El "Navarrazo" y la instauración del terror

El efímero gobierno popular y democrático de la fórmula justicialista Obregón Cano-Atilio López y la inusual característica de su destitución, punto de partida de este cuaderno de memoria, inauguran en Córdoba el período más negro de la historia provincial. Como quizás en ninguna otra región del país las bandas paraestatales y el propio Estado terrorista, liberado de toda atadura jurídico-legal, llevaron a cabo la más espantosa orgía de sangre que haya conocido el país. 

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Fue una pesadilla  |  Debate Martínez-Obregón Cano  |  Atilio Lopez, el honor acribillado  |  El Negro Atilio López
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Fue una pesadilla

Por Rogelio Alaniz

El 14 de octubre de 1974, civiles armados y con los rostros cubiertos con capuchas asaltaron los locales del sindicato de Luz y Fuerza, del Partido Comunista y de dos agrupaciones sindicales de la ciudad de Córdoba. En el local del Partido Comunista, una militante de esta formación política fue violada por las supuestas fuerzas del orden. La mujer murió después en el hospital como consecuencia de las lesiones vaginales recibidas por los soldados de la causa nacional. Se llamaba Tita Clelia Hidalgo.

El responsable de la razzia fue el brigadier Lacabanne, militar de reconocida filiación fascista, nombrado interventor de la provincia de Córdoba por la presidente Isabel Martínez. El proceso represivo en Córdoba se había iniciado en febrero de ese año, cuando un oscuro jefe de policía, Antonio Navarro, se levantó en armas contra las autoridades constitucionales de la provincia sentando el precedente único en la historia de un policía que protagoniza un golpe de Estado. No concluyeron allí las novedades. La maniobra sediciosa contó con el apoyo del gobierno nacional que entonces estaba a cargo de Juan Domingo Perón. El operativo de Navarro fue legitimado por la más alta investidura política de la Nación, que resolvió intervenir la provincia.

Gobernaban entonces a la provincia de Córdoba Ricardo Obregón Cano y Atilio López. Como consecuencia de la intervención, Obregón Cano se vio obligado a exiliarse para no correr la misma suerte que su compañero de fórmula, Atilio López, quien en septiembre de ese mismo año había sido asesinado por las Tres A en la ciudad de Buenos Aires.

El "navarrazo" se transformó en la respuesta previsible del peronismo ortodoxo al peronismo disidente. La despiadada y feroz interna peronista irrumpía definitivamente en la estructura del Estado y preparaba los acontecimientos que habrían de estallar el 24 de marzo de 1976.

Si los militares desde las sombras alentaron al peronismo fascista, es algo que no se ha podido probar, pero, tal como se presentaron los acontecimientos, daría la impresión de que la derecha peronista no necesitaba del aval de las fuerzas armadas para cometer sus tropelías, salvo que alguien crea que Ottalagano, Sánchez Abelenda o Ivanissevich fueran infiltrados en el peronismo.

La diferencia del "navarrazo" con cualquier otro operativo llevado adelante por las Tres A es que contó con el aval de Perón. Más allá de las diferencias que los peronistas pudieran tener entre ellos Äy sin duda que las teníanÄ, no se puede justificar que se recurra a la estructura del Estado para asaltar las instituciones de la democracia y matar en su nombre. Eso hoy se llama terrorismo de Estado. A la letra final la escribieron a la perfección los militares, pero a los primeros compases los dibujaron los peronistas, que creyeron que a la sangre derramada se la redimía con más sangre derramada.


14/10/74 - Civiles armados patrullan con total impunidad las calles de Córdoba durante el "Navarrazo"

El gobierno peronista que actuó entre 1973 y 1976 fue un infierno, un infierno cuyas llamas terminaron devorando a toda la Argentina. Lo más grave que instaló el peronismo en esos años como cultura política es el principio de que está permitido matar; de que el asesino, si mata en nombre de la política, se transforma en un virtuoso. La izquierda y la derecha peronista estuvieron de acuerdo en la defensa de este principio.

A la campaña electoral de 1973 el peronismo la hizo cantando consignas que festejaban la muerte de Aramburu, Alonso y Vandor. ¿Alguien se debía sorprender cuando los muchachos después festejaron la muerte de Rucci o Mor Roig, por ejemplo? Montoneros fue un gran error político, pero ese error no nació en el interior del Partido Liberal de Noruega, sino que fue prohijado por el peronismo. En marzo de 1973, los jóvenes eran considerados la juventud maravillosa por el oficialismo peronista. A las "maravillas" las habían iniciado en junio de 1970 asesinando a Pedro Eugenio Aramburu, un crimen que se hizo en nombre de la patria socialista, pero, en realidad, los que lo perpetraron fueron los nacionalistas de derecha, y los que lo permitieron fueron los funcionarios de la dictadura de Onganía, muy interesados en liquidar a Aramuburu, la cabeza visible de una salida institucional al régimen militar.

El crimen de Aramburu fue aprobado por los máximos dirigentes del peronismo. Los chicos fueron mimados y tratados como héroes. Hubo algunas excepciones, pero fueron eso, excepciones. Mayoritariamente, el peronismo festejó esa muerte, considerada un ajuste de cuentas por el fusilamiento del general Valle. Un grupo armado de vidriosa filiación ideológica se atribuía la representación popular para juzgar y matar. El huevo de la serpiente había sido puesto. Sólo se trataba de dejar que madure.


10 de octubre de 2008. Ricardo Obregón Cano recibe la distinción Líderes para el Desarrollo Integral de Latinoamérica "Gobernador Enrique Tomas Cresto 2008"

Al método de la vendetta, más mafioso que socialista, los chicos ya lo habían practicado con Vandor y Alonso. Después, harían lo mismo con Coria y Kloosterman. Curiosa pasión socialista de los peronistas llamados de izquierda: asesinar dirigentes obreros que, más allá de sus vicios y errores, no dejaban de ser obreros y, además, no merecían morir de esa manera.

Al evocar aquellos años, uno no puede menos que pensar que efectivamente hay momentos en que las sociedades se enloquecen. Recuerdo la tarde en que escuché por la radio que una organización denominada Montoneros declaraba haber muerto a Aramburu, a quien luego se le daría "cristiana sepultura". En esos años, hablar de las tacuaras y las lanzas y prometer "cristiana sepultura" significaba adherir a un lenguaje que había sido patrimonio del nacionalismo oligárquico y del fascismo. Seguramente, Montoneros lo eran. Los antecedentes ideológicos y familiares de sus principales dirigentes así parecían demostrarlo.

Si Perón, en nombre de sus genialidades tácticas, les dio aire a los muchachos y después no los pudo contener, la respuesta que tramó para apagar el incendio que él había contribuido a agitar fue monstruosa, porque no de otra manera merece calificarse la decisión de haber promovido a las Tres A. La responsabilidad de Perón en las Tres A hoy es indisimulable. López Rega jamás habría podido tomar una decisión de esa envergadura sin el aval de Perón.

Retornando a la locura de aquellos años, recuerdo que todas las mañanas nos despertábamos con alguna novedad que tenía el tono y el color de la sangre. Un día asesinaban a Villar; a la noche, un dirigente de la Jotapé era fusilado en la calle.

Nuevo Diario en Santa Fe publicaba comunicados de las Tres A con la inocencia de quien invita a una procesión religiosa . Una tarde, nos enteramos de que un dirigente sindical santafesino, un tipo a quien en alguna época los peronistas universitarios lo paseaban por las facultades para mostrarnos las virtudes de un auténtico obrero, era asesinado en un bar de avenida Freyre, acusado de traidor por un comando Montonero.

Las tragedias incluían sus capítulos absurdos y siniestros. Julio Troxler pudo sobrevivir a la Revolución Libertadora, pero no sobrevivió al peronismo. Lo mataron de la peor manera, por la espalda y reproduciendo el fusilamiento de 1956, nada más que los que ahora disparaban eran peronistas o estaban pagados por peronistas.

Si el Estado se transformó en un rehén de la interna peronista, la consecuencia de ello fue el desquicio administrativo y político. Sin duda que la derecha tradicional aprovechó la situación para preparar el golpe de Estado que habría de llevar al horror a sus niveles más trágicos, pero admitamos a la hora del balance histórico que desde el supuesto poder nacional y popular se hizo todo lo posible para facilitar este desenlace.

Fuente: www.ellitoral.com


Debate Martínez-Obregón Cano

Fue el 8 de abril de 1973 : el primer debate realizado en Córdoba entre los dos candidatos que se disputaban el balotaje para decidir quién sería el gobernador de la provincia. En los estudios de Canal 10, dos cámaras fijas y una móvil, propiedad de uno de los empleados de la emisora, captaron en vivo y en directo las dos horas establecidas para el cruce entre Ricardo Obregón Cano, postulante del Partido Justicialista, que luego fue elegido gobernador, y Víctor Martínez, el candidato de la Unión Cívica Radical. Fue un operativo inédito en el que intervinieron, además de Canal 10, La Voz del Interior, Canal 8 y Radio Universidad.

Jorge Pérez Gaudio, quien en ese momento era director del informativo de Canal 10 y gerente de Radio Universidad, fue el moderador de aquel choque mediático .

"La idea surgió a partir de que era la primera elección después del golpe de (Juan Carlos) Onganía y tenía una gran importancia", comentó el comunicador que en aquel momento tenía 34 años. "Era la primera elección que se hacía y había toda una carga histórica", aseguró.

En aquella época, el canal cubría la ciudad de Córdoba y el Gran Córdoba y si bien no había mediciones de rating, los periodistas que cubrieron el evento aseguraron que fue visto por una gran cantidad de gente e, incluso, fue decisivo para torcer una porción importante del electorado hacia Obregón Cano.

"Fue el primer debate en Córdoba y creo que fue el primero en el país que se hizo juntando a dos candidatos a gobernador", aseguró Pérez Gaudio.

Galería de próceres: Héctor García Rey

Asumió como jefe de la Policía de Córdoba de la mano del interventor federal Brigadier Raúl Lacabanne y ambos, según los organismos de Derechos Humanos, llegaron a Córdoba a promover la "limpieza ideológica" mediante la eliminación física del "enemigo". El día en que Lacabanne y García Rey ingresaron a los tiros en la sede de Luz y Fuerza buscando a Agustín Tosco, es uno de los más recordados de aquellos años confusos previos a la dictadura. Antes de llegar a Córdoba, García Rey fue jefe de la Policía de Tucumán donde fue denunciado por torturas y su nombre aparece en muchos lugares y pasajes de la historia. Figura, por ejemplo y según el testimonio de Enrique Arancibia Clavel, un agente de la Dina (Policía chilena) como colaborador de la dictadura de Augusto Pinochet y, según el abogado paraguayo Martín Balmaceda, detenido por la dictadura de aquel país, como una de las personas que presenció los interrogatorios a los que lo sometió la dictadura paraguaya. A raíz de eso, García Rey es considerado por los organismos de Derechos Humanos (esto lo está investigando el juez federal Norberto Oyarbide), como uno de los integrantes argentinos del Plan Cóndor, que buscaba coordinar los organismos represivos de las dictaduras de Latinoamérica.

Rey recibió cursos en Estados Unidos junto a otras figuras del Plan Cóndor y formó parte de la "Tropa de Asalto" de la Policía mexicana. Justamente en aquel país se lo sindica como parte de la Matanza de Tlatelolco en 1968, donde murieron, según algunas cifras, 400 estudiantes que reclamaban mejoras educativas.

El periodista recuerda que unos años después se encontró por casualidad con Víctor Martínez y que el ex vicepresidente le dijo que ese debate le había hecho perder la elección.

Intercambio. "No hubo ningún problema y las limitaciones de tiempo no eran tan rigurosas como ahora porque no había tantas urgencias", afirmó Pérez Gaudio.

Los tópicos que trataron los candidatos no varían en relación a las plataformas electorales actuales. "Se plantearon grandes temas como las políticas presupuestaria, fiscal, educativa, salud pública y todo lo inherente a proyectos futuros tendientes a restablecer la vigencia del estado de derecho y de los derechos humanos", agregó el profesional.

Para la vida profesional de Pérez Gaudio la experiencia fue "importante y satisfactoria".

"Era un momento histórico clave por todo lo que se estaba jugando", dijo y apuntó que el país venía generando cambios trascendentes y complejos.

Después de aquel debate no habría otro por la negativa de algunos de los candidatos de las elecciones posteriores de sentarse a discutir en una misma mesa los proyectos para la provincia.

34 años y medio después, la historia se retomará este domingo cuando Juan Schiaretti (Unión por Córdoba), Luis Juez (Frente Cívico y Social) y Mario Negri (Unión Cívica Radical) expongan sus propuestas en el debate organizado por Canal 12, La Voz del Interior y Cadena 3 que se emitirá desde las 22 horas.

Pautas claras. Para Pérez Gaudio, el debate es la "mejor mediación que puede existir para conocer el pensamiento transparente, claro y limpio de los candidatos".

A su vez, manifestó que debe haber pautas claras, equilibrio e imparcialidad en la propuesta periodística para que los candidatos puedan expresarse con libertad. "Es una mediación entre sociedad y candidatos para conocer qué piensan, que razonan, para observar los reflejos, la manera lingüística de exponer los temas", apuntó. Y añadió: "Además, la gente percibe rápidamente lo que a veces son discursos muy armados y quedan más al descubierto de una manera más clara y limpia para la sociedad".


Atilio López: El honor acribillado

Por Juan Carlos Giuliani. Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA

El 16 de septiembre de 1974 el dirigente sindical y ex vicegobernador de Córdoba, Atilio López, era cobardemente asesinado por los sicarios de la Triple A. Lo acribillaron con 132 disparos incrustrados en el cuerpo de un hombre digno y honorable, condenado por su lucha consecuente a favor de la causa nacional y popular. Tanta furia criminal sólo se explica en la necesidad de instalar el terror como política de subordinación a la estrategia de los grupos de poder que aguardaban agazapados el momento oportuno para terminar con el gobierno títere de Isabel y López Rega. El asesinato se produjo el día en el que se recordaba el decimonoveno aniversario de la llamada "Revolución Libertadora", que derrocó a Perón y dio inicio a 18 años de proscripción del peronismo.

El "Negro" Atilio ganó la consideración de los trabajadores cuando, actuando en el peronismo de la resistencia a poco de la caída de Perón en 1955, dirigió la primera huelga en el período de la "Revolución Fusiladora", enarbolando los programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda. Histórico dirigente de la UTA y de la combativa CGT Córdoba, lideró en 1969

Galería de próceres: Antonio Navarro

El coronel Antonio Navarro pasó a la historia por protagonizar el golpe policial conocido como "Navarrazo" desplazando al entonces gobernador democrático Ricardo Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López. El policía tomó la Casa de Gobierno el 27 de febrero de 1974, antes de medianoche. Las crónicas lo describen ingresando a la Casa de Gobierno pistola en mano. El "movimiento" contaba con el apoyo del gobierno central de Juan Domingo Perón y, principalmente, de su mano derecha, el ministro de Bienestar Social, José López Rega, en tiempos en que éste último acumulaba poder desplazando al ala izquierda del peronismo en la que se encontraba Obregón Cano. Comenzaba a forjarse la Alianza Anticomunista Argentina (A.A.A.) que en Córdoba se llamaría "Comando Libertadores de América". Fue jefe de Policía entre el 13 de junio de 1973 y marzo de 1974.

junto a Agustín Tosco y Elpidio Torres la gesta del Cordobazo que provocó la caída del dictador Juan Carlos Onganía.

En 1973 el voto popular lo consagró vicegobernador de la provincia, como compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano. Las clases acomodadas gastaron ríos de bromas por la forma de hablar del "Negro", por sus modales y su estilo de vida llano, franco, de pueblo. Como si los trabajadores no supiéramos distinguir gato de liebre: al país lo fundieron los doctores con posgrado en Harvard, no los laburantes que se comen las "s".

En febrero de 1974, a nueve meses de iniciada su gestión de gobierno, Obregón Cano y López fueron desplazados del poder por una oscura sublevación policial, el tristemente célebre "Navarrazo", que fue consentido por las máximas autoridades nacionales de entonces.

A mediados de junio de 1974 había viajado a Buenos Aires para ver a su querido Talleres en la cancha de River. El líder del sindicalismo de la resistencia y del peronismo revolucionario cayó en una redada y fue asesinado por la ultraderechista Triple A, hecho que provocó una profunda conmoción en Córdoba, que quedó reflejada durante el velatorio y el sepelio de sus restos, donde una multitud acongojada nunca vista en esa ciudad para una situación similar, participó en sus exequias.

Olvidado por la historia oficial, el "Negro" Atilio López es un ejemplo de entrega y lealtad a los intereses de los trabajadores.

Fuente: www.agenciacta.org.ar

Imagen: Acto a un año del Cordobazo. En el palco del acto se encuentran Carlos Dreizik, "Chicato" Mossé y Agustín Tosco junto a Atilio López.


El Negro

En cercanías de Capilla del Señor -provincia de Buenos Aires- el 16 de septiembre de 1974, 130 balazos, calibre 9 mm., fueron descargados sobre los cuerpos de Atilio López y el de su acompañante Juan José Varas, por sicarios de la Triple A. El “Negro”, un digno representante de los trabajadores, que no traicionó su condición de clase, aún espera una reivindicación histórica.

Por Katy García*

Quienes participaron de las luchas obreras de los años sesenta y setenta, recuerdan a dos referentes fundamentales: "el Negro y el Gringo”. Atilio López es el negro y Agustín Tosco, el gringo. López, Fue el tercero de cuatro hermanos varones. Nació el 9 de agosto de 1929. Su padre era empleado en la sastrería de la cárcel de encausados y su madre ama de casa. Le pusieron Hipólito como primer nombre en honor al presidente Irigoyen y porque compartían el ideario de la Unión Cívica Radical. Asistió a la escuela Olmos - hoy shopping, propiedad de George Soros.

Abandonó la escuela primaria para dedicarse al trabajo y al deporte. A los 15 años ingresó como cadete en una fábrica de galletitas. Su único biógrafo hasta la fecha, Mario Lavroff, destaca que por aquel entonces ya manifestaba una clara vocación por la defensa de los trabajadores. En forma simultánea continúa compitiendo en 100 y 200 metros llanos. Llegó incluso a ser campeón argentino. A los 21 años ingresa como chofer a la empresa de transporte automotor CATA. Se casa y tiene dos hijos.


Raúl Lacabane. Crónicas de Archivo. La serie, realizada íntegramente en Córdoba, por la productora Garabato Animaciones para una coproducción del Multimedio SRT y Canal Encuentro.

Carismático, inteligente, autodidacta y de salidas humorísticas a pedir de boca, no tardó en ganar la confianza de sus compañeros que lo eligen delegado. Desde entonces le pone el cuerpo a la lucha y transita el camino de la militancia sindical en la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Al igual que la mayoría de los trabajadores cordobeses, se identificó con el peronismo y durante la resistencia, dirigió la primera huelga levantando los programas obreros aprobados en Huerta Grande y La Falda.

A los 27, ya era secretario general de UTA y ocupó igual cargo en la Confederación General del Trabajo (CGT-Combativa) de Córdoba, pluralista y antiverticalista. En 1969, junto a Elpidio Torres y Agustín Tosco fueron los referentes claves del Cordobazo antesala de la caída del dictador Juan Carlos Onganía.

Comprometido con los ideales del peronismo revolucionario, como cuadro político sindical, en 1973, el voto popular lo consagra vicegobernador junto a Ricardo Obregón Cano a la sazón gobernador. En febrero de 1974, un golpe institucional promovido y consentido desde el gobierno nacional ejercido por el General Perón, los echa por vía de una sublevación policial luego conocida como el "Navarrazo".

Y para que no hubiera dudas de que el ala izquierda del peronismo sindical sería aniquilada le arrebatan el sindicato. En cercanías de Capilla del Señor, en la provincia de Buenos Aires, el 16 de septiembre de 1974, en coincidencia con el decimonoveno aniversario de la Revolución Fusiladora, 130 balazos, calibre 9 mm., fueron descargados sobre su cuerpo y el de su acompañante Juan José Varas, por sicarios de la Triple A. Una multitud acompañó el cortejo fúnebre desde Barrio Empalme hasta el cementerio San Jerónimo.

Este crimen político, ocurrido durante el gobierno de la derecha peronista, preludia una política de Estado basada en el exterminio de militantes políticos, sindicales y sociales que luchaban por el socialismo nacional. "La derecha quería sacarse de encima a quienes en la memoria colectiva podrían ser referentes en el futuro", supo decir Elvio Alverioni, dirigente de la Tendencia Revolucionaria a quien le tocó la dura tarea de acompañar con el megáfono el cortejo. El “Negro”, un digno representante de los trabajadores, que no traicionó su condición de clase, aún espera por una reivindicación histórica.

*Periodista

Fotografía: www.agustintosco.com.ar
Bibliografía: Mario C.Lavroff. Atilio López, sus luchas, su vigencia.1995.
James Brennan. El Cordobazo Las guerras obreras de Córdoba 1955-1976.Editorial Sudamericana.
Entrevista con Guido, hijo de quien fuera un amigo cercano Carlos Dreizik.

Fuente: www.prensared.com.ar 2008


Asalto al local del Partido Comunista

El Partido Comunista acaba de entrar en la causa de la AAA (2007) con un caso siniestro y bien documentado: la destrucción de su local en Córdoba el 10 de octubre de 1974, con detenciones y un asesinato.

Por Miguel Jorquera

Crueldad infinita

Menéndez y cinco policías fueron procesados y detenidos (2007) por las salvajes torturas y el asesinato del subcomisario de la policía de Córdoba Ricardo Albareda, militante del ERP. Una historia de venganza de particular crueldad.

Por Camilo Ratti

Ricardo Fermín Albareda era ingeniero electrónico, subcomisario de la policía de Córdoba a punto de ser ascendido a jefe de Comunicaciones y miembro del aparato de Inteligencia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) desde 1972. Luego de haber “salvado a mucha gente” según ex compañeros de militancia, el 25 de septiembre de 1979 fue secuestrado por la patota de la D2 de Informaciones, trasladado al centro clandestino de detención “Casa de Hidráulica” frente al lago San Roque, torturado con saña por sus compañeros de fuerza y desaparecido. Por este hecho la jueza federal Cristina Garzón de Lascano ordenó el procesamiento y la prisión preventiva del ex comandante del III Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y de los policías Aníbal Campos, César Armando Cejas, Hugo Cayetano Britos, Hugo Roberto Carabante y Calixto Luis Flores.

De familia de policías –su padre y sus dos hermanos también lo fueron– Albareda comenzó a estudiar Ingeniería en la Universidad Nacional de Córdoba a principios de los setenta. Como miles de jóvenes de su generación, Ricardo se sintió atraído por las discusiones y los debates políticos en las aulas universitarias. Así fue que se acercó al Partido Revolucionario de las Trabajadores (PRT), la organización que dos años antes había decidido formar su brazo armado, el ERP. Era 1972 y el gobierno de Lanusse tenía fecha de vencimiento con la vuelta de Perón y el llamado a elecciones libres para marzo de 1973. Después de un año de gobierno popular, con Obregón Cano y Atilio López a la cabeza, la Triple A comenzó a mostrar los dientes en Córdoba. Primero con el Navarrazo en febrero de 1974 y luego con la intervención del brigadier Lacabanne. Al tiempo que la guerrilla aumentaba su poderío militar, en Córdoba surgía el Comando Libertadores de América, una organización paramilitar/policial que sembró el terror que cosecharía un año después la dictadura.

Albareda ascendió en la estructura policial, cursó sus últimas materias y colaboró con la inteligencia del ERP. En pleno gobierno militar y en función de una foja de servicios impecable, Albareda llegó al grado de subcomisario en la Central de Comunicación de la Casa de Gobierno. “El lugar que ocupaba era clave para el desarrollo de nuestra lucha, porque en la central de comunicaciones él se enteraba de los procedimientos que hacían los grupos de la D2 y nos avisaba. Así logró que mucha gente se salvara de las garras de Raúl Telleldín y toda su banda de asesinos”, dijo a Página/12 Carlos Orzacoa, abogado y ex dirigente de la Regional Córdoba del PRT.

“Nuestra estructura de inteligencia no estaba integrada por células, sino que respondían a un solo contacto. Ese tabicamiento del trabajo permitió que Albareda estuviera tanto tiempo dentro de la policía sin que nadie sospechara de él”, agregó Orzacoa. Elena del Carmen Germán Sueldo, ex integrante de la misma organización político-militar, secuestrada y torturada en la D2 junto a su marido Julio Oropel, también del PRT/ERP, reconoció en su testimonio ante la Justicia federal que luego de fugarse del país en 1975 “pudo tener esporádicas noticias sobre Albareda, a través de terceros, conocidos de ambos, logrando saber así que se hallaba bien y que continuaba su militancia en el partido, cortándose ya toda información hacia el año 1978”.

A punto de ser ascendido a comisario, Albareda fue descubierto. Aunque nadie sabe quién lo entregó ni cómo, el testimonio de Carlos Moore, un ex guerrillero convertido en colaborador policial luego de su secuestro y cautiverio en la D2, es un aporte: “Desde 1975, Inteligencia se abocó a la búsqueda e identificación de un oficial de policía sindicado de militar en Informaciones del ERP. Luego de numerosos e interminables chequeos de fotografías de empleados de policías hechas visar por los secuestrados, finalmente a mediados de 1979 identificaron al oficial cuya suerte quedó librada a Américo Romano, quien ordenó su secuestro”.

A las diez de la noche del 25 de septiembre de 1979 un grupo de policías de la D2 lo detuvo en la calle, mientras manejaba su auto. Luego de forcejear con sus captores, el policía fue metido a un auto y trasladado a la Casa de Hidráulica en Carlos Paz. Minutos después llegaron el comisario Telleldín (el padre de Carlos, involucrado en el caso AMIA) y Romano, jefe de los operativos callejeros, acompañados por el agente Hugo Britos. Comenzaron la sesión de tortura junto a los hermanos Antonio y Hugo Carabante. Después de varias horas, Telleldín llamó a uno de los tres policías que custodiaban la guardia del lugar, Roque Calderón, para que “vea lo que le pasa a los traidores”. Atado de pies y manos a una silla, mientras unos insultaban y degradaban a Albareda sacándole sus insignias, Telleldín proclamaba enfurecido que el escarmiento era para los “infieles a la fuerza policial”. Según el relato de Calderón que consta en la resolución judicial, el capo de la D2 “sacó un estilete del tipo bisturí, se colocó un par de guantes de cirujano y procedió a la castración de Albareda, quien indefenso daba horribles gritos de desesperación y dolor”. Como no aguantaba, Calderón le pidió permiso a su jefe para retirarse de la sala. Luego, los hermanos Carabante le contarían que Telleldín metió los testículos en la boca de Albareda, se la cosió y lo dejó sentado ahí, desangrándose, mientras ellos comían un asado en el patio de la casona. El cuerpo de Albareda, que nunca apareció, habría sido trasladado por Telleldín, Romano y Britos en un auto, obligando a los guardias a “limpiar todo con lavandina”.

La jueza federal Cristina Garzón de Lascano ordenó el procesamiento y prisión preventiva de un militar y cinco policías por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, imposición de tormentos agravada y homicidio agravado. El militar es Luciano Benjamín Menéndez, jefe en ese momento del Tercer Cuerpo de Ejército, que comandaba todas las operaciones “antisubversivas”. Los policías son Aníbal Campos, jefe de la policía de Córdoba en 1979, César Armando Cejas, jefe de la D2, y los agentes Hugo Cayetano Britos, Calixto Luis Flores y Hugo Roberto Carabante, del mismo grupo policial que de 1974 hasta 1983 cometieran todo tipo de violaciones a los derechos humanos en el marco de una repartición estatal

Página/12, 11/02/07

El acta notarial lleva la firma de dirigentes políticos y funcionarios policiales. Relata las condiciones en que la policía cordobesa entrega el local allanado al Partido Comunista de la ciudad de Córdoba el 10 de octubre de 1974, donde la brutal irrupción a los balazos de policías y civiles continuó con torturas, golpes, simulacros de fusilamientos y la muerte de una militante comunista que se desangró por la hemorragia que le provocó “la introducción del cañón de un arma en la vagina”. La patota rompió todo, baleó y saqueó las cajas fuertes y dejó sus marcas en las paredes de la casona de Obispo Trejo 354: varias leyendas con amenazas de muerte y la firma de las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina). Ese documento acaba de ser incorporado a la causa en la que el juez Norberto Oyarbide pidió la detención y extradición de la ex presidente Isabel Perón, por el supuesto delito de haber cobijado bajo el amparo del Estado a la banda paramilitar que asesinó a más de 1000 personas antes del golpe de Estado de 1976.

“Si son comunistas como (Horacio) Guarany más bien váyanse del país porque los vamos a matar uno por uno. Si cae un policía van a caer tres de ustedes bolches hijos de puta. Las Tres A” (sic), decía la leyenda más extensa que dejaron policías y civiles en una de las paredes del local comunista de la ciudad de Córdoba en octubre del ’74. Las otras, también realizadas con aerosol negro, eran más ofensivas que políticas: “bolches hijos de putas. Tres A”; “zurdos putos”, y “zurdos hijos de putas”. En el acta también figura el “pomo de aerosol” lleno de “huellas digitales” de quienes hicieron las pintadas en el operativo del que participaba la policía cordobesa. Los comunistas acusaron del crimen de Tita Clelia Hidalgo, una joven de 30 años oriunda de Río Tercero, y las torturas que sufrieron otros 46 militantes que estaban en el local, al interventor federal de la provincia, el brigadier Oscar Lacabanne, y su jefe de policía, Héctor García Rey. “Aquí está la punta del ovillo para descubrir quiénes son las Tres A”, denunciaron entonces los dirigentes del PC en Córdoba y Buenos Aires.

El acta notarial, el informe médico realizado por los doctores Osvaldo Khan y Emilio Ruderman sobre los golpes y torturas que recibieron los militantes, documentos fotográficos y el relato de quienes sufrieron los vejámenes y tormentos fueron entregados hace unos días al juez Oyarbide por una delegación del PC. Los comunistas también entregaron otros documentos y una extensa lista de militantes asesinados por las Tres A, y otra con testigos y sobrevivientes de los atentados de la banda paramilitar. Pero le pidieron al juez federal que los incorpore como querellantes en la causa, a la que ya se habían presentado junto a otras organizaciones políticas y de derechos humanos.

El asalto al local comunista en Córdoba fue una de las huellas claras que dejaron las Tres A de sus vínculos con todo el aparato estatal. Poco después de las siete de la tarde del 10 de octubre de 1974, policías y comandos civiles ingresan en la casona de Obispo Trejo disparando ráfagas de armas de guerra –“Itaka, metralletas, pistolas 45”– después de volar la cerradura de la puerta de entrada. El único recaudo que tomaron los comandos cordobeses es que no les vieran las caras. “Nos tiraron a todos boca al piso, mientras disparaban sobre nuestras cabezas y caminaban por encima nuestro repartiendo culatazos y patadas” al grito de “bolches hijos de puta, los vamos a matar a todos”, relataron varios de los que vivieron el tormento. Luego fueron separando a distintas personas para torturarlas y exigir que aparezcan “las armas”. Así comenzaron los simulacros de fusilamiento a los pequeños grupos que sacaban al patio mientras gatillaban las armas y los disparos repiqueteaban cerca de sus cuerpos. A otras salas del local se llevaban a las mujeres, desde donde “se escuchaban gritos desgarradores”.

Tras dos horas de tormentos en los que nunca cesaron los disparos dentro del local, los hicieron formar “con las manos en la nuca” y la “obligación” de mantener los ojos cerrados para pasar por una doble fila de asaltantes que descargaron “patadas, latigazos, culatazos y trompadas” a su paso.

“A ver, uno con credencial de la Federal que salga a la calle” y “sáquenlos, los primeros al móvil 184”, ordenó uno de los asaltantes según el relato del dirigente comunista Jorge Caselles. Afuera los subieron a un camión y “nos fueron apilando como fardos uno arriba de otro, lo que hacía que los que quedaran abajo casi ni pudieran respirar”, dijo entonces Enrique de Dios. “A estos los vamos a rociar con nafta y los vamos a quemar a todos”, volvió a escuchar Caselles antes de que el jefe le ordenara a un subordinado “no tires gases a la esquina (de Trejo y Quirós) porque el viento lo trae para acá”.

En la retirada, los comandos volvieron a disparar ráfagas de tiros y proferir amenazas para ahuyentar a los curiosos. La recorrida duró poco. Enseguida llegaron a la División Informaciones de la policía provincial. Allí los volvieron a tirar de cara al piso, formar la fila con las manos en la nuca y los ojos cerrados. Adentro, les vendaron los ojos con jirones de trapos de los carteles que habían traído del asalto, aunque antes algunos lograron ver el patio del lugar con decenas de personas (ver aparte) en las mismas condiciones: con los ojos vendados y manos en la nuca esparcidos por el piso o contra las paredes, varios de ellos esposados. Así estuvieron más de 40 horas, antes de recuperar la libertad, tras otros interrogatorios, amenazas y acusaciones de “asociación ilícita” y “tenencia de munición de guerra”.

Pocos días después Clelia Hidalgo murió en el Hospital de Clínicas cordobés. Un policía advirtió la intensa hemorragia –que le produjo que “le introdujeran el cañón de un arma en la vagina”– mientras la interrogaba. Ordenaron su traslado “en calidad de detenida” a la sala policial del policlínico del barrio San Rafael. Tras reiteradas denuncias, y por su delicado estado de salud, fue nuevamente trasladada al Clínicas, pero Clelia no soportó las lesiones que sufrió en el asalto.

El 15 de octubre la policía entregó el local del PC ante un escribano, por exigencia de los comunistas. Allí consta la forma ruinosa en que quedó la casona, los disparos en las paredes, las vainas servidas y las leyendas de las Tres A que dejó el operativo. El acta lleva la rúbrica de tres agentes de la seccional primera de la policía cordobesa: el suboficial ayudante José Amadeo, el sargento Ismael Salta (chapa 162) y el agente de consigna José Moldia (chapa 111).

El operativo y el Navarrazo

Ese 10 de octubre de 1974, la policía cordobesa desplegó un tenebroso operativo que culminó con el asalto a locales del Partido Comunista (ver nota principal), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Sindicato de Luz y Fuerza. La excusa fue que habían detectado que “desde un bar y con el apoyo de un Citroën verde, una pareja manipulaba un radiotransmisor”. La supuesta persecución comenzó en el céntrico edificio de los tribunales de la ciudad de Córdoba, que fue desalojado. Ante la mirada incrédula de centenares de personas, los policías, al mando de su jefe García Rey y del propio interventor federal, el brigadier Lacabanne, disparaba contra el edificio vacío, “sin ni siquiera parapetarse” y con la certeza de que no recibiría respuesta. La búsqueda de la pareja y el Citroën –que nunca aparecieron– siguió con los brutales allanamientos en los locales partidarios y gremiales.

Isabel Perón había decretado la intervención federal de la provincia tras el golpe institucional que pasó a la historia como “el Navarrazo”. El ex jefe de la policía de Córdoba, el teniente coronel Antonio Navarro, tomó la ciudad a punta de pistola con comandos policiales y civiles que arrestaron al gobernador Ricardo Obregón Cano y a su vice Atilio López (luego amenazado y acribillado por las Tres A). Lacabanne, un brigadier que siempre decía actuar en nombre de Isabel, volvió a colgar del cuartel de la policía cordobesa la fotografía del ex jefe Navarro, que entonces estaba prófugo de la Justicia.

El tercer cuerpo y la barra de López Rega

Querellantes y ex miembros de la Conadep denunciaron crímenes de genocidio de la Triple A en Córdoba.

Por Camilo Ratti desde Córdoba

Ex miembros de la Conadep Córdoba y abogados querellantes de las causas que investigan las violaciones a los derechos humanos en el ámbito del Tercer Cuerpo de Ejército presentaron una denuncia penal ante la fiscal federal Graciela López de Filoñuk para que instruya delitos de genocidio llevados a cabo por la versión cordobesa de la Triple A. El “Comando Libertadores de América” fue una organización criminal paramilitar y policial que actuó con muchísima intensidad desde la segunda mitad de 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Esos meses fueron los de mayor ferocidad por la cantidad de secuestros, torturas y muerte registrados. Para los abogados, los jefes de esta banda eran el ex capitán Héctor Pedro Vergez y agentes de la D2 de Informaciones de la Policía de Córdoba.

La revisión por parte de la Justicia federal del accionar represivo previo al golpe alentó a que varios abogados de la ciudad de Córdoba, algunos de ellos ex miembros de la Conadep local, presentaran ante la fiscal López de Filoñuk una denuncia penal para que instruya una gran cantidad de hechos criminales cometidos en el año y medio que precedió a la toma del poder por parte de la Junta Militar. “Los delitos aberrantes que se puntualizan en esta denuncia de ninguna manera pueden considerarse hechos aislados, sino que estamos ante delitos de lesa humanidad que se enmarcan en la figura de genocidio, establecido y definido en el artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio”, dice el escrito firmado por Luis Reinaudi, María Elena Mercado, María Teresa Sánchez, Carlos Vicente, Miguel Ceballos y Rubén Arroyo.


1º de octubre de 1974. tres guerrilleros del ERP mueren en un enfrentamiento con la policía de Córdoba. Vehículos sin identificación y policías sin uniforme rodean los cadáveres y anticipan una imagen que sería frecuente en los años siguientes.

Para los letrados, los secuestros, asesinatos masivos, la desaparición forzada de personas, las violaciones de las víctimas y las torturas seguidas de muerte “formaron parte de una matanza que perseguía el confesado fin de aniquilar a los miembros de los grupos victimizados por presuntas o reales razones ideológicas, políticas e incluso raciales”. Y los encargados de cometer estos delitos fueron los miembros del Comando Libertadores de América, una “organización paramilitar y parapolicial que operó en esta provincia desde mediados del año 1975 hasta el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976”.

En el punto cuatro de la denuncia, los abogados sostienen que el Comando fue fundado por el entonces capitán Héctor Pedro Vergez con el sargento primero José Hugo Herrera y los entonces comisarios de la Policía de Córdoba Raúl Pedro Telleldín –jefe de la D2–, Fernando Esteban y Américo Pedro Romano (los tres fallecidos), el sargento ayudante del Ejército (retirado) Juan Antonio Tissera y los oficiales policiales Yamil Jabour, Carlos Alfredo Yanicelli, Marcelo Luna, Herminio Jesús Antón, Miguel Angel Gómez, Juan Eduardo Molina, Ricardo Cayetano Rocha, Calixto Flores y Alberto Lucero, además de los civiles adscriptos como “personal de inteligencia” militar en el Destacamento de Inteligencia 141 Gral. Iribarren, Arnoldo José López, Héctor Raúl Romero, Ricardo Lardone y Emilio Merlo.

Los civiles, excepto Merlo, se encuentran hoy procesados y detenidos por orden de la jueza federal Cristina Garzón de Lascano en dependencias del Tercer Cuerpo de Ejército, por causas que los sindican como torturadores del centro clandestino La Perla, el más importante de la provincia entre marzo de 1976 y mediados de 1979. “La prueba fundamental de que organizaciones como la Triple A y el Comando Libertadores de América estaban constituidos por miembros de organismos del Estado nacional y provincial lo encontramos en el hecho de que a partir de la fecha del golpe estos grupos desaparecen. La respuesta más obvia al porqué de esta situación es que no tuvieron necesidad de accionar por fuera del aparato estatal, ya que pertenecían a él”, dice en la denuncia presentada por el defensor oficial, Marcelo Arrieta.


Héctor Vergez

Respecto de los secuestros y desaparición de personas, el informe de la Conadep (uno de los elementos probatorios de esta denuncia) advierte que la mayoría se produjeron a partir del 5 de septiembre de 1975. “El secuestro de personas como método de detención surge en nuestra provincia casi un año antes del 24 de marzo de 1976, y son los meses de noviembre y diciembre del ’75 y enero y febrero del ’76 los que concentran la mayoría de las cincuenta y dos denuncias de secuestro correspondientes al período previo a la dictadura militar.”

Entre los principales hechos que los abogados le piden a López de Filoñuk que instruya se destacan el secuestro y desaparición de la familia Pujadas (Mariano Pujadas era sobreviviente de Trelew), el secuestro, tortura y asesinato del líder montonero Marcos Osatinsky, la masacre de nueve estudiantes bolivianos que aparecieron con balas en la nunca y maniatados con sábanas del Ejército Argentino, el secuestro y muerte de Eduardo Jensen y del conscripto Cacho Jiménez, el secuestro y desaparición de los abogados Miguel Hugo Vaca Narvaja padre e hijo, y las desapariciones de más de cuarenta personas, varios de ellos en el marco del “Operativo Moncholos” que el propio Vergez relata en su libro Yo fui Vargas: el antiterrorismo por dentro, donde confiesa que las detenciones no eran comunicadas a los jueces federales, tal como indicaba el procedimiento.

Para los abogados, “la privación ilegítima de la libertad o desaparición forzada de personas es de carácter permanente y hasta que no cese esta situación no se puede operar la prescripción, porque resulta obvio que el hecho delictivo se perpetúa en el tiempo. Por eso estos hechos denunciados son imprescriptibles y deben ser instruidos por la fiscal, cualquiera sea la fecha en que se hayan cometido”.

Fuente: Página/12, 04/02/07


El sangriento debut de las AAA en Córdoba

Por Alexis Oliva, secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba Capital.

Hubo un tiempo en que los peronistas eran asesinados por antiperonistas. El episodio emblemático de ese tiempo fue el fusilamiento de civiles en un basural de José León Suárez, en 1956, narrado por Rodolfo J. Walsh en Operación Masacre.

Hubo otro tiempo en que los peronistas eran asesinados por otros peronistas. El personaje que vincula ambos tiempos quizás haya sido Julio Troxler, sobreviviente de aquel fusilamiento durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu, actor que se interpreta a sí mismo en la versión fílmica de Operación Masacre rodada clandestinamente por Jorge Cedrón durante la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, víctima finalmente de la derecha peronista enrolada en la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

El Navarrazo

Ocurrió el 27 de febrero de 1974. Gobernaba el teniente general Perón. El país se debatía en una lucha contra esos personajes a los que Perón llamaba “trotskos con la camiseta peronista”. Al frente de la provincia de Córdoba estaban Obregón Cano, de gobernador, y Atilio López, de vice. Los dos habían sido elegidos democráticamente, y habían ganado con holgura. Pero, para la derecha peronista, que se devoraba el país, eran trotskos, zurdos. Ya Perón se había quitado de encima a Oscar Bidegain porque el ERP se lo sirvió en bandeja de plata al atacar la Guarnición de Azul, en enero 19. Ahora, por primera vez, el veterano líder se calzó el uniforme de teniente coronel, se puso frente a las cámaras de TV y le cortó –políticamente hablando– la cabeza a Bidegain. Pero en Córdoba ningún grupo guerrillero le daba ninguna excusa. Había que hacer algo. Lo hizo el jefe de policía, un caballero de nombre Antonio Domingo Navarro, al que meses después la policía encontrará en un campo de la provincia, junto con otros mercenarios de primera línea, practicando tiro. Navarro les dirá que se trata sólo de un pasatiempo. Lo saludan y le piden disculpas. Ya era parte de la Triple A y se preparaba para matar zurdos a granel bajo las órdenes del sanguinario brigadier Lacabanne, un hombre de la estirpe de Ottalagano y López Rega según se dice en un célebre texto de Mariano Grondona que lleva el exquisito título de “Meditación del elegido” y fuera ya analizado algún tiempo atrás (título del texto: “Los que hacen la tarea”) en este espacio. ¿Qué hace Navarro? Se manda otra célebre desobediencia histórica. Subleva a la policía y desconoce la autoridad de Obregón Cano y Atilio López, a quien la Triple A, al año siguiente, destinará ochenta y tres balazos. Navarro apela a San Martín: él, Navarro, como el Padre de la Patria, incurre en la desobediencia. Toma por asalto la gobernación y tiene como rehenes al gobernador y al vice. Perón arregla todo. Envía al ministro del Interior, Benito Llambí, que destituye a Navarro, pero... no entrega sus legítimos cargos a Obregón Cano y Atilio López. No: también los destituye. Y les da Córdoba a los peronistas fachos.

José Pablo Feinmann

Los crímenes de la AAA, prohijada por su ministro de Bienestar Social, ex cabo de policía, aprendiz de magia negra y miembro de la logia P 2, José López Rega, fueron declarados de lesa humanidad y por lo tanto imprescriptibles, por lo que tres de sus jerarcas han sido detenidos y la ex presidente tendrá que rendir tardías cuentas a la Justicia.

El capítulo que se abrió con la decisión tomada por el juez federal Norberto Oyarbide en diciembre pasado, tiene una especial trascendencia para Córdoba, donde el golpe de estado policial conocido como el “Navarrazo” dio en febrero de 1974 vía libre para que los grupos parapoliciales de la derecha peronista actuaran con alevosía e impunidad.

Días después del asesinato de Troxler, perpetrado el 20 de septiembre de 1974, ocurría un episodio pavorosamente similar al de José León Suárez, que sería la tarjeta de presentación de las Tres A en Córdoba.

Finaliza septiembre del 74, el mes que despunta en Córdoba con la asunción del brigadier Raúl Oscar Lacabanne como interventor federal; el mes en que las Tres A asesinan en Buenos Aires -entre muchos otros- al abogado cordobés Alfredo Curutchet, al ex vicegobernador Atilio López, al intelectual de izquierda Silvio Frondizi y a Troxler; el mes en que Montoneros pasa a la clandestinidad y secuestra a los hermanos Juan y Jorge Born; el mes que se va yendo en Córdoba con la asunción de un joven José Manuel de la Sota como Secretario de Gobierno de la Municipalidad.

Cercado por la represión, Miguel Angel “Chicato” Mozé, titular de la Regional III de la Juventud Peronista, intenta organizar en el departamento Cruz del Eje una liga agraria de cooperativas de pequeños y medianos productores, como parte de un proyecto nacional de Montoneros. Lo secunda un grupo de militantes de la JP y alumnos del Instituto Provincial de Educación Agrotécnica (Ipea) Nº 3 de la localidad de El Brete, de entre 19 y 22 años de edad. El 29 de septiembre es la cita para la primera reunión, en la comuna de Media Naranja, a la que unas quinientas personas confirman su asistencia.

El día anterior, los militantes que convocan al acto deciden por seguridad que un grupo se quede en Cruz del Eje y otro vaya a Media Naranja a supervisar los preparativos. En un viejo Citroën, parten aproximadamente a las 21 horas Luis Eduardo Santillán, Dardo Omar Koch y los hermanos Ernesto y Sergio Rojas. Pero nunca llegarán a destino.

El testimonio de Ernesto Rojas, uno de los sobrevivientes de aquel episodio, es escalofriante:

“Al hacer unas diez cuadras, nos damos cuenta de que un automóvil nos sigue, damos unas vueltas y logramos perderlo. En El Brete decidimos ingresar al IPEA, donde nos quedamos charlando con los compañeros de estudio como media hora y retomamos el viaje. El colegio se encontraba a unos cuatrocientos metros de la ruta. Unos doscientos metros antes de llegar a la ruta, vemos pasar el auto que nos perseguía. Continuamos el viaje hacia Media Naranja y a unos mil metros vemos el auto en la cuneta, que nos empieza a seguir con las luces apagadas. Llegamos al pueblito El Barrial, donde hay un almacén lindero con la ruta donde se juega a las cartas y al sapo. Paramos y nos metemos. Está lleno. Mi hermano Sergio se esconde detrás de un camión y yo me quedo en la puerta a ver qué hacen los que nos siguen. Bajan tres individuos con armas largas. Entro rápidamente al almacén, y ellos ingresan tirando al aire. La gente aterrorizada corre hacia una puerta al costado del local. Corro hacia ahí pero uno me toma de un brazo y me pone una pistola en la cabeza. Nos ponen de cara a la pared y por el rabillo del ojo puedo ver que ni Santillán ni Koch pudieron huir. Los parroquianos son peones rurales y algunos lloran de miedo.

Dominan la situación, dejan a uno de guardia y salen tirando en la oscuridad. Se escucha que patean las puertas de las casas y hacen una especie de allanamiento, sin dejar de disparar. A un chico de unos 11 años le pegan un culatazo en la cabeza. El dueño del local ingresa a una habitación e intenta cerrar la puerta y le atraviesan la mano de un balazo. La situación es infernal.


Una fábrica del terror: Centro de tortura y exterminio La Perla


La Perla, ayer y hoy

Luego entran de nuevo y comienzan a golpearnos, preguntándonos por el Chicato Mozé. Dejan salir a la gente y quedamos Santillán, Koch y yo. Nos revisan y a Santillán le encuentran un volante invitando a la reunión de los productores. Lo sacan y lo interrogan a golpes. Me preguntan mi nombre y les doy uno falso. Me golpean para que diga dónde está Mozé. Yo les niego que lo conozco. Traen a Santillán, nos vuelven a golpear, y nos hacen subir a su vehículo con la cabeza gacha. Inician el retorno a Cruz del Eje, donde dan unas vueltas y agarran por la ruta 38 hacia Córdoba. Al cabo de quince minutos, el que va atrás con nosotros da la orden de parar para ‘acomodar la carga’. Nos bajan, guardan las armas largas en el baúl y les vendan los ojos a Koch y Santillán. A mí no me pueden colocar la venda.

Reanudamos la marcha y con Santillán empezamos a tocarnos para ponernos de acuerdo, porque sabíamos que nos iban a matar. Mi intención era que en La Falda nos resistiéramos, ya que la ruta pasa por la ciudad y había más posibilidad de que alguien nos ayude.

Pasamos Capilla del Monte y San Esteban a gran velocidad. El negro Guerrero Martineitz está en la radio, y de pronto Santillán salta hacia el que va a su lado y yo hacia delante, aferrando el volante y tratando que salgamos de la ruta.

Los dos que van adelante también agarran el volante y empezamos una lucha donde el auto va de un lado al otro. Uno grita que paren y el que va al volante empieza a frenar. El acompañante agarra una pistola y tengo que largar el volante y agarrarla por el caño, tratando de desviarla. El auto se detiene y seguimos luchando, Santillán atrás, y yo con los de adelante. De pronto, se abre la puerta de atrás y el que pelea con Santillán se baja, saca una pistola y le descerraja tres disparos. Me gritan que largue el arma. La suelto y me tiro al asiento de atrás. Veo a Santillán con la cabeza hacia atrás, quejándose y sangrando por la boca. ‘¡Qué han hecho! ¡No tenemos nada que ver!’, les grito. Me bajan de los pelos y yo siempre diciendo que no tenemos nada que ver e insultándolos. Uno me dice que corra. No le hago caso y sigo gritándoles. El que manda le dice a uno que me lleve adentro del campo. Nos introducimos como quince metros, me hace tirar al suelo, me apunta a la cabeza y me dice que me despida. Yo sigo con mi postura de que no tengo nada que ver. De pronto, me dice que me quede quieto, pega la vuelta y sale corriendo. Oigo que le preguntan qué pasó. ‘Vamos, vamos que está muerto’, dice, y se van.

Me levanto y voy a ver si está el cuerpo de Santillán. No encuentro nada y corro hacia San Esteban. En la estación de servicio, un automovilista me auxilia y me lleva a Capilla del Monte, donde radico la denuncia a las doce de la noche.

Cuando presento la denuncia, un policía me pregunta si las características del auto eran las de un Peugeot y si eran tres individuos, uno con barba. Le pregunto cómo lo sabe, y me dice que tenían orden de la Central de Córdoba de no detener ese vehículo”.


Los poderes establecidos: Ejército e Iglesia. Menéndez, dueño de la vida y de la muerte en Córdoba durante el terrorismo de Estado

Retoma el relato Dardo Koch, el fusilado que vive de la operación masacre serrana: “Luego de que Rojas es bajado del coche, bajo un nerviosismo total, se emprende nuevamente la marcha a alta velocidad y transcurrido algún tiempo quienes nos llevan secuestrados se tranquilizan un poco. Uno de ellos no lo consigue, el chofer del auto, quien da a entender que se ha metido en algo que no tenía bien en claro, que le disgusta. El que comanda el grupo lo tranquiliza diciéndole que no hay nada que temer.

Santillán está herido y se queja de dolor. Por las características del camino comprendo que estamos camino a Córdoba, pero más allá el auto, un Peugeot 404 si no recuerdo mal, gira y comienza a recorrer un camino con muchas curvas que creo identificar como el que va hacia el cerro Pan de Azúcar. Santillán ha dejado de quejarse y comprendo que ha muerto. El chofer se pone más nervioso al ver las luces de otro auto que viene atrás. Cree que alguien los persigue y es nuevamente tranquilizado por el líder del grupo. Luego da la orden de frenar el coche. Bajan a Santillán y allí, ya muerto, lo ametrallan.

Nuevamente apuros. Suben al coche y arrancan a gran velocidad. Pasamos por un lugar donde oigo perros ladrar. Tras algunos minutos, vuelven a parar el coche y me dan orden de bajarme, poniéndome en el costado que da al cerro, con las manos en alto. Nuevamente se ven luces de auto que se aproximan. Esto provoca otra vez apuro.

Les pregunto qué van a hacer conmigo, a lo cual responden: ‘Si te quedás callado y no decís nada de lo que ha pasado, no te va a pasar nada’.

Seguidamente me disparan un balazo en la cabeza. Yo siento un golpe. No escucho ningún ruido, sólo el golpe. Y tomándome de la cabeza, me arrojo al suelo. Se acercan y uno pregunta: ‘¿Estás seguro que está muerto?’. El otro le responde: ‘Sí, mirale la cabeza como la tiene’.

La sangre que derramé más la derramada por Santillán sobre mí (en la ropa, el cuerpo y la cabeza) confundieron a estas personas y en el apuro me dieron por muerto. Santillán se desangró en gran parte sobre mí, ya que íbamos acostados entre los asientos delanteros y traseros, el uno sobre el otro, desde el comienzo del secuestro.

Me toman por los brazos y los pies y me arrojan hacia abajo del camino. No escucho que ellos se vayan. Tampoco escucho ningún auto pasar detrás de ellos, por lo que deduzco que me desmayo al golpear contra las piedras. Esa noche duermo en el cerro, por temor a ser encontrado nuevamente por los que nos habían secuestrado. Tomo contacto recién al otro día con la policía, quienes me llevan al hospital de Cosquín y luego de ser revisado me trasladan a Córdoba”.

Dardo Koch se recuperó y tiempo después fue obligado a exiliarse en Noruega, donde todavía hoy vive y trabaja como enfermero especializado.

Ernesto Rojas fue apresado tres días después en una casa operativa de Montoneros en Córdoba y peregrinó por más de media docena de cárceles hasta su liberación en 1984. Actualmente, reside en Andalgalá, Catamarca, donde tiene un motel y trabaja en un programa de radio.

Sergio Rojas escapó a esta masacre y fue secuestrado y asesinado el 14 de abril de 1977.

Luis Santillán fue velado en la sede del Partido Justicialista y sepultado en Cruz del Eje. Montoneros solventó el servicio fúnebre.

Miguel Angel Mozé fue detenido el 22 de julio de 1975, acusado del secuestro de un ejecutivo de la Coca Cola. El 17 de mayo de 1976, junto a otros cinco presos políticos de la Penitenciaría Nº 1 de Córdoba, fue fusilado en un fraguado intento de fuga.

En una pared de la pulpería de don Mohamed Hossein, en El Barrial, los asesinos dejaron pintada su rúbrica: Comando Sergio Bertoglio. AAA. Fue su primera acción en Córdoba. Nunca se conoció la identidad de sus miembros.

Miércoles 14 de febrero de 2007,
Fuente: www.agenciacta.org.ar


Córdoba 1974: el golpe de Perón

Por Eduardo Castilla

El 28 de febrero de 1974, el jefe de policía de la provincia de Córdoba, Antonio Navarro, depone al gobernador Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López1. Se impone, de hecho, un estado de sitio garantizado por la policía con el auxilio de grupos armados civiles, comandados por la Juventud Sindical Peronista. El “Navarrazo”, fue impulsado abiertamente por Perón con el aval de la patronal y la burocracia sindical. Este golpe justificado bajo la llamada “depuración ideológica” del peronismo, buscaba liquidar a la vanguardia obrera, estudiantil y popular que se venía desarrollando desde el Cordobazo2.

Perón en el poder

Con la vuelta de Perón al país se inicia una ofensiva abierta de la derecha peronista contra los sectores ligados a la Tendencia Revolucionaria. El 1º de Febrero del ’74, la CGT de Santa Cruz denuncia “infiltraciones marxistas en el gobierno provincial”. Pocos días después las 62 organizaciones en Salta resuelven “declarar personas no gratas al gobernador de la provincia (…) por ‘ser cabezas visibles del aparato mentado por el marxismo’”3. Esta ofensiva se repite en San Luis y Mendoza.
En Córdoba, los diarios hablan constantemente de la posibilidad de una intervención federal. “Córdoba es un foco de infección” había dicho Perón.
A fines del ‘73 los trabajadores del transporte obligan al gobierno a otorgar un aumento salarial. Al mismo tiempo los empleados públicos imponen a la Legislatura la aprobación del Estatuto del empleado público. El gobierno nacional acusa entonces a Córdoba de “romper el Pacto Social” y señala que éste “no puede tener eslabones débiles”4

Los gobernadores de la Tendencia

Durante el periodo constitucional que fue desde el 25 de mayo de 1973 al 24 de marzo de 1976, de los 22 gobernadores elegidos, 6 fueron reemplazados sin mediar elección.
En Misiones el gobernador y el vicegobernador fallecieron en un accidente de aviación. En primer término fueron sustituidos por el Presidente de la Legislatura y posteriormente por una intervención federal, llamándose finalmente en 1975 a elecciones para elegir nuevo gobernador.
Pero en otros cinco distritos – Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Salta y Santa Cruz - por diversos mecanismos, se forzó el cambio de gobierno con una clara motivación ideológica.
Cinco gobernadores reemplazados pertenecían al grupo denominado Tendencia Revolucionaria o habían pasado a ser dirigentes del Partido Peronista Auténtico, brazo político de esa corriente.
Señalamos que el justicialismo en pleno llevó como candidatos a gobernadores en las elecciones de marzo de 1973, en distritos muy importantes, a políticos que simpatizaban más o menos abiertamente con la Tendencia Revolucionaria. Apenas seis meses después, el giro fue de tal magnitud que, a modo de ejemplo, en 1975 en Córdoba y por unos días, fue interventor Luciano Benjamín Menéndez (1)

Cambios de Gobernadores electos entre 1973 y 1975

Buenos Aires - Oscar Bidegain (renuncia) 23/01/74
Córdoba - Ricardo Obregón Cano-Hipólito Atilio López (2) 02/03/74
Mendoza - Alberto Martínez Baca junio de 1974 (juicio político y posterior destitución por la Legislatura).
Mendoza - Carlos Mendoza 03/08/74 Intervención por ley del 13/08/74
Santa Cruz - Jorge Cepernic 07/10/74
Salta - Miguel Ragone 23/11/74 (decreto de intervención firmado por el Ministro del Interior, Alberto Rocamora)
Misiones - Luis Ángel Ripoll 21/01/75

(1) Decreto de Italo Luder que designó interinamente en el gobierno provincial al Comandante del III Cuerpo de Ejército, General Luciano Benjamín Menéndez, 19 de septiembre de 1975.
(2) En Córdoba fueron derrocados tanto el gobernador como el vicegobernador. Posteriormente el vicegobernador fue asesinado por la Triple A.

Gisela Candarle  |  www.fundacionbicentenario.org

La provocación patronal correrá a cargo de la FETAP (empresarios del transporte) que, negándose a aceptar el aumento salarial acordado, a partir del 19 de febrero inicia un lock-out patronal abierto: “de los aproximadamente 900 ómnibus que cubren sus recorridos habitualmente unos 350 habían cesado de andar”5
En un clima completamente enrarecido el jefe de policía Navarro es acusado públicamente de mantener “reuniones clandestinas para conspirar contra la continuidad institucional de la provincia”. En estas reuniones con la derecha peronista y las 62 organizaciones se preparó el golpe del día 28.

El levantamiento

El día 27/02 el Gobierno comunica a Navarro su separación de la conducción de la Policía. Pocas horas después las fuerzas policiales se amotinan en el Cabildo. Señala La Voz “la gente no podía pasar hacia la Plaza San Martín. Todas las vías estaban cortadas. Policías con ropa de fajina y cascos de acero, lucían armas largas impidiendo la circulación de peatones”6
Por la noche se toma la Casa de Gobierno, deteniendo a Obregón Cano, López y varios funcionarios más. Esa madrugada se llevarán a cabo ataques con bombas contra La Voz del Interior, la casa del gobernador y su ministro de gobierno, entre otros. Grupos parapoliciales coparán las principales radios de la ciudad para transmitir en apoyo a Navarro. En los dos días siguientes serán detenidos más de 80 personas y se producirán decenas de allanamientos ilegales. El rol golpista de la FETAP será evidente: los colectivos, ausentes durante días en las calles, serán parte de las barricadas montadas por los grupos parapoliciales.
Se combinarán tres elementos para consolidar el golpe: en primer lugar, el accionar de las bandas paramilitares y la policía; en segundo lugar, la actuación del gobierno nacional, impulsando abiertamente un proyecto de intervención de la provincia (de esta forma Perón legalizaba el golpe de Navarro). Finalmente los empresarios y la burocracia de las 62 organizaciones actuarán en común para impedir una respuesta del movimiento obrero. El lock-out patronal se generaliza y las 62 organizaciones convocan a un paro por tiempo indeterminado en “adhesión a la valiente y patriótica actitud tomada por el peronismo de Córdoba en apoyo a su Policía”. De esta forma, hasta el 5 de marzo, la ciudad se halló virtualmente paralizada. Esto debilitó fuertemente a la clase obrera, al impedirle concentrarse en sus lugares de trabajo para dar una respuesta contundente al levantamiento policial.

Algunas conclusiones y un debate

El golpe fue abiertamente impulsado por Perón y el gobierno nacional. Tal es así que el mismo día se realizaba en Alta Gracia7 el Congreso “Normalizador” de la CGT, con la presencia de Otero, Ministro de Trabajo de la Nación.
¿Qué se proponía este golpe? En primer lugar, establecer un mayor control sobre el conjunto del movimiento obrero y en particular derrotar a sus sectores de vanguardia. El movimiento obrero se hallaba escindido en Córdoba entre ortodoxos, legalistas, independientes y clasistas. Los tres últimos sectores, opositores al Pacto Social, controlaban gremios de peso estratégico: la UTA, Luz y Fuerza y SMATA, entre otros. En el resto del país los gremios más poderosos se hallaban en manos de la rama ortodoxa.
En segundo lugar, se trataba de apropiarse del aparato del Estado para utilizarlo abiertamente contra la clase obrera y los sectores populares que enfrentaban crecientemente el Pacto Social y el conjunto de la política del gobierno de Perón. No era sólo una disputa de poder en el seno del peronismo, como lo presentó en ese momento la UCR o como lo señalan hoy algunos intelectuales8, sino que se buscaba controlar el Estado para desatar una persecución abierta contra la clase obrera. Esto se continuaría y acentuaría luego bajo las intervenciones federales, en particular la de Lacabanne.
En tercer lugar, Córdoba tenía un enorme peso dentro de la política nacional, no sólo por su tradición de lucha reciente, sino por albergar a algunos de los dirigentes más importantes del movimiento obrero, como Tosco o Salamanca. “Imponer orden” en Córdoba, tenía entonces una enorme repercusión nacional9.
Ante esta ofensiva, la respuesta del movimiento obrero combativo aparece completamente impotente10. En una entrevista realizada a Tosco, dirigente de Luz y Fuerza, se podía leer lo siguiente:
“Pregunta: ¿Y cómo es que no se ha producido ninguna reacción de tipo masivo?
Tosco: Se están haciendo actos relámpagos, algunas asambleas de fábrica, etc. (…), pero hay una relación de fuerzas básica que está dada por el teniente coronel Navarro y su policía con las armas en la mano. Centenares de fascistas armados y entrenados bajo la conducción de organismos policiales y parapoliciales”11
¿Como podía ocurrir esto en la ciudad del Cordobazo y el Viborazo, donde la clase obrera junto al movimiento estudiantil y el pueblo había logrado derrotar a las fuerzas policiales?
La falta de una respuesta masiva se explica, en primer lugar, por la confianza que suscitaba Perón todavía en las grandes masas. Fue por ello que los golpistas enarbolaron la bandera del “auténtico peronismo”. Esto les garantizaba, sino el apoyo, por lo menos la pasividad de sectores amplios del movimiento obrero frente al golpe.
La experiencia de sectores más amplios de las masas con el peronismo en el poder era frenada a cada paso por Montoneros y la JTP, que se negaban a enfrentar el Pacto Social y a denunciar abiertamente a Perón. Por el contrario mantenían una política de presión sobre el viejo caudillo12. Fue por eso que no impulsaron ninguna respuesta a un golpe claramente orquestado por el mismo Perón.
A esta política se adaptaron los dirigentes del sector combativo del movimiento obrero. Tal es así que el 5 de Febrero el MSC13 criticaba las modificaciones de la Ley de Asociaciones Profesionales y la reforma al Código penal, pero “no se colocaba en una línea de oposición total al presidente Perón, sino a sus sectores burocráticos y de derecha”.
Esta política debilitó a la vanguardia, que se encontró impotente para movilizar a las masas frente al golpe. Las organizaciones obreras se limitaron a declaraciones de repudio y a un paro de 24 horas que no tuvo ninguna incidencia en la situación, al mismo tiempo que se preparaba “un paro provincial con fecha a determinar” que nunca se realizó. Junto a esto ninguna de estas organizaciones llamó al conjunto de la vanguardia nacional a movilizarse para enfrentar este golpe.
Para quienes hoy quieren eximir de culpa a Perón por los asesinatos de la Triple A, las enseñanzas del Navarrazo muestran qué rol cumplió cuando se trató de liquidar a la vanguardia obrera y popular que se oponía a su política. Para los trabajadores que hoy salen a luchar es necesario conocer y profundizar en el estudio de esos convulsivos años para preparase para los futuros combates de clase.

NOTAS
1 Obregón Cano se hallaba ligado a los sectores de izquierda peronista y López era Secretario General de la UTA.
2 Pocos días después, Raymundo Ongaro, dirigente gráfico, señalaría que se trató de un verdadero “Anti-Cordobazo”.
3 Los gobernadores de Salta, San Luis y Mendoza eran Miguel Ragone, Elías Adre y Martínez Baca. Todos habían sido apoyados por el ala izquierda del peronismo, al igual que Obregón Cano. La Voz del Interior, 05/02/74 y 06/02/74.
4 Comunicado de Prensa. Ministerio del Interior, 12/02/74.
5 La Voz, 20/02/74
6 La Voz, 28/02/74
7 Es decir, a no más de 25 Km. de Córdoba capital.
8 Tal es la postura desarrollada por Alicia Servetto en el libro De la Córdoba combativa a la Córdoba militarizada, donde señala que “La crisis provincial de marzo de 1974 debe leerse (…) fundamentalmente como resultado de las contradicciones internas del peronismo (…) predominó la disputa por la ampliación de los espacios de poder entre los distintos sectores y las instituciones del Estado fueron instaladas como arena de la lucha política”. Op. cit. Pág. 109.
9 Como señala James Brennan “Perón sabía que el éxito de la campaña verticalista dependía de Córdoba. El reestablecimiento de la autoridad de la CGT central era necesario tanto para controlar la expansión de la militancia obrera a todo el país como para asegurar el éxito del Pacto Social (…) sólo Córdoba era capaz de aprovechar la oposición de la clase obrera al programa y darle la forma de un movimiento de importancia nacional”. El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba 1955-1976.Ed. Sudamericana. Pág. 319
10 Así como la respuesta del mismo Obregón Cano, que se negó a llamar a la población en su apoyo para luego renunciar a su cargo, llamando a “la pacificación”. Una actitud similar a la tomada por Perón en el 55’.
11 La Voz, 13/03/74.
12 Esta política de presión sobre Perón se mantuvo incluso hasta el 1º de Mayo del ’74, como señala Julio Godio: “Los Montoneros continuaban con su política de “romper el cerco” que supuestamente rodeaba a Perón”. Perón. Regreso, muerte y soledad. Ed. Hyspamérica. Pág.193. Inclusive el balance presentado después de haber sido echados de Plaza de Mayo señala “no le regalaremos el peronismo a los burócratas (…) la esencia revolucionaria del peronismo es el pueblo movilizado y participando en la decisiones de su gobierno y su movimiento. Y nosotros seguimos reafirmando que por eso somos peronistas”. La Voluntad. Tomo II. Ed. Norma. Pág. 315.
13 Movimiento Sindical Combativo, centralmente integrado por Luz y Fuerza y el SMATA.

Fuente: www.pts.org.ar/spip.php?article6347


Carta a los compañeros trabajadores

Carta que difundió René Salamanca, secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, SMATA, seccional Córdoba, a partir de su recuperación por el Movimiento de Recuperación Sindical (MRS-Lista Marrón) integrado por agrupaciones clasistas y combativas en mayo de 1972. Reelegido a su conducción en mayo de 1974, Salamanca fue secuestrado y desaparecido por un grupo de tareas golpista en la noche del 23 de marzo de 1976, horas antes del golpe de Estado

Carta a los compañeros trabajadores

Tareas de la clase obrera para frenar el golpe y profundizar la liberación

Octubre de 1975

Los obreros argentinos no podemos reflexionar hoy fuera de un marco concreto: la patria está en peligro; como en todas las horas decisivas (como en el 30, el 45, el 55, el 66 y el 69) tenemos frente a nosotros dos opciones. O se profundiza la dependencia del imperialismo, el poder de los monopolios y los terratenientes y la superexplotación popular, o se profundiza la liberación, la marcha revolucionaria del pueblo con los trabajadores a la cabeza. El primer camino es el camino del golpe contra el gobierno peronista de la señora Presidente, golpe que puede ser proyanqui o prorruso, porque las dos superpotencias conspiran y buscan someternos. El segundo camino es el de la lucha antigolpista, para aplastar a los conspiradores y avanzar a fondo en las tareas de la liberación y la unidad de los patriotas. Yo creo que ésta es, en la actualidad, la gran misión histórica que tenemos por delante los obreros. Y también digo que, derrotados parcialmente los yanquis que encabezaba Onganía por las luchas populares nacidas con el Cordobazo, son hoy los sectores prorrusos los principales conspiradores, quienes desarrollan el plan golpista que está en curso. Terratenientes como Lanusse, grandes burgueses testaferros como Broner y Gelbard, traidores como Luder, milicos gorilas como Anaya y Massera, y jerarcas como Miguel, Herreras y Rodríguez son los principales eslabones de esa conspiración que trata de reemplazar el amo yanqui por la URSS, donde desde 1956 han enterrado las banderas de Lenin y el proletariado para restaurar el capitalismo. Por su parte, la señora Presidente tiene clara la cuestión de las dos superpotencias, pero no enfrenta el golpe con profundidad, concilia en el plan Rodrigo con monopolios y terratenientes, y no se apoya en el auténtico patriotismo de las grandes masas. Por eso la han ido rodeando, por eso alientan los golpistas su relevo y la integración después de un gobierno “cívico-militar”. Pero yo creo que serán derrotados, que el movimiento obrero de mi país va a estar a la altura de su tarea histórica, y es en ese sentido que como aporte deseo revisar y trasmitir mi propia experiencia, la del SMATA cordobés.

Política de los sectores prorrusos en el movimiento obrero

Los sectores prorrusos, que favorecen la entrega de la patria al socialimperialismo de la URSS, trabajan en el proletariado por medio de dos grandes corrientes revisionistas: la PC, y por otro lado el trotskismo en sus dos vertientes, la ortodoxa y el terrorismo, que hacen un doble trabajo de política y de reclutamiento para las acciones directas. De todos modos, el eje fundamental es sembrar el apoliticismo; éste constituye una línea de la burguesía en el movimiento obrero, difundida en su época por los anarco-sindicalistas, por el sindicalismo amarillo y, en cierto modo, también por los socialistas. En tanto que en el peronismo este rasgo se da, pero contradictoriamente; desde un ángulo se lo estimuló con la conciliación de clase (por ejemplo la consigna: “Del trabajo a casa y de la casa al trabajo”), pero desde otro su carácter antiimperialista y las necesidades políticas obligaron al peronismo a politizar las luchas de los trabajadores en momentos claves, como en 1945 o en los años de la resistencia.
Los prosoviéticos, como burgueses que son, tratan de aprovechar esos factores. Su objetivo es diluir la lucha política independiente del proletariado, sembrando la conciencia economista y aprovechando si pueden las justas luchas económicas para su política por arriba. Un ejemplo reciente es que, mientras los trabajadores luchaban por la homologación de los convenios, la trenza de jerarcas montaba el dispositivo golpista impulsando la asunción de Luder en el Senado, preparando así el “golpe constitucional” contra la señora Presidente. En los sindicatos, con el pretexto de la “unidad” de toda la masa, proponen el “no hacer política”, fomentando el sindicalismo y el economicismo.
En sus variantes trotskistas más incendiarias e “izquierdistas”, empujan como principio la idea de lucha, lucha y lucha por las reivindicaciones, sin enmarcarlo en lo político. Para ver aquí otro ejemplo notable, recuerdo que en Grandes Motores Diesel ocuparon en junio la planta por 72 horas con motivo de las paritarias, pero en política ante el ingenuo asombro de los activistas trotskistas el conflicto fue capitalizado por Armentano y Lacabanne, como punta de lanza de la movilización de la CGT en Buenos Aires. Eso ocurre cuando una dirección sólo impulsa la lucha económica, que en definitiva puede ser capitalizada por cualquiera. Así, en estos casos las aprovecharon los prorrusos, pero también puede favorecer a los yanquis; el conflicto económico planteado en la mina El Teniente, en Chile, sirvió para la acumulación del golpismo proyanqui, que desembocó en la dictadura asesina de Pinochet. La falsa unidad, la absolutización de lo económico y, a la vez, la minimización de la política son rasgos generales del “clasismo” que ellos definen. En Villa Constitución practicaron el economismo progolpista, buscando también empalmar los hechos terroristas con el movimiento de masas; el peligro de la preponderancia de esas ideas yo lo expresé a los cuerpos orgánicos de esas fábricas, y al propio Piccinini , en varias discusiones durante 1974. En el caso de Sitrac-Sitram , también observamos un ejemplo de instrumentación, cuando la justa lucha contra la dictadura proyanqui , en el Viborazo, terminó con el recambio palaciego de Lanusse. En esta experiencia, luego, se cayó en un economismo desenfrenado y en una política proterrorista que condujo a su liquidación; los voceros de algunos grupos armados decían: “Trescientos despidos, no importa, son trescientos nuevos guerrilleros”. Así el terrorismo, con su línea aventurera e instrumentable desde arriba, destruye la posibilidad de acumulación del movimiento obrero, y en este plano liquida todo lo que toca. En nuestro SMATA lo vimos actuar con las mismas intenciones, contribuyendo con los asesinatos de Goya y Swuin al plan general prosoviético de rodearnos y desplazarnos. Pero el hecho de que entre nosotros nunca fueron hegemónicos lo señala que hoy el SMATA sea un bastión antigolpista, mientras donde ellos desgraciadamente dirigieron no han dejado nada, sólo ideas negativas para los trabajadores.

Tácticas en el SMATA cordobés

En el SMATA Córdoba la política prorrusa trabajó con dos tácticas sucesivas. En la primer [comisión] directiva, de mayo de 1972 a mayo de 1974, buscaron hacer una dirección gremial sindicalista, sin definiciones políticas e invocando la unidad. Su ambición entonces era convertir al SMATA en un gremio sin perfil, segundón de Luz y Fuerza. En la segunda directiva, batida el ala PC que como partido apoyó a la Lista Naranja  fue dejada el ala trotskista, con la que trataron de dividir a la masa y aislarnos a nosotros. En ese sentido produjeron varios hechos:
• En el “navarrazo” empujaron la expulsión de los delegados peronistas del Cuerpo de Delegados, acusándolos de “fascistas”. Su objetivo era crear la falsa división “fascismo-antifascismo” o, con más precisión, “peronismo-antiperonismo”, dentro de la más tradicional línea gorila. Pero este intento fue desmantelado por nosotros.
• En la integración de la Lista Marrón de 1974 hicieron lo imposible por sectarizarla e impedir la inclusión de compañeros peronistas, pese a nuestra batalla por compartir responsabilidades con compañeros peronistas y radicales.
• Durante la campaña electoral, y sobre todo después del triunfo de mayo del ’74, se continuó estimulando la división de la masa. El 11 de mayo, cuando se anunciaron los resultados del escrutinio en Luz y Fuerza, Nájera, de Vanguardia Comunista, y Palacios de la junta electoral, se lamentaron señalando que se había ganado por 1.000 votos, pero que en el SMATA quedaban “3.000 fachos”. Yo dije que quedaban 3.000 compañeros peronistas que habían votado a la Lista Gris, y con quienes debíamos soldar la unidad. Por su parte, poco después el trotskismo con pasividad nuestra evaluó equivocadamente que los cuatro mil votos marrones eran votos “contra Perón”. Y empujó a nivel de activo los reproches de los marrones a los compañeros peronistas, introduciendo concretos gérmenes de división.

El verdadero clasismo

Habiendo conocido, convivido y luchado contra estas corrientes a veces no con la política más justa afirmo que el verdadero clasismo impone que los obreros dirijan la lucha por la revolución nacional y democrática, en marcha hacia el socialismo. El verdadero clasismo no diluye la política detrás de la “unidad” ni de las “reivindicaciones”; pelea en cambio por los objetivos concretos del proletariado a la cabeza del combate por la liberación. El verdadero clasismo pone la política antigolpista, antiimperialista y patriótica al mando, y bate sin cuartel al revisionismo sindicalista y economista. El verdadero clasismo reitera hoy la necesidad de recuperar los cuerpos de delegados, las comisiones internas y los sindicatos, desde la lucha antigolpista en concreto, desde la derrota de los jerarcas y los divisionistas prorrusos, en el camino de profundizar la liberación, de acaudillar a todo el pueblo contra las superpotencias y sus cómplices, terratenientes, monopolios, jerarcas y poderosos. El verdadero clasismo acentúa la bandera de la recuperación, pero con la política al mando, con el objeto de derrotar al golpe. Así los traidores serán barridos, así vertebraremos movimientos de recuperación sindical de masas y no de activo como quieren los prorrusos. Así construiremos el frente único en la clase obrera, aglutinando desde las definiciones patrióticas y antigolpistas a peronistas, radicales, comunistas, socialistas, patriotas, y desde allí el proletariado avanzará a articular el frente único popular contra el golpe y las superpotencias.
Toda lucha reivindicativa tiene que estar impregnada de política a fondo. La política permite no confundir al enemigo principal, siendo hoy los rasgos generales de un marco político la lucha antigolpista y las diez medidas y cinco reclamos propuestos por el Partido Comunista Revolucionario, entre lo cual figura la nacionalización de los monopolios yanquis y golpistas, la confiscación de las tierras de los terratenientes, la nacionalización del comercio exterior y la banca y, entre otros aspectos, dar tierras y créditos a los compañeros del campo.

El conflicto de 1974

Quiero ser claro en una idea: los responsables directos, los que nos vieron como enemigo irreconciliable y provocaron nuestro desplazamiento en la conducción sindical del SMATA Córdoba, fueron los sectores prorrusos. Usaron contra los obreros mecánicos, y hay que subrayarlo, buena parte de los resortes de poder que tienen acumulados en la Argentina. Desde el punto de vista agresivo actuaron muchos que en el ’66 aplaudieron a Onganía y hoy están en el golpe contra Isabel; así Otero desde el Ministerio de Trabajo, Rodríguez desde el SMATA nacional y Miguel desde las 62 Organizaciones. Las empresas se plegaron al juego que les dictaba Gelbard, el testaferro de ALUAR, y hasta se usó a funcionarios de segunda línea, como el juez Hairabedián, un empleado de Brunello y de otros oscuros personajes.
Sin embargo, hubo una maniobra mucho más aviesa y peligrosa para el movimiento obrero que como en parte lo hemos explicado consistía en rodear al SMATA, en usar por un lado al trotskismo desde adentro, y al aparato de Tosco y Firmenich desde la periferia de esa dirección para aislarla de la masa peronista. La táctica de los prorrusos era, como dije, sembrar falsas polarizaciones. Y en ese sentido tuvieron éxito, tanto que el 24 de septiembre [de 1974], en la famosa asamblea de Santa Isabel, un sector mayoritario de la masa mecánica resolvió aceptar la reivindicación salarial y hacer un compás de espera en lo referente al avasallamiento de su conducción por Otero-Miguel-Rodríguez. ¿Esto pasó por desgaste, por agotamiento económico o por política? Yo digo que, fundamentalmente, pasó por razones políticas; la gente nos vio en realidad cercados y pensó: “Seguramente Salamanca también está en la joda”. Nosotros no fuimos claros ni a fondo, no le hablamos a la masa en términos políticos precisos, y entonces la masa nos vio dentro del golpe, como a Firmenich y Tosco, nos vio contra el gobierno peronista. Entonces los mecánicos, oponiendo a la situación su política patriótica, antigolpista, prefirieron esperar y no luchar por su dirección.
Por dificultades objetivas (es decir, por el cerco que iba desde el ministro prorruso Gelbard, a Otero, Rodríguez, Miguel, Brunello, Tosco, etc.), y por el peso en nosotros de ideas revisionistas, no fuimos a fondo, no pusimos la política al mando. Los términos de unidad de los mecánicos cordobeses comienzan a restablecerse desde el 26 de diciembre de 1974, cuando entra a las plantas una carta mía donde se define la lucha contra el golpe proyanqui o prorruso, y la defensa del gobierno peronista de Isabel Perón contra la conspiración de los dos imperialismos. Entonces, en base a la política, por un lado se nuclea lo patriótico antigolpista que es realmente la masa, y por otro los sectores minoritarios prorrusos y propatronales. Eso abre ahora el camino de la recuperación, aunque haya dificultades no superadas que todavía no permitieron esa meta y la libertad de nuestros presos. Empero, el ejemplo primero de Perdriel, luego repetido masivamente en Santa Isabel , en que se toma a fondo la idea antigolpista y el concepto de que los platos rotos los paguen los yanquis y los terratenientes, indican un modelo de la política al mando, de combinación de lo reivindicativo con lo político hacia la profundización del camino liberador, y de que así y sólo así se bate a los golpistas que pretenden montarse en las luchas del proletariado.

Peronistas y comunistas revolucionarios

¿Qué está pasando en el movimiento obrero argentino hoy, qué perspectivas se abren para el futuro? Lo cierto es que el general Perón dejó corporizadas en los trabajadores un conjunto de ideas, que forman parte de su conciencia política y de las banderas del justicialismo. El valor de las reivindicaciones, la amenaza de la antipatria imperialista, de las dos superpotencias y nuestra pertenencia a los pueblos del Tercer Mundo, son algunos de esos elementos. Yo no creo como los aventureros prosoviéticos en la “desperonización”; los compañeros peronistas no van a dejar de serlo para convertirse en “miguelistas”, “herreristas” o “camporistas”, y su dirección natural, quien continúa y representa a Perón es la señora Presidente. Yo creo que los compañeros son peronistas por un proceso profundo, que respetamos, pero también sé que la necesidad del combate contra el imperialismo y el golpe, de profundizar la liberación, conllevan otros conceptos: la dirección del proletariado en ese proceso, la necesidad de aplastar al enemigo con el pueblo en armas, la articulación del frente único popular contra el enemigo principal, la existencia de un fuerte y gran Partido que desarrolle esa política. La necesidad histórica de estos rasgos para triunfar, llevará a los trabajadores a la negación crítica de su experiencia anterior para avanzar a un nivel superior: el marxismo-leninismo. Y nosotros, los marxistas-leninistas, comunistas revolucionarios, empalmamos con esa corriente negando y superando en los esencial las ideas y prácticas revisionistas, aplicando así el marxismo-leninismo a la realidad de nuestro país. Así luchamos por el fin de la dependencia, por la revolución democrática y nacional, y nos unimos a los compañeros peronistas y los demás patriotas contra el golpe de las superpotencias.

Esto tiene un destino ancho, y puedo asegurar que muchas de las conclusiones que he expuesto de nuestra experiencia en el SMATA cordobés no han sido de fácil resolución; a la luz de la vida y la política hemos pensado nuestra práctica y hoy lo escribimos, con la convicción de que ha de ser útil para el movimiento obrero. Porque reitero: tenemos por delante dos caminos. Yo sostengo que al golpe se lo puede derrotar, que nuestras tareas históricas los obreros las vamos a cumplir, que el pueblo argentino no quiere ser ni Chile ni Checoslovaquia , que yanquis y rusos serán aplastados, que a los trabajadores no nos desarmarán ni desmovilizarán los que quieren montarse en nuestras reivindicaciones y nuestro patriotismo. Finalmente, a los compañeros de Córdoba con los que deseo volver a reunirme, como en las horas más gloriosas y al lado de nuestros queridos presos, y a los compañeros del país a quienes llegue mi mensaje envío un fuerte abrazo. Y con fe en el futuro, en la patria y en la clase obrera reafirmo una consigna: sépanlo traidores, asesinos a sueldo del imperialismo, enemigos del pueblo, aunque nos cueste sangre, OTRO ‘55 NO PASARÁ.

NOTAS
1 Julio Broner: presidente de la Confederación General Económica (CGE). José Ber Gelbard: anterior presidente de la Confederación General Económica, luego ministro de Economía desde mayo de 1973 hasta octubre de 1974, durante las presidencias de Cámpora, Perón e Isabel Perón. Italo Luder: dirigente del Partido Justicialista, promovido por los golpistas a presidente de la Cámara de Senadores para quedar así en la “línea de sucesión” presidencial. Leandro Anaya: Comandante en Jefe del Ejército tras el desplazamiento de Jorge Carcagno por Perón. Emilio E. Massera: Comandante en Jefe de la Armada, luego miembro de la Junta Militar de la Dictadura. Lorenzo Miguel: sindicalista del gremio metalúrgico y jefe de las “62 Organizaciones”, nucleamiento de los principales sindicatos peronistas. Casildo Herreras: sindicalista del gremio textil y secretario general de la CGT tras el asesinato de José I. Rucci, hombre de Perón, en setiembre de 1974. José Rodríguez: secretario general del SMATA nacional, responsable de la intervención a la seccional Córdoba de ese sindicato contra la conducción que lideraba Salamanca, paralelamente a la orden de captura dictada contra éste que lo obligó a enviar esta carta desde la clandestinidad.
2 En junio de 1975. El 27 de junio la dirección golpista de la CGT y diversos sectores políticos golpistas usaron el descontento popular contra el plan de ajuste de Celestino Rodrigo y las justas reivindicaciones salariales de la clase obrera para organizar una gran concentración en Plaza de Mayo y, centrando en la figura del reaccionario ministro José López Rega, debilitar al gobierno de Isabel. Con el mismo objetivo impulsaron una oleada de huelgas en junio y julio.
3 Alberto Piccinini, dirigente metalúrgico de Villa Constitución.
4 Sindicatos de Trabajadores de las empresas Fiat-Concord y Fiat-Materfer, de Córdoba, donde se constituyeron en 1970 los primeros sindicatos clasistas de fábrica.
5 Se refiere al “turno” dictatorial de Levingston, en marzo de 1971.
6 Contra la Lista Marrón que lideró Salamanca.
7 “Navarrazo”: golpe policial que destituyó, en marzo de 1974, al gobierno provincial de Córdoba encabezado por Ricardo Obregón Cano cercano a los Montoneros y el sindicalista Atilio López.
8 Ricardo Otero, dirigente del gremio metalúrgico (UOM) designado por Cámpora ministro de Trabajo.
9 Duilio Brunello, presidente del PJ, empresario cordobés subordinado políticamente a Gelbard.
10 Agustín Tosco, dirigente del gremio cordobés de Luz y Fuerza y de la CGT “combativa” provincial. Mario E. Firmenich, dirigente máximo de los Montoneros.
11 Plantas automotrices del gran Córdoba.

Descargar Cartas de René Salamanca (doc)


"Se debate Argentina en la descomposición social"

Comunicado del Partido Peronista Auténtico en México en diciembre de 1975

Por Albino Moctezuma

Periódico "El Día", México, Miércoles 10 de Diciembre de 1975.-

Cuatro destacados argentinos asilados en México, tras exponer el panorama general que vive su país, revelaron que el imperialismo norteamericano ha desatado en Argentina una guerra total contra todo lo que sea movimiento organizado; "hay una situación de descomposición social".

Los doctores Rodolfo Puiggrós (colaborador de este diario), Raúl Laguzzi (a quien la Triple A en un atentado le mató a su pequeño hijo), -ambos ex rectores de la Universidad de Buenos Aires- Ricardo Obregón Cano y el licenciado Julio Suárez (representante para América Latina del Partido Peronista Auténtico, dieron una conferencia de prensa ayer para hablar de la formación del nuevo partido peronista y del presente y futuro de Argentina.

El doctor Puiggrós comenzó por decir que la violencia en su patria no fue desatada por el peronismo, "sino contra el peronismo".

Asimismo denunció que la Triple A (grupo terrorista de derecha) es protegida por la minoría que usurpó el poder, a cuyo frente se encuentra Isabel Martínez, y que asesina diariamente a 5 o 10 de los hombres de la corriente progresista, principalmente a los jóvenes.

Informó que hasta septiembre de este años, ese grupo llevaba dos mil crímenes, para asentar ante la violencia no hay otro recurso que oponer la violencia.

Puiggrós delató también la complicidad del actual gobierno argentino con sus vecinos y similares dictaduras de Chile, Bolivia, Uruguay, Paraguay y Brasil, y relató que entre todas ellas se han sellado pactos y la Argentina hasta ha entregado asilados políticos a Chile y Uruguay.

También dijo que existe una campaña, en la que son cómplices los grandes diarios, contra el Tercer Mundo y contra la política del gobierno del presidente Echeverria. Manifestó que los efectos de esa campaña se reflejaron en el atentado al consulado de México en su país, anteayer.

Más adelante, al hablar del recientemente constituído Partido Peronista Auténtico -el 16 de noviembre pasado- expresó que desea la unidad nacional. "No estamos por la violencia, pero tampoco pondremos la otra mejilla si nos golpean una."

Queremos, puntualizó, el orden social, pero no el de los monopolios, sino el de las grandes masas de trabajadores, porque ellas quieren un auténtico gobierno peronista, aspiran al socialismo nacional que surja de la realidad argentina.

El doctor Laguzzi, por su parte, denunció que algunos de los dirigentes del PPA han sido encarcelados y que son: el presidente Oscar Bidegain, Antonio Lombardice, Hugo Vaca Narvaja y la señora Medina de Peña, asimismo abogó por la libertad del ex rector interino de la Universidad de Buenos Aires, Ernesto Villanueva, sentenciado a seis años de prisión.

Julio Suárez en su intervención redondeó un poco más la situación de su país. Manifestó que la lucha del pueblo contra esta dictadura se lleva a cabo en todos los planos, desde la armada hasta la exigencia de los comités de fábrica por implantar la cogestión y la autogestión.

De los Montoneros -grupo guerrillero de la izquierda peronista- manifestó que están llevando toda su lucha en el plano de la guerra abierta contra la ocupación y que no es un simple movimiento de muchachos armados, sino que tiene su base en las masas.

Por su lado, el doctor Ricardo Obregón Cano, antes de dar a conocer los puntos sustanciales del programa del PPA, indicó que es posible que en los próximos meses se presente una gran manifestación en Argentina de todos los miembros del partido, pero no por demandas salariales, esta vez será para pedir un gobierno auténticamente popular.

Los puntos del programa basado en el peronismo son: 1.- Levantamiento del Estado de Sitio; 2.- Derogación de la legislación represiva; 3.- Libertad a todos los presos políticos; 4.- Libertad de prensa e información y levantamiento de las medidas que dispusieron la clausura de diarios y revistas; 5.- Libertad de acción política; 6.- Investigación de las tres A y procesamiento de sus integrantes; 7.- Extradición y procesamiento de José López Rega; 8.- Investigación y procesamiento de los delincuentes económicos; 9.- Democratización sindical y amnistía general en todas las organizaciones sindicales y 10.- Constitución del Frente de Liberación Nacional que enfrente al imperialismo.

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