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China
y los Estados Unidos: ¿rivales, enemigos, socios?
Por Immanuel Wallerstein
Medelu
Traducido para Rebelión por Susana Merino
Las relaciones chinas-estadounidenses son un tema mayor para los profesionales
de la charlatanería (blogueros, medios, responsables políticos, burócratas
internacionales). El análisis se centra generalmente en términos de relación
entre una superpotencia en declive, los EE.UU. y un país rápidamente convertido
en “emergente”, la China. En el mundo occidental esta relación se considera
generalmente negativa, en la que se ve a China como una “amenaza”. ¿Pero una
amenaza para quién y en qué sentido?
Algunos ven en el “ascenso” de la China la vuelta a una posición central que
ocupó en el mundo y ahora recupera. Otros ven algo nuevo: el papel que juega
este país en la recomposición de las relaciones geopolíticas y económicas
mundiales en el moderno sistema-mundo.
Desde mediados del siglo XIX, las relaciones entre los EE.UU. y China han sido
ambiguas. Por un lado, en el transcurso de ese período los EE.UU. comenzaron a
desarrollar sus rutas comerciales con China. Fue también en esa época cuando
comenzaron a enviar sus primeros misioneros cristianos. A comienzos del siglo XX
proclamaron la política de “puertas abiertas” menos dirigida a China que hacia
las otras potencias europeas. Los EE.UU. querían su parte en la torta. Sin
embargo poco tiempo después participaron, junto a otros países occidentales, en
el aplastamiento de la revuelta de los boxers contra los extranjeros acusados de
actitudes imperialistas (1). Al mismo tiempo en los EE.UU., el gobierno (y los
sindicatos) trataban de impedir la inmigración china a territorio
estadounidense.
Por otro lado, implícitamente existía una especie de respeto por la civilización
china. El Extremo Oriente (China y Japón) eran el terreno favorito de
evangelización de los misioneros, frente a la India y al África. Porque se
juzgaba más “alta” la civilización china Esto tendría probablemente que ver con
el hecho de que China –como Japón– no había sido colonizada directamente en lo
esencial y que por lo tanto ninguna potencia colonial europea podía considerarla
terreno vedado para el proselitismo.
Luego de la revolución china de 1911 Sun Yat-sen –que había vivido en los
EE.UU.- se convirtió en una persona apreciada en el discurso de los
estadounidenses. En la Segunda Guerra Mundial se consideró a China un aliado en
la lucha contra Japón. Fueron los EE.UU. los que insistieron para que China
tenga un lugar permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Pero cuando China continental fue conquistada por el Partido Comunista Chino y
se estableció la República Popular China, ambos países se convirtieron en
enemigos feroces. Durante la guerra de Corea cada uno estuvo en un bando opuesto
y fue la activa participación militar de China junto a Corea del Norte lo que
permitió que la guerra terminara en un impasse.
Sin embargo, poco tiempo después el presidente Nixon realizó su famosa visita a
Pekín para entrevistarse con Mao Tse-tung y establecer una alianza de hecho
contra la Unión Soviética. La escena política se encontró trastocada. Como parte
del acuerdo con la China comunista, los EE.UU. rompieron relaciones diplomáticas
con Taiwan (aun cuando continuaran postulándose como garantía contra una
invasión de China comunista por los estrechos) Y cuando Deng Xiaoping encabezó
el gobierno del país, este comenzó una lenta apertura hacia la economía de
mercado y de integración a las corrientes comerciales de la economía del mundo
capitalista.
Cuando el hundimiento de la Unión Soviética hizo perder sentido a la alianza
china-estadounidense cambió en la relación entre ambos países. Al contrario, se
volvieron más estrechas. La situación en la que se encuentra actualmente el
mundo se caracteriza por el hecho de que China posee una balanza de pagos
considerablemente excedentaria con respecto a la de los EE.UU. invertida en gran
parte en bonos del Tesoro estadounidense. Haciéndolo financia la capacidad
gubernamental de los EE.UU. de seguir gastando sin cuenta en sus múltiples
actividades militares por todo el planeta (especialmente en Oriente Medio)
permitiéndole ser un buen cliente de sus exportaciones.
De tanto en tanto en tanto, la retórica actualmente usada por ambos países para
referirse uno al otro es ciertamente un poco dura, pero nada comparable a la que
presidía la relación entre los EE.UU. y la URSS en la Guerra Fría. Pero a fin de
cuentas no se debe prestar mucha atención a la retórica: en los asuntos
internacionales solo sirve para obtener un efecto político interno y no para
definir la verdadera política con relación al país a que se refiere.
Más vale prestar atención a las acciones concretas de los dos países. Veamos: en
2001 (precisamente antes del 11-S) dos aeronaves, una china y otra
estadounidense colisionaron en la isla de Hainan. La de EE.UU. probablemente
realizaba tareas de espionaje sobre China. Los responsables políticos
estadounidenses pidieron una respuesta militar. El presidente George W. Bush
manifestó su desacuerdo. Y presentó, más o menos, sus excusas a los chinos,
obteniendo finalmente el regreso de la máquina y de los 24 aviadores capturados.
En todos sus intentos por lograr el apoyo de las Naciones Unidas a sus
operativos, los EE.UU han encontrado a menudo el desacuerdo chino. Pero jamás
han usado su veto contra alguna resolución apadrinada por los EE.UU. Más allá de
la retórica parece primar la prudencia de ambas partes en cuanto a definir la
relación entre los dos países.
Y actualmente, ¿dónde estamos? China, como todas las grandes pontencias en la
actualidad, lleva a cabo una política exterior de enfoques múltiples y trabaja
con todas las regionales del mundo. La cuestión es conocer cuáles son sus
prioridades. Yo creo que su prioridad número uno es la concerniente a sus
relaciones con Japón y las dos Coreas. China es fuerte, pero lo sería
ciertamente mucho más si un día perteneciera a la confederación del noreste
asiático
China y Japón se necesitan mutuamente, en principio como socios económicos y
luego para asegurarse de que no haya una confrontación militar. A pesar de
algunas ocasionales llamaradas de nacionalismo, ambos países han evolucionado
visiblemente en esa dirección. El gesto más reciente ha sido la decisión de
comerciar entre ellos en sus propias monedas, cortando así los lazos con el uso
del dólar y protegiéndose de las fluctuaciones, cada vez más frecuentes, de la
divisa estadounidense. Japón por su parte sopesa actualmente la perspectiva de
que el paraguas estadounidense no va a durar eternamente y de que debe llegar a
un entendimiento con China.
Corea del Sur enfrenta los mismos dilemas que Japón, a los que debe agregar su
espinosa relación con Corea del Norte. Para Corea del Sur, China representa un
factor determinantes sobre los norcoreanos. Y para China, la inestabilidad de
Corea del Norte representaría una inmediata amenaza a su propia estabilidad.
China, para Corea del Sur, puede jugar el papel que los EE.UU. ya no están en
condiciones de asumir. Por otra parte, en el marco de los difíciles acuerdos a
los que deberán llegar China y Japón para lograr la colaboración que desean,
Corea del Sur (o una putativa Corea reunificada) puede jugar un papel esencial
en el equilibrio de sus relaciones.
Dado que los EE.UU. perciben la existencia de esta evolución, ¿no sería acaso
razonable suponer que buscan lograr un acuerdo con esta especie de confederación
del nordeste asiático en construcción? Los gestos militares de los EE.UU. en el
noreste, el suroeste y el sur de Asia se podrían analizar no como una
estratagema militar sino como una estrategia de negociación en el juego político
que está tratando de armar para las próximas décadas.
¿Son rivales China y EE.UU.? Sí, hasta cierto punto. ¿Son enemigos? No, en
absoluto. ¿Son socios? Lo son ya bastante aunque no quieran admitirlo y lo serán
aún más a medida que la década avance.
Nota del editor:
(1) (Fuente Wikipedia): La revolución de los boxers (1899-1901) fue iniciata por
los Puños de la Justicia y de la Concordia, una sociedad secreta china cuyo
símbolo era un puño cerrado, de allí el nombre de boxers que se dio en
occidente. Este movimiento, inicialmente opuesto tanto a las reformas, a los
extranjeros y a la dinastía manchú de los Qing que gobernaba entonces China. Fue
utilizado por la emperatriz Cixi solo contra los extranjeros mediante un sitio,
que se produjo a partir del 20 de junio de 1900, ante todas las legaciones
extranjeras existentes en Pekín. Este episodio de los “55 días de Pekin” que
terminó con la victoria de ocho naciones aliadas contra China (Austria-Hungría,
Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, Reino Unido y Estado Unidos). Después
de la guerra china-japonesa de 1894-1895, que había perdido China, esta nueva
derrota fue una etapa suplementaria en el combate que enfrentó al
conservadurismo con el reformismo en la China del siglo XIX y que terminó con la
caída de la dinastía Qing en 1912.
Fuente: http://www.medelu.org/Chine-et-Etats-Unis-rivaux-en
www.rebeion.org
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