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¡Es
el sombrero compañeros!
Por Alberto J. Franzoia
Lamentablemente algunos compañeros cada vez que intentan explicar nuestra
realidad política e ideológica, recurren a modelos teóricos y conceptos que
lejos de servirnos para aclarar la cuestión la oscurecen. A veces, para dar
cuenta del actual enfrentamiento entre oficialismo y oposición se habla de dos
países, uno real y otro virtual. Sin embargo, si buceamos en nuestra historia,
ejercicio más que recomendable para no reiterar viejos errores, nos
encontraremos efectivamente con dos países pero ambos reales. Lo que aquí
tenemos desde 1810 a la fecha es un conjunto de clases y sectores sociales que
integran el bloque oligárquico aliado con las burguesías de los países
capitalistas dominantes y otras clases y sectores sociales que integran el
bloque nacional-popular. Y cada uno de ellos lucha por un proyecto de país bien
distinto, pero ambos muy reales. Los primeros luchan por sostener el statu quo
semicolonial, y los otros (nosotros) por construir una nación independiente,
justa y soberana. Ese es un primer tema para tener en cuenta, ya que creer que
sólo nosotros expresamos un país real supone el enorme riesgo de dar por sentado
que el otro país, el que ha predominado a lo largo de nuestra historia, ya no es
viable y que las falacias que difunden para imponerse son nuevas, cuando Mitre
creó una escuela histórica con las mismas armas. Todo esto nos conduciría a un
tan lamentable como reiterado error, porque hasta la fecha ese viejo país
(aunque sea sólo para minorías) nunca se fue, y jamás dejó de ocultar la
realidad para seguir existiendo.
Por otra parte, hilando un poco más fino, seguir hablando y escribiendo dentro
del campo nacional sobre derechas, centros e izquierdas a secas, resulta muy
poco pertinente, ya que dichos conceptos no dan cuenta de nada que tenga algo
que ver con la realidad de Argentina y el conjunto de nuestra América Latina.
Hay derechas, centros e izquierdas, sin adjetivos, sólo allí donde existe una
nación consolidada, es decir en los países capitalistas plenamente desarrollados
y por lo tanto dominantes. De hecho esos conceptos, aplicados de esta manera,
nacieron en Europa durante la consolidación de su capitalismo nacional. Ser de
derecha a secas es en dichos contextos defender la nación capitalista plenamente
desarrollada y en expansión hacia fuera de sus fronteras (desarrollo del
imperialismo): mientras que ser de izquierdas es oponerse a ese statu quo para
proponer un modelo alternativo que se identifica habitualmente con el socialismo
revolucionario. Es cierto que ese tipo de izquierdas tiene hoy muy poco peso en
el seno de los países opresores, y que lo que predomina es una centroizquierda o
socialdemocracia que se manifiesta como la pata “progresista” del orden vigente.
Pero aún así las opciones siguen existiendo independientemente del peso
cuantitativo que cada una tenga.
Ahora bien, el modelo químicamente puro de derechas, centros e izquierdas nada
tiene que ver con América Latina, región el mundo que aún lucha por su
liberación, es decir por constituir una Nación libre de opresores externos
aliados a las oligarquías nativas. Entonces, si el campo real de confrontación
por estas tierras pasa por estar o no a favor de un proyecto nacional de
liberación, lo conceptos derecha, centro e izquierda sólo son útiles cuando se
los aplica hacia el interior de los dos grandes bloques en pugna, porque por
allí pasa la contradicción principal. Así tenemos una derecha antinacional y
otra nacional, como también tenemos una izquierda nacional y otra cipaya. Son
derechas e izquierdas necesariamente adjetivadas. No diferenciar estas
cuestiones supone creer que cada uno de las fuerzas enfrentadas constituye una
totalidad homogénea, sin matices. Apoyar al gobierno, por lo tanto, significaría
estar de acuerdo con todo, agachar la cabeza y marchar. Sin embargo no es así,
se puede apoyar desde una postura muy moderada, con el temor a no ir demasiado
lejos en la confrontación para no inquietar a los históricos dueños del país, o
se puede apoyar impulsando una relación de fuerzas más favorable a los sectores
populares para la profundización revolucionaria del cambio kirchnerista.
Utilizando el modelo teórico que proponemos resulta fácil percibir que cierta
izquierda o centroizquierda actúa objetivamente (y más allá de sus intenciones)
como la pata trasgresora o “progre” del campo antinacional, desde el PO hasta
Proyecto Sur. Sus prácticas concretas sólo logran favorecer la debilidad de uno
de los bloques en pugna (porque el tercero sí que es virtual) y simultáneamente
potencian al enemigo de la Nación. Si por el contrario seguimos recurriendo al
poco pertinente modelo teórico que suelen utilizar demasiados de nuestros
teóricos y políticos, podemos llegar a planteos tan absurdos como decir que “el
PO actúa como la izquierda de la derecha” (???). Y semejante análisis, digámoslo
de una vez por todas, es un mamarracho que sólo pueden entenderlo algunos
militantes políticos; pero el resto del pueblo es sometido a una confusión
conceptual que nada ayuda a dar la gran batalla por las ideas. Es curioso que
aún entre algunos compañeros convencidos acerca de la necesidad de dar esa gran
batalla de nuestro tiempo, predominen modelos teóricos que han sido impuestos
por las clases dominantes, aquellas que históricamente fueron colonizadas por
una visión eurocéntrica del mundo.
Esta preocupante cuestión nos lleva a una reflexión final: para dar la gran
batalla cultural desde el bloque nacional-popular quizás deberíamos comenzar por
una revisión crítica de no pocos conceptos que nosotros mismos a veces
utilizamos de manera arbitraria. Sin una correcta teoría, una que interprete la
especificidad de nuestra realidad, resultará imposible el cambio estructural. No
se trata de meter a la realidad en un esquema teórico que no logra contenerla,
la tarea pasa por adecuar la teoría; porque retomando las enseñanzas del maestro
Don Arturo Jauretche, no es la cabeza lo que hay que adaptar. ¡Es el sombrero
compañeros!
La Plata, 11 marzo de 2010
alberto_franzoia@yahoo.com.ar
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