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NOTAS EN ESTA SECCION
Fue una
pesadilla | Debate
Martínez-Obregón Cano |
Atilio Lopez, el honor acribillado
| El Negro Atilio López
Asalto al local del Partido Comunista |
El sangriento debut de las
AAA en Córdoba | Córdoba 1974: el golpe de
Perón
Carta a los compañeros
trabajadores |
Se debate Argentina
en la descomposición social
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prolegómenos de la dictadura, por Alicia Serveto (pdf)
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escenarios provinciales, por Alicia Servetto (pdf)
Juan Carlos Cena - La
conspiración de los iguales |
Audiencia Nacional España - Isabel Perón-Triple
A, solicitud extradición 2008
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Por Rogelio Alaniz
El 14 de octubre de 1974, civiles armados y con los rostros cubiertos con
capuchas asaltaron los locales del sindicato de Luz y Fuerza, del Partido
Comunista y de dos agrupaciones sindicales de la ciudad de Córdoba. En el
local del Partido Comunista, una militante de esta formación política fue
violada por las supuestas fuerzas del orden. La mujer murió después en el
hospital como consecuencia de las lesiones vaginales recibidas por los
soldados de la causa nacional. Se llamaba Tita Clelia Hidalgo.
El responsable de la razzia fue el brigadier Lacabanne, militar de
reconocida filiación fascista, nombrado interventor de la provincia de
Córdoba por la presidente Isabel Martínez. El proceso represivo en Córdoba
se había iniciado en febrero de ese año, cuando un oscuro jefe de policía,
Antonio Navarro, se levantó en armas contra las autoridades constitucionales
de la provincia sentando el precedente único en la historia de un policía
que protagoniza un golpe de Estado. No concluyeron allí las novedades. La
maniobra sediciosa contó con el apoyo del gobierno nacional que entonces
estaba a cargo de Juan Domingo Perón. El operativo de Navarro fue legitimado
por la más alta investidura política de la Nación, que resolvió intervenir
la provincia.
Gobernaban entonces a la provincia de Córdoba Ricardo Obregón Cano y Atilio López. Como consecuencia de la intervención, Obregón Cano se vio obligado a exiliarse para no correr la misma suerte que su compañero de fórmula, Atilio López, quien en septiembre de ese mismo año había sido asesinado por las Tres A en la ciudad de Buenos Aires.
El "navarrazo" se transformó en la respuesta previsible del peronismo ortodoxo al peronismo disidente. La despiadada y feroz interna peronista irrumpía definitivamente en la estructura del Estado y preparaba los acontecimientos que habrían de estallar el 24 de marzo de 1976.
Si los militares desde las sombras alentaron al peronismo fascista, es algo que no se ha podido probar, pero, tal como se presentaron los acontecimientos, daría la impresión de que la derecha peronista no necesitaba del aval de las fuerzas armadas para cometer sus tropelías, salvo que alguien crea que Ottalagano, Sánchez Abelenda o Ivanissevich fueran infiltrados en el peronismo.
La diferencia del "navarrazo" con cualquier otro operativo llevado adelante por las Tres A es que contó con el aval de Perón. Más allá de las diferencias que los peronistas pudieran tener entre ellos Äy sin duda que las teníanÄ, no se puede justificar que se recurra a la estructura del Estado para asaltar las instituciones de la democracia y matar en su nombre. Eso hoy se llama terrorismo de Estado. A la letra final la escribieron a la perfección los militares, pero a los primeros compases los dibujaron los peronistas, que creyeron que a la sangre derramada se la redimía con más sangre derramada.
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El gobierno peronista que actuó entre 1973 y 1976 fue un infierno, un
infierno cuyas llamas terminaron devorando a toda la Argentina. Lo más grave
que instaló el peronismo en esos años como cultura política es el principio
de que está permitido matar; de que el asesino, si mata en nombre de la
política, se transforma en un virtuoso. La izquierda y la derecha peronista
estuvieron de acuerdo en la defensa de este principio.
A la campaña electoral de 1973 el peronismo la hizo cantando consignas que
festejaban la muerte de Aramburu, Alonso y Vandor. ¿Alguien se debía
sorprender cuando los muchachos después festejaron la muerte de Rucci o Mor
Roig, por ejemplo? Montoneros fue un gran error político, pero ese error no
nació en el interior del Partido Liberal de Noruega, sino que fue prohijado
por el peronismo. En marzo de 1973, los jóvenes eran considerados la
juventud maravillosa por el oficialismo peronista. A las "maravillas" las
habían iniciado en junio de 1970 asesinando a Pedro Eugenio Aramburu, un
crimen que se hizo en nombre de la patria socialista, pero, en realidad, los
que lo perpetraron fueron los nacionalistas de derecha, y los que lo
permitieron fueron los funcionarios de la dictadura de Onganía, muy
interesados en liquidar a Aramuburu, la cabeza visible de una salida
institucional al régimen militar.
El crimen de Aramburu fue aprobado por los máximos dirigentes del peronismo.
Los chicos fueron mimados y tratados como héroes. Hubo algunas excepciones,
pero fueron eso, excepciones. Mayoritariamente, el peronismo festejó esa
muerte, considerada un ajuste de cuentas por el fusilamiento del general
Valle. Un grupo armado de vidriosa filiación ideológica se atribuía la
representación popular para juzgar y matar. El huevo de la serpiente había
sido puesto. Sólo se trataba de dejar que madure.
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Al método de la vendetta, más mafioso que socialista, los chicos ya lo habían practicado con Vandor y Alonso. Después, harían lo mismo con Coria y Kloosterman. Curiosa pasión socialista de los peronistas llamados de izquierda: asesinar dirigentes obreros que, más allá de sus vicios y errores, no dejaban de ser obreros y, además, no merecían morir de esa manera.
Al evocar aquellos años, uno no puede
menos que pensar que efectivamente hay momentos en que las sociedades se
enloquecen. Recuerdo la tarde en que escuché por la radio que una
organización denominada Montoneros declaraba haber muerto a Aramburu, a
quien luego se le daría "cristiana sepultura". En esos años, hablar de las
tacuaras y las lanzas y prometer "cristiana sepultura" significaba adherir a
un lenguaje que había sido patrimonio del nacionalismo oligárquico y del
fascismo. Seguramente, Montoneros lo eran. Los antecedentes ideológicos y
familiares de sus principales dirigentes así parecían demostrarlo.
Si Perón, en nombre de sus genialidades tácticas, les dio aire a los
muchachos y después no los pudo contener, la respuesta que tramó para apagar
el incendio que él había contribuido a agitar fue monstruosa, porque no de
otra manera merece calificarse la decisión de haber promovido a las Tres A.
La responsabilidad de Perón en las Tres A hoy es indisimulable. López Rega
jamás habría podido tomar una decisión de esa envergadura sin el aval de
Perón.
Retornando a la locura de aquellos años, recuerdo que todas las mañanas nos
despertábamos con alguna novedad que tenía el tono y el color de la sangre.
Un día asesinaban a Villar; a la noche, un dirigente de la Jotapé era
fusilado en la calle.
Nuevo Diario en Santa Fe publicaba comunicados de las Tres A con la
inocencia de quien invita a una procesión religiosa . Una tarde, nos
enteramos de que un dirigente sindical santafesino, un tipo a quien en
alguna época los peronistas universitarios lo paseaban por las facultades
para mostrarnos las virtudes de un auténtico obrero, era asesinado en un bar
de avenida Freyre, acusado de traidor por un comando Montonero.
Las tragedias incluían sus capítulos absurdos y siniestros.
Julio Troxler
pudo sobrevivir a la Revolución Libertadora, pero no sobrevivió al
peronismo. Lo mataron de la peor manera, por la espalda y reproduciendo el
fusilamiento de 1956, nada más que los que ahora disparaban eran peronistas
o estaban pagados por peronistas.
Si el Estado se transformó en un rehén de la interna peronista, la
consecuencia de ello fue el desquicio administrativo y político. Sin duda
que la derecha tradicional aprovechó la situación para preparar el golpe de
Estado que habría de llevar al horror a sus niveles más trágicos, pero
admitamos a la hora del balance histórico que desde el supuesto poder
nacional y popular se hizo todo lo posible para facilitar este desenlace.
Fuente: www.ellitoral.com
Fue el 8 de abril de 1973 : el primer debate
realizado en Córdoba entre los dos candidatos que se disputaban el balotaje para
decidir quién sería el gobernador de la provincia. En los
estudios de Canal 10, dos cámaras fijas y una móvil, propiedad de uno de los
empleados de la emisora, captaron en vivo y en directo las dos horas
establecidas para el cruce entre Ricardo Obregón Cano, postulante del Partido
Justicialista, que luego fue elegido gobernador, y Víctor Martínez, el candidato
de la Unión Cívica Radical. Fue un operativo inédito en el que intervinieron,
además de Canal 10, La Voz del Interior, Canal 8 y Radio Universidad.
Jorge Pérez Gaudio, quien en ese momento era director del informativo de Canal
10 y gerente de Radio Universidad, fue el moderador de aquel choque mediático .
"La idea surgió a partir de que era la primera elección después del golpe de
(Juan Carlos) Onganía y tenía una gran importancia", comentó el comunicador que
en aquel momento tenía 34 años. "Era la primera elección que se hacía y había
toda una carga histórica", aseguró.
En aquella época, el canal cubría la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba y si
bien no había mediciones de rating, los periodistas que cubrieron el evento
aseguraron que fue visto por una gran cantidad de gente e, incluso, fue decisivo
para torcer una porción importante del electorado hacia Obregón Cano.
"Fue el primer debate en Córdoba y creo que fue el primero en el país que se
hizo juntando a dos candidatos a gobernador", aseguró Pérez Gaudio.
Galería de próceres: Héctor García Rey
Asumió como jefe de la Policía de
Córdoba de la mano del interventor federal Brigadier Raúl
Lacabanne y ambos, según los organismos de Derechos Humanos,
llegaron a Córdoba a promover la "limpieza ideológica" mediante
la eliminación física del "enemigo". El día en que Lacabanne y
García Rey ingresaron a los tiros en la sede de Luz y Fuerza
buscando a Agustín Tosco, es uno de los más recordados de
aquellos años confusos previos a la dictadura. Antes de llegar a
Córdoba, García Rey fue jefe de la Policía de Tucumán donde fue
denunciado por torturas y su nombre aparece en muchos lugares y
pasajes de la historia. Figura, por ejemplo y según el
testimonio de Enrique Arancibia Clavel, un agente de la Dina
(Policía chilena) como colaborador de la dictadura de Augusto
Pinochet y, según el abogado paraguayo Martín Balmaceda,
detenido por la dictadura de aquel país, como una de las
personas que presenció los interrogatorios a los que lo sometió
la dictadura paraguaya. A raíz de eso, García Rey es considerado
por los organismos de Derechos Humanos (esto lo está
investigando el juez federal Norberto Oyarbide), como uno de los
integrantes argentinos del Plan Cóndor, que buscaba coordinar
los organismos represivos de las dictaduras de Latinoamérica.
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El periodista recuerda que unos años después se encontró por casualidad con Víctor Martínez y que el ex vicepresidente le dijo que ese debate le había hecho perder la elección.
Intercambio. "No hubo ningún problema y las
limitaciones de tiempo no eran tan rigurosas como ahora porque no había tantas
urgencias", afirmó Pérez Gaudio.
Los tópicos que trataron los candidatos no varían en relación a las plataformas
electorales actuales. "Se plantearon grandes temas como las políticas
presupuestaria, fiscal, educativa, salud pública y todo lo inherente a proyectos
futuros tendientes a restablecer la vigencia del estado de derecho y de los
derechos humanos", agregó el profesional.
Para la vida profesional de Pérez Gaudio la experiencia fue "importante y
satisfactoria".
"Era un momento histórico clave por todo lo que se estaba jugando", dijo y
apuntó que el país venía generando cambios trascendentes y complejos.
Después de aquel debate no habría otro por la negativa de algunos de los
candidatos de las elecciones posteriores de sentarse a discutir en una misma
mesa los proyectos para la provincia.
34 años y medio después, la historia se retomará este domingo cuando Juan
Schiaretti (Unión por Córdoba), Luis Juez (Frente Cívico y Social) y Mario Negri
(Unión Cívica Radical) expongan sus propuestas en el debate organizado por Canal
12, La Voz del Interior y Cadena 3 que se emitirá desde las 22 horas.
Pautas claras. Para Pérez Gaudio, el debate es la "mejor mediación que puede
existir para conocer el pensamiento transparente, claro y limpio de los
candidatos".
A su vez, manifestó que debe haber pautas claras, equilibrio e imparcialidad en
la propuesta periodística para que los candidatos puedan expresarse con
libertad. "Es una mediación entre sociedad y candidatos para conocer qué
piensan, que razonan, para observar los reflejos, la manera lingüística de
exponer los temas", apuntó. Y añadió: "Además, la gente percibe rápidamente lo
que a veces son discursos muy armados y quedan más al descubierto de una manera
más clara y limpia para la sociedad".
Atilio
López: El honor acribillado
Por Juan Carlos Giuliani. Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA
El 16 de septiembre de 1974 el dirigente sindical y ex vicegobernador de
Córdoba, Atilio López, era cobardemente asesinado por los sicarios de la Triple
A. Lo acribillaron con 132 disparos incrustrados en el cuerpo de un hombre digno
y honorable, condenado por su lucha consecuente a favor de la causa nacional y
popular. Tanta furia criminal sólo se explica en la necesidad de instalar el
terror como política de subordinación a la estrategia de los grupos de poder que
aguardaban agazapados el momento oportuno para terminar con el gobierno títere
de Isabel y López Rega. El asesinato se produjo el día en el que se recordaba el
decimonoveno aniversario de la llamada "Revolución Libertadora", que derrocó a
Perón y dio inicio a 18 años de proscripción del peronismo.
El "Negro" Atilio ganó la consideración de los trabajadores cuando, actuando en
el peronismo de la resistencia a poco de la caída de Perón en 1955, dirigió la
primera huelga en el período de la "Revolución Fusiladora", enarbolando los
programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda. Histórico dirigente de
la UTA y de la combativa CGT Córdoba, lideró en 1969
Galería de próceres: Antonio
NavarroEl coronel Antonio Navarro pasó a la historia por protagonizar el golpe policial conocido como "Navarrazo" desplazando al entonces gobernador democrático Ricardo Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López. El policía tomó la Casa de Gobierno el 27 de febrero de 1974, antes de medianoche. Las crónicas lo describen ingresando a la Casa de Gobierno pistola en mano. El "movimiento" contaba con el apoyo del gobierno central de Juan Domingo Perón y, principalmente, de su mano derecha, el ministro de Bienestar Social, José López Rega, en tiempos en que éste último acumulaba poder desplazando al ala izquierda del peronismo en la que se encontraba Obregón Cano. Comenzaba a forjarse la Alianza Anticomunista Argentina (A.A.A.) que en Córdoba se llamaría "Comando Libertadores de América". Fue jefe de Policía entre el 13 de junio de 1973 y marzo de 1974. |
junto a Agustín Tosco y
Elpidio Torres la gesta del Cordobazo que provocó la caída del dictador Juan
Carlos Onganía.
En 1973 el voto popular lo consagró vicegobernador de la provincia, como
compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano. Las clases acomodadas gastaron
ríos de bromas por la forma de hablar del "Negro", por sus modales y su estilo
de vida llano, franco, de pueblo. Como si los trabajadores no supiéramos
distinguir gato de liebre: al país lo fundieron los doctores con posgrado en
Harvard, no los laburantes que se comen las "s".
En febrero de 1974, a nueve meses de iniciada su gestión de gobierno, Obregón
Cano y López fueron desplazados del poder por una oscura sublevación policial,
el tristemente célebre "Navarrazo", que fue consentido por las máximas
autoridades nacionales de entonces.
A mediados de junio de 1974 había viajado a Buenos Aires para ver a su querido
Talleres en la cancha de River. El líder del sindicalismo de la resistencia y
del peronismo revolucionario cayó en una redada y fue asesinado por la
ultraderechista Triple A, hecho que provocó una profunda conmoción en Córdoba,
que quedó reflejada durante el velatorio y el sepelio de sus restos, donde una
multitud acongojada nunca vista en esa ciudad para una situación similar,
participó en sus exequias.
Olvidado por la historia oficial, el "Negro" Atilio López es un ejemplo de
entrega y lealtad a los intereses de los trabajadores.
Fuente: www.agenciacta.org.ar
Imagen: Acto a un año del Cordobazo. En el palco del acto se encuentran Carlos Dreizik, "Chicato" Mossé y Agustín Tosco junto a Atilio López.
El
Negro
En cercanías de Capilla del Señor -provincia de Buenos Aires- el 16 de
septiembre de 1974, 130 balazos, calibre 9 mm., fueron descargados sobre los
cuerpos de Atilio López y el de su acompañante Juan José Varas, por sicarios de
la Triple A. El “Negro”, un digno representante de los trabajadores, que no
traicionó su condición de clase, aún espera una reivindicación histórica.
Por Katy García*
Quienes participaron de las luchas obreras de los años sesenta y setenta,
recuerdan a dos referentes fundamentales: "el Negro y el Gringo”. Atilio López
es el negro y Agustín Tosco, el gringo. López, Fue el tercero de cuatro hermanos
varones. Nació el 9 de agosto de 1929. Su padre era empleado en la sastrería de
la cárcel de encausados y su madre ama de casa. Le pusieron Hipólito como primer
nombre en honor al presidente Irigoyen y porque compartían el ideario de la
Unión Cívica Radical. Asistió a la escuela Olmos - hoy shopping, propiedad de
George Soros.
Abandonó la escuela primaria para dedicarse al trabajo y al deporte. A los 15
años ingresó como cadete en una fábrica de galletitas. Su único biógrafo hasta
la fecha, Mario Lavroff, destaca que por aquel entonces ya manifestaba una clara
vocación por la defensa de los trabajadores. En forma simultánea continúa
compitiendo en 100 y 200 metros llanos. Llegó incluso a ser campeón argentino. A
los 21 años ingresa como chofer a la empresa de transporte automotor CATA. Se
casa y tiene dos hijos.
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Carismático, inteligente, autodidacta y de salidas humorísticas a pedir de boca,
no tardó en ganar la confianza de sus compañeros que lo eligen delegado. Desde
entonces le pone el cuerpo a la lucha y transita el camino de la militancia
sindical en la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Al igual que la mayoría de los
trabajadores cordobeses, se identificó con el peronismo y durante la
resistencia, dirigió la primera huelga levantando los programas obreros
aprobados en Huerta Grande y La Falda.
A los 27, ya era secretario general de UTA y ocupó igual cargo en la
Confederación General del Trabajo (CGT-Combativa) de Córdoba, pluralista y
antiverticalista. En 1969, junto a Elpidio Torres y Agustín Tosco fueron los
referentes claves del Cordobazo antesala de la caída del dictador Juan Carlos
Onganía.
Comprometido con los ideales del peronismo revolucionario, como cuadro político
sindical, en 1973, el voto popular lo consagra vicegobernador junto a Ricardo
Obregón Cano a la sazón gobernador. En febrero de 1974, un golpe institucional
promovido y consentido desde el gobierno nacional ejercido por el General Perón,
los echa por vía de una sublevación policial luego conocida como el "Navarrazo".
Y para que no hubiera dudas de que el ala izquierda del peronismo sindical sería
aniquilada le arrebatan el sindicato. En cercanías de Capilla del Señor, en la
provincia de Buenos Aires, el 16 de septiembre de 1974, en coincidencia con el
decimonoveno aniversario de la Revolución Fusiladora, 130 balazos, calibre 9
mm., fueron descargados sobre su cuerpo y el de su acompañante Juan José Varas,
por sicarios de la Triple A. Una multitud acompañó el cortejo fúnebre desde
Barrio Empalme hasta el cementerio San Jerónimo.
Este crimen político, ocurrido durante el gobierno de la derecha peronista,
preludia una política de Estado basada en el exterminio de militantes políticos,
sindicales y sociales que luchaban por el socialismo nacional. "La derecha
quería sacarse de encima a quienes en la memoria colectiva podrían ser
referentes en el futuro", supo decir Elvio Alverioni, dirigente de la Tendencia
Revolucionaria a quien le tocó la dura tarea de acompañar con el megáfono el
cortejo. El “Negro”, un digno representante de los trabajadores, que no
traicionó su condición de clase, aún espera por una reivindicación histórica.
*Periodista
Fotografía: www.agustintosco.com.ar
Bibliografía: Mario C.Lavroff. Atilio López, sus luchas, su vigencia.1995.
James Brennan. El Cordobazo Las guerras obreras de Córdoba 1955-1976.Editorial
Sudamericana.
Entrevista con Guido, hijo de quien fuera un amigo cercano Carlos Dreizik.
Fuente: www.prensared.com.ar 2008
Asalto
al local del Partido Comunista
El Partido Comunista acaba de entrar en la causa
de la AAA (2007) con un caso siniestro y bien documentado: la destrucción de su local
en Córdoba el 10 de octubre de 1974, con detenciones y un asesinato.
Por Miguel Jorquera
Crueldad infinita
Menéndez y cinco policías fueron procesados y detenidos
(2007) por las salvajes torturas y el asesinato del subcomisario de la policía de
Córdoba Ricardo Albareda, militante del ERP. Una historia de venganza de
particular crueldad. |
El acta notarial lleva la firma de dirigentes
políticos y funcionarios policiales. Relata las condiciones en que la policía
cordobesa entrega el local allanado al Partido Comunista de la ciudad de Córdoba
el 10 de octubre de 1974, donde la brutal irrupción a los balazos de policías y
civiles continuó con torturas, golpes, simulacros de fusilamientos y la muerte
de una militante comunista que se desangró por la hemorragia que le provocó “la
introducción del cañón de un arma en la vagina”. La patota rompió todo, baleó y
saqueó las cajas fuertes y dejó sus marcas en las paredes de la casona de Obispo
Trejo 354: varias leyendas con amenazas de muerte y la firma de las Tres A
(Alianza Anticomunista Argentina). Ese documento acaba de ser incorporado a la
causa en la que el juez Norberto Oyarbide pidió la detención y extradición de la
ex presidente Isabel Perón, por el supuesto delito de haber cobijado bajo el
amparo del Estado a la banda paramilitar que asesinó a más de 1000 personas
antes del golpe de Estado de 1976.
“Si son comunistas como (Horacio) Guarany más bien váyanse del país porque los
vamos a matar uno por uno. Si cae un policía van a caer tres de ustedes bolches
hijos de puta. Las Tres A” (sic), decía la leyenda más extensa que dejaron
policías y civiles en una de las paredes del local comunista de la ciudad de
Córdoba en octubre del ’74. Las otras, también realizadas con aerosol negro,
eran más ofensivas que políticas: “bolches hijos de putas. Tres A”; “zurdos
putos”, y “zurdos hijos de putas”. En el acta también figura el “pomo de
aerosol” lleno de “huellas digitales” de quienes hicieron las pintadas en el
operativo del que participaba la policía cordobesa. Los comunistas acusaron del
crimen de Tita Clelia Hidalgo, una joven de 30 años oriunda de Río Tercero, y
las torturas que sufrieron otros 46 militantes que estaban en el local, al
interventor federal de la provincia, el brigadier Oscar Lacabanne, y su jefe de
policía, Héctor García Rey. “Aquí está la punta del ovillo para descubrir
quiénes son las Tres A”, denunciaron entonces los dirigentes del PC en Córdoba y
Buenos Aires.
El acta notarial, el informe médico realizado por los doctores Osvaldo Khan y
Emilio Ruderman sobre los golpes y torturas que recibieron los militantes,
documentos fotográficos y el relato de quienes sufrieron los vejámenes y
tormentos fueron entregados hace unos días al juez Oyarbide por una delegación
del PC. Los comunistas también entregaron otros documentos y una extensa lista
de militantes asesinados por las Tres A, y otra con testigos y sobrevivientes de
los atentados de la banda paramilitar. Pero le pidieron al juez federal que los
incorpore como querellantes en la causa, a la que ya se habían presentado junto
a otras organizaciones políticas y de derechos humanos.
El asalto al local comunista en Córdoba fue una de las huellas claras que
dejaron las Tres A de sus vínculos con todo el aparato estatal. Poco después de
las siete de la tarde del 10 de octubre de 1974, policías y comandos civiles
ingresan en la casona de Obispo Trejo disparando ráfagas de armas de guerra
–“Itaka, metralletas, pistolas 45”– después de volar la cerradura de la puerta
de entrada. El único recaudo que tomaron los comandos cordobeses es que no les
vieran las caras. “Nos tiraron a todos boca al piso, mientras disparaban sobre
nuestras cabezas y caminaban por encima nuestro repartiendo culatazos y patadas”
al grito de “bolches hijos de puta, los vamos a matar a todos”, relataron varios
de los que vivieron el tormento. Luego fueron separando a distintas personas
para torturarlas y exigir que aparezcan “las armas”. Así comenzaron los
simulacros de fusilamiento a los pequeños grupos que sacaban al patio mientras
gatillaban las armas y los disparos repiqueteaban cerca de sus cuerpos. A otras
salas del local se llevaban a las mujeres, desde donde “se escuchaban gritos
desgarradores”.
Tras dos horas de tormentos en los que nunca cesaron los disparos dentro del
local, los hicieron formar “con las manos en la nuca” y la “obligación” de
mantener los ojos cerrados para pasar por una doble fila de asaltantes que
descargaron “patadas, latigazos, culatazos y trompadas” a su paso.
“A ver, uno con credencial de la Federal que salga a la calle” y “sáquenlos, los
primeros al móvil 184”, ordenó uno de los asaltantes según el relato del
dirigente comunista Jorge Caselles. Afuera los subieron a un camión y “nos
fueron apilando como fardos uno arriba de otro, lo que hacía que los que
quedaran abajo casi ni pudieran respirar”, dijo entonces Enrique de Dios. “A
estos los vamos a rociar con nafta y los vamos a quemar a todos”, volvió a
escuchar Caselles antes de que el jefe le ordenara a un subordinado “no tires
gases a la esquina (de Trejo y Quirós) porque el viento lo trae para acá”.
En la retirada, los comandos volvieron a disparar ráfagas de tiros y proferir
amenazas para ahuyentar a los curiosos. La recorrida duró poco. Enseguida
llegaron a la División Informaciones de la policía provincial. Allí los
volvieron a tirar de cara al piso, formar la fila con las manos en la nuca y los
ojos cerrados. Adentro, les vendaron los ojos con jirones de trapos de los
carteles que habían traído del asalto, aunque antes algunos lograron ver el
patio del lugar con decenas de personas (ver aparte) en las mismas condiciones:
con los ojos vendados y manos en la nuca esparcidos por el piso o contra las
paredes, varios de ellos esposados. Así estuvieron más de 40 horas, antes de
recuperar la libertad, tras otros interrogatorios, amenazas y acusaciones de
“asociación ilícita” y “tenencia de munición de guerra”.
Pocos días después Clelia Hidalgo murió en el Hospital de Clínicas cordobés. Un
policía advirtió la intensa hemorragia –que le produjo que “le introdujeran el
cañón de un arma en la vagina”– mientras la interrogaba. Ordenaron su traslado
“en calidad de detenida” a la sala policial del policlínico del barrio San
Rafael. Tras reiteradas denuncias, y por su delicado estado de salud, fue
nuevamente trasladada al Clínicas, pero Clelia no soportó las lesiones que
sufrió en el asalto.
El 15 de octubre la policía entregó el local del PC ante un escribano, por
exigencia de los comunistas. Allí consta la forma ruinosa en que quedó la
casona, los disparos en las paredes, las vainas servidas y las leyendas de las
Tres A que dejó el operativo. El acta lleva la rúbrica de tres agentes de la
seccional primera de la policía cordobesa: el suboficial ayudante José Amadeo,
el sargento Ismael Salta (chapa 162) y el agente de consigna José Moldia (chapa
111).
El operativo y el Navarrazo
Ese 10 de octubre de 1974, la policía cordobesa desplegó un tenebroso operativo
que culminó con el asalto a locales del Partido Comunista (ver nota principal),
el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Sindicato de Luz y Fuerza.
La excusa fue que habían detectado que “desde un bar y con el apoyo de un
Citroën verde, una pareja manipulaba un radiotransmisor”. La supuesta
persecución comenzó en el céntrico edificio de los tribunales de la ciudad de
Córdoba, que fue desalojado. Ante la mirada incrédula de centenares de personas,
los policías, al mando de su jefe García Rey y del propio interventor federal,
el brigadier Lacabanne, disparaba contra el edificio vacío, “sin ni siquiera
parapetarse” y con la certeza de que no recibiría respuesta. La búsqueda de la
pareja y el Citroën –que nunca aparecieron– siguió con los brutales
allanamientos en los locales partidarios y gremiales.
Isabel Perón había decretado la intervención federal de la provincia tras el
golpe institucional que pasó a la historia como “el Navarrazo”. El ex jefe de la
policía de Córdoba, el teniente coronel Antonio Navarro, tomó la ciudad a punta
de pistola con comandos policiales y civiles que arrestaron al gobernador
Ricardo Obregón Cano y a su vice Atilio López (luego amenazado y acribillado por
las Tres A). Lacabanne, un brigadier que siempre decía actuar en nombre de
Isabel, volvió a colgar del cuartel de la policía cordobesa la fotografía del ex
jefe Navarro, que entonces estaba prófugo de la Justicia.
El tercer cuerpo y la barra de López Rega
Querellantes y ex miembros de la Conadep denunciaron crímenes de genocidio de la
Triple A en Córdoba.
Por Camilo Ratti desde Córdoba
Ex miembros de la Conadep Córdoba y abogados querellantes de las causas que
investigan las violaciones a los derechos humanos en el ámbito del Tercer Cuerpo
de Ejército presentaron una denuncia penal ante la fiscal federal Graciela López
de Filoñuk para que instruya delitos de genocidio llevados a cabo por la versión
cordobesa de la Triple A. El “Comando Libertadores de América” fue una
organización criminal paramilitar y policial que actuó con muchísima intensidad
desde la segunda mitad de 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.
Esos meses fueron los de mayor ferocidad por la cantidad de secuestros, torturas
y muerte registrados. Para los abogados, los jefes de esta banda eran el ex
capitán Héctor Pedro Vergez y agentes de la D2 de Informaciones de la Policía de
Córdoba.
La revisión por parte de la Justicia federal del accionar represivo previo al
golpe alentó a que varios abogados de la ciudad de Córdoba, algunos de ellos ex
miembros de la Conadep local, presentaran ante la fiscal López de Filoñuk una
denuncia penal para que instruya una gran cantidad de hechos criminales
cometidos en el año y medio que precedió a la toma del poder por parte de la
Junta Militar. “Los delitos aberrantes que se puntualizan en esta denuncia de
ninguna manera pueden considerarse hechos aislados, sino que estamos ante
delitos de lesa humanidad que se enmarcan en la figura de genocidio, establecido
y definido en el artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción
del Delito de Genocidio”, dice el escrito firmado por Luis Reinaudi, María Elena
Mercado, María Teresa Sánchez, Carlos Vicente, Miguel Ceballos y Rubén Arroyo.
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Para los letrados, los secuestros, asesinatos
masivos, la desaparición forzada de personas, las violaciones de las víctimas y
las torturas seguidas de muerte “formaron parte de una matanza que perseguía el
confesado fin de aniquilar a los miembros de los grupos victimizados por
presuntas o reales razones ideológicas, políticas e incluso raciales”. Y los
encargados de cometer estos delitos fueron los miembros del Comando Libertadores
de América, una “organización paramilitar y parapolicial que operó en esta
provincia desde mediados del año 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo
de 1976”.
En el punto cuatro de la denuncia, los abogados sostienen que el Comando fue
fundado por el entonces capitán Héctor Pedro Vergez con el sargento primero José
Hugo Herrera y los entonces comisarios de la Policía de Córdoba Raúl Pedro
Telleldín –jefe de la D2–, Fernando Esteban y Américo Pedro Romano (los tres
fallecidos), el sargento ayudante del Ejército (retirado) Juan Antonio Tissera y
los oficiales policiales Yamil Jabour, Carlos Alfredo Yanicelli, Marcelo Luna,
Herminio Jesús Antón, Miguel Angel Gómez, Juan Eduardo Molina, Ricardo Cayetano
Rocha, Calixto Flores y Alberto Lucero, además de los civiles adscriptos como
“personal de inteligencia” militar en el Destacamento de Inteligencia 141 Gral.
Iribarren, Arnoldo José López, Héctor Raúl Romero, Ricardo Lardone y Emilio
Merlo.
Los civiles, excepto Merlo, se encuentran hoy procesados y detenidos por orden
de la jueza federal Cristina Garzón de Lascano en dependencias del Tercer Cuerpo
de Ejército, por causas que los sindican como torturadores del centro
clandestino La Perla, el más importante de la provincia entre marzo de 1976 y
mediados de 1979. “La prueba fundamental de que organizaciones como la Triple A
y el Comando Libertadores de América estaban constituidos por miembros de
organismos del Estado nacional y provincial lo encontramos en el hecho de que a
partir de la fecha del golpe estos grupos desaparecen. La respuesta más obvia al
porqué de esta situación es que no tuvieron necesidad de accionar por fuera del
aparato estatal, ya que pertenecían a él”, dice en la denuncia presentada por el
defensor oficial, Marcelo Arrieta.
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Respecto de los secuestros y desaparición de personas, el informe de la Conadep
(uno de los elementos probatorios de esta denuncia) advierte que la mayoría se
produjeron a partir del 5 de septiembre de 1975. “El secuestro de personas como
método de detención surge en nuestra provincia casi un año antes del 24 de marzo
de 1976, y son los meses de noviembre y diciembre del ’75 y enero y febrero del
’76 los que concentran la mayoría de las cincuenta y dos denuncias de secuestro
correspondientes al período previo a la dictadura militar.”
Entre los principales hechos que los abogados le piden a López de Filoñuk que
instruya se destacan el secuestro y desaparición de la familia Pujadas (Mariano
Pujadas era sobreviviente de Trelew), el secuestro, tortura y asesinato del
líder montonero Marcos Osatinsky, la masacre de nueve estudiantes bolivianos que
aparecieron con balas en la nunca y maniatados con sábanas del Ejército
Argentino, el secuestro y muerte de Eduardo Jensen y del conscripto Cacho
Jiménez, el secuestro y desaparición de los abogados Miguel Hugo Vaca Narvaja
padre e hijo, y las desapariciones de más de cuarenta personas, varios de ellos
en el marco del “Operativo Moncholos” que el propio Vergez relata en su libro Yo
fui Vargas: el antiterrorismo por dentro, donde confiesa que las detenciones no
eran comunicadas a los jueces federales, tal como indicaba el procedimiento.
Para los abogados, “la privación ilegítima de la libertad o desaparición forzada
de personas es de carácter permanente y hasta que no cese esta situación no se
puede operar la prescripción, porque resulta obvio que el hecho delictivo se
perpetúa en el tiempo. Por eso estos hechos denunciados son imprescriptibles y
deben ser instruidos por la fiscal, cualquiera sea la fecha en que se hayan
cometido”.
Fuente: Página/12, 04/02/07
El sangriento debut de las
AAA en Córdoba
Por Alexis Oliva, secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba
Capital.
Hubo un tiempo en que los peronistas eran asesinados por antiperonistas. El
episodio emblemático de ese tiempo fue el fusilamiento de civiles en un basural
de José León Suárez, en 1956, narrado por Rodolfo J. Walsh en Operación Masacre.
Hubo otro tiempo en que los peronistas eran asesinados por otros peronistas. El
personaje que vincula ambos tiempos quizás haya sido Julio Troxler,
sobreviviente de aquel fusilamiento durante la dictadura de Pedro Eugenio
Aramburu, actor que se interpreta a sí mismo en la versión fílmica de Operación
Masacre rodada clandestinamente por Jorge Cedrón durante la dictadura de
Alejandro Agustín Lanusse, víctima finalmente de la derecha peronista enrolada
en la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) durante el gobierno constitucional
de María Estela Martínez de Perón.
El NavarrazoOcurrió el 27 de febrero de 1974. Gobernaba el teniente general Perón. El país se debatía en una lucha contra esos personajes a los que Perón llamaba “trotskos con la camiseta peronista”. Al frente de la provincia de Córdoba estaban Obregón Cano, de gobernador, y Atilio López, de vice. Los dos habían sido elegidos democráticamente, y habían ganado con holgura. Pero, para la derecha peronista, que se devoraba el país, eran trotskos, zurdos. Ya Perón se había quitado de encima a Oscar Bidegain porque el ERP se lo sirvió en bandeja de plata al atacar la Guarnición de Azul, en enero 19. Ahora, por primera vez, el veterano líder se calzó el uniforme de teniente coronel, se puso frente a las cámaras de TV y le cortó –políticamente hablando– la cabeza a Bidegain. Pero en Córdoba ningún grupo guerrillero le daba ninguna excusa. Había que hacer algo. Lo hizo el jefe de policía, un caballero de nombre Antonio Domingo Navarro, al que meses después la policía encontrará en un campo de la provincia, junto con otros mercenarios de primera línea, practicando tiro. Navarro les dirá que se trata sólo de un pasatiempo. Lo saludan y le piden disculpas. Ya era parte de la Triple A y se preparaba para matar zurdos a granel bajo las órdenes del sanguinario brigadier Lacabanne, un hombre de la estirpe de Ottalagano y López Rega según se dice en un célebre texto de Mariano Grondona que lleva el exquisito título de “Meditación del elegido” y fuera ya analizado algún tiempo atrás (título del texto: “Los que hacen la tarea”) en este espacio. ¿Qué hace Navarro? Se manda otra célebre desobediencia histórica. Subleva a la policía y desconoce la autoridad de Obregón Cano y Atilio López, a quien la Triple A, al año siguiente, destinará ochenta y tres balazos. Navarro apela a San Martín: él, Navarro, como el Padre de la Patria, incurre en la desobediencia. Toma por asalto la gobernación y tiene como rehenes al gobernador y al vice. Perón arregla todo. Envía al ministro del Interior, Benito Llambí, que destituye a Navarro, pero... no entrega sus legítimos cargos a Obregón Cano y Atilio López. No: también los destituye. Y les da Córdoba a los peronistas fachos. José Pablo Feinmann |
Los crímenes de la AAA, prohijada por su ministro
de Bienestar Social, ex cabo de policía, aprendiz de magia negra y miembro de la
logia P 2, José López Rega, fueron declarados de lesa humanidad y por lo tanto
imprescriptibles, por lo que tres de sus jerarcas han sido detenidos y la ex
presidente tendrá que rendir tardías cuentas a la Justicia.
El capítulo que se abrió con la decisión tomada por el juez federal Norberto
Oyarbide en diciembre pasado, tiene una especial trascendencia para Córdoba,
donde el golpe de estado policial conocido como el “Navarrazo” dio en febrero de
1974 vía libre para que los grupos parapoliciales de la derecha peronista
actuaran con alevosía e impunidad.
Días después del asesinato de Troxler, perpetrado el 20 de septiembre de 1974,
ocurría un episodio pavorosamente similar al de José León Suárez, que sería la
tarjeta de presentación de las Tres A en Córdoba.
Finaliza septiembre del 74, el mes que despunta en Córdoba con la asunción del
brigadier Raúl Oscar Lacabanne como interventor federal; el mes en que las Tres
A asesinan en Buenos Aires -entre muchos otros- al abogado cordobés Alfredo
Curutchet, al ex vicegobernador Atilio López, al intelectual de izquierda Silvio
Frondizi y a Troxler; el mes en que Montoneros pasa a la clandestinidad y
secuestra a los hermanos Juan y Jorge Born; el mes que se va yendo en Córdoba
con la asunción de un joven José Manuel de la Sota como Secretario de Gobierno
de la Municipalidad.
Cercado por la represión, Miguel Angel “Chicato” Mozé, titular de la Regional
III de la Juventud Peronista, intenta organizar en el departamento Cruz del Eje
una liga agraria de cooperativas de pequeños y medianos productores, como parte
de un proyecto nacional de Montoneros. Lo secunda un grupo de militantes de la
JP y alumnos del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (Ipea) Nº 3 de la
localidad de El Brete, de entre 19 y 22 años de edad. El 29 de septiembre es la
cita para la primera reunión, en la comuna de Media Naranja, a la que unas
quinientas personas confirman su asistencia.
El día anterior, los militantes que convocan al acto deciden por seguridad que
un grupo se quede en Cruz del Eje y otro vaya a Media Naranja a supervisar los
preparativos. En un viejo Citroën, parten aproximadamente a las 21 horas Luis
Eduardo Santillán, Dardo Omar Koch y los hermanos Ernesto y Sergio Rojas. Pero
nunca llegarán a destino.
El testimonio de Ernesto Rojas, uno de los sobrevivientes de aquel episodio, es
escalofriante:
“Al hacer unas diez cuadras, nos damos cuenta de que un automóvil nos sigue,
damos unas vueltas y logramos perderlo. En El Brete decidimos ingresar al IPEA,
donde nos quedamos charlando con los compañeros de estudio como media hora y
retomamos el viaje. El colegio se encontraba a unos cuatrocientos metros de la
ruta. Unos doscientos metros antes de llegar a la ruta, vemos pasar el auto que
nos perseguía. Continuamos el viaje hacia Media Naranja y a unos mil metros
vemos el auto en la cuneta, que nos empieza a seguir con las luces apagadas.
Llegamos al pueblito El Barrial, donde hay un almacén lindero con la ruta donde
se juega a las cartas y al sapo. Paramos y nos metemos. Está lleno. Mi hermano
Sergio se esconde detrás de un camión y yo me quedo en la puerta a ver qué hacen
los que nos siguen. Bajan tres individuos con armas largas. Entro rápidamente al
almacén, y ellos ingresan tirando al aire. La gente aterrorizada corre hacia una
puerta al costado del local. Corro hacia ahí pero uno me toma de un brazo y me
pone una pistola en la cabeza. Nos ponen de cara a la pared y por el rabillo del
ojo puedo ver que ni Santillán ni Koch pudieron huir. Los parroquianos son
peones rurales y algunos lloran de miedo.
Dominan la situación, dejan a uno de guardia y salen tirando en la oscuridad. Se
escucha que patean las puertas de las casas y hacen una especie de allanamiento,
sin dejar de disparar. A un chico de unos 11 años le pegan un culatazo en la
cabeza. El dueño del local ingresa a una habitación e intenta cerrar la puerta y
le atraviesan la mano de un balazo. La situación es infernal.
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Luego entran de nuevo y comienzan a golpearnos, preguntándonos por el Chicato
Mozé. Dejan salir a la gente y quedamos Santillán, Koch y yo. Nos revisan y a
Santillán le encuentran un volante invitando a la reunión de los productores. Lo
sacan y lo interrogan a golpes. Me preguntan mi nombre y les doy uno falso. Me
golpean para que diga dónde está Mozé. Yo les niego que lo conozco. Traen a
Santillán, nos vuelven a golpear, y nos hacen subir a su vehículo con la cabeza
gacha. Inician el retorno a Cruz del Eje, donde dan unas vueltas y agarran por
la ruta 38 hacia Córdoba. Al cabo de quince minutos, el que va atrás con
nosotros da la orden de parar para ‘acomodar la carga’. Nos bajan, guardan las
armas largas en el baúl y les vendan los ojos a Koch y Santillán. A mí no me
pueden colocar la venda.
Reanudamos la marcha y con Santillán empezamos a tocarnos para ponernos de
acuerdo, porque sabíamos que nos iban a matar. Mi intención era que en La Falda
nos resistiéramos, ya que la ruta pasa por la ciudad y había más posibilidad de
que alguien nos ayude.
Pasamos Capilla del Monte y San Esteban a gran velocidad. El negro Guerrero
Martineitz está en la radio, y de pronto Santillán salta hacia el que va a su
lado y yo hacia delante, aferrando el volante y tratando que salgamos de la
ruta.
Los dos que van adelante también agarran el volante y empezamos una lucha donde
el auto va de un lado al otro. Uno grita que paren y el que va al volante
empieza a frenar. El acompañante agarra una pistola y tengo que largar el
volante y agarrarla por el caño, tratando de desviarla. El auto se detiene y
seguimos luchando, Santillán atrás, y yo con los de adelante. De pronto, se abre
la puerta de atrás y el que pelea con Santillán se baja, saca una pistola y le
descerraja tres disparos. Me gritan que largue el arma. La suelto y me tiro al
asiento de atrás. Veo a Santillán con la cabeza hacia atrás, quejándose y
sangrando por la boca. ‘¡Qué han hecho! ¡No tenemos nada que ver!’, les grito.
Me bajan de los pelos y yo siempre diciendo que no tenemos nada que ver e
insultándolos. Uno me dice que corra. No le hago caso y sigo gritándoles. El que
manda le dice a uno que me lleve adentro del campo. Nos introducimos como quince
metros, me hace tirar al suelo, me apunta a la cabeza y me dice que me despida.
Yo sigo con mi postura de que no tengo nada que ver. De pronto, me dice que me
quede quieto, pega la vuelta y sale corriendo. Oigo que le preguntan qué pasó.
‘Vamos, vamos que está muerto’, dice, y se van.
Me levanto y voy a ver si está el cuerpo de Santillán. No encuentro nada y corro
hacia San Esteban. En la estación de servicio, un automovilista me auxilia y me
lleva a Capilla del Monte, donde radico la denuncia a las doce de la noche.
Cuando presento la denuncia, un policía me pregunta si las características del
auto eran las de un Peugeot y si eran tres individuos, uno con barba. Le
pregunto cómo lo sabe, y me dice que tenían orden de la Central de Córdoba de no
detener ese vehículo”.
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Retoma el relato Dardo Koch, el fusilado que vive de la operación masacre
serrana: “Luego de que Rojas es bajado del coche, bajo un nerviosismo total, se
emprende nuevamente la marcha a alta velocidad y transcurrido algún tiempo
quienes nos llevan secuestrados se tranquilizan un poco. Uno de ellos no lo
consigue, el chofer del auto, quien da a entender que se ha metido en algo que
no tenía bien en claro, que le disgusta. El que comanda el grupo lo tranquiliza
diciéndole que no hay nada que temer.
Santillán está herido y se queja de dolor. Por las características del camino
comprendo que estamos camino a Córdoba, pero más allá el auto, un Peugeot 404 si
no recuerdo mal, gira y comienza a recorrer un camino con muchas curvas que creo
identificar como el que va hacia el cerro Pan de Azúcar. Santillán ha dejado de
quejarse y comprendo que ha muerto. El chofer se pone más nervioso al ver las
luces de otro auto que viene atrás. Cree que alguien los persigue y es
nuevamente tranquilizado por el líder del grupo. Luego da la orden de frenar el
coche. Bajan a Santillán y allí, ya muerto, lo ametrallan.
Nuevamente apuros. Suben al coche y arrancan a gran velocidad. Pasamos por un
lugar donde oigo perros ladrar. Tras algunos minutos, vuelven a parar el coche y
me dan orden de bajarme, poniéndome en el costado que da al cerro, con las manos
en alto. Nuevamente se ven luces de auto que se aproximan. Esto provoca otra vez
apuro.
Les pregunto qué van a hacer conmigo, a lo cual responden: ‘Si te quedás callado
y no decís nada de lo que ha pasado, no te va a pasar nada’.
Seguidamente me disparan un balazo en la cabeza. Yo siento un golpe. No escucho
ningún ruido, sólo el golpe. Y tomándome de la cabeza, me arrojo al suelo. Se
acercan y uno pregunta: ‘¿Estás seguro que está muerto?’. El otro le responde:
‘Sí, mirale la cabeza como la tiene’.
La sangre que derramé más la derramada por Santillán sobre mí (en la ropa, el
cuerpo y la cabeza) confundieron a estas personas y en el apuro me dieron por
muerto. Santillán se desangró en gran parte sobre mí, ya que íbamos acostados
entre los asientos delanteros y traseros, el uno sobre el otro, desde el
comienzo del secuestro.
Me toman por los brazos y los pies y me arrojan hacia abajo del camino. No
escucho que ellos se vayan. Tampoco escucho ningún auto pasar detrás de ellos,
por lo que deduzco que me desmayo al golpear contra las piedras. Esa noche
duermo en el cerro, por temor a ser encontrado nuevamente por los que nos habían
secuestrado. Tomo contacto recién al otro día con la policía, quienes me llevan
al hospital de Cosquín y luego de ser revisado me trasladan a Córdoba”.
Dardo Koch se recuperó y tiempo después fue obligado a exiliarse en Noruega,
donde todavía hoy vive y trabaja como enfermero especializado.
Ernesto Rojas fue apresado tres días después en una casa operativa de Montoneros
en Córdoba y peregrinó por más de media docena de cárceles hasta su liberación
en 1984. Actualmente, reside en Andalgalá, Catamarca, donde tiene un motel y
trabaja en un programa de radio.
Sergio Rojas escapó a esta masacre y fue secuestrado y asesinado el 14 de abril
de 1977.
Luis Santillán fue velado en la sede del Partido Justicialista y sepultado en
Cruz del Eje. Montoneros solventó el servicio fúnebre.
Miguel Angel Mozé fue detenido el 22 de julio de 1975, acusado del secuestro de
un ejecutivo de la Coca Cola. El 17 de mayo de 1976, junto a otros cinco presos
políticos de la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba, fue fusilado en un fraguado
intento de fuga.
En una pared de la pulpería de don Mohamed Hossein, en El Barrial, los asesinos
dejaron pintada su rúbrica: Comando Sergio Bertoglio. AAA. Fue su primera acción
en Córdoba. Nunca se conoció la identidad de sus miembros.
Miércoles 14 de febrero de 2007,
Fuente: www.agenciacta.org.ar
Córdoba 1974: el golpe de Perón
Por Eduardo Castilla
El 28 de febrero de 1974, el jefe de policía de la provincia de Córdoba, Antonio
Navarro, depone al gobernador Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López1. Se
impone, de hecho, un estado de sitio garantizado por la policía con el auxilio
de grupos armados civiles, comandados por la Juventud Sindical Peronista. El
“Navarrazo”, fue impulsado abiertamente por Perón con el aval de la patronal y
la burocracia sindical. Este golpe justificado bajo la llamada “depuración
ideológica” del peronismo, buscaba liquidar a la vanguardia obrera, estudiantil
y popular que se venía desarrollando desde el Cordobazo2.
Perón en el poder
Con la vuelta de Perón al país se inicia una ofensiva abierta de la derecha
peronista contra los sectores ligados a la Tendencia Revolucionaria. El 1º de
Febrero del ’74, la CGT de Santa Cruz denuncia “infiltraciones marxistas en el
gobierno provincial”. Pocos días después las 62 organizaciones en Salta
resuelven “declarar personas no gratas al gobernador de la provincia (…) por
‘ser cabezas visibles del aparato mentado por el marxismo’”3. Esta ofensiva se
repite en San Luis y Mendoza.
En Córdoba, los diarios hablan constantemente de la posibilidad de una
intervención federal. “Córdoba es un foco de infección” había dicho Perón.
A fines del ‘73 los trabajadores del transporte obligan al gobierno a otorgar un
aumento salarial. Al mismo tiempo los empleados públicos imponen a la
Legislatura la aprobación del Estatuto del empleado público. El gobierno
nacional acusa entonces a Córdoba de “romper el Pacto Social” y señala que éste
“no puede tener eslabones débiles”4
Los gobernadores
de la TendenciaDurante el
periodo constitucional que fue desde el 25 de mayo de 1973 al 24 de
marzo de 1976, de los 22 gobernadores elegidos, 6 fueron
reemplazados sin mediar elección. |
La provocación patronal correrá a cargo de la FETAP (empresarios del transporte)
que, negándose a aceptar el aumento salarial acordado, a partir del 19 de
febrero inicia un lock-out patronal abierto: “de los aproximadamente 900 ómnibus
que cubren sus recorridos habitualmente unos 350 habían cesado de andar”5
En un clima completamente enrarecido el jefe de policía Navarro es acusado
públicamente de mantener “reuniones clandestinas para conspirar contra la
continuidad institucional de la provincia”. En estas reuniones con la derecha
peronista y las 62 organizaciones se preparó el golpe del día 28.
El levantamiento
El día 27/02 el Gobierno comunica a Navarro su separación de la conducción de la
Policía. Pocas horas después las fuerzas policiales se amotinan en el Cabildo.
Señala La Voz “la gente no podía pasar hacia la Plaza San Martín. Todas las vías
estaban cortadas. Policías con ropa de fajina y cascos de acero, lucían armas
largas impidiendo la circulación de peatones”6
Por la noche se toma la Casa de Gobierno, deteniendo a Obregón Cano, López y
varios funcionarios más. Esa madrugada se llevarán a cabo ataques con bombas
contra La Voz del Interior, la casa del gobernador y su ministro de gobierno,
entre otros. Grupos parapoliciales coparán las principales radios de la ciudad
para transmitir en apoyo a Navarro. En los dos días siguientes serán detenidos
más de 80 personas y se producirán decenas de allanamientos ilegales. El rol
golpista de la FETAP será evidente: los colectivos, ausentes durante días en las
calles, serán parte de las barricadas montadas por los grupos parapoliciales.
Se combinarán tres elementos para consolidar el golpe: en primer lugar, el
accionar de las bandas paramilitares y la policía; en segundo lugar, la
actuación del gobierno nacional, impulsando abiertamente un proyecto de
intervención de la provincia (de esta forma Perón legalizaba el golpe de
Navarro). Finalmente los empresarios y la burocracia de las 62 organizaciones
actuarán en común para impedir una respuesta del movimiento obrero. El lock-out
patronal se generaliza y las 62 organizaciones convocan a un paro por tiempo
indeterminado en “adhesión a la valiente y patriótica actitud tomada por el
peronismo de Córdoba en apoyo a su Policía”. De esta forma, hasta el 5 de marzo,
la ciudad se halló virtualmente paralizada. Esto debilitó fuertemente a la clase
obrera, al impedirle concentrarse en sus lugares de trabajo para dar una
respuesta contundente al levantamiento policial.
Algunas conclusiones y un debate
El golpe fue abiertamente impulsado por Perón y el gobierno nacional. Tal es así
que el mismo día se realizaba en Alta Gracia7 el Congreso “Normalizador” de la
CGT, con la presencia de Otero, Ministro de Trabajo de la Nación.
¿Qué se proponía este golpe? En primer lugar, establecer un mayor control sobre
el conjunto del movimiento obrero y en particular derrotar a sus sectores de
vanguardia. El movimiento obrero se hallaba escindido en Córdoba entre
ortodoxos, legalistas, independientes y clasistas. Los tres últimos sectores,
opositores al Pacto Social, controlaban gremios de peso estratégico: la UTA, Luz
y Fuerza y SMATA, entre otros. En el resto del país los gremios más poderosos se
hallaban en manos de la rama ortodoxa.
En segundo lugar, se trataba de apropiarse del aparato del Estado para
utilizarlo abiertamente contra la clase obrera y los sectores populares que
enfrentaban crecientemente el Pacto Social y el conjunto de la política del
gobierno de Perón. No era sólo una disputa de poder en el seno del peronismo,
como lo presentó en ese momento la UCR o como lo señalan hoy algunos
intelectuales8, sino que se buscaba controlar el Estado para desatar una
persecución abierta contra la clase obrera. Esto se continuaría y acentuaría
luego bajo las intervenciones federales, en particular la de Lacabanne.
En tercer lugar, Córdoba tenía un enorme peso dentro de la política nacional, no
sólo por su tradición de lucha reciente, sino por albergar a algunos de los
dirigentes más importantes del movimiento obrero, como Tosco o Salamanca.
“Imponer orden” en Córdoba, tenía entonces una enorme repercusión nacional9.
Ante esta ofensiva, la respuesta del movimiento obrero combativo aparece
completamente impotente10. En una entrevista realizada a Tosco, dirigente de Luz
y Fuerza, se podía leer lo siguiente:
“Pregunta: ¿Y cómo es que no se ha producido ninguna reacción de tipo masivo?
Tosco: Se están haciendo actos relámpagos, algunas asambleas de fábrica, etc.
(…), pero hay una relación de fuerzas básica que está dada por el teniente
coronel Navarro y su policía con las armas en la mano. Centenares de fascistas
armados y entrenados bajo la conducción de organismos policiales y
parapoliciales”11
¿Como podía ocurrir esto en la ciudad del Cordobazo y el
Viborazo, donde la
clase obrera junto al movimiento estudiantil y el pueblo había logrado derrotar
a las fuerzas policiales?
La falta de una respuesta masiva se explica, en primer lugar, por la confianza
que suscitaba Perón todavía en las grandes masas. Fue por ello que los golpistas
enarbolaron la bandera del “auténtico peronismo”. Esto les garantizaba, sino el
apoyo, por lo menos la pasividad de sectores amplios del movimiento obrero
frente al golpe.
La experiencia de sectores más amplios de las masas con el peronismo en el poder
era frenada a cada paso por Montoneros y la JTP, que se negaban a enfrentar el
Pacto Social y a denunciar abiertamente a Perón. Por el contrario mantenían una
política de presión sobre el viejo caudillo12. Fue por eso que no impulsaron
ninguna respuesta a un golpe claramente orquestado por el mismo Perón.
A esta política se adaptaron los dirigentes del sector combativo del movimiento
obrero. Tal es así que el 5 de Febrero el MSC13 criticaba las modificaciones de
la Ley de Asociaciones Profesionales y la reforma al Código penal, pero “no se
colocaba en una línea de oposición total al presidente Perón, sino a sus
sectores burocráticos y de derecha”.
Esta política debilitó a la vanguardia, que se encontró impotente para movilizar
a las masas frente al golpe. Las organizaciones obreras se limitaron a
declaraciones de repudio y a un paro de 24 horas que no tuvo ninguna incidencia
en la situación, al mismo tiempo que se preparaba “un paro provincial con fecha
a determinar” que nunca se realizó. Junto a esto ninguna de estas organizaciones
llamó al conjunto de la vanguardia nacional a movilizarse para enfrentar este
golpe.
Para quienes hoy quieren eximir de culpa a Perón por los asesinatos de la Triple
A, las enseñanzas del Navarrazo muestran qué rol cumplió cuando se trató de
liquidar a la vanguardia obrera y popular que se oponía a su política. Para los
trabajadores que hoy salen a luchar es necesario conocer y profundizar en el
estudio de esos convulsivos años para preparase para los futuros combates de
clase.
NOTAS
1 Obregón Cano se hallaba ligado a los sectores de izquierda peronista y López
era Secretario General de la UTA.
2 Pocos días después, Raymundo Ongaro, dirigente gráfico, señalaría que se trató
de un verdadero “Anti-Cordobazo”.
3 Los gobernadores de Salta, San Luis y Mendoza eran Miguel Ragone, Elías Adre y
Martínez Baca. Todos habían sido apoyados por el ala izquierda del peronismo, al
igual que Obregón Cano. La Voz del Interior, 05/02/74 y 06/02/74.
4 Comunicado de Prensa. Ministerio del Interior, 12/02/74.
5 La Voz, 20/02/74
6 La Voz, 28/02/74
7 Es decir, a no más de 25 Km. de Córdoba capital.
8 Tal es la postura desarrollada por Alicia Servetto en el libro De la Córdoba
combativa a la Córdoba militarizada, donde señala que “La crisis provincial de
marzo de 1974 debe leerse (…) fundamentalmente como resultado de las
contradicciones internas del peronismo (…) predominó la disputa por la
ampliación de los espacios de poder entre los distintos sectores y las
instituciones del Estado fueron instaladas como arena de la lucha política”. Op.
cit. Pág. 109.
9 Como señala James Brennan “Perón sabía que el éxito de la campaña verticalista
dependía de Córdoba. El reestablecimiento de la autoridad de la CGT central era
necesario tanto para controlar la expansión de la militancia obrera a todo el
país como para asegurar el éxito del Pacto Social (…) sólo Córdoba era capaz de
aprovechar la oposición de la clase obrera al programa y darle la forma de un
movimiento de importancia nacional”. El Cordobazo. Las guerras obreras en
Córdoba 1955-1976.Ed. Sudamericana. Pág. 319
10 Así como la respuesta del mismo Obregón Cano, que se negó a llamar a la
población en su apoyo para luego renunciar a su cargo, llamando a “la
pacificación”. Una actitud similar a la tomada por Perón en el 55’.
11 La Voz, 13/03/74.
12 Esta política de presión sobre Perón se mantuvo incluso hasta el 1º de Mayo
del ’74, como señala Julio Godio: “Los Montoneros continuaban con su política de
“romper el cerco” que supuestamente rodeaba a Perón”. Perón. Regreso, muerte y
soledad. Ed. Hyspamérica. Pág.193. Inclusive el balance presentado después de
haber sido echados de Plaza de Mayo señala “no le regalaremos el peronismo a los
burócratas (…) la esencia revolucionaria del peronismo es el pueblo movilizado y
participando en la decisiones de su gobierno y su movimiento. Y nosotros
seguimos reafirmando que por eso somos peronistas”. La Voluntad. Tomo II. Ed.
Norma. Pág. 315.
13 Movimiento Sindical Combativo, centralmente integrado por Luz y Fuerza y el
SMATA.
Fuente: www.pts.org.ar/spip.php?article6347
Carta a los compañeros
trabajadores
Carta que difundió René Salamanca, secretario
general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, SMATA,
seccional Córdoba, a partir de su recuperación por el Movimiento de Recuperación
Sindical (MRS-Lista Marrón) integrado por agrupaciones clasistas y combativas en
mayo de 1972. Reelegido a su conducción en mayo de 1974, Salamanca fue
secuestrado y desaparecido por un grupo de tareas golpista en la noche del 23 de
marzo de 1976, horas antes del golpe de Estado
Carta a los compañeros trabajadores
Tareas de la clase obrera para frenar el golpe y profundizar la liberación
Octubre de 1975
Los obreros argentinos no podemos reflexionar hoy fuera de un marco concreto: la
patria está en peligro; como en todas las horas decisivas (como en el 30, el 45,
el 55, el 66 y el 69) tenemos frente a nosotros dos opciones. O se profundiza la
dependencia del imperialismo, el poder de los monopolios y los terratenientes y
la superexplotación popular, o se profundiza la liberación, la marcha
revolucionaria del pueblo con los trabajadores a la cabeza. El primer camino es
el camino del golpe contra el gobierno peronista de la señora Presidente, golpe
que puede ser proyanqui o prorruso, porque las dos superpotencias conspiran y
buscan someternos. El segundo camino es el de la lucha antigolpista, para
aplastar a los conspiradores y avanzar a fondo en las tareas de la liberación y
la unidad de los patriotas. Yo creo que ésta es, en la actualidad, la gran
misión histórica que tenemos por delante los obreros. Y también digo que,
derrotados parcialmente los yanquis que encabezaba Onganía por las luchas
populares nacidas con el Cordobazo, son hoy los sectores prorrusos los
principales conspiradores, quienes desarrollan el plan golpista que está en
curso. Terratenientes como Lanusse, grandes burgueses testaferros como Broner y
Gelbard, traidores como Luder, milicos gorilas como Anaya y Massera, y jerarcas
como Miguel, Herreras y Rodríguez son los principales eslabones de esa
conspiración que trata de reemplazar el amo yanqui por la URSS, donde desde 1956
han enterrado las banderas de Lenin y el proletariado para restaurar el
capitalismo. Por su parte, la señora Presidente tiene clara la cuestión de las
dos superpotencias, pero no enfrenta el golpe con profundidad, concilia en el
plan Rodrigo con monopolios y terratenientes, y no se apoya en el auténtico
patriotismo de las grandes masas. Por eso la han ido rodeando, por eso alientan
los golpistas su relevo y la integración después de un gobierno
“cívico-militar”. Pero yo creo que serán derrotados, que el movimiento obrero de
mi país va a estar a la altura de su tarea histórica, y es en ese sentido que
como aporte deseo revisar y trasmitir mi propia experiencia, la del SMATA
cordobés.
Política de los sectores prorrusos en el movimiento obrero
Los sectores prorrusos, que favorecen la entrega de la patria al
socialimperialismo de la URSS, trabajan en el proletariado por medio de dos
grandes corrientes revisionistas: la PC, y por otro lado el trotskismo en sus
dos vertientes, la ortodoxa y el terrorismo, que hacen un doble trabajo de
política y de reclutamiento para las acciones directas. De todos modos, el eje
fundamental es sembrar el apoliticismo; éste constituye una línea de la
burguesía en el movimiento obrero, difundida en su época por los
anarco-sindicalistas, por el sindicalismo amarillo y, en cierto modo, también
por los socialistas. En tanto que en el peronismo este rasgo se da, pero
contradictoriamente; desde un ángulo se lo estimuló con la conciliación de clase
(por ejemplo la consigna: “Del trabajo a casa y de la casa al trabajo”), pero
desde otro su carácter antiimperialista y las necesidades políticas obligaron al
peronismo a politizar las luchas de los trabajadores en momentos claves, como en
1945 o en los años de la resistencia.
Los prosoviéticos, como burgueses que son, tratan de aprovechar esos factores.
Su objetivo es diluir la lucha política independiente del proletariado,
sembrando la conciencia economista y aprovechando si pueden las justas luchas
económicas para su política por arriba. Un ejemplo reciente es que, mientras los
trabajadores luchaban por la homologación de los convenios, la trenza de
jerarcas montaba el dispositivo golpista impulsando la asunción de Luder en el
Senado, preparando así el “golpe constitucional” contra la señora Presidente. En
los sindicatos, con el pretexto de la “unidad” de toda la masa, proponen el “no
hacer política”, fomentando el sindicalismo y el economicismo.
En sus variantes trotskistas más incendiarias e “izquierdistas”, empujan como
principio la idea de lucha, lucha y lucha por las reivindicaciones, sin
enmarcarlo en lo político. Para ver aquí otro ejemplo notable, recuerdo que en
Grandes Motores Diesel ocuparon en junio la planta por 72 horas con motivo de
las paritarias, pero en política ante el ingenuo asombro de los activistas
trotskistas el conflicto fue capitalizado por Armentano y Lacabanne, como punta
de lanza de la movilización de la CGT en Buenos Aires. Eso ocurre cuando una
dirección sólo impulsa la lucha económica, que en definitiva puede ser
capitalizada por cualquiera. Así, en estos casos las aprovecharon los prorrusos,
pero también puede favorecer a los yanquis; el conflicto económico planteado en
la mina El Teniente, en Chile, sirvió para la acumulación del golpismo proyanqui,
que desembocó en la dictadura asesina de Pinochet. La falsa unidad, la
absolutización de lo económico y, a la vez, la minimización de la política son
rasgos generales del “clasismo” que ellos definen. En Villa Constitución
practicaron el economismo progolpista, buscando también empalmar los hechos
terroristas con el movimiento de masas; el peligro de la preponderancia de esas
ideas yo lo expresé a los cuerpos orgánicos de esas fábricas, y al propio
Piccinini , en varias discusiones durante 1974. En el caso de Sitrac-Sitram ,
también observamos un ejemplo de instrumentación, cuando la justa lucha contra
la dictadura proyanqui , en el
Viborazo, terminó con el recambio palaciego de
Lanusse. En esta experiencia, luego, se cayó en un economismo desenfrenado y en
una política proterrorista que condujo a su liquidación; los voceros de algunos
grupos armados decían: “Trescientos despidos, no importa, son trescientos nuevos
guerrilleros”. Así el terrorismo, con su línea aventurera e instrumentable desde
arriba, destruye la posibilidad de acumulación del movimiento obrero, y en este
plano liquida todo lo que toca. En nuestro SMATA lo vimos actuar con las mismas
intenciones, contribuyendo con los asesinatos de Goya y Swuin al plan general
prosoviético de rodearnos y desplazarnos. Pero el hecho de que entre nosotros
nunca fueron hegemónicos lo señala que hoy el SMATA sea un bastión antigolpista,
mientras donde ellos desgraciadamente dirigieron no han dejado nada, sólo
ideas negativas para los trabajadores.
Tácticas en el SMATA cordobés
En el SMATA Córdoba la política prorrusa trabajó con dos tácticas sucesivas. En
la primer [comisión] directiva, de mayo de 1972 a mayo de 1974, buscaron hacer
una dirección gremial sindicalista, sin definiciones políticas e invocando la
unidad. Su ambición entonces era convertir al SMATA en un gremio sin perfil,
segundón de Luz y Fuerza. En la segunda directiva, batida el ala PC que como
partido apoyó a la Lista Naranja fue dejada el ala trotskista, con la que
trataron de dividir a la masa y aislarnos a nosotros. En ese sentido produjeron
varios hechos:
• En el “navarrazo” empujaron la expulsión de los delegados peronistas del
Cuerpo de Delegados, acusándolos de “fascistas”. Su objetivo era crear la falsa
división “fascismo-antifascismo” o, con más precisión,
“peronismo-antiperonismo”, dentro de la más tradicional línea gorila. Pero este
intento fue desmantelado por nosotros.
• En la integración de la Lista Marrón de 1974 hicieron lo imposible por
sectarizarla e impedir la inclusión de compañeros peronistas, pese a nuestra
batalla por compartir responsabilidades con compañeros peronistas y radicales.
• Durante la campaña electoral, y sobre todo después del triunfo de mayo del
’74, se continuó estimulando la división de la masa. El 11 de mayo, cuando se
anunciaron los resultados del escrutinio en Luz y Fuerza, Nájera, de Vanguardia
Comunista, y Palacios de la junta electoral, se lamentaron señalando que se
había ganado por 1.000 votos, pero que en el SMATA quedaban “3.000 fachos”. Yo
dije que quedaban 3.000 compañeros peronistas que habían votado a la Lista Gris,
y con quienes debíamos soldar la unidad. Por su parte, poco después el
trotskismo con pasividad nuestra evaluó equivocadamente que los cuatro mil
votos marrones eran votos “contra Perón”. Y empujó a nivel de activo los
reproches de los marrones a los compañeros peronistas, introduciendo concretos
gérmenes de división.
El verdadero clasismo
Habiendo conocido, convivido y luchado contra estas corrientes a veces no con la
política más justa afirmo que el verdadero clasismo impone que los obreros
dirijan la lucha por la revolución nacional y democrática, en marcha hacia el
socialismo. El verdadero clasismo no diluye la política detrás de la “unidad” ni
de las “reivindicaciones”; pelea en cambio por los objetivos concretos del
proletariado a la cabeza del combate por la liberación. El verdadero clasismo
pone la política antigolpista, antiimperialista y patriótica al mando, y bate
sin cuartel al revisionismo sindicalista y economista. El verdadero clasismo
reitera hoy la necesidad de recuperar los cuerpos de delegados, las comisiones
internas y los sindicatos, desde la lucha antigolpista en concreto, desde la
derrota de los jerarcas y los divisionistas prorrusos, en el camino de
profundizar la liberación, de acaudillar a todo el pueblo contra las
superpotencias y sus cómplices, terratenientes, monopolios, jerarcas y
poderosos. El verdadero clasismo acentúa la bandera de la recuperación, pero con
la política al mando, con el objeto de derrotar al golpe. Así los traidores
serán barridos, así vertebraremos movimientos de recuperación sindical de masas
y no de activo como quieren los prorrusos. Así construiremos el frente único en
la clase obrera, aglutinando desde las definiciones patrióticas y antigolpistas
a peronistas, radicales, comunistas, socialistas, patriotas, y desde allí el
proletariado avanzará a articular el frente único popular contra el golpe y las
superpotencias.
Toda lucha reivindicativa tiene que estar impregnada de política a fondo. La
política permite no confundir al enemigo principal, siendo hoy los rasgos
generales de un marco político la lucha antigolpista y las diez medidas y cinco
reclamos propuestos por el Partido Comunista Revolucionario, entre lo cual
figura la nacionalización de los monopolios yanquis y golpistas, la confiscación
de las tierras de los terratenientes, la nacionalización del comercio exterior y
la banca y, entre otros aspectos, dar tierras y créditos a los compañeros del
campo.
El conflicto de 1974
Quiero ser claro en una idea: los responsables directos, los que nos vieron como
enemigo irreconciliable y provocaron nuestro desplazamiento en la conducción
sindical del SMATA Córdoba, fueron los sectores prorrusos. Usaron contra los
obreros mecánicos, y hay que subrayarlo, buena parte de los resortes de poder
que tienen acumulados en la Argentina. Desde el punto de vista agresivo actuaron
muchos que en el ’66 aplaudieron a Onganía y hoy están en el golpe contra
Isabel; así Otero desde el Ministerio de Trabajo, Rodríguez desde el SMATA
nacional y Miguel desde las 62 Organizaciones. Las empresas se plegaron al juego
que les dictaba Gelbard, el testaferro de ALUAR, y hasta se usó a funcionarios
de segunda línea, como el juez Hairabedián, un empleado de Brunello y de otros
oscuros personajes.
Sin embargo, hubo una maniobra mucho más aviesa y peligrosa para el movimiento
obrero que como en parte lo hemos explicado consistía en rodear al SMATA, en
usar por un lado al trotskismo desde adentro, y al aparato de Tosco y Firmenich
desde la periferia de esa dirección para aislarla de la masa peronista. La
táctica de los prorrusos era, como dije, sembrar falsas polarizaciones. Y en ese
sentido tuvieron éxito, tanto que el 24 de septiembre [de 1974], en la famosa
asamblea de Santa Isabel, un sector mayoritario de la masa mecánica resolvió
aceptar la reivindicación salarial y hacer un compás de espera en lo referente
al avasallamiento de su conducción por Otero-Miguel-Rodríguez. ¿Esto pasó por
desgaste, por agotamiento económico o por política? Yo digo que,
fundamentalmente, pasó por razones políticas; la gente nos vio en realidad
cercados y pensó: “Seguramente Salamanca también está en la joda”. Nosotros no
fuimos claros ni a fondo, no le hablamos a la masa en términos políticos
precisos, y entonces la masa nos vio dentro del golpe, como a Firmenich y Tosco,
nos vio contra el gobierno peronista. Entonces los mecánicos, oponiendo a la
situación su política patriótica, antigolpista, prefirieron esperar y no luchar
por su dirección.
Por dificultades objetivas (es decir, por el cerco que iba desde el ministro
prorruso Gelbard, a Otero, Rodríguez, Miguel, Brunello, Tosco, etc.), y por el
peso en nosotros de ideas revisionistas, no fuimos a fondo, no pusimos la
política al mando. Los términos de unidad de los mecánicos cordobeses comienzan
a restablecerse desde el 26 de diciembre de 1974, cuando entra a las plantas una
carta mía donde se define la lucha contra el golpe proyanqui o prorruso, y la
defensa del gobierno peronista de Isabel Perón contra la conspiración de los dos
imperialismos. Entonces, en base a la política, por un lado se nuclea lo
patriótico antigolpista que es realmente la masa, y por otro los sectores
minoritarios prorrusos y propatronales. Eso abre ahora el camino de la
recuperación, aunque haya dificultades no superadas que todavía no permitieron
esa meta y la libertad de nuestros presos. Empero, el ejemplo primero de
Perdriel, luego repetido masivamente en Santa Isabel , en que se toma a fondo la
idea antigolpista y el concepto de que los platos rotos los paguen los yanquis y
los terratenientes, indican un modelo de la política al mando, de combinación de
lo reivindicativo con lo político hacia la profundización del camino liberador,
y de que así y sólo así se bate a los golpistas que pretenden montarse en las
luchas del proletariado.
Peronistas y comunistas revolucionarios
¿Qué está pasando en el movimiento obrero argentino hoy, qué perspectivas se
abren para el futuro? Lo cierto es que el general Perón dejó corporizadas en los
trabajadores un conjunto de ideas, que forman parte de su conciencia política y
de las banderas del justicialismo. El valor de las reivindicaciones, la amenaza
de la antipatria imperialista, de las dos superpotencias y nuestra pertenencia a
los pueblos del Tercer Mundo, son algunos de esos elementos. Yo no creo como los
aventureros prosoviéticos en la “desperonización”; los compañeros peronistas no
van a dejar de serlo para convertirse en “miguelistas”, “herreristas” o “camporistas”,
y su dirección natural, quien continúa y representa a Perón es la señora
Presidente. Yo creo que los compañeros son peronistas por un proceso profundo,
que respetamos, pero también sé que la necesidad del combate contra el
imperialismo y el golpe, de profundizar la liberación, conllevan otros
conceptos: la dirección del proletariado en ese proceso, la necesidad de
aplastar al enemigo con el pueblo en armas, la articulación del frente único
popular contra el enemigo principal, la existencia de un fuerte y gran Partido
que desarrolle esa política. La necesidad histórica de estos rasgos para
triunfar, llevará a los trabajadores a la negación crítica de su experiencia
anterior para avanzar a un nivel superior: el marxismo-leninismo. Y nosotros,
los marxistas-leninistas, comunistas revolucionarios, empalmamos con esa
corriente negando y superando en los esencial las ideas y prácticas
revisionistas, aplicando así el marxismo-leninismo a la realidad de nuestro
país. Así luchamos por el fin de la dependencia, por la revolución democrática y
nacional, y nos unimos a los compañeros peronistas y los demás patriotas contra
el golpe de las superpotencias.
Esto tiene un destino ancho, y puedo asegurar que muchas de las conclusiones que
he expuesto de nuestra experiencia en el SMATA cordobés no han sido de fácil
resolución; a la luz de la vida y la política hemos pensado nuestra práctica y
hoy lo escribimos, con la convicción de que ha de ser útil para el movimiento
obrero. Porque reitero: tenemos por delante dos caminos. Yo sostengo que al
golpe se lo puede derrotar, que nuestras tareas históricas los obreros las vamos
a cumplir, que el pueblo argentino no quiere ser ni Chile ni Checoslovaquia ,
que yanquis y rusos serán aplastados, que a los trabajadores no nos desarmarán
ni desmovilizarán los que quieren montarse en nuestras reivindicaciones y
nuestro patriotismo. Finalmente, a los compañeros de Córdoba con los que deseo
volver a reunirme, como en las horas más gloriosas y al lado de nuestros
queridos presos, y a los compañeros del país a quienes llegue mi mensaje envío
un fuerte abrazo. Y con fe en el futuro, en la patria y en la clase obrera
reafirmo una consigna: sépanlo traidores, asesinos a sueldo del imperialismo,
enemigos del pueblo, aunque nos cueste sangre, OTRO ‘55 NO PASARÁ.
NOTAS
1 Julio Broner: presidente de la Confederación General Económica (CGE). José Ber
Gelbard: anterior presidente de la Confederación General Económica, luego
ministro de Economía desde mayo de 1973 hasta octubre de 1974, durante las
presidencias de Cámpora, Perón e Isabel Perón. Italo Luder: dirigente del
Partido Justicialista, promovido por los golpistas a presidente de la Cámara de
Senadores para quedar así en la “línea de sucesión” presidencial. Leandro Anaya:
Comandante en Jefe del Ejército tras el desplazamiento de Jorge Carcagno por
Perón. Emilio E. Massera: Comandante en Jefe de la Armada, luego miembro de la
Junta Militar de la Dictadura. Lorenzo Miguel: sindicalista del gremio
metalúrgico y jefe de las “62 Organizaciones”, nucleamiento de los principales
sindicatos peronistas. Casildo Herreras: sindicalista del gremio textil y
secretario general de la CGT tras el asesinato de José I. Rucci, hombre de
Perón, en setiembre de 1974. José Rodríguez: secretario general del SMATA
nacional, responsable de la intervención a la seccional Córdoba de ese sindicato
contra la conducción que lideraba Salamanca, paralelamente a la orden de captura
dictada contra éste que lo obligó a enviar esta carta desde la clandestinidad.
2 En junio de 1975. El 27 de junio la dirección golpista de la CGT y diversos
sectores políticos golpistas usaron el descontento popular contra el plan de
ajuste de Celestino Rodrigo y las justas reivindicaciones salariales de la clase
obrera para organizar una gran concentración en Plaza de Mayo y, centrando en la
figura del reaccionario ministro José López Rega, debilitar al gobierno de
Isabel. Con el mismo objetivo impulsaron una oleada de huelgas en junio y julio.
3 Alberto Piccinini, dirigente metalúrgico de Villa Constitución.
4 Sindicatos de Trabajadores de las empresas Fiat-Concord y Fiat-Materfer, de
Córdoba, donde se constituyeron en 1970 los primeros sindicatos clasistas de
fábrica.
5 Se refiere al “turno” dictatorial de Levingston, en marzo de 1971.
6 Contra la Lista Marrón que lideró Salamanca.
7 “Navarrazo”: golpe policial que destituyó, en marzo de 1974, al gobierno
provincial de Córdoba encabezado por Ricardo Obregón Cano cercano a los
Montoneros y el sindicalista Atilio López.
8 Ricardo Otero, dirigente del gremio metalúrgico (UOM) designado por Cámpora
ministro de Trabajo.
9 Duilio Brunello, presidente del PJ, empresario cordobés subordinado
políticamente a Gelbard.
10 Agustín Tosco, dirigente del gremio cordobés de Luz y Fuerza y de la CGT
“combativa” provincial. Mario E. Firmenich, dirigente máximo de los Montoneros.
11 Plantas automotrices del gran Córdoba.
Descargar Cartas de René Salamanca (doc)
"Se
debate Argentina en la descomposición social"
Comunicado del Partido Peronista Auténtico en México en diciembre de 1975
Por Albino Moctezuma
Periódico "El Día", México, Miércoles 10 de Diciembre de 1975.-
Cuatro destacados argentinos asilados en México, tras exponer el panorama
general que vive su país, revelaron que el imperialismo norteamericano ha
desatado en Argentina una guerra total contra todo lo que sea movimiento
organizado; "hay una situación de descomposición social".
Los doctores Rodolfo Puiggrós (colaborador de este diario), Raúl Laguzzi (a quien la Triple A en un atentado le mató a su pequeño hijo), -ambos ex rectores de la Universidad de Buenos Aires- Ricardo Obregón Cano y el licenciado Julio Suárez (representante para América Latina del Partido Peronista Auténtico, dieron una conferencia de prensa ayer para hablar de la formación del nuevo partido peronista y del presente y futuro de Argentina.
El doctor Puiggrós comenzó por decir que la violencia en su patria no fue
desatada por el peronismo, "sino contra el peronismo".
Asimismo denunció que la Triple A (grupo terrorista de derecha) es protegida por
la minoría que usurpó el poder, a cuyo frente se encuentra Isabel Martínez, y
que asesina diariamente a 5 o 10 de los hombres de la corriente progresista,
principalmente a los jóvenes.
Informó que hasta septiembre de este años, ese grupo llevaba dos mil crímenes,
para asentar ante la violencia no hay otro recurso que oponer la violencia.
Puiggrós delató también la complicidad del actual gobierno argentino con sus
vecinos y similares dictaduras de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil, y
relató que entre todas ellas se han sellado pactos y la Argentina hasta ha
entregado asilados políticos a Chile y Uruguay.
También dijo que existe una campaña, en la que son cómplices los grandes
diarios, contra el Tercer Mundo y contra la política del gobierno del presidente
Echeverria. Manifestó que los efectos de esa campaña se reflejaron en el
atentado al consulado de México en su país, anteayer.
Más adelante, al hablar del recientemente constituído Partido Peronista
Auténtico -el 16 de noviembre pasado- expresó que desea la unidad nacional. "No
estamos por la violencia, pero tampoco pondremos la otra mejilla si nos golpean
una."
Queremos, puntualizó, el orden social, pero no el de los monopolios, sino el de
las grandes masas de trabajadores, porque ellas quieren un auténtico gobierno
peronista, aspiran al socialismo nacional que surja de la realidad argentina.
El doctor Laguzzi, por su parte, denunció que algunos de los dirigentes del PPA
han sido encarcelados y que son: el presidente Oscar Bidegain, Antonio
Lombardice, Hugo Vaca Narvaja y la señora Medina de Peña, asimismo abogó por la
libertad del ex rector interino de la Universidad de Buenos Aires, Ernesto
Villanueva, sentenciado a seis años de prisión.
Julio Suárez en su intervención redondeó un poco más la situación de su país.
Manifestó que la lucha del pueblo contra esta dictadura se lleva a cabo en todos
los planos, desde la armada hasta la exigencia de los comités de fábrica por
implantar la cogestión y la autogestión.
De los Montoneros -grupo guerrillero de la izquierda peronista- manifestó que
están llevando toda su lucha en el plano de la guerra abierta contra la
ocupación y que no es un simple movimiento de muchachos armados, sino que tiene
su base en las masas.
Por su lado, el doctor Ricardo Obregón Cano, antes de dar a conocer los puntos
sustanciales del programa del PPA, indicó que es posible que en los próximos
meses se presente una gran manifestación en Argentina de todos los miembros del
partido, pero no por demandas salariales, esta vez será para pedir un gobierno
auténticamente popular.
Los puntos del programa basado en el peronismo son: 1.- Levantamiento del Estado
de Sitio; 2.- Derogación de la legislación represiva; 3.- Libertad a todos los
presos políticos; 4.- Libertad de prensa e información y levantamiento de las
medidas que dispusieron la clausura de diarios y revistas; 5.- Libertad de
acción política; 6.- Investigación de las tres A y procesamiento de sus
integrantes; 7.- Extradición y procesamiento de José López Rega; 8.-
Investigación y procesamiento de los delincuentes económicos; 9.-
Democratización sindical y amnistía general en todas las organizaciones
sindicales y 10.- Constitución del Frente de Liberación Nacional que enfrente al
imperialismo.
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