Malvinas: Descolonización territorial y mental

Por Ana Jaramillo*

“Sólo queda un camino, completar la emancipación política con una emancipación mental” (Andrés Bello)

Ante las sucesivas provocaciones de la vetusta monarquía británica, su Primer Ministro, su parlamento y sus fuerzas armadas, los pueblos latinoamericanos vuelven a enfrentarse al espejo de su colonización territorial y de la consiguiente dependencia intelectual y cultural de modelos ajenos a su realidad. Parece un espejo retrovisor de nuestra común historia.

Malvinas también nos vuelve a mostrar el espejo deformado en el cual se miraron muchos intelectuales latinoamericanos que se creían otros, como definía el filósofo mexicano Antonio Caso, eran bováricos, aludiendo a Madame Bovary que se creía otra, negándose a sí misma.

Durante mucho tiempo, en Nuestra América se menospreció el pensamiento latinoamericano, cuestionándose que no era una verdadera filosofía, pensamiento minusválido que supuestamente no se acercaba a los paradigmas griegos y europeos que tenían “verdaderos filósofos” como Platón, Aristóteles, Hegel, Descartes, etc.

Quienes desprecian el pensamiento latinoamericano pueden desconocer que quiere decir filosofar o quizás son “profesores de filosofía (ajena)”, de teorías griegas o europeas que reflexionaban sobre el ser, la relación del hombre con su mundo, su época o con la naturaleza. Al decir de Leopoldo Zea, “sobre el ser, el conocer y el querer”. Quizás como dice el filósofo suscribían lo que decía Hegel de nuestra cultura que era “eco del Viejo Mundo y reflejo de ajena vida”.

Ya hace tiempo que sabemos que la filosofía no es la creación de un sistema cerrado en sí mismo, una cavilación abstracta y abstrusa, sino una reflexión, un afán de saber, de resolver aporías y enigmas, no de un Hombre abstracto y universal, sino de un hombre en una época y circunstancia concreta. Los filósofos siempre intentaron resolver problemas de su propia realidad, encontrar una salida de los callejones oscuros y muchas veces indescifrables laberintos.

Para Zea, el filósofo trata de reflexionar “de volverse sobre sí mismo y sobre la realidad, enfrentando sus problemas y tratando de darles la solución más adecuada, lo más amplia y, de ser posible, la definitiva”. Es fundamentalmente una tarea, una actitud crítica.

Esa actitud crítica que hizo que muchos filósofos latinoamericanos profundizaran sobre la conciencia y el ser nacional, sobre la problemática compleja de una región mestiza desde la llegada de los colonizadores que se encontraron con culturas ancestrales propias. Pensadores que buscaban cómo resolver los problemas desde la experiencia del hombre americano, que sabían que el que copia se equivoca como decía el tutor de Simón Bolívar, Simón Rodríguez.

Por eso José Martí nos decía que la Universidad Europea debía dejar paso a la Universidad Americana. Para ello, la Universidad Americana debe enseñar la historia de América, de los incas a nuestros días al dedillo “aunque no se enseñe en detalle la de Grecia”. Concluye que “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra..Los pedantes, los que ven con desprecio nuestra historia, nuestro modo de pensar y actuar, deberán callar, que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas”.

En realidad, desde los filósofos griegos hasta los pensadores europeos se ocuparon de los problemas del hombre con la naturaleza, del hombre ante la crisis de la polis o la reorganización social después del fin de la esclavitud o de la democracia después de la revolución francesa. Y para expresarse, usaron los diálogos, las máximas, la poesía o el teatro sin constituir sistemas cerrados. Por el contrario eran experiencias dialógicas abiertas en su interpelación.

En fin, para Zea, toda la filosofía europea u occidental termina en una preocupación política. Así fue que la teoría de las ideas de Platón terminó en La República; la Metafísica de Aristóteles en La política; la filosofía de la historia de San Agustín en el orden de la Iglesia o El Discurso del Método cartesiano que orientó la Revolución francesa.

Concluye el filósofo mexicano que los latinoamericanos “se enfrentarán de inmediato, a la búsqueda de un orden libertario que sustituya el orden colonial. Cambiar la sociedad y cambiar al hombre… los latinoamericanos propondrán no sólo nuevas formas de organización sino, además lucharán por su realización… Pensarán sobre la forma de cambiar una realidad, que consideran que le es ajena, pero luchando al mismo tiempo por hacer realidad tal pensamiento. Son al mismo tiempo, hombres de pensamiento y de acción. Filósofos y políticos”.

Quizás podamos comprender mejor cómo se amalgaman en torno a la Causa Malvinas los pueblos y gobiernos de Nuestra América que han sufrido tanto la conquista como la colonización territorial y mental, frente a una nueva embestida militar de los británicos en suelo americano y la hipócrita sino ridícula acusación de colonialismo a la Argentina.

Quizás el “continente de siete colores”, al decir de Arciniegas, poblado por pueblos originarios, con pueblos traídos como esclavos desde el África, con asiáticos llegados desde el pacífico y con europeos descendientes de colonizadores o migrantes huyendo de guerras o hambrunas en su propia tierra, se emancipe mentalmente y deje de copiar modelos económicos y sociales e importar ideas que no surgen de su propia realidad.

Quizás reconoceremos a nuestros filósofos que comprendieron el colonialismo económico y mental y buscaban comprender el ser nacional y los destinos continentales como los argentinos Scalabrini Ortiz, Jauretche, Marechal, Ugarte o los mexicanos como Vasconcelos o Alfonso Reyes, o el uruguayo José Enrique Rodó o el venezolano Andrés Bello, o el cubano José Martí y tantos otros que pensaron el colonialismo y lucharon contra él.

Quizás, Malvinas nos recuerde que llegó la hora de asumir, como le escribió en 1819 Artigas a Bolívar que “Nosotros no debemos tener en vista lo que respectivamente podamos, sino lo que podrán Todos los Pueblos Reunidos, porque adonde quiera que se presenten los peninsulares, será a Todos los Sudamericanos a quienes tendrán que enfrentar”.


* Doctora en Sociología, rectora de la Universidad Nacional de Lanús y miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.


Fuente: Red Nacional & Popular de Noticias

 


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