
Fuego purificador
Contra el desmenuzamiento del alma y
el exceso de énfasis en los instintos sexuales. Por la nobleza del alma humana.
Escuela de Freud.
Contra la distorsión de nuestra historia y la disminución de las grandes figuras
históricas. Por el respeto a nuestro pasado.
Emil Ludwig, Werner Hegemann.
Contra los periodistas judíos demócratas, enemigos del Pueblo. Por una
cooperación responsable para reconstruir la nación.
Theodor Wolff, Georg Bernhard.
Contra la deslealtad literaria
perpetrada contra los soldados de la Guerra Mundial. Por la educación de la
nación en el espíritu del poder militar.
E.M. Remarque
Contra la arrogancia que arruina el idioma alemán. Por la conservación de la más
preciosa pertenencia del Pueblo.
Alfred Kerr
Contra la impudicia y la presunción. Por el respeto y la reverencia debida a la
eterna mentalidad alemana.
Tucholsky, Ossietzky
La operación, cuyas características se habían mantenido hasta ese instante en
secreto, se reveló pronto en su verdadera dimensión porque el mismo 10 de mayo,
hubo una quema de libros en numerosas ciudades alemanas. La lista de quemas
incluyó varias ciudades y fue casi simultánea para causar pánico: Bonn,
Braunschweig, Bremen, Breslau, Dortmund, Dresden, Frankfurt/Main, Göttingen,
Greifswald, Hannover, Hannoversch-Münden, Kiel, Königsberg, Marburg, München,
Münster, Nürenberg, Rostock y Worms. Finalmente hay que mencionar Würzburg, en
cuya Residenzplatz se incineraron cientos de escritos.
Y, como si se tratara de una avalancha, Goebbels insistió en continuar con estas
quemas de libros prohibidos. No hubo un rincón en el que los estudiantes y los
miembros de las juventudes hitlerianas no destruyeran obras. El 12 de mayo,
fueron eliminados libros en Erlangen Schloßplatz, en la Universitätsplatz de
Halle-Wittenberg. Al parecer, el 15 de mayo, algunos miembros apilaron textos en
Kaiser-Friedrich-Ufer, en Hamburgo, y a las once de la noche, después de un
discurso ante una escasa multitud, los quemaron. La apatía preocupó a los
integrantes de los incipientes servicios de inteligencia del partido y se
decidió repetir el acto. El 17, la Universitätsplatz, de Heidelberg se conmovió
cuando hasta los niños participaron en las quemas de libros. El 17 de junio, la
Jubiläumsplatz, en Heidelberg, volvió a ser utilizada para las quemas. Hubo
otras destrucciones adicionales el 17 de mayo: en la Universidad de Colonia, en
la ciudad de Karlsruhe.
El 19 de mayo, Hitler estaba totalmente emocionado. Y Goebbels, seguro de los
efectos de este éxito, pidió a los jóvenes que no se detuvieran. El mismo 19, el
horror se mantuvo en el Museo Fridericanum, en Kassel, y en la Meßplatz, de
Mannheim. El 21 de junio, tres regiones quemaron libros. Por una parte, estaba
Darmstadt, en cuya Mercksplatz se llevaron a cabo los hechos; por otra, estaba
Essen y la mítica ciudad de Weimar. Varios años más tarde, específicamente el 30
de abril de 1938, la Residenzplatz, de la famosa Salzburgo, fue utilizada por
estudiantes y militares para una destrucción masiva de ejemplares condenados.
El impacto que produjeron las quemas de mayo 1933 fue enorme. Sigmund Freud,
cuyos libros fueron seleccionados para ser destruidos, dijo irónicamente a un
periodista que, a pesar de lo que pudiera comentarse, semejante hoguera era un
avance en la historia humana:
En la Edad Media ellos me habrían quemado. Ahora se contentan con quemar mis
libros [...]
43 años después, Argentina
El 29 de abril de 1976 Luciano
Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba,
ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust,
García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano, etc.
Dijo que lo hacía "a fin de que no quede ninguna parte de estos libros,
folletos, revistas... para que con este material no se siga engañando a nuestros
hijos". Y agregó: "De la misma manera que destruimos por el fuego la
documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser
cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina". (Diario La
Opinión, 30 de abril de 1976).
La irracionalidad inquisitorial
Córdoba – En uno de los predios del Regimiento de Infantería Aerotransportada
14, en el camino a La Calera, fueron quemados miles de ejemplares de libros y
revistas. Expresó el jefe que acompaño a los periodistas hasta allí que
indudablemente no habría de encontrarse entre los volúmenes sino literatura de
exaltación de Marx, el Che Guevara, Fidel Castro, etcétera, y sin duda, no había
ninguna publicación que se refiere a próceres como San Martín y Belgrano, los
americanos Bolivar y Sucre, y personalidades civiles como Saenz Peña.
En un comunicado se manifiesta que el comando del Tercer Cuerpo de Ejercito
quemaba esa documentación perniciosa que afecta el intelecto y nuestra manera de
ser cristiana. A fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos y
revistas, con este material continuar engañando a nuestra juventud sobre el
verdadero bien que representan nuestros símbolos nacionales, nuestra familia,
nuestra Iglesia y, en fin, nuestro mas tradicional acerbo espiritual,
sintetizado en Dios Patria y Hogar.
Los elementos que se destruyen surgieron de allanamientos a centros de
distribución que se dedicaban especifica y especialmente a este tipo de
difusión. (La Nación, 30 de Abril de 1976)
La práctica piromaníaca del Proceso
tiene ejemplos como los siguientes, ambos de 1976. En Córdoba el interventor de
la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, teniente primero Manuel Carmelo
Barceló, sacó de la biblioteca y mandó a incinerar títulos de Margarita Aguirre,
Pablo Neruda y Julio Godio, entre otros. En la misma provincia, el jefe del
Tercer Cuerpo de Ejército, Jorge Eduardo Gorleri (luego ascendido a general por
el gobierno de Raúl Alfonsín), exhibió en conferencia de prensa una hoguera en
el patio de la unidad militar, avivada por libros de León Trotsky, Mao Tse-Tung,
Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Juan Domingo Perón y fascículos del Centro
Editor de América Latina (CEAL) que robó de las bibliotecas y librerías.
En la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, los militares usurparon la
Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, La Vigil, una institución que tenía una
biblioteca de 55.000 volúmenes en circulación y 15.000 en depósitos, a
principios de la década del setenta. El 25 de febrero de 1977 fue intervenida
mediante el decreto nº 942. Ocho miembros de su Comisión Directiva detenidos
ilegalmente, su control de préstamos bibliográficos utilizado para investigar a
los socios. Miles de libros de la entidad fueron quemados, por ejemplo
seiscientas colecciones de la obra completa del poeta Juan L. Ortíz.
La quema de libros más grande que concretó la dictadura fue con materiales del Centro Editor de América Latina, el sello que fundó Boris Spivacow quien además tuvo un juicio "por publicación y venta de material subversivo". El fue sobreseído pero el millón y medio de libros y fascículos ardieron en un baldío de Sarandí.
Cuando la palabra América Latina era
peligrosa
A principios de 1977, un articulo publicado en la revista Para Ti enseñaba a los
padres con hijos en edad escolar como reconocer la "infiltración marxista" en
las escuelas:
"Lo primero que se puede detectar es la utilización de un determinado
vocabulario, que aunque no parezca muy trascendente, tiene mucha importancia
para realizar ese transbordo ideológico (sic) que nos preocupa. Aparecerán
frecuentemente los vocablos: diálogo, burguesía, proletariado, América
Latina, explotación, cambio de estructuras, compromiso, etc.
Otro sistema sutil es hacer que los alumnos comenten en clase recortes
políticos, sociales o religiosos, aparecidos en diarios y revistas, y que nada
tienen que ver con la escuela.
Asimismo, el trabajo grupal que ha sustituido a la responsabilidad personal
puede ser fácilmente utilizado para despersonalizar al chico.
Estas son las tácticas utilizadas por los agentes izquierdistas para abordar la
escuela y apuntalar desde la base su semillero de futuros combatientes.
El articulo terminaba con un consejo a los padres: "Deben vigilar, participar y
presentar las quejas que estimen convenientes".
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