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De periodistas e intelectuales
Por Hugo Presman
Jorge Lanata ha dicho muchas veces que cuando el periodista no encuentra las
condiciones adecuadas para ejercer su profesión, no es obligatorio que siga
trabajando de periodista. Y citó en reiteradas oportunidades que durante la
dictadura, trabajó de mozo.
Pasaron muchos años. Aquel joven irreverente e ingenioso fundador y director de
Página 12 ha devenido en un periodista-empresario contratado por el principal
medio periodístico de la Argentina. Archivó sus denuncias contra el grupo y se
enorgullece de formar parte de su plantel. En su largo itinerario pasó de
periodista a empresario. Sucesivos fracasos comerciales lo arrojaron como
empleado del grupo Clarín. Ahora ya no dice como el 5-04-2009, en el diario
Crítica: “Clarín, el diario que montó ilegalmente Radio Mitre, que obtuvo Canal
13 del menemismo y logró la fusión monopólica del cable”. Trabajará en Radio
Mitre y Canal 13. En un reportaje dado a La Nación el 5 de enero se pregunta:
“¿A dónde voy a ir sino es al grupo Clarín?”; y lo desarrolla: “Hoy el 80 por
ciento de los medios está manejado por el Gobierno. Canal 11 está muy
influenciado por el Gobierno, Canal 9 es casi del Gobierno, Canal 7 es del
Gobierno y América está con el Gobierno... Entonces, ¿a dónde voy?” Aquél joven
Lanata le hubiera respondido a este cincuentón desorientado: “Andate a trabajar
de mozo, como sostenías en otros tiempos y apuntabas a los que trabajaron bajo
la dictadura establishment militar”.
El periodista Hernán Brienza, escribió en Tiempo Argentino el 31 de diciembre de
2011: “Siempre me llamó la atención la necesidad que tienen muchos pensadores de
ser legitimados por los medios de comunicación tradicionales o hegemónicos. Y la
manera que ciertos intelectuales cercanos a la visión nacional y popular de la
historia necesitan mostrarse equilibrados y concesivos en tribunas de doctrina
que nunca bajan la guardia. Todos sabemos que la verdad periodística y política
no existe y se construye, se impone, o se consensúa, pero ¿es necesario
someterse a operaciones periodísticas, entregar títulos a medios, con
estrategias opositoras y generar desazón e incertidumbre entre los seguidores de
los mismos?”
Evidentemente Brienza se refiere, sin mencionarlo, al reportaje realizado por el
diario La Nación al ensayista José Pablo Feinmann, por el periodista Ricardo
Carpena y publicado el 24 de diciembre del año pasado en el suplemento Enfoques.
El autor de “ La sangre derramada”, “La crítica de las armas”, “Peronismo.
Filosofía política de una persistencia argentina”, entre tantos otros libros,
cometió una ingenuidad contradictoria con su talento. Tal vez acierta Brienza al
afirmar: “… la necesidad que tienen muchos pensadores de ser legitimados por los
medios de comunicación tradicionales o hegemónicos”. En efecto, “La Nación”, no
“Página 12” o “Tiempo Argentino”, es el dispensador de los prestigios
académicos. Y a pesar de la historia siniestra de su fundador y de la
trayectoria antinacional del diario, la seducción por aparecer en sus páginas
atrae a intelectuales lúcidos. Lo que no dice Brienza, es que mucho más que a
Feinmann el sayo le cabe a Mario Pacho O`Donnell, que preside el Instituto
Revisionista Manuel Dorrego, del que Brienza forma parte y que practica el
oxímoron de hacer un revisionismo mitrista. Esto no invalida la legitimidad del
Instituto, al cual apoyo, pero establece una limitación significativa. Y con los
tradicionales amiguismos de las capillas intelectuales, Brienza critica a
Feinmann y calla todas las genuflexiones hacia la “Tribuna de doctrina” del
autor, entre otros muchos libros, de “La gran epopeya. El combate de la Vuelta
de Obligado”.
Un empresario periodístico que cree haber escriturado la ética a su nombre, es
Jorge Fontevecchia. Autor de dos editoriales semanales en el bisemanario
“Perfil”, regado con profusión de autores y citas, mentor del slogan “periodismo
puro”, propiciador de adefesios como el ultra amarillo diario “Libre”, la
revista “Caras”, de frivolidad extrema, y de “Noticias”, la pretendida revista
“seria” de la editorial, cuya profundidad se agota en los títulos, fue
cuestionado en diciembre por invadir la privacidad del cantante y poeta Luís
Alberto Spinetta a raíz de una foto para ilustrar el cáncer que padece. Y
apareció entonces el testimonio de un fotógrafo, ex trabajador de la editorial,
que destruye los cientos de carillas escritas por el empresario- periodista, de
una moralina asfixiante. La periodista Patricia Grimberg escribió: “…Vamos a
debatir y seguir debatiendo: ¿cuál es el límite de la “obediencia debida” de un
reportero gráfico o periodista a sus editores sedientos de sangre, sudor y
lágrimas? ¿Hasta dónde llegar para preservar el trabajo, no entrar en las “lista
negras” interempresarias, o ser congelado, mandado a la Siberia, como decimos en
el gremio?..”
Dos ex reporteros gráficos de la revista Noticias de la Editorial Perfil, que
también edita Caras, respondieron, años atrás, con hechos y no con palabras, a
esa pregunta: Esteban Mac Allister estaba presente el día que el líder
democristiano Carlos Auyero murió mientras era entrevistado en un programa
televisivo. Mac Allister optó por no fotografiar la agonía y la muerte, actos
privados hasta el paradigma, y por eso fue despedido de su trabajo. Nunca se
arrepintió de su decisión y continúa hasta hoy como free lance y editor de su
propio banco de imágenes.
“LA NACIÓN” Y LA SEDUCCIÓN DE LOS INTELECTUALES Y POLÍTICOS
Si a cualquier intelectual, a mero título de ejemplo, sea Horacio González o
José Pablo Feinmann, Beatriz Sarlo o Santiago Kovadloff, se los invitara a
escribir en una revista reivindicadora del terrorismo de estado como B1 (
Vitamina para la memoria) rechazarían la invitación espantados de solo pensar
que sus nombres podrían quedar vinculados a dicha publicación. Sin embargo, los
dos primeros no tienen inconvenientes de ser entrevistados y los dos segundos en
ser columnistas.
El fundador del diario fue el comandante de los ejércitos que consumaron en
beneficio de los ingleses un genocidio contra el pueblo paraguayo. Escribió
Felipe Pigna: “Tras cuatro años de heroica resistencia en los que logró
resonantes victorias pese a la disparidad de las fuerzas, el ejército paraguayo
comenzó a ser acorralado por las fuerzas aliadas. Francisco Solano López y lo
que quedaba de su ejército -con su inseparable compañera, Elisa Lynch, la “
princesa de la selva”, sus cuatro hijos y poco más de 400 hombres, mujeres y
niños que se negaban a entregarse- llegaron a Cerro Corá el 14 de febrero de
1870. Allí preparó la última resistencia. Su ejército estaba compuesto
mayoritariamente por niños y mujeres, y tenía el jefe de estado mayor más joven
de la historia, su hijo Panchito, de sólo 14 años….López al frente de lo que
quedaba de su heroico pueblo, fue herido de un lanzazo. Le ordenó a Panchito
proteger a su madre y a sus hermanos. Varios soldados se abalanzaron sobre el
hombre más buscado por la Triple Alianza. Nadie quería perderse las cien mil
libras que los “civilizadores” ofrecían por la cabeza del mariscal.”
En “Las venas abiertas de América Latina” escribió Eduardo Galeano: “Paraguay
tenía, al comienzo de la guerra, poco menos población que Argentina. Sólo
doscientos cincuenta mil paraguayos, menos de la sexta parte, sobrevivían en
1870. Era el triunfo de la civilización. Los vencedores, arruinados por el
altísimo costo del crimen, quedaban en manos de los banqueros ingleses que
habían financiado la aventura. El imperio esclavista de Pedro II, cuyas tropas
se nutrían de esclavos y presos, ganó, no obstante, territorios, más de sesenta
mil kilómetros cuadrados, y también mano de obra, porque muchos prisioneros
paraguayos marcharon a trabajar en los cafetales paulistas con la marca de
hierro de la esclavitud. La Argentina del presidente Mitre, que había aplastado
a sus propios caudillos federales, se quedó con noventa y cuatro mil kilómetros
cuadrados de tierra paraguaya y otros frutos del botín, que según el propio
Mitre había anunciado cuando escribió: «Los prisioneros y demás artículos de
guerra nos los dividiremos en la forma convenida». Uruguay, donde ya los
herederos de Artigas habían sido muertos o derrotados y la oligarquía mandaba,
participó de la guerra como socio menor y sin recompensas. Algunos de los
soldados uruguayos enviados a la campaña del Paraguay habían subido a los buques
con las manos atadas. Los tres países sufrieron una bancarrota financiera que
agudizó su dependencia frente a Inglaterra. La matanza de Paraguay los signó
para siempre.”
¿Se debe aceptar un reportaje en el diario La Nación? Sí, a condición de señalar
su papel nefasto en la historia nacional y que fue, por ejemplo, creado después
de un genocidio comandado por su fundador a la finalización de la guerra infame.
En caso contrario, es como hacer declaraciones para un órgano que reivindique el
terrorismo de estado sin tocar por el entrevistado el tema. Sería bueno
preguntarse, en caso contrario, cuál es la diferencia de ser entrevistado o peor
todavía columnista en La Nación sin reticencias y que produzca asco la sola
mención de B1 y otras similares.
INTELECTUALES PATINANDO
Horacio González realizó un comentario en la revista Ñ del diario Clarín del 7
de enero del 2012, sobre “Historia de la Nación Latinoamericana” de Jorge
Abelardo Ramos. Después de varias líneas elogiosas como: “La mordacidad
combatiente, el ojo agudizado para la ironía y el chascarrillo constante no le
impedían a la obra de Jorge Abelardo Ramos (1921-1994) transitar por los grandes
panoramas históricos”. Luego de otros elogios, de pronto disminuye su
envergadura cuando escribe: “Su vocación política es la de fundador de partidos,
pero antes la de un gran editor, publicista, y aún antes, la de un apasionado
librero”. La relación es al revés: fue fundamentalmente un político que para
desplegar su acción recurrió a la historia y a la publicación de libros. Pero lo
que sorprende es el intento de encontrar puntos de contacto entre “el Colorado”
y Tulio Halperín Donghi. Dice: “Un lugar común del debate argentino consiste en
contraponer a Tulio Halperín Donghi con Jorge Abelardo Ramos. No es así...”
Inteligente e informado, poseedor de una vasta cultura, González intenta
vanamente encontrar puntos de contacto entre el político y ensayista que
reivindicó al peronismo desde su origen con quien lo define como un mamarracho;
el que defendía al gobierno desde las páginas del diario Democracia con el
pseudónimo de Víctor Almagro, y el que le dedica tres líneas al bombardeo a
Plaza de Mayo. José Pablo Feinmann escribió al respecto en el primer tomo de
“Peronismo. Filosofía política de una persistencia argentina”: “Escuche Halperín
Donghi, usted no puede despachar la jornada del 16 de junio diciendo: “una parte
de la Marina y la Aviación se alzó contra el gobierno bombardeando y
ametrallando lugares céntricos de Buenos Aires”. Ese texto es una ofensa a los
derechos humanos en la Argentina... El año 1956 transcurrió así con un rumbo
político impreciso” (página141). En “Argentina en el callejón” de Halperín
Donghi (página 72), se puede leer: “Luego de la muerte de Eva Perón, su esposo
lejos de mostrar la reserva dolorida que hubiese sido decente, se lanzó con
frenesí a actividades que hacían de él una suerte de Calígula bonachón.”
Se podrían completar varias páginas con afirmaciones similares del proclamado
“más importante historiador argentino actual”. Los parecidos que encuentra
González con el inspirador de la izquierda nacional, deben ser fruto de un vano
e insólito esfuerzo de conciliación histórica frustrado.
Otra patinada fueron las declaraciones de José Pablo Feinmann a “La Nación” que
lo llevó a realizar reiteradas aclaraciones que confirmaban lo que desmentía. No
negaba lo que había dicho sino cómo había sido titulado el reportaje en
Internet, diferente a la edición impresa. Finalmente publicó una nota en Página
12 el 28 de diciembre con el título de “El puñal en la espalda” donde afirmó:
“Creo que estuve confiado, ingenuo y hasta algo bobo en el reportaje de La
Nación.”
Por otro lado, Feinmann ha iniciado un revisionismo histórico del Perón que
regresó de España, que debe realizarse, pero que en la forma que lo encara este
polifacético escritor lo llevará a una situación paradojal de difícil retorno
para él, precisamente escribiendo a partir del retorno de Perón. En las páginas
finales del tomo II de la obra mencionada escribe: “La Triple A empieza a matar
gente a diestra y siniestra. De todas esas muertes es responsable Perón, quien
le dejó al país de herencia una cabaretera tonta y fascista (hay cabareteras que
son magníficas personas y todos los escritores estamos habituados a disfrutar
con la creación o con la frecuentación -con motivos literarios- de esos
personajes y encontrarles sus aristas sensibles, nobles) manejada por un clown
asesino-compulsivo. Por consiguiente, señores, guste o no, nadie se puede sacar
de encima semejante atrocidad política. A pagar. Y si de pagar se trata hay que
decirlo: la responsabilidad de muertes como las de Ortega Peña, Silvio Frondizi,
Julio Troxler, Atilio López y de por lo menos 1500 personas más recae sobre Juan
Domingo Perón. Qué pena. Qué bronca. Qué dolor también. Que en apenas un año un
gran líder de masas, el único político que realmente hizo algo por los pobres de
este país y le arruinó la eterna fiesta a los dueños eternos de esta tierra haya
deteriorado tanto su figura, es una de las grandes desgracias de la Argentina,
país que no carece de ellas...”
Existen otras aseveraciones que parecen más propias de un transgresor
adolescente que del pensador que es Feinmann. Así en la página 159 del primer
tomo de la obra citada afirma: “En cuanto a Perón, su casamiento con Eva es el
acto más revolucionario que realizó en su vida. Y acaso sea el único”. Por si no
quedara claro lo reitera en la página 169:
El mayor político de la Argentina del siglo XX tiene, como toda figura
histórica, muchos claroscuros. Pero concluir con un fallo ilevantable de asesino
es una escala potenciada de los muchos adjetivos descalificatorios que Ernesto
Sábato, otro intelectual, descargó sobre su persona al mismo tiempo que
enaltecía a las masas peronistas. Por otra parte salvo que sea una humorada,
considerar que lo más revolucionario de Perón fue su casamiento con Eva, lleva a
realizarle a José Pablo la pregunta: ¿Fue proscripto 18 años por ese acto
transgresor de su vida privada?
Miguel Bonasso inició un camino similar hace muchos años, construyendo un
Cámpora revolucionario y un Perón conservador para concluir afirmando en un
reportaje en la revista La Maga número 3 del mes de diciembre del 2011: “¡Que
viejo hijo de puta era Perón!”.
Julio Bárbaro en un reportaje en la Revista Noticias del 28 de enero afirma: “A
Feinmann, por ejemplo, que fue un amigo y es una persona a la que respeto, lo
que le cuestiono es que crea que lo que interpreta de la historia es más
importante que lo que Perón logró.”
Otra patinada fue la del escritor Guillermo Saccomano que aparecía como firmante
del primer documento del grupo de intelectuales Plataforma 2012, de perfil
fuertemente crítico al gobierno.
Resultaba contradictorio con las posiciones conocidas del escritor de “El
oficinista”. Rápidamente se bajó de ese conglomerado. Distribuyó un comunicado
explicando su actitud con el título “Con vos no Beatriz” : “Conozco a Norma
Giarracca desde fines de los sesenta, cuando compartíamos las ideas que
sustentaban las Cátedras Nacionales, una concepción que reivindicaba el
pensamiento y los hitos de lucha del movimiento nacional y popular –léase el
peronismo– que hoy encuentra, entre uno de sus cauces, el kirchnerismo. Digo
uno, porque no es el único. Norma, investigadora de las problemáticas rurales,
comprometida con los derechos humanos, denunciante de los crímenes que este
gobierno viene procurando disimular, me convocó hace unos días para firmar entre
los adherentes a la movida “Plataforma 2012”. Tan indignado y estupefacto como
ella quedé al enterarme por La Nación de que la oportunista Beatriz Sarlo se
adjudicaba la maternidad de la misma, concediéndose el rol de referente. Beatriz
Sarlo encarna la figura del autoritarismo y oportunismo intelectual. De haber
estado al tanto de que la errática Sarlo adquiriría protagonismo mediático
arrogándose esta “Plataforma” en el diario ideólogo de los genocidios
nacionales, sin duda muchos no habríamos participado de esta movida cuyos
objetivos son antagónicos con el de esta escriba y vocera del poder. En
consecuencia, varios de los que adherimos a “Plataforma” estamos retirando
nuestra firma. Seguí jugando solita, Beatriz.”
El texto es ingenioso pero la argumentación es débil. En ese aspecto se
manifestó el licenciado en filosofía Dante Augusto Palma quien escribió en la
revista XXIII del 12 de enero: “No deja de llamar la atención que intelectuales
de prestigio den razones tan pobres para retirar la firma de un documento que
compromete, particularmente, por lo abiertamente agresivo. Pues ¿importa quién
lo firma o importa el contenido de lo que se firma? ….En ese sentido, lo que
importa no es lo que lo haya firmado Sarlo, sino que intelectuales de
“izquierda” suscriban un documento que podría ser aceptado por Sarlo. No habla
mal de Sarlo, habla mal de esos intelectuales”
CONTRADICIONES DE PERIODISTAS E INTELECTUALES
Para concluir esta nota escrita con pesadumbre porque tengo buena relación y
aprecio con varios de los aquí criticados, vaya una frase del notable escritor y
humorista Roberto Fontanarrosa, que tal vez permita diluir humorísticamente
algunas patinadas: “El verdadero hombre inteligente es el que aparenta ser
pelotudo delante de un pelotudo que aparenta ser inteligente”.
Todos los derechos reservados. Hugo Presman. Para publicar citar fuente.
Fuente:
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