La gente es jodida

Por Martin Granovsky

El golpe de 1976 quiso destruir un mundo de relaciones sociales. El mundo de los sindicatos, de los convenios colectivos, de los barrios que crecieron pegados a las grandes empresas o surcados por talleres, en ambos casos con alto nivel de empleo. Era el mundo de las identidades colectivas forjadas mayoritariamente en torno del peronismo, minoritariamente cerca de la izquierda y siempre alrededor de la clase obrera industrial. También era el mundo de las vacaciones pagas, del hospital decente, de la escuela pública y, más interesante todavía, de la escuela pública heterogénea.

Los conservadores tenían claro qué buscaban destruir. Hace 40 años exactos la Sociedad Rural Argentina publicó una solicitada de agradecimiento a las Fuerzas Armadas por el primer año de dictadura. Dice un párrafo: “Debemos desarmar el andamiaje creado por casi 35 años de una lenta pero sistemática estatización socializante, que en definitiva ha demostrado el fracaso al empobrecernos a todos y al no haber dado los frutos que algunos sectores ansiosos, confundidos o equivocados, esperaban de su aplicación”. La SRA también pedía controlar el nerviosismo: “Ahora no debe dominarnos la impaciencia. Volvamos nuestra memoria al 24 de marzo de 1976 y comparemos la actual situación con aquella, recordemos etapas similares y veremos que las experiencias pasadas nos indican la inconveniencia de actitudes demagógicas, de aperturas políticas prematuras, que puedan entorpecer o demorar una efectiva recuperación del país en todos los órdenes”.

Impresiona el trazo grueso. Los “casi 35 años” remiten al 4 de junio de 1943, que para los historiadores de la SRA evidentemente es una fecha más importante que el 17 de octubre de 1945 o el 24 de febrero de 1946. En medio de los 35 años no solo quedan los nueve años iniciales de Juan Perón o la fugacidad de Héctor Cámpora sino hasta tres gobiernos militares, los iniciados con la Libertadora en 1955, con el derrocamiento de Arturo Frondizi en 1962 y con la deposición de Arturo Illia en 1966.

El mensaje de la SRA parece indicar que nada de lo anterior a 1976 fue suficiente y que “desarmar el andamiaje” es una tarea que requiere persistencia y años, muchos años.

La ilusión de que ningún corte obstruya el camino hacia una sociedad erigida según las necesidades de Barrio Parque es permanente en los conservadores argentinos. Se nota incluso en democracia, con la mirada rabiosa de un Presidente o con la gobernadora que apela a vestiditos de tono coral y sandalias doradas para llamar la atención. La meta del club de admiradores de Margaret Thatcher es comprar todo el tiempo del mundo. El problema es que mientras desmontan, además, ofenden. A maestros y jubilados, por ejemplo. Y la gente cuando la humillan es jodida.

martin.granovsky@gmail.com

25/03/17 P/12

 

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