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Duhalde
baila para el 2011 al compás de una marcha militar
El antiguo bañero de Lomas tiene grandes proyectos. El más polémico: frenar los
juicios por las violaciones de los derechos humanos cometidos en la última
dictadura. “Se humilla a las Fuerzas Armadas por lo que hizo el Ejército en los
’70”, fue su reflexión al respecto.
Por Ricardo Ragendorfer
ragendorfer@miradasalsur.com
La voz irradiada desde los estudios de Radiocadena Eco no dudó en dedicar al
entrevistado las siguientes palabras:
–Lo queremos felicitar por su labor patriótica.
–Gracias –se le oyó decir a éste a través de un celular–.
Se trataba del veterano sindicalista Gerónimo Venegas, quien actualmente
encabeza las 62 Organizaciones y la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y
Estibadores (Uatre).
El conductor del programa entonces arremetió con otro elogio:
–Un dirigente como usted es una verdadera garantía para el movimiento nacional.
El tipo pronunció esa frase con una exaltación algo forzada. Era nada menos que
el dirigente nazi Alejandro Biondini.
La respuesta fue:
–Gracias, compañero.
Y, como despedida, agregaría:
–Hay que seguir luchando.
En ese instante, buscó con la mirada la aprobación del hombre que estaba sentado
frente a él. Éste elevó la comisura izquierda de los labios; fue su modo de
sonreír. No era otro que Eduardo Duhalde.
La escena tuvo lugar durante la tarde del 14 de julio de 2009 en el sexto piso
del edificio de la Uatre, situado en la calle Reconquista 630. El ex presidente
interino suele ser un asiduo visitante del lugar. Se sabe que el Momo –apodo que
Venegas arrastra desde sus años mozos– es su principal operador político. Como
tal, también es el agente de enlace entre su jefe y un inquietante grupo de
militares retirados, a los cuales –según una persistente versión originada en
las entrañas del peronismo disidente– se añadiría un alto oficial del Ejército
en actividad. Con todos ellos, el antiguo bañero de Lomas tiene grandes
proyectos.
El más polémico: frenar los juicios por las violaciones de los derechos humanos
cometidos en la última dictadura. “Se humilla a las Fuerzas Armadas por lo que
hizo el Ejército en los ’70”, fue su reflexión al respecto. Y hasta tuvo el
tacto de hacerla pública el 19 de enero pasado, tras entrevistarse en la capital
salvadoreña con el presidente Mauricio Funes, justo cuando éste acababa de
enfatizar la necesidad histórica de investigar penalmente a los militares de su
país por su responsabilidad en la aplicación del terrorismo de Estado. Y ya de
regreso en Buenos Aires, el marido de Chiche ornamentó sus aspiraciones
presidenciales con su idea de encomendar a los uniformados la tarea de “reeducar
en los cuarteles a los jóvenes en riesgo”. Pese a los inconvenientes que podría
provocar esa suerte de colimba correctiva –que, en resumidas cuentas, consiste
en entrenar militarmente a pibes chorros–, lo cierto es que semejante ocurrencia
llegó a entusiasmar a algunos taxistas y a no pocos comunicadores.
“Estuve con unos compañeros militares que plantearon la necesidad de volver al
servicio militar”, diría Venegas durante un encuentro de punteros en la sede de
las 62 Organizaciones. Un colaborador suyo deslizó con significativa insistencia
a Miradas al Sur la identidad de uno de los uniformados en cuestión: éste sería
nada menos que el actual secretario del Ejército, general de brigada Hugo Bruera,
quien –según esa versión– habría almorzado el 9 de diciembre con el Momo en el
edificio de la calle Reconquista. Dicho rumor también circuló por otras
redacciones, tal vez con el propósito de instalar la idea de que Duhalde
planifica la lucha contra la inseguridad con un general en actividad. Al menos,
ésa es la hipótesis que se maneja en el Ministerio de Defensa.
En realidad, si el asunto fuese fruto de una maniobra, cabe aclarar que la misma
está basada en una circunstancia verídica: Bruera y Venegas se tratan desde
marzo del año pasado, ya que ambos integran una comisión para construir un
monumento a Perón. Fue la propia ministra del área, Nilda Garré, quien designó
al militar como representante del Ejército en esa comisión. Bruera posee el
perfil ideal para dicha tarea.
Apodado Goyo y también Tanguito, por su predilección hacia la música ciudadana,
este hombre de cabello negro y cabello cano, además de ser un fervoroso cultor
de los asados y el buen vino, jamás ocultó sus simpatías hacia el peronismo.
“Como coronel –suele repetir ante los periodistas– me relacioné con la política
porque estuve destinado en el Congreso Nacional”. Al respecto, de él se podría
decir que en los pasillos parlamentarios adquirió una envidiable cintura. Tanto
es así que supo generar simpatía entre las Abuelas de Plaza de Mayo, tras un
encuentro con ellas, y a la vez cautivó por su nonomia al filósofo José Pablo
Feinmann, con el que mantuvo una fructífera plática.
Sin embargo, su situación institucional es ahora algo incómoda; mientras en
Defensa se insiste con que su vínculo con el Momo sólo se debe al asunto del
monumento, una fuente del Ejército reconoció a Miradas al Sur que “El Goyo tuvo
con Venegas una reunión de más”. Por su parte, en el edificio de la calle
Reconquista se dice que esas reuniones en realidad fueron cuatro almuerzos. En
ciertos despachos oficiales circula un paper de inteligencia, en el cual se
afirma que Bruera “trata de mantener el equilibrio con el kirchnerismo y de esa
menera cree tener chances de llegar a la Jefatura del Ejército de la mano del
duhaldismo”. En cambio, el general lo niega con énfasis. En una misiva publicada
en el correo de lectores del diario Perfil, Bruera sostiene: “Como secretario
general del Ejército, sería ilegal e indigno desempeñar esas funciones. Y jamás
he visto o hablado con el señor Duhalde”.
El Rey Momo. Dicen que Venegas se jacta entre sus allegados por la polémica
desatada en torno de Bruera. Y al mismo tiempo, suele reunirse unas tres veces
por semana con su principal asesor castrense: el coronel retirado Rodolfo Solís.
El Chino –tal como lo llaman sus camaradas– es un ex represor que durante la
dictadura revistó en el Batallón 601, para –ya en democracia– recalar en la
Dirección de Contrainteligencia de la Side. Y en la esfera privada, fue
directivo de la consultora de seguridad Lyons SRL, una pyme en la que también se
reciclaron otros ex represores del B.601, como Alberto José Jaime y Ezequiel
Causada. Entre sus mejores empleados, figuraba nada menos que el hoy afamado
espía Ciro James. Solís, además, es el nexo entre Venegas y familiares de presos
por delitos de lesa humanidad. En ello, tampoco es ajeno el hermano del Chino,
el también coronel retirado Esteban Solís, quien participa puntualmente de las
reuniones del Consejo de Planificación encabezadas por Venegas.
Ambos ex uniformados suelen acompañar al Momo en sus escapadas a Necochea, para
monitorear la edificación de su última criatura: el complejo turístico termal
Médanos Blancos, con una inversión de 20 millones de dólares. En esas ocasiones,
también suele ser de la partida un tal Carlos Alberto Farnos. El tipo merece un
capítulo aparte.
El 8 de mayo de 1978 se produjo el asesinato de la copera Mirta Godoy en un
cabaret del puerto de Necochea. El hecho pasó a la historia como el caso Pesic,
por el apellido del marinero yugoeslavo que, tras un juicio plagado de
irregularidades, fue condenado por ello a 16 años de prisión. Recién en 1983
caerían en España sus verdaderos autores; dos hampones de poca monta. Uno de
ellos, justamente, era Farnos. Ahora es nada menos que el guardaespaldas de
Venegas.
La milicia del PJ disidente. El Estado Mayor de militares reclutados para la
causa duhaldista incluye al general Ernesto Bossi, antiguo alfil del general
Martín Balza y uno de los impulsores del “arrepentimiento” público del actual
embajador en Colombia. Durante el gobierno de la Alianza, el jefe de la Side,
Fernando de Santibáñez, lo puso al frente de la Dirección Nacional de
Inteligencia. En la actualidad dirige la Sociedad Militar de Seguros de Vida.
Y en paralelo, despliega una intensa actividad política. Por caso, se lo señala
como el factótum del acercamiento del general Hernán Prieto Alemandi al entorno
del vicepresidente Julio Cobos. Tal gestión provocaría de manera compulsiva el
pase a retiro. Prieto Alemandi estaba a punto de ocupar la comandancia de la
Misión de Paz de la ONU en Chipre. Y, además, se lo señalaba como uno de los
posibles candidatos para conducir el Ejército. Bossi, a su vez, mantiene una
cordial relación con la dupla Venegas-Duhalde, a través del Chino Solís. Con él,
a través de suculentos aportes económicos, financia las huestes lideradas por el
ex mayor Rafael Mercado y su esposa, Cecilia Pando.
De esta cofradía no es ajeno el general retirado Daniel Reimundez, quien durante
el interinato de Duhalde fuera el hombre de confianza del jefe del Estado Mayor
del Ejército, Ricardo Brinzoni. En estos días está procesado –junto al ex
titular de la Side Juan Bautista Yofre y dos especialistas informáticos de la
Policía Autoportuaria– en un red de hackeo, entre cuyos damnificados hay
funcionarios, políticos, periodistas y hasta personajes de la farándula.
Entre los asiduos asesores de Duhalde descuellan dos colaboradores del general
Roberto Bendini: Roberto Fonseca y Jorge Tereso. Este último es recordado por un
gesto humanitario: solicitar a un juez, en vísperas de la Navidad de 2004, que
los militares presos en la causa por la Contraofensiva montonera puedan recibir
a Papá Noel en sus hogares. Y Raúl Gallardo –otro hombre de Bendini– también
participa de la rama militar del PJ disidente. No hace mucho, cayó en desgracia
por una estafa junto a varios oficiales que distraían fondos de Intendencia.
Con todos ellos, Duhalde ya juega a la guerra.
Miradas al Sur