
El día de la escarapela / Horacio Verbitsky
Es la política, estúpido
Con el precio actual de la soja, la movilidad lleva las retenciones al 39 por
ciento, apenas 4 por ciento más que con el sistema anterior. Las concesiones que
los negociadores patronales ya obtuvieron del Poder Ejecutivo implican un
beneficio superior. Por lo tanto, ninguna racionalidad económica explica la
virulencia de un movimiento de contenido político, similar al que enfrenta el
gobierno boliviano de Evo Morales y a los que padecieron antes el presidente de
Venezuela, Hugo Chávez y el de Ecuador, Rafael Correa. Cada uno tiene sus
características nacionales propias, pero en todos los casos expresan el
cuestionamiento de los sectores tradicionales de poder y de sus aliados externos
contra procesos populistas que cuestionan el discurso único del neoliberalismo y
el alineamiento automático con la superpotencia. Esto no califica el desempeño
de cada uno de esos gobiernos ni vaticina un desenlace. Apenas define un campo
de tensiones y antagonismos en el que cada uno se ubica.
El espejo boliviano
En Venezuela, en abril de 2002, fueron los mandos militares junto con la clase
empresarial y el apoyo explícito de la cancillería estadounidense quienes
derrocaron y arrestaron al coronel Chávez. Luego, una interminable huelga
petrolera cuestionó las atribuciones de un gobierno legítimo para administrar la
principal empresa del país. La pugna duró un año, en el cual el Producto Interno
cayó en forma abrupta, pero permitió al gobierno recuperar la capacidad de
decisión que le negaban. Según los informes que el gobierno de Ecuador
transmitió al de la Argentina, en la destrucción de un campamento de las FARC en
marzo de este año se empleó el mismo tipo de bombas que cubrieron de cráteres
Afganistán y que sólo pueden ser arrojadas por aviones estadounidenses. En
Bolivia, la rica burguesía agropecuaria y petrolera de Santa Cruz, Tarija,
Cochabamba y el Beni plantea la secesión bajo capa de autonomía, para no
compartir los recursos naturales con la mayoría indígena que llevó al palacio
Quemado a un sindicalista aymara. Al estilo de las cámaras patronales
argentinas, los activistas dirigidos por Eduardo Costas y Branco Marinkovich
cuestionan un impuesto al petróleo que el gobierno usa para pagar una asignación
a todos los ancianos que hasta ese momento carecían de amparo. Morales respondió
al desafío aceptando someter su mandato a un referendo revocatorio, para que el
pueblo decida si debe continuar en la presidencia. Lo mismo hizo Chávez, con
éxito, a instancias del ex presidente argentino Néstor Kirchner. La idea de una
consulta popular para que todo el pueblo se pronuncie sobre el veto que la
dirigencia rústica intenta colocar a la capacidad de decisión de CFK,
constituiría una salida democrática a un desafío autoritario. Las encuestas más
recientes que han circulado en despachos oficiales muestran un pequeño descenso
de la adhesión popular. Según OPSM, el apoyo a CFK se redujo del 65,9 al 63,7
por ciento entre marzo y abril, mientras Analogías detectó que el 40,5 por
ciento de los consultados opinan que el gobierno tiene razón en el conflicto por
las retenciones, contra el 30,3 por ciento que se la asigna a los piqueteros. El
67,9 por ciento se declara de acuerdo o muy de acuerdo con las retenciones. Para
Roberto Bacman, del Centro de Estudios para la Opinión Pública, CEOP, el 69 por
ciento está en contra de los cortes, el 48 por ciento considera justas las
retenciones y el 76 por ciento aprueba los reintegros a los productores menores.
Son números dispersos, provienen de muestras distintas, por lo que sólo sirven
como un marco de referencia contrastante con el estrépito radial y televisivo,
que sugiere un Apocalipsis inminente.
A partir de 1983 Raúl Alfonsín y sus sofisticados asesores en cultura
democrática inspiraron diseño y discurso en los procesos de transición de la
Europa de posguerra, con especial acento en España, Italia y Alemania. A poco
andar quedó claro que hubiera sido mucho más conveniente fijarse en lo que
sucedía en Bolivia, un país cuyas crisis suelen anticipar las de la Argentina,
aunque esto ofendiera la conciencia blanca de esos ilustres consejeros. Durante
los últimos encuentros de recomposición de relaciones entre las cancillerías de
Washington y Buenos Aires, los funcionarios estadounidenses sostuvieron que su
principal problema en Bolivia era que no tenían allí ninguna incidencia y ni
siquiera sabían qué estaba ocurriendo. Conviene poner en duda esa manifestación.
Morales denunció que el embajador de los Estados Unidos y otro funcionario de su
equipo actuaron en Kosovo durante la secesión que condujo a la guerra civil
entre varias naciones que formaron parte de la Federación Yugoslava y que
intentan repetirlo en el corazón de Sudamérica.
La Argentina invisible
En abril, el periodista Richard Gott publicó un esclarecedor artículo en el
diario londinense The Guardian sobre la composición étnica de la Argentina. Gott
entrevistó al genetista Daniel Corach (el primo bueno), cuyas investigaciones
indican que el 56 por ciento de la población actual del país tiene sangre
indígena. A una conclusión similar había llegado desde la crítica literaria la
ensayista venezolana Susana Rotker. “No somos tan europeos como creemos” explica
Corach, quien durante más de una década examinó el ADN de 12 mil personas en
once provincias. Según el investigador de la Universidad de Buenos Aires, 20
millones de argentinos son de origen indígena mientras apenas 16 pueden remontar
sus ancestros a Europa. Con una percepción ausente en la prensa local, Gott
vincula estos datos con el proyecto del bicentenario y con la decisión de
Cristina de acelerar la integración del país a un continente que rechaza las
tradiciones de sus colonizadores blancos. Sin tendencia al indigenismo radical,
las actitudes de los últimos días marcan un fuerte contraste: mientras los bien
comidos patrones rústicos reincidían en su populismo carretero, la presidente
visitó en Jujuy la agrupación barrial y cooperativa de construcción de viviendas
y costura de uniformes y guardapolvos Túpac Amaru, conducida por una mujer,
Milagros Sala, y el jefe de gabinete, Alberto Fernández, recibió en la Casa de
Gobierno a representantes del Frente Nacional Campesino, del que forman parte el
MOCASE santiagueño, el MOCAFOR formoseño y organizaciones similares de Jujuy y
Misiones. La experiencia organizativa de la Túpac Amaru fue postulada como
modelo en el país por Víctor De Gennaro, ex secretario general de la Central de
los Trabajadores Argentinos quien impulsó la designación de Sala como Secretaria
de Acción Social de la CTA, cuya personería gremial sigue empecinado en negar el
gobierno, en aras de una alianza con la CGT. El diálogo con el Frente Nacional
Campesino refleja la voluntad de impedir que la flamante subsecretaría de De-
sarrollo Rural y Agricultura Familiar sea capturada por la Federación Agraria,
cuyos afiliados han intervenido en el desalojo violento de familias campesinas
para substituir con soja transgénica sus cultivos de subsistencia. “Se me encoge
el corazón cuando los veo a ustedes, pobres de toda pobreza, porque son la
contracara de las minorías egoístas e insolidarias que nunca comprendieron el
país ni lo comprenderán”, dijo CFK en Jujuy, luego de que sus anfitriones
advirtieran que además de derechos tenían obligaciones con el país. Una
consecuencia positiva del conflicto es el nuevo interés que el gobierno ha
puesto en democratizar la comunicación. Ése es el sentido del trabajo que están
coordinando Gabriel Mariotto y Carlos Zannini para sancionar una nueva ley de
servicios audiovisuales, luego de una vasta ronda de consultas, en la que CFK
escuchó todas las posiciones, incluida la de las cámaras patronales cuya curiosa
lógica sostiene que el ingreso de nuevos actores al espectro limitaría la
libertad de expresión. También se destaca un proyecto de ley de derecho a
rectificación o respuesta presentado por los diputados kirchneristas Edgardo
Depetri, Adriana Puiggrós, Adela Segarra, Claudio Morgado, Ariel Pasini, Luis
Ilarregui, Edith Llanos y Claudia Bernazza. Ese derecho está contenido en la
Convención Americana de Derechos Humanos y no se incluyó en forma explícita en
la Constitución de Olivos por presión de las cámaras empresariales de medios de
comunicación. El proyecto es cuidadoso, porque sólo permite rectificar
informaciones falsas o agraviantes, pero no habilita a responder sobre
opiniones, ideas, creencias, ideologías o convicciones. A desacreditar este tipo
de iniciativas democratizadoras tiende una repugnante operación de inteligencia
contra el gobierno, que consistió en hackear las computadoras de la directora de
Clarín, Ernestina Herrera de Noble y de su principal accionista, Héctor Magnetto.
De allí extrajeron archivos íntimos, como contratos de servicios o fotos
familiares, que les fueron enviados a ellos mismos con la firma falsa de la
agrupación juvenil Cámpora, que orienta Máximo Kirchner. La exasperada polémica
cotidiana entre el gobierno y los grandes medios favorece la erupción de esas
bocas del infierno. Tampoco ennoblece la posición oficial en la puja con Clarín
el recurso a los medios malhabidos de un mercenario en alquiler a cualquier
gobierno, hoy a órdenes del ministerio de Planificación.
Un discurso perverso
La identificación de un sector con la Patria y sus símbolos y la consecuente
descalificación del resto fue una constante en el discurso hegemónico durante el
largo medio siglo de gobiernos de facto. Si el Ejército se pretende “glorioso
partero de la historia, anterior a la Patria”, como dijo hace dos décadas el
general José Caridi, y si “nuestras Fuerzas Armadas nacieron a la sombra de la
Cruz”, según predicó hace medio siglo el primer vicario castrense, Fermín
Laffite, para la Sociedad Rural “cultivar el suelo es servir a la Patria”. Su
presidente, Luciano Miguens, quien no tiene inhibiciones para decir lo que
piensa, explicó al anunciar la segunda etapa del plan de lucha, que lo que sobra
de las exportaciones de carne puede volcarse al consumo interno. Ése fue el
criterio que rigió desde el derrocamiento de Perón, en 1955, con las políticas
de veda al consumo, mientras se atendía al mercado internacional. Más perverso
es el discurso de Eduardo Buzzi, a quien no se le mueve un músculo mientras
plantea la redistribución del ingreso, sentado a la derecha de Miguens, quien le
pidió que fuera el vocero del grupo. Cualquier crítica a las falencias de la
política oficial es admisible, porque no le han faltado ni errores ni horrores,
pero un dirigente que se reclama popular no puede aliarse con lo peor de la
historia argentina, con los enemigos históricos de su propia entidad, para
confrontar con el primer gobierno que en medio siglo puso en debate la
apropiación individual de la riqueza generada por procesos colectivos, ni
subordinar la trabajosa posibilidad de un acuerdo a las conveniencias de una
interna política en su organización. La agenda que Fernández llevó a la última
reunión dice “analizar las condiciones de funcionamiento de los mercados a
término”. Convertir esa frase tan taxativa en una promesa de cambio del
mecanismo de retenciones móviles se parece demasiado a una provocación.
A dónde apunta el índice
El jefe de gabinete también anunció el jueves que desde el 1° de mayo entró en
vigencia un nuevo mecanismo de medición del Indice de Precios al Consumidor. La
nueva canasta comprende los productos que consumen dos tercios de la población y
equivalen a las tres cuartas partes de todos los bienes y servicios. Quedan
afuera los consumos suntuarios del primer decil de la población y los de
subsistencia del último. Su razonabilidad no ha sido cuestionada por ningún
técnico. Sin embargo, el índice que ahora se dio de baja, es el mismo que midió
una baja inflación entre 2003 y 2005, y su problema no fue técnico sino debido a
la manipulación iniciada en el año electoral. Hace unos meses, cuando Clarín
publicó que el nuevo índice experimental medía menos que el vigente, desde el
gobierno se lo señaló como una operación dirigida a destruir su credibilidad
antes de que naciera. Tal vez. Pero ¿qué pasará si el nuevo índice, realizado
bajo la conducción de los mismos funcionarios que destruyeron la confianza
pública en el INDEC, sigue oscilando entre 0 y 1? El gobierno ha sido reacio a
admitir que esa discrepancia entre el dato oficial y todos los privados (e
incluso los públicos de algunas provincias) no sólo generó inflación por
expectativas, sino que también mermó la confianza en cualquier palabra oficial,
sobre cualquier tema. Por eso preserva a quien se encargó de ese maquillaje, ya
grotesco por el rímel corrido.
Escándalo en ciernes
El jueves, la presidente dirigió una dura intimación al secretario de Comercio
Interior luego de recibir una medición de los altísimos precios de la canasta
básica en una subsidiada cadena de supermercados. Colaboradores del ex ministro
Martín Lousteau sostienen que entre los acuerdos no escritos figura que los
hipercomerciantes le avisen al funcionario cuando algún proveedor incrementa en
forma desmesurada sus precios, para que pueda exigirle una retracción inmediata.
A cambio, no controlaría como es debido a esas grandes cadenas de
comercialización, que constituyen uno de los núcleos del problema, dada la alta
oligopolización. Hace una semana CFK comunicó en un discurso que había ordenado
al secretario de Comercio que en la publicidad de supermercados constara la
cantidad de artículos disponibles de cada oferta. Esto sugiere que descubrió uno
de los trucos con que fue distraída en los primeros meses de su gestión: la
oferta se limitaba a pocos centenares de unidades. Esta semana, luego de ver los
precios de una cadena, CFK pidió una comunicación telefónica. “Guillermo, quiero
que me explique esto”, dijo con severidad. Al día siguiente se recibió en la
Casa de Gobierno un pedido de audiencia de los directivos de otra cadena,
multinacional. “Nos amenazó, dijo que sabía dónde estudiaban nuestros hijos.
Esto se aclara o habrá un escándalo internacional”, anunciaron. La audiencia
tendrá lugar mañana o el martes. No es la única contrariedad que aguarda al
funcionario. Dentro del paquete del bicentenario, junto con la modificación del
precio fijo para la soja por encima de una cotización externa de 600 dólares la
tonelada, se enmendaría el esquema de retenciones a los combustibles vigente
desde la primera semana de febrero, que ha logrado desabastecer los surtidores y
paralizar ya 26 torres de exploración petrolera de Repsol, a pesar de la
alardeada “argentinización”: cuánto más sube el barril en el mercado
internacional, menor es el precio que se les reconoce a las empresas dentro del
país. Cuando se estableció el barril estaba a 89 dólares y Repsol podía venderlo
en la Argentina a 46. Ahora trepó a 122 y el precio interno cayó a 35 dólares.
Página/12, 11/05/08