Carlos
Barragán: "Mi fortaleza es que soy minúsculo"
Entrevistas | Asterisco
Cuando estaba con Adolfo Castelo en Radio Mitre resultaba re simpático para la
membresía mediática. Igual, algo no andaba bien: tenía una especie de
desprolijidad muy proclive a la incorrección. Cuando el campo se tiró contra
Cristina asumió un bando y luchó por él. Al punto de pedir estar en 678, el
programa que a todos le parecía un asco (con perdón de la palabra).
Asumir un lugar siempre tiene costos. Por eso los plateistas son los más
críticos: desde allí todo es comodidad, incluso se pueden no gritar los goles
del propio equipo si hace falta, porque lo importante es pertenecer. En cambio
en las tribunas hay que saltar. Y saltar. Y saltar. Y gritar. Y mucho. Y
abrazarse con el desconocido que sea si hay un gol del equipo propio. Y putear a
los contrarios, por diversión, pertenencia, folclore, convicción. Sobre todo lo
último: desde cada lado, somos los mejores. Los plateistas se escandalizan
fácilmente en su pretensión de equipararse a la obra misma: no saben disfrutar,
por más que se las den de exquisitos, de los dueños del buen gusto.
Para lamento de ellos, los partidos se deciden en la cancha, donde juegan los
que tienen hinchada. Y las hinchadas están en las tribunas. Carlos Barragán era
un plateista, aunque él dice que era de clase media cuando vivía en City Bell,
en un cuarto sin televisor. “Que por momentos no laburaba nada; me bancaban mis
amigos. Fui chofer de remis, antendí un bar, básicamente esas fueron mis dos
actividades. Estaba absolutamente deprimido. Tenía una vida hecha mierda. Me
llevó muchos años salir de ahí, y salí de pedo cuando un día escuchaba el
programa de Lalo (Mir) y le mandé un carta sobre lo de la Amia. Estaba en bolas
con un plan medio suicida: arrancar para el campo y hacerme peón y terminar así.
No encontraba qué mierda hacer, tenía facilidades para la música, para escribir,
pero no encontraba qué hacer. Es difícil. Si ahora me sacás de los medios soy un
tipo inútil, estoy frito. Volveré a manejar el remís. Cuando le mando la carta a
Lalo mentiría si digo que no tuve la fantasía de algún momento poder llegar a
laburar con él. Lo que pasa es que era tan delirante la fantasía que yo mismo me
la escondía. No había ninguna posibilidad razonable de estar en el rancho y
laburar con Lalo: no tenía teléfono, no tenía currículum, no era nadie. Lalo
tiene esa cosa rara de agarrar de la nada a alguien. Cuando me llama digo: de
acá no me voy nunca más.”
Siempre fue un tipo auténtico Barragán, se le nota. No puede siquiera aparentar
otra cosa de lo que es. Como esos hinchas que tienen un peso para ir a la platea
pero por alguna extraña razón prefieren ver el partido desde la popular. O por
la infancia, váyase a saber. “Los fines de semana iba a la casa de mis primos,
que eran de Martínez, del lado pobre. Y ahí nos cagábamos a piedrazos,
perseguíamos a los chanchos, jodíamos a las vacas, y durante la semana era un
chico de clase media que iba al colegio con saquito. La parte mejor era la de
los chanchos, obvio. Y esa familia, de parte de mi vieja, era una familia de
músicos. Mi vieja era música: no tocaba nada pero cantaba muy bien, tenía mucho
sentido estético, y mi viejo era un melómano del tango y del jazz. Creo que de
ahí me vino lo de la música, porque era llegar, hacer asado, tocar la guitarra.
Pero nunca tuve la disciplina, como en lo demás; soy un autodidacta en todo. En
un momento lo llevaba con cierto orgullo, pero no pude estudiar. Después del
secundario me metí en Psicología, que era como Comunicación en aquella época:
los que no sabíamos qué hacer nos metíamos en Psicología. Y fue un poco raro.
Cuando entré a la colimba a los 15 días se murió mi vieja. Los milicos me
dejaron salir dos días. Cuando estaba haciendo el ingreso, mi vieja ya estaba
mal y había descubierto que en la colimba te dejaban salir para dar los exámenes
de ingreso, como había en esa época; pedía permiso, firmaba la hoja para que me
dieran el comprobante y me pasaba un par de días en casa. Pero como los exámenes
eran múltiple choice, así que en lugar de entregarlo, lo leía y lo llenaba con
lo que me parecía o lo que me acordaba. Y entré jajaja. No hay que hacer
exámenes múltiple choice. Y después estuve dos años en la facultad y metí dos
materias, no me daba la cabeza. Y no soy un boludo, hay algo que me anda mal.
Así que si no fuera por mis instintos estaría en problemas.”
Pero como dice el Gallego de la palermitana murga Atrevidos por Costumbre: el
barrio está bueno, pero para trascenderlo. “En algún momento, cuando era
jovencito, lo de no estudiar me parecía como un signo de soy un loco bárbaro, o
soy intuitivo. Y después me dije: pará, algún problema hay boludo, cómo puede
ser que puedas leerte un libro y no aprenderte lo que dice y acordarteló. No
puedo. Y me pasa hoy. Eso me preocupa. Mi laburo tiene que ver con eso: como que
tengo la memoria Ram chiquita, por eso puedo inventar. A lo mejor tengo registro
de lo que ya inventé, pero no lo uso, como que no tengo archivo. Y además me
gusta la idea de crear, de que me siento a escribir y estoy inventando algo que
no hice nunca. Aunque sea juntar cuatro palabras. Ahí en el libro (Soy la mierda
oficialista), que es bastante confesional, cuento una cosa de la que me di
cuenta no hace mucho tiempo: soy un tipo de mucha suerte. Mis fantasías de
chico, de lo que quería ser, de alguna manera las estoy cumpliendo; en forma
defectuosa todas y gracias al humor y esto que hago, pero las estoy cumpliendo.
Quería laburar en un laboratorio e inventar cosas. No soy un científico, pero
invento cosas todos los días, de eso como, de eso vivo, de hacer cosas que no
existían. Soy escritor y no soy escritor; pero escribo todos los días. Otra
fantasía tremenda era ser cantante de bossa nova; de bossa nova que es trucho,
pero lo hago. Es como que realizo mis fantasías.”
Lalo le salvó la vida (profesional, ellos dirán si también la otra), que es como
habérsela complicado: hay que actuar y mostrar aquello que se sabe y lo que se
es. “Jajajaja, yo hace muchos años que estoy en el horno. Y después de muchos
años me di cuenta, antes de 678, que no me invitaban. Viste que hay como
circuitos de entrevistados de primera, segunda, tercera, cuarta, y van por las
radios, los programas de tele, y yo podría estar en los de tercera, segunda, y
nunca me invitó nadie. Y creo que porque siempre fui un tipo que no respetó
algunas reglas que había que respetar. Hablé mal de la gente que me parecía que
debía hablar mal, le puse nombre y apellido, fui incorrecto en ese sentido. Hace
muchos años, por ejemplo, creo que fui el primero en decir que (Luis) Majul era
un boludo, cuando nadie se animaba a decirlo, o nadie se había dado cuenta. Hay
algo que hago que hace que quede afuera de cierto código, por eso también
aparezco para el público en un programa que es una mierda como 678. Pero yo pedí
estar en ahí. Que (Diego) Wirtz es algo que todavía no puede creer. Se lo pedí a
fines de 2009 cuando a la gente le parecía un asco y nadie quería laburar. Wirtz
me ofreció “Duro de domar”, y yo le dije 678. Yo tenía el famoso apoyo crítico
al Gobierno, hasta que fue lo del campo. Ahí me rayé, me volví loco.
Una fantasía le vino de yapa. O era más grande que la que fantaseó cuando le
mandó la carta sobre la Amia a Lalo y por eso siquiera se animó a ponerla en
palabras alguna vez: tener por quién hinchar convencido de que es el mejor
equipo del mundo; no el mejor en el juego, sino el que mejor lo representa.
“Suena mal pero creo que me tienen como miedo. Como voy y hago cagadas, voy a tu
programa y por ahí hago una cagada, y vos que estás respetando ese código, no
querés meterte en quilombo, no me invitás. Ir y romper esta prolijidad, esto de
las no cornadas entre bueyes. Hay un cuidémonos entre todos, una cosa
corporativa, que es justamente lo que rompió 678, y que yo rompía de manera
natural porque tengo un problema con la pertenencia, que para mí es
absolutamente crítico de la mierda oficialista porque por primera vez en mi vida
tengo una pertenencia. Soy como fóbico a las pertenencias, nunca me gustó
pertenecer a un grupo, actuar corporativamente, tengo total rechazo con eso.
Claro que ahora con esto de ser oficialista, kirchnerista, binario y demente
rompo con eso. Pero porque leo al kirchnerismo como algo cercano, algo que hace
las mismas cagadas que hago yo. Y ahí yo me siento cómodo; son incorrectos, de
ahí es donde me cae bien. No se cuidan. Vamos para allá y no sabemos qué hay.
Hay una gran libertad aparte dentro del kirchnerismo. Es todo lo contrario a lo
que dicen los detractores, que lo piensan como un estalinismo y es una cosa
caótica. Y en 678 soy bastante encuadrado. Soy un soldado. Me siento así. Salvo
algunas cosas. Me siento defendiendo algo.
Allá, en el cuarto sin televisor de City Bell, no había caos. Estaba todo liso,
como decía aquel personaje de Mariano Martínez en una de las inefables tiras de
Pol-ka. Tampoco expectativa. Eso desde la platea no se ve, por eso de la
perspectiva, y aunque digan que desde ahí la visión es privilegiada. “En general
me siento muy cómodo porque digo lo que pienso, pero 678 tiene esto de estar
basado en una incertidumbre, en un caos, eso es muy interesante. Y muy
kirchnerista. No sabemos qué informe vamos a ver, no hay bajada de línea, lo
puedo decir en on y en off; a veces hasta uno querría que te digan cuál es la
posición. Nadie te dice nada y salís a lo que mejor te parece. Sea una crítica o
un elogio, un chiste o algo serio. Realmente estamos sueltos. Y hay una escisión
clarísima entre la producción y la mesa, por eso muchas veces criticamos el
informe. Los boludos que estamos en el piso vemos el informe al aire por primera
vez ahí mismo, te mandan un mail que a veces lo abro y a veces no que dice de
qué es el informe, pero no te habla del tono, y ahí hay que salir. Es muy loco.
Y es muy loco que haya sido tan potente esa fórmula con gente que no nos
conocemos, no es que agarraste a un grupito que ya funciona. Y nos llevamos
bien, otra cosa insólita. 678 es muy raro.
Raro como que se piense que se sea oficialista: ¿por qué estaría mal defender
aquello que se votó? ¿Acaso a la pareja o a los amigos que se eligen en la vida
se los toma en todo y de una vez y para siempre, o ellos también deben irse
ganando el voto de confianza en la relación? Preguntas retóricas, típicas de la
tribuna, extrañas desde la platea, siempre lejos del palpitar. “Creo que por
falta de ánimo del opositor nunca me putearon; falta de convicción y me ayudará
también mis 120 kilos y mi metro noventa. Después está el que me da cariño. La
gente te dice: ustedes me representan, sigan adelante, cuidame. Es repesado. Yo
voy a la tele, digo lo que se me ocurre, hago una canción y me voy a mi casa y
ya está. Y no, eso pega, es real, y me tengo que hacer cargo. Por lo menos yo me
hago cargo. Si para el tipo que ve el programa yo lo represento y tengo que
hacer fuerza y qué sé yo, tiene razón, porque ese es el sentido de lo que estoy
haciendo. Si no soy un trucho. Un dibujo. Nadie te votó, pero es: vos me
representás. La otra es la de la redacción de los diarios, que es fuertísima.
Saber, apenas entré, que en las redacciones de Clarín, La Nación, TN nos miraban
todas las noches y al otro día era fuerte. Y por otro lado decís: soy tan
pequeño que es difícil matarme; como un microbio. Mi fortaleza es que soy
minúsculo. No tengo estructura, no tengo una empresa, no tengo yate, no me voy a
Punta del Este, soy un boludo. Por eso cuando (Jorge) Lanata dijo cuatro boludos
en un escritorio, tenía razón: era la única manera de hacerlo; si llamaban a
gente notable no se iba a poder hacer. Pero igual te da susto: estamos jodiendo
cosas pesadas. Tampoco me creo que soy el Che Guevara pero estos pibes tienen
negocios, plata, y uno, nada. Estamos hablando del señor Bartolomé Mitre, Héctor
Magnetto; se les puede caer abajo un negocio que es enorme. ¿Se lo bancarán?
Estás como poniéndote pesado, denso, boludeando a tipos que no están
acostumbrados a que los boludeen. No soy un empresario, un político que llaman y
llama. Nadie me llama, pero se te hace carne. Porque antes era algo que veía de
afuera. Y ahora a veces te angustia, te duele, por momentos te hace mierda,
estás cansado jajajaja, es tremendo boludo, pero está bueno. Estamos peleándonos
por ver quién cuenta las cosas. Y ellos están acostumbrados a que han contado
las cosas como se les cantó el culo desde hace 40 años. Yo no quiero contar cómo
son las cosas, pero bueno, tienen que dejar de contarla ellos. Después lo
contaremos entre todos. Por eso creo que 678 es destructivo, en el sentido de
demolición de algo. Pero después hay que venir a construir. En lo sincrónico va
y rompe: ahora hay que romper esta mierda. Yo no me quiero quedar a contar, no
quiero ser el nuevo Magnetto, pero Magneto se tiene que despedir, tienen que
venir nuevas cosas.
Asterisco