|
|
|

|
|
Volver
al núcleo duro de la teoría del imperialismo*
Por Alberto J. Franzoia
Introducción
Durante el breve recorrido de este nuevo siglo, a partir de un trabajo de Toni
Negri y su discípulo Michael Hardt, se popularizó la utilización del concepto
“imperio”. Según Negri él sigue siendo comunista, sin embargo su obra, que lleva
por título el citado concepto, lo que en realidad intentó fue negar la vigencia
de la teoría del imperialismo formulada por Lenin en 1916.
Que dicha teoría debía ser examinada a la luz de nuevos fenómenos del
capitalismo mundial que no podían ser previstos por el intelectual ruso hace
casi 100 años, es una verdad incontrastable y negarlo es ajeno a un abordaje
dialéctico de la realidad; pero de allí a negar la existencia del imperialismo
media una distancia abismal. Una cuestión es abordar con rigor cuáles son las
nuevas características del comportamiento mundial del capital financiero con
sede en las naciones dominantes del sistema capitalista; otra muy distinta tiene
que ver con la supuesta desaparición de la contradicción país opresor-país
oprimido, relación que a su vez lleva al oprimido por las naciones capitalistas
constituidas hace un largo tiempo, a la imposibilidad de desarrollarse también
ellas como naciones.
Sin embargo, más allá del significado atribuido al “imperio” en el discurso de
Negri y Hardt, discurso funcional a los intereses de las clases dominantes
independientemente de cuál haya sido el objetivo buscado por los autores, hay
una nueva utilización del concepto a partir de la apropiación llevada adelante
por representantes de los sectores populares (Hugo Chávez, Evo Morales) que no
se puede desconocer y es necesario reivindicar. Sobre algunas de estas curiosas
vicisitudes, vinculadas al destino del imperio-imperialismo en el devenir de los
escasos años transcurridos desde el inicio del siglo XXI, tratan las siguientes
reflexiones.
El concepto imperio en su acepción actual
“Imperio” es un texto ampliamente difundido durante los primeros años del siglo
XXI en el mundo intelectual. Dijo de este libro Néstor Kohan (1):
“Ecologistas y marxistas, feministas y economistas neoliberales, posmodernos y
postestructuralistas, nacionalistas tercermundistas y populistas de variado
pelaje, todos al unísono, se sienten desafiados e interpelados por Imperio. Este
texto genera odio o adhesión inmediata. Rechaza las medias tintas y los matices.
Es un libro apasionante y apasionado. Sus lectores no pueden permanecer pasivos
luego de transitarlo. Su prosa es taxativa y terminante. Fuerza los argumentos
de tal manera que los hace rendir frutos hasta el límite. Siguiendo el estilo de
su maestro Louis Althusser, los planteos de Negri se proponen invariablemente
como tesis, afirman posiciones, dictaminan sentencias. Quizás por eso su texto
sea tan provocador y haya generado instantáneamente tanto aleteo en el mundo
filosófico y en la política, en las ciencias sociales y en la cultura de
nuestros días”.
En el terreno personal ese trabajo me condujo al siguiente juicio:
“...el título del libro analizado no es antojadizo ni anecdótico, ya que
simboliza un claro cambio de orientación en los estudios de estos pensadores,
afirmando una tendencia que también hemos constatado en nuestra América Latina.
“Imperio” no es otra cosa que el concepto utilizado para dar cuenta del fin del
imperialismo. La concepción leninista, si bien debe ser actualizada, y hay
estudios propios del materialismo histórico que van en esa dirección, establece
algunas de las características esenciales del fenómeno. Independientemente del
tiempo transcurrido desde que “El imperialismo fase superior del capitalismo”
fue producido en 1916, hay una cuestión central para considerar, el imperialismo
es producto de la expansión fundamentalmente económica de los países centrales
que buscan maximizar sus ganancias aprovechando las ventajas que se obtienen en
las economías periféricas. Esto genera dos realidades bien distintas dentro de
un mismo sistema capitalista, a saber: la presencia de países opresores y países
oprimidos.
¿Por qué Imperio no es lo mismo que imperialismo? Porque, como nos informan
Hardt y Negri, el imperio es una nueva estructura mundial en la que los estados
nacionales tienden a desaparecer, absorbidas por un poder omnipresente que
carece de un territorio específico. A la hora de analizar la relación que a lo
largo de la historia han tenido el estado y el capital nos dicen:
“Hoy ha madurado plenamente una tercera fase de esta relación, en la cual las
grandes compañías transnacionales han superado efectivamente la jurisdicción y
la autoridad de los estados-nación... ¡el estado ha sido derrotado y las grandes
empresas hoy gobiernan la Tierra!”
Y en una entrevista concedida posteriormente por Negri agrega:
“Pensamos que no hay un lugar de centralización del imperio, que es preciso
hablar de un no lugar” (2)
A cuatro años de aquel juicio sigo pensando que si lo característico de esta
nueva etapa es que el poder económico reside en un no lugar, las luchas de
liberación nacional carecen de sentido porque la polaridad nación
opresora--nación oprimida habría desaparecido. El concepto “imperio” tal como ha
sido definido en la posmodernidad por los intelectuales referidos va asociado a
la noción de finitud tan difundida en los años noventa, cuando el neoliberalismo
hacía estragos entre nuestros intelectuales. Representa el supuesto fin del
imperialismo, así como la sociedad posmoderna estaba marcando el “fin de la
historia” (entendida como conflicto) tal como sostenía el filósofo de las
apariencias Francis Fukuyama, o la ciencia también concluía su historia como
espacio generador de nuevas y revolucionarias teorías (como la de la
Relatividad) según el periodista científico John Horton.
Claro que esta omnipresencia de la finitud nada tiene que ver con la
conceptualización objetiva de la realidad actual, sino con el predominio de una
visión de mundo, la neoliberal, que logró acaparar casi todos los espacios
prestigiados por la intelectualidad hasta no hace mucho tiempo. Pero como a su
vez muchos de esos intelectuales son la expresión simbólica de los intereses
materiales de la burguesía de los países opresores y sus satélites sociales
ubicados en la periferia (oligarquías nativas), nos encontramos con una
proliferación de cientificistas (científicos al servicio del gran capital),
tecnócratas (expertos en el manejo de técnicas muy “empiristas” y por lo tanto
desvinculadas de la reflexión teórica, que acceden al poder en calidad de
modernizadores) y doxósofos (filósofos de las apariencias que no logran captar
el funcionamiento concreto de las cosas)
El caso de un veterano como Negri, responsable central de la producción y
difusión de la teoría sobre el fin o superación del imperialismo, ha sido grave.
No sólo porque la falsedad de su teoría resulta fácilmente comprobable con sólo
recoger y analizar sin anteojeras los datos que diariamente produce la
globalización del capital, sino porque es un intelectual de mucha experiencia,
que vinculado históricamente con la izquierda más radical de Italia, terminó
coptado por la ideología dominante. No es el único ni será último caso, en
Argentina tenemos no pocos ejemplos para considerar, pero sus efectos son quizás
de los más contundentes por el “impacto” mundial que su teoría generó entre los
intelectuales. ¡Si lo sabrán muchos de nuestros académicos tan propensos a ser
deslumbrados por las teorías de moda importadas desde los países hegemónicos del
capitalismo! Vale la pena subrayar que “Imperio” trascendió mucho más por la
función que cumplió a favor del imperialismo que por sus demostrables méritos
como producción teórica. Que pensadores y científicos ubicados habitualmente en
la izquierda terminen aceptando las tesis centrales de la burguesía imperialista
(el fin del imperialismo), es un favor que se retribuye con buenas campañas
publicitarias, acceso rápido a espacios que prestigian al intelectual,
facilidades multiplicadas para la reedición del texto y nuevas publicaciones,
cuando no con cargos políticos. La integración de intelectuales críticos por
parte de la superestructura del gran capital, transformándolos en dóciles
servidores o en el mejor de los casos en una oposición blanda, representa un
triunfo que opera con un gran efecto multiplicador, de allí que algunos de los
integrados durante la globalización, terminan recibiendo recompensas muchas
veces superiores a las recibidas por quienes han actuado siempre como
intelectuales orgánicos de las clases dominantes. Otro caso paradigmático al
respecto es Pío Moa, un ex integrante de la secta GRAPO (Grupo de Resistencia
Antifascista Primero de Octubre) de España, hoy convertido en
periodista-historiador mimado por la derecha ultramontana gracias a que se ha
convertido en un duro crítico de las fuerzas republicanas (sobre todo de su
izquierda) que operaron durante la guerra civil española.
Concepto no pertinente para la teoría revolucionaria
Si el concepto “imperio”, tal como se lo ha aplica a partir de Hardt y Negri,
está indicando el fin del imperialismo, cualquier planteo teórico revolucionario
en América Latina, es decir cualquier planteo que apele a la necesidad de un
cambio estructural para romper los vínculos de dependencia que nos han condenado
a un subdesarrollo crónico, con todas sus implicancias sociales, culturales y
políticas, debería prescindir de su utilización o recurrir a una redefinición
del mismo. El concepto carece de pertinencia revolucionaria porque empieza por
negar aquello que encierra el núcleo duro de la teoría que ha dado cuenta de
nuestra frustración permanente como integrantes de la nación latinoamericana: la
expansión imperialista del capital financiero y la consecuente dependencia y
subdesarrollo que ésta genera. Por otra parte, rescatar el “aporte” de los
autores analizados incorporando la noción de “un imperialismo
desterritorializado”, como ha llegado a plantear algún “filósofo” argentino, es
un error monumental por dos motivos esenciales:
1- Implica desconocer o negar el significado que adquirió el concepto
imperialismo a partir del trabajo de Lenin “El imperialismo etapa superior del
capitalismo”. En dicho abordaje el imperialismo es la forma en que se manifiesta
el capital a partir de su gran concentración (que lo lleva a constituirse como
monopolio) en los países desarrollados del sistema, los que van a penetrar en
los países atrasados oprimiéndolos para maximizar así sus tasas de ganancia.
2- Y en segundo término implica una soberbia desorientación con respecto a la
utilización que hacen Hardt y Negri del concepto imperio, ya que precisamente
recurren al mismo porque quieren negar lo que sostenemos en el punto 1, por lo
que el concepto imperialismo sería inaplicable.
Como bien afirma Arturo Roig: “La principal categoría con que se pretende
caracterizar al “imperio” es con la de “poder difuso”: los intereses dominantes
no tendrían un centro único, ni habría un país en particular desde el que se
ejercería el poder mundial, ni siquiera los Estados Unidos” (3)
Por lo dicho no es posible confundir imperialismo con “imperio”, ya que en la
actualidad han adquirido significados opuestos. Mientras que el primer caso se
refiere a un poder concentrado en pocos países, y sobre todo en uno (países
opresores, dominantes o imperialistas), el segundo caso se refiere a un poder
difuso que no tiene nacionalidad. La utilización por lo tanto del concepto
compuesto “imperialismo desterritorializado” se inscribe en el territorio del
absurdo, porque cada uno de los términos que lo componen niega al otro: el
capital financiero es imperialista o está desterritorializado.
Redefinición práctica del concepto “Imperio” a la luz de la recuperación del
núcleo de la teoría del imperialismo
No podemos dejar de considerar en los últimos años, sin embargo, la utilización
del concepto imperio con más de un sentido reconocible según el contexto teórico
en el que sea inscripto. Los liberales, sobretodo si son progresistas de
“izquierda”, pero también no pocos conservadores, pueden recurrir al mismo
adoptando la definición de Hardt y Negri sin dudar, ya que todos están
convencidos de la presencia de un poder difuso en la posmodernidad. Sin embargo,
resulta extraño encontrarlo en los discursos actuales de revolucionarios como
Hugo Chávez o Evo Morales. Pero cualquiera que analice dichos discursos con un
mínimo de rigor intelectual, buscando a su vez la correspondencia con sus
prácticas políticas, comprobará que no están recurriendo a la definición blanda
del concepto tal como acostumbra la posmodernidad, sino a una interpretación
dura, propia de la modernidad. Cuando Chávez o Evo mencionan al “imperio”
expresan algo muy distinto a la dispersión del poder en la “aldea global”. Más
bien se están refiriendo a lo contrario, es decir, al lugar donde reside la
manifestación más concentrada del poder: Estados Unidos. Poder que además de ser
económico puede recurrir, si resulta imprescindible, a su manifestación más
violenta, expresada a través de la agresión militar a otros países como
consecuencia del control monopólico que ejerce sobre las armas de destrucción
masiva.
En una entrevista (que analizamos hace algunos años) a un ex agente del poder
económico estadounidense, comprobamos a través de sus propias palabras la
presencia de distintas instancias a las que puede recurrir el imperialismo
cuando actúa en aquellos países que intenta someter:
“John Perkins, miembro de la comunidad financiera internacional, publicó en 2004
un libro autobiográfico (Confesiones de un sicario económico) en el que relata
como ayudó a Washington a apoderarse de la economía de países del tercer mundo.
Amy Goodman, conductora del programa “Democracia Ahora” de la Radio Nacional de
Estados Unidos, entrevistó al personaje en cuestión, logrando confesiones que
constituyen verdaderas perlitas del accionar imperial de la “democracia yanqui”
a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. De la extensa
entrevista se infiere sin dificultades que el manual del imperialismo incluye
tres tácticas básicas llevadas adelante por el estado para favorecer la
realización de los intereses de la clase que representa:
1- conquista pacífica de países de la periferia a través de los “sicarios
económicos”(manipuladores económicos, tramposos y estafadores),
2- si hay resistencias a la acción del sicario vienen los chacales (agitadores,
desestabilizadores políticos y asesinos),
3- y si todo esto falla, se recurre a las Fuerzas Armadas de EE.UU.” (4)
En cualquier caso, lo que hemos querido explicitar en este análisis teórico, es
que la definición posmoderna de “imperio” dada por Hardt y Negri no resulta
pertinente para la lucha revolucionaria de los pueblos de nuestra América
Latina. Hemos sostenido con frecuencia en varios trabajos que el imperialismo
actual ha incorporado algunas nuevas modalidades, por lo que ciertas hipótesis
de la teoría leninista deben ser actualizadas. Sin embargo, es imprescindible
preservar su núcleo duro, que constituye la negación del “Imperio” en su
acepción posmoderna. Dicho núcleo incluye dos tesis fundamentales:
1- Existe un poder, sobretodo económico (los monopolios u oligopolios
capitalistas) localizado en unos pocos países convertidos en países opresores o
dominantes, que explota y domina a otros países (la mayoría) con el objetivo de
maximizar su tasa de ganancia como consecuencia de los factores favorables que
allí encuentra.
2- De esta primera tesis si infiere que: la posibilidad de que esa mayoría de
países oprimidos o dominados se liberen completa y definitivamente pasa por una
práctica política revolucionaria que apunte, por lo tanto, a modificar las
relaciones de producción en una dirección socialista.
A modo de consideración final
La subestimación o desconocimiento de los límites reales que presentan las
visiones de mundo capitalistas (en la etapa imperialista más globalizada del
capital) para el desarrollo de capitalismos nacionales en el actual concierto
internacional, implica un enorme error teórico y práctico que se paga con la
derrota política. Es cierto que los países de un capitalismo subdesarrollado que
luchan por su liberación tienen aún tareas democrático-burguesas por resolver, y
de allí surge la aconsejable táctica para los socialistas de orientación
nacional (que en nuestra tierra es lo mismo que decir latinoamericanista) de
apoyar a cada movimiento de liberación que le dispute el poder, aunque sea
precariamente, a las anacrónicas clases dominantes nativas y extranjeras
(oligarquías y burguesías imperialistas) Pero esas tareas se deben combinar a la
vez, con la necesidad de avanzar en una dirección que estratégicamente apunte al
cambio revolucionario de las relaciones de producción. Porque sólo el avance
sinuoso, no lineal ni exento de contradicciones, pero impostergable hacia el
socialismo latinoamericano, nos permitirá consolidar progresivamente los logros
que se van conquistando con tanto esfuerzo; lo contrario significaría perpetuar
las condiciones objetivas y estructurales que han servido históricamente para
reactivar la reacción de grupos desestabilizadores comprometidos con el pasando.
Defender como estrategia, en la actual etapa del sistema, la posibilidad de un
capitalismo latinoamericano autónomo y desarrollado, implica una visión tan
idealista (por desconocimiento o negación de condiciones objetivas muy distintas
a las existentes en los años 40 o 50) como combatir a los movimientos populares
actuales por falta de pureza socialista, como gustan hacerlo las sectas de
izquierdistas despistados que abundan en nuestra Patria Grande. El socialismo se
construye analizando con rigor las condiciones objetivas de nuestra práctica, y
desarrollando a partir de ellas las tácticas y estrategias que nos permitan ser
revolucionariamente operativos. Por lo tanto, como se puede constatar en algunos
planteos, el voluntarismo es un error político que juega a dos puntas: por un
lado está la desviación ultraizquierdista de muchos marxistas a los que el mismo
Lenin catalogó en su momento como expresión de una enfermedad infantil; por otro
está la defensa irrestricta en la actualidad del pensamiento nacional-burgués
como posibilidad estratégica para cambiar las reglas de la globalización del
capital. Desde nuestra perspectiva resulta impostergable rescatar desde la
madurez política el núcleo duro de la teoría del imperialismo y actuar
políticamente en consecuencia.
La Plata, diciembre de 2009
1- Kohan Néstor: “El Imperio de Hardt y Negri”: más allá de modas, “ondas y
furores”, Red de bibliotecas virtuales de América Latina y el Caribe de la red
CLACSO.
2- Franzoia Alberto: “La teoría de los doxósofos”, publicado digitalmente en
octubre de 2004 “Investigaciones Rodolfo Walsh”:
http://www.rodolfowalsh.org/spip.php?article184
3- Roig Arturo: “Necesidad de una segunda independencia”, pagina 62, en “Marx
Ahora”, Revista Internacional, La Habana (Cuba), N°15, año 2003.
4- Franzoia Alberto: “Tres tácticas del imperialismo”, publicado en diciembre de
2005 en Reconquista Popular:
http://lists.econ.utah.edu/pipermail/reconquista-popular/
*Publicado originalmente en La Tecl@ Eñe 17/12/09