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Un
helicóptero para el "Grupo A"
Por Jorge Giles
Pasaron cosas importantes en la semana.
La Presidenta firmó un proyecto de Ley para que no haya nunca más impunidad con
aquellos que cierran y quiebran fábricas dejando en la calle, abandonados, a
cientos o miles de trabajadores.
Además, firmó otro Proyecto para castigar con cárcel efectiva a los grandes
evasores.
Anoche, la Presidenta felicitó y alentó al cine nacional en la emotiva visita
que le hicieran el director y los artistas que participaron de "El secreto de
sus ojos", la ganadora del último Óscar.
Néstor Kirchner se reencontró en Necochea con el espacio de la Concertación
frentista, convocando a intendentes de origen radical de todo el país.
En la otra orilla, el diario del grupo monopólico Clarín, cayó en las ventas por
cuarto año consecutivo y el diario La Nación cayó por tercer año. Así se
desprende de los datos del Instituto Verificador de Circulaciones y analizado
por la página de "Diario sobre diarios".
La caída de ventas de Clarín es de aproximadamente 50.000 ejemplares diarios con
relación a tres años atrás.
La mentada convocatoria destituyente de los empresarios más poderosos del país,
terminó en un verdadero papelón.
Ni Biolcatti ni Llambías ni Méndez de la UIA, sus principales promotores,
acudieron a la cita.
Con los valores altamente positivos que se están obteniendo en la agricultura,
la ganadería y la industria, es muy desvergonzado buscar socios del descontento
allí donde sólo hay festejos.
¿Y qué ocurre en el Congreso?
Una tesis de la tribuna diría que la oposición política parlamentaria no puede
superar el síndrome del helicóptero de Fernando De la Rúa.
Ante la primera oportunidad de gestionar una institución de la república,
indefectiblemente la llevan al fracaso. Y luego, como consecuencia de la
frustración, empiezan a repartir culpas y responsabilidades al interior del
Grupo, hasta que se despedazan por esa misma impericia para manejar conflictos.
¿Cuál es la contraprueba de lo afirmado?
Lo sucedido en el Congreso antes y después de diciembre del 2009.
Mientras la oposición permanecía en minoría en ambas Cámaras, sin
responsabilidades institucionales mayores, sin tener el timón de las Comisiones,
sin capacidad para imponer agenda, en pleno llano opositor, con libertad
absoluta de hacer y decir lo que se les venga en ganas sin rendir cuentas a
nadie, pues bien, la marcha del Congreso estaba asegurada porque al mando del
volante estaba el bloque oficialista.
Pero el resultado electoral del 28 de junio y el recambio parlamentario
efectuado en diciembre pasado, trastocó esa realidad.
En ese lapso, el gobierno utilizó la cuota de gobernabilidad que legítimamente
le correspondía para garantizar una agenda social y económica que favorezca al
conjunto de la sociedad.
Así, se aprobaron la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Medios y otras
medidas trascendentes.
¡La oposición no tuvo mejor idea que criticar el uso de la velocidad y la
eficiencia de gestión por parte del gobierno!
La cuestión es que, una vez más, la oposición demuestra que sigue siendo el
espejismo de un pasado turbulento que nos persigue como sombra del diablo.
Ni están tan unidos como proclamaban ni en el fondo se diferencian tanto. Se
sacan los ojos diariamente, todos enredados en el mismo lodo.
Macri contra De Narváez, Cobos contra Carrió, Morales contra Solá, incapaces de
elaborar propuestas distintas a las políticas de ajuste que emplearon en el
reciente pasado.
Puestos a gestionar, chocan el vehículo que les toca en suerte.
Esta vez la víctima es el Poder Legislativo.
¿Se los imagina volviendo al Ejecutivo, todos juntos o separados? ¿Cuál sería el
destino para la ciudadanía?
Por eso, si esa oposición del “Grupo A” no aprendió nada en estos años, al menos
aprendamos los ciudadanos.
Sería suicida e inmoral darles una nueva oportunidad para que vuelvan a chocar
el país como lo hicieron siempre que gobernaron.
Con lo que vienen haciendo en el Congreso nos alcanza y sobra para refrescar la
memoria.
El Argentino