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| La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y al norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado. Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó con el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo. |

La batalla de La Vuelta de Obligado,
obra de Rodolfo Campodónico
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La
vuelta de obligado, Rosas y la lucha contra el imperialismo ingles
El otro día leía unas letras que decían que esos cañonazos de la Vuelta
de Obligado se vienen sucediendo a lo largo de la historia, en esta
división de los que amamos y queremos a nuestro país y de los que muchas
veces, sin darse cuenta o dándose cuenta, se convierten en serviles
y funcionales a los intereses foráneos.
La valentía de esos hombres, la decisión de Rosas, la del general Mansilla,
soldado con honor que al frente de sus tropas comandó la batería de
la Vuelta de Obligado, tenía la tarea, sabía que no podía impedirlo
por la superioridad numérica, militar y de todo tipo que traía el invasor,
que había que debilitar a los buques mercantes, por eso las cadenas.
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Himno a la Batalla de la Vuelta de Obligado. Música: Walter Larroquet. Letra: Marta Pizzo. Voz: Daniel Argañaraz. Grabado a través de la Municipalidad de La Matanza, Prov. de Bs As. Gobernación Fernando Espinoza. Noviembre 2012 |
Y mientras no podían pasar
eran atacados de las costas en una verdadera guerra de guerrillas que
se dio aquí, río arriba y luego cuando volvieron tuvieron que rendirse,
tuvieron que saludar al pabellón nacional con 21 cañonazos pese a que
eran muy superiores en tecnología y en armamento.
Pero se enfrentaron con militares y pueblo unidos en un solo fúsil,
en un solo cañón que los enfrentó.
También quiero hacer mención
y homenajear a las mujeres, porque aquí también pelearon mujeres, mujeres
de San Pedro y mujeres de San Nicolás. No quiero olvidarme de María
y Josefa Ruíz Moreno; no quiero olvidarme de Rudecinda Porcel, de Carolina
Núñez, de Francisca Navarro, de Faustina Pereyra, todas comandadas por
Petrona Simonino.
Seguramente deben tener algún nombre esas calles, Intendentes, tanto
para usted como para el de San Nicolás y si no los tienen es bueno que
vayan pensando en ponerles el nombre de estas mujeres los intendentes
y los concejales, por favor.
Tantas calles, tantas plazas, tantas avenidas con el nombre de tantos
argentinos que no supieron servir a su país, bien merecen estas mujeres
el nombre de alguna plaza o de alguna calle.
Yo quiero hoy aquí rendir homenaje y reconocimiento a esos hombres y
a esas mujeres.
Siempre me pregunto y siempre me preguntaré: ¿Por qué en la escuela
siempre nos han enseñado con muchísimo detalle cada una de las batallas,
cada una de las campañas en las que nos permitieron liberarnos del yugo
español y, sin embargo, se ocultó deliberadamente durante dos siglos
todas las luchas que se dieron contra otros colonialismos que aún subsisten
como, por ejemplo, en nuestras Islas Malvinas?
Creo que no es casualidad, creo que lo que quieren es convencernos que es imposible luchar o mantener la dignidad nacional.
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Por eso yo creo que el mejor homenaje que podemos hacer a estos hombres y mujeres en el Bicentenario, a los 165 años de aquella gesta maravillosa, es, precisamente, entender la necesidad de la unidad nacional.
No como un objetivo declarativo,
sino como un instrumento para lograr definitivamente la construcción
de una gran nación como soñaron Rosas, San Martín, Belgrano, Moreno,
Castelli, Monteagudo, todos los hombres y todas las mujeres que lucharon
por esos ideales.
Él también, sí, él también, él y muchísimos más, más anónimos, menos
reconocidos, tal vez, él representándolos, pero tantos argentinos que
han dado sus vidas para vivir en una sociedad más justa, más libre,
más igualitaria, más democrática, más de todos.
Este monumento es para todos los argentinos y es de todos los argentinos.
Yo quiero saludar desde aquí a los más de 40 millones de compatriotas
y convocarlos a nuevas gestas, que no va a ser necesario emplazar cadenas
en el río ni cañones; será necesario despojar nuestras cabezas de las
cadenas culturales que durante tanto tiempo nos han metido.
Son más fuertes, más invisibles, más dañinas, más profundas que los
cañonazos.
Porque muchas veces nos hacen ver las cosas no con el cristal de la
Patria, sino con el cristal de los intereses de otros.
Por eso, quiero saludarlos a todos en este 20 de noviembre, que sea
símbolo de unidad nacional, pero también de dignidad y soberanía para
defender a la patria.
¡Viva la Patria!"
APLAUSOS
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Por
qué el 20 de noviembre es el día de la soberanía
Por José María Rosa
El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de
uno de los presentes. François Guizot, primer ministro de Luis Felipe,
rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores
a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia.
De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible
colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.
Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley,
que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr, De Lurde hasta
entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante
Mackau ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue
a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director
general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial
de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.
Los Antecedentes de la Intervención
Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento
de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero – que sembró
la guerra civil – a la Confederación Argentina gobernada por un hombre
del carácter férreo de Rosas.
Hacia 1842 la política de la entente cordiale de Inglaterra y Francia
hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas
las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños
países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados
en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios –
libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables
– de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de
la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa,
desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de
los mares – es decir: su libre navegación – a los ríos interiores argentinos,
y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina
que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo
y extenso virreinato del Plata.
De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis.
En febrero de 1843 esperábase
por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville
y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843
no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de
quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.(1)
La misión del argentino Florencio Varela
De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.
Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa
de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica
en el Plata.
Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al
Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas
– lo decían las instrucciones – con la libertad absoluta de comercio
y la libre navegación de los ríos. (2)
Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización",
la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos
de barbarie que convenía atribuir a Rosas.
El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres,
recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara
en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.(3)
Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión
no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían
a Londres a los fines de su misión.
Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino.
No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse
con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio
"la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.
Le contestará fríamente
que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo
creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se
le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.
Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo
que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.
Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni
de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable
a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas;
jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.
Váse de Europa – después de una gira por París, donde tuvieron mayor
éxito las Tablas de sangre – mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores".
"La Inglaterra – escribe en su Diario de viaje – no conoce ni sus propios
intereses."
La cena de Guizot
En 1844 las cosas mejoraron y la entente cordiale pudo reanudarse. Más
alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces
su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que
a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un
gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios
y de legiones.
Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a
llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano
ni darle entrada al Plata.
Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones,
como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.
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Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos") lo despacha a París.
Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación
de Brasil.
Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la, noche del 13 de enero
de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y
al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante
¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención?
Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después
de lo ocurrido con Aberdeen.
Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público,
pero evidentemente no producían efecto en los políticos.
Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa
de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones
comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que
había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación
de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.
En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio:
es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran
energía y un hombre muy querido por los suyos.
Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría
llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría
hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata
en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes
imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado
a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante
más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería
a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría
a los puertos".
A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar
las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole
los beneficios comerciales posibles".
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Abrantés está de acuerdo,
en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo
fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible;
a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí,
deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.
En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas
de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención
y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".
Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco
que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).
Lo que se buscaba era otra, cosa, para lo cual el gobernante argentino
carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara
el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y
mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay..
De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales;
de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían
los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio,
alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.
Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales"
que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la, participación
del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra
concluyendo con Oribe".
Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas,
pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados
participaban en común, también en común deberían emplearse".
Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.
Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión".
Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse
los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación
Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo
que se hiciera a oriente de este río.
Guizot resume las opiniones como final del debate.
Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera,
usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa
para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de
la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".
Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza
con los interventores.
Brasil se retira
Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente
no se quiere la participación brasileña.
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No solamente Aberdeen le
ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico
de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo
alguno en la intervención.
Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de
los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio),
y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse
para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.
Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra
Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no
tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada
su misión se retira de París.
Empieza la Intervención
Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó
a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras
de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento
del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.
Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis
con idéntico propósito en nombre de Francia.
Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación,
cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional
sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra
y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y
Lainé.
Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se
apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo,
arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos
la del corsario Garibaldi.
Ante ese hecho – ocurrido el 2 de agosto de 1845 – Rosas elevó los antecedentes
a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar
la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes
para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.
Obligado (20 de noviembre)
El 30 de agosto la escuadra
aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada
a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos,
de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el
asalto que siguió.
El 5 de setiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi,
con sus propias manos – que más tarde serían esculpidas en bronce en
una plaza de Buenos Aires –, arrió la bandera argentina.
De allí la escuadra se divide.
Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el
Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú,
Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo
con un enorme botín de guerra.
Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración
de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar"
que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.
Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran
una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo
tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.
Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta
de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.
Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional
a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.
Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina
los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.
Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de
las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía
vencer.
Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje
criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme
superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate
las baterías.
Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente
acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos
irreparables en los navíos.
Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice
el bravo almirante.
¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega
a Corrientes, y de allí intenta el regreso.
En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con
nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una
victoria" – el paso fue forzado – con ingentes pérdidas.
Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar
el Paraná es muy peligroso y muy costoso.
Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por
los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió
seguro. Se deshace la intervención.
Poco después – 13 de julio de 1846 – Samuel Tomás Hood, con plenos poderes
de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable
retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar
en jugoso precio de laureles.
Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es
para los argentinos el Día de la Soberanía.
Algunos panegiristas de
Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones
de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que
decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto
que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar
a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia
era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en
mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia
en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros
por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la
oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil.
En beneficio suyo – como en 1845 y 1846 – era otra cosa. Urquiza no
fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina (en mi libro
La caída de Rosas traigo la documentación pertinente).
Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la
Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela –
no tenía más falta que la de ser equivocada... Si llega a formularse
nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265),
lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y
aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental
es terminante y decisiva.
En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela.
La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo mas lamentablemente
deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer
la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera
querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.
Las Tablas enumeran 480 cadáveres atribuidos a Rosas: muchos con nombres
repetidos, y otros con las iniciales N. N., difíciles de individualizar.
No se dice si son por delitos comunes o políticos. Y los métodos empleados
al parecer por Rosas y sus mazorqueros son de lo mas variados: fusilamientos,
degüellos, envenenamientos con masitas en una confitería porteña, etc.
En total: 480 cadáveres a Rosas, dos libras esterlinas redondas (480
peniques) a Rivera Indarte.
Es presumible que la enorme suma de 22.030 cadáveres, a la que llega
el aprovechado cordobés sumando a los 480 de sus Tablas "todos los caídos
y posibles caídos anónimos en las diversas batallas y combates desde
1829", haya sido un lance para elevar a 96 libras esterlinas (22.030
peniques) sus honorarios. Pero no debieron pasar sin observación por
la severa contabilidad de la Casa Lafone.
NOTAS:
(1) Luis Felipe proyectaba casar a Isabel II, de España, con su hijo,
el duque de Montpensier, a lo que Inglaterra se oponía.
(2) Fuera de sus instrucciones escritas (atinentes exclusivamente a
los intereses de Montevideo) Varela llevaba otras ofertas a Londres.
Entre ella la de la creación de la República de la Mesopotamia, separando
a Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina y poniéndolos
bajo la tutela inglesa. Esta era una vieja aspiración de los unitarios,
que Varela expresaría más tarde en su diario Comercio del Plata (16-6-46),
y se encuentra en la correspondencia de Carril a Varela (especialmente
la carta de marzo de 1845 repr., por G. F. Rodríguez Contribución histórica
y documental III, 393). Varela, antes de ir a Londres, habló al general
Paz de este proyecto como dice éste en sus Memorias (ed. 1917, III,
279).
(3) La denuncia del precio de un penique el cadáver convenido entre
la Casa Lafone y Rivera Indarte, fue hecha por el Atlas de Londres (nº
de 1-3-45) y reproducida por La Presse, de París.
Bibliografía
ARANA, Enrique: "Rosas y la Política Internacional".
EZCURRA MEDRANO, Alberto: "La Vuelta de Obligade". (Rev.
J. M. de Rosas, Nº 8.)
MANSILLA G.: "La Vuelta de Obligado". (Rev. J. M. de Rosas, Nros. 15-16.)
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: "Rosas Frente al Imperialismo Inglés".
RAMIREZ JUAREZ: "Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la
Plata".
Fuente: Nac&Pop
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La
Batalla de Vuelta de Obligado
En los primeros días de noviembre de 1845 zarpó de Montevideo la escuadra
combinada anglo-francesa con el fin de remontar el Paraná, estando compuesta
por seis barcos con bandera inglesa y otros cinco con la de Francia,
además de las barcas carboneras para abastecer los navíos a vapor. detrás
de este contingente bélico, navegaba un convoy de noventa barcos mercantes
de distintas banderas cargado con mercadería para ser comercializadas
en Corrientes y el Paraguay. Señala el Historiador Alberto Noblia en
su “Reseña Histórica de San Pedro” que “el 14 de Agosto el General Lucio
N. Mansilla solicita por nota al Juez de Paz sampedrino, don Benito
Urraco, le informe el estado de todas las fuerzas del distrito desde
la edad de 15 a 70 años, como también del armamento existente y agrega
que se mantenga en Estado de Asamblea a la Milicia Activa. El 22 el
mismo jefe militar pide al Juez el envió de 25 o 30 tirantes de madera
fuerte, posiblemente para la construcción de las baterías. El 12 de
Noviembre Mansilla envía a San Pedro al Sargento Mayor Julián Bendim
al mando de “ciento setenta y tantos” soldados de caballería e infantería,
con el fin de rechazar cualquier intento de desembarco por parte de
los anglo franceses”.
ENCUENTRO PREVIO A LA BATALLA
El 18 de noviembre, la flota invasora pasó frente a San Pedro y desprendió
de ella a varias balleneras que penetraron en la laguna con el fin de
efectuar un desembarco armado. No lograron su objetivo al ser rechazados
a tiros de fusil por un grupo de valientes vecinos comandados por Tomas
Obligado. En la tarde de ese mismo día la flota fondeo a la vista de
la vuelta de Obligado, pero fuera del alcance de los cañones.
La construcción de las fortificaciones fue dirigida por el Ingeniero
Hilario López Culle, colaborando activamente el sampedrino José Rufino
Núñez, estando compuesta por cuatro baterías según podemos observar
en el croquis:
BATERIAS
- ALTURA - PIEZAS
“RESTAURADOR ROSAS” 20 m. 6 de regular calibre 2/24 y 4/16
“GENERAL BROWN” 17 m. 5 de regular calibre entre 24 y 12
“GENERAL MANSILLA” rasante 3 de pequeño calibre de 12 y a 8
“MUNUELITA” 19 m. 7 de a 10.
Estas 21 piezas se hallaban servidas por 220 artilleros, protegidos
por débiles parapetos de tierra y madera, siendo mandadas respectivamente
por Álvaro Alzogaray, Eduardo Brown (Hijo menor del almirante) Felipe
Palacio y Juan Bautista Thorne.
Junto a la batería Mansilla, ubicada sobre la playa para tiro rasante,
se hallaban amarradas tres gruesas cadenas que atravesaban el rió, sostenidas
por 24 pontones a los que se había quitado los mástiles y que se hallaban
ancladas y aseguradas en la margen opuesta al Bergantín “Republicano”,
al mando del capitán de marina Thomas Craig. La cadena poseía un espesor
de 1 1/8 de pulgadas y 360 brazadas de largo, habiendo sido solicitada
por Mansilla a Buenos Aires el 27 de agosto de ese mismo año
Tres lanchones, el “Místico”, el “Restaurador” y el “Lagos”, dotados de piezas de pequeño calibre se hallaban detrás del “Republicano” para repeler cualquier intento de la marinería anglo francesa de cortar las cadenas. El capitán de fragata Teodoro Cailler-Bois en su “Historia Naval Argentina” señala también la presencia de seis balleneras y ocho embarcaciones pequeñas destinadas a transportar unos 200 infantes a la orilla opuesta del rió si es que el enemigo desembarcaba e intentaba construir baterías allí.
Por ultimo cinco pequeñas chalanas se hallaban preparadas con materiales incendiarios para hacerlas actual como “brulotes”, se las incendia y envía en dirección a la flota enemiga.
Alberto Luis Noblía señala la disposición de las tropas: “Entre la primera y segunda batería, un poco más atrás, se encontraban 100 hombres al mando del teniente Juan Gainza, detrás de estos y a su derecha , se hallaban 400 soldados del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Luego estaban situados cuatro cañones de a 4 al mando del teniente coronel Sereso. Más atrás aún, y a la altura de la segunda batería, se encontraba el Coronel José María Cortines que, secundado por el Mayor Julián del Río y el vecino Sampedrino Facundo Quiroga, hijo del “Tigre de los llanos”, comandaba a 220 soldados de caballería y 600 de infantería componentes del Regimiento de Milicias N° 4 con asiento en San Nicolás de los Arroyos y entre los que se encontraban un centenar de Sampedrinos.
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INGENIERIA
“(...) En el flanco izquierdo de la batería “Mansilla” en el mogote
izquierdo, estaban apoyadas las anclas que sostenían a la línea de 24
buques, desmantelados y fondeados en línea con tres cadenas corridas
por la proa, centro y popa, su espesor la más gruesa de una y octava
de pulgada. Mas con el fin de mantener los buques en línea, que con
el fin de privar el paso a la potencia de los vapores y con el propósito
de manifestar que el paso del río no era libre. Así como el de obligar
a los enemigos a batirse si intentase cortarlas.
El costado izquierdo o extremo de las cadenas estaba guardado o sostenido
por el bergantín “Republicano” con sus piezas de 10 toneladas a su costado
de estribor (...) (”Informe de Mansilla a Rosas)
Finalmente y más atrás de los últimos nombrados, se encontraba el Juez
de Paz de San Pedro Benito Urraco acompañado con 170 de sus vecinos.
Allí también estaban los de igual cargo de Baradero y San Antonio de
Areco, Juan de Magallanes y Tiburcio Lima, con 100 y 30 de sus vecinos
respectivamente.
A retaguardia de la tercera batería se encontraban 200 milicianos del
Batallón Norte al mando del Teniente Coronel Virto, también entre ellos
se hallaban múltiples Sampedrinos. Detrás de estos se encontraba el
General Lucio Mansilla, como comandante el Jefe de todas las fuerzas,
el segundo jefe Juan Crespo y 70 soldados a caballo del grupo Escolta.
Detrás de la cuarta batería se encontraban 200 soldados pertenecientes
a la Compañía de Patricios de San Nicolás bajo las órdenes del Comandante
Luis Barrera, cuerpo éste integrado por muchos Sampedrinos. A las espaldas
de éstos, se encontraban dos piezas volantes de artillería comandados
por el Teniente Coronel Laureano Anzoátegui.
CABALLERIA
“(...) A pesar de que la excesiva ventaja de los cañones de los inicuos
extranjeros hayan conseguido denostar y despedazar las baterías de Obligado,
no por eso osaran a invadir en tierra. La Caballería cubre los alrededores
de aquel punto y no ocupan nuestros cobardes agresores más terreno que
el que alcance su metralla (...)”. (Estación de Catevra. Noviembre 22
de 1845 . General Lucio Mansilla al Comandante Militar de Rosario Sargento
Mayor Don Agustín Fernández.)
A un cuarto de legua de la costa, entre la tercera y cuarta betería
y sobre el “camino de la bajada”, estaban el “Parque de Artillería”
y la Enfermería, esta última encabezada por la Nicoleña Petrona Simonino,
secundada por un grupo de damas de San Pedro y San Nicolás.
En total, y al margen de los artilleros, había 2.290 hombres en condiciones
de combatir, incluidos los vecinos.
ARTILLERIA
“(...) El territorio Argentino ha sido atacado por las fuerzas Anglo
francesas sobre las márgenes del Paraná. La poderosa artillería de las
escuadras combinadas ... ha destruido en ocho horas consecutivas de
vivo fuego nuestras baterías compuestas de 35 piezas de los calibres
de a 4 8 10 12 16 18 y 24, servidas por artilleros y soldados improvisados,
cuyo valor heroico no han podido abatir los invasores, a pesar de la
inmensa ventaja de sus fuerzas de artillería y de sus cañones y del
valor e intrepidez que han desplegado en el ataque (...)” (Gaceta Mercantil.
Tomado del archivo Americano 1 Serie N 23 pag.65 67)
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Las fuerzas enemigas
Esta “Task Force” estaba
formada por las siguientes naves:
INGLESES
Vapor “Gordon” , Comandante Ch. Hotham, artilleria 6/64 y 4/32, Tn.1.100
Vapor “Firebrand”, Comandante J: Hope, artilleria 6/64 y 4/32, Tn.1.190
Corbeta “Comus” , Comandante Inglefield, artilleria 16/32, Tn. 490
Bergantín “Philomel”, Comandante Sullivan, artilleria 10/32, Tn.428
Brergantín “Dolphin”, Comandante Leringe, artilleria 3/32, Tn.318
Bergantín “Fanny” Comandante Key, artilleria 1/24,-------
FRANCESES
Bergatín “San Martín”, Comandante Tréhouart, artilleria 2/24 y 16/16,
Tn.200
Vapor “Fulton”, Comandante Maziéres, artilleria 2/80, Tn.650
Corbeta “Expéditive”, Comandante De Miniac, artilleria 16 de a 8 pulg.
, Tn.-----
Bergantín “Pandour”, Comandante Du Paie, artilleria 10 paixhans de 30
lbs
Berg – Gol. “Prócide”, Comandante De la Rivére, artilleria 3/18
El total general de tripulantes era de 3.000, en tanto que los infantes
de marina embarcados sumaban 800. Esta flota combinada no poseía un
comando único. Las insignias venían en el “Gorgon” y en el “San Martín”,
siendo Hotham el comandante más antiguo.
La artillería de los invasores era la más moderna que existía en el
mundo. Los barcos ingleses poseían cañones cuya particularidad era que
el interior del caño era “rayado”, siendo los primeros que se empleaban
en la guerra. El “alma rayada” revolucionaría la armamentística mundial.
Por su parte los franceses emplearon el modernísimo cañón-obús “Paixhands”
que disparaba balas explosivas de 40 kilos.
Como se sabe esta flota de guerra custodiaba a unos 90 mercantes que
querían llevar producción al Paraguay. Esas naves aguardaban detrás
de las de guerra, en espera que liberaran el paso defendiendo la banderas
del libre cambio y forzando la navegación de lo que eran ríos interiores
del país.
Esto era descabellado, como si naves Argentinas pudieran haber navegado
de prepo el Sena o el Támesis.
Señala Noblía en su obra citada que: “según las costumbres de esa época,
los ríos interiores pertenecían al territorio que surcaban, o sea que
se los consideraba como verdadera tierra firme, siempre y cuando ambas
orillas pertenecieran al mismo estado. En el caso que las orillas tuvieran
distintos propietarios solamente ellos poseían la exclusividad de navegarlo.
Estos conceptos jurídicos tenían aceptación mundial y no había legislación,
ni nacional ni internacional, que expresara lo contrario, salvo pactos
aislados surgidos luego de la finalización de alguna guerra, donde los
vencidos se veían obligados a perder parte de sus derechos otorgando
al vencedor la libre navegación de sus ríos interiores”.
Cuando aconteció esta batalla las dos orillas del Paraná pertenecían
a la Confederación Argentina comandada por Rosas, y recién la Constitución
de la Nación Argentina de 1853, dictó el artículo 26: “la navegación
de los ríos interiores de la Confederación es libre para todas las banderas”.
INICIO DEL COMBATE-LA HISTÓRICA PROCLAMA
En la noche del 18 Mansilla con dos balleneras se acercó a la flota
enemiga para reconocerla personalmente. Disparos de fusilería provenientes
de las naves invasoras lo obligaron a retornar a las baterías. El día
19 transcurrió en paz por dos razones, carencia de vientos favorables
para las velas de las naves invasoras y por una intermitente lluvia.
Por su parte Mansilla, ese día, efectuaba un segundo reconocimiento.
El 20 cambian las condiciones atmosféricas, finaliza la lluvia, se disipa
la niebla y comienza a soplar un viento suave, sostenido y a favor para
las naves invasoras. A las 8,30 de la mañana de ese mismo día, los barcos
anglo-franceses comienzan a moverse.
Al notarlo Mansilla arengó a sus hombres diciendo:” ¡Allá la tenéis!
Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al
navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre
por el territorio de nuestro País. ¡Pero no lo conseguirán impunemente!
¡Trémola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos
antes que verla bajar de donde flamea!
A continuación la banda del Regimiento Patricios de Buenos Aires comenzó
con los acordes del Himno Nacional que fue coreado por toda la tropa.
Al frente de la escuadra navegaba la fragata “San Martín”, ex nave insignia
del Almirante Brown, vilmente apresada frente a Montevideo, luciendo
el pabellón de Francia. Cuando llegó a las proximidades de la primer
batería Mansilla dio la orden de fuego gritando “VIVA LA PATRIA”, señal
ya tradicional en nuestras guerras. A medida que los invasores se acercaban
se generalizó el cañoneo.
Según Teodoro Caillet Bois los barcos avanzaron formados en dos divisiones
de nacionalidad combinada. La primera: “San Martín”, “Pandour”,”Dolphin”
y “Comus”, al mando de Tréhouart. La segunda división comandada por
Sullivan estaba integrada por “Philomel”, “Prócide”, “Expedictive” y
“Fanny”, que se situó sobre la costa entrerriana, a unos 700 metros
de la batería “Restaurador Rosas” al mando de Alzogaray.
LAS CADENAS DETIENEN LA FLOTA
Cuando
el Libertador don José de San Martín se enteró del bloqueo
a los puertos de la Confederación, inmediatamente le escribió
a Rosas ofreciendo sus servicios de militar, y cuando tuvo
noticias de los acontecimientos de Obligado, realizó otro
tanto con el General Guido inmortalizando la frase: “que
los Argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo
que abrir la boca”.
“No puedo concebir que haya americanos que por un indigno
espíritu de partido se unan al extranjero para humillar
a su patria y reducirla a una condición peor que la que
sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal
felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer." |
Por medio del río continuó
navegando el “San Martín” rumbo a las cadenas con el fin de cortarlas,
detrás continuaba la marcha el resto de la escuadra. A medida que los
invasores se acercaban a las baterías, se generalizó el cañoneo siendo
los primeros blancos la corbeta “Expeditive”, la goleta “Procide” y
el bergantín “Philomel”.
Ya frente a las baterías y próxima a las cadenas, el “San Martín” detiene
su andar al calmar el viento, razón por la cual debe anclar para no
ser arrastrado por las corrientes río abajo, ya que esto produciría
un extraordinario desorden en la formación.
Así la nave insignia de la flotilla Francesa queda inmóvil justo enfrente
de las baterías patriotas, quienes aprovechan el acontecimiento acribillándola
con mas 100 balas de cañón. En la nave quedan fuera de combate 2 oficiales
y 44 tripulantes, a lo que se suma la arboladura a punto de caer. En
su ayuda acude el “Fulton” con sus poderosas piezas de a 80 dándole
algo de alivio, pero un cañonazo corta la cadena del ancla y el “San
Martín” comienza a ser arrastrado aguas abajo por lo que el comandante
de la escuadra de Francia, Tréhouart, decide trasbordar a la corbeta
“Expedictive”. El “Comus”, otra nave que recibió bastante castigo, registra
en su bitácora que las dos baterías centrales fueron cuatro veces abandonadas
por su gente.
A las 9,30 horas, y con el primer intento de romper las cadenas rechazado
a cañonazos, se combate en toda la línea. Todos los buques anglo-franceses
han entrado en acción y todas las baterías Argentinas han contestado
el fuego disparo por disparo y, a pesar de la desigualdad de armas,
los defensores Argentinos logran hacer retirar detrás de la línea de
fuego a los bergantines “Dolphin” u “Pandour” por las múltiples averías
sufridas. Es de hacer notar que a pesar que los proyectiles patriotas
eran macizos, cuando impactaban en la madera de las naves hacían saltar
decenas de astillas de todos los tamaños que producían gran cantidad
de heridas, a veces mortales, entre los marineros europeos.
Pero los formidables “Paixhans” franceses con sus balas explosivas,
comienzan a cobrar un alto precio entre los heroicos defensores.
Para tener una idea, debemos pensar en una pelota N° 4 o n° 5, a fin
de referencia el tamaño de los proyectiles franceses, que además estaban
rellenos con metralla, pedazos de hierro y explosivo. Cuando esas bombas
explotaban causaban un desastre en las baterías Argentinas.
De acuerdo a algunos cálculos, no muy aproximados, hechos por el Lic.
Ramos y la Universidad de Luján, se habrían intercambiado proyectiles
en una cantidad que oscilaría entre los 25 y 30 mil en esas 8 o 9 horas
de batalla, sobre todo del lado de los aliados. Teniendo en cuenta el
cálculo de decenas de miles de proyectiles arrojados y considerando
que los núcleos principales de la batalla eran las cuatro baterías instaladas
en la costa, (Manuelita, Mansilla; Brown y Restaurador Rosas) tres arriba
de la barranca y una rasante. Una estimación hace pensar que los artilleros
que servían a esas baterías no vivirían más de media hora en su puesto,
siendo reemplazados por otros artilleros, ya que la flota anglo-francesa
prácticamente haría tiro al blanco con ellos.
Casi al medio día, Mansilla envía una nota a Rosas comunicándole que
el enemigo todavía no ha podido vencer la línea de las cadenas, “Aunque
supone que podrá hacerlo, pues a él le quedan pocas municiones”. Siendo
la una de la tarde continúan sin poder cortar las cadenas, sin embargo
el “Republicano” vuela por los aires por orden de su capitán Thomas
Craig, ya que habían quedado sin municiones y suma sus hombres a las
tropas de tierra. Al desaparecer el obstáculo que presentaba el “Republicano”,
el vapor “Fulton” logra llegar hasta las cadenas, aunque sin poder cortarlas
por el intenso cañoneo que recibía, que incluso mata a su maquinista
principal.
Ruido de rotas cadenas
En este punto los anglo-franceses perciben que, si bien la potencia
de la artillería de las naves inclina la suerte de la batalla a su favor,
de nada servirá si no cortan las cadenas que obstruyen el paso. Estratégicamente
la situación es crítica ya que la flota se halla encajonada recibiendo
más y más castigo de las baterías Argentinas, sin poder moverse.
Es ahí cuando Hope, al mando de la “Firebrand”, estima que es el momento
de jugarse el todo por el todo. Ordena posicionar nuevamente la nave
respondiendo a las baterías costeras y dispone bajar una pequeña lancha
de desembarco. Un enorme martillo y un yunque es todo lo que carga sobre
la pequeña embarcación. Hope salta sobre la misma y ordena dirigirse
contra la línea de botes que soportaban las cadenas.
Los patriotas observando la acción e intuyendo el objetivo les tiran
con todo. Enormes columnas de agua producidas por los proyectiles se
levantan a escasos metros de la lancha, bañando a los desesperados remeros
que redoblan sus esfuerzos. Más peligrosos son los proyectiles que se
disparan desde la batería colocada sobre la playa ya que los mismos
rebotan en el agua y se vuelven a elevar, pasando a metros del bote
con un silbido aterrador. Uno solo que impacte de lleno y la pequeña
embarcación se partirá en pedazos matando a todos.
Llegados a las barcazas, Hope salta sobre una de ellas, dos marineros
que le siguen colocan el yunque debajo de una de las cadenas y es el
mismo capitán de la “Firebrand” quién, con indudable sangre fría, la
emprende a martillazos contra los duros eslabones.
En esta oportunidad la diosa fortuna decide inclinarse por los protagonistas
del heroico acto quienes, de milagro, logran escapar a todo lo que le
tiraban desde las barrancas: Minutos más tarde los castigados eslabones
saltan y las cadenas se deslizan hacia el fondo del Paraná.
La lucha continúa pero ya las naves invasoras van cruzando la línea
mientras cañonean terriblemente a la batería Manuelita, quién puede
contestar solo esporádicamente debido a la escasez de balas.
En esos momentos un proyectil de artillería enemigo voltea al heroico
Juan Bautista Thorne, jefe de la batería que, al golpear su cabeza en
la tierra sufre una afección por la cual pasará a la historia con el
apodo de “El Sordo de Obligado”. Otra versión sostiene que la sordera
de Thorne se produjo a consecuencia de estar tanto tiempo al lado de
cañones que disparaban sin cesar durante casi nueve horas, varios artilleros
sobrevivientes padecieron las mismas consecuencias. Las baterías finalizan
su lucha ya sea por falta de municiones, o porque directamente habían
sido arrasadas por el cañoneo. Es en éste momento cuando comienzan los
intentos de desembarco masivo del enemigo.
A las dos y media de la tarde el General Mansilla recibió un parte que
le informaba que a unas 15 cuadras al sur de las baterías, en el lugar
llamado “Playa de los Pescadores”, el enemigo desembarca considerables
fuerzas de infantería, para atacar sin dudas por el flanco. De inmediato
imparte la orden de atacar al coronel Ramón Rodríguez quien, al mando
de 400 hombres del Batallón “Independencia” (Regimiento 1 Patricios),
se hallaba a la espera en el bosque de talas, ubicado entre y detrás
de las baterías “Restaurador Rosas” y “General Brown”. Los soldados
avanzan a la carrera para evitar la maniobra de flanqueo. En el lugar
unos lanchones ya habían desembarcado a numerosos infantes, pero otros
todavía navegaban en dirección a la playa, por lo que el enemigo no
había conseguido aún desplegar todo su poderío. Rodríguez no desaprovecho
la oportunidad y ordeno cargar. Los oficiales anglo-franceses pensaron
en resistir el ataque, pero viendo que no sería posible sin tener a
todos los hombres en la playa ordenaron el reembarque, acción que se
cumplió bajo una feroz arremetida a la bayoneta que realizaron los patriotas.
Sin embargo la situación no da para mucho más. Con las baterías mudas
por el fuego enemigo o la falta de municiones, la “Gorgon” y la “Firebrand”
se acercan a la costa. Son las 5,45 de la tarde. Dos compañías de infantes
comandadas por Sullivan se descuelgan de los barcos hacia los botes
y enfilan hacia la playa en un segundo intento de desembarco. Este nuevo
ataque se compone de 325 hombres que hacen pié en tierra firme a la
altura del morro donde estaban amarrados los extremos de las cadenas,
con el apoyo constante de la artillería de sus barcos. Media hora después
lo hace el comandante francés con 100 hombres más.
En ese momento los encargados de la defensa de la soberanía nacional,
en esa zona, son el Batallón Norte y los Patricios Nicoleños, ambos
de San Nicolás, compuesto por múltiples sampedrinos, quienes cargan
a bayoneta calada a los invasores y los obligan a retornar a sus botes
para luego reembarcarse nuevamente. Mientras se desarrolla la lucha
cuerpo a cuerpo, un casco de metralla hiere a Mansilla, quien debe ser
sustituido en el mando por el segundo jefe de las fuerzas patriotas
de Obligado, el Coronel Francisco Crespo.
Un tercer desembarco de los aliados se produce a continuación, pero
esta vez no puede ser rechazado por los patriotas en retroceso debido
al intenso cañoneo y los cohetes disparados por la “Expedictive”, “Procide”
y “Philomel”. Las arremetidas de la caballería Federal en su intento
de rechazar el ataque son vanas y las tropas anglo-francesas mandadas
por Sullivan y Tréhouart en persona se hacen dueños del lugar.
Ha comenzado a caer la defensa de Obligado, luego de casi doce horas
de intenso combate. Las fuerzas patriotas se retiran rumbo a San Nicolás
con el fin de reorganizarse.
Termina el día con casi
300 argentinos muertos y cerca de 500 heridos. Los invasores tenían
poco más de un centenar de bajas entre heridos y muertos. Esta disparidad
que marcan las cifras se explica únicamente por la diferencia tecnológica-bélica
que existía entre ambos contenedores. La Argentina había retado a las
dos mayores potencias juntas y así le había ido, pero había escrito
una hermosa página en la historia de la Nación la que, lamentablemente,
luego se dejo caer en el olvido.
Aún así y pese a lo desigual del armamento, la flota aliada tuvo que
detenerse a curar sus heridas que no eran pocas. Los “Pandour”, “Fulton”,
“Dolphin” y “San Martín” fueron acribillados por los cañones argentinos,
y no fueron destruidos totalmente debido al pequeño calibre de los mismos.
El Dr. Sabino O´Donnell, a quienes algunos consideran nuestro primer
cronista de guerra, deja un valioso testimonio sobre el combate:
dijo:
“Hoy he visto lo que es un valiente. Empezó el fuego a las 9 y media
y duró hasta las 5 y media de la tarde en las baterías, y continúa ahora
entre el monte de Obligado el fuego de fusil (son las 11 de la noche).
Mi tío ha permanecido entre los merlones de las baterías y entre las
lluvias de balas y la metralla de 120 cañones enemigos.
Desmontada ya nuestra artillería, apagados completamente sus fuegos,
el enemigo hizo señas de desembarcar; entonces mi tío se puso personalmente
al frente de la infantería y marchaba a impedir el desembarco, cuando
cayó herido por el golpe de metralla; sin embargo se disputó el terreno
con honor, y se salvó toda la artillería volante.
Nuestra pérdida puede aproximarse a trescientos valientes entre muertos,
heridos y contusos; la del enemigo puede decirse que es doblemente mayor;
han echado al agua montones de cadáveres (...)
Esta es una batalla muy gloriosa para nuestro país. Nos hemos defendido
con bizarría y heroicidad”
Al día siguiente de la batalla llegarían los doctores Mariano Martínez
y Claudio Silva, del Hospital del cuartel de Santos Lugares, enviados
por Rosas. Sostendrán una junta médica con O´Donnelll y con el doctor
Mariano Marenco y el profesor Cornelio Romero. El informe a Palermo,
fue el siguiente:
“El doctor D. Sabino O´Donnell que había asistido al Sr. General desde
los primeros momentos, nos hizo la historia de los accidentes que había
sufrido y los medios que había empleado para evitar perniciosas consecuencias.
El Sr. General Mansilla recibió en la tarde del 20 un golpe de metralla
(la que hemos visto y pesa más de más de una libra) en el lado izquierdo
del estómago, sobre las distintas costillas, y según hemos reconocido,
ha sido fracturada una de estas. Cayó sin sentido, sufrió por muchas
horas desmayos, vómitos, y otros molestos accidentes que fueron calmando
gradualmente; se le ha aplicado un vendaje apropiado para remediar la
fractura de la costilla, y se emplean los medios que aconseja el arte”
“Siento vivamente (dijo el almirante Inglefield en su parte de guerra)
que este bizarro hecho de armas se haya logrado a costa de tal pérdida
de vidas, pero considerando la fuerte posición del enemigo y la obstinación
con que fue defendida, debemos agradecer a la divina providencia que
aquello no haya sido mayor”. Tréhouart se expresó en términos análogos.
A su juicio la posición había sido fortificada por una mano maestra.
Según la prensa de Montevideo “nunca desde la paz napoleónica, encontraron
franceses e ingleses tan heroica resistencia".
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COMBATIENTES
Entre los participante de la batalla estuvo el legendario gaucho Antonio
Rivero, protagonista de la rebelión en Malvinas contra la dominación
inglesa.
Antonio Rivero fue dado de alta en el ejército de Buenos Aires por el
gobernador Juan Manuel de Rosas y allí prestó nuevos servicios hasta
que, como lo comprobara el historiador José María Rosa, murió en su
ley de gaucho patriota, al pie de una batería argentina peleando contra
los ingleses el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado. Algunos
"historiadores" (sic), a pesar de la heroica y esforzado vida de Antonio
Rivero, prefirieron mezquinarle honores diciendo que fue un gaucho pendenciero
porque se basaron en las crónicas británicas sobre la sublevación de
Malvinas. Hasta la Academia Nacional de Historia en un dictamen dado
en Buenos Aires 19 de abril de 1966 con la firma de los académicos Ricardo
R. Caillet-Bois y Humberto F. Burzio sostuvo que "los antecedentes documentales
hasta ahora conocidos, no son nada favorables para otorgar a Rivero
títulos que justifiquen un homenaje".
Otro Rivero, Javier fue un Sampedrino caído en esa batalla y sepultado
en el segundo camposanto que tuvo la Ciudad de San Pedro, en la intersección
de las Calles Bartolomé Mitre y Bozzano.
En el sito existe un camino peatonal que conecta calle Mitre con 25
de Mayo, y en él un pequeño monolito levantado el 20 de Noviembre del
2000, por el Centro de Estudios Históricos de San Pedro, muestra una
placa en la que se recuerdan los nombres de cuatro combatientes sampedrinos
caídos en el Combate de la Vuelta de Obligado. Ellos son el citado Rivero,
Ceferino Celada, Pedro Pan y Agua y Santiago Moreira. Dos calles de
la Ciudad fueron bautizadas con los nombres de los dos primeros.
Fueron muchos los sampedrinos caídos en el combate. Lamentablemente
sus nombres se han perdido por falta de rigor en el momento de la leva,
de ahí lo valioso del trabajo de investigación, ya que el mismo nos
ha permitido, con estos cuatro nombres, homenajear a todos los hijos
de esta ciudad caídos ese 20 de noviembre de 1845.
El combate cubrió de gloria el nombre argentino, desprestigio el bloqueo
e hizo comprender la justicia argentina a muchos adversarios de Rosas.
La resistencia se mantuvo admirablemente. Las provincias suplieron a
la importación, y sus producciones artesanales crecieron en forma complementaria
con la economía bonaerense. Al cabo del tiempo el bloqueo resultaba
un fracaso político, militar y económico, por su costo y las continuas
subvenciones dadas a Montevideo.
Las grandes potencias enviaron sus mejores diplomáticos, que retornaron
fracasados, sin doblegar a Rosas.
En 1846 llego al Plata, enviado por ambos gobiernos, el ex cónsul Thomas
Samuel Hood y sus propósitos de arreglo no tuvieron éxito a pesar de
su buena voluntad. El repetido fracaso de los diplomáticos europeos
agudizaba el problema y tenía visos de nunca acabar.
Por ello, a comienzos de 1849, el Premier Palmerston envió a Buenos
Aires a Henry Southern munido de especiales instrucciones, quien tras
arduas negociaciones anuncio que su país aceptaba la posición defendida
por nuestro gobierno.
Concluyeron las deliberaciones con los tratados Southern-Arana (24 de
Noviembre de 1849) y Arana-Lepredour (31 de agosto de 1850) cuyos puntos
análogos establecían: suspensión de hostilidades en Uruguay, devolución
de Martín García y barcos apresados, reconocimiento de la exclusiva
jurisdicción y control argentino sobre sus ríos interiores, consideración
del general Oribe en su investidura legal.
El pabellón argentino seria solemnemente desagraviado. La victoria estaba
totalmente consumada. Los cañones de la fragata Southampton, "saludaron
con 21 disparos de desagravio y homenaje a una humilde bandera, desconocida
del mundo, pero no ignorada por ellos”.
Fuente: www.lagazeta.com.ar

Unitarios
y federales
Por José María Rosa
A unitarios y federales no los separó una polémica teórica por centralismo
o descentralismo. Fue una división profunda: dos concepciones antagónicas
de la realidad argentina, dos maneras opuestas de sentir la patria.
Civilización y Barbarie, dice Sarmiento errónea pero elocuentemente.
Los "civilizados" admiraban e imitaban a Europa y servían sus propósitos
dominadores; los "bárbaros" descreían de las intenciones de los europeos
y defendían obstinadamente a la Argentina. La patria de los unitarios
no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la
Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales.
Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución
destinada a no regir nunca, civilización foránea La patria compatible
con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias.
Federal en el habla del pueblo, equivalía a argentino. El grito ¡Viva
la Santa Federación! significaba vivar a la Confederación Argentina.
La patria era la tierra, los hombres que en ella habitaban, su pasado
y su futuro: un sentimiento que no se razonaba, pero por el cual se
vivía y se moría. Defender la patria de las apetencias extranjeras era
defenderse a sí mismo y a los suyos: conseguir y mantener un bienestar
del que están despojados los pueblos sometidos.
Comprender es amar; incomprender
es odiar. Unitarios y federales separados tan profundamente formaron
dos Argentinas opuestas y enemigas. De allí el drama argentino. Una
minoría por el número, pero capacitada por su posición económica y social
– una oligarquía en términos políticos – formó el partido unitario.
La mayoría popular, el federal. No hubo, en este último, "clase dirigente"
que pudiera tomar los destinos de la patria. Faltaba el ingrediente
primario; el patriotismo, para construir la Gran Nación por los unitarios.
Faltaba la capacidad técnica para formar un elenco, a los federales.
Pero desde 1835 la Confederación Argentina toma aspecto y conciencia
de Nación. Las Provincias Unidas de 1816 o la República de Rivadavia
en 1826 haba sido un caos de guerras internas, ensayos constitucionales,
fracasos exteriores, sometimiento económico, pobreza interior, que llevaron
a la disgregación de la patria de 1810. En 1831 las trece provincias
que agrupa Rosas en el pacto Federal dejan el instrumento de la nacionalidad;
desde 1835, la férrea mano del Restaurador construye la nación, paso
a paso, lentamente, llevándose por delante los intereses internos y
los apetitos exteriores.
Obra personal, es cierto, porque sólo había un Gran Pueblo y un Gran
Jefe, y se carecía de un conjunto de hombres capaces, consagrados y
plenamente identificados con su patria para formar un equipo homogéneo.
La verdad es que la poderosa personalidad del Restaurador y su enorme
capacidad de trabajo eran toda la "administración" en la Argentina de
1835 a 1852.
Un gran pueblo y un gran jefe no bastan para consolidar una gran política.
Pero Rosas no podía sacar de la nada una clase dirigente con sentido
patriótico. Por eso fue derrotado.
Por la Confederación Argentina, por el pueblo federal, por el sistema
americano, jugó Rosas su fama, fortuna y honra, aún sabiendo que habría
de perderlas. Las perdió, como necesariamente tenía que ocurrir. "Creo
haber llenado mi deber – escribió la tarde de Caseros con absoluta tranquilidad
de conciencia –, si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra
independencia, es que más no hemos podido". La Argentina no pudo cumplir
su destino en 1852. Y no lo podrá mientras no eduque una clase directora
con conciencia de su posición. Los hombres providenciales serán relámpagos
en su noche.

“El
Himno de Obligado”
Por José Luis Muñoz Azpiri (h)*
Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho
y cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era
un hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó
el brazo de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino
estalló en la barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de
la patria.
La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso
en el fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto
por los merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de
las baterías, corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas,
se animaba con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo
y salvaje, en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento,
transformado en ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el
desierto, la estepa y la cordillera y uniendo de un extremo al otro
del país la voz de júbilo con la de protesta, la de la imprecación con
la del entusiasmo cívico, creaba un clamor de alegría y borrasca, incomparable
y único.
La voz clara y sonora de
Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco pasaba de una garganta
a la otra; partía de los pechos de acero que amurallaban la patria y
se confundía y entrechocaba sobre los muros de las baterías. Las notas
prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente, con corrección
inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón 1º de Patricios
de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del regimiento inmortal,
solo encontraba extraño en esta formación de tropas que, en vez de ser
un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás era lo acostumbrado
desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La hueste asistía
impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e inglesa llovía
sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el verso.
Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y
heroica. Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda
se había constituido en una marejada incontenible de estruendo y de
furia.
Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros, los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas, en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.
![]() Por Juan Sasturain “Brindemos por la vuelta.” Cadícamo Este es un país con muchas vueltas. En distintos sentidos, pero sobre todo en los dos básicos. Las vueltas que provienen de la idea de volver, que es –sobre todo– temporal: el gesto de regresar. Y las vueltas derivadas de la idea de torcer lo recto, incluso de enredar, que es una cuestión –en principio– de uso u ocupación del espacio. La Vuelta de Perón fue un hecho memorable que ocurrió en el tiempo, un regreso; la Vuelta de Obligado es un recodo, un viraje en un curso de agua famoso que uno encuentra en el mapa. Sin embargo, está claro que el retorno del Líder supuso tanto la preexistencia de un hiato temporal, como el recorrido de una distancia mensurable. Y que la Vuelta de Obligado, como escenario de sucesos, está marcada por la memoria y la temporalidad. Quiero decir que en este país siempre dado vuelta, las idas y venidas, las partidas y retornos, los desvíos y torceduras, enredos y dilaciones son infinitos, nos atraviesan, hacen y rehacen camino todo el tiempo. Y la Historia –y la ficción y la poesía– es memoria y registro de esas idas y vueltas argentinas en tiempo y espacio. Así, contra las fórmulas aplanadoras, las miradas fijas y dóciles, las teorías y los caminos únicos y lineales del recetario universal del equívoco progreso, sólo nos cabe –creo– si queremos entender y hacer algo, tener una actitud vueltera, hermosa palabra que usaba mi mamá. Vueltero no significa nostálgico ni escéptico (variantes inmovilistas) sino crítico y revulsivo. Se vuelve y se revuelve, se da la vuelta para ver el reverso del verso de los supuestos versados. Por eso, en estos días volvimos a recordar la gesta de la Vuelta de Obligado. Nos pegamos una vuelta por el pasado y repensamos la idea de soberanía al darle una vuelta (más) a la cuestión de la mera integridad territorial, planteándola –como cabe– en términos de protección del trabajo, del ahorro y de la riqueza nacionales. Recuerdo que hace justo un año –otra cita de Cadícamo– la versión del memorable combate a orillas del Paraná que escribió Feinmann y dibujó Durañona para el libro de historietas La patria dibujada no vacilaba en incluir a Martínez de Hoz & Co entre los tripulantes de la flota machacada hasta el fin por las baterías de Mansilla. Las idas y vueltas de la Historia nos enseñan que hay cuestiones (y enemigos, y estrategias) que sólo aparentemente se extinguen, pues sólo se van para dártela cuando te das vuelta. Obligado nos obliga hoy a no darnos vuelta, y a ver en lo de adelante –en las batallas que se vienen– lo que nos pasó (tiempo) atrás. 21/11/11 Página|12, contratapa. |
Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la
cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se
recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían
combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros
terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta
rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves
temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en
proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos
los que habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase
a sostenerla, se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada
arrasada y el corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción
que hablaba de cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor, de fieras que quieren devorar pueblos
limpios, de pechos decididos que oponen fuerte muro a tigres sedientos
de sangre, de hijos que renovaban luchando el antiguo esplendor de la
patria y de un consenso de la libertad que decía al pueblo argentino
: ¡Salud! La canción era seguida por juramentos de morir con gloria
y el deseo que fueran eternos los laureles conseguidos.
Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles
pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados
por la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón,
a pie, a caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación,
juraban morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del
decoro y el valor.
Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta,
el desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada
y magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de
la tierra invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar
vigor y lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores.
Descendía presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena,
alcazaba la orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba
al abordaje sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado.
Trepaba por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas,
hacía esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros,
de 64, de 32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías
de menor alcance, lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a
lo puentes donde se hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart,
el capitán de la Real Marina Francesa y el Honorable Hothan, de la armada
de Su Majestad, con uniformes de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo
con el catalejo el bombardeo implacable e impune; ascendía por los obenques
a las gavias y las cofas y giraba sobre las arboladuras lanzando un
grito recio y retumbante. Luego descendía sobre el río y soplaba en
el mar, y a través de las olas, cabalgando sobre el agua y la espuma,
pisaba la tierra desde donde las naves habían partido y se retorcía
en remolinos briosos y épicos en busca de oídos para requerir, demostrar,
probar, retar y herir.
La canción aludía a los
derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los principios de igualdad
política y social, al respeto por la propiedad ajena, a la soberanía
de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar la ley,
a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las opiniones
y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden la
libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia
de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta
del canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando
rabiosamente el corazón de la canción.
Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había
entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho
propio, al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no
significaba nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista
para conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores
junto a los arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a
la muerte; cantaba vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin
responder al fuego, como queriendo demostrar que era más importante
terminar con aquel canto, antes que defender la vida y resguardar la
defensa del paso. Los cañones de 80 golpeaban el vacío, asesinaban la
nada; las granadas explosivas no acallaban la música ni podían matar
la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos los defensores hubieran
dejado de cantar!...
Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió
de nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente,
dio orden de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en
llamas y comenzó el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero
la hazaña principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al
adversario y que escucharían después los siglos. La música de los cañones
sólo componía el acompañamiento de este canto. El héroe había legado
a la patria su tesoro más puro de heroísmo, de exaltación emocional
y de pasión patriótica: el Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla
de la Vuelta de Obligado.
*José Luis Muñoz Azpiri (h) nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).
Breve cronología
Por Héctor Luis Spinelli
30-3-1793 Juan Manuel Ortiz
de Rosas nace en Buenos Aires en la calle Cuyo (actual Sarmiento), número
antiguo 94.
Su padre León Ortiz de Rozas Capitán del Regimiento Fijo de Buenos Aires,
su madre Agustina López de Osornio componen una familia de hacendados.
Tuvo varios hermanos.
1802 Concurre a la Escuela Francisco Xavier de Argerich signada como
la mejor de Buenos Aires en la época.
12-8-1806 Se cierra la escuela por la primera invasión inglesa.
Se cría en la estancia del Salado adonde adquiere una destreza excepcional
en la actividad rural. Se convierte en sobresaliente jinete siendo su
desempeño particular. Piala, enlaza y bolea como el mejor.
Dada su posición familiar e influencia entre sus compañeros formó un
grupo de jóvenes amigos. Los armó como pudo y creo un cuerpo para luchar
en la Resistencia ayudando a defender Buenos Aires de los ingleses
Se presentó a Liniers con su grupo y pelearon a su lado. Liniers mandó
una carta de agradecimiento a sus padres
Juan Manuel se alista en el cuerpo de Migueletes de Caballería para
defender la Patria de la nueva invasión inglesa
5-7-1807 Luego de capitular Whitelocke es ascendido a Alferez. Nuevamente
Miguens y Martín de Alzaga envían otra carta de agradecimiento a sus
padres.
1808 Su padre le confía la administración de sus bienes.
En su gestión aumenta considerablemente el patrimonio de sus padres
como el de las personas de las comarcas linderas granjeándose su confianza
y beneplácito.
1813 Contrae matrimonio con Encarnación Ezcurra y Arguibel.
Deja los campos paternos a cargo de su hermano Prudencio y rehusa recibir
su parte de la herencia.
Solicita que la misma le sea entregada a su madre. Cuando ésta murió
su parte pasó a sus hermanos dado que él no la necesitaba.
Intensifica su actividad de ganadero con buen suceso. Se asocia con
Juan Nepomuceno Terrero.
Comienza el negocio de saladero
de pescado, acopio de frutos .
25-11-1815 Integra la firma de Luis Dorrego y mas tarde funda el primer
saladero Las Higueritas en Quilmes.
Se muda a los campos de Julián Molino Torres en el paraje denominado
La Guardia del Monte (hoy Monte) adonde en 1774 se había emplazado el
Fortín de frontera llamado de la Guardia de San Miguel del Monte Gargano.
El establecimiento se lo llamo Los Cerrillos. Esta propiedad creció
compuesta por varias propiedades integradas y fue explotada con singular
éxito. Esto le permitió forjar una destacada posición económica.
El sitio se encontraba en cercanías del Río Salado sobre la denominada
frontera natural con el indio.
Las personas que estaban a su cargo desempeñándose con tareas rurales
mas tarde se convirtieron en hacendados lo cual habla de la calidad
de orden y desempeño de estos establecimientos.
1819 No obstante el cuidado y dedicación en la vigilancia el acoso de
los indios era constante. Dado que en esa época habitaban en la Patagonia
más de 100.000 indios. Tanto el problema del indio como que también
se comentaba que una expedición realista desembarcaría nuevamente para
reconquistar el territorio, provocó reacción en los hacendados de la
región quines pidieron al Director supremo encargase a Juan Manuel de
Rosas la formación de un grupo de defensa para asegurar las fronteras.
Rosas conjuntamente con su primo José Tomas de Anchorena crearon en
Los Cerrilos el cuerpo de caballería que denominaron Los Colorados del
Monte debido al color de sus uniformes. Rosas entonces es nombrado Jefe
de las Milicias del Sur. Este Cuerpo se destacaba por la altísima disciplina,
orden, pulcritud en su vestimenta y marcialidad.
1820 Existe una atmósfera de caos en el país por choques de ambiciones
de diferentes hombres y tendencias
Había un impulso federal de los caudillos para gobernar las provincias.
1-2-1820 Los caudillos Ramirez y López arrasan a Rondeau en la batalla
de Cepeda, como Güemes en Salta contra los directoriales que pretendian
mantener predominio público con apoyo en protectorados extranjeros
20-6-1820 En este dia hubo tres Gobernadores. Se había puesto preso
a miembros del Congreso de Tucumán.
Había motines y asonadas con pronunciamientos de personas como Sarrratea,
Pagola, Balcarce y Dorrego.
2-9-1820 Dorrego es derrotado en la batalla de Gamonal. Asume Martín
Rodriguez.
10-5-1820 Primera actuación de Los Colorados del Monte que trascendió
y comienza a hacerse conocer.
Hay un levantamiento de armas contra el General Martín Rodriguez. Este
llamó a Rosas para que interviniera con las milicias para reponer el
orden legal. Aparece entonces Rosas con sus Colorados del Monte. Mas
de 1.000 hombres perfectamente montados, equipados y sostenidos a su
costa.
Entra en la ciudad y desaloja de todos los cantones a los revolucionarios.
8-6-1820 Rosas es Capitán y es ascendido a Comandante del 5º Regimiento
por Balcarce Gobernador delegado.
7-10-1820 Martín Rodriguez asciende al Grado de Coronel de Caballeria
de línea luego de sofocar otra asonada.
Rosas no obstante disgustado porque Martín Rodriguez no se ocupa de
los problemas del campo decide retirarse nuevamente a sus haciendas
mientras el acontecer político trasciende.
No obstante acompaña a Martín Rodriguez hasta Sierra de la Ventana en
una expedición contra los indios.
Hay una creciente anarquía. Se forman dos corrientes antagónicas: unitarios
y federales.
Los primeros con ideas monarquicas y elitistas los segundos reúnen a
la clase mas allegada del pueblo extendida hacia las provincias aspirando
a integrar todo el territorio nacional.
1824 Se intenta un Congreso en 1824. Buenos Aires se beneficia con la
Aduana incautada.
Juan Gregorio de Las Heras sucede a Rodriguez
12-1825 El Gobernador Las Heras comisiona a Rosas para tratar la paz
con los indios.
Rosas solo y desarmado se reúne con el cacique Chañil entre cientos
de caciques en Tandil. Después de varios días se cierra el parlamento
de paz en leguaje dialecto pampa que concreta una nueva línea de frontera.
Esto sucedía en la laguna del Guanaco. Se pacta entrega de raciones
y se vacuna a los indios contra la viruela.
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La Campaña al Desierto
La influencia de indios chilenos sobre los pampas preocupa a los
hacendados.
Rosas como se menciona arriba conoce el problema. Su padre paso
mucho tiempo en tolderías.
Ha tratado con indios desde niño en la estancia materna El Rincón
de López más allá del Salado.
Aprendió el lenguaje araucano, sus dialectos pampas y ranquel. Hasta
compuso un diccionario.
Además sabía que nunca se los puede engañar. Los caciques sostenían
que Rosas no los engañaba.
Rosas tenía relación con muchos caciques por su crianza. Tenía conocimiento
del idioma pampa y se comunicaba con los indios en su misma lengua.
Además tenía en las estancias indios trabajando. Su abuelo fue muerto
por los indios en 1793. Estaba muy familiarizado en el ámbito por
todos sus antecedentes.
Se cierne el peligro de tribus de indios que pagados y armados provienen
de Chile. Estos dominarían a los indios de las pampas y no respetarian
los tratados de paz. Desde 1831 asolaron al territorio.
La carne Argentina robada por los indios y vendida en Chile perjudicaba
a sus hacendados.
La nominación de Rosas de Comandante de Campaña lo facultaba a evaluar
la necesidad de fundar poblaciones y fortines aumentando el area
habitable y corriendo la frontera con el indio.
Rosas desde 1827 comienza a preparar la expedición, para la ocupación.
En 1828 ya se habian fundado los fortines de Federación, 25 de Mayo
y Laguna Blanca. Rosas comienza a preparar el emplazamiento de una
Fortaleza de Protección no solo contra el indio sino contra invasión
extranjera este sitio era (hoy Bahía Blanca ) su fortín, su puerto
y el puerto de Carmen de Patagones adonde en 1827 ya se habia producido
la invasión sin éxito de Brasil. Rosas contrata científicos y técnicos.
La expedición se ejecutará por tierra, mar y ríos.
En Marzo de 1828 Rosas por desaveniencias con Balcarce renuncia
a esta preparación.
2-1-1833 La fragata Inglesa Clio al mando del Onslow desembarca
en Islas Malvinas, la ocupa iniciando el conflicto.
22-3-1833 Rosas nuevamente es nombrado a cargo de le expedición.
Originalmente estaba planeado para salir tres columnas y converger.
La columna de Aldao llega solo a Malargue, Ruiz Huidobro chocó con
los indios de Yanquetruz quien alertado aparentemente por Reinafe
logran escapar y Quiroga los separa del grupo. Rosas sale desde
sus campos haciendose cargo del costeo de la expedición en su mayoría.
Este dia salen desde el paraje Las Perdices 10 km al Sudoeste de
San Miguel del Monte se pone en marcha la columna de 2000 hombres
y unos 6000 caballos. El paraje Las Perdices pertenecía a la estancia
del mismo nombre antiguamente llamada El Rosario. Esta fue anexada
a Los Cerrillos y tomó el nombre de la Laguna Las Perdices contigua
a la misma.
1-5-1833 Llega a Sauce Chico en Bahia Blanca enviando una columna
de 860 hombres hacia Rio Negro.
Pacheco llegó al Rio Negro y a la confluencia de los Rios Limay
y Neuquén.
11-5-1833 Llega al paraje denominado Cerro Redondo en el Rio colorado
adonde emplaza su campamento Base.
Establece un sistema de 21 postas entre su base y Los Cerrilos en
el Salado.
25-3-1834 Se da por terminada la campaña. Rosas licencia a los soldados
en Naposta. Como resultado del esfuerzo se obtuvo la fundación de
fortines de avanzada, la frontera daba mayor seguridad, se relevó
información para elaborar mapas, se afianzo el derecho sobre tierras
australes, se derrotó a 10.000 indios, se liberaron 6000 cautivos
de los indios en su mayoría mujeres. Científicamente se ejecutaron
observaciones meteorológicas, astronómicas, se navegó y balizó los
ríos Negro y Colorado, evaluando su navegabilidad. Los agrimensores
realizaron levantamientos para cartas topográficas y mapas.
Se fundó el Fortín Colorado adonde estaba la base operativa de Rosas.
Se dejaron navíos para enlazar con la Fortaleza Protectora de Bahía
Blanca fundada anteriormente en 1828.
29-06-1834 Asume Viamonte como Gobernador pues Balcarce renuncia
presionado por la revolución del 11 de Octubre al 3 de Noviembre
de 1833. La Sala Legislativa elige a Juan Manuel de Rosas recién
llegado y nombrado Heroe del Desierto. Rosas se niega. Se nombra
una comisión para convencerlo de que él asegurará el bienestar del
país.
La Sala Legislativa ofrece facultades extraordinarias a Rosas quien
responde que en este momento las mismas serian funestas. La sala
emite un nombramiento irrevocable en las condiciones que quisiera.
El panorama para Rosas es muy complicado por lo heterogéneo de la
fuerza gobernativa y la sociedad.
Hay divisiones entre los mismos federales, además los unitarios
son ferreos opositores y no están dispuestos a ceder en sus aspiraciones.
No solo ve que enfrentara a unitarios sino a la dominación extranjera,
libertad de comercio, bancos e influencia imperialista.
Para esta tarea se requiere un equipo que no existe ni en elites
ni en masa populares.
La Sala lo reelige por cuarta vez. Rosas no acepta. Se ofrece el
cargo a Tomas de Anchorena, a Nicolas Anchorena a Viamonte pero
nadie acepta.
30-06-1834 La Sala nomina entonces a Manuel Vicente Maza.
1-10-1835 Maza envía a Quiroga a negociar con Heredia y Latorre
por Salta y Jujuy en guerra civil.
Rosas y Maza ofrecen una escolta a Facundo Quiroga pues debe atravesar
Córdoba. Este la rehusa.
Al pasar por Córdoba por poco lo asesina Cabanillas de la partida
de Reinafe pero consigue escapar.
Quiroga se entrevista con Ibarra y Heredia arreglando la situación
en Salta. Al volver es asesinado en Barranca Yaco, Córdoba.
Enterado Rosas evalúa los asesinatos de Villafañe camino a Mendoza,
Latorre y Aguilar en Salta, Quiroga y José Santos Ortiz junto con
su sequito. Solicita entonces a la Sala la suma del poder público.
Es una decisión clave en un momento muy decisivo para el país. Pero
pide un plebiscito
28-03-1835 El plebiscito es ganado por mas de 9000 votos contra
7.
Rosas es conciente que ha admitido un poder sin límite que a pesar
de ser odioso dice es absolutamente para sacar la patria del abismo
de males.......El objetivo era la unión y organización del país.
Equidad con una unica Aduana para la salida de todos los productos.
Se dicta la Ley de Aduanas aforando los productos importados. En
1836 se dicta la Ley Agraria suavizando las condiciones de trabajo
rurales
El arreglo no era fácil. La oposición ó sean los unitarios iniciaron
desde fuera del país las conspiraciones desde
1837 Bolivia, Uruguay y Chile. Rosas declara junto con Chile la
guerra a la confederación Peruano Boliviana
Surge el conflicto con el cónsul francés Roger.
En ese momento había 106 fabricas con máquinas a vapor y 700 talleres
artesanales de tejidos e hilados.
1838 Comienza la guerra con Francia. Esta está aliada con Rivera
de Uruguay, Corrientes y los unitarios emigrados a Uruguay entre
quienes se encuentra Lavalle.
31-03-1839 El bloqueo de navíos franceses estaba en su apogeo. Además
ocupan la isla Martín García que duraría 3 años.
La batalla de Yungay en Perú ganada por Chile, en Pago Largo Corrientes
Echague vence a Berón de Astrada aliado de los franceses. En La
Trinchera, Córdoba Manuel López vence a los revolucionarios de Santa
Fe. Mientras tanto en Buenos Aires estalla una conjura.
Manuel Vicente Maza y su hijo Coronel Ramón Maza pretendían eliminar
a Rosas.
06-1839 Ramón es fusilado y Manuel Vicente eliminado por la Sociedad
Popular Restauradora.
7-11-1839 También se sublevan los hacendados del sur derrotados
en una batalla en Chascomús. La rebelión tenía cierta relación con
los franceses.
8-12-1839 Lavalle desembarca con un ejercito en San Pedro, Buenos
Aires. Avanza a Merlo pero retrocede a Santa Fe por falta de apoyo
francés.
11-1840 Oribe al mando de tropas Rosistas le da alcance a Lavalle
en Quebracho Herrado, Córdoba derrotándolo.
Llega una misión diplomática de Francia y capitula con Rosas.
9-10-1841 Lavalle intenta formar una Liga del Norte. Junto con Lamadrid
enfrentan a Oribe pero Pacheco derrota en Mendoza en septiembre
a Lamadrid, Oribe derrota a Lavalle en Famailla.
Lavalle intenta huir a Bolivia pero es muerto en Jujuy. Rosas aseguraba
la política en el interior.
28-11-1841 El General Paz vence a Echague en la batalla de Caaguazú
y lidera una coalición de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y La
Banda Oriental.
04-1842 Rivera en Entre Ríos no acepta a Paz como líder. Este se
va para Uruguay. Oribe viene con el ejército desde Córdoba y derrota
a Juan Pablo López de la coalicion en Santa Fe. La coalición ahora
favorece a Rosas
Oribe se dirige a Uruguay para ocuparlo.
Los Ministros de Inglaterra y Francia desconocen a Oribe como Gobernador
pero Rosas lo confirma.
6-12-1842 Oribe derrota a sus oponentes en Arroyo Grande, pero al
llegar a Montevideo esta fortificada.
El Almirante Brown con la flota de Buenos Aires comienza a bloquear
pero el Comodoro ingles Purvis inmoviliza los buques argentinos.
Rosas protesta por esta acción a Mandeville pues la Confederación
estaba en buenas relaciones con Inglaterra. Inglaterra entonces
da lugar y retrocede Purvis.
Oribe se posiciona bien en el sitio de Montevideo que duraría 8
años.
El bloqueo lesionaba los intereses comerciales de los ingleses.
1844 Rosas entonces comenzó a devolver el empréstito otorgado a
Rivadavia siempre que no bloquearan el puerto.
El préstamo era de 1
millón de libras de las cuales llegaron 540.000 descontando comisiones
y etc. Rosas pagó 5000 pesos mensuales. Gesto muy bien visto en
Londres. Rosas intentó obtener una indemnización de los ingleses
a través de Arana por ocupar las Malvinas en 1833. Estos intereses
en Europa eran bien atendidos por Sarratea y Manuel Moreno. La intención
era cederles el dominio. Pero los ingleses negaron por sentirse
dueños.
03-1845 Llega una escuadra anglo francesa al Plata. Rivera es derrotado
por ejercito Rosista en India Muerta al mando de Urquiza.
23-9-1845 La escuadra enfrenta a Rosas y exige levantar sitio ocupando
Colonia y Martín García.
20-11-1845 Quieren desembarcar navegando el Río Paraná pero en la
Vuelta de Obligado encuentran una cadena que obstruye el paso y
la navegación. Lucio Víctor Mansilla al mando de las tropas Argentinas
cañonea con pocas unidades a los navíos que con 85 bocas de fuego
logran pasar con no pocos daños en sus costados.
6-2-1846 Urquiza derrota a Paz en Laguna Limpia. Coronel Thorne
anula un desembarco ingles en la costa del Paraná.
06-1846 Mansilla infringe daños a un convoy de 12 navíos de guerra
y 95 mercantes en San Lorenzo Santa Fe.
Aparece un comisionado Hood ingles en el Río de la Plata y ofrece
a Rosas una amnistía total, esta comprendía levantar el sitio ,
levantar bloqueo naval, devolver las islas, elecciones libres en
Uruguay.
05-1847 Quedó todo tranquilo pero llegaron Howden representante
ingles y Waleski Frances quienes propusieron a Rosas separar a la
Confederación de la Banda Oriental. Pero como el conflicto atentaba
contra los intereses del comercio Ingles y Francés.
Rosas ganaba la partida consiguiendo el fin del bloqueo por Inglaterra,
y limitando a Francia a proteger solo a Montevideo y sus sitiados.
Su prestigio aumento considerablemente entonces.
El tratado de Alcaraz es firmado entre Urquiza y Juan Madariaga
hermano del Gobernador de Corrientes al ser derrotados en Laguna
Limpia. En este tratado no quedaba bien claro si Madariaga se adhería
al federalismo o Urquiza a los unitarios. Rosas lo rechaza porque
desde el Pacto Federal en 1831 Corrientes estaba adherida.
11-1847 Urquiza entonces ataca a Corrientes y derrota a Madariaga
en Vences. Este hecho se sindicaría como el principio de desacuerdo
de Urquiza con Rosas.
1848 Llegan los funcionarios por Inglaterra Gore y por Francia Gross
1849 Southern Inglaterra y Lepredour Francia aceptan finalmente
las condiciones de Rosas para terminar el conflicto.
24-4-1849 Se firma el tratado Arana-Southern la nave insignia inglesa
desagravia la bandera Argentna con 21 cañonazos.
1850 Disraeli primer ministro Ingles comenta que La Confederación
Argentina ha rechazado a seis misiones inglesas.
La Confederación se habia unido con las naciones nacientes del continente
sudamericano.
En el orden interno despues de Lavalle habia paz por parte de los
unitarios. La mayor parte de los emigrados a Uruguay habia vuelto.
Lentamente se les devolvían sus confiscaciones. Buenos Aires tenía
prosperidad con la Ley de Aduanas.
31-8-1850 Se firma el tratado Arana-Lapradou bandera Argentina se
desagravia y se acuerda la libre navegación de los ríos interiores
se considera a Oribe en su posición legal, se devuelve Martín Garcia
y los navíos Argentinos.
30-09-1850 No obstante habia enemigos al acecho. Si Rosas unia a
los paises sudamericanos restaba expansión a otros como Brasil.
Habia una amenaza en ciernes para Brasil de una supuesta expansión
Rosista aun con ejercitos en preparación. Oribe en Uruguay y Urquiza
en Entre Rios. Rosas ordena a Guido romper relaciones con Brasil.
Urquiza entra a tener operaciones de inteligencia con Brasil.
04-1851 Urquiza envía a todos los Gobernadores una circular indicando
su posición contraria a Rosas.
1-05-1851 Urquiza hace su pronunciamiento en Concepción del Uruguay.
Se gesta un acuerdo entreriano, Brasilero y Montevideano.
Se establece un tratado mediante el cual Montevideo cede territorio
a Brasil, además Brasil ofrecerá a Urquiza infanteria, caballeria
y artilleria, la flota naval se apostaría en sitios estrategicos
para derrotar a Rosas.
Brasil le daba a Urquiza la cantidad de 100.000 patacones mensuales
por cuatro meses a un interes del 6% anual.
Brasil le temía a Rosas y con razon. Este tenía un ejercito sitiando
Montevideo, 20.000 hombres en Santos Lugares podía ocupar el territorio
brasilero con 40 o 50.000 hombres llegando hasta Río de Janeiro
si quisiese.
12-1851 Rosas no parecia preocupado por la situación. Urquiza atraviesa
el Rio Uruguay hacia Entre Rios. La escuadra brasilera se encontraba
en el Plata. Rosas aparentemente esperaba una reacción de Inglaterra
en contra de Brasil.
La flota brasilera remonta el Paraná, ocupa Martín García y Colonia,
en Paso de Acevedo, Mansilla cañoneo desde la costa. La flota llegó
hasta Diamante y las costa de la provincia de Santa Fe. Ayuda a
trasladar soldados entre ambas márgenes. No se le ofrece resistencia
a Urquiza en Santa Fe y éste avanza hacia Buenos Aires.
Las fuerzas se componían del lado de Rosas de unos 25000 hombres
pero le faltaban armas y oficiales capaces.
En cambio Urquiza tenía 27.000 hombres compuestos así: 15.000 de
Entre Ríos y Corrientes, 3.500 de Buenos Aires, 1.850 Uruguayos
y 4.000 Brasileros. En Colonia restaban unos 10.000.
La batalla era la más grande que se iba a producir en la región.
Rosas no estaba capacitado, le dio el mando al Coronel Pedro Jose
Diaz quien aunque unitario acepto con honor. Junto con M. Chilavert
dirigirian las fuerzas.
Rosas pidió opinión a los oficiales quienes le aconsejaban elidir
la batalla. Otros le aconsejaron retroceder al sur y volver con
los indios. Esto no le agradó a Rosas quien dijo si ganamos o si
perdemos quién para después a los indios?
3-02-1852 Caseros
A las 7 de la mañana el ejército de Rosas estaba en línea. El sitio:
una loma opuesta a la ocupada por Urquiza
Atrás del ala izquierda estaban encubiertas las escuadras de caballeria,
la infantería de Rosas en columnas y la enemiga en batalla.
Como estrategia se notó que el ala izquierda de Urquiza era flaca.
Se decidió atacar con la caballería que reunía unos 10.000 en dicha
ala. Esto provocaría la dispersión. Luego la infantería y artilleria
generalizaría el combate haciéndolo decisivo.
La batalla comenzó con el cañoneo enemigo respondido por Rosas.
Las fuerzas de Urquiza parecian alineadas más para una revista de
desfile que para combatir. A las 10 de la mañana las fuerzas rosistas
del ala derecha atacaron. La batalla duró 4 horas y media. No fue
ninguna demostración de arte militar.
Una carga de caballeria de Lamadrid con la polvareda se desvió tanto
que al detenerse estaba como a una legua.
Cuando retrocede las tropas estaban dispersándose. El coronel Chilavert
peléó heroicamente con baterías causando estragos en el enemigo.
Luego Urquiza lo fusiló por la espalda.
Rosas
se retira del campo de batalla a caballo redactando antes su renuncia.
Se dirigió a la casa de Gore el Ministro inglés. A la noche embarcó
en el navío Centaur y luego a la nave de guerra Conflict con destino
a Inglaterra.
Lucio V, Mansilla entregó la ciudad de Buenos Aires al día siguiente.
23-04-1852 Rosas luego de una escala del navío en Bahia, Brasi,
llegó a Plymouth, adonde fue recibido con honores.
Familiares de Rosas y amigos se adelantaron y los esperaban en Inglaterra.
31-5-1852 En Buenos AiresVicente López y Planes es nombrado por
Urquiza como gobernador provisorio.
Vicente López instigado por Alsina confisca los bienes de Rosas
con disgusto de Urquiza. Este último convoca un Congreso en San
Nicolas de donde sale nombrado Director Provisorio. Se convoca la
legislatura en Bs As adonde estuvieron presentes 10 Gobernadores,
se recomponia la Confederación Argentina , Buenos Aires sería capital
, la Aduana y su puerto nacionales. Esto fue muy resistido por los
porteños. La legislatura de Buenos Aires desautoriza a Vicente López
por haber firmado el Acuerdo de San Nicolas.
23-06-1852 Urquiza disuelve la Legislatura y se nombra a si mismo
Gobernador y nuevamente ordena retornar los bienes confiscados de
Rosas a Terrero.
11-09-1852 Urquiza va a Santa Fe para celebrar el Consejo de acuerdo
a San Nicolas y estalla una revolución que lo expulsa de Buenos
Aires. Además nuevamente son confiscados los bienes de Rosas.
23-10-1852 En Southampton, donde fijo Rosas su residencia, contrajo
matrimonio su hija Manuelita con Máximo Terrero.
11-1852 Juan y Nicolas Anchorena visitan a Rosas en Southampton
anunciándole la devolución de los bienes pero no saben de la revolución
del 11 de Septiembre.
1853 Rosas alquila una casa conocida como Rockstone House localizada
en el barrio The Crescent
Los bienes de Rosas seguian confiscados pero logra vender una estancia
en 100.000 pesos fuertes y algunos bienes muebles.
En Santa Fe un congreso celebra la Constitución Nacional, elaborada
con las bases de Alberdi, permitiendo que cada provincia se gobierne
por si sola.
8-04-1854 Alsina es nombrado Gobernador de Bs As.
18-10-1857 Se instaura en Buenos Aires el proceso a Juan Manuel.
Lo condena a muerte.
La indemnizacion por daños y perjuicios se han de cumplir con otros
bienes que no estén en la ley de confiscacion.
Rosas reacciona y va a Londres a escribir su defensa.
Urquiza publica la defensa de Rosas en los diarios de la Confederación,
además le ofrece enviarle dinero a Rosas, si éste no lo tomaba a
mal, en una colecta entre amigos.
23-10-1854 La Confederación y Buenos Aires deciden enfrentarse.
Buenos Aires con 10.000 hombres al mando de Mitre, Urquiza con 14.000
vence a Mitre en Cepeda y Alsina es depuesto.
10-10-1854 Se establece el pacto de San José de Flores mediante
el cual el Estado de Buenos Aires formaría parte de la Confederación.
11-11-1859 Manuelita se va a vivir a Londres con su marido Terrero.
Rosas alquila una propiedad rural de 50 hectareas cerca de Southampton
llamada Burguess Farm con algunos animales.
17-09-1861 Mitre como Gobernador de Buenos Aires y Urquiza con las
provincias del interior comienzan a unificar el interior con Buenos
Aires. Estalla una revolución en San Juan y por las disidencias
entre ambos se enfrentan en la batalla de Pavón adonde Urquiza ahora
es derrotado por Mitre. Urquiza se retira de la política y así quedan
terminadas las esperanzas de Rosas de recuperar sus bienes. Mitre
asume como presidente.
No obstante Rosas se había relacionado entonces en Southampton,
Lord Palmerston le visitaba y lo hacían participar de actividades
como carreras de caballos o cacería del zorro entre otras.
1864 Rosas por apremios económicos, abandona definitivamente Rockston
House dedicándose solamente a Burguess Farm su chacra, la cual es
alquilada. El alquiler deberá pagarlo con el producto de la misma
dado que no posee ningún ingreso ni dinero. Ante esta situación
le escribe a Urquiza solicitándole el dinero ofrecido.
Urquiza le responde que inmediatamente le hara girar 1000 libras
y que cada año le enviara otras 1000.
Solo cumplió con la primera vez pero el gesto valió. Mitre, Carlos
Tejedor y Juan Bautista Alberdi le escriben a Rosas solidarizandose
y dandole aliento. Mientras Rosas siembra y ordeña vacas con sus
propias manos para tener algo de sustento.
Numerosas personas entre ellos políticos y escritores visitaron
a Rosas en su exilio quienes cuentan en sus cartas que Rosas mantenía
sus costumbres como ensillar el caballo con apero, lazo y boleadoras
como en Argentina. Ademas vestía al estilo crillo y tomaba mate
con yerba paraguaya.
1871 Con Mitre presidente hay una disputa de límites con Chile.
Como un pedido póstumo Mariano Balcarce, Ministro en París, le pide
a Rosas papeles demostratorios del diferendo ocurrido por una colonia
chilena en Magallanes, en pago por esto le es enviado un magro envio
de dinero que apenas paga el arrendo de su chacra.
16-3-1877 Rosas comunica a su hija Manuelita que ha vendido las
dos ultimas vacas para subsitir el crudo invierno. Con su salud
muy precaria abandona la vida a los 84 años.
1989 Sus restos son repatriados a la Argentina y depositados en
el cementerio de la Recoleta. En el Parque de Palermo es erigido
un monumento a su memoria.
Hacia mitad del siglo
XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena
expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.
Estados Unidos intervino en México anexionando parte de su territorio
incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones
de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron
dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con
la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron
entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del
mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El
algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser
recuperado en los campos de la Confederación Argentina.
Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la
provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores
de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado
a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de
aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación
de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques
extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias
locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una
primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría
aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra
y Francia.
Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que
trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones
de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello
la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo
que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.
El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos
mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses,
intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir
soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias
del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos
interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del
Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial
para ambas potencias.
Con patriotismo, inteligencia y astucia, Rosas preparó la defensa
cerrando el Paraná con baterías escalonadas a lo largo de sus costas
para librar batalla contra sus agresores. La principal defensa se
encontraba en la Vuelta de Obligado al norte de la ciudad de San
Pedro. Allí, el General Lucio V. Mansilla hizo tender de costa a
costa sobre 24 lanchones tres gruesas cadenas para impedir el paso
de las embarcaciones y ocupó con dos mil hombres las trincheras
y baterías emplazadas en el lugar.
Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó
a la tropa: "¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen
a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que
la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de
nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el
Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que
verlo bajar de donde flamea!".
Las bajas de los argentinos resultaron muchas por el heroísmo en
la defensa de la posición y por la desproporción en el armamento,
pero el hecho, demostraría a los interventores que no podrían vencer,
pues la guerra de resistencia sería franca e implacable.
Las noticias de las pérdidas comerciales sufridas por el convoy
y los relatos de la hidalguía y bravura de los argentinos llegaron
a Londres. Los tenedores de bonos de deuda argentina reclamaban
el fin de la intervención para poder cobrar. Ante esta situación,
los gobiernos extranjeros ordenaron el retiro inmediato e incondicional
de sus escuadras en el Plata desagraviando al pabellón argentino
con 21 cañonazos.
La victoria Argentina demostró que los triunfos no dependen de quien
tenga más soldados y mayor poder de fuego, sino, de quien tenga
la mas inteligente y ordenada estrategia, sin divisiones en el frente
interno y llevando una excelente política exterior que explote las
contradicciones del adversario.

Por
José Luis Muñoz Azpiri (h) *
Disertación en el Municipio de San Andrés de Giles con motivo
del “Día de la Soberanía”, el 20/11/09.
Triunfante en París, la revolución de febrero de 1848, que da por
tierra la monarquía orleanista y el ministerio de Guizot, Manuel
de Sarratea, enviado argentino en Francia y amigo personal del nuevo
Ministro de relaciones Exteriores, , Alphonse de Lamartine, comunica
a Buenos Aires que luego de una entrevista con el flamante Canciller,
ha arribado al convencimiento de que toca a su fin la aventura en
el Plata.
El gobierno provisional lo ha recibido oficialmente, dice, y, al
despedirse la guardia del Ayuntamiento lo ha aclamado con un estentóreo
“¡Vive la Republique Argentine!”. El vitor representa una expresión
de solidaridad y simpatía con una victima triunfante de la prepotencia
orleanista, unida con los republicanos en su victoria contra el
enemigo común. Los libres del mundo responden: ¡Al gran pueblo argentino,
salud! Así como en la revolución liberal de 1830, se coreó, en París,
el nombre de Bolívar, recordábanse ahora los de la Argentina y Rosas,
como llamas que ardían jubilosas junto al “feu sacré des republiques”
encendidos entre las barricadas de Francia.
Sarratea extrae de los sucesos revolucionarios el mayor caudal de
ventajas convencido de que la intervención platense es una aventura
impopular en Francia – denomínase así a todo acto de gobierno que
no triunfa – la cual a sido promovida y sustentada por el gabinete
de Londres y la resignada complicidad del Rey Burgués y Guizot.
París ha sido arrastrada al conflicto por la política de intimidación
del “Foreing Office” cometiendo lo que el lúcido Tomás Guido, confidente
de San Martín, definiría desde la corte del emperador brasileño
como “el extravío más insensato y la afrenta más necia a la voluntad
de su rival”. Toda abdicación es gravosa, tanto más si resulta improductiva,
como ésta realizada por Guizot, quien ha visto agitarse contra su
política claudicante la bandera subversiva del nombre y la causa
del general Rosas, junto con los símbolos de la revolución republicana.
La táctica de Sarratea consiste en explotar los sentimientos populares
contra Londres y tratar de provocar una fisura en la coalición,
a ejemplo de lo sucedido en Buenos Aires, donde se ha abrumado a
la inversa a los negociadores ingleses con el espectáculo de los
“execrables” designios de Francia, opuestos a las intenciones de
su aliado, con la conciencia de que todo el integrante de una gavilla
recela de los movimientos de su colega. El enviado argentino se
pone de acuerdo con Manuel Moreno, ministro de la Confederación
en Londres y hermano del prócer de Mayo, para encontrarse en Aquisgrán
y preparar un plan conjunto de acción destinado a separar a los
aliados. La técnica del “divide ut imperam” permite tanto que reine
el fuerte como que pueda defenderse mejor el débil.
El clima era propicio y Sarratea, viejo y venerable artista de combinaciones
insospechadas, resulta un experto en beber los vientos. El “acuerdo
cordial” que regía las relaciones de Inglaterra y Francia había
comenzado a resquebrajarse desde tiempo antes., cuando manifestaciones
y actos internacionales de Guizot relativos a Italia, Polonia y
Suiza empezaron a ilustrar la contramarcha de Francia hacia el autoritarismo
y la represión política. Lamartine había declarado en el Parlamento
que la nación se había hecho “gibelina en Roma, clerical en Berna,
austríaca en el Piamonte y rusa en Cracovia, pero en ninguna parte
francesa y, en todas, contrarrevolucionaria”. Los errores denunciados
por la oposición no se enmendaban y sólo habrían de desaparecer
con la destrucción del régimen.
La política interna tampoco contribuían a reforzar el fondo liberal
del “acuerdo” Francois Guizot, más empeñado en perdurar en el poder
que en hacer buen uso de él y más cuidadosote la paz de su administración
que la del país, gobernaba mediante la corrupción, acaso porque,
en su tiempo, tal como aseguró Macaulay del primer Walpole, no existiese
otra manera de gobernar. Se sostenía merced al apoyo que alcanzaba
en las cámaras, formadas por parlamentarios cuyas actas representaban
un sistema de compromiso culpable entre el dinero y el gobierno.
Los personajes activos y egoístas, intrigantes y serviles de Balzac,
obsesionados por la sed de oro y el escalamiento de posiciones públicas
personificaban los ideales de esa sociedad que prosperaba en un
clima de vicios y abusos. Acaudalados comerciantes, financieros
y ricos industriales, decidían en toda cuestión de índole nacional
a través de sus personeros burocráticos. Los principios de la representación
política estaban cercenados y los campeones del derecho – así se
presentaban en el Río de la Plata – no reconocían libertad de reunión
ni de asociación, ni siquiera opción al trabajo, a sus propios compatriotas.
Como las manos de los Cresos no eran ociosas, solían a veces perder
sentido del tacto y .aparecían sus dedos untuosos mezclados en clamorosos
casos de cohecho, peculado y venalidad.
¿Qué sucedía mientras tanto en la otra orilla respecto de la política
con Sudamérica? Henry Palmerston, un heredero de la vieja familia
de los Temple, ocupaba ahora el gobierno. Sus sentimientos eran
contrarios a Guizot y a la prosecución de la alianza. En marzo de
1846 había censurado acremente en la Cámara de lo Pares ante Robert
Peel, presidente del consejo de ministros, la intervención en América,
demostrando que los hechos de los marinos ingleses eran actos bélicos,
aún cuando el gobierno se empeñase en demostrar lo contario. Había
existido un bloqueo, desembarco de tropas y asalto de baterías,
captura de buques de guerra y oferta de venta de dichas naves, tal
como si se tratase de presas de guerra; la oposición gubernativa
no podía imaginar por cuales razones toda esta virulencia y actividad
combativa debía interpretarse solamente como un experimento de persuasión
diplomática.
A dicha interpelación había respondido Peel candorosamente que no
existía guerra, por cuanto no se la había declarado, y que las naves
debieron venderse por no existir personal apto para mantenerlas
o cuidarlas; ninguna operación bélica había sido prevista, autorizada
o aprobada por el gobierno de S.M., el cual confiaba galantemente
en que los opositores no se asieran de esta oportunidad para provocar
una discusión que “en la actualidad mucho lastimaría”.
John Russell, otro parlamentario, se sumó a los ataques de Palmerston,
quién resultaba con este acto, sorpresivo amigo de un país que se
oponía a la expansión imperial de la Corona, sin meditar aún en
el proyecto que acariciaría con posterioridad, de despojar a dicha
nación de la parte austral de su territorio, es decir, de la Patagonia.
Sir John alegó que la venta de los barcos era una medida de guerra
que no podía verificarse sin la previa reunión y autorización del
consejo, noción elemental del derecho de naciones y medida administrativa
que el presidente no podía menos que conocer y respetar. El primer
ministro, acosado, optó por eludir la respuesta y formuló un elogio
hacia la conducta de los soldados ingleses “cualesquiera hayan sido
las instrucciones de su gobierno”, sin ver que no se trataba precisamente
de los soldados, sino por el contrario, de las instrucciones y del
gobierno.
Más tarde el diputado Cobden aportó leños a la hoguera y lo mismo
hizo un sector de la prensa británica. El “Daily News” publicó un
artículo importante sobre las negociaciones del Río de la Plata
y la falsa política de Lord Aberdeen, origen del conflicto, a través
del cual venía a luz todo el revés del tapiz diplomático. Manuel
Moreno remitió el recorte a Arana recomendándolo por la justicia
de sus ideas y la perfecta exactitud con que exponía la engañosa
política de la intervención con el pretexto de la presunta garantía
de independencia del Uruguay, por parte de Inglaterra y la menos
presunta que se arrogaba, sin ningún derecho, Francia.
Desde que el “Morning Chronicle” donde se publicara una carta de
San Martín sobre el conflicto, hacía más de dos años que no había
aparecido en la prensa de Europa un artículo sobre nuestros problemas
tan importante y oportuno que el que publicaba el “Daily” del 9
de agosto de 1849, por cuanto el medio usado por los agentes montevideanos
en Londres para confundir la cuestión y desvirtuar los tratados
propuestos, era el argumento de garantía de dicha independencia
por los interventores y quedar la misma, sujeta a grave peligro.
Aberdeen, al ver que el asunto no adelantaba, había pretendido dar
marcha atrás con la misión Hood, pero luego, estimulado por la oposición
a Palmerston e influido por los agentes orientales, pretendió desde
las cámaras, dar a la intervención un peso que no podía tener en
la balanza pública ni en los arreglos territoriales de Europa, tal
como lo denunciaba, con precisión y firmeza, el “Daily News”.
En una palabra, el “acuerdo” incomodaba a Francia, tanto en su aspecto
europeo como en la aparcería americana, y, en Inglaterra, desde
Palmerston a un sector de la opinión pública y periodística, sin
citar el comercio y las finanzas – los cariacontecidos accionistas
del empréstito de los Baring –deseaban poner punto final al incidente.
Una expedición “colonial”, equipada con los cañones y las banderas
de Trafalgar, que no logra imponer la victoria después de tres años,
compromete la política, el erario y el propio prestigio. Palmerston,
sabiamente, ordenó la retirada y, un año más tarde, el 29 de noviembre
de 1849 se firma la Convención Arana-Southern o Paz de Obligado
que puso fin a la guerra.
El repliegue británico no alteraba, de cualquier modo, principios
fundamentales de convivencia internacional o de política, por cuanto
los motivos de la intervención no se relacionaban con la defensa
de tratados y derechos humanos y, si, con algunas menudencias, como
las que supo enumerar Guido en una carta que escribió a San Martín,
desde Río de Janeiro, en 1846:
“La aduana de Montevideo. Las adquisiciones de una compañía inglesa.
El tratado de comercio y navegación celebrado por Inglaterra con
el gobiernillo de aquella plaza. El interés mercantil y político
de aquella nación es que gobierne en la Banda Oriental una gavilla
de hombres prostituidos miserablemente al extranjero. Si Oribe (presidente
constitucional) triunfa, no será tan ancho el campo para los especuladores
ingleses, ni habrá la docilidad de sus adversarios a la política
de Inglaterra. Cualquier otro pretexto es historia de viejas, o,
como decían nuestros padres, engañabobos…”.
Y como anticipándose a los argumentos de Sir Robert Peel en Londres
y a los de sus prosélitos porteños del siglo XXI, embobados con
los beneficios de una supuesta globalización, desautorizaba las
intenciones pacíficas de “tales misioneros”, cuando encendían la
guerra en la Banda Oriental, “cuando transportan expediciones militares
a ocupar los puntos principales, cuando entran a sangre y fuego
en nuestros ríos interiores, cuando se demuelen a cañonazos nuestras
baterías y nos matan por cientos nuestros soldados y cuando saquean
y queman nuestros buques neutrales y nacionales dentro de nuestros
puertos; cuando se nos apresan y destruyen nuestras embarcaciones,
cuando bloquean nuestras costas; por último, cuando habilitan al
caudillo Rivera y le conducen de un punto al otro con una columna
de extranjeros para invadir su propio país. Si todo esto hacen en
paz, qué se reservan estos caballeros para tiempos de guerra”
Por lo visto, nada.
* José Luis Muñoz Azpiri (h) nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).

El
síndrome de Gunga Din
Por Enrique Manson *
Cuando yo era chico tenía tías jóvenes que me trataban con el cariño
y la dedicación que suele darse al primer sobrino. De algún modo,
ellas me introdujeron en la admiración del cine de aventuras de
la época. Aquel en que los cowboys eran buenos y los indios malos,
los soldados yanquis excelentes y los alemanes y japoneses espantosos.
En ese marco, me llevaron a ver varias veces la película Gunga Din
(nombre que no se si escribo con la grafía correcta, pues mi dominio
de las lenguas orientales es más malo que el que tengo del castellano).
Se trataba de un heroico joven indio (hindú, decíamos entonces)
que daba la vida tocando el clarín para avisar a los ingleses y
sus colaboradores nativos que se acercaban los feroces enemigos
que pretendían –nada menos- expulsar de la India a los europeos
y su civilización.
Yo era un niño, más ingenuo que hoy, y mis tías, adolescentes enamoradas
de los artistas de Hollywood. Fue más tarde que empecé a escuchar
y comprender palabras como cipayo, o imperialismo. Otros niños de
mi edad, que hoy son como yo sexagenarios, siguen empeñados en emocionarse
con la heroica trompeta del joven oriental y su entrega de la vida
por el británico Imperio.
La Epopeya y la Nación
Hace una semana tuve el gusto de asistir a la presentación del libro
La Gran Epopeya de Pacho O’Donnell, y me emocioné, como no podía
ser de otra manera, con la celebración, la llamó Pacho, de Obligado.
La combinación de las exposiciones de los panelistas y el autor
con la voz de Marian Farías Gómez cantando aquello de Que los
tiró a los gringos, j’una gran siete. Navegar tantos mares, venirse
al cuete. La presencia de los colorados de monte y de los patricios
de Obligado. Y, sobre todo, el hecho mismo de la presentación, me
pegaron fuerte, y yo soy de lágrima fácil para las emociones.
¿Y que opino del libro, yo que me dedico a la Historia? Para ser
honesto, le debo a Pacho mi juicio por que recién he leído una tercera
parte, que de todas maneras me gusta mucho y responde a lo que nos
suele dar el autor en sus obras, y supongo que ocurrirá lo mismo
con lo que me falta leer.
Pero la celebración O’Donnellesca, coincide con un hecho que no
embarga menos mi entusiasmo: la gran celebración Patria que se realizará
en Obligado mismo, en presencia de la Presidenta de la Nación, con
la inauguración del monumento que Obligado merece, y con la asistencia
que descontamos masiva de militantes, estudiosos y de hombres y
mujeres de nuestro pueblo. De ese pueblo que está recuperando el
interés, y aún el amor, por la Historia.
Es que están cambiando cosas en nuestra Argentina y en nuestra América.
En los últimos años no sólo hemos salido de las cadenas económicas
y políticas que nos ataban a los poderes internacionales; no sólo
hemos empezado a caminar hacia una justicia que distribuya los bienes
materiales, culturales y espirituales de modo que no haya un solo
argentino que no cuente con un piso de vida digno para sí y para
los suyos; no sólo estamos respondiendo a la remanida leyenda que
dice que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra,
al encerrar –juicios mediante- a los peores criminales de nuestra
historia. Hay algo más.
Nuestro pueblo está recuperando el orgullo de ser. No la estúpida
vanidad de creernos más que nadie, si no la confianza en que la
Argentina –tan insignificante como se quiera, diría Don Juan Manuel-
no es menos que ninguno. Así, el patrioterismo vacuo de las celebraciones
formales y no sentidas, está siendo reemplazado por el amor apasionado
por lo nuestro. Que tiene mucho que ver con el fervor con que gritamos,
más que cantamos, la Marcha de San Lorenzo, como lo vimos en mayo
y como lo volvimos a ver en la despedida del gran presidente que
nos dejó hace días. Es que nos estamos reencontrando con nuestro
pasado, al mismo tiempo que con nuestra identidad de Nación. De
esa Nación que, bien dice el historiador profesional de apellido
prócer, “las naciones se construyen en circunstancias determinadas.”
En nuestro caso, después de la diáspora primera, cuando San Martín
y Bolívar no lograron sumar a la Independencia la Unidad continental,
y la segunda, que partió en cuatro pedazos al antiguo virreinato,
fue justamente Rosas, el que delineó la Nación. Tras la agresión
porteña de 1809, cuando la apertura del puerto permitió que los
mercados del interior fueran invadidos por manufacturas británicas
de costo inferior a la producción nativa. Apareció un federalismo
que en última instancia amenazaba con desintegrar lo que había quedado
del territorio virreinal. Fue el Restaurador con una política aduanera
que sin perjudicar a Buenos Aires permitía la recuperación de las
provincias, sumada a una abrumadora correspondencia a través de
la que instaló en los caudillos locales la conciencia de argentinidad,
y con la heroica resistencia contra los imperios a los que no cedió
ni un tranco de pollo, el que permitió la construcción de una Argentina
que todavía no lo era.
Obligado
En su crítica a los festejos de Obligado, el historiador mencionado
dice, en la vieja tribuna de doctrina, que se festeja una derrota.
También afirma que “se llegó a un acuerdo muy honroso…, en el que
Rosas obtuvo lo que no pudo lograr en el campo de batalla. Celebremos
pues el éxito pacífico de la diplomacia y no el fracaso de la guerra.”
El problema es que guerra y diplomacia eran una unidad. Una guerra
es siempre una calamidad, pero hay guerras inevitables, sobre todo
cuando se nos vienen encima sin pedir permiso las dos primeras potencias
de la época, ayudadas por cómplices nativos. De la crítica parece
surgir la idea de que el Tirano, fracasó primero con los cañones,
y eligió después la diplomacia. Es algo parecido a lo del alumno
del maestro Firpo que decía que un perro era cuatro patas, dos orejas
y una cola. El perro es un animal, que tiene patas, cola y orejas.
El conflicto con los imperios tuvo batallas y diplomacia. Se trataba
de una guerra colonial. En las guerras coloniales se enfrentan un
imperio con una colonia o con un país pequeño –en cuanto a su poderío-,
y no son movidas por odios o rivalidades nacionales. El agresor
busca una ganancia. Puede ser económica, puede buscarse el dominio
de un punto de importancia estratégica, y también se puede buscar
la fácil conquista de prestigio.
Siempre se trata de una inversión. En dinero, en sangre, en materiales
y armamento. El costo no debe superar el beneficio esperado. Por
eso, los franceses hicieron la paz con Rosas en 1840, y abandonaron
a sus colaboradores nativos. Por eso la primera potencia del mundo
abandonó Vietnam no muy elegantemente, en la década de 1970. La
resistencia de pueblos dispuestos a luchar hasta sus últimos esfuerzos,
quebró la voluntad de los imperios. Estaban gastando demasiado en
armas, en dinero, en sangre propia, en relación al botín buscado.
La gloriosa batalla de Obligado fue el punto culminante de una guerra
colonial. En ella se destacó el heroísmo de los guerreros argentinos
que, como diría San Martín, no son empanadas que se comen sin más
trabajo que abrir la boca. Pero las guerras contra las potencias
no se ganan sólo con heroísmo. No menos necesaria es la conducción
de un estadista que, como Juan Manuel de Rosas, apoyado por su pueblo,
condujo con firmeza y talento la guerra contra las dos potencias
de su época.
Es cierto que había argentinos que tenían “opiniones diferentes
sobre como organizar el país”, aunque es lamentable que quienes
las tenían hubieran gestionado la intrusión anglo francesa y, muchos
de ellos, disfrutaran del espectáculo de Obligado desde la borda
de los barcos invasores. Esto fue juzgado por San Martín con frases
conocidas: americanos que por un indigno espíritu de partido se
unan al extranjero para humillar a su Patria.
Patriotismo, hoy
No nos sorprende la preocupación por el nacionalismo patológico
del crítico. Nos recuerda lo que decía Scalabrini Ortiz acerca de
lo peligroso del nacionalismo, pero del de las potencias imperiales.
Es cierto que “nuestro actual gobierno puede hacer uso de él”, y
puede legítimamente pues es el gobierno que a contrapelo del internacionalismo
de las relaciones carnales con el Imperio de hoy, levanta la bandera
de la independencia basada en la integración continental que soñaron
San Martín y Bolívar, Artigas y Güemes, Rosas –el Gran Americano-,
y que no pudieron concretar Perón y Vargas a mediados del siglo
pasado.
Las imágenes de los presidentes frenando el golpe racista y separatista
de Bolivia, y apoyando al presidente Rafael Correa, hace un par
de meses (y esas fueron victorias). La del presidente colombiano
en el velorio de la Casa Rosada, esperando a Hugo Chávez para abrazarse
juntos al lado del patriota que los ayudó a impedir una guerra fratricida.,
nos ponen ante un futuro, el único posible en un mundo de continentes.
Estaremos Unidos para no estar dominados.
A riesgo de repetitivo, y desde luego con palabras que no son mías,
termino esta reflexión con aquello de que si el gobierno municipal
porteño les ha puesto rejas a las estatuas de nuestros próceres,
ellos, con San Martín y Bolívar al frente, las han saltado, y han
vuelto a cabalgar por América Latina.
19 de noviembre de 2010
* Profesor de Historia, funcionario en los ministerios de Educación de la Nación, de la Ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires, docente universitario, autor, entre otros, de Argentina en el Mundo del Siglo XX y El Proceso a los argentinos

Vuelta
de Obligado y la autoafirmación nacional
Por Francisco José Pestanha *
El notabilísimo pensador entrerriano Fermín Chávez supo percibir
en la batalla de la “Vuelta de Obligado” un verdadero jalón de nuestra
autoafirmación nacional.
Para quienes no la recuerdan, dicha conflagración constituyó una
de las más importantes de la epopeya independentista argentina,
y tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 en un recodo del río Paraná
a escasos 20 kilómetros de la localidad de San Pedro, Provincia
de Buenos Aires. Protagonizaron la contienda por un lado las tropas
de la Confederación Argentina liderada en aquél entonces por Don
Juan Manuel de Rosas, y por el otro, las compuestas por la entente
cordiale, una alianza entre Inglaterra y Francia, dos de las potencias
mas aventajadas de la época.
El enfrentamiento se prolongó por un lapso aproximado de 9 horas,
logrando las tropas enemigas perforar las líneas de grandes cadenas
que atravesaban el río. Muchos historiadores coinciden que las huestes
al mando de Lucio N. Mansilla profesaron una perspicacia y un heroísmo
dignos de subrayar, y que la estrategia militar adoptada por el
restaurador fue brillante.
Los daños producidos a la “entente” en Obligado, y posteriormente
en Tonelero, San Lorenzo y Punta Quebracho, obligaron a los enemigos
a desistir de una “intervención en el Río de la Plata” que si bien
estuvo orientada (aunque encubiertamente) a garantizar sus propios
intereses comerciales, escondía alguna intención inducida “desde
adentro” para independizar la Mesopotamia.
José de San Martín desde el exilio comprendió como pocos la importancia
estratégica de este acontecimiento manifestando en alguna oportunidad:
“Ya sabía la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos
los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos
no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.
El libertador a su muerte en reconocimiento a éstas y otras acciones,
legará por disposición testamentaria a Rosas el sable con el que
luchó por la independencia.
La autoafirmación es un mecanismo psicológico mediante el cual reforzamos
las propias ideas, poderes, fortalezas y habilidades. En su faz
colectiva, constituye un dispositivo de cohesión social mediante
el cual nos reconocemos positivamente como parte de un todo entrelazado
por la solidaridad. La autoafirmación es, en definitiva, un dispositivo
de autovaloración.
Obligado en particular pero en especial el rechazo a un bloqueo
impuesto por dos potencias coloniales, constituye un evento que
habla nítidamente de una de una capacidad colectiva subyacente,
y el Poder Ejecutivo Nacional comprendiendo su magnitud, acaba de
decretar felizmente al 20 de noviembre como feriado nacional. Anhelamos
que esta festividad constituya un espacio para la reflexión sobre
ciertas potencialidades que efectivamente poseemos, pero que por
alguna razón extraña, solemos ejercitar una vez cada tanto.
* Docente universitario y ensayista. Es secretario académico de la Comisión Permanente de Homenaje a FORJA y Presidente del Instituto de Estudios Estratégicos Malvinas, Patagonia e Islas del Atlántico Sur. Es coautor de "FORJA, 70 años de Pensamiento Nacional" en tres tomos editado por la Corporación Buenos Aires Sur, y autor. entre otras obras, de ¿Existe un Pensamiento nacional? de Editorial FABRO.
2010

Obligado
nos obliga
Por Oscar González*
En 1845 el Parlamento británico analizaba la exigencia brasileña
y de los banqueros y mercaderes ingleses de una intervención militar
en el Plata para garantizar "la libertad de comercio", la libre
navegación de los ríos.
El objetivo estratégico fundamental, era imponer el tutelaje internacional
de las potencias comerciales (Gran Bretaña y Francia) sobre la región
y fragmentar definitivamente la Confederación Argentina que Juan
Manuel de Rosas mantenía unida con mano de hierro tras el despedazamiento
del antiguo virreinato del Río de la Plata.
La historia registra que fue Lord Richmond quien presentó a sus
pares la propuesta bélica, en tanto que el moderado Lord Aberdeen,
jefe del gobierno, sostuvo que los argentinos "pueden estar equivocados
en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema
que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso [...], pero
estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes,
sean débiles, sean fuertes".
La frase final fue obviamente para la gilada ya que la invasión
se aprobó y la flota anglofrancesa ingresó a nuestros ríos con los
resultados conocidos, es decir la heroica resistencia de las tropas
argentinas al mando del general Lucio Norberto Mansilla, que en
la Vuelta de Obligado el 20 de noviembre, le impuso un costo altísimo
a los invasores, hasta que, finalmente, el 13 de julio de 1846,
Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia,
anunció ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención
conjunta".
A 165 años de la batalla de Obligado, cuya fecha se ha instituido
como el Día de la Soberanía Nacional, las pretensiones y exigencias
del capital financiero internacional y de los estados que las sustentan
ya no son puntualmente las mismas, aunque, en el fondo, yace la
misma doctrina económica basada en la apropiación de los recursos
de los países en desarrollo.
La batalla por la soberanía pasa ahora por lograr la autonomía política
y financiera de los organismos internacionales encargados de dictar
recetas que garantizan la traslación del ingreso social de abajo
hacia arriba y desde adentro hacia afuera, donde el endeudamiento
público cumple el papel de un lazo ajustado en el cuello de las
naciones emergentes.
La crisis financiera internacional y su curso en los propios países
desarrollados desenmascara el carácter depredador del capital financiero,
que impone el ajuste y la restricción de los derechos laborales
y sociales en los países más afectados, en especial los más frágiles
de la Unión Europea.
Y hasta en el país más poderoso del planeta, Estados Unidos, sus
propios trabajadores enfrentan el desempleo y el estancamiento salarial,
a la vez que se deterioran aceleradamente las redes de contención
social y, alimentados por el miedo y la incertidumbre que causa
la crisis, surgen dirigentes y partidos políticos que predican el
racismo y la xenofobia, al igual que en la Francia de Sarkozy y
la Italia de Berlusconi.
Entre nosotros, y como en tiempos de la invasión anglofrancesa,
hay poderosos sectores económicos, con fuertes nexos con el establishment
financiero internacional, que libran una enconada batalla contra
las políticas de desendeudamiento, crecimiento del mercado interno
y redistribución del ingreso que redujeron el impacto económico
y social del tembladeral de los mercados mundiales.
Son los profetas frustrados de catástrofes que nunca llegaron, los
agoreros fallidos que pronosticaron una postración que duraría décadas,
los que decían que nunca recuperaríamos el respeto de los países
desarrollados, los políticos que, increíblemente, aún hoy sostienen,
contra toda evidencia, que la Argentina es un país aislado.
Son quienes hacían fuerza para que fracasen los canjes de deuda
en 2005 y 2010, que redujeron drásticamente su peligrosidad.
Son los comentaristas políticos de los diarios hegemónicos y los
gurúes económicos que afirmaban que el Mercosur se iría a pique,
que Unasur era una instancia inútil e ineficiente y que el país
nunca sería respetado por “los países serios” porque Néstor Kirchner
le dijo no al mismísimo George Bush y a la propuesta del Alca durante
la inolvidable Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata en 2005.
Tuvo que morir el ex Presidente para que esa sarta de mentiras se
terminara de derrumbar, cuando las pantallas televisivas mostraron
el impacto internacional de su desaparición, los homenajes de los
jefes de Estado de las naciones del subcontinente que trabajaron
con él y el reconocimiento unánime, aún de dirigentes y medios de
prensa de los países ricos que, no obstante estar en las antípodas
de su pensamiento, reconocieron su fortaleza política y el enorme
mérito de librar al país de la deuda infinita, liderar su recuperación
económica, política y social y contribuir decisivamente a la integración
de América latina.
Tampoco es posible, por más que se intente deformar la realidad,
ocultar el reconocimiento a la Argentina y a la presidenta Cristina
Fernández en los foros mundiales, cuya firme posición en materia
de soberanía, equidad en el comercio internacional, derechos humanos
e integración regional es una referencia obligada entre los países
del G77+China.
Celebramos este nuevo aniversario de Obligado con algunas ineludibles
referencias al presente: la primera, es el ingreso a la etapa final
del proceso de desendeudamiento, cuya preliminar acaba de iniciarse
con la aceptación, por parte del Club de París, de la condición
inflexible puesta por la Presidenta argentina de que la operación
se haga sin monitoreo del Fondo Monetario Internacional.
Si ella llegara a buen término, sería la primera vez que una nación
ajena al grupo de los poderosos logra dejar afuera la omnipotente
presencia de ese organismo, cuyas imposiciones causan estragos en
todos los países donde se aplican. Y la segunda, se refiere al nuevo
marco de construcción de soberanía que, lejos del aislamiento, se
halla fuertemente imbricado en una estrategia global y regional.
A propósito de lo último, vale la pena reproducir las palabras de
Marco Aurelio García, asesor del presidente Lula y laureado ayer
con el honoris causa de una universidad argentina: “Cuando escribimos
el documento que sirvió de base para UNASUR (entonces se llamaba
Comunidad Sudamericana de Naciones), empezamos a construir una idea:
que la región debería unirse para que tuviera una participación
en un mundo multipolar en construcción.
No había ni hay ese mundo multipolar, lo que sí había era una desagregación
del mundo unipolar, pero se estaba constituyendo un mundo multipolar
y la gran cuestión era saber si nosotros teníamos la capacidad de
ocupar un lugar en ese mundo o no, y hoy creo que la tenemos".
*Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del
gobierno nacional
www.telam.com.ar | 2010

Que
los parió a los gringos
Por Alberto Amoroso *
Por el Paraná suben once barcos de guerra, algunos blindados y a
vapor, pero todos artillados con la última palabra en armamento.
Son parte de las dos armadas más poderosas del mundo.
Un recodo donde el río se angosta en una curva. En la costa derecha
hay 2000 hombres, gauchos los más, armados como se pudo, 30 cañones
anticuados dispuestos en cuatro baterías con sus oficiales, y un
general curtido en muchas batallas, desde las Invasiones Inglesas
y la Independencia, a las guerras intestinas. En el cauce, tres
cadenas sobre pontones, algunos lanchones artillados y un buque
de guerra: “El Republicano”, tratarán de detener el avance.
En todas partes, poca munición.
Cuando aparece el enemigo la banda del Regimiento de Patricios toca
el Himno Nacional. Cantando a voz en cuello, el General Lucio Norberto
Mansilla le hace sentir a la tropa aquello de: “la Patria se lleva
en los cojones”.
Y justamente eso es lo que sobra ese 20 de noviembre de 1845 en
la Vuelta de Obligado.
El primer cañonazo fue francés, cayó en medio de las estrofas del
Himno, el último no lo sabremos nunca, pero sin duda no fue argentino
por que ya no había con que tirar. El fuego de artillería duró siete
horas sin interrupción. El combate fue feroz, sin cuartel, sin agachadas,
la metralla casi se lleva a Mansilla pero parece que la muerte tuvo
vergüenza o demasiado trabajo, el coronel Juan Bautista Thorne,
quien pierde el oído por una descarga cercana, lo reemplaza. Cuando
se queda sin munición, el capitán Tomás Craig, a cargo de El Republicano,
lo hace volar para que no caiga en manos del enemigo. Lo mismo hacen
los oficiales en tierra inutilizando las baterías.
Hontham y Trehouart, los capitanes de la flota anglo-francesa, se
sorprenden de la resistencia, la determinación y el coraje de los
defensores. Los daños a la armada invasora son muchos y graves;
“debidos a la obstinación del enemigo” dirá el almirante Inglefield.
Los actos heroicos son innumerables y, como corresponde, anónimos
en su mayoría. Nadie recula a pesar de la enorme diferencia de poder
de fuego, nadie amaga una aflojada ante el atropello, sabían que
jugaban con una taba culera, lo sabían todos y a pesar de eso les
plantaron el macho a las dos potencias más grandes de la época.
El mismo Restaurador le acota a Mansilla cuando, al darle la orden
de la defensa, éste le comenta lo difícil que iba a ser vencerlos:
“difícil no… imposible” dijo.
Pasaron pero perdieron. Pasaron pero ganamos.
Después de Vuelta de Obligado la flota, maltrecha, remontó el Pariente
del Mar, el Paraná de los guaraníes, acompañada de los buques mercantes
que, cargados de mercadería, pretendían hacer buena diferencia de
dinero vendiéndola en Corrientes y el Paraguay, para eso vinieron,
para eso y para fracturar la Confederación dándoles estamento de
república a las provincias del Litoral, y lograr la libre navegación
de los ríos para colonizarnos alegremente, con la subterránea (y
no tanto) complicidad de Urquiza, y la descarada de muchos vende
patria que, como ahora, miraban afuera, como si hubiesen nacido
en otra tierra, buscando un ideal de “civilización” en el que depositaban
su ambición y su egoísmo inconfeso.
Pero el Paraná es un pariente nomás, no es el mar donde las flotas
inglesas y francesas eran indiscutidas. Y como criollo que es, un
tiempo después sus costas vegetales y barrancosas protegieron a
los soldados y a la caballada robusta en la que Mansilla cinchó
los cañones itinerantes que, en el Tonelero, en San Lorenzo (emblemáticamente
el mismo lugar de la primera batalla sanmartiniana) y, fundamentalmente,
en la Angostura del Quebracho, fueron diezmando la otrora orgullosa
armada hasta que lo que quedó de ella huyó a refugiarse en Montevideo
cribada de balazos y cargada de vergüenza.
Terminada la lucha, el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, luego
de rechazar seis veces (seis veces ingleses y franceses aguantaron
orina en la antesala del Restaurador) las condiciones de los representantes
de ambas potencias, les hace bajar las orejas y firmar la paz mediante
los acuerdos Arana-Southern en 1849 y Arana-Lapradou en 1850 después
de los cuales los civilizados libertadores colonialistas tuvieron
que desagraviar la bandera argentina con los 21 cañonazos de rigor.
Para el General José de San Martín, la gesta del Paraná, que comenzó
con Vuelta de Obligado, era de tal importancia que escribe a su
amigo Tomás Guido: Grand Bourg, 10 de mayo de 1846 Mí querido amigo:
”Sarratea me entregó a mi llegada a ésta su muy apreciable del 12
de Enero; a su recibo ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué iniquidad!
De todos modos los interventores habrán visto por este “hechantillón”(1)
que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo
que el de abrir la boca: a un tal proceder, no nos queda otro partido
que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres
libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que
por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro
favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que
recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan
en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como
la de nuestra ema ncipación de la España.
Convencido de esta verdad, crea usted mi buen amigo, que jamás me
ha sido tan sensible, no tanto mi avanzada edad, como el estado
precario de mi salud, que me priva en estas circunstancias ofrecer
a la patria mis servicios, no por lo que ellos puedan valer, sino
para demostrar a nuestros compatriotas, que aquella tenía aun un
viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión la más
injusta y la más inicua de que haya habido ejemplo...” (1) pequeña
cantidad de algo, muestra. Se respetó la ortografía original, aunque
se escribe sin “h” N.d.A Y para el resto del mundo fue el asombro
y el respeto.
Incluso para los invasores, hasta el punto que, cuarenta años después
de la batalla, uno de ellos, ya almirante, Sullivan, se presentó
en el Consulado Argentino en Londres con una bandera tomada en Obligado
y la siguiente nota: “En la batalla de Obligado en el Paraná el
20 de octubre de 1845 un oficial que mandaba la batería principal
causó la admiración de los oficiales ingleses que estábamos más
cerca de él, por la manera con que animaba a sus hombres y los mantenía
al pie de los cañones durante un fuerte fuego cruzado bajo el cual
esa batería estaba expuesta. Por más de 6 horas expuso su cuerpo
entero. Por prisioneros heridos supimos después que era el coronel
Ramón Rodríguez del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Cuando
los artilleros fueron muertos, hizo maniobrar los cañones con los
soldados de infantería y él mismo ponía la puntería. Cuando el combate
estuvo terminado habían perdido 500 hombres entre muertos y heridos
de los 800 que él comandaba. Cuando nuestras fuerzas desembarcaron
a la tarde y tomaron la batería, con los restos de su fuerza se
puso a retaguardia, bajo el fuego cruzado de todos los buques que
estaban detrás de la batería, defendiéndola con armas blancas. La
bandera de la batería fue arriada por uno de los hombres de mi mando
y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango. Al ser arriada
cayó sobre algunos cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre.
Quiero restituir al Coronel Ramón Rodríguez si vive, o sino al Regimiento
de Patricios de Buenos Aires, si aún existe, la bandera bajo la
cual y en noble defensa de su Patria cayeran tantos de los que en
aquella época lo componían. Si el Coronel Rodríguez ha muerto y
si el Regimiento de Patricios no existe, yo pediría que cualquiera
de los miembros sobrevivientes de su familia que la acepten en recuerdo
suyo y de las muy bravas conductas de él, de sus oficiales y de
sus soldados en Obligado. Los que luchamos contra él y habíamos
presenciado su abnegación y bravura tuvimos grande y sincero placer
al saber que habían salido ileso hasta el fin de la acción” Almirante
Sullivan Según estudios, probablemente Sullivan se refiriera, por
error de los informantes, a Juan Bautista Thorne quien estaba a
cargo de la batería “Manuelita” que fue la de mayor resistencia,
y no a Ramón Rodríguez, aunque esto no reviste mayor importancia
dado que, ya fuera uno u otro, ambos representan el mismo numen
del coraje criollo.
Y si así, relatados someramente, los sucesos toman esa dimensión
gigantesca, entonces ¿por qué en la historia oficial el combate
de la Vuelta de Obligado permanece minimizado, reducido a lo anecdótico,
despojado de su valor histórico y más aún, político? ¿Qué provocó
en quienes difunden los anales de la Historia, el hecho que un país
fuera del mapa se plantara y doblegara a las dos híper potencias
del momento, para arrojar sobre él un manto de tiniebla? La respuesta
tal vez se encuentre en la actitud de los comemierda (especie que
se analizará en otro texto), quienes fueron tejiendo, entre mentiras,
omisiones e intereses personales, la historia que conviene a un
pueblo sumiso al imperio de turno del cual ellos eran administradores.
Veamos, si no, la diferencia en el tratamiento histórico de Obligado
respecto a la Guerra de la Triple Infamia donde Mitre, traicionando
al Paraguay y agachando el lomo a los ímpetus ingleses, hace un
triste papel de generalito (después del desastre de Curupaytí fue
relevado del mando por los brasileros) a cambio de miserables prebendas,
pasando a ser un cuasi héroe nacional.
Después, con el devenir de los estancieros en administradores, de
la dirigencia en gerentes, de los vendepatria en próceres, con el
auspicio de los comemierda, la inexorable adhesión de lameculos
y cagatintas, se fue desdibujando la Patria cojonuda e independiente,
y apareció la otra, la de la agachada, adornada desde “la tribuna
de doctrina”, “La Prensa” y tanto otro medio de mierda; la que festejó
el bombardeo en Plaza de Mayo, la de las “relaciones carnales”,
la que se ponía en cuatro patas ante el FMI y pedía limosna por
los pasillos de las finanzas internacionales.
Entonces, era mejor dejar a la Vuelta de Obligado, allí, empolvada,
a merced del olvido, como un hecho menor, no fuera cuestión que
alguno mordiera el freno, se le ocurriera que es posible ser soberano
e independiente, y pegara el corcovo, tirando por el cogote a la
cohorte de pulastrines que viven mirando hacia afuera mendigando
identidad.
Pero parece que siempre hay alguno, ahora es feriado nacional, y
hay que festejar esa decisión y la fecha, por que hay mucho más
en ello que un fin de semana largo. La turrada lo sabe, por eso
está nerviosa dando coceos de otario.
Este 20 de noviembre se cumplen 165 años del hecho.
Lástima no saber el nombre de todos los que pelearon para grabarlos
a fuego en el corazón de la Patria. Pero así es la todoparidora
Argentina, puta y santa, nuestra hasta los huesos, esta amada Argentina,
la que un día peleó con música en las barrancas de Obligado y después
cantó con sorna gaucha: Y que los parió a los gringos juna y gran
siete navegar tantos mares venirse al cuete. . . .
Y lo puede cantar de nuevo.
* El autor es periodista
www.telam.com.ar | 2010
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DE LA MEMORIA