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De Rattenbach a Lennon
Por Martín Granovsky
Ofreció un título a los diarios ingleses cuando dijo: “Quiero pedirle al primer
ministro inglés que le dé una oportunidad a la paz”. Es obvio que algún
periodista recogerá el homenaje a John Lennon por su Give Peace a Chance.
La Presidenta colocó por lo menos tres elementos sobre la mesa en la cuestión
Malvinas que los lectores advertidos de este diario ya venían atisbando.
Uno, la incorporación de dos días, 2 y 3 de enero de 2013, dentro de las fechas
relacionadas con la exigencia argentina de discutir con el Reino Unido la
soberanía sobre las islas. En ese momento se cumplirán 180 años de la ocupación
británica de 1833. Por eso Cristina Fernández de Kirchner mencionó ya en su
discurso de septiembre del año pasado ante la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas que vendrían por delante dos años para
discutir el tema, el 2012 y el 2013.
El segundo elemento es la sudamericanización del reclamo diplomático en relación
con un punto: los recursos naturales de la región.
Y el tercero, la nitidez en la toma de distancia respecto de la dictadura
militar, que ayer volvió a plasmarse en la firma del decreto 200 que
desclasifica tanto el Informe Rattenbach producido por encargo del gobierno
militar en 1983 como la documentación anexa que pudiera contener. En términos de
política interna, el discurso y las decisiones oficiales parecen haber buscado
un clima de acuerdo general. Es difícil que, excepto un pequeño grupo de
fascistas, alguien pueda oponerse a la desclasificación del Informe Rattenbach y
al reclamo contra la militarización del Atlántico Sur que deberá formular el
canciller Héctor Timerman por instrucciones de la Presidenta. También es difícil
pronosticar cómo seguirá, por ejemplo, la relación entre la Presidenta y el
secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano. Pero
que ayer fue invitado y estuvo, fue invitado y estuvo.
En cuanto a los personajes, el coronel y compositor Augusto Rattenbach fue uno
de los fundadores del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida,
clave en el proceso de transición democrática) pero su padre no puede ser
sospechado por nadie, aquí o en Londres, de simpatías izquierdistas o
peronistas. En 1963, Benjamín Rattenbach, nacido en 1898 y muerto en 1984, fue
uno de los autores del decreto 2713 que castigaba a “los que hicieren de palabra
o por escrito la apología del tirano prófugo o del régimen peronista o del
partido disuelto por decreto ley 3855/55, aun cuando no mediare la existencia de
una finalidad de afirmación ideológica o de propaganda peronista”. Era
secretario de Guerra del gobierno de José María Guido.
En 2006 el escritor Osvaldo Bayer publicó en Página/12 una contratapa llamada,
simplemente, “Rattenbach”, en la que pedía la publicación oficial del informe y
la difusión masiva por su carácter didáctico como forma de ilustrar las
decisiones políticas y militares de las Fuerzas Armadas en 1982.
Es que, más allá de la biografía del propio teniente general Rattenbach, el
documento producido para el entonces presidente Reynaldo Benito Antonio Bignone
tuvo un destino paralelo a los archivos sobre la masacre ejecutada por la
dictadura. Bignone dictó la autoamnistía militar, que el candidato presidencial
peronista de entonces Italo Luder prometió respetar, ordenó quemar los archivos
de la represión y, a la vez, decretó que el Informe Rattenbach y sus anexos
fueran mantenidos en secreto. Bignone fue uno los artífices del comienzo del
golpe, uno de los oficiales de la represión a través de uno de los principales
centros clandestinos, Campo de Mayo, y el encargado de cerrar el ciclo con
medidas de encubrimiento en medio del derrumbe del régimen.
“Somos gente que ha sufrido demasiado la violencia en nuestro país”, dijo ayer
la Presidenta cuando pidió a Londres que no presentara al Estado argentino en
posiciones belicistas. “No nos atraen los juegos de las armas y las guerras. Al
contrario.”
Agregó un tándem (democracia y soberanía) al tríptico habitual de “memoria,
verdad y justicia” y definió la guerra de 1982 como “un conflicto que los
argentinos tenemos que procesar con seriedad, con responsabilidad, sin
chauvinismos”.
martin.granovsky@gmail.com
“Va en el sentido correcto”
El más elogioso fue Pinedo, del PRO: “El posicionamiento es impecable”, dijo.
Los radicales mostraron diferencias internas. Hubo pedidos de mayor
participación en las decisiones y las críticas más fuertes las pronunciaron Pino
Solanas y Stolbizer.
Después de la presencia de prácticamente toda la oposición en la Casa Rosada
–salvo la Coalición Cívica y Proyecto Sur–, la mayoría de los dirigentes
partidarios coincidieron en calificar positivamente el anuncio de la presidenta
Cristina Fernández de denunciar ante Naciones Unidas la militarización del
Atlántico Sur por parte del Reino Unido y de levantar el secreto respecto del
Informe Rattenbach. “En el difícil año del aniversario de la guerra, el
posicionamiento de la Argentina es impecable”, aseguró el jefe del bloque del
PRO, Federico Pinedo. En un sentido similar, aunque menos elogioso, se
expresaron referentes de la UCR y del socialismo. Sin embargo, hubo voces
disonantes. Desde el FAP, la líder del GEN, Margarita Stolbizer, consideró que
el anuncio fue “un papelón” porque el oficialismo “no convoca a la oposición
para escuchar ni para compartir”.
Por primera vez desde el llamado al diálogo político, luego de la elección de
2009, la oposición volvió a la Casa Rosada. Convocados para un anuncio
relacionado con el conflicto por las islas Malvinas, casi todo el arco político
se hizo presente en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa de
Gobierno. Los únicos que decidieron no concurrir fueron la Coalición Cívica,
encabezada por Adrián Pérez, y Proyecto Sur, de Pino Solanas. El peronismo
disidente y el socialismo, entre otros espacios, también aceptaron la invitación
oficial, mientras que la UCR transparentó diferencias internas que finalmente se
resolvieron a favor de concurrir (ver aparte).
“Hay que continuar con el reclamo por la soberanía de Malvinas en el camino de
la firmeza y con vocación pacífica, no sólo como una política de Estado
nacional, sino también mantener esta iniciativa como política regional”, señaló
el presidente del PS, el senador Rubén Giustiniani, quien compartió también la
necesidad de presentar una denuncia ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea
General de la ONU por la presencia de efectivos militares y por el envío de Gran
Bretaña del destructor HMS Dauntless a las islas.
El senador radical Juan Carlos Marino, vicepresidente de la Comisión de
Relaciones Exteriores, sostuvo que “el reclamo de Malvinas no conoce colores
políticos” y celebró que la Presidenta considere el tema como una política de
Estado. Después de las diferencias internas sobre la convocatoria, la UCR
ampliará hoy su posición respecto del anuncio, del que también participó el
titular del Comité Nacional, Mario Barletta, y el jefe de la bancada en
Diputados, Ricardo Gil Lavedra.
A pesar de no asistir, desde la Coalición Cívica consideraron positivos los
anuncios: “Creemos que van en el sentido correcto e insistimos en que muchas de
estas cuestiones deben poder ser discutidas en un espacio más amplio, como es el
Congreso nacional –señaló Adrián Pérez–. Es importante que Argentina se mantenga
en el terreno del reclamo pacífico por la soberanía de las islas y acompañamos,
entonces, los esfuerzos que en ese sentido se hagan en la Organización de las
Naciones Unidas”.
Las palabras más duras vinieron del diputado y cineasta Fernando “Pino” Solanas.
El líder de Proyecto Sur consideró que se trató de “una manipulación mediática”
sobre un tema sensible para el pueblo argentino. “Los anuncios de la Presidenta
sobre la situación en Malvinas nos muestran una vez más una retórica inoperante
ante la magnitud de la prepotencia británica en términos militares y
económicos”, se despachó Solanas, quien ratificó su decisión de no haber
asistido y reclamó “medidas concretas que afecten de lleno los intereses
británicos”.
A pesar de que sus compañeros del socialismo vieron con buenos ojos la
iniciativa kirchnerista, desde el GEN, Stolbizer se expresó en el mismo sentido
que Solanas. “O no saben adónde ir o están jugando con todas las personas a las
que llaman”, se quejó la diputada, para quien “no hay ninguna política de
Estado” y el kirchnerismo no convoca a la oposición “para escuchar ni
compartir”. “Fue un papelón”, remató.
Idas y vueltas entre correligionarios
Después de ventilar públicamente sus diferencias internas, la UCR finalmente
participó de la convocatoria realizada por la presidenta Cristina Fernández. En
un primer momento, el jefe del bloque de senadores, Luis Naidenoff, había
anunciado que su bancada no asistiría al anuncio, aunque posteriormente el
presidente del Comité Nacional, Mario Barletta, instruyó a las autoridades de
los bloques a concurrir. En el radicalismo algunos dirigentes se resistían a
aceptar la invitación sin conocer previamente el contenido del anuncio.
Naidenoff la calificó como “una cita a ciegas” y reclamó una convocatoria a
participar en la elaboración de las medidas, no sólo en los anuncios. Poco más
tarde, Barletta se quejó de la falta de información, pero dispuso concurrir
“dada la relevancia de la reivindicación histórica de soberanía”. Las
diferencias también se exhibieron en la interpretación posterior del acto.
Para el cordobés Oscar Aguad se trató de “una puesta en escena interna que no
ayuda al objetivo de recuperar las islas”, mientras que para Barletta “es
importante y bueno conocer la historia”, en referencia a la desclasificación del
Informe Rattenbach. El titular del bloque de diputados, Ricardo Gil Lavedra,
señaló: “Decidimos concurrir porque era una cuestión de interés nacional y me
parece correcta la desclasificación de cualquier secreto de Estado, así como
denunciar todos los intentos de militarización”.
El día que volvió Moyano
Después de la tensión con el Gobierno, Hugo Moyano participó del acto en Casa de
Gobierno. “Me gustó mucho eso de darle otra oportunidad a la paz”, dijo sobre el
discurso de CFK. En su entorno admitieron la expectativa por ser convocados a
una audiencia.
Hugo Moyano entró en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos acompañado por
una decena de dirigentes de la CGT, y se ubicó en la primera fila, en uno de los
asientos frente a la tarima que usaría minutos más tarde Cristina Kirchner. El
titular de la central obrera volvió así a la Casa Rosada, en un primer gesto de
acercamiento tras la tensión posterior al acto de Huracán, en el que criticó al
Gobierno por la falta de respuesta a los reclamos de la central. Allegados al
camionero no ocultaron que la expectativa ahora es a ser llamados para una
audiencia con la Presidenta que permita dejar atrás la rispidez. “¿Qué le
pareció el discurso?”, le preguntaron los periodistas a Moyano, cuando salía del
lugar. “Me gustó mucho eso de darle otra oportunidad a la paz”, ironizó el
dirigente.
El moyanismo respondió de inmediato a la invitación para ir al anuncio sobre
Malvinas. El titular de la CGT llamó a los suyos a reunirse dos horas antes en
la sede de la central obrera para ir juntos al acto. “Fue una invitación al
Consejo Directivo de la CGT y no podíamos faltar”, señaló Moyano al anticipar
que no se ausentarían. Salieron desde la sede de Azopardo en tres autos, Moyano,
su hijo Facundo, que es diputado nacional por el Frente para la Victoria; Omar
Plaini, de Canillitas; Julio Piumato, de Judiciales; Luis Pandolfi y Miguel
Paniagua.
Llegaron temprano a la Rosada, ingresaron al edificio y durante una media hora
no se los vio llegar al salón donde se realizaría el anuncio. Por eso circularon
versiones sobre que Moyano se habría reunido con algún funcionario, pero los
voceros gremiales consultados por este diario aseguraron que no y dijeron que
estuvieron esperando en un salón contiguo. “No hubo reunión, sí saludos con
ministros y funcionarios. Todo resultó cómodo”, definió a este diario uno de los
integrantes de la delegación.
Tampoco desde la Casa Rosada confirmaron si hubo algún contacto del dirigente de
la CGT con la Presidenta –que en ese momento debía estar en una audiencia– o
bien con algún integrante del gabinete.
Cerca del titular de la central obrera se sentaron el ceterista Hugo Yasky, de
la CTA, y el titular de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de
Mendiguren. También por la CGT estuvieron en la Casa de Gobierno Omar Viviani
(taxistas) y el metalúrgico Antonio Caló, que suena como uno de los candidatos
que avalaría el Gobierno para reemplazar a Moyano en las próximas elecciones.
“No hay ningún dirigente gremial que no quiera ser secretario general de la
CGT”, dijo Caló cuando lo consultaron sobre la eventual sucesión. Sin embargo,
suavizó su declaración y advirtió que el próximo podría ser él, el propio Hugo
Moyano o también José Luis Lingeri (Obras Sanitarias). “Vamos a buscar el
consenso, voy a bregar por la unidad del movimiento obrero como hizo mi
compañero Lorenzo Miguel”, concilió el metalúrgico.
La vuelta de Moyano a la Casa Rosada fue uno de los temas del día y abrió las
especulaciones sobre cuáles serían los canales para recomponer la relación. El
abogado de la CGT, Héctor Recalde, habló sobre el punto con optimismo. “Hubo,
como dijo Moyano, un compás de espera y punto. Ahora la historia continúa”,
aseguró el diputado. También insistió en el razonamiento que vienen sosteniendo
los cegetistas sobre la legitimidad de sus críticas al Gobierno: “Moyano forma
parte de este modelo que comenzó en mayo de 2003 con roles distintos, ya que él
es defensor de los trabajadores y Cristina es la Presidenta de todos los
argentinos. En esos roles a veces hay algunos matices, pero yo tengo mi certeza
que fuera de este modelo es imposible que estén los trabajadores”.
Moyano se entrevistó por última vez con la Presidenta hace cinco meses, el 6 de
septiembre del año pasado, en plena campaña electoral, cuando concurrió a Olivos
para hablar sobre aumentos en las asignaciones familiares. Sin embargo, la
relación se enfrió (a los cegetistas les cayó mal el armado de las listas de
candidatos, donde pretendían una mayor representación sindical), y entró en
crisis cuando CFK anunció que no daría respaldo al proyecto de ley de reparto de
las utilidades empresarias. El moyanismo reclama, además, que vuelvan a agenda
otros pedidos del mundo del trabajo, como la universalización de las
asignaciones familiares y la suba del piso del Impuesto a las Ganancias. El
pedido de una audiencia a la Presidenta implica el planteo de que algunos de
estos temas puedan encontrar una vía para canalizarse.
Felipe volvió con todo
Por Nicolás Lantos
“Hace cuatro años que no venía, justo febrero de 2008 fue la última vez”, añora
Felipe Solá en la entrada de la Casa Rosada, tras el acto por la soberanía de
las islas Malvinas. Luego de aquel verano comenzó el conflicto con el campo, que
significó su alejamiento del kirchnerismo, al que comenzó a acercarse nuevamente
de forma paulatina tras la muerte de Néstor Kirchner. Hoy ocupa un espacio no
oficialista pero aliado y, dialogando con Página/12, sostuvo sin problemas que
“no hay que tenerle miedo a una discusión constitucional”.
–¿Cómo evaluó el discurso de la Presidenta?
–Equilibrado. Me parece que hay un consenso general alrededor de los puntos que
ella marcó. Gloria a los héroes y pleno compromiso con los que sobrevivieron.
Darle una oportunidad a la paz, como mensaje a Cameron es muy bueno, se pone por
encima de él, no utiliza este hecho como argumento para hacer política interna y
Cameron queda como un belicista. Por último, la denuncia de la cuestión
medioambiental.
–En esta convocatoria estuvo todo el espectro político. ¿Hay otros temas que
puedan tratarse con esta modalidad?
–Sí, sin dudas. En primer lugar no hay que tenerle miedo a una discusión
constitucional. También algunos temas económicos. Y en tercer lugar creo que la
politica de seguridad podría dar lugar a referéndums, pero antes habría que
conversar entre los que tenemos responsabilidades.
08/02/12 Página|12