecuencia.
Y nosotros exigimos que así se proceda. El delito de sedición existe concretamente.
Además existe el delito de entrenar y armar a civiles fascistas, de amparar
un cónclave antidemocrático, llevado a cabo en el campo de Alta Gracia, por
la minoritaria burocracia sindical traidora de Córdoba. Y señalamos también,
que los sostenedores de Navarro, que son los sostenedores de la quiebra de la
legalidad democrática e-n todo el país, pretenden presentar lo como héroe nacional
y también, como ha sucedido recientemente, catalogarlo, desvergonzadamente,
como libertador de Córdoba. Por otras vías se dice que se puede plantear un
indulto, un sobreseimiento, una absolución. Nosotros creeríamos que esto es
una burla al pueblo de Córdoba. Y que quienes han quebrado con la institucionalidad
que tanto se defiende, desde las propias filas de la dependencia policial, deben
ser castigados. No puede admitirse, lo mismo que dijo Navarro en un reportaje
de un diario de Buenos Aires, que el subversivo, el sedicioso era Obregón Cano
porque atentaba contra la profesionalidad de la policía. Resulta que en este
país, repitiendo tiempos como los de Onganía, los sediciosos o los subversivos
serán aquellos que levanten el respeto democrático a la voluntad del pueblo
y los legalistas, los constitucionalistas serán aquellos que deponen, encarcelan
o secuestran a sus gobernantes y proclaman doctrinas que son repudiadas por
el pueblo, en el sentido de su corte corporativista y fascista.
En
tercer término el Movimiento Sindical Combativo ratifica el desconocimiento
de todo lo actuado por el denominado Plenario minoritario y burocrático en el
camping de Alta Gracia. Su repudio a la convalidación que pretendió hacer el
ministro de la burocracia, Ricardo Otero, a ese cónclave usurpador de la auténtica
representatividad de los trabajadores de Córdoba. Señalamos que todo lo actuado
en el Plenario, sus resoluciones y toda la actividad que desarrolla la denominada
C.G.T. de Bárcena, es desconocida en términos absoluto por nuestras organizaciones.
Y a su vez, para recuperar una auténtica representatividad del movimiento obrero
de Córdoba, en la C.G.T., planteamos en coincidencia con lo expresado públicamente
por las 62 Organizaciones “legalista”, la necesidad de un auténtico y democrático
Plenario, donde participen todas las representaciones sindicales de Córdoba.
Que se haga en el local de la C.G.T., con el concurso y la participación de
los trabajadores tal cual se hacía en el tiempo en que la C.G.T. combativa luchaba,
sacrificada y heroicamente contra la dictadura militar. El refugiarse en un
camping. El actuar con toda la custodia proporcionada por el sedicioso Navarro
y sesionar sin el quórum necesario, descalifica en el terreno estatutario, legal
y moral a los burócratas encabezados por Bárcena y secundados por Hernández,
miembro del ex-Consejo Asesor de Carlos Caballero. El Movimiento Sindical Combativo
levanta la consigna de una C.G.T. unida y combativa. Integrada en su conducción
por el peronismo combativo de las 62 Organizaciones “legalista”, por los gremios
independientes y no alineados. Independientemente de las personas, pero con
una composición que responda a la tradición de lucha de las organizaciones obreras
y con una programática que continúe reivindicando las aspiraciones fundamentales
de los trabajadores y el proceso de Liberación Nacional y Social Argentino y
Latinoamericano. O sea que planteamos la recuperación de un organismo de los
trabajadores para los trabajadores.
En cuarto lugar —y esto tiene simplemente un orden enumerativo, ya que los puntos
son de simultánea aplicación— el Movimiento Sindical Combativo reclama la convocatoria
inmediata , la realización en término de noventa días de elecciones para gobernador
y vice de la provincia de Córdoba.
Todo lo que hemos dicho en cuanto a que la intervención no representa a Córdoba,
está basado en la necesidad de restaurar específicamente la capacidad popular
de determinar quienes deban ser sus gobernantes, está ligado a que debe llamarse
en forma inmediata a elecciones en esta provincia.
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Asumió como jefe de la Policía de Córdoba
de la mano del interventor federal Brigadier Raúl Lacabanne y ambos,
según los organismos de Derechos Humanos, llegaron a Córdoba a promover
la "limpieza ideológica" mediante la eliminación física del "enemigo".
El día en que Lacabanne y García Rey ingresaron a los tiros en la
sede de Luz y Fuerza buscando a Agustín Tosco, es uno de los más
recordados de aquellos años confusos previos a la dictadura. Antes
de llegar a Córdoba, García Rey fue jefe de la Policía de Tucumán
donde fue denunciado por torturas y su nombre aparece en muchos
lugares y pasajes de la historia. Figura, por ejemplo y según el
testimonio de Enrique Arancibia Clavel, un agente de la Dina (Policía
chilena) como colaborador de la dictadura de Augusto Pinochet y,
según el abogado paraguayo Martín Balmaceda, detenido por la dictadura
de aquel país, como una de las personas que presenció los interrogatorios
a los que lo sometió la dictadura paraguaya. A raíz de eso, García
Rey es considerado por los organismos de Derechos Humanos (esto
lo está investigando el juez federal Norberto Oyarbide), como uno
de los integrantes argentinos del Plan Cóndor, que buscaba coordinar
los organismos represivos de las dictaduras de Latinoamérica.
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Córdoba ha sido intervenida pero no debe permanecer
intervenida. Para eso hemos de luchar el Movimiento Sindical Combativo en conjunción
o al menos en coordinación con las demás fuerzas populares, democráticas, avanzadas
del campo obrero, sindical, político, estudiantil, para que esto se lleve adelante.
De ahí el cuarto punto por la inmediata convocatoria y realización de elecciones
en un plazo de noventa días.
El punto quinto que levantamos se refiere a la libertad de los presos políticos
y sociales. Esperábamos que en Argentina, después del 11 de marzo, y tal cual
lo votó la inmensa mayoría de nuestro pueblo, no existieran más persecuciones
de orden político, de orden social y menos que hubiera militantes populares
represaliados, por una política represiva que está encaminada a satisfacer las
reclamaciones de la derecha. Muchos son los compañeros, con nombre y sin nombre,
conocidos y anónimos, que han caído presos y que por la presión popular, por
la lucha popular han recuperado su libertad. Algunos de ellos la han recuperado
bajo el título de excarcelación y son sometidos a proceso. Otros continúan presos.
Nosotros reclamamos la libertad de los presos en Córdoba y en el orden nacional.
Y ponemos énfasis reclamando —pero igual para todos— en la libertad del compañero
Cande, involucrado en un supuesto complot que el propio presidente de la Nación,
de forma indirecta, desautorizó. Es que los organismos represivos, a quienes
se incorporaron Villar y Margaride, responden en general a la política represiva
contra todo lo popular y democrático, avanzado y revolucionario. Porque no es
casual que ninguno de la derecha caiga preso, aún cuando hay sobradas razones
para que vayan a la cárcel. El gran sedicioso de esta inconstitucionalidad,
el teniente coronel Navarro, no sólo está libre sino que recibe singulares condecoraciones,
mientras Cande y otros compañeros de todo el país y en Córdoba, están presos.
El punto sexto del Movimiento Sindical Combativo levanta la plena vigencia de
un proceso democrático y popular. La plena vigencia de las libertades democráticas
y públicas. La libertad de reunión, la libertad de expresión, la libertad de
prensa y demás atribuciones democráticas del pueblo. Y al levantar eso, también
reclama la derogación de la legislación represiva. De esa legislación represiva,
reimplantada en gran parte en el Código Penal, y llevada adelante diariamente,
cotidianamente por los organismos de la represión. Reclama la derogación del
decreto que prohibió el diario “El Mundo”. Reclama y repudia los atentados contra
el diario “Noticias”; los ataques vandálicos contra el diario “La Voz del Interior”
como así también, contra los semanarios como “Militancia”, “El Descamisado”
y otros.
Vemos que en general en el país se da toda una serie de hechos que tomando distintos
aspectos del quehacer nacional, marcan una política hegemónica de la derecha
destinada a quebrar la libertad democrática y a instaurar una dictadura profascista,
corporativista al estilo de Onganía.
En el punto séptimo, ratificamos nuestra posición contra el Pacto Social. El
Pacto Social naufraga a pesar de las patronales, a pesar del capitalismo dependiente
asociado al Imperialismo, al propio Imperialismo y a la burocracia.
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Tenemos como muestra de lo que es el Pacto Social
esta larga serie de reuniones, de la denominada Gran Paritaria Nacional, en
la cual se discute si el aumento va á ser de 5 % o del 8 %, de 1 5.000 o de
20.000 pesos. Los representantes —entre comillas— obreros, ya han dado el aval
al aumento de los precios, porque el problema para ellos ya no está en los precios.
Discuten hasta 3 puntos —le llaman ellos— sobre el aumento salarial. La propia
burocracia que solía apelar al Comité Central Confederal, la burocracia qué
en boca de Otero, habla de que es un proceso democrático, no ha convocado siquiera
al Comité Central Confederal. No sólo para una resolución —que es lo que correspondería—
sino para tener la opinión de cuánto debe ser el aumento de salarios para los
trabajadores. Lo vemos, evidentemente, en el Ministro de Economía, con la C.G.E.
deliberando en secreto sobre nuestros salarios, sobre los salarios de los trabajadores,
sobre el nivel de vida de la clase trabajadora. Lo vemos reclamando arbitrajes,
que —según las noticias— le han sido negados y los vemos caminando nuevamente
hacia las patronales, para renegar de su misión y entregar el nivel de vida
de la clase obrera a la política, que no es de la clase obrera, sino que es
de los patrones.
El Movimiento Sindical Combativo fija como monto mínimo para el salario inicial
doscientos mil pesos. Sostiene que el aumento de emergencia debe ser de sesenta
mil pesos para todos los trabajadores activos y jubilados, y que deben discutirse
libremente los convenios colectivos de trabajo; o sea hacer funcionar lo que
también es parte de esta legalidad cual sería la vigencia de la ley 14.250.
El punto octavo se refiere a la ratificación del pronunciamiento contra la ley
de Prescindibilidad. Y el repudio a la prórroga que pretende plantearse, llevando
la inestabilidad de los trabajadores hasta el 3 1 de diciembre de 1974.
Resulta paradójico que en un gobierno denominado popular, por tantos meses y
más de un año, centenares de miles de trabajadores no tengan, al menos, su estabilidad
asegurada. Son centenares de miles de compañeros que viven bajo el mal humor,
la discrecionalidad, el capricho, la discriminación política de los funcionarios.
Y ya tenemos pruebas concretas de lo que sucedió en IME, en Córdoba; de lo que
está sucediendo en el Banco de la Nación Argentina, donde los trabajadores,
al mismo tiempo que enfrentan la política cómplice de la burocracia de la Asociación
Bancaria, desarrollan una lucha en defensa de su estabilidad que va proyectándose
cada vez más.
Nosotros damos nuestra solidaridad y ponemos como ejemplo la lucha de los compañeros
bancarios. Y señalamos también, las denuncias que han surgido de los compañeros
de Vialidad Nacional, de los compañeros de la Junta Nacional de Granos, que
denuncian el avance de esta ley de Prescindibilidad, que va atacando el más
elemental derecho de los trabajadores, que es el de poseer un salario para su
subsistencia propia. A su vez, señalamos también que quienes apoyan a la Intervención,
que quienes la han impulsado, señalaban por las radios que debe en Córdoba cumplirse
el Pacto Social; que debe en Córdoba, llevarse adelante la ley de Prescindibilidad.
Los trabajadores estatales provinciales de Córdoba están considerando la posibilidad
de funcionar coordinadamente para enfrentar la prescindibilidad que amenaza
también a los estatales provincia les y municipales.
El
punto nueve es la plena democracia sindical de base. Declaramos nuestra solidaridad
con los compañeros metalúrgicos de ACINDAR y de otras empresas de San Nicolás,
que mediante una acción decidida y combativa, después de cuatro años de intervención
de la burocracia, enfrentaron a quienes pretendían represaliar a los delega
dos, a la Comisión Interna y lograron un compromiso para que el gremio elija,
como corresponde, a sus representantes. A su vez, en Córdoba, tenemos a los
compañeros municipales que están intervenidos, a los compañeros de la Sanidad
que hicieron una elección y no se reconoce el resultado de la elección y permanecen,
también intervenidos. Por eso reclamarnos en esto la normalización de todas
las organizaciones intervenidas, con un criterio de pleno respeto a la democracia
sindical.
Por último el Movimiento Sindical Combativo declara su solidaridad por los derechos
democráticos del movimiento estudiantil. Identifica con sus reclamaciones, en
relación a vanos aspectos de la lev Universitaria; en el sentido de haber sido
colocados en una situación franca mente minoritaria; en el sentido de prohibir
la actividad proselitista, que le llaman, o sea, prohibir la libre expresión
de las ideas en los claustros universitarios que constituye una aberración contra
toda práctica democrática. Y al solidarizarnos con los compañeros estudiantes
levantamos la vieja consigna de la unidad obrero-estudiantil para la lucha en
común por todas estas reivindicaciones.
Para llevar a la práctica esta protesta, esta lucha, por estos diez puntos fundamentales,
el Movimiento Sindical Combativo de Córdoba ha convocado, como primer paso,
a un acto público el día jueves 28 del corriente, o sea el día jueves próximo
en el local del ex Córdoba Sport Club a las 20 hs., donde se pondrán a consideración
estos diez puntos.
Luego se continuará c toda la tarea esclarecedora, agitativa y de lucha para
que estos diez puntos puedan ser materializados tal cual nosotros lo aspiramos.
Hacemos una convocatoria, una invitación a todo el movimiento obrero, a los
partidos políticos, a las organizaciones estudiantiles, a las organizaciones
sociales de todo tipo, para que adhieran, para que participen de este acto y
de toda esta campaña que iniciamos hoy y que vamos a desarrollar permanentemente
a través de reuniones, a través de asambleas de actos conjuntos con el movimiento
estudiantil y de medidas de acción directa del campo obrero y popular para que
Córdoba recupere su autonomía, para que se recupere la C.G.T. para los trabajadores,
para que se respeten los derechos obreros y populares y para contribuir a lo
que es fundamental para nosotros, que es el proceso de Liberación Nacional y
Social Argentino.
Esto es compañeros, lo que corresponde en primera instancia. Luego los compañeros
también ampliarán sus puntos de vista y quedamos ante el periodismo a su disposición
para las preguntas o aclaraciones que quieran formular. Nada más.
AGUSTIN TOSCO
Imagen: Ricardo Obregón Cano y Atilio López

El
Negro
En cercanías de Capilla del Señor -provincia de Buenos Aires- el 16 de septiembre
de 1974, 130 balazos calibre 9 mm. fueron descargados sobre los cuerpos de Atilio
López y el de su acompañante Juan José Varas, por sicarios de la Triple A. El
“Negro”, un digno representante de los trabajadores, que no traicionó su condición
de clase, aún espera una reivindicación histórica.
Por Katy García*
Quienes participaron de las luchas obreras de los años sesenta y setenta, recuerdan
a dos referentes fundamentales: "el Negro y el Gringo”. Atilio López es el negro
y Agustín Tosco, el gringo. López, Fue el tercero de cuatro hermanos varones.
Nació el 9 de agosto de 1929. Su padre era empleado en la sastrería de la cárcel
de encausados y su madre ama de casa. Le pusieron Hipólito como primer nombre
en honor al presidente Irigoyen y porque compartían el ideario de la Unión Cívica
Radical. Asistió a la escuela Olmos - hoy shopping, propiedad de George Soros.
Abandonó la escuela primaria para dedicarse al trabajo y al deporte. A los 15
años ingresó como cadete en una fábrica de galletitas. Su único biógrafo hasta
la fecha, Mario Lavroff, destaca que por aquel entonces ya manifestaba una clara
vocación por la defensa de los trabajadores. En forma simultánea continúa compitiendo
en 100 y 200 metros llanos. Llegó incluso a ser campeón argentino. A los 21
años ingresa como chofer a la empresa de transporte automotor CATA. Se casa
y tiene dos hijos.
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Carismático, inteligente, autodidacta y de salidas
humorísticas a pedir de boca, no tardó en ganar la confianza de sus compañeros
que lo eligen delegado. Desde entonces le pone el cuerpo a la lucha y transita
el camino de la militancia sindical en la Unión Tranviarios Automotor (UTA).
Al igual que la mayoría de los trabajadores cordobeses, se identificó con el
peronismo y durante la resistencia, dirigió la primera huelga levantando los
programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda.
A los 27, ya era secretario general de UTA y ocupó igual cargo en la Confederación
General del Trabajo (CGT-Combativa) de Córdoba, pluralista y antiverticalista.
En 1969, junto a Elpidio Torres y Agustín Tosco fueron los referentes claves
del Cordobazo antesala de la caída del dictador Juan Carlos Onganía.
Comprometido con los ideales del peronismo revolucionario, como cuadro político
sindical, en 1973, el voto popular lo consagra vicegobernador junto a Ricardo
Obregón Cano a la sazón gobernador. En febrero de 1974, un golpe institucional
promovido y consentido desde el gobierno nacional ejercido por el General Perón,
los echa por vía de una sublevación policial luego conocida como el "Navarrazo".
Y para que no hubiera dudas de que el ala izquierda del peronismo sindical sería
aniquilada le arrebatan el sindicato. En cercanías de Capilla del Señor, en
la provincia de Buenos Aires, el 16 de septiembre de 1974, en coincidencia con
el decimonoveno aniversario de la Revolución Fusiladora, 130 balazos, calibre
9 mm., fueron descargados sobre su cuerpo y el de su acompañante Juan José Varas,
por sicarios de la Triple A. Una multitud acompañó el cortejo fúnebre desde
Barrio Empalme hasta el cementerio San Jerónimo.
Este crimen político, ocurrido durante el gobierno de la derecha peronista,
preludia una política de Estado basada en el exterminio de militantes políticos,
sindicales y sociales que luchaban por el socialismo nacional. "La derecha quería
sacarse de encima a quienes en la memoria colectiva podrían ser referentes en
el futuro", supo decir Elvio Alverioni, dirigente de la Tendencia Revolucionaria
a quien le tocó la dura tarea de acompañar con el megáfono el cortejo. El “Negro”,
un digno representante de los trabajadores, que no traicionó su condición de
clase, aún espera por una reivindicación histórica.
*Periodista
Fotografía: www.agustintosco.com.ar
Bibliografía: Mario C.Lavroff. Atilio López, sus luchas, su vigencia.1995.
James Brennan. El Cordobazo Las guerras obreras de Córdoba 1955-1976.Editorial
Sudamericana.
Entrevista con Guido, hijo de quien fuera un amigo cercano Carlos Dreizik.
Fuente: www.prensared.com.ar 2008

Asalto
al local del Partido Comunista
El Partido Comunista acaba de entrar en la causa de la AAA (2007) con un caso
siniestro y bien documentado: la destrucción de su local en Córdoba el 10 de
octubre de 1974, con detenciones y un asesinato.
Por Miguel Jorquera
El acta notarial lleva la firma de dirigentes políticos y funcionarios policiales. Relata las condiciones en que la policía cordobesa entrega el local allanado al Partido Comunista de la ciudad de Córdoba el 10 de octubre de 1974, donde la brutal irrupción a los balazos de policías y civiles continuó con torturas, golpes, simulacros de fusilamientos y la muerte de una militante comunista que se desangró por la hemorragia que le provocó “la introducción del cañón de un arma en la vagina”. La patota rompió todo, baleó y saqueó las cajas fuertes y dejó sus marcas en las paredes de la casona de Obispo Trejo 354: varias leyendas con amenazas de muerte y la firma de las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina). Ese documento acaba de ser incorporado a la causa en la que el juez Norberto Oyarbide pidió la detención y extradición de la ex presidente Isabel Perón, por el supuesto delito de haber cobijado bajo el amparo del Estado a la banda paramilitar que asesinó a más de 1000 personas antes del golpe de Estado de 1976.
![]() Menéndez y cinco
policías fueron procesados y detenidos (2007) por las salvajes torturas
y el asesinato del subcomisario de la policía de Córdoba Ricardo
Albareda, militante del ERP. Una historia de venganza de particular
crueldad. |
“Si son comunistas como (Horacio) Guarany más
bien váyanse del país porque los vamos a matar uno por uno. Si cae un policía
van a caer tres de ustedes bolches hijos de puta. Las Tres A” (sic), decía la
leyenda más extensa que dejaron policías y civiles en una de las paredes del
local comunista de la ciudad de Córdoba en octubre del ’74. Las otras, también
realizadas con aerosol negro, eran más ofensivas que políticas: “bolches hijos
de putas. Tres A”; “zurdos putos”, y “zurdos hijos de putas”. En el acta también
figura el “pomo de aerosol” lleno de “huellas digitales” de quienes hicieron
las pintadas en el operativo del que participaba la policía cordobesa. Los comunistas
acusaron del crimen de Tita Clelia Hidalgo, una joven de 30 años oriunda de
Río Tercero, y las torturas que sufrieron otros 46 militantes que estaban en
el local, al interventor federal de la provincia, el brigadier Oscar Lacabanne,
y su jefe de policía, Héctor García Rey. “Aquí está la punta del ovillo para
descubrir quiénes son las Tres A”, denunciaron entonces los dirigentes del PC
en Córdoba y Buenos Aires.
El acta notarial, el informe médico realizado por los doctores Osvaldo Khan
y Emilio Ruderman sobre los golpes y torturas que recibieron los militantes,
documentos fotográficos y el relato de quienes sufrieron los vejámenes y tormentos
fueron entregados hace unos días al juez Oyarbide por una delegación del PC.
Los comunistas también entregaron otros documentos y una extensa lista de militantes
asesinados por las Tres A, y otra con testigos y sobrevivientes de los atentados
de la banda paramilitar. Pero le pidieron al juez federal que los incorpore
como querellantes en la causa, a la que ya se habían presentado junto a otras
organizaciones políticas y de derechos humanos.
El asalto al local comunista en Córdoba fue una de las huellas claras que dejaron
las Tres A de sus vínculos con todo el aparato estatal. Poco después de las
siete de la tarde del 10 de octubre de 1974, policías y comandos civiles ingresan
en la casona de Obispo Trejo disparando ráfagas de armas de guerra –“Itaka,
metralletas, pistolas 45”– después de volar la cerradura de la puerta de entrada.
El único recaudo que tomaron los comandos cordobeses es que no les vieran las
caras. “Nos tiraron a todos boca al piso, mientras disparaban sobre nuestras
cabezas y caminaban por encima nuestro repartiendo culatazos y patadas” al grito
de “bolches hijos de puta, los vamos a matar a todos”, relataron varios de los
que vivieron el tormento. Luego fueron separando a distintas personas para torturarlas
y exigir que aparezcan “las armas”. Así comenzaron los simulacros de fusilamiento
a los pequeños grupos que sacaban al patio mientras gatillaban las armas y los
disparos repiqueteaban cerca de sus cuerpos. A otras salas del local se llevaban
a las mujeres, desde donde “se escuchaban gritos desgarradores”.
Tras dos horas de tormentos en los que nunca cesaron los disparos dentro del
local, los hicieron formar “con las manos en la nuca” y la “obligación” de mantener
los ojos cerrados para pasar por una doble fila de asaltantes que descargaron
“patadas, latigazos, culatazos y trompadas” a su paso.
“A ver, uno con credencial de la Federal que salga a la calle” y “sáquenlos,
los primeros al móvil 184”, ordenó uno de los asaltantes según el relato del
dirigente comunista Jorge Caselles. Afuera los subieron a un camión y “nos fueron
apilando como fardos uno arriba de otro, lo que hacía que los que quedaran abajo
casi ni pudieran respirar”, dijo entonces Enrique de Dios. “A estos los vamos
a rociar con nafta y los vamos a quemar a todos”, volvió a escuchar Caselles
antes de que el jefe le ordenara a un subordinado “no tires gases a la esquina
(de Trejo y Quirós) porque el viento lo trae para acá”.
En la retirada, los comandos volvieron a disparar ráfagas de tiros y proferir
amenazas para ahuyentar a los curiosos. La recorrida duró poco. Enseguida llegaron
a la División Informaciones de la policía provincial. Allí los volvieron a tirar
de cara al piso, formar la fila con las manos en la nuca y los ojos cerrados.
Adentro, les vendaron los ojos con jirones de trapos de los carteles que habían
traído del asalto, aunque antes algunos lograron ver el patio del lugar con
decenas de personas (ver aparte) en las mismas condiciones: con los ojos vendados
y manos en la nuca esparcidos por el piso o contra las paredes, varios de ellos
esposados. Así estuvieron más de 40 horas, antes de recuperar la libertad, tras
otros interrogatorios, amenazas y acusaciones de “asociación ilícita” y “tenencia
de munición de guerra”.
Pocos días después Clelia Hidalgo murió en el Hospital de Clínicas cordobés.
Un policía advirtió la intensa hemorragia –que le produjo que “le introdujeran
el cañón de un arma en la vagina”– mientras la interrogaba. Ordenaron su traslado
“en calidad de detenida” a la sala policial del policlínico del barrio San Rafael.
Tras reiteradas denuncias, y por su delicado estado de salud, fue nuevamente
trasladada al Clínicas, pero Clelia no soportó las lesiones que sufrió en el
asalto.
El 15 de octubre la policía entregó el local del PC ante un escribano, por exigencia
de los comunistas. Allí consta la forma ruinosa en que quedó la casona, los
disparos en las paredes, las vainas servidas y las leyendas de las Tres A que
dejó el operativo. El acta lleva la rúbrica de tres agentes de la seccional
primera de la policía cordobesa: el suboficial ayudante José Amadeo, el sargento
Ismael Salta (chapa 162) y el agente de consigna José Moldia (chapa 111).
El operativo y el Navarrazo
Ese 10 de octubre de 1974, la policía cordobesa desplegó un tenebroso operativo
que culminó con el asalto a locales del Partido Comunista (ver nota principal),
el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Sindicato de Luz y Fuerza.
La excusa fue que habían detectado que “desde un bar y con el apoyo de un Citroën
verde, una pareja manipulaba un radiotransmisor”. La supuesta persecución comenzó
en el céntrico edificio de los tribunales de la ciudad de Córdoba, que fue desalojado.
Ante la mirada incrédula de centenares de personas, los policías, al mando de
su jefe García Rey y del propio interventor federal, el brigadier Lacabanne,
disparaba contra el edificio vacío, “sin ni siquiera parapetarse” y con la certeza
de que no recibiría respuesta. La búsqueda de la pareja y el Citroën –que nunca
aparecieron– siguió con los brutales allanamientos en los locales partidarios
y gremiales.
Isabel Perón había decretado la intervención federal de la provincia tras el
golpe institucional que pasó a la historia como “el Navarrazo”. El ex jefe de
la policía de Córdoba, el teniente coronel Antonio Navarro, tomó la ciudad a
punta de pistola con comandos policiales y civiles que arrestaron al gobernador
Ricardo Obregón Cano y a su vice Atilio López (luego amenazado y acribillado
por las Tres A). Lacabanne, un brigadier que siempre decía actuar en nombre
de Isabel, volvió a colgar del cuartel de la policía cordobesa la fotografía
del ex jefe Navarro, que entonces estaba prófugo de la Justicia.
El tercer cuerpo y la barra de López Rega
Querellantes y ex miembros de la Conadep denunciaron crímenes de genocidio de
la Triple A en Córdoba.
Por Camilo Ratti desde Córdoba
Ex miembros de la Conadep Córdoba y abogados querellantes de las causas que
investigan las violaciones a los derechos humanos en el ámbito del Tercer Cuerpo
de Ejército presentaron una denuncia penal ante la fiscal federal Graciela López
de Filoñuk para que instruya delitos de genocidio llevados a cabo por la versión
cordobesa de la Triple A. El “Comando Libertadores de América” fue una organización
criminal paramilitar y policial que actuó con muchísima intensidad desde la
segunda mitad de 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Esos
meses fueron los de mayor ferocidad por la cantidad de secuestros, torturas
y muerte registrados. Para los abogados, los jefes de esta banda eran el ex
capitán Héctor Pedro Vergez y agentes de la D2 de Informaciones de la Policía
de Córdoba.
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La revisión por parte de la Justicia federal del accionar represivo previo al golpe alentó a que varios abogados de la ciudad de Córdoba, algunos de ellos ex miembros de la Conadep local, presentaran ante la fiscal López de Filoñuk una denuncia penal para que instruya una gran cantidad de hechos criminales cometidos en el año y medio que precedió a la toma del poder por parte de la Junta Militar. “Los delitos aberrantes que se puntualizan en esta denuncia de ninguna manera pueden considerarse hechos aislados, sino que estamos ante delitos de lesa humanidad que se enmarcan en la figura de genocidio, establecido y definido en el artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio”, dice el escrito firmado por Luis Reinaudi, María Elena Mercado, María Teresa Sánchez, Carlos Vicente, Miguel Ceballos y Rubén Arroyo.
Para los letrados, los secuestros, asesinatos masivos, la desaparición forzada de personas, las violaciones de las víctimas y las torturas seguidas de muerte “formaron parte de una matanza que perseguía el confesado fin de aniquilar a los miembros de los grupos victimizados por presuntas o reales razones ideológicas, políticas e incluso raciales”. Y los encargados de cometer estos delitos fueron los miembros del Comando Libertadores de América, una “organización paramilitar y parapolicial que operó en esta provincia desde mediados del año 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976”.
En el punto cuatro de la denuncia, los abogados sostienen que el Comando fue fundado por el entonces capitán Héctor Pedro Vergez con el sargento primero José Hugo Herrera y los entonces comisarios de la Policía de Córdoba Raúl Pedro Telleldín –jefe de la D2–, Fernando Esteban y Américo Pedro Romano (los tres fallecidos), el sargento ayudante del Ejército (retirado) Juan Antonio Tissera y los oficiales policiales Yamil Jabour, Carlos Alfredo Yanicelli, Marcelo Luna, Herminio Jesús Antón, Miguel Angel Gómez, Juan Eduardo Molina, Ricardo Cayetano Rocha, Calixto Flores y Alberto Lucero, además de los civiles adscriptos como “personal de inteligencia” militar en el Destacamento de Inteligencia 141 Gral. Iribarren, Arnoldo José López, Héctor Raúl Romero, Ricardo Lardone y Emilio Merlo.
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Los civiles, excepto Merlo, se encuentran hoy procesados y detenidos por orden de la jueza federal Cristina Garzón de Lascano en dependencias del Tercer Cuerpo de Ejército, por causas que los sindican como torturadores del centro clandestino La Perla, el más importante de la provincia entre marzo de 1976 y mediados de 1979. “La prueba fundamental de que organizaciones como la Triple A y el Comando Libertadores de América estaban constituidos por miembros de organismos del Estado nacional y provincial lo encontramos en el hecho de que a partir de la fecha del golpe estos grupos desaparecen. La respuesta más obvia al porqué de esta situación es que no tuvieron necesidad de accionar por fuera del aparato estatal, ya que pertenecían a él”, dice en la denuncia presentada por el defensor oficial, Marcelo Arrieta.
Respecto de los secuestros y desaparición de
personas, el informe de la Conadep (uno de los elementos probatorios de esta
denuncia) advierte que la mayoría se produjeron a partir del 5 de septiembre
de 1975. “El secuestro de personas como método de detención surge en nuestra
provincia casi un año antes del 24 de marzo de 1976, y son los meses de noviembre
y diciembre del ’75 y enero y febrero del ’76 los que concentran la mayoría
de las cincuenta y dos denuncias de secuestro correspondientes al período previo
a la dictadura militar.”
Entre los principales hechos que los abogados le piden a López de Filoñuk que
instruya se destacan el secuestro y desaparición de la familia Pujadas (Mariano
Pujadas era sobreviviente de Trelew), el secuestro, tortura y asesinato del
líder montonero Marcos Osatinsky, la masacre de nueve estudiantes bolivianos
que aparecieron con balas en la nunca y maniatados con sábanas del Ejército
Argentino, el secuestro y muerte de Eduardo Jensen y del conscripto Cacho Jiménez,
el secuestro y desaparición de los abogados Miguel Hugo Vaca Narvaja padre e
hijo, y las desapariciones de más de cuarenta personas, varios de ellos en el
marco del “Operativo Moncholos” que el propio Vergez relata en su libro Yo fui
Vargas: el antiterrorismo por dentro, donde confiesa que las detenciones no
eran comunicadas a los jueces federales, tal como indicaba el procedimiento.
Para los abogados, “la privación ilegítima de la libertad o desaparición forzada
de personas es de carácter permanente y hasta que no cese esta situación no
se puede operar la prescripción, porque resulta obvio que el hecho delictivo
se perpetúa en el tiempo. Por eso estos hechos denunciados son imprescriptibles
y deben ser instruidos por la fiscal, cualquiera sea la fecha en que se hayan
cometido”.
Fuente: Página/12, 04/02/07

El
sangriento debut de las AAA en Córdoba
Por Alexis Oliva, secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba Capital.
Hubo un tiempo en que los peronistas eran asesinados por antiperonistas. El
episodio emblemático de ese tiempo fue el fusilamiento de civiles en un basural
de José León Suárez, en 1956, narrado por Rodolfo J. Walsh en Operación Masacre.
Hubo otro tiempo en que los peronistas eran asesinados por otros peronistas.
El personaje que vincula ambos tiempos quizás haya sido
Julio Troxler, sobreviviente de aquel fusilamiento
durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, actor que se interpreta a sí
mismo en la versión fílmica de Operación Masacre rodada
clandestinamente por Jorge Cedrón durante la dictadura de Alejandro Agustín
Lanusse, víctima finalmente de la derecha peronista enrolada en la Alianza Anticomunista
Argentina (AAA) durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez
de Perón.
Los crímenes de la AAA, prohijada por su ministro
de Bienestar Social, ex cabo de policía, aprendiz de magia negra y miembro de
la logia P 2, José López Rega, fueron declarados
de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles, por lo que tres de sus jerarcas
han sido detenidos y la ex presidente tendrá que rendir tardías cuentas a la
Justicia.
El capítulo que se abrió con la decisión tomada por el juez federal Norberto
Oyarbide en diciembre pasado, tiene una especial trascendencia para Córdoba,
donde el golpe de estado policial conocido como el “Navarrazo” dio en febrero
de 1974 vía libre para que los grupos parapoliciales de la derecha peronista
actuaran con alevosía e impunidad.
Días después del asesinato de Troxler, perpetrado el 20 de septiembre de 1974,
ocurría un episodio pavorosamente similar al de José León Suárez, que sería
la tarjeta de presentación de las Tres A en Córdoba.
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Finaliza septiembre del 74, el mes que despunta
en Córdoba con la asunción del brigadier Raúl Oscar Lacabanne como interventor
federal; el mes en que las Tres A asesinan en Buenos Aires -entre muchos otros-
al abogado cordobés Alfredo Curutchet, al ex vicegobernador Atilio López, al
intelectual de izquierda Silvio Frondizi y a Troxler; el mes en que Montoneros
pasa a la clandestinidad y secuestra a los hermanos Juan y Jorge Born; el mes
que se va yendo en Córdoba con la asunción de un joven José Manuel de la Sota
como Secretario de Gobierno de la Municipalidad.
Cercado por la represión, Miguel Angel “Chicato” Mozé, titular de la Regional
III de la Juventud Peronista, intenta organizar en el departamento Cruz del
Eje una liga agraria de cooperativas de pequeños y medianos productores, como
parte de un proyecto nacional de Montoneros. Lo secunda un grupo de militantes
de la JP y alumnos del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (Ipea)
Nº 3 de la localidad de El Brete, de entre 19 y 22 años de edad. El 29 de septiembre
es la cita para la primera reunión, en la comuna de Media Naranja, a la que
unas quinientas personas confirman su asistencia.
El día anterior, los militantes que convocan al acto deciden por seguridad que
un grupo se quede en Cruz del Eje y otro vaya a Media Naranja a supervisar los
preparativos. En un viejo Citroën, parten aproximadamente a las 21 horas Luis
Eduardo Santillán, Dardo Omar Koch y los hermanos Ernesto y Sergio Rojas. Pero
nunca llegarán a destino.
El testimonio de Ernesto Rojas, uno de los sobrevivientes de aquel episodio,
es escalofriante:
“Al hacer unas diez cuadras, nos damos cuenta de que un automóvil nos sigue,
damos unas vueltas y logramos perderlo. En El Brete decidimos ingresar al IPEA,
donde nos quedamos charlando con los compañeros de estudio como media hora y
retomamos el viaje. El colegio se encontraba a unos cuatrocientos metros de
la ruta. Unos doscientos metros antes de llegar a la ruta, vemos pasar el auto
que nos perseguía. Continuamos el viaje hacia Media Naranja y a unos mil metros
vemos el auto en la cuneta, que nos empieza a seguir con las luces apagadas.
Llegamos al pueblito El Barrial, donde hay un almacén lindero con la ruta donde
se juega a las cartas y al sapo. Paramos y nos metemos. Está lleno. Mi hermano
Sergio se esconde detrás de un camión y yo me quedo en la puerta a ver qué hacen
los que nos siguen. Bajan tres individuos con armas largas. Entro rápidamente
al almacén, y ellos ingresan tirando al aire. La gente aterrorizada corre hacia
una puerta al costado del local. Corro hacia ahí pero uno me toma de un brazo
y me pone una pistola en la cabeza. Nos ponen de cara a la pared y por el rabillo
del ojo puedo ver que ni Santillán ni Koch pudieron huir. Los parroquianos son
peones rurales y algunos lloran de miedo.
Dominan la situación, dejan a uno de guardia y salen tirando en la oscuridad.
Se escucha que patean las puertas de las casas y hacen una especie de allanamiento,
sin dejar de disparar. A un chico de unos 11 años le pegan un culatazo en la
cabeza. El dueño del local ingresa a una habitación e intenta cerrar la puerta
y le atraviesan la mano de un balazo. La situación es infernal.
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Luego entran de nuevo y comienzan a golpearnos,
preguntándonos por el Chicato Mozé. Dejan salir a la gente y quedamos Santillán,
Koch y yo. Nos revisan y a Santillán le encuentran un volante invitando a la
reunión de los productores. Lo sacan y lo interrogan a golpes. Me preguntan
mi nombre y les doy uno falso. Me golpean para que diga dónde está Mozé. Yo
les niego que lo conozco. Traen a Santillán, nos vuelven a golpear, y nos hacen
subir a su vehículo con la cabeza gacha. Inician el retorno a Cruz del Eje,
donde dan unas vueltas y agarran por la ruta 38 hacia Córdoba. Al cabo de quince
minutos, el que va atrás con nosotros da la orden de parar para ‘acomodar la
carga’. Nos bajan, guardan las armas largas en el baúl y les vendan los ojos
a Koch y Santillán. A mí no me pueden colocar la venda.
Reanudamos la marcha y con Santillán empezamos a tocarnos para ponernos de acuerdo,
porque sabíamos que nos iban a matar. Mi intención era que en La Falda nos resistiéramos,
ya que la ruta pasa por la ciudad y había más posibilidad de que alguien nos
ayude.
Pasamos Capilla del Monte y San Esteban a gran velocidad. El negro Guerrero
Martineitz está en la radio, y de pronto Santillán salta hacia el que va a su
lado y yo hacia delante, aferrando el volante y tratando que salgamos de la
ruta.
Los dos que van adelante también agarran el volante y empezamos una lucha donde
el auto va de un lado al otro. Uno grita que paren y el que va al volante empieza
a frenar. El acompañante agarra una pistola y tengo que largar el volante y
agarrarla por el caño, tratando de desviarla. El auto se detiene y seguimos
luchando, Santillán atrás, y yo con los de adelante. De pronto, se abre la puerta
de atrás y el que pelea con Santillán se baja, saca una pistola y le descerraja
tres disparos. Me gritan que largue el arma. La suelto y me tiro al asiento
de atrás. Veo a Santillán con la cabeza hacia atrás, quejándose y sangrando
por la boca. ‘¡Qué han hecho! ¡No tenemos nada que ver!’, les grito. Me bajan
de los pelos y yo siempre diciendo que no tenemos nada que ver e insultándolos.
Uno me dice que corra. No le hago caso y sigo gritándoles. El que manda le dice
a uno que me lleve adentro del campo. Nos introducimos como quince metros, me
hace tirar al suelo, me apunta a la cabeza y me dice que me despida. Yo sigo
con mi postura de que no tengo nada que ver. De pronto, me dice que me quede
quieto, pega la vuelta y sale corriendo. Oigo que le preguntan qué pasó. ‘Vamos,
vamos que está muerto’, dice, y se van.
Me levanto y voy a ver si está el cuerpo de Santillán. No encuentro nada y corro
hacia San Esteban. En la estación de servicio, un automovilista me auxilia y
me lleva a Capilla del Monte, donde radico la denuncia a las doce de la noche.
Cuando presento la denuncia, un policía me pregunta si las características del
auto eran las de un Peugeot y si eran tres individuos, uno con barba. Le pregunto
cómo lo sabe, y me dice que tenían orden de la Central de Córdoba de no detener
ese vehículo”.
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Retoma el relato Dardo Koch, el fusilado que
vive de la operación masacre serrana: “Luego de que Rojas es bajado del coche,
bajo un nerviosismo total, se emprende nuevamente la marcha a alta velocidad
y transcurrido algún tiempo quienes nos llevan secuestrados se tranquilizan
un poco. Uno de ellos no lo consigue, el chofer del auto, quien da a entender
que se ha metido en algo que no tenía bien en claro, que le disgusta. El que
comanda el grupo lo tranquiliza diciéndole que no hay nada que temer.
Santillán está herido y se queja de dolor. Por las características del camino
comprendo que estamos camino a Córdoba, pero más allá el auto, un Peugeot 404
si no recuerdo mal, gira y comienza a recorrer un camino con muchas curvas que
creo identificar como el que va hacia el cerro Pan de Azúcar. Santillán ha dejado
de quejarse y comprendo que ha muerto. El chofer se pone más nervioso al ver
las luces de otro auto que viene atrás. Cree que alguien los persigue y es nuevamente
tranquilizado por el líder del grupo. Luego da la orden de frenar el coche.
Bajan a Santillán y allí, ya muerto, lo ametrallan.
Nuevamente apuros. Suben al coche y arrancan
a gran velocidad. Pasamos por un lugar donde oigo perros ladrar. Tras algunos
minutos, vuelven a parar el coche y me dan orden de bajarme, poniéndome en el
costado que da al cerro, con las manos en alto. Nuevamente se ven luces de auto
que se aproximan. Esto provoca otra vez apuro.
Les pregunto qué van a hacer conmigo, a lo cual responden: ‘Si te quedás callado
y no decís nada de lo que ha pasado, no te va a pasar nada’.
Seguidamente me disparan un balazo en la cabeza. Yo siento un golpe. No escucho
ningún ruido, sólo el golpe. Y tomándome de la cabeza, me arrojo al suelo. Se
acercan y uno pregunta: ‘¿Estás seguro que está muerto?’. El otro le responde:
‘Sí, mirale la cabeza como la tiene’.
La sangre que derramé más la derramada por Santillán sobre mí (en la ropa, el
cuerpo y la cabeza) confundieron a estas personas y en el apuro me dieron por
muerto. Santillán se desangró en gran parte sobre mí, ya que íbamos acostados
entre los asientos delanteros y traseros, el uno sobre el otro, desde el comienzo
del secuestro.
Me toman por los brazos y los pies y me arrojan hacia abajo del camino. No escucho
que ellos se vayan. Tampoco escucho ningún auto pasar detrás de ellos, por lo
que deduzco que me desmayo al golpear contra las piedras. Esa noche duermo en
el cerro, por temor a ser encontrado nuevamente por los que nos habían secuestrado.
Tomo contacto recién al otro día con la policía, quienes me llevan al hospital
de Cosquín y luego de ser revisado me trasladan a Córdoba”.
Dardo Koch se recuperó y tiempo después fue obligado a exiliarse en Noruega,
donde todavía hoy vive y trabaja como enfermero especializado.
Ernesto Rojas fue apresado tres días después en una casa operativa de Montoneros
en Córdoba y peregrinó por más de media docena de cárceles hasta su liberación
en 1984. Actualmente, reside en Andalgalá, Catamarca, donde tiene un motel y
trabaja en un programa de radio.
Sergio Rojas escapó a esta masacre y fue secuestrado y asesinado el 14 de abril
de 1977.
Luis Santillán fue velado en la sede del Partido Justicialista y sepultado en
Cruz del Eje. Montoneros solventó el servicio fúnebre.
Miguel Angel Mozé fue detenido el 22 de julio de 1975, acusado del secuestro
de un ejecutivo de la Coca Cola. El 17 de mayo de 1976, junto a otros cinco
presos políticos de la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba, fue fusilado en un fraguado
intento de fuga.
En una pared de la pulpería de don Mohamed Hossein, en El Barrial, los asesinos
dejaron pintada su rúbrica: Comando Sergio Bertoglio. AAA. Fue su primera acción
en Córdoba. Nunca se conoció la identidad de sus miembros.
Miércoles 14 de febrero de 2007,
Fuente: www.agenciacta.org.ar

Córdoba
1974: el golpe de Perón
Por Eduardo Castilla
El 28 de febrero de 1974, el jefe de policía de la provincia de Córdoba, Antonio
Navarro, depone al gobernador Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López1.
Se impone, de hecho, un estado de sitio garantizado por la policía con el auxilio
de grupos armados civiles, comandados por la Juventud Sindical Peronista. El
“Navarrazo”, fue impulsado abiertamente por Perón con el aval de la patronal
y la burocracia sindical. Este golpe justificado bajo la llamada “depuración
ideológica” del peronismo, buscaba liquidar a la vanguardia obrera, estudiantil
y popular que se venía desarrollando desde el Cordobazo2.
Perón en el poder
Con la vuelta de Perón al país se inicia una ofensiva abierta de la derecha
peronista contra los sectores ligados a la Tendencia Revolucionaria. El 1º de
Febrero del ’74, la CGT de Santa Cruz denuncia “infiltraciones marxistas en
el gobierno provincial”. Pocos días después las 62 organizaciones en Salta resuelven
“declarar personas no gratas al gobernador de la provincia (…) por ‘ser cabezas
visibles del aparato mentado por el marxismo’”3. Esta ofensiva se repite en
San Luis y Mendoza.
En Córdoba, los diarios hablan constantemente de la posibilidad de una intervención
federal. “Córdoba es un foco de infección” había dicho Perón.
A fines del ‘73 los trabajadores del transporte obligan al gobierno a otorgar
un aumento salarial. Al mismo tiempo los empleados públicos imponen a la Legislatura
la aprobación del Estatuto del empleado público. El gobierno nacional acusa
entonces a Córdoba de “romper el Pacto Social” y señala que éste “no puede tener
eslabones débiles”4
La provocación patronal correrá a cargo de la
FETAP (empresarios del transporte) que, negándose a aceptar el aumento salarial
acordado, a partir del 19 de febrero inicia un lock-out patronal abierto: “de
los aproximadamente 900 ómnibus que cubren sus recorridos habitualmente unos
350 habían cesado de andar”5
En un clima completamente enrarecido el jefe de policía Navarro es acusado públicamente
de mantener “reuniones clandestinas para conspirar contra la continuidad institucional
de la provincia”. En estas reuniones con la derecha peronista y las 62 organizaciones
se preparó el golpe del día 28.
El levantamiento
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Durante el periodo constitucional que
fue desde el 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976, de los 22
gobernadores elegidos, 6 fueron reemplazados sin mediar elección. |
El día 27/02 el Gobierno comunica a Navarro su
separación de la conducción de la Policía. Pocas horas después las fuerzas policiales
se amotinan en el Cabildo. Señala La Voz “la gente no podía pasar hacia la Plaza
San Martín. Todas las vías estaban cortadas. Policías con ropa de fajina y cascos
de acero, lucían armas largas impidiendo la circulación de peatones”6
Por la noche se toma la Casa de Gobierno, deteniendo a Obregón Cano, López y
varios funcionarios más. Esa madrugada se llevarán a cabo ataques con bombas
contra La Voz del Interior, la casa del gobernador y su ministro de gobierno,
entre otros. Grupos parapoliciales coparán las principales radios de la ciudad
para transmitir en apoyo a Navarro. En los dos días siguientes serán detenidos
más de 80 personas y se producirán decenas de allanamientos ilegales. El rol
golpista de la FETAP será evidente: los colectivos, ausentes durante días en
las calles, serán parte de las barricadas montadas por los grupos parapoliciales.
Se combinarán tres elementos para consolidar el golpe: en primer lugar, el accionar
de las bandas paramilitares y la policía; en segundo lugar, la actuación del
gobierno nacional, impulsando abiertamente un proyecto de intervención de la
provincia (de esta forma Perón legalizaba el golpe de Navarro). Finalmente los
empresarios y la burocracia de las 62 organizaciones actuarán en común para
impedir una respuesta del movimiento obrero. El lock-out patronal se generaliza
y las 62 organizaciones convocan a un paro por tiempo indeterminado en “adhesión
a la valiente y patriótica actitud tomada por el peronismo de Córdoba en apoyo
a su Policía”. De esta forma, hasta el 5 de marzo, la ciudad se halló virtualmente
paralizada. Esto debilitó fuertemente a la clase obrera, al impedirle concentrarse
en sus lugares de trabajo para dar una respuesta contundente al levantamiento
policial.
Algunas conclusiones y un debate
El golpe fue abiertamente impulsado por Perón y el gobierno nacional. Tal es
así que el mismo día se realizaba en Alta Gracia7 el Congreso “Normalizador”
de la CGT, con la presencia de Otero, Ministro de Trabajo de la Nación.
¿Qué se proponía este golpe? En primer lugar, establecer un mayor control sobre
el conjunto del movimiento obrero y en particular derrotar a sus sectores de
vanguardia. El movimiento obrero se hallaba escindido en Córdoba entre ortodoxos,
legalistas, independientes y clasistas. Los tres últimos sectores, opositores
al Pacto Social, controlaban gremios de peso estratégico: la UTA, Luz y Fuerza
y SMATA, entre otros. En el resto del país los gremios más poderosos se hallaban
en manos de la rama ortodoxa.
En segundo lugar, se trataba de apropiarse del aparato del Estado para utilizarlo
abiertamente contra la clase obrera y los sectores populares que enfrentaban
crecientemente el Pacto Social y el conjunto de la política del gobierno de
Perón. No era sólo una disputa de poder en el seno del peronismo, como lo presentó
en ese momento la UCR o como lo señalan hoy algunos intelectuales8, sino que
se buscaba controlar el Estado para desatar una persecución abierta contra la
clase obrera. Esto se continuaría y acentuaría luego bajo las intervenciones
federales, en particular la de Lacabanne.
En tercer lugar, Córdoba tenía un enorme peso dentro de la política nacional,
no sólo por su tradición de lucha reciente, sino por albergar a algunos de los
dirigentes más importantes del movimiento obrero, como Tosco o Salamanca. “Imponer
orden” en Córdoba, tenía entonces una enorme repercusión nacional9.
Ante esta ofensiva, la respuesta del movimiento obrero combativo aparece completamente
impotente10. En una entrevista realizada a Tosco, dirigente de Luz y Fuerza,
se podía leer lo siguiente:
“Pregunta: ¿Y cómo es que no se ha producido ninguna reacción de tipo masivo?
Tosco: Se están haciendo actos relámpagos, algunas asambleas de fábrica, etc.
(…), pero hay una relación de fuerzas básica que está dada por el teniente coronel
Navarro y su policía con las armas en la mano. Centenares de fascistas armados
y entrenados bajo la conducción de organismos policiales y parapoliciales”11
¿Como podía ocurrir esto en la ciudad del Cordobazo y el
Viborazo, donde la clase obrera junto al movimiento estudiantil y el pueblo
había logrado derrotar a las fuerzas policiales?
La falta de una respuesta masiva se explica, en primer lugar, por la confianza
que suscitaba Perón todavía en las grandes masas. Fue por ello que los golpistas
enarbolaron la bandera del “auténtico peronismo”. Esto les garantizaba, sino
el apoyo, por lo menos la pasividad de sectores amplios del movimiento obrero
frente al golpe.
La experiencia de sectores más amplios de las masas con el peronismo en el poder
era frenada a cada paso por Montoneros y la JTP, que se negaban a enfrentar
el Pacto Social y a denunciar abiertamente a Perón. Por el contrario mantenían
una política de presión sobre el viejo caudillo12. Fue por eso que no impulsaron
ninguna respuesta a un golpe claramente orquestado por el mismo Perón.
A esta política se adaptaron los dirigentes del sector combativo del movimiento
obrero. Tal es así que el 5 de Febrero el MSC13 criticaba las modificaciones
de la Ley de Asociaciones Profesionales y la reforma al Código penal, pero “no
se colocaba en una línea de oposición total al presidente Perón, sino a sus
sectores burocráticos y de derecha”.
Esta política debilitó a la vanguardia, que se encontró impotente para movilizar
a las masas frente al golpe. Las organizaciones obreras se limitaron a declaraciones
de repudio y a un paro de 24 horas que no tuvo ninguna incidencia en la situación,
al mismo tiempo que se preparaba “un paro provincial con fecha a determinar”
que nunca se realizó. Junto a esto ninguna de estas organizaciones llamó al
conjunto de la vanguardia nacional a movilizarse para enfrentar este golpe.
Para quienes hoy quieren eximir de culpa a Perón por los asesinatos de la Triple
A, las enseñanzas del Navarrazo muestran qué rol cumplió cuando se trató de
liquidar a la vanguardia obrera y popular que se oponía a su política. Para
los trabajadores que hoy salen a luchar es necesario conocer y profundizar en
el estudio de esos convulsivos años para preparase para los futuros combates
de clase.
NOTAS
1 Obregón Cano se hallaba ligado a los sectores de izquierda peronista y López
era Secretario General de la UTA.
2 Pocos días después, Raymundo Ongaro, dirigente gráfico, señalaría que se trató
de un verdadero “Anti-Cordobazo”.
3 Los gobernadores de Salta, San Luis y Mendoza eran Miguel Ragone, Elías Adre
y Martínez Baca. Todos habían sido apoyados por el ala izquierda del peronismo,
al igual que Obregón Cano. La Voz del Interior, 05/02/74 y 06/02/74.
4 Comunicado de Prensa. Ministerio del Interior, 12/02/74.
5 La Voz, 20/02/74
6 La Voz, 28/02/74
7 Es decir, a no más de 25 Km. de Córdoba capital.
8 Tal es la postura desarrollada por Alicia Servetto en el libro De la Córdoba
combativa a la Córdoba militarizada, donde señala que “La crisis provincial
de marzo de 1974 debe leerse (…) fundamentalmente como resultado de las contradicciones
internas del peronismo (…) predominó la disputa por la ampliación de los espacios
de poder entre los distintos sectores y las instituciones del Estado fueron
instaladas como arena de la lucha política”. Op. cit. Pág. 109.
9 Como señala James Brennan “Perón sabía que el éxito de la campaña verticalista
dependía de Córdoba. El reestablecimiento de la autoridad de la CGT central
era necesario tanto para controlar la expansión de la militancia obrera a todo
el país como para asegurar el éxito del Pacto Social (…) sólo Córdoba era capaz
de aprovechar la oposición de la clase obrera al programa y darle la forma de
un movimiento de importancia nacional”. El Cordobazo. Las guerras obreras en
Córdoba 1955-1976.Ed. Sudamericana. Pág. 319
10 Así como la respuesta del mismo Obregón Cano, que se negó a llamar a la población
en su apoyo para luego renunciar a su cargo, llamando a “la pacificación”. Una
actitud similar a la tomada por Perón en el 55’.
11 La Voz, 13/03/74.
12 Esta política de presión sobre Perón se mantuvo incluso hasta el 1º de Mayo
del ’74, como señala Julio Godio: “Los Montoneros continuaban con su política
de “romper el cerco” que supuestamente rodeaba a Perón”. Perón. Regreso, muerte
y soledad. Ed. Hyspamérica. Pág.193. Inclusive el balance presentado después
de haber sido echados de Plaza de Mayo señala “no le regalaremos el peronismo
a los burócratas (…) la esencia revolucionaria del peronismo es el pueblo movilizado
y participando en la decisiones de su gobierno y su movimiento. Y nosotros seguimos
reafirmando que por eso somos peronistas”. La Voluntad. Tomo II. Ed. Norma.
Pág. 315.
13 Movimiento Sindical Combativo, centralmente integrado por Luz y Fuerza y
el SMATA.
Fuente: www.pts.org.ar/spip.php?article6347

Carta
a los compañeros trabajadores
Carta que difundió René Salamanca (imagen), secretario
general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, SMATA,
seccional Córdoba, a partir de su recuperación por el Movimiento de Recuperación
Sindical (MRS-Lista Marrón) integrado por agrupaciones clasistas y combativas
en mayo de 1972. Reelegido a su conducción en mayo de 1974, Salamanca fue secuestrado
y desaparecido por un grupo de tareas golpista en la noche del 23 de marzo de
1976, horas antes del golpe de Estado
Carta a los compañeros trabajadores
Tareas de la clase obrera para frenar el golpe y profundizar la liberación
Octubre de 1975
Los obreros argentinos no podemos reflexionar hoy fuera de un marco concreto:
la patria está en peligro; como en todas las horas decisivas (como en el 30,
el 45, el 55, el 66 y el 69) tenemos frente a nosotros dos opciones. O se profundiza
la dependencia del imperialismo, el poder de los monopolios y los terratenientes
y la superexplotación popular, o se profundiza la liberación, la marcha revolucionaria
del pueblo con los trabajadores a la cabeza. El primer camino es el camino del
golpe contra el gobierno peronista de la señora Presidente, golpe que puede
ser proyanqui o prorruso, porque las dos superpotencias conspiran y buscan someternos.
El segundo camino es el de la lucha antigolpista, para aplastar a los conspiradores
y avanzar a fondo en las tareas de la liberación y la unidad de los patriotas.
Yo creo que ésta es, en la actualidad, la gran misión histórica que tenemos
por delante los obreros. Y también digo que, derrotados parcialmente los yanquis
que encabezaba Onganía por las luchas populares nacidas con el Cordobazo, son
hoy los sectores prorrusos los principales conspiradores, quienes desarrollan
el plan golpista que está en curso. Terratenientes como Lanusse, grandes burgueses
testaferros como Broner y Gelbard, traidores como Luder, milicos gorilas como
Anaya y Massera, y jerarcas como Miguel, Herreras y Rodríguez son los principales
eslabones de esa conspiración que trata de reemplazar el amo yanqui por la URSS,
donde desde 1956 han enterrado las banderas de Lenin y el proletariado para
restaurar el capitalismo. Por su parte, la señora Presidente tiene clara la
cuestión de las dos superpotencias, pero no enfrenta el golpe con profundidad,
concilia ¾en el plan Rodrigo¾ con monopolios y terratenientes, y no se apoya
en el auténtico patriotismo de las grandes masas. Por eso la han ido rodeando,
por eso alientan los golpistas su relevo y la integración después de un gobierno
“cívico-militar”. Pero yo creo que serán derrotados, que el movimiento obrero
de mi país va a estar a la altura de su tarea histórica, y es en ese sentido
que como aporte deseo revisar y trasmitir mi propia experiencia, la del SMATA
cordobés.
Política de los sectores prorrusos en el movimiento obrero
Los sectores prorrusos, que favorecen la entrega de la patria al socialimperialismo
de la URSS, trabajan en el proletariado por medio de dos grandes corrientes
revisionistas: la PC, y por otro lado el trotskismo en sus dos vertientes, la
ortodoxa y el terrorismo, que hacen un doble trabajo de política y de reclutamiento
para las acciones directas. De todos modos, el eje fundamental es sembrar el
apoliticismo; éste constituye una línea de la burguesía en el movimiento obrero,
difundida en su época por los anarco-sindicalistas, por el sindicalismo amarillo
y, en cierto modo, también por los socialistas. En tanto que en el peronismo
este rasgo se da, pero contradictoriamente; desde un ángulo se lo estimuló con
la conciliación de clase (por ejemplo la consigna: “Del trabajo a casa y de
la casa al trabajo”), pero desde otro su carácter antiimperialista y las necesidades
políticas obligaron al peronismo a politizar las luchas de los trabajadores
en momentos claves, como en 1945 o en los años de la resistencia.
Los prosoviéticos, como burgueses que son, tratan de aprovechar esos factores.
Su objetivo es diluir la lucha política independiente del proletariado, sembrando
la conciencia economista y aprovechando si pueden las justas luchas económicas
para su política por arriba. Un ejemplo reciente es que, mientras los trabajadores
luchaban por la homologación de los convenios, la trenza de jerarcas montaba
el dispositivo golpista impulsando la asunción de Luder en el Senado, preparando
así el “golpe constitucional” contra la señora Presidente. En los sindicatos,
con el pretexto de la “unidad” de toda la masa, proponen el “no hacer política”,
fomentando el sindicalismo y el economicismo.
En sus variantes trotskistas más incendiarias e “izquierdistas”, empujan como
principio la idea de lucha, lucha y lucha por las reivindicaciones, sin enmarcarlo
en lo político. Para ver aquí otro ejemplo notable, recuerdo que en Grandes
Motores Diesel ocuparon en junio la planta por 72 horas con motivo de las paritarias,
pero en política ante el ingenuo asombro de los activistas trotskistas el conflicto
fue capitalizado por Armentano y Lacabanne, como punta de lanza de la movilización
de la CGT en Buenos Aires. Eso ocurre cuando una dirección sólo impulsa la lucha
económica, que en definitiva puede ser capitalizada por cualquiera. Así, en
estos casos las aprovecharon los prorrusos, pero también puede favorecer a los
yanquis; el conflicto económico planteado en la mina El Teniente, en Chile,
sirvió para la acumulación del golpismo proyanqui, que desembocó en la dictadura
asesina de Pinochet. La falsa unidad, la absolutización de lo económico y, a
la vez, la minimización de la política son rasgos generales del “clasismo” que
ellos definen. En Villa Constitución practicaron el economismo progolpista,
buscando también empalmar los hechos terroristas con el movimiento de masas;
el peligro de la preponderancia de esas ideas yo lo expresé a los cuerpos orgánicos
de esas fábricas, y al propio Piccinini , en varias discusiones durante 1974.
En el caso de Sitrac-Sitram , también observamos un ejemplo de instrumentación,
cuando la justa lucha contra la dictadura proyanqui , en el
Viborazo, terminó con el recambio palaciego de Lanusse. En esta experiencia,
luego, se cayó en un economismo desenfrenado y en una política proterrorista
que condujo a su liquidación; los voceros de algunos grupos armados decían:
“Trescientos despidos, no importa, son trescientos nuevos guerrilleros”. Así
el terrorismo, con su línea aventurera e instrumentable desde arriba, destruye
la posibilidad de acumulación del movimiento obrero, y en este plano liquida
todo lo que toca. En nuestro SMATA lo vimos actuar con las mismas intenciones,
contribuyendo con los asesinatos de Goya y Swuin al plan general prosoviético
de rodearnos y desplazarnos. Pero el hecho de que entre nosotros nunca fueron
hegemónicos lo señala que hoy el SMATA sea un bastión antigolpista, mientras
donde ellos ¾desgraciadamente¾ dirigieron no han dejado nada, sólo ideas negativas
para los trabajadores.
Tácticas en el SMATA cordobés
En el SMATA Córdoba la política prorrusa trabajó con dos tácticas sucesivas.
En la primer [comisión] directiva, de mayo de 1972 a mayo de 1974, buscaron
hacer una dirección gremial sindicalista, sin definiciones políticas e invocando
la unidad. Su ambición entonces era convertir al SMATA en un gremio sin perfil,
segundón de Luz y Fuerza. En la segunda directiva, batida el ala PC ¾que como
partido apoyó a la Lista Naranja ¾ fue dejada el ala trotskista, con la que
trataron de dividir a la masa y aislarnos a nosotros. En ese sentido produjeron
varios hechos:
• En el “navarrazo” empujaron la expulsión de los delegados peronistas del Cuerpo
de Delegados, acusándolos de “fascistas”. Su objetivo era crear la falsa división
“fascismo-antifascismo” o, con más precisión, “peronismo-antiperonismo”, dentro
de la más tradicional línea gorila. Pero este intento fue desmantelado por nosotros.
• En la integración de la Lista Marrón de 1974 hicieron lo imposible por sectarizarla
e impedir la inclusión de compañeros peronistas, pese a nuestra batalla por
compartir responsabilidades con compañeros peronistas y radicales.
• Durante la campaña electoral, y sobre todo después del triunfo de mayo del
’74, se continuó estimulando la división de la masa. El 11 de mayo, cuando se
anunciaron los resultados del escrutinio en Luz y Fuerza, Nájera, de Vanguardia
Comunista, y Palacios de la junta electoral, se lamentaron señalando que se
había ganado por 1.000 votos, pero que en el SMATA quedaban “3.000 fachos”.
Yo dije que quedaban 3.000 compañeros peronistas que habían votado a la Lista
Gris, y con quienes debíamos soldar la unidad. Por su parte, poco después el
trotskismo ¾con pasividad nuestra¾ evaluó equivocadamente que los cuatro mil
votos marrones eran votos “contra Perón”. Y empujó a nivel de activo los reproches
de los marrones a los compañeros peronistas, introduciendo concretos gérmenes
de división.
El verdadero clasismo
Habiendo conocido, convivido y luchado contra estas corrientes a veces no con
la política más justa afirmo que el verdadero clasismo impone que los obreros
dirijan la lucha por la revolución nacional y democrática, en marcha hacia el
socialismo. El verdadero clasismo no diluye la política detrás de la “unidad”
ni de las “reivindicaciones”; pelea en cambio por los objetivos concretos del
proletariado a la cabeza del combate por la liberación. El verdadero clasismo
pone la política antigolpista, antiimperialista y patriótica al mando, y bate
sin cuartel al revisionismo sindicalista y economista. El verdadero clasismo
reitera hoy la necesidad de recuperar los cuerpos de delegados, las comisiones
internas y los sindicatos, desde la lucha antigolpista en concreto, desde la
derrota de los jerarcas y los divisionistas prorrusos, en el camino de profundizar
la liberación, de acaudillar a todo el pueblo contra las superpotencias y sus
cómplices, terratenientes, monopolios, jerarcas y poderosos. El verdadero clasismo
acentúa la bandera de la recuperación, pero con la política al mando, con el
objeto de derrotar al golpe. Así los traidores serán barridos, así vertebraremos
movimientos de recuperación sindical de masas y no de activo como quieren los
prorrusos. Así construiremos el frente único en la clase obrera, aglutinando
desde las definiciones patrióticas y antigolpistas a peronistas, radicales,
comunistas, socialistas, patriotas, y desde allí el proletariado avanzará a
articular el frente único popular contra el golpe y las superpotencias.
Toda lucha reivindicativa tiene que estar impregnada de política a fondo. La
política permite no confundir al enemigo principal, siendo hoy los rasgos generales
de un marco político la lucha antigolpista y las diez medidas y cinco reclamos
propuestos por el Partido Comunista Revolucionario, entre lo cual figura la
nacionalización de los monopolios yanquis y golpistas, la confiscación de las
tierras de los terratenientes, la nacionalización del comercio exterior y la
banca y, entre otros aspectos, dar tierras y créditos a los compañeros del campo.
El conflicto de 1974
Quiero ser claro en una idea: los responsables directos, los que nos vieron
como enemigo irreconciliable y provocaron nuestro desplazamiento en la conducción
sindical del SMATA Córdoba, fueron los sectores prorrusos. Usaron contra los
obreros mecánicos, y hay que subrayarlo, buena parte de los resortes de poder
que tienen acumulados en la Argentina. Desde el punto de vista agresivo actuaron
muchos que en el ’66 aplaudieron a Onganía y hoy están en el golpe contra Isabel;
así Otero desde el Ministerio de Trabajo, Rodríguez desde el SMATA nacional
y Miguel desde las 62 Organizaciones. Las empresas se plegaron al juego que
les dictaba Gelbard, el testaferro de ALUAR, y hasta se usó a funcionarios de
segunda línea, como el juez Hairabedián, un empleado de Brunello y de otros
oscuros personajes.
Sin embargo, hubo una maniobra mucho más aviesa y peligrosa para el movimiento
obrero que como en parte lo hemos explicado consistía en rodear al SMATA, en
usar por un lado al trotskismo desde adentro, y al aparato de Tosco y Firmenich
desde la periferia de esa dirección para aislarla de la masa peronista. La táctica
de los prorrusos era, como dije, sembrar falsas polarizaciones. Y en ese sentido
tuvieron éxito, tanto que el 24 de septiembre [de 1974], en la famosa asamblea
de Santa Isabel, un sector mayoritario de la masa mecánica resolvió aceptar
la reivindicación salarial y hacer un compás de espera en lo referente al avasallamiento
de su conducción por Otero-Miguel-Rodríguez. ¿Esto pasó por desgaste, por agotamiento
económico o por política? Yo digo que, fundamentalmente, pasó por razones políticas;
la gente nos vio en realidad cercados y pensó: “Seguramente Salamanca también
está en la joda”. Nosotros no fuimos claros ni a fondo, no le hablamos a la
masa en términos políticos precisos, y entonces la masa nos vio dentro del golpe,
como a Firmenich y Tosco, nos vio contra el gobierno peronista. Entonces los
mecánicos, oponiendo a la situación su política patriótica, antigolpista, prefirieron
esperar y no luchar por su dirección.
Por dificultades objetivas (es decir, por el cerco que iba desde el ministro
prorruso Gelbard, a Otero, Rodríguez, Miguel, Brunello, Tosco, etc.), y por
el peso en nosotros de ideas revisionistas, no fuimos a fondo, no pusimos la
política al mando. Los términos de unidad de los mecánicos cordobeses comienzan
a restablecerse desde el 26 de diciembre de 1974, cuando entra a las plantas
una carta mía donde se define la lucha contra el golpe proyanqui o prorruso,
y la defensa del gobierno peronista de Isabel Perón contra la conspiración de
los dos imperialismos. Entonces, en base a la política, por un lado se nuclea
lo patriótico antigolpista que es realmente la masa, y por otro los sectores
minoritarios prorrusos y propatronales. Eso abre ahora el camino de la recuperación,
aunque haya dificultades no superadas que todavía no permitieron esa meta y
la libertad de nuestros presos. Empero, el ejemplo primero de Perdriel, luego
repetido masivamente en Santa Isabel , en que se toma a fondo la idea antigolpista
y el concepto de que los platos rotos los paguen los yanquis y los terratenientes,
indican un modelo de la política al mando, de combinación de lo reivindicativo
con lo político hacia la profundización del camino liberador, y de que así y
sólo así se bate a los golpistas que pretenden montarse en las luchas del proletariado.
Peronistas y comunistas revolucionarios
¿Qué está pasando en el movimiento obrero argentino hoy, qué perspectivas se
abren para el futuro? Lo cierto es que el general Perón dejó corporizadas en
los trabajadores un conjunto de ideas, que forman parte de su conciencia política
y de las banderas del justicialismo. El valor de las reivindicaciones, la amenaza
de la antipatria imperialista, de las dos superpotencias y nuestra pertenencia
a los pueblos del Tercer Mundo, son algunos de esos elementos. Yo no creo como
los aventureros prosoviéticos en la “desperonización”; los compañeros peronistas
no van a dejar de serlo para convertirse en “miguelistas”, “herreristas” o “camporistas”,
y su dirección natural, quien continúa y representa a Perón es la señora Presidente.
Yo creo que los compañeros son peronistas por un proceso profundo, que respetamos,
pero también sé que la necesidad del combate contra el imperialismo y el golpe,
de profundizar la liberación, conllevan otros conceptos: la dirección del proletariado
en ese proceso, la necesidad de aplastar al enemigo con el pueblo en armas,
la articulación del frente único popular contra el enemigo principal, la existencia
de un fuerte y gran Partido que desarrolle esa política. La necesidad histórica
de estos rasgos para triunfar, llevará a los trabajadores a la negación crítica
de su experiencia anterior para avanzar a un nivel superior: el marxismo-leninismo.
Y nosotros, los marxistas-leninistas, comunistas revolucionarios, empalmamos
con esa corriente negando y superando en los esencial las ideas y prácticas
revisionistas, aplicando así el marxismo-leninismo a la realidad de nuestro
país. Así luchamos por el fin de la dependencia, por la revolución democrática
y nacional, y nos unimos a los compañeros peronistas y los demás patriotas contra
el golpe de las superpotencias.
Esto tiene un destino ancho, y puedo asegurar que muchas de las conclusiones
que he expuesto de nuestra experiencia en el SMATA cordobés no han sido de fácil
resolución; a la luz de la vida y la política hemos pensado nuestra práctica
y hoy lo escribimos, con la convicción de que ha de ser útil para el movimiento
obrero. Porque reitero: tenemos por delante dos caminos. Yo sostengo que al
golpe se lo puede derrotar, que nuestras tareas históricas los obreros las vamos
a cumplir, que el pueblo argentino no quiere ser ni Chile ni Checoslovaquia
, que yanquis y rusos serán aplastados, que a los trabajadores no nos desarmarán
ni desmovilizarán los que quieren montarse en nuestras reivindicaciones y nuestro
patriotismo. Finalmente, a los compañeros de Córdoba con los que deseo volver
a reunirme, como en las horas más gloriosas y al lado de nuestros queridos presos,
y a los compañeros del país a quienes llegue mi mensaje envío un fuerte abrazo.
Y con fe en el futuro, en la patria y en la clase obrera reafirmo una consigna:
sépanlo traidores, asesinos a sueldo del imperialismo, enemigos del pueblo,
aunque nos cueste sangre, OTRO ‘55 NO PASARÁ.
NOTAS
1 Julio Broner: presidente de la Confederación General Económica (CGE). José
Ber Gelbard: anterior presidente de la Confederación General Económica, luego
ministro de Economía desde mayo de 1973 hasta octubre de 1974, durante las presidencias
de Cámpora, Perón e Isabel Perón. Italo Luder: dirigente del Partido Justicialista,
promovido por los golpistas a presidente de la Cámara de Senadores para quedar
así en la “línea de sucesión” presidencial. Leandro Anaya: Comandante en Jefe
del Ejército tras el desplazamiento de Jorge Carcagno por Perón. Emilio E. Massera:
Comandante en Jefe de la Armada, luego miembro de la Junta Militar de la Dictadura.
Lorenzo Miguel: sindicalista del gremio metalúrgico y jefe de las “62 Organizaciones”,
nucleamiento de los principales sindicatos peronistas. Casildo Herreras: sindicalista
del gremio textil y secretario general de la CGT tras el asesinato de José I.
Rucci, hombre de Perón, en setiembre de 1974. José Rodríguez: secretario general
del SMATA nacional, responsable de la intervención a la seccional Córdoba de
ese sindicato contra la conducción que lideraba Salamanca, paralelamente a la
orden de captura dictada contra éste que lo obligó a enviar esta carta desde
la clandestinidad.
2 En junio de 1975. El 27 de junio la dirección golpista de la CGT y diversos
sectores políticos golpistas usaron el descontento popular contra el plan de
ajuste de Celestino Rodrigo y las justas reivindicaciones salariales de la clase
obrera para organizar una gran concentración en Plaza de Mayo y, centrando en
la figura del reaccionario ministro José López Rega, debilitar al gobierno de
Isabel. Con el mismo objetivo impulsaron una oleada de huelgas en junio y julio.
3 Alberto Piccinini, dirigente metalúrgico de Villa Constitución.
4 Sindicatos de Trabajadores de las empresas Fiat-Concord y Fiat-Materfer, de
Córdoba, donde se constituyeron en 1970 los primeros sindicatos clasistas de
fábrica.
5 Se refiere al “turno” dictatorial de Levingston, en marzo de 1971.
6 Contra la Lista Marrón que lideró Salamanca.
7 “Navarrazo”: golpe policial que destituyó, en marzo de 1974, al gobierno provincial
de Córdoba encabezado por Ricardo Obregón Cano cercano a los Montoneros y el
sindicalista Atilio López.
8 Ricardo Otero, dirigente del gremio metalúrgico (UOM) designado por Cámpora
ministro de Trabajo.
9 Duilio Brunello, presidente del PJ, empresario cordobés subordinado políticamente
a Gelbard.
10 Agustín Tosco, dirigente del gremio cordobés de Luz y Fuerza y de la CGT
“combativa” provincial. Mario E. Firmenich, dirigente máximo de los Montoneros.
11 Plantas automotrices del gran Córdoba.
Descargar Cartas de René Salamanca (doc)

"Se
debate Argentina en la descomposición social"
Comunicado del Partido Peronista Auténtico en México en diciembre de 1975
Por Albino Moctezuma
Periódico "El Día", México, Miércoles 10 de Diciembre de 1975.-
Cuatro destacados argentinos asilados en México, tras exponer el panorama general
que vive su país, revelaron que el imperialismo norteamericano ha desatado en
Argentina una guerra total contra todo lo que sea movimiento organizado; "hay
una situación de descomposición social".
Los
doctores Rodolfo Puiggrós (colaborador de este diario), Raúl Laguzzi (a quien
la Triple A en un atentado le mató a su pequeño hijo), -ambos ex rectores de
la Universidad de Buenos Aires- Ricardo Obregón Cano y el licenciado Julio Suárez
(representante para América Latina del Partido Peronista Auténtico, dieron una
conferencia de prensa ayer para hablar de la formación del nuevo partido peronista
y del presente y futuro de Argentina.
El doctor Puiggrós comenzó por decir que la violencia
en su patria no fue desatada por el peronismo, "sino contra el peronismo".
Asimismo denunció que la Triple A (grupo terrorista de derecha) es protegida
por la minoría que usurpó el poder, a cuyo frente se encuentra Isabel Martínez,
y que asesina diariamente a 5 o 10 de los hombres de la corriente progresista,
principalmente a los jóvenes.
Informó que hasta septiembre de este años, ese
grupo llevaba dos mil crímenes, para asentar ante la violencia no hay otro recurso
que oponer la violencia.
Puiggrós delató también la complicidad del actual gobierno argentino con sus
vecinos y similares dictaduras de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil,
y relató que entre todas ellas se han sellado pactos y la Argentina hasta ha
entregado asilados políticos a Chile y Uruguay.
También dijo que existe una campaña, en la que son cómplices los grandes diarios,
contra el Tercer Mundo y contra la política del gobierno del presidente Echeverria.
Manifestó que los efectos de esa campaña se reflejaron en el atentado al consulado
de México en su país, anteayer.
Más adelante, al hablar del recientemente constituído Partido Peronista Auténtico
-el 16 de noviembre pasado- expresó que desea la unidad nacional. "No estamos
por la violencia, pero tampoco pondremos la otra mejilla si nos golpean una."
Queremos, puntualizó, el orden social, pero no el de los monopolios, sino el
de las grandes masas de trabajadores, porque ellas quieren un auténtico gobierno
peronista, aspiran al socialismo nacional que surja de la realidad argentina.
El doctor Laguzzi, por su parte, denunció que
algunos de los dirigentes del PPA han sido encarcelados y que son: el presidente
Oscar Bidegain, Antonio Lombardice, Hugo Vaca Narvaja y la señora Medina de
Peña, asimismo abogó por la libertad del ex rector interino de la Universidad
de Buenos Aires, Ernesto Villanueva, sentenciado a seis años de prisión.
Julio Suárez en su intervención redondeó un poco más la situación de su país.
Manifestó que la lucha del pueblo contra esta dictadura se lleva a cabo en todos
los planos, desde la armada hasta la exigencia de los comités de fábrica por
implantar la cogestión y la autogestión.
De los Montoneros -grupo guerrillero de la izquierda
peronista- manifestó que están llevando toda su lucha en el plano de la guerra
abierta contra la ocupación y que no es un simple movimiento de muchachos armados,
sino que tiene su base en las masas.
Por su lado, el doctor Ricardo Obregón Cano, antes de dar a conocer los puntos
sustanciales del programa del PPA, indicó que es posible que en los próximos
meses se presente una gran manifestación en Argentina de todos los miembros
del partido, pero no por demandas salariales, esta vez será para pedir un gobierno
auténticamente popular.
Los puntos del programa basado en el peronismo son: 1.- Levantamiento del Estado
de Sitio; 2.- Derogación de la legislación represiva; 3.- Libertad a todos los
presos políticos; 4.- Libertad de prensa e información y levantamiento de las
medidas que dispusieron la clausura de diarios y revistas; 5.- Libertad de acción
política; 6.- Investigación de las tres A y procesamiento de sus integrantes;
7.- Extradición y procesamiento de José López Rega; 8.- Investigación y procesamiento
de los delincuentes económicos; 9.- Democratización sindical y amnistía general
en todas las organizaciones sindicales y 10.- Constitución del Frente de Liberación
Nacional que enfrente al imperialismo.
Imagen: Dr. Ricardo Obregón Cano
Fue el 8 de abril de 1973 : el primer debate
realizado en Córdoba entre los dos candidatos que se disputaban el balotaje
para decidir quién sería el gobernador de la provincia. En los estudios de Canal
10, dos cámaras fijas y una móvil, propiedad de uno de los empleados de la emisora,
captaron en vivo y en directo las dos horas establecidas para el cruce entre
Ricardo Obregón Cano, postulante del Partido Justicialista, que luego fue elegido
gobernador, y Víctor Martínez, el candidato de la Unión Cívica Radical. Fue
un operativo inédito en el que intervinieron, además de Canal 10, La Voz del
Interior, Canal 8 y Radio Universidad.
Jorge Pérez Gaudio, quien en ese momento era director del informativo de Canal
10 y gerente de Radio Universidad, fue el moderador de aquel choque mediático
.
"La idea surgió a partir de que era la primera elección después del golpe de
(Juan Carlos) Onganía y tenía una gran importancia", comentó el comunicador
que en aquel momento tenía 34 años. "Era la primera elección que se hacía y
había toda una carga histórica", aseguró.
En aquella época, el canal cubría la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba y si
bien no había mediciones de rating, los periodistas que cubrieron el evento
aseguraron que fue visto por una gran cantidad de gente e, incluso, fue decisivo
para torcer una porción importante del electorado hacia Obregón Cano.
"Fue el primer debate en Córdoba y creo que fue el primero en el país que se
hizo juntando a dos candidatos a gobernador", aseguró Pérez Gaudio.
El periodista recuerda que unos años después se encontró por casualidad con Víctor Martínez y que el ex vicepresidente le dijo que ese debate le había hecho perder la elección.
Intercambio. "No hubo ningún problema y las limitaciones
de tiempo no eran tan rigurosas como ahora porque no había tantas urgencias",
afirmó Pérez Gaudio.
Los tópicos que trataron los candidatos no varían en relación a las plataformas
electorales actuales. "Se plantearon grandes temas como las políticas presupuestaria,
fiscal, educativa, salud pública y todo lo inherente a proyectos futuros tendientes
a restablecer la vigencia del estado de derecho y de los derechos humanos",
agregó el profesional.
Para la vida profesional de Pérez Gaudio la experiencia fue "importante y satisfactoria".
"Era un momento histórico clave por todo lo que se estaba jugando", dijo y apuntó
que el país venía generando cambios trascendentes y complejos.
Después de aquel debate no habría otro por la negativa de algunos de los candidatos
de las elecciones posteriores de sentarse a discutir en una misma mesa los proyectos
para la provincia.
34 años y medio después, la historia se retomará este domingo cuando Juan Schiaretti
(Unión por Córdoba), Luis Juez (Frente Cívico y Social) y Mario Negri (Unión
Cívica Radical) expongan sus propuestas en el debate organizado por Canal 12,
La Voz del Interior y Cadena 3 que se emitirá desde las 22 horas.
Pautas claras. Para Pérez Gaudio, el debate es la "mejor mediación que puede
existir para conocer el pensamiento transparente, claro y limpio de los candidatos".
A su vez, manifestó que debe haber pautas claras, equilibrio e imparcialidad
en la propuesta periodística para que los candidatos puedan expresarse con libertad.
"Es una mediación entre sociedad y candidatos para conocer qué piensan, que
razonan, para observar los reflejos, la manera lingüística de exponer los temas",
apuntó. Y añadió: "Además, la gente percibe rápidamente lo que a veces son discursos
muy armados y quedan más al descubierto de una manera más clara y limpia para
la sociedad".
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MEMORIA
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