Tres miniaturas de época

Por Hernán Brienza

Siempre me han fascinado las miniaturas históricas. Ya sea en su versión plástica, aquellas pequeñas pinturas que acompañaban los manuscritos góticos y condensaban pictóricamente lo que narraban las palabras. También me gustaron siempre los breves relatos literarios que explican una época y relatan un episodio aparentemente sin importancia pero que describían el clima de un pasado remoto. Los argentinos hemos podido ver esta semana tres momentos significativos para el andar de los procesos de democratización, iniciado el 10 de diciembre de 1983, y de desarrollo social que comenzó en 2003. En tres instantáneas se resumen algunos de los logros y de los problemas que hemos sufrido los argentinos en estas décadas.

LA PELEA ES CULTURAL. El testimonio y el coraje de Susana Trimarco, la madre de Marita Verón, ha abierto un boquete en el andamiaje cultural de los argentinos. Durante el juicio que se lleva adelante y que desnuda la red de trata de personas que atraviesa el territorio del país, poniendo en peligro a miles de mujeres, ha producido un quiebre en la conciencia de millones de argentinos y, sobre todo, de hombres que hasta este momento no habían tomado conocimiento cabal del flagelo al que estaban sometidas las víctimas de la prostitución forzada.

Los detalles narrados por Trimarco son como cañonazos disparados contra el andamiaje cultural machista de la sociedad occidental de la cual formamos parte. Hoy ningún hombre puede ser inocente cuando consume prostitución, ya sabe de qué va la cosa. Lo que no significa que toda postituta sea víctima de trata, pero al menos pone sobre la mesa una realidad que la estructura de justificaciones morales parecía haber ocultado. La doctrina de la prostituta romántica –enarbolada por escritores como Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Gabriel García Márquez, entre tantos otros escritores, o el modelo del filme Mujer Bonita o Canción de la Magdalena, de Joaquín Sabina– ha servido durante siglos, y décadas para “banalizar” –en términos de Hannah Arendt, adormecimiento de la conciencia– el daño infringido a muchas mujeres sometidas por la esclavitud o la miseria. Hoy ya no es posible aducir falta de conocimiento por parte de los clientes.

El caso también ha servido para desnudar la red de complicidades policiales, políticas, judiciales y mediáticas con la que cuentan los delincuentes. Y como parecen ser cárteles instalados, el Estado por una cuestión, también, de lógicas hegemónicas debería acabar con esas tramas. ¿Legalidad y control del negocio por parte del Estado? ¿Blanqueo absoluto? ¿Guerra sin cuartel? La estrategia más adecuada deberá surgir de la reflexión y el consenso, sin duda. Pero lo cierto es que hay un antes y después en la sociedad argentina respecto del caso Marita Verón.

ENCUENTRO CON EL DIABLO. Siempre es interesante leer y escuchar a quienes han monopolizado el mal en estas tierras. Y más allá de la despreciable operación política y periodística de la Revista española Cambio 16 y de su inefable periodista Ricardo Angoso que le sirvió en bandeja la entrevista a Jorge Rafael Videla, las declaraciones públicas para un medio internacional –aunque tengan pocas novedades– sirven para tomar nota del verdadero pensamiento del dictador: a) Para los jerarcas de la dictadura, la justicia –aún cuando él la llame “revancha” o “venganza”– llegó recién con el kirchnerismo. Hasta los juicios a las Juntas eran tolerables, pero la política de Derechos Humanos del actual gobierno es lo que realmente los puso en caja y terminó con su impunidad; b) La frase “la República está desaparecida” y la supuesta defensa de las instituciones que hace Videla –el mayor conculcador de derechos de la historia argentina– pone blanco sobre negro respecto del debate democrático. El dictador más sangriento del siglo XX acusa al kirchnerismo de no ser democrático. Deberían tomar nota aquellos políticos y periodistas que utilizan los mismos argumentos que Videla; c) En su discurso mandó un par de telegramas a cobrar en destino: los empresarios y la Iglesia fueron cómplices de la dictadura, dijo; d) El radicalismo golpeó las puertas de los cuarteles; e) La excusa del golpe fue el orden pero el objetivo, disciplinar a los sectores populares. Reconoció que en 1978 el país ya estaba “pacificado” y que lo que más le preocupa es no haber podido imponer la flexibilización laboral que sí, finalmente, llegó de la mano de Carlos Menem y Fernando de la Rúa; f) Reconoció la masacre en la que sumió a la sociedad argentina.

Las declaraciones de Videla demostraron, además, varias cosas: lo anacrónicos que quedan las posibilidades de un golpe y los discursos de la violencia, el odio que mantuvo la dirigencia liberal conservadora al peronismo y los sectores populares y que la política de Derechos Humanos del actual gobierno es la correcta, ya que de ahora en más, todos lo posibles dictadores saben que más temprano que tarde les llegará el tiempo de la justicia.

PENSAR LA MINERÍA. El encuentro de los gobernadores de las provincias mineras con el ministro de planificación Federal Julio De Vido y el congreso de los ambientalistas en el Hotel Bauen demostró que, como dijimos el domingo pasado en Tiempo Argentino, era necesario pensar la minería. Y que un debate serio todavía es posible en nuestro país teniendo en cuenta no sólo la variable del lucro o del impacto ambiental, sino generando un complejo de elementos de análisis que nos permitan a los argentinos pensar un desarrollo económico sustentable social y ambiental. Porque no se trata de reproducir dogmatismos si no de reflexionar los pro y los contra de cada uno de los emprendimientos mineros. Lo bueno de llevar adelante una política interprovincial común es que los Estados tienen una mayor fortaleza para negociar con las mineras mejores condiciones para el desarrollo de las economías regionales. ¿Podrán? ¿Lo harán? ¿Serán capaces? Porque como escribí el domingo pasado entre el ambientalismo bobo y el interés extractivo y saqueador de las mineras hay decenas de posibilidades donde los argentinos podemos pensar estratégicamente nuestro propia generación y acumulación de riquezas.

Por lo demás, la noteja de opinión en el diario Clarín de Luis Alberto (Le Petit) Romero adolece de seriedad por dos cosas: no es novedosa, ya que en diciembre algunos miembros del Instituto Manuel Dorrego ya anunciamos la necesidad de “revisar el revisionismo” y, por último, porque es muy paranoica sobre la paranoia nacionalista.

19/02/12 InfoNews
 


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