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El
acto es el mensaje
Por Mario Wainfeld
Volvieron a la Casa Rosada asiduos asistentes a los actos oficiales, que habían
dejado de serlo en los últimos tiempos. Dirigentes sindicales y sociales, en
general, con la restallante (dada la coyuntura) presencia del secretario general
de la CGT, Hugo Moyano. Hugo Yasky y Luis D’Elía, que habían dejado de ser
habitués también estaban, en lugares visibles destacados por el protocolo y la
transmisión por tevé. También fueron de la partida empresarios muy cuestionados,
como el banquero Jorge Brito. Ninguno de ellos había estado la semana pasada
cuando la Presidenta anunció el aumento de las jubilaciones. El retorno no
dictamina sobre las discusiones que mantiene el Gobierno con el líder cegetista
y con un abanico amplio de empresarios: sencillamente los subordina a la
dimensión que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner quiso darle a su
presentación.
Integrantes de partidos opositores también fueron de la partida, se los invitó
con todo celo y muchos honraron el ágape. Es inusual (y por ende muy
significativo) ver en los salones de la Casa de Gobierno a los diputados
Patricia Bullrich, Federico Pinedo o Ricardo Gil Lavedra, entre otros. El
convite y su sensata aceptación subrayan la dimensión institucional de este
tramo de la política exterior, que se redondeará con la presentación ante el
Comité de Descolonización y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el
14 de junio.
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La desclasificación del Informe Rattenbach estaba anunciada, el decreto número
200 le da forma, haciéndose cargo de la posibilidad (muy relativa, indicó la
oradora) de que subsista material que amerite ser conservado como secreto. La
puntillosidad con que se aclaró ese punto tributa a la experiencia parlamentaria
de Cristina y a la “pluma” del secretario Carlos Zannini.
La acción ante las Naciones Unidas es la mayor novedad de ayer junto (a los ojos
del cronista por debajo en importancia) a la convocatoria ecuménica que se puso
en escena.
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En 25 minutos, la oradora mantuvo puntos firmes de discursos previos. Y amplió
algunos aspectos o datos. Agregó al relato sobre el colonialismo, la mención a
las Invasiones Inglesas, que tenía en mente refrescar días atrás pero que,
involuntariamente, “le quedó en el tintero”.
Enfatizó el afán pacífico de la Argentina, marcando su contradicción con el
anacronismo colonial inglés. “Que le den una oportunidad a la paz”, “falsos
chauvinismos”, “sentarse a dialogar y negociar” fueron los tópicos más rotundos.
Entroncó la soberanía popular con los auténticos reclamos de soberanía, marcando
la polaridad con la dictadura y la “aventura bélica”.
El mensaje estuvo lejos de medidas tonantes como las que rumoreaban medios de
aquí o de allá (y que por eso había generado una suerte de expectativa
internacional), y muy cerca de lo realizado desde 2003. El apoyo pleno de los
países de la región, un activo que la Argentina jamás tuvo (menos que menos
durante la infausta guerra) le concede un potencial inédito, de cara a un
objetivo al que habrá que acercarse paso a paso. La flamante recidiva del
reclamo español por Gibraltar añade un argumento colorido.
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La política exterior marca una estrategia lógica, concordante con el mandato de
la Constitución de 1994. El aniversario del desembarco quizá no es la fecha más
adecuada para un ejercicio colectivo de introspección sobre Malvinas. La propia
Presidenta viene comentando que el año que viene se cumplirán 180 años de la
invasión británica a Malvinas, más expresivo del hecho colonial que la guerra
lanzada por la dictadura.
De cualquier modo, la ocasión propicia debates sobre todo lo ocurrido en
Malvinas, abordaje en el que la opinión de la Presidenta es un aporte entre
muchos.
La agresión de un grupo de veteranos de guerra al diputado José María Díaz
Bancalari, repudiable desde ya, advierte sobre un aspecto que vino saliendo a la
luz. Es la diversidad del universo de los ex combatientes que dista de ser un
colectivo homogéneo. Dicho más en detalle, hay polémicas y denuncias que
recobraron volumen a partir de la política de derechos humanos del kirchnerismo.
En especial, las violaciones de derechos, que incluye muertes y tormentos de
soldados argentinos a manos de sus oficiales, en las islas. Varias asociaciones
de ex combatientes conscriptos han iniciado causas judiciales pidiendo que esos
delitos (cometidos durante la dictadura, por integrantes de las Fuerzas Armadas
responsables del terrorismo de Estado) sean sancionados como crímenes de lesa
humanidad. Se trata de otra llaga que dejó la guerra, otra demostración de la
irrepresentatividad del gobierno militar y de su naturaleza.
El Poder Judicial debe ir resolviendo las demandas, que sin duda complejizan
cualquier narrativa sobre Malvinas. El Informe Rattenbach, acaso eche alguna luz
sobre esos episodios tremendos, pero por definición será insuficiente. La
película Iluminados por el fuego tuvo el acierto de poner esta dolorosa cuestión
en la palestra, en un ejercicio de arte masivo, en el momento adecuado.
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Serena y minuciosa en los temas de Estado, la Presidenta confirmó un rumbo
político correcto, abriendo el juego a la oposición y a representantes de la
sociedad civil.
Las respuestas británicas en corto plazo seguramente serán obvias y arrogantes.
De cualquier manera, el creciente aislamiento internacional y el fortalecimiento
argentino en foros de todo tipo hablan de un avance. Paulatino, seguramente, muy
trabajoso pero en pos de las metas correctas.
mwainfeld@pagina12.com.ar
08/02/12 Página|12