La Batalla de la Vuelta de Obligado se produjo el 20 de noviembre de 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y al norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado. Enfrentó a la Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas y a la escuadra anglo-francesa, cuya intervención se realizó con el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo.

 
La batalla de La Vuelta de Obligado, obra de Rodolfo Campodónico


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Un combate por la soberanía

Por Pacho O'Donnell

El Combate de la Vuelta de Obligado es la expresión a cañonazos de un conflicto que recorre la historia argentina: la disputa entre las ambiciones de las dirigencias vendepatrias asociadas con las potencias exteriores del momento, enfrentadas con los intereses de los sectores populares que encontraron la fuerza de su expresión con Rosas, Yrigoyen, Perón y los Kirchner. El combate de la Vuelta de Obligado es, junto al Cruce de los Andes, una de las dos mayores epopeyas de nuestra Patria. Una gesta victoriosa en defensa de nuestra soberanía, que puso a prueba exitosamente el coraje y el patriotismo de argentinas y argentinos, que se pretendió silenciar por la historiografía liberal escrita por la oligarquía porteñista, antipopular y europeizante, vencedora de nuestras guerras civiles del siglo XIX.

Corría 1845. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Gran Bretaña y Francia, se unieron para atacar a la Argentina, entonces bajo el mando del gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas. El pretexto fue una causa humanitaria: terminar con el gobierno supuestamente tiránico de Rosas, que los desafiaba poniendo trabas al libre comercio con medidas aduaneras que protegían a los productos nacionales, y fundando un Banco Nacional que escapaba al dominio de los capitales extranjeros.

Los reales motivos de la intervención en el Río de la Plata, como la llamaron los europeos, fueron de índole económica. Deseaban expandir sus mercados a favor del invento de los barcos de guerra a vapor que les permitían internarse en los ríos interiores sin depender de los vientos y así alcanzar nuestras provincias litorales, el Paraguay y el sur del Brasil. Dichas intenciones eran denunciadas por los casi cien barcos mercantes que seguían a las naves de guerra.

Otro objetivo de la gigantesca armada era desnivelar el conflicto armado entre la Argentina y la Banda Oriental (hoy República del Uruguay) a favor de ésta, que los franceses consideraban entonces protectorado propio. También independizar Corrientes, Entre Ríos y lo que es hoy Misiones, formando un nuevo país, la República de la Mesopotamia, que empequeñecería y debilitaría a la Argentina y haría del Paraná un río internacional de navegación libre.

Los invasores contaron con el antipatriótico apoyo de argentinos enemigos de la Confederación rosista, que se identificaban como unitarios, muchos de ellos emigrados en Montevideo. Fueron ellos los que, vencedores del federalismo popular, escribieron nuestra historia oficial, lo que explica que la epopeya de Obligado haya sido ominosamente ignorada hasta el 20 de noviembre del 2011, cuando la Presidenta la reivindicó en un inolvidable acto en el que inauguró un bello monumento y declaró feriado nacional ese día.


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Ingleses y franceses creyeron que la sola exhibición de sus imponentes naves, sus entrenados marineros y soldados, y su modernísimo armamento bastarían para doblegar a nuestros antepasados, como acababa de suceder con China. Pero no fue así: Rosas, que gobernaba con el apoyo de la mayoría de la población, sobre todo de los sectores populares, decidió hacerles frente.

Encargó al general Lucio N. Mansilla conducir la defensa. Su estrategia fue la siguiente: dado que se trataba de una operación comercial encubierta, el objetivo era provocarles daños económicos suficientes como para hacerlos desistir de la empresa y lograr así una victoria estratégica que vigorosas negociaciones diplomáticas harían luego contundente.

Mansilla emplazó cuatro baterías en el lugar conocido como Vuelta de Obligado, donde el río se angosta y describe una curva que dificultaba la navegación. Allí nuestros heroicos antepasados tendieron tres gruesas cadenas sostenidas sobre barcazas y de esa manera lograron que durante el tiempo que tardaron en cortarlas, los enemigos sufrieran numerosas bajas en soldados y marineros y devastadores daños en sus barcos de guerra y en los mercantes. El calvario de las armadas europeas y los convoyes mercantes que las seguían continuó durante el viaje de ida y de regreso, siendo ferozmente atacadas desde las baterías de Quebracho, del Tonelero, de San Lorenzo y, otra vez, desde Obligado, por lo que el nombre popularizado de tamaña gesta se refiere en realidad a La Guerra del Paraná.

Lucio N. Mansilla se puso valientemente al frente de sus tropas para rechazar el desembarco de los enemigos y resultó gravemente herido. La estrategia fijada por Rosas y Mansilla tuvo éxito y las grandes potencias de la época finalmente se vieron obligadas a capitular, aceptando las condiciones impuestas por la Argentina y cumpliendo con la cláusula que imponía a ambas armadas, al abandonar el Río de la Plata, disparar veintiún cañonazos de homenaje y desagravio al pabellón nacional. Desde su destierro en Francia, don José de San Martín, henchido de orgulloso patriotismo, escribió a su amigo Tomás Guido el 10 de mayo de 1846: “Los interventores habrán visto por este échantillon (muestra, en francés) que los argentinos no son empanadas que se comen sin mas trabajo que abrir la boca”, y más adelante felicitaría al Restaurador: “La batalla de Obligado es una segunda guerra de la Independencia”. Y al morir le legó su sable libertador.

Hemos librado combates de Obligado a lo largo de toda nuestra historia. Algunas veces hemos perdido ante la alianza de los poderosos de afuera con los traidores de adentro: por ejemplo, el endeudamiento venal que hoy permite que en vez de cañonazos como en 1845 intenten doblegarnos con presentaciones de los fondos buitre ante los tribunales norteamericanos. También fuimos derrotados cuando se vendieron empresas estratégicas a precio vil. Pero hemos vencido en algunos enfrentamientos con Yrigoyen, en muchos con Perón y la última década nos permite enorgullecernos por rotundas victorias en modernos combates de Obligado: la nacionalización de YPF, de Aerolíneas, de los fondos de pensión, la negativa al ALCA la ruptura de la balcanización americana con el estrechamiento de relaciones con las naciones hermanas, la independencia del FMI, los avances científicos y tecnológicos siempre saboteados por los que se arrogan esas armas de dominio con exclusividad, entre otras cosas. Nunca olvidemos que la Guerra del Paraná la ganaron los sectores populares cuando encontraron un líder como Juan Manuel de Rosas.

24/11/13 Miradas al Sur
 


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La vuelta de obligado, Rosas y la lucha contra el imperialismo ingles

Discurso completo de la presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner en el Día de la Soberanía Nacional en Vuelta de Obligado el 20/11/10. Por decreto presidencial se estableció a partir de 2010 el día 20 de noviembre como Día de la Soberanía.

Muy buenas tardes a todos y a todas.

Señor Gobernador de la provincia de Buenos Aires; señores gobernadores de las provincias de Jujuy y del Chaco; señora Vicegobernadora de La Rioja que nos acompaña; señor Intendente de la localidad de San Pedro; Madres, Abuelas; hermanos; hermanas; compatriotas: hoy estamos aquí cubriendo una deuda histórica de los argentinos y de su historia cual es recordar una epopeya como fue la Vuelta de Obligado, oculta, premeditadamente ocultada desde hace 165 años por la historiografía oficial.

En este lugar, donde hemos emplazado este monumento histórico, estas cadenas recuerdan a las cadenas que, por orden del brigadier general don Juan Manuel de Rosas, el general Lucio Mansilla y sus tropas cruzaron esas cadenas en el río para que la flota anglofrancesa no pudiera pasar.

Corrían tiempos en los cuales, como en tantos otros tiempos de nuestra historia de estos 200 años, de este Bicentenario, potencias extranjeras querían dividir nuestro país y apoderarse de nuestros recursos.

Buques de guerra, como cantaba la canción de Teresa, acompañados por buques mercantes -porque en realidad venían en nombre del libre comercio-, pretendían transformar este río, nuestro Río Paraná, en un río internacional y no en lo que es y siempre será, un río de la Nación argentina.

 

Pero iban por más, querían también, para poder transformarlo en internacional, separar a las provincias de Entre Ríos, de Corrientes y de Misiones para conformar la República de la Mesopotamia y entonces el río iba a ser internacional y nosotros íbamos a ser menos, más chicos.

En esos buques de guerra y mercantes, no venían solamente ciudadanos ingleses o franceses, venían también ciudadanos de la Confederación Argentina, identificados como unitarios, que habían emigrado a Montevideo y venían en las mismas naves que iban a invadir su tierra, su patria.


Himno a la Batalla de la Vuelta de Obligado. Música: Walter Larroquet. Letra: Marta Pizzo. Voz: Daniel Argañaraz. Grabado a través de la Municipalidad de La Matanza, Prov. de Bs As. Gobernación Fernando Espinoza. Noviembre 2012

El otro día leía unas letras que decían que esos cañonazos de la Vuelta de Obligado se vienen sucediendo a lo largo de la historia, en esta división de los que amamos y queremos a nuestro país y de los que muchas veces, sin darse cuenta o dándose cuenta, se convierten en serviles y funcionales a los intereses foráneos.

La valentía de esos hombres, la decisión de Rosas, la del general Mansilla, soldado con honor que al frente de sus tropas comandó la batería de la Vuelta de Obligado, tenía la tarea, sabía que no podía impedirlo por la superioridad numérica, militar y de todo tipo que traía el invasor, que había que debilitar a los buques mercantes, por eso las cadenas.

Y mientras no podían pasar eran atacados de las costas en una verdadera guerra de guerrillas que se dio aquí, río arriba y luego cuando volvieron tuvieron que rendirse, tuvieron que saludar al pabellón nacional con 21 cañonazos pese a que eran muy superiores en tecnología y en armamento.

Pero se enfrentaron con militares y pueblo unidos en un solo fúsil, en un solo cañón que los enfrentó.

También quiero hacer mención y homenajear a las mujeres, porque aquí también pelearon mujeres, mujeres de San Pedro y mujeres de San Nicolás. No quiero olvidarme de María y Josefa Ruíz Moreno; no quiero olvidarme de Rudecinda Porcel, de Carolina Núñez, de Francisca Navarro, de Faustina Pereyra, todas comandadas por Petrona Simonino.

Seguramente deben tener algún nombre esas calles, Intendentes, tanto para usted como para el de San Nicolás y si no los tienen es bueno que vayan pensando en ponerles el nombre de estas mujeres los intendentes y los concejales, por favor.

Tantas calles, tantas plazas, tantas avenidas con el nombre de tantos argentinos que no supieron servir a su país, bien merecen estas mujeres el nombre de alguna plaza o de alguna calle.

Yo quiero hoy aquí rendir homenaje y reconocimiento a esos hombres y a esas mujeres.


Cristina Fernández: "En un mundo que parece derrumbarse y que nos daba lecciones, hoy, no ya con cañones sino con un concepto político y cultural propio, debemos dar una pelea por la soberanía intelectual" (Acto 166º aniversario de la batalla de Obligado, 18/11/11)

Siempre me pregunto y siempre me preguntaré: ¿Por qué en la escuela siempre nos han enseñado con muchísimo detalle cada una de las batallas, cada una de las campañas en las que nos permitieron liberarnos del yugo español y, sin embargo, se ocultó deliberadamente durante dos siglos todas las luchas que se dieron contra otros colonialismos que aún subsisten como, por ejemplo, en nuestras Islas Malvinas?

Creo que no es casualidad, creo que lo que quieren es convencernos que es imposible luchar o mantener la dignidad nacional.

Por eso yo creo que el mejor homenaje que podemos hacer a estos hombres y mujeres en el Bicentenario, a los 165 años de aquella gesta maravillosa, es, precisamente, entender la necesidad de la unidad nacional.

No como un objetivo declarativo, sino como un instrumento para lograr definitivamente la construcción de una gran nación como soñaron Rosas, San Martín, Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo, todos los hombres y todas las mujeres que lucharon por esos ideales.

Él también, sí, él también, él y muchísimos más, más anónimos, menos reconocidos, tal vez, él representándolos, pero tantos argentinos que han dado sus vidas para vivir en una sociedad más justa, más libre, más igualitaria, más democrática, más de todos.

Este monumento es para todos los argentinos y es de todos los argentinos.

Yo quiero saludar desde aquí a los más de 40 millones de compatriotas y convocarlos a nuevas gestas, que no va a ser necesario emplazar cadenas en el río ni cañones; será necesario despojar nuestras cabezas de las cadenas culturales que durante tanto tiempo nos han metido.

Son más fuertes, más invisibles, más dañinas, más profundas que los cañonazos.

Porque muchas veces nos hacen ver las cosas no con el cristal de la Patria, sino con el cristal de los intereses de otros.

Por eso, quiero saludarlos a todos en este 20 de noviembre, que sea símbolo de unidad nacional, pero también de dignidad y soberanía para defender a la patria.

¡Viva la Patria!"


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Por qué el 20 de noviembre es el día de la soberanía

Por José María Rosa

El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno de los presentes. François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia. De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.

Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley, que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr, De Lurde hasta entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante Mackau ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.

Los Antecedentes de la Intervención

Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero – que sembró la guerra civil – a la Confederación Argentina gobernada por un hombre del carácter férreo de Rosas.

Hacia 1842 la política de la entente cordiale de Inglaterra y Francia hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios – libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables – de las "naciones comerciales". Había que hacer, en primer lugar, de la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa, desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de los mares – es decir: su libre navegación – a los ríos interiores argentinos, y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo y extenso virreinato del Plata.

De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo. Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis.

En febrero de 1843 esperábase por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843 no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.(1)

La misión del argentino Florencio Varela

De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.

Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica en el Plata.

Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas – lo decían las instrucciones – con la libertad absoluta de comercio y la libre navegación de los ríos. (2)

Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización", la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos de barbarie que convenía atribuir a Rosas.

El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres, recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.(3)

Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían a Londres a los fines de su misión.

Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.

Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.

Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.

Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas; jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.

Váse de Europa – después de una gira por París, donde tuvieron mayor éxito las Tablas de sangre – mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores". "La Inglaterra – escribe en su Diario de viaje – no conoce ni sus propios intereses."

La cena de Guizot


La derecha nacionalista antipopular y antidemocrática ha reivindicado históricamente la batalla de la Vuelta de Obligado.

En 1844 las cosas mejoraron y la entente cordiale pudo reanudarse. Más alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces su comisionado: el vizconde de Abrantés. Aberdeen lo recibe mejor que a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios y de legiones.

Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano ni darle entrada al Plata.

Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones, como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.

Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos") lo despacha a París.

Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación de Brasil.

Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la, noche del 13 de enero de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante ¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención?

Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después de lo ocurrido con Aberdeen.

Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público, pero evidentemente no producían efecto en los políticos.

Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.

En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio: es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran energía y un hombre muy querido por los suyos.

Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría hacer. De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría a los puertos".

A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole los beneficios comerciales posibles".




Banderas federales desplegadas en la batalla de la Vuelta de Obligado

Abrantés está de acuerdo, en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible; a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí, deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.

En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".

Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).

Lo que se buscaba era otra, cosa, para lo cual el gobernante argentino carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay..

De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales; de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían los límites de los nuevos Estados del Plata. Buenos tratados de comercio, alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.

Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales" que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la, participación del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra concluyendo con Oribe".

Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas, pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados participaban en común, también en común deberían emplearse".

Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.


Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión". Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo que se hiciera a oriente de este río.

Guizot resume las opiniones como final del debate.

Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera, usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".

Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza con los interventores.

Brasil se retira

Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente no se quiere la participación brasileña.


Sitio de la batalla de la Vuelta de Obligado, imagen satelital

No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención.

Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio), y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.

Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada su misión se retira de París.

Empieza la Intervención

Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.

Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis con idéntico propósito en nombre de Francia.

Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación, cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y Lainé.

Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo, arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos la del corsario Garibaldi.

Ante ese hecho – ocurrido el 2 de agosto de 1845 – Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.

Obligado (20 de noviembre)


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El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el asalto que siguió.

El 5 de setiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi, con sus propias manos – que más tarde serían esculpidas en bronce en una plaza de Buenos Aires –, arrió la bandera argentina.

De allí la escuadra se divide. Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra.

Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar" que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.

Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.

Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.

Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.

Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.

Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía vencer.

Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías.

Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos.

Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice el bravo almirante.

¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega a Corrientes, y de allí intenta el regreso.

En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una victoria" – el paso fue forzado – con ingentes pérdidas.

Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar el Paraná es muy peligroso y muy costoso.

Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia (gestionado por los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió seguro. Se deshace la intervención.

Poco después – 13 de julio de 1846 – Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar en jugoso precio de laureles.

Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.

Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil. En beneficio suyo – como en 1845 y 1846 – era otra cosa. Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina (en mi libro La caída de Rosas traigo la documentación pertinente).

Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela – no tenía más falta que la de ser equivocada... Si llega a formularse nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265), lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental es terminante y decisiva.

En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela. La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo mas lamentablemente deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones.

Las Tablas enumeran 480 cadáveres atribuidos a Rosas: muchos con nombres repetidos, y otros con las iniciales N. N., difíciles de individualizar. No se dice si son por delitos comunes o políticos. Y los métodos empleados al parecer por Rosas y sus mazorqueros son de lo mas variados: fusilamientos, degüellos, envenenamientos con masitas en una confitería porteña, etc. En total: 480 cadáveres a Rosas, dos libras esterlinas redondas (480 peniques) a Rivera Indarte.
Es presumible que la enorme suma de 22.030 cadáveres, a la que llega el aprovechado cordobés sumando a los 480 de sus Tablas "todos los caídos y posibles caídos anónimos en las diversas batallas y combates desde 1829", haya sido un lance para elevar a 96 libras esterlinas (22.030 peniques) sus honorarios. Pero no debieron pasar sin observación por la severa contabilidad de la Casa Lafone.

NOTAS:
(1) Luis Felipe proyectaba casar a Isabel II, de España, con su hijo, el duque de Montpensier, a lo que Inglaterra se oponía.
(2) Fuera de sus instrucciones escritas (atinentes exclusivamente a los intereses de Montevideo) Varela llevaba otras ofertas a Londres. Entre ella la de la creación de la República de la Mesopotamia, separando a Entre Ríos y Corrientes de la Confederación Argentina y poniéndolos bajo la tutela inglesa. Esta era una vieja aspiración de los unitarios, que Varela expresaría más tarde en su diario Comercio del Plata (16-6-46), y se encuentra en la correspondencia de Carril a Varela (especialmente la carta de marzo de 1845 repr., por G. F. Rodríguez Contribución histórica y documental III, 393). Varela, antes de ir a Londres, habló al general Paz de este proyecto como dice éste en sus Memorias (ed. 1917, III, 279).
(3) La denuncia del precio de un penique el cadáver convenido entre la Casa Lafone y Rivera Indarte, fue hecha por el Atlas de Londres (nº de 1-3-45) y reproducida por La Presse, de París.

Bibliografía
ARANA, Enrique: "Rosas y la Política Internacional".
EZCURRA MEDRANO, Alberto: "La Vuelta de Obligade". (Rev.
J. M. de Rosas, Nº 8.)
MANSILLA G.: "La Vuelta de Obligado". (Rev. J. M. de Rosas, Nros. 15-16.)
MUÑOZ AZPIRI, José Luis: "Rosas Frente al Imperialismo Inglés".
RAMIREZ JUAREZ: "Conflictos Diplomáticos y Militares en el Río de la Plata".
Fuente: Nac&Pop


La Batalla de Vuelta de Obligado

En los primeros días de noviembre de 1845 zarpó de Montevideo la escuadra combinada anglo-francesa con el fin de remontar el Paraná, estando compuesta por seis barcos con bandera inglesa y otros cinco con la de Francia, además de las barcas carboneras para abastecer los navíos a vapor. detrás de este contingente bélico, navegaba un convoy de noventa barcos mercantes de distintas banderas cargado con mercadería para ser comercializadas en Corrientes y el Paraguay. Señala el Historiador Alberto Noblia en su “Reseña Histórica de San Pedro” que “el 14 de Agosto el General Lucio N. Mansilla solicita por nota al Juez de Paz sampedrino, don Benito Urraco, le informe el estado de todas las fuerzas del distrito desde la edad de 15 a 70 años, como también del armamento existente y agrega que se mantenga en Estado de Asamblea a la Milicia Activa. El 22 el mismo jefe militar pide al Juez el envió de 25 o 30 tirantes de madera fuerte, posiblemente para la construcción de las baterías. El 12 de Noviembre Mansilla envía a San Pedro al Sargento Mayor Julián Bendim al mando de “ciento setenta y tantos” soldados de caballería e infantería, con el fin de rechazar cualquier intento de desembarco por parte de los anglo franceses”.

ENCUENTRO PREVIO A LA BATALLA

El 18 de noviembre, la flota invasora pasó frente a San Pedro y desprendió de ella a varias balleneras que penetraron en la laguna con el fin de efectuar un desembarco armado. No lograron su objetivo al ser rechazados a tiros de fusil por un grupo de valientes vecinos comandados por Tomas Obligado. En la tarde de ese mismo día la flota fondeo a la vista de la vuelta de Obligado, pero fuera del alcance de los cañones.

La construcción de las fortificaciones fue dirigida por el Ingeniero Hilario López Culle, colaborando activamente el sampedrino José Rufino Núñez, estando compuesta por cuatro baterías según podemos observar en el croquis:


BATERIAS - ALTURA - PIEZAS

“RESTAURADOR ROSAS” 20 m. 6 de regular calibre 2/24 y 4/16

“GENERAL BROWN” 17 m. 5 de regular calibre entre 24 y 12

“GENERAL MANSILLA” rasante 3 de pequeño calibre de 12 y a 8

“MUNUELITA” 19 m. 7 de a 10.

Estas 21 piezas se hallaban servidas por 220 artilleros, protegidos por débiles parapetos de tierra y madera, siendo mandadas respectivamente por Álvaro Alzogaray, Eduardo Brown (Hijo menor del almirante) Felipe Palacio y Juan Bautista Thorne.

Junto a la batería Mansilla, ubicada sobre la playa para tiro rasante, se hallaban amarradas tres gruesas cadenas que atravesaban el rió, sostenidas por 24 pontones a los que se había quitado los mástiles y que se hallaban ancladas y aseguradas en la margen opuesta al Bergantín “Republicano”, al mando del capitán de marina Thomas Craig. La cadena poseía un espesor de 1 1/8 de pulgadas y 360 brazadas de largo, habiendo sido solicitada por Mansilla a Buenos Aires el 27 de agosto de ese mismo año

Tres lanchones, el “Místico”, el “Restaurador” y el “Lagos”, dotados de piezas de pequeño calibre se hallaban detrás del “Republicano” para repeler cualquier intento de la marinería anglo francesa de cortar las cadenas. El capitán de fragata Teodoro Cailler-Bois en su “Historia Naval Argentina” señala también la presencia de seis balleneras y ocho embarcaciones pequeñas destinadas a transportar unos 200 infantes a la orilla opuesta del rió si es que el enemigo desembarcaba e intentaba construir baterías allí.

Por ultimo cinco pequeñas chalanas se hallaban preparadas con materiales incendiarios para hacerlas actual como “brulotes”, se las incendia y envía en dirección a la flota enemiga.

Alberto Luis Noblía señala la disposición de las tropas: “Entre la primera y segunda batería, un poco más atrás, se encontraban 100 hombres al mando del teniente Juan Gainza, detrás de estos y a su derecha , se hallaban 400 soldados del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Luego estaban situados cuatro cañones de a 4 al mando del teniente coronel Sereso. Más atrás aún, y a la altura de la segunda batería, se encontraba el Coronel José María Cortines que, secundado por el Mayor Julián del Río y el vecino Sampedrino Facundo Quiroga, hijo del “Tigre de los llanos”, comandaba a 220 soldados de caballería y 600 de infantería componentes del Regimiento de Milicias N° 4 con asiento en San Nicolás de los Arroyos y entre los que se encontraban un centenar de Sampedrinos.

INGENIERIA

“(...) En el flanco izquierdo de la batería “Mansilla” en el mogote izquierdo, estaban apoyadas las anclas que sostenían a la línea de 24 buques, desmantelados y fondeados en línea con tres cadenas corridas por la proa, centro y popa, su espesor la más gruesa de una y octava de pulgada. Mas con el fin de mantener los buques en línea, que con el fin de privar el paso a la potencia de los vapores y con el propósito de manifestar que el paso del río no era libre. Así como el de obligar a los enemigos a batirse si intentase cortarlas.

El costado izquierdo o extremo de las cadenas estaba guardado o sostenido por el bergantín “Republicano” con sus piezas de 10 toneladas a su costado de estribor (...) (”Informe de Mansilla a Rosas)

Finalmente y más atrás de los últimos nombrados, se encontraba el Juez de Paz de San Pedro Benito Urraco acompañado con 170 de sus vecinos. Allí también estaban los de igual cargo de Baradero y San Antonio de Areco, Juan de Magallanes y Tiburcio Lima, con 100 y 30 de sus vecinos respectivamente.

A retaguardia de la tercera batería se encontraban 200 milicianos del Batallón Norte al mando del Teniente Coronel Virto, también entre ellos se hallaban múltiples Sampedrinos. Detrás de estos se encontraba el General Lucio Mansilla, como comandante el Jefe de todas las fuerzas, el segundo jefe Juan Crespo y 70 soldados a caballo del grupo Escolta.

Detrás de la cuarta batería se encontraban 200 soldados pertenecientes a la Compañía de Patricios de San Nicolás bajo las órdenes del Comandante Luis Barrera, cuerpo éste integrado por muchos Sampedrinos. A las espaldas de éstos, se encontraban dos piezas volantes de artillería comandados por el Teniente Coronel Laureano Anzoátegui.

CABALLERIA

“(...) A pesar de que la excesiva ventaja de los cañones de los inicuos extranjeros hayan conseguido denostar y despedazar las baterías de Obligado, no por eso osaran a invadir en tierra. La Caballería cubre los alrededores de aquel punto y no ocupan nuestros cobardes agresores más terreno que el que alcance su metralla (...)”. (Estación de Catevra. Noviembre 22 de 1845 . General Lucio Mansilla al Comandante Militar de Rosario Sargento Mayor Don Agustín Fernández.)

A un cuarto de legua de la costa, entre la tercera y cuarta betería y sobre el “camino de la bajada”, estaban el “Parque de Artillería” y la Enfermería, esta última encabezada por la Nicoleña Petrona Simonino, secundada por un grupo de damas de San Pedro y San Nicolás.

En total, y al margen de los artilleros, había 2.290 hombres en condiciones de combatir, incluidos los vecinos.

ARTILLERIA

“(...) El territorio Argentino ha sido atacado por las fuerzas Anglo francesas sobre las márgenes del Paraná. La poderosa artillería de las escuadras combinadas ... ha destruido en ocho horas consecutivas de vivo fuego nuestras baterías compuestas de 35 piezas de los calibres de a 4 8 10 12 16 18 y 24, servidas por artilleros y soldados improvisados, cuyo valor heroico no han podido abatir los invasores, a pesar de la inmensa ventaja de sus fuerzas de artillería y de sus cañones y del valor e intrepidez que han desplegado en el ataque (...)” (Gaceta Mercantil. Tomado del archivo Americano 1 Serie N 23 pag.65 67)


Eslabones originales de las cadenas de Obligado. (Peso: 3.100 gr./ Largo: 23 cm./ Ancho: 14 cm./ Espesor: 33 mm)

Las fuerzas enemigas

Esta “Task Force” estaba formada por las siguientes naves:

INGLESES

Vapor “Gordon” , Comandante Ch. Hotham, artilleria 6/64 y 4/32, Tn.1.100
Vapor “Firebrand”, Comandante J: Hope, artilleria 6/64 y 4/32, Tn.1.190
Corbeta “Comus” , Comandante Inglefield, artilleria 16/32, Tn. 490
Bergantín “Philomel”, Comandante Sullivan, artilleria 10/32, Tn.428
Brergantín “Dolphin”, Comandante Leringe, artilleria 3/32, Tn.318
Bergantín “Fanny” Comandante Key, artilleria 1/24,-------

FRANCESES

Bergatín “San Martín”, Comandante Tréhouart, artilleria 2/24 y 16/16, Tn.200
Vapor “Fulton”, Comandante Maziéres, artilleria 2/80, Tn.650
Corbeta “Expéditive”, Comandante De Miniac, artilleria 16 de a 8 pulg. , Tn.-----
Bergantín “Pandour”, Comandante Du Paie, artilleria 10 paixhans de 30 lbs
Berg – Gol. “Prócide”, Comandante De la Rivére, artilleria 3/18


El total general de tripulantes era de 3.000, en tanto que los infantes de marina embarcados sumaban 800. Esta flota combinada no poseía un comando único. Las insignias venían en el “Gorgon” y en el “San Martín”, siendo Hotham el comandante más antiguo.

La artillería de los invasores era la más moderna que existía en el mundo. Los barcos ingleses poseían cañones cuya particularidad era que el interior del caño era “rayado”, siendo los primeros que se empleaban en la guerra. El “alma rayada” revolucionaría la armamentística mundial. Por su parte los franceses emplearon el modernísimo cañón-obús “Paixhands” que disparaba balas explosivas de 40 kilos.

Como se sabe esta flota de guerra custodiaba a unos 90 mercantes que querían llevar producción al Paraguay. Esas naves aguardaban detrás de las de guerra, en espera que liberaran el paso defendiendo la banderas del libre cambio y forzando la navegación de lo que eran ríos interiores del país.

Esto era descabellado, como si naves Argentinas pudieran haber navegado de prepo el Sena o el Támesis.

Señala Noblía en su obra citada que: “según las costumbres de esa época, los ríos interiores pertenecían al territorio que surcaban, o sea que se los consideraba como verdadera tierra firme, siempre y cuando ambas orillas pertenecieran al mismo estado. En el caso que las orillas tuvieran distintos propietarios solamente ellos poseían la exclusividad de navegarlo. Estos conceptos jurídicos tenían aceptación mundial y no había legislación, ni nacional ni internacional, que expresara lo contrario, salvo pactos aislados surgidos luego de la finalización de alguna guerra, donde los vencidos se veían obligados a perder parte de sus derechos otorgando al vencedor la libre navegación de sus ríos interiores”.

Cuando aconteció esta batalla las dos orillas del Paraná pertenecían a la Confederación Argentina comandada por Rosas, y recién la Constitución de la Nación Argentina de 1853, dictó el artículo 26: “la navegación de los ríos interiores de la Confederación es libre para todas las banderas”.


INICIO DEL COMBATE-LA HISTÓRICA PROCLAMA

En la noche del 18 Mansilla con dos balleneras se acercó a la flota enemiga para reconocerla personalmente. Disparos de fusilería provenientes de las naves invasoras lo obligaron a retornar a las baterías. El día 19 transcurrió en paz por dos razones, carencia de vientos favorables para las velas de las naves invasoras y por una intermitente lluvia. Por su parte Mansilla, ese día, efectuaba un segundo reconocimiento.

El 20 cambian las condiciones atmosféricas, finaliza la lluvia, se disipa la niebla y comienza a soplar un viento suave, sostenido y a favor para las naves invasoras. A las 8,30 de la mañana de ese mismo día, los barcos anglo-franceses comienzan a moverse.

Al notarlo Mansilla arengó a sus hombres diciendo:” ¡Allá la tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro País. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Trémola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verla bajar de donde flamea!

A continuación la banda del Regimiento Patricios de Buenos Aires comenzó con los acordes del Himno Nacional que fue coreado por toda la tropa.

Al frente de la escuadra navegaba la fragata “San Martín”, ex nave insignia del Almirante Brown, vilmente apresada frente a Montevideo, luciendo el pabellón de Francia. Cuando llegó a las proximidades de la primer batería Mansilla dio la orden de fuego gritando “VIVA LA PATRIA”, señal ya tradicional en nuestras guerras. A medida que los invasores se acercaban se generalizó el cañoneo.

Según Teodoro Caillet Bois los barcos avanzaron formados en dos divisiones de nacionalidad combinada. La primera: “San Martín”, “Pandour”,”Dolphin” y “Comus”, al mando de Tréhouart. La segunda división comandada por Sullivan estaba integrada por “Philomel”, “Prócide”, “Expedictive” y “Fanny”, que se situó sobre la costa entrerriana, a unos 700 metros de la batería “Restaurador Rosas” al mando de Alzogaray.


LAS CADENAS DETIENEN LA FLOTA

Cuando el Libertador don José de San Martín se enteró del bloqueo a los puertos de la Confederación, inmediatamente le escribió a Rosas ofreciendo sus servicios de militar, y cuando tuvo noticias de los acontecimientos de Obligado, realizó otro tanto con el General Guido inmortalizando la frase: “que los Argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.

“No puedo concebir que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer."

En marzo de 1849, Rosas contestó una carta al Libertador en los siguientes términos:

"Nada he tenido más a pecho en este grave y delicado asunto de la intervención, que salvar el honor y dignidad de las repúblicas del Plata, y cuando más fuertes eran los enemigos que se presentaban a combatirlas, mayor ha sido mi decisión y constancia para preservar ilesos aquellos queridos ídolos de todo americano. Usted nos ha dejado el ejemplo de lo que vale esa decisión y no he hecho más que imitarlo. Todos mis esfuerzos siempre serán dirigidos a sellar las diferencias existentes con los poderes interventores de un modo tal que, nuestra honra y la independencia de estos países, como de la América toda, queden enteramente salvos e incólumes." (Juan Manuel de Rosas).

Posteriormente antes de fallecer en 1850, José de San Martín determino como una de sus últimas voluntades:

“El sable, que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América de Sur, le será entregado al general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarnos."

Por medio del río continuó navegando el “San Martín” rumbo a las cadenas con el fin de cortarlas, detrás continuaba la marcha el resto de la escuadra. A medida que los invasores se acercaban a las baterías, se generalizó el cañoneo siendo los primeros blancos la corbeta “Expeditive”, la goleta “Procide” y el bergantín “Philomel”.

Ya frente a las baterías y próxima a las cadenas, el “San Martín” detiene su andar al calmar el viento, razón por la cual debe anclar para no ser arrastrado por las corrientes río abajo, ya que esto produciría un extraordinario desorden en la formación.

Así la nave insignia de la flotilla Francesa queda inmóvil justo enfrente de las baterías patriotas, quienes aprovechan el acontecimiento acribillándola con mas 100 balas de cañón. En la nave quedan fuera de combate 2 oficiales y 44 tripulantes, a lo que se suma la arboladura a punto de caer. En su ayuda acude el “Fulton” con sus poderosas piezas de a 80 dándole algo de alivio, pero un cañonazo corta la cadena del ancla y el “San Martín” comienza a ser arrastrado aguas abajo por lo que el comandante de la escuadra de Francia, Tréhouart, decide trasbordar a la corbeta “Expedictive”. El “Comus”, otra nave que recibió bastante castigo, registra en su bitácora que las dos baterías centrales fueron cuatro veces abandonadas por su gente.

A las 9,30 horas, y con el primer intento de romper las cadenas rechazado a cañonazos, se combate en toda la línea. Todos los buques anglo-franceses han entrado en acción y todas las baterías Argentinas han contestado el fuego disparo por disparo y, a pesar de la desigualdad de armas, los defensores Argentinos logran hacer retirar detrás de la línea de fuego a los bergantines “Dolphin” u “Pandour” por las múltiples averías sufridas. Es de hacer notar que a pesar que los proyectiles patriotas eran macizos, cuando impactaban en la madera de las naves hacían saltar decenas de astillas de todos los tamaños que producían gran cantidad de heridas, a veces mortales, entre los marineros europeos.

Pero los formidables “Paixhans” franceses con sus balas explosivas, comienzan a cobrar un alto precio entre los heroicos defensores.

Para tener una idea, debemos pensar en una pelota N° 4 o n° 5, a fin de referencia el tamaño de los proyectiles franceses, que además estaban rellenos con metralla, pedazos de hierro y explosivo. Cuando esas bombas explotaban causaban un desastre en las baterías Argentinas.

De acuerdo a algunos cálculos, no muy aproximados, hechos por el Lic. Ramos y la Universidad de Luján, se habrían intercambiado proyectiles en una cantidad que oscilaría entre los 25 y 30 mil en esas 8 o 9 horas de batalla, sobre todo del lado de los aliados. Teniendo en cuenta el cálculo de decenas de miles de proyectiles arrojados y considerando que los núcleos principales de la batalla eran las cuatro baterías instaladas en la costa, (Manuelita, Mansilla; Brown y Restaurador Rosas) tres arriba de la barranca y una rasante. Una estimación hace pensar que los artilleros que servían a esas baterías no vivirían más de media hora en su puesto, siendo reemplazados por otros artilleros, ya que la flota anglo-francesa prácticamente haría tiro al blanco con ellos.

Casi al medio día, Mansilla envía una nota a Rosas comunicándole que el enemigo todavía no ha podido vencer la línea de las cadenas, “Aunque supone que podrá hacerlo, pues a él le quedan pocas municiones”. Siendo la una de la tarde continúan sin poder cortar las cadenas, sin embargo el “Republicano” vuela por los aires por orden de su capitán Thomas Craig, ya que habían quedado sin municiones y suma sus hombres a las tropas de tierra. Al desaparecer el obstáculo que presentaba el “Republicano”, el vapor “Fulton” logra llegar hasta las cadenas, aunque sin poder cortarlas por el intenso cañoneo que recibía, que incluso mata a su maquinista principal.

Ruido de rotas cadenas

En este punto los anglo-franceses perciben que, si bien la potencia de la artillería de las naves inclina la suerte de la batalla a su favor, de nada servirá si no cortan las cadenas que obstruyen el paso. Estratégicamente la situación es crítica ya que la flota se halla encajonada recibiendo más y más castigo de las baterías Argentinas, sin poder moverse.

Es ahí cuando Hope, al mando de la “Firebrand”, estima que es el momento de jugarse el todo por el todo. Ordena posicionar nuevamente la nave respondiendo a las baterías costeras y dispone bajar una pequeña lancha de desembarco. Un enorme martillo y un yunque es todo lo que carga sobre la pequeña embarcación. Hope salta sobre la misma y ordena dirigirse contra la línea de botes que soportaban las cadenas.

Los patriotas observando la acción e intuyendo el objetivo les tiran con todo. Enormes columnas de agua producidas por los proyectiles se levantan a escasos metros de la lancha, bañando a los desesperados remeros que redoblan sus esfuerzos. Más peligrosos son los proyectiles que se disparan desde la batería colocada sobre la playa ya que los mismos rebotan en el agua y se vuelven a elevar, pasando a metros del bote con un silbido aterrador. Uno solo que impacte de lleno y la pequeña embarcación se partirá en pedazos matando a todos.

Llegados a las barcazas, Hope salta sobre una de ellas, dos marineros que le siguen colocan el yunque debajo de una de las cadenas y es el mismo capitán de la “Firebrand” quién, con indudable sangre fría, la emprende a martillazos contra los duros eslabones.

En esta oportunidad la diosa fortuna decide inclinarse por los protagonistas del heroico acto quienes, de milagro, logran escapar a todo lo que le tiraban desde las barrancas: Minutos más tarde los castigados eslabones saltan y las cadenas se deslizan hacia el fondo del Paraná.

La lucha continúa pero ya las naves invasoras van cruzando la línea mientras cañonean terriblemente a la batería Manuelita, quién puede contestar solo esporádicamente debido a la escasez de balas.

En esos momentos un proyectil de artillería enemigo voltea al heroico Juan Bautista Thorne, jefe de la batería que, al golpear su cabeza en la tierra sufre una afección por la cual pasará a la historia con el apodo de “El Sordo de Obligado”. Otra versión sostiene que la sordera de Thorne se produjo a consecuencia de estar tanto tiempo al lado de cañones que disparaban sin cesar durante casi nueve horas, varios artilleros sobrevivientes padecieron las mismas consecuencias. Las baterías finalizan su lucha ya sea por falta de municiones, o porque directamente habían sido arrasadas por el cañoneo. Es en éste momento cuando comienzan los intentos de desembarco masivo del enemigo.

A las dos y media de la tarde el General Mansilla recibió un parte que le informaba que a unas 15 cuadras al sur de las baterías, en el lugar llamado “Playa de los Pescadores”, el enemigo desembarca considerables fuerzas de infantería, para atacar sin dudas por el flanco. De inmediato imparte la orden de atacar al coronel Ramón Rodríguez quien, al mando de 400 hombres del Batallón “Independencia” (Regimiento 1 Patricios), se hallaba a la espera en el bosque de talas, ubicado entre y detrás de las baterías “Restaurador Rosas” y “General Brown”. Los soldados avanzan a la carrera para evitar la maniobra de flanqueo. En el lugar unos lanchones ya habían desembarcado a numerosos infantes, pero otros todavía navegaban en dirección a la playa, por lo que el enemigo no había conseguido aún desplegar todo su poderío. Rodríguez no desaprovecho la oportunidad y ordeno cargar. Los oficiales anglo-franceses pensaron en resistir el ataque, pero viendo que no sería posible sin tener a todos los hombres en la playa ordenaron el reembarque, acción que se cumplió bajo una feroz arremetida a la bayoneta que realizaron los patriotas.

Sin embargo la situación no da para mucho más. Con las baterías mudas por el fuego enemigo o la falta de municiones, la “Gorgon” y la “Firebrand” se acercan a la costa. Son las 5,45 de la tarde. Dos compañías de infantes comandadas por Sullivan se descuelgan de los barcos hacia los botes y enfilan hacia la playa en un segundo intento de desembarco. Este nuevo ataque se compone de 325 hombres que hacen pié en tierra firme a la altura del morro donde estaban amarrados los extremos de las cadenas, con el apoyo constante de la artillería de sus barcos. Media hora después lo hace el comandante francés con 100 hombres más.

En ese momento los encargados de la defensa de la soberanía nacional, en esa zona, son el Batallón Norte y los Patricios Nicoleños, ambos de San Nicolás, compuesto por múltiples sampedrinos, quienes cargan a bayoneta calada a los invasores y los obligan a retornar a sus botes para luego reembarcarse nuevamente. Mientras se desarrolla la lucha cuerpo a cuerpo, un casco de metralla hiere a Mansilla, quien debe ser sustituido en el mando por el segundo jefe de las fuerzas patriotas de Obligado, el Coronel Francisco Crespo.

Un tercer desembarco de los aliados se produce a continuación, pero esta vez no puede ser rechazado por los patriotas en retroceso debido al intenso cañoneo y los cohetes disparados por la “Expedictive”, “Procide” y “Philomel”. Las arremetidas de la caballería Federal en su intento de rechazar el ataque son vanas y las tropas anglo-francesas mandadas por Sullivan y Tréhouart en persona se hacen dueños del lugar.

Ha comenzado a caer la defensa de Obligado, luego de casi doce horas de intenso combate. Las fuerzas patriotas se retiran rumbo a San Nicolás con el fin de reorganizarse.

Termina el día con casi 300 argentinos muertos y cerca de 500 heridos. Los invasores tenían poco más de un centenar de bajas entre heridos y muertos. Esta disparidad que marcan las cifras se explica únicamente por la diferencia tecnológica-bélica que existía entre ambos contenedores. La Argentina había retado a las dos mayores potencias juntas y así le había ido, pero había escrito una hermosa página en la historia de la Nación la que, lamentablemente, luego se dejo caer en el olvido.

Aún así y pese a lo desigual del armamento, la flota aliada tuvo que detenerse a curar sus heridas que no eran pocas. Los “Pandour”, “Fulton”, “Dolphin” y “San Martín” fueron acribillados por los cañones argentinos, y no fueron destruidos totalmente debido al pequeño calibre de los mismos.

El Dr. Sabino O´Donnell, a quienes algunos consideran nuestro primer cronista de guerra, deja un valioso testimonio sobre el combate:

dijo:

“Hoy he visto lo que es un valiente. Empezó el fuego a las 9 y media y duró hasta las 5 y media de la tarde en las baterías, y continúa ahora entre el monte de Obligado el fuego de fusil (son las 11 de la noche). Mi tío ha permanecido entre los merlones de las baterías y entre las lluvias de balas y la metralla de 120 cañones enemigos.
Desmontada ya nuestra artillería, apagados completamente sus fuegos, el enemigo hizo señas de desembarcar; entonces mi tío se puso personalmente al frente de la infantería y marchaba a impedir el desembarco, cuando cayó herido por el golpe de metralla; sin embargo se disputó el terreno con honor, y se salvó toda la artillería volante.
Nuestra pérdida puede aproximarse a trescientos valientes entre muertos, heridos y contusos; la del enemigo puede decirse que es doblemente mayor; han echado al agua montones de cadáveres (...)
Esta es una batalla muy gloriosa para nuestro país. Nos hemos defendido con bizarría y heroicidad”

Al día siguiente de la batalla llegarían los doctores Mariano Martínez y Claudio Silva, del Hospital del cuartel de Santos Lugares, enviados por Rosas. Sostendrán una junta médica con O´Donnelll y con el doctor Mariano Marenco y el profesor Cornelio Romero. El informe a Palermo, fue el siguiente:

“El doctor D. Sabino O´Donnell que había asistido al Sr. General desde los primeros momentos, nos hizo la historia de los accidentes que había sufrido y los medios que había empleado para evitar perniciosas consecuencias. El Sr. General Mansilla recibió en la tarde del 20 un golpe de metralla (la que hemos visto y pesa más de más de una libra) en el lado izquierdo del estómago, sobre las distintas costillas, y según hemos reconocido, ha sido fracturada una de estas. Cayó sin sentido, sufrió por muchas horas desmayos, vómitos, y otros molestos accidentes que fueron calmando gradualmente; se le ha aplicado un vendaje apropiado para remediar la fractura de la costilla, y se emplean los medios que aconseja el arte”

“Siento vivamente (dijo el almirante Inglefield en su parte de guerra) que este bizarro hecho de armas se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerando la fuerte posición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la divina providencia que aquello no haya sido mayor”. Tréhouart se expresó en términos análogos. A su juicio la posición había sido fortificada por una mano maestra. Según la prensa de Montevideo “nunca desde la paz napoleónica, encontraron franceses e ingleses tan heroica resistencia".

COMBATIENTES

Entre los participante de la batalla estuvo el legendario gaucho Antonio Rivero, protagonista de la rebelión en Malvinas contra la dominación inglesa.

Antonio Rivero fue dado de alta en el ejército de Buenos Aires por el gobernador Juan Manuel de Rosas y allí prestó nuevos servicios hasta que, como lo comprobara el historiador José María Rosa, murió en su ley de gaucho patriota, al pie de una batería argentina peleando contra los ingleses el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado. Algunos "historiadores" (sic), a pesar de la heroica y esforzado vida de Antonio Rivero, prefirieron mezquinarle honores diciendo que fue un gaucho pendenciero porque se basaron en las crónicas británicas sobre la sublevación de Malvinas. Hasta la Academia Nacional de Historia en un dictamen dado en Buenos Aires 19 de abril de 1966 con la firma de los académicos Ricardo R. Caillet-Bois y Humberto F. Burzio sostuvo que "los antecedentes documentales hasta ahora conocidos, no son nada favorables para otorgar a Rivero títulos que justifiquen un homenaje".

Otro Rivero, Javier fue un Sampedrino caído en esa batalla y sepultado en el segundo camposanto que tuvo la Ciudad de San Pedro, en la intersección de las Calles Bartolomé Mitre y Bozzano.

En el sito existe un camino peatonal que conecta calle Mitre con 25 de Mayo, y en él un pequeño monolito levantado el 20 de Noviembre del 2000, por el Centro de Estudios Históricos de San Pedro, muestra una placa en la que se recuerdan los nombres de cuatro combatientes sampedrinos caídos en el Combate de la Vuelta de Obligado. Ellos son el citado Rivero, Ceferino Celada, Pedro Pan y Agua y Santiago Moreira. Dos calles de la Ciudad fueron bautizadas con los nombres de los dos primeros.

Fueron muchos los sampedrinos caídos en el combate. Lamentablemente sus nombres se han perdido por falta de rigor en el momento de la leva, de ahí lo valioso del trabajo de investigación, ya que el mismo nos ha permitido, con estos cuatro nombres, homenajear a todos los hijos de esta ciudad caídos ese 20 de noviembre de 1845.

El combate cubrió de gloria el nombre argentino, desprestigio el bloqueo e hizo comprender la justicia argentina a muchos adversarios de Rosas.

La resistencia se mantuvo admirablemente. Las provincias suplieron a la importación, y sus producciones artesanales crecieron en forma complementaria con la economía bonaerense. Al cabo del tiempo el bloqueo resultaba un fracaso político, militar y económico, por su costo y las continuas subvenciones dadas a Montevideo.

Las grandes potencias enviaron sus mejores diplomáticos, que retornaron fracasados, sin doblegar a Rosas.

En 1846 llego al Plata, enviado por ambos gobiernos, el ex cónsul Thomas Samuel Hood y sus propósitos de arreglo no tuvieron éxito a pesar de su buena voluntad. El repetido fracaso de los diplomáticos europeos agudizaba el problema y tenía visos de nunca acabar.

Por ello, a comienzos de 1849, el Premier Palmerston envió a Buenos Aires a Henry Southern munido de especiales instrucciones, quien tras arduas negociaciones anuncio que su país aceptaba la posición defendida por nuestro gobierno.

Concluyeron las deliberaciones con los tratados Southern-Arana (24 de Noviembre de 1849) y Arana-Lepredour (31 de agosto de 1850) cuyos puntos análogos establecían: suspensión de hostilidades en Uruguay, devolución de Martín García y barcos apresados, reconocimiento de la exclusiva jurisdicción y control argentino sobre sus ríos interiores, consideración del general Oribe en su investidura legal.

El pabellón argentino seria solemnemente desagraviado. La victoria estaba totalmente consumada. Los cañones de la fragata Southampton, "saludaron con 21 disparos de desagravio y homenaje a una humilde bandera, desconocida del mundo, pero no ignorada por ellos”.

Fuente: www.lagazeta.com.ar


Unitarios y federales

Por José María Rosa

A unitarios y federales no los separó una polémica teórica por centralismo o descentralismo. Fue una división profunda: dos concepciones antagónicas de la realidad argentina, dos maneras opuestas de sentir la patria. Civilización y Barbarie, dice Sarmiento errónea pero elocuentemente. Los "civilizados" admiraban e imitaban a Europa y servían sus propósitos dominadores; los "bárbaros" descreían de las intenciones de los europeos y defendían obstinadamente a la Argentina. La patria de los unitarios no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales. Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución destinada a no regir nunca, civilización foránea La patria compatible con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias.

Federal en el habla del pueblo, equivalía a argentino. El grito ¡Viva la Santa Federación! significaba vivar a la Confederación Argentina. La patria era la tierra, los hombres que en ella habitaban, su pasado y su futuro: un sentimiento que no se razonaba, pero por el cual se vivía y se moría. Defender la patria de las apetencias extranjeras era defenderse a sí mismo y a los suyos: conseguir y mantener un bienestar del que están despojados los pueblos sometidos.

Comprender es amar; incomprender es odiar. Unitarios y federales separados tan profundamente formaron dos Argentinas opuestas y enemigas. De allí el drama argentino. Una minoría por el número, pero capacitada por su posición económica y social – una oligarquía en términos políticos – formó el partido unitario. La mayoría popular, el federal. No hubo, en este último, "clase dirigente" que pudiera tomar los destinos de la patria. Faltaba el ingrediente primario; el patriotismo, para construir la Gran Nación por los unitarios. Faltaba la capacidad técnica para formar un elenco, a los federales.

Pero desde 1835 la Confederación Argentina toma aspecto y conciencia de Nación. Las Provincias Unidas de 1816 o la República de Rivadavia en 1826 haba sido un caos de guerras internas, ensayos constitucionales, fracasos exteriores, sometimiento económico, pobreza interior, que llevaron a la disgregación de la patria de 1810. En 1831 las trece provincias que agrupa Rosas en el pacto Federal dejan el instrumento de la nacionalidad; desde 1835, la férrea mano del Restaurador construye la nación, paso a paso, lentamente, llevándose por delante los intereses internos y los apetitos exteriores.

Obra personal, es cierto, porque sólo había un Gran Pueblo y un Gran Jefe, y se carecía de un conjunto de hombres capaces, consagrados y plenamente identificados con su patria para formar un equipo homogéneo. La verdad es que la poderosa personalidad del Restaurador y su enorme capacidad de trabajo eran toda la "administración" en la Argentina de 1835 a 1852.

Un gran pueblo y un gran jefe no bastan para consolidar una gran política. Pero Rosas no podía sacar de la nada una clase dirigente con sentido patriótico. Por eso fue derrotado.

Por la Confederación Argentina, por el pueblo federal, por el sistema americano, jugó Rosas su fama, fortuna y honra, aún sabiendo que habría de perderlas. Las perdió, como necesariamente tenía que ocurrir. "Creo haber llenado mi deber – escribió la tarde de Caseros con absoluta tranquilidad de conciencia –, si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, es que más no hemos podido". La Argentina no pudo cumplir su destino en 1852. Y no lo podrá mientras no eduque una clase directora con conciencia de su posición. Los hombres providenciales serán relámpagos en su noche.


“El Himno de Obligado”

Por José Luis Muñoz Azpiri (h)*

Cuando sonó el primer cañonazo enemigo, Mansilla bajó el brazo derecho y cerró de un golpe el catalejo. Todo estaba consumado. El crimen era un hecho. La cuarta guerra exterior del país comenzaba. El héroe alzó el brazo de nuevo, dio la señal convenida y el Himno Nacional Argentino estalló en la barranca. La primera bala francesa dio en el corazón de la patria.

La segunda bala francesa cayó sobre el Himno. El canto nacía indeciso en el fondo de las trincheras excavadas entre los talas, trepaba resuelto por los merlones de tierra, se deslizaba ágil por las explanadas de las baterías, corría animoso por los claros de grama esmaltados de verbenas, se animaba con furia animal en el monte de espinillos, y ascendía estentóreo y salvaje, en el aire de oro de la mañana de estío. Allí, hecho viento, transformado en ráfaga heroica, ganaba la pampa, el mar, la selva, el desierto, la estepa y la cordillera y uniendo de un extremo al otro del país la voz de júbilo con la de protesta, la de la imprecación con la del entusiasmo cívico, creaba un clamor de alegría y borrasca, incomparable y único.

La voz clara y sonora de Mansilla acaudillaba los ritmos heroicos. El eco pasaba de una garganta a la otra; partía de los pechos de acero que amurallaban la patria y se confundía y entrechocaba sobre los muros de las baterías. Las notas prorrumpían de los bronces y tambores majestuosamente, con corrección inigualable, como en un día de parada. La banda del Batallón 1º de Patricios de Buenos Aires, que ejecutaba el himno al frente del regimiento inmortal, solo encontraba extraño en esta formación de tropas que, en vez de ser un jefe, fuese la Muerte quien pasara revista. Lo demás era lo acostumbrado desde los tiempos de Saavedra y la trenza con cintas. La hueste asistía impecable a la inspección, en tanto la metralla francesa e inglesa llovía sobre las filas sonoras y abría claros en la música y el verso.
Los huecos se cubrían con premura y renacía la estrofa, redoblada y heroica. Cada voz sustituta centuplicaba la fuerza del canto. La oda se había constituido en una marejada incontenible de estruendo y de furia.

Toda la barranca ardía en delirio con las voces. Cantaban los artilleros, los infantes, los marineros, los jinetes, los jefes, los oficiales y los soldados, los veteranos de cien encuentros y los novicios que por primera vez, olían la sangre y la muerte. La misma tierra quería hendirse para cantar. Parecía pedir la voz de todos los pájaros para acompañar en el canto a quienes la amparaban hasta morir abrazados sobre ella, crucificados sobre su amor, dándole a beber generosamente de su propia sangre. Cantaban allí los camaradas de aquellos que custodiaba en su seno, y que murieron defendiendo su pureza criolla en los campos, sobre los ríos y las montañas, en los páramos frígidos y a la sombra de los montes de naranjos donde dormían cálidamente, bajo la lluvia votiva del azahar.

Vuelteros

Por Juan Sasturain

“Brindemos por la vuelta.”
Cadícamo

Este es un país con muchas vueltas. En distintos sentidos, pero sobre todo en los dos básicos. Las vueltas que provienen de la idea de volver, que es –sobre todo– temporal: el gesto de regresar. Y las vueltas derivadas de la idea de torcer lo recto, incluso de enredar, que es una cuestión –en principio– de uso u ocupación del espacio. La Vuelta de Perón fue un hecho memorable que ocurrió en el tiempo, un regreso; la Vuelta de Obligado es un recodo, un viraje en un curso de agua famoso que uno encuentra en el mapa.

Sin embargo, está claro que el retorno del Líder supuso tanto la preexistencia de un hiato temporal, como el recorrido de una distancia mensurable. Y que la Vuelta de Obligado, como escenario de sucesos, está marcada por la memoria y la temporalidad. Quiero decir que en este país siempre dado vuelta, las idas y venidas, las partidas y retornos, los desvíos y torceduras, enredos y dilaciones son infinitos, nos atraviesan, hacen y rehacen camino todo el tiempo. Y la Historia –y la ficción y la poesía– es memoria y registro de esas idas y vueltas argentinas en tiempo y espacio.

Así, contra las fórmulas aplanadoras, las miradas fijas y dóciles, las teorías y los caminos únicos y lineales del recetario universal del equívoco progreso, sólo nos cabe –creo– si queremos entender y hacer algo, tener una actitud vueltera, hermosa palabra que usaba mi mamá. Vueltero no significa nostálgico ni escéptico (variantes inmovilistas) sino crítico y revulsivo. Se vuelve y se revuelve, se da la vuelta para ver el reverso del verso de los supuestos versados.

Por eso, en estos días volvimos a recordar la gesta de la Vuelta de Obligado. Nos pegamos una vuelta por el pasado y repensamos la idea de soberanía al darle una vuelta (más) a la cuestión de la mera integridad territorial, planteándola –como cabe– en términos de protección del trabajo, del ahorro y de la riqueza nacionales. Recuerdo que hace justo un año –otra cita de Cadícamo– la versión del memorable combate a orillas del Paraná que escribió Feinmann y dibujó Durañona para el libro de historietas La patria dibujada no vacilaba en incluir a Martínez de Hoz & Co entre los tripulantes de la flota machacada hasta el fin por las baterías de Mansilla.

Las idas y vueltas de la Historia nos enseñan que hay cuestiones (y enemigos, y estrategias) que sólo aparentemente se extinguen, pues sólo se van para dártela cuando te das vuelta. Obligado nos obliga hoy a no darnos vuelta, y a ver en lo de adelante –en las batallas que se vienen– lo que nos pasó (tiempo) atrás.

21/11/11 Página|12, contratapa.

Los viejos patricios de Buenos Aires, los capitanes que cruzaron la cordillera con el Intendente de Cuyo y libertaron los países que se recuestan sobre un mar donde se pone el sol, los oficiales que habían combatido contra el Imperio del Brasil, destrozando a lanzazos los cuadros terribles de la infantería mercenaria austríaca, los marineros de camiseta rayada, cubiertos de cicatrices, que habían cañoneado y abordado naves temibles al mando del Almirante, en el río y en el mar, luchando en proporción de uno a veinte con la mecha o el sable en el puño, todos los que habían hecho la patria y no deseaban vida que no se dedicase a sostenerla, se hallaban allí y cantaban religiosamente, con la mirada arrasada y el corazón desbordante de ternura por los recuerdos, la canción que hablaba de cadenas rotas, de un país que se conturba por gritos de venganza, de guerra y furor, de fieras que quieren devorar pueblos limpios, de pechos decididos que oponen fuerte muro a tigres sedientos de sangre, de hijos que renovaban luchando el antiguo esplendor de la patria y de un consenso de la libertad que decía al pueblo argentino : ¡Salud! La canción era seguida por juramentos de morir con gloria y el deseo que fueran eternos los laureles conseguidos.

Jamás resonó canción como aquella. Los que habían conseguido los laureles pedían frente a la muerte que fueran eternos, los que vivían coronados por la gloria adquirida luchando con el fusil, el sable o el cañón, a pie, a caballo o sobre el puente de una nave, en defensa de su Nación, juraban morir gloriosamente si la vida debía comprarse al precio del decoro y el valor.

Los proyectiles franceses e ingleses caían ahora sobre la protesta, el desafío o la muerte, el orgullo y la voluntad. La voz, engrosada y magnificada por el eco, había recorrido de una frontera a otra de la tierra invadida, y retornaba al lugar de su nacimiento para recobrar vigor y lanzarse esta vez hacia el frente, en procura de los agresores. Descendía presurosa por la barranca, corría sobre la playa de arena, alcazaba la orilla del río, volaba sobre el espejo del agua y se lanzaba al abordaje sobre los invasores, repitiendo un asalto sorpresivo y desenfrenado. Trepaba por las cuadernas de las quillas, se encaramaba por las bordas, hacía esfuerzos desesperados por amordazar los cañones de 80 milímetros, de 64, de 32, las cien bocas que vomitaban fuego sobre las baterías de menor alcance, lograba poner el pie en las cubiertas, brincaba a lo puentes donde se hallaban, condecorados y magníficos, Tréhouart, el capitán de la Real Marina Francesa y el Honorable Hothan, de la armada de Su Majestad, con uniformes de gala, cubiertos de entorchados, dirigiendo con el catalejo el bombardeo implacable e impune; ascendía por los obenques a las gavias y las cofas y giraba sobre las arboladuras lanzando un grito recio y retumbante. Luego descendía sobre el río y soplaba en el mar, y a través de las olas, cabalgando sobre el agua y la espuma, pisaba la tierra desde donde las naves habían partido y se retorcía en remolinos briosos y épicos en busca de oídos para requerir, demostrar, probar, retar y herir.

La canción aludía a los derechos sagrados del hombre y el ciudadano, a los principios de igualdad política y social, al respeto por la propiedad ajena, a la soberanía de la Nación, a la obligación de cada ciudadano de respetar la ley, a la libre expresión de la voluntad popular, al respeto de las opiniones y creencias ajenas, a la abolición de los obstáculos que impiden la libertad y la igualdad de los derechos. La voz hablaba de la injusticia de la metralla, y ésta, tal como si hubiera interpretado la protesta del canto, hería ahora el seno de la voz, en acto obstinado, buscando rabiosamente el corazón de la canción.

Los defensores eran ya los árbitros de la batalla. El enemigo había entendido la voz y comprendía que el triunfo pertenecía, por derecho propio, al atacado, cualquiera fuera el desenlace de la acción. Ya no significaba nada vencer en el encuentro y cobrar el botín de la conquista para conducirlo a la tierra donde estallarían aclamaciones y vítores junto a los arcos de triunfo. El adversario cantaba estoico frente a la muerte; cantaba vivamente, alegremente, enhiesto e impasible, sin responder al fuego, como queriendo demostrar que era más importante terminar con aquel canto, antes que defender la vida y resguardar la defensa del paso. Los cañones de 80 golpeaban el vacío, asesinaban la nada; las granadas explosivas no acallaban la música ni podían matar la poesía. La lucha era imposible: ¡Si al menos los defensores hubieran dejado de cantar!...

Cuando la voz dejó de escucharse hasta en su último eco, Mansilla recogió de nuevo el catalejo, tomó la espada, y alzando el brazo nuevamente, dio orden de iniciar el fuego contra las naves. La barranca ardió en llamas y comenzó el cañoneo que se sostendría por espacio de ocho horas…Pero la hazaña principal estaba cumplida, con el Himno entonado frente al adversario y que escucharían después los siglos. La música de los cañones sólo componía el acompañamiento de este canto. El héroe había legado a la patria su tesoro más puro de heroísmo, de exaltación emocional y de pasión patriótica: el Himno ganaba de paso, igualmente, la batalla de la Vuelta de Obligado.

*José Luis Muñoz Azpiri (h) nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).


Juan Manuel de Rosas

Breve cronología

Por Héctor Luis Spinelli

30-3-1793 Juan Manuel Ortiz de Rosas nace en Buenos Aires en la calle Cuyo (actual Sarmiento), número antiguo 94.
Su padre León Ortiz de Rozas Capitán del Regimiento Fijo de Buenos Aires, su madre Agustina López de Osornio componen una familia de hacendados. Tuvo varios hermanos.
1802 Concurre a la Escuela Francisco Xavier de Argerich signada como la mejor de Buenos Aires en la época.
12-8-1806 Se cierra la escuela por la primera invasión inglesa.
Se cría en la estancia del Salado adonde adquiere una destreza excepcional en la actividad rural. Se convierte en sobresaliente jinete siendo su desempeño particular. Piala, enlaza y bolea como el mejor.
Dada su posición familiar e influencia entre sus compañeros formó un grupo de jóvenes amigos. Los armó como pudo y creo un cuerpo para luchar en la Resistencia ayudando a defender Buenos Aires de los ingleses
Se presentó a Liniers con su grupo y pelearon a su lado. Liniers mandó una carta de agradecimiento a sus padres
Juan Manuel se alista en el cuerpo de Migueletes de Caballería para defender la Patria de la nueva invasión inglesa
5-7-1807 Luego de capitular Whitelocke es ascendido a Alferez. Nuevamente Miguens y Martín de Alzaga envían otra carta de agradecimiento a sus padres.
1808 Su padre le confía la administración de sus bienes.
En su gestión aumenta considerablemente el patrimonio de sus padres como el de las personas de las comarcas linderas granjeándose su confianza y beneplácito.
1813 Contrae matrimonio con Encarnación Ezcurra y Arguibel.
Deja los campos paternos a cargo de su hermano Prudencio y rehusa recibir su parte de la herencia.
Solicita que la misma le sea entregada a su madre. Cuando ésta murió su parte pasó a sus hermanos dado que él no la necesitaba.
Intensifica su actividad de ganadero con buen suceso. Se asocia con Juan Nepomuceno Terrero.

Comienza el negocio de saladero de pescado, acopio de frutos .
25-11-1815 Integra la firma de Luis Dorrego y mas tarde funda el primer saladero Las Higueritas en Quilmes.
Se muda a los campos de Julián Molino Torres en el paraje denominado La Guardia del Monte (hoy Monte) adonde en 1774 se había emplazado el Fortín de frontera llamado de la Guardia de San Miguel del Monte Gargano.
El establecimiento se lo llamo Los Cerrillos. Esta propiedad creció compuesta por varias propiedades integradas y fue explotada con singular éxito. Esto le permitió forjar una destacada posición económica.
El sitio se encontraba en cercanías del Río Salado sobre la denominada frontera natural con el indio.
Las personas que estaban a su cargo desempeñándose con tareas rurales mas tarde se convirtieron en hacendados lo cual habla de la calidad de orden y desempeño de estos establecimientos.
1819 No obstante el cuidado y dedicación en la vigilancia el acoso de los indios era constante. Dado que en esa época habitaban en la Patagonia más de 100.000 indios. Tanto el problema del indio como que también se comentaba que una expedición realista desembarcaría nuevamente para reconquistar el territorio, provocó reacción en los hacendados de la región quines pidieron al Director supremo encargase a Juan Manuel de Rosas la formación de un grupo de defensa para asegurar las fronteras.
Rosas conjuntamente con su primo José Tomas de Anchorena crearon en Los Cerrilos el cuerpo de caballería que denominaron Los Colorados del Monte debido al color de sus uniformes. Rosas entonces es nombrado Jefe de las Milicias del Sur. Este Cuerpo se destacaba por la altísima disciplina, orden, pulcritud en su vestimenta y marcialidad.
1820 Existe una atmósfera de caos en el país por choques de ambiciones de diferentes hombres y tendencias
Había un impulso federal de los caudillos para gobernar las provincias.
1-2-1820 Los caudillos Ramirez y López arrasan a Rondeau en la batalla de Cepeda, como Güemes en Salta contra los directoriales que pretendian mantener predominio público con apoyo en protectorados extranjeros
20-6-1820 En este dia hubo tres Gobernadores. Se había puesto preso a miembros del Congreso de Tucumán.
Había motines y asonadas con pronunciamientos de personas como Sarrratea, Pagola, Balcarce y Dorrego.
2-9-1820 Dorrego es derrotado en la batalla de Gamonal. Asume Martín Rodriguez.
10-5-1820 Primera actuación de Los Colorados del Monte que trascendió y comienza a hacerse conocer.
Hay un levantamiento de armas contra el General Martín Rodriguez. Este llamó a Rosas para que interviniera con las milicias para reponer el orden legal. Aparece entonces Rosas con sus Colorados del Monte. Mas de 1.000 hombres perfectamente montados, equipados y sostenidos a su costa.
Entra en la ciudad y desaloja de todos los cantones a los revolucionarios.
8-6-1820 Rosas es Capitán y es ascendido a Comandante del 5º Regimiento por Balcarce Gobernador delegado.
7-10-1820 Martín Rodriguez asciende al Grado de Coronel de Caballeria de línea luego de sofocar otra asonada.
Rosas no obstante disgustado porque Martín Rodriguez no se ocupa de los problemas del campo decide retirarse nuevamente a sus haciendas mientras el acontecer político trasciende.
No obstante acompaña a Martín Rodriguez hasta Sierra de la Ventana en una expedición contra los indios.
Hay una creciente anarquía. Se forman dos corrientes antagónicas: unitarios y federales.
Los primeros con ideas monarquicas y elitistas los segundos reúnen a la clase mas allegada del pueblo extendida hacia las provincias aspirando a integrar todo el territorio nacional.
1824 Se intenta un Congreso en 1824. Buenos Aires se beneficia con la Aduana incautada.
Juan Gregorio de Las Heras sucede a Rodriguez
12-1825 El Gobernador Las Heras comisiona a Rosas para tratar la paz con los indios.
Rosas solo y desarmado se reúne con el cacique Chañil entre cientos de caciques en Tandil. Después de varios días se cierra el parlamento de paz en leguaje dialecto pampa que concreta una nueva línea de frontera. Esto sucedía en la laguna del Guanaco. Se pacta entrega de raciones y se vacuna a los indios contra la viruela.

1-1826 Fracasa la intención de recuperar la Banda Oriental, se pospuso la guerra con Brasil y Rivadavia es elegido presidente.
1826 Rivadavia dicta una constitución unitaria la cual es rechazada por las provincias.
6-4-1827 Este envía a Lamadrid al norte quien es vencido por Quiroga.
La Liga de Gobernadores exige la salida de Rivadavia. Se pierde Tarija. Se ganan batallas en la Banda Oriental.
Se ganan batallas en la guerra con Brasil pero no hay dinero y se debe capitular entregando la Banda Oriental a los vencidos pero no a Brasil que la pretendía.
1827 Vicente López y Planes presidente interino nombra a Rosas Comandante General de las Milicias existentes en la Campaña de Buenos Aires. Es elegido el Coronel Manuel Dorrego como Gobernador.
Dorrego denuncia los manejos unitarios como alianza con ingleses y los agiotistas. Rosas lo alerta en vano.
13-12-1828 La Logia unitaria con Lavalle a la cabeza realiza un movimiento subversivo contra Manuel Dorrego. Lo apresan y lo fusilan en Navarro sin juicio previo junto con Mesa, Cano Manrique y otros oficiales.
Las provincias se levantan en armas contra el Gobierno de Buenos Aires.
Las representan Facundo Quiroga, Bustos, Ibarra, López, etc.
4-4-1829 Lavalle propone participar a San Martín del golpe militar pero éste rechaza el ofrecimiento.
25-4-1829 Una coalición de Rosas con Estanislao López combate y derrota a Lavalle en Puente de Marquez.
6-12-1829 Rosas es nombrado ahora por la Legislatura de Gobernador de Buenos Aires comenzando su primer gobierno.
En el fuerte (hoy Casa Rosada) lo felicitan algunos integrates de la Primera Junta de gobierno.
Juan Jose Paso, Domingo Matheu y Miguel de Azcuenaga. También se encuentran en la Sala integrantes de los ejércitos de la Independencia. Balcarce, Vidal, Soler y Viamonte.

Rosas está posicionado como federal. A su vez identificado con el campo, el gaucho y la actividad rural.
Aprendió el arte de mandar, es admirado por su destreza y coraje, justo en sus campos. Condena o perdona como un juez. Ayuda siempre al que está en desgracia y da trabajo a muchos paisanos.
Consideraba al gaucho como el cien por cien de argentinismo mientras que al intelectual, erudito profesor porteño lo consideraba como reflejo de ideas y preocupaciones foráneas ajenas a nuestra manera de ser. Su toque personal al Gobierno que organiza completamente con ferrea mano e impulso creador. Sus seguidores eran gauchos, pueblo urbano, parte rural, burgueses y conservadores.
Rosas no tenía experiencia política ni estaba muy convencido de poder lograr acabar con la anarquía.
Se impone un orden en las finanzas públicas y se sanea la administración. La línea de gobierno protegía los intereses de comerciantes y criadores de ganado. Restablece las leyes quebradas por los unitarios por lo que le se declara el Restaurador de las Leyes.

Se crea una Comandancia en Malvinas su Gobernador Luis Vernet.
4-1-1831 Comienza su estrategia provocando la unión de 4 provincias en el Pacto Federal de 1831, camino a la Confederación Argentina.
10-5-1831 En vísperas de guerra entre provincias del litoral y Córdoba. El General Paz cae prisionero.
Con este suceso Quiroga hace una campaña liberando a 4 provincias integrándose al este y oeste.
Nace la Confederación Argentina con la estrategia desplegada por Rosas.
6-12-1832 Rosas termina el mandato del gobierno y es reelegido 29 votos contra 7 pero no acepta. Es renombrado el 6 pero renuncia nuevamente. La Sala insiste nuevamente pero Rosas no acepta. El motivo es claro.
Debe llevarse muchas cosas por delante. Sin espíritu nacional no podrá. Necesita del intelecto unitario que no tiene conciencia nacional mientras la administración federal muy bien intencionada lo carece .
12-12-1832 Rosas manifiesta su deseo de volver al campo. Ante esta posición la Sala nombra a Balcarce.


Uno de los cañones que se usaron en la batalla de La Vuelta de Obligado.

La Campaña al Desierto
La influencia de indios chilenos sobre los pampas preocupa a los hacendados.
Rosas como se menciona arriba conoce el problema. Su padre paso mucho tiempo en tolderías.
Ha tratado con indios desde niño en la estancia materna El Rincón de López más allá del Salado.
Aprendió el lenguaje araucano, sus dialectos pampas y ranquel. Hasta compuso un diccionario.
Además sabía que nunca se los puede engañar. Los caciques sostenían que Rosas no los engañaba.
Rosas tenía relación con muchos caciques por su crianza. Tenía conocimiento del idioma pampa y se comunicaba con los indios en su misma lengua. Además tenía en las estancias indios trabajando. Su abuelo fue muerto por los indios en 1793. Estaba muy familiarizado en el ámbito por todos sus antecedentes.
Se cierne el peligro de tribus de indios que pagados y armados provienen de Chile. Estos dominarían a los indios de las pampas y no respetarian los tratados de paz. Desde 1831 asolaron al territorio.
La carne Argentina robada por los indios y vendida en Chile perjudicaba a sus hacendados.
La nominación de Rosas de Comandante de Campaña lo facultaba a evaluar la necesidad de fundar poblaciones y fortines aumentando el area habitable y corriendo la frontera con el indio.

Rosas desde 1827 comienza a preparar la expedición, para la ocupación. En 1828 ya se habian fundado los fortines de Federación, 25 de Mayo y Laguna Blanca. Rosas comienza a preparar el emplazamiento de una Fortaleza de Protección no solo contra el indio sino contra invasión extranjera este sitio era (hoy Bahía Blanca ) su fortín, su puerto y el puerto de Carmen de Patagones adonde en 1827 ya se habia producido la invasión sin éxito de Brasil. Rosas contrata científicos y técnicos. La expedición se ejecutará por tierra, mar y ríos.

En Marzo de 1828 Rosas por desaveniencias con Balcarce renuncia a esta preparación.
2-1-1833 La fragata Inglesa Clio al mando del Onslow desembarca en Islas Malvinas, la ocupa iniciando el conflicto.
22-3-1833 Rosas nuevamente es nombrado a cargo de le expedición.
Originalmente estaba planeado para salir tres columnas y converger.
La columna de Aldao llega solo a Malargue, Ruiz Huidobro chocó con los indios de Yanquetruz quien alertado aparentemente por Reinafe logran escapar y Quiroga los separa del grupo. Rosas sale desde sus campos haciendose cargo del costeo de la expedición en su mayoría.
Este dia salen desde el paraje Las Perdices 10 km al Sudoeste de San Miguel del Monte se pone en marcha la columna de 2000 hombres y unos 6000 caballos. El paraje Las Perdices pertenecía a la estancia del mismo nombre antiguamente llamada El Rosario. Esta fue anexada a Los Cerrillos y tomó el nombre de la Laguna Las Perdices contigua a la misma.

1-5-1833 Llega a Sauce Chico en Bahia Blanca enviando una columna de 860 hombres hacia Rio Negro.
Pacheco llegó al Rio Negro y a la confluencia de los Rios Limay y Neuquén.
11-5-1833 Llega al paraje denominado Cerro Redondo en el Rio colorado adonde emplaza su campamento Base.
Establece un sistema de 21 postas entre su base y Los Cerrilos en el Salado.
25-3-1834 Se da por terminada la campaña. Rosas licencia a los soldados en Naposta. Como resultado del esfuerzo se obtuvo la fundación de fortines de avanzada, la frontera daba mayor seguridad, se relevó información para elaborar mapas, se afianzo el derecho sobre tierras australes, se derrotó a 10.000 indios, se liberaron 6000 cautivos de los indios en su mayoría mujeres. Científicamente se ejecutaron observaciones meteorológicas, astronómicas, se navegó y balizó los ríos Negro y Colorado, evaluando su navegabilidad. Los agrimensores realizaron levantamientos para cartas topográficas y mapas.
Se fundó el Fortín Colorado adonde estaba la base operativa de Rosas. Se dejaron navíos para enlazar con la Fortaleza Protectora de Bahía Blanca fundada anteriormente en 1828.
29-06-1834 Asume Viamonte como Gobernador pues Balcarce renuncia presionado por la revolución del 11 de Octubre al 3 de Noviembre de 1833. La Sala Legislativa elige a Juan Manuel de Rosas recién llegado y nombrado Heroe del Desierto. Rosas se niega. Se nombra una comisión para convencerlo de que él asegurará el bienestar del país.

La Sala Legislativa ofrece facultades extraordinarias a Rosas quien responde que en este momento las mismas serian funestas. La sala emite un nombramiento irrevocable en las condiciones que quisiera.
El panorama para Rosas es muy complicado por lo heterogéneo de la fuerza gobernativa y la sociedad.
Hay divisiones entre los mismos federales, además los unitarios son ferreos opositores y no están dispuestos a ceder en sus aspiraciones. No solo ve que enfrentara a unitarios sino a la dominación extranjera, libertad de comercio, bancos e influencia imperialista.
Para esta tarea se requiere un equipo que no existe ni en elites ni en masa populares.
La Sala lo reelige por cuarta vez. Rosas no acepta. Se ofrece el cargo a Tomas de Anchorena, a Nicolas Anchorena a Viamonte pero nadie acepta.
30-06-1834 La Sala nomina entonces a Manuel Vicente Maza.
1-10-1835 Maza envía a Quiroga a negociar con Heredia y Latorre por Salta y Jujuy en guerra civil.
Rosas y Maza ofrecen una escolta a Facundo Quiroga pues debe atravesar Córdoba. Este la rehusa.
Al pasar por Córdoba por poco lo asesina Cabanillas de la partida de Reinafe pero consigue escapar.
Quiroga se entrevista con Ibarra y Heredia arreglando la situación en Salta. Al volver es asesinado en Barranca Yaco, Córdoba.
Enterado Rosas evalúa los asesinatos de Villafañe camino a Mendoza, Latorre y Aguilar en Salta, Quiroga y José Santos Ortiz junto con su sequito. Solicita entonces a la Sala la suma del poder público. Es una decisión clave en un momento muy decisivo para el país. Pero pide un plebiscito
28-03-1835 El plebiscito es ganado por mas de 9000 votos contra 7.
Rosas es conciente que ha admitido un poder sin límite que a pesar de ser odioso dice es absolutamente para sacar la patria del abismo de males.......El objetivo era la unión y organización del país.

Equidad con una unica Aduana para la salida de todos los productos. Se dicta la Ley de Aduanas aforando los productos importados. En 1836 se dicta la Ley Agraria suavizando las condiciones de trabajo rurales
El arreglo no era fácil. La oposición ó sean los unitarios iniciaron desde fuera del país las conspiraciones desde
1837 Bolivia, Uruguay y Chile. Rosas declara junto con Chile la guerra a la confederación Peruano Boliviana
Surge el conflicto con el cónsul francés Roger.
En ese momento había 106 fabricas con máquinas a vapor y 700 talleres artesanales de tejidos e hilados.
1838 Comienza la guerra con Francia. Esta está aliada con Rivera de Uruguay, Corrientes y los unitarios emigrados a Uruguay entre quienes se encuentra Lavalle.
31-03-1839 El bloqueo de navíos franceses estaba en su apogeo. Además ocupan la isla Martín García que duraría 3 años.
La batalla de Yungay en Perú ganada por Chile, en Pago Largo Corrientes Echague vence a Berón de Astrada aliado de los franceses. En La Trinchera, Córdoba Manuel López vence a los revolucionarios de Santa Fe. Mientras tanto en Buenos Aires estalla una conjura.
Manuel Vicente Maza y su hijo Coronel Ramón Maza pretendían eliminar a Rosas.
06-1839 Ramón es fusilado y Manuel Vicente eliminado por la Sociedad Popular Restauradora.
7-11-1839 También se sublevan los hacendados del sur derrotados en una batalla en Chascomús. La rebelión tenía cierta relación con los franceses.
8-12-1839 Lavalle desembarca con un ejercito en San Pedro, Buenos Aires. Avanza a Merlo pero retrocede a Santa Fe por falta de apoyo francés.
11-1840 Oribe al mando de tropas Rosistas le da alcance a Lavalle en Quebracho Herrado, Córdoba derrotándolo.
Llega una misión diplomática de Francia y capitula con Rosas.
9-10-1841 Lavalle intenta formar una Liga del Norte. Junto con Lamadrid enfrentan a Oribe pero Pacheco derrota en Mendoza en septiembre a Lamadrid, Oribe derrota a Lavalle en Famailla.
Lavalle intenta huir a Bolivia pero es muerto en Jujuy. Rosas aseguraba la política en el interior.
28-11-1841 El General Paz vence a Echague en la batalla de Caaguazú y lidera una coalición de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y La Banda Oriental.
04-1842 Rivera en Entre Ríos no acepta a Paz como líder. Este se va para Uruguay. Oribe viene con el ejército desde Córdoba y derrota a Juan Pablo López de la coalicion en Santa Fe. La coalición ahora favorece a Rosas
Oribe se dirige a Uruguay para ocuparlo.
Los Ministros de Inglaterra y Francia desconocen a Oribe como Gobernador pero Rosas lo confirma.
6-12-1842 Oribe derrota a sus oponentes en Arroyo Grande, pero al llegar a Montevideo esta fortificada.
El Almirante Brown con la flota de Buenos Aires comienza a bloquear pero el Comodoro ingles Purvis inmoviliza los buques argentinos. Rosas protesta por esta acción a Mandeville pues la Confederación estaba en buenas relaciones con Inglaterra. Inglaterra entonces da lugar y retrocede Purvis.
Oribe se posiciona bien en el sitio de Montevideo que duraría 8 años.
El bloqueo lesionaba los intereses comerciales de los ingleses.
1844 Rosas entonces comenzó a devolver el empréstito otorgado a Rivadavia siempre que no bloquearan el puerto.

El préstamo era de 1 millón de libras de las cuales llegaron 540.000 descontando comisiones y etc. Rosas pagó 5000 pesos mensuales. Gesto muy bien visto en Londres. Rosas intentó obtener una indemnización de los ingleses a través de Arana por ocupar las Malvinas en 1833. Estos intereses en Europa eran bien atendidos por Sarratea y Manuel Moreno. La intención era cederles el dominio. Pero los ingleses negaron por sentirse dueños.
03-1845 Llega una escuadra anglo francesa al Plata. Rivera es derrotado por ejercito Rosista en India Muerta al mando de Urquiza.
23-9-1845 La escuadra enfrenta a Rosas y exige levantar sitio ocupando Colonia y Martín García.
20-11-1845 Quieren desembarcar navegando el Río Paraná pero en la Vuelta de Obligado encuentran una cadena que obstruye el paso y la navegación. Lucio Víctor Mansilla al mando de las tropas Argentinas cañonea con pocas unidades a los navíos que con 85 bocas de fuego logran pasar con no pocos daños en sus costados.
6-2-1846 Urquiza derrota a Paz en Laguna Limpia. Coronel Thorne anula un desembarco ingles en la costa del Paraná.
06-1846 Mansilla infringe daños a un convoy de 12 navíos de guerra y 95 mercantes en San Lorenzo Santa Fe.
Aparece un comisionado Hood ingles en el Río de la Plata y ofrece a Rosas una amnistía total, esta comprendía levantar el sitio , levantar bloqueo naval, devolver las islas, elecciones libres en Uruguay.
05-1847 Quedó todo tranquilo pero llegaron Howden representante ingles y Waleski Frances quienes propusieron a Rosas separar a la Confederación de la Banda Oriental. Pero como el conflicto atentaba contra los intereses del comercio Ingles y Francés.
Rosas ganaba la partida consiguiendo el fin del bloqueo por Inglaterra, y limitando a Francia a proteger solo a Montevideo y sus sitiados. Su prestigio aumento considerablemente entonces.

El tratado de Alcaraz es firmado entre Urquiza y Juan Madariaga hermano del Gobernador de Corrientes al ser derrotados en Laguna Limpia. En este tratado no quedaba bien claro si Madariaga se adhería al federalismo o Urquiza a los unitarios. Rosas lo rechaza porque desde el Pacto Federal en 1831 Corrientes estaba adherida.
11-1847 Urquiza entonces ataca a Corrientes y derrota a Madariaga en Vences. Este hecho se sindicaría como el principio de desacuerdo de Urquiza con Rosas.
1848 Llegan los funcionarios por Inglaterra Gore y por Francia Gross
1849 Southern Inglaterra y Lepredour Francia aceptan finalmente las condiciones de Rosas para terminar el conflicto.
24-4-1849 Se firma el tratado Arana-Southern la nave insignia inglesa desagravia la bandera Argentna con 21 cañonazos.
1850 Disraeli primer ministro Ingles comenta que La Confederación Argentina ha rechazado a seis misiones inglesas.
La Confederación se habia unido con las naciones nacientes del continente sudamericano.
En el orden interno despues de Lavalle habia paz por parte de los unitarios. La mayor parte de los emigrados a Uruguay habia vuelto. Lentamente se les devolvían sus confiscaciones. Buenos Aires tenía prosperidad con la Ley de Aduanas.
31-8-1850 Se firma el tratado Arana-Lapradou bandera Argentina se desagravia y se acuerda la libre navegación de los ríos interiores se considera a Oribe en su posición legal, se devuelve Martín Garcia y los navíos Argentinos.
30-09-1850 No obstante habia enemigos al acecho. Si Rosas unia a los paises sudamericanos restaba expansión a otros como Brasil. Habia una amenaza en ciernes para Brasil de una supuesta expansión Rosista aun con ejercitos en preparación. Oribe en Uruguay y Urquiza en Entre Rios. Rosas ordena a Guido romper relaciones con Brasil.
Urquiza entra a tener operaciones de inteligencia con Brasil.

04-1851 Urquiza envía a todos los Gobernadores una circular indicando su posición contraria a Rosas.
1-05-1851 Urquiza hace su pronunciamiento en Concepción del Uruguay. Se gesta un acuerdo entreriano, Brasilero y Montevideano.
Se establece un tratado mediante el cual Montevideo cede territorio a Brasil, además Brasil ofrecerá a Urquiza infanteria, caballeria y artilleria, la flota naval se apostaría en sitios estrategicos para derrotar a Rosas.
Brasil le daba a Urquiza la cantidad de 100.000 patacones mensuales por cuatro meses a un interes del 6% anual.
Brasil le temía a Rosas y con razon. Este tenía un ejercito sitiando Montevideo, 20.000 hombres en Santos Lugares podía ocupar el territorio brasilero con 40 o 50.000 hombres llegando hasta Río de Janeiro si quisiese.
12-1851 Rosas no parecia preocupado por la situación. Urquiza atraviesa el Rio Uruguay hacia Entre Rios. La escuadra brasilera se encontraba en el Plata. Rosas aparentemente esperaba una reacción de Inglaterra en contra de Brasil.
La flota brasilera remonta el Paraná, ocupa Martín García y Colonia, en Paso de Acevedo, Mansilla cañoneo desde la costa. La flota llegó hasta Diamante y las costa de la provincia de Santa Fe. Ayuda a trasladar soldados entre ambas márgenes. No se le ofrece resistencia a Urquiza en Santa Fe y éste avanza hacia Buenos Aires.
Las fuerzas se componían del lado de Rosas de unos 25000 hombres pero le faltaban armas y oficiales capaces.
En cambio Urquiza tenía 27.000 hombres compuestos así: 15.000 de Entre Ríos y Corrientes, 3.500 de Buenos Aires, 1.850 Uruguayos y 4.000 Brasileros. En Colonia restaban unos 10.000.

La batalla era la más grande que se iba a producir en la región. Rosas no estaba capacitado, le dio el mando al Coronel Pedro Jose Diaz quien aunque unitario acepto con honor. Junto con M. Chilavert dirigirian las fuerzas.
Rosas pidió opinión a los oficiales quienes le aconsejaban elidir la batalla. Otros le aconsejaron retroceder al sur y volver con los indios. Esto no le agradó a Rosas quien dijo si ganamos o si perdemos quién para después a los indios?
3-02-1852 Caseros

A las 7 de la mañana el ejército de Rosas estaba en línea. El sitio: una loma opuesta a la ocupada por Urquiza
Atrás del ala izquierda estaban encubiertas las escuadras de caballeria, la infantería de Rosas en columnas y la enemiga en batalla.
Como estrategia se notó que el ala izquierda de Urquiza era flaca. Se decidió atacar con la caballería que reunía unos 10.000 en dicha ala. Esto provocaría la dispersión. Luego la infantería y artilleria generalizaría el combate haciéndolo decisivo.
La batalla comenzó con el cañoneo enemigo respondido por Rosas. Las fuerzas de Urquiza parecian alineadas más para una revista de desfile que para combatir. A las 10 de la mañana las fuerzas rosistas del ala derecha atacaron. La batalla duró 4 horas y media. No fue ninguna demostración de arte militar.
Una carga de caballeria de Lamadrid con la polvareda se desvió tanto que al detenerse estaba como a una legua.
Cuando retrocede las tropas estaban dispersándose. El coronel Chilavert peléó heroicamente con baterías causando estragos en el enemigo. Luego Urquiza lo fusiló por la espalda.
Rosas se retira del campo de batalla a caballo redactando antes su renuncia. Se dirigió a la casa de Gore el Ministro inglés. A la noche embarcó en el navío Centaur y luego a la nave de guerra Conflict con destino a Inglaterra.
Lucio V, Mansilla entregó la ciudad de Buenos Aires al día siguiente.
23-04-1852 Rosas luego de una escala del navío en Bahia, Brasi, llegó a Plymouth, adonde fue recibido con honores.
Familiares de Rosas y amigos se adelantaron y los esperaban en Inglaterra.
31-5-1852 En Buenos AiresVicente López y Planes es nombrado por Urquiza como gobernador provisorio.
Vicente López instigado por Alsina confisca los bienes de Rosas con disgusto de Urquiza. Este último convoca un Congreso en San Nicolas de donde sale nombrado Director Provisorio. Se convoca la legislatura en Bs As adonde estuvieron presentes 10 Gobernadores, se recomponia la Confederación Argentina , Buenos Aires sería capital , la Aduana y su puerto nacionales. Esto fue muy resistido por los porteños. La legislatura de Buenos Aires desautoriza a Vicente López por haber firmado el Acuerdo de San Nicolas.

23-06-1852 Urquiza disuelve la Legislatura y se nombra a si mismo Gobernador y nuevamente ordena retornar los bienes confiscados de Rosas a Terrero.
11-09-1852 Urquiza va a Santa Fe para celebrar el Consejo de acuerdo a San Nicolas y estalla una revolución que lo expulsa de Buenos Aires. Además nuevamente son confiscados los bienes de Rosas.
23-10-1852 En Southampton, donde fijo Rosas su residencia, contrajo matrimonio su hija Manuelita con Máximo Terrero.
11-1852 Juan y Nicolas Anchorena visitan a Rosas en Southampton anunciándole la devolución de los bienes pero no saben de la revolución del 11 de Septiembre.
1853 Rosas alquila una casa conocida como Rockstone House localizada en el barrio The Crescent

Los bienes de Rosas seguian confiscados pero logra vender una estancia en 100.000 pesos fuertes y algunos bienes muebles.
En Santa Fe un congreso celebra la Constitución Nacional, elaborada con las bases de Alberdi, permitiendo que cada provincia se gobierne por si sola.
8-04-1854 Alsina es nombrado Gobernador de Bs As.
18-10-1857 Se instaura en Buenos Aires el proceso a Juan Manuel. Lo condena a muerte.
La indemnizacion por daños y perjuicios se han de cumplir con otros bienes que no estén en la ley de confiscacion.
Rosas reacciona y va a Londres a escribir su defensa.
Urquiza publica la defensa de Rosas en los diarios de la Confederación, además le ofrece enviarle dinero a Rosas, si éste no lo tomaba a mal, en una colecta entre amigos.

23-10-1854 La Confederación y Buenos Aires deciden enfrentarse. Buenos Aires con 10.000 hombres al mando de Mitre, Urquiza con 14.000 vence a Mitre en Cepeda y Alsina es depuesto.
10-10-1854 Se establece el pacto de San José de Flores mediante el cual el Estado de Buenos Aires formaría parte de la Confederación.
11-11-1859 Manuelita se va a vivir a Londres con su marido Terrero. Rosas alquila una propiedad rural de 50 hectareas cerca de Southampton llamada Burguess Farm con algunos animales.
17-09-1861 Mitre como Gobernador de Buenos Aires y Urquiza con las provincias del interior comienzan a unificar el interior con Buenos Aires. Estalla una revolución en San Juan y por las disidencias entre ambos se enfrentan en la batalla de Pavón adonde Urquiza ahora es derrotado por Mitre. Urquiza se retira de la política y así quedan terminadas las esperanzas de Rosas de recuperar sus bienes. Mitre asume como presidente.
No obstante Rosas se había relacionado entonces en Southampton, Lord Palmerston le visitaba y lo hacían participar de actividades como carreras de caballos o cacería del zorro entre otras.
1864 Rosas por apremios económicos, abandona definitivamente Rockston House dedicándose solamente a Burguess Farm su chacra, la cual es alquilada. El alquiler deberá pagarlo con el producto de la misma dado que no posee ningún ingreso ni dinero. Ante esta situación le escribe a Urquiza solicitándole el dinero ofrecido.
Urquiza le responde que inmediatamente le hara girar 1000 libras y que cada año le enviara otras 1000.
Solo cumplió con la primera vez pero el gesto valió. Mitre, Carlos Tejedor y Juan Bautista Alberdi le escriben a Rosas solidarizandose y dandole aliento. Mientras Rosas siembra y ordeña vacas con sus propias manos para tener algo de sustento.

Numerosas personas entre ellos políticos y escritores visitaron a Rosas en su exilio quienes cuentan en sus cartas que Rosas mantenía sus costumbres como ensillar el caballo con apero, lazo y boleadoras como en Argentina. Ademas vestía al estilo crillo y tomaba mate con yerba paraguaya.
1871 Con Mitre presidente hay una disputa de límites con Chile. Como un pedido póstumo Mariano Balcarce, Ministro en París, le pide a Rosas papeles demostratorios del diferendo ocurrido por una colonia chilena en Magallanes, en pago por esto le es enviado un magro envio de dinero que apenas paga el arrendo de su chacra.
16-3-1877 Rosas comunica a su hija Manuelita que ha vendido las dos ultimas vacas para subsitir el crudo invierno. Con su salud muy precaria abandona la vida a los 84 años.
1989 Sus restos son repatriados a la Argentina y depositados en el cementerio de la Recoleta. En el Parque de Palermo es erigido un monumento a su memoria.


La Vuelta de Obligado

Hacia mitad del siglo XIX, Estados Unidos, Francia e Inglaterra se encontraban en plena expansión comercial y territorial en distintas regiones del planeta.

Estados Unidos intervino en México anexionando parte de su territorio incluido Texas. Tanto Francia como Inglaterra tenían ambiciones de expansión comercial en esa región de México, objetivos que fueron dejados de lado para no entrar en una confrontación militar con la naciente potencia del norte de América. Ambas naciones confluyeron entonces en una alianza para intervenir militarmente en el sur del mismo continente a fin de imponer sus intereses comerciales. El algodón que no podría cultivar Inglaterra en Texas, intentaría ser recuperado en los campos de la Confederación Argentina.

Para ese entonces, Juan Manuel de Rosas era el Gobernador de la provincia de Buenos Aires y el depositario de las relaciones exteriores de la Confederación. En su segunda gobernación, Rosas había empezado a independizar comercialmente a la región promulgando la ley de aduanas, expropiando el Banco Nacional, prohibiendo la exportación de metales e imponiendo fuertes aranceles a la navegación de buques extranjeros en los ríos interiores para proteger las nacientes industrias locales. En 1840 logró vencer el bloqueo de los franceses en una primera intervención armada y, la experiencia de esa lucha, la sabría aprovechar para vencer a la segunda intervención conjunta de Inglaterra y Francia.

Unida toda la Confederación, expulsados los aliados internos que trabajaban para las potencias agresoras y valiéndose de las contradicciones de ambos imperios la victoria estaría asegurada, sumando a ello la oposición de una fuerte resistencia militar a la invasión haciendo que ésta resultara totalmente improductiva para los interventores.

El 20 de noviembre de 1845, un convoy comercial de noventa navíos mercantes custodiado por buques de guerra ingleses y franceses, intentarían remontar el Río Paraná en demostración de no existir soberanía argentina sobre el río, llevando mercaderías a las provincias del litoral y al Paraguay. La intención además era ocupar los ríos interiores con sus escuadras, obligar a la "libre navegación" del Plata y sus afluentes y convertir a Montevideo en una factoría comercial para ambas potencias.

Con patriotismo, inteligencia y astucia, Rosas preparó la defensa cerrando el Paraná con baterías escalonadas a lo largo de sus costas para librar batalla contra sus agresores. La principal defensa se encontraba en la Vuelta de Obligado al norte de la ciudad de San Pedro. Allí, el General Lucio V. Mansilla hizo tender de costa a costa sobre 24 lanchones tres gruesas cadenas para impedir el paso de las embarcaciones y ocupó con dos mil hombres las trincheras y baterías emplazadas en el lugar.

Cuando los extranjeros avanzaron, Mansilla ordenó la defensa y proclamó a la tropa: "¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que recorre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!".

Las bajas de los argentinos resultaron muchas por el heroísmo en la defensa de la posición y por la desproporción en el armamento, pero el hecho, demostraría a los interventores que no podrían vencer, pues la guerra de resistencia sería franca e implacable.

Las noticias de las pérdidas comerciales sufridas por el convoy y los relatos de la hidalguía y bravura de los argentinos llegaron a Londres. Los tenedores de bonos de deuda argentina reclamaban el fin de la intervención para poder cobrar. Ante esta situación, los gobiernos extranjeros ordenaron el retiro inmediato e incondicional de sus escuadras en el Plata desagraviando al pabellón argentino con 21 cañonazos.

La victoria Argentina demostró que los triunfos no dependen de quien tenga más soldados y mayor poder de fuego, sino, de quien tenga la mas inteligente y ordenada estrategia, sin divisiones en el frente interno y llevando una excelente política exterior que explote las contradicciones del adversario.


La Paz de Obligado

Por José Luis Muñoz Azpiri (h) *

Disertación en el Municipio de San Andrés de Giles con motivo del “Día de la Soberanía”, el 20/11/09.

Triunfante en París, la revolución de febrero de 1848, que da por tierra la monarquía orleanista y el ministerio de Guizot, Manuel de Sarratea, enviado argentino en Francia y amigo personal del nuevo Ministro de relaciones Exteriores, , Alphonse de Lamartine, comunica a Buenos Aires que luego de una entrevista con el flamante Canciller, ha arribado al convencimiento de que toca a su fin la aventura en el Plata.

El gobierno provisional lo ha recibido oficialmente, dice, y, al despedirse la guardia del Ayuntamiento lo ha aclamado con un estentóreo “¡Vive la Republique Argentine!”. El vitor representa una expresión de solidaridad y simpatía con una victima triunfante de la prepotencia orleanista, unida con los republicanos en su victoria contra el enemigo común. Los libres del mundo responden: ¡Al gran pueblo argentino, salud! Así como en la revolución liberal de 1830, se coreó, en París, el nombre de Bolívar, recordábanse ahora los de la Argentina y Rosas, como llamas que ardían jubilosas junto al “feu sacré des republiques” encendidos entre las barricadas de Francia.

Sarratea extrae de los sucesos revolucionarios el mayor caudal de ventajas convencido de que la intervención platense es una aventura impopular en Francia – denomínase así a todo acto de gobierno que no triunfa – la cual a sido promovida y sustentada por el gabinete de Londres y la resignada complicidad del Rey Burgués y Guizot. París ha sido arrastrada al conflicto por la política de intimidación del “Foreing Office” cometiendo lo que el lúcido Tomás Guido, confidente de San Martín, definiría desde la corte del emperador brasileño como “el extravío más insensato y la afrenta más necia a la voluntad de su rival”. Toda abdicación es gravosa, tanto más si resulta improductiva, como ésta realizada por Guizot, quien ha visto agitarse contra su política claudicante la bandera subversiva del nombre y la causa del general Rosas, junto con los símbolos de la revolución republicana.

La táctica de Sarratea consiste en explotar los sentimientos populares contra Londres y tratar de provocar una fisura en la coalición, a ejemplo de lo sucedido en Buenos Aires, donde se ha abrumado a la inversa a los negociadores ingleses con el espectáculo de los “execrables” designios de Francia, opuestos a las intenciones de su aliado, con la conciencia de que todo el integrante de una gavilla recela de los movimientos de su colega. El enviado argentino se pone de acuerdo con Manuel Moreno, ministro de la Confederación en Londres y hermano del prócer de Mayo, para encontrarse en Aquisgrán y preparar un plan conjunto de acción destinado a separar a los aliados. La técnica del “divide ut imperam” permite tanto que reine el fuerte como que pueda defenderse mejor el débil.

El clima era propicio y Sarratea, viejo y venerable artista de combinaciones insospechadas, resulta un experto en beber los vientos. El “acuerdo cordial” que regía las relaciones de Inglaterra y Francia había comenzado a resquebrajarse desde tiempo antes., cuando manifestaciones y actos internacionales de Guizot relativos a Italia, Polonia y Suiza empezaron a ilustrar la contramarcha de Francia hacia el autoritarismo y la represión política. Lamartine había declarado en el Parlamento que la nación se había hecho “gibelina en Roma, clerical en Berna, austríaca en el Piamonte y rusa en Cracovia, pero en ninguna parte francesa y, en todas, contrarrevolucionaria”. Los errores denunciados por la oposición no se enmendaban y sólo habrían de desaparecer con la destrucción del régimen.

La política interna tampoco contribuían a reforzar el fondo liberal del “acuerdo” Francois Guizot, más empeñado en perdurar en el poder que en hacer buen uso de él y más cuidadosote la paz de su administración que la del país, gobernaba mediante la corrupción, acaso porque, en su tiempo, tal como aseguró Macaulay del primer Walpole, no existiese otra manera de gobernar. Se sostenía merced al apoyo que alcanzaba en las cámaras, formadas por parlamentarios cuyas actas representaban un sistema de compromiso culpable entre el dinero y el gobierno. Los personajes activos y egoístas, intrigantes y serviles de Balzac, obsesionados por la sed de oro y el escalamiento de posiciones públicas personificaban los ideales de esa sociedad que prosperaba en un clima de vicios y abusos. Acaudalados comerciantes, financieros y ricos industriales, decidían en toda cuestión de índole nacional a través de sus personeros burocráticos. Los principios de la representación política estaban cercenados y los campeones del derecho – así se presentaban en el Río de la Plata – no reconocían libertad de reunión ni de asociación, ni siquiera opción al trabajo, a sus propios compatriotas. Como las manos de los Cresos no eran ociosas, solían a veces perder sentido del tacto y .aparecían sus dedos untuosos mezclados en clamorosos casos de cohecho, peculado y venalidad.

¿Qué sucedía mientras tanto en la otra orilla respecto de la política con Sudamérica? Henry Palmerston, un heredero de la vieja familia de los Temple, ocupaba ahora el gobierno. Sus sentimientos eran contrarios a Guizot y a la prosecución de la alianza. En marzo de 1846 había censurado acremente en la Cámara de lo Pares ante Robert Peel, presidente del consejo de ministros, la intervención en América, demostrando que los hechos de los marinos ingleses eran actos bélicos, aún cuando el gobierno se empeñase en demostrar lo contario. Había existido un bloqueo, desembarco de tropas y asalto de baterías, captura de buques de guerra y oferta de venta de dichas naves, tal como si se tratase de presas de guerra; la oposición gubernativa no podía imaginar por cuales razones toda esta virulencia y actividad combativa debía interpretarse solamente como un experimento de persuasión diplomática.

A dicha interpelación había respondido Peel candorosamente que no existía guerra, por cuanto no se la había declarado, y que las naves debieron venderse por no existir personal apto para mantenerlas o cuidarlas; ninguna operación bélica había sido prevista, autorizada o aprobada por el gobierno de S.M., el cual confiaba galantemente en que los opositores no se asieran de esta oportunidad para provocar una discusión que “en la actualidad mucho lastimaría”.

John Russell, otro parlamentario, se sumó a los ataques de Palmerston, quién resultaba con este acto, sorpresivo amigo de un país que se oponía a la expansión imperial de la Corona, sin meditar aún en el proyecto que acariciaría con posterioridad, de despojar a dicha nación de la parte austral de su territorio, es decir, de la Patagonia. Sir John alegó que la venta de los barcos era una medida de guerra que no podía verificarse sin la previa reunión y autorización del consejo, noción elemental del derecho de naciones y medida administrativa que el presidente no podía menos que conocer y respetar. El primer ministro, acosado, optó por eludir la respuesta y formuló un elogio hacia la conducta de los soldados ingleses “cualesquiera hayan sido las instrucciones de su gobierno”, sin ver que no se trataba precisamente de los soldados, sino por el contrario, de las instrucciones y del gobierno.

Más tarde el diputado Cobden aportó leños a la hoguera y lo mismo hizo un sector de la prensa británica. El “Daily News” publicó un artículo importante sobre las negociaciones del Río de la Plata y la falsa política de Lord Aberdeen, origen del conflicto, a través del cual venía a luz todo el revés del tapiz diplomático. Manuel Moreno remitió el recorte a Arana recomendándolo por la justicia de sus ideas y la perfecta exactitud con que exponía la engañosa política de la intervención con el pretexto de la presunta garantía de independencia del Uruguay, por parte de Inglaterra y la menos presunta que se arrogaba, sin ningún derecho, Francia.

Desde que el “Morning Chronicle” donde se publicara una carta de San Martín sobre el conflicto, hacía más de dos años que no había aparecido en la prensa de Europa un artículo sobre nuestros problemas tan importante y oportuno que el que publicaba el “Daily” del 9 de agosto de 1849, por cuanto el medio usado por los agentes montevideanos en Londres para confundir la cuestión y desvirtuar los tratados propuestos, era el argumento de garantía de dicha independencia por los interventores y quedar la misma, sujeta a grave peligro. Aberdeen, al ver que el asunto no adelantaba, había pretendido dar marcha atrás con la misión Hood, pero luego, estimulado por la oposición a Palmerston e influido por los agentes orientales, pretendió desde las cámaras, dar a la intervención un peso que no podía tener en la balanza pública ni en los arreglos territoriales de Europa, tal como lo denunciaba, con precisión y firmeza, el “Daily News”.

En una palabra, el “acuerdo” incomodaba a Francia, tanto en su aspecto europeo como en la aparcería americana, y, en Inglaterra, desde Palmerston a un sector de la opinión pública y periodística, sin citar el comercio y las finanzas – los cariacontecidos accionistas del empréstito de los Baring –deseaban poner punto final al incidente. Una expedición “colonial”, equipada con los cañones y las banderas de Trafalgar, que no logra imponer la victoria después de tres años, compromete la política, el erario y el propio prestigio. Palmerston, sabiamente, ordenó la retirada y, un año más tarde, el 29 de noviembre de 1849 se firma la Convención Arana-Southern o Paz de Obligado que puso fin a la guerra.

El repliegue británico no alteraba, de cualquier modo, principios fundamentales de convivencia internacional o de política, por cuanto los motivos de la intervención no se relacionaban con la defensa de tratados y derechos humanos y, si, con algunas menudencias, como las que supo enumerar Guido en una carta que escribió a San Martín, desde Río de Janeiro, en 1846:

“La aduana de Montevideo. Las adquisiciones de una compañía inglesa. El tratado de comercio y navegación celebrado por Inglaterra con el gobiernillo de aquella plaza. El interés mercantil y político de aquella nación es que gobierne en la Banda Oriental una gavilla de hombres prostituidos miserablemente al extranjero. Si Oribe (presidente constitucional) triunfa, no será tan ancho el campo para los especuladores ingleses, ni habrá la docilidad de sus adversarios a la política de Inglaterra. Cualquier otro pretexto es historia de viejas, o, como decían nuestros padres, engañabobos…”.

Y como anticipándose a los argumentos de Sir Robert Peel en Londres y a los de sus prosélitos porteños del siglo XXI, embobados con los beneficios de una supuesta globalización, desautorizaba las intenciones pacíficas de “tales misioneros”, cuando encendían la guerra en la Banda Oriental, “cuando transportan expediciones militares a ocupar los puntos principales, cuando entran a sangre y fuego en nuestros ríos interiores, cuando se demuelen a cañonazos nuestras baterías y nos matan por cientos nuestros soldados y cuando saquean y queman nuestros buques neutrales y nacionales dentro de nuestros puertos; cuando se nos apresan y destruyen nuestras embarcaciones, cuando bloquean nuestras costas; por último, cuando habilitan al caudillo Rivera y le conducen de un punto al otro con una columna de extranjeros para invadir su propio país. Si todo esto hacen en paz, qué se reservan estos caballeros para tiempos de guerra”

Por lo visto, nada.

* José Luis Muñoz Azpiri (h) nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México. Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).


El síndrome de Gunga Din

Por Enrique Manson *

Cuando yo era chico tenía tías jóvenes que me trataban con el cariño y la dedicación que suele darse al primer sobrino. De algún modo, ellas me introdujeron en la admiración del cine de aventuras de la época. Aquel en que los cowboys eran buenos y los indios malos, los soldados yanquis excelentes y los alemanes y japoneses espantosos.

En ese marco, me llevaron a ver varias veces la película Gunga Din (nombre que no se si escribo con la grafía correcta, pues mi dominio de las lenguas orientales es más malo que el que tengo del castellano). Se trataba de un heroico joven indio (hindú, decíamos entonces) que daba la vida tocando el clarín para avisar a los ingleses y sus colaboradores nativos que se acercaban los feroces enemigos que pretendían –nada menos- expulsar de la India a los europeos y su civilización.

Yo era un niño, más ingenuo que hoy, y mis tías, adolescentes enamoradas de los artistas de Hollywood. Fue más tarde que empecé a escuchar y comprender palabras como cipayo, o imperialismo. Otros niños de mi edad, que hoy son como yo sexagenarios, siguen empeñados en emocionarse con la heroica trompeta del joven oriental y su entrega de la vida por el británico Imperio.

La Epopeya y la Nación

Hace una semana tuve el gusto de asistir a la presentación del libro La Gran Epopeya de Pacho O’Donnell, y me emocioné, como no podía ser de otra manera, con la celebración, la llamó Pacho, de Obligado. La combinación de las exposiciones de los panelistas y el autor con la voz de Marian Farías Gómez cantando aquello de Que los tiró a los gringos, j’una gran siete. Navegar tantos mares, venirse al cuete. La presencia de los colorados de monte y de los patricios de Obligado. Y, sobre todo, el hecho mismo de la presentación, me pegaron fuerte, y yo soy de lágrima fácil para las emociones.

¿Y que opino del libro, yo que me dedico a la Historia? Para ser honesto, le debo a Pacho mi juicio por que recién he leído una tercera parte, que de todas maneras me gusta mucho y responde a lo que nos suele dar el autor en sus obras, y supongo que ocurrirá lo mismo con lo que me falta leer.

Pero la celebración O’Donnellesca, coincide con un hecho que no embarga menos mi entusiasmo: la gran celebración Patria que se realizará en Obligado mismo, en presencia de la Presidenta de la Nación, con la inauguración del monumento que Obligado merece, y con la asistencia que descontamos masiva de militantes, estudiosos y de hombres y mujeres de nuestro pueblo. De ese pueblo que está recuperando el interés, y aún el amor, por la Historia.

Es que están cambiando cosas en nuestra Argentina y en nuestra América. En los últimos años no sólo hemos salido de las cadenas económicas y políticas que nos ataban a los poderes internacionales; no sólo hemos empezado a caminar hacia una justicia que distribuya los bienes materiales, culturales y espirituales de modo que no haya un solo argentino que no cuente con un piso de vida digno para sí y para los suyos; no sólo estamos respondiendo a la remanida leyenda que dice que los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra, al encerrar –juicios mediante- a los peores criminales de nuestra historia. Hay algo más.

Nuestro pueblo está recuperando el orgullo de ser. No la estúpida vanidad de creernos más que nadie, si no la confianza en que la Argentina –tan insignificante como se quiera, diría Don Juan Manuel- no es menos que ninguno. Así, el patrioterismo vacuo de las celebraciones formales y no sentidas, está siendo reemplazado por el amor apasionado por lo nuestro. Que tiene mucho que ver con el fervor con que gritamos, más que cantamos, la Marcha de San Lorenzo, como lo vimos en mayo y como lo volvimos a ver en la despedida del gran presidente que nos dejó hace días. Es que nos estamos reencontrando con nuestro pasado, al mismo tiempo que con nuestra identidad de Nación. De esa Nación que, bien dice el historiador profesional de apellido prócer, “las naciones se construyen en circunstancias determinadas.” En nuestro caso, después de la diáspora primera, cuando San Martín y Bolívar no lograron sumar a la Independencia la Unidad continental, y la segunda, que partió en cuatro pedazos al antiguo virreinato, fue justamente Rosas, el que delineó la Nación. Tras la agresión porteña de 1809, cuando la apertura del puerto permitió que los mercados del interior fueran invadidos por manufacturas británicas de costo inferior a la producción nativa. Apareció un federalismo que en última instancia amenazaba con desintegrar lo que había quedado del territorio virreinal. Fue el Restaurador con una política aduanera que sin perjudicar a Buenos Aires permitía la recuperación de las provincias, sumada a una abrumadora correspondencia a través de la que instaló en los caudillos locales la conciencia de argentinidad, y con la heroica resistencia contra los imperios a los que no cedió ni un tranco de pollo, el que permitió la construcción de una Argentina que todavía no lo era.

Obligado

En su crítica a los festejos de Obligado, el historiador mencionado dice, en la vieja tribuna de doctrina, que se festeja una derrota. También afirma que “se llegó a un acuerdo muy honroso…, en el que Rosas obtuvo lo que no pudo lograr en el campo de batalla. Celebremos pues el éxito pacífico de la diplomacia y no el fracaso de la guerra.” El problema es que guerra y diplomacia eran una unidad. Una guerra es siempre una calamidad, pero hay guerras inevitables, sobre todo cuando se nos vienen encima sin pedir permiso las dos primeras potencias de la época, ayudadas por cómplices nativos. De la crítica parece surgir la idea de que el Tirano, fracasó primero con los cañones, y eligió después la diplomacia. Es algo parecido a lo del alumno del maestro Firpo que decía que un perro era cuatro patas, dos orejas y una cola. El perro es un animal, que tiene patas, cola y orejas. El conflicto con los imperios tuvo batallas y diplomacia. Se trataba de una guerra colonial. En las guerras coloniales se enfrentan un imperio con una colonia o con un país pequeño –en cuanto a su poderío-, y no son movidas por odios o rivalidades nacionales. El agresor busca una ganancia. Puede ser económica, puede buscarse el dominio de un punto de importancia estratégica, y también se puede buscar la fácil conquista de prestigio.

Siempre se trata de una inversión. En dinero, en sangre, en materiales y armamento. El costo no debe superar el beneficio esperado. Por eso, los franceses hicieron la paz con Rosas en 1840, y abandonaron a sus colaboradores nativos. Por eso la primera potencia del mundo abandonó Vietnam no muy elegantemente, en la década de 1970. La resistencia de pueblos dispuestos a luchar hasta sus últimos esfuerzos, quebró la voluntad de los imperios. Estaban gastando demasiado en armas, en dinero, en sangre propia, en relación al botín buscado.

La gloriosa batalla de Obligado fue el punto culminante de una guerra colonial. En ella se destacó el heroísmo de los guerreros argentinos que, como diría San Martín, no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. Pero las guerras contra las potencias no se ganan sólo con heroísmo. No menos necesaria es la conducción de un estadista que, como Juan Manuel de Rosas, apoyado por su pueblo, condujo con firmeza y talento la guerra contra las dos potencias de su época.

Es cierto que había argentinos que tenían “opiniones diferentes sobre como organizar el país”, aunque es lamentable que quienes las tenían hubieran gestionado la intrusión anglo francesa y, muchos de ellos, disfrutaran del espectáculo de Obligado desde la borda de los barcos invasores. Esto fue juzgado por San Martín con frases conocidas: americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su Patria.

Patriotismo, hoy

No nos sorprende la preocupación por el nacionalismo patológico del crítico. Nos recuerda lo que decía Scalabrini Ortiz acerca de lo peligroso del nacionalismo, pero del de las potencias imperiales. Es cierto que “nuestro actual gobierno puede hacer uso de él”, y puede legítimamente pues es el gobierno que a contrapelo del internacionalismo de las relaciones carnales con el Imperio de hoy, levanta la bandera de la independencia basada en la integración continental que soñaron San Martín y Bolívar, Artigas y Güemes, Rosas –el Gran Americano-, y que no pudieron concretar Perón y Vargas a mediados del siglo pasado.

Las imágenes de los presidentes frenando el golpe racista y separatista de Bolivia, y apoyando al presidente Rafael Correa, hace un par de meses (y esas fueron victorias). La del presidente colombiano en el velorio de la Casa Rosada, esperando a Hugo Chávez para abrazarse juntos al lado del patriota que los ayudó a impedir una guerra fratricida., nos ponen ante un futuro, el único posible en un mundo de continentes. Estaremos Unidos para no estar dominados.

A riesgo de repetitivo, y desde luego con palabras que no son mías, termino esta reflexión con aquello de que si el gobierno municipal porteño les ha puesto rejas a las estatuas de nuestros próceres, ellos, con San Martín y Bolívar al frente, las han saltado, y han vuelto a cabalgar por América Latina.

19 de noviembre de 2010

* Profesor de Historia, funcionario en los ministerios de Educación de la Nación, de la Ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Buenos Aires, docente universitario, autor, entre otros, de Argentina en el Mundo del Siglo XX y El Proceso a los argentinos


Vuelta de Obligado y la autoafirmación nacional

Por Francisco José Pestanha *

El notabilísimo pensador entrerriano Fermín Chávez supo percibir en la batalla de la “Vuelta de Obligado” un verdadero jalón de nuestra autoafirmación nacional.

Para quienes no la recuerdan, dicha conflagración constituyó una de las más importantes de la epopeya independentista argentina, y tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 en un recodo del río Paraná a escasos 20 kilómetros de la localidad de San Pedro, Provincia de Buenos Aires. Protagonizaron la contienda por un lado las tropas de la Confederación Argentina liderada en aquél entonces por Don Juan Manuel de Rosas, y por el otro, las compuestas por la entente cordiale, una alianza entre Inglaterra y Francia, dos de las potencias mas aventajadas de la época.

El enfrentamiento se prolongó por un lapso aproximado de 9 horas, logrando las tropas enemigas perforar las líneas de grandes cadenas que atravesaban el río. Muchos historiadores coinciden que las huestes al mando de Lucio N. Mansilla profesaron una perspicacia y un heroísmo dignos de subrayar, y que la estrategia militar adoptada por el restaurador fue brillante.

Los daños producidos a la “entente” en Obligado, y posteriormente en Tonelero, San Lorenzo y Punta Quebracho, obligaron a los enemigos a desistir de una “intervención en el Río de la Plata” que si bien estuvo orientada (aunque encubiertamente) a garantizar sus propios intereses comerciales, escondía alguna intención inducida “desde adentro” para independizar la Mesopotamia.

José de San Martín desde el exilio comprendió como pocos la importancia estratégica de este acontecimiento manifestando en alguna oportunidad: “Ya sabía la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”. El libertador a su muerte en reconocimiento a éstas y otras acciones, legará por disposición testamentaria a Rosas el sable con el que luchó por la independencia.

La autoafirmación es un mecanismo psicológico mediante el cual reforzamos las propias ideas, poderes, fortalezas y habilidades. En su faz colectiva, constituye un dispositivo de cohesión social mediante el cual nos reconocemos positivamente como parte de un todo entrelazado por la solidaridad. La autoafirmación es, en definitiva, un dispositivo de autovaloración.

Obligado en particular pero en especial el rechazo a un bloqueo impuesto por dos potencias coloniales, constituye un evento que habla nítidamente de una de una capacidad colectiva subyacente, y el Poder Ejecutivo Nacional comprendiendo su magnitud, acaba de decretar felizmente al 20 de noviembre como feriado nacional. Anhelamos que esta festividad constituya un espacio para la reflexión sobre ciertas potencialidades que efectivamente poseemos, pero que por alguna razón extraña, solemos ejercitar una vez cada tanto.

* Docente universitario y ensayista. Es secretario académico de la Comisión Permanente de Homenaje a FORJA y Presidente del Instituto de Estudios Estratégicos Malvinas, Patagonia e Islas del Atlántico Sur. Es coautor de "FORJA, 70 años de Pensamiento Nacional" en tres tomos editado por la Corporación Buenos Aires Sur, y autor. entre otras obras, de ¿Existe un Pensamiento nacional? de Editorial FABRO.

2010


Obligado nos obliga

Por Oscar González*

En 1845 el Parlamento británico analizaba la exigencia brasileña y de los banqueros y mercaderes ingleses de una intervención militar en el Plata para garantizar "la libertad de comercio", la libre navegación de los ríos.

El objetivo estratégico fundamental, era imponer el tutelaje internacional de las potencias comerciales (Gran Bretaña y Francia) sobre la región y fragmentar definitivamente la Confederación Argentina que Juan Manuel de Rosas mantenía unida con mano de hierro tras el despedazamiento del antiguo virreinato del Río de la Plata.

La historia registra que fue Lord Richmond quien presentó a sus pares la propuesta bélica, en tanto que el moderado Lord Aberdeen, jefe del gobierno, sostuvo que los argentinos "pueden estar equivocados en su política comercial y pueden obstinarse siguiendo un sistema que nosotros podríamos creer impertinente e injurioso [...], pero estamos obligados a respetar los derechos de las naciones independientes, sean débiles, sean fuertes".

La frase final fue obviamente para la gilada ya que la invasión se aprobó y la flota anglofrancesa ingresó a nuestros ríos con los resultados conocidos, es decir la heroica resistencia de las tropas argentinas al mando del general Lucio Norberto Mansilla, que en la Vuelta de Obligado el 20 de noviembre, le impuso un costo altísimo a los invasores, hasta que, finalmente, el 13 de julio de 1846, Sir Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, anunció ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta".

A 165 años de la batalla de Obligado, cuya fecha se ha instituido como el Día de la Soberanía Nacional, las pretensiones y exigencias del capital financiero internacional y de los estados que las sustentan ya no son puntualmente las mismas, aunque, en el fondo, yace la misma doctrina económica basada en la apropiación de los recursos de los países en desarrollo.

La batalla por la soberanía pasa ahora por lograr la autonomía política y financiera de los organismos internacionales encargados de dictar recetas que garantizan la traslación del ingreso social de abajo hacia arriba y desde adentro hacia afuera, donde el endeudamiento público cumple el papel de un lazo ajustado en el cuello de las naciones emergentes.

La crisis financiera internacional y su curso en los propios países desarrollados desenmascara el carácter depredador del capital financiero, que impone el ajuste y la restricción de los derechos laborales y sociales en los países más afectados, en especial los más frágiles de la Unión Europea.

Y hasta en el país más poderoso del planeta, Estados Unidos, sus propios trabajadores enfrentan el desempleo y el estancamiento salarial, a la vez que se deterioran aceleradamente las redes de contención social y, alimentados por el miedo y la incertidumbre que causa la crisis, surgen dirigentes y partidos políticos que predican el racismo y la xenofobia, al igual que en la Francia de Sarkozy y la Italia de Berlusconi.

Entre nosotros, y como en tiempos de la invasión anglofrancesa, hay poderosos sectores económicos, con fuertes nexos con el establishment financiero internacional, que libran una enconada batalla contra las políticas de desendeudamiento, crecimiento del mercado interno y redistribución del ingreso que redujeron el impacto económico y social del tembladeral de los mercados mundiales.

Son los profetas frustrados de catástrofes que nunca llegaron, los agoreros fallidos que pronosticaron una postración que duraría décadas, los que decían que nunca recuperaríamos el respeto de los países desarrollados, los políticos que, increíblemente, aún hoy sostienen, contra toda evidencia, que la Argentina es un país aislado.

Son quienes hacían fuerza para que fracasen los canjes de deuda en 2005 y 2010, que redujeron drásticamente su peligrosidad.

Son los comentaristas políticos de los diarios hegemónicos y los gurúes económicos que afirmaban que el Mercosur se iría a pique, que Unasur era una instancia inútil e ineficiente y que el país nunca sería respetado por “los países serios” porque Néstor Kirchner le dijo no al mismísimo George Bush y a la propuesta del Alca durante la inolvidable Cumbre de los Pueblos en Mar del Plata en 2005.

Tuvo que morir el ex Presidente para que esa sarta de mentiras se terminara de derrumbar, cuando las pantallas televisivas mostraron el impacto internacional de su desaparición, los homenajes de los jefes de Estado de las naciones del subcontinente que trabajaron con él y el reconocimiento unánime, aún de dirigentes y medios de prensa de los países ricos que, no obstante estar en las antípodas de su pensamiento, reconocieron su fortaleza política y el enorme mérito de librar al país de la deuda infinita, liderar su recuperación económica, política y social y contribuir decisivamente a la integración de América latina.

Tampoco es posible, por más que se intente deformar la realidad, ocultar el reconocimiento a la Argentina y a la presidenta Cristina Fernández en los foros mundiales, cuya firme posición en materia de soberanía, equidad en el comercio internacional, derechos humanos e integración regional es una referencia obligada entre los países del G77+China.

Celebramos este nuevo aniversario de Obligado con algunas ineludibles referencias al presente: la primera, es el ingreso a la etapa final del proceso de desendeudamiento, cuya preliminar acaba de iniciarse con la aceptación, por parte del Club de París, de la condición inflexible puesta por la Presidenta argentina de que la operación se haga sin monitoreo del Fondo Monetario Internacional.

Si ella llegara a buen término, sería la primera vez que una nación ajena al grupo de los poderosos logra dejar afuera la omnipotente presencia de ese organismo, cuyas imposiciones causan estragos en todos los países donde se aplican. Y la segunda, se refiere al nuevo marco de construcción de soberanía que, lejos del aislamiento, se halla fuertemente imbricado en una estrategia global y regional.

A propósito de lo último, vale la pena reproducir las palabras de Marco Aurelio García, asesor del presidente Lula y laureado ayer con el honoris causa de una universidad argentina: “Cuando escribimos el documento que sirvió de base para UNASUR (entonces se llamaba Comunidad Sudamericana de Naciones), empezamos a construir una idea: que la región debería unirse para que tuviera una participación en un mundo multipolar en construcción.

No había ni hay ese mundo multipolar, lo que sí había era una desagregación del mundo unipolar, pero se estaba constituyendo un mundo multipolar y la gran cuestión era saber si nosotros teníamos la capacidad de ocupar un lugar en ese mundo o no, y hoy creo que la tenemos".

*Dirigente socialista. Secretario de Relaciones Parlamentarias del gobierno nacional

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Que los parió a los gringos

Por Alberto Amoroso *

Por el Paraná suben once barcos de guerra, algunos blindados y a vapor, pero todos artillados con la última palabra en armamento.

Son parte de las dos armadas más poderosas del mundo.

Un recodo donde el río se angosta en una curva. En la costa derecha hay 2000 hombres, gauchos los más, armados como se pudo, 30 cañones anticuados dispuestos en cuatro baterías con sus oficiales, y un general curtido en muchas batallas, desde las Invasiones Inglesas y la Independencia, a las guerras intestinas. En el cauce, tres cadenas sobre pontones, algunos lanchones artillados y un buque de guerra: “El Republicano”, tratarán de detener el avance.

En todas partes, poca munición.

Cuando aparece el enemigo la banda del Regimiento de Patricios toca el Himno Nacional. Cantando a voz en cuello, el General Lucio Norberto Mansilla le hace sentir a la tropa aquello de: “la Patria se lleva en los cojones”.

Y justamente eso es lo que sobra ese 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado.

El primer cañonazo fue francés, cayó en medio de las estrofas del Himno, el último no lo sabremos nunca, pero sin duda no fue argentino por que ya no había con que tirar. El fuego de artillería duró siete horas sin interrupción. El combate fue feroz, sin cuartel, sin agachadas, la metralla casi se lleva a Mansilla pero parece que la muerte tuvo vergüenza o demasiado trabajo, el coronel Juan Bautista Thorne, quien pierde el oído por una descarga cercana, lo reemplaza. Cuando se queda sin munición, el capitán Tomás Craig, a cargo de El Republicano, lo hace volar para que no caiga en manos del enemigo. Lo mismo hacen los oficiales en tierra inutilizando las baterías.

Hontham y Trehouart, los capitanes de la flota anglo-francesa, se sorprenden de la resistencia, la determinación y el coraje de los defensores. Los daños a la armada invasora son muchos y graves; “debidos a la obstinación del enemigo” dirá el almirante Inglefield.

Los actos heroicos son innumerables y, como corresponde, anónimos en su mayoría. Nadie recula a pesar de la enorme diferencia de poder de fuego, nadie amaga una aflojada ante el atropello, sabían que jugaban con una taba culera, lo sabían todos y a pesar de eso les plantaron el macho a las dos potencias más grandes de la época.

El mismo Restaurador le acota a Mansilla cuando, al darle la orden de la defensa, éste le comenta lo difícil que iba a ser vencerlos: “difícil no… imposible” dijo.

Pasaron pero perdieron. Pasaron pero ganamos.

Después de Vuelta de Obligado la flota, maltrecha, remontó el Pariente del Mar, el Paraná de los guaraníes, acompañada de los buques mercantes que, cargados de mercadería, pretendían hacer buena diferencia de dinero vendiéndola en Corrientes y el Paraguay, para eso vinieron, para eso y para fracturar la Confederación dándoles estamento de república a las provincias del Litoral, y lograr la libre navegación de los ríos para colonizarnos alegremente, con la subterránea (y no tanto) complicidad de Urquiza, y la descarada de muchos vende patria que, como ahora, miraban afuera, como si hubiesen nacido en otra tierra, buscando un ideal de “civilización” en el que depositaban su ambición y su egoísmo inconfeso.

Pero el Paraná es un pariente nomás, no es el mar donde las flotas inglesas y francesas eran indiscutidas. Y como criollo que es, un tiempo después sus costas vegetales y barrancosas protegieron a los soldados y a la caballada robusta en la que Mansilla cinchó los cañones itinerantes que, en el Tonelero, en San Lorenzo (emblemáticamente el mismo lugar de la primera batalla sanmartiniana) y, fundamentalmente, en la Angostura del Quebracho, fueron diezmando la otrora orgullosa armada hasta que lo que quedó de ella huyó a refugiarse en Montevideo cribada de balazos y cargada de vergüenza.

Terminada la lucha, el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, luego de rechazar seis veces (seis veces ingleses y franceses aguantaron orina en la antesala del Restaurador) las condiciones de los representantes de ambas potencias, les hace bajar las orejas y firmar la paz mediante los acuerdos Arana-Southern en 1849 y Arana-Lapradou en 1850 después de los cuales los civilizados libertadores colonialistas tuvieron que desagraviar la bandera argentina con los 21 cañonazos de rigor.

Para el General José de San Martín, la gesta del Paraná, que comenzó con Vuelta de Obligado, era de tal importancia que escribe a su amigo Tomás Guido: Grand Bourg, 10 de mayo de 1846 Mí querido amigo: ”Sarratea me entregó a mi llegada a ésta su muy apreciable del 12 de Enero; a su recibo ya sabía la acción de Obligado. ¡Qué iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este “hechantillón”(1) que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que el de abrir la boca: a un tal proceder, no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres, sea cual fuere la suerte que nos depare el destino; que por mi íntima convicción, no sería un momento dudosa en nuestro favor, si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá sobre nuestra patria, si las naciones europeas triunfan en esta contienda, que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra ema ncipación de la España.

Convencido de esta verdad, crea usted mi buen amigo, que jamás me ha sido tan sensible, no tanto mi avanzada edad, como el estado precario de mi salud, que me priva en estas circunstancias ofrecer a la patria mis servicios, no por lo que ellos puedan valer, sino para demostrar a nuestros compatriotas, que aquella tenía aun un viejo servidor cuando se trata de resistir a la agresión la más injusta y la más inicua de que haya habido ejemplo...” (1) pequeña cantidad de algo, muestra. Se respetó la ortografía original, aunque se escribe sin “h” N.d.A Y para el resto del mundo fue el asombro y el respeto.

Incluso para los invasores, hasta el punto que, cuarenta años después de la batalla, uno de ellos, ya almirante, Sullivan, se presentó en el Consulado Argentino en Londres con una bandera tomada en Obligado y la siguiente nota: “En la batalla de Obligado en el Paraná el 20 de octubre de 1845 un oficial que mandaba la batería principal causó la admiración de los oficiales ingleses que estábamos más cerca de él, por la manera con que animaba a sus hombres y los mantenía al pie de los cañones durante un fuerte fuego cruzado bajo el cual esa batería estaba expuesta. Por más de 6 horas expuso su cuerpo entero. Por prisioneros heridos supimos después que era el coronel Ramón Rodríguez del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Cuando los artilleros fueron muertos, hizo maniobrar los cañones con los soldados de infantería y él mismo ponía la puntería. Cuando el combate estuvo terminado habían perdido 500 hombres entre muertos y heridos de los 800 que él comandaba. Cuando nuestras fuerzas desembarcaron a la tarde y tomaron la batería, con los restos de su fuerza se puso a retaguardia, bajo el fuego cruzado de todos los buques que estaban detrás de la batería, defendiéndola con armas blancas. La bandera de la batería fue arriada por uno de los hombres de mi mando y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango. Al ser arriada cayó sobre algunos cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre.

Quiero restituir al Coronel Ramón Rodríguez si vive, o sino al Regimiento de Patricios de Buenos Aires, si aún existe, la bandera bajo la cual y en noble defensa de su Patria cayeran tantos de los que en aquella época lo componían. Si el Coronel Rodríguez ha muerto y si el Regimiento de Patricios no existe, yo pediría que cualquiera de los miembros sobrevivientes de su familia que la acepten en recuerdo suyo y de las muy bravas conductas de él, de sus oficiales y de sus soldados en Obligado. Los que luchamos contra él y habíamos presenciado su abnegación y bravura tuvimos grande y sincero placer al saber que habían salido ileso hasta el fin de la acción” Almirante Sullivan Según estudios, probablemente Sullivan se refiriera, por error de los informantes, a Juan Bautista Thorne quien estaba a cargo de la batería “Manuelita” que fue la de mayor resistencia, y no a Ramón Rodríguez, aunque esto no reviste mayor importancia dado que, ya fuera uno u otro, ambos representan el mismo numen del coraje criollo.

Y si así, relatados someramente, los sucesos toman esa dimensión gigantesca, entonces ¿por qué en la historia oficial el combate de la Vuelta de Obligado permanece minimizado, reducido a lo anecdótico, despojado de su valor histórico y más aún, político? ¿Qué provocó en quienes difunden los anales de la Historia, el hecho que un país fuera del mapa se plantara y doblegara a las dos híper potencias del momento, para arrojar sobre él un manto de tiniebla? La respuesta tal vez se encuentre en la actitud de los comemierda (especie que se analizará en otro texto), quienes fueron tejiendo, entre mentiras, omisiones e intereses personales, la historia que conviene a un pueblo sumiso al imperio de turno del cual ellos eran administradores.

Veamos, si no, la diferencia en el tratamiento histórico de Obligado respecto a la Guerra de la Triple Infamia donde Mitre, traicionando al Paraguay y agachando el lomo a los ímpetus ingleses, hace un triste papel de generalito (después del desastre de Curupaytí fue relevado del mando por los brasileros) a cambio de miserables prebendas, pasando a ser un cuasi héroe nacional.

Después, con el devenir de los estancieros en administradores, de la dirigencia en gerentes, de los vendepatria en próceres, con el auspicio de los comemierda, la inexorable adhesión de lameculos y cagatintas, se fue desdibujando la Patria cojonuda e independiente, y apareció la otra, la de la agachada, adornada desde “la tribuna de doctrina”, “La Prensa” y tanto otro medio de mierda; la que festejó el bombardeo en Plaza de Mayo, la de las “relaciones carnales”, la que se ponía en cuatro patas ante el FMI y pedía limosna por los pasillos de las finanzas internacionales.

Entonces, era mejor dejar a la Vuelta de Obligado, allí, empolvada, a merced del olvido, como un hecho menor, no fuera cuestión que alguno mordiera el freno, se le ocurriera que es posible ser soberano e independiente, y pegara el corcovo, tirando por el cogote a la cohorte de pulastrines que viven mirando hacia afuera mendigando identidad.

Pero parece que siempre hay alguno, ahora es feriado nacional, y hay que festejar esa decisión y la fecha, por que hay mucho más en ello que un fin de semana largo. La turrada lo sabe, por eso está nerviosa dando coceos de otario.

Este 20 de noviembre se cumplen 165 años del hecho.

Lástima no saber el nombre de todos los que pelearon para grabarlos a fuego en el corazón de la Patria. Pero así es la todoparidora Argentina, puta y santa, nuestra hasta los huesos, esta amada Argentina, la que un día peleó con música en las barrancas de Obligado y después cantó con sorna gaucha: Y que los parió a los gringos juna y gran siete navegar tantos mares venirse al cuete. . . .

Y lo puede cantar de nuevo.

* El autor es periodista

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