Una
laptop interminable, indestructible... y bastante inverosímil /
Roberto Bardini
El mandatario venezolano, en honor a la verdad, está más
interesado en liderar la integración económica de América del
Sur que en una poco conveniente guerra con el país vecino, que
seguramente serviría de excusa para la intervención militar de
Estados Unidos. “Presidente Uribe, piense muy bien hasta dónde
es capaz de llegar, le hago un llamado a la reflexión
públicamente”, exhortó Chávez en su programa dominical Aló
Presidente.
A mediados de abril pasado, un grupo de 21 expertos
estadounidenses en asuntos internacionales –entre los que se
encuentran académicos de las universidades de Harvard,
Washington y Nueva York y del Consejo de Asuntos Hemisféricos–
advirtió en una carta abierta que el informe que dará a conocer
la Interpol sobre el contenido de la computadora de Reyes se
basa en “exageraciones sustanciales con propósitos políticos”.
“Incluso si llegara a
corroborarse que los computadores personales en efecto
pertenecían a miembros de las FARC, no existe evidencia que
indique que los documentos disponibles para el público pudieran
servir de base para ninguna de las afirmaciones extremistas
hechas por el gobierno colombiano en cuanto a que Ecuador y
Venezuela tuvieran algún tipo de relación financiera con los
rebeldes”, sostiene la carta divulgada en Washington. “De hecho,
análisis independientes de los documentos indican que el
gobierno colombiano ha exagerado de manera sustancial el
contenido de estos documentos, quizás con fines políticos.
Cualquier cobertura mediática de los hallazgos de la Interpol
deberá dejar en claro que muchas de las acusaciones colombianas
ya han sido ampliamente desacreditadas”.
Firman la declaración Charles Bergquist (University of
Washington, Seattle), Larry Birns (Council on Hemispheric
Affairs), Amy Chazkel (Queens College, City University of New
York), Avi Chomsky (Salem State College), Luis Duno Gottberg
(Florida Atlantic University), James Early (TransAfrica Forum
Board of Directors and Institute for Policy Studies Board of
Directors), Samuel Farber (Brooklyn College, City University of
New York), Sujatha Fernandes (Queens College, City University of
New York), Lesley Gill (American University), Greg Grandin (New
York University), Daniel Hellinger (Webster University), Forrest
Hylton (New York University), Diane Nelson (Duke University),
Jocelyn Olcott (Duke University), Diana Paton (University of
Newcastle, Reino Unido), Fred Rosen (North American Congress on
Latin America), T.M Scruggs (University of Iowa), Sinclair
Thomson (New York University), Miguel Tinker Salas (Pomona
College), Mark Weisbrot (Center for Economic and Policy Research)
y John Womack (Harvard University).
Desde luego que para el gobierno de Uribe y la administración de
George W. Bush las firmas de esta constelación académica tienen
el mismo peso que la rúbrica del cacique Toro Sentado o un
autógrafo de Chespirito.
Por la mismas fechas, el Pentágono anunció que el 1 de julio
restablecerá su Cuarta Flota naval –creada en 1943 con la misión
enfrentar submarinos alemanes y disuelta en 1950– para navegar
por aguas latinoamericanas y combatir el terrorismo “junto a sus
socios comerciales”, con Colombia a la cabeza. Se trata de diez
buques, un portaviones y un submarino nuclear que dependen del
Comando Sur con sede en Miami. La formación marítima seguramente
está en condiciones de presentar combate en condiciones de
igualdad a toda una red de laptops narcoterroristas.
Bambú Press